EL Rincón de Yanka: 💥 LA IGLESIA VASCA ETARRA Y VOCES CALLADAS, VÍCTIMAS DEL TERRORISMO NAZIONALISTA

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sábado, 4 de marzo de 2017

💥 LA IGLESIA VASCA ETARRA Y VOCES CALLADAS, VÍCTIMAS DEL TERRORISMO NAZIONALISTA



con la complacencia 

de la conferencia episcopal
💥

Como hijo y miembro de la Iglesia Católica me duele escribir la siguiente entrada, pero aún me duele más la vergonzosa postura que ha mantenido y aún mantienen muchos sacerdotes vascos y del mismo modo me causa escándalo que se mantuviese en su puesto a cierto obispo, con lo que entrañaba de implícito apoyo del Vaticano a la postura filo-terrorista que este mantenía. 
Pero nunca olvidemos que la Iglesia es una institución de origen divino y santa, los que pecan son los hombres que la componen, no ella.
Las relaciones que desde los inicios de la banda terrorista han existido entre esta y la Iglesia católica han sido ciertamente constantes y sumamente fluidas, tanto que ETA ha recibido un apoyo que ha ido en no poca ocasiones más allá del sustento ideológico para recibir incluso apoyo logístico.
Antes de entrar a narrar cuales han sido estos apoyos, es preciso señalar que el fundador del PNV, Sabino Arana, contaba entre una de las bazas fundamentales del nacionalismo la confesionalidad a modo de una visión en la que la religión era una parte más de esa forma de contraponer lo vasco a lo español. Para que no haya duda alguna de esto vamos a reproducir algunos textos de Arana referentes a lo señalado:

-“En Vizcaya no se puede ser a la vez patriota y liberal, porque nuestro lema patrio Jaun-Goikua eta Lagi Zarra, al cual no puede quitársele nada, con su primer término significa que de Dios dimana toda potestad y que las leyes católicas son base de la legislación”.
-“El pueblo español, no obstante los largos siglos en que ha gozado de gobierno y legislación católicos siempre se ha resistido a su benéfica influencia, siempre ha permanecido irreligioso e inmoral, de suerte que su actual carácter no puede atribuirse en manera alguna al gobierno y a la legislación liberales que al presente rigen, sino que éstos así le encontraron”.
-“Entregad este pueblo en brazos del maketismo es precipitarle en los abismos del infierno”.
-“...Vizcaya dependiente de España, no puede dirigirse a Dios, no puede ser católica en la práctica”.

Un segundo aspecto que han dirigido la posición que la Iglesia católica en torno a lo que se refiere al nacionalismo vasco en general y a la organización ETA en particular lo encontramos en la tendencia que en torno a los años 60 tomó una parte del clero con respecto a las posiciones revolucionarias izquierdistas, denominada Iglesia de base o del pueblo.
Tampoco hay que perder de vista el sentimiento antifranquista que había prendido entre una parte no pequeña del clerecía vasca con ansias de revancha tras la derrota republicana y la posterior persecución de clérigos que habían sido a su vez nacionalistas.

La cobertura que recibió ETA desde sus inicios partió tanto de párrocos como de obispos, todos los niveles y numerosas órdenes estuvieron implicadas.
Aunque ya en la I asamblea ETA se ha posicionado doctrinalmente al definirse como socialista, revolucionaria y separatista y en la II ha adoptado los principios de la Guerra revolucionaria y ha comenzado a sabotear usando explosivos, se celebraron la V- 1966 en la Casa Sacerdotal del Párroco de Gastelu y la segunda parte de esta en la Casa de Ejercicios de la Compañía de Jesús en Guetaria. Fue en esta V asamblea.
Pero la cosa va más allá puesto que tras los primeros asesinatos, que se produjeron en el año 1968 y 69 se celebran la V asamblea hasparren en El Colegio S. José de esta localidad francesa.
En la reunión de 1972 en que ETA firma un pacto de colaboración con el IRA, será un sacerdote el representante permanente ante la banda irlandesa.

Según el sociólogo norteamericano Robert Clark, la participación hasta 1978 de sacerdotes religiosos y seminaristas en ETA fue de un 73%, habla de militantes, no sólo de simpatizantes, que serían un porcentaje mucho mayor.

El posicionamiento de la Iglesia en Vascongadas comienza cuando el 30 de Mayo de 1960 se hace pública un carta colectiva del clero vasco, firmada ni más ni menos que por 339 sacerdotes vascos que decía: “...en las comisarías de Policía de nuestro país se emplea el tormento como método de exploración y búsqueda del trasgresor de una ley muchas veces intranscendente y no pocas injusta...” En el comunicado venían a defender que aunque la ley estuviese del lado de la policía, la justicia estaba de parte del agresor.
El Seminario de Derio fue la cuna de oposición clerical al régimen de Franco y del terrorismo.

Tras una fuerte campaña de proselitismo realizada a la salida de iglesias y colegios, la militancia de ETA aumenta de modo espectacular.
A partir de esos momentos la Iglesia les apoya, se dedica a esconder a sus militantes y colabora en la difusión de sus publicaciones.
De este modo las FOP (Fuerzas de Orden Público) comienzan a ver con malos ojos a sacerdotes y religiosos vascos.

A principios de los años 60 la oposición al régimen del Movimiento Nacional aumenta por todas partes, y en esas fechas nace la idea de formar un sindicato libre que aglutine a todos los “curas” de Vizcaya. La idea es apoyada por curas y religiosos rurales como: Gabicagogeasoa, Berrioategortúa y Kalzada y por la mayor parte de los “curas obreros”. De esta forma se estaba transgrediendo la entonces legislación vigente en cuanto a sindicación.
ETA en el nº 45 de su boletín Zutik de 1966 recuerda a los curas vascos lo siguiente: “... el sacerdote ha de estar en la lucha con el pueblo, como uno más..”
De esta situación surge la comunión entre la Iglesia Vasca, sobre todo el clero puesto que la jerarquía colaboraba con el régimen de una u otra forma, y los movimientos de liberación.
A finales de los 60 ETA había iniciado su acción ya su acción de sabotaje e incluso había realizado algún asesinato, pues bien la Oficina Política del grupo terrorista encontró en el clero una inapreciable ayuda.
Según Antonio Ayestarán: “... en cada sacristía del País Vasco se abre una escuela social dirigida por un marxista-leninista del lugar...La “evangelización” se efectúa a través de un programa de veinte charlas, estándar, constituyendo la primera de ellas la lucha de clases en Asiria y Babilonia, dividiendo la sociedad en burgueses y proletarios, en buenos y malos, siendo los malos los sucesivos burgueses babilonios, asirios, egipcios, griegos, etruscos, romanos, visigodos, etc..., hasta llegar al País Vasco, en el que los malos, malísimos eran los burgueses vascos nacionalistas, léase el Partido Nacionalista Vasco”.

A partir de 1967, año en el que se declaró el estado de excepción en Vizcaya se produce en el clero vasco una clara separación, por un lado estaría la reformista, que buscaría introducir cambios pastorales con el apoyo de la Jerarquía, en este grupo se incluirían los 17 profesores del Seminario de Derio, y por otro estaría la corriente contestataria que buscaría la lucha fuera del sistema. Los contestatarios se fusionan con el JARC (Juventudes Rurales de Acción Católica), que desde el año 1965 actúa con ETA.

Los curas reformistas se comienzan a manifestar , Bilbao 12 de Abril de 1967,para mostrar su oposición tanto al régimen de Franco como a la Jerarquía eclesial. Más tarde un grupo de 107 sacerdotes y religiosos escriben una carta pública contra el estado de excepción
La lealtad de estos curas y religiosos a ETA se pone de manifiesto cuando la Oficina Política de la organización terrorista celebre su primera parte en la Casa Cural de Gazteu y la segunda parte de la V asamblea en la Casa de Ejercicios Espirituales que la Compañía de Jesús tenía en Guetaria.

Debido a los asesinatos y a la posterior represión ejercida por las Fuerzas de Orden Público se creó un ambiente verdaderamente irrespirable. 15 sacerdotes vizcaínos se encierran en las oficinas del obispado de Bilbao, entrando la policía con la prohibición expresa de Monseñor Ciranda. En un Consejo de Guerra dos serán condenados a 10 años y otros a 12.
Consecuencia o no de los episodios arriba referidos, lo cierto es que el 7 de Julio de 1969 aparecerá un documento que firmarán conjuntamente PC, ETA y los curas vascos.

A finales de 1968 la entrada de nuevos seminaristas comienza a descender de modo vertiginoso en Guipúzcoa, En Álava y Vizcaya se mostrará de forma clara entre 1970-71. Debido a esto bajará la cantidad de curas que prestan ayuda a la organización terrorista, aunque aquellos que lo hagan se comprometerán con una mayor participación y riesgo.

Resulta muy esclarecedor el dato de que de los 16 procesados en el juicio de Agosto de 1970, dos de ellos eran sacerdotes, implicados por colaboración con la banda terrorista.
Cuando los atentados y los asesinatos arreciaban un amplio sector del clero daban un tristísimo espectáculo cuando se acercaban a las puertas de los pueblos para consolar a las viudas de los etarras o etzainas muertos en enfrentamientos pero siguiendo instrucciones de los obispos vascos dejaban de lado cualquier humano acompañamiento de las mujeres e hijos de guardias civiles y policías asesinados. Esta posición llegaba al extremo de no rezar siquiera un responso por sus almas. Esta actitud verdaderamente falta de todo atisbo de cristianismo había hecho que en no pocas ocasiones los entierros de guardias civiles y policías se celebrasen sin misas ni responsos y que saliesen los coches mortuorios del Gobierno Civil donde sus familiares y compañeros velaban los cadáveres saliesen de modo precipitado y “por la puerta de atrás” en dirección a su tierra de origen.

Cuando el 25 de Marzo de 1983 se produjo uno de los primeros asesinatos de la época socialista, el agente de la Guardia Civil D. Ramón Martínez García, el dirigente del PSOE se entrevistó con el obispo Setién para que autorizase que se celebrase un funeral solemne en la catedral, el religioso se negó rotundamente.
En otra ocasión, al preguntado por la dirigente del PP en San Sebastián María San Gil sobre el mismo tema, Setién le contestó con una pregunta; “¿En que parte de los Evangelios está escrito que Dios debía tratar a sus siervos por igual?”.
En alguna ocasión dijo que permitiría la celebración de un funeral en la iglesia del Buen Pastor pero bajo ciertas condiciones, como que no entrase el féretro cubierto con la bandera rojigualda en el templo.

Las situaciones eran verdaderamente vergonzosas, en una ocasión se celebraba una misa en la iglesia del Buen Pastor por el artificiero de la Policía D. Aniano Sutil Pelayo que murió desactivando una bomba de ETA. Se cumplió la imposición del clero y el ataúd entró y se colocó sin la bandera. En mitad de la misa se levantó el coronel de la Policía Nacional de Basauri a colocar la bandera nacional sobre el féretro, en ese momento el oficiante interrumpe la ceremonia y mira inquisitivamente al ministro D. José Barrionuevo, el cual para evitar que incidentes ordena que la bandera sea retirada. En cambio cuando los fallecidos son miembros de ETA las cosas transcurren de un modo muy diferente. Citaremos un solo ejemplo: Unos meses después del incidente recién reseñado, el 19 de Abril, mueren dos etarras, Felix Bandiola y José Antonio Gárate mientras preparaban una bomba que les explotó en las manos. En este caso las honras fúnebres se celebran con todos los honores y con la ikurriña no sólo sobre los cadáveres, se encuentra por todas partes.

La cooperación de la Iglesia con ETA no se redujo exclusivamente a párrocos aislados, sino que durante estas tres últimas décadas la jerarquía ha tomado una clara posición en pro de la postura digamos nacionalista, y en no pocos casos de los terroristas.

Nos referiremos en ahora al archiconocido Monseñor D. José María Setién. Fue nombrado obispo de San Sebastián por la Santa Sede. Desde un inicio se ha mostrado especialmente beligerante en contra de las Fuerzas de Orden Público que considera “enemigas del pueblo vasaco”. Impartió instrucciones de que nadie acudiese a los acuartelamientos de la Guardia Civil a celebrar los sacramentos el día de la patrona de la benemérita.
Es triste para un católico tenerlo que decir, pero todas estas cosas pasaban sin que desde la Jerarquía nacional (Conferencia episcopal) se llamase al orden ni que la Santa Sede pusiese un obispo digno que sustituyese al abominable Setién. 
Setién está a la cabeza de los sacerdotes que se niegan a celebrar misas por las víctimas de ETA. Para comprobar si ahora, en pleno proceso de paz, esto sigue sucediendo, los reporteros acompañaron a la viuda de un dirigente político asesinado por ETA a pedir una misa conmemorativa en distintas iglesias de Guipúzcoa. En todas recibió la misma negativa. Se le puede dedicar una misa a la víctima, pero sin decir los apellidos ni el motivo del fallecimiento del difunto.

Uno de los sacerdotes se defiende así cuando la viuda le asegura que esta postura le parece indecente: "¿Los curas? Es gente del pueblo y sintoniza con el pueblo, con sus familias, con la gente. Y somos de ahí, como decía el otro, metes el cazo y sacas lo que hay en la cazuela. El cura es un cazo que sacas. No somos ángeles, de angelicales nada... Y le voy a decir una cosa somos antes hombres políticos que curas y los obispos también".

Es por ejemplo lo que cuenta la que fuera presidenta del PP en el País Vasco, María San Gil, en su libro En la mitad de la vida. La popular guipuzcoana es católica practicante pero en algunos extractos de su obra explica sin tapujos su dolorosa relación con la institución eclesiástica en su tierra durante los años más duros de ETA, especialmente con Setién como obispo en activo.

El testimonio de San Gil es muy representativo de lo ocurrido en el País Vasco durante años. El silencio y la complicidad de una sociedad con ETA. "Como sociedad hemos dejado mucho que desear. Y no sólo me refiero a las instituciones políticas, porque en el País Vasco incluso la institución eclesiástica ha adolecido de falta de ejemplaridad e incluso de falta de caridad", indicó.

En la retina de muchos españoles todavía están muy presentes los entierros nocturnos de guardias civiles y policías, que salían por las puertas traseras de las iglesias y que debían tener santa sepultura de madrugada, como si ellos fueran los delincuentes. Y todo con la complacencia del obispo.

La popular cuenta una experiencia similar en su libro: "la foto del obispo Setién pasando de largo delante de los hijos de José María Aldaya concentrados para pedir la liberación de su padre y no deteniéndose para darles unas palabras de ánimo y consuelo es demoledora."

Añade además que "no se dignó a mirarlos. Unos hijos que sufrieron el vía crucis de tener a su padre secuestrado por ETA durante 341 días. ¿Por qué? Debería ser él quien contestara, pero aquel gesto no ayudó a mejorar la imagen que de Setién teníamos gran parte de los fieles. De Setién sabíamos, entre otras cosas, que durante los funerales prohibía dentro de las iglesias la bandera española sobre los féretros de los guardias civiles asesinados por ETA".

Su experiencia con el prelado donostiarra, obligado a renunciar por el Vaticano años antes de que alcanzase el límite de edad, no acaba ahí. María San Gil relata con dolor que "me parecía increíble que Setién, mi obispo, no fuera más solidario con nuestro dolor y por eso creí que teniendo una reunión con él y explicándole directamente cuales eran nuestras circunstancias, su actitud cambiaría". Sin embargo, la cosa no ocurrió tal y como esperaba la política vasca, y cuenta que "le puse el ejemplo de lo que sufría mi madre, pensando que me podía pasar algo y que nunca, a pesar de ir todas las semanas a misa, había recibido una palabra de consuelo o de ánimo".

"¿Cómo voy a saber que tu madre sufre si no me lo cuenta?", le contesto Setién. Ante el estupor que causa esta frase, la popular reflexiona que "quizás las madres de los presos de ETA sí le contaban sus penas, porque les llegó incluso a ceder los bajos de la catedral del Buen Pastor para que hicieran sus encierros".



Después de esto, afirma que al ser gente educada, terminaron de manera correcta la reunión con el que era entonces obispo de San Sebastián. Afirma que bajó "con los ojos llenos de lágrimas al darme cuenta de que, a pesar de formar parte de la grey, a mi ‘pastor’ le importábamos bastante poco". Para colmo, Setién llegó a preguntar a San Gil que "dónde está escrito que hay que querer a todos los hijos por igual". "Mi obispo me dejó muy claro que, para él, había fieles de primera y fieles de segunda. O sea, como los vascos, que los hay de primera, que suelen ser los nacionalistas, y de segunda, que somos lo no nacionalistas".

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LA CASA DE MI PADRE

(Del libro Orquesta de desaparecidos. Hiperión, 2015)


Desde la vivienda primero se veía el miedo y después el color verde del paisaje.

Ahora digo:

Defenderé la casa de mi padre contra la pureza y sus banderas ensangrentadas.

Para defenderla, regalaré cada una de sus piedras, ventanas y puertas. Las recibirán quienes no piensan como yo.

Los nuevos habitantes airearán los solivos y escaleras; alzarán el vuelo bajo de nuestros espíritus.

Defenderé la casa de mi padre abriendo una brecha en el tejado; por allí gotearán los idiomas y músicas venidos de tierras desconocidas o remotas.

En la defensa de la casa vaciaré el orgullo con que dibujamos una frontera de árgomas mojadas.

Descompuestas las paredes, ningún adversario vivirá ovillado en el nombre de un animal.

Sólo veremos un clavo enfermo en el sitio donde estuvieron las frases de quien justificó el crimen político. El silencio ha desnudado a los que callaron ochocientas veintinueve veces.

Sin enemigos, el poeta Gabriel Aresti se recostará aliviado en la nobleza de los lobos. 

Ofrecida la casa, impediremos que en el espacio de su ausencia y memoria los hombres sean extranjeros.



La obra ’Vidas Rotas’ recoge a lo largo de más de 1.300 páginas la historia de las 857 víctimas mortales que ETA ha provocado desde hace 50 años, cuando la bebé de dos meses Begoña Urroza se convirtió en la primera asesinada por la organización terrorista. El objetivo del libro, definido por la presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Maite Pagazaurtundua, como "un monumento hecho con palabras", es hacer visibles a las víctimas para que su memoria sea preservada por la sociedad. La obra ’Vidas Rotas’ recoge a lo largo de más de 1.300 páginas la historia de las 857 víctimas mortales que ETA ha provocado desde hace 50 años, cuando la bebé de dos meses Begoña Urroza se convirtió en la primera asesinada por la organización terrorista. El objetivo del libro, definido por la presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Maite Pagazaurtundua, como "un monumento hecho con palabras", es hacer visibles a las víctimas para que su memoria sea preservada por la sociedad.

El prólogo de la obra corre a cargo del director de la Fundación Dos de Mayo,
Fernando García de Cortázar, quien sostuvo en la presentación que "defender a las víctimas del terrorismo es en España defender a las víctimas de una idea de la civilización y de una idea de la nación". Según recordó, en España la historia de la democracia reciente "ha coincidido" con el terrorismo, algo que no ha sucedido en ningún otro país europeo.

García de Cortázar quiso hacer hincapié en que la condena a los atentados todavía no es un unánime, ya que dejó fuera de ella a quienes "nunca han rechazado la violencia". "Pero además, ¿por qué no dejar fuera de ese consenso cívico también a quienes permiten que el terrorismo sea una deficiencia de nuestra democracia? —se preguntó—. Demasiadas veces quienes se llaman nacionalistas democráticos acompañan su condena con una inmediata reticencia por las medidas legales que se toman".

En este punto, uno de los autores, Florencio Domínguez, recordó que durante mucho tiempo las víctimas fueron "las grandes olvidadas" y los medios de comunicación estaban ocupados en conocer "con todo detalle" la historia de los etarras. Por eso, insistió en la importancia que tiene cambiar esa situación y garantizó que "mantener viva la memoria de las víctimas supone una derrota de los terroristas".


LLEVAR A LAS VÍCTIMAS AL ÁGORA

En el mismo sentido se manifestó Marcos García Rey. "Igual que los terroristas han llevado al ágora sus asesinatos, reconforta que hoy podamos llevar al ágora la historia de todos los asesinados por ETA", afirmó antes de recordar que a las 857 víctimas mortales hay que sumar los miles de heridos, todos aquellos que sufren el acoso terrorista y, también, los no natos debido al asesinato de sus madres.

Por último, Rogelio Alonso coincidió en destacar la importancia que tiene reflejar el "enorme impacto humano y político" que ha tenido el terrorismo y recordó que uno de sus objetivos es "deshumanizar", por lo que son muy importantes proyectos como este para poner nombre, cara y voz a todas las víctimas.

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ETA ha asesinado en sus 51 años de historia a 857 personas, según las cifras que maneja la Fundación Víctimas del Terrorismo. El año que arroja el mayor balance de víctimas mortales es 1980, con 98, tan sólo tres años después de que la Ley de Amnistía General vaciara de etarras todas las cárceles. La cifra es significativa si se tiene en cuenta que la banda aún no había estrenado el coche bomba, su arma preferida para provocar matanzas indiscriminadas.

En 1960, ETA asesinó a la niña de un año Begoña Urroz. No se volvieron a registrar víctimas mortales hasta 1968, con dos personas asesinadas. A continuación se ve una línea ascendente que tiene su momento culminante en 1980, con esos casi cien muertos. A partir de ahí, en la década de los ochenta el número de víctimas mortales oscila entre las 18 que hubo en 1989 -hay que tener en cuenta que hubo una tregua de tres meses- y las 52 de 1987, año en que ETA provocó las matanzas de Hipercor y Zaragoza.

EL TERROR DE ETA. LA NARRATIVA DE LAS VÍCTIMAS
Memoria, dignidad y justicia es lo que las asociaciones y fundaciones de víctimas del terrorismo de ETA han adoptado como eslogan que resume su quehacer y su exigencia. Parece que la sociedad, la vasca y el conjunto de la española, han asumido como suyo este eslogan, pero si preguntarse por el significado efectivo de las tres palabras.
Parece que la memoria significa cerrar el capítulo negro de la historia de ETA definitivamente, como si no hubiera existido, parece que la dignidad no contiene nada que suponga una exigencia para los ciudadanos, y la justicia es algo inexistente para más de 300 asesinados cuyos asesinos no han sido puestos a disposición de los tribunales. La sociedad quiere olvidar la historia de terror de ETA.
Quiere pasar página, quiere mirar al futuro, no al pasado. Pero si se olvida la historia de terror de ETA, las víctimas se quedan sin memoria, sin dignidad y sin justicia. Y entonces todos nosotros nos quedaremos sin futuro en libertad.

Y NO OLVIDAREMOS. TERRORISMO Y LIBERTAD
Diario que escribió Jose Ignacio Eguizábal a lo largo del año 2011. El motivo fundamental fue terapéutico. Este filósofo quería escribir sobre el nacionalismo y su deriva más maligna: el terror, la muerte. Coincidió con una grave enfermedad de su madre de la quiso también guardar memoria.
Resultó sorprendente el entrecruzamiento de memorias perdidas, guardadas o a salvaguardar, de lucidez y de demencia con la que la realidad se le presentó entonces. Mediante una exquisita combinación de días dedicados a tratar el fenómeno del terrorismo y otros a la delicada salud de su madre.

Por una lado Eguizábal no quería olvidar lo que ha ocurrido en España por más de 40 años, y por otro veía cómo su madre iba perdiendo la memoria, producto de la enfermedad. Y es que una sociedad que olvida es una sociedad enferma. Una sociedad que lejos de acercarse a la madurez, le llega su propia demencia senil.


MORIR PARA CONTARLO
El volumen es un conmovedor recorrido autobiográfico: Salvador tenía trece años cuando ETA asesinó a su padre en 1979, fue testigo de las amenazas y de las vejaciones que lo condujeron al cadalso, y padeció después el abandono y la incomprensión. El prólogo lo firma Ángeles Escrivá, redactora del diario El Mundo y autora de varios libros sobre el terrorismo de ETA.

Prólogo de “Morir para contarlo” de la periodista de El Mundo Ángeles Escrivá

La historia que aquí se cuenta cayó en mis manos de forma indirecta, casi por casualidad. Fue Pedro J. Ramírez quien me pidió que le echase un vistazo para calibrar su interés profesional. La abordé con el mismo cansancio que sentíamos todos a esas alturas. Después de veinte años de escuchar y ver atentados y secuestros y haber tenido que mantener la distancia suficiente como para contarlos. Después de más de décadas de haber tenido que incorporar inevitablemente su trágica iconografía a mi vida. Sintiendo una rabia intensa, la mayor parte de las veces. Otras no. Otras tenía que obligarme a ver que detrás de la noticia había personas y no movimientos estratégicos más o menos burdos entre un Estado y una banda terrorista. Por que la épica del mal atrapa intelectualmente y al final todo se reduce a un movimiento de piezas y a una especie de partida, una especie de largo combate incorporado a la cotidianeidad. En definitiva, sentía ese cansancio de las contradicciones y del exceso de intensidad. Y ETA había dejado de matar y era tanta la tentación de cambiar de piel…

La lucha contra ETA ha atravesado muchas etapas. Los primeros 20 años de la democracia, y no es poco tiempo, probablemente se caracterizaron por una especie de complejo hacia el pasado más inmediato. Ese fue el motivo por el que la sociedad española acabó siendo enormemente generosa con los miembros de ETA. Se decidió amnistiarlos y así se hizo; más tarde, a principios de los ochenta, se decidió darles una oportunidad a los que, ya en un sistema de libertades, quisieran abandonar a la organización terrorista, y se les posibilitó su regreso al País Vasco con tan escasas exigencias que quedan decenas de crímenes de aquel entonces sin esclarecer. Se quiso mantener una vía de salida y los sucesivos gobiernos estuvieron siempre prestos a su reinserción – se contabilizan centenares de casos- hasta el punto de que, a veces, los terroristas ni siquiera entraban en prisión o centenares de años de condena se saldaban con muy pocos años de reclusión. Sus partidos políticos tenían representación parlamentaria y cobraban de los impuestos de todos, sus familiares eran ayudados con el dinero público, sus asociaciones presentadas como movimientos humanitarios que merecían tener el respaldo institucional. Y, además, siempre se mantuvo la puerta abierta a la negociación con sus dirigentes.

Tuvieron que pasar muchas cosas para que se cambiase este tipo de política y esa mentalidad que nos había mantenido en una especie de empate infinito en el que ellos golpeaban y el Estado devolvía el golpe o al contrario, pero siempre superados por un horroroso bucle sin final en el que los muertos a veces parecían peones; simples y desmadejados parapetos asaltados a traición. Resignados sujetos sacrificiales al servicio de aquel enorme esfuerzo colectivo por construir un sistema democrático. Contra toda inercia, con la aplicación de la Ley y de la lógica, esa estrategia consiguió ser modificada, de modo que, cuando ETA traspasó todos los umbrales de sadismo, los empates se acabaron y los terroristas salvapatrias empezaron a perder la partida. Porque también hemos sido valientes y resistentes y solidarios. E incluso, algunos fueron héroes porque pensaron que todos merecíamos una sociedad mejor y se dejaron la vida en ello. Aun así, cuando la organización terrorista quedó derrotada, un Gobierno democrático se sentó con sus dirigentes a negociar aspectos que jamás debieron ponerse en una mesa con esos componentes y les ofreció una salida que, de nuevo, rechazaron.

Llegados a este punto, no puede ser bueno que todo esto quede olvidado. No es suficiente con que se repita que las víctimas y sus familias son nuestro referente moral y después, asaltados por urgencias más inmediatas, intentemos dejar en el fondo de nuestras prioridades aquel trago que fue tan amargo. No hay nación ni sociedad civilizada que se precie, que valore tan poco aquello que costó tanto esfuerzo.

En las fechas en las que escribo estas líneas, las Fuerzas de Seguridad han contabilizado 112 actos de homenaje a los terroristas y las páginas interiores de los diarios cuentan cómo todo un grupo parlamentario dominado por proetarras ‘blanqueados’ ha salido en su defensa; que el diputado general de Guipúzcoa ha otorgado una medalla al periódico que fuera vocero e instrumento de la banda terrorista y que recibe con honores institucionales a aquellos que formaron parte del semillero de ETA, que hace más de dos años que no mata pero que se mantiene de forma residual intentando que sea su relato de lo ocurrido el que prevalezca.

Sabios estrategas, conocedores profundos de la historia de las guerras advierten de que no hay que humillar al derrotado porque esa actitud sólo consigue enquistar el rencor. Y tienen razón. Pero procurar su alivio violentando a quienes siempre han apostado por construir sin utilizar la violencia no parece la mejor de las soluciones. Un país que buscase venganza, deshonraría la memoria de sus ancestros y demostraría su debilidad. Pero un país que no resolviese con serenidad, dignidad y decencia, un episodio tan doloroso y tan relevante, puede convertirse en papel mojado sobre el que cualquiera puede escribir su versión de la historia.

Este libro, centrándose en un solo caso, cuenta una increíble y desgarradora tragedia colectiva que vivimos muy intensamente y durante muchos años. Cuenta también la tragedia íntima de Salvador y de las personas que le quieren y cuánto le costó superarla y da referencia de la enorme calidad humana de su compañera y de sus compañeros de viaje. Y, finalmente, expone las conclusiones personales, la mayor parte de ellas muy amargas y críticas, la lectura política, la perspectiva de una víctima del terrorismo.

No tenemos por qué coincidir en esas conclusiones, ni siquiera tenemos que coincidir en el concepto de país que puedan tener las víctimas y sus familiares, ni en su visión de España. No se trata de eso. Supongo que hubo casi tantas víctimas como planteamientos. Es suficiente con que tengamos claro que fue inaceptable, inasumible, totalmente cobarde e ilegítimo que un enorme grupo de terroristas y sus simpatizantes y sus votantes, tratasen de imponer sus ideas asesinando. Y que, para merecernos respeto, hemos de mostrar agradecimiento y respeto, en el más amplio sentido del término, a quienes nos ayudaron a resistir. Esa es, creo, modestamente, la abismal diferencia.

Doy las gracias a Salvador por su lucha y por haber pensado en mí para esta introducción. Me siento honrada. Sin duda, me viene grande.



LA HIJA DEL TXAKURRA

La obra comienza con el desgarrado relato que hace la esposa del guardia civil Félix, acribillado a balazos en el interior del bar que regentaba en Irún. Suceso que corre parejo, en su dolida memoria, con el atentado que costó la vida a José Ángel Pardines Arcay, primer miembro de la Institución asesinado por ETA, y con el que, once años atrás, su esposo formaba pareja de servicio. 
El libro hace un recorrido por el turbado paisaje emocional de las personas que sufrieron directa o indirectamente la violencia de la organización terrorista. Y, también, el de esa sociedad que oficiaba de telón de fondo sobre el que esta proyectaba, por la inercia del horror, la perversa sombra de su voluntad autoritaria.

Por qué hay que apoyar el libro

«Porque nace de la propia experiencia. Porque es honesto. Porque no es maniqueo, pero tampoco ecléctico o equidistante, distingue entre víctimas y verdugos. Porque es una decidida apuesta por lo humano que nos definía frente a lo divino que se nos exigía. Porque no es un glosario de magníficas virtudes sino un vendaval de elementales miserias. Porque no hace apología de poderosas fuerzas sino de humanas debilidades. Porque no busca justificarse sino mostrarse. Porque se habla de esos a los que no va a tener en cuenta la historia.»



LAS OSCURAS MANOS DEL OLVIDO

Es el primer cómic que trata en profundidad el tema de ETA. “Un libro incómodo para todas las partes menos para las víctimas”.


Ganadores del Premio Nacional del Cómic en 2009 por Las serpientes ciegas (Norma) Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí son dos de las actuales estrellas del cómic europeo. Su nuevo trabajo es Las oscuras Manos del olvido (Norma) un emocionante thriller que es el primer cómic que trata en profundidad el tema de ETA.

Cuenta la historia de Toinou, un mafioso marsellés que sale de la cárcel (tras 30 años) y está decidido a cumplir la promesa que hizo a un empresario vasco de vengarlo si él o alguien de su familia eran asesinados. Por eso Toinou deberá buscar a un tal Itzala y liquidarlo, para lo que precisará la ayuda de las víctimas del terrorismo.

“La historia –asegura Hernández Cava- es un homenaje a las víctimas del terrorismo, más allá de que tenga una intriga policíaca de por medio y un personaje protagonista con sus propios conflictos personales. Hemos concebido el argumento como un Via Crucis que este personaje realiza acompañando a las víctimas en las sucesivas paradas”.

“Cuando estábamos trabajando en Las serpientes ciegas -comenta Bartolomé Seguí- Felipe me comentó que tenía en mente una trilogía sobre el tema de los héroes anónimos empujados por la historia. Y nos parecía fundamental posicionarnos del lado de las víctimas”.

“Creo que el hecho de que el protagonista sea un criminal marsellés -continúa Seguí- consigue universalizar la historia y convertirla en un reconocimiento a las víctimas de todos los conflictos de este tipo”.

“A las víctimas solo les quedará el rincón del olvido”

Un trabajo valiente que Hernández Cava considera que puede molestar a algunos sectores: “Posiblemente sea un libro incómodo para todos menos para las víctimas, al menos eso esperamos. Para el resto de los factores implicados creo que es un cómic muy poco complaciente, porque trata el fenómeno de los terroristas y los políticos de uno y otro signo. Los que piensan que el terrorismo de estado es la vía para terminar esto o los que apuestan por las negociaciones encubiertas y opacas. Unos y otros se van a ver señalados”.

“No sabemos cómo va a terminar el tema de ETA, pero reconozco que el mensaje del cómic es desesperanzador –confiesa Hernández Cava- porque pensamos que para que los poderes políticos cierren toda esta historia a su conveniencia van a sacrificar a las víctimas, a las que no les quedará otro lugar, como siempre ocurre, que el rincón del olvido”.

“Un tema inédito en el cómic”

El tema de ETA era prácticamente inédito en el cómic. El por qué es una pregunta para la que Hernández Cava no tiene respuesta: “Creo que sólo se había tocado un poco de refilón en La última ola, de Ramón de España, aunque no era el tema principal. Es un asunto que me preocupa desde hace décadas y queríamos homenajear a las víctimas que pocas veces se ven reflejadas en el cine y la literatura salvo en trabajos como los documentales de Iñaki Arteta (Voces sin libertad) o Elías Querejeta (Al final del túnel) o las novelas de Raúl Guerra Garrido y Fernando Aramburu”.

“Queríamos ser una pieza más de todo esto –continúa Hernández Cava- y empezamos a trabajar en la historia, con la incertidumbre de si nos íbamos a quedar desfasados, porque los acontecimientos se han precipitado en los últimos tiempos. Pero creo que no es el caso y vamos a ver cristalizar, en la realidad, varias conclusiones del cómic”.

Hernández Cava lleva décadas colaborando con las víctimas: “Para el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco de la época de Maite pagaza escribí dos documentales de los que el productor fue Jorge Martínez Reverte y el director Pedro Arjona. Y quedamos bastante satisfechos en la forma de acercarnos a la historia. Y para la Asociación de Víctimas del Terrorismo escribí el guión de otro documental que homenajeaba a las tres mujeres que en condiciones adversas crearon la AVT, Ana María Vidal-Abarca, Sonsoles Álvarez de Toledo e Isabel O’Shea”.


COLORES PROHIBIDOS
La novela se centra en las relaciones sociales entre inmigrantes procedentes de Galicia, Andalucía, Extremadura… que llegaron al País Vasco y cómo el nacionalismo radical les ha afectado en sus relaciones con los vascos, en cuanto a la politización de los idiomas, la identidad, la libertad de expresión, la opresión del entorno… Está narrada desde la mirada de una adolescente.

Mara siempre ha sentido que algo en su vida no encaja, como si viviera inmersa en una gran contradicción interna, acuciada por la claustrofobia que le provoca el lugar en el que vive, la Ciudad de Ensueño.

La historia de una lucha que no concluye, unida a sus circunstancias personales, la llevan a plantearse una serie de preguntas que omite en presencia de su tutora, Amelia–una mujer rígida y hermética –, de sus propias amigas (sus “agrupadas”) o incluso del chico del que está enamorada.
En un contexto social y personal que no termina de comprender y revolucionada por un amor que desata locura, aparecerá en su vida una mujer excéntrica, que la empujará a enfrentarse al gran dilema del que huye, y cuyo secreto tendrá que verse obligada a desvelar.

Una historia de superación y amor, en un mundo lleno de prohibiciones y trabas incapaz de detener a una joven ciudadana resuelta a alcanzar la verdad… a cualquier precio. “Colores Prohibidos” va más allá de una historia de amor en el contexto de una sociedad muy represiva. Indaga en las contradicciones de una ciudadana, Mara, en el conflicto interno a raíz de una familia que no termina de encajar emocionalmente, de un lugar cuyo lugar de nacimiento cree que no debiera haber sido, un trasfondo de tinte políticos que dicta en exceso.

“Colores Prohibidos”, en un intento de darle una forma coherente a todos esos matices, es un lugar que plantea preguntas, a las personas que buscan respuestas sobre la libertad, la locura del amor, la identidad, el arraigo, la familia…

La novela se sitúa en un mundo fantástico, la Ciudad de Ensueño, un escenario que quiere “transportar al lector a la realidad del pasado de la sociedad vasca”.

La autora define esta dimensión fantástica no como una evasión de la realidad social y un pasado sin resolver, si no como una manera de acercarse a esa realidad, para nombrarla y encajarla en el presente.

“Colores Prohibidos” descubre una perspectiva invisibilizada, un emprendimiento de la memoria, dirigido a plantear preguntas sobre el pasado reciente en el País Vasco de cara a un futuro en el que las generaciones puedan vivir en paz, con independencia de la lengua, el origen y/o el arraigo.

LLUVIA DE FANGO
Los artículos que se reúnen en esta gavilla testimonial han sido escritos a causa de la sangre. De la sangre derramada por la vesania terrorista vasca, de la sangre en las venas de su autora, del corazón de la misma, que la bombea para oxigenar la memoria que nunca debe de perderse y que tantas fuerzas hostiles pretenden sepultar en la sima del olvido a base de mentiras, manipulaciones y pirotecnias verbales de toda laya, perversión de un lenguaje que debería aspirar a servir a la verdad.
Maite Pagazaurtundua devuelve al lenguaje su noble naturaleza, la comunicación de los hechos, aquellos que vio Hannah Arendt cómo sus compatriotas alemanes, tras el sangriento y enloquecido interludio nazi en su historia, confundían con «opiniones».

Sumamente valiosa se me figura en tal sentido la aportación siempre lúcida y ponderada de Maite Pagazaurtundúa, quien, como es sabido, sufrió de lleno la crueldad de una organización totalitaria dedicada a la práctica del mal como instrumento para el logro de fines políticos. Quien lea sus artículos comprobará que no hay en esta mujer valerosa pulsión vengativa ninguna: antes al contrario, su escritura pone de manifiesto un denodado afán de equidad, además de un bagaje cultural extraordinario y un talante democrático impecable.

Como afirma Maite, la lucha se juega ahora principalmente en el terreno del lenguaje entre los partidarios de la verdad histórica y el Estado de Derecho, y los difusores de ambigüedades y mentiras encaminadas por una parte a borrar las huellas de un periodo de sangre derramada en nombre de convicciones que aún profesan; por otra, a hacer pasar por heroico lo que no fue sino una mera sucesión de atrocidades.






"VOCES CALLADAS. 
EL VERDADERO RELATO"
En este documental, producido por la AVT, vivimos en primera persona los testimonios de Resurreción Basarrate (perdió una mano al recoger una cartera bomba en la Playa de Muskiz), Ángela Rosa Durán (viuda de Ángel Rodríguez, mecánico asesinado por ETA), Antonio Malfeito (herido atentado de la Plaza República Argentina), Lorena Díez (hermana del escolta de Fernando Buesa, Jorge Díez), Genoveva Iglesias (madre del funcionario de prisiones Ángel Jesús Mota) , Nacho Parada (hijo del Guardia Civil Alfonso Parada), José Javier Motos (hijo de Lorenzo Motos, teniente coronel del Ejército) y de nuestro Presidente, Alfonso Sánchez.

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