EL Rincón de Yanka: LAS 15 FRASES DE LA EXHORTACIÓN DEL PAPA FRANCISCO A OBISPOS

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¡BIENAVENTURADA NAVIDAD!

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miércoles, 2 de noviembre de 2016

LAS 15 FRASES DE LA EXHORTACIÓN DEL PAPA FRANCISCO A OBISPOS



En el fuerte discurso que emitió el papa Francisco esta mañana en la Catedral Metropolitana durante el encuentro con obispos de México, sin duda dejó frases que pueden sonar a una condena enérgica hacia la jerarquía católica mexicana.

El mensaje expone frases que resultan en duras críticas a la forma de expresar la fe por los religiosos, donde además pide la unidad del cuerpo episcopal, no olvidar el peso del pasado histórico, y además invitó a obispos a enfocarse en la labor de la evangelización, dejando de lado “las cosas secundarias”.
Presentamos 15 frases de su largo y contundente discurso, que sin duda levantó ámpulas en muchos sectores laicos y religiosos.

1. Sean por lo tanto Obispos de mirada limpia, de alma trasparente, de rostro luminoso.

2. No tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar. Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa

3. No pongan su confianza en los «carros y caballos» de los faraones actuales, porque nuestra fuerza es la “columna de fuego” que rompe dividiendo en dos las marejadas del mar, sin hacer grande rumor.

4. No pierdan, entonces, tiempo y energías en las cosas secundarias, en las habladurías e intrigas, en los vanos proyectos de carrera, en los vacíos planes de hegemonía, en los infecundos clubs de intereses o de consorterías. No se dejen arrastrar por las murmuraciones y las maledicencias. Introduzcan a sus sacerdotes en esta comprensión del sagrado ministerio.

5. A nosotros, ministros de Dios, basta la gracia de “beber el cáliz del Señor”, el don de custodiar la parte de su heredad que se nos ha confiado, aunque seamos inexpertos administradores. Dejemos al Padre asignarnos el puesto que nos tiene preparado. ¿Acaso podemos estar de verdad ocupados en otras cosas si no es en las del Padre? Fuera de las “cosas del Padre” perdemos nuestra identidad y, culpablemente, hacemos vana su gracia.

6. Si nuestra mirada no testimonia haber visto a Jesús, entonces las palabras que recordamos de Él resultan solamente figuras retóricas vacías. Quizás expresen la nostalgia de aquellos que no pueden olvidar al Señor, pero de todos modos son sólo el balbucear de huérfanos junto al sepulcro. Palabras finalmente incapaces de impedir que el mundo quede abandonado y reducido a la propia potencia desesperada.

7. Me preocupan particularmente tantos que, seducidos por la potencia vacía del mundo, exaltan las quimeras y se revisten de sus macabros símbolos para comercializar la muerte en cambio de monedas que, al final, “la polilla y el óxido echan a perder, y por lo que los ladrones perforan muros y roban”. Les ruego no minusvalorar el desafío ético y anticívico que el narcotráfico representa para le entera sociedad mexicana, comprendida la Iglesia.

8. La proporción del fenómeno, la complejidad de sus causas, la inmensidad de su extensión, como metástasis que devora, la gravedad de la violencia que disgrega y sus trastornadas conexiones, no nos consienten a nosotros, Pastores de la Iglesia, refugiarnos en condenas genéricas, sino que exigen un coraje profético y un serio y cualificado proyecto pastoral para contribuir, gradualmente, a entretejer aquella delicada red humana, sin la cual todos seríamos desde el inicio derrotados por tal insidiosa amenaza.

9. Sean, por tanto, Obispos capaces de imitar esta libertad de Dios eligiendo cuanto es humilde para hacer visible la majestad de su rostro y de copiar esta paciencia divina en tejer, con el hilo fino de la humanidad que encuentren, aquel hombre nuevo que su país espera. No se dejen llevar por la vana búsqueda de cambiar de pueblo, como si el amor de Dios no tuviese bastante fuerza para cambiarlo.

10. Una mirada de singular delicadeza les pido para los pueblos indígenas y sus fascinantes, y no pocas veces masacradas culturas. México tiene necesidad de sus raíces amerindias para no quedarse en un enigma irresuelto. Los indígenas de México aún esperan que se les reconozca efectivamente la riqueza de su contribución y la fecundidad de su presencia, para heredar aquella identidad que les convierte en una Nación única y no solamente una entre otras.

11. No se cansen en cambio de recordarle a su Pueblo cuánto son potentes las raíces antiguas, que han permitido la viva síntesis cristiana de comunión humana, cultural y espiritual que se forjó aquí. Recuerden que las alas de su Pueblo ya se han desplegado varias veces por encima de no pocas vicisitudes. Custodien la memoria del largo camino hasta ahora recorrido y sepan suscitar la esperanza de nuevas metas, porque el mañana será una tierra «rica de frutos» aunque nos plantee desafíos no indiferentes.

12. Les ruego no caer en la paralización de dar viejas respuestas a las nuevas demandas. Vuestro pasado es un pozo de riquezas donde excavar, que puede inspirar el presente e iluminar el futuro. ¡Ay de ustedes si se duermen en sus laureles!

13. Los invito a cansarse sin miedo en la tarea de evangelizar y de profundizar la fe mediante una catequesis mistagógica que sepa atesorar la religiosidad popular de su gente. Nuestro tiempo requiere atención pastoral a las personas y a los grupos, que esperan poder salir al encuentro del Cristo vivo. Solamente una valerosa conversión pastoral de nuestras comunidades puede buscar, generar y nutrir a los actuales discípulos de Jesús.

14. Por tanto, es necesario para nosotros, pastores, superar la tentación de la distancia y del clericalismo, de la frialdad y de la indiferencia, del comportamiento triunfal y de la autoreferencialidad. Guadalupe nos enseña que Dios es familiar en su rostro, que la proximidad y la condescendencia pueden más que la fuerza.

15. “Si tienen que pelearse, peléense; si tienen que decirse cosas, díganselas, pero como hombres, en la cara, y como hombres de Dios; si se pasaron de la raya, pues a pedirse perdón, pero mantengan la unidad del cuerpo episcopal”.