EL Rincón de Yanka: HISTORIA DEL COMERCIO CORUÑÉS: HERENCIA MARAGATA

inicio














lunes, 30 de enero de 2017

HISTORIA DEL COMERCIO CORUÑÉS: HERENCIA MARAGATA


Es la maragata gente noble, 
leal y valiente 

¿Por qué había arrieros?
Hasta el siglo XIX la red de caminos de ruedas fue muy escasa en España, casi todo el transporte de mercancías tenía que hacerse con recuas de mulos, que llegaban allí donde no podían hacerlo ni los carros ni las carretas, por lo que el arriero era imprescindible.

En el transporte está en el origen de los especializados ultramarinos coruñeses, explica Antonio Álvarez, responsable del "Ultramarinos El Mundo", «casa fundada en 1953 por su padre Juan Antonio Álvarez Escudero». Los ultramarinos los abrían los maragatos «que venían aquí con legumbres y se llevaban el pescado, pero la llegada del tren acabó con ellos»
Rodri García recordaba que solo quedan cuatro ultramarinos en la ciudad. Cuatro tiendas con esa maravillosa palabra que hace pensar en largos viajes en barco, rutas de las especias, sacos de café, hojas de bacalao y delicias de otro mundo. Casi no quedan, es verdad, y una pasa por delante de sus escaparates y piensa en el milagro de su supervivencia. La de los ultramarinos, sí, pero también en la resistencia heroica de las pequeñas tiendas de alimentación que están a dos pasos de casa y que sobreviven a pesar del súper de la otra punta de la manzana, y en el que es inevitable caer.

Aunque sea cargado de culpa: ¿que compras la fruta en el súper? Metes una a una en la bolsa con la punzada de saber que ella no se lo merece. En el pecado va la penitencia, porque cada gajo es un bluf, mientras que las mandarinas del agricultor, feúchas, sin brillo, sin ceras ni pegatinas, son un regalo fresco y ácido. El agricultor es un ente misterioso. No tiene nombre, ni denominación de origen, pero sus frutas son más feas y mucho más ricas, como dice Conchi mientras las va guardando en una bolsa de papel.

Que seguro que la fruta de los lineales eco del súper está igual de rica y detrás hay un agricultor igual de majo, pero esas bandejas con sello certificado, envueltas en plástico, no dejan de ser más tristes y de deslucir los tomates y los puerros.

Confieso que, mientras hacía cola, he metido la mano en el cesto de las habas. Esa cola de la tienda de la esquina es una fuente inagotable de historias. De los que organizan cenas en casa por Navidad y se llevan el paté del siglo, de los que preguntan si las anchoas salen buenas (como si pudiese salir algo malo de ahí), de los que mandan quesos fuera de Galicia para regalar, de la señora que solo necesita 50 gramos de jamón porque es para cenar ella sola. De la niña que mete la mano en las legumbres detrás de mí y su madre le riñe y ella calla, mirándome airada, sin delatarme.

La palabra del maragato va a misa; es sagrada. Durante siglos, los arrieros de la comarca leonesa de La Maragatería coparon el transporte de viajeros y mercancías con destino Madrid o Galicia sin otro contrato que el de la palabra, o sea, la honradez que se hizo proverbial entre aquellas gentes que venían de unas tierras frías y recias. 
En tal menester alcanzó fama y fortuna  Don Santiago Alonso Cordero, el «Maragato Cordero», vecino de Santiagomillas, quien obtuvo incluso la confianza de Isabel II y se convirtió en un referente para tantos coterráneos que durante décadas quisieron seguir sus pasos, que no eran otros que los de las recuas de mulas que recorrían los caminos de aquella España que llevaban a la Villa y Corte; esos caminos o esos mares de Dios en los que había que buscarse la vida que no daba la avejentada tierra maragata.

La actividad arriera de los maragatos adquirió en el siglo XVIII importancia suficiente para constituir el llamado “gremio de los arrieros maragatos”, del cual existe también numerosa documentación (AHN.Archivo del Consejo de Castilla): 

1761. El fiscal con los apoderados del gremio de arrieros maragatos sobre la construcción del puente de San Vicente sito sobre el río Zapardiel y las dos calzadas intituladas del Simplón y la Laguna. Medina del Campo (Valladolid). 
1775. El Gremio de Maragatos con el duque de Frías, sobre cobranza del derecho de portazgo, en la villa de Villalpando. 
1777. El Gremio de Maragatos con el deán y cabildo de la ciudad de Segovia, sobre pago del derecho de portazgo del paso de Sabajos. 
1778. El gremio de arrieros de Maragatos (León) con la ciudad de La Coruña sobre exacción de portazgo. 
1779. El gremio de arrieros maragatos con el duque de Frías, sobre cobranza del derecho de portazgo en dicha villa. Villalpando (Zamora). 
1790. El gremio de Maragatos (León) con el vecino deán y cabildo de Santiago, sobre cobranza del derecho de portazgo.



Hay una clase de arrieros apenas conocidos por los viajeros europeos: los maragatos, cuyo centro se halla en San Román, cerca de Astorga. Al igual que los judíos y los gitanos, viven sólo entre su propia gente, conservando sus costumbres y vestidos primigenios, sin contraer matrimonio jamás fuera de su tribu. Tan errantes y nómadas como los beduinos, sus mulas sustituyen a los camellos. Su honradez y laboriosidad se han hecho proverbiales. Es una gente sosegada, grave, inexpresiva, práctica e industriosa. Sus tarifas son altas, pero las compensa la seguridad, pues se les podría confiar oro molido. Richard Ford, 1830. 



Diversos orígenes se han atribuido a los maragatos: 

• Según fray Sarmiento, monje benedictino del siglo XVIII, maragato proviene de "maurellos" o "mourellos" que serían mauritanos o cartagineses que antes de la dominación romana emigraron o se quedaron en Hispania y que finalmente quedaron reducidos a la zona de León, actual Astorga, ante la presión romana. 
• También se ha dicho que los maragatos, son bereberes que quedaron aislados en la zona de Astorga en tiempos de Fernando I (siglo XI), y que se convirtieron al cristianismo. (Dozy) 
• Se les ha atribuido orígenes celtas, por ciertas similitudes sobre usos y costumbres de los bretones celtas. 
• Se ha hablado de un origen africano, de una tribu bereber llamada Baragwata que se quedó aislada en el siglo VIII y posteriormente fueron eliminados por los almohades. 
• Otra versión hace derivar el nombre de una prenda de la indumentaria, es decir, las baragas o maragas (bragas) con que se vestían. 
• Las teorías más recientes afirman que el termino maragato, es una palabra en uso a partir del siglo XIV por lo que buscar similitudes etimológicas anteriores a esa fecha es una pérdida de tiempo. Seguramente la palabra maragato deriva de mericator o mercator (mercader) en alusión a su habitual forma de trabajo: arrieros y por tanto mercaderes. 

En realidad a la actual comarca de la Maragatería se le llamaba antiguamente La Somoza (Sub-Montia), o lo que es lo mismo debajo del monte. Será a partir del siglo XVI cuando a los arrieros empiezan a llamárseles maragatos. 

Maragatos serían por tanto exclusivamente los arrieros de la comarca de La Somoza, que se dedicaban a dicha actividad, ya que como hemos citado la comarca se llamaba La Somoza, pero fue tal la fama que adquirieron estos arrieros que ello llegó a originar incluso el cambio de nombre de la comarca, y denominar como maragatos a todos los habitantes de La Somoza independientemente de la actividad que ejercieran. 

La Maragatería, es una comarca de León, cuya capital es Astorga (la Asturica Augusta romana). Pueblos de la comarca son: Brazuelo, Castrillo de los Polvazares, Lucillo, Luyego, Rabanal del Camino, Santa Colomba de Somoza, Santiago Millas, Val de San Lorenzo, Lagunas, Quintanilla, Villalibre de Somoza, etc. 

La comarca abarcaría aproximadamente entre el monte Teleno (el antiguo Tilenus, monte sagrado de los astures, de 2.188 m. altitud) y Astorga. El Teleno es en la actualidad monte mítico de los maragatos. 

Como curiosidad cabe destacar que en el Ayuntamiento de Astorga, dos figuras mecánicas (un hombre y una mujer de nombres Colasa y Juan Zancuda) ataviadas de maragatos marcan las horas a diario, en la espadaña central entre las dos torres del ayuntamiento. En lo alto de una de las torretas del ábside de la Catedral, tenemos una veleta, que es la efigie de Pedro Mato, maragato, y símbolo de Astorga. 

Los maragatos o habitantes de la maragatería, han conservado costumbres propias, gastronomía, arquitectura popular, música y vestimenta son las principales manifestaciones culturales de este pueblo. Ritos propios de este pueblo son: "La Covada", "La boda", "La fiesta del arado" etc. Aparte de sus costumbres, practicaban la endogamia y vivían aislados de otras comunidades de la la zona. 

Una comarca muy abrupta y escabrosa, poca dada a la agricultura, pudo motivar que los habitantes de la zona, escogieran el camino del comercio como forma de vida, dando lugar a una de las actividades por las que son conocidos: los arrieros (o transportadores de mercancías). El comercio se realizaba entre Galicia y Castilla y en sus comienzos, los salazones eran la principal fuente de comercio. 

Al principio eran recueros, es decir usaban recuas de mulas para el transporte, pero luego empezarían a usar carromatos tirados por mulas y empezaron a ser llamados arrieros. 

Los maragatos utilizaron para su comercio, las antiguas vías romanas, sobre todo la que lleva de Astorga a Braga (Lugo) y desde aquí por la Vía de la Plata continuar hacia Madrid. También sus vías serían parte integrante del Camino de Santiago. 

A lo largo del tiempo cambiaron sus rutas según el comercio, pero prácticamente viajaban entre el norte de España, Galicia, Asturias y Cantabria y las ciudades de Castilla la Vieja. Cuando Madrid pasó a ser capital de España con Felipe II incorporaron esta a su tráfico. 

Su comercio principal eran el pescado y el carbón del norte, para transportarlos al sur, donde era cambiado por embutidos, productos de matanza y productos de secano, que a su vez eran transportados al norte. Esta actividad se mantuvo hasta la llegada del ferrocarril que obligó a cambiar las costumbres y a establecerse en puntos fijos de Madrid y La Coruña con el fin de continuar con sus negocios. 

Eran famosos por la manera con que protegían sus cargamentos y se les consideraba transportistas más seguros y a quienes se les podía confiar mercancías de gran valor. 

Los maragatos aparte de ser arrieros, se dedicaban a la agricultura y al cuidado de las recuas de mulas, necesarias para su trabajo. También se dedicaban a la actividad textil. 

La tipología más primitiva es la casa de sobera con cubierta de cuelmo, es decir, de caña de centeno, de la que aún se conservan algunos ejemplos en Murias de Pedrero y Pobladura de la Sierra. La cubierta de bálago alternó con la losa, dejando aquella para pajares y otras construcciones secundarias. 

La casa arriera era una casa de labranza maragata que empezaron a construirse a partir del siglo XVIII. Se componía principalmente de un gran patio central, alrededor del cual giraban todas las dependencias de la misma. Cuanto mayor era la casa, mayor importancia tenía el personaje que allí residía. La casas eran de piedra, y la entrada se hacía a través de un gran portón formado por un arco de medio punto. En las fachadas se ubicaban pocas o ninguna ventana al exterior, y en su patio interior se resguardaba las mulas y los carromatos. 

Concha Espina escribió un libro "La esfinge maragata (1914)" que habla sobre este pueblo.