EL Rincón de Yanka: LA CONVERSACIÓN TERTULIAR SE MUERE: DESHUMANIZACIÓN

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miércoles, 15 de febrero de 2017

LA CONVERSACIÓN TERTULIAR SE MUERE: DESHUMANIZACIÓN





Tertuliar, conversar, charlar, platicar
hablar, conversar, dialogar, departir, charlar.
"Sin conversación cara a cara perdemos lo que nos diferencia de otras especies: la humanidad"."Los estudiantes universitarios preferían darse descargas eléctricas antes que estar a solas con sus ideas".

"Ha surgido un nuevo ser, hiperconectado, definido por 'comparto, luego existo', pero que se siente solo.



¿Acaso todos estos pequeños tuits, estos sorbitos de conexión online, no suman juntos un gran trago de conversación real?", se preguntó el actor y cómico estadounidense Stephen Colbert. Un interrogante que se quedó rondando en la cabeza de Sherry Turkle, profesora del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y con tres décadas dedicadas a la investigación de las relaciones entre el hombre y la tecnología. "No", fue su respuesta tajante. 

"La tecnología ha hecho que estemos experimentando una huida de la conversación cara a cara" y esto tiene consecuencias muy negativas porque "la conversación es la base de la democracia y los negocios, sustenta la empatía y es básica para la amistad, el amor, el aprendizaje y la productividad". Sin ella, dice esta experta, "perdemos aquello que nos diferencia del resto de las especies, perdemos nuestra humanidad".


Tras entrevistar durante cinco años a cientos de personas en el ámbito laboral, familiar y educativo y después de reflexionar sobre sus propias experiencias y de revisar estudios sobre el asunto, Sherry Turkle publica en España este 8 de febrero 'En defensa de la conversación' (Ático de Los Libros), un análisis sobre el riesgo que corremos al perder la capacidad de hablar a la cara, al eliminar el contacto visual, al negarnos la espontaneidad en una charla en persona. Casi 500 páginas sobre esta "grave amenaza" que tenemos encima, este conversicidio que estamos cometiendo, pero con un mensaje optimista: "estamos a tiempo de atajar el problema. Tenemos lo más importante, nos tenemos los unos a los otros". 

UNA VOZ DE ALARMA SOBRE EL DÉFICIT DE COMUNICACIÓN Y DE EMPATÍA.  
En defensa de la conversación es un estudio sobre las inquietantes consecuencias de la cultura digital en diferentes aspectos de nuestra vida como la educación, el entorno profesional, nuestras relaciones sentimentales o la política. Vivimos en un universo tecnológico en constante conexión y, sin embargo, hemos sacrificado la conversación y la empatía. El libro recoge una reflexión sobre la profundidad de las conversaciones que mantenemos con nuestros seres queridos y compañeros, sobre la distracción que suponen los móviles y ordenadores y la sustitución de las charlas por los mensajes o los correos electrónicos en una era en la que necesitamos la conversación y sus beneficios más que nunca.
En "el libro que hará que hablemos sobre cómo ya nunca hablamos", según lo describió 'The Washington Post' y que "evoca un periodo, no muy lejano en el tiempo, en el que la conversación, la privacidad y el debate no eran boutiques de lujo", como escribió The New York Times', esta psicóloga -no antitecnológica pero sí proconversación- habla de una "crisis de empatía", porque "incluso un teléfono en silencio sobre la mesa nos desconecta". Turkle constata que ahora "esperamos más de la tecnología y menos del otro" y que "hemos sacrificado la conversación por la mera conexión". Pero que tras esto se esconde una dolorosa realidad: "la sensación de que nadie nos escucha".



Ha surgido un nuevo ser, multitarea, hiperconectado, que se define por "comparto, luego existo", pero que, paradójicamente, se siente más solo. "Hemos pasado de estar en una comunidad a tener la sensación de estar en una comunidad. ¿Hemos pasado también de la empatía a la sensación de empatía? ¿De la amistad a la sensación de la amistad? Debemos prestar mucha atención a esto", advierte la especialista del MIT.

"No soportamos estar a solas"
En una entrevista con EL MUNDO, Turkle comenta que al poco de empezar a investigar se dio cuenta de "la estrecha relación que existía entre la huida de la conversación y la huida de la soledad. La gente tiene miedo de pasar tiempo a solas. Trabajos realizados con estudiantes universitarios demuestran que éstos prefieren administrarse descargas eléctricas a sí mismos antes que estar a solas con sus pensamientos, sin teléfono, sin dispositivos o sin un libro. Para estos jóvenes, la soledad, con su carencia de estímulos externos, es algo literalmente insoportable". Han leído bien. Descargas con tal de no estar consigo mismos. Suena a ciencia ficción, pero es una escena de hoy.
Una cuarta parte de los adolescentes se conectan a un dispositivo durante los cinco primeros minutos después de despertar. Envían una media de 100 mensajes de texto al día.
"La presencia de dispositivos interactivos que siempre llevamos encima implica que nunca más tenemos que sentirnos solos. Esto se hace evidente en la cola del supermercado o en un semáforo en rojo: la gente no se permite tiempo para reflexionar. Pero la capacidad para pasar tiempo con uno es un requisito para cualquier relación", añade la autora. Y es importante porque trasciende el ámbito privado. Lo explica Turkle: "Ahora mismo en EEUU estamos viviendo un momento en el que necesitamos pensar profunda y críticamente sobre cuestiones políticas. No podemos limitarnos a reaccionar sin más", a tuitear sin más, "necesitamos pensar las cosas con calma. Reflexionar las consecuencias. Hablar con uno para poder hablar luego con los demás". Pero esto no está ocurriendo.

Hacemos cosas que eran muy raras pero a las que nos hemos acostumbrado muy rápido. Por ejemplo, mandamos sms o entramos en Facebook durante reuniones corporativas. Chateamos en funerales. Nos alejamos de nuestro duelo para meternos en el móvil. Y lo que creo es que nos estamos metiendo en un problema", indica la psicóloga.. Paradójicamente esta entrevista se produce gracias a las nuevas tecnologías y a través del correo electrónico, no en persona. Una forma elegida por la propia Turkle pero en la que admite que nos perderemos cosas. 

"No se producirá una serendipia, no descubriremos nuestros intereses comunes, no habrá química. No tendré la posibilidad de entablar una amistad con alguien de España", responde por la parte que le toca. Pero la investigadora del MIT quiere dejar clara una cosa:

"He conocido a muchísima gente que describe la gran intimidad y la increíble calidez, sensualidad y conexión que sienten cuando se comunican a través de mensajes. Siento un nuevo respeto por lo que los mensajes son capaces de conseguir. Nos ofrecen una forma divertida, a veces erótica, a veces emocional y, a menudo, emocionante de comunicarnos. No estoy en contra de eso. Pero hay cosas que sólo la conversación puede aportarnos y es importante admitirlo".

Conversaciones en cuatro sillas
Matizado el hecho de que no propone el cara a cara en detrimento de los mensajes y que ésa es una discusión en la que no cree, Sherry analiza la conversación en todas las esferas y para ello recurre a las tres sillas que imaginó el escritor y filósofo Thoreau cuando se retiró al estanque Walden: las conversaciones con "una silla" -las que mantenemos con nosotros mismos, en soledad-; las de dos sillas -las charlas con los amigos- y las de tres sillas -las que se producen en el mundo laboral y educativo-. No obstante, la psicóloga añade una "cuarta silla": para las conversaciones que mantenemos con máquinas.

Empecemos por lo que Turkle ha observado que nos sucede cuando estamos a solas con nosotros mismos. Y que es, básicamente, que no lo aguantamos. Esta experta insiste en la importancia de "encontrarnos a nosotros para hablar con los demás. Si no enseñas a tus hijos a estar a solas, únicamente aprenderán a ser personas solitarias".

"Hoy en día los padres no quieren que los hijos tengan ningún rato muerto. Pero el aburrimiento infantil es un motor, es la chispa que enciende la imaginación". Hablando con padres, la investigadora percibe que "se dan cuenta de que sus hijos son menos empáticos de lo que deberían ser a su edad". De hecho, según explicaron los maestros de una escuela estadounidense, "los niños de 12 años juegan en el patio como si tuvieran ocho. Se excluyen unos a otros como lo harían los chicos más pequeños. Y lo más doloroso es que no son capaces de ver cuándo hieren los sentimientos de los demás. Luego se sientan en el comedor y miran el teléfono. Cuando comparten cosas, lo que comparten es lo que hay en sus teléfonos.
La vieja conversación enseñaba a sentir empatía. Estos estudiantes parecen comprenderse cada vez menos". Y la situación empeora a medida que crecen. Según los estudios "durante los últimos 20 años hemos presenciado un declive de un 40% en los marcadores de empatía entre los estudiantes universitarios".
El 66% de los trabajadores que participaron en una encuesta afirmó no ser capaz de concentrarse en una sola cosa debido a las nuevas tecnologías.
Lo irónico es que "los padres se quejan de que los niños no quieren hablar con ellos porque están ocupados con el teléfono a la hora de comer; los hijos se quejan de que sus padres hacen lo mismo". No entienden que "las conversaciones en el seno de la familia son el campo de entrenamiento de la empatía y que no hay mejor manera de desincentivar el bullying que dotar a los niños de la capacidad de ponerse en el lugar del otro y reflexionar sobre el impacto de sus acciones".
Dice la autora que "estamos privando a los niños no sólo de palabras, sino también de adultos que los miren a los ojos. Y lanza una pregunta al aire: ¿Prestaremos atención si, una década después, temerosos de quedarnos solos, nuestros hijos nos muestran el precio que hemos pagado?".

Primer paso: recuperar la atención
Una encuesta realizada en 2013 demostró que un 20% de la gente entre 18 y 34 años contestaba al teléfono mientras mantenía relaciones sexuales. Nueve de cada 10 estudiantes afirma enviar mensajes de texto en clase. El 80% duerme con sus móviles. Un 44% admite que nunca desconecta.

"Recuperar la conversación empieza por recuperar nuestra atención", explica Turkle, que afirma que "las primeras generaciones de niños que crecieron con teléfonos inteligentes no saben cómo entablar una conversación ni se sienten cómodos cuando lo hacen, les provoca ansiedad". De hecho, los estudios citados en el libro demuestran que quienes pasan mucho tiempo conectados tienen menor capacidad para identificar sentimientos. Son menos empáticos y menos creativos. La amistad, recoge el ensayo, también se resiente porque parece que "ahora consiste en estar siempre disponible, siempre alerta, por si hay alguna emergencia". Y ahí viene otra paradoja: cuando estamos separados: hipervigilancia. Cuando estamos juntos: falta de atención.

El mundo laboral tampoco es ajeno a esto. Cientos de empresarios entrevistados para el libro reconocen sin titubeos que la conversación cara a cara es "un requisito para construir confianza, para vender algo y para cerrar un trato", además de mejorar la productividad y las relaciones entre empleados.La cuarta silla que incorpora Turkle hace referencia a la tentación que sentimos no sólo de hablar a través de máquinas sino de hablar con máquinas. "El término inteligencia solía implicar sensibilidad, capacidad de percepción, conciencia, discernimiento, razón, agudeza e ingenio. Y, sin embargo, ahora decimos tranquilamente que las máquinas son inteligentes". Y ¿de qué hablamos cuando hablamos sobre las conversaciones que mantenemos con las máquinas?

"Hablamos de nuestro miedo a los demás, de nuestras decepciones con los demás, de nuestra falta de vida en comunidad, de nuestra falta de tiempo". Y mientras "tratamos a las máquinas como si fueran casi humanas, tratamos a los seres humanos como si fueran casi máquinas". Cierto. Su tesis nos deja tocados, pero aún no hundidos. A pesar de este panorama, no es demasiado tarde. "Tenemos tiempo para recordar quienes somos: criaturas con historia. Criaturas de conversaciones toscas, arriesgadas y cara a cara". Por eso "es hora de recuperarlo".
Porque hablar no cuesta nada, pero la conversación no tiene precio.