LAS GUERRAS QUE PERDISTE
MIENTRAS DORMÍAS
cómo la ideología woke invalidó tu mundo
sin disparar un solo tiro
Durante las últimas décadas, una ideología corrosiva ha infiltrado cada rincón de la sociedad occidental. Desde las universidades hasta los gobiernos, desde los medios hasta el ámbito privado, la ideología “woke” ha impuesto su dogma con una rapidez asombrosa, convirtiéndose en un sofisticado mecanismo de control. A través de la censura, la cancelación y la manipulación del lenguaje, ha logrado criminalizar el pensamiento disidente y reconfigurar nuestra cotidianeidad a su conveniencia.
Pero, ¿cómo se llevó a cabo esta colonización cultural? ¿Por qué la sociedad aceptó, casi sin resistencia, un discurso que niega la biología, dinamita las relaciones humanas y disuelve los valores fundamentales de la civilización?
“LAS GUERRAS QUE PERDISTE MIENTRAS DORMÍAS” expone con precisión quirúrgica las estrategias utilizadas para dividirnos, enfrentarnos y despojarnos de nuestro sentido común. Desde la manipulación de la identidad hasta la patologización de la familia, desde la guerra de los sexos hasta el asedio a la infancia, cada capítulo desmonta los mitos que sostienen esta alocada doctrina y revela las verdaderas causas detrás de su expansión.
🔴 Este libro es una convocatoria a despertar de la pesadilla woke, para comprender cómo llegamos hasta aquí y, sobre todo, cómo resistir.
Fue el fin de la civilización, el fin de todo aquello por lo que los hombres habían luchado desde el principio de los tiempos. En el espacio de unos pocos días, la humanidad había perdid o su futuro,pues el corazón de cualquier raza queda destruid oy su voluntad de sobrevivir se ve totalmente rota cuando sus hijos son arrebatad os de ella. Childhood's End, Arthur C. Clarke
Prólogo Javier Benegas
Una proeza del sentido común
"Cualquier preponderancia de la fantasía sobre la razón es un grado de locura". Esta es la advertencia que formuló Samuel Johnson (1709-1784) en The Rambler",una serie de ensayos que el pensador británico escribió entre 1750 y 1752. Concretamente, aparece en el ensayo número 85, publicado el 18 de diciembre de 1750. Johnson, que también era poeta, y por lo tanto creador, estaba facultado para advertir de que, si bien la imaginación era un ingrediente fundamental en las más extraordinarias creaciones humanas, debía moderarse con la razón. Para Johnson, la exaltación sin medida de la imaginación conducía a la anulación del pensamiento lógico. La creatividad, en vez de construir, podría volverse destructiva, pues nos llevaría a confundir realidad y fantasía. Lo real se equipararía a lo imaginario y nuestros deseos, anhelos y ensoñaciones más descabelladas, libres de cualquier freno, se impondrían a la realidad, conduciéndonos al caos.
La frase de Johnson es un oportuno llamado a mantener la racionalidad como guía principal. Lamentablemente, las ideologías tienden a contemplar la racionalidad como un obstáculo, pues las somete a pruebas lógicas que cuestionan sus promesas y precep tos, limitando su capacidad de persuasión y el número de prosélitos. Para rodear el cortafuegos de la racionalidad, las ideologías transforman sus fantasías en "nuevas realidades" mediante una lógica ad hoc. El nazismo,por ejemplo, utilizó una combinación de propaganda efectiva y falacias lógicas para persuadir al pueblo alemán. Su lógica ad hoc fue que Alemania estaba en crisis porque los judíos, los comunistas y otras minorías la estaban saboteando desde dentro. Aunque profundamente defectuosa, esta lógica se presentó de manera convincente debido a las circunstancias de crisis económica, social y política en las que se encontraba Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Sin em bargo, por destructiva que resultara, la fantasía del nazismo aún era bastante limitada. El régimen nazi apelaba a la grandeza colectiva, despreciando la felicidad individual. Si exceptuamos la idea de una raza "aria" superior, con la que justificó ¡políticas de exclusión, discriminación y genocidio, no se inmiscuía en el ámbito privado de los alemanes. Exigía el apoyo incondicional a su idea de la Gran Alemania, pero, en general,no tenía el menor interés por los aspectos cotidianos y más íntimos. No veía qué utilidad podía su poner para sus fines inmiscuirse hasta ese extremo en la vida de las personas. Pero esta limitación deltotalitarismo desaparecería décadas más tarde.
Hace algo más de cincuenta años, la afirmación 'lo personal es pollítico" se convirtió en un principio rector del feminismo de segunda ola. Con esta clara y sencilla afirma ción se encapsulaba una serie de ideas sociopolíticas complejas que estaban emergiendo del Movimiento de Liberación de la Mujer (WLM, en sus siglas en inglés). Y resultó muy útil al proporcionar un marco para la manifestación cotidiana de una subjetividad feminista que desafiaba las "estructuras de opresión" y "prejuicios culturales", primando las experiencias de las mujeres.
El lema "lo personal es político" tiene su origen en un artículo del mismo título escrito por Carol Hanisch y publicado en 1970 como parte de una colección de ensayos editados por Shulamith Firestone y Anne Koedt. El argumento es que los grupos del Mo vimiento de Liberación de la Mujer, que estaban emergiendo de iniciativas radicales como el movimiento de derechos civiles, el movimiento contra la guerra de Vietnam y demás acciones de la izquierda, tendían a estar dominados por hombres. Por lo que la opresión de las mujeres no se consideró relevante dentro del conjunto de las luchas po líticas que estos grupos abanderaban. Las mujeres del Movimiento de Liberación de la Mujer fueron menospreciadas al intentar llevar sus supuestos problemas personales a la arena pública, especialmente los relacionados con el sexo, la "dictadura de la aparien cia" y el aborto. Estas cuestiones se calificaron como asuntos personales que debían ser abordados a través de la iniciativa individual y, por tanto, no encajaban en las agendas de las organizaciones radicales de izquierda. La concienciación, mediante las reuniones de mujeres, donde discutían su propia opresión, fue calificada de "terapia personal", lo que dio lugar a la reacción feminista. El feminismo de segunda ola, si bien se incardi naba en la teoría política liberal, en cuanto que ésta partía del principio que sostiene que los individuos son seres libres e iguales, llegó a la conclusión de que el liberalismo había fracasado a la hora de hacer cumplir este principio. Y la razón de este fracaso con sistía en que el pensamiento liberal era esencialmente patriarcal. Esta idea se convirtió en la base argumental de la política del Movimiento de Liberación de la Mujer. Sobre ella se desarrollaron un conjunto de principios que explicaban la opresión de la mujer como producto de estructuras históricamente específicas de dominación y subordinación.
La justificación para no extender los derechos a las mujeres se fundamentaría en la separación de esferas, según la cual el poder político, perteneciente a la esfera pública, no debería confundirse con las relaciones familiares de la esfera privada. Por lo tanto, la discriminación de la mujer no desaparecería hasta que los aspectos particulares de la vida cotidiana no fueran considerados políticos, lo que implica intervenir a nivel micro los intersticios de la vida cotidiana.
Al afirmar que "nuestra política comienza con nuestros sentimientos", más que con el ejercicio del derecho al voto, el feminismo de segunda ola concluyó que la esfera pri vada no podía separarse de la esfera política. La política, en todos y cada uno de los sen tidos, tenía que ver con el poder, y se trataría tanto del poder que los hombres, cons ciente o inconscientemente, ejercían sobre las mujeres, como del poder que los gober nantes ejercían sobre las naciones. Esta idea se ha mantenido inalterable con el paso del tiempo.
Las dos declaraciones más significativas del feminismo de segunda ola, "lo personal es político" y "nuestra política comienza con nuestros sentimientos", además de su li turgia, abrió la caja de Pandora.
Uno de los peligros más serios de la afirmación "lo personal es político" es que, si todo aspecto de la vida privada se considera materia política, entonces el poder del Estado se expande sin límites hacia esferas que antes eran consideradas individuales e inviola bles. Cuando los legisladores adoptan este principio, se otorgan la potestad de regular no solo las acciones públicas, sino también las creencias, valores y comportamientos privados. Esto puede llevar a la moralización del derecho, es decir, a la imposición de una moral pública bajo el pretexto de la justicia social o el bien común. En lugar de ga rantizar la libertad individual dentro de un marco de normas generales, el Estado se convierte en un ingeniero social, moldeando a los ciudadanos en función de una visión política particular. Históricamente, esto ha ocurrido tanto en regímenes totalitarios como en democracias que han dado pasos hacia una tutela estatal excesiva sobre la vida privada. Cuando el poder se siente legitimado para intervenir en lo íntimo, se crean sociedades vigiladas, donde el pensamiento y el comportamiento deben ajustarse a la ideología dominante, so pena de sanciones legales o sociales. En última instancia, esta visión borra la distinción entre lo público y lo privado, dejando a los individuos sin refugio frente a la intromisión del poder político en su vida cotidiana. Lo personal es polí tico trasciende su origen feminista. Se ha hecho carne en todos los espacios privados de las personas, sean hombres o mujeres. Los políticos no se conforman con violentar nuestros espacios más íntimos, quieren intervenirlos sin discusión, eliminando cualquier obstáculo, ya sea físico o metafísico, para establecer una nueva realidad.
En cuanto a la segunda declaración "nuestra política comienza con nuestros sentimientos", si la política se fundamenta en los sentimientos, la objetividad y la racionali dad pierden peso en la toma de decisiones. En lugar de normas basadas en principios universales, la legislación se convierte en una extensión de estados emocionales colectivos, que son volátiles y maleables. Además, si los sentimientos dictan la política, no to dos los sentimientos tendrán el mismo peso. Se impondrán aquellos mejor organizados, es decir, los de grupos que sean más conscientes de sus intereses y más eficaces en su movilización. Esto derivará en una "tiranía emocional", donde las decisiones se toman no en función de lo que es justo, eficaz o real, sino en función de qué grupo logra imponer su narrativa sentimental. También abre la puerta a la manipulación. Quienes dominen los mecanismos para gestionar y canalizar emociones (medios de comunicación, redes sociales, discursos políticos) podrán moldear la política según sus intereses, disfrazándolos de sentimientos y realidades colectivas legítimas. Lo que comienza como una aparente democratización de la política (dar voz a los sentimientos de la gente) puede acabar en una forma de control más sutil, donde la emoción se convierte en un instrumento de dominación.
Es habitual caer en el error atraídos por la parte de verdad que en ocasiones en ese error se encierra. En nuestro mundo occidental, tal verdad sería que en nuestro pasado hay sombras oscuras. Y el error, ignorar que la luz se abrió paso en el momento en que la cultura de Occidente cristalizó, como escribe Karina Mariani, en la más ecuánime, tole rante, pujante, rica, solidaria y libre del globo. Sin embargo, apoyada en la inevitable im perfección, la política no se detuvo en ese logro: se extralimitó. Elevó las lógicas imperfecciones de cualquier civilización a la categoría de problemas estructurales. Y armada hasta los dientes de ingeniería social, acabó penetrando nuestra esfera privada. Paso a paso, de forma incremental, políticos, tecnócratas y expertos tomaron cada espacio pri vado, cada rincón íntimo, convirtiéndose en un monstruo que, como la hidra, tiene infinidad de cabezas, una por cada frente abierto, por cada espacio tomado al asalto. Para salvar al Occidente que ama, Karina Mariani, enfrenta una a una estas cabezas. Con devoción, pero también con extraordinaria minuciosidad, las corta desde la raíz con el filo de una fina inteligencia.
Javier Benegas
Paracuellos de Jarama, 30 de enero de 2025
Prólogo Dardo Gasparré
Un prólogo
Si se tratase de encontrar un símbolo y un común denominador de las características de la llamada Agenda 2030 -ahora como tantos de sus objetivos y profecías exten dida a 2045- se llegaría sin vacilar a la épica de las llamadas percepciones de género, sexo, edad, raza, aun especie, que es el hilván secreto y silencioso que las une y las define.
Como si fuera una lista de compras de supermercado se inventaron nuevas catego rías y reclamos supuestamente imprescindibles que pretenden ser impuestos como nuevas opciones o como prácticas habituales que se han transmutado en derechos humanos casi obligatorios: el travestismo, la transexualidad, el crossdressing, aun la pe dofilia, la pederastia y lo que a cada reivindicador se le vaya ocurriendo, intentando de paso avergonzar o negar a quienes no las practican.
Nótese que uso el término épica, que no se refiere el derecho de cada uno a actuar del modo en que la parezca, siempre que no infrinja la ley ni invada el derecho ajeno, sino a la necesidad de defenderlo aun de enemigos que no existen, de imponerlo a la sociedad y hasta de sentirse ofendidos si esa sociedad no comparte sus acciones o hábitos. Una suerte de reverse discriminación permanente y aplicable a cuanta pulsión sienta cada individuo.
Karina Mariani estudia el fenómeno, lo describe y analiza cuidadosamente en este libro que ha merecido una cuidadosa investigación previa, que la autora ha sabido compartir con el lector sin abrumarlo con citas bibliográficas, usando ejemplos e historias que parecen a veces de ficción, aunque reflejen la más estricta e irrefutable realidad.
"Terrorismo de la autopercepción" o "terrorismo identitario", así define este conjunto de verdaderas estrategias, que no solamente abarcan la protesta o el ataque callejero incluyendo agresiones personales y el boicot a las empresas, sino que llegan a la virtual "muerte civil" de quiénes no intentan actuar, pensar y sentir como la supuesta gran mayoría de la humanidad y no están dispuestos a aceptar su "culpabilidad" por semejante pecado.
Esta necesidad de autojustificación, de autoestima lograda forzando al resto del mundo a parecérsele, igual que en el caso de la pobreza o la ignorancia, que termina en un ejercicio de ira, enojo y revanchismo, (la cancelación es un símbolo de la muerte del que piensa distinto) está presente en todo el contenido de la Agenda, no importa en qué país o cómo se llame el partido o alianza que la aplique, siempre totalitarios, sin impor tar tampoco la razón, el objetivo o la causa de la reivindicación, económica, social, ética, política o moral. Hasta llegar a avasallar a la mismísima democracia y a las soberanías nacionales, que no son consideradas capacitadas para comprender y hasta adoptar las costumbres o deseos de las minorías.
La otra característica de los planteas del wokismo o Agenda es su absoluta falta de lógica en el razonamiento. Tal vez por eso el modo de imponerlos conlleva siempre un formato de prepotencia, amenaza y amedrentamiento.
Mariani lo puntualiza varias veces con ejemplos hasta legales. Su razonamiento sobre el modo en que se llegó a negar la existencia de la mujer como persona es contundente. Hasta llegar a la definición de no-hombre con que la caracteriza la última moda del discurso supuestamente feminista. Una estafa a la defensa de los derechos de la mujer y una cruel burla a sus justas aspiraciones.
Hasta se les niega su condición esencial de madres, que la naturaleza les ha otorgado en exclusiva, pretendiendo inventar la figura de "la pareja gestante" o "persona menstruante" y otorgando subsidios y cupos a quienes se disfrazan de mujer, con o sin ayuda médica. Se elimina dialécticamente el uso del nombre "mujer" o "madre", que evidentemente son considerados una flagrante desigualdad, otra burla lo que enseñan todas las teologías, que le transfieren al ser humano la capacidad Divina de nombrar a los seres y las cosas. El nombre mujer, o madre, no figura desde hoy en adelante en el lenguaje de Dios.
El capítulo destinado a la nueva teología identitaria de los niños plantea simplemente un panorama pavoroso. El concepto de que una criatura de 6 o 7 años puede decidir hacerse un tratamiento hormonal que lo transforme en un híbrido o extirparse al guna parte del cuerpo, no sólo sin necesidad del consentimiento paterno, sino sin que los padres tengan la posibilidad de opinar, es monstruoso.
No lo es menos que los sistemas de medicina pública, al borde o más allá del colapso económico y médico, gasten sus recursos para supuestamente respetar esos en sueños mientras no respetan la vida. Y la medicina privada transformando en negocio irresponsable cualquier percepción.
La autora no solamente plantea estas incongruencias y delirios colectivos, sino abre una serie de interrogantes sobre el concepto de la autopercepción como derecho indiscutible y deja abierta la puerta para más interrogantes: ¿si alguien se percibe mujer cumple su condena en una cárcel de mujeres, o se jubila 5 años antes en muchos casos?
¿Un pederasta puede alegar que su víctima se percibía como un adulto de 30 años, o que él se percibía de la misma edad que el niño? La exageración en el interrogante es del mismo grado que el despropósito del supuesto derecho.
¿Un golpeador puede alegar que su golpeada se percibía como boxeador?
Como en el caso de la invisibilización de la mujer que plantea este trabajo, cabe preguntarse si la teoría del consentimiento, o el "sí es sí", (defendido como un derecho por muchos periodistas premiados en el mundo) corolario de estas pseudoideas, no se termina desprotegiendo del todo al niño. Algunos códigos penales nacionales y estaduales han sido modificados y eliminan los delitos de estupro y violación en el caso de meno res, reemplazándolos por eufemismos que minimizan la falta y el castigo.
En el capítulo destinado a la destrucción de la familia -una consecuencia de la suma de incoherencias ilógicas del planteo woke- la investigadora deja abierto un plan teo de fondo: la familia es la base de la sociedad, de la civilización occidental, del derecho, de la ley, del respeto, de la educación; destruirla es exactamente destruir todo ese complejo. ¿Cuánto hay entonces de antioccidental en esos plantees?
Mariani se ocupa de aclarar que no cree en las teorías conspiranoicas. Más bien de bió decir que hace un esfuerzo para no creerlas. La cancelación sistémica de las univer sidades y de la enseñanza en todos sus niveles, su deterioro y desvirtuación, (no sólo con la ESI) la pérdida del respeto académico que se ha generado por la prédica y por el ciego acatamiento de las casas de estudios ante demandas que merecerían el insulto desgarrador del discurso del ciego de Al Pacino en "Perfume de mujer", necesariamente coadyuva a la destrucción de la educación, símbolo mismo de la civilización contemporánea en todos sus significados.
El desprecio por la meritocracia, que no es nuevo ni exclusivo de los postulados marxistas y woke, es también el campo de cultivo propicio para el desarrollo de teorías sin fundamentos ni prueba alguna, como la pretensión de aprender sin el sufrimiento de estudiar o de graduarse por el simple paso del tiempo.
Todas las demandas de la épica de autopercepción y derecho a la elección de sexo o del género, las de destrucción de la familia, las de ocultamiento de las funciones natura les de padre y madre, apoyadas por las teorías de alimentación, antivacunas, antiparen tales, vengan de donde vinieran, conducen a la reducción de la población de Occidente.
Todos los postulados garantistas confluyen a la despenalización del delito, que para colmo se ha encastrado en la política y la justicia mundial.
Toda práctica de aislar a los niños de sus padres para que "no se contaminen ni sean influidos por las viejas ideas y se les despoje de sus derechos es idéntica al experimento de ingeniería social pergeñado por Stalin con su educación.
Toda la teoría que sustenta las ideas de identitarismo se basan en postulados sin lógica alguna sostenidas por la simple afirmación, la negación o la cancelación de las opiniones en contrario, o por opiniones dudosas o no fundamentadas. Siempre con el concepto de que si no se nombra a alguien o algo no existe. El más puro y clásico mate rialismo dialéctico de Engels y Marx. Nada nuevo. Relato o discurso.
En 1968 un historiador y filósofo norteamericano Will Durant, tras escribir 10 de los 11 tomos de su Historia de la civilización, una monumental tarea que desarrolló durante 40 años con una no-hombre, su cogestante Ariel Durant, y tras ganar el Premio Pulitzer escribió con ella Las lecciones de la Historia, un opúsculo-corolario de su obra de toda una vida.
El punto que más me llamó la atención reza: "siempre hay un pueblo inculto, que no controla la natalidad, que se impone sobre un pueblo culto, que controla la natalidad". Las constantes de la historia.
Gracias, Karina Mariani, por tu obra y por confiarme la tarea de coprologarla.
Dardo Gasparré
Buenos Aires, enero 2025
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