EL Rincón de Yanka

inicio














domingo, 27 de abril de 2025

"LA MISIÓN DEL CRISTIANO NO ES APUNTALAR EL SISTEMA, SINO CAMBIAR EL MUNDO" por CUSTODIO BALLESTER



“La misión del cristiano 
no es apuntalar el sistema, 
sino cambiar el mundo”

Palabras pronunciadas por Custodio Ballester en la presentación del libro de Douglas Hyde, Compromiso y liderazgo, editado por Hazteoir.org:

En la misma línea que la Antología de Formación de Selectos del P. Ángel Ayala, S.I, Hazteoir ha vuelto a poner al alcance de los lectores un precioso y profético libro que denuncia nuestros complejos y apunta unos caminos no por olvidados menos novedosos, pues están apuntados en el Evangelio. 
“Nunca dudes de que un grupo pequeño de ciudadanos reflexivos y comprometidos puede cambiar el mundo. De hecho, es lo único que alguna vez lo ha cambiado” y puede volver a hacerlo. Y es que se trata de eso: de cambiar, de transformar una realidad que tantas veces yace bajo el poder del Maligno (cf. 1Jn 5, 19). “Nosotros, por el contrario, que pertenecemos al día”, no a la noche ni a las tinieblas; “seamos sobrios. Revistámonos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación”. 
“Pero nosotros no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma (Hb 10,39).

Douglas A. Hyde (1911–1981), autor de "Compromiso y liderazgo", fue un gran periodista inglés, educado como metodista por sus padres, pero que en su juventud perdió la fe y se hizo comunista durante 20 años, ocho de los cuales fue director jefe del periódico Daily Worker, el periódico del Partido Comunista en el Reino Unido. Pero, poco a poco, fue desilusionándose del comunismo al ver las grandes incongruencias de los comunistas soviéticos, hasta que llegó a encontrar un nuevo sentido a su vida, convirtiéndose a la fe católica.

Dice el Apocalipsis: “Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Ap 21,5). Tan fieles y verdaderas que están escritas en el corazón de cada hombre y mujer que viene a este mundo. Así lo sentía Douglas Hyde hace más de cincuenta años: “En algunos círculos –también eclesiásticos- está de moda despreciar ese idealismo, este deseo de cambiar el mundo que tachan de sentimentaloide”: No puede transformarse un mundo formado por hombres pecadores. Este cinismo llevó a muchos jóvenes a rechazar abrazar la causa de un comunismo que les ofrecía estar en el lado de los buenos en la lucha del bien contra el mal, y de la verdad contra la mentira (cf. pg 37).

Yo también he oído de boca de altos eclesiásticos parecidas palabras: “Siempre ha existido el aborto y siempre existirá. Que el estado regule el matrimonio gay y la adopción por homosexuales es inevitable ¿qué quieres hacer?”. Detrás de esas afirmaciones subyace la convicción –entre cínica y fatalista- de que todo ello es el inexcusable precio que debemos pagar por vivir en la sociedad del bienestar. Y cuando a alguien se le ocurre denunciar que, si no hay una directa cooperación formal o material en toda esta debacle social, sí que existe -en muchos ámbitos de la comunidad eclesial- una connivencia con el mal que por ser disimulada o silenciosa no nos hace menos cómplices… responden a su vez que la connivencia con el mal es inevitable, porque en caso contrario volveríamos a las cavernas… Palabras cuasi textuales.

Con estos presupuestos no es extraño que los que por nuestra vocación bautismal estamos llamados a “abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo corrompido por deseos seductores, a renovaros en la mente y en el espíritu y a vestiros de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas” (Ef 4, 22), nos encontremos ante el mismo muro de miedosa indiferencia con el que se topó el antiguo miembro del Partido Comunista británico: “En los grupos de estudio y en los cursillos de formación pueden discutir tranquilamente y durante todo el tiempo que quieran sobre los principios fundamentales y los derechos inalienables -“principios innegociables”, diríamos ahora-. Sin embargo, cuando hay que trasladarlos a la práctica, empiezan los problemas. 

El clero se pone nervioso ante lo que hay que hacer, y mira con aprensión a los que intentan aplicar su cristianismo a la sociedad pagana en la que viven. Al laico se le deja hablar cuanto quiere -congresos sobre los católicos en la vida pública, conferencias, encuentros-, pero cuando quiere pasar a la acción, se encienden todas las luces rojas” (p.111). Sin embargo, la gente no madura en una vitrina, sino cuando se lanza y aprende de sus errores. Si nunca das testimonio de tu fe, si no haces nada por ella, si no actúas, nunca te equivocarás. Pero no hacer nada, esperar tranquilamente el Juicio Final y a que sea el mismo Dios el nos saque las castañas de fuego, es una equivocación muchísimo más grave. Al decir del P. Ayala: “La oración es lo primero, pero no es lo único ni es suficiente”.

Podemos haber pasado todo un proceso de formación cristiana “sin haber oído nunca una palabra acerca de la misión social de la Iglesia o la responsabilidad de transformar la sociedad con el Evangelio desde nuestro trabajo, sindicato u organización profesional, su actividad política o sus relaciones con los demás” (pg. 54). Aparte de ir a misa los domingos, confesarse de vez en cuando y rezar por las noches, ¿alguien nos dijo alguna vez o alguien puso alguna vez en práctica que formamos parte del grupo de aquellos sobre los que, en su origen, recayó la responsabilidad de cambiar el mundo?

“La batalla de nuestra época es en última instancia una batalla para apoderarse de las almas y las mentes de los hombres”, dice Hyde. Pero, mientras los poderes de este mundo vocean su credo desde todas las tribunas, la voz de los cristianos suena baja y atemorizada. Mientras los poderes de este mundo dedican todas las horas del día; mientras ellos dedican todos los medios para apuntalar toda clase de perversiones, los cristianos dedicamos –los que más- algunas horas libres. Los comunistas de Hyde sabían que su objetivo era un mundo comunista. ¿Sabemos nosotros que nuestro objetivo es un mundo, una sociedad, una patria cristiana?

Por ello, Douglas Hyde, desde su experiencia como líder comunista y formador de líderes apunta, cual explorador de tierras no desconocidas, sino olvidadas, un nuevo y a la vez antiguo camino. Decía el profeta: “Paraos en los caminos a mirar, preguntad por la vieja senda: «¿Cuál es el buen camino?»; seguidlo, hallaréis reposo” (Jr. 6,16).

Lo que define a un verdadero líder, -todo comunista era líder y todo cristiano debiera serlo- deseoso de cambiar el mundo es, en primer lugar, la capacidad de sacrificio, que se concreta en capacidad de compromiso. Es decir, esa disposición por la que uno está dispuesto a dedicar tiempo, dinero, arriesgar su carrera y su nivel de vida para que triunfe la causa más justa y verdadera, para que la sangre que derramó Cristo por todos no sea inútil para algunos.

Un verdadero líder exigirá mucho a los suyos. Abandonará la ley de mínimos que busca hacer fácil y confortable la tarea para eludir así la responsabilidad, porque sabe que “si pide poco a la gente, obtendrá poco, pero si le pide mucho, responderán de forma heroica” (pg. 38). 
“Cuanto más materialista y comodona es una sociedad, más sobresale el que se compromete. El hombre que se compromete resulta atractivo justamente por su capacidad de compromiso”.

Friedrich Engels afirmó: “Los filósofos sólo han intentado explicar el mundo. Sin embargo, la misión es cambiarlo”. Cuando el líder consigue que los suyos se den cuenta de que ese cambio es necesario y posible, y que son ellos los que pueden conseguirlo, ha llenado entonces sus vidas de una fuerza dinámica tan poderosa que uno puede conseguir cosas que serían imposibles de otra manera. La vida tiene un fin, y por ello vale la pena vivirla plenamente.

Para un verdadero líder, la palabra y la acción están indisolublemente unidas en su mente y en su experiencia vital. Enviará a los suyos a hacer algo que movilice su valor moral, algo que les coloque en primera línea de fuego y que conduce a cambiar el mundo. No se limitará a pedirles que pasen a la acción. Él mismo está personalmente implicado en ella.

Un verdadero líder sabe que el progreso, el cambio, es fruto del conflicto: Porque “desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos sufre violencia, y los que luchan lo conquistan” (Mt 11,12). “No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine atraer paz, sino espada. Vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra la suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su propia casa” (Mt 10, 34).

Un verdadero líder considera su trabajo diario como una excelente oportunidad para luchar por la causa, que no es una especie de hobby al que dedica algunas horas libres. La causa es su vida. Si la nuestra es la mejor causa imaginable –la de Cristo-, eso nos confiere la obligación de difundirla entre los demás. Si a los comunistas no les importaba causar buena impresión, sino difundir su ideología, hemos de abandonar el politiqueo por obsoleto y anunciar la verdad, sin excepción ni compromiso.

Y es que el cristianismo debe crear líderes que se conviertan en “instrumentos voluntarios del proceso del cambio tanto en el mundo como en el trabajo o en la sociedad humana” (pg. 119), en el campo de actividad al que les lleve la vida. Es decir que, allá donde esté el cristiano, asuma el papel de líder. Un líder que se cristianice a sí mismo y luche por una sociedad cada vez más cristiana, un líder que ejerza -con ese objetivo- sobre la opinión pública la máxima presión posible.

Ante una situación nueva, la primera reflexión que se hace la gente es: “Que venga alguien y haga algo”. La reacción espontánea del líder es: “¿qué voy a hacer yo?” La acción y los principios que la sustentan, van siempre unidos en su mente y en su vida. Si cada cristiano adoptase esta actitud mental y actuase de acuerdo con ella, las cosas serían bien diferentes.

Por tanto, nos interesa formar líderes que actúen a favor de la causa de Cristo y de su Iglesia y no a favor de ellos mismos. Personas que entiendan lo que creen, comprometidos con su fe, y que intenten practicarla en todas las facetas de su vida personal y social. Y dispuestas a pagar el precio correspondiente. El mismo que su Maestro: “Per Crucem ad lucem” (POR LA CRUZ A LA LUZ).

Compromiso y liderazgo es un viaje de ida y vuelta, pero Douglas Hyde solo recorrió el primer tramo. Su obra nos cuenta los métodos de los comunistas para convertir su pestilente ideología en un éxito en todo el mundo. Nosotros tenemos sobre el autor la ventaja de conocer el desenlace de esta historia. Y sabemos también que algunos de los procedimientos de proselitismo más característicos de los comunistas fueron los procedimientos de los primeros cristianos y son los procedimientos de los santos, hoy redescubiertos. Los comunistas fracasaron porque sus fines eran espurios. ¿Están tus fines a la altura de tus procedimientos?
Douglas Hyde analiza los métodos comunistas de formación de líderes para aplicarlo al cristianismo en su obra recientemente republicada en castellano en Madrid en 2014, en un tomo de 147 páginas. A pesar de que los comunistas eran una minoría, habían logrado convencer a un gran número de personas para llevar a cabo sus ideales. Hyde llega a afirmar que «desde que se fundó el Partido Comunista, los éxitos de los comunistas han sido mayores que los de los cristianos... La mayoría de los éxitos comunistas son fruto de una forma de acción y de una manera de acercarse a la gente que debería ser utilizada por los cristianos, con mayor razón aún que por los comunistas» (p. 51). Otro aspecto a valorar de los comunistas es que hacen un buen uso de los recursos humanos que tienen y hacen suyo el lema: «cada comunista es un líder, cada fábrica una fortaleza» (p. 46). De hecho, Hyde consideraba que el compromiso era el punto de partida y la base fundamental para el liderazgo. Y se fijaba como objetivo que cada miembro del Partido Comunista debería formarse para convertirse en líder en caso de que fuera necesario y llevar a cabo una transformación de la sociedad y del mundo. Desde esta perspectiva, únicamente las órdenes religiosas podrían considerarse que siguen esta filosofía de vida. 

Los tres métodos más utilizados para el adoctrinamiento de los comunistas eran: una exposición seguida de preguntas, discusión o ambas; una discusión controlada ‒que se presentaba como el método más útil‒, e igualmente así como preguntas y respuestas. Douglas Hyde entendía que «para un comunista, la parte más importante del día transcurre en su trabajo. Considera su trabajo como una excelente oportunidad para luchar por su causa. Por el contrario, el católico activo se entrega a su actividad cuando ha finalizado su trabajo, cuando ha comido y se ha cambiado. Entonces es cuando dispone de un par de horas libres para entregarse a su causa».

Esta obra pretende determinar «los métodos comunistas de formación de líderes que pueden imitar o adaptar los cristianos, así como otros grupos» (p. 31). Entre 1910 y 1960 los comunistas consiguieron implantar su sistema político en un tercio del mundo, aunque en la actualidad la mayor parte ha quedado fuera de su área de influencia. Sin embargo, hoy en día «el número de personas que viven fuera de la esfera comunista es el doble de los que viven bajo su yugo. Así que no hay motivo para el derrotismo» (p. 33). De esta forma, una minoría ha logrado convencer a un gran número de personas en muy poco tiempo. En efecto, «los comunistas han aprendido por experiencia cómo llegar de la mejor manera posible a los demás, incluso cuando tienen que hacerlo por medio de una minoría» (p. 33). Uno de los aspectos más importantes es que el Partido Comunista está constituido por un núcleo reducido de forma deliberada, para que no pierda su naturaleza de élite. Sin embargo, Hyde consideraba cuando escribió su libro que «han logrado influenciar de forma profunda en el pensamiento de la mayoría. 

Las políticas del resto de los partidos serían muy diferentes si los comunistas no hubieran existido» (p. 33). Además, los comunistas hacen un buen uso de los recursos humanos que tienen a su disposición. Por este motivo, su autor considera que el compromiso es el punto de partida y la base fundamental para el liderazgo. Los comunistas funcionan con una utilización efectiva de los recursos humanos y hacen suyo el lema: «cada comunista es un líder, cada fábrica una fortaleza». 
En efecto, este objetivo pretende que cada miembro del Partido Comunista debería formarse para convertirse en líder en caso de que fuera necesario; y cuando en una fábrica haya muchos líderes esa fábrica será una fortaleza del comunismo y prácticamente irreductible (p. 46). D. Hyde llegaba a afirmar que «desde que se fundó el Partido Comunista, los éxitos de los comunistas han sido mayores que los de los cristianos... La mayoría de los éxitos comunistas son fruto de una forma de acción y de una manera de acercarse a la gente que debería ser utilizada por los cristianos, con mayor razón aún que por los comunistas» (p. 51). 

En efecto, quien se hace comunista sabe que debe mostrar el máximo compromiso con el Partido y entregarse al cien por cien para transformar la sociedad y el mundo. Los cristianos deberían aprender de este compromiso adquirido por los comunistas, que no persiguen sólo salvarse a sí mismos sino transformar la sociedad por medio de los valores cristianos. En realidad, únicamente las órdenes religiosas siguen esta filosofía de vida. Pero esa formación que recibe el nuevo afiliado debería estar dirigida a la acción (p. 68). 
El adoctrinamiento de los comunistas tiene su punto más fuerte en los métodos que utilizan o utilizaban en el momento en que Hyde escribió su libro: clases en las que el profesor habla menos de una hora y responde a las preguntas; grupos reducidos de estudio para convertir a líderes que estén preparados para la acción (p. 81). Los tres métodos más utilizados eran: una exposición seguida de preguntas, discusión o ambas; una discusión controlada ‒que se presenta como el método más útil‒; así como preguntas y respuestas. 

El número de asistentes al curso debería oscilar entre 3 y 15, de forma que todos puedan implicarse en la discusión. De todos modos, en los países comunistas se intentan inculcar ideas y adoctrinar de forma sutil. Douglas Hyde entiende que «para un comunista, la parte más importante del día transcurre en su trabajo. Considera su trabajo como una excelente oportunidad para luchar por su causa. Por el contrario, el católico activo se entrega a su actividad cuando ha finalizado su trabajo, cuando ha comido y se ha cambiado. Entonces es cuando dispone de un par de horas libres para entregarse a su causa» (p. 101). En otras palabras, el comunismo quiere que el trabajador sea el mejor en su trabajo y el más efectivo en su puesto de trabajo.

En efecto, los comunistas tenían y siguen teniendo fama de buenos propagandistas, en la medida en que creen que han descubierto lo que el mundo necesita para ser mejor. Pero al mismo tiempo hay que estar en contacto directo con la gente. Además, Hyde considera que «Lenin tenía razón al decir que las ideas sencillas pueden incitar a la acción a gente sencilla y auténtica» (p. 128). La antigua Ley Fundamental de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de 1977 señalaba en su preámbulo: «El objetivo supremo del Estado soviético es edificar la sociedad comunista sin clases en la que se desarrollará la autogestión social comunista. Las tareas principales del Estado socialista de todo el pueblo son: crear la base material y técnica del comunismo, perfeccionar las relaciones sociales socialistas y transformarlas en comunistas, educar al hombre de la sociedad comunista, elevar el nivel material y cultural de vida de los trabajadores, garantizar la seguridad del país, contribuir al fortalecimiento de la paz y al fomento de la cooperación internacional. 

El pueblo soviético, guiándose por las ideas del comunismo científico y fiel a sus tradiciones revolucionarias, apoyándose en las grandes conquistas socioeconómicas y políticas del socialismo, aspirando al sucesivo desarrollo de la democracia socialista, considerando la posición internacional de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como parte integrante del sistema socialista mundial y consciente de su responsabilidad internacionalista, manteniendo la continuidad de las ideas y de los principios de la primera Constitución soviética, la de 1918, de la Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de 1924 y de la Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de 1936, refrenda los fundamentos del régimen social y de la política de la URSS, establece los derechos, libertades y deberes de los ciudadanos, los principios de organización y objetivos del Estado socialista de todo el pueblo y los proclama en la presente Constitución». 

Este libro de Douglas Hyde (1911-1996) recoge el seminario que hizo el autor sobre Formación del Liderazgo, en el Congreso anual del Secretariado de Misiones en Washington, D.C. Su autor ocupó la primera fila en el Partido Comunista británico, aunque ‒como él mismo confiesa‒ abandonó este proyecto en los años cincuenta del pasado siglo XX para acercarse al catolicismo.


Como formar dirigentes


El libro de Douglas Hyde, no es uno de estos títulos tan socorridos hoy en día de «cómo ganar un concurso de pesca en diez días». Ciertamente el Cursillo de Cristiandad despierta una auténtica inquietud por los demás Se le he dicho a quien ordinariamente ha hecho el hallazgo gozoso de un Dios amigo que sus hermanos le esperan. Desea ser dirigente. Desea darse. Falla muchas veces el cómo darse y sobre todo, cómo enseñar a que los demás se den. Misión primordial de las Escuelas de Dirigentes que están afincadas ya en todas las partes del mundo. Este libro quiere ser un buen empujón a quienes se están cansando «con el cansancio de los buenos». A quienes hicieron mucho, quizá trabajaron como diez, pero nunca se les ocurrió que podrían hacer trabajar a diez. Por eso, en la hora diaria del examen de conciencia, el buen dirigente se pregunta: «¿Que he hecho hoy que habría podido hacer realizar a otro?».
 
Douglas Hyde, hace como un viejo y querido sacerdote hacia en mi parroquia. El muy cuco nos explicaba historietas a toda le chiquillería antes del Rosario. La gente era mucho más puntual al templo y sobre todo, al socaire de los peques, recibían el sermón los mayores. «Corno formar dirigentes» es un libro que a primera vista pueda parecer escrito como manual de comunismo. No hay tal. Es el sermón del cura. Para que nosotros aprendamos. Para que en muchos aspectos de nuestra religión sepamos llevar a la práctica una palabra muy apostólica: EFICACIA.
PRESENTACIÓN

Centenares de libros han sido escritos sobre lo que hay de erróneo en el comunismo. Este libro da todo esto por sabido y pretende exponer todo lo que los comunistas pueden enseñarnos. A pesar de todos los errores del comunismo como doctrina, el movimiento comunista ha destacado con éxito en el modo como ha sabido encender a sus seguidores para que se lanzasen «a cambiar el mundo». «COMO FORMAR DIRIGENTES», es un estudio detallado de los métodos que los comunistas usan para despertar en sus seguidores este excepcional grado de entrega. Examina las técnicas para promover y mantener esta dedicación durante años, y describe paso a paso el proceso mediante el cual cualquier insospechada potencialidad para dirigentes es desarrollada y usada con efectividad.

El Editor


PRÓLOGO

Para comprender la intención de este libro es preciso conocer su origen y evolución. Empezó como un intento para responder desde mi propia experiencia a la pregunta que suele formularse tan a menudo. 

«¿Por qué los comunistas son tan entregados y tienen tanto éxito como dirigentes mientras que en los demás movimientos frecuentemente no es así?».
Fui llamado para contestar a esta pregunta en una serie de conferencias pronunciadas a modo de seminarios de instrucción de dirigentes, en la convención anual del Secretariado de Misiones en Washington. Estaban presentes centenares de religiosos y dirigentes en potencia provenientes de casi todas las partes del mundo, especialmente de Asia, África y Latinoamérica. Los organizadores me instaron a que hablase de un modo tan libre como lo deseara, ya que el propósito era examinar porqué los católicos eran débiles y por contraste los comunistas fuertes. Les tomé la palabra y no quise eludir ningún golpe. Esto explica porqué en este libro —escrito en forma vivencial más que como libro de texto— intento acentuar el éxito comunista y la debilidad católica. 

El seminario original fue oportuno adaptarlo a las necesidades de otras organizaciones, Católicas y no-Católicas. Espero que en su forma actual «Formación de dirigentes» pueda ofrecer algo nuevo al hombre interesado en la psicología comunista y en particular a todo el que crea que hay una urgente necesidad de formación de dirigentes en el mundo no-comunista. Por encima de todo este libro pretende ser un desafío a quien diga lo contrario.

DOUGLAS HYDE

¿Le puede enseñar algo un comunista a un católico?

«No temas, porque yo estoy contigo, 
no te inquietes, porque yo soy tu Dios; 
yo te fortalezco y te ayudo,
yo te sostengo con mi mano victoriosa»
Isaías 41,10

El paso de la Iglesia a la militancia comunista fue un hecho bastante extendido en nuestro país hace algunos años en determinados ambientes, pero no abundan los testimonios al respecto y todavía falta la obra de referencia que permita entender los mecanismos a través de los cuales la Iglesia perdió fieles que pasaron a engrosar las filas de las más variadas formaciones de extrema izquierda.
Son más frecuentes las narraciones en sentido contrario: la conversión del comunista. Douglas Hyde, líder del Partido Comunista británico (CPGB), abandonó la severa militancia marxista (nada que ver con la tradicionalmente ociosa de los socialistas) y dedicó algunos años al servicio de la Iglesia explicando por qué los comunistas eran tan eficaces propagando su tóxica ideología y qué enseñanzas se podían deducir de ello para aplicarlas a la evangelización.

Hyde nació en el Reino Unido, en 1911, poco antes de la revolución que daría el poder a los comunistas en Rusia, y murió en 1996, cuando la Unión Soviética era ya algo más que un cadáver enterrado en el cementerio de los horrores de la Historia. Educado en un hogar metodista,estuvo casado, tuvo cuatro hijos y ejerció el periodismo.
Douglas Hyde, «Douggie», militó en el Partido Comunista británico durante 20 años y alcanzó puestos importantes en su estructura. La labor más importante que desarrolló fue la dirección del periódico oficial del partido, el Daily Worker, tarea en la que destacó, convirtiendo aquel panfleto en un diario de gran difusión, que llegó a los 120.000 ejemplares cada día.
En 1948, con Stalin todavía en el poder, Hyde abandonó el PC, se convirtió al catolicismo y dedicó los años siguientes a servir a la Iglesia explicando su propia experiencia y extrayendo de ella conclusiones prácticas aplicables a la propagación de la fe. También siguió ejerciendo el periodismo en las páginas del semanario Catholic Herald.

En su autobiografía, Hyde cuenta de esta manera su conversión:

«Yo creía que todos los sacerdotes, monjas y monjes eran inmorales, que los jesuitas eran siniestros y criminales. Y seguía conservando mis prejuicios comunistas.
En el partido sosteníamos que la población católica representaba la parte más atrasada, inculta y políticamente moribunda del pueblo y que los católicos estaban hundidos en la superstición y gobernados, sin esperanza de liberación, por los curas.
Un día, al salir de la oficina, entré en una iglesia católica. Permanecí una hora sentado en la oscuridad, iluminada sólo por la vacilante llama de las velas del altar. A la mañana siguiente volví teniendo cuidado de que no me viera nadie.
Cuanto más veía aquella iglesia, más me gustaba. Pero seguía sin poder rezar. Era ridículo y degradante arrodillarse, un signo de sumisión, de rendimiento,de humildad.
Era como hablar con alguien que no estaba presente, que ni siquiera existía. Pero yo seguí yendo día tras día, noche tras noche.
Una mañana sucedió algo. Estaba sentado en la penumbra de Santa Etheldreda, en el último banco, como de costumbre, cuando entró una joven de unos dieciocho años, pobrement e vestida y no muy agraciada.

Me pareció que sería una criada irlandesa. Al pasar por mi lado vi la expresión de su rostro:estaba preocupada.
Como yo, tenía evidentemente alguna grave preocupación. Con paso decidido avanzó por el centro de la iglesia hacia el altar, después giró hacia la izquierda, encaminándose aun reclinatorio en el que se arrodilló delante de Nuestra Señora, después de haber encendido una vela y echado unas monedas en la alcancía.
A la luz de la llama de la vela pude ver cómo sus manos pasaban unas cuentas y cómo inclinaba la cabeza de vez en cuando. Aquella era una práctica católica que yo desconocía. Aquel era el mundo de la fe. Aquel era el mundo que yo buscaba.

¿Era una superstición? ¿Era el mundo propio de los salvajes? Al pasar a mi lado, cuando salía, miré el rostro de la joven. Fuera cual fuera, su preocupación había desaparecido. Sencillamente desaparecido. Y yo hacía meses y años que llevaba a cuestas el peso de la mía.
Cuando estuve seguro de que nadie me veía, me encaminé casi como un perro por el centro de la iglesia como ella había hecho. Al llegar al altar, giré a la izquierda, eché unas monedas en la alcancía, encendí una vela, me arrodillé en el reclinatorio e intenté rezar a Nuestra Señora.
Si iba a ser supersticioso y empezaba a rezar a alguien que no estaba allí, bien podría dar un paso más en mi superstición y rezar a una imagen.

¿Pero cómo se rezaba a Nuestra Señora? Yo no lo sabía. ¿Se rezaba a Ella o por medio de Ella, como si fuese una intermediaria? ¿Se contemplaba la imagen para ver la realidad que había tras ella o había que dirigir las palabras solamente a la imagen? Tampoco lo sabía.
Intenté recordar alguna oración dedicada a Ella de la literatura medieval o algo de los poemas de Chesterton o Belloc. Pero fue inútil...

Fuera de la iglesia traté de recordar las palabras que había pronunciado y casi me eché a reír. Eran la letra de una música de baile del año veinte, de un disco de gramófono que había comprado en mi adolescencia: "Oh dulce y encantadora señora, sed buena. Oh Señora, sed buena conmigo".

A las ocho y media de la noche del 17 de enero de 1948 telefoneé al colegio de los jesuitas de nuestro barrio para bautizar a nuestros dos hijos y nuestra instrucción comenzó bajo la dirección del Padre Joseph Corr, un santo y culto anciano jesuita del norte de Irlanda, que comenzó su tarea sin hacernos más preguntas. Tardó semanas en saber quién era yo».

El libro que tienes en las manos resulta particularmente útil en dos sentidos concretos. Por un lado traza un panorama muy preciso y exacto, casi se diría que naturalista, de los códigos de comportamiento de los militantes comunistas desde el final de la segunda guerra mundial hasta los años 60, y aporta un análisis que mantiene su validez hasta las postrimerías del régimen soviético y la caída del Muro. Si quieres entender hoy a la izquierda, lo que significa ser de izquierdas y los valores y principios que empapan esa ideología, esta obra es de una grandísima utilidad. A pesar de que, en nuestros días, la izquierda de la que habla Hyde se haya perdido, sustituida por un deshecho de mediocridad, vulgaridad y estupidez, al que sus seguidores, a falta de propuestas ideológicas específicas, denominan «progresismo».

Pero además Compromiso y liderazgo permite extraer jugosas conclusiones acerca del activismo, en especial sobre cómo hacer más eficaz la movilización y la implicación ciudadana en la vida pública, conclusiones que se pueden trasladar con gran provecho al quehacer de las organizaciones sociales de nuestros días. Los métodos de trabajo, las técnicas de propaganda, los resortes que mueven a las personas ala acción y ala entrega a una causa,son perfectamente válidos, se trate de un partido comunista o de una asociación de defensa de las libertades. En este sentido, este libro es una suerte de útil «catecismo» para el activismo cívico.

Y antes de entrar en asuntos más morbosos, una aclaración y una cita episcopal.
La aclaración: prepárate unos litros de tila si eres de los que, sin conocer en profundidad el marxismo, notas cómo la cabeza empieza a dar vueltas alrededor de tu cuello cada vez que oyes la palabra «comunismo». Si padeces ese síntoma quiero avisarte de antemano: en lo que vas a leer a continuación y en el texto que sigue de Douglas Hyde no vas a encontrar una apología anticomunista en la que refocilarte. Este no es un libro anticomunista, ni una apología de los males endémicos de la izquierda.

En estas páginas encontrarás primero un modesto análisis de las razones por las cuales quien escribe,junto a muchos otros, cambiamos la fe católica por la militancia comunista y estuvimos convencidos de que hacíamos lo correcto. Y sobre todo hallarás una profunda disección de los métodos de actuación que los comunistas utilizaron cuando sus partidos eran las organizaciones sociales más activas e influyentes del mundo.

Así pues esta obra tiene como fin ayudarte a ser más eficaz a la hora de movilizar en favor de tu causa. Y ahora la cita episcopal. Pertenece Monseñor Cortés Soriano, vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y universidades de la Conferencia Episcopal Española y presidente de la Subcomisión de universidades de la CEE. Dice así:
«La doctrina marxista ofrecía tantos puntos en común con el compromiso cristiano sobre el mundo, que muchos cristianos la asumieron como instrumento de transformación social».

¿El comunismo tiene mejores técnicas que el cristianismo? (Tertulia HO)

HUMANOS – Un himno para cambiar el mundo

sábado, 26 de abril de 2025

REVISTA "LA CASA DE NUESTROS PADRES": UN PASEO NOSTÁLGICO POR LO QUE NOS LEGARON NUESTROS MAYORES 👪👦👧👨👩👴👵


LA CASA DE NUESTROS PADRES
Un paseo nostálgico por los valores, 
los principios, las normas y tradiciones 
del mundo que nos legaron nuestros mayores

Revista Naves en Llamas Nº 8: 
Crónicas y análisis desde el fin de Occidente

 Raúl González Zorrilla

La Revista Naves en Llamas, que se ha convertido en uno de los grandes referentes informativos del pensamiento conservador en castellano, alcanza su octavo número. En este número especial de Navidad, que se abre con una magnífica ilustración que el inolvidable dibujante y pintor norteamericano Norman Rockwell realizó en 1950, la publicación, de la mano de algunos de los ensayistas españoles más destacados del momento, recorre lo que define como "la casa de nuestros padres". O, lo que es lo mismo: un espacio nostálgico donde se aglutinan los valores, los principios, las normas y las tradiciones que construyeron el mundo que nos legaron nuestros mayores, y que hoy parecen licuarse ante nuestros ojos a velocidad de vértigo.
La revolución del Varón Dandy

Mis recuerdos de la infancia huelen a café recién hecho, a biz­cochos dorándose en el horno y a vapores de eucalipto en una cocina que era el corazón de todos y de todo. Mis recuerdos de la infancia tienen de fondo la voz de mi madre charlando con las vecinas, la sintonía del con­sultorio de Elena Francis que permanentemente sonaba en la radio del aparador, las canciones de Nino Bravo que se repetían una  y otra vez en el radiocasette del coche familiar y los discos de Fórmula V que buscaba en los mercadillos de las fiestas de los pueblos. Mis recuerdos de la infancia tienen el sabor del cocido madrileño que en los inviernos oscuros y siempre húmedos del norte preparaba nuestra yaya, de la merluza a la parrilla que cocinaba mi padre en una auténtica ceremonia cotidiana en la que él era rey y vasallo a la vez y de los polvorones que siempre llegaban por Navidad. Mis recuerdos de la infancia son imágenes cada vez más borrosas de mis padres vestidos de domingo para salir a tomar el vermut, de mi tío Julio, perfumado a rebosar de Varón Dandy, ataviado con su eterna gabardina marrón, su inmenso maletín negro y un Farias inagota­ble colgando de la boca, llegando a casa siempre protestando porque lo que veía en la calle ya casi nada tenía que ver con lo que él había cono­cido en su amada tierra castellana...

Ahora, muchos años después de aquellos tiempos idos ya para siempre, cuanto más me esfuerzo en rememorar cómo era el hogar donde viví los primeros años de mi vida, más claramente comprendo que el universo de aromas, sabores, sonidos y visiones que conformó nuestra infancia y nuestra primera juventud estaba también repleto de una larga ristra de valores, saberes, costumbres, tradiciones, principios y normas que pa­cientemente, y en ocasiones también involuntariamente, nos transmitían nuestros mayores y que son los que, en tiempos muy difíciles, hablan conseguido convertir el mundo, en general, y nuestro mundo, en particu­lar, en un lugar infinitamente mejor que el que ellos habían recibido de sus antecesores.

De este modo, junto a los vahos de Brummel y del Agua de Colonia Concentrada Álvarez Gómez viajaba nuestro primer contacto con la hon­radez, la decencia y la dignidad y, sobre todo, aquellos aromas alumbra­ban una realidad en la que nuestros padres y abuelos, con mucha menos riqueza que nosotros a su alrededor, distinguían claramente a las víctimas de sus verdugos, valoraban como un tesoro el acceso a la educación que ellos apenas habían disfrutado, reconocían a un bribón en cuanto lo te­nían delante, sabían el significado de un apretón de manos y conocían la justa medida, la importancia exacta y los límites claros de palabras como democracia, libertad, tolerancia, justicia o progreso. Todavía no había caído el Muro de Berlín y, por ello, aún no había comenzado la venta generalizada de compromisos, el toma y daca de principios e ideas y la quiebra de las grandes ideologías referenciales del pasado siglo XX, cu­yo estrepitoso hundimiento abriría el camino al mundo distópico que hoy arde impenitentemente ante nuestros ojos.

Occidente ha crecido, se ha desarrollado y se ha convertido durante cen­turias en el faro del mundo levantándose sobre la fuerza del individuo, de los derechos y deberes de cada persona, pero también haciéndose fuerte en una inquebrantable estructura familiar que, siguiendo poderosas estir­pes, engarza con nuestros más remotos antecesores y que, a lo largo de los siglos, se ha visto reforzada por la solidez y consistencia que la filo­sofía griega, el conocimiento romano y la espiritualidad cristiana han proporcionado a esta institución troncal para el desarrollo colectivo. Hoy, cuando todo lo que un día levantó nuestra civilización parece encontrarse en liquidación por derribo, bajo múltiples fuegos cruzados o en el más completo abandono, vemos cómo la familia, en su papel de piedra angu­lar de nuestras sociedades, es la principal pieza a abatir por todos aque­llos que desde visiones, intereses y puntos de vista muy diferentes, con­vergen y coinciden en un objetivo común: acabar lo más rápidamente posible con eso que la nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha definido como "estilo de vida europeo", aunque poste­riormente haya tenido que pedir perdón por semejante "atrevimiento".

En este sentido, las elites empresariales y económicas, abrazadas en el "capitalismo woke" o en el "capitalismo políticamente correcto" que po­ne el planeta en manos de personajes de sainete como Greta Thunberg con el fin de poder continuar haciendo lo que les resulte más interesante para sus cuentas de resultados; los nuevos bárbaros neocomunistas que tratan de conquistar Hispanoamérica y Europa impulsados por el marxismo cultural difundido desde el Foro de Sao Paulo; el islam políti­co y económico que arrasa Occidente devorando nuestros valores y prin­cipios más sólidos con la fuerza de un tsunami alimentado incansable­mente con millones de petrodólares; y, en fin, el totalitarismo socialdemócrata que quiere convertir nuestras sociedades en un gigantesco proyecto de ingeniería política y cultural, saben, todos ellos, que las familias tradicionales, como si fueran las neuronas más activas del cuerpo social, son las que almacenan la memoria de nuestro pasado, nuestras tradiciones, nuestras costumbres, nuestras creencias y, en fin, todo el acervo ético, ideológico, intelectual y emocional que forma parte de nuestra geografía moral colectiva, desde Lisboa a Estocolmo y de Lon­dres a Moscú. 

Y, por ello, quieren acabar con esas mismas familias sub­vencionando sin concesiones el aborto extremo, promocionando la ideo­logía de género hasta la extenuación, impulsando los matrimonios del mismo sexo, eliminando la figura del padre de la ecuación procreadora, ridiculizando el instinto maternal, alentando el invierno demográfico, pennitiendo la difusión de la poligamia que llega de la mano de un ince­sante y bien engrasado flujo migratorio que tiene su origen en múltiples países musulmanes y, sobre todo, bailando el concepto de 'familia natu­ral' de una pátina de radicalismo, extremismo, intolerancia y "ultradere­chismo" que actúa como un disolvente perfecto para licuar esa trinidad que ya casi no se puede nombrar padre-madre-hijos.

Pero, sobre rodo, al dinamitar la familia tradicional, buscan acabar con el legado de nuestros antecesores para que los mandarines del nuevo orden mundial, ya saben, los turbocapitalistas tradicionales, los tecnócratas so­cialdemócratas, los funcionarios contados a miríadas, Jos matones de extrema-izquierda que hacen el trabajo sucio a todos los anteriores y los ejércitos islamistas bien subvencionados también por todos los anterior­mente citados, puedan a comenzar a recrear una realidad virginal mol­deada a su medida, sin pasado, sin tradición, sin nostalgia y sin anales ni legados a los que atender y rendir respeto. El sociólogo canadiense Ma­thieu Bock-Côté, lo explicaba perfectamente en el número anterior de Naves en Llamas: 
"La tentación totalitaria que se está desplegando hoy en día significa alejamos de la antigua civilización occidental y obligar­nos a una utopía diversitaria que dará a luz al nuevo hombre, sin raíces ni sexo, sin naturaleza ni cultura, sin padres o hijos, y perfectamente ma­leable de acuerdo con los métodos de la ingeniería de la identidad".
Efectivamente, eslc es el porvenir que están tratando de conformar para nuestros vástagos, un mañana volteado y alienante donde las ideas con­servadoras serán castigadas con la cárcel, donde el sentido común más elemental, como heredero privilegiado de una larga cadena de conoci­mientos transmitidos de padres a hijos, será arrumbado a los manicomios estatales y en el que día tras día todo será impenitentemente nuevo, reno­vado, reciente, actual y moderno. Vayan preparándose para entrar en ac­ción, porque cuando la quimera tiránica que tantos de entre nosotros están empeñados en poner en marcha se convierta en una realidad inelu­dible habrá de nacer una nueva Resistencia que reconocerá a los suyos en pequeños detalles que serán como linternas identificativas entre la llovizna totalitaria que nos calará hasta los huesos: una mano de mujer que tenuemente roza la mano de un hombre, un árbol de Navidad apenas vis­to en un jardín, un niño que juega con un viejo fuerte Comansi de vaque­ros e indios mientras su hermana peina a una estilizada muñeca Nancy, el humo poderoso de un asado de carne trabajado en la intimidad de una cocina recóndita, una pequeña cruz disimulada en el pecho, un flyer con la imagen de una modelo en bikini o, simplemente, la contraseña XXv­ XYp ('Las niñas tienen vulva y los niños, pene), que correrá solamente entre los canales más codificados, secretos y privados. Cosas como estas serán las que llamen a la acción. Que no les quepa duda: la siguiente Re­conquista, que también será conocida como la Revolución del Varón Dandy, comenzará un no muy lejano mes de diciembre, cuando unas po­cas familias, que luego serán muchas, levantarán un nacimiento sexista mientras cantan un villancico discriminador en un mercadillo navideño que, por supuesto, será ilegal.

Felíz Navidad.

 
Dégénération - DEGENERACIÓN (Mes aïeux) (Subtitulada)


Degeneration
Mes Aïeux

Degeneración

Tu tatarabuelo limpió la tierra
Ton arrière-arrière grand-père il a défriché la terre
Tu bisabuelo aró la tierra
Ton arrière-grand-père il a labouré la terre
Y entonces tu abuelo hizo la tierra rentable
Et puis ton grand-père a rentabilizé la terre

Y entonces tu padre vendió para convertirse en funcionario
Et puis ton ton père il a vendu pour devenir fonctionaire
Y entonces tu pequeño no sabes lo que vas a hacer
Et puis toi mon petit gars tu sait plus se que tu vas faire
En su pequeño tres y medio demasiado caro, 
frète en invierno
Dans ton petit trois et demi bien trop chère, frète en hiver
Se trata de usted del deseo de convertirse en un propietario
Il te vient des envie de devenir propriètaire
Y sueñas en la noche con tener tu pequeño pedazo de tierra
Et tu rêve la nuit d'avoir ton petit lopin de terre

Tu tatarabuela tuvo catorce hijos
Ton arrière-arrière-grand-mère elle a eu quatorze enfants
Tu bisabuela tenía casi tantos
Ton arrière-grand-mère en a eu quasiment autant
Y luego tu abuela tenía tres, eso fue suficiente
Et puis ta grand-mère en a eu trois c'tait suffisant
Entonces tu madre no lo quería, fuiste un accidente
Puis ta mère en voulait pas; toi t'étais un acciden
Y luego tú, mi niña, cambias de pareja todo el tiempo
Et puis toi ma p'tite fille tu change de partenaire tout le temp
Cuando haces basura, te salías con un aborto
Quand tu fait des conneries tu t'en sors en avortant
Pero hace la mañana te despertaste llorando
Mais ya des matin tu te reveille en pleurant
Cuando sueñas en la noche de una gran mesa rodeada de niños
Quand tu rêve la nuit d'une grande table entouré d'enfants

Tu tatarabuelo ha vivido la gran miseria
Ton arrière-arrière-grand-père a vécu la grosse misère
Tu bisabuelo recogió los Black Cennes
Ton arrière-grand-père il ramassait les cennes noir
Y entonces tu abuelo, milagro, se convirtió en millonario allí
Et puis ton grand-père, miracle, y est devenu millionaire
Tu padre lo heredó y lo puso todo en su RRSP
Ton père en a hérité et l'a toute mis dans ses REER
Y entonces, joven, le debes el trasero al ministerio
Et puis toi p'tite jeunesse tu dois ton cul au ministère
No hay forma de tener un préstamo en una institución bancaria
Pas moyen d'avoir un prêt dans une institution bancaire
Para calmar tus antojos de atracar al cajero
Pour calmer tes envies de hold-uper la caissière
Usted lee libros que hablan de simplicidad voluntaria
Tu lis des livres qui parlent de simplicité volontaire

Tus tatarabuelo sabían cómo celebrar
Tes arrière-arrière-grand-parents il savaient comment fêtez
Tus bisabuelos se arremolinaron fuerte en la estela
Tes arrière-grand-parents ça swignait fort dans les veillées
Entonces tus abuelos conocían la era del yé-yé
Puis tes grand-parents on connu l'époque yé-yé
Tus padres eran disco. Ahí es donde se conocieron
Tes parents c'etait les disco c'est là qu'ils se sont rencontrés
Y luego, amigo mío, ¿qué haces con tu noche?
Et puis mon ami qu'est-ce tu fais de ta soiré
Apaga el televisor. No te quedes atascado
Éteint donc ta TV, faut pas rester encabanné
Cada hora que en la vida hay cosas que se niegan a cambiar
Heuresement que dans la vie y a des choses qui refusent de changer
Ponte tu mejor ropa porque vamos a bailar esta noche
Enfile tes plus beaux habits car nous allons ce soir danser

MY FAMILY MY LOVE por Charlie Peacock


VER+:



viernes, 25 de abril de 2025

LIBRO Y PELÍCULA "SIEMPRE SERÁS MI HIJO (BEAUTIFUL BOY)": PADRE CORAJE 👪💕


Duele tanto no poder salvarlo, protegerlo, 
mantenerlo alejado del camino 
del sufrimiento, escudarlo de su dolor. 
¿Para qué sirven los padres si no para esas cosas? 


«Beautiful Boy (Darling Boy)» «Niño Lindo (Adorado Niño)» es una canción escrita e interpretada por John Lennon.
La letra de "Beautiful Boy (Darling Boy)"contiene la famosa cita de Lennon "La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes"

Una historia contada a través de dos puntos de vista: el de Nic (Timothée Chalamet en la ficción) y el de su padre David (Steve Carell). Conocemos aquellos años porque sus protagonistas los narraron con detalle en los dos libros –'Tweak', de 2007; y 'Mi hijo precioso (Beautiful Boy)', de 2008– en los que se ha basado el filme del cineasta belga Felix van Groeningen.

Beautiful Boy comienza con David Sheff (Steve Carell) recogiendo un libro en la habitación de su hijo desaparecido. Es una copia de "The Beautiful and Damned" de F. Scott Fitzgerald. El hermoso y condenado en cuestión es su hijo, Nic Sheff (Timothée Chalamet), un estudiante de último año de secundaria con todo por delante; inteligente, querido y con una familia estable y amorosa. Nic es el tipo de chico que está destinado a tener éxito en la vida. En cambio, Beautiful Boy cuenta la historia de la vida real del descenso de Nic a la adicción a la metanfetamina. Basada en dos memorias del periodista estadounidense David Sheff y su hijo, Beautiful Boy es la historia de cómo Nic perdió el control de su adicción a las drogas y cómo David perdió a su hijo por la adicción.
La cinta, como la vida real, se mueve entre el drama con escenas felices de familia de clase media-alta y oscuras estampas de drogadicción. Entre todas ellas hay una que aún persigue a Nic Sheff. Ocurrió en uno de sus regresos a casa desde la universidad. Su familia pensaba que estaba limpio. Se pasó el día jugando con sus hermanos, de hecho. Sin embargo, por la noche roba los ocho dólares que el pequeño Jasper guardaba en su cerdo hucha y los utiliza para comprar metanfetamina.

Mi escritura comenzó con un artículo acerca de nuestra experiencia familiar que envié a "The New York Times Magazine". Me aterrorizaba la idea de invitar a la gente a nuestra pesadilla, pero me sentí obligado a hacerlo. Sentí que valía la pena contar nuestra historia si con ello ayudaba a otras personas de la misma manera que Lynch y otros escritores me habían ayudado a mí. Lo discutí con Nic y con el resto de la familia. A pesar de que ellos me alentaron, me sentía nervioso por exponer a nuestra familia al escrutinio y juicio públicos. Pero la reacción al artículo me dio valor y, de acuerdo con Nic, a él le dio inspiración. Un editor de libros se puso en contacto con él y le preguntó si estaría interesado en escribir una remembranza acerca de su experiencia que inspirara a otros jóvenes en la lucha contra sus adicciones.
Por entonces, Nic estaba limpio y los dos comenzaron a escribir a la vez sus libros. "Fue un proceso curativo para ambos. Escribíamos al mismo tiempo, aunque no lo hacíamos juntos", recuerda Nic. 
"De hecho, yo acabé recayendo en las drogas a mitad de mi libro. No nos vimos ni hablamos durante al menos un año y cuando volví a contactar con él, cuando yo estaba sobrio de nuevo, él había terminado 'Beautiful Boy' y yo 'Tweak'. Nos los mandamos y los leímos; fue un proceso esclarecedor. Nos ayudó a seguir adelante".
David, de 63 años, ya había superado el mantra que repiten a los familiares de adictos, la teoría de las tres C"Tú no lo causaste, tú no lo puedes controlar y tú no puedes curarlo". 
Ya no se culpaba, pero cuando leyó el libro de su hijo y vio por todo lo que había pasado por su adicción a la metanfetamina abrió aún más los ojos. 
"Leerlo fue muy duro. Ver el dolor que sufrió Nic fue abrumador", explica.
"Al mismo tiempo, también fue muy útil porque me ayudó a darme cuenta de que él no lo escogió. Hasta ese momento, como la mayoría, yo pensaba que un adicto no se preocupa por nadie ni por nada más que colocarse. Leer su libro fue muy liberador".

Desde entonces, predica con la única verdad que, dice, se repite siempre con esta enfermedad: "Las drogas son un síntoma, no la causa". Al otro lado, Nic también comprendió el dolor que había infligido a su familia intentando ensordecer el suyo con los narcóticos: "La metanfetamina era la única droga que me protegía de mis inseguridades".
Nic volvió a recaer. En 2011 resurgió otra vez porque ni su padre ni el resto de su familia le abandonaron. Y de nuevo hizo terapia escribiendo: en su artículo 'Breaking Dad' (The Fix, agosto de 2011) y en su segundo libro, 'We All Fall Down' (Todos caemos). "No recaí tan mal como las veces anteriores. Y definitivamente no, no lo disfruté tanto", escribió. "No había nada de divertido en colocarse. Sabía el daño que estaba causando. Era imposible seguir mintiéndome". Admitió que la adicción era una enfermedad mental con la que tendría que luchar siempre.

Crisis social

En los diez años que han pasado desde que los Sheff publicaron sus libros, el consumo de opiáceos en EE UU ha crecido hasta convertirse en una "emergencia de salud pública", como la define el gobierno de Trump. En 2017, 72.000 personas murieron por sobredosis y se calcula que unos cuatro millones tienen algún tipo de desorden con drogas como heroína, cocaína, metanfetamina y fentanilo. El 80% de los adictos a alguna de estas sustancias ha llegado después del abuso de calmantes recetados.
Con sus libros y charlas, los Sheff se han convertido en puntas de lanza en la lucha contra esta epidemia. Ahora publican un nuevo libro juntos, 'High', para rastrear las causas. 
"Esperamos mostrar que la adicción no discrimina, da igual de qué clase socioeconómica vengas. En EE UU hay famosos que han muerto por sobredosis, gente que tiene todo el dinero y poder del mundo y que, presupones, podría haber evitado acabar así", señala Nic.

Saben que la película es un medio "aún más poderoso" para "concienciar al público e inspirar conversaciones". Igual que fue aún más difícil para ellos verse en pantalla que leerse en papel. "Aunque lo había vivido de cerca, ver de un modo tan real lo que Nic se hizo fue una experiencia demoledora", confiesa David con la voz quebrada. "Asistir al pase con mi mujer, los actores y 3.000 personas más en Toronto fue terriblemente doloroso, aunque también conmovedor". Y salta Nic, que no aguantó ver la película de nuevo en ese entorno: "Fue un recordatorio de la suerte que tenemos. Y hoy estamos más unidos que nunca. Sobrevivimos juntos a eso. Sobreviví a todo".

(BEAUTIFUL BOY)
¿Qué le pasó a mi hijo? ¿A nuestra familia? ¿En qué me equivoqué? Esas son las tormentosas preguntas que acompañan a David Sheff en su viaje a través de la adicción a las drogas y los intentos de desintoxicarse de su hijo Nic. Antes de hacerse adicto, Nic Sheff era un niño encantador, alegre y simpático. Adorado por todos, era un buen estudiante y un gran atleta. Pero las metanfetaminas lo transformaron en un tembloroso espectro que mentía, robaba y que llegó a vivir en las calles. En estas páginas, David Sheff traza las primeras señales de alarma y la negación ante el problema, así como su propia preocupación obsesiva por Nic, que se convirtió en otro tipo de adicción con consecuencias igualmente trágicas. «Este libro es para las personas que han dedicado sus vidas a entender y luchar contra las adicciones. Para ellos y sus familias: a las personas que comprenden la historia de mi familia porque la han vivido y todavía la viven. Y a padres como yo». DAVID SHEFF
Nic consumió drogas de manera intermitente durante más de una década. A lo largo de ese tiempo creo que sentí, pensé e hice casi todo lo que el padre de un adicto siente, piensa y hace. Incluso ahora sé que no existe una sola respuesta correcta, ni siquiera un mapa claro para los familiares de un adicto. Sin embargo, en nuestra historia espero que exista cierto solaz, cierta guía o, si no hay nada más, al menos cierta compañía. También espero que la gente pueda echar un vistazo a algo que parece imposible durante muchas etapas de la adicción de un ser amado. Con frecuencia se cita a Nietzsche por decir: “Lo que no nos mata, nos hace más fuertes”. 
Ésta es una verdad absoluta en lo que se refiere a los familiares de un adicto. No sólo sigo de pie, sino que sé más y siento más de lo que alguna vez pensé que era posible. 

Al contar nuestra historia resistí la tentación de adelantarme porque hubiera resultado calculador y no le hubiera servido a nadie que atraviese por esta situación el hecho de anticipar cómo se desarrollarán los acontecimientos. Yo nunca supe lo que sucedería al día siguiente. Me he esforzado por incluir los sucesos principales que dieron forma a Nic y a nuestra familia, lo bueno y lo devastador. Muchos de ellos me sobrecogen. Repudio muchas de las cosas que hice y, de la misma manera, muchas de las cosas que no hice. A pesar de que todos los expertos repiten con gentileza a los padres de adictos: “Ustedes no lo causaron”, yo no me he liberado del anzuelo. 
Con frecuencia siento que le fallé a mi hijo por completo. Al admitir lo anterior no espero simpatía ni absolución; en cambio, sólo establezco una verdad que será reconocida por la mayoría de los padres que han vivido esta experiencia. Una persona que escuchó mi historia expresó perplejidad ante el hecho de que Nic se convirtiera en adicto al decir: “Pero tu familia no parece ser disfuncional”. 

Somos disfuncionales, tan disfuncionales como cualquier otra familia que conozco. A veces más, a veces menos. No estoy seguro de conocer ninguna familia “funcional”, si funcional significa una familia sin periodos difíciles y sin miembros que tengan un rango completo de problemas. Como los mismos adictos, las familias de los adictos son todo lo que cabría esperar y todo lo que no cabría esperar. Los adictos provienen tanto de hogares rotos como de hogares intactos. Son perdedores de carrera larga y grandes éxitos. En las reuniones de Al-Anón y de AA es común escuchar acerca de los inteligentes y encantadores hombres y mujeres que sorprendieron a todos a su alrededor al convertirse en escoria. 

“Eres demasiado bueno para hacerte esto a ti mismo”, le dice un doctor a un alcohólico en una historia de Fitzgerald. Mucha, mucha gente que conoce bien a Nic ha expresado sentimientos similares. Alguien dijo: 
“Él es la última persona a quien hubiera podido imaginar que le sucedería esto. No a Nic. Él es demasiado sólido e inteligente”. También sé que los padres tenemos una memoria discreta que bloquea cualquier cosa que contradiga nuestros recuerdos editados con tanto cuidado, lo cual es un comprensible intento por escapar a la culpa. Por el contrario, los hijos tienen una fijación indeleble a los recuerdos dolorosos porque han dejado huellas más profundas. Espero no ser indulgente en mi revisión paterna al decir que, a pesar de mi divorcio de la madre de Nic, a pesar de nuestro cruento acuerdo de custodia a larga distancia y a pesar de todas mis carencias y errores, gran parte de los primeros años de Nic fueron encantadores. Nic confirma lo anterior, pero tal vez sólo desea ser amable. Esta reconstrucción de hechos, cuyo fin es dar sentido a algo que no lo tiene, es común entre los familiares de los adictos, pero eso no es todo lo que hacemos.

Negamos la severidad del problema de nuestro ser querido, no porque seamos ingenuos, sino porque no podemos saber. Incluso para las personas que, a diferencia de mí, nunca consumieron drogas, es un hecho innegable que muchos, más de la mitad de los chicos, las probarán. Para muchos de ellos las drogas no tendrán un impacto negativo importante en sus vidas. No obstante, para otros el resultado será catastrófico. Nosotros los padres hacemos todo lo posible y consultamos a todos los expertos, pero a veces no será suficiente. Sólo después del hecho es que sabemos que no hicimos lo suficiente o que lo que sí hicimos estuvo mal. Los adictos se encuentran en estado de negación y sus familiares los acompañan porque con frecuencia la verdad es demasiado inconcebible, dolorosa y aterradora. Pero la negación, a pesar de ser tan común, es peligrosa. Desearía que alguien me hubiera sacudido y me dijera: “Intervén mientras puedas, antes de que sea demasiado tarde”. 

Tal vez no hubiera hecho la diferencia, aunque lo ignoro. Nadie me sacudió ni me dijo eso. Incluso si alguien lo hubiera hecho, es probable que yo no hubiera sido capaz de escucharlo. Quizás es que yo tenía que aprender de la manera dura. Como muchas personas en mis circunstancias, yo me hice adicto a la adicción de mi hijo. Cuando me preocupaba, incluso a expensas de mis responsabilidades con mi esposa y mis otros hijos, lo justificaba. Pensaba: ¿cómo es que un padre no se consume ante la lucha de vida o muerte de su hijo? Pero aprendí que mi preocupación por Nic no le ayudó y tal vez lo lastimó. O tal vez fue irrelevante para él. No obstante, lo que sí es seguro es que lastimó al resto de mi familia y a mí. 

Además de ello, aprendí otra lección que hizo estremecer mi alma: nuestros hijos viven o mueren con o sin nosotros. Sin importar lo que hagamos, sin importar nuestra agonía o nuestra obsesión, no podemos elegir si nuestros hijos vivirán o morirán. Es un aprendizaje devastador, pero también liberador. Al final elegí la vida para mí. Elegí el peligroso pero esencial camino que me permite aceptar el hecho de que Nic decidirá por sí mismo cómo vivirá su vida y si vivirá. Como ya mencioné, no me perdono a mí mismo y, mientras tanto, aún lucho con la medida en que soy capaz de perdonar a Nic. 

Él es brillante, maravilloso, carismático y amable cuando está sobrio pero, como cualquier adicto sobre el cual haya escuchado, se convierte en un extraño cuando está drogado: 
distante, absurdo, autodestructivo, quebrantado y peligroso. Me he esforzado por conciliar a estas dos personas. Sin importar la causa (una predisposición genética, el divorcio, mi historia con las drogas, mi sobreprotección, mis intentos fallidos por cuidarlo, mi indulgencia, mi rudeza, mi inmadurez, todas juntas), la adicción de Nic parece tener vida propia. 
He intentado revelar el insidioso estilo de la adicción para infiltrarse en una familia e invadirla. Muchas veces, durante la década pasada, cometí errores debidos a la ignorancia, la esperanza o el miedo.

He intentado relatarlos todos tal como ocurrieron y en el momento en que ocurrieron con la esperanza de que los lectores reconozcan un camino erróneo antes de tomarlo. No obstante, si no lo reconocen, espero que se den cuenta de que no deben culparse por haberlo tomado. Cuando mi hijo nació resultaba imposible imaginar que sufriría como ha sufrido. Los padres sólo desean cosas buenas para sus hijos. 
Yo era el típico padre que pensaba que eso no podría ocurrirnos a nosotros, no a mi hijo. Sin embargo, a pesar de que Nic es único, también es como cualquier hijo. Podría ser el tuyo. 
El lector debe saber que he cambiado algunos nombres y detalles en el libro para ocultar la identidad de las personas que aquí aparecen. 
Comenzaré por el nacimiento de Nic. El nacimiento de un hijo es, para muchas familias si no es que para todas, un suceso transformador pleno de dicha y optimismo. Así lo fue para nosotros.

VER+: