¡VIVA CRISTO REY, SERVIDOR!
Autor:
Mons. Tihamér Tóth (Szolnok, 1889 – Veszprém, 1931)
Teólogo, obispo y escritor católico. Nació en Szolnok, Hungría, el 14 de enero de 1889.
A pesar del ambiente liberal de fines de siglo, en el hogar de los Toth reinaba el más puro espíritu cristiano. Fue ordenado sacerdote y designado capellán del ejército austro-húngaro en la primera guerra mundial. En 1924 fue profesor de la Universidad de Pazmany, en 1931 director del seminario de Budapest, fue nombrado obispo de Veszprém y a los pocos meses enfermó de encefalitis y recibió el Santo Viático con el ánimo alegre y sosegado. Uno de sus últimos consuelos fue ver junto a su lecho al Nuncio del recién Pío XII, quien le traía bendición papal. En 1939 falleció en su ciudad episcopal a la edad de 50 años. Hungría y el mundo lloraron la muerte del virtuoso obispo y fecundo escritor. En 1943 se introdujo el proceso de su beatificación.
Entre sus obras destacan El joven de carácter, El joven y Cristo, Energía y pureza, Se sobrio, Los diez mandamientos, Cristo Rey, Creo en Jesucristo: el Mesías; Creo en Jesucristo: el Redentor, El matrimonio cristiano, Creo en Dios, Creo en la vida perdurable, Creo en la Iglesia, Eucaristía, Padre nuestro, Venga a nos el tu reino, Prensa y cátedra, Verdad y caridad y Formación religiosa para los jóvenes. Se conocen 23 obras suyas y traducciones a más de 16 idiomas.
«El hombre moderno necesita…
no una fe nueva, no una religión nueva,
no un código nuevo, sino:
un corazón nuevo, un alma nueva,
una generosidad nueva,
un amor nuevo de la fe antigua».
Cristo Rey
Por ser Hijo de Dios, Verbo encarnado,
porque en la cruz fue tuya la victoria,
y porque el Padre te vistió de gloria
con la luz del primer resucitado.
Por eso eres, Jesús, Rey coronado,
señor y Pantocrator de la Historia,
libertador de noble ejecutoria,
triunfador de la muerte y del pecado.
Ya sé que no es tu Reino de este mundo,
que es sólo dimensión de algo interior,
-lo más cordial del hombre y más profundo-
donde te haces presente y seductor;
allí donde tu encuentro es más fecundo,
allí donde tu Reino se hace Amor.
José Luis Martínez SM
Soneto a Cristo Rey
Siguiendo paso a paso tu sendero,
¡Cuán patente se ve tu realeza!
En un pesebre naces, ¡Qué pobreza!
Te acoges a un humilde carpintero.
Más tarde te contemplo prisionero
de la perfidia humana.
Con certeza pueden poner el INRI
en tu cabeza
al expirar por mí en el madero.
No te creo más Rey de haber nacido
en los mejores tronos y ensalzado.
Así te creo más: pobre y abatido.
Sufriendo en una cruz por mí, clavado.
Así te creo más, Jesús querido,
Rey de reyes, Señor de lo creado.
Andrés Carballo Real
TU REINO NO ES DE ESTE MUNDO
Tu reino no es de este mundo,
el nuestro tampoco
aunque nuestras manos se aferren a los cetros
y nuestras cabezas suspiren
por efímeras coronas de laurel;
tu reino no es de este mundo,
el nuestro tampoco
Eres hijo de hombre,
no de dioses ni de sus nobles descendientes;
por tus manos corre la sangre roja del obrero,
no la sangre azul y pálida
de los que temen al sol mañanero.
En tu cabeza anida el peso de una fatiga
amasada entre sudor y espinos,
sin lugar para coronas o mitras
que nunca conocieron
el noble sabor de la palabra “sacrificio”.
Tu reino no es de este mundo,
el nuestro tampoco;
por eso lo pedimos cada día
con el ansia del niño
que se aferra al cálido pecho de su madre,
desnudo de cualquier apego,
ebrio de vida y alegría.
Tu reino no es de este mundo;
el nuestro, tampoco.
AL REY UNIVERSAL
¡Oh luz de mi existencia,
imán de mis amores,
Jesús humilde y manso,
del universo Rey!
Escucha la cadencia,
entre el néctar de flores,
de quien halló el descanso /
bajo tu suave ley.
Quiero que en este canto
te cante el orbe entero,
los ángeles y el hombre
a coro unisonal.
Te bendigan, Rey santo,
hacer conocer quiero
el dulzor de tu Nombre,
¡oh Rey universal!
A ti te canta todo:
la mole de la tierra
con esa alfombra agreste
que por ti se extendió.
Y te canta a su modo
la nieve de la sierra,
la bóveda celeste,
la luz que se le dio.
Por tu amor fueron hechas
la luna y las estrellas,
y en ese manto regio
quieren por ti brillar.
Por ti, Jesús, endechas
se escuchan las más bellas,
por ti el sublime arpegio
del ave en su cantar.
Las selvas, las montañas,
los valles, las cavernas,
la llanura anchurosa,
todo se hizo por ti;
y por ti en las entrañas
de las madres más tiernas,
la pasión amorosa,
fuerte hasta el frenesí.
Por ti lindos jardines
cuajados de claveles,
con matas de tomillo
de suavísimo olor.
La abeja entre jazmines
por ti liba sus mieles,
y en un panal sencillo
deposita el licor.
Y tanto la azucena
como la humilde viola
hónranse por servirte
de alfombra de tus pies.
Escucha cómo suena
de todo una voz sola,
anhelando decirte
lo que tú, Jesús, ves.
El aura perfumada
por ti dice que se hizo,
el límpido arroyuelo
y el azulado mar,
la perla en él cuajada,
las flores del macizo,
cuanto encierra este suelo,
nació para tu altar.
Todo lo grande y bello,
lo sublime, lo hermoso,
lo agradable, lo santo,
es de tu Corazón
solo un tenue destello,
Jesús, amado Esposo,
a quien con gozo canto,
mi más cordial canción.
En idilio amoroso,
David mejor cantaba
al son de su salterio:
que todo se te dio,
que el Padre bondadoso,
todo lo sujetaba,
por extender tu imperio,
bajo tus pies él vio.
En el cielo, en la tierra
se doblan las rodillas,
y en los mismos abismos,
tu Nombre al escuchar;
cuanto tu reino encierra
de grandes maravillas
ni los querubes mismos
lo saben explicar.
Por ti fue concebida
sin mancha de pecado
la Madre Inmaculada
que halló gracia en verdad.
Si alguno tuvo vida,
siendo en Adán culpado,
se la dio regalada
tu santa Humanidad.
Pues si el origen eres
de toda la grandeza,
de todas las bondades
y de todo el amor.
Si tanto tú nos quieres,
¿cómo nuestra vileza
ya por eternidades
no te amará, Señor?
¡Que no haya desde ahora
ni tan siquiera un pecho
en el cual tu reinado
no cifre su gozar!
Tú, mi Rey, sin demora
andas siempre al acecho
con mal disimulado
anhelo por entrar.
¡Oh quién apóstol fuera,
para en todas las almas
poder entronizarte,
divino Amor, Jesús!
¡Dichoso quien pudiera
batir gozoso palmas,
el mundo al entregarte
ganado por tu cruz!
El alma que me diste,
bien sabes tú que es tuya
y servirte desea
de carroza triunfal.
En todo cuanto existe,
dale que contribuya
a que único Rey sea
el Rey universal.
¡VIVA CRISTO REY!
Consagración de la humanidad para
el día de Cristo Rey por el Papa Pío XI
Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano!
Miradnos humildemente postrados;
vuestros somos y vuestros queremos ser,
y a fin de vivir más estrechamente unidos con Vos,
todos y cada uno espontáneamente
nos consagramos en este día
a vuestro Sacratísimo Corazón.
Muchos, por desgracia, jamás, os han conocido;
muchos, despreciando vuestros mandamientos,
os han desechado. ¡Oh Jesús benignísimo!,
compadeceos de los unos y de los otros,
y atraedlos a todos a vuestro Corazón Santísimo.
¡Oh Señor! Sed Rey,
no sólo de los hijos fieles que jamás
se han alejado de Vos, sino también de los pródigos
que os han abandonado;
haced que vuelvan pronto a la Casa Paterna,
que no perezcan de hambre y miseria.
Sed Rey de aquellos que,
por seducción del error o por espíritu de discordia,
viven separados de Vos;
devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe
para que en breve se forme
un solo rebaño bajo un solo Pastor.
Sed Rey de los que permanecen
todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría;
dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro Reino.
Conceded, ¡oh Señor!, libertad segura a vuestra Iglesia;
otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden;
haced que del uno al otro confín de la tierra
no resuene sino esta voz:
¡Alabado sea el Corazón divino,
causa de nuestra salud!
A Él se entonen cánticos de honor
y de gloria por los siglos de los siglos.
Amén
Oh Jesús, único Rey del Universo, nos postramos a Tus pies,
para adorarte y tomarte por nuestro Rey y nuestro Guía.
Sí Señor, a Ti están sujetas todas las naciones,
solo Tú eres el verdadero Rey, solo Tú eres la verdadera paz,
solo Tú eres la verdadera luz, solo a Ti Te adoramos.
Tú eres nuestro Único apoyo, Tú eres nuestro Maestro,
oh Gran Dios del Cielo y de la Tierra.
Creemos muy firmemente que Tú estás realmente presente,
en la Eucaristía. Estás ahí, vivo, amando.
Tú quieres alimentarnos con el Pan de Vida.
Sí, ven y alimenta a Tus hijos.
Tu mirada está fija en las almas,
Tú velas por todas las Naciones.
Tu Corazón es para nosotros un remanso de descanso,
por eso nos consagramos a Tu Corazón como Rey y Príncipe.
Sólo a Ti, Señor, sean devueltas
toda la Gloria, el Honor, el Amor,
hasta la consumación de los siglos y en toda la Eternidad.
Amén
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