EL Rincón de Yanka

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martes, 31 de enero de 2017

LA BARBARIE COMO DESTRUCCIÓN DE CIVILIZACIÓN: ¿CÓMO LEGALIZAR LO IMPENSABLE?



DE LA EUTANASIA AL CANIBALISMO
¿Cómo legalizar lo impensable?

"En el fondo de toda civilización moderna late la barbarie, porque es barbarie todo lo que sea sublevación contra los principios morales y religiosos". V. de Mella

Una de las cosas primeras que hace la Ideología de Género es de forma sutil ir "vendiéndonos" un nuevo lenguajes bajo la apariencia de ser más justo, más tolerante y abierto, paralelamente al cambio de lenguaje van trabajando en los cambios de paradigmas, ridiculizando con campañas muy bien orquestadas los valores y tradiciones y sobre todo la fe cristiana, la cual es su objetivo número unos a combatir, luego llega el turno a las leyes, sobre la base de un nuevo lenguaje y nuevos modelos ya aceptados como naturales y justos van logrando el cambio de las leyes, todo "democráticamente", aplican para ello técnicas de manipulación de masas como la ventana de Overtón y el Gramscismo. He aquí un link con un ejemplo imaginario de aplicación de ventana de Overton para volver normal el consumo de carne humana, aunque extremo para que se entienda mejor la explicación es en sí como funciona esto.
En una sociedad sin ideales fijos, es muy sencillo cambiar la opinión de la sociedad hacia conceptos considerados inaceptables
La técnica se llama 'la ventana Overton' y consiste en una secuencia concreta de acciones con el fin de conseguir el resultado deseado. 
"Puede ser más eficaz que la carga nuclear como arma para destruir comunidades humanas", opina el columnista Evgueni Gorzhaltsán. 

En su artículo en el portal Adme, Evgueni Gorzhaltsán pone el ejemplo radical de cómo convertir en aceptable la idea de legalizar el canibalismo paso a paso, desde la fase en que se considera una acción repugnante e impensable, completamente ajena a la moral pública, hasta convertirse en una realidad aceptada por la conciencia de masas y la ley. Eso no se consigue mediante un lavado de cerebro directo, sino en técnicas más sofisticadas que son efectivas gracias a su aplicación coherente y sistemática sin que la sociedad se dé cuenta del proceso, cree Gorzhaltsán. 

Primera etapa: de lo impensable a lo radical
Obviamente, actualmente la cuestión de la legalización del canibalismo se encuentra en el nivel más bajo de aceptación en la 'ventana de posibilidades' de Overton, ya que la sociedad lo considera como un fenómeno absurdo e impensable, un tabú. 

Para cambiar esa percepción, se puede, amparándose en la libertad de expresión, trasladar la cuestión a la esfera científica, pues para los científicos normalmente no hay temas tabú. Por lo tanto, es posible celebrar, por ejemplo, un simposio etnológico sobre rituales exóticos de las tribus de la Polinesia y discutir la historia del tema de estudio y obtener declaraciones autorizadas sobre el canibalismo, garantizando así la transición de la actitud negativa e intransigente de la sociedad a una actitud más positiva. 

Simultáneamente, hay que crear algún grupo radical de caníbales, aunque exista solo en Internet, que seguramente será advertido y citado por numerosos medios de comunicación. Como resultado de la primera etapa de Overton, el tabú desaparece y el tema inaceptable empieza a discutirse. 

Segunda etapa: de lo radical a lo aceptable 
En esta etapa, hay que seguir citando a los científicos, argumentando que uno no puede blindarse a tener conocimientos sobre el canibalismo, ya que si alguna persona se niega a hablar de ello será considerado un hipócrita intolerante. 
Al condenar la intolerancia, también es necesario crear un eufemismo para el propio fenómeno para disociar la esencia de la cuestión de su denominación, separar la palabra de su significado. Así, el canibalismo se convierte en 'antropofagia', y posteriormente en 'antropofilia'. 

Paralelamente, se puede crear un precedente de referencia, histórico, mitológico, contemporáneo o simplemente inventado, pero lo más importante es que sea legitimado, para que pueda ser utilizado como prueba de que la antropofilia en principio puede ser legalizada. 

Tercera etapa: de lo aceptable a lo sensato 
Para esa etapa, es importante promover ideas como las siguientes: "el deseo de comer personas está genéticamente justificado", "a veces una persona tiene que recurrir a eso, si se dan circunstancias apremiantes" o "un hombre libre tiene el derecho de decidir qué come". 

Los adversarios reales a esos conceptos, es decir, la gente de a pie que no quiere ser indiferente al problema, intencionadamente se convierten para la opinión pública en enemigos radicales cuyo papel es representar la imagen de psicópatas enloquecidos, oponentes agresivos de la antropofilia que llaman a quemar vivos a los caníbales, junto con otros representantes de las minorías. 

Expertos y periodistas en esta etapa demuestran que durante la historia de la humanidad siempre hubo ocasiones en que las personas se comían unas a otras, y que eso era normal. 

Cuarta etapa: de lo sensato a lo popular
Los medios de comunicación, con la ayuda de personas conocidas y políticos, ya hablan abiertamente de la antropofilia. Este fenómeno empieza a aparecer en películas, letras de canciones populares y videos. En esta etapa, comienza a funcionar también la técnica que supone la promoción de las referencias a las personajes históricos destacados que practicaban la antropofilia. 

Para justificar a los partidarios de la legalización del fenómeno se puede recurrir a la humanización de los criminales mediante la creación de una imagen positiva de ellos diciendo, por ejemplo, que ellos son las víctimas, ya que la vida las obligó a practicar la antropofilia. 

Quinta etapa: de lo popular a lo político
Esta categoría supone ya empezar a preparar la legislación para legalizar el fenómeno. Los grupos de presión se consolidan en el poder y publican encuestas que supuestamente confirman un alto porcentaje de partidarios de la legalización del canibalismo en la sociedad. En la conciencia pública se establece un nuevo dogma: "La prohibición de comer personas está prohibida." 

Esta es una técnica que funciona debido a la tolerancia como pretexto para la proscripción de los tabúes. Durante la última etapa del 'movimiento de las ventanas' de Overton de lo popular a lo político, la sociedad ya ha sufrido una ruptura, pues las normas de la existencia humana se han alterado o han sido destruidas con la adopción de las nuevas leyes. 

Gorzhaltsán concluye que el concepto de las 'ventanas de posibilidades', inicialmente descrito por Joseph Overton, puede extrapolarse a cualquier fenómeno y es especialmente fácil de aplicar en una sociedad tolerante en la que la llamada libertad de expresión se ha convertido en la deshumanización y donde ante nuestros ojos se eliminan uno tras otro todos los límites que protegen a la sociedad del abismo de la autodestrucción.



La ventana de Óverton



lunes, 30 de enero de 2017

HISTORIA DEL COMERCIO CORUÑÉS: HERENCIA MARAGATA


Es la maragata gente noble, 
leal y valiente 

¿Por qué había arrieros?
Hasta el siglo XIX la red de caminos de ruedas fue muy escasa en España, casi todo el transporte de mercancías tenía que hacerse con recuas de mulos, que llegaban allí donde no podían hacerlo ni los carros ni las carretas, por lo que el arriero era imprescindible.

En el transporte está en el origen de los especializados ultramarinos coruñeses, explica Antonio Álvarez, responsable del "Ultramarinos El Mundo", «casa fundada en 1953 por su padre Juan Antonio Álvarez Escudero». Los ultramarinos los abrían los maragatos «que venían aquí con legumbres y se llevaban el pescado, pero la llegada del tren acabó con ellos»
Rodri García recordaba que solo quedan cuatro ultramarinos en la ciudad. Cuatro tiendas con esa maravillosa palabra que hace pensar en largos viajes en barco, rutas de las especias, sacos de café, hojas de bacalao y delicias de otro mundo. Casi no quedan, es verdad, y una pasa por delante de sus escaparates y piensa en el milagro de su supervivencia. La de los ultramarinos, sí, pero también en la resistencia heroica de las pequeñas tiendas de alimentación que están a dos pasos de casa y que sobreviven a pesar del súper de la otra punta de la manzana, y en el que es inevitable caer.

Aunque sea cargado de culpa: ¿que compras la fruta en el súper? Metes una a una en la bolsa con la punzada de saber que ella no se lo merece. En el pecado va la penitencia, porque cada gajo es un bluf, mientras que las mandarinas del agricultor, feúchas, sin brillo, sin ceras ni pegatinas, son un regalo fresco y ácido. El agricultor es un ente misterioso. No tiene nombre, ni denominación de origen, pero sus frutas son más feas y mucho más ricas, como dice Conchi mientras las va guardando en una bolsa de papel.

Que seguro que la fruta de los lineales eco del súper está igual de rica y detrás hay un agricultor igual de majo, pero esas bandejas con sello certificado, envueltas en plástico, no dejan de ser más tristes y de deslucir los tomates y los puerros.

Confieso que, mientras hacía cola, he metido la mano en el cesto de las habas. Esa cola de la tienda de la esquina es una fuente inagotable de historias. De los que organizan cenas en casa por Navidad y se llevan el paté del siglo, de los que preguntan si las anchoas salen buenas (como si pudiese salir algo malo de ahí), de los que mandan quesos fuera de Galicia para regalar, de la señora que solo necesita 50 gramos de jamón porque es para cenar ella sola. De la niña que mete la mano en las legumbres detrás de mí y su madre le riñe y ella calla, mirándome airada, sin delatarme.

La palabra del maragato va a misa; es sagrada. Durante siglos, los arrieros de la comarca leonesa de La Maragatería coparon el transporte de viajeros y mercancías con destino Madrid o Galicia sin otro contrato que el de la palabra, o sea, la honradez que se hizo proverbial entre aquellas gentes que venían de unas tierras frías y recias. 
En tal menester alcanzó fama y fortuna  Don Santiago Alonso Cordero, el «Maragato Cordero», vecino de Santiagomillas, quien obtuvo incluso la confianza de Isabel II y se convirtió en un referente para tantos coterráneos que durante décadas quisieron seguir sus pasos, que no eran otros que los de las recuas de mulas que recorrían los caminos de aquella España que llevaban a la Villa y Corte; esos caminos o esos mares de Dios en los que había que buscarse la vida que no daba la avejentada tierra maragata.

La actividad arriera de los maragatos adquirió en el siglo XVIII importancia suficiente para constituir el llamado “gremio de los arrieros maragatos”, del cual existe también numerosa documentación (AHN.Archivo del Consejo de Castilla): 

1761. El fiscal con los apoderados del gremio de arrieros maragatos sobre la construcción del puente de San Vicente sito sobre el río Zapardiel y las dos calzadas intituladas del Simplón y la Laguna. Medina del Campo (Valladolid). 
1775. El Gremio de Maragatos con el duque de Frías, sobre cobranza del derecho de portazgo, en la villa de Villalpando. 
1777. El Gremio de Maragatos con el deán y cabildo de la ciudad de Segovia, sobre pago del derecho de portazgo del paso de Sabajos. 
1778. El gremio de arrieros de Maragatos (León) con la ciudad de La Coruña sobre exacción de portazgo. 
1779. El gremio de arrieros maragatos con el duque de Frías, sobre cobranza del derecho de portazgo en dicha villa. Villalpando (Zamora). 
1790. El gremio de Maragatos (León) con el vecino deán y cabildo de Santiago, sobre cobranza del derecho de portazgo.



Hay una clase de arrieros apenas conocidos por los viajeros europeos: los maragatos, cuyo centro se halla en San Román, cerca de Astorga. Al igual que los judíos y los gitanos, viven sólo entre su propia gente, conservando sus costumbres y vestidos primigenios, sin contraer matrimonio jamás fuera de su tribu. Tan errantes y nómadas como los beduinos, sus mulas sustituyen a los camellos. Su honradez y laboriosidad se han hecho proverbiales. Es una gente sosegada, grave, inexpresiva, práctica e industriosa. Sus tarifas son altas, pero las compensa la seguridad, pues se les podría confiar oro molido. Richard Ford, 1830. 



Diversos orígenes se han atribuido a los maragatos: 

• Según fray Sarmiento, monje benedictino del siglo XVIII, maragato proviene de "maurellos" o "mourellos" que serían mauritanos o cartagineses que antes de la dominación romana emigraron o se quedaron en Hispania y que finalmente quedaron reducidos a la zona de León, actual Astorga, ante la presión romana. 
• También se ha dicho que los maragatos, son bereberes que quedaron aislados en la zona de Astorga en tiempos de Fernando I (siglo XI), y que se convirtieron al cristianismo. (Dozy) 
• Se les ha atribuido orígenes celtas, por ciertas similitudes sobre usos y costumbres de los bretones celtas. 
• Se ha hablado de un origen africano, de una tribu bereber llamada Baragwata que se quedó aislada en el siglo VIII y posteriormente fueron eliminados por los almohades. 
• Otra versión hace derivar el nombre de una prenda de la indumentaria, es decir, las baragas o maragas (bragas) con que se vestían. 
• Las teorías más recientes afirman que el termino maragato, es una palabra en uso a partir del siglo XIV por lo que buscar similitudes etimológicas anteriores a esa fecha es una pérdida de tiempo. Seguramente la palabra maragato deriva de mericator o mercator (mercader) en alusión a su habitual forma de trabajo: arrieros y por tanto mercaderes. 

En realidad a la actual comarca de la Maragatería se le llamaba antiguamente La Somoza (Sub-Montia), o lo que es lo mismo debajo del monte. Será a partir del siglo XVI cuando a los arrieros empiezan a llamárseles maragatos. 

Maragatos serían por tanto exclusivamente los arrieros de la comarca de La Somoza, que se dedicaban a dicha actividad, ya que como hemos citado la comarca se llamaba La Somoza, pero fue tal la fama que adquirieron estos arrieros que ello llegó a originar incluso el cambio de nombre de la comarca, y denominar como maragatos a todos los habitantes de La Somoza independientemente de la actividad que ejercieran. 

La Maragatería, es una comarca de León, cuya capital es Astorga (la Asturica Augusta romana). Pueblos de la comarca son: Brazuelo, Castrillo de los Polvazares, Lucillo, Luyego, Rabanal del Camino, Santa Colomba de Somoza, Santiago Millas, Val de San Lorenzo, Lagunas, Quintanilla, Villalibre de Somoza, etc. 

La comarca abarcaría aproximadamente entre el monte Teleno (el antiguo Tilenus, monte sagrado de los astures, de 2.188 m. altitud) y Astorga. El Teleno es en la actualidad monte mítico de los maragatos. 

Como curiosidad cabe destacar que en el Ayuntamiento de Astorga, dos figuras mecánicas (un hombre y una mujer de nombres Colasa y Juan Zancuda) ataviadas de maragatos marcan las horas a diario, en la espadaña central entre las dos torres del ayuntamiento. En lo alto de una de las torretas del ábside de la Catedral, tenemos una veleta, que es la efigie de Pedro Mato, maragato, y símbolo de Astorga. 

Los maragatos o habitantes de la maragatería, han conservado costumbres propias, gastronomía, arquitectura popular, música y vestimenta son las principales manifestaciones culturales de este pueblo. Ritos propios de este pueblo son: "La Covada", "La boda", "La fiesta del arado" etc. Aparte de sus costumbres, practicaban la endogamia y vivían aislados de otras comunidades de la la zona. 

Una comarca muy abrupta y escabrosa, poca dada a la agricultura, pudo motivar que los habitantes de la zona, escogieran el camino del comercio como forma de vida, dando lugar a una de las actividades por las que son conocidos: los arrieros (o transportadores de mercancías). El comercio se realizaba entre Galicia y Castilla y en sus comienzos, los salazones eran la principal fuente de comercio. 

Al principio eran recueros, es decir usaban recuas de mulas para el transporte, pero luego empezarían a usar carromatos tirados por mulas y empezaron a ser llamados arrieros. 

Los maragatos utilizaron para su comercio, las antiguas vías romanas, sobre todo la que lleva de Astorga a Braga (Lugo) y desde aquí por la Vía de la Plata continuar hacia Madrid. También sus vías serían parte integrante del Camino de Santiago. 

A lo largo del tiempo cambiaron sus rutas según el comercio, pero prácticamente viajaban entre el norte de España, Galicia, Asturias y Cantabria y las ciudades de Castilla la Vieja. Cuando Madrid pasó a ser capital de España con Felipe II incorporaron esta a su tráfico. 

Su comercio principal eran el pescado y el carbón del norte, para transportarlos al sur, donde era cambiado por embutidos, productos de matanza y productos de secano, que a su vez eran transportados al norte. Esta actividad se mantuvo hasta la llegada del ferrocarril que obligó a cambiar las costumbres y a establecerse en puntos fijos de Madrid y La Coruña con el fin de continuar con sus negocios. 

Eran famosos por la manera con que protegían sus cargamentos y se les consideraba transportistas más seguros y a quienes se les podía confiar mercancías de gran valor. 

Los maragatos aparte de ser arrieros, se dedicaban a la agricultura y al cuidado de las recuas de mulas, necesarias para su trabajo. También se dedicaban a la actividad textil. 

La tipología más primitiva es la casa de sobera con cubierta de cuelmo, es decir, de caña de centeno, de la que aún se conservan algunos ejemplos en Murias de Pedrero y Pobladura de la Sierra. La cubierta de bálago alternó con la losa, dejando aquella para pajares y otras construcciones secundarias. 

La casa arriera era una casa de labranza maragata que empezaron a construirse a partir del siglo XVIII. Se componía principalmente de un gran patio central, alrededor del cual giraban todas las dependencias de la misma. Cuanto mayor era la casa, mayor importancia tenía el personaje que allí residía. La casas eran de piedra, y la entrada se hacía a través de un gran portón formado por un arco de medio punto. En las fachadas se ubicaban pocas o ninguna ventana al exterior, y en su patio interior se resguardaba las mulas y los carromatos. 

Concha Espina escribió un libro "La esfinge maragata (1914)" que habla sobre este pueblo. 





domingo, 29 de enero de 2017

TODOS ESTÁN BIEN: PELÍCULA DE UN PADRE EN BUSCA DE LA VERDAD DE SUS HIJOS



Robert de Niro: 
conmovedor, viudo y desamparado



  • Solo transmitimos los valores que vivimos. Que nadie se llame a engaño, solamente aquellos que se viven intensamente tienen posibilidades de ser reconocidos.

  • Nos pasamos la vida planificando la vida de nuestros hijos cuando deberíamos ayudarles a conducir (educare) la suya propia.

  • Los cristianos no hemos reconocido públicamente nuestro propio éxito en la vida, porque no logramos transmitirlo suficientemente. Vivimos aún con demasiado afán persiguiendo, la fama, el dinero, el poder. Nuestros hijos y la juventud en general podrían ayudarnos en este sentido.
El director de la película, Kirk Jones, nos muestra a los hijos de Frank (Robert De Niro) con problemas; una divorciada, la otra madre soltera, el tercero un músico con poca música, el cuarto un pintor de brocha gorda, pero hay algo en ellos que los mantiene enteros y atractivos. Se valoran por lo que son y no por lo que han logrado y tienen, son dueños de su propia vida, no persiguen el dinero, la fama ni el poder, aman a su padre, y llegan al corazón del espectador porque por encima de sus aventuras viven intensamente el valor de la familia. 

El director no utiliza retóricas convencionales sino actitudes de vida familiar que sí transmiten amor, respeto, fidelidad. Algo que se vive y queda para las futuras generaciones.



Remake de la cinta de 1990 que dirigiese Giuseppe Tornatore, 'Están todos bien' (Stanno tutti bene). De Niro es un padre de familia viudo, ya abuelo que, una vez alcanzada la jubilación, quiere reunir nuevamente a sus cinco hijos alrededor de la misma mesa. Cuando todos le fallan para acudir a su casa, decidirá entonces realizar un viaje en busca de sus hijos descubriendo una realidad diferente a como se la había imaginado.