EL Rincón de Yanka: LIBRO "BIOÉTICA EN TIEMPOS DEL COVID-19" por JOSÉ RAMÓN AMOR PAN 🔆👴👵💀

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lunes, 30 de mayo de 2022

LIBRO "BIOÉTICA EN TIEMPOS DEL COVID-19" por JOSÉ RAMÓN AMOR PAN 🔆👴👵💀


BIOÉTICA 
EN TIEMPOS DEL COVID-19



El coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI denuncia “la falta de recursos en salud pública”.
El experto presenta el libro ‘Bioética en tiempos de Covid-19’ en un encuentro digital: “Los informes sobre la atención a mayores son para ponerse a llorar”.

“Desde hace diez años, no se ha invertido suficiente en recursos, en salud pública, no se han cubierto las bajas de muchos profesionales”. Es la denuncia que lanzó esta tarde José Ramón Amor Pan, presidente del Comité de Ética Asistencial del Complejo Hospitalario Universitario de la Coruña y Coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI. Amor Pan alzó la voz en nombre de los sanitarios españoles durante la presentación del libro ‘Bioética en tiempos de Covid-19’, en un encuentro digital moderado por la periodista Sandra Várez.
“El gran problema del COVID-19 en nuestro país de manera sobresaliente ha sido un problema de gobernanza y de recelo institucional. Quienes tienen responsabilidad de esta gobernanza, tendrán que rendir cuentas en su momento”, lamentó Amor Pan, que puso como ejemplo el hecho de que se creara un grupo de expertos en bioética, existiendo ya un Comité Nacional de Bioética.

Apostar por la Sanidad

“Estamos más irritados que en la primera ola, porque en ese momento estábamos desprevenidos. Estamos indignados porque no ha habido una apuesta por la Sanidad. Evidentemente esto no es un paraíso, pero sí se podría haber evitado que la política tuviera una gran injerencia”, denunció María Rosa Arroyo Castillo, vicepresidenta general del Consejo General de Colegios de Médicos de España
Sobre la mesa redonda virtual, también se puso el problema de las residencias. Eva Fernández Mateo, enfermera y presidenta de Acción Católica General, apuntó que “es un problema estructural de cómo vive nuestra sociedad y, donde los mayores no producen”. “No solo hay un déficit estructural sanitario para atender a los ancianos, tenemos que integrar las residencias en el sistema para que no se queden desconectados y que ni siquiera tuviéramos la posibilidad de tener un contacto más directo con ellos. Estoy convencido de que se va a modificar el modelo”, dejó caer Arroyo Castillo.

Sentirse cuidados y amados

“El informe de Médicos Sin Fronteras al respecto es demoledor y para ponernos a llorar. Y sabíamos lo que pasaba antes de la pandemia”, añadió Amor Pan que comentó cómo muchas residencias han decidido “pagar los 6.000 euros de sanción por no tener médico y seguir igual”. “Hay muchos pecados de omisión en los que hay que entonar el mea culpa en residencias confesionales”, remarcó.
“El anciano no quiere que se le cuide solo físicamente, sino, sobre todo, que se le ame”, explicó el doctor René Zamora Marín , presidente del Comité Nacional de Bioética de Cuba, director del Instituto de Bioética Juan Pablo II de La Habana y Académico de la Pontificia Academia para la Vida. “Tenemos que hacer una revolución en las residencias de ancianos, pero no va a tener un final feliz si no tejemos una alianza de fraternidad”, advirtió Amor Pan.

Sobre la segunda oleada de contagios, con la mirada puesta en los jóvenes, el experto en bioética apuntó que “no basta con promulgar normas, hace falta un mayor compromiso personal”. “Nos falta crecer en una cultura donde hay responsabilidad. No podemos pedirles altura de mira a los jóvenes, cuando no les hemos pedido responsabilidad en casa o en la escuela ante otros temas”, añadió Fernández Mateo. “Hay que hablar más de la bioética de la cloroquina”, sentenció Arroyo Castillo.
El director general de la Fundación Pablo VI, Jesús Avezuela, cerró el acto valorando la pedagogía presente en la nueva obra de Amor Pan: “No solo utiliza un lenguaje sencillo, sino un lenguaje claro que hace entender lo que es la bioética global, afectiva y efectiva”.

“Las residencias de ancianos no deben ser un negocio ni basta con la buena voluntad. Hay que esmerarse en la preparación técnica y ética de quienes van a trabajar en nuestras residencias de ancianos”.
El doctor en Teología Moral, José Ramón Amor presenta: ‘Bioética en tiempos del Covid 19’: “La sociedad reclama una revolución de las residencias de ancianos”

La Fundación Pablo VI celebró ayer una video conferencia para presentar el libro "Bioética en tiempos del COVID-19” escrita por José Ramón Amor Pan, doctor en Teología Moral y coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI.
La obra, como indica su autor, “es un alegato en favor de la integridad, la dignidad, la humildad y la cooperación”.

Drama de las residencias de ancianos
Durante la conferencia, se abordaron los problemas más relevantes ocasionados por la pandemia de la COVID-19 que ha supuesto no solo un grave impacto sanitario sino también económico.
El drama vivido en las residencias de ancianos, el colapso de los hospitales, la obligación de tener que tomar decisiones críticas en situaciones límite, pone no sólo en cuestión los modos actuales de asistencia y cuidado de los más vulnerables, o la gestión y atención sanitaria, sino que obliga a un revisionismo general de nuestra normalidad en todos los ámbitos: social, político, científico, etc.

En el 50 aniversario del nacimiento de la bioética, el autor reclama "una Bioética global, afectiva y efectiva”.

Problema de gobernanza

Durante su intervención, José Ramón Amor recordó que los propios médicos venían denunciando una deficiencia del sistema sanitario. Pero el problema no ha radicado exclusivamente en la escasez de recursos del sistema sanitario, sino que fundamentalmente, la crisis sanitaria en España ha empeorado por "un problema de gobernanza e institucional, y tendrán que rendir cuentas".
En declaraciones posteriores a Religión Confidencial, José Ramón Amor, presidente del Comité de Ética Asistencial del Complejo Hospitalario Universitario de la Coruña, cuestionó la labor en concreto de Fernando Simón, cuando "cuestiona en público las cifras que da la Comunidad de Madrid. Esto no es dar ejemplo", afirma.
"Hay que remarcar la palabra confianza. Si no podemos estar seguro de la contabilidad de los propios gobiernos, hay un problema de confianza. Me pregunto cómo después de Stalin hay comunistas en el mundo. Lo dejo allí. En psicología se conoce como la negación de la realidad", insistió el experto en bioética.

"España no ha aprendido nada"
En su opinión, España no ha aprendido "nada" en esta segunda ola de la pandemia. "Para aprender de los errores, hay que estar en disposición de reconocer que a veces no no sabe de todo, y tener voluntad de trabajar en equipo", resalta Amor a RC.
Sobre el caos que se ha producido en las residencias de ancianos, muchos de ellos muriendo en soledad, que ha sido la gran tragedia de esta pandemia, el experto en bioética denunció las "17 legislaciones diferentes entre sí de atención a las personas mayores, con una ratio de atención a mayores absolutamente infumable".

Y aportó un dato escandaloso: "En residencias de ancianos, incluso las confesionales, había centros que preferían pagar 6.000 euros de multa interpuesta por la inspección antes de contratar a un médico. Por su parte, la inspección autonómica, imponía la sanción sin hacer nada más. Todos hemos cometido pecados de omisión".
"La sociedad reclama una revolución de las residencias de ancianos. Porque no pueden ser hogares, ni tampoco hospitales. Las residencias no pueden sobrepasar las 150 plazas y deben ofrecer un tercio de camas para dependientes con oxígeno y otros servicios sanitarios".

La soledad de los ancianos

También denunció la situación de muchas enfermeras de las residencias de ancianos, que ganan un 30% menos que en los hospitales. "La pandemia nos cogió con un sistema de atención a las personas mayores fragmentado", apuntó.
En el encuentro se puso sobre la mesa también el problema de la soledad de nuestras sociedad. El autor recalca en su libro que "en nuestras unidades de cuidados paliativos hay muchos enfermos que mueren solos, sin una mano amiga".

En la conferencia participaron María Rosa Arroyo Castillo, vicesecretaria general del Consejo General de Colegios de Médicos de España; Eva Fernández Mateo, enfermera y presidenta de Acción Católica General; y el doctor René Zamora Marín, presidente del Comité Nacional de Bioética de Cuba, director del Instituto de Bioética Juan Pablo II de La Habana y Académico de la Pontificia Academia para la Vida.

«Se quedaban en la residencia, 
los sedaban y morían. 
Esa es la verdad. Había instrucciones»

Santa Elena. En Torrent aseguran que del 25 de marzo al 2 de abril murieron nueve ancianos que no llevaron al General, y en Alcoy eran conscientes «de lo que se podía derivar al hospital»
Domingo, 24 de mayo 2020

Entre el 25 de marzo y el 2 de abril fallecieron nueve personas por coronavirus que vivían en el centro de mayores Santa Elena. No los llevaron al hospital. Se quedaron en la residencia. Los médicos los sedaron para evitarles el dolor y allí murieron». El testimonio, crudo, es de Francisco Nemesio, secretario y portavoz del patronato que rige este centro, referencia en Torrent desde que se creó en 1927 a través de una fundación inspirada en el humanismo cristiano.

Esta semana también se ha conocido un informe interno de la conselleria de Sanidad sobre estadísticas de lugares en los que ha habido víctimas mortales por coronavirus. Indicaba que un 57% de los residentes en los geriátricos valencianos fallecidos por la pandemia han muerto en sus centros y no en los hospitales. Eso supone que 6 de cada 10 enfermos de Covid-19 de las residencias no fue llevado a un hospital para su tratamiento. En esta pandemia han muerto 525 residentes, dos de ellos se contabilizaron ayer, después de tres días sin ningún fallecido, y ha dejado un rastro de más de 170 geriátricos afectados. Ahora hay 80 con algún caso.




La residencia Santa Elena está intervenida por la conselleria de Sanidad desde el 16 de abril, cuando empezaron a incorporarse sanitarios de la administracion autonómica. La toma de control de esas instalaciones culminó el 19 de marzo. Buena parte de la plantilla del asilo estaba entonces o enferma de coronavirus o en cuarentena. El patronato había lanzado un grito de socorro porque con los medios que tenía no disponía de manos ni medos para atender a sus residentes enfermos. Y pese a la intervención, siguió el goteo de muertes. «Había un protocolo que tenían establecido para no enviar a los mayores de 75 años al hospital. Se quedaban en la residencia, los sedaban y morían. Esa es la verdad», recalca Nemesio. «Había instrucciones», reitera.
«En el hospital no iban a llevarlos a la UCI ni a ponerles ventiladores. Todos tenían más de 80 años y la instrucción era no mandar al hospital a los mayores de 75 con patologías previas o con enfermedades crónicas», afirma dolido.
Durante los últimos 15 años la edad media de los mayores que viven en geriátricos se ha situado en 84 años y muchos de ellos presentan patologías y enfermedades crónicas, lo que dificulta un tratamiento exitoso, especialmente la intubación, a los que caen bajo las garras del Covid-19.
«De esta manera, sin llevarlos al hospital, no fallecieron ni uno ni dos ni tres residentes, sino muchos más», asegura Francisco Nemesio.

Recuerda este directivo del patronato de Santa Elena que entre el 12 y el 16 de marzo murieron tres residentes en el Hospital General ingresados días antes, cuando el virus todavía no había llegado a desbordar a los sanitarios. El 16 y el 18 de marzo murieron dos ancianos en la residencia. Del 21 al 24 de marzo expiraron tres residentes que habían sido hospitalizados tiempo atrás, igual que el 27, cuando finó otro en el General, «y entre el 25 de marzo y el 2 de abril fallecieron nueve residentes que no fueron hospitalizados», asegura. La conselleria de Sanidad tenía, y aún tiene, el control médico de la residencia Santa Elena. La conselleria ha llegado a medicalizar una treintena de geriatricos durante la parte más dura de la crisis, una de cada 10. Ahora aún hay 28 residencias intervenidas.

«A partir de la segunda semana de abril, cuando bajó la curva de contagio, ya volvieron a enviar a residentes de Santa Elena al hospital», sostiene Francisco Nemesio.

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El secretario del patronato y portavoz de la residencia Santa Elena ya relató cómo procedían los médicos destacados por la conselleria de Sanidad en Santa Elena. «Hemos pedido explicaciones de por qué no se llevan al hospital a los casos graves y nos han contestado que no se les aplican procedimientos extraordinarios», lamentó Nemesio. «Nos han dicho que se aplica el protocolo y que los mayores de 75 años con coronavirus y otras patologías que se pueden complicar ya no ingresan en la UCI del Hospital General ni se les conecta a un respirador automático. Los médicos hablan con la familia, les cuentan cómo está la situación y les solicitan permiso para aplicarle un tratamiento paliativo», describía Nemesio en los peores días de la residencia.

En esas fechas de las que habla el dirigente del patronato, el Hospital General, del que depende médicamente Santa Elena, no atravesaba por sus mejores momentos. El sindicato de enfermería Satse realizaba una denuncia pública sobre la saturación de este centro sanitario. Esta organización sindical, el 27 de marzo, aseguraba que la UCI estaba llena, tenía 250 pacientes ingresados en planta por Covid-19 y se estaba empezando a derivar a pacientes de otras patologías a diferentes hospitales. El General se quedaba sin hueco para los pacientes de las residencias.

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Por su parte, José Fina Pérez, directora asistencial de las residencias Domus Vi para la Comunitat Valenciana, que regenta los centros de Alicante, Cocentaina y Alcoy, el más afectado con diferencia por la pandemia con 75 mayores fallecidos, cifra dada por los familiares de los finados, también se pronunció sobre cómo se funcionaba en los días más crudos de la pandemia. Pérez afirma que en Alcoy «siempre hemos tenido el soporte del hospital», el Verge dels Lliris, pero también desliza que se actuó como buenamente se pudo: «Hemos sido muy conscientes de que había que derivar al hospital lo que se podía derivar porque había cierto colapso del sistema». Y apuntó también que «lo que está claro con esta crisis es que la sanidad no estaba preparada».

La consellera de Sanidad, Ana Barceló, negó el pasado martes que no se atendiera en los hospitales a los mayores con coronavirus procedentes de las residencias, pero tampoco negó que seis de cada 10 residentes murieran en la cama de su geriátrico. «No comparto que no se hospitalizaran los casos más graves. Siempre se hizo siguiendo el criterio clínico, fuera cual fuera la circunstancia», dijo. Barceló afirmó que a mediados de abril, en la fase más grave de la pandemia, «estuvimos a un 71 % de camas críticas, nunca se dio saturación» en los hospitales.

También dijo la consellera que «se trasladó a los departamentos de salud que el objetivo era cuidar de los mayores» y afirmó que «siempre ha primado la atención y la asistencia a las personas. Se ha seguido el criterio médico: ante la gravedad, hospitalización».

Aunque los datos y los testimonios de quienes han sufrido esta situación, como el de Francisco Nemesio o el del presidente de Aerte, la patronal de las residencias, José María Toro, no parecen dar la razón a la consellera.
José María Toro también ha manifestado que considera que hubo internos de los geriatricos, enfermos de Covid-19, que fallecieron por no ser trasladados a un hospital. Cree que posiblemente por la saturación del sistema sanitario «los hospitales no fueron capaces de dar respuesta», con lo que «hubo residentes que acabaron falleciendo en la residencia por no haber podido recibir esa atención».

Y en un informe de finales del pasado mes de abril, elaborado por la profesora de Psicología Social y doctora Sacramento Pinazo, afirmaba que durante la crisis «ha habido protocolos de triaje y se ha incluido la edad para la no realización de determinados procedimientos terapéuticos». El estudio de Pinazo, presidenta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, se redactó para la Universitat de València y el Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local.

Pinazo incidió en la discriminación. «El estado de cuarentena en el que nos encontramos desde el 14 marzo condiciona la elaboración de protocolos de triaje para facilitar la toma de decisiones clínicas en un marco de recursos insuficientes. Y se incluye la edad para la (no) realización de determinados procedimientos terapéuticos», indicó en el informe.

ABANDONADAS A SU SUERTE: G... by Yanka

ABANDONADAS A SU SUERTE LA DESPROTECCIÓN Y DISCRIMINACIÓN DE LAS PERSONAS MAYORES EN RESIDENCIAS DURANTE LA PANDEMIA COVID-19 EN ESPAÑA

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Bioética en tiempos del COVID-19