EL Rincón de Yanka: LIBROS "TIEMPO PARA MORIR": 25 DÍAS Y QUINCE MESES PARA MORIR por ORLANDO FUENMAYOR SALAZAR

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martes, 20 de enero de 2026

LIBROS "TIEMPO PARA MORIR": 25 DÍAS Y QUINCE MESES PARA MORIR por ORLANDO FUENMAYOR SALAZAR

 
TIEMPO PARA MORIR
25 DÍAS PARA MORIR
Y UN DÍA CUALQUIERA

ORLANDO FUENMAYOR

ANDREA MÉNDEZ, ILUSTRADORA

Juan Pablo es un tipo normal –al menos en apariencia– a quien la vida le cambia repentinamente, de la noche a la mañana. Habiendo sufrido los embates de la migración junto a su gran amor. Enfrenta su vida con coraje cada día, con la esperanza de que todo lo que le acontece no sea más que una pesadilla.
Vive una montaña rusa de emociones, que lo llevan a retarse constantemente a sí mismo, pasando desde momentos sublimes, hasta episodios que le hacen sentir en el mismísimo infierno. Percibe a diario que su panorama vital va de mal en peor, tal como la llegada del invierno que azota a Murcia.
Su vida, se ha convertido en una experiencia fría y desolada. Sin embargo, tiene la certeza de que el tiempo de una u otra forma le dará las respuestas necesarias para entender qué es lo que realmente sucede a su alrededor.
Reencontrándose consigo mismo, superando su tormentoso pasado; una vida anterior que quiere olvidar. Soportándose, conectándose con nueva gente y con personas amadas que tenía en el olvido, volviendo, de alguna manera, a sus orígenes.

En este tiempo, serán la paciencia, la soledad y la ansiedad, sus compañeras durante veintitantos días, evitando morir en el proceso.

PRÓLOGO

Por fin me atreví. Me tomó un poco más de cinco semanas encontrar la valentía para agarrar mi ordenador portátil y contar mi historia, la historia de Juan Pablo. Ahora, con cigarro en mano y un vino al costado de mi mesa de noche, decidí comenzar a escribir para plasmar el día a día de lo que viví. Pienso que buscaba una excusa para no hacerlo, pero contar mis vivencias es como una terapia para mí. Lo considero un proceso de sanación durante el cual puedo drenar un sinfín de sentimientos que tengo acumulados, y que de otra ma­ nera no sabría cómo explicar. Solo puedo dejar fluir estos pensamientos gra­ cias a mi mano, dejándose llevar entre hojas y hojas que seacumulan adiario.

Tengo que hacer algo. Mi cabeza explota en la ociosidad, entre detalles que quizás dejé perder por no escribir de inmediato lo que siento. Necesito drenar, a como dé lugar,ese sentimiento de desolación, olvido y tristeza que aún llevo por dentro. Estaba en un país donde no hablo mi lengua nativa, donde me movía en otra cultura, otra gente. A decir verdad, estaba algo confundido...

Y si tengo que explicar el porqué de ese sentimiento, únicamente debo decir que es producto de una ruptura. 
¿Cuánta gente no rompe a diario en el mundo? En segundos, la gente decide cambiar y abandonarlo todo en bús­queda de algo; algunos le dicen felicidad, tal como Will Smith. Sea como sea, lo cierto es que entré en una estadística que cada día aumenta mucho más...

Ella y yo firmamos como propiedad privada nuestro matrimonio. Para toda la vida, hasta que la muerte nos separase. ¿Y quién se casa con todas las de la ley hoy en día? He aquí la respuesta: el hijo de Teresa del Valle, o sea, yo. 
¿Por qué no hacerlo? Fui monaguillo, casi entré al seminario para ser sa­cerdote, y fui muy cercano a la iglesia por un largo tiempo. La unión de una persona con otra, bajo la bendición y el manto de Jesús, significa mucho para mí.

Puedo decir que soy la mezcla de mil cosas: nacer en un país que es extraño a Colombia. Cometí errores de joven, tener algunos aciertos, temores superados, pruebas en el camino, una familia particular, un círculo de ami­gos muy cerrado, y tener una profesión que quizás no amo del todo, pero sí...
¡Soy periodista!De profesión, de título y anillo incluido. Con un corazón pe­ gado en la cocina, y mi pasado que me recuerda lo frágil que soy. ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¡No lo sé!

Después de tanto fallar en la búsqueda de quien cumpliera mis expectativas, encontré a alguien espectacular. Un ser que vino a significar un terremoto en mi vida; por su fuerza, arrojo, belleza, y la forma en que podía jurar que daría su vida por mí, de ser necesario.

¿Qué más podía pedir? Nada... ¡Ay, un amor rápido! Para el común de­nominador significa una ruptura rápida, ¡pero yo nunca aposté a ello!
Me dejé llevar, era absolutamente divino no saber qué viviría el día próximo con esta persona. Me llevaba en un carrusel de emociones del que no me quería bajar. Tanto así, que la hice mi esposa en trece meses.

Por increíble que parezca, los detalles los seguiré esgrimiendo en vein­ ticinco días y un poquito más, durante los que viví un verdadero infierno. En efecto, me casé con alguien que llenaba mi lista de requerimientos. A pesar de que sabía que ella tenía un temperamento explosivo, pensé que podía ser moldeado por el amor que nos teníamos. Mi pasado ya no era un problema, y menos los fantasmas que rondaban mi mente de un trauma que viví en mi adolescencia. Casi cuatro años después del sí en el altar, me dijo: "No, no se­ guiré más contigo".
Todo pasó de una manera abrupta y tosca. Quisiera recordar cada de­ talle, pero no hay modo alguno de descifrar todo esto, al menos así lo creo. Muchas veces, hasta me perdí en este proceso. El mundo apunta al hecho de una ruptura amorosa desde el punto de vista femenino, pero ¿qué pasa cuando dejan aun hombre? Se es inmediatamente cabrón o cornudo.

A decir verdad, no sabes qué sentir, no tienes idea de cómo hacerlo.

¿Debería sentirme de una manera particular? Al diablo todo, quiero desaho­ garme, estoy despechado, estoy borracho. Tengo mal de amor, amo y extraño a mi exesposa...
¿Y cómo no sentirla mía aún? Fueron casi cuatro años viviendo juntos. Una pareja es más que una rutina, es parte de ti. Así lo creo y lo siento, aun­ que hablo de esto luego de un mes de la ruptura, después de dejarlo todo, e irme del país donde vivía con ella.

¡A la mierda todo! Contaré día a día lo que viví, divagaré un poco, y contaré cosas del pasado para que me entiendan un poco mejor. Quizás revele cosas que a ella no le dije por vergüenza... diré todo de mí.

¿Cómo comienzo? Así te conocí...

Recuerdo aquella tarde capitalina de ese 14 de febrero de 2026. Las ca­lles de concreto, palomas volando rasando al suelo, uniéndose ambos en un sistema perfecto,mi Bogotá hermosa. Levanto la mirada, ahí esta. Ella resal­taba entre la multitud con una cámara en mano, filmando todo y a todos. Un joven, Juan Pablo, recién graduado de periodista, cubría una protesta, parte de lo que hacemos los periodistas día a día en mi país, lamentablemente gobernado por una tiranía. Ella llevaba pantalón tipo cargo, color caqui, y blusa blanca. Quedé flechado con su energía, como la fuerza del mar que devora todo a su paso, cuando hay tempestad.

Habiendo dejado atrás todo mi pasado, a Edward, me había enamo­ rado de ella, de esa sonrisa metalizada, con lentes de pasta, labios perfec­ tamente delineados como por obra del mismo Miguel Ángel, cabello negro azabache que brillaba a la luz como un lucero en la noche, manos pequeñas y delicadas, piernas torneadas, busto prominente, mirada penetrante...

Esa mujer tiene que ser mía. Mi diosa de ébano. En ese momento so­naba en mi mente "Mi marciana" de Alejandro Sanz.
Así me dije a mí mismo. Ella es la fuerza y el complemento que necesi­ taba. La mujer que necesito a mi lado más que nada en el mundo. No impor­ taba lo que pasara alrededor, era solo ella. Mi mundo giraba alrededor de esa negrita hermosa. Me había costado encontrar a alguien así en el tiempo que llevaba viviendo en Bogotá.

Atontado con tanta belleza, intenté acercarme. Hacerle un chiste, sacarle una sonrisa "¿Cómo se llamará?". Pregunté a varias personas por ella, ninguno la conocía. No sabía cuánto tiempo podía estar ella en ese lugar o si la volvería ver. Seguí sus pasos como perro que va con su amo a todos lados; sigiloso, sin que se diera cuenta de que me tenía completamente ofuscado.
Hasta que al fin se acercó a un conocido, a él lo había entrevistado antes, es un político joven de la ciudad. La trataba con mucha familiaridad, demasiada para mi gusto. No me estaba gustando tanta confianza entre ellos.
Debía hacer algo, tenía que conocerla. Haciéndome el loco, me acerqué, espe­rando que esa diosa me viera, que supiera que existo. Le podía preguntar por ella al hombre con quién habló. Creo recordar que fue de esta manera:

- Hola, ¿quién es la muchacha con quien hablaste "horita"? -me le acerqué a Raúl. Preguntando por esa chica hermosa.
- ¿Oriana? -contestó Raúl sin vacilar. Parecía saber cuáles eran mis verdaderas intenciones.
- ¡Qué bonito nombre!, estaba fascinado. Debía guardar la compostura, nadie debía saber que me cargaba loco. Tenía que conseguir más informa­ción...
- ¿De dónde la conoces? -le pregunté. Tratando de saber más de ella.
- Yo le hacía transporte para su universidad, ¡Uf! hace mucho tiempo atrás. ¿No me digas que te gusta?
- ¡No! Para nada, le vi una credencial de periodista y quería saber de qué medio era la colega -le respondí sin vacilar. Mientras él me miraba fijamente.
- Ay, Juan Pablo, ella es una mujer dificilísima, muy odiosa. Tiene ese carácter muy difícil. No te le acerques.

Me alarmó mucho lo que Raúl me estaba diciendo...
- Tranquilo, solo quiero preguntarle sobre una noticia -me despedí de Raúl, y él cortó la conversación, a pesar de su cara contrariada.
Me alejé lo más rápido que pude, no sabía si Raúl me había dicho todo eso para ahuyentarme, o simplemente me decía la verdad. Lo bueno es que al menos ya sabía el nombre y la profesión de esa chica que me tenía deslum­brado.

Yo venía de fallar en dos relaciones anteriores, las cuales duraron alrededor de tres años cada una, hay otra relación de la cual no me quiero acordar. Podría decirse que tenía un tope y pensé que giraba en torno de la mala suerte. Raúl ofreció llevarme a mi casa, luego de que me dejaran los compañeros de trabajo al no encontrarme; quizás fue por andar de perrito faldero de ella.
Por cosas del destino, que todo lo conecta, tuve la suerte de irme de ese sitio en el mismo vehículo que Oriana. Yo estaba todo tembloroso,estaba a mi lado y no sabía qué decirle. Era el magnetismo más grande que había sentido por mujer alguna, no quería despegarme de ella, solo la veía y la veía atontado. Claro, ella no me conocía, no sabía ni siquiera minombre, quizás ni notaba que yo existía.

Afortunadamente, el conductor se detuvo en un bar, pues quería tomarse una cerveza para refrescarse. Todos nos bajamos a acompañarlo; yo no bebo,pero vi en ella las intenciones de tomarse una cerveza, y ahí me llené de valor, saqué el galán que llevo por dentro, y fui lo suficientemente suspicaz para entender que ella era una mujer independiente.

- Si quieres te brindo una -le dije, mirándola a los ojos ¿En serio? -respondió Oriana, con una leve sonrisa pícara.
- ¡Sí! Esta vez te la brindo yo, y la próxima la brindas tú -dije. Ella se sonrojó y asintió con la cabeza.
No podía dejar de ver sus labios brillantes, provocaba comérselos.
- Claro, pero no traje efectivo.
- Hoy van por mí -le dije sin vacilar.

Poco rato después intercambiamos nombre y teléfono, y luego nos fuimos. Estaba flechado, tenía que volver a verla sí o sí. Al llegar a casa, decidí escribirle, para que supiese que la pensaba, y hacerle saber, de forma sutil, lo hermosa que era para mí... En fin, para comenzar con mi ataque.
Escribí y no le llegó el mensaje. Había un problema, faltaba un dígito en su número telefónico. No lo podía creer. Corrí a Facebook, la busqué por nombre y apellido, profesión. Es periodista, debía tener algunos datos perso­nales, reportajes, notas de prensa, o simplemente algo. Debo confesar que los de nuestro gremio somos muy vanidosos. En efecto, conseguí su número en su página de fans.

- ¡Hola, colega! -le escribí por teléfono, esperando con ansias que me respondiese.
- ¿Quién eres? -finalmente respondió. Ella tardó poco tiempo en responder.
- Soy Juan Pablo, el chico que te brindó hoy la cerveza en el bar.

Ese fue el inicio de una conversación fluida, amena, eterna... Parecía que el tiempo no pasaba, y cuando nos dimos cuenta, ya eran las cinco a.m. y nosotros seguíamos conectados cada uno a su teléfono, como si fuera el alma que se fundía gracias a la complicidad de la tecnología.

Pasó una semana, en la que casi lográbamos vernos a diario. En solo cinco días, le robé un beso, en casa de un amigo común.La química se notaba en el ambiente. Siento que todos se daban cuenta de lo mucho que ella me gustaba. Quería con todo mi ser que fuese mía y de nadie más, cada detalle que conocía en ella hacía que me interesase más y más. Tenía muchas ansias de ser su novio y su mundo, por el resto de nuestras vidas.
Al finalizar esa noche, nos sinceramos y nos hicimos novios. Inmediatamente, comencé a frecuentar donde vivía. Una noche, por miedo a la inseguridad de la ciudad, sugirió que me quedara a cuidarla. Desde ese día no dejé de dormir a su lado.
Tres años después... y un poco más, quizás.

HICE UN LIBRO: MI PRIMER LIBRO

TIEMPO PARA MORIR
15 MESES PARA MORIR


ILUSTRACIONES: 
RICARDO SANABRIA

*LA CONTINUACIÓN DE LA SAGA*

Luego de unos eventos dramáticos en la vida de Juan Pablo, viene él después ¿Qué paso con él? ¿Qué hizo? En estos 15 meses vivirás a su lado, todo lo nuevo. Empezar desde cero en otro lugar, mismo del cual huyó y que vuelve para buscar redención. Entendiendo los desafíos de una separación, divorcio y buscar de nuevo el amor, en un mercado complicado que se rige por aplicaciones y gustos extravagantes.
En el proceso conocerá nuevas personas que lo ayudaran en su caminar. Familia, amigos y lo desconocido, ¿Habrá más aventuras?, ¿parejas? ¿Ciudades? Claro que si y mes a mes irás viendo como todo va sucediendo con una pequeña sombra que envolverá al pobre Juan Pablo.
Es el pasado del que tanto temía vuelve a él y nuevos giros se muestran para complicarle el panorama. Apostará siempre a sus sueños y a esa fuerza de voluntad que le caracteriza. 
Desafíos internos, conflictos y desaciertos aparecerán y todo cambiará.
A veces la realidad puede superar a la ficción.