EL Rincón de Yanka: ACOSO

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lunes, 19 de febrero de 2024

EL PADRE MATTHEW DESPARD EN SU LIBRO "EL SACERDOCIO EN CRISIS" ACUSA A LA IGLESIA DE ESCOCIA DE ESTAR DIRIGIDA POR LA MAFIA GAY


Sacerdote autor de un libro contra la ‘mafia gay’ 
denuncia acoso por parte de la jerarquía

El padre Matthew Despard, que escribió el libro "EL SACERDOCIO EN CRISIS" (MAFIA GAY) (Priesthood In Crisis) acusando a la Iglesia católica en Escocia de estar dirigida por una «poderosa mafia gay», dice sufrir acoso por parte la jerarquía eclesiástica, informa la BBC británica.
En 2013, el padre Matthew Despard fue suspendido de sus deberes parroquiales en St John Ogilve en Blantyre, South Lanarkshire, tras escribir el libro "Priesthood in Crisis" (Sacerdocio en Crisis) denunciando que la Iglesia Católica en Escocia estaba en manos de una camarilla de clérigos homosexuales. Y aunque un fallo de un tribunal del Vaticano despejó el camino en 2016 para un posible regreso al ministerio público, no se le permitirá regresar hasta que se disculpe públicamente.
Pero Despard no se arrepiente de haber dicho la verdad, aunque confiesa que los últimos diez años han sido «increíblemente duros». «Le he pedido en privado al obispo Joseph Toal (de Motherwell) una y otra vez que me deje volver a una parroquia, pero me han ignorado», dice. «Es injusto, todavía estoy esperando aquí. No me queda más remedio que hablar públicamente. Siento que la iglesia me ha intimidado y silenciado sistemáticamente».

«El obispo Toal ahora quiere que me disculpe públicamente, pero no veo la razón para pedirlo. No me arrepiento de decir la verdad», añadió. El libro se publicó al mismo tiempo que surgieron acusaciones en torno al cardenal Keith O’Brien, el clérigo católico de mayor rango de Gran Bretaña y jefe de la Iglesia católica escocesa. El cardenal O’Brien, fallecido en 2018 , se vio obligado a dimitir en 2013 en medio de denuncias de conducta sexual inapropiada por parte de tres exsacerdotes y un exsacerdote que se remontan a la década de 1980.
Uno de los acusadores, Brian Devlin, rompió su silencio en 2021 en el libro  "Cardinal Sin": Challenging Power Abuse in the Catholic Church (Desafiando el abuso de poder en la Iglesia Católica) en el que decía que la iglesia estaba acosada por el silencio, los secretos y la «omerta», la palabra italiana para un código de silencio practicado por la mafia:
"Mientras se convocaba el cónclave papal que elegiría al Papa Francisco, un cardenal de la Iglesia Católica quedó expuesto y sufrió una caída monumental en desgracia. Desde entonces, se han enfrentado muchos más clérigos católicos de alto perfil. Uno de los cuatro denunciantes, el ex sacerdote Brian Devlin, relata lo que hizo falta para descubrir la hipocresía sexual del cardenal Keith O'Brien en esta historia interna nunca antes contada. Haciendo el esfuerzo de escribir no desde un lugar de ira y dolor, presenta al Cardenal Sin como una oportunidad para que la Iglesia global aprenda y cambie. Con ideas de largo alcance, el libro ofrece lecciones genuinas para ayudar a evitar futuras historias de terror que involucren a líderes católicos. El autor plantea las preguntas difíciles, analiza las duras respuestas de la jerarquía católica y proporciona formas en que la Iglesia puede sanar y recuperar la confianza de sus fieles. Cardinal Sin: Desafiando el abuso de poder en la Iglesia católica es un trabajo fundamental para comprender cómo reacciona y debe reaccionar la Iglesia católica cuando sus figuras más importantes son cuestionadas".
El padre Despard dijo: «Me siento justificado por algunas de las cosas que han salido a la luz sobre las prácticas históricas dentro de la Iglesia católica en Escocia. En mi caso, temo que la Iglesia católica esté esperando que muera para poner fin al estancamiento. Es cruel y una señal del acoso que han estado haciendo durante años. He hecho todo lo posible para enmendarlo, pero no pediré perdón».

EL SACERDOCIO EN CRISIS (MA... by Yanka

EL SACERDOCIO EN CRISIS (MAFIA GAY) 
(Priesthood In Crisis) Matthew Despard
(Traducido por Google)

domingo, 19 de febrero de 2023

EL FIN DE LA LEY TRANS ES LA PERVERSIÓN INFANTICIDA Y PEDERASTA 👿💀 y LIBRO "UN DAÑO IRREVERSIBLE": LA LOCURA TRANSGÉNERO QUE SEDUCE A NUESTRAS HIJAS

EL FIN ES LA PERVERSIÓN DE LA MENTE INFANTIL Y CONSEGUIR QUE EL MUNDO DEL PLACER SEA LA PROLONGACIÓN DEL PENSAMIENTO MÁGICO Y DEL YO PSICÓTICO👿💀

Ángel Núñez: 
“Psicólogos por la Verdad 
ha advertido a la clase política 
del peligro trans y el acoso general a la infancia”


Psicólogos por la Verdad continúa en la lucha contra la Ley Trans y el resto de políticas de manipulación y acoso a la infancia, no solo atentatorias contra su salud física y mental, sino contra la familia y la sociedad en general. Su coordinados y portavoz, Ángel Núñez lo deja patente en el siguiente texto:

Desde Psicólogos por la Verdad agradecemos a los parlamentarios españoles que han respondido a nuestra preocupación, a raíz del daño que las medidas del ministerio de igualdad están causando a la infancia, desde la plandemia. Consideramos que la clase política es esencial en este trabajo de despertar a la humanidad, a pesar de los encadenamientos ideológicos a los que se ve sometida. En nuestro informe se hace hincapié en que el objetivo de todas estas medidas de supuesta igualdad no es otro que dañar a la infancia y a la adolescencia, dado que, por un lado, son el grupo etario más vulnerable, al estar en periodo de formación neuronal y de identidad personal y, por otro, se trata de reducir a la población mediante medidas de esterilización. De este modo, a través de los cambios de sexo, los tratamientos hormonales y cirugías a tal fin, el objetivo es tener menos hijos. De este modo, la reducción de la población se realiza de manera indirecta, a través del engaño mediante el placer, deteriorando de paso las relaciones familiares, mediante la retirada de la patria potestad a los padres.

Este fenómeno no es nuevo y parte de la figura jurídica de la protección del menor desde hace años, cuando no solo se trataba de desmontar un sistema educativo considerado machista y autoritario, sino dándoles derechos que les permitían denunciar incluso a los padres, que se convertían en supuestos maltratadores, incluso psicológicos.
Estos cambios, tan lentos e imperceptibles, han pasado desapercibidos incluso aplaudidos por gran parte de la población. Pero estas políticas no se quedaron en estas nimiedades, sino que estaban pensadas para un fin mucho más satánico que se implementaría con el paso de los años.

Actualmente, en el año 2022, se dan visos de las verdaderas intenciones de las élites satánicas: por un lado, aprobar la pedofilia, en la que encajan las declaraciones de la ministra de igualdad Irene Montero cuando nos dice que «las niñas, los niños y les niñes tienen derecho a conocer su cuerpo y a tener sexto con quienes quieran, siempre que den su consentimiento», con el hecho de que la ley Si es sí reduce las penas en el nuevo delito de agresión sexual, que elimina el de abuso de un plumazo, y que a los niños se les enseñe a masturbarse y a jugar con seudoórganos sexuales en las aulas de manera inocente.

Todo ello está ligado a un fin, que es la perversión de la mente infantil y conseguir que el mundo del placer sea la prolongación del pensamiento mágico y del yo psicótico. Para eso, no hay mejor política que dibujar a los menores de edad un mundo maravilloso en el que pueden disfrutar a tope y, si sus padres se oponen y quieren sacarlos del placer, los denuncian sin más, siendo los padres los que han de probar que no discriminan a sus hijos.
La Ley Trans, además de introducir ese dogmatismo en los centros educativos, establecer multas de 150.000 euros a los profesores que no estén de acuerdo con esta salvajada, establecen el cambio de sexo y el cambio de nombre en los registros públicos desde los 12 años, siendo a partir de los 16 el momento en el que el menor, según la ley, tiene la madurez para decidir llamarse Manuela en vez de Manuel o viceversa, confundiendo a los menores de edad de manera intencionada.

¿A qué viene ese nuevo dogmatismo en pleno siglo XXI, cuando se sabe que la madurez sexual se establece en la adolescencia y en periodos iniciales de la madurez? Saben perfectamente que la identidad sexual es fundamental para una identidad personal, emocional y psicológica de manera definitiva, y si esta se disfraza como un juego (como cuando a los niños se les engaña diciendo que su sexo biológico no tiene significado alguno), conocen perfectamente los puntos débiles para sus espurios fines.

¿Quiénes están detrás de todo esto? No es obviamente la ministra, dado que esta no es más que portavoz de las élites más oscuras. El pensamiento satánico se caracteriza por carecer de dogmas para generar conclusiones (es una de las máximas de las sectas masónicas), de modo que el placer genera un feedback que nos señala no solo cómo nos sentimos, sino con qué nos identificamos, empleando el mínimo esfuerzo posible. La fuerza de la subjetividad reside en el juego infantil, que puede ser el de adulto que cae en esta trampa terrible, genera una sensación de veracidad tal que en ese momento en el que la emoción es muy intensa (miedo, amor, rabia o tristeza), el sujeto cree que lo que siente es cierto y que la razón de dicha emoción, atribuida a hechos externos, se convierten en hechos verídicos. Por ello victimizan a los niños de esa forma tan exagerada y simulan defenderlos, como si ellos fueran los únicos que se preocupan, mientras el resto de los mortales los detestan porque luchan por sus derechos.

Dado que en el sistema límbico residen las emociones, las cuales generan la memoria, cuanto mayor sea la huella y cuanto más satisfactoria sea, más fácil es que se busque sentir lo mismo y, de hacerse con frecuencia, el sujeto se aleja de realidad y vive en su fantasía, que puede llegar a ser psicótica y delirante. Es coincidente este hecho con la obsesión podemita del delito de odio, dado que estos sujetos deben vivir en una aureola de poder y de placer mental, cuya intensidad está relacionada con su debilidad.

En una de las respuestas a los envíos de nuestro informe a los parlamentarios del Congreso de Diputados y asambleas autonómicas, una diputada me recordó que estaba expandiendo el odio a la comunidad LGTBIQ+, argumento que se puede oír por parte de las feministas radicales cuando se les niega la existencia de la violencia de género, por ejemplo.

El problema de ello no solo reside en que el Estado se haya convertido en un foco de ideologización, sino que quienes defienden estas posturas se mueven en actitudes psicológicas límites y enfermas, donde las creencias son tan extremas que se alejan de la verdadera necesidad de las personas, anteponiendo los intereses de las minorías a las mayorías y haciéndonos creer que los que estemos en contra del gobierno somos fachas y el odio nos sale de la boca como perros rabiosos.
Estas actitudes están fuera de lo que es un Estado democrático en el que se respetan los derechos más necesarios de los ciudadanos y establecen un fanatismo más propio de los antiguos fascismos que tanto denostan los que dicen defender de manera fanática la libertad del individuo. ¿A quién pretenden engañar?

Psicólogos por la Verdad ha hecho un envío masivo de información a todos los parlamentarios de España con el fin de que se sepa la verdad y que no se siga con estos despropósitos por más tiempo. Afortunadamente, una parte de la clase política a la que hemos informado debidamente con datos que no reciben de los colegios de psicólogos, vendidos a las élites superiores, al gobierno y a las normas oficiales ha reaccionado y se ha percatado del peligro.
Es nuestro cometido dejar muy claro que permanecer impasibles ante tal ataque –el siguiente paso de la agenda 2030, tras la plandemia y las pseudo vacunas—, ya no es de recibo.
Hay que detener a quienes imponen esta dictadura satánica, por el bien de la humanidad y de los que vivan en este maravilloso planeta. El esfuerzo merece la pena en pro de nuestro legado como seres humanos. Permanecer impasibles e indiferentes, no solo es de cobardes, sino de cómplices de un delito de genocidio, premeditado y pensado desde hace siglos cuando se estableció el objetivo de un Nuevo Orden Mundial.

Los tres ejes de la aprobada 'Ley Trans' para entender la polémica en HORIZONTE

Dr. CABRERA EN HORIZONTE

'Horizonte' analiza con expertos los principales puntos de la polémica
Con la nueva ley desaparecen los informes médicos, y la voluntad de la persona será el único requisito para cambiar de sexo en el Registro
La 'Ley Trans' ha sido aprobada por el gobierno de Pedro Sánchez aún con puntos polémicos. Probablemente ha sido una de las normas con más sentimientos y posiciones encontradas de esta legislatura. En 'Horizonte', Iker Jiménez y Carmen Porter analizaba con expertos el candente tema, cuando Amparo Domingo ha expuesto los tres principales ejes de la polémica.

Amparo Domingo es la representante en España de Women's Declaration International. En el programa detallaba que con la 'Ley Trans' ahora se permite "la autodeterminación del género registral, que implica que cualquier persona por la mera declaración de voluntad va al registro y cambia su sexo legal", sin ningún requisito más. Por tanto, "es imposible perseguir el fraude al ser solamente tu voluntad".
Otro de los puntos es "la prohibición de las llamadas terapias de conversión". En ese sentido, "todo lo que no sea un enfoque afirmativo es problemático". Por tanto, profesionales de la salud o padres confusos ante la situación que se les presenta podrían caer fácilmente en incumplir la ley.

Por último, Amparo Domingo hablaba de "la criminalización del disenso, porque todo aquel que diga todo lo contrario a la ley puede acarrear multas de hasta 150.000 €s".

¿Cuándo se desvirtuó la psiquiatría?

Para muchos, la psiquiatría cambió drásticamente en 1980, con la publicación de la tercera edición del DSM. A partir de ahí, la psiquiatría que conocíamos y entendíamos comenzó a transformarse en algo muy diferente, llevándonos hacia un enfoque más mecanicista y diagnóstico. 
🔍 El DSM, con sus ediciones sucesivas, no solo afectó la psiquiatría, sino también la psicología, la psicoterapia y, en última instancia, la comprensión de la mente humana.

«EL LIBRO QUE TIENES EN LAS MANOS
HA RESISTIDO A VARIOS INTENTOS DE CENSURA.
POR SUERTE, TODOS ELLOS SIN ÉXITO».

UNA DAÑO IRREVERSIBLE 
La locura transgénero que seduce a nuestras hijas

Se esconde como una niña 
Pero para mí es siempre una mujer. 
BILLY JOEL [1]

Nota de la autora 

Doy por sentado que los adolescentes no son del todo adultos. Para una mayor claridad y honradez, me refiero a las adolescentes biológicamente femeninas atrapadas en esta locura transgénero con el pronombre femenino. Las personas adultas transgénero son un asunto diferente. Dondequiera que puedo hacerlo sin causar confusión, me refiero a ellas con los nombres y pronombres que prefieren. Por último, he cambiado los nombres y ciertos datos de las adolescentes que se identifican como transgénero (así como de sus progenitores) para asegurarme de que ninguna pueda reconocerse y acusar de traición a sus padres, cansados de luchar. Dado que las historias de las personas vulnerables a este contagio son sorprendentemente similares, algunas lectoras pueden creer haberse reconocido; se equivocan.

Prólogo

El libro que tienes en las manos ha resistido a varios intentos de censura. El grupo de afinidad LGTB de Amazon, llamado Glamazon [2], trató (sin éxito) de retirarlo de los estantes digitales de la compañía con el chantaje sentimental típico de los estallidos de la cultura de la cancelación [3]. En la cadena de tiendas Target, el libro sí que fue retirado por las protestas en las redes sociales, aunque un día más tarde recapacitaron y volvieron a venderlo [4]. De cualquier forma, incluso desde antes de su publicación, la palabra transfobia ha acompañado como un estigma flameante a su autora, Abigail Shrier, en las redes sociales y parte de la prensa de izquierdas [5]. Se ha acusado a sus editores de derechistas, y a Shrier de ser poco científica en su aproximación al fenómeno trans (en el mejor de los casos) [6] y de fomentar el odio contra el colectivo [7] o negar la realidad trans (en el peor y más habitual) [8]. ¿El motivo? La autora califica el número creciente de «salidas del armario» trans en grupos de amigas adolescentes de epidemia. En las páginas que tienes por delante se explaya sobre esta cuestión. 

Desde el punto de vista de los intentos de censura y boicot, la mera existencia del libro y su traducción al español representan ya un triunfo para la libertad de expresión; aunque, desde luego, ese no es el motivo por el que vale la pena leerlo. Al igual que su éxito de ventas y de crítica, los ataques frontales a esta obra y los intentos frustrados de impedir el acceso de los lectores nos están hablando de una tensión cultural. Porque, por supuesto, en la andadura de Irreversible Damage por el mercado literario anglosajón no todo fueron denuestos, ni mucho menos. El libro estuvo muy alto en los rankings de ventas, tuvo críticas muy positivas en medios de prestigio y The Economist lo eligió como uno de los mejores de 2020 [9]. Pero el éxito de una obra como esta es la cara más simple de la moneda. Son las críticas negativas, y en particular las más destructivas y altisonantes, lo que nos indica que abordar la cuestión trans desde un punto de vista que no sea la sumisión a las reivindicaciones del activismo puede ser peligroso para la reputación. Según sus críticos, el mayor pecado de Shrier fue hablar demasiado con los padres de esas chicas y no tanto con ellas. En las próximas páginas te esperan polémicas reflexiones sobre cómo los padres se han convertido en uno de los chivos expiatorios del fenómeno trans. 

En estos casos, me ronda siempre una pregunta: ¿cómo un colectivo estadísticamente tan minúsculo y tradicionalmente tan marginado en nuestras sociedades ha conseguido, de la noche a la mañana, un poder tan increíble como para marcar la agenda y acobardar a sus críticos? En mi estudio del tabú y la herejía en el mundo contemporáneo [10] tuve que abordar la cuestión trans debido a la cantidad de algaradas y tensiones que este debate estaba provocando. Aquí van algunos ejemplos del riesgo que ha supuesto entrar en esos jardines: a la escritora J. K. Rowling trataron de despedirla de su agencia de representación [11], la atacaron inmisericordemente en redes sociales [12], mientras varios actores de las adaptaciones de la saga Harry Potter rompían simbólicamente con ella porque sus opiniones sobre lo que significa ser una mujer se consideraron «mensajes de odio» y muestras de transfobia [13]. A la feminista española histórica Lidia Falcón la expulsaron, junto con su partido, de la coalición Izquierda Unida por manifestar su oposición al proyecto de «ley trans» propuesto por Unidas Podemos y por comentarios mordaces sobre las mujeres transgénero [14]. A Scarlett Johansson, actriz que jamás había manifestado la más mínima crítica al movimiento LGTB, la atacaron por anunciar que participaría en una película interpretando a una persona trans y lograron que el rodaje se suspendiera [15]. Pero esta caza de brujas no solo afectaba a famosos. Toda clase de profesores y conferenciantes con menor proyección pública tuvieron problemas por supuestos «crímenes de opinión», como fue el caso de Pablo de Lora, boicoteado en la Universidad Pompeu Fabra, y muchos otros [16]. 

Durante décadas, los trans han sido un tabú en Occidente. Identificables por sus voces y apariencias a menudo grotescas, fruto de torpes cirugías o tratamientos hormonales incompletos o demasiado tardíos, miles de mujeres transexuales vivieron condenadas a la marginación, la prostitución y el pillaje, como ha recreado la serie Veneno [17] o hizo antes la filmografía de Pedro Almodóvar, y como ha explicado con agudeza y brillantez la implacable Camille Paglia [18]. El tabú, en general, bebe de la inquietud, de la indeterminación y de la frontera, y estos elementos están muy presentes en el trans, una figura ambigua, a menudo fluctuante e indeterminada, marcada por su viaje a través de una frontera prohibida: la del sexo y el género. Así, en un estado híbrido entre los dos polos de lo que a la mayoría de la gente le resulta normal, en ocasiones han convertido sus propios cuerpos en obras de arte en proceso incompleto, en «viajes a medio camino» [19], mientras otra parte del colectivo luchaba por la integración y la normalización. De cualquier modo, el tabú no ha desaparecido. Hoy, en la ola de activismo, lo intocable se desplaza de sus vidas a su grupo, y es la cuestión trans, la discusión pública, lo que se quiere volver intocable como muestran los ejemplos de cazas de brujas y castigos rituales del párrafo anterior. 

Pero un momento. Hay que subrayar ahora a toda prisa algo que el lector descubrirá por sí mismo en cuanto empiece a pasar páginas: la mayor parte de las acusaciones contra Shrier, en particular las que aluden al discurso de odio, son injustas. No guardan relación con su posición ideológica, ni con su tono. Es cierto que existe una transfobia militante tanto en los movimientos nacionalpopulistas o ultraconservadores como en sectores del feminismo radical de izquierdas, pero no parece ser el caso de Shrier. Su respeto a la realidad trans es explícito y tajante: ella se sitúa en el espectro progresista y se manifiesta a favor de la lucha por los derechos del colectivo [20]. En las próximas páginas, el lector no encontrará, pues, un solo ataque a las conquistas o las motivaciones de las personas transgénero, sino una advertencia sobre los límites del colectivo. 

Por tanto, este es un libro de frontera. Un intento de situar el límite geográfico del fenómeno trans y de advertir sobre el peligro que corren aquellas adolescentes que, en parte por una moda cultural y en parte por una catastrófica negligencia de las autoridades médicas, se están extraviando en un territorio que no les corresponde y del que nadie puede regresar entero. Las ideas que atraviesan el viaje de Shrier por esa frontera militarizada y sembrada de minas pueden expresarse de forma sucinta en estas preguntas: ¿son realmente trans todas las menores que están recibiendo tratamientos quirúrgicos y hormonales para remodelar su apariencia? ¿Por qué casi nadie cuestiona a la joven que manifiesta haber nacido con el sexo equivocado, cuando sí se cuestiona a la que manifiesta estar demasiado gorda incluso cuando pesa cuarenta kilos? ¿Por qué nadie parece interesado en impedir que unos miles de adolescentes, chicas en su mayor parte, cometan un atentado contra ellos mismos? ¿Por qué las autoridades médicas han capitulado ante una reivindicación política y se limitan a acatar el autodiagnóstico de sus pacientes?

No me parecen cuestiones intrascendentes, y autodiagnóstico es aquí una palabra clave. A diferencia de lo que ocurre con cualquier otra fuente de angustia y sufrimiento psicológicos, la persona que padece una disforia de género no puede ser diagnosticada por nadie más que ella misma. No hablamos de una depresión, de una psicosis o una anorexia nerviosa con síntomas verificables. La persona transexual o transgénero sabe —genuinamente— que no encaja con su nombre, con sus órganos y su apariencia, insiste en ello y no recuerda haberse sentido nunca del todo integrada en su identidad biológica. Nadie más que ella puede determinar qué le pasa. Por tanto, el papel de los médicos y psicólogos será el cuidado y el acompañamiento. Hasta no hace demasiado tiempo, las cosas eran más complicadas. El inicio del durísimo tratamiento hormonal y quirúrgico para neutralizar la enajenación de la persona trans con su cuerpo solo era posible tras una serie de exámenes psicológicos, en ocasiones torpes y molestos [21], que con mayor o menor finura y fortuna trataban de esclarecer si el individuo pertenecía al colectivo trans o padecía un desorden diferente. Pero esto ha cambiado recientemente. 

La despatologización de la identidad trans, un hecho feliz y conectado con la despatologización de las conductas e inclinaciones homosexuales, movió las placas tectónicas de la cultura psiquiátrica y médica en Occidente. En el momento actual, según afirma Shrier, este proceso de despatologización ha dejado en una posición de indefensión a chicas confundidas con su propia identidad y descontentas con su cuerpo; es decir, a adolescentes casi del todo normales que simplemente atraviesan una época de enajenación y confusión. En paralelo, el número de chicas trans ha crecido exponencialmente. Dado que hoy se considera ofensivo y dañino el examen psiquiátrico a alguien que se declara trans, llegando incluso a prohibirse el cuestionamiento médico en algunos países y construyendo mecanismos para que tampoco las familias sepan cuáles son los planes de sus hijos menores de edad, nos encontramos en un lugar inédito en la historia de la medicina. Por supuesto, este cambio social tiene una parte muy positiva: quien es realmente trans encuentra un camino menos traumático que recorrer hasta el encuentro consigo mismo. Sin embargo, quien cree serlo y se equivoca se estaría enfrentando a un peligro descomunal que puede culminar en una mutilación irreversible. 

Tomemos el caso de Keira Bell [22], una chica británica arrepentida de su transición a hombre que denunció al hospital que le había proporcionado tratamiento hormonal siendo adolescente, y a quien la justicia ha dado la razón. Bell tenía catorce años cuando manifestó sentirse incómoda con su cuerpo. Aseguraba no sentirse mujer. La clínica a la que acudió estudió su caso y la animó al tratamiento con bloqueadores de la pubertad. Tras solo tres consultas más, empezó el tratamiento con hormonas masculinas y finalmente se la sometió a una doble mastectomía; es decir, a una mutilación de los pechos. En una persona trans, este calvario médico es necesario para alcanzar la autoaceptación. Ellos quieren recorrer ese camino que no tiene vuelta de hoja. Sin embargo, cuando Keira Bell cumplió los veintitrés años, descubrió algo horrible: se arrepentía y quería retroceder. Ninguna de sus operaciones había aliviado su angustia y acusó entonces a la clínica de haber descartado otras posibles causas de su malestar, como la depresión o la confusión [23]. 

El tiempo dirá si la advertencia de Abigail Shrier es acertada o alarmista, pero debiera ser tomada en cuenta si queremos evitar que en el futuro haya muchas otras como Keira Bell. Su investigación, necesariamente incompleta por la magnitud del fenómeno, me parece sin embargo bienintencionada y honesta. Si realmente se está dando un contagio cultural de lo trans, si realmente está afectando a chicas adolescentes confusas, si esta efusiva propaganda viral está arrastrando a ese camino sin retorno a personas que no debieran recorrerlo, es evidente que no tienes en las manos un libro sobre el colectivo trans, ni contra el colectivo trans, sino acerca de los que se extravían más allá de sus fronteras cuando debieran ser protegidos. 

Me pregunto: ¿ha pensado suficiente el colectivo en este problema? ¿Se dedica suficiente esfuerzo a comprender por qué se da, cada vez más a menudo, el proceso de la detransición? Todas las revoluciones —y lo trans es una— dejan víctimas inocentes en el camino. ¿Querrá cargar el activismo la losa de la culpa en caso de que Abigail Shrier tenga razón? ¿Cómo nos mirarán desde el futuro si estamos dejando colgadas a chicas como las que aparecen en las próximas páginas de este libro? El debate está abierto y es urgente, mal que les pese a todos aquellos que, a favor y en contra, viven en lo más profundo de las trincheras.

JUAN SOTO IVARS 
Escritor y periodista
Introducción
El contagio 

Su madre juraba que Lucy siempre había sido una chica muy femenina. De niña se subía a unos tacones altos y se ponía vestidos de volantes para hacer sus tareas. Su habitación estaba llena de peluches Beanie Babies y de una gran variedad de mascotas a las que cuidaba, como conejos, jerbos y periquitos. Disfrazarse era su juego favorito, tenía un baúl lleno de trajes y pelucas que se ponía para representar a un montón de personajes, todos ellos femeninos. Abrazó la niñez de finales de los noventa y le encantaban las películas de princesas de Disney, en particular La sirenita y, más adelante, Crepúsculo y sus secuelas. 

Lucy fue una niña precoz. A los cinco años ya leía como si fuese a cuarto curso y prometía ser una gran artista, algo por lo que más adelante ganó un premio del distrito. Pero al entrar en el instituto su ansiedad se disparó. Sucumbió a una depresión tremenda. Sus padres, personas acomodadas —la madre era una destacada abogada del sur—, la llevaron a psiquiatras y terapeutas para que la tratasen y le dieran medicación, pero ningún tipo de psicoterapia ni fármaco consiguió allanar sus obstáculos sociales: grupos de amigas que no la querían y su tendencia nerviosa a meter la pata en las pruebas sociales dirigidas, casualmente, por otras chicas. 

Los chicos le dieron menos problemas, tuvo amigos y novios durante toda la secundaria. La vida en casa no era fácil, su hermana mayor cayó en una adicción a las drogas que destrozó como un huracán a la familia y devoró la atención de sus padres. Al final, los altibajos de Lucy se resolvieron en un diagnóstico de bipolaridad. Pero hacer y mantener amigas resultó ser una prueba que nunca concluyó a su favor ni cesó realmente. 

Como suele ocurrir estos días, la Facultad de Artes Liberales en la Universidad Northeastern comenzó con una invitación a decir cuál era su nombre, su orientación sexual y su pronombre de género. Lucy comprendió que aquello suponía una nueva oportunidad para ser aceptada socialmente, un primer sentimiento de pertenencia. Cuando más tarde ese otoño se agravó su ansiedad, decidió, junto con algunas de sus amigas, que su angustia tenía una causa de moda: la «disforia de género». En menos de un año, Lucy empezó a tomar testosterona. Pero su verdadera droga, la que la enganchó, fue la promesa de una nueva identidad. Una cabeza afeitada, ropa de chico y un nuevo nombre fueron las aguas bautismales de un renacimiento de mujer a hombre. 

El siguiente paso, si lo daba, sería la «cirugía superior», un eufemismo para una doble mastectomía voluntaria. 
«¿Cómo sabes que no se trataba de disforia de género?», le pregunté a su madre. 
«Porque nunca mostró ningún indicio. Nunca la oí expresar sentirse incómoda con su cuerpo. Le vino la regla cuando estaba en cuarto curso, algo que le dio mucha vergüenza porque era muy pronto. Pero nunca la oí quejarse de su cuerpo». 
Su madre hizo una pausa mientras buscaba un recuerdo adecuado. «Cuando tenía cinco años le hice cortar el pelo cortito, y lloró a lágrima viva porque pensaba que parecía un niño. Lo odiaba». Y luego: «Ha salido con chicos, siempre ha salido con chicos». 

Este libro no trata de adultos transgénero, aunque mientras lo escribía entrevisté a muchos, tanto los que se presentan como mujer como los que se presentan como hombre. Son amables, considerados y educados. De algún modo parece mentira, pero describen el incesante fastidio que supone tener un cuerpo con el que uno no se siente a gusto. Se trata de una sensación que les persigue desde que tienen uso de razón. 

Lo cierto es que su disforia nunca les hizo ser populares; la mayoría de las veces fue fuente de malestar y vergüenza. Al crecer, ninguno de ellos conocía a otra persona trans y todavía no existía internet, donde poder encontrar un mentor. Pero no querían ni necesitaban ninguno: sabían cómo se sentían. Simplemente, les es más cómodo presentarse como alguien del sexo opuesto. No pretenden que la gente les felicite por la vida que han elegido. Quieren «pasar» por una persona del sexo del que se sienten y, en muchos casos, que les dejen en paz. 

Con algunos hablé de forma oficial y con otros a micrófono cerrado. Con facilidad se ganaron mi admiración por su honestidad y valor. Me hice amiga de uno. Que el activismo trans pretenda hablar en su nombre no es culpa de ellos, ni tampoco su intención. Tienen muy poco que ver con la actual epidemia trans que afecta a las adolescentes. 

Los juicios de Salem por brujería del siglo XVII están más cerca de la realidad. También los trastornos nerviosos del siglo XVIII y la epidemia de neurastenia del XIX [24]. La anorexia nerviosa [25], la memoria reprimida [26], la bulimia y la tendencia a cortarse del siglo XX [27]. Todos tienen en común la misma protagonista, famosa por magnificar y difundir su dolor psíquico: la adolescente [28]. Su angustia es real. Pero, en cada caso, sus autodiagnósticos son erróneos; más que una necesidad psicológica, son el resultado de estímulos y sugerencias. 

Hace tres décadas, estas chicas podrían haber anhelado una liposucción al tiempo que se consumía su forma física. Hace dos décadas, los adolescentes trans de hoy en día podrían haber «descubierto» un recuerdo reprimido de un trauma infantil. La locura de diagnóstico actual no es la posesión demoníaca, sino la «disforia de género». Y su «cura» no es el exorcismo, los laxantes o las purgas. Es la testosterona y la «cirugía superior». 

Se supone que no se debe elegir una enmienda favorita, porque es una tontería, pero yo tengo una, la primera. Mi compromiso con la libertad de expresión me llevó al mundo de la política transgénero por la puerta trasera. 

En octubre de 2017, mi estado, California, promulgó una ley que amenazaba con la cárcel a los trabajadores sanitarios que se negasen a utilizar los pronombres de género que pidieran los pacientes [29]. Nueva York había adoptado una ley similar que se aplicaba a empresarios y dueños de propiedades o negocios [30]. A simple vista y del todo, ambas leyes son inconstitucionales. Durante mucho tiempo, la primera enmienda ha protegido el derecho a decir cosas mal vistas o poco aceptadas sin que el Gobierno interfiera. También garantiza nuestro derecho a negarnos a decir cosas que el Gobierno quiere que se digan. 

No se trata de un tema de matiz constitucional, es muy sencillo. En el caso de la Junta de Educación del estado de Virginia occidental contra Barnette (1943), el Tribunal Supremo ratificó el derecho de los estudiantes a no saludar la bandera. El magistrado Robert H. Jackson escribió en representación de la mayoría de la corte: «Si hay alguna estrella fija en nuestra constelación constitucional es que ninguna autoridad, del rango que sea, puede prescribir lo que es ortodoxo en política, nacionalismo, religión u otras cuestiones de opinión, ni puede forzar a los ciudadanos a confesar, de palabra o de obra, sus convicciones de conciencia». 

Si el Gobierno no puede obligar a los estudiantes a saludar la bandera, tampoco puede obligar al personal sanitario a utilizar un determinado pronombre. En Estados Unidos, el Gobierno no puede obligar a la gente a decir cosas, ni siquiera por cortesía. Ni por ninguna razón en absoluto. 

Escribí un artículo sobre esto en The Wall Street Journal con el título «The Transgender Language War», y una lectora —una destacada abogada sureña, la madre de Lucy— lo vio y en él encontró algo: esperanza. Contactó conmigo bajo un seudónimo y me pidió que escribiera sobre su hija, que durante la adolescencia había anunciado ser transgénero a pesar de que durante su niñez no había mostrado nunca ningún signo de disforia de género. Dijo que Lucy había descubierto esta identidad con la ayuda de internet, que ofrece un sinfín de mentores y mentoras transgénero que enseñan a las adolescentes el arte de adoptar una nueva identidad de género: cómo vestir, cómo caminar o qué decir. También les muestran qué empresas de internet venden las mejores fajas de pecho (prenda que se lleva bajo la ropa para comprimir los senos) y qué organizaciones la envían gratis y garantizan un embalaje discreto para que los padres no se enteren. También les explican cómo persuadir a los médicos para que les prescriban las hormonas que desean, cómo engañar a los padres o cómo romper por completo con ellos si se resisten a su nueva identidad. 

La madre me explicó que bajo la influencia de la testosterona y el hechizo de la transgresión, Lucy se volvió arisca y agresiva, y se negó a explicar esta nueva identidad y a responder a ninguna pregunta al respecto. Acusaba a su madre de «controladora» así como de «tránsfoba». Según descubrió más tarde la madre, la historia inventada por Lucy de que «siempre había sabido que era diferente» y de que «siempre había sido trans» la había copiado literalmente de internet. 

En su nuevo estado extremadamente temperamental, Lucy montaba en cólera si sus padres usaban su nombre legal —el que le habían puesto al nacer— o no utilizaban su nuevo pronombre. En poco tiempo, los padres apenas la reconocían. Les alarmó la repentina esclavitud de Lucy por una ideología de género que, desde un punto de vista biológico, parecía pura palabrería. La madre dijo que parecía que Lucy se hubiera unido a una secta; temía que nunca liberaran a su hija.

La disforia de género —antes conocida como «trastorno de identidad de género»— se caracteriza por una disconformidad grave y persistente con el sexo biológico [31]. Suele comenzar en la niñez temprana, entre los dos y los cuatro años, aunque puede agravarse en la adolescencia. En la mayoría de los casos —casi el 70 por ciento—, la disforia de género infantil se resuelve [32]. Históricamente afectaba a una pequeña parte de la población (alrededor del 0,01 por ciento) y casi en exclusiva a los chicos. De hecho, antes de 2012 no había literatura científica sobre chicas de once a veintiún años que hubieran desarrollado disforia de género. 

Esto ha cambiado en la última década y de forma drástica. El mundo occidental ha sido testigo de un repentino aumento de adolescentes que afirman tener disforia de género y se autoidentifican como «transgénero». Por primera vez en la historia de la medicina, las chicas de nacimiento no solo están presentes entre quienes se identifican de esa manera, sino que constituyen la mayoría [33]. 

¿Por qué? ¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha llegado a ser mayoritario un grupo de edad que siempre había sido minoritario entre los afectados (los adolescentes)? Y, lo que es más importante, ¿cómo ha cambiado el coeficiente de género y ha pasado de ser una abrumadora mayoría de chicos a la preponderancia de chicas adolescentes? 

La madre de Lucy, la abogada sureña, me cayó bien y me interesó muchísimo su historia; pero yo era columnista de opinión, no periodista de investigación, así que se la pasé a una compañera y le aseguré a la madre de Lucy que estaba en buenas manos. Mucho tiempo después de dedicarme a otros temas para The Wall Street Journal y de eliminar a la abogada de mi bandeja de entrada, su historia aún rondaba obstinadamente por mi cabeza. 

Tres meses más tarde, volví a ponerme en contacto con la madre de Lucy y con todos los contactos que me había enviado en un principio. Hablé con médicos, endocrinólogos, psiquiatras y psicólogos de renombre mundial especializados en identidad de género. Hablé con psicoterapeutas. Hablé con adolescentes y adultos transgénero para hacerme una idea de la interioridad de su experiencia, del tirón liberador de la identificación con el sexo opuesto. También hablé con desistidoras, aquellas que en algún momento se identificaron como transgénero, pero que luego dejaron de sentirse así, y con detransicionadoras, aquellas que se habían sometido a procedimientos médicos para alterar su apariencia, pero se arrepintieron y luchan por revertir el tratamiento. Cuanto más aprendía sobre los adolescentes que de repente se identifican como transgénero, más me obsesionaba una pregunta: ¿qué les ocurre a estas chicas? 

En enero de 2019, The Wall Street Journal publicó mi artículo «When Your Daughter Defies Biology». Provocó casi mil comentarios y cientos de respuestas a esos comentarios. Una escritora transgénero, Jennifer Finney Boylan, escribió de inmediato una refutación en un artículo de opinión que apareció en The New York Times dos días después. Su escrito suscitó cientos de comentarios y otros cientos de reacciones a esos comentarios. De pronto, me inundaron los correos electrónicos de lectores que habían experimentado con sus hijas el fenómeno que yo había descrito o que habían sido testigos de otros casos en el colegio de sus hijas: grupos de adolescentes de un mismo curso que de repente descubrían juntas la identidad transgénero, suplicaban tomar hormonas y estaban desesperadas por operarse. 

Cuando los activistas transgénero me atacaron online, les ofrecí la oportunidad de contarme también sus historias. Varios aceptaron la oferta y hablamos. También contactaron conmigo las detransicionadoras. Abrí una cuenta de Tumblr e invité a personas transgénero y a detransicionadoras a hablar conmigo; muchas lo hicieron. Envié las mismas invitaciones en Instagram, donde los hashtags #testosterona y #chicotrans vinculan a cientos de miles de seguidores. Reiteré una y otra vez mi deseo de escuchar a cualquiera que tuviera algo que decir sobre el tema. Las respuestas que recibí sirvieron de base para este libro. 

Se trata de una historia que los estadounidenses necesitan escuchar. Tanto si tienes una hija adolescente como si no; o tanto si tu hija ha caído en esta locura transgénero como si no. Estados Unidos se ha convertido en un terreno fértil para este entusiasmo masivo por razones que tienen que ver con nuestra fragilidad cultural: se menoscaba a los padres, se confía en exceso en los expertos, se intimida a los disidentes en ciencia y medicina; la libertad de expresión claudica ante nuevos ataques; las leyes sanitarias del Gobierno conllevan consecuencias ocultas y ha surgido una era intersectorial en la que el deseo de escapar de una identidad dominante anima a los individuos a refugiarse en asociaciones de víctimas. 

Para contar la historia de estas jóvenes he realizado casi doscientas entrevistas y hablado con cerca de cincuenta familias de adolescentes. En parte me he apoyado en los relatos de los padres. Dado que la disforia tradicional comienza en la primera infancia y se caracteriza desde hace tiempo por una sensación «persistente, insistente y constante» [34] de disconformidad y malestar del niño en su cuerpo (algo que un niño pequeño no puede ocultar con facilidad), la posición de los padres suele ser la mejor a la hora de saber si la disforia pasional de la adolescencia comenzó en la niñez temprana. En otras palabras, son quienes mejor pueden saber si la angustia que aflige a tantas adolescentes representa la disforia de género tradicional o un fenómeno distinto. 

No se puede confiar del todo en que los padres sepan cómo se sienten sus hijos adolescentes con respecto a su identidad transgénero o conozcan cómo es la nueva vida forjada en su nombre. Sin embargo, los padres sí pueden informar sobre la situación académica o profesional de sus hijas, su estabilidad económica y la formación de una familia o sobre la falta de ella, e incluso, a veces, acerca de sus éxitos y fracasos sociales. Estas adolescentes que se identifican como transgénero ¿siguen en la escuela o la han abandonado? ¿Mantienen el contacto con antiguas amistades? ¿Hablan con algún miembro de la familia? ¿Construyen un futuro con alguna pareja sentimental? ¿Se dedican a subsistir con el sueldo de la cafetería local? 

No pretendo captar todas las historias de estas adolescentes, y mucho menos la totalidad de la experiencia transgénero. Las historias de éxito transgénero se cuentan y celebran por todas partes. Marchan bajo la bandera de los derechos civiles. Prometen traspasar la próxima frontera cultural y hacer añicos otra base de la división humana. 

Pero el fenómeno que arrasa entre las adolescentes es diferente. No tiene su origen en la disforia de género tradicional, sino en los vídeos de internet. Representa el mimetismo inspirado en los gurús de la web, un compromiso asumido con las amigas: manos entrelazadas y respiración contenida, ojos cerrados con fuerza. Para estas chicas, la identificación trans ofrece liberarse de la persecución implacable de la ansiedad; satisface la más profunda necesidad de aceptación, la emoción de la transgresión, la seductora cadencia de pertenencia. 

Como me dijo Kyle, un adolescente transgénero: «Podría decirse que internet es una de las razones por las que tuve el valor de salir del armario. Fue gracias a Chase Ross, un youtuber. Tenía doce años y lo seguía religiosamente». Chase Ross tuvo la amabilidad de hablar conmigo para ayudarme a entender la situación. En el tercer capítulo presento su historia. 

Esta es la historia de la familia estadounidense, decente, cariñosa, trabajadora y amable. Quiere hacer lo correcto. Pero se encuentra en una sociedad que cada vez más considera a los padres como obstáculos, intolerantes e ingenuos. Aplaudimos mientras chicas adolescentes sin antecedentes de disforia se sumergen en una ideología radical de género que se enseña en la escuela o encuentran en internet. Los compañeros, los terapeutas, los profesores y los héroes de internet alientan a estas jóvenes. Pero aquí el coste de tanta imprudencia juvenil no es un piercing o un tatuaje. Está más cerca del medio kilo de carne. 

Una pequeña parte de la población siempre será transgénero. Pero tal vez no siempre la locura actual atraiga a jóvenes con problemas sin antecedentes de disforia de género, lo que les lleva a vivir una existencia de dependencia hormonal y cirugías desfigurantes. Si esto se trata de un contagio social, quizá la sociedad pueda detenerlo. 

Ningún adolescente debería pagar un precio tan alto por haber sido, por poco tiempo, seguidor de una moda.
___________________________

[1] Billy Joel, «She’s Always a Woman to Me», del álbum The Stranger, 29 de septiembre de 1977
a Day Later», Them Página 242
Lives in Danger», Men’s Health, Página 245
[9] «Our Books of the Year», The Economist, Página 247
[10] Juan Soto Ivars, "La casa del ahorcado": cómo el tabú asfixia la democracia occidental, Debate, Barcelona, 2021. Página 248
Comments», BBC, Página 250
[18] Camille Paglia, Vamps & Tramps: Más allá del feminismo, Valdemar, Madrid, 2001. Página 256
[19] Regina & Celeste, Una correspondencia, La Uña Rota, Salamanca, 2019. Página 257
[20] The Joe Rogan Experiencie, #1509 - Abigail Shrier. Podcast en Spotify: Página 258
[21] Elizabeth Duval, Después de lo trans: sexo y género entre la izquierda y lo identitario, La Caja Books, Valencia, 2021. Página 259
[22] El caso Bell contra Tavistock. En Wikipedia, Página 260
[24] Julie Beck, «“Americanitis”: The Disease of Living Too Fast», The Atlantic, 11 de marzo de 2016, Página 262
[25] Ethan Watters, Crazy Like Us: The Globalization of the American Psyche, Simon & Schuster, Nueva York, 2010, p. 34. Página 263
[26] Paul M. McHugh, Try to Remember: Psychiatry’s Clash over Meaning, Memory, and Mind, Dana Press, Nueva York, 2008, p. 69 (señalar que aquellos con «síndrome de falsa memoria» suelen ser mujeres). Página 264
[27] Mandy van Deven, «How We Became a Nation of Cutters», Salon, 19 de agosto de 2011, Página 265
[28] Robert Bartholomew, «Why Are Females Prone to Mass Hysteria?», Psychology Today, 31 de marzo de 2017, Página 266
“Ze” in Place of “She” and “He”», The Washington Post, 16 de junio de 2016, Página 268
[31] Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 4.ª edición, texto revisado (DSM-IV -TR), American Psychiatric Association, 2000, p. 579. Versión castellana, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, Elsevier Mason, Barcelona, 1996. Página 269
[32] Kenneth J. Zucker, «The Myth of Persistence: Response to “A Critical Commentary on Follow-Up Studies” and “Desistance” Theories about Transgender and Gender Non-Conforming Children by Temple Newhook et al. (2018)», International Journal of Transgenderism (mayo de 2018); véase también J. Ristori y T. D. Steensma, «Gender Dysphoria in Childhood», International Review of Social Psychiatry 28, n.º 1 (2016),
pp. 13-20. Página 270
[33] Nastasja M. de Graaf et al., «Sex Ratio in Children and Adolescents Referred to the Gender Identity Development Service in the UK (2009-2016)», Archives of Sexual Behavior 47, n.º 5 (abril de 2018), pp. 1301-1304, Página 271
[34] Ranna Parekh (ed.), «What Is Gender Dysphoria?», American Psychiatric Association, febrero de 2016 (citando la entrada del DSM-5 sobre «Disforia de género»)


viernes, 20 de abril de 2018

📘🎬 WONDER (EXTRAORDINARIO), EL LIBRO Y LA PELÍCULA QUE DESAFÍA LOS TÓPICOS DEL ACOSO ESCOLAR


Wonder: La lección de August
Introducción 👦

La lección de August con sus alumnos. La comprensión lectora y la reflexión sobre temas clave constituyen el eje fundamental de trabajo. La guía aspira a despertar el espíritu crítico de los alumnos para que puedan valorar una realidad que quizá conocen poco. Las actividades propuestas pretenden ayudar a profundizar en la lectura para que no se quede en una mera impresión personal. El hecho de compartir miradas también es un modo de ayudar al alumnado a contrastar opiniones y puntos de vista. Como guía, intenta buscar un equilibrio entre las dimensiones intelectual y afectiva, tanto en lo que atañe al tratamiento de la obra como a las temáticas elegidas como preferentes. 



La guía está pensada para trabajar de forma grupal y cooperativa, afinando la capacidad de observación e interpretación, siempre en el marco de un diálogo reflexivo. Eso no quita que, a nivel familiar, se puedan utilizar muchas de las propuestas para ayudar a enriquecer la comprensión de la novela.


Como objetivos básicos nos hemos planteado:
• Motivar a los lectores para que descubran en la lengua escrita una herramienta con la que comprender el mundo que les rodea. 
• Proponer cuestiones, preguntas y actividades que les ayuden tanto a entenderse a sí mismos como a entender a los demás. 
• Tomar conciencia del respeto y la consideración que merecen las personas que son «diferentes» para generar actitudes positivas que guíen a los alumnos hacia una convivencia más amable. 
• Desarrollar la capacidad de empatía hacia el protagonista para que determinadas situaciones no les dejen indiferentes. 
• Trabajar diversas habilidades que les ayuden a observar, inferir, descubrir y sobre todo refl exionar sobre algunos aspectos clave que ofrece esta lectura. 
• Desarrollar el espíritu crítico, creativo y cuidador. 
• Propiciar el gusto por la lectura como una fuente de aprendizaje y placer.

Los grandes temas Son las cuestiones que subyacen a la narración, el mensaje que la autora quiere transmitir al lector a través de la trama. Hemos escogido unos cuantos a sabiendas de que no agotaremos el potencial de la novela. 

1. Nuestras diferencias son las que nos hacen únicos y especiales 
2. Relaciones humanas: familia, amistad, etcétera. 
3. Acerca de la intimidación 
4. Tener miedo 
5. Las cosas importantes 
6. Estar protegido 
7. Expresar sentimientos 
8. Pedir perdón 
9. La muerte y el duelo 
10. Amabilidad, respeto y consideración 
11. Ser valiente 
12. Ironía, humor negro y sarcasmo 
13. Ser feliz 
14. Los preceptos

«Sé que no soy un niño de diez años normal. Bueno, hago cosas normales: tomo helado, monto en bici, juego al béisbol, tengo una Xbox… Supongo que esas cosas hacen que sea normal. Por dentro, yo me siento normal. Pero sé que los niños normales no hacen que otros niños normales se vayan corriendo y gritando de los columpios. Sé que la gente no se queda mirando a los niños normales en todas partes.»

Así empieza La lección de August (Wonder), de la autora R.J Palacio (Raquel Jaramillo). Publicado en 2012, se convirtió en número 1 en ventas en The New York Times; mejor libro del año en Amazon y Barnes and Nobles; mejor libro juvenil de 2012 en Publisher’s Weekly, Kirkus Review, Booklist, School Library Journal y Washington Post.

No está mal, ¿verdad? Y menos para un libro cuyo manuscrito fue rechazado por varias editoriales y que, cuando se publicó, lo hizo con una tirada modesta y unas expectativas bajas. Sin embargo, la sorpresa no tardó mucho en suceder, ya que se hicieron 38 reimpresiones, vendió más de un millón de copias (y ya va por los cuatro millones) y se vendieron sus derechos a 36 países. La productora LionsGate, de hecho, ha comprado los derechos de la película para adaptarla a la gran pantalla, así que los seguidores de Wonder (Extraordinario) tienen material para rato, y nosotros que nos alegramos.

¿Por qué es un libro tan especial? ¿Por qué creemos que es importante leerlo, y trabajarlo en clase? 
En nuestra última entrada sobre libros acerca del acoso escolar hablábamos de La lección de August y del impacto positivo que genera en sus lectores, de la huella que deja, pero hoy queremos ahondar un poco más en esta colección. 
La historia gira en torno a Auggie, un niño con una deformidad en el rostro que, tras estar escolarizado en casa debido a las múltiples operaciones a las que ha sido sometido, este año empezará a ir a la escuela por primera vez, algo que siempre ha querido. De hecho, lo que quiere es hacer lo mismo que los otros niños, como “tener un montón de amigos, quedar después de clase y esas cosas”. Pero las cosas no son tan fáciles; August camina mirando al suelo, oye comentarios furtivos allá donde va y está cansado de que lo miren tanto. Sin embargo, no conocemos sólo el punto de vista de Auggie, sino que la narración alterna capítulos de distintos personajes, como la hermana de August, sus padres e incluso los amigos que hace en el colegio, para así conocer de primera mano las reacciones y las experiencias que viven. La historia se enriquece, se vuelve completa y emotiva.
“Yo no veía a August tal como lo veía el resto de la gente. Sabía que no era exactamente normal, pero no entendía por qué los desconocidos se impresionan tanto al verlo.” —Via (hermana de August)

¿Cómo surgió una historia tan conmovedora? 
R.J Palacio (Raquel Jaramillo) cuenta que, un día, estaba en una tienda comprando bebidas para sus hijos cuando vio a una niña pequeña con una deformidad en el rostro. Apartó a sus hijos deprisa y corriendo y, aunque después se arrepintió de lo sucedido, ya no podía volver atrás para hablar con la niña. Aquella misma noche empezó a escribir lo que sería La lección de August y, de hecho, en la novela relata la misma escena, pero desde el punto de vista de Auggie.
Con un lenguaje sencillo, enfocado al público más joven, nadie sospechaba que la historia emocionaría a adultos por igual. Pero lo cierto es que un buen libro es un buen libro, independientemente de la edad a la que esté dirigido. La lección de August es un libro tierno, amable, que trata un tema muy difícil de un modo positivo y divertido y huye de un enfoque deprimente. Transmite un mensaje muy necesario sin llegar a ser un libro moralizador, y es, en definitiva, una lectura refrescante y honesta.

Una buena manera de trabajar temas como la empatía y la amabilidad, el acoso escolar y cómo podemos actuar en situaciones de este tipo, y de concienciar a los más jóvenes (y no tan jóvenes) de que no cuesta nada ser amable con los demás.
“No creo que la empatía se pueda enseñar. Es algo que sólo se puede inspirar.” (I honestly don’t think that empathy can be taught. It can only be inspired.) —R.J Palacio (Raquel Jaramillo), autora de la saga Wonder
Wonder. "La lección de August" es el primer volumen de la colección. Después, le sigue "La historia de Julian", donde vemos, por fin, el punto de vista del chico que le hace la vida imposible a Auggie. 
¿Por qué lo odia tanto? ¿Qué papel juegan los padres en su comportamiento? ¿Se dará cuenta de sus errores? Es, en definitiva, el acoso escolar visto desde el perpetuador y no la víctima, y un libro necesario para darnos cuenta de que la realidad es compleja y va mucho más allá de lo que en un primer momento pensamos.

R.J Palacio (Raquel Jaramillo) escribió también "El juego de Christopher", que narra los hechos del mejor amigo de Auggie desde la infancia, mucho antes de que entrara al colegio. Sin embargo, Christopher ya no vive cerca de Auggie, y ambos tendrán que luchar si quieren preservar su amistad. Para acabar, y recién salido en librerías, la serie continúa con "Charlotte tiene la palabra", que arroja una nueva luz sobre el primer año de colegio de Auggie desde la perspectiva de Charlotte, la chica elegida para acompañarlo los primeros días del curso. Una chica que también sufre por encontrar su lugar y ser aceptada.


WONDER
El libro de preceptos 
del señor Browne

PRECEPTOS

"Los preceptos o máximas son de gran importancia, y tener unos cuantos a mano contribuye más a la felicidad que volúmenes enteros que no sabemos dónde encontrar". SÉNECA

Mi padre se llamaba Thomas Browne. Su padre también se llamaba Thomas Browne. Por eso yo me llamo Thomas Browne. Hasta que fui a la universidad no supe que existía otro Thomas Browne, mucho más ilustre, que había vivido en Inglaterra en el siglo XVII. Sir Thomas Browne fue un escritor de gran talento, estudioso del mundo natural, científico, erudito y partidario de la tolerancia en una época en que la norma era la intolerancia. En resumen: no podría haber pedido un tocayo mejor.

En la universidad fui leyendo muchas de las obras de sir Thomas Browne, entre ellas "Sobre errores vulgares", un libro que pretendía desacreditar algunas creencias falsas muy extendidas en su época, y La religión de un médico, una obra que planteaba unas cuantas preguntas sobre la religión consideradas muy poco ortodoxas en aquel tiempo. Mientras leía esta última me encontré con esta frase maravillosa:

"Albergamos en nuestro interior las maravillas que buscamos a nuestro alrededor".

Por algún motivo, la belleza y la fuerza de esa frase me dejaron helado. Quizás era justo lo que necesitaba oír en aquel momento de mi vida, un momento en que me atormentaba la duda de si la profesión que había elegido —la enseñanza— era lo bastante maravillosa para hacerme feliz. 

Escribí aquella frase en un papelito y lo pegué en la pared, donde permaneció hasta que acabé la carrera. También me acompañó al posgrado. Lo llevé en la cartera mientras viajaba con el Cuerpo de Paz.

Cuando me casé, mi mujer lo hizo enmarcar y ahora cuelga en el vestíbulo de nuestro piso del Bronx.
Fue el primero de muchos preceptos en mi vida, que empecé a recopilar en un álbum de recortes. Frases de libros que he leído. Galletas de la suerte. Tarjetas de Hallmark con frases inspiradoras. Si hasta escribí «Just Do It!» (¡Hazlo!), es eslogan de Nike, porque pensé que era perfecto para mí. Al fin y al cabo, la inspiración puede venir de cualquier sitio.

La primera vez que introduje los preceptos en mis clases aún era profesor en prácticas. Me estaba costando mucho que mis alumnos se interesasen por las redacciones —creo que les había pedido que escribiesen cien palabras sobre algo que fuese importante para ellos—, así que me llevé la cita enmarcada de Thomas Browne para mostrarles algo muy importante para mí. Al final acabó interesándoles mucho más el significado de la cita que el impacto que había tenido en mí, así que les pedí que escribiesen sobre eso. Me quedé asombrado con lo que se les ocurrió.

Desde entonces utilizo los preceptos en clase. Según el diccionario, un precepto es «una instrucción o regla que se da o establece para el conocimiento o manejo de un arte o facultad». Para mis alumnos siempre lo he definido en términos más sencillos: los preceptos son «palabras a seguir en la vida». Muy sencillo. El primer día del mes escribo un nuevo precepto en la pizarra, ellos lo copian y luego hablamos de él. A final del mes redactan un texto sobre ese precepto. Cuando acaba el curso les doy mi dirección y les pido que durante el verano me envíen una postal con un nuevo precepto, que puede ser una cita de alguien famoso o un precepto que se hayan inventado ellos. El primer año que lo hice me pregunté si recibiría algún precepto. Me quedé de piedra al ver que, al final del verano, todos los alumnos de todas mis clases me habían enviado uno. Imagínense mi asombro cuando, al año siguiente, volvió a suceder lo mismo. Solo que en esa ocasión no solo recibí postales de mi clase de ese año, sino también unas cuantas de la clase del año anterior.

Llevo diez años dando clase. A día de hoy he recibido unos dos mil preceptos. Cuando llegó a sus oídos, el señor Traseronian, el director del colegio de secundaria Beecher, me propuso que los reuniera y los convirtiese en un libro que pudiera compartir con todo el mundo. La idea me despertaba una gran curiosidad, pero ¿por dónde empezar? 
¿Cómo elegir los preceptos que debía incluir? Decidí centrarme en los temas con los que más se indentificaban los chicos: la bondad, la fuerza de carácter, la superación de la adversidad o simplemente hacer el bien en el mundo. Me gustan los preceptos edificantes. Confío en que el lector de este libro decida iniciar algunos días con una de estas «palabras a seguir en la vida».
Estoy muy contento de poder compartir mis preceptos favoritos con todo el mundo. Muchos los he ido recopilando a lo largo de los años. Otros me los han enviado mis alumnos. Todos significan mucho para mí. Ojalá ustedes puedan decir lo mismo.
"Enséñale lo que se ha dicho en el pasado; entonces él dará buen ejemplo a los niños... Nadie nace sabio". Las máximas de Ptahhotep, 2200 a. C.
ENERO

"Albergamos en nuestro interior las maravillas que buscamos a nuestro alrededor". Sir Thomas Browne

"Los dos días más importantes de tu vida son el día que naces y el día que descubres por qué". Mark Twain

"En la vida del hombre hay tres cosas importantes: la primera es ser amable, la segunda es ser amable y la tercera es ser amable". Henry James

"Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo". John Donne

"Poder echar la vista atrás y ver la vida propia con satisfacción es vivir dos veces". Jalil Gibran

"Si el viento no sopla, toma los remos". Proverbio latino

"Por larga que sea la noche...siempre acaba saliendo el sol". Proverbio africano

"Sabio es el que conoce a los demás. Iluminado, el que se conoce a sí mismo". Lao Tsé

"¿Alguien te ha mostrado bondad? Transmítela". Henry Burton

"No hay pájaro que vuele demasiado alto si vuela con sus propias alas". William Blake

"Lo milagroso no es volar por el aire ni caminar por encima del agua, sino andar por la tierra". Proverbio chino

"Lo vergonzoso no es no saber, sino no molestarse en averiguar". Proverbio asirio

"Sé fiel a ti mismo". William Shakespeare

"Ningún acto de bondad, por pequeño que sea, es en vano". Esopo

"Sé tu mismo, todos los demás puestos ya están ocupados". Oscar Wilde

"Dondequiera que haya un ser humano existe la posibilidad de hacer el bien". Séneca

"Conócete a ti mismo". Inscripción en el Oráculo de Delfos 

"La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano". Victor Hugo

"Sé quien quieras ser, no lo que los demás quieren ver". Desconocido

"La ignorancia no es decir: «No lo sé». La ignorancia es decir: «No quiero saberlo»". Desconocido

Las virtudes del arenero

Un secreto, chicos: sus padres pasan mucho tiempo enseñándoles a ser educados cuando son pequeños porque, está comprobado científicamente, el mundo trata mejor a la gente educada. «Que no se te olvide pedir las cosas por favor», les decimos. «Pórtate bien. Da las gracias». Se trata de virtudes elementales. Las enseñamos porque hay que enseñarlas. Además, queremos que caigan bien a los demás. Sin embargo, para cuando llegan a secundaria, nuestras prioridades parecen haber cambiado. «Ezfúerzate en el colegio. Triunfa. Estudia más. ¿Ya has acabado los deberes?» 

Parece que siempre los estamos machacando con lo mismo. En algún momento dejamos de hacer hincapié en esas virtudes elementales. Quizá sea porque damos por hecho que a estas alturas ya las han aprendido. O quizá porque queremos que aprendan otras muchas cosas. O quizá, sólo quizá, porque hay una ley no escrita sobre los chicos de secundaria: no es fácil ser agradable. Aunque el mundo prefiera a los niños educados, hay otros alumnos de secundaria que no parecen valorarlo tanto. Los padres tenemos tantas ganas de que pasen cuanto antes esos años de "El señor de las moscas" que a menudo hacemos la vista gorda ante algunas de esas cosas desagradables que se consideran normales.

Yo, personalmente, no me creo eso de que todos los chicos pasan por una «mala fase». Es más, me parece una tontería. Por no hablar de lo insultante que resulta para ellos. Cuando hablo con algunos padres que me dicen, para justificar algo malo que han hecho sus hijos: «¿Qué quiere que haga? Son cosas de niños», tengo que contenerme para no tirarles una pulsera de la amistad a la cabeza.

Verán: con el debido respeto, creo que no siempre están preparados para entender las cosas ustedes solos. A veces aflora una maldad innecesaria cuando intentan decidir quien quieren ser, quienes son sus amigos y quiénes no. Últimamente, los adultos pasan mucho tiempo hablando del acoso escolar, pero el verdadero problema no es tan evidente como que un chico le tire a otro una gaseosa a la cara. Es el aislamiento social. Son las bromas crueles. Es la manera que tienen de tratarse los unos a los otros. He visto con mis propios ojos a unos antiguos amigos volverse el uno contra el otro: parece que a veces no les basta con seguir caminos diferentes y tienen que aislar a sus antiguos amigos para demostrarles a los nuevos que ya no son compañeros.
Esos comportamientos no me parecen aceptables. Está bien, no tienen por qué seguir siendo amigos, pero no hace falta ser desagradable. Sean respetuosos. ¿Acaso es mucho pedir? No. Creo que no.

Todos los días a las 15.10 mis alumnos de quinto salen de Beecher cuando terminan las clases. Unos cuantos, los que viven más cerca, vuelven andando a casa. Otros toman el autobús o el metro. Sin embargo, a muchos los recogen sus padres o las personas que están a cargo de ustedes. La cuestión es que, de un modo u otro, casi ningún padre permite que sus hijos deambulen por las calles sin que ellos sepan donde están, con quién están y que están haciendo. ¿Por qué? ¡Porque siguen siendo unos niños! Del mismo modo, ¿por qué deberíamos dejarlos deambular por el territorio inexplorado de la educación secundaria sin guiarlos un poco? Todos los días tienen que enfrentarse a numerosas situaciones sociales: la política del comedor, la presión de sus compañeros, la relación con los profesores... Algunos lo hacen muy bien ustedes solos, claro que sí, pero a otros —seamos sinceros— no les sale tan bien. Algunos siguen necesitando un poco de ayuda para resolver algunas situaciones.

Chicos, no se enfaden con nosotros si intentamos ayudarlos. Tengan paciencia. Cuando eres padre, no es fácil encontrar el equilibrio entre intervenir demasiado e intervenir muy poco. Intenten aguantarnos, solo queremos ayudarlos. Cuando les recordamos aquellas antiguas virtudes elementales que les enseñábamos cuando eran pequeños y aún jugaban en el arenero, es porque «portarse bien» es algo que hay que seguir haciendo en secundaria. Es algo que tienen que recordar a diario mientras recorren los pasillos del colegio de camino a la edad adulta.
Detrás de todo esto hay una gran verdad: en su interior se esconde una gran nobleza. Nuestro trabajo como padres, educacadores y maestros es cultivarla, hacerla salir y dejar que brille. 

FEBRERO
"Es mejor conocer algunas preguntas que todas las respuestas". James Thurber
"Espero pasar por este mundo sólo una vez. Por lo tanto, cualquier bien que pueda hacer o cualquier bondad que pueda demostrarle a cualquier criatura tendrá que ser ahora. Que nadie me permita una distracción o un descuido, porque jamás volveré a pasar por aquí". Stephen Grellet

"La felicidad suprema en la vida es tener la convicción de que nos quieren". Víctor Hugo

"Ama un poco más cada día". Madison

"Si sigues tu estrella, no puedes dejar de llegar a un glorioso puerto". Dante Alighieri

"Encuentra tu grandeza". Rebecca

"La mejor parte de la vida de un hombre bueno son sus pequeños, anónimos y olvidados actos de bondad y de amor". William Wordsworth

"El hombre no puede aprender nada a menos que vaya de lo conocido a lo desconocido". Claude Bernard

"Si alguna vez te sientes perdido deja que tu corazón sea tu brújula". Emily

"No sigas la corriente, atrévete con los rápidos". Isabelle

"Denme un punto de apoyo y moveré el mundo". Arquímedes

"Sé hermosa. Sé tú misma". Lindsay

"Cada vez que sale el sol, nace una nueva esperanza..." Jack

"Lo más importante es emocionarse, amar, esperar, temblar, vivir". Aguste Rodin

"Hagas lo que hagas, hazlo bien". Abraham Lincoln

"Lo más importante no es lo que te sucede, sino cómo reaccionas". Epícteto

"El esfuerzo le gana al talento cuando el talento no se esfuerza". Shreya

"Mantén un árbol verde en el corazón y quizá un pájaro venga a cantarte". Proverbio chino

El mes más largo del año 

En esta época del año me gusta incluir un precepto sobre la exploración. ¿Por qué en esta época? Porque, aunque febrero es el mes más corto, también es el período más largo sin vacaciones a la vista (aparte del día del Presidente). En enero los alumnos vuelven a clase después de las vacaciones de Navidad. Una vez que dejan atrás el subidón de los regalos y la emoción de las primeras nevadas, el 31 de enero lo comprenden horrorizados: «¡No tendremos más vacaciones hasta la primavera!». ¡Argh! De ahí el bajón de febrero.

Siempre me ha parecido que a los alumnos los ayuda pensar en fronteras inexplotadas, ya sean fronteras de la imaginación o fronteras geográficas. Estas últimas encajan muy bien con lo que solemos dar en clase de historia por esas fechas (exploramos la antigua China o la antigua Grecia, según quien sea su profesor de historia), y las primeras son una transición estupenda para mis clases de escritura creativa.

Hace poco utilicé el precepto de James Thurber «Es mejor conocer algunas preguntas que todas las respuestas», y un alumno llamado Jack Will me entregó una redacción muy interesante. 

Este precepto me gusta mucho. Me hace pensar en todas las cosas que no sé y que quizá nunca llegue a saber. Me paso mucho tiempo haciéndome preguntas. Algunas son muy tontas, como por ejemplo: ¿por qué huele tan mal la caca? ¿Por qué los seres humanos no tienen tantas formas y tamaños como las razas de perro? (A ver, un mastín es diez veces más grande que un chihuahua, ¿por qué no hay humanos que miden veinte metros?) Aunque también me hago preguntas importantes, como por ejemplo: ¿por qué tienen que morir las personas? ¿Por qué no podemos imprimir más dinero y dárselo a la gente que no tiene suficiente? Cosas así.

La pregunta más importante que he estado haciéndome este curso ha sido: ¿por qué tenemos el aspecto que tenemos? ¿Por qué tengo un amigo que es «Normal» y otro que no? 
Creo que a estas preguntas nunca les encontraré respuesta, pero hacerme esas preguntas ha hecho que me haga otra: ¿qué es «normal»

Lo busqué en el diccionario y esto es lo que decía: normal (adjetivo): Que se ajusta a un modelo; habitual, típico o esperado. Y pensé: «¿Que se ajusta a un modelo? ¿"Habitual"? ¿"Típico"? ¿"Esperado"? ¡Uf! ¿Quién demonios quiere ser "tipico"? Que horrible, ¿no?».
Por eso me gusta tanto este precepto, ¡porque es verdad! Es mejor hacerse algunas preguntas alucinantes que conocer un montón de respuestas a cosas muy tontas. Por ejemplo, ¿a quién le importa a que equivale X en una estúpida ecuación? ¡Bah! Esas respuestas dan igual.

Pero la pregunta «¿Qué es normal?» si que es importante. Es importante porque nunca va a tener una respuesta correcta. Ni tampoco una respuesta incorrecta. ¡La pregunta es lo único importante! Por eso me gusta tanto utilizar los preceptos en clase. Los lanzas y nunca sabes lo que vas a recoger, lo que va a tocarle la fibra sensible a un chaval, o lo que va a hacer que se planteen más las cosas, o se hagan preguntas más importantes que si se limitasen a contestar una pregunta de un libro. Esa es una de las cosas que más me gustan de los preceptos: suelen expresar sentimientos sobre problemas a lo que el ser humano ha estado enfrentándose desde el origen de los tiempos. ¡Me encanta que mis alumnos de quinto se vean obligados a hacer lo mismo!

MARZO

"En cuanto confíes en ti mismo, aprenderás a vivir". Johann Wolfgang von Goethe

"Las palabras amables no dejan tanta huella en los hombres como la fama de bondadoso". Mencio

"Aquellos a quienes acompañan pensamientos nobles nunca están solos". Sir Philip Sidney

"Cuando se te acabe la cuerda, haz un nudo y agárrate bien". Thomas Jefferson

"Las palabras amables cuestan poco y consiguen mucho". Blaise Pascal

"Sé la persona capaz de sonreir el peor día". Cate

"Para mí, cada hora de luz y oscuridad es un milagro, cada centímetro cúbico de espacio es un milagro". Walt Whitman

"¡Descendí como un ángel!" Thomas Traherne

"El paraíso terrenal está donde estoy yo". Voltaire

"En este mundo, hay que ser demasiado bueno para ser lo bastante bueno". Pierre Carlet de Chamblain de Marivaux

"No vayas a donde te lleve el camino, ve donde no lo haya y deja tú una senda". Ralph Waldo Emerson

"Las buenas acciones son las bisagras invisibles de las puertas del Cielo". Víctor Hugo

"Haz siempre el bien. Así complacerás a algunos y asombrarás a los demás". Mark Twain

"Lo único que sabemos del amor es que el amor es lo único que hay". Emily Dickinson

"Saber lo que sabes y lo que no sabes, eso es verdadera sabiduría". Confucio

"A un árbol se lo conoce por sus frutos; a un hombre, por sus actos. Una buena acción nunca se pierde; quien siembra cortesía recoge amistad, y quien planta amabilidad cosecha amor". San Basilio

"La esperanza es como el sol: cuando se esconde detrás de las nubes, no ha desaparecido. ¡Sólo tienes que encontrarla!" Matthew

Hacerlo lo mejor que puedas te lleva tiempo. Thomas

"¡Tenemos que animarnos, volver a animarnos y seguir animándonos!" Grorges Jacques Danton

"No es el destino el que decide, ¡sino tú!" Dominic

Una cucharada de bondad 

Cuando mi hijo Tommy tenía tres años, mi mujer, Lilly, y yo lo llevamos a la revisión médica anual y el pediatra nos preguntó cuáles eran sus hábitos alimentarios.

«Pues ahora está pasando por esa fase en la que solo le gustan la milanesa de pollo y los hidratos de carbono, así que por ahora hemos renunciado a intentar que coma verduras. Cada noche nos toca pelearnos con él», confesamos. El pediatra asintió, sonrió y nos dijo: «No pueden obligarlo a que se coma las verduras, pero su obligación es asegurarse de que están en el plato. No puede comérselas si ni siquiera estan en el plato».

En todos estos años le he dado muchas vueltas a ese tema. Me lo planteo cuando doy clase. Mis alumnos no pueden aprender lo que yo no les enseño. La bondad. La empatía. La compasión. Ya sé que todo eso no aparece en el plan de estudios, pero aún así tengo que servírselo en el plato todos los días. Quizá se lo coman, quizá no. En cualquier caso, mi obligación es ofrecérselo. Con suerte, un bocado de bondad puede hacer que el día de mañana les apetezca probarla de verdad. 

ABRIL

"Lo que es hermoso es bueno, y quien es bueno pronto será hermoso". Safo

"Siempre es de día en algún lugar del mundo". Richard Henry Hengist Horne

"A decir verdad, el conocimiento es el gran sol en el firmamento. La vida y la energía se dispersan con todos sus rayos". Daniel Webster

"No hay nada que haga nuestras vidas, o las vidas de otras personas, más hermosas que la bondad eterna". Lev Tolstói

"Puedes hacer cualquier cosa que te propongas. Sólo tienes que creerlo". Ella

"Los superhéroes se hacen, pero los héroes nacen. Antonio

"¿Acaso hay mayor sabiduría que la bondad?" Jean-Jacques Rousseau

"El hombre que mueve una montaña debe empezar moviendo rocas pequeñas". Proverbio Chino

"La vida es como una montaña rusa con todos sus altibajos". Kyler

"Vive la vida en voz bien alta". Delaney

"Sé el cambio que quieres ver en el mundo". Mahatma Gandhi

"La vida solose entiende mirando hacia atrás, pero hay que vivirla mirando hacia delante". Soren Kierkegaard

"El cielo está bajo nuestros pies, así como sobre nuestras cabezas". Henry David Thoreau

"Sé noble, y la nobleza que se esconde entre otros hombres, dormida pero nunca muerta, se alzará majestuosa al encuentro de la tuya". James Russell Lowell

"El primer hombre que se comió una ostra fue un valiente". Jonathan Swift

"Un rayo de sol basta para ahuyentar muchas sombras". San Francisco De Asís

"De las misiones en la vida, sólo una parece valer la pena: hacer el bien a los demás". Gamaliel Bailey

"La más pequeña de las buenas acciones es mejor que la más elevada de las intenciones". Desconocido

"No me dan miedo las tormentas, porque estoy aprendiendo a navegar". Louisa May Alcott

"Para cada uno, lo suyo es lo bonito". Proverbio Latino 

CONTINUARÁ...








Pese a todos los problemas médicos asociados con el síndrome Treacher-Collins, los niños que viven con este síndrome son como todos los niños: curiosos, sensibles y resistentes. Ambas realidades se combinan para producir una experiencia única para cada familia. Pero la mayoría de las familias encuentran un aspecto como el más duro de afrontar: las reacciones a menudo desconsideradas de los demás. Eso llevó a Palacio (Raquel Jaramillo) a centrarse en algo más que había querido estudiar desde hace tiempo: la raíz de la simple y sencilla compasión. 



«Todo padre quiere un mundo mejor para sus hijos, pero a veces olvidamos que son las cosas más sencillas las que sirven para crearlo.





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