EL Rincón de Yanka: LA SOCIALDEMOCRACIA, UNA PLAGA QUE DESTRUYE EL MUNDO

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martes, 22 de noviembre de 2016

LA SOCIALDEMOCRACIA, UNA PLAGA QUE DESTRUYE EL MUNDO












LA SOCIALDEMOCRACIA, 
UNA PLAGA QUE DESTRUYE EL MUNDO



Uno de los grandes líderes y revolucionarios de la historia, Lenin, definía la socialdemocracia como el partido de los oportunistas y liquidadores. El socialchovinismo del que hablaba el político ruso era descrito como una “adaptación vil y lacayuna de los jefes del socialismo, no sólo a los intereses de su burguesía nacional, sino, precisamente, a los intereses de su Estado”. 

Dentro de nuestras fronteras, la esencia de esta corriente ideológica y política fué inicialmente defendida por el PSOE, tras la muerte del dictador Francisco Franco, pero posteriormente y debido fundamentalmente al éxito práctico de sus postulados carentes de criterio alguno, ha ido siendo adoptada y asumida por la totalidad de las facciones que componen el poder del estado. El pensamiento rousseauniano y su hombre bueno, unidos a un postmodernismo convertido en ideología en nuestro país, han derivado en una situación que bordea peligrosamente el infantilismo y la demagogia continua, en la aplicación de las medidas de gobierno. Sus defensores, personas practicantes del pensamiento plagado de deseos o ilusorio y que evitan a toda costa el posicionamiento ideológico; militantes de una tolerancia paternalista que sólo admite lo políticamente correcto, dictado desde el poder hegemónico del establishment. 





La no-ideología socialdemócrata es fruto de una selección artificial a lo largo de varios siglos y su imposición se realiza a golpe de encuesta. Es perfectamente adaptable a cualquier situación económica y social, ya que sus directrices se basan en ‘lo que quiere la gente’ (por usar una frase hecha muy del agrado de nuestra casta política) y por tanto, abocan continuamente hacia el pensamiento único, el consenso y lo políticamente correcto. Tratar de escapar de su influjo y de sus dogmas convierten a cualquiera, inmediatamente, en un enemigo del bien común y de las normas básicas de convivencia impuestas desde los medios masivos de comunicación. 

Es por tanto una herramienta de poder ideal para unas oligarquías que, preocupadas únicamente por su enriquecimiento personal y el saqueo de las arcas públicas, necesitan una sociedad sometida, consentida y apática. Se trata del modelo ideológico perfecto para la creación de un país consumidor como el nuestro y sin iniciativa alguna, más allá de un hedonismo animal y una autocomplacencia sometida a los designios del mercado. 

El gran problema y el talón de Aquiles de esta forma de practicar la política y corriente no-ideológica es que es inaplicable dentro de un ecosistema demócrata y que además supone el exterminio sistemático de cualquier iniciativa, de cualquier proyecto social o del disenso individual y original alejado de normas y paradigma dominante. La genialidad misma es incompatible con esta forma de sociedad. 

Por otra parte el caos forma parte consustancial de la democracia misma ya que, mediante los procesos representativos que existen en una democracia formal, se producen ideas espontáneas desde la sociedad civil que, atendiendo a la casi infinita variedad de intereses de las personas que lo componen, hace surgir conceptos que de otra forma y en los sistemas de gobierno que no son democráticos como el español, no son posibles. Cuando no existe representación, el debate sólo se produce dentro del estado y por lo tanto su diversidad y calidad se ven enormemente mermadas. La capacidad combinatoria de los elementos que lo componen es baja y, por lo tanto, produce una menor variedad de resultados. Esto produce que la clase política esté compuesta por lo más mediocre, endogámico, gris e ineficaz de la sociedad, puesto que se impide que sea el elector el que con su voto, escoja de entre la sociedad civil a sus miembros más brillantes y válidos para desempeñar su labor representativa, regenerando así la composición de las clases dirigentes y produciendo una alternancia de criterios e intereses particulares. 

El caos, entendido de esta forma, no supone un concepto destructor y que lleva a la miseria y la desigualdad social sino, muy al contrario, es el camino que permite alcanzar la singularidad de una sociedad. 
Es apoyando la abstención como elemento favorecedor del caos en el sistema social , como este mismo caos en la democracia es el caldo de cultivo que produce la inteligencia colectiva. 

El género humano necesita de puntos de referencia, de otras personas que acaudillen las iniciativas y propongan las diferentes luchas y batallas en las que participar; independientemente del nivel de fortuna personal con el que uno cuente, independientemente de si a unos u otros les ha sonreído mas o menos la vida, se hace necesaria la presencia de elementos que agiten el sistema y que provoquen el avance y el bienestar colectivo. Un aspecto éste, que no comprenden ni comparten los que buscan cobijo en el consenso político de nuestro país y que ocultan su cobardía al abrigo y el calor de sus compañeros oligarcas. Los oportunistas y liquidadores de los que hablaba Lenin. Los tiranos de lo mediocre, como los defino yo. 

SOLO EN ESE SENTIDO TRUMP NO ERA UNA ALTERNATIVA A CLINTON, ERA UNA NECESIDAD . 

POR ESO HA GANADO EN EEUU. EN OTRO PAÍS NO HUBIERA SIDO POSIBLE. 

Socialismo y socialdemocracia, 
dos caras de una misma moneda

Hans-Hermann Hoppe, filósofo alemán, economista de la Escuela Austriaca y reconocido académico liberal. 

Ambos tipos de socialismo (el soviético y el socialdemócrata), debe estar claro, provienen de las mismas fuentes ideológicas. Ambos tienen motivación igualitaria, al menos en teoría, y ambos tienen esencialmente el mismo fin: la abolición del capitalismo como sistema social basado en la propiedad privada y el establecimiento de una sociedad nueva, caracterizada por la solidaridad fraternal y la erradicación de la escasez; una sociedad en la que cada cual gana ‘de acuerdo con su necesidad’.

Libertad o Socialismo es un compendio de ensayos de Hoppe. El ensayo en el que nos enfocamos en realidad es un capítulo de su libro A Theory of Socialism and Capitalism. En este capítulo, Hoppe nos describe las diferencias entre el socialismo soviético y la socialdemocracia, considerando que este libro se publicó 1989, año en el que cae el Muro de Berlín.
No obstante, me gustaría rescatar las características de ese socialismo demócrata que detecta Hoppe para que nos demos cuenta, con inevitable dolor, que no estamos alejados de esa realidad y que incluso las fórmulas se repiten una y otra vez.

Afectación de la propiedad
…El socialismo socialdemócrata no prohíbe la propiedad privada de los medios de producción e incluso acepta la idea de que todos los medios de producción sean de propiedad privada —con la mera excepción de la educación, el tráfico y las comunicaciones, la banca central y la policía y las cortes.
Siempre hemos sostenido que la propiedad privada no es sólo un derecho subjetivo, sino también es una institución, porque es un contrapeso natural del ejercicio del poder del Estado.
La importancia de la propiedad privada es reconocida por estos regímenes, razón por la cual es el primer derecho a atacar. Hoppe nos señala que “…a ningún propietario de medios de producción le pertenece totalmente el ingreso que pueda obtenerse del uso de su medio de producción y ningún propietario puede decidir cuánto de su ingreso total puede dedicar a consumir, y cuánto a invertir”. 
Como veremos más adelante, Hoppe, en este caso, habla de los impuestos como formas de esa expropiación parcial.

En Venezuela tenemos la ocupación temporal (posesión total o parcial por el Gobierno de la empresa, por tiempo (i)limitado y sin pago alguno); multas (pagos coactivos por una infracción cometida, pero sin previo derecho a la defensa y al debido proceso); diversas normas administrativas (mandatos, órdenes, directrices, restricciones a la libertad); designación de una Junta administradora por el Ministerio en los casos de ocupación temporal; limitaciones a la remisión de utilidades en caso de la inversión extranjera, entre otros.

La redistribución y los impuestos (al ingreso y a las ventas) como formas comunes de alcanzarla.
…El socialismo de estilo socialdemócrata promueve la expropiación parcial del propietario natural al redistribuir parte del ingreso productivo hacia gente que, cualesquiera fueren sus méritos en otros ámbitos, no produjeron el ingreso en cuestión y definitivamente no tienen derechos contractuales sobre él, y quienes además, tienen la posibilidad de dictaminar unilateralmente, i.e., sin tener que contar con el consentimiento del propietario afectado, qué tan lejos puede llegar esta expropiación parcial.

La forma de redistribución más común es el impuesto, y de ellos, el impuesto a las ganancias y a las ventas. Son de las formas más comunes porque además consiguen con impresionante tranquilidad la adhesión de todos los que se benefician de ellos (esto resulta obvio) y los que deben pagar estos impuestos. La respuesta (no pensada) más común es: “es para pagar servicios prestados por el Estado”.
En este caso, son pocos los que se detienen a preguntarse: ¿de verdad se destinan al pago de los servicios? ¿De verdad esos servicios deben ser prestados por el Estado?
¿Los servicios no podrían prestarlos particulares? Si el Estado los presta, ¿es deseable tener un Estado encargado de esos servicios; cada vez con más facultades, cada vez más grande?
Por otra parte, los impuestos al ingreso y a las ventas son los más comunes, pero tengan por seguro que la lista no se detiene allí. También tenemos el impuesto sobre sucesiones porque, y esta es otra característica del socialismo de los 60 como del actual, se debe lograr la igualdad material.

Hoppe afirma que:
…el socialismo socialdemócrata, motivado por su celo igualitario, incluye la riqueza privada en sus esquemas políticos y le pone un impuesto también, y en particular crea un impuesto a la herencia para satisfacer la queja popular con respecto a “riqueza no ganada” que reciben los herederos”.

Cambio en la estructura social-moral de la sociedad
“Dado que el socialismo socialdemócrata favorece roles no-productivos tanto como los productivos que escapan el escrutinio público y por tanto no pueden ser alcanzados por los impuestos, el carácter de la población cambiará en concordancia con ello”.
Ya el impuesto a las sucesiones y la aquiescencia de la mayoría muestra una profunda pérdida de ética, porque en el fondo está presente que “el rico debe pagar más”; “el rico debe pagar por lo que no ha ganado”; “yo estaré mal, pero ellos también pagarán”; etc.
Pero este esquema de redistribución no sólo tiene efectos económicos, sino también en la sociedad misma, porque estás recibiendo algo por lo que no has trabajado y es algo que otro ha ganado. Esa sociedad se convierte en cómplice de esta especie de robo.
Este pequeño recorrido del diagnóstico de Hoppe nos deja un mal sabor, porque nos recuerda que no aprendimos nada de ese Muro que estuvo por 28 años aproximadamente. Me es difícil terminar optimista este artículo. Solo me resta recordar que regímenes como estos se sostienen porque hay una población que se lo permite y es cómplice de ellos.


El índice de libertad económica (capitalismo vs socialismo) es una serie de diez medidas económicas creadas por la Fundación Heritage y The Wall Street Journal. Su objetivo declarado es medir el grado de libertad económica en los países del mundo.

La Fundación Heritage y The Wall Street Journal crearon el índice en 1995. De acuerdo a Heritage, los creadores del índice tomaron un enfoque similar al de la La riqueza de las naciones de Adam Smith en la medida que las "instituciones básicas que protegen la libertad de los individuos para perseguir sus propios intereses económicos resultan en una mayor prosperidad para la sociedad"