“Es en el Evangelio de San Lucas, voy a leer la cita, digamos, capítulo 4, del versículo 5 al ocho, cuando el Señor Jesucristo está frente a las tres tentaciones que le propone el maligno y en la peor de todas, el maligno le propone que se arrodille frente a él porque le muestra todos los reinos del mundo, es decir, los Estados, el Estado, y le dice que si se arrodilla frente a él, le dará el poder sobre todos los Estados del mundo porque ese poder le fue dado, es decir, está la compasión propia del maligno que el Estado es la representación del demonio. Por eso cada vez que avanza el Estado, digamos, hay más pobreza, hay más calamidades, hay miseria, por eso es que les digo, despertemos a la fe, despertemos a la fe, porque eso es lo que nos traerá no solo el cielo, sino la prosperidad aquí también en la tierra”. @javiermilei
"Le diría a cualquier hombre que maneja su propio arado y a cada uno de los mecánicos, artesanos y campesinos de todas las ciudades de la nación. Le diría a cualquier hombre de cualquier parte que desea ganarse por medios honrados un sueldo honrado: ¡CUÍDATE DE LOS LOBOS CON PIEL DE CORDERO!
Hablamos mucho y discutimos de la libertad política pero, quién puede disfrutar de la libertad política si se le priva permanentemente de la libertad personal e individual". Discurso de DANIEL WEBSTER
ALEGATO DE LA DEFENSA: "En una ocasión, el diablo les dijo que su alma no significaba nada y uds. le creyeron y así, perdieron su Libertad.
Libertad no es solo una gran palabra, es la mañana y, el pan y, el sol naciente. Fue por libertad por lo que vinimos a estas costas en botes y barcos. Fue un viaje largo, duro y amargo: sí existe tristeza en ser un hombre pero también, es un orgullo. Y gracias al sufrimiento y al hambre, a lo malo, ha llegado algo nuevo, un hombre libre.
Y cuando los látigos de los opresores hayan sido rotos y sus nombres olvidados y destruidos, los hombres libres hablarán y caminarán bajo una estrella libre. Sí hemos plantado la Libertad en esta tierra, como el trigo y le hemos dicho al cielo que nos cubre: "el hombre será dueño (responsable) de su propia alma" (DIOS ESEL DUEÑO DE TODO, TAMBIÉN, DE TU ALMA, pero, con tu decisión).
Aquí está ese hombre, él es su hermano, todos ustedes son estadounidenses, no pueden estar de su lado, el lado del opresor. Dejen que el enjuiciado conserve su alma, un alma que no le pertenece a él solo, sino también, a su familia, a su hijo y a su país.
Caballeros del Jurado: ¡no permitan que éste país se vaya al Diablo! ¡LIBÉRENLO!
Y Dios bendiga a Estados Unidos y a los hombres que lo hicieron Libre".
Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? «Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Mt 16, 24-27
“El que te creó sin ti,
no te puede salvar sin ti”.
San Agustín
Dios no nos puede llevar al cielo si nosotros
no queremos: respeta nuestra libertad.
Aceptamos voluntariamente la salvación que Jesús nos ofrece.
Sí, Dan Webster ha muerto, o al menos lo enterraron. Pero cada vez que hay una tormenta eléctrica en Marshfield, dicen que se puede oír su voz resonante en los huecos del cielo. Y dicen que si vas a su tumba y dices alto y claro: "¡Dan Webster, Dan Webster!", la tierra empezará a temblar y los árboles a temblar. Y después de un rato oirás una voz grave que dice: "Vecino, ¿cómo está la Unión?". Entonces más vale que respondas que la Unión está como estaba, con el fondo como una roca y cubierta de cobre, una e indivisible, o podría salir de la tierra. Al menos, eso es lo que me dijeron de joven.
Verán, durante un tiempo, fue el hombre más importante del país. Nunca llegó a ser presidente, pero sí lo fue. Miles de personas confiaron en él, al igual que Dios Todopoderoso, y contaban historias sobre él y todas sus pertenencias, como las historias de patriarcas y cosas por el estilo. Decían que, cuando se ponía de pie para hablar, aparecían estrellas y rayas en el cielo, y que una vez habló contra un río y lo hundió en la tierra. Decían que, cuando recorría el bosque con su caña de pescar, Killall, las truchas saltaban de los arroyos directamente a sus bolsillos, pues sabían que era inútil oponerse a él; y, cuando defendía un caso, podía poner en marcha las arpas de los bienaventurados y el temblor de la tierra. Ese era el tipo de hombre que era, y su gran granja en Marshfield le convenía. Los pollos que criaba eran de carne blanca hasta los muslos, las vacas eran atendidas como niños, y el gran carnero al que llamaba Goliat tenía cuernos con un rizo como una enredadera de campanilla y podía atravesar una puerta de hierro. Pero Dan no era uno de esos granjeros caballerosos; conocía todas las costumbres de la tierra y se levantaba a la luz de las velas para supervisar que se hicieran las tareas. Un hombre con una boca como un mastín, una frente como una montaña y ojos como antracita ardiente: ese era Dan Webster en su mejor momento. Y el caso más importante que defendió nunca se escribió, porque lo argumentó contra el diablo, a la ligera y sin tapujos. Y así es como yo solía oírlo contarlo.
Había un hombre llamado Jabez Stone que vivía en Cross Corners, New Hampshire. No era un mal hombre al principio, pero tuvo mala suerte. Si plantaba maíz, le salían barrenadores; si plantaba papas, le salía tizón. Tenía buena tierra, pero no prosperaba; tenía una esposa e hijos decentes, pero cuantos más tenía, menos había para alimentarlos. Si aparecían piedras en el campo de su vecino, las rocas se hervían en el suyo; si tenía un caballo con sábalos, lo cambiaba por uno con sábalos y daba algo más. Al parecer, hay gente así. Pero un día Jabez Stone se cansó de todo el asunto.
Había estado arando esa mañana y acababa de romper la reja del arado en una roca que habría jurado que no había estado allí el día anterior. Y, mientras miraba la reja, el caballo que estaba de pie empezó a toser, esa tos áspera que anuncia enfermedad y médicos de caballos. Había dos niños con sarampión, su esposa estaba enferma y tenía un panadizo en el pulgar. Fue la gota que colmó el vaso para Jabez Stone. "Juro", dijo, y miró a su alrededor con desesperación, "Juro que es suficiente para hacer que un hombre quiera vender su alma al diablo. ¡Y yo también lo haría por dos centavos!"
Entonces sintió una especie de extrañeza por haber dicho lo que había dicho; aunque, naturalmente, siendo de New Hampshire, no se retractaría. Pero, aun así, cuando anocheció y, por lo que pudo ver, nadie le había hecho caso, sintió un gran alivio, pues era un hombre religioso. Pero siempre se le hace caso, tarde o temprano, como dice la Biblia. Y, efectivamente, al día siguiente, a la hora de cenar, un desconocido de voz suave y vestido de oscuro llegó en una elegante calesa y preguntó por Jabez Stone.
Bueno, Jabez le dijo a su familia que era un abogado que había venido a verlo por un legado. Pero él sabía quién era. No le gustó la apariencia del desconocido ni su sonrisa con los dientes.
Eran dientes blancos y abundantes; algunos dicen que estaban afilados hasta la punta, pero no puedo asegurarlo. Y no le gustó que el perro, al ver al desconocido, saliera corriendo aullando con el rabo entre las patas. Pero, tras haber dado su palabra, más o menos, la cumplió, y salieron detrás del granero y cerraron el trato. Jabez Stone tuvo que pincharse el dedo para firmar, y el desconocido le prestó un prendedor de plata. La herida sanó limpia, pero dejó una pequeña cicatriz blanca.
II
Después de eso, de repente, las cosas empezaron a mejorar y prosperar para Jabez Stone. Sus vacas engordaron y sus caballos se pusieron lustrosos, sus cosechas eran la envidia del vecindario, y aunque un rayo pudiera caer en todo el valle, no en su granero. Pronto, se convirtió en una de las personas más prósperas del condado; le pidieron que se presentara como concejal, y se presentó; se empezó a hablar de presentarlo como candidato al senado estatal. En resumen, podría decirse que la familia Stone estaba tan feliz y contenta como los gatos en una lechería. Y así eran, excepto Jabez Stone.
Había estado bastante contento los primeros años. Es genial cuando la mala suerte te da la lata; te quita casi todo de la cabeza. Es cierto que de vez en cuando, sobre todo cuando llovía, la pequeña cicatriz blanca en su dedo le daba una punzada. Y una vez al año, puntual como un reloj, pasaba el desconocido con la hermosa calesa. Pero al sexto año, el desconocido se marchó, y, después de eso, se acabó la paz para Jabez Stone.
El extraño subió por el campo inferior, cambiándose las botas por un bastón. Eran unas bonitas botas negras, pero a Jabez Stone nunca le gustó su aspecto, sobre todo la puntera. Y, después de dedicarle un rato, dijo:
«¡Vaya, señor Stone, es usted un crack! Tiene una propiedad muy bonita, señor Stone».
"Bueno, algunos podrían estar a favor y otros no", dijo Jabez Stone, quien era de New Hampshire.
—¡Oh, no hace falta que menosprecies tu laboriosidad! —dijo el desconocido, con mucha tranquilidad, sonriendo con los dientes—. Al fin y al cabo, sabemos lo que se ha hecho, y se ha hecho según el contrato y las especificaciones. Así que, cuando —ejem— la hipoteca venza el año que viene, no deberías arrepentirte.
—Hablando de esa hipoteca, señor —dijo Jabez Stone, y miró a su alrededor en busca de ayuda, a la tierra y al cielo—, empiezo a tener una o dos dudas al respecto.
"¿Dudas?" dijo el extraño, no tan amablemente.
"Pues sí", dijo Jabez Stone. "Esto es Estados Unidos y yo siempre he sido un hombre religioso". Se aclaró la garganta y se volvió más atrevido.
"Sí, señor", dijo, "estoy empezando a tener dudas considerables sobre la validez de esa hipoteca en el tribunal".
"Hay tribunales y tribunales", dijo el desconocido, chasqueando los dientes. "Aun así, podríamos echar un vistazo al documento original". Y sacó una gran cartera negra, llena de papeles. "Sherwin, Slater, Stevens, Stone", murmuró. "Yo, Jabez Stone, por un mandato de siete años... Ah, creo que está en orden".
Pero Jabez Stone no escuchaba, pues vio algo más revolotear fuera del libro negro. Era algo que parecía una polilla, pero no era una polilla. Y mientras Jabez Stone lo miraba, pareció hablarle con una vocecita, terriblemente pequeña y delgada, pero terriblemente humana.
Pero antes de que Jabez Stone pudiera mover manos o pies, el extraño sacó un gran pañuelo, atrapó a la criatura con él, como si fuera una mariposa, y comenzó a atar los extremos del pañuelo.
—Disculpe la interrupción —dijo—. Como decía...
Pero Jabez Stone temblaba por todas partes como un caballo asustado.
—¡Esa es la voz del avaro Stevens! —dijo con voz ronca—. ¡Y lo tienes en tu pañuelo!
El extraño parecía un poco avergonzado.
"Sí, debería haberlo trasladado a la caja de recolección", dijo con una sonrisa burlona, "pero había algunos ejemplares bastante inusuales allí y no quería que estuvieran amontonados. En fin, estos pequeños contratiempos ocurrirán".
"No sé a qué te refieres con "contradictorio", dijo Jabez Stone, "¡pero esa era la voz de Miser Stevens! ¡Y no está muerto! ¡No puedes decirme que lo está! ¡Era tan ágil y malvado como una marmota, Tuesday!"
"En plena vida...", dijo el desconocido con cierta piedad. "¡Escuchen!". Entonces una campana empezó a sonar en el valle y Jabez Stone escuchó, con el sudor corriéndole por la cara. Porque sabía que sonaba por Miser Stevens y que estaba muerto.
—Esas cuentas de tanto tiempo —dijo el desconocido con un suspiro—, uno realmente detesta cerrarlas. Pero los negocios son los negocios.
Aún tenía el pañuelo en la mano, y Jabez Stone se sintió enfermo al ver que la tela se movía y revoloteaba.
"¿Son todos tan pequeños?" preguntó con voz ronca.
"¿Pequeño?", dijo el desconocido. "Ah, ya entiendo. Pero varían". Midió a Jabez Stone con la mirada, y se le notaron los dientes. "No se preocupe, Sr. Stone", dijo. "Le sacará una muy buena nota. No me fiaría de usted fuera de la caja de recolección. Ahora bien, un hombre como Dan Webster, claro... bueno, tendríamos que construirle una caja especial, y aun así, me imagino que la envergadura de sus alas le asombraría. Sin duda sería un tesoro. Ojalá pudiéramos verlo con claridad. Pero, en su caso, como decía...
"¡Guarda ese pañuelo!", dijo Jabez Stone, y empezó a rogar y a rezar. Pero lo máximo que pudo conseguir al final fue una prórroga de tres años, con condiciones.
Pero hasta que no haces un trato así, no tienes idea de lo rápido que pueden pasar cuatro años. En los últimos meses de esos años, Jabez Stone era conocido en todo el estado y se hablaba de presentarlo como candidato a gobernador, y era polvo y ceniza en su boca. Porque cada día, al levantarse, pensaba: «Queda una noche más», y cada noche, al acostarse, pensaba en la cartera negra y en el alma de Miser Stevens, y eso le dolía el corazón. Hasta que, finalmente, no pudo soportarlo más y, en los últimos días del último año, enganchó su caballo y se fue a buscar a Dan Webster. Porque Dan nació en New Hampshire, a solo unas millas de Cross Corners, y es bien sabido que tenía una debilidad especial por los viejos vecinos.
III
Era temprano por la mañana cuando llegó a Marshfield, pero Dan ya estaba levantado, hablando en latín con los peones, luchando con el carnero Goliat, probando un nuevo trote y preparando discursos para lanzar contra John C. Calhoun. Pero cuando supo que un hombre de New Hampshire había venido a verlo, dejó todo lo demás, pues así era Dan. Le dio a Jabez Stone un desayuno que cinco hombres no pudieron comer, le contó la historia de cada hombre y mujer de Cross Corners y finalmente le preguntó cómo podía servirle.
Jabez Stone admitió que se trataba de una especie de caso hipotecario.
"Bueno, hace mucho que no defiendo un caso hipotecario, y no suelo hacerlo ahora, salvo ante la Corte Suprema", dijo Dan, "pero si puedo, te ayudaré".
"Entonces tuve esperanza por primera vez en diez años", dijo Jabez Stone, y le contó los detalles.
Dan caminaba de un lado a otro mientras escuchaba, con las manos a la espalda, haciendo preguntas de vez en cuando, y clavando la mirada en el suelo, como si lo perforaran como barrenas. Cuando Jabez Stone terminó, Dan infló las mejillas y sopló. Luego se volvió hacia Jabez Stone y una sonrisa se dibujó en su rostro como el amanecer sobre Monadnock.
—Se ha metido en un buen lío, vecino Stone —dijo—, pero me haré cargo de su caso.
"¿Lo aceptarás?" dijo Jabez Stone, sin atreverse a creerlo.
"Sí", dijo Dan Webster. "Tengo otras setenta y cinco cosas que hacer y el Compromiso de Misuri que resolver, pero me encargo de tu caso. Porque si dos habitantes de New Hampshire no son rival para el diablo, más nos vale devolverles el país a los indígenas".
Luego estrechó la mano de Jabez Stone y le dijo:
"¿Bajaste aquí con prisa?"
"Bueno, admito que hice tiempo", dijo Jabez Stone.
"Volverán más rápido", dijo Dan Webster, y les indicó que engancharan el Constitution y el Constellation al carruaje. Eran caballos grises a juego con una pata delantera blanca, y pisaban como un rayo.
Bueno, no voy a describir la emoción y alegría que sintió toda la familia Stone al tener al gran Dan Webster como invitado cuando finalmente llegaron. Jabez Stone había perdido su sombrero en el camino, que se le había volado al encontrar un vendaval, pero no le dio mucha importancia. Después de cenar, envió a la familia a dormir, pues tenía asuntos muy importantes que atender con el Sr. Webster. La Sra. Stone quería que se sentaran en la sala de estar, pero Dan Webster conocía las salas de estar y dijo que prefería la cocina. Así que allí se sentaron, esperando al desconocido, con una jarra sobre la mesa entre ellos y un fuego brillante en la chimenea; el desconocido debía aparecer a la medianoche, según lo previsto.
Bueno, la mayoría de los hombres no habrían pedido mejor compañía que Dan Webster y una jarra. Pero con cada tictac del reloj, Jabez Stone se entristecía cada vez más. Sus ojos vagaban por todas partes, y aunque probó la jarra, se notaba que no le notaba el sabor. Finalmente, a las 11:30 en punto, se acercó y agarró a Dan Webster del brazo.
—¡Señor Webster, señor Webster! —dijo, con la voz temblorosa por el miedo y un coraje desesperado—. ¡Por Dios, señor Webster, enganche sus caballos y salga de aquí mientras pueda!
—Me has traído desde muy lejos, vecino, para decirme que no te gusta mi compañía —dijo Dan Webster, muy apaciblemente, mientras daba un trago a la jarra.
"¡Miserable de mí!", gimió Jabez Stone. "Te he traído por un camino diabólico, y ahora veo mi locura. Que me lleve si quiere. No lo anhelo, debo decir, pero lo soporto. ¡Pero eres el sostén de la Unión y el orgullo de New Hampshire! ¡No debe atraparte, Sr. Webster! ¡No debe atraparte!"
Dan Webster miró al hombre distraído, todo gris y tembloroso a la luz del fuego, y puso una mano sobre su hombro.
"Le estoy muy agradecido, vecino Stone", dijo con dulzura.
"Es un detalle muy amable. Pero hay una jarra en la mesa y una caja en la mano. Y nunca he dejado una jarra ni una caja a medias en mi vida".
Y justo en ese momento, alguien llamó bruscamente a la puerta.
"Ah", dijo Dan Webster con mucha frialdad, "creía que su reloj iba un poco atrasado, vecino Stone". Se acercó a la puerta y la abrió.
"Pase", dijo. El desconocido entró; a la luz del fuego parecía muy moreno y alto. Llevaba una caja bajo el brazo: una caja negra, japonesa, con pequeños agujeros en la tapa. Al ver la caja, Jabez Stone lanzó un grito sordo y se encogió en un rincón de la habitación.
"El señor Webster, supongo", dijo el desconocido, muy educado, pero con los ojos brillantes como los de un zorro en lo profundo del bosque.
"Abogado de Jabez Stone", dijo Dan Webster, pero sus ojos también brillaban. "¿Puedo preguntarle su nombre?"
"He pasado por muchas", dijo el desconocido con indiferencia.
"Quizás Scratch sirva para esta noche. A menudo me llaman así por aquí".
Luego se sentó a la mesa y se sirvió un trago de la jarra. El licor estaba frío en la jarra, pero humeaba en el vaso.
"Y ahora", dijo el extraño sonriendo y mostrando los dientes, "le pediré a usted, como ciudadano respetuoso de la ley, que me ayude a tomar posesión de mi propiedad".
Bueno, con eso comenzó la discusión, que se volvió acalorada. Al principio, Jabez Stone tuvo un atisbo de esperanza, pero al ver que Dan Webster era obligado a retroceder punto tras punto, se quedó sentado, acurrucado en su rincón, con la mirada fija en la caja japonesa. Porque no había ninguna duda sobre la escritura ni la firma; eso era lo peor. Dan Webster se retorcía y golpeaba la mesa con el puño, pero no podía evitarlo. Ofreció un acuerdo; el desconocido no quiso ni oír hablar de ello. Señaló que la propiedad había aumentado de valor y que los senadores estatales deberían valer más; el desconocido se apegó a la ley al pie de la letra. Era un gran abogado, Dan Webster, pero ya sabemos quién es el Rey de los Abogados, como dice la Biblia, y parecía que, por primera vez, Dan Webster había encontrado la horma de su zapato.
Finalmente, el desconocido bostezó levemente. «Sus entusiastas esfuerzos en nombre de su cliente le son dignos de elogio, Sr. Webster», dijo, «pero si no tiene más argumentos que aportar, ando bastante apurado de tiempo...». Jabez Stone se estremeció.
La frente de Dan Webster se oscureció como una nube de tormenta.
"Presionado o no, no tendrán a este hombre", tronó.
"El Sr. Stone es ciudadano estadounidense, y ningún ciudadano estadounidense puede ser obligado a servir a un príncipe extranjero. ¡Luchamos contra Inglaterra por eso en 1912 y lucharemos con todas nuestras fuerzas por ello otra vez!"
"¿Extranjero?", dijo el desconocido". ¿Y quién me llama extranjero?"
"Bueno, nunca he oído hablar de que usted haya reclamado la ciudadanía estadounidense", dijo Dan Webster con sorpresa.
"¿Y quién con más derecho?", dijo el desconocido con una de sus terribles sonrisas.
"Cuando se cometió el primer agravio contra el primer indio, yo estaba allí. Cuando el primer barco esclavista zarpó hacia el Congo, estuve en su cubierta. ¿Acaso no estoy en sus libros, historias y creencias, desde los primeros asentamientos? ¿Acaso no se habla de mí, todavía, en todas las iglesias de Nueva Inglaterra? Es cierto que el Norte me considera sureño y el Sur norteño, pero no soy ninguno de los dos. Soy simplemente un estadounidense honesto como usted, y de la mejor ascendencia, porque, a decir verdad, Sr. Webster, aunque no me gusta presumir de ello, mi nombre es más antiguo en este país que el suyo".
"¡Ajá!", exclamó Dan Webster, con las venas hinchadas en la frente. "¡Entonces me apego a la Constitución! ¡Exijo un juicio para mi cliente!"
"Este caso no es para un tribunal ordinario", dijo el desconocido, con los ojos parpadeando. "Y, de hecho, lo tarde de la hora..."
"¡Que sea el tribunal que elijan, con un juez y un jurado estadounidenses!", exclamó Dan Webster con orgullo. "¡Sea el que viva o muera; yo acepto el fallo!"
"Lo has dicho", dijo el desconocido, señalando la puerta con el dedo. Y con eso, de repente, se oyó un viento turbulento afuera y un ruido de pasos. Llegaban, claros y distintos, a través de la noche. Y, sin embargo, no parecían pasos de hombres vivos.
—¡En nombre de Dios! ¿Quién viene tan tarde? —gritó Jabez Stone, presa del miedo.
"El jurado, señor Webster, exige", dijo el desconocido, bebiendo de su vaso hirviendo. "Disculpe la apariencia tosca de uno o dos; deben haber recorrido un largo camino".
IV
Y con esto el fuego ardió azul y la puerta se abrió y entraron doce hombres, uno por uno.
Si Jabez Stone había estado aterrorizado antes, ahora estaba ciego de terror. Porque allí estaba Walter Butler, el leal, que sembró el fuego y el horror en el Valle Mohawk durante la Revolución; y allí estaba Simon Girty, el renegado, que vio a los hombres blancos quemarse en la hoguera y vitoreó con los indios al verlos arder. Sus ojos eran verdes, como los de un puma, y las manchas en su camisa de caza no provenían de la sangre del ciervo. El rey Felipe estaba allí, salvaje y orgulloso como lo había sido en vida, con el gran corte en la cabeza que le causó la herida mortal, y el cruel gobernador Dale, que dominó a los hombres en la rueda. Allí estaba Morton de Merry Mount, que tanto afligió a la colonia de Plymouth, con su rostro enrojecido, flácido y atractivo, y su odio a los piadosos. Allí estaba Teach, el pirata sanguinario, con su barba negra rizándose sobre el pecho. El reverendo John Smeet, con sus manos de estrangulador y su túnica ginebrina, caminó con la misma delicadeza que antes hacia la horca.
La huella roja de la cuerda aún rodeaba su cuello, pero llevaba un pañuelo perfumado en una mano. Todos entraron en la habitación con el fuego del infierno aún sobre ellos, y el desconocido nombró sus nombres y sus hazañas a medida que llegaban, hasta que se contó la historia de los doce. Sin embargo, el desconocido había dicho la verdad: todos habían tenido un papel en Estados Unidos.
"¿Está usted satisfecho con el jurado, señor Webster?", preguntó el desconocido burlonamente cuando ocuparon sus asientos.
El sudor corría por la frente de Dan Webster, pero su voz era clara.
"Muy satisfecho", dijo. "Aunque extraño al General Arnold de la compañía".
"Benedict Arnold está ocupado con otros asuntos", dijo el desconocido con el ceño fruncido. "Ah, creo que pidió un juez."
Señaló con el dedo una vez más, y un hombre alto, sobriamente vestido con el atuendo puritano, con la mirada ardiente del fanático, entró en la habitación y tomó el lugar de su juez.
"El juez Hathorne es un jurista con experiencia", dijo el desconocido.
"Presidió ciertos juicios de brujería celebrados en Salem. Hubo otros que se arrepintieron después, pero él no."
"¿Arrepentirse de tan notables prodigios y empresas?", dijo el severo y anciano juez. "¡No, que los cuelguen, que los cuelguen a todos!" Y murmuró para sí de una manera que heló el alma de Jabez Stone.
Entonces comenzó el juicio y, como era de esperar, no pintaba nada bien para la defensa. Jabez Stone no fue un buen testigo a su favor. Miró a Simon Girty y soltó un grito, y tuvieron que volver a meterlo en su rincón, casi desmayado.
Pero eso no detuvo el juicio; el juicio continuó, como suele ocurrir. Dan Webster se había enfrentado a jurados severos y jueces que lo condenaban a la horca en su vida, pero este era el más duro que jamás había enfrentado, y lo sabía. Se sentaron allí con una especie de brillo en los ojos, y la suave voz del desconocido seguía y seguía. Cada vez que planteaba una objeción, era «Objeción admitida», pero cuando Dan objetaba, era «Objeción denegada». Bueno, no se podía esperar justicia de un tipo como este Sr. Scratch.
Al final, Dan se sintió abrumado y empezó a acalorarse, como el hierro en la forja. Cuando se levantara para hablar, iba a despellejar a ese extraño con todos los trucos de la ley, y también al juez y al jurado. No le importaba si era desacato al tribunal ni qué le sucedería por ello. Ya no le importaba lo que le pasara a Jabez Stone. Simplemente se enfurecía cada vez más, pensando en lo que diría. Y, sin embargo, curiosamente, cuanto más lo pensaba, menos podía organizar su discurso mentalmente. Hasta que, finalmente, llegó el momento de ponerse de pie, y así lo hizo, listo para estallar en rayos y denuncias. Pero antes de empezar, observó al juez y al jurado por un momento, como era su costumbre. Y notó que el brillo en sus ojos era el doble de intenso que antes, y todos se inclinaron hacia adelante. Como sabuesos a punto de atrapar al zorro, miraron, y la neblina azul de maldad en la habitación se espesó mientras los observaba. Entonces vio lo que había estado a punto de hacer y se secó la frente, como lo haría un hombre que acaba de escapar de caer en un pozo en la oscuridad.
Porque era a él a quien habían venido, no solo a buscar a Jabez Stone. Lo leyó en el brillo de sus ojos y en la forma en que el extraño se tapó la boca con una mano. Y si luchaba contra ellos con sus propias armas, caería en su poder; lo sabía, aunque no podría haberte dicho cómo. Era su propia ira y horror lo que ardían en sus ojos; y tendría que borrarlos o el caso estaría perdido. Se quedó allí un momento, sus ojos negros ardiendo como antracita. Y entonces comenzó a hablar.
Empezó en voz baja, aunque se podía oír cada palabra. Dicen que podía invocar las arpas de los bienaventurados cuando quería. Y esto era tan simple y fácil como hablar. Pero no empezó condenando ni injuriando. Hablaba de las cosas que hacen de un país un país y de un hombre un hombre.
Y empezó con las cosas sencillas que todos conocían y sentían: la frescura de una hermosa mañana cuando eres joven, el sabor de la comida cuando tienes hambre, y el nuevo día que es cada día cuando eres niño. Las recogió y las revolvió en sus manos. Eran cosas buenas para cualquier hombre. Pero sin libertad, enfermaban. Y cuando hablaba de los esclavizados y de las penas de la esclavitud, su voz se volvía como una gran campana. Habló de los primeros días de Estados Unidos y de los hombres que habían hecho esos días. No fue un discurso desmesurado, pero te lo hizo ver. Admitió todo el mal que se había hecho. Pero mostró cómo, de lo incorrecto y lo correcto, del sufrimiento y las hambrunas, había surgido algo nuevo. Y todos habían tenido parte en ello, incluso los traidores.
Entonces se volvió hacia Jabez Stone y le mostró que era un hombre común y corriente que había tenido mala suerte y quería cambiarla. Y, por haberlo querido, ahora iba a ser castigado eternamente. Y, sin embargo, había bondad en Jabez Stone, y él la demostró. Era duro y mezquino, en ciertos aspectos, pero era un hombre. Había tristeza en ser hombre, pero también era algo de orgullo. Y mostró lo que era el orgullo hasta que no podías evitar sentirlo. Sí, incluso en el infierno, si un hombre fuera hombre, lo sabrías. Y ya no suplicaba por nadie, aunque su voz sonaba como un órgano. Contaba la historia, los fracasos y el interminable viaje de la humanidad. Fueron engañados, atrapados y embaucados, pero fue un gran viaje. Y ningún demonio, jamás engendrado, podría conocer su interior; se necesitaba un hombre para hacerlo.
V
El fuego comenzó a apagarse en la chimenea y el viento soplaba antes de que amaneciera. La luz se tornaba gris en la habitación cuando Dan Webster terminó. Y sus palabras volvieron al final a la tierra de New Hampshire, al único rincón que cada hombre ama y al que se aferra. Pintó un retrato de eso, y a cada uno de los miembros del jurado les habló de cosas olvidadas hacía tiempo. Porque su voz podía llegar al corazón, y ese era su don y su fuerza. Y para uno, su voz era como el bosque y su secreto, y para otro como el mar y sus tormentas; y uno oyó en ella el llanto de su nación perdida, y otro vio una pequeña escena inofensiva que no había recordado en años. Pero cada uno vio algo. Y cuando Dan Webster terminó, no sabía si había salvado a Jabez Stone. Pero sabía que había obrado un milagro. Porque el brillo se había desvanecido de los ojos del juez y el jurado, y, por un momento, volvieron a ser hombres, y supieron que eran hombres.
"La defensa descansa", dijo Dan Webster, y se quedó allí plantado como una montaña. Aún le zumbaban los oídos por el discurso, y no oyó nada más hasta que oyó al juez Hathorne decir: "El jurado se retirará a considerar su veredicto".
Walter Butler se levantó en su lugar; su rostro reflejaba un orgullo sombrío y alegre. «El jurado ha considerado su veredicto», dijo, y miró al desconocido directamente a los ojos. «Fallamos a favor del acusado, Jabez Stone».
Con eso, la sonrisa abandonó el rostro del extraño, pero Walter Butler no se inmutó.
"Quizás no sea estrictamente de acuerdo con la evidencia", dijo, "pero incluso los condenados pueden saludar la elocuencia del señor Webster".
Con eso, el prolongado canto de un gallo rasgó el cielo gris de la mañana, y el juez y el jurado desaparecieron de la sala como una nube de humo, como si nunca hubieran estado allí. El desconocido se volvió hacia Dan Webster, sonriendo con ironía. «El mayor Butler siempre fue un hombre audaz», dijo. «No lo había considerado tan audaz. Sin embargo, mis felicitaciones, como entre dos caballeros».
"Primero me quedo con ese papel, por favor", dijo Dan Webster, y lo tomó y lo rompió en cuatro pedazos. Estaba extrañamente caliente al tacto.
"Y ahora", dijo, "¡te tendré!", y su mano cayó como una trampa para osos sobre el brazo del desconocido. Porque sabía que una vez que uno vencía a alguien como el Sr. Scratch en una pelea justa, su poder sobre uno se perdía. Y podía ver que el Sr. Scratch también lo sabía.
El extraño se retorció y se retorció, pero no pudo soltarse.
"Vamos, vamos, Sr. Webster", dijo con una sonrisa pálida. "Esto es ridículo... ¡ay!, ridículo. Si le preocupan los costes del caso, claro, con gusto los pagaré..."
"¡Y así lo harás!", dijo Dan Webster, zarandeándolo hasta que le castañetearon los dientes. "¡Porque te sentarás enseguida a esa mesa y redactarás un documento, prometiendo no molestar jamás a Jabez Stone, ni a sus herederos ni a sus cesionarios, ni a ningún otro hombre de New Hampshire hasta el día del juicio final! Cualquier infierno que queramos provocar en este estado, podemos hacerlo nosotros mismos, sin ayuda de extraños."
¡Ay! —dijo el desconocido—. ¡Ay! Bueno, nunca llegaron a ser muy grandes, pero... ¡ay!... ¡Estoy de acuerdo!
Así que se sentó y redactó el documento. Pero Dan Webster mantuvo la mano en el cuello de su abrigo todo el tiempo.
"Y ahora, ¿puedo irme?" dijo el extraño, con mucha humildad, cuando Dan vio que el documento estaba en forma adecuada y legal.
"¿Irme?", dijo Dan, zarandeándolo de nuevo.
"Todavía estoy pensando qué haré contigo. Ya has pagado las costas del caso, pero no has llegado a un acuerdo conmigo. Creo que te llevaré de vuelta a Marshfield", dijo, pensativo.
"Tengo un carnero allí llamado Goliat que puede atravesar una puerta de hierro. Me gustaría soltarte en su campo a ver qué hace".
Bueno, con eso, el extraño empezó a rogar y suplicar. Y rogó y suplicó con tanta humildad que finalmente Dan, quien por naturaleza era bondadoso, accedió a dejarlo ir. El extraño pareció muy agradecido y dijo que, solo para demostrar que eran amigos, le leería la fortuna a Dan antes de irse. Así que Dan accedió, aunque normalmente no creía mucho en los adivinos.
Pero, naturalmente, el extraño era un poco diferente. Bueno, fisgoneó y observó la línea en las manos de Dan. Y le dijo una cosa y otra bastante notables. Pero todas eran cosa del pasado.
"Sí, todo eso es cierto, y sucedió", dijo Dan Webster. "¿Pero qué nos depara el futuro?"
El desconocido sonrió, con cierta alegría, y negó con la cabeza.
«El futuro no es como lo imagina», dijo.
«Es sombrío. Tiene una gran ambición, Sr. Webster».
"Lo he hecho", dijo Dan con firmeza, porque todos sabían que quería ser presidente.
"Parece que está a tu alcance", dijo el desconocido, "pero no lo lograrás. Hombres de menor rango serán nombrados presidentes y tú serás ignorado".
"Y si lo soy, seguiré siendo Daniel Webster", dijo Dan. "Sigue así."
"Tienes dos hijos fuertes", dijo el desconocido, meneando la cabeza. "Buscas formar un linaje. Pero ambos morirán en la guerra y ninguno alcanzará la grandeza".
"Viva o muera, siguen siendo mis hijos", dijo Dan Webster. "Sigan así."
"Has pronunciado grandes discursos", dijo el desconocido. "Darás más".
"Ah", dijo Dan Webster.
"Pero el último gran discurso que pronuncies pondrá a muchos de los tuyos en tu contra", dijo el desconocido.
"Te llamarán Ichabod (en hebreo "sin honor"); te llamarán por otros nombres. Incluso en Nueva Inglaterra algunos dirán que has cambiado de bando y vendido tu país, y sus voces se oirán en tu contra hasta que mueras".
"Así que es un discurso honesto, no importa lo que digan los hombres", dijo Dan Webster. Luego miró al desconocido y sus miradas se cruzaron. "Una pregunta", dijo. "He luchado por la Unión toda mi vida. ¿Veré esa lucha ganada contra quienes la destrozan?"
"No mientras vivas", dijo el extraño con gravedad, "pero se ganará. Y después de tu muerte, miles lucharán por tu causa, por las palabras que pronunciaste".
—¡Pues entonces, tú, adivino, de cañón largo, flancos planos, mandíbula de linterna y afeitador de billetes! —dijo Dan Webster con una carcajada—, ¡vete a tu casa antes de que te deje en paz! ¡Por las trece colonias originales, iría al mismísimo Foso para salvar la Unión!
Y dicho esto, echó el pie hacia atrás para dar una patada que habría aturdido a un caballo. Solo la punta de su zapato alcanzó al extraño, pero salió volando por la puerta con su caja de recolección bajo el brazo.
"Y ahora", dijo Dan Webster, al ver que Jabez Stone comenzaba a despertar de su desmayo, "veamos qué queda en la jarra, porque es trabajo seco hablar toda la noche. Espero que haya pastel para desayunar, vecino Stone".
Pero dicen que siempre que el diablo se acerca a Marshfield, incluso ahora, lo evita. Y no se le ha visto en el estado de New Hampshire desde entonces. No me refiero a Massachusetts ni a Vermont.
Estrenada poco después del fin de la Gran Depresión y al borde de la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, All That Money Can Buy, de William Dieterle, es una mezcla peculiar y fascinante de la agitación y propaganda populista de los años 1930 y las tonterías patrióticas que definieron gran parte de los años de guerra.
Al trasladar la leyenda de Fausto y su pacto con el diablo a un emocionante fragmento del folclore estadounidense, el guión de Dan Totheroh y Stephen Vincent Benét presenta la avaricia como un anatema para el estilo de vida estadounidense, en una de las pocas épocas breves en las que esa noción era menos que risible. Así, se rechaza el individualismo a ultranza en favor del colectivismo, concretamente al exaltar los valores de una granja agrícola, una red de seguridad comunitaria para pequeños agricultores como el protagonista de "Todo lo que el dinero puede comprar ", Jabez Stone (James Craig).
Tras una racha de mala suerte, Jabez recibe la visita del astuto y siniestro Sr. Scratch (un Walter Huston de encanto taimado), quien le promete siete años de riqueza y prosperidad si entrega su alma al término de dicho período. Lo que comienza en el tristemente poético mundo de "Las uvas de la ira", de John Ford, se transforma en una divertida alegoría fantástica cuando el otrora humilde Jabez cede a sus peores instintos bajo la influencia de Scratch y su seductora contraparte femenina, Bella (una sensual Simone Simon, en una prueba para su papel en Cat People al año siguiente).
La historia de Todo lo que el dinero puede comprar, sobre el egoísmo abyecto ante el sufrimiento, es ciertamente contundente. Pero se ve avivada por la inspirada interpretación cómica de Huston, que convierte al despreciable Scratch en un encantador complemento para Jabez, quien es manipulado a lo largo de la película de maneras divertidas y exasperantes. Dieterle y el director de fotografía Joseph H. August también impregnan la trama con un exuberante estilo visual, a partes iguales inquietante y caprichoso, con un impactante juego de sombras y luces que, junto con algunos brillantes efectos especiales, lleva la película a un espacio liminal entre la realidad y la fantasía. Estas cualidades más fantásticas, a veces incluso surrealistas, constituyen un fascinante contrapunto a las sinceras súplicas de la película a la cooperación comunitaria como ideal patriótico.
En una breve respuesta que amenaza con complicar la visión de la vida provinciana estadounidense en Todo lo que el dinero puede comprar, Scratch se opone al abogado Daniel Webster (Edward Arnold), quien defiende el alma de Jabez en el juicio del final de la película, afirmando que el ser diabólico no es estadounidense. Scratch continúa recordándole a Webster, y por extensión al espectador, que estuvo presente "cuando se cometió el primer agravio contra los indígenas" y "cuando el primer barco esclavista zarpó hacia el Congo".
Estos males del pasado estadounidense se destacan brevemente, pero al igual que la serie de pecados de Jabez, perdonados al final del juicio, esta historia de violencia se esconde apresuradamente bajo la alfombra mientras se restablece el orden en la modesta y piadosa familia protagonista de la película. Después de todo, ¿qué esperanza le queda al diablo contra el poder de los delirios y la creación de mitos estadounidenses?
Este es el título de un libro que se ha publicado en Argentina por un autor cuyo catolicismo militante es sin duda molesto para quienes pretenden simultanear su fe católica con su ideología demócrata.
El Dr Antonio Caponnetto, a lo largo de 336 páginas demuestra que ambas doctrinas son incompatibles y concluye con un anexo titulado «La posibilidad de una democracia tradicional».
Este libro sirve para que quienes presumen de ser cristianos y a la vez demócratas comprueben si sus intereses mundanos son o no más fuertes que su pretendida fe religiosa. Ocurre que hoy, cuando quien declara declara abiertamente no creer en la democracia como sistema viable de gobierno es convertido en paria, todos quieren beneficiarse de alguna forma de las ventajas de estar con el «poder»… Incluso nadie se atreve a afirmar que las presuntas democracias son un fraude, una ilusión… Todo el mundo sabe que la última guerra mundial se hizo para imponer la democracia en el mundo… pero pocos llegan a pensar que imponer algo a sangre y fuego no es precisamente democrático…
"En realidad, el hombre no tiene derechos en una democracia.
No los perdió en beneficio de la colectividad nacional ni de la nación, sino de una casta político-financiera de banqueros y agentes electorales.
La democracia masónica (globalista), a través de una traición sin igual, se disfraza de apóstol de la paz en esta tierra y al mismo tiempo proclama la guerra entre el hombre y Dios.
“¡El sufragio universal es la mentira universal!”… “Del sufragio universal se ha hecho arma de partido; bajo este punto de vista ni nombrarlo nos dignaríamos. Pero el sufragio universal es hoy, más que todo, base de un sistema filosófico en oposición a los sanos principios de derecho y de Religión […] y constituye la esencia de lo que se ha querido llamar derecho nuevo, como si el derecho fuese tal si no es eterno”. Se trata, en suma, de una “sucia quisicosa”, cuyo punto de partida es “admitir como dogma filosófico la infalibilidad de las turbas”. Félix Sardá y Salvany, La mentira universal, mayo, 1874.
… “una democracia que llega al grado de perversidad que consiste en atribuir en la sociedad la soberanía al pueblo”. San Pío X, Nostre charge apostolique.
… “la vida de las naciones se halla disgregada por el culto ciego al valor numérico”. Pío XII, La organización política mundial, Del 6 de abril de 1951.
“El Estado liberal, jacobino y democrático edificado sobre el hombre egoísta y el sufragio universal, han permitido que la riqueza del poder Soberano de la Nación haya sido reemplazado por el poder de la riqueza sin Dios y sin Patria. La plutocracia internacional a la sombra de la llamada soberanía popular, mediatizada a los poderes público y explota las naciones”. “La soberanía popular comporta una real subversión atea y materialista, por cuanto sustituye a la soberanía divina, y se postula como un principio absoluto e incondicionado”… Jordán Bruno Genta
Que la democracia es forma impura de gobierno y corrupción de la República, es una afirmación anterior a la doctrina católica. En vano se ha traducido insidiosamente ciertos tratados clásicos helénicos y romanos, a efectos de atemperar o disimular esta certeza teórica- práctica ante el mundo políticamente correcto. En vano- a partir sobre todo del Iluminismo, por la acción directa de Montesquieu y de Rousseau- se han escamoteado la presencia de la democracia entre las formas legítimas de gobierno, como clarísimamente se afirma en LA REPÚBLICA ( 445) y en la POLÍTICA (1279), OBRAS CUMBRES DE LOS VENERABLES FILÓSOSFOS DE LA HËLADE. En vano digo, porque allí están estas páginas en sus idiomas originales para que brote de sus reflexiones la descalificación de una forma de gubernamental signada fatalmente por la tiranía del número, por el desgobierno de la muchedumbre, por el desenfreno de las libertades, por el incremento de los oclótas * y los demagogos. Platón y Aristóteles entonces, figuran entre los maestros encumbrados de este rotundo desaire a las democráticas formas. Pero también poetas como Homero o Hesíodo, historiadores como Hereódoto y Tucídedes , pensadores como Isócrates, cantores como Tirteo o Simónides de Ceos, artistas como Eurípides o Esquilo, u oradores como Demóstenes.
Las largas y fundadas razones por la que estos hombre egregios descalificaron a la democracia, en sus principios y en sus realizaciones prácticas, no sólo no son de llamativa actualidad sino por una significativa hondura. Porque no se trata de una forma impura desechada en mérito de cuestiones accidentales o subalternas- como la elección o la sucesión de los gobernantes- sino de una perversión intrínseca que hace posible la profanación y el sacrilegio, conspirando contra los mismos lazos sagrados en que sostiene la ciudad. Son las leyes divinas las que ceden ante las legislaciones humanas gestadas en las asambleas del pueblo, son los ritos y las ceremonias tradicionales los desplazados, y hasta son lo kakodaimonistai o adoradores del demonio los que ganan en prestigio, según lo reconociera el mismo Lisias. Democracia e impiedad revulsiva se suponen recíprocamente en cada tramo de la historia. Como si la primera potenciara irrefragablemente, por el peso de su inherente miseria, todas las malas inclinaciones que hay en la humana naturaleza.
El Sófocles que en Electra, pone en boca del coro palabras laudatorias para Zeus ultrajado por el demos; o Isócrates que en el Areopagítico elogia la piedad y la clemencia contra los rapaces demagogos que no entienden la obligación de conservar las tradiciones, son apenas dos ejemplos- entre centenares- de un perversión que fue considerada y padecida, ante todo, como un vejamen a la recta religiosidad. Súmese si se quiere el formidable y conocido testimonio de Cicerón, cuando bajo la inspiración platónica escribe su República, y afirma en ella- en el emocionante fragmento de El Sueño de Escipión- que quienes alcanzan la gloria celeste no son los partidócratas que amontonan votos de la plebe, sino los que consagran a la patria en veladas de sabiduría o en epopeyas de gloria. Si acaso se prefiriera el testimonio de los comediantes, reléase el Pluto de Aristófanes, y aquellas palabras magníficas con que la diosa Pobreza descalifica al demócrata Crémilo, que coloca la riqueza por encima de los rectos sentimientos religiosos.
Con razón ha dicho Stan Popescu haciendo una fundada autopsia de la democracia, primeramente en el mundo antiguo: “El desprecio por la religión se manifestó solamente en los permanentes intentos de demoler los valores religiosos ) la clemencia, la piedad, la compasión, la justicia, el espíritu de sacrificio) sino también en la obsesiva y en la afiebrada voluntad de hacer leyes escritas y votarlas. Con ello se cancelarían para siempre las leyes sagradas, tradicionales, y se terminaría de una vez con las virtudes […]para la conservación de las cuales se requería autoexigencia, autodisciplina y voluntad de autosuperación… Stan Popescu. Autopsia de la democracia. 1984. Euthymia.P.122.
Si el mejor pensamiento clásico descubrió los males sustantivos de la democracia, y si lo mismo hicieron pensadores de nota, no necesariamente ligados a la Iglesia Católica :si los grande paganos como Platón y Aristóteles señalaron el desquicio de este sistema insano, y otro tanto podría decirse de autores como Gentile, Guénon, Evoca, Maurras,, Henri de Man, Violkoff y los precitados Ortega y Gasset y Tocqueville, va de suyo que el Magisterio de la Iglesia no podía callar ni errar en cuestión de tanta monta. Y es aquí cuando se aprovecha y entiende la comentada antología de textos que me hiciera llegar Enrique Brousain. Muy especialmente los correspondientes al maestro Julio Menvielle* en su obra Concepción católica de la política.-Que sepamos hay cuatro ediciones de esta obra que remitimos efusivamente. La primera publicada en los cursos de Cultura Católica , en 1932. La segunda, bajo el mismo sello editorial, en 1941. La tercera publicada por Teoría, Buenos Aires, 1961, y la cuarta en el volumen III de la Biblioteca del Pensamiento Nacionalista Argentino, Buenos Aires, Dictio, 1974. cada una de ellas ofrece ampliaciones y correcciones. También puede leerse por internet.
Al repasar aquellos párrafos fundantes en necesaria epítome, varios corolarios pueden extraerse con provecho:
a) que según enseñanzas de Santo Tomás, una institución es la República, que admite “ la participación jerárquica de todos en el gobierno de la cosa pública “ y otra su corrupción, la democracia, “ régimen tiránico del gobierno popular “, que por su esencia igualitaria concluye en la opresión de una clase o de un partido sobre otro ( De Regno, I,I ).
La democracia, pues, tiene un perversión intrínseca. Pervierte la República.
b) que si tergiversando y “ olvidando la profunda sabiduría del lenguaje tomista se quiere usar el vocablo democracia para significar la república o politia, entiéndase que ésta no se ha realizado ni se ha de realizar en ninguna de las repúblicas o democracias modernas […]. Todas las cuales no son sino una mezcla de demagogia con la oligarquía de los bribones, presentan un tipo inestable y sedicioso, porque en ellas jamás se procura el bien común temporal […] y no piensan sino en la procuración de bienes económicos; no el común, porque el bien del individuo-gobernante prima sobre el bien del partido, el del partido sobre el bien de la nación, el de la nación sobre el bien de los derechos internacionales y sobre el bien divino de la Iglesia” ( P. Julio Menvielle *, Concepción Católica de la Política).
La democracia pues, pervierte la noción de bien común y la jerarquía misma de los bienes. Y es de notar, complementariamente, que esta ley enunciada por Menvielle, de futuribles democracias indeseables, no ha dejado de cumplirse desde que la anunció por primera vez, hace ya más de un largo de siglo.
c) que el auge de la democracia ha engendrado “ modernas sociedades, conformadas perversamente en su interior por haber perdido el recto sentido del bien humano […] víctimas de los consorcios financieros internacionales, los cuales, después de haber corrompido las conciencias, acordando prebendas a las personas influyentes de la colectividad, manejan, por medio de éstas, la misma cosa pública, cabiendo derivar en provecho de la proliferación del oro que han acumulado, toda la vida productiva del país. Luego desde el punto de vista católico, que asigna como programa fundamental de toda política la realización del bien común de la ciudad temporal, es inaceptable la forma impura de democracia que revisten las repúblicas modernas “( P. Julio Menvielle, ibidem )
La democracia, pues, pervierte tanto el interior de las conciencias como el interior de las comunidades.
d) que “ lo que hace trágica la conducción de los pueblos en los tiempos modernos es que, de hecho, en la realidad concreta el mito religioso de la democracia ha invadido y contaminado completamente a la democracia política y aun todas las formas actuales de gobierno. “. “ Añadamos que en el vocabulario de Santo Tomás la democracia como forma política legítima no se llama democracia, sino República (politia). Es una forma de régimen mixto, en la cual el principal democrático que, en su estado puro tiende a la dominación del número, está templado por el principio aristocrático ( poder de los que se distinguen en valor y virtud […] En tanto a la palabra democracia, designa Santo Tomás , la forma corrompida de politia, y el principio democrático es su estado puro“” ( P-Julio Menvielle. Ibidem).
La democracia , pues ,pervierte, invade, contamina, vuelve impuro lo que toca.
e) que la historia y en el rumbo de las civilizaciones hay una ley que “ marca cuatro momentos: un primer momento de plenitud, una edad de oro, teológica, por el primado de la verdad sagrada o sacerdotal; un segundo momento, de decadencia, una edad de plata o aristocrática por el primado de la verdad natural o racional, o metafísica; un tercer momento, una edad afectiva o sentimental, o sensible, o animal o económico-burguesa; un cuarto momento, una edad de hierro o democrática, por el primado de la materia, o la cantidad que es su propiedad necesaria, o dé la multitud o de los económico- proletario“ (P. Julio Menvielle, ibidem )
La democracia, pues, pervierte a las civilizaciones y marca el rumbo más bajo de su declive, analogándose y con esa edad de hierro de la que nos hablara Hesíodo.
f) Que el dominio que hoy ejerce “ la multitud proletaria o democrática, nos obliga a estudiar la esencia de la democracia, buscando desentrañar su ley íntima. Nadie ha analizado tan profundamente la democracia como Santo Tomás de Aquino y Aristóteles […].Parte el Santo Doctor de la premisa que la razón de ser y el término del estado popular es la libertad, y por ello el poder o autoridad se distribuye en ese Estado de acuerdo a la dignidad de la libertad ( Comentarios a la Política de Aristóteles, IV,,7 ). En su mente la democracia está ligada a una concepción de la vida en la que se hace de la libertad el supremo bien del hombre y, por lo mismo, el fin de la ciudad ^una ciudad que no es la Ciudad Católica ] .En el estado popular- dice en Política III ,4- sólo se busca la libertad, y sólo ella es lo que en común confieren los ciudadanos. Todas las otras cosas existen por la libertad y para la libertad. Nada valen, por tanto ;las diferencias que separan un hombre de otro, nada las dependencias naturales o históricas, nada de los vínculos familiares o nacionales, nada la diversidad de ingenios, de las aptitudes, de la educación, de la cultura o de los derechos adquiridos. Como a todos y a cada uno dio la naturaleza idéntica libertad, será necesario que todos y cada uno en cualquier parte sean iguales “ ( P. Julio Menvielle, ibidem ).
La democracia, pues pervierte las nociones de libertad y de igualdad, y se convierte en “la dominación de la plebe“.
g) que “la justicia popular o democrática exige que todos participen en los honores y favores públicos de acuerdo a una unidad cuantitativa, y no, en cambio, de acuerdo con la dignidad de la persona o igualdad de proporción [….] Por otra parte,, como ha de haber quien establezca y conserve esta justicia popular… se sigue que el fin y la justicia del estado democrático es la opinión de la multitud […]. La opinión y voluntad de la multitud es ley, entonces, en el régimen democrático.
¿Cuál es el resultado de un régimen fundado en estas premisas? El resultado dependerá de la condición mortal de la multitud. Sí ésta, en su mayoría, es virtuosa, la ciudad será virtuosa; sí perversa, la ciudad será perversa. Pero el Doctor Angélico saca inmediatamente la conclusión de que tal ciudad, en la que la multitud fija la norma de la justicia, habrá de ser perversa porque allí mandan los viles y desordenados ( Política, VI, 2) […]La conclusión de Santo Tomás esta determinada por el concepto pesimista que tiene la muchedumbre. Se podrían acumular citas y citas en las que se enseña que las muchedumbre, en la mayoría de los casos, se deja llevar por sus malas inclinaciones, violando el orden recto de la razón[…] El pueblo se aparta de la razón la más de las veces, dice el Santo en Politica IV.13 Pupulus enim déficit a ratione, ut in pluribus.
En substancia, que el pueblo, al no reaccionar sino efectivamente está expuesto a equivocarse y extraviarse; necesita que otros- los menos- le indique qué le conviene y se lo hagan querer; si una minoría virtuosa no le confiere la virtud, cualquier otra minoría audaz le impondrá el yugo del dinero o del trabajo colectivo “ ( P Julio Menvielle, ibidem. ).
La democracia, pues, pervierte la noción de participación y de justicia, entroniza la tiranía de la multitud, y es perversa porque ésta suele serlo, mandando en ella los viles y desordenados.
h) que “ el análisis de la esencia de la democracia nos conduce a la conclusión de que ésta, partiendo de la idea de libertad, que es su principal e indispensable presupuesto, termina inexorablemente en la tiranía, o dictadura de la multitud , del número, de la cantidad, y por lo mismo de la sinrazón y del desorden [….]
El principio fundamental que la mueve [a la democracia] es el igualitarismo universal absoluto. Ahora bien : como los hombres- sin una intervención especial de Dios- no pueden ser igualados o nivelados por lo más encumbrado que hay en ellos, es, a saber, la ciencia y la virtud, no resta sino la posibilidad de intentar la nivelación absoluta universal, por lo más bajo que hay en ellos, es decir, por su condición material. Tal es el intento del comunismo soviético, como enseña PÍO XI en su magistral y actualísima en cíclica Divini Redemptoris (P. Julio Menvielle. Ibidem).
La democracia, pues, es perversión que lleva a otra mayor y de ella derivada y cómplice: el comunismo. Algo que los mismos comunistas testificaron y previeron.
Ahora bien; lo propio del sabio es distinguir y ordenar. Por eso Becar Varela no ha hecho ninguna de estas distinciones y se ha mostrado incapaz de todo ordenamiento conceptual. No ha querido distinguir entre democracia y república, entre formas puras e impuras de gobierno, entre componentes de un régimen mixto legítimo y autonomía ilegítima de esos componentes, entre la posibilidad de un deber ser de bondad condicionada y la trágica realidad de una perversión antigua y presente.. No ha querido distinguir en suma, lo que todos los grandes tratadistas católicos han discriminado con ciencia y cautela.
Ya no el padre Julio Menvielle, sino estudiosos de enjundia como Louis Billot, Victor Bouillon, Jean Ousset, Marcelo Demongeot, Jean Madiram, Jesús Muñóz, S.J, Héctor Hernández, Bernardino Montejano, Padre Osvaldo Lira, Luis Sánchez Agesta, Fulvio Ramos, Alberto Falcionelli, Juan Antonio Window, y tantísimos otros. Si hubiera distinguido bajo la tutela del magisterio clásico y cristiano, la conclusión no podría haber sido otra que la que sintetizó Charles Maurras: “no es que la democracia está enferma; la enfermedad es la democracia“.
Agrava la cortedad interpretativa de Becar Varela, por un lado, el hecho de que, desde su confusión, se autoerige en tribunal de ortodoxia; más por otro, el hecho igualmente ruinoso, de que su indistinción y desorden mental, no se mantiene sólo en el ámbito de las discusiones académicas, sino que INSTA justificar con ellas determinadas acciones políticas personales, a la par que condena intemperantemente la de quienes no quieren secundarlo. Porque al igual que tantos liberales católicos, le sobreviene a nuestro criticado no una preocupación teorética por el hallazgo de la Verdad, sino una urgencia práctica para encontrar algún retazo de doctrina católica con la que bautizar su heteropaxis.
Un pacifismo que no es ni cristiano ni justo, una falsa espiritualidad fundada en la reconciliación con el mundo y un lenguaje anodino se ha apoderado del católico medio. No se lo escuchará mentar siquiera la obligación paulina del Buen Combate. Ya no digamos en lo que el término pueda implicar de donación física en una contienda justa, sino en lo que contiene de obligación ascética, purificadora y reconquistadora de la Verdad.
Un desordenado apego por la propia vida ha logrado dominarlo, y una candidez suicida -cuando no una complicidad cobarde- lo ha llevado a bajar los brazos frente a los enemigos de la Fe. Se vive bajo el primado del sincretismo y del pluralismo, que ahoga todo celo apostólico, todo fervor misionero, todo gesto de batirse por la Reyecía de Cristo.
Pero si ha de concluirse en que la tibieza es el gran obstáculo para emprender el combate, ha de saberse también que la misma no es insalvable. Casi valdría la paradoja de afirmar que contra ella tiene que llevarse a cabo la primera contienda para que todas las demás sean posibles.
Es innegable que las dificultades arrecian. Por un lado, la gran tentación de un cristianismo sin Cruz. Un cristianismo en contravención con la advertencia de Cristo y a través del cual se perderá la vida por intentar salvarla. Las cruces que nos acosan son múltiples, pero ninguna más sutil y terrible que la insinuación de despojarnos de ellas. De comportarnos como si no existieran, amparados en la utilidad de la vida cómoda y en las muchas ocupaciones laborales. Renunciar a la comodidad no es sólo ni principalmente dejar de lado el confort superfluo. Es algo más difícil aún: estar preparados para la incomodidad de saberse señalado y perseguido, de saber que no podrá contarse con el éxito mundano ni con el reconocimiento de los poderosos ni con el aplauso de las multitudes. Y en la soledad y la adversidad, saberse al fin, fiel a uno mismo y continuar andando.
Por otro lado, la gran tentación de bajar la guardia, de resignarse a un cristianismo en paridad de condiciones con el error y convertido en una religión más. Los católicos corrientes ya no creen ni afirman, ni sostienen ni defienden que la suya sea la Religión Verdadera. Tampoco se oye esta esencial declaración en boca de muchos pastores o autoridades eclesiales destacadas. La Iglesia Católica, dicen en cambio, debe aspirar a un mero reconocimiento en el mosaico de iglesias y creencias. Y no faltan algunos que, confundiendo las prerrogativas y los derechos de la Verdad con privilegios o regalías particulares, rechazan incluso cualquier natural prevalencia que pudieran conservar aún el catolicismo en las sociedades que él ayudó como nadie a constituir. Este conformarse cada vez con menos en el orden de los bienes espirituales, es típico del pecado de la tibieza. Nada tiene que ver con la humildad, pero sí, y mucho, con la imperdonable cobardía de permitir que el trigo sea nivelado con la cizaña y acabe asfixiado por ella.
Este igualitarismo fatal, que vuelve innecesaria e inútil la lucha pues no hay Bien que sostener ni Mal que refutar, sino medios bienes y males que componer sin remordimientos, se completa con una tercera tentación casi convertida en moda: la moderación. No la que brota de la templanza y como tal, hacedora de la mesura y de la sobriedad en la conducta, sino la que es poquedad y flojera, medianía y suavidad empalagosa, falta de vigor para exaltar la Verdad y proclamar su alabanza a los cuatro rumbos. El moderado es el cristiano módico. Pendiente de los respetos humanos, de la oportunidad, y del decir de los personajes encumbrados. Absolutamente incapaz de la confrontación y la pelea, y por lo mismo, hábil malabarista de opiniones y pensamientos. El gracejo hispano ha acuñado para tales sujetos el irreemplazable mote de pasteleros.
Alguien —casi todo el mundo en rigor— le ha hecho creer al moderado que la civilización se identifica con la capacidad de negociarlo todo, y que la lucha es rémora del pasado y blasón de barbarie. Un cristiano "civilizado", "aggiornado" y "al día", no riñe ni batalla ni polemiza ni se deja sacudir de indignación: concilia, compone, arregla, conversa. A lo sumo tendrá conflictos y ahogos que se le irán con un buen analista, el cual le recomendará la panacea universal de la tolerancia, asumida conscientemente a riesgo de convertirse en un fanático.
Pocos como Chesterton han hecho la radiografía exacta del pacifista y de la sociedad enferma de falsa moderación, que considera perturbadores y locos a los que están dispuestos a combatir los únicos combates legítimos: los que se libran por Dios y por la Patria, por los altares y los hogares, por la sagrada tradición y los dogmas incontrovertibles, por los misterios que están más allá de la razón y las realidades celestes que hacen inteligibles y dignas las terrenas. Pero pocos también como este gran gladiador de la Fe, han dejado para la historia de la mejor literatura cristiana, retratos vivos y aleccionadores del combatiente de Cristo. Cruzados como Mac Ian, hidalgos como Adam Wayne, caballeros como Mr. Herne, u osados reaccionarios como Dalroy y Pump de La Hostería Volante, figuras todas representativas de la dase de hombres que requiere la catolicidad: listos en todo momento a batirse contra herejes y herejías, a no rehuir las controversias, a provocar y desafiar a los miserables profanadores de la Verdad, a los blasfemos y a los sacrílegos. Listos —con todo el cuerpo y el alma en pugna pidiendo restauración y reconquista— a dar la sangre y el aliento por la custodia del Sagrario. Listos a preservar la tierra carnal y el paisaje nativo donde fuimos bautizados y donde concebimos a nuestros hijos, a la sombra de un Crucifijo.
Listos a no tolerar profanaciones y agravios y a castigar a los perjuros condignamente. Listos—eternamente listos—a cruzar espadas con cualquiera que osara rozar la grandeza sin mancha de la gloriosa Cristiandad. Hombres que el mundo consideró locos, extravagantes, raros y desaforados. Que nunca fueron comprendidos por los moderados, que se acaloran por las tasas de interés y se matan por las cotizaciones de la bolsa. Hombres que están a la diestra del Padre, de guardia permanente, con sus aceros flamígeros, sus risas francas y alegres, y la obstinada costumbre de no dar ni pedir tregua.
Pero con la gracia de Dios es posible encontrar los antídotos para vencer a la tibieza y a sus tentaciones. Los antídotos son necesariamente las virtudes y los atributos morales que derivados de ellas hacen del hombre un ser combativo y duro de rendir. Es preciso, por supuesto, cultivar todas las virtudes, y tal vez, de un modo especial en estos tiempos, la fortaleza y la paciencia, la perseverancia y la magnanimidad. Fortaleza para atacar, pero ante todo para resistir, que —llevado al grado heroico— es la substancia misma del martirio. Paciencia para sobrellevar con entereza los pesares sin poner límites subjetivos a las pruebas que se nos envían ni caer tampoco en veleidades estoicas. La paciencia del Señor que pidió se le apartara el cáliz de amargura, pero por sobre todo, pidió que se cumpliera la voluntad del Padre. Perseverancia para persistir y prolongar la contienda aunque ésta parezca no tener fin ni nos resulte favorable. Saber con ella que uno es el tiempo de la siembra y otro el de la cosecha. Y magnanimidad para apetecer lo egregio, lo superior, lo grande, y aborrecer las múltiples formas que toma la medianía encandilando nuestros sentidos.
“Es en el Evangelio de San Lucas, voy a leer la cita, digamos, capítulo 4, versículo 5 al 8, cuando el Señor Jesucristo está frente a las tres tentaciones que le propone el maligno y en la peor de todas, el maligno le propone que se arrodille frente a él porque le muestra todos los reinos del mundo, es decir, los Estados, el Estado, y le dice que si se arrodilla frente a él, le dará el poder sobre todos los Estados del mundo porque ese poder le fue dado, es decir, está la compasión propia del maligno que el Estado es la representación del demonio. Por eso cada vez que avanza el Estado, digamos, hay más pobreza, hay más calamidades, hay miseria, por eso es que les digo, despertemos a la fe, despertemos a la fe, porque eso es lo que nos traerá no solo el cielo, sino la prosperidad aquí también en la tierra”. @javiermilei
Hoy, pareciera imposible imaginarla. Pero no siempre fue así. Ni en Atenas, ni en los inicios de Estados Unidos, ni en las primeras repúblicas modernas.
En este episodio de Contrarrelato destripo el mito de que “más partidos = más democracia”.
Recorremos el surgimiento de los partidos de notables, los de masas, los partidos atrapa-todo, cartel, electoral-profesionales… y terminamos preguntándonos si no estamos viviendo el colapso del sistema de partidos.
Creo en el Dios de Jesús y de María, el Dios de los bienaventurados, sencillos y sabios humildes como Abraham y Sara; Isaac y Rebeca; Jacob y Raquel. Y no el de los expertos racionalistas e ideologistas teólogos y entendidos escribas de todos los tiempos, El Mismo JesuCristo nunca los eligió ni como apostóles ni como discípulos. Ni antes ni ahora. Soy Venezolano, Maracucho/Maracaibero, Zuliano y Paraguanero, Falconiano; Soy Español, Gallego, Coruñés e Fillo da Morriña; HISPANOAMÉRICANO; exalumno marista y salesiano; amigo y hermano del mundo entero.
La Línea Editorial de este Rincón es la Veracidad y la Independencia imparcial.
¡¡¡ Que El Señor de La Comunicación, de La Amistad, de La Paz con Justicia, te bendiga, te guarde, te proteja, siempre... AMÉN !!! ________________________________
¡La Paz del Señor sea contigo!
¡Shalom aleijem!
¡As Salam ie aleikum!
бо да благословит вас
上帝保佑你
神はあなたに賛美する ईश्वर
Бог да те благослови
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JesuCristo, Hosana en el Cielo, Bendito el que viene en Nombre Del Señor, Hosana en el Cielo
ORACIÓN A LA SEÑORA DE TODOS LOS PUEBLOS
Señor Jesucristo, Hijo del Padre, manda ahora Tu Espíritu sobre la tierra. Haz que el Espíritu Santo habite en el corazón de todos los pueblos, para que sean preservados de la corrupción, de las calamidades y de la guerra. Que la Madre de todos los Pueblos, La Santísima Virgen María, sea nuestra Abogada. Amén
ORACIÓN DE APOYO PARA LA CONSAGRACIÓN DE MIS REDES SOCIALES A SAN JOSÉ, TERROR DE LOS DEMONIOS
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
ARMADURA DE DIOS
ESPADA DE DIOS
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
"EL CRISTIANO HA NACIDO PARA LUCHAR": PAPA LEÓN XIII
“Retirarse ante el enemigo o callar cuando por todas partes se levanta un incesante clamoreo para oprimir la verdad, es actitud propia o de hombres cobardes o de hombres inseguros de la verdad que profesan. "La cobardía y la duda son contrarias a la salvación del individuo y a la seguridad del Bien Común, y provechosas únicamente para los enemigos del cristianismo, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. El cristiano ha nacido para la lucha”. S.S. León XIII, Papa
ORACIÓN Y MEDALLA DE SAN BENITO
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De Suárez y la capacidad de relacionar
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Miquel Escudero-Catalunya Press Martes, 28 de julio de 2026, 11 En su
libro, Mi testamento político (2012), Santiago Carrillo dijo de Adolfo
Suárez (hij...
Menos "Cambio climático" y más "Cambio político"
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Los políticos achacan al “Cambio climático” la pavorosa ola de incendios
que arrasa los montes de España, pero esa afirmación no se sostiene ante
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La Tierra Media y Semana Santa
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En la gran literatura legendaria ocupa un lugar notable la del antiguo
norte europeo, expresión de pueblos guerreros forjados por su implacable
entorno nat...
Boletín Info-RIES nº 1116
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*Ya pueden disponer del último boletín de la **Red Iberoamericana de
Estudio de las Sectas (RIES), Info-RIES**. **La suscripción es gratuita en *
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Analizando a los simpatizantes de Hamás
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El sufrimiento de otros puede justificar la compasión, pero sólo si ese
sufrimiento es inmerecido. Alguien que es encarcelado injustamente puede
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«Cumplimos La Mayoría De Edad»
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18 años en diálisis pero con las mismas fuerzas de vivir. ¡Hola comunidad
de donavida! Hoy estoy aquí, frente a ustedes, compartiendo un capítulo
especia...
Un pequeño aviso personal
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Queridos amigos y hermanos
Ustedes saben que este blog comenzó en diciembre de 2008. 12 años ya. Y
habrán advertido en los últimos tiempos cierta escasez...
La tertulia de las lechuzas
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Willie Dixon decía que el blues sucede “cuando tu chica te ha abandonado,
estás solo en la estación de autobuses, sin un céntimo, y ha empezado a
llover”....
MALEVO, VA
-
*De hábitos vulgares, propio de los arrabales. (y 4 más)*
¡Queridos amigos!, el adjetivo que hoy os traemos a esta humilde página es
sin duda una interes...
"Hay una sola manera de degradar permanentemente a la humanidad, y esta es destruir el lenguaje". Nortthrop Frye
SOY LIBRESENTIPENSADOR: "En la razón soy librepensador y, en la Fe, soy libre por Cristo". Yanka
"La Verdad es útil a quien la escucha, pero desventajosa a quien la dice, porque lo hace odioso". Blaise Pascal
DERECHOS HUMANOS A LA LIBERTAD DE MANIFESTAR SU RELIGIÓN Y CREENCIA TANTO EN PÚBLICO Y X ENSEÑANZA
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FIRMA PARA SINCRONIZAR FECHA DE SEMANA SANTA PARA TODOS LOS CRISTIANOS
LITURGIA DE LAS HORAS DEL DÍA
#YoTambiénSoyCristianoPerseguido
#NoEstánSolos: Ya estamos hartos de que los criminales exterminen a los cristianos solo por su fe. Ha llegado la hora de movilizarse y defenderlos. Basta de cobardía. Se valiente y osado frente a los asesinos y defiende con ardor tu fe y a los que son perseguidos por la horda. Coloca en tu página el símbolo creado por el movimiento en defensa de los cristianos perseguidos para la campaña mundial que se ha iniciado para que no nos olvidemos de todos aquellos que están siendo perseguidos y masacrados por ser cristianos. El símbolo del centro es la letra N del alfabeto árabe, con la que los yihadistas están marcando las casas de los Nazarenos, que es como ellos llaman a los cristianos. Juntos hagamos que no se olviden aquellos hermanos perseguidos en todo el mundo por amar a su Dios. #NoEstanSolos #PrayForthem #ن #YoTambiénSoyCristianoPerseguido #Iglesia #Kenya #Siria #Irak #Afganistán #ArabiaSaudí #Egipto #Irán #Libia #Nigeria #Pakistán #Somalia #Sudán #Yemen y otros...
EL SILENCIO CULPABLE
QUE LA LUZ BRILLE SOBRE TI, TIERRA FÉRTIL #SOSVENEZUELA
VENEZUELA UN PAÍS PARA QUERER Y PARA LUCHAR
“Nací y crecí en un lugar donde dicen ” Pa’lante es pa’llá”, donde se pide la bendición al entrar, al salir, al levantarte y al acostarte, donde se comen arepas, cachapas y espaguetti con diablito, donde se menea el whisky con el dedo, donde se respira alegría aún en las adversidades, donde se regalan sonrisas hasta a los extraños, donde todos somos panas, donde aguantamos chalequeos, donde se trata con cariño sincero, donde los hijos de tus amigos son tus sobrinos, donde la gente siempre es amable, donde los problemas se arreglan hablando y tomando una cervecita, donde no se le guarda rencor a nadie y donde nadie se molesta por tonterías, donde hasta de lo malo se saca un chiste, donde besamos y abrazamos muchísimo, donde expresamos con cariño nuestros sentimientos, donde hay hermosas playas, ríos, selvas, montañas, nieve, llanos, sabana y desierto, un país de gente bella, cariñosa y alegre donde se mezclaron armoniosamente las razas, donde el extranjero se siente en casa y donde siempre encontramos cualquier motivo para celebrar con los amigos. Nací y crecí en VENEZUELA, me siento orgulloso de ser venezolano y seguiré manteniendo mi espíritu venezolano en cualquier lugar del mundo”
¡NO TE RINDAS!
♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥ Si la angustia te seca, si la ansiedad te asfixia, si la tristeza te ahoga, si el pesimismo te ciega... llora, grita, comunícate, exterioriza tu dolor.... pero JAMÁS te rindas.
Levanta tu mirada, respira hondo... ¡LUCHA..! amig@...lucha ... PORQUE Sí hay salida. Sí hay sentido. Sí hay ESPERANZA. Levanta tus manos y pide ayuda.
No te des por vencid@...y poco a poco verás La Luz. NO te rindas amig@, lucha. NO ESTÁS SOL@.
PORQUE VERÁS QUE SÍ VALIÓ LA PENA... ♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥
LA FUERZA INVENCIBLE DE LA FE
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
"Ya veis que no soy un pesimista, ni un desencantado, ni un vencido, ni un amargado por derrota alguna. A mí no me ha derrotado nadie, y aunque así hubiera sido, la derrota sólo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, más idealista, porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o su negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que le sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática de su egoísmo.
¡Trabajo va a tener el enemigo para desalojarme a mi del campo de batalla! El territorio de mi estrategia es infinito, y puedo fatigar, desconcertar, desarmar y doblegar al adversario, obligándolo a recorrer por toda la tierra distancias inmensurables, a combatir sin comer, ni beber, ni tomar aliento, la vida entera; y cuando se acabe la tierra, a cabalgar por los aires sobre corceles alados, si quiere perseguirme por los campos de la imaginación y del ensueño. Y después, el enemigo no podrá renovar su gente, por la fuerza o por el interés., que no resisten mucho tiempo, y entonces, o se queda solo, o se pasa al amor, que es mi conquista, y se rinde con armas y bagajes a mi ejército invisible e invencible...."
(Fragmento de una página del discurso de Joaquín V. González "La universidad y alma argentina" 1918). ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
COMBATE Y DENUNCIA A LOS PEDÓFILOS (PEDERASTAS)
SEÑOR, TE PEDIMOS QUE PROTEJAS A L@S NIÑ@S, TE LO PEDIMOS EN EL NOMBRE DE JESÚS. AMÉN. ¡Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeñitos! Mejor le fuera que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos....... Lc 17,1-2 -- ÚNETE Y DENUNCIA --
SI LOS MEDIOS CALLAN, EL PUEBLO GRITA...
PARROQUIA VIRTUAL (VIRTUAL CHURCH) EN FACEBOOK
FORO DE CRISTIAN@S CATÓLIC@S LAIC@S SEGLARES EN FACEBOOK
TELÉFONO DE LA ESPERANZA 902 500 002
Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos
EL SENTIDO COMÚN ES IMPRESCINDIBLE PARA EL BIEN COMÚN Y PARTICULAR
SOMOS ANTI-OBSOLESCENCIA: NUESTRA CALIDAD TIENE VALOR
OBSOLESCENCIA ES LA planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible tras un período de tiempo calculado de antemano, por el fabricante o empresa de servicios, durante la fase de diseño de dicho producto o servicio, nos conduce al CONSUMISMO exacerbado, por culpa de algo evitable, destruimos recursos, planeta y dinero por algo que podríamos tener durante mucho tiempo.