EL Rincón de Yanka: 📘🎬 LIBRO Y PELÍCULA "EL TESORO DE SIERRA MADRE": LA FIEBRE O LA PESTE DEL ORO 💎⛏

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sábado, 22 de diciembre de 2018

📘🎬 LIBRO Y PELÍCULA "EL TESORO DE SIERRA MADRE": LA FIEBRE O LA PESTE DEL ORO 💎⛏


Excelente recomendación la que nos trae en esta ocasión Edu Garrido, fiel seguidor del cine y la literatura y capaz de contagiarnos ese hambre voraz por revivir los grandes clásicos. No dejéis de leer esta reseña, tanto del libro de B. Traven como de su gran adaptación cinematográfica llevada a cabo por John Huston. Es para quitarse el sombrero.
Alemán de nacimiento, B. Traven, cuyo nombre real era Bernhard Traven, tiene una vida tan digna de novelar como la que hoy intentamos reseñar. En El tesoro de Sierra Madre encontramos su obra más conocida, dónde un indigente norteamericano, que responde al nombre de Fred Dobbs, intenta buscarse la vida en un pueblucho mejicano. La introducción del personaje y la descripción de la miseria y la pobreza en la que acostumbra a vivir sin complejos la gente que ronda por esos lares, es contada con tanta normalidad que impacta con más fuerza si cabe que muchos de los dramas épicos leídos o vistos en anteriores ocasiones. La fuerza narrativa de Traven en esos primeros pasajes descriptivos de la penuria de la vida diaria, de la rutina de dormir con las chinches o dejar tus pocas pertenencias al amparo de los trabajadores del hotelucho que pone un catre bajo el lomo cansado de los inquilinos, es abrumador.

La base central de la novela es la codicia y la tentación, dos de los pecados a los que el ser humano casi nunca puede resistirse. Ambientada en el México de los años 20, con esa superioridad que un trío de vagabundos del vivir nacidos en el gran país del norte llevan a sus espaldas al viajar por el mundo y ver la pobreza y malas condiciones en que se viven en dichos países, casi sin darse cuenta que ellos van arrastrándose, con harapos, sucios y pedigüeños al ver a un compatriota (genial el párrafo en que el americano de traje blanco asienta a Dobbs diciéndole que no le vuelva a pedir dinero que ya le ha dado 3 veces cuando él creía que tenía suerte al pedir dinero a tipos con un traje blanco).
El pueblucho por el que tambalea Dobbs le une a Curtin, otro norteamericano buscavidas y a Howard, un talludo con experiencia que les mete el gusanillo de la fiebre del oro encima. Esos primeros capítulos en que Traven nos presenta a los personajes ya dejan claras la personalidad y febriles inquietudes de cada uno de ellos. El viejo Howie es un tipo que ha vivido de todo y sabe lo dura y peligrosa que puede ser la aventura que van a emprender, mientras Curtin y, sobre todo Dobbs, tan solo ven el fulgente reflejo del oro y sus sueños de vida resuelta.

La larga travesía buscando la mina escondida y el durísimo trabajo para explotarla sin ser vistos por nadie (en las excursiones al pueblo cercano para comprar provisiones siempre va la misma persona y siempre repite el mismo discurso haciéndose pasar por cazador en busca de pieles para comerciar) van forjando la serenidad y carácter de los protagonistas. Cuando las tensiones empiezan a aparecer, Dobbs y Curtin son el blanco de Traven para expresar gráficamente la codicia y la tentación, mientras el viejo Howard, con su gran experiencia, es la mano que mece la cuna, siempre con una risa sabihonda por aquí y una historia metafórica por allá.
La Sierra Madre está repleta de bandidos y es cuestión de tiempo que a alguien se le escape algo en el pueblo que descubra la presencia de un gringo solitario en la montaña. El ingenio del trío protagonista y la suerte al verse perdidos les permite seguir con su operación, pero va forjando a fuego una unión tan maleable como el oro fundido.
Cuando finalmente deciden partir, con las mulas cargadas a tope (calculan unos 50.000 $ de la época) se topan con un niño muy enfermo al que Howard consigue salvar, lo que hace que la tribu indígena le obligue a quedarse con ellos para agradecérselo. Esa separación es la chispa que hace saltar la tercera fundamentación humana que engorda a alguno de los más grandes pecados capitales, la desconfianza.
Howard se hace con el pueblo a base de curas, trucos y labia, con la misma rapidez con la que Dobbs y Curtin van minando la poca cuerda que les une, hasta estallar en un final tan esperado como inevitable. Disparos, sangre, palas para cavar, bandidos, soldados y honradez, sí un poco de honradez, curiosamente personificada en esos salvajes indios que no quieren aceptar el avance que el gobierno y la ciencia les pone delante.

Un perfecto relato para analizar las motivaciones y reacciones humanas ante situaciones que, quizás algún día, a todos se nos pongan delante, porque no es lo mismo hablar teóricamente mientras estamos tranquilamente sentados leyendo en casa, que toparnos de frente ante un escenario tan ambicioso y tentador como el que se muestra en la novela. 

LA PELÍCULA
Tras el rotundo éxito de John Huston con El halcón maltés y Como ella sola, decidió que su siguiente película para la Warner Brothers sería la adaptación de la novela de B. Traven “El tesoro de Sierra Madre”, pero Estados Unidos había entrado en la IIGM y Huston tuvo que cumplir sus obligaciones militares, por lo que el proyecto se fue posponiendo, rumoreando cambios de director y diversos planes de guión. Fue el productor Henry Blanke el que hizo más para prolongar los plazos y esperar a que John volviera de la guerra y se hiciera cargo de él.

Finalmente, así sucedió. John Huston se encargó de adaptar el guión, tuvo mucha correspondencia con el propio Traven y logró que la película fuera una de las primeras que rodaban los exteriores fuera de EE.UU., con el beneplácito de Jack Warner y un viaje previo del mismo Huston, John Hughes y Luis Sánchez Tellopara decidir las localizaciones en las montañas alrededor de Jungapeo.
Las escenas secundarias empezaron a rodarse, pero el periódico local provocó una revuelta que obligó a interrumpir el trabajo, hasta que averiguaron que se habían olvidado de untar al director del mismo para que todo fuera como la seda. Huston recurrió a sus amigos Miguel Covarrubias y Diego Rivera que hablaron con el Presidente de México y arregló el tema. Poco después asesinaron al director de ese diario por meterse en cama ajena.

Respecto al misterio sobre la verdadera identidad de B. Traven, el propio Huston aportó muchos datos. Tras concertar una entrevista personal con él y dejarle tirado, apareció una mañana un tipo a los pies de su cama con una carta de Traven, presentándose como Hal Croves, asistente personal y representante del escritor, que actuaría como asesor para lo que necesitaran ya que él estaba enfermo. Sucesivas investigaciones le otorgaron el nombre de Traven Torsvan o de Ret Marut, un alemán anarquista que huyó de Alemania en 1922 (Traven llegó a México en 1923). Probablemente todo sea verdad… o no.
Respecto a la película en sí misma, empezó a rodarse con los actores principales en abril de 1947 y hay que destacar dos cosas por encima del resto. La 1ª es el extraordinario guión de John Huston (acabó ganando el Óscar a mejor guión adaptado), consiguiendo resumir la complejidad moral y crítica de la novela en unos diálogos maravillosos y sintetizando la esencia pura del mensaje en las palabras que el elenco de actores expresó de manera perfecto.

La 2ª, también mérito de John Huston en gran parte, son las memorables interpretaciones de los actores. Todo el mundo recuerda a Bogart en Casablanca o portando las gabardinas de Marlowe o Spade, pero nunca tuvo un papel que le permitiera demostrar todo el talento interpretativo que poseía. Desde su 1ª película con Huston, donde era uno más, hasta ahora en que ya era una estrella, Bogey protanizó un puñado de películas memorables, pero es Fred C. Dobbs su mayor logro interpretativo, incluso superior al Charlie Allnut de La reina de África que le permitió ganar el Óscar.
Tim Holt, por su parte, era un actor del montón, que había aparecido en multitud de series b, especialmente westerns, y alguna gran película (El cuarto mandamiento de O. Welles, Pasión de los fuertes de J. Ford…), pero fue el papel de Curtin el que le hará pasar a la historia, con esa lucha constante entre la honradez y la tentación, la integridad y el instinto. Fabuloso trabajo el suyo, con escenas tan contenidas y tan logradas como cuando va a por provisiones al pueblo y se encuentra con Cody (Bruce Bennett) que le aguijonea sin parar mientras le contesta con monosílabos y miradas contenidas. Una gran elección de casting y de dirección.

Y por último, Walter Huston, padre de John, actor de gran reconocimiento y longeva carrera que encontró en el sabio, calmado y experimentado Howard la excusa perfecta para demostrar al mundo la talla de su talento. Hay muchas escenas a recordar, pero quizás la más mítica es el baile y la estrepitosa carcajada de Walter al llegar al lugar dónde el oro espera a ser excavado, después de todas las penalidades sufridas para llegar hasta allí. La crítica fue tan unánime que recibió el Óscar a mejor actor secundario, incluso su propio hijo, gran admirador suyo, reconoció siempre que era la mejor interpretación que jamás se haya filmado en cine.

La historia sigue los pasos marcados por la novela, con algún pequeño cambio respecto al original, dando más protagonismo al líder de los bandidos, Sombrero de oro (Alfonso Bedoya) que daba el papel antagónico a Dobbs en la película, más allá de lo que Curtin lo hacía en la novela.

El manejo de las pasiones humanas, del ardor de la sinrazón, de la codicia desmedida, de la desconfianza sinsentido, del poder incontrolado, de la fiebre del oro que Howard ya les anunció al principio de la filmación, magistralmente interpretada por todos los actores, especialmente por Bogart, así como la patada en la entrepierna al mundo capitalista representado por los norteamericanos frente al tranquilo y confiado mundo en el que perviven los indios indígenas es otro de los puntos fuertes que Huston respeta de la novela.
La avaricia, la decepción, la codicia, la envidia, el rencor, la mezquindad, la sordidez, la inmoralidad y el egoísmo explotan junto al aire que sopla y se lleva por delante todo lo que lo provocó, inundando la pantalla con una gran carcajada de malvado sentido del humor del destino.  

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