EL Rincón de Yanka: UNA CARCOMA LLAMADA ENVIDIA

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miércoles, 29 de febrero de 2012

UNA CARCOMA LLAMADA ENVIDIA


LA ENVIDIA
GIOTTO DI BONDONE









“El corazón apacible es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos” Proverbios 14:30
“Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís” Santiago 4:2
"¿Qué es un envidioso? Un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta". Victor Hugo
"En cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia, y antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia". Leonardo Da Vinci
"¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!" Miguel de Cervantes Saavedra

 
Pensemos y analicemos. Si hoy, siglo XXI, volviese San Pablo a nuestras comunidades, volvería a decir esto?:

‘Tengo miedo de que cuando os visite no os hable como yo quisiera, ni vosotros me encontréis como sería vuestro deseo. Tengo miedo de que haya contiendas, envidias, iras, ambiciones, maledicencias, murmuraciones, engreimientos y alborotos. Tengo miedo de que, en mi próxima visita, me humille mi Dios por vuestra causa y tenga que llorar por los muchos que han pecado y no han hecho penitencia por la impureza, la lujuria y el desenfreno al que se entregaron’. (2Cor. 20-21). Tras leer esto es posible que cada uno de ustedes tenga su respuesta. Personalmente pienso que, por desgracia, nos lo volvería a decir.

Pienso que éste es uno de los sentidos que Pablo da cuando escribe a los cristianos de Corinto:

‘Mientras haya entre vosotros envidias y discordias ¿no es señal de inmadurez y de que actuáis con criterios puramente humanos? Pues cuando uno dice “Yo soy de Pablo”, y otro “Yo de Apolo”, ¿no estáis procediendo demasiado a lo humano? Porque ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Simples servidores por medio de los cuales llegasteis a la fe; cada uno según el don que el Señor le concedió. Yo planté y Apolo regó, pero el que hizo crecer fue Dios. Ahora bien, el que planta y el que riega son nada; Dios, que hace crecer, es el que cuenta’. (1Cor. 3, 3-7).

No sirven los bandos. Los celos humanos y las envidias no menos humanas, son las que conducen a esas situaciones absurdas y ridículas que impiden el desarrollo pleno de las Comunidades y la actitud del servicio mutuo que nos debe impulsar.

No vayamos a pensar que hablar de la envidia se circunscribe a Proverbios, Sabiduría o San Pablo. Hay más casos a lo largo de distintos Libros de la Sagrada Escritura., por ejemplo, es el mismo Santiago quien nos dice también hoy a nosotros: ‘Porque donde hay envidia y ambición, allí reina el desorden y toda clase de maldad’. (Sant. 3, 16). El mismo Jesucristo sufrió también sus efectos. Estamos en plena Pasión. Es Poncio Pilato quien dice: ‘¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Mesías? Pues se daba cuenta que lo habían entregado por envidia’. (Mt. 27, 17-18).

Ya vemos que es una preocupación constante por esos pecados que continuamente acosan a los cristianos, porque desde siempre han aparecido personas en todas las Comunidades, según se desprende de los textos bíblicos, que en vez de estar pendientes del servicio a otras personas, a la Comunidad en general, parece que están más pendientes de hacer cosas para sacar pecho o para dar a conocer lo ‘sabios’ o ‘santos’ que son.

Pero no nos engañemos. Cualquiera de nosotros, sea quien fuere, tenga la ocupación que sea, incluso en el estado que libremente haya elegido, tenemos el germen de la envidia durmiendo. En cualquier momento y ante cualquier situación, podría despertar y soltar el veneno que contiene. Ahí es donde hemos de sacar el coraje necesario para acudir al Padre y clamarle la ayuda que urgentemente necesitamos.


LEER:
La envidia de la gracia ajena
 
Entrevista al padre Nello Cipriani sobre Abel y Caín como imágenes de los dos tipos de ciudad (es decir, de Iglesia) que emergen del De civitate Dei:

«La tristeza del bien ajeno, y más del bien de un hermano, es el pecado que Dios reprende principalmente» (De civitate Dei XV, 7, 1).