EL Rincón de Yanka: RESILENCIA

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sábado, 27 de junio de 2026

LIBRO "VOCES EN RESISTENCIA": TRAUMA COLECTIVO Y RESILENCIA EN VENEZUELA por Escuela de Gobierno Mercedes Pulido

 

VOCES EN RESISTENCIA

Escuela de Gobierno Mercedes Pulido 

Voces en resistencia retrata el trauma y la fortaleza de millones de venezolanos que, en medio de la crisis, la represión y el exilio, continúan luchando por su dignidad. Una obra para construir nuestra memoria colectiva, comprender este período de Venezuela y la resiliencia de su gente.

En siete capítulos que recorren la experiencia venezolana reciente desde la movilización ciudadana, la salud mental, el cuidado comunitario, la comunicación digital, la memoria histórica y la defensa de la infancia, este libro examina las formas en que una sociedad sometida al autoritarismo, la precariedad y la represión ha sostenido espacios de resistencia civil. 
Voces en resistencia: trauma colectivo y resiliencia en Venezuela reúne testimonios y ensayos que parten del 28 de julio de 2024 como episodio político y emocional, pero amplían la mirada hacia las redes humanas que han permitido documentar, acompañar, comunicar y preservar la dignidad colectiva. La obra ha sido escrita por un grupo de autores venezolanos vinculados al activismo, la psicología, la comunicación, la investigación social, la memoria y los derechos humanos.

El ensayo político, el testimonio, el análisis psicosocial, la crónica documental y la reflexión sobre derechos humanos se dan cita en las 174 páginas de este volumen. Su escritura alterna registros narrativos, clínicos, históricos y comunicacionales, siempre con el propósito de comprender el daño colectivo y las formas de respuesta que han surgido desde la sociedad civil. Voces en resistencia es el título Nº 50 publicado por la alianza editorial Letralia-FBLibros, y se inscribe en una línea de libros que atienden problemas contemporáneos desde una perspectiva crítica, testimonial y ciudadana.

El equipo autoral está compuesto por Francisco Coello, Psicóloga en Resistencia, Manuel Llorens, José G. Guerra, Eugenio Espejo y Elda Loramont, un grupo plural de profesionales comprometidos con el cuidado y la defensa de la vida democrática en Venezuela. Algunas de estas personas permanecen dentro del país y otras se encuentran en el exilio; no las une una ubicación geográfica, sino la convicción de acompañar a quienes, desde el terreno, han sostenido con su esfuerzo cotidiano la posibilidad de un país más justo, libre y humano. El libro se presenta así como un acto de memoria, un gesto de acompañamiento y una invitación a seguir generando conocimiento desde lo vivido, bajo la premisa de que cuidar, nombrar y documentar también son formas de lucha.

Si bien es cierto que es fuera de toda proporción el daño causado a la sociedad venezolana no es menos cierto (y ciertamente asombroso) que aún nos encontremos con manifestaciones de funcionamiento civilizado gracias a la empresa privada, las universidades, la Iglesia, las ONG, fundaciones culturales, científicas y académicas así como medios de comunicación independientes y en general el esfuerzo de millones de venezolanos por no sucumbir al experimento totalitario alimentándose de las tres amenazas antes mencionadas. Podemos afirmar que los venezolanos hemos redefinido o llevado a otro nivel el concepto de resiliencia.



Presentación

Las amenazas a la libertad

Las luchas civiles en favor de la democracia, en sociedades que se han convertido en regímenes totalitarios, implican múltiples amenazas tanto intelectuales como personales, por ello es necesario dar cuenta de la trayectoria que Venezuela ha llevado a cabo para mantener viva la as­piración de libertad y progreso.

Entre las tantas amenazas que pueden experimentar los activistas, destacan tres: 

el Insilio, la Anomia y la Desesperanza aprendida. Todas asociadas a las sociedades donde se desarrolla un proyecto totalitario y en las que las amenazas indicadas han cumplido y cumplen funciones claveen los objetivos de cercenar los derechos humanos, bloquear las li­bertades civiles y la búsqueda de un progreso incluyente e integrador.
  • Insilio: sin necesidad de dejar tu nación, los ciudadanos expe­rimentan un exilio interno que consiste en la sensación de no pertenecer ni sentirse representado por un Estado y un régimen político que niega los valores, los principios y creencias com­partidas sobre los que se ha construido la nacionalidad vene­zolana. En consecuencia, el activista y el ciudadano en general crean una barrera psicológica y social en torno a sus vidas para protegerse física, emocional e intelectualmente.
  • Anomia: la ciudadanía queda sin referencias morales y conduc­tuales para orientar su acción como resultado de severas crisis sociales, en este caso la descomposición social, económica y cultural de una nación, resultado de un programa político diri­gido a concentrar el control sociopolítico por la vía de la devas­tación y la desintegración.
  • Desesperanza aprendida: consiste en que la ciudadanía sufre una especie de fatalismo ante los problemas y la hostilidad de su entorno social. En términos políticos, esa experiencia no es casual, es el resultado de una acción estatal, policial y parainstitucional dirigida a cerrar cualquier salida civilizada e institucional de los severos problemas que el propio régimen construyó como parte de la mencionada anomia en tanto polí­tica de Estado.
Testimonios y reflexión

Voces en resistencia es una muestra de las diferentes maneras en las que un grupo de mujeres y hombres venezolanos han enfrentado estas amenazas desde perspectivas personales y profesionales muy diversas. Hemos reunido un conjunto de testimonios/reflexiones sobre lo que representa, desde la resiliencia y el activismo, un gigantesco esfuerzo de esperanza. Entendida esta como una herramienta de acción política, consistente en la convicción de que la realidad puede ser cambiada a partir de la conjunción del esfuerzo personal y colectivo, centrado en mantenerse en pie de lucha y con las convicciones de libertad y progreso como guías permanentes.

Por ello, el objetivo de este libro es poner en común la trama de experiencias existenciales, políticas y sociales de la resistencia civil en forma testimonial, pero al mismo tiempo analítica. Todo ello será fun­damental para alimentar la memoria colectiva de los venezolanos para reconocemos en el horror, pero también en el trasfondo de humanidad y solidaridad que la mayoría ha mantenido en estos años de infamia.

Voces en resistencia pretende dejar constancia de un legado para nuestras conciencias, un insumo central para la ansiada recuperación de la libertad y la reconstrucción integral de la nación (desde la infraestructura pasando por las instituciones y el espíritu de la venezolanidad).

Esta obra tiene dos protagonistas, por un lado, la sociedad civil re­ presentando la hazaña de mantener cohesión social y capacidad orga­nizativa; por otro, los autores de los diferentes capítulos cada uno de ellos representando distintas variaciones del coraje de los ciudadanos y la capacidad de hacer aportes concretos para los problemas críticos que padece la nación.

Veamos a la sociedad civil en este contexto. Si bien es cierto que es fuera de toda proporción el daño causado a la sociedad venezolana no es menos cierto (y ciertamente asombroso) que aún nos encontremos con manifestaciones de funcionamiento civilizado gracias a la empresa privada, las universidades, la Iglesia, las ONG, fundaciones culturales, científicas y académicas así como medios de comunicación indepen­dientes y en general el esfuerzo de millones de venezolanos por no su­cumbir al experimento totalitario alimentándose de las tres amenazas antes mencionadas. Podemos afirmar que los venezolanos hemos re­ definido o llevado a otro nivel el concepto de resiliencia.

La constatación de este logro colectivo está en la existencia de una variada gama de organizaciones de la sociedad civil (OSC) provenientes de los 40 años previos de democracia, así como las que se han ido incor­porando en los últimos 25 años en respuesta al proyecto totalitario. La importancia de la sociedad civil ha quedado demostrada en la respuesta que ha dado a pesar de las debilidades, la hostilidad y la gravedad de los problemas:
  • Ante el desmoronamiento del sistema de partidos en 1998, las ose llenaron en gran parte el vacío dejado.
  • Respuesta a necesidades de la población (salud, alimentación, educación entre otras) a medida que avanzaba el colapso del Es­tado para cumplir sus funciones.
  • Divulgación, documentación y denuncias nacional e interna­cional sobre los diferentes problemas que afectan a la nación.
  • Formación y capacitación de la ciudadanía en el ejercicio de sus derechos e incorporación como ciudadanos.
  • Organización de la población en diferentes áreas de interés so­cial, económico y cultural.
  • Programas de responsabilidad social empresarial. Hay que aña­dir que las empresas que cumplan con su función de prestar servicios y generar bienes es también responsabilidad social en las actuales circunstancias (mantener empresas abiertas es otra forma de resistencia y promoción de la democracia).
Podemos afirmar que las OSC han cumplido con muchas de las funciones que les corresponde y han ido más lejos cubriendo el vacío dejado por partidos políticos y el Estado en general. Aún diezmadas limitadas, las ose son las que proporcionan servicios que nos permiten mantener aspectos centrales de convivencia, solidaridad y atención de la población más afectada por la megacrisis.
Adicional a estos logros, hay tres hechos que podemos considerar notables en el plano político que cambiaron el escenario y la narrativa sobre las luchas libertarias en Venezuela:
  • El evento Hablan los Candidatos, que reunió a las diferentes candidaturas de la oposición (por primera vez en 10 años en un ambiente de respeto, diálogo y tolerancia democrática). De 35 organizaciones de la sociedad civil, que mostró una formida­ble capacidad de organización, coordinación y promoción. Este evento fue una señal de las otras iniciativas de las ose, que marcarían un desafío en el futuro y cuya importancia fue reco­nocida a nivel internacional.
Podemos afirmar que las OSC han cumplido con muchas de las funciones que les corresponde y han ido más lejos cubriendo el vacío dejado por partidos políticos y el Estado en general.
  • La Primaria fue el mecanismo por el cual el debate sobre la legitimidad y la vigencia del liderazgo de la oposición quedó zanjado por la enorme participación, las trabas vencidas al poder y la contundencia del triunfo. Un acontecimiento que contó con la participación de los partidos políticos, pero fueron la sociedad civil y la Academia los que aportaron el músculo, la organización y la movilización para alcanzar el éxito incontes­table que representó.
  • Estos antecedentes abrieron el camino para el proceso que condujo al 28J, el cual es digno de un estudio de caso para las Ciencias Políticas. Nuevamente, la sociedad civil fue la prota­gonista con el acompañamiento comprometido de los partidos políticos y la mayoría de sus dirigentes, así como los candidatos que honraron su palabra expresada en el evento Hablan los Candidatos. No representó un convencional enfrentamiento electoral entre partidos políticos bajo un "modelo competitivo", como diría el gran Sartori, fue mucho más allá, el proceso que remató en el 28J constituyó un formidable movimiento social que incluyó a todos los sectores, todas las clases socia­ les, creencias religiosas y doctrinas políticas. Decimos movi­miento social porque, tal como lo establece la literatura de la Ciencia Política y la Sociología, se trató de la activación política de grandes sectores de la sociedad que no buscaban solo ganar un proceso electoral sino un cambio de modelo institucional, político y social.
De esta sociedad civil provienen los autores de Voces en resistencia, quienes han desarrollado una destacada trayectoria aportando ideas, proyectos y opciones al país para aliviar, pero también para construir salidas a largo plazo.

En esta obra convergen periodistas, psicólogos, sociólogos, creadores y activistas de otros campos y visiones, articulados por los principios de la libertad y el bienestar de la ciudadanía, así como la prestación de servicios de asistencia a otros activistas y a la población en general como parte de las labores docentes, de investigación y asesoría que ca­racterizan a la Escuela de Gobierno Mercedes Pulido.

Cada capítulo es la descripción de una iniciativa que, ante las formas convencionales del activismo, se propone ofrecer alternativas para se­ guir por la lucha de las libertades civiles y mantener viva la esperanza (esa gran herramienta política como mencionamos antes) y apartar el inmovilismo de la vida del país. Nos vamos a encontrar con experien­cias reales y probadas, también con un lugar de encuentro para que los lectores comprueben que el activismo sigue despierto y conocer de pri­mera mano fórmulas que pueden ser replicadas en otras iniciativas y en cualquier lugar de Venezuela.

No está comprobado que sea de su autoría, aunque bien pudo decirlo el admirable Churchill "si te toca atravesar un infierno lo más aconseja­ble es seguir avanzando". Los hombres y mujeres de Voces en resistencia son un excelente ejemplo de lo acertado de esta recomendación, han seguido en la senda sin sacrificar principios y manteniendo el activismo en sus respectivos escenarios.

La posición del grupo de escritores de este compendio

De acuerdo a sus principios y misión, se han reunido estas historias y a estos activistas con la intención de promover una narrativa que per­ mita alcanzar varios objetivos:
  • Que los venezolanos se sientan representados, expresados y reivindicados en las experiencias que mostramos para servir de inspiración, así como de insumo para promover otras iniciati­vas.
  • Proporcionar a nuestros activistas, colaboradores y asociados información de experiencias que ayuden a comprender la reali­dad venezolana desde diferentes perspectivas y abordajes.
  • Ayudar a reconstruir la memoria colectiva indispensable para esbozar un futuro de encuentro y construcción de consensos necesarios para la formulación de Políticas Públicas y la adop­ción de modelos funcionales.
  • El pasado no se negocia, no podemos ni debemos edulcorar ni olvidar el calvario que ha sufrido la nación, no se trata de reta­liación sino de documentar lo sucedido y asegurarse de que la ciudadanía entienda que lo que nos pasó no es azar, mala suerte ni siquiera mala gestión. Se trata de educar a la población, a partir de la dolorosa experiencia, en la comprensión de que hay doctrinas, modelos políticos y ciertos tipos de liderazgo que in­ eludiblemente llevan a las naciones a la ruina, la tiranía y la descomposición social.
Si Voces en resistencia ayuda en la consecución de estos objetivos, nos daremos por satisfechos.

sábado, 6 de diciembre de 2025

LIBROS Y PELÍCULAS "DAVID COPPERFIELD" y "OLIVER TWIST" por CHARLES DICKENS y "LLOYDS DE LONDRES" DE HENRY KING y "DÍAS ESCOLARES DE TOM BROWN"

 DAVID   COPPERFIELD

CHARLES DICKENS


PREFACIO

Difícilmente podré alejarme lo bastante de este libro, todavía en las primeras emociones de haberlo terminado, para considerarlo con la frialdad que un encabezamiento así requiere. 
Mi interés está en él tan reciente y tan fuerte y mis sentimientos tan divididos entre la alegría y la pena (alegría por haber dado fin a mi tarea, pena por separarme de tantos compañeros), que corro el riesgo de aburrir al lector, a quien ya quiero, con confidencias personales y emociones íntimas. 
Además, todo lo que pudiera decir sobre esta historia, con cualquier propósito, ya he tratado de decirlo en ella. 

Y quizá interesa poco al lector el saber la tristeza con que se abandona la pluma al terminar una labor creadora de dos años, ni la emoción que siente el autor al enviar a ese mundo sombrío parte de sí mismo, cuando algunas de las criaturas de su imaginación se separan de él para siempre. 
A pesar de todo, no tengo nada más que decir aquí, a menos de confesar (lo que sería todavía menos apropiado) que estoy seguro de que a nadie, al leer esta historia, podrá parecerle más real de lo que a mí me ha parecido al escribirla Por lo tanto, en lugar de mirar al pasado miraré al porvenir. 

No puedo cerrar estos volúmenes de un modo más agradable para mí que lanzando una mirada llena de esperanza hacia los tiempos en que vuelvan a publicarse mis dos hojas verdes mensuales, y dedicando un pensamiento agradecido al sol y a la lluvia que hayan caído sobre estas páginas de DAVID COPPERFIELD, haciéndome feliz.

David Copperfield es la novela más autobiográfica de Charles Dickens, considerada su obra favorita, que narra el viaje de su protagonista desde una infancia infeliz hasta la madurez, reflejando experiencias personales del autor como su trabajo en una fábrica y su experiencia como escritor, mientras ofrece una crítica profunda de la Inglaterra victoriana, sus injusticias sociales y la naturaleza humana, a través de un elenco inolvidable de personajes y su estilo único de humor, tragedia y comedia, publicada por entregas entre 1849 y 1850.

Características principales de la novela

Narrativa autobiográfica: Dickens usó sus propias experiencias, especialmente su infancia marcada por la pobreza y el trabajo forzado, para construir la historia de David.
Novela de aprendizaje (Bildungsroman): Sigue el desarrollo personal y moral de David Copperfield desde la infancia hasta la edad adulta, aprendiendo de sus errores y superando adversidades.
Crítica social: Expone la desigualdad, la pobreza y las duras condiciones de vida en la Inglaterra victoriana, especialmente las que afectaban a los niños, a través de un retrato realista de la sociedad.
Personajes memorables: Presenta una rica galería de figuras icónicas como el cruel Sr. Murdstone, la excéntrica Tía Betsey, el optimista pero endeudado Sr. Micawber y el hipócrita Uriah Heep.
Publicación por entregas: Al igual que muchas obras de Dickens, se publicó mensualmente, generando expectación y un gran éxito popular, y su trama está diseñada para mantener el suspenso entre entregas.
Temas: Explora la memoria, la identidad, la lucha contra la injusticia, la superación, el amor y la búsqueda de la felicidad, equilibrando momentos de humor, tragedia y ternura.

La conexión Dickens-Copperfield

Dickens se identificó profundamente con su protagonista, a quien consideraba su "hijo predilecto". La novela le permitió explorar su propia vida y sentimientos de forma más íntima, convirtiendo las experiencias de David en una narrativa universal sobre el crecimiento y la resiliencia humana.

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Oliver Twist, publicada por entregas en 1837, consolidó la fama de Charles Dickens y es, sin duda, una de sus novelas más conocidas. Con ella se proponía demostrar que se podía «servir a la moral» mediante una historia con «personajes elegidos entre lo más criminal y degradado de la población de Londres», y donde sin embargo sobrevivieran la candidez y la fragilidad. 
Oliver Twist, la segunda novela de Charles Dickens (1837-1839), narra la trágica y aventurada vida de un niño huérfano en la Inglaterra victoriana, que escapa de un hospicio y cae en una banda de carteristas londinenses, destacando la brutalidad de las leyes de pobres y la hipocresía social, con fuertes elementos autobiográficos sobre la propia infancia sufrida del autor. La obra critica la deshumanización, la pobreza y la injusticia, mostrando la lucha de la inocencia (Oliver) contra un mundo corrupto, a pesar de los maltratos que sufre desde su nacimiento.

La historia del pequeño Oliver, criado en un hospicio, empleado y maltratado en una funeraria, fugitivo en Londres, donde es reclutado por una panda de ladrones que él no reconoce como tales, es un magnífico relato sobre la inocencia acosada. Los distintos protectores que va encontrando en su camino nos descubren al Dickens idílico y sentimental, pero en el bando de los corruptores asoman algunas de sus más inquietantes creaciones –Fagin, el genio del crimen, el ladronzuelo Jack Dawkins, el asesino Sikes, el misterioso Monks–, que inspiran tanta repulsión como atracción. Tampoco faltan en la novela los efectos cáusticos y a la vez reparadores de su sentido del humor, ese que Anna Grigorievna, la segunda mujer de Dostoievski, recordaba que, en sus peores momentos, entraba a formar «parte de nuestra vida. Sobrellevábamos gracias a él nuestra pobreza con resignación, a veces irresponsablemente».

Oliver Twist (1948) - Película completa con audio en español


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LLOYDS DE LONDRES 1936 | Completa Español

El nacimiento de la famosa firma de seguros, la película combina elementos del más tradicional melodrama con una mezcla de elementos históricos en el que participan personajes como Lord Nelson o el príncipe de Gales. Jonathan Blake, amigo de la infancia de Lord Nelson, asciende de mensajero a un puesto importante en la aseguradora Lloyd’s gracias a que inventa un sistema de transmisión de noticias. Lord Stacey, un bellaco altanero, odia a Blake por su influyente cargo. Sin saber que está casada con Lord Stacey, Blake se enamora de Lady Elizabeth. Lord Stacey se convierte en enemigo de Blake cuando Lloyd’s rechaza su petición de un préstamo para cubrir sus deudas de juego.
LLOYD’S OF LONDON ofrece aventura, melodrama, comedia, reconstrucción histórica, amistad y, lo que es casi inverosímil, ¡la traslación de los modos del Americana, a tierras inglesas! De todo eso y de mucho más, podía ser capaz un cineasta de primerísima fila, como fue King, que en esta película concreta, mostró la intuición de elegir a un jovencísimo Tyrone Power -en detrimento de un Don Ameche, al que prefería Zanuck-, para encarnar el rol protagonista de un adulto Jonathan Blake -aunque en los créditos figure por debajo del protagónico de Freddie Bartholomew-, convirtiéndolo de la noche a la mañana en toda una estrella del estudio, y siendo frecuentado por el cineasta en numerosas ocasiones posteriores.

TOM BROWN´S
SCHOOL DAYS


Los días escolares de Tom Brown (a veces escrito como Tom Brown's Schooldays, también publicado bajo los títulos Tom Brown en Rugby, Días escolares en Rugby y Los días escolares de Tom Brown en Rugby) es una novela de Thomas Hughes, publicada en 1857. La historia se ambienta en la década de 1830 en la Rugby School, una escuela pública inglesa. Hughes asistió a la Rugby School de 1834 a 1842.



Por Thomas Hughes
(1822-96)


Tom Brown School Days (1940) | Full Drama Film | Cedric Hardwicke | Freddie Bartholomew

"Enseñarles a gobernarse a sí mismos. 
Amar lo que es correcto y verdadero 
para moldearlos como valientes 
caballeros temerosos de Dios. 
La Libertad exige Responsabilidad y Disciplina".

miércoles, 13 de agosto de 2025

LIBRO "EL ARTE DE CUIDAR LA MENTE" por ALEJANDRO VALERO GARCÍA 💪

 EL ARTE DE CUIDAR LA MENTE

Alejandro Valero García


Cuando no basta con «pensar en positivo» – 
«El arte de cuidar la mente»

Vivimos rodeados de mensajes motivacionales, consejos exprés y promesas de felicidad rápida. Pero… ¿realmente estamos cuidando nuestra mente? ¿O simplemente estamos poniendo parches emocionales?
Alejandro Valero, escritor y divulgador con formación en salud y educación, propone en su nuevo libro «El arte de cuidar la mente» algo muy diferente: una mirada crítica, profunda y práctica sobre cómo pensamos, decidimos y, en el fondo, cómo vivimos. Y no, no vas a encontrar frases de autoayuda. Vas a encontrar herramientas reales.

Uno de los conceptos clave del libro es el “pensamiento Alicia”, inspirado en el filósofo Gustavo Bueno. Se refiere a cómo nos presentan el mundo tal y como desean que sea visto en vez de cómo realmente es, conformando esquemas de pensamiento más propios de la ensoñación infantil que de la realidad; esto se infunde sagazmente mediante argumentos diseñados para convencer —que no educar, ni tampoco ilustrar— a las mentes menos exigentes que, según Valero, conforman una mayoría. Explicaciones simplistas, mensajes emocionales, soluciones mágicas… Todo muy bonito, pero poco útil si de verdad queremos entendernos y avanzar. Valero propone justo lo contrario: 
desarrollar el pensamiento crítico. No para volvernos escépticos de todo, sino para saber distinguir entre lo que tiene sentido y lo que simplemente suena bien. En tiempos de “infoxicación” (sí, eso existe), filtrar lo que consumimos mentalmente es tan importante como cuidar lo que comemos.
Este no es un libro solo para académicos, sociólogos o psicólogos. Es para cualquier persona que alguna vez se haya sentido desbordada, confundida o incluso frustrada por no entender sus propias emociones o decisiones. «El arte de cuidar la mente» nos recuerda que no basta con “sentirse bien”; hay que aprender a pensar bien. Alejandro Valero combina ejemplos cotidianos, referencias a la psicología y un tono cercano para explicar por qué muchas veces tomamos decisiones erróneas, y cómo evitarlo. Habla del método científico, del sesgo emocional, de los peligros del “a mí me funciona”, y también de cómo usar nuestras emociones a favor, en vez de dejar que nos controlen.
Uno de los puntos más valientes del libro es su defensa del rigor frente al relativismo. Valero lo dice claro: no todas las opiniones son igual de válidas, y no todo lo que se vende como bienestar es beneficioso. Hay que diferenciar entre ciencia, pseudociencia y puro marketing emocional. En un mundo donde cualquiera puede ser “coach de vida” en redes sociales, este libro es un llamado urgente a la responsabilidad personal. A dejar de buscar soluciones rápidas y empezar a construir una mente más sólida, más crítica, y más libre.

«El arte de cuidar la mente» no es un manual de autoayuda ni una crítica vacía. Es una invitación a conocerse mejor, a dudar mejor y, sobre todo, a vivir con más consciencia. Porque cuidar la mente —de verdad— es todo un arte. Y como todo arte, requiere práctica, honestidad y ganas de aprender.

El arte de cuidar la mente es un libro único que se sitúa en la intersección entre la psicología, la crítica social y la salud. En esta obra, Alejandro Valero ofrece una guía práctica para "entrenar la mente", proporcionando herramientas esenciales para que el lector aprenda a detectar falacias, sesgos y estrategias de manipulación que afectan nuestra capacidad de procesar la información en un mundo saturado de relatos, verdades a medias y opiniones distorsionadas.La obra aborda con claridad y rigor los mecanismos psicológicos que influyen en nuestras decisiones diarias, particularmente en un contexto tan sensible como el de la salud, donde las emociones, las creencias y las presiones sociales a menudo se anteponen a la evidencia científica. A través de un enfoque directo y accesible, Valero invita a los lectores a cuestionar las "verdades universales" que circulan en la sociedad, desentrañar los mantras que definen nuestra interacción social y aprender a filtrar la información que consumimos.A lo largo de esta obra, el autor no solo se limita a la crítica, sino que ofrece herramientas prácticas para fortalecer la mente, ayudando a los lectores a convertirse en guardianes de su propia percepción y a tomar decisiones más informadas en un entorno saturado de influencias externas. Con un estilo directo y sin concesiones, El arte de cuidar la mente es más que un simple manual: es una invitación a cuestionar, aprender y caminar hacia una mente más aguda, capaz de detectar el ruido y encontrar la verdad en medio de la confusión.

A todo aquel en cuyo camino la razón y el conocimiento 
actúan como un faro que les guía en la calma y en la marejada, 
iluminando la oscuridad.

Aequam memento rebus in arduis servare mentem. 
"Recuerda mantener la mente serena 
en momentos difíciles". 
(Horacio a Delio)

El sueño de la razón produce monstruos


Poder alimentarnos del conocimiento de otros es un regalo.

Esta frase, que podemos leer en las primeras páginas de este singular libro de Alejandro Valero (que alimenta, vaya si alimenta), puede ser el compendio de todo lo que sigue, que no es poco.

No sé si debemos hacer caso a Cervantes cuando, en boca de alguno de sus personajes de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, nos dejó dicho que no hay libro, por malo que sea, que no contenga algo útil. En todo caso, tened por cierto que de este se puede extraer enjundia a raudales. Y esto no lo afirmo porque el autor sea amigo mío, que lo es, sino porque es un gran escritor, aunque él no se vea como tal, y porque sus propias experiencias vitales lo han llevado a plantearse en profundidad muchas de las cuestiones que aborda en esta obra.

Porque para ser escritor no basta con hilvanar frases atrayentes, lo más importante es conectar con tus lectores, y en eso Alejandro es un hacha, si se me permite la expresión tan coloquial como acertada. Sus libros captan al lector por su amenidad y por la actualidad de sus postulados desde la primera página, y en ellos el «enseñar deleitando» horaciano se lleva hasta sus últimas consecuencias.

Pero esto no es lo único que nos aporta este libro, ya que también es una herramienta valiosa y un acicate que nos inducirá a la reflexión, una reflexión tan ajena al demencial ajetreo de la vida actual, esta vida de la posmodernidad o de la posverdad donde apenas queda tiempo para pensar y donde la credulidad está más extendida que el espíritu crítico, donde la pseudociencia es mucho más asequible intelectualmente que la ciencia, y por ello mucho más proclive a prender en mentes poco analíticas, como dice con acierto el autor.

Entre las muchas lecturas a las que nos apetecerá acercarnos tras leer El arte de cuidar la mente, nos encontramos con la Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, donde la rosa amonesta a la protagonista con un rotundo: «Tú nunca has pensado en nada», pasaje que sirve al filósofo Gustavo Bueno para definir el «pensamiento Alicia» como ese pensamiento simplista que encubre la realidad en vez de someterla a análisis, y así, con este tipo de anécdotas y un soporte literario y documental tan exhaustivo como adecuado, es como Alejandro Valero nos mantiene absorbidos por las páginas de su obra.

En estos días de Internet, con la saturación de información (infoxicación) o la intoxicación cuantitativa, que no cualitativa, llamada con acierto infodemia, se hace más necesaria que nunca la búsqueda de la verdad, cuyo primer paso lo dieron, cómo no, los griegos, y el presente libro, más de veinticinco siglos después, nos ayudará a no desviarnos de dicho camino.

Otro aspecto importante que debe interesarnos es el de la credulidad vs. el espíritu crítico. En este sentido, el autor no elude el posicionamiento, y no teme tomar partido cuando dice que todo el mundo tiene derecho a dar su opinión, pero que no todas las opiniones son igual de respetables o igual de valiosas: el remedio casero no tiene el mismo valor que la prescripción facultativa. El buenismo sin una criba del tamaño adecuado, que a veces ha de ser muy fina, no es un buen consejero en nuestra búsqueda de la verdad.

Se nota que el autor ha estudiado a fondo la relación entre un buen cuidado del cuerpo y de la mente, y nos orienta en esa búsqueda de la areté que tanto ansiaban los griegos clásicos, esa excelencia que nos hará sentirnos a gusto con nosotros mismos.

Desde esa persecución inmisericorde a los gorriones en China a las desventajas del zumo en oposición al sano mordisco a la fruta, gracias a sus plásticos y acertados ejemplos y admoniciones, tan apropiados como entretenidos, nos allana el camino para entender con facilidad la compleja simbiosis de alimentación y ejercicio que ha de procurarnos un bienestar sereno y saludable, y que puede sintetizarse en una frase: «Cuidarse es todo un arte».

Alejandro nos previene y explica prolijamente por qué no debemos dejarnos embaucar por elixires de cualquier tipo que «solo depuran el bolsillo», como ese aceite de serpiente tan popular en el Far West.

Entre los muchos consejos que menudean en la obra está el de que hay que aceptar nuestra individualidad en lugar de compararnos, y huir de ese tan extendido «a mí me funciona» que abunda en las recomendaciones de vecinos o cuñados, que con ironía no exenta de gracia se ha bautizado en algún momento como «amimefuncionismo».

Por otra parte, hay una pregunta importante en la génesis de este libro: ¿estamos realmente satisfechos con nosotros mismos?, ¿siquiera nos hemos planteado dicha cuestión? Pues sí, estas páginas, con sus acertadas exhortaciones, nos brindarán una magnífica ayuda para resolver tal dilema existencial, evitando esos atajos al fracaso disfrazados de éxitos inmediatos.

Es necesario un desarrollo equilibrado del cuerpo y la mente para alcanzar una felicidad bien entendida; y el autor, como experto en los campos de la nutrición humana y la dietética, y el del ejercicio físico, además de una buena base cultural adquirida por sus numerosas lecturas, es un buen guía para recorrer sin tropiezos el intrincado mundo actual. Como Virgilio llevando de la mano a Dante, así Alejandro Valero nos conduce con amenidad a un desarrollo pleno de nuestras capacidades y puede hacernos mucho más exigentes con la realidad que nos rodea, evitando falsedades que redunden en graves perjuicios. Nos puede ayudar a que, cual marionetas, seamos conscientes de nuestros hilos, lo cual dificultará las intenciones del titiritero que pretenda manejarnos a su antojo.

Y ya para terminar, cuando el autor aborda el tema de que en algunos estamentos no se busca el educar sino el convencer de unas posiciones y unos postulados apriorísticos, estoy seguro de que no se refiere a que yo no trate de CONVENCER al lector de este prólogo de lo bueno que tiene entre las manos, de las virtudes de esta herramienta intelectual que Alejandro nos ha regalado gracias a su esfuerzo y dedicación. Y que conste que esto no es infoxicación, y que no tardarán en apreciarlo desde las primeras páginas de El arte de cuidar la mente.

Manolo Berriatúa
(Filólogo y escritor)

Breve introducción

¿Quién no ha recibido lecciones sobre cómo cuidar su mente? ¿Quién no ha escuchado dispares y edulcorados consejos sobre cómo ser más feliz? 
La palabra «felicidad» es tan grande y tan compleja que a menudo la gente intenta explicártela de manera sencilla y meliflua, consiguiendo así diluir su significado al convertirse en una fórmula simplista que no se adapta a la realidad de cada persona ni al complejo entramado de mecanismos por los que se rige la psique humana.

La felicidad no es algo que pueda resumirse en consejos rápidos o recetas mágicas; se trata de un proceso único, personal y, a veces, largo. Por consiguiente, este libro no trata de encontrar soluciones instantáneas, pero sí supone una invitación a conocer mejor la realidad para sacarle partido, a entenderte mejor y a descubrir cómo la mente puede convertirse en nuestra mayor alidada y no en un obstáculo que te impida avanzar. También vas a encontrar a una persona de quien puedo sentirme orgulloso de considerar amigo, que aúna corazón y conocimiento, todo ello maridado con la sempiterna sensatez de su prosa, inseparable de un perenne y sólido respaldo argumental. Un amigo que, mediante este libro, emula la sensación de la que hablaba Borges al experimentar un sentimiento de orgullo por las páginas que había leído. Te trato de tú, estimado lector, porque mis palabras, aunque medidas por la objetividad, vienen de la mente y del corazón, y quiero compartir contigo lo mismo que le diría a un gran amigo, resaltando este sentimiento tan maravilloso que queda como poso tras leer la obra.

Son muchos los años que han pasado desde que conozco al autor, de los que me gustaría destacar una anécdota que compartiré contigo. Ocurrió durante la pandemia, en la que dedicó su tiempo, como ya venía haciendo por años y continúa al día de hoy, a cuidar de lo más importante para él: su familia. Y pese a sufrir unos años marcados por la trágica pérdida de seres queridos, no quiso dejarse vencer por la adversidad e hizo válida la premisa de Einstein de que existe una oportunidad en cada crisis. De tal manera, a pesar de estar escribiendo dos libros —uno de ellos le tienes delante—, comenzó la escritura de un tercero, de diferente temática y como vehículo de distracción. De este último saco la siguiente analogía, y es que tal como Byron, Polidori y la entonces Mary W Godwin crearon obras que trascienden al tiempo durante su encierro en Villa Diodati en «el año sin verano», no es la primera vez que Alejandro ha combatido la adversidad con praxis, suponiendo este libro también una invitación al lector para no dejarse vencer por la dificultad ni el tedio.

Alex (como yo le llamo) no es solo una persona con una dilatada experiencia académica, también cuenta con una vasta pericia profesional y personal, combinadas con una sempiterna dedicación al aprendizaje que convierte en su principal hobby. Saber esto nos ayuda a comprender la meticulosidad que envuelve su proceder, destacando una pluralidad de aspectos de los que yo, querido amigo, me quedo con su cualidad humana. Porque lo que más me impresiona de él, lo que para mí representa su principal virtud, es el ser buena persona, aspecto que extiende al querer motivar a otros a que también lo sean.

Este libro es una extensión de su generosidad, intentando construir un entorno mejor a través de las páginas que lo conforman, bañadas por su toque personal de hacer accesible lo complejo a través de una narrativa amable, fresca y dinámica. De esta manera, logra combinar el gran esfuerzo documental que hay detrás de su trabajo con una obra que puede ser disfrutada por todo tipo de lectores, cautivando tanto a los amantes de lo sencillo como a quienes optan por lecturas más académicas, a través del espacio que crea en sus líneas (donde la ciencia no es enrevesada ni distante).

Por ello, te invito a leerlo con atención y con amor, porque de esto último rebosa su obra y nos impregna a medida que vamos pasando sus páginas. Un amor por ayudar a entender que la mente no tiene que convertirse en nuestro enemigo, sino nuestro mejor aliado, y así Alex nos enseña cómo funciona el arte de cuidar la mente y cómo podemos utilizarlo a nuestro favor. Esta obra que tienes en tu poder es un regalo del que me atrevo a decir que te ayudará a transformar tu vida.

Cipri Quintas
(Empresario, escritor y conferenciante)

Aprehender a aprender, más allá del tópico

La ciencia es algo más que una mera descripción de los acontecimientos tal como ocurren. Es un intento de descubrir un orden, de mostrar que algunos hechos tienen unas relaciones válidas con otros…

La ciencia es una disposición para aceptar los hechos aun cuando estos se opongan a los deseos. Quizá los hombres prudentes han sabido siempre que estamos predispuestos a ver las cosas tal como queremos verlas en lugar de como son…

Lo opuesto al pensamiento del deseo es la honradez intelectual, cualidad extremadamente importante para el científico eficaz…

La ciencia es, desde luego, algo más que un conjunto de actitudes. Es la búsqueda de un orden, de uniformidad de relaciones válida entre los hechos…

En un estadio posterior, la ciencia avanza de la recopilación de reglas o leyes a más amplias ordenaciones sistemáticas. No solamente hace afirmaciones acerca del mundo, sino que elabora proposiciones de proposiciones. Construye un «modelo» del tema que le interesa, lo cual le ayuda a generar nuevas reglas, así como las propias reglas generan nuevas prácticas al tratar nuevos casos aislados…

El «sistema» científico, al igual que la ley, está ideado para ayudarnos a manipular algo con mayor eficacia. Lo que llamamos concepción científica de una cosa no es conocimiento pasivo. A la ciencia no le interesa la contemplación. Cuando hemos descubierto las leyes que gobiernan una parte del mundo que nos concierne, y cuando las hemos organizado sistemáticamente, estamos preparados para tratar eficazmente esta parte del mundo. Predicando un acontecimiento podemos prepararnos para cuando suceda. Disponiendo las condiciones en la forma especificada por las leyes de un sistema, no solamente predecimos, controlamos: «hacemos» que un hecho ocurra o asuma determinadas características. (Skinner, 1971)

Este libro pertenece a una pequeña colección orientada al cuidado de nuestra salud, tratando sucintamente sus aspectos más relevantes enfocándolo en el ejercicio físico, la alimentación y, por supuesto, el tema de esta primera parte: la sesera. En la medida de lo posible, he intentado que la lectura sea amena, al igual que debe serlo la introducción de estas rutinas en la cotidianidad, puesto que intervendrán activamente en nuestra calidad de vida directa e indirectamente, porque estar sano va más allá de cómo nos sintamos o nos vean. Llegar a un estado de felicidad se torna más complicado cuando no poseemos un estado de salud, sobre todo, e salud mental, lo que hace imprescindible prestar la mayor atención en cuidarnos, porque cuidarse, querido lector, es todo un arte.

La OMS define salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades (WHO, s.f.), por lo que el mental es un campo imprescindible a tener en cuenta y no descuidar cuando se quiere gozar de buena y plena salud. Por destacar algún aspecto al que se le debería dar importancia en la búsqueda de una mayor higiene mental, ese sería la adquisición de conocimiento de calidad, para que nos ayude a gestionar con mayor eficiencia las situaciones que nos acompañarán durante nuestra preciada vida.

El balance cualitativo es importante y debe prevalecer sobre el cuantitativo, puesto que uno necesita plantearse la adquisición de conocimiento de calidad, no simplemente en cantidad. Aunque no es intención ir contra el dicho popular de que «el saber no ocupa lugar», sí se pretende destacar que, aunque el lugar que albergue al saber sea inmenso, la capacidad de almacenaje puede hacer que prevalezcan unos conocimientos sobre otros, se olviden aquellos que no se hayan adquirido de manera sólida o que se anulen unos después del descubrimiento de otros que invaliden los primeros. Por eso, desde aquí se propone un proceso selectivo para aquello que nos va a suponer un saber de calidad, que no suponga una alerta constante, pero sí que se tenga en cuenta y se trabaje —o se «entrene»— para que nos adaptemos a ello.

Para todo esto, trataremos lacónicamente cómo podemos realizar esa hazaña de adquirir conocimiento de calidad y veremos también algunos ejemplos que, espero, le entretengan a la vez que le ilustren. Hay un proceso que es crucial a la hora de iniciarnos en la aventura de conocer, y es el aprendizaje. Y, para ello, es necesario introducirnos en un contexto de aprendizaje, crear situaciones en la que se den tanto procesos de adquisición como de apropiación de conocimiento donde discernamos también su calidad. Para nutrirnos de ese conocimiento, debemos seguir varios pasos que comentaremos de manera breve.

En la teoría ecológica, el autor Urie Bronfenbrenner (1987) plantea la influencia que tiene el ambiente sobre el desarrollo psicológico de las personas desde el comienzo del ciclo vital. De esta manera, el entorno en el que crecemos, nos relacionamos y con el que interactuamos dinámicamente afecta y configura a cada individuo y, a su vez, cada individuo también incidirá en ese ecosistema con sus características personales.

Dado lo importante de la relación entre ambiente y persona, y cómo ambos interaccionan entre sí pudiendo actuar como agente facilitador o inhibidor, debemos convertirnos en un factor promotor del aprendizaje. Para ello, el ambiente sociocultural que nos rodee va a contribuir u obstaculizar el proceso de aprendizaje, y nosotros, como sujeto activo en ese ambiente, también contribuiremos a un entorno social más o menos favorecedor.

Otro autor, Albert Bandura (Barahona, 2017), sostiene en su Teoría Congnitivo Social que los factores ambientales, situacionales, cognitivos, personales, de motivación y de emoción interactúan entre sí a la hora de influenciarnos. Es decir, que más allá de nuestra capacidad innata para procesar información, existen una serie de factores que van a contribuir en nuestro aprendizaje a la hora de adquirir conocimiento, por lo que es necesario destacar la importancia del entorno en este proceso.

BF Skiner afirmaba en su condicionamiento operante que el aprendizaje tiene lugar cuando una respuesta va acompañada de un estímulo que la refuerce, y en función del estímulo recibido podrá actuar reforzando o disminuyendo la conducta (Myers, 1999). Imaginemos que la caja que utilizaba Skiner para estos experimentos es nuestro entorno (el que sea, en el momento que proceda), y nosotros esas ratas o palomas objeto del experimento; pero imaginemos también que no llega el refuerzo o castigo de manera externa, es decir, que intentemos procurar dicho refuerzo positivo nosotros mismos a través de nuestros logros. Me explico a continuación.

Imagínese que usted se propone bajar de peso y para ello toma la sabia opción de acudir a un profesional (ojo, ya veremos que un profesional no es necesariamente quien ejerce una profesión, pero dejemos algo para después) y aprende una serie de hábitos y conductas que le encaminan en su objetivo. Ese refuerzo positivo deberá llegar desde usted y hacia usted, una vez que avance en su proceso y contemple sus cambios, pudiendo convertirse en un castigo o refuerzo negativo si usted se sale de la línea y no obtiene ese resultado que espera.

Skiner también hablaba de estímulos neutros u operantes neutrales, proporcionados por el entorno y que no poseen influencia en nosotros. Pero Ivan P. Paulov, con su condicionamiento clásico, propone que un estímulo neutro originariamente (ni positivo ni negativo) puede tornarse beneficioso o perjudicial, estableciendo una relación entre tal estímulo y otro que provocaría la respuesta deseada (Papalia, & Wendkos, 1987).

Volviendo al ejemplo anterior, si usted modifica su alimentación y hábitos hacia un fin salubre, conocer el objeto de ese camino puede hacerle entender mejor el medio para llegar a ese fin, estableciendo una asociación positiva entre comer un plato saludable más allá de la mera palatabilidad cuando le apetezca otra opción menos salubre, o realizar ejercicio físico cuando realmente su mente le está pidiendo sofá y caja tonta. Sí, también aquí se le pueden buscar los tres pies al gato, porque con esto no se anima a nadie a tornar un proceso saludable en insalubre a base de convertirlo en obsesión. También trataremos todo eso más adelante.

Vamos uniendo aspectos y adaptándolos a nuestro caso, a los que sumamos otro más que es el Principio de Premack (o de probabilidad diferencial). Este nos dice que una conducta que despierte interés puede utilizarse como refuerzo para otra conducta que originariamente no nos parecía interesante (Klatt, & Morris, 2001). Volviendo al propósito de bajar de peso, aumentar el gasto energético adoptando un estilo de vida saludable acompañado de una educación alimentaria, pueden ser aspectos que despierten poco interés debido a que, según en qué individuos, tardarán más o menos en arrojar mejoras visiblemente apreciables (o unos sujetos tienen menos paciencia que otros), pudiendo esto actuar como agente inhibidor haciéndonos plantear tirar la toalla.

Pero si nosotros sabemos que ese proceso, que a veces puede no parecer agradable, va acompañado de resultados que sí agradan, las posibilidades de que no se abandone tal proceso aumentan, por lo que en la vinculación de dos estímulos deberíamos conocer tanto los beneficios de hacerlo como los perjuicios de no hacerlo (alimentación saludable frente a cardiopatía, ejercicio físico frente a enfermedades no transmisibles causadas por sedentarismo, terminar una comida social con un café o infusión en vez de con una copa, etc.). Teniendo esto en cuenta, muy posiblemente una opción se imponga sobre otra y nos ayude a tomar una buena decisión que agradeceremos posteriormente.

Siguiendo el ejemplo, cenar una ración de ensalada campera con un vaso de agua de acompañante puede parecer menos atractivo que unos nachos acompañados por una jarra de cerveza. Pero el que aceptemos la ensalada como cena tiene más probabilidad de ocurrir si lo asociamos a optimizar los biomarcadores de salud y no solo tengamos en cuenta el momento hedónico que nos puede proporcionar esa ingesta, pensando más allá de satisfacer nuestro paladar satisfaciendo también nuestra salud. Caminando hacia un objetivo salubre, también veremos favorecida nuestra estética, pero este proceso no tiene por qué correlacionarse al revés, puesto que la salud no siempre es un efecto secundario de trabajar lo estético (quizá, hasta sea contrario en no pocas ocasiones); no obstante, llevar una rutina orientada a mejorar nuestra salud, sí es causal con las mejoras estéticas que se producen de manera concomitante.

El título habla de aprehender («capturar algo o a alguien», pero también «captar algo por medio del intelecto o los sentidos» –RAE-, que es a lo que nos referimos aquí) a aprender («adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o la experiencia» –RAE-). Y para ello, desearía que usted me acompañara más allá del significado pueril que pueda representar este sintagma, porque para aprender (hasta a aprender) se necesita adquirir conocimiento mecánico, y esa adquisición será mayor cuanto más calidad tengan los recursos intelectuales de los que nos valgamos para asimilar nueva información. El aprendizaje no es solo un proceso lúdico, requiere dedicación y firmeza, o en palabras de Ricardo Moreno Castillo (2006): 
«Un buen investigador ha de dedicar primero muchas y muchas horas de estudio para tener una formación amplia en la ciencia en la cual debe investigar». Por ello, mientras se aprende a aprender, hay que comportarse como sujeto activo y meterse en materia o, como dice el dicho atribuido a Picasso, «que la inspiración te encuentre trabajando».

Piaget (2017) expone que el aprendizaje es un proceso constructivo en el que se relacionan nuevos contenidos dentro de las estructuras que ya se poseen, por lo que el proceso de aprendizaje va a depender no solo del desarrollo cognitivo de la persona y del entorno, como hemos leído, sino también del conocimiento previo que se tenga. Por eso, hasta para aprender a aprender, se necesita conocer, recopilar información y prepararnos para recibir, comprender y asimilar esa información. Debemos integrar y relacionar la información que recibimos con los conocimientos previos que tenemos almacenados en nuestra estructura cognitiva para que se produzca lo que Ausubel definió como aprendizaje significativo, con el objetivo de crear estructuras cognitivas estables (Ausubel, 1976; 2002, citado en Rodríguez, 2011).

El aprendizaje significativo se distingue del memorístico en que, a diferencia de este último que es de tipo mecánico o repetitivo (no se asocian los conocimientos nuevos con los existentes, requiriendo un gasto energético mayor a la hora de almacenar lo aprendido), ocurre al establecer relaciones entre conceptos nuevos y anteriores (o vinculados con la experiencia). De esta manera, al generarse estructuras complementarias a las ya existentes en nuestra psique, el gasto energético es menor y la retención del nuevo material se hace más sencilla al ir relacionado con un esquema cognitivo preexistente (Vega, 2018). En este punto entran las teorías multialmacén, donde se sugiere que el aprendizaje comprende una serie de fases en las que tiene lugar el procesamiento de la información.

Los análisis más profundos conllevan un almacenamiento más perdurable de la información que adquirimos, por lo que cómo impacta en nosotros y el interés que le ponemos son dos aspectos determinantes, si bien no los únicos (pensar sin aprender ni comprender, no conduce a buen derrotero).

La mera repetición podrá ayudarnos con la memoria a corto plazo, pero es su comprensión y dedicación la que almacenará la información en la memoria a largo plazo. Debemos comprender el conocimiento que adquirimos, para lo que tendremos que utilizar las estrategias que promuevan esa adquisición o, por ejemplo, como decía Confucio, «me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí». Tiene relación con el interés pedagógico de John Dewey mediante su aprender haciendo, la «Educación por la acción», en la que promueve la experimentación y la solución de problemas prácticos (Lafuente, 2017). En ocasiones es interesante fomentar el interés por la tarea, no solo por el producto.

Ahora, en nuestros tiempos, tenemos la gran suerte de cabalgar a hombros de gigantes en cuanto al conocimiento, gracias al trabajo que han desarrollado otros a través de la historia, de quienes, con sus luces y, en ocasiones, sus sombras, hemos podido nutrirnos de gran cantidad de información. Poder alimentarnos del conocimiento de otros es un regalo que no deberíamos desperdiciar aprendiendo sin comprender lo aprendido.

Una vez instalados en un contexto favorable donde se dé el aprendizaje, debemos adentrarnos en otro entramado proceso: la búsqueda de información de rigor que nos ayude a construir un conocimiento de calidad. Y para esto necesitamos adherirnos a una metodología que no solo escudriñe aquella información que rrecibimos, sino que también nos ayude a buscar e identificar aquella que es de calidad y desechar la que no lo es. Para ello, existe el método científico, cuyas premisas son extrapolables a innumerables campos y cuyo conocimiento es importante si queremos que se dé ese aprendizaje cualitativo anteriormente mentado. Resumiré esta metodología basándome, principalmente, en el Discurso del método, de René Descartes (2010), y la Lógica de la investigación científica, de Karl Popper (1980).

Una de las definiciones de la RAE para método es procedimiento que se sigue en las ciencias para hallar la verdad y enseñarla, pero el concepto de método viene del griego méthodos o «camino», designando el medio usado para alcanzar un objetivo; ciencia viene del latín scientia, cuyo significado es «conocimiento». Por lo tanto, podríamos decir que el método científico es el «camino al conocimiento», y este está lleno de reglas y metodologías que nos aseguren un grado de evidencia lo más alto posible.

En la segunda parte del libro Discurso del Método, Descartes nos habla de cuatro reglas en las que basa su fundamento metódico para evitar caer en errores, distinguiendo lo veraz de lo falaz y así encontrar nuevos conocimientos cimentados en las verdades ya existentes. Estas reglas, tal como se muestra en el libro, funcionan «para descubrir verdades, no para defender tesis o exponer teorías» (Descartes, 2010). Vamos a leer qué dicen.

En primer lugar, no aceptar como verdadero aquello que carezca de evidencia que así lo acredite. Esta es la premisa principal, en la que propone no aceptar como una verdad algo que no pueda evidenciarse de tal manera que no exista duda. Aquí podemos añadir lo que coloquialmente se conoce como Navaja de Hitchens, o que la carga de la prueba de quien realiza una afirmación reside en el enunciante, no teniendo el receptor del mensaje que demostrar su falsedad para refutar un argumento; quien lo enuncia es el encargado d adjuntar las pruebas de su veracidad. Para entendernos, si yo le comento a usted que en un cráter lunar hay una fotografía de cuando hice la primera comunión, no es usted el que deberá demostrar que eso es falso para desacreditar mi afirmación, debo ser yo el encargado de probar tal esperpento si quiero que sea aceptado como válido. El compendio vendría a decir que aquello que es afirmado sin aportar pruebas de su veracidad, puede ser refutado sin necesitar pruebas de su falsedad.

Vamos con la segunda regla de Descartes, basada en el análisis y consistente en dividir una complejidad tantas veces como se pueda y necesite para hallar así sus formas más simples, de las que depende, pudiendo, mediante este proceso, comprenderlo mejor. De esta manera, encontraremos las raíces de aquello que deseamos comprender para poder entender su evolución hasta el asunto inicial. Al segmentar un asunto concreto, podremos hallar en él aspectos más simples que nos ayuden a intentar comprenderlo, o también a empezar aprendiendo las bases que explican uno u otro fenómeno de mayor complejidad (y que requiere, para su comprensión, la previa adquisición de tales bases).

Y esto nos lleva a la tercera regla:

conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.

Esto complementa la regla anterior, donde una vez reducido lo complejo a simple, vamos avanzando y reconstruyendo desde lo simple hasta alcanzar de nuevo lo complejo con total entendimiento, logrando una síntesis analítica partiendo desde lo simplificado, permitiéndonos así el alcance y comprensión de parcelas más complejas. De esta manera, aumentamos nuestro conocimiento.

El último de sus principios o reglas consiste en el repaso de lo elaborado una y otra vez hasta cerciorarse de no omitir nada. Siguiendo esto, volvemos sobre nuestros pasos para comprobar que no nos dejamos nada y que no se han cometido errores en el proceso anterior. La ciencia no es absoluta ni dogmática, por ello debe revisarse y deben revisarla otros compañeros para replicar con efectividad los resultados obtenidos en un escrupuloso proceso que estará sujeto a revisión, modificación y estudio.

El saber científico trasciende a los hechos, los descarta, produce nuevos hechos y los explica, exprimiendo la realidad para ir más allá de las apariencias, no limitándose a la percepción de lo observado. No hablamos de un conglomerado de informaciones sin conexión, sino de conocimiento sistemático, un sistema de ideas o teorías unidas por una relación implícita caracterizada por la lógica (Bunge, s.f.). Se suele confundir teoría en términos científicos con hipótesis en términos populares, pero no es así.

Una teoría es una explicación sistemática comprendida por un conjunto de formulaciones que parten de un conocimiento sobre la materia, así como de una serie de hechos que aúnan cierta lógica y conceptos respaldados por el empirismo. Cuando hablamos, por ejemplo, de la Teoría de la evolución, no hablamos de una opinión subjetiva, tal y como ahora se pretende dar validez a estas últimas por el mero hecho de serlo, sino de una explicación objetiva sustentada en el conocimiento y comprobada que se fundamenta en la recolección de datos. Por lo tanto, tenemos que el método científico es un elemento muy útil para nuestra psique a la hora de procesar la información que recibimos. Veamos cómo esto se extrapola a muchísimos aspectos cotidianos y no solo a la lectura de papers o a la hora de emitir un juicio sobre algún producto o postulado complejo. Este método o conjunto de tácticas está dividido en una serie de procesos que pretenden garantizar la calidad de lo sometido a análisis y emitir un juicio lo más objetivo y veraz posible sobre aquello que se analiza.

Durante su desarrollo, recorremos varias etapas. Primero, formulamos una pregunta sobre un fenómeno observable o, si ya conocemos un tema, se pone a disposición una hipótesis o afirmación. Después de hacernos esa pregunta, nos ponemos a investigar sobre el tema para poder construir una hipótesis plausible (del griego hipo, «por debajo» y tesis, «conclusión que se mantiene con un razonamiento o argumento») fruto de la recolección de esa información.

Una vez tenemos esto, comienza la fase de experimentación para comprobar la veracidad de la hipótesis propuesta (se confronta la hipótesis con los hechos), la cual es sometida a una batería de pruebas que demuestren o no su veracidad, así como aquellas variables que puedan encontrarse en su entorno. Voy a hablarle de algunas de esas estrategias que resultarán útiles y extrapolables para diferentes dudas y aspectos que puedan surgirnos en nuestra cotidianidad.

Como necesitamos una demostración que valide la hipótesis, aplicamos diferentes metodologías como la refutabilidad de tal proposición, esto quiere decir que se intente buscar el fallo mediante diferentes pruebas. Después, tal afirmación debe atender a los criterios de reproductibilidad, es decir, otros colegas deben ser capaces de llegar a los mismos resultados y conclusiones que propone el estudio inicial, haciendo lo mismo en las mismas condiciones. El siguiente paso es realizar una revisión por pares del resultado con otros profesionales homólogos en la materia y sin conflictos de interés. Estos son pilares fundamentales de la investigación científica.

Entonces el camino se bifurca en dos senderos: el primero corresponde a si todo ha salido como se esperaba, y en caso afirmativo se elabora una tesis, publicándose posteriormente los resultados en los que se detalla un informe con las conclusiones. Si en algún momento la hipótesis es refutada en su totalidad o parcialidad, se vuelve a la casilla de salida sobre los pasos iniciales y toca empezar de nuevo en la construcción de una nueva hipótesis.

Bajo esta metodología, se pretende evitar juicios injustificados sobre aspectos que no conocemos a la vez que se intenta averiguar los porqués de aquello que no entendemos. Cuando los griegos presocráticos empezaron a preguntarse por las causas de los fenómenos que no comprendían, alejándose de los dioses y buscando otras explicaciones, dieron su primer paso hacia la ciencia. El escepticismo se abría camino junto con la preocupación por entender la naturaleza, provocando un divorcio con el pasado que duró siglos y siglos, pero «comprender el mundo posee un valor en sí mismo, conduzca o no a lo útil» (Weinber, 2015).

Los científicos también pueden cometer errores (a Galileo le pasó con las mareas o los cometas, y a Newton, con la refracción). Pero mientras que alguien verdaderamente profesional que sigue y trabaja el método científico advertirá de las limitaciones de su investigación, así como reconocerá su ignorancia en aquello que desconoce, un falso profesional basará su discurso en exaltar lo bueno y omitir (cuando no pueda maquillar) lo malo. De esta manera, al no airear los errores, estos se extienden e incluso se multiplican, gracias a la figura del falso profesional al que se le pueden atribuir distintos sinónimos según demande la ocasión: pseudocientífico, charlatán, estafador (si comercia con el engaño), y un largo et caetera.

Ha aparecido otra palabra clave, el «pseudocientífico» o falso científico, palabra que viene del vocablo pseudociencia (del sufijo griego pseudo, que indica falsedad, imitación o engaño), término para designar a la disciplina que pretende hacerse pasar por ciencia sin serlo y en la que no cabe método científico alguno. Es decir, mediante esta palabra (que no suelen usar quienes la consumen o comercializan), podemos designar un sinfín de mecanismos. Algunos de ellos hasta se visten de ciencia ordinaria e, incluso, incorporan parte de la metodología científica para adornar y/o justificar su producto, adjuntando en su mercadotecnia aspectos del método científico cuidadosamente seleccionados.

La pesudociencia normalmente es más «asequible intelectualmente» que la ciencia, proporcionando enunciados con respuestas fáciles y prometedoras a preguntas que la ciencia contestaría con mayor complejidad. Por ejemplo, la homeopatía tiene su metodología bien explicada y detallada, pero existe el problema de que se cimenta en premisas erróneas y su resultado —si lo hay— no va más allá del efecto placebo (Ernst, 2002), del que hablaremos próximamente en otro capítulo. Aquí entramos en otro punto, el identificar qué es pseudociencia de lo que no lo es, y para ello necesitaremos construir una base de conocimiento funcional que nos ayude con el procesado de la información que recibimos del exterior, reconociendo la calidad de esta, así como de sus fuentes.

Frecuentemente, la desesperación y malas experiencias con malos profesionales (hay que buscar profesionales académica y moralmente competentes) hacen que la gente se arroje a las pseudociencias al calor de ese trato humano que, en ocasiones, la medicina con sus prisas no les proporciona. Resumiendo, «las seudociencias son más populares que las ciencias porque la credulidad está más extendida que el espíritu crítico, el que no se adquiere recopilando y memorizando informaciones, sino repensando lo aprendido y sometiéndolo a prueba» (Bunge, 2012).

En el siglo xx surgió el concepto de posmodernidad con autores como Jean François Lyotard, Gilles Lipovetsky, Vattimo Luhmann y otros, algo que continúa aún en nuestro siglo gozando de bastante popularidad en muchas esferas. Es en este periodo donde nace un concepto para aludir al hecho de incorporar una falsa verdad que, mediante el uso del simplismo y el sentimentalismo, se pretende (y se consigue, en muchos casos) hacer pasar como verdadera (Lafuente, 2017). Esto desencadena una serie de consecuencias de las que enumeraremos algunas de ellas.

Gracias a esta estrategia de anteponer lo emocional a lo racional, el punto de referencia se desplaza del logos y se sitúa en un relativismo marcado fuertemente por los sentimientos, desarrollando un pensamiento débil que es más propenso a la manipulación y menos resolutivo para la gestión (utilizando el pathos como línea generatriz de la realidad). En varias ramas de la ciencia también se empiezan a «retorcer» las conclusiones y aumenta su dependencia de los contextos sociales, al igual que ocurre con científicos y expertos que actúan movidos por motivaciones externas a la búsqueda de la verdad. Estas cosas ocurren cuando la vinculación con una ideología es más fuerte que la ética o la profesionalidad (también se da porque, como decía el poema de Quevedo, «poderoso caballero es don Dinero»), y aquí cabe recordar que al conversar sobre ciencia con un científico que posea dichas motivaciones, hablamos con el científico; pero como intervenga la ideología en la conversación o en la motivación, hablaremos con el mílite.

Con la posverdad nos alejamos de las reglas fijas que buscaba Descartes para descubrir verdades y nos acercamos a las posturas orientadas a defender tesis o exponer teorías. Mario Bunge (s.f.), en La ciencia. Su método y su filosofía, dice que «…Mientras los animales inferiores solo están en el mundo, el hombre trata de entenderlo»; pero cuando el hombre colabora con el relato y abandona la razón objetiva, los hechos pierden valor y la razón se transforma en lo que cada cual considere según su criterio (o el de los demás), ganando presencia el emotivismo.

Para retorcer la verdad hasta que se asemeje al relato, construyen una visión alternativa que, o bien selecciona aquel dato susceptible de ser interpretado como argumento favorable, o lo oscurecen si no interesa, alineando el mensaje a una suerte de intereses coincidentes con los emisores o creadores de tal mensaje. Un masivo bombardeo de información propagandística cuidadosamente elaborada, eclipsará aquella información que contradiga la «oficial», puesto que no se busca educar sino convencer. Los errores perjudican a quienes los pagan, y estos no necesariamente son siempre quienes los cometen.

En este contexto aparecen conceptos como la infoxicación, o saturación de información que dificulta y confunde su procesamiento; la infodemia, o aumento masivo de información cuantitativa (pero no cualitativa) sobre un tema que puede resultar contradictorio; y el astroturfing, o estrategia mediante la cual se pretende convencer a otros a base de testimonios y acciones orientadas con fines propagandísticos, sin importar que la información que se vierta sea falsa o compuesta por medias verdades. Y todo porque:

En la era de la posverdad, las reglas del juego no incluyen la determinación de lo verídico a través de un proceso de evaluación racional, elevación y conclusión final. La posverdad asume que existen tantas verdades como individuos y cada uno elige la suya propia, como si de un buffet se tratara. (Aparici, & García, 2019)

Como corolario para este primer capítulo, podríamos concluir que el conocimiento nos da las herramientas para combatir y rechazar aquello que nos perjudica o nos perjudicará, y para llegar a esto debemos diferenciar la dimensión objetiva del conocimiento (la que contempla la realidad) de la subjetiva (relativa a lo que para cada uno supone esa realidad). La primera es la que nos permite reconocer qué es conocimiento y qué esbroza o pseudoconocimiento. En cuanto a la dimensión subjetiva del conocimiento, es la que cada uno de nosotros moldea en función del humus que se haya formado en nuestro cerebro con base en lo aprendido y que puede verse regulado por nuestro estado emocional, llegando a condicionar nuestra percepción.

Piaget e Inhelder (2015) señalan la existencia de un periodo preoperacional en el niño, en el cual no es capaz de utilizar su pensamiento lógico para transformar, separar o combinar ideas con eficiencia, lo que disminuye su percepción de la realidad al no ser capaz de manipular la información de manera eficiente. De esta manera, mediante la precausalidad, un sujeto cree comprender los mecanismos exteriores y objetivos de la realidad cuando lo que se produce es un aprendizaje basado en otros mecanismos de origen subjetivo.

El desorden del pensamiento conduce al desorden en la acción. Ante esto nos queda aprender, aprender y aprehender a aprender, porque pensar sin haber aprendido no ayuda en la comprensión de lo pensado y, de esta manera, difícilmente lograremos acomodar nuestra inteligencia para adaptarse y progresar en el entorno sin someterse a él. Y para diferenciar la realidad de la idealidad, está el conocimiento, y para llegar a él, volvemos al título de este capítulo, adjuntando una frase utilizada por muchos, pero atribuida al escritor y cómico Robert Orben: «si la educación te parece cara, prueba con la ignorancia».

Cuando aquí se habla de salud y de los cuidados que a ella conducen, se da por sentado el hecho de que tales atenciones supongan una rutina dentro de un estilo de vida que se pueda asumir con responsabilidad, criterio y gusto. Pero nunca con obsesión, porque el miedo a la enfermedad supone en sí un trastorno cuando la necesidad de salud crea una enfermedad. El temor a sufrir conlleva sufrimiento, y esa sensación de miedo por el sufrimiento futuro produce un exceso de tensión e incertidumbre que se traducen en un aumento del sufrimiento actual. No se puede dar lugar a la falta de cuidado de nuestra mente. Existe lo que se denomina trastorno de ansiedad por enfermedad, para describir a la sintomatología de quien interpreta unos síntomas físicos como una patología grave, desarrollando un miedo irreal al padecimiento que les mantiene en una continua atención exacerbada sobre su salud física.

El conocimiento no solo es útil en posesión, sino también en divulgación. La inteligencia es una cualidad que beneficia al que la posee y también al que tiene la suerte de encontrarse y conversar con alguien que la posea. Aprender de quien tiene algo que aportarnos es una suerte, si tiene a su lado alguien inteligente compartiendo su conocimiento de manera altruista, considérese afortunado.

Yo utilizo la expresión odisea del náufrago para aludir al más o menos tedioso proceso que empieza desde que se decide recorrer un camino complejo hasta finalizarlo. Imagine que es un náufrago cuyo barco en el que navegaba sufrió un accidente y ahora conforma un pecio en el lecho marino. Usted, flotando en el agua, tiene dos opciones: quedarse quieto y esperar, puesto que todo camino parece igual y no se divisa tierra alguna, o elegir una dirección para nadar y ponerse en marcha. Inicialmente puede parecer que, por más que nade, el resultado es el mismo que si se hubiera quedado sin hacer nada: agua y más agua… y fatiga. Pero no es así. Usted, aunque no lo perciba, está avanzando, y la única manera de llegar a tierra firme es moviéndose y encaminando acciones que conduzcan a ese fin (como conocer hacia dónde debe nadar, aspecto importante), no adoptando una posición derrotista. Ha de entenderse el símil, para no hacer la nota más larga especificando que el barco no emitió señal de socorro alguna y no compensa quedarse a esperar, que la temperatura y condiciones del agua propiciaban la marcha, etc.

Hay autores de los que se puede aprovechar prácticamente todo y otros de los que apenas nos queda algo interesante, pero esto es la maravilla del legado que nos han dejado y van dejando, el poder sacar algo provechoso hasta de quienes en su día metieron la pata con alguna que otra cuestión.

Últimamente es trendy decir que cada uno tiene una opinión y que hay que respetar todas ellas por igual. Hay que diferir aquí, puesto que el ser una opinión más o menos respetable no es implícito al derecho que se tenga a expresarla, sino al carácter de esta. Por ejemplo, el canibalismo formó parte de varias culturas como las mesoamericanas, algunas africanas e indonesias, pero no por el hecho de que se opinara desde ellas aspectos reivindicantes de tal práctica, debemos respetarlo. Por supuesto, todas las opiniones tampoco deben ser del mismo valor; una opinión debería contar más o menos en función de su respaldo argumental, como seguro le pasaría a cualquiera que acude a consulta de dermatología para que evalúen una mancha sospechosa que le ha salido en la piel a quien probablemente, le valdrá más lo que opine el dermatólogo al respecto que la opinión del que está sentado a su lado en la sala de espera.

Además, las ramas pseudocientíficas han sabido llegar mejor al vasto público, acompañadas también de grandes campañas de márquetin en las que se aprovechan hábilmente las limitaciones fácticas del conocimiento racional para hacer pasar especulaciones desenfrenadas, y datos no controlados, por resultados de la investigación científica. Como la ciencia genuina es difícil, exige mucho esfuerzo, paciencia y la generalización masiva de una alta educación cultural que, dada la estructura actual de los sistemas productivos, solo está al alcance de una pequeña minoría; la pseudociencia prospera en las sociedades industrializadas con más facilidad que el conocimiento desinteresado y que el escepticismo organizado (Bueno et al., 1991). Podemos encontrar grandes empresas, figuras famosas y reclamos publicitarios muy bien trabajados que enfatizan el quién en vez del qué.