Con esta recopilación de ensayos, la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FHRC) desea incentivar el estudio de un nuevo tipo de conflicto global que enfrentan las sociedades abiertas. De la Guerra Fría entre bloques ideológicos hemos pasado a un nuevo conflicto entre sociedades abiertas, democráticas y respetuosas del Estado de derecho y, por otro lado, una coalición fluida de Estados y fuerzas irregulares disímiles que representan diversas formas de delincuencia organizada transnacional. No estamos en presencia de procesos de izquierda o “revolucionarios,” sino ante el surgimiento de una alianza criminal regional bajo la apariencia del llamado “Socialismo del Siglo XXI.” Un nuevo tipo de Estado, criminal y transnacional, vinculado al narcotráfico y al terrorismo, se ha instalado ante las narices de un sistema interamericano que no sabe clasificar lo que ahora le enfrenta, y por ello no logra evaluar las gravedad de la amenaza que representa para su seguridad nacional o es incapaz de encontrar formas efectivas de abordarla.
Prefacio
Con esta compilación de ensayos, la Fundación para los Derechos Huma nos en Cuba (FHRC, por las siglas en inglés de Fundation for Human Rights in Cuba) desea fomentar el estudio de un nuevo tipo de conflicto global al que se enfrentan las sociedades abiertas. Tal propósito responde al hecho de que, de la Guerra Fría entre bloques ideológicos, hemos pasado a un nuevo conflicto entre sociedades abiertas, democráticas y respetuosas del Estado de Derecho, las cuales se enfrentan a una dinámica coalición de Estados y fuerzas irregulares disímiles que representan diversas formas de crimen organizado transaccional.
Parte de estos actores ya habían desarrollado, desde la época de la Guerra Fría, una especie de conflicto multiforme contra los países occidentales. Y si bien la Guerra Fría ha terminado, no este conflicto global: una guerra in finita a la que no tienen intención de poner fin mediante negociaciones. Tal panorama involucra a Estados tan diferentes como Rusia y China, Siria y Venezuela, Cuba y Corea del Norte, Bolivia e Irán. También forman parte de esa alianza antioccidental grupos narcoterroristas irregulares, como Hezbolá, las FARC y el ELN, entre otros.
La persistencia del falso criterio de que algunas de las sociedades están gobernadas hoy por gobiernos de izquierda, oculta la esencia criminal de las oligarquías que detentan el poder real y que se han apropiado de sus respectivos Estados para su propio beneficio.
No estamos en presencia de procesos izquierdistas o "revolucionarios", sino ante el surgimiento de una alianza criminal regional bajo el disfraz del llamado "Socialismo del Siglo XXI". Un nuevo tipo de Estado, criminal y transaccional, vinculado al narcotráfico y al terrorismo, se ha establecido en las narices de un sistema interamericano que no sabe cómo clasificar lo que ahora enfrenta. Por ello, no evalúa la gravedad de la amenaza que representa para su seguridad nacional o es incapaz de encontrar formas efectivas de confrontarla. La fusión de las oligarquías criminales en dos países coronó ese proceso y produjo una mutación, una nueva especie: "Cubazuela", el primer Estado criminal transnacional latinoamericano, que reúne y coordina a sus pares regionales y extrarregionales, desde Bolivia hasta Irán, junto con fuerzas narcoterroristas irregulares de Medio Oriente y América Hispana.
Lo mismo ocurre con la estrategia y metodología subversivas de la nueva alianza criminal transnacional. No es posible detenerla si no se comprende la fonna en que estos Estados -guiados por La Habana- llevan a cabo una guerra multiforme, asimétrica, total e interminable. Esta nueva forma de conflicto emplea recursos militares y de inteligencia, como advierte Hugo Achá en su trabajo sobre la Guerra Infinita, pero también se apoya en rigurosos planes de influencia sobre movimientos e instituciones culturales, académicas, informativas y demás de la sociedad civil.
Las doctrinas tradicionales de las relaciones internacionales no pueden captar plenamente las implicaciones de ese hecho. Y mientras no se com prenda la magnitud de lo ocurrido -y sus consecuencias- no será posi ble diseñar las líneas de actuación necesarias para contener y revertir esa monstruosidad.
La transición a la que asistimos hoy en algunas sociedades excomunistas no es la de los Estados totalitarios a los liberales, como decía Francis Fukuyama en los años noventa, sino la del comunismo a los Estados mafiosos.
El valor de esta colección de ensayos es que su punto de partida es el reconocimiento de que nos enfrentamos a una nueva especie, una peligrosa mutación del comunismo en Estados criminales que hoy están desarrollando un nuevo paradigma de conflicto global.
Los autores comparten esta preocupación y buscan ideas para remediarla, aunque cada autor es responsable de sus propios argumentos y conclusiones.
La guerra Infinita
De la guerra popular a la guerra infinita.
El conflicto como fin en sí mismo
Hugo Achá
Hugo Antonio Achá es Director de Investigación y Divulgación de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FHRC). También es becario internacional del Centro para una Sociedad Libre y Segura (SFS).
Achá es Licenciado en Derecho por la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba-Bolivia, egresado en 1995; su formación de postgrado incluye cursos y diplomados en Holanda (Maastricht School of Management) y Brasil (Universidade Federal de Minas Gerais) y Maestría en Seguridad, Defensa y Desarrollo (Escuela de Altos Estudios Nacionales de la Universidad Militar de Bolivia). También es antiguo alumno del William Perry Center for Hemispheric Defense Studies (Centro William J. Perry para Estudios Hemisféricos de Defensa) de Washington DC.
El autor es un reconocido investigador y conferenciante en Antiterrorismo y Lucha contra el Crimen Organizado Transnacional y conferenciante invitado en diferentes instituciones académicas, así como analista de varios medios de comunicación, tanto en EE. UU. como en América Latina.
Resumen
La aparición de una entidad híbrida, que es una combinación de organización política y criminal, ha provocado la aparición de un nuevo tipo de guerra. La toma del poder por parte de esta organización y su control sobre un Estado formal, nos presenta una nueva forma de hacer la guerra.
Una guerra así concebida ya no tiene un marco temporal, con un comienzo de hostilidades o un final formal. Su objetivo no es solo obtener la victoria, ni sus métodos se limitan a los conceptos clásicos de la guerra, ya sea en su acepción tradicional o en su desarrollo asimétrico. Esta guerra es total, social y permanente; todos los ámbitos de la sociedad son considera dos teatros de operaciones; y el submundo ilícito, entendido como parte de la sociedad, es el más eficiente proveedor logístico y el más conveniente generador de conflictos.
Este nuevo tipo de guerra ve en el conflicto su justificación y en el uso de absolutamente todas las formas de lucha, la manera de lograr permanente mente su dominio y su victoria.
Introducción
El análisis del conflicto, su naturaleza y su evolución, casi siempre ha adolecido de dos problemas importantes.
En primer lugar, solo se analizan las manifestaciones más evidentes del conflicto, lo que significa una interpretación basada esencialmente en pa rámetros equivocados. Las guerras del futuro se interpretan a través de los conceptos de la última guerra.
En segundo lugar, las guerras se analizan a través del prisma de nuestros propios principios y valores, creando así un efecto de imagen especular.
El enfoque actual intenta sortear estas limitaciones, analizándolo desde una perspectiva abierta, entendiendo el conflicto como una actividad omní moda o total, enfoque que solo dos ideologías radicales han adoptado en la historia de lahumanidad.
Hablamos del nacionalsocialismo, con su concepto de Guerra Total, y del marxismo-leninismo, con su concepto de Guerra Absoluta, ambos ex trañamente similares al proclamar que todos los métodos son válidos para obtener la victoria; así como que se deben emplear todas las formas de lucha, ya que la victoria de la "revolución" justifica tal extremo y, una vez lograda la victoria, al revolucionario le espera un mundo "mejor".
En ese sentido, el marxismo-leninismo logró avances mucho mayores en el desarrollo de la teoría y la doctrina, no solo por la teoría desarrollada por figuras históricas como Mao Tse Tung, sino porque una lectura cuidadosa de los postulados y análisis desarrollados por Lenin, indican muchas cosas que, incluso, muchos militantes comunistas han olvidado.
El marxismo-leninismo creó conceptos que desde sus inicios demostraron una visión más universal, evitando distracciones. Estos conceptos -como Guerra del Pueblo, Guerra Popular, Guerra Popular Prolongada y Guerra de Liberación- no son más que diferentes etapas de una evolución cuya esencia no ha cambiado, pero cuyas capacidades operativas y estratégicas hace tiempo que dejaron atrás, incluso, las limitaciones generadas por la misma ideología que los concibió.
Por tanto, es fundamental comprender que, como señalan claramente Marks y Rich:
"Hay un punto clave que se evidencia en relación con el tema de la Guerra Popular. Lejos de ser un anacronismo, mucho menos un mero saco de técnicas, la guerra popular siempre plantea un concepto que ha estado en la historia militar desde el principio de los tiempos: la guerra de guerrillas, el cual fusiona simbiótica mente con otro concepto que también ha estado presente desde tiempos inmemoriales en la política: la rebelión y su afán por obtener el poder" 1.
Este concepto anula las limitaciones que sufre la concepción de la guerra en la sociedad occidental, pues no existen límites éticos, ideológicos o condicionantes morales: el objetivo es la victoria y, una vez más, recurrimos a Marks y Rich, para definir este enfoque:
"La victoria asegura la obtención del poder, que a su vez es esencial para mantener a una población bajo el dominio de un nuevo orden político"2.
Una vez comprendido esto, es más fácil darse cuenta de cómo se ha empleado la Guerra del Pueblo o Guerra Popular, para desarrollar un nuevo concepto en el que la victoria ya no se enmarca en términos ideológicos.
Una guerra así concebida ya no tiene un cronograma discreto, un inicio de hostilidades ni un final formal. Su objetivo no es simplemente lograr una victoria formal. Sus métodos no se limitan a los conceptos clásicos de guerra ni a la teoría tradicional de la guerra asimétrica. La nueva guerra es total, abarca todos los ámbitos de la sociedad, es permanente y se produce en todos los teatros de operaciones. Uno de sus ámbitos más importantes es el hampa ilícita -principalmente el narcotráfico y la corrupción- por ser la fuente logística más eficiente y el generador de conflictos más conveniente. El conflicto es su propia justificación en este nuevo tipo de guerra, así como el uso de, absolutamente, todas las formas de lucha como camino para lograr permanentemente la dominación y la victoria.
¿Cómo llegamos aquí?
La evolución hacia este tipo de guerra no ha sido una progresión lineal, aunque se pueden identificar claramente casos emblemáticos, entre los que destacan los de Cuba, Bolivia, Rusia, China y Venezuela, así como los de las FARC y Hezbolá.
Cuba en su contexto
Para comprender este planteamiento, es necesario darse cuenta de los conceptos estratégicos desarrollados por el régimen cubano desde sus inicios.
Poco después del triunfo de la revolución que derrocó a Fulgencio Batista, Fidel Castro afirmó que el conflicto no había hecho más que empezar y que el verdadero enemigo eran los Estados Unidos de América. Esta idea y el objetivo claro e inequívoco identificado por Castro, en su condición de primer ministro del gobierno revolucionario y secretario del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC), están contenidos en un discurso pronunciado al concluir una serie de reuniones con los intelectuales cubanos en la Biblioteca Nacional entre el 16 y el 30 de junio de 1961, donde destaca la siguiente afirmación:
"Creemos que la revolución tiene todavía muchas batallas que librar y creemos que nuestro primer pensamiento y nuestra primera preocupación debe ser qué hay que hacer para que la revolución salga victoriosa. Porque eso lo primero: lo primero es la propia revolución . Y después, solo después, nos preocuparemos de las demás cuestiones"3.
Este postulado ha sido habitualmente eclipsado por la máxima pronunciada en el mismo acto y luego repetida el 13 de marzo de 1966, en la escalinata de la Universidad de La Habana: "Dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada". Esta frase, más difundida y popular, ignora deliberadamente el contenido más profundo de la primera cita. Esta forma parte del concepto leninista de que la moral, la legalidad y los principios más elementales quedan subsumidos por el imperativo moral superior del triunfo de una revolución, que en el fondo no es otra cosa que la perpetuación de un régimen personalista, autoritario y cáustico, cuya supervivencia debe prevalecer por sobre cualquier otra consideración.
En ese contexto, este concepto es nada menos que una variante de la Moral Comunista, tal como la definió Lenin en su discurso en la primera sesión del Tercer Congreso de la Juventud Comunista de Rusia, en Moscú, el 2 de octubre de 1920.
"¿En qué sentido negamos la moral y la ética? Las negamos en el sentido en que la burguesía las ha proclamado, deduciéndolas de los mandamientos".
Para añadir luego:
"Nuestra moral está enteramente subordinada a los intereses de la lucha de clases del proletariado. Nuestra ética tiene como punto de partida los intereses de la lucha de clases del proletariado"4.
Entendida la moral subyacente, es fácil comprender la doctrina militar del Estado cubano que postula que "La doctrina militar del Estado cubano es el conjunto de ideas y definiciones científicamente fundamentadas, adoptadas sobre la esencia, los objetivos, el carácter, peculiaridades y con secuencias de la guerra; la preparación del país para librarla con éxito; y los métodos para su realización y conducción, a fin de enfrentar una agresión militar"5.
Tanto las "peculiaridades" como esa hipotética "agresión" solo pueden entenderse a través del prisma marxista-leninista. Toda acción, absoluta mente toda, se justifica en el contexto de la llamada "guerra de todo el pueblo" para defender la revolución tanto dentro como fuera del territorio cubano y cualquier hecho que se considere una "agresión" contra la revolución -es decir, contra el régimen- es un casus belli, incluso, en el caso de que el "enemigo" no sea ni remotamente consciente de que sus acciones son consideradas como tales.
La transición a la "Guerra de Liberación" y el submundo ilícito como recurso
La evolución de este concepto no fue, en absoluto, exclusivamente cubana, pues su discusión, implementación y justificación, se encuentran en todo el mundo en el campo de las insurgencias y la Guerra Irregular.
Entre los trabajos relevantes que versan sobre el asunto, se encuentran, los de Truong Nhu Tang6 quien describe claramente cómo el uso de redes criminales, tales como el tráfico de drogas, fueron esenciales para el Viet Minh en sus operaciones contra los franceses en Indochina, así como una importante fuente de financiación para el Frente de Liberación Nacional -más conocido como Viet Cong- y los Jemeres Rojos, durante la Guerra de Vietnam.
A lo largo de la Guerra Fría se produjeron innumerables variantes, pero las conclusiones centrales de los análisis realizados por los servicios de inteligencia soviéticos dejaron absolutamente claro que unas finanzas sólidas eran esenciales. Sin ellas, la derrota de Occidente y más concretamente de Estados Unidos, era impensable, dadas las características socioeconómicas y los medios de producción norteamericanos.
Por ello, a partir de 1954 los citados servicios de inteligencia introdujeron un cambio en la doctrina soviética con el fin de reducir la ventaja financiera y logística de Estados Unidos. Este proceso, abordado por el gobierno de Nikita Jruschov, puede resumirse de la siguiente manera:
La "Guerra Revolucionaria" fue dejada de lado como concepto aislado e integrada en las operaciones ahora denominadas "Guerras de Liberación".
Esta denominación diversificó las opciones, multiplicó los focos de conflicto y evitó la aparente conexión entre el estatus "internacionalista" de estas iniciativas y su naturaleza agresiva, haciéndolas aparecer como esfuerzos de "liberación" o de lucha contra el "colonialismo imperialista".
El hampa como eje. De la Unión Soviética a la Rusia de Putin
Para hacer viables estas iniciativas, se adoptaron tres líneas estratégicas:
1. Operaciones sostenidas de narcotráfico internacional.
2. Operaciones sostenidas del crimen organizado transnacional.
3. Operaciones sostenidas de terrorismo internacional.
Estas líneas de esfuerzo debían incidir en las siguientes áreas:
1. Debilitar a la sociedad enemiga (es decir, Estados Unidos).
2. Corromper el sistema político, institucional y financiero del enemigo.
3. Desestabilizar los Estados próximos a Estados Unidos, creando así las condiciones para una "Guerra de Liberación".
La responsabilidad operativa de las líneas de acción de terrorismo y drogas recayó en el director del servicio de inteligencia militar soviética (GRU, por Glávnoye Razvédyvatelnoye Upravlenie, en ruso), mientras que la línea de Crimen Organizado, con especial énfasis en el blanqueo de dinero y activos, recayó en el Comité de Seguridad del Estado (KGB, por Komitet go sud árstvennoj bezopásnosti, en ruso)7.
Se puede encontrar una descripción documentada de estas actividades en diversas fuentes documentales, pero está especialmente bien descrita por Robert Grossman y Christoper Story8 así como en la obra de William R. Corson y Robert T. Crowley9.
Como herramientas concurrentes para facilitar estas líneas estratégicas se contó con la participación de servicios de inteligencia aliados, predominantemente los Servicios de Inteligencia y Contrainteligencia de Cuba (Ministerio del Interior-MININT, DI, G2), la Seguridad del Estado de Checoslovaquia (StB, por Státní bezpeenost, en checo) y el Ministerio para la Se guridad del Estado de la República Democrática Alemana (Ministeriumf ür Staatssicherheit, en alemán, mejor conocido por su abreviatura Stasi), así como la creación de plataformas operativas como la Tricontinental.
Esto, sin embargo, no debe llevarnos a ignorar el papel que estas líneas jugaron y siguen jugando en el diseño geoestratégico de la Rusia de Vladimir Putin, tal y como lo describe Galeotti:
"El Estado ruso está altamente criminalizado y la interrelación entre el 'submundo' criminal y el 'supramundo' político, ha llevado al gobierno ruso a utilizar a los criminales como instrumentos de acción política"10.
Además:
"Las organizaciones criminales rusas en Europa han sido utilizadas con diversos fines, entre ellos, como fuentes de recursos financieros para operaciones complejas (Black Cash), para el lanzamiento de ciberataques, como plataformas de acción e influencia política, para el tráfico de bienes y servicios e, incluso, para llevar acabo asesinatos selectivos bajo las órdenes del Kremlin"11.
La cocaína hace su entrada
Un suceso que ha permanecido en la oscuridad durante mucho tiempo, retrata el absoluto pragmatismo de esta forma de concebir la guerra.
Los servicios de inteligencia cubanos constataron con creciente preocupación, a finales de los años '70, que la alianza con la Unión Soviética tenía cada vez más dificultades para sostener financieramente al país insular y -aunque ya se habían desarrollado operaciones en la línea orientada por Moscú- fue la explosión de la cocaína y su demanda sostenida, lo que abrió las puertas a un nuevo capítulo en el desarrollo del concepto de Guerra Popular, avanzando hacia su forma actual de guerra, entendida como Guerra Social e Interminable.
Este acontecimiento fue la Alianza Castro-Suárez; es decir, el acuerdo entre Fidel Castro y el narcotraficante boliviano Roberto Suárez. Este acuerdo merece un examen más detenido.
Roberto Suárez, conocido entonces como el "Rey de la Cocaína", estableció un verdadero imperio de la droga desarrollando principios operativos atípicos para sus operaciones. Su "corporación" desarrolló sus actividades de forma diferente a las organizaciones criminales de su época y los efectos de su evolución conceptual aún se dejan sentir claramente en la actualidad.
La corporación no realizaba sus operaciones en una sola dimensión; además del negocio, estaba profundamente implicada en la solución de las necesidades sociales de su base de población.
La violencia no se ejercía de forma indiscriminada, sino de manera se lectiva y focalizada. Se organizó un aparato de coerción e intimidación de características cuasimilitares, pero su uso fue más disuasivo que ofensivo.
Las finanzas generadas se utilizaron, junto con las actividades lícitas, para repartir los beneficios y blanquear el capital a una escala sin preceden tes. Las operaciones lícitas (inversiones inmobiliarias, empresas pantalla, transacciones bancarias, etc.), aunque alimentadas por el flujo de beneficios ilícitos, permitieron a la corporación construir una red económica que trascendió, no solo al país de origen de su actividad ilegal, sino a toda la región hemisférica, llegando, incluso, a Europa.
Finalmente, la penetración en el establishment político fue deliberada y planificada, el cual desarrolló un discurso político que justificaba el negocio. Con este discurso lograron penetrar en varios partidos y movimientos políticos a pesar de su posición ideológica.
La conexión
Los intentos del régimen cubano por acercarse a la corporación se concretaron a través del M-19 y de Carlos Lehder; el funcionario encargado de coordinar el encuentro, fue el entonces embajador cubano en Bogotá, Fernando Ravelo.
"En enero de 1983, Roberto y Escobar (Pablo Escobar) aceptaron finalmente reunirse en Bogotá con el representante del gobierno cubano. Ravelo los recibió en la embajada acompañado por el jefe del Departamento de MC (Moneda Convertible), dependiente del Ministerio del Interior, coronel Antonio de la Guardia, quien le transmitió la invitación del general Arnaldo Ochoa para visitar Cuba12.
El diagnóstico realizado por Pablo Escobar resume y retrata la situación cubana, al tiempo que demuestra la agilidad operativa de las organizaciones del crimen transnacional y su esencia oportunista y altamente efectiva:
"¿Departamento MC, Marihuana-Cocaína? Los tenemos donde queríamos, mi jefe. Estos cubanos están pidiendo plata. Las limosnas que reciben de los rusos son cada vez menos. Los están alimentando a cuenta gotas"13.
Las fuentes contienen elementos detallados y un nivel de conocimiento de los más altos círculos de la cúpula militar y política cubana que sorprenden aún hoy:
"En el aeropuerto de Varadero fueron recibidos de forma VIP por René Rodríguez, presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y el almirante Aldo Santamaría, coman dante militar de la marina cubana. Durante el viaje al Comando de Operaciones Navales, Rodríguez y Santamaría les informaron del alto interés que Fidel y su entorno tenían en utilizar el narco tráfico como arma contra el imperialismo norteamericano y apoyar a los grupos guerrilleros colombianos, especialmente a los del M-19, con fondos provenientes del tráfico"14.
La descripción de la reunión de coordinación operativa para ultimar los detalles del acuerdo con la participación del general Ochoa y el ministro José Abrantes, es de sumo interés por su alcance financiero y proyección estratégica.
Sin embargo, ahí no acaba la cosa. Las fuentes revelan claramente la posición de Fidel Castro al respecto, así como la participación de Raúl Castro:
"En el aeropuerto de La Habana abordaron un helicóptero Mi-24 (Sic) que los llevó a la isla de Cayo Piedra. Cuando sobre volaron la paradisíaca propiedad, quedaron deslumbrados por la magnificencia de la construcción. Aterrizaron en el helipuerto, donde fueron recibidos por el Ministro de Defensa. '¡Bienvenidos, señores! Mi hermano les espera arriba', dijo Raúl Castro, que les condujo en medio de una fuerte vigilancia de decenas de guardias civiles y francotiradores militares hasta el salón principal de la mansión.
A continuación, tomó la palabra Fidel Castro:
"Gracias por aceptar, finalmente, la invitación de Ochoa. Ustedes serán el misil con el que romperé el bloqueo y el injusto embargo que sufre mi país"15.
En resumen, Suárez entendió la corporación como una organización sin fronteras, dotada de la capacidad de generar recursos económicos ilimitados. La desarrolló más allá de una mera banda criminal.
Le dio características transnacionales, la hizo operar financieramente a escala global, estructuró los carteles como divisiones operativas y sentó las bases para la penetración en el Estado mediante la creación de mecanismos de participación política.
El encuentro de Fidel Castro y Roberto Suárez, marca el inicio de la simbiosis entre el narcotráfico internacional y el régimen de La Habana.
La inusitada e intempestiva retirada de Suárez de la actividad criminal marcó una involución de las organizaciones criminales, las cuales volvieron a métodos menos sofisticados de violencia indiscriminada y circulación financiera. Pero sin duda, la alianza Castro Suárez, marcó una evolución para las prácticas doctrinales y operativas de Cuba, generando métodos que sirvieron para financiar, sostener y desarrollar operaciones militares en diversos conflictos como los librados en Nicaragua, El Salvador, Panamá, Colombia, Perú y Angola, entre otros.
¿El fin de la Guerra Fría?
Está claro que el final de la Guerra Fría y la consiguiente falta de divisas, motivaron a los regímenes que sobrevivieron a la caída del Muro de Berlín (Cuba y Corea del Norte, por ejemplo), a tomar medidas más agresivas para obtener medios financieros.
Las redes, los contactos y los conocimientos técnicos no se evaporaron. De hecho, uno de los problemas a los que se enfrentan hoy los servicios de inteligencia de Occidente, reside en la idea errónea de que la Guerra Fría supuso el fin de las capacidades operativas desarrolladas por la Unión Soviética y sus aliados.
Su rastro puede percibirse claramente cuando repasamos los individuos -tanto participantes como facilitadores- de las principales redes ilícitas internacionales en la actualidad.
¿Y Cuba?
Ochoa, De La Guardia y el Juicio Número 1 "Narcotráfico, un crimen sin fronteras"
Siguiendo estas directrices, el régimen cubano abrazó plenamente los mercados ilícitos, asignando un papel esencial a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), a todos los niveles, con dirigentes claramente implicados, como el ya mencionado Almirante Santamaría, Jefe de la Marina de Guerra cubana.
La investigación, documentación y revelación de estas operaciones por el presidente Ronald Reagan en mayo de 1983, durante un discurso en Miami, provocó una crisis sin precedentes en las más altas esferas del gobierno cubano.
La reprimenda del Granma no aplacó todas las sospechas que había levantado el discurso de Reagan 16. Además, el gobierno de Estados Unidos siguió insistiendo en el asunto hasta 1988, cuando una nueva operación de la DEA destapó una trama en marcha, en la que estaban implicados algunos de los miembros más destacados de "la corporación" y las más altas esferas del régimen cubano.
La reacción del gobierno cubano ante las pruebas presentadas por la administración Reagan, las cuales revelaban la plena participación de instituciones militares, agencias gubernamentales y el aparato de inteligencia cubano en las operaciones de narcotráfico, fue rápida y brutal.
El comandante militar más destacado de la historia moderna de Cuba, el general Arnaldo Ochoa, fue sometido a un consejo de guerra y fue ejecutado.
Además, el jefe del Departamento de Divisas Convertibles, Antonio de la Guardia, igualmente fue ejecutado, como también, docenas de otros oficia les del aparato de la Seguridad del Estado, fueron condenados a prisión.
Sin embargo, las explicaciones oficiales no satisfacen ni el más elemental proceso de contraste. La descripción ofrecida por el general Rafael Del Pino, refleja claramente la situación:
"Eran 19 acusados, por lo que debió ser necesario confrontar las declaraciones de unos y otros, confirmar elementos, verificar aspectos de lo que decían, repetir repreguntas para confirmar y precisar información. ¿Y todo eso en solo 3 o 4 días? Ni siquiera el KGB en estrecha colaboración con la CIA y Scotland Yard logra semejante gasto y eficacia en un caso tan complejo. Lo único que hubiera hecho posible la publicación de este informe tan rápido y detallado es que todos los antecedentes constaran en los archivos del Ministerio del Interior, porque se trataba de operaciones oficiales del gobierno cubano, perfectamente controladas y dirigidas por los altos niveles.
"De otro modo es imposible explicar con todo detalle cómo el pueblo cubano y el mundo fueron informados el 22 de junio por un editorial del diario Granma"17.
De hecho, a pesar de todas las medidas de contención aplicadas por el gobierno, incluso dentro del juicio, salieron a la luz pruebas que vinculaban al propio Fidel Castro.
"La complicidad más bochornosa de la defensa ocurrió durante el testimonio del capitán Miguel Ruiz Po, cuando el acusado presentó nuevas pruebas que involucraban a Fidel Castro en el narcotráfico" 18.
Sin embargo, este suceso no supuso ni el fin de las operaciones ni la retirada del régimen cubano de su participación en el narcotráfico. Por el contrario, la evolución, diversificación y sofisticación les llevó a aventurarse en nuevas formas de generar ingresos tan necesarios, como la trata de personas en condiciones cercanas a la esclavitud, la ciberdelincuencia, el blanqueo de capitales y, en última instancia, la externalización de las operaciones de narcotráfico a través de organizaciones como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) o gobiernos cooptados como el régimen chavista de Venezuela.
El modelo boliviano, siempre se puede aprender
No es infrecuente en la historia de los conflictos que los avances más audaces -finalmente utilizados en guerras a gran escala-, se produzcan primero en lugares fuera de la vista de las grandes potencias, esto a veces, con resultados eventualmente desastrosos para esas potencias (Vietnam y Afganistán vienen inmediatamente a la mente).
Aunque se dedicará un capítulo entero de este trabajo al análisis del modelo generado en Bolivia, merece la pena describirlo brevemente.
En Bolivia, una insurgencia nacida de una organización dedicada, básicamente, a una empresa ilícita (en este caso el circuito completo coca-cocaína), convirtió esa actividad en la base logística desde la cual financiar un asalto múltiple contra un Estado formal:
La combinación incluyó una lucha armada para proteger la retaguardia profunda (en el Chapare, provincia del departamento de Cochabamba, donde se siembra la coca y se procesa la cocaína); un movimiento de pro testa social para generar conflicto en los centros urbanos; el tráfico de cocaína y sus beneficios para generar corrupción ya no como fin sino como método; y, finalmente, la acción política cuasilegal para tomar el poder.
Una vez tomado el poder, inmediatamente se continuó con el conflicto como un fin en sí mismo. No se creó un experimento social, como ha ocurrido con otras revoluciones. La finalidad del conflicto permanente era frustrar la concentración de los medios del enemigo contra la organización. El Estado formal se convirtió en una herramienta al servicio del conflicto, proporcionando cobertura formal para el blanqueo de dinero procedente del narcotráfico y las maniobras políticas, tanto a nivel nacional como inter nacional.
Un principio rector que comandaba las operaciones de este fenómeno era el aprendizaje permanente. Todas las actividades estaban sujetas a evaluación, una evaluación implacable y de tipo corporativo, que no temía aprender ni dudaba en aplicar lo aprendido.
Para esta organización, el conflicto es un estado de cosas permanente, siendo la aparición constante de conflictos, la clave para la supervivencia de la organización.
Las FARC y el proceso de paz, Márquez y Santrich
La adopción de este modelo de guerra por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, podría haber sido objeto de un acalorado de bate en el seno del secretariado de la organización. Sin embargo, y tal vez, irónicamente, el éxito del Estado colombiano en la neutralización de figuras como alias Tirofijo, alias Raúl Reyes y alias Mono Jojoy, allanó el camino para su adopción.
No cabe duda de que la evaluación realizada por el secretariado y sus aliados en La Habana, demostró que la concepción clásica de la estrategia de insurgencia y su implementación, habían sido derrotadas militar y políticamente por la estrategia de seguridad democrática instrumentada por el gobierno de Álvaro Uribe.
Para evitar el colapso de la organización, se decidió adoptar el modelo "boliviano". Se estableció el llamado proceso de paz, se estructuró una base de acción política, legal y partidista, al tiempo de que se puso en marcha la organización de movimientos sociales y el incremento del conflicto de pro testa social.
Al mismo tiempo, el surgimiento de una "disidencia" se articuló con dos características: por un lado, la retención de su capacidad armada; y por otro, su presencia en los centros del circuito de producción de coca cocaína, lo que preservó su capacidad logística y financiera. Esta disidencia apareció de una manera curiosa. Fue un proceso - inicialmente encubierto, pero luego hecho público-de conexión con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que se convirtió de facto en el brazo armado de las FARC, abandonando así cualquier pretensión de pureza ideológica.
Este marco estratégico se complementó con una base de operaciones consolidada, fuera del alcance del Estado colombiano. Coordinada por las fuerzas cubanas, esta plataforma se encuentra en territorio venezolano y su verdadera naturaleza quedó claramente expuesta cuando alias Iván Márquez y alias Jesús Santrich, anunciaron que reanudaban la lucha armada, precisamente cuando su participación en el circuito del narcotráfico estaba claramente demostrada por las autoridades estadounidenses y colombianas.
Simultáneamente, se produjeron expresas declaraciones del régimen venezolano en apoyo a las FARC rearmadas, hecho sin precedentes en la historia reciente del hemisferio. Estaban avalando abiertamente las acciones armadas de una organización terrorista y narcotraficante en el territorio de un Estado vecino 19.
La presentación, por parte de las autoridades colombianas, de un dosier con las pruebas que demuestran los puntos anteriormente descritos, no hace, sino reforzar la singular versatilidad de este modelo y sus capacidades operativas.20
Cubazuela
Una de las características prominentes de este modelo de guerra es su cuasimodularidad, la cual facilita su exportación y reproducción sin requerir complejos niveles de planificación logística ni enormes fuerzas sobre el terreno. El flujo financiero generado por las empresas ilícitas y un mínimo de tracción política, son suficientes para proceder a su implementación acelerada. La corrupción es un método y un marco institucional principal y generador de conflictos, tanto internos como externos, a los ni veles deseados.
El ejemplo más reciente de esta característica es la pésima situación de Venezuela, tal y como Blanco, Cartaya, Domínguez y Ocando describen en relación con esta nación suramericana en su obra seminal "Cubazuela".
"¿A qué nos enfrentarnos en Venezuela?
Venezuela es un Estado fallido controlado por un grupo criminal vinculado al narcotráfico transnacional y al terrorismo. Ese grupo ha usurpado las instituciones, desmantelado la democracia, arrebatado la soberanía al pueblo y establecido un régimen de terror. Comete continuamente crímenes contra la humanidad, como la tortura y el genocidio, a través de la actual hambruna y desastre humanitario que asola a la población. La inseguridad ciudadana sumada a la represión política ha dejado en 2018 más de 24 000 muertes violentas -sin contar los miles que han muerto por desnutrición y falta de medicinas- comparables a la suma de las de Afganistán, Siria e Irak en el mismo periodo. El éxodo de tres millones de personas es análogo al de Siria. Es una catástrofe regional provocada por el hombre.
"La denuncia que presentó el Gobierno contra Maduro en la OEA", El Tiempo, 11 de septiembre de 2019.
"La independencia nacional ha sido entregada a Cuba, que ha establecido allí un modelo moderno de dominación colonial. También ha cedido territorios a grupos criminales extranjeros (FARC, ELN, Hezbolá) en los que se han instalado laboratorios para la producción de drogas. Desde Venezuela, el ELN dirige su lucha armada contra el Estado colombiano y planea acciones terroristas como el reciente atentado contra la academia de policía de Bogotá".
"La droga producida masivamente en estos territorios es luego traficada a países como Estados Unidos y algunos miembros de la Unión Europea, donde mueren personas cada año por su consumo y donde las bandas de distribución contribuyen a elevar los índices de criminalidad. El narcoestado es también responsable del éxodo masivo de tres millones de personas que hoy desestabiliza económica y socialmente la región y crea el peligro de una pandemia".
_____________________________
1 Marks, Thomas y Rich, Paul. (2017) "Back to future -people's war in the 2 lst century". Small Wars & Jnsurgencies ,Vol. 28. Nº 3,409-425.
2 Ibid.
3 Discurso pronunciado por el comandante Fidel Castro Ruz, primer ministro del Gobierno Revolucionario y secretario del Partido Unido dela Revolución Socialista de Cuba (PURSC), al concluir los encuentros con los intelectuales cubanos, celebrados en la Biblioteca Nacional los días 16, 23 y 30 de junio de 1961.
4 V.l. Lenin. Tareas de la juventud comunista, discurso pronunciado en la primera sesión del III Congreso de la Juventud Comunista de Rusia en Moscú, el 2 de octubre de 1920.
5 Doctrina militar cubana.
6 Truong Nhu Tang. A Vietcong M emoir: An inside Account of the Vietnam War and Its Aftermath, Nueva York: Vintage Books, 1986.
7 "Drugs, Russia And Terrorism, Part l".Publicado por Newsmax ,7 de marzo de 2002.
8 Douglass, Joseph D. Red Cocaíne: The Druggíng of America and the West, Edward Harle, 1999.
9 Corson,William R. y Crowley, Robert T. The New KGB: Engine of Soviet, Nueva York: Morrow, 1985.
10 Galeotti, Marcos. "Crimintern: How the Kremlin Uses Russia's Criminal Networks in Europe", Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, 18 de abril de 2017.
11 Ibid.
12 Levy, Aída. El Rey de la Cocaína: Mi vida con Roberto Suárez y el nacimiento del primer narcoestado, Estados Unidos: Vintage, 2013.
13 Ibid.
14 Ibid.
15 Ibid.
16 Del Pino, Rafael. Los años de la guerra: Cinco mil días de sudor y sangre, 2013.
17 Del Pino, Rafael. Op. cit.
18. Ibid.
20 La denuncia que presentó el gobierno contra Maduro en la OEA", El Tiempo, 11 de septiembre de 2019.
La guerra infinita en Venezuela:
estrategias híbridas y el conflicto
con el Cartel de los Soles.
La presión sostenida de EEUU, combinada con las tácticas de resistencia, movilización y defensa territorial del régimen venezolano, refleja la prolongación indefinida del conflicto.
El concepto de guerra infinita sostiene que los conflictos contemporáneos no buscan una victoria decisiva, sino la proyección constante de poder y la gestión de amenazas múltiples a largo plazo. Este artículo analiza la escalada de tensiones entre Estados Unidos y Venezuela en el contexto de operaciones contra el Cartel de los Soles, el Tren de Aragua y aliados estratégicos como el ELN. Se examinan las fases de la periodización de la guerra, las operaciones estadounidenses en el Caribe y la respuesta venezolana mediante la Operación Independencia 200, evaluando el conflicto desde la perspectiva de la guerra infinita y sus implicaciones políticas, militares y estratégicas para la seguridad hemisférica.
Introducción
En el contexto de las relaciones internacionales contemporáneas, la guerra infinita (Strachan, 2011; Gray, 2005) describe conflictos caracterizados por su duración indefinida, complejidad estratégica y multiplicidad de actores estatales y no estatales. Según Spencer (2015), los conflictos modernos involucran interacciones complejas entre Estados y actores criminales o insurgentes, lo que exige una lectura de las operaciones militares más allá de la lógica convencional de victoria o derrota.
La operación estadounidense contra el Cartel de los Soles y el Tren de Aragua, así como la neutralización de embarcaciones del ELN en el Caribe, representan un caso paradigmático de este enfoque: la acción no busca una victoria rápida, sino alterar la capacidad operacional y financiera del adversario, manteniendo presión constante para debilitar su control territorial y sus redes ilícitas. Este artículo analiza el conflicto desde la perspectiva académica de la guerra infinita, integrando teoría militar contemporánea, estudios de seguridad hemisférica y análisis de guerra híbrida.
Strachan (2011) define la guerra infinita como un conflicto sin resolución decisiva, donde el objetivo principal es mantener al adversario en un estado de vulnerabilidad y adaptación constante. Características clave incluyen:
1. Duración indefinida: las operaciones no buscan derrotar totalmente al enemigo, sino degradar su capacidad de manera sostenida. Desde que el 14 de agosto de 2025, cuando el Departamento de Defensa de EEUU ordenó el despliegue de fuerzas aéreas y navales al sur del mar Caribe (France 24, agosto, 2025), comenzó una acción de presión que se intensifica con cada anuncio de nuevas acciones militares y políticas. En esta contienda el gobierno de los Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump, inició una nueva política de ofensiva contra los carteles de la droga y otros grupos criminales declaradas previamente como organizaciones terroristas globales especialmente designadas (SDGT, por las siglas en inglés de Specially Designated Global Terrorist) (Federal Register, febrero 2025; Departamento del Tesoro, agosto 2025), con miras a desajustarlos financiera y operativamente. En marzo, Trump invocó la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 (NTN 24, marzo 2025) para actuar con rapidez contra sospechosos de ser miembros del Tren de Aragua en territorio estadounidense, al tiempo que responsabilizó a Nicolás Maduro de diseñar la invasión de EEUU por parte de estos criminales. Una estrategia de acción progresiva que contempla la intervención de la CIA (Noticias DW, octubre, 2025) y la incursión terrestre (El Nacional, septiembre, 2025).
2. Multinivel: involucra actores estatales, el gobierno de los Estados Unidos; insurgentes, el ELN; y criminales, el Cartel de los Soles y el Tren de Aragua; en diferentes capas de conflicto.
3. Adaptabilidad: estrategias flexibles que responden a cambios tácticos, logísticos y geopolíticos. El desarrollo de los acontecimientos —así como las respuestas de los carteles— marca la pauta a seguir, si bien hay un objetivo claro de combate y eliminación de los grupos criminales y sus cabecillas.
4. Uso de recursos no militares: forman parte de esta doctrina, operaciones encubiertas, como las que estaría llevando a cabo la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en suelo venezolano; la presión económica traducida en el bloqueo de los medios de financiamiento del régimen de Maduro y sus operadores el Cartel de los Soles y el Tren de Aragua; las sanciones han sido una política sostenida de los gobiernos de EEUU desde 2008, cuando el Departamento del Tesoro designó a Hugo Armando Carvajal Barrios, a Henry Rangel Silva y a Ramón Rodríguez Chacín por prestar apoyo a las actividades de la organización narcoterrorista FARC (Departamento del Tesoro, septiembre 2008). En su segunda administración Trump las recrudeció al cancelar las licencias de operación a la petrolera Chevron en Venezuela, en razón al incumplimiento a acuerdos previos establecidos (Infobae, marzo 2025), al tiempo que impuso aranceles del 25% a los países que compren petróleo venezolano (SWI, marzo 2025); el control de información, que aplica el régimen de Nicolás Maduro cuando recurre a la desinformación y a la información manipulada para tratar de desdibujar la naturaleza de las operaciones contra el narcoterrorismo de EEUU en su contra (Petit, agosto, 2025).
David Spencer (2015) enfatiza que los conflictos contemporáneos son continuos, adaptativos y descentralizados, en los que los Estados deben combinar medidas convencionales con acciones indirectas y no lineales para preservar su influencia. La guerra infinita se solapa con la guerra híbrida, definida por la combinación de medios convencionales, irregulares y cibernéticos para generar un efecto multiplicador en la vulnerabilidad del adversario (Murray & Mansoor, 2012).
Aplicación a Venezuela
El régimen de Nicolás Maduro y las operaciones estadounidenses pueden analizarse desde este marco, donde:
- Estados Unidos aplica presión continua mediante operaciones cinéticas, sanciones financieras y estrategias de inteligencia.
- Maduro y la FANB emplean defensa territorial, fusión cívico-militar y ejercicios de movilización estratégica, sin buscar una confrontación decisiva directa.
- Cartel de los Soles y ELN operan como actores híbridos no estatales que sostienen la capacidad del régimen mediante narcotráfico y control territorial.
Como indica Spencer (2015), la cooperación entre actores estatales y grupos no estatales crea estructuras de poder resilientes que prolongan los conflictos y dificultan la resolución militar o política convencional.
Contexto militar y político
Cartel de los Soles y Tren de Aragua
El Cartel de los Soles constituye un narcoestado dentro del Estado venezolano, el cual controla puertos, aeródromos y fronteras, con ingresos multimillonarios provenientes de la cocaína, el oro ilegal y otros recursos ilícitos. Su estructura difusa, conformada por altos mandos militares y políticos chavistas, le permite actuar con impunidad y mantener la sostenibilidad financiera del régimen. Se trata de un organismo que no está constituido en atención a jerarquías, sino a las conveniencias y contactos en torno al negocio de la droga, la corrupción y, básicamente, a lealtades más que a habilidades y capacidades de sus componentes (InSight Crime, 2025).
El Tren de Aragua, como brazo armado, asegura rutas internas y controla territorios estratégicos, operando de manera complementaria al Cartel. Según Spencer (2015), estas organizaciones muestran cómo los actores no estatales pueden ejercer funciones de Estado, reforzando la lógica de un conflicto prolongado y adaptativo. Y aunque algunos tratan de negar la geocriminalidad consistente en el uso de criminales por regímenes dictatoriales y autoritarios, el caso del asesinato en 2024 del exmilitar venezolano, Ronald Ojeda, en Chile, es un claro ejemplo de ello. La fiscalía chilena señaló al ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello —segundo mal mando del Cartel de los Soles— de ser el autor intelectual del crimen (Castro, octubre, 2025).
ELN: aliado estratégico
El ELN, con cerca de 5 000 combatientes, protege rutas de cocaína desde Colombia hacia Venezuela y el Caribe, cobrando “impuestos” y asegurando corredores estratégicos. Su alianza con el Cartel de los Soles constituye un eje operativo crítico para el régimen, creando un sistema de resiliencia híbrido y adaptativo. La cooperación ELN-Cartel refleja la integración de actores no estatales en la defensa territorial y la proyección del poder económico criminal, un componente central en la teoría de guerra infinita (Spencer, 2015).
Un informe internacional filtrado a la prensa explica el funcionamiento de la alianza criminal entre el ELN y el Cartel de los Soles con el objetivo de establecer refugio a los terroristas, corredores para el narcotráfico, actividades de extracción ilegal de minerales y operaciones militares ilícitas en la frontera colombo-venezolana —especialmente en la región del Catatumbo—, así como en Zulia, Apure y Táchira. Una combinación descrita como híbrida al combinar insurgencia, crimen organizado y protección estatal (García, agosto, 2025).
Periodización de la guerra y la lógica de la guerra infinita
El régimen venezolano activó la Operación Independencia 200 y el Gran Corredor del Llano, en línea con una periodización de la guerra que se alinea con la lógica de la guerra infinita:
1. Período de crisis: evaluación de amenazas, incremento del apresto operacional de la FANB, transición hacia la guerra total y despliegue estratégico (Maduro, 2025).
2. Primer período de la guerra: subversión armada y hostigamiento, con dos etapas:
- Etapa 1: invasión limitada por fuerzas militares extranjeras durante 7 días.
- Etapa 2: intervención directa de EEUU durante tres meses.
3. Segundo período de la guerra: ocupación y pacificación, donde se prevén acciones de resistencia prolongadas y adaptativas.
El desgaste sistemático y el bloqueo militar son tácticas continuas que reflejan la esencia de la guerra infinita: presión sostenida sin resolución final, manteniendo al adversario en un estado de adaptación constante (Spencer, 2015). Estas fases permiten al régimen venezolano proyectar poder territorial y control social, aun en presencia de operaciones extranjeras de alta intensidad.
La estrategia del régimen venezolano apunta al largo plazo, como lo reconocen actores del chavismo, quienes indican que frente a la estrategia estadounidense que ellos definen como guerra relámpago, corresponde implementar una guerra de resistencia con combates de decisión rápida —atacar y huir— que, en el tiempo, desgasten el poderío militar estadounidense (Rivero, octubre, 2025).
Operaciones estadounidenses en el Caribe
El ataque del 17 de octubre de 2025 contra una embarcación del ELN en aguas internacionales forma parte de una estrategia de guerra infinita:
- Objetivo táctico: neutralizar rutas críticas de narcotráfico hacia EEUU
- Impacto estratégico: reducir en un 40% el flujo marítimo de cocaína hacia Estados Unidos, aumentar costos logísticos y presionar financieramente al régimen (Reuters, 2025).
- Dimensión híbrida: combinación de fuerza militar directa, control de información y sanciones financieras.
El despliegue estadounidense incluye destructores, bombarderos B-52, submarinos nucleares y 10.000 tropas, lo que representa una presión sostenida sin intención de conquista territorial inmediata, coherente con los postulados de Spencer sobre la guerra adaptativa y descentralizada. Esta estrategia también incluye el uso de inteligencia avanzada y coordinación con aliados regionales, lo que muestra una comprensión de la guerra infinita que integra múltiples dominios: marítimo, aéreo, terrestre y financiero.
Respuesta venezolana: Independencia 200 y defensa híbrida
La respuesta venezolana se estructuró bajo la Operación Independencia 200, diseñada para contrarrestar el despliegue estadounidense mediante:
1. Movilización territorial y cívico-militar: más de 6,2 millones de ciudadanos integrados a la Milicia Bolivariana participan en ejercicios coordinados con la FANB, reforzando la defensa territorial y proyectando resiliencia social (Maduro, 2025).
2. Fortalecimiento de Zonas Operativas de Defensa Integral (ZODI): estados llaneros y fronterizos, como Barinas, Portuguesa, Cojedes y Guárico, fueron incluidos en un esquema de despliegue estratégico y operaciones combinadas de las fuerzas armadas, la policía y milicias.
3. Preparación para guerra de guerrillas: en consonancia con la teoría de guerra infinita, el régimen enfatiza la resistencia prolongada y descentralizada, capaz de operar incluso en escenarios de ocupación parcial o bloqueos sostenidos (Spencer, 2015).
Estas acciones reflejan un modelo híbrido de defensa nacional, en el que la población y los actores estatales y no estatales colaboran para mantener la continuidad del poder y la resistencia frente a amenazas externas, lo que caracteriza un conflicto prolongado y adaptativo. La posibilidad de derrotar el poderío militar y tecnológico de EEUU amerita una estrategia de guerra irregular, continua, consistente en la implementación de múltiples operaciones ofensivas de acción rápida a cargo de fuerzas guerrilleras (Rivero, octubre, 2025).
Cooperación regional y riesgos binacionales
La propuesta de intercambio de inteligencia entre Colombia y Venezuela representa una dinámica de doble filo. Por un lado, puede fortalecer la identificación de rutas de narcotráfico y operaciones de grupos armados. Por otro, existe el riesgo de filtración de información sensible hacia actores no estatales como el ELN o disidencias FARC (Trejos, 2025; Arévalo, 2025).
La crítica proveniente de sectores especialistas en seguridad y relaciones internacionales, enfatiza sobre todo en la advertencia sobre la alianza de Maduro con el ELN y la segunda Marquetalia, los cuales operan con anuencia del régimen en territorio venezolano. No se puede correr el riesgo de que información sensible llegue a sus manos (Saavedra, octubre, 2025).
Spencer (2015) advierte que, en conflictos prolongados, la cooperación binacional requiere mecanismos de control estrictos, dado que cualquier filtración puede prolongar el conflicto y fortalecer al adversario en lugar de neutralizarlo.
Implicaciones estratégicas
Para Estados Unidos
1. Presión financiera sobre el Cartel de los Soles y Maduro: reducción de ingresos ilícitos y alteración de rutas logísticas (Reuters, 2025).
2. Reducción del flujo de drogas hacia EEUU: estrategias de interdicción marítima y aérea que impactan el narcotráfico regional.
3. Demostración de capacidad y alcance militar: mantiene influencia geopolítica en el Caribe y América Latina sin comprometer directamente ocupaciones prolongadas.
Para Venezuela
1. Movilización híbrida y defensa territorial: la fusión cívico-militar-policial fortalece la resiliencia del régimen frente a presiones externas.
2. Guerra prolongada y adaptativa: en línea con la guerra infinita, la resistencia no busca victoria inmediata, sino prolongar la supervivencia política y territorial.
3. Riesgo de fracturas internas: la presión sostenida puede inducir deserciones o conflictos internos en la FANB o sectores del Cartel de los Soles.
Para la región
1. Escalada binacional: la frontera colombo-venezolana es un punto crítico de interacción entre actores estatales y no estatales.
2. Riesgo de migración masiva y desestabilización: la presión sobre redes de narcotráfico y territorios controlados por grupos armados podría generar desplazamientos.
3. Influencia de actores extrarregionales: Rusia, Irán y otros aliados de Maduro podrían intervenir indirectamente, aumentando la complejidad del conflicto.
Conclusión
El conflicto entre Estados Unidos y Venezuela, centrado en la neutralización del Cartel de los Soles, el Tren de Aragua y aliados estratégicos como el ELN, ejemplifica un caso de guerra infinita y guerra híbrida contemporánea. La presión sostenida de EEUU, combinada con las tácticas de resistencia, movilización y defensa territorial del régimen venezolano, refleja la prolongación indefinida del conflicto, la adaptabilidad táctica y la integración de actores estatales y no estatales en estrategias de poder.
Como sostiene Spencer (2015), en conflictos de este tipo, la victoria militar convencional es secundaria frente al objetivo estratégico de mantener la resiliencia, la influencia y la capacidad operativa de los actores involucrados. Venezuela, mediante la Operación Independencia 200, evidencia un modelo híbrido de defensa nacional que combina resistencia social, militar y territorial, mientras que EEUU aplica presión cinética, financiera y de inteligencia para degradar sistemáticamente las capacidades del régimen y sus aliados criminales.
La guerra infinita, por tanto, ofrece un marco conceptual eficaz para comprender la complejidad del conflicto venezolano, la naturaleza adaptativa de las tácticas empleadas y los riesgos regionales que surgen de una confrontación prolongada y multinivel, donde las victorias parciales se suceden sin resolver la estructura subyacente del conflicto.
*La autora es miembro sénior
del Miami Strategic Intelligence Institute
En Stolen Elections (Elecciones Robadas): La Conspiración para Destruir la Democracia, Ralph Pezzullo expone una grave amenaza a las instituciones democráticas a nivel mundial y destaca los graves desafíos que enfrentan las democracias hoy en día. Elecciones Robadas exige vigilancia, reformas y un compromiso renovado con los valores democráticos.
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STOLEN ELECTIONS with Gary Berntsen & Ralph Pezzullo | Ep 45 | Going Rogue with Lara Logan




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