EL Rincón de Yanka: JUAN TORO MARTÍNEZ, LA VOZ DE PARAGUANÁ: "CANTAGUANÁ"

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miércoles, 28 de enero de 2026

JUAN TORO MARTÍNEZ, LA VOZ DE PARAGUANÁ: "CANTAGUANÁ"


Durante su labor como radiodifusor en el estado Falcón conversó con algunas personas notables en el campo de las ideas, del arte y de la cultura. Entre ellas: Morrella Muñoz, (Destacada cantante de música lírica y popular venezolana), Aquiles Nazoa, (Poeta, Escritor, periodista, y humorista), Alirio Díaz (guitarrista y músico venezolano), Alfredo Armas Alfonzo (escritor), William Faulkner (Famoso novelista norteamericano, ganador del premio Nobel de literatura en 1949), James Michener (Novelista, ganador del premio "Pulitzer"), y Graciano Gasparini (Arquitecto, fotógrafo artístico, pintor y venezolano reconocido en la academia de la arquitectura universal). Entre la más alta jerarquía de la iglesia católica, se encontró a Francisco José Iturriza Guillén, a quien Juan Toro Martínez, le realizó diversas entrevistas en sus programas de radio. Investigador de la comunicación social, logró desenvolverse como un buen pedagogo a través de la radio. 

Optimizó el uso de este medio para comunicar y llevar a los radioescuchas conocimientos y entretenimiento. Además de periodista y locutor del acontecer diario, fue designado Cronista del municipio Los Taques y más tarde, individuo de número XIV de la Academia de Historia del estado Falcón, donde ocupó la presidencia en el año 2000. 
En la columna "Fijo y en punto" que aparecía los días viernes en el diario "Médano" se recogían eventos que se disfrutaban en Paraguaná, entre ellos las tradiciones como la Cruz de Mayo y la solemnidad a la Santísima de la Virgen del Valle, tradiciones que fueron reseñadas con frecuencia en el espacio escrito. Trabajó en la provincia de Paraguaná. Toro Martínez, es uno de los casos más notables de constancia y consecuencia entre los escritores que se han radicado en la provincia. Desde que llegó a Paraguaná no dejó de escribir para lograr tener publicaciones nacionales y extranjeras. Estrenándose como cronista, entrevistó en Caracas a Guillermo Meneses, cronista de la capital, en ocasión de la celebración de la VI convención de cronistas de Venezuela, llevada a cabo en el año de 1974.

Literato por excelencia En Juan Toro Martínez, resulta importante identificar sus rasgos, fortalezas, virtudes, debilidades y carisma. Escribió una vez: "Hoy podemos decir con abierta propiedad y con el sentimiento iluminado que no hay lugar más hermoso, que no hay mejor gente en ninguna parte, y que por ello debemos darlo todo por este terruño de nuestra querencia”. Fue un insigne Literato, que se encargó de difundir y compaginar los géneros literarios con el periodismo. Tal vez sin saberlo, estuvo en la escuela de Gabriel García Márquez con la corriente de Nuevo Periodismo. Incorporó las figuras de la literatura con los géneros periodísticos y con ellas recreó la crónica y la crítica. Fue poeta y declamador desde los 19 años.

En la obra de Juan Toro Martínez destacan "La gente de allá lejos" (1970), donde se evoca la necesidad del conocimiento de la provincia, en ella inmortaliza para las generaciones futuras la expresión "se ama el país de origen cuando se le camina". "Adiós Adaro" (1998), calificada como una obra intimista que narra los acontecimientos de la llegada del núcleo familiar Toro Álvarez a Paraguaná, Falcón. "Montehondo" (1992) libro costumbrista que valoriza el sentido de convivencia y permanencia del paraguanero, específicamente del municipio Los Taques -en coautoría con su hija Hildamar Toro-. "La Siesta de las Fieras" (1997), es una reflexiva que analiza la conducta del político venezolano, durante las décadas entre 1969 y 1990. "Amuay 40" (1990) editado por la oficina de Asuntos Públicos de la Refinería de Amuay. En ella se recopilan 40 años de la trayectoria del centro refinador. Toro Martínez destaca aquí el trabajo y esfuerzo del hombre venezolano en la refinación de los hidrocarburos, "Paraguachero" (1986) en la que él resalta los valores costumbristas del hombre de la zona de la Península, y como se dice en este ensayo, fue la denominación que él dio a las personas que sin ser nativos eligieron vivir en esta región. También publicó "Alfredo Sadel" (1994) donde relata la obra del tenor de Venezuela y en "Buenos recuerdos de la radio" (1997) trata de su gran amistad con el cantante venezolano. Es un elogio al trabajo y proyección que Sadel le dio a Venezuela.

"El general generoso" (1978), es calificado como una obra integral. En ella comenta los inicios de la radio, habla sobre su vida, sobre las personas que entrevistó en su carrera hasta ese momento, sobre la belleza de Paraguaná, e incluye su obra poética y expresa el recuerdo de su familia. Son vivencias personales que se desarrollan a través de su discurso narrativo, es una obra querenciosa acerca de la crónica y la poesía. 
"Grandes pájaros bravos" (1973) expone acerca del aburrimiento que le causaba la actuación de los políticos, para él el ejerció de la política era considerado una ridiculez, porque quienes la ejercían no ejecutaban. A Juan Toro Martínez, se le hacía completamente indiferente el llamado juego de la política criolla. No estaba de acuerdo por la sencilla, razón de que oía hablar a los líderes, los cuales mostraban su mediocridad y su vocinglería. 

"No puedo estar de acuerdo. No quiero", señala. Además, expresa que no hay excepciones políticas "Todos están medidos desde la necedad y la petulancia hasta la falsedad y el ridículo", para más adelante expresar "lo único que querría sería que algunos hicieran el bien". 
"A mí que me toquen una dulce musiquita" (1978) recoge un grupo de poesías escritas por él al igual que la novela "Casi como una trampa" (1972). Especial mención merecen en la obra de Toro Martínez las publicaciones. 
"HITO, la memoria pintada" (2000) fue escrito en el páramo La Culata en Mérida. Su autor alquiló por un mes una casa y entre recuerdos tristes y alegres, dedica a su esposa las líneas donde destaca la obra pictórica de su esposa ya fallecida. Igual mención a "Los días que vienen mañana" (1998) un ensayo que refleja el sentimiento de la pérdida de su hijo Héctor Toro Álvarez de 46 años acaecida luego de un infarto el 28 de marzo del mismo año de su publicación. 

Están dos obras en preliminares "La Iguana de Acero" que aborda la vida del petrolero en la década de los 70 y 80 y "Jubilana", escrito durante su convalecencia. En él contiene su preocupación, ya a sus 73 años de ver cómo las nuevas generaciones de los habitantes de Judibana emigran para estudiar y él intuye que no van a regresar, lo que convertiría a este campo petrolero en una ciudad de jubilados, de allí el juego de su nombre.


CANTAGUANÁ


Aquí en Paraguaná nació la Iguana, el mismo día que cantó el chuchube y que Dios dibujó el primer crepúsculo.
Ese día también aparecieron el agua y el pez vela, el viento ya mayor y el asombro del relámpago. 
Aquí nace el brisote benigno que a las 5 de la mañana inauguran los pájaros. 
Aquí estrena la Acacia, un rojo de acuarela, el matorral silvestre lleva el pelo desordenado por la ventolera, el polvo se hace nube corredora que arenilla portales y ventanas. 
El mar de aquí parece una sabana, la sabana parece un cementerio con su larguísimo silencio pero, Paraguaná tiene un misterio y no se sabe bien por qué se queda como una pega-pega aquí en el pecho. 
Debe ser porque vista desde lejos se hace el milagro del acercamiento. 

Aquí hay una mujer de cara indiada que ha debido llamarse Venezuela, es honda y caquetía su mirada y esbelta que parece una bandera. Yo voy a preguntar cómo se llama esa bella mujer paraguanera que tiene caquetía la mirada y tanto se parece a Venezuela. 

Aquí en paraguaná brota la pitaya con el olor salvaje del cují para espantar la plaga y el mal de ojo. 
Aquí, los aguaceros son diluviones del paraguanero. Aquí sí que es verdad que truena feo, que son feas las noches con relámpagos, que hasta que se creen fantasmas que desfilan un gran desfile de descabezados que bailan en Cuadrilla, la danza de los endemoniados. Menos mal que uno sabe el Padrenuestro y se acuerda, y lo reza eestos casos. 

Este lugar, ¡qué bello se va haciendo!, así los rostros de sus moradores testimonian angustias y nostalgias, porque nos vamos pareciendo al indio, porque nos trata con amistad purísima y confiada, y ya tenemos que quererlo mucho, porque nos mira hondo cuando habla: 
- Yo soy como eres tú, - nos dice manso mientras que lento menea la cabeza. 
- Yo sí quisiera ser como eres tú, hermano. 
La palabra le sale como de un manantial y hasta se le humedece la mirada. Esta gente es así como agua clara, porque cuando lo dice, ya uno sabe que hay un hombre de pan en su palabra. 
entonces, uno sí comprende, por qué el lugar se nos va haciendo bello. 

Aquí hierve la tuna cuando agosto amanece echando fuego. La raíz de la tierra se reseca y hasta el cují, envejece antes de tiempo. Las chicharras se esconden, los chivos se encabritan, las taras se persignan, los chuchubes se vuelven paraulatas. El que se queda es el hombre y su iguana. 

Aquí apunta la sábila y alza el ajonjolí cuando arrecia la lluvia e inunda los terrones sedientos, la flor estrena ropa verde y amarilla, los pájaros celebran su día de fiesta nacional. Es el prodigio de las aguas, la plenitud del surco, la bendición del pan, el hallazgo del hombre. 

Aquí cuando paseamos, cada camino nos lleva hacia alguna parte, allá lejossss vemos la cardonera que se acerca, vemos los cujisales que caminan, se mueven y que se precipitan, que nos circundan, nos baten, que nos palpan, nos lamen, que nos silvan, en las raíces de la sangre, y oímos como si quisieran decirnos cosa, o es que somos nosotros, los paseantes empequeñecidos y asombrados que queremos creer, oyendo fábulas e historias. Viendo el camino, creo, que fue el primer camino, que caminó Dios junto al indio. 

Aquí en Paraguaná también, se estira la soledad más solerosa. Es esa vastedad de estáticos cardones sobre tierra rojiza, en donde nunca anida ni el zamuro; pero, esa soledad paraguanera que fecunda la tuna y la chamiza se parece a aquellos increíbles caquetíos con su silencio impenetrable, tan cerca de las piedras que hasta el mismo Pico de Santana, más que un cerro boscoso, es un paraguanero gigantesco, que talló con sus manos de greda cualquier indio, cualquier hermano tuyo, el día que se inventó el mundo.

Declamación poema CANTAGUANÁ de Juan Toro Martínez