EL Rincón de Yanka

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lunes, 3 de diciembre de 2018

📗 LIBRO "CATÓLICOS EN TIEMPOS DE CONFUSIÓN"

García de Cortázar: 
«Es el momento de gritar 'hasta aquí hemos llegado' 
y desandar el camino falso»
Decía Walter Benjamin que el significado auténtico de la historia solo brilla en tiempo de peligro. Nuestra actual crisis ha sacado a la luz la indefensión de una sociedad que creyó posible olvidarse de sus propios fundamentos éticos y ha hecho ver con claridad las actitudes irresponsables, la frivolidad con la que se ha manejado una preciosa herencia nacional y el absurdo de un anticatolicismo disfrazado de laicidad. Somos la única civilización que se avergüenza de sí misma, somos la única nación que renuncia a su historia.En esta hora grave de España, Católicos en tiempos de confusión, el nuevo libro de Fernando García de Cortázar, es un manifiesto a favor de que el humanismo de tradición cristiana vuelva a ser la referencia que nos defina, de tal forma que nuestros valores, los propios de la civilización occidental, recuperen su hegemonía. Que se reconozcan como los más identificados con las ideas de libertad, justicia social, progreso colectivo, y conciencia histórica. Este es el espacio moral, desde el que la obra del catedrático de Deusto invita a los españoles a abandonar su resignada desidia e iniciar una tarea de reconquista de todo aquello que en un tiempo no lejano los distinguía.
"¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, el mundo está podrido". Santa Catalina de Siena
"Para comprender lo que está ocurriendo en España habrá que empezar por reconocer que algo grave le está pasando a este hermoso país. Que nada tiene de normal ese empeño de nuestra patria en despojarse de su sentido histórico, de su voluntad de permanencia y de los valores sobre los que se ha ido constituyendo".
¿Quién se expresa así? ¿Quién habla del momento actual como "grave", momento que "nada tiene de normal"? ¿Un extremista, un indocumentado exagerando? No, es el jesuita vasco Fernando García de Cortázar, catedrático de Historia Contemporánea y Premio Nacional de Historia, uno de los dos o tres intelectuales cristianos con acceso a la prensa generalista y el debate cultural. A sus 76 años, y con sus credenciales, la amplitud de visión histórica se le supone.

¿Qué le pasa a España? ¿Es sólo el nacionalismo excluyente o la voluntad de romper el país, tendencia que siempre él ha combatido? No. "El golpismo separatista es mucho más un síntoma que el origen de nuestros problemas", explica en su nuevo libro "Católicos en tiempos de confusión" (Ediciones Encuentro). No es sólo España: es toda la cultura Occidental.
Cristianos: años de desidia intelectual y dejarse acallar

El libro, dice, va dirigido a católicos y no católicos, y menciona a menudo a las personas que sin gozar del don de la fe -que Dios da a quien quiere- sí valoran la cultura judeocristiana y su defensa del hombre, la verdad y la dignidad. Los cristianos, y los que creen que la cultura cristiana española ha sido algo bueno, algo liberador, y que puede seguir siéndolo, simplemente, se han dejado acallar y han desaparecido de la cultura y la política.
"Durante las últimas décadas hemos rodado por una pendiente de desidia intelectual, de complaciente ignorancia, de feroz relativismo, de altanera deslealtad a nuestros principios. Se ha preferido el entretenimiento a la cultura, el placer al esfuerzo, la intensidad de momentos fugitivos a la tenacidad de una obra duradera. [...] Es el momento de gritar 'hasta aquí hemos llegado' y de desandar el camino falso. Hay unas palabras de Paul Valéry que no deberíamos olvidar cuando observamos el erial que la crisis global de Occidente ha dejado: 'la horrible facilidad de destruir'".

Los valores abandonados que hay que recuperar
¿Qué propone García de Cortázar? Afirma que "deben volver a identificarnos las ideas que se ha considerado inútil defender en estos años de insoportable trivialidad, los baluartes morales entregados sin lucha", exhorta en el prólogo.

¿Qué ideas y valores son esos que hemos abandonado sin lucha y hay que recuperar? Hace una enumeración:

- la libertad
- el patriotismo
- la defensa de la familia
- la educación al servicio de la igualdad de oportunidades
- la propiedad y el trabajo al servicio del bien común
- el auxilio a los humildes, la lucha contra la marginación
- la tolerancia ante quien discrepa
- el respeto a la dignidad de cada persona
- "el valor irrenunciable del cristianismo en la formación de nuestra cultura" 

El libro, una recopilación de artículos clasificados por su temática, tiene algo de "mea culpa" aunque muy matizado. García de Cortázar, miembro del Foro Ermua, valiente al enfrentarse a las amenazas de ETA y los radicales independentistas violentos, ha reflexionado en los últimos años sobre el vacío católico en la política.
"En los años de la Transición, se consideró inconveniente crear una fuerza política confesional, y probablemente se trató de una actitud aconsejable, pero que no podía prever el vaciado pavoroso de valores esenciales sobre los que se ha ido construyendo nuestra democracia. Se creyó que bastaba con que existieran fuerzas inspiradas por el humanismo cristiano [...] Pero todo ello se convirtió en un implacable proceso de dejación que recluyó los valores del cristianismo en el ámbito de la privacidad", constata el autor.

El libro recopila un centenar de artículos breves, de pluma elegante y contundente, clasificados en 5 categorías, con unos 20 cada uno:
- ¿El catolicismo, una fe en retirada?: sobre la fe católica hoy en Occidente, el fruto que ha dado y lo que aún aporta
- Los católicos, la sal de la tierra: libertad y esperanza entre los católicos, especialmente en los actuales debates sociales españoles
- El católico ante su propia vida: temas que pueden interesar a cristianos de todo el mundo, sobre el mal, la muerte, la oración (¿no responde Dios?), el dolor, "lo esencial", la eternidad...
- España, realidad, patria y tarea: la visión de un historiador que ama a España y denuncia sus males actuales
- Cristianos en la brecha, santos cotidianos y tiempos fuertes: personajes que han asombrado o edificado al autor, especialmente santos y mártires y cristianos que ha conocido y le han hecho pensar.

La trivialidad, populismo y ansias de poder atacan a la fe
Hugo O'Donnell señaló los ataques recientes contra la identidad cristiana de España. Así, mencionó el “revisionismo contra Fray Junípero Serra” (el santo fundador de California) pero también cómo el médico misionero padre Pajares, contagiado de ébola, era recibido en España “entre burlescos desapegos y desprecios de un sector mediático que llamaba riesgo y malversación a atenderlo, aunque luego se abochornaron y desdijeron”. O la falta de interés por el obispo español Juan José Aguirre en Bangassou, en República Centroafricana, un país que en 8 meses lleva 7 curas asesinados. “Son ataques desde la trivialidad, el populismo, el ansia de poder”, etc...
“Dios, en su encarnación en Cristo, nos interpela para que nada de lo humano, de lo que pasa en nuestra vida, nos sea ajeno... García de Cortázar recupera esa frase de "mi reino, ahora,  no es de este mundo", que no significa que su reino no se encarne en las realidades de este mundo. Hay quien usa esa frase en el mundo católico para proponer el escapismo. Sí, en la vida hay padecimientos y hay que luchar para mejorarla. Adoptando esos compromisos, el cristiano encuentra sentido de su fe, y comparte los dolores de Jesucristo en su labor intelectual, docente, etc... Sí, en la vida hay lágrimas, pero deben convertirse en un fruto fecundo”.
“Estamos en momentos propicios a la desesperación, Señor, y tu esperanza es una necesidad y una decisión. Necesitamos pasar, Señor, de la palabra al acto, de la intención al ejemplo, de la profecía al precio que hay que pagar por enfrentarse al orden injusto…”.
“Hace 2000 años lo que sucedió en la cruz dejó de ser el dolor inútil de quien nada tenía. Con ese signo iluminando nuestros pueblos, mente y corazón, España y Occidente adquirieron una confianza en que la bondad era una decisión inspirada por el Espíritu. El poder se limitó, se conminó a los opulentos a aceptar la dignidad del humilde y la sombra de la Cruz se sigue alzando en el clamor contra la injusticia y en la esperanza en una vida mejor para todos. No es signo de privilegio ni ofensa a los no creyentes -el libro va dedicado también a ellos- sino una larga lucha por la dignidad y la igualdad, miembros todos de de una civilización dos veces milenaria, la única del mundo tan decididamente dispuesta a suicidarse, a segar sus raíces, abolir su carácter, desangrar su existencia...”

A lo largo de su historia la Iglesia no ha sido un adalid de las libertades y la democracia, por lo que los eclesiásticos no saben ni lo han sabido nunca que, paradójicamente, el mensaje evangélico está en el origen del caminar del hombre en busca de la igualdad y su liberación. Ahora que conmemoramos el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos debemos recordar que en cada uno de los principios promulgados en 1948, resuena un mensaje que los cristianos no hemos dejado de llevar al mundo desde que se enunció por vez primera en palabras de Jesús hace veinte siglos.
Nuestra Fe nos exige un compromiso público y en este libro se aboga por un espacio público para los católicos. Y, al mismo tiempo, creo que es claro, este no es un libro solo para los católicos, que, gracias a Dios, tienen su fe y su liturgia y sus creencias; sino también a todo ese espacio que, diríamos, de católicos culturales.

La gran Oriana Fallaci decía que ella era una cristiana cultural. O el propio Gustavo Bueno decía: "Yo soy ateo católico". Es de decir, soy ateo dentro de la cosmovisión católica. Entonces, yo insisto mucho en esto, en que la cosmovisión católica es en la que ha impregnado ciertamente de sus señas de identidad a Occidente y no reconocer es no reconocer, efectivamente, el gran hecho cultural de la Iglesia y el gran hecho cultural del Evangelio.
Entonces, este libro pretende que, incluso, personas agnósticas cultas reconozcan lo que significa la religión, lo que significa Occidente, lo que significa la cultura cristiana. Porque eso, desde la más absoluta objetividad, eso es un hecho en sí, incuestionable. Más allá de creencias, prácticas... Es un hecho incuestionable. Entonces, ¿por qué las ideas de libertad, de fraternidad, de solidaridad o como quiera llamarse ahora, surgen prácticamente en Occidente; surgen bajo el Imperio Romano; por qué surgen en Europa? Porque antes se predicó, el Sermón de la Montaña, antes se predicó Las Bienaventuranzas.

Creo que, efectivamente, tenemos que mirar nuestra responsabilidad. Y abandonar, muchas veces, este espacio de pasividad. Este espacio de pasividad en el cual estamos sumergidos, muchas veces, bueno, por ciertas deficiencias en la Iglesia a lo largo de la historia; por no saber que nuestro mensaje no debe quedar reducido al ámbito de la vida privada, sino que debe ir a las plazas y a las calles; y también recordando que nuestro mensaje es muy original y que el sentido de la acomodación no debe ser tan grande a acomodarnos en lo que en cualquier momento digan los políticos o la sociedad.
Yo creo que quizás ese es uno de los grandes fallos de la Iglesia. El no creer que su mensaje es original y estar continuamente a remolque del léxico y del lenguaje y de las concesiones que vienen del mundo político o del mundo social.

Muchas veces, hemos creado una iglesia o una religión de practicantes más que de creyentes. Entonces, yo creo que tenemos que hacer una iglesia y una religión de creyentes vivos, que se crean el mensaje y que se crean con esas consecuencias que, yo insisto, en la historia y en la vida actual.
Nuestro mensaje no es solo para contentar nuestras ganas, diríamos, de ser mejores, nuestro deseo de aplacar nuestra soledad, sino que nuestro mensaje es un mensaje que trata de liberar a las personas, que trata de decir, bueno, que la vida no termina aquí, que hay un más allá.
Tenemos que insistir mucho más en la trascendencia. Y eso es obligación de todos los que hemos sido educados en la fe católica. Y lo debemos hacer las personas que tenemos voz, con la voz que tenemos o la forma de escribir.

Los católicos hemos de recobrar nuestra responsabilidad ante lo que está ocurriendo. No debemos limitarnos a dar consuelo a las victimas de la injusticia, apoyo a quienes sufren la miseria o atención a los marginados. Nos corresponde proclamar que nuestra idea de la dignidad del hombre nos exige denunciar el escándalo de la pobreza. A nosotros nos atañe la denuncia de lo que tanto ha empobrecido materialmente a los ciudadanos. A nosotros se nos exige que alcemos la voz para manifestar que es nuestro cristianismo no cualquier forma de solidaridad o cualquier impulso compasivo el que nos compromete en la defensa de los seres humillados y en la rehabilitación de una sociedad desguazada en los valores que la constituyeron. Nos corresponde regresar al espacio público, a la arena política, al conflicto social, a la tierra en la que el cristianismo durante veinte siglos no ha dejado de dar la voz de alarma justa, la palabra adecuada de consuelo, el grito de escándalo ante el atropello.
Solo en Tu Nombre, Jesús, puedo enfrentarme a un mundo que te ha olvidado. […] Creo, Jesús, que eres indispensable en un mundo que solo sobrevive. Te agradezco la vida que me has dado. 
Canta lengua jubilosa 
Tomás de Aquino

1. Canta lengua jubilosa
El misterio del altar,
De la sangre generosa
y del cuerpo que es manjar,
Los dio el Rey de las naciones
Para el mundo rescatar.

2. De María virgen pura
Para dársenos nació,
Habitando en nuestro mundo
Como hermano nos habló,
y su pasó entre nosotros
En prodigio terminó.

3. En la cena postrimera
Hasta el fin llevó su amor,
Observando todo el rito
Que en la Ley se prescribió,
Hizo su cuerpo comida
Y a los doce se entregó.

4. Con palabra poderosa
El Verbo hijo de Dios,
En su cuerpo y en su sangre,
Pan y vino transformó,
Los sentidos no lo entienden,
Mas la fe lo recibió.

5. A tan grande sacramento
Rindamos adoración
Que en figuras anunciando
Plenamente se cumplió,
Veneremos el misterio
Con la fe del corazón.

6. A Dios Padre soberano
Y a su Hijo el Señor
Alabanza y gloria eternas
En incesante bendición,
Y al Espíritu Divino
Eternos himnos de amor.
Amén
*
Pange, lingua, 
gloriosi Córporis mystérium
Sanguinísque pretiósi,
Quem in mundi prétium
Fructus ventris generósi
Rex effúdit géntium.

Nobis datus, nobis natus
Ex intácta Vírgine,
Et in mundo conversátus,
Sparso verbi sémine,
Sui moras incolátus
Miro clausit órdine.

In supremæ nocte coenæ
Recumbens cum frátribus,
Observata lege plene
Cibis in legálibus,
Cibum turbæ duodenæ
Se dat súis mánibus.

Verbum caro, panem verum
Verbo carnem éfficit,
Fitque Sanguis Christi merum,
Et, si sensus déficit,
Ad firmandum cor sincerum
Sola fides súfficit.

Tantum ergo Sacraméntum,
Venerémur cérnui:
Et antíquum documentum
Novo cedat rítui;
Præstet fides suppleméntum
Sénsuum deféctui.

Genitori Genitóque,
Laus et iubilátio;
Salus, honor, virtus quoque,
Sit et benedíctio;
Procedénti ab utróque
Compar sit laudátio.


Amenazas: se intenta acabar con todo vestigio cristiano, la ideología de género, la legislación educativa, la ley de Memoria Histórica.
“No podemos consentir que mermen nuestras libertades”.
El texto, enviado a todos los miembros activos de esa Asociación, al que ha tenido acceso Religión Confidencial, es un minucioso análisis de los siguientes aspectos: Política y Legislación; Familia y moral sexual; Educación; Mass Media, Redes Sociales y ámbito de la cultura; Economía y empresa; Investigación y divulgación científicas; y Valor y sentido de la Historia.

'Católicos en tiempos de confusión' 
de Fernando García de Cortázar

domingo, 2 de diciembre de 2018

🔥`TIEMPO DE ADVIENTO: HOY SE ENCIENDE UNA LLAMA Y DÉJAME ENTRAR

Hoy se enciende una llama

en la corona de Adviento 
que arda nuestra esperanza 
en el corazón despierto 
y al calor de la Madre 
caminemos este tiempo 

Un primer lucero se enciende 
anunciando al Rey que viene 
preparad corazones 
allánense los senderos 

Hoy se enciende una llama 
en la corona de Adviento 
que arda nuestra esperanza 
en el corazón despierto 
y al calor de la Madre 
caminemos este tiempo 

Crecen nuestros anhelos 
al ver la segunda llama 
nacer como dulce rocío 
vendrá el Mesías hecho Niño 

Hoy se enciende una llama 
en la corona de Adviento 
que arda nuestra esperanza 
en el corazón despierto 
y al calor de la Madre 
caminemos este tiempo 

Nuestro gozo hoy quiere cantar 
por ver tres luceros brillar 
con María esperamos al Niño 
con alegría 

Hoy se enciende una llama 
en la corona de Adviento 
que arda nuestra esperanza 
en el corazón despierto 
y al calor de la Madre 
caminemos este tiempo 

Huyen las tinieblas al ver
cuatro llamas resplandecer 
ya la gloria está cerca 
levanten los corazones 

Hoy se enciende una llama 
en la corona de Adviento 
que arda nuestra esperanza 
en el corazón despierto 
y al calor de la Madre 
caminemos este tiempo

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🔥


Adviento 

Déjame entrar 

🔥
Ven a iluminar mis agujeros negros 
mis actividades cotidianas. 
Ven a revitalizar mi ánimo 
a sacarme de las rutinas 
que me quitan la vida. 

Ven a reforzarme la escucha 
para atender al otro 
dejándome sorprender por Él 
Ven a darme nuevos bríos 
para esas situaciones que son difíciles, 
pero contigo lo son menos. 

Ven a ilusionarme 
con las pequeñas cosas 
a las que el corazón se me acostumbra 
Ven a despertarme el corazón adormecido 
ante tanto hermano que sufre. 

Ven a renovarme la capacidad de trabajar 
para ser un regalo para los otros. 
Ven a entusiasmarme en las relaciones 
para ver siempre lo mejor del de al lado. 
Ven a ….




sábado, 1 de diciembre de 2018

😱 LOS DELICAGADOS O QUEJUMBROSOS Y EL MICROMACHISMO: ¡SE PERDIÓ LA COSECHA!


Corrección Política

Microagresiones: 
la invasión de los quejumbrosos



Uno de los fenómenos más llamativos y sorprendentes del mundo actual es la extraordinaria sensibilidad que muestran muchas personas para ofenderse por auténticas nimiedades. Por palabras, expresiones y actitudes que carecen, incluso, de intención denigratoria. Así, hoy día, usted puede cometer una ofensa si, siendo hombre, abre la puerta y deja pasar delante a una mujer, algo que antaño era un gesto de buena educación.
Son las famosas microagresiones que, además de su extremada sutileza, tienen otro denominador común: el receptor se siente ultrajado no como individuo aislado, sino en calidad de miembro de un grupo supuestamente oprimido y discriminado. Así, se habla de micromachismos o microrracismos, en función de que la supuesta ofensa recaiga en el colectivo femenino, en algún grupo étnico etc. Eso sí, dado que forman parte del conglomerado de la Corrección Política, el trato es desigual: hay grupos que son susceptibles de ser ser microagredidos… pero otros no.

Todos estos fenómenos surgen en las universidades de los Estados Unidos, originalmente relacionados con la raza o la nacionalidad. Decir a un extranjero que hablaba bien inglés o preguntarle de donde era, comenzaron a considerarse actitudes ofensivas. Hay anécdotas como el profesor que fue censurado por señalar a sus estudiantes que la palabra “indígena” se escribe con minúscula (grave menosprecio a los indígenas) u otro que fue recriminado por recomendar una exposición de arte samurái japonés (grave afrenta a los alumnos chinos)
El invento de las microagresiones permitió a ciertos colectivos adoptar el papel de oprimidos aunque nadie fuera capaz de percibir tal opresión
El invento de las microagresiones aportó un nuevo instrumento a la ideología de la Corrección Política, permitiendo a ciertos colectivos adoptar el papel de oprimidos… aunque nadie fuera capaz de percibir tal opresión. Ahora ya no era necesario que una expresión tuviera intención vejatoria porque, en realidad, el que la profería no ofendería como persona aislada sino como representante de un “grupo malo“, aun de manera inconsciente, como teledirigido por una mano malvada.

Además de la queja, el alboroto, la acusación pública de haber sido vilipendiado, la lógica de las microagresiones implica apelar a la autoridad, sea académica, legal o política, para que castigue ciertas expresiones o actitudes, consideradas ofensivas. Pero, como la ofensa no está en la intención del emisor sino en la sensibilidad del receptor, la autoridad no acaba castigando malas acciones; simplemente protegiendo emociones. Se convierte en una policía del sentimiento.

No puede sorprender que todas estas ideas, muy típicas de las universidades de élite norteamericanas, fueran tomadas con cierta sorna, cuando no con profundo enojo e irritación, por sectores de la clase trabajadora pobre de los Estados Unidos. Ahora resultaba que las “víctimas sociales” eran estudiantes de buenas universidades, individuos que, con independencia de su raza, sexo u otras circunstancias, eran realmente jóvenes privilegiados, procedentes de familias acomodadas que podían permitirse enviar a sus hijos a esos centros educativos.

El concepto de microagresiones surgió en un ambiente de señoritos, de niños consentidos. No en barrios marcados por las estrecheces, donde los jóvenes debían trabajar para ganar el sustento, sin poder asistir a la universidad. De igual modo, la idea se expandió rápidamente por el mundo rico y desarrollado donde, curiosamente, la discriminación ya no existía, o era mínima. Y el grado de respeto hacia todos era mayor. Pero todo tiene su lógica: no habiendo agravio… tuvieron que inventarlo.
En la percepción de las microagresiones hay hipersensibilidad, profundo infantilismo, búsqueda de privilegios, intolerancia a la frustración por no escuchar lo que a uno más le gustaría. Y como reacción, el sujeto llora, rabia y patalea delante sus papás, que pueden ser las autoridades académicas o políticas, hasta que le conceden el capricho.
Una segunda transición cultural

Pero puede que las consecuencias de las microagresiones sean más profundas que una simple rabieta. En Microaggression and Moral Cultures, Bradley Campbell y Jason Manning sostienen que este fenómeno implica una importante transición en la cultura de Occidente. Mientras que la antigua cultura del honor se había transformado durante el siglo XIX en una cultura de la dignidad, las aceptación de las microagresiones conduciría a una tercera etapa: a la cultura del victimismo. Cada una de estas culturas se diferencia por las vías que utilizan los sujetos para resolver los conflictos interpersonales: si resuelven por ellos mismos o apelan a una tercera parte y, sobre todo, cual es su actitud ante los conflictos menores.

Hasta la primera parte del siglo XIX prevaleció en el mundo occidental la cultura del honor, caracterizada por la exaltación de la valentía y el rechazo a ser dominado o humillado por otros. Dado que el honor era una cualidad que dependía de la percepción de los demás, los sujetos no aceptaban la más mínima afrenta pública que pudiera mancillarlo. Pero, una vez en peligro su honor, los individuos lo rescataban mediante su propia acción, sin buscar mediación ni amparo en terceros.

Era la época de los duelos, fuera a pistola o florete, a veces por injurias de poca monta pero, una vez retado, el sujeto debía recoger el guante para preservar su respetabilidad. Las culturas del honor tienden a prevalecer allí donde la autoridad legal es débil o lejana y la reputación de dureza, rigidez y obstinación puede ser la única vía para evitar abusos por parte de otros.

A medida que la autoridad legal comenzó a establecerse y consolidarse, la cultura del honor fue dejando paso a la cultura de la dignidad, un valor que el individuo percibe de sí mismo con independencia de la opinión del entorno y que, por tanto, no puede ser arrebatada por otros. Los insultos o los menosprecios pueden molestar pero ya no destruyen la dignidad ni la reputación.

La costumbre en la cultura de la dignidad es resolver los problemas interpersonales leves pacíficamente, dialogando, negociando. Y ser respetuoso con los demás, no tomando demasiado en cuenta las expresiones poco educadas (“a palabras necias… oídos sordos”). Al contrario que en la cultura del honor, aquí el que insulta es quien ve menoscabada su imagen a los ojos de los demás. Y, para conflictos graves, como el robo o el incumplimiento de importantes contratos, la gente apela a las autoridades legales. Pero se considera una frivolidad llevar ante los tribunales asuntos tan irrisorios que uno puede resolver por sí mismo, como un insulto o similares.

Sin embargo, la aceptación de las microagresiones genera una cultura del victimismo que, según Campbell y Manning, implica una ruptura con las dos anteriores. El victimismo comparte con la cultura del honor su carácter extremadamente sensible y susceptible ante ofensas minúsculas, que vuelven a ser relevantes, incluso hasta constituir una auténtica paranoia. Sin embargo, en los tiempos del honor cada uno resolvía estas ofensas por sí mismo, incluso por la fuerza: nunca quejándose o apelando a la lástima de otros.

También se parece a la cultura de la dignidad en que se apela a terceras partes: las autoridades académicas o legales. Pero las personas guiadas por la dignidad nunca llevarían ante las autoridades esas afrentas mínimas, incluso inventadas: hablarían con el causante para aclarar la situación o, simplemente, se desentenderían del asunto.

La autoridad siempre gana

De modo que la cultura del victimismo combina una extremada sensibilidad con la inclinación a denunciar pública o legalmente cualquier minucia. Todo insulto es magnificado y pregonado como una terrible afrenta de modo que la apelación a terceras partes ha sustituido a la solución personal y directa de los problemas leves. Declararse víctima, real o inventada, es una forma de obtener simpatía de los demás, apoyo y, por supuesto, ventajas y privilegios legales.
La cultura del victimismo otorga al poder político la potestad de inmiscuirse en los asuntos menores de la vida de los ciudadanos
Claro que, en ambientes como las universidades, tanta acusación sobre agresiones, la mayor parte imaginada, tanta queja, tanto victimismo, tiende a llevar a los acusados a contraatacar utilizando la misma táctica: convertirse también en víctimas. Se genera así un intenso y constante conflicto moral en el que la gente compite por infundir más lástima que el resto. Al igual que en la invasión de los ultracuerpos, poco a poco la mayoría tiende a convertirse en alienígena, a declararse víctima quejumbrosa por una excusa u otra.

Este relato describe la evolución personal desde tipos rudos a individuos razonables y, finalmente, a sujetos quejumbrosos, que se pasan la vida lamentándose. Pero quizá falta un elemento importante: el papel del poder político. En todo este viaje las autoridades han aumentado constantemente su poder.

Con la cultura de la dignidad la autoridad obtiene la capacidad para mediar y decidir sobre los conflictos interpersonales graves; pero la cultura del victimismo otorga al poder político la potestad de inmiscuirse en los asuntos menores de la vida de los ciudadanos, de dictaminar sobre su lenguaje, su comportamiento íntimo, sus sentimientos. No puede sorprender que las microagresiones, la corrrección política y la cultura del victimismo gocen de tanta simpatía, sean tan promovidas, financiadas e impulsadas desde los círculos del Poder.

El “micromachismo”, 
un invento para generar conflicto social

Según el feminismo de última ola, gestos como hacer un cumplido, dar paso a una señora en una puerta, invitar a cenar a alguien o tener la iniciativa en una relación de pareja, son formas de “micromachismo”. Según la definición más común de este término, el micromachismo “sería una forma solapada de violencia de género que incluye estrategias, gestos, cosas, actos de la vida cotidiana, casi imperceptibles pero que se perpetúan y transmiten de generación en generación”.
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Serían algo así como “pequeñas tiranías, terrorismo íntimo, violencia blanda, ‘suave’ o de baja intensidad, tretas de dominación, [de] machismo invisible o [con] partícula ‘micro’, entendida como lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de la evidencia”. 
Tratan de establecer un paralelismo entre violencia psicológica, acoso, y estos pequeños gestos
Estas supuestas “microviolencias” serían gestos, actitudes y comportamientos cotidianos, interiorizados o justificados como naturales, que condicionan el día a día de las mujeres, que reflejarían y perpetuarían las actitudes machistas y la desigualdad de las mujeres respecto a los hombres. Como vemos, tratan de establecer un paralelismo entre violencia física o violencia psicológica, esto es, el acoso, que sí son delitos tipificados en el código penal, y estos pequeños gestos que supuéstamente coincidirían en los mismos objetivos: “garantizar y perpetuar el control y la desigual distribución de derechos, tareas y oportunidades”.

Lo que significa violencia
Sin embargo, si vamos a las acepciones del adjetivo “violento”, según la Real Academia de la Lengua, el adjetivo definiría, dicho de una persona, a alguien o algo que actúa con ímpetu y fuerza, que se deja llevar por la ira. Esto es, algo propio de la persona violenta, que implica una fuerza e intensidad extraordinarias, física o moral. Es decir, no hay, no puede haber violencias sutiles, ni blandas, ni imperceptibles, ni invisibles por mucho tiempo, fuera de los límites de la evidencia.
Por definición, no puede haber violencias sutiles, ni blandas, ni imperceptibles, ni invisibles, fuera de los límites de la evidencia
Esto es un oxímoron o contrasentido, del mismo modo que no hay asperezas suaves, ni una calidez fresca, ni un frío abrasador, ni instantes eternos. Quizás estas contradicciones in terminis puedan ser hermosas licencias poéticas, pero en términos lógicos son la premisa falsa de un gran silogismo embaucador que pretende criminalizar el discurso y el comportamiento masculino, con la única finalidad de ampliar el alcance del concepto de violencia de género.
Es un gran silogismo embaucador que pretende criminalizar el discurso y el comportamiento masculino, empujando a los hombres a formular la tradicional autocrítica comunista
Desde los años noventa, teóricos del feminismo como Luis Bonino Méndez, siguiendo el freudomarxismo de M. Foucault y P. Bourdieu, inventaron el término y vienen teorizando sobre el fenómeno en los términos descritos. El objetivo principal de esta teoría, directamente reconocido por Bonino, sería que los que los varones deban “reconocer y transformar estas actitudes, grabadas firmemente en el modelo masculino”, siguiendo la tradicional autocrítica comunista; para ello las estrategias serán variadas, como el afeamiento o avergonzamiento público de las palabras o conductas que quedan fuera de esta corrección política, para desactivar la autoridad masculina cuando sea conveniente y se considere, sea cierto o no, que los hombres ejercen “prácticas de dominación y violencia masculina en la vida cotidiana”.
Una estrategia para generar conflicto

Se trata de estrategias para erosionar y eventualmente eliminar la patria potestas, generar conflicto y malestar en las familias, romper la asimetría relacional libremente elegida por los adultos y los acuerdos privados de las parejas y las familias. No debe extrañarnos que estas denuncias de micromachismos tengan muchos detractores, aún dentro del feminismo.
La denuncia de los micromachismos no es provechosa para nadie… salvo para los que viven del conflicto
Cuando la situación denunciada como micromachista es inocua, hecha sin intención lesiva, lo único que genera es desconcierto y malestar, distancia y desconfianza entre sexos, un conflicto que no es provechoso para nadie. Salvo para los que viven del conflicto, claro. En suma, generar la discordia, sembrar el odio y problematizar aquello que nunca fue conflictivo por estas cuestiones, quizás con el fin probable de querer acabar con la familia y aislar al individuo, a merced del Estado y sus burócratas como única red de apoyo entonces.

Parafraseando a Manuel Azaña por aquello de que España había dejado ser católica en 1931, hoy podemos decir sin miedo a equivocarnos que España ha dejado de ser machista en 2018. Por fortuna, un estudio del Georgetown Institute for Women, Peace and Securityy el Peace Research Institute of Oslo estableció que, en términos de justicia, inclusión y seguridad, España es el quinto mejor lugar del mundo para nacer mujer hoy día. Solo Islandia, Noruega, Suiza y Eslovenia estarían por delante. Quitando situaciones, cada vez más minoritarias y anecdóticas, no tiene ningún sentido hablar hoy día de machismo, ni grande, ni pequeño, en España.
Según un estudio, España es el quinto mejor lugar del mundo para nacer mujer hoy día
Casi me atrevería a decir que el hecho de que los feministas se preocupen por los micromachismos es una buena noticia. Quiere decir que, por fortuna, en una sociedad como la española, al igual que en el resto de sociedades que se preocupan de esta cuestión, las discriminaciones sexuales han sido, en buena medida, superadas.

Las feministas de países como Irán, Arabia Saudí, Afganistán, Pakistán o Sudán, por desgracia, tienen que seguir preocupándose de “macromachismos” como que las cubran con una manta como si fueran un fantasma o les mutilen los genitales con una cuchilla oxidada. Ni siquiera en los países de Hispanoamérica este es un tema que esté muy presente en la agenda informativa dada la gran cantidad de casos de femicidios (o feminicidios, según M. Lagarde) que aún registran algunos de ellos.
El feminismo necesita seguir alimentándose de estos pequeños agravios para seguir vivo en las sociedades prósperas e igualitarias
El feminismo, muy en concreto el misándrico y anticapitalista, necesita seguir alimentándose de estos pequeños agravios para seguir vivo en las sociedades prósperas e igualitarias. De otro modo debería llamar a disolverse. El feminismo en occidente corre el riesgo de morir de éxito, pues, como le pasó al liberalismo en el siglo XX, su programa político de mínimos está sobradamente cumplido en las sociedades abiertas.
Comportamientos inadecuados también en las mujeres

Lo que sí observamos son comportamientos inadecuados o incorrectos de una persona hacia otra, sea hombre o mujer o viceversa. Los microsexismos no son actitudes exclusivas de los hombres, puesto que las mujeres también participan de esa misma desagradable práctica.
Los microsexismos no son actitudes exclusivas de los hombres; las mujeres también participan de esa práctica
Así tenemos que oír y leer quejas contra el manspreading, o despatarre masculino en el transporte público, mientras ellas pueden ocupar tres asientos con sus bolsas de compras (shebagging); tenemos que leer las críticas contra el mansplaining, la condescendencia paternalista de los hombres hacia las mujeres, mientras que la expresión legítima de una opinión por un hombre de cierta autoridad y edad, quizás conservador, por ese mero hecho, se descalifica y ridiculiza con el término despectivo de “pollavieja”. Nadie señala que podríamos estar ante el mismo desprecio maleducado por el interlocutor, la misma invalidación del discurso o la opinión del sexo opuesto por el mero hecho de provenir de allí, el mismo odio y tono condescendiente hecho desde la ignorancia y la superioridad moral de quien quiere monopolizar la conversación y acallar al otro.
Oímos quejas por el lenguaje intimidatorio machista pero vemos imágenes violentas de mujeres vociferantes con los pechos al aire irrumpiendo en pacíficas iglesias
Oímos quejas por la violencia y el lenguaje intimidatorio machistas, pero tenemos que ver imágenes violentas y grotescas de mujeres vociferantes con los pechos al aireirrumpiendo en pacíficas iglesias y leer pintadas con lemas como “Machete al machote”. Es increíble como el “pollavieja”, si se acerca a una joven puede pasar a ser acusado inmediatamente de ser un viejo verde “lolitero” o “baboso”; salvo si la mujer decide prostituirse en exclusividad y vivir de su patrimonio, momento en el que pasaría a ser un codiciado sugar-daddy.

Si la vieja verde es ella, es una cougar, una “puma”, o mujer madura empoderada, mientras que él sería su toy-boy, o juguete sexual, como han llegado a decir del presidente francés Emmanuel Macron y su mujer, veinte años mayor. Mientras ellas se quejan de la objetivización del cuerpo de la mujer en la Fórmula 1 o el ciclismo, se desean buen fin de semana con fotos de torsos musculados de “macizos empotradores” (a.k.a. “buenorros”) por grupos privados de Whatsapp o Facebook.

Mientras ellos buscan en internet a las MILF, ellas buscan imágenes de los DILF (Daddies I’d like to f**ck). Mientras ellos son acusados de chulos y puteros, ellas han roto todo el juego tradicional de la seducción con la aplicación de ligue Tinder o se arrojan al adulterio compulsivo en la red social Ashley Madison. Mientras ellas se quejan del consumo de pornografía vejatoria con la mujer compran en masa novelas de porno sadomasoquista como 50 sombras de Grey. En serio, señoras, ¿de qué sexismo estamos hablando?




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¿Puede la corrección política acabar con el sentido del humor? 

Victor Grande | TEDxGalicia



¿LÍMITES DEL HUMOR? MIGUEL LAGO