EL Rincón de Yanka: DECÁLOGO DE LA COMUNICACIÓN CON SAL

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jueves, 9 de agosto de 2007

DECÁLOGO DE LA COMUNICACIÓN CON SAL

1.- No olvidar cual es la gran noticia de todos los tiempos, la única noticia que abarca potencialmente todas las inquietudes y todos los intereses de los públicos, la única noticia que no esta condicionada por las limitaciones espacio-temporales, y que por tanto por su propio contenido, su actualidad es permanente y su universalidad absoluta. La noticia que hubiesen querido dar todos los reporteros de ahora y de siempre. Esta es la noticia del acontecimiento cristiano: que el Hijo de Dios se ha hecho hombre para hacer del hombre un hijo de Dios. Por eso, toda actividad periodística viene a ser, desde la mirada de la fe, "cristianismo en tanteo", y toda misión eclesial también viene a ser "noticia del Reino".

2.- Aprender un nuevo periodismo. La noticia del acontecimiento cristiano , o la buena noticia del Reino de Dios , hace nuevas todas las cosas, abre paso a una tierra nueva , a un hombre nuevo , a una humanidad nueva . Y por tanto también a una comunicación nueva , en la que tanto las relaciones interpersonales como las comunicaciones de masas son susceptibles de renovarse por esta novedad, dando paso a un periodismo cristiano, que parecería a primera vista más humano, más veraz, más profundo, más esperanzado, más amable, más respetuoso, y en el fondo más gratificante e interesante. Pero no sólo eso, sino que más allá de estos primeros síntomas, lo que sería en el fondo es un periodismo del Espíritu, renovado por el mismo Espíritu Santo, un periodismo hecho por Cristo Periodista, el periodismo de Jesús.

3.- Comunicar un nuevo humanismo, que oriente este periodismo teniendo una sensibilidad genuina e inaudita respecto a la dignidad humana, que contemplada desde el valor infinito del amor de Dios por el hombre, sabría posponer ante el respeto a la dignidad de cada persona concreta, cualquier otro aparente interés periodístico. Y sería el origen de una nueva escuela de periodismo.

4.- Liberarse del periodismo convencional. La nueva escuela de periodismo sabría mirar, entender y exponer la realidad desde la máxima garantía de la objetividad, que no es la neutral frialdad descriptiva, sino la verdad humana que la conforma. Sabría además no sólo rechazar los hábitos de la incomunicación que esconde toda comunicación deshumanizadora, sino que relativizaría todos los modos del periodismo convencional.

5.- Ofrecer la "crónica blanca" de la actualidad. Este nuevo periodismo desviaría seguramente todos los principales campos informativos, para dar respuesta a una demanda social, aún hoy velada por los filtros de la cultura del poder, de mayor interés por el bien escondido que por el mal aplaudido, por la autenticidad de la gente sencilla que por la superficialidad y frivolidad de la gente del escaparate, por los verdaderos problemas humanos y sociales que por el montaje que los charlatanes montan en la antesala de dichos problemas. También sería un periodismo que sabría en consecuencia optar preferentemente por todo aquello que ha quedado relegado por ser menos agresivo y menos incisivo, por lo humano visto desde lo humano, por un periodismo positivo.

6.- Aprender a trabajar en comunión, que es mucho más que trabajar en consenso y que trabajar en equipo. Pues la experiencia cristiana, que en si misma es koinonía , comunión, unidad, despierta un nuevo modo de trabajar en la comunicación. Así las ideas, los proyectos, los estilos, los temas, los tratamientos, los lenguajes, y en definitiva los resultados obtenidos en este trabajo periodístico, poco a poco, dejarán de ser fruto del ingenio de cada redactor, o del ingenio del equipo de redactores, para pasar a ser fruto de la presencia de Jesús en medio de los que, reunidos en su nombre (Cfr.:Mt. 18,20), posponen ante el don de su presencia todas las cosas. Para dejar que cada vez sea menos el periodismo de cada uno o incluso del grupo, y pasar a ser el de Jesús, el único maestro, el único comunicador de la verdad.

7.- Ser siempre fiel a la verdad, a la verdad de Dios, a la verdad del mundo y de su historia, a la verdad de uno mismo y de sus semejantes, y no cansarse jamás de seguir buscándola en el don de la Palabra Encarnada, Jesucristo Nuestro Señor, porque sólo así en la vida y en la noble función de la Comunicación social, se será digno de encontrar la verdad, y "la verdad os hará libres" (Jn8,32).

8.- Dar razón de la esperanza, buscando constantemente la conversión de la mirada sobre las cosas, de la manera de contarlas, del criterio para no dejar que pase inadvertido aquello que construye, que une, que pacifica, que mueve los corazones, que edifica la civilización del amor. Porque frente a un periodismo manipulado por los intereses del egoísmo, o carente de un sentido que poder dar a los acontecimientos, o pretenciosamente neutral sin alma y sin humanidad, existe esa mirada peculiarmente evangélica sobre los hechos y sobre las personas, que sabe dar razón de la esperanza, y que sabe convertir toda comunicación en comunión, y toda palabra verdadera, en palabra reconciliadora, en clamor o en empuje hacía el testamento supremo de la unidad entre los hombres: "Ut unum sint" (Jn17,21)

9.- Dar un giro a la información religiosa, es una nueva manera de hacer periodismo que vuelve la mirada hacia la experiencia humana, social y cultural más apasionante y transcendente: la experiencia religiosa. Fruto del mismo cambio de fundamentación y de talante, que alcanza a todos los ámbitos de la comunicación social, la noticia religiosa debe liberarse de los reduccionismos y manipulaciones a los que se ve generalmente sometido, para responder al interés público por las verdades del espíritu (formación religiosa) y por la vida de la comunidad religiosa (información religiosa), que no es otra sino la vida eclesial, vida de las diversas confesiones cristianas y de otras tradiciones religiosas, vida ecuménica y vida de diálogo interreligioso.

10.- No caer en la tentación de la desinformación, en cualquier tipo de desinformación, y también en aquella para la que sólo es noticia religiosa lo que institucionalmente pueda tener implicaciones en la coyuntural información política. Y que además suele ser también sistemáticamente manipulada por diversos prejuicios culturales como son la relegación de lo religioso al ámbito de lo privado y de lo anacrónico, cuando no desviado al cajón de lo supersticioso e irracional, o la simplificación de su pluralidad a dialécticas de carácter político, o los diversos anticlericalismos, más o menos viscerales, que convierten las páginas de religión de algunos periódicos en auténticos divanes en los que liberar los diversos traumas pseudoreligiosos de sus redactores.
Mientras otros productos periodísticos, con otros estilos y talantes, proponen un cerrado clericalismo que prima los cotilleos de las sacristías a las verdaderas noticias de la vida de la Iglesia.