EL Rincón de Yanka: 👮 ¡AH, CUANDO VENGA TU PADRE!

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miércoles, 7 de noviembre de 2018

👮 ¡AH, CUANDO VENGA TU PADRE!

Por eso nunca les digas,
 "¡ah, cuando venga tu padre!”
Héctor Francisco Gagliardi (1909-1984) apenas es conocido en España. En La Argentina en cambio es el poeta que más libros ha vendido por detrás de Martín Fierro de José Hernández. Fue además recitador y letrista de tango. Os dejo un poema de Gagliardi, para leer con sentido del humor y tomar nota (que aún muchos usan al padre como ogro), para felicitar el Día del Padre a todos los que os lo merecéis, que sois mayoría.
Oye negra, ¿Te puedo hablar?
ya los chicos se han dormido
Así que, así que deja el tejido 
que después te equivocas.

Hoy te quiero preguntar
Por qué motivo las madres 
amenazan a sus hijos
Con ese estribillo fijo de 
¡Ah, cuando venga tu padre!

Y con tu padre de aquí 
y con tu padre de allá.
Resulta de que al final al verme llegar a mí
Lo ven entrar a Caín y escapan por todos lados.
Y yo, que vengo cansado de trabajar todo el día,
recibo de bienvenida una lista de acusados

Tú empiezas con tus quejas 
y yo tengo que enojarme
Igual que hacía mi padre 
al escuchar a su vieja
Entraba a fruncir la ceja 
apoyando a ese fiscal
Que en medio del temporal 
se erigía en defensora
Lo mismo que tú ahora 
que siempre me dejas mal

Si los perdono, ¡que ejemplo! 
¡es así como los educas!
Si los castigo, ¡no tienes sentimientos!
A mí, a mí que llegué contento 
y no tuve más remedio
que poner cara de serio.
Y escuchar tu letanía.

A mí, a mí que me paso el día
pensando en jugar con ellos;
yo sueño en llegar a casa, 
y olvidarme felizmente del trabajo,
de la gente y de todo lo que pasa.
Los hijos son la esperanza
y el porqué de nuestras vidas.

Por eso nunca les digas 
"¡ah, cuando venga tu padre!".
No quiero encontrar culpables,
quiero encontrar alegría,
que no me pongas de escudo 
como lo hacía mi madre,
que consiguió que a mi padre 
lo imaginara un verdugo.

Él llegaba y te aseguro 
que se acababan las risas.
Y en lugar de una caricia 
o hablarle como a un amigo,
lo miraba compungido 
presintiendo una paliza,
y el pobre que me entendía, 
sacudiendo la cabeza,
escuchaba con tristeza 
lo que mi madre decía.
Y que él, y que él de sobra sabía

Que con éste no se puede, 
que me pinta las paredes, 
que trajo las suelas rotas, 
que la calle, la pelota,
que me saca canas verdes,
¡a la cama sin cenar! 

Aburrido me ordenaba,
mi madre me consolaba 
y yo, yo lo culpaba a él;
a él que había llegado 
recién de trabajar, cansado,
y ya lo había yo amargado 
con todas mis travesuras.
Los hijos nunca analizan 
el sentimiento del padre
porque el brillo de la madre 
es tan fuerte que lo eclipsa,
sólo le hacemos justicia 
cuando nos toca vivir
a nosotros su problema.

¡Ay, si mi padre viviera, 
¡que recién lo comprendo!
Y por qué nunca me dijo 
lo mucho que me quería.
Si hoy yo sé cuanto sufría 
al ver enfermo a su hijo.
Por qué me miraba fijo 
el primer pantalón largo.
Y sé que, hasta me habrá besado 
cuando yo estaba dormido.

Hoy que todo lo comprendo.
Por qué no estás a mi lado.
Por qué no estás ahora 
para besarte bien fuerte, viejo lindo.
Y ofrecerte mi cariño a todas horas.
Ves a tu hijo que llora, 
pero llora con razón.
Porque te pide perdón, 
pensando en aquellos días.
En que ciego no veía 
que eras puro corazón.
Déjame negra que llore, 
es tan lindo desahogarse.

En fin, veamos, veamos 
que hacen nuestros futuros señores. 
Mira esos pantalones.
Tápale un poco a la nena.
Si, si ya sé, no me lo digas
Hoy se fue a la calle sola.
Acuéstate rezongona, 
mañana, mañana será otro día.

Héctor Gagliardi