EL Rincón de Yanka: LA EPIDEMIA DE LA SUPERFICIALIDAD EN NUESTRA SOCIEDAD

inicio








lunes, 13 de febrero de 2012

LA EPIDEMIA DE LA SUPERFICIALIDAD EN NUESTRA SOCIEDAD


“La epidemia más grande de este mundo es la superficialidad”. Raimon Panikkar

"Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás,
que al final nos disfrazamos para nosotros mismos".
François de la Rochefoucauld

El mundo vive de apariencias,
por eso estamos en la ignorancia"

"No seas hipócrita; eso únicamente te provocará
perder verdaderos amigos"

"No es tan dañino oír lo superficial
como dejar de oír lo necesario".
Marcus Fabis Quintiliano





La superficialidad actual y su tiranía

Cada día que pasa, somos muchos los que miramos a nuestro alrededor y nos damos cuenta de la superficialidad, la mera apariencia que se encuentra en el mundo en el que vivimos. Nuestra sociedad nos vende (ya que todo es capitalizable -Hemos confundido el precio con el valor-) una aparente felicidad y bienestar, pero en el fondo, esto no es más que un simulacro. La vida social está contaminada, pero nosotros nos intentamos engañar observando la aparente suntuosidad que nos rodea. La miseria y la desesperanza ya casi ni nos conmociona, somos insensibles. La falta de sentimientos es clave para entender el egoísmo y la injusticia imperantes en nuestra sociedad. Nos creemos que vivimos en una burbuja que nunca se puede romper: el problema de la modernidad es que ha cambiado el concepto de verdad por el de certeza, seguridad. No nos interesa qué es lo que pasa realmente, sino que desde nuestro sofá, con la llave echada en el cerrojo, vemos lo que pasa en la televisión o leemos la prensa como si aquello resultara una novela de ficción. Muere gente a diario de inanición, en guerras injustas... y a nosotros nos da igual. Lo consideramos un universo paralelo que no nos afecta, una realidad lejana que nunca nos tocará vivir.

Hace tiempo veía un programa en la televisión en el que se mostraba otra perspectiva de la realidad: la de los vagabundos, los desheredados. Su sustento se basaba, evidentemente, en pedir limosna en la calle, tirados en el suelo. Pasaban absolutamente desapercibidos para el resto de ciudadanos, que ni se inmutaban al encontrar allí a una persona en semejantes condiciones. Lo que me impactó realmente fue cómo trascurría la vida de éstos, olvidados por el resto de la civilización, condenados a tener que pasar sus días a otro nivel, en el suelo, casi como animales. Nosotros, en cambio, nos movemos con la cabeza muy alta (cuanto más alta mejor), con la seguridad del que todo lo tiene. El que creemos que está más abajo de nosotros no nos interesa, sino que lo que hacemos es idolatrar al que supuestamente es mejor que nosotros. La jerarquía existe, y no queremos cambiarla. ¿Para qué, si a nosotros nos va bien? Claro, intentar cambiar las cosas exige estar dispuesto a arriesgar, a jugarse el todo por la nada, y allí no queremos involucrarnos. Los dirigentes de nuestros países velan precisamente por eso: intentan seguir empobreciendo a los países más pobres para ser más ricos. Y si hace falta, se puede invadir hasta otros países, con el fin de dominarlos y establecer nuevas relaciones comerciales, evidentemente injustas, ya que lo único que buscan es el beneficio propio. Nuestro deber ante tantos atropellos es intentar mantener un espíritu crítico, reflexionando sobre lo que pasa y no tomando nada como evidente.

Una de las claves para entender el estado actual de la sociedad es el anonadamiento. Ya no hay sociedad sino masa, ya que nuestro ritmo vital es impuesto desde arriba. Muchos de nosotros somos conscientes de ello, pero no hacemos nada para cambiarlo. El compromiso nos aterroriza, creemos que la libertad es tener cuantas más opciones mejor, cuando en el fondo, ser libre es elegir la mejor opción y orientar nuestra vida hacia ella. Hace unos años leía en una revista americana una frase que me pareció muy significativa: "Discover the benefits of getting involved" (Descubre los beneficios de verte involucrado). Esta frase aparentemente tan trivial, alberga en sí una concepción de la libertad y de la vida que me parecen muy esclarecedoras, a la vez que olvidadas por nuestra sociedad, que confunde libre albedrío con libertad, vida con el mero transcurrir de los días. Dar un sentido a nuestro vida es precisamente elegir uno de los muchos caminos que ésta nos brinda, y seguirlo siempre, a pesar de las dificultades que aparezcan. Es cierto que podemos equivocarnos de elección, pero esto no puede ser una excusa para cambiar continuamente de parecer. Me viene a la mente como ejemplo, las nuevas leyes que agilizan el divorcio: Si alguien se casa se compromete a vivir y a querer a la otra persona durante toda su vida. Entiendo que puede haber divorcios, porque el ser humano es imperfecto y puede equivocarse, pero lo que no comprendo es que actualmente se divorcien tantas personas. Si uno no está seguro, ¿Para qué se casa? Ser libre es ser responsable de lo que uno dice y hace, y eso se nos olvida. (La vida es elección y compromiso y responsabilidad)

Todo lo dicho muestra la "superficialización" que sufre el mundo, que nosotros toleramos y que su origen, en mi opinión, se encuentra en el poder, tanto político, como económico o mediático. Las altas esferas no quieren que pensemos, les somos más útiles si todos hacemos lo mismo, que es lo que ellos han decidido por nosotros. De esta manera, nos creemos las mentiras de los políticos, compramos lo que la televisión nos anuncia... Debemos hacernos con el control de la situación, recuperar el poder que legítimamente nos ha sido arrebatado. La política, la economía y la televisión tienen su ámbito de acción en la sociedad, pero no pueden pretender dominarla, sino que su función es ser instrumento para que ésta se realice, progrese y se perfeccione. Cuando reestablezcamos la verdadera jerarquía, en la que el ser domine sobre la apariencia, en la que la verdad se imponga a la mentira, entonces podremos decir que nuestra sociedad va por el buen camino. Hasta que llegue ese momento, debemos trabajar mucho, intentando tener un espíritu crítico, buscando la profundidad de las cosas y no conformándonos con lo que más cómodo, que seguramente no será lo mejor ni lo más verdadero. 



VER +: