EL Rincón de Yanka: EL ESTADO DE BIENESTAR POR EL ESTADO DE JUSTICIA SOCIAL

inicio








jueves, 23 de febrero de 2012

EL ESTADO DE BIENESTAR POR EL ESTADO DE JUSTICIA SOCIAL



José Luis López Aranguren enfatiza la importancia de la obra de los intelectuales en una sociedad cada vez más mecanizada e injusta y por lo tanto más deshumanizada. Su obra es una reflexión ética, política y religiosa, que se esfuerza por recordarnos los peligros, de una sociedad meramente tecno-científica y cibernética (Estado de Bienestar) ante la escasez de solidaridad, de líricos, y humanistas (Estado de Justicia Social).

ÉTICA Y POLÍTICA.
José Luis López Aranguren

En este tiempo que nos ha tocado vivir, inmersos en la crisis económica, cuando la corrupción social y política nos resulta tan habitual que no nos impide votar a los corruptos mientras se tambalea nuestra fe en la democracia, puede resultar atractiva la lectura de este ensayo que pretende estudiar las relaciones entre ética y política y las posibilidades de moralizar ésta última. A priori sospechamos que este enfoque ético del mismo situará la cuestión en un plano utópico o ideal, alejado de soluciones pragmáticas, pero esto no es del todo cierto como luego se verá. Sí podemos adelantar que no se trata de una obra de lectura fácil porque la especulación filosófica requiere un lenguaje técnico y un razonamiento lógico que exige toda nuestra atención. Además este ensayo sobrepasa en cierta medida la intención divulgativa puesto que es el resumen de un curso monográfico que el autor dio en 1960-61 dirigido a estudiantes de Filosofía.

José Luis López Aranguren (1909-1996), como muchos otros de los intelectuales que vivieron nuestro pasado reciente, tiene una biografía con matices contradictorios. De educación conservadora, durante la guerra civil fue militante de Falange, pero después de la misma perteneció, junto con Dionisio Ridruejo y otros, al grupo de intelectuales falangistas que se distanciaron del nuevo régimen. En los años cincuenta obtuvo la cátedra de ética y sociología en la universidad madrileña y en los sesenta participó, junto a Tierno Galván, en una protesta estudiantil por la falta de libertad de asociación. Fue sancionado y se autoexilió dando clases en varias universidades extranjeras. En política evolucionó progresivamente hacia posiciones próximas a la socialdemocracia y su labor intelectual y humanista fue reconocida con la instauración del nuevo régimen parlamentario.

El título del presente ensayo expresa claramente el objetivo del autor que no es otro que buscar una síntesis entre el ideal ético y la realidad política englobadas ambas en el concepto de eticidad. Previamente estudia las complejas relaciones históricas de la política con la ética, entendida esta última no como individual sino en su dimensión social. Unas relaciones que oscilan entre dos extremos; desde el realismo político (“el fin justifica los medios”) hasta la ética apolítica propia de la burguesía liberal que propugna una moral privada y reducción de la política al mínimo. Se analizan también los ejemplos prácticos que ilustran el intento de moralizar la política como forma de control del poder político; la división de poderes de Montesquieu que intenta preservar la libertad individual, el contrato social de Rousseau que tiende a la democracia y la soberanía popular, o la ética social marxista centrada en la conciencia de clase.

Aranguren propone que las complejas relaciones ético-políticas deben de estar presididas por la alteridad, una especie de religioso amor al prójimo pero en sentido laico, es decir, una justicia social inspirada en el hecho de superar el egoísmo y ponernos en el lugar del otro (alter ego). Para el autor el Estado debe tender hacia la aliedad, un concepto que implica institucionalizar la moral en la política. Entiende el autor que sin una buena base económica es imposible la democracia, que la importancia creciente de la economía predomina sobre la ideología política y que el estado social del bienestar tiene sus limitaciones porque en aras del utilitarismo tiende a manipular la información política y convertir al ciudadano en un productor y consumidor sin opinión, que tiende al materialismo. Como forma de superación propone el estado de justicia social que concreta en un Estado que, mediante mecanismos reguladores, controle los abusos del libre mercado (democratización económica y social); que fomente los servicios públicos frente al consumo privado y promueva la salud, la instrucción y los servicios de protección social; que convierta los medios de comunicación en un servicio público que sirva no para manipular al ciudadano sino para informarle y formarle en su opinión.

Se puede objetar que estos argumentos son en parte los propios de la socialdemocracia que triunfaron en los países escandinavos y no tanto en otras naciones, pero debe destacarse el carácter innovador que tuvieron si el ensayo “Ética y política” se sitúa en sus coordenadas precisas de tiempo y espacio, la España franquista de los años 60. Aún ahora, en la proximidad de unas elecciones desalentadoras, nos resultan actuales y apropiadas algunas de las ideas que contiene la obra: Los partidos no son buena fuente de información política. La democracia representativa exige la responsabilidad del ciudadano. La educación política del mismo debe de ser racional y nunca emotiva. La responsabilidad política exige no elegir entre líderes sino entre programas políticos. En democracia debe de existir una cierta tensión diferencial entre los programas generados por los partidos políticos.

Ahí quedan esas ideas tan obvias, tan lógicas, que no obstante hemos terminado por considerar utópicas en el actual estado de nuestra democracia. Por eso es tan importante leer de vez en cuando a los filósofos, aunque nos exijan un esfuerzo intelectual adicional, para recordarnos lo que debería ser, para remover nuestra conciencia y sacarnos de la pasividad, para convertirnos en ciudadanos y no en consumidores , antes satisfechos y ahora preocupados por nuestro bienestar.