EL Rincón de Yanka: EL PROFETA TIENE QUE GRITAR, TIENE QUE ARRIESGAR...

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domingo, 5 de febrero de 2012

EL PROFETA TIENE QUE GRITAR, TIENE QUE ARRIESGAR...

La Superficialidad hipócrita te hace indiferente
y ciego ante la realidad y sus causas”.


"El peor pecado es la indiferencia
y la superficialidad (pecado de omisión)"

"¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas!
porque, por haber callado, el mundo está podrido".
Santa Catalina de Siena

“Profeta es aquel que escucha y siente lo que Dios nos grita a todos sobre las injusticias a su Pueblo y no lo percibimos por nuestro egotismo egocéntrico".
Yanka

Los profetas tienen un grave defecto:
¡No saben callarse!


En estos tiempos, denunciar algunas cosas de nuestra cultura postmoderna es motivo de críticas con calificaciones de ser negativo o pesado... Yo soy padre y me preocupo por mis hijos y de su ambiente,  de tanta mentira y por tanta peligrosidad. Yo no soy indiferente ni soy ingenuo. Soy realista. Estoy atento...
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En una conferencia de un conocido teólogo, yo le comenté que hace tiempo no hablan mucho del papel del profeta que anuncia y denuncia. Y él me contestó que hacían falta sabios y no tanto profetas. Me fui a la casa reflexionando sobre el tema y me vino a la mente la imagen de los sabios del faraón contra el profeta Moisés. Hay teólogos que se han corrompido con el poder establecido, se han institucionalizado. Aunque les pese, Dios siempre enviará profetas a su pueblo. Gracias a Dios...


Tengo que gritar,
tengo que arriesgar,
¡ay de mí si no lo hago!
¿Cómo escapar de tí?
¿Cómo no hablar
si tu voz me quema dentro?
Tengo que andar,
tengo que luchar,
¡Ay de mi si no lo hago!
¿Cómo escapar de tí?
¿Cómo no hablar
si tu voz me quema dentro?



  




“La Iglesia no puede callar ante esas injusticias del orden económico, del orden político, del orden social; si callara la Iglesia, sería cómplice con el que se margina y duerme un conformismo enfermizo, pecaminoso, o con el que se aprovecha ese adormecimiento del pueblo para abusar y acaparar económicamente, políticamente y marginar una inmensa mayoría del pueblo. Esta es la voz de la Iglesia, hermanos, y mientras no se le deje libertad de clamar estas verdades de su Evangelio, hay persecución. Y se trata de cosas sustanciales, no de cosas de poca importancia. Es cuestión de vida o muerte para el Reino de Dios en esta tierra”.

(Día a Día con Monseñor Romero, Homilía 24-julio-1977)

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Cuando falta la profecía en la Iglesia, falta la vida misma de Dios y predomina el clericalismo: es lo que ha afirmado el Papa Francisco esta mañana en la Misa celebrada en Santa Marta, el tercer lunes de Adviento.

El profeta, afirmó el Papa comentando las lecturas del día, es el que escucha las Palabras de Dios, sabe ver el momento y proyectarse en el futuro. “Tiene dentro de sí estos tres momentos”: el pasado, el presente y el futuro.

“El pasado: el profeta es consciente de la promesa y tiene en su corazón la promesa de Dios, la mantiene viva, la recuerda, la repite. Después mira el presente, mira a su pueblo y siente la fuerza del Espíritu para decirle una palabra que lo ayude a levantarse, a continuar el camino hacia el futuro. El profeta es un hombre de tres tiempos: promesa del pasado, contemplación del presente, valentía para indicar el camino hacia el futuro. El Señor siempre ha custodiado a su pueblo, con los profetas, en los momentos difíciles, en los momentos en los que el Pueblo se desanimaba o era destruido, cuando el Templo no estaba, cuando Jerusalén estaba bajo el poder de los enemigos, cuando el pueblo se preguntaba dentro de sí: ‘¡Pero Señor tú me hiciste esa promesa! ¿Ahora qué pasa?’”.

Es lo que “sucedió en el corazón de la Virgen, prosiguió el Papa, cuando estaba a los pies de la Cruz”. En estos momentos “es necesaria la intervención del profeta. Y no siempre es bien recibido el profeta, muchas veces es rechazado. El mismo Jesús dice a los fariseos que sus padres asesinaron a los profetas, porque decían cosas que no eran agradables: decían la verdad ¡recordaban la promesa! 
Y cuando en el pueblo de Dios falta la profecía, observó de nuevo el Papa, algo falta: ¡falta la vida del Señor!”.

“Cuando no hay profecía la fuerza cae en la legalidad”, predomina el legalismo. Así, en el Evangelio, “los sacerdotes iban a Jesús a pedirle la cartilla de la legalidad: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¡Nosotros somos los señores del Templo!’”. “No entendían las profecías. ¡Habían olvidado la promesa! No sabían leer los signos del momento, no tenían ni ojos penetrantes ni habían escuchado la Palabra de Dios: ¡solo tenían la autoridad!”.

“Cuando en el pueblo de Dios no hay profecía, el vacío que deja es ocupado por el clericalismo: es ese clericalismo que le pregunta a Jesús: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Con qué legalidad?’. Y la memoria de la promesa y la esperanza de seguir hacia delante se ven educidas solo al presente, ni pasado ni futuro esperanzador. El presente es legal: si eres legal vas hacia delante”.

Pero cuando reina el legalismo, la Palabra de Dios no está y el pueblo de Dios que cree, llora en su corazón, porque no encuentra al Señor: les falta la profecía. Llora “como lloraba la mamá Ana, la mamá de Samuel, pidiendo la fecundidad del pueblo, la fecundidad que viene de la fuerza de Dios, cuando Él despierta la memoria de su promesa y nos empuja hacia el futuro, con la esperanza. ¡Este es el profeta! Este es el hombre del ojo penetrante que escucha las palabras de Dios”.

“Que nuestra oración en estos días, en los que nos preparamos para la Natividad del Señor sea: ‘Señor, ¡que no falten los profetas en tu pueblo!’. Todos los bautizados somos profetas. ‘Señor, ¡que no nos olvidemos de tu promesa! ¡Que no nos cansemos de seguir hacia delante! ¡Que no nos encerremos en la legalidad que cierran puertas! Señor, libera a tu pueblo del espíritu del clericalismo y ayúdalo con el espíritu de profecía’”.