EL Rincón de Yanka: RENOVACIÓN DE LAS ESTRUCTURAS PASTORALES, PARROQUIALES, DIOCESANAS Y ECLESIALES

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CALENDARIO DE ADVIENTO 2017

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sábado, 12 de octubre de 2013

RENOVACIÓN DE LAS ESTRUCTURAS PASTORALES, PARROQUIALES, DIOCESANAS Y ECLESIALES



RENOVACIÓN DE LAS ESTRUCTURAS PASTORALES, 
PARROQUIALES, DIOCESANAS Y ECLESIALES


"No tengamos miedo de renovar 
las estructuras de la Iglesia". 




“Pablo distingue bien: hijos de la ley e hijos de la fe. A vino nuevo, odres nuevos. Y por esto la Iglesia nos pide, a todos nosotros, algunos cambios. Nos pide que dejemos de lado las estructuras caducas: ¡no sirven! Y que tomemos odres nuevos, los del Evangelio. No se puede comprender la mentalidad – por ejemplo – de estos doctores de la ley, de estos teólogos fariseos: no se puede entender su mentalidad con el espíritu del Evangelio. Son cosas distintas. El estilo del Evangelio es un estilo diverso, que lleva la ley a la plenitud. ¡Sí! Pero de un modo nuevo: es el vino nuevo, en odres nuevos”.

“El Evangelio – dijo también Francisco – ¡es novedad! ¡El Evangelio es fiesta! Y sólo se puede vivir plenamente el Evangelio con un corazón gozoso y con un corazón renovado”. “Que el Señor – fue la invocación final del Papa – “nos de la gracia de esta observancia de la ley. Observar la ley – la ley que Jesús ha llevado a su plenitud – en el mandamiento del amor, en los mandamientos que vienen de las Bienaventuranzas”. Que el Señor – concluyó – nos dé la gracia de “no permanecer prisioneros”, sino que “nos dé la gracia de la alegría y de la libertad que nos trae la novedad del Evangelio”.
  
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El padre Mallon da la clave para renovar las parroquias: 
expulsar okupas y crear expectativas altas

“La apropiación por parte del clero de lo que es propio de todos los bautizados”, como por ejemplo evangelizar, la llamada universal a la misión y a la santidad.

“El clericalismo aísla al clero y deja inmaduro al laicado”, denuncia Mallon. “Un buen padre desea hijos maduros. Y un clero aislado cae con facilidad en la soledad y el abuso de poder, algo que está en la raíz de muchos abusos”.

10 valores que cambian la parroquia
Con estas bases, Mallon planteó 10 valores para renovar las parroquias

Diez necesidades que renovarán la parroquia:

1- El fin de semana debe ser prioritario: “hagamos que el fin de semana sea la mejor experiencia para nuestros fieles”… hasta desbancar a otras propuestas.

2- Hospitalidad y acogida: absolutamente esencial

3- Música que eleve: sea tradicional o moderna, ha de elevar el alma

4- Homilías transformadoras: que no sean solo informativas

5- Que la comunidad sea real, significativa: los feligreses han de conocer a los miembros de su comunidad, tratarse con ellos, verlos importantes… eso se suele conseguir con grupos pequeños

6- Que cada feligrés sepa lo que la parroquia espera de él: “en las organizaciones sanas cada uno sabe lo que se espera de él”

7- Detectar las fortalezas y talentos y usarlos: en vez de detectar agujeros en la estructura y llenarlos (“necesito a cualquier para hacer catequesis de niños”), se ha de detectar las capacidades de la gente y ponerlas a rendir para el Reino de Dios.

8- Usar comunidades pequeñas; cuanto más grande eres, más pequeño necesitas ser: en el caso real de Saint Benedict “tenemos 250 parroquianos en grupos que se reúnen en casas”.

9- Experiencia del Espíritu Santo: cultivar sin miedo sus dones y carismas

10- Cultura del invitar: “si los parroquianos ya están realizando los otros 9 puntos, este les saldrá de forma natural”, comenta Mallon.

Hablando con sacerdotes

Mallon dio más detalles en un encuentro especial en el ENE orientado para sacerdotes al que accedió ReL.

Ante unos 30 sacerdotes, Mallon explicó que el Documento de Aparecida, redactado por Jorge Mario Bergoglio y que debe orientar la evangelización y prioridades de la Iglesia en América, y perfectamente aplicable a Europa, llama a una “conversión pastoral” y usa 121 veces el concepto “discípulos misioneros”.

“En Aparecida por primera vez en la Iglesia se desarrolla un plan pastoral usando investigaciones y estudios que analizan por qué los católicos dejan la Iglesia y se van a los evangélicos y otros grupos religiosos. Lo explica en los párrafos 225-226”.

Las 4 causas por las que dejan el catolicismo

La gente no deja la Iglesia Católica por razones teológicas sino vivenciales, por 4 cosas que la Iglesia Católica predica pero no practica en muchos sitios:

- La gente busca la experiencia religiosa, el encuentro personal con Cristo

- La gente busca vida de comunidad que no encontraba en la Iglesia Católica

- La gente busca formación doctrinal y bíblica que no encontraba en su parroquia

- La gente quería sentir un compromiso misionero en toda la comunidad, algo que no encontraron en la Iglesia Católica



"Si buscas resultados distintos, 
no pienses ni hagas siempre lo mismo". 
Albert Einstein

“Sin conversión pastoral 
no hay renovación pastoral y misionera”. 
Yanka


 Si hablamos de una Nueva Evangelización eso requerirá una Nueva Pastoral, unas nuevas estructuras, una nueva parroquia, una nueva diócesis, una renovada Iglesia…


SIGNOS DE RENOVACIÓN

Sombras
La resistencia al cambio de muchos sacerdotes y laicos, con una mentalidad cerrada y clericalista; la lentitud para impulsar procesos de formación profunda del laicado; persistencia de movimientos cerrados en sí mismos; prevalencia de la institución sobre la persona; falta de criterios para evangelizar el mundo urbano; sobrecarga de trabajo debida en buena parte a los pocos agentes de pastoral; falta de una mayor reflexión teológica y de una más profunda espiritualidad misionera, entre otras.

Desafíos
Los desafíos siguen siendo múltiples:
recrear y redefinir la identidad de la cada iglesia particular a partir de los nuevos contextos y, dentro de ella, renovar la identidad del Sacerdote, del Consagrado, del Laico; lograr una profunda espiritualidad, que anime todo el proceso; descubrir y atender los "nuevos areópagos"; superar las visiones excluyentes y los enfrentamientos entre grupos eclesiales aún en la misma propuesta metodológica de misión; valorar, potenciar, apoyar y proyectar la misión de los laicos en el mundo; encontrar nuevos cauces para la transmisión de la fe a las nuevas generaciones; animar una adecuada pastoral presbiteral, con mecanismos eficaces para acompañar a los presbíteros, especialmente en los primeros años; establecer procesos formativos más adecuados en los seminarios y casas de formación, en clave discipular misionera; descubrir y vivir la profunda interrelación entre comunión y misión.

EL DESAFÍO DE LA CONVERSIÓN PASTORAL

Principios teológicos
1. La Trinidad. La Iglesia, convocada y formada por la Santísima Trinidad, es por naturaleza misionera. El misterio de la Trinidad, en la comunión y la misión de las divinas personas, es la fuente, el modelo y el fin de la renovación misionera de la Iglesia.
2. Cristo y su Reino. Cristo es fundamento absoluto, modelo principal y contenido central de la misión. La Iglesia surge de la misión de Jesús y es enviada por él a evangelizar. Ella
- comunica la Vida en Cristo para que todos los hombres sean congregados en la única Familia de los hijos de Dios,
- prolonga el dinamismo del misterio de la Encarnación,
- sirve al crecimiento del Reino de Dios para que todos los pueblos tengan un proceso de conversión permanente hacia la santidad del amor, asumiendo con fe firme la Cruz, la alegría de la Pascua y la fuerza del Espíritu.
3. El Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el agente principal de la nueva evangelización. El Espíritu impulsa a la Iglesia misionera a un nuevo y permanente Pentecostés.
4. La Iglesia. La Iglesia es el Pueblo de Dios, que vive la comunión misionera,
- como don y tarea en cuanto participación de la comunión trinitaria,
- como sacramento de la presencia salvífica y amorosa del Padre en Cristo,
- como fraternidad en el Espíritu que se realiza en las iglesias particulares,
5. La Iglesia particular. La Iglesia particular es totalmente Iglesia pero no es toda la Iglesia. Es:
- el lugar privilegiado de la formación y de la misión para la comunión,
- el centro vital de la nueva evangelización,
- el sujeto de la pastoral orgánica, donde todos son sujetos evangelizadores,
- el rostro concreto de la Iglesia en comunidades socioculturales peculiares.


Criterios evangelizadores
1. Conversión permanente a la luz de la palabra de Dios. Promover la lectura orante de la Palabra de Dios y abrirse con docilidad a la acción del Espíritu para que sostenga un proceso de conversión misionera de las personas y de las comunidades, en sus corazones, mentalidades, criterios, actitudes, conductas, lenguajes, prácticas, métodos, planes y estructuras.
2. Comunión fraterna. Intensificar la vivencia de la Iglesia diocesana y parroquial como una "casa y escuela de comunión", que se manifiesta
- en la formación y en la vida de las pequeñas comunidades
- en el crecimiento de nuevas cualidades para la acogida, el servicio y la alegría
- en la opción preferencial por los pobres.
3. Participación laical. Detonar la participación de todos los bautizados, especialmente de laicos y laicas - también de la vida consagrada - en la comunión y la formación discipular,
- respetando los derechos de todos los bautizados,
- promoviendo ministerios diversos al servicio de la misión,
- ayudando a superar el clericalismo en la vida diocesana y parroquial.
4. Pastoral orgánica. Establecer criterios comunes para animar una pastoral orgánica diocesana radicalmente misionera que
- promueva y exprese la corresponsabilidad, la colegialidad y la solidaridad
- fomente una misión centrífuga (ir hacia) y una reunión centrípeta (convocar a),
- sostenga una pastoral de los vínculos y los procesos
5. Itinerario de pastoral kerigmática. Convertirse a una pastoral kerygmática que vive en el encuentro con Cristo por el Kerygma y sigue la pedagogía de Jesús en Emaús para acercarse a los alejados, caminar junto con ellos, preguntarles, escucharlos, acompañarlos y constituir una comunidad de amor que atraiga hacia el Resucitado.
6. Itinerario de conversión formativa. Convertirse a un itinerario de formación que parta del encuentro con Jesucristo y conduzca a una permanente conversión personal, que facilite una apasionada conversión pastoral que ayude a lograr y mantener estructuras pastorales al servicio del discipulado. Es necesario que el hilo conductor debe ser el Kerigma y su meta habitual la Eucaristía.
7. Comunidad misionera de comunidades misioneras. Convertir la parroquia en una comunidad misionera de comunidades misioneras insertas entre las familias y los pueblos mediante procesos permanentes de discernimiento, planeación, descentralización y articulación pastoral.
8. Comunidades al servicio del Reino de la Vida. Convertirse a una misión que sirva al crecimiento del Reino de la Vida plena en Cristo mediante un proceso de iniciación cristiana que forme personas libres y fraternas, y  comunidades que transformen las realidades de nuestro pueblo.
9. Nuevos espacios de la misión en el mundo actual. Intensificar la presencia diocesana y parroquial en los nuevos areópagos del mundo de hoy, especialmente en el ámbito de la cultura urbana, para acercarnos a los que no conocen a Cristo, atraer a los que se alejaron de la Iglesia y fortalecer a los que siguen en la Iglesia pero flaquean en su fe.

CRITERIOS DE RENOVACIÓN
La expresión "criterios de renovación" indica sugerencias prácticas que pueden servir de impulso a la renovación misionera de la Iglesia particular y la parroquia. Estas propuestas tienen como base y marco de referencia el hecho de que "el reto fundamental de la Iglesia es ser capaz de "promover y formar discípulos misioneros, que respondan a la vocación recibida", es decir, formar cristianos convertidos, convencidos y comprometidos. Ahora bien, la auténtica conversión sólo podrá darse a través del Encuentro personal con Cristo y la experiencia comunitaria; en tanto que la convicción vendrá de la experiencia personal del Encuentro con Cristo, fortalecida por la formación. De la conversión y la convicción surgirá el compromiso, como una consecuencia. Por tanto, un criterio fundamental de discernimiento para descubrir la autenticidad de la praxis pastoral y las estructuras eclesiales es su capacidad para contribuir de manera eficaz a la promoción y formación de discípulos misioneros.

Las siguientes propuestas que aquí se hacen quieren ser un estímulo a la imaginación creativa. 

1. Es necesario redescubrir el sentido y la necesidad de las estructuras. No hay que absolutizarlas ni menospreciarlas, sino precisar qué se entiende por estructuras y cuáles son las estructuras eclesiales que requieren ser transformadas. En el ámbito eclesial, la función primordial de las estructuras es facilitar que fluya la vida del Espíritu e impregne la vida de las personas y las comunidades; pero también garantizar la comunión, la participación y la misión de todos. Las estructuras son medios para la comunicación, el diálogo, el consenso, la corresponsabilidad. Deben caracterizarse por su flexibilidad, funcionalidad y dinamicidad. No cualquier estructura garantiza una renovación espiritual ni la fecundidad misionera. Esto implica también revisar a fondo el ejercicio de la autoridad, así como repensar la naturaleza jerárquica de la Iglesia en el actual contexto, y su función de ser garante de la unidad y la misión.

2. Es absolutamente necesaria una inclusión de los laicos, hombres y mujeres, en las estructuras de la Iglesia. Pues "la renovación de la Iglesia diocesana no será posible sin la presencia activa de los laicos". Esto implica que se les dé más espacio de participación a los laicos y a sus peculiares carismas seculares en todo el proceso de planeación pastoral: análisis, discernimiento, programación, ejecución y evaluación.

3. Es hora de conocer y poner en marcha algunas tipologías de la Parroquia o de instancias afines, sugeridas en el Código de Derecho Canónico. Entre ellas, la parroquia "in solidum", la parroquia personal o ambiental, la cuasiparroquia, la rectoría, la capellanía. Esto permitiría una mejor organización y atención pastoral a grupos humanos en contextos específicos.

4. Propiciar el encuentro personal con Cristo y la conversión de los cristianos más alejados como una prioridad pastoral absoluta. Esto implicará institucionalizar el kerigma y emplear los métodos y las estructuras que sean más eficaces y flexibles ante las nuevas y diversas circunstancias. 

5. Asegurar la experiencia comunitaria de cada bautizado. Esto implica la exigencia de rescatar e impulsar con gran fuerza y creatividad la creación de Pequeñas Comunidades Eclesiales, que sean auténticos espacios de la experiencia de Dios, de discipulado y de misionariedad. Es necesario que los bautizados "se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión".

6. Diseñar y llevar a cabo itinerarios de formación integral, sistemática, procesual y permanente, en todos los niveles de Iglesia. Ellos deben garantizar la iniciación o reiniciación cristiana a través de la catequesis; la maduración en la fe de cada bautizado; con una adecuada capacitación para vivir su vocación específica y ejercer sus carismas en la Iglesia y/o en el mundo. Puede hacerse a través de Institutos educativos católicos ya presentes o estableciendo nuevos centros de formación básica y diversificada en los diversos niveles de Iglesia, sobre todo en lo parroquial y lo diocesano. Los centros de formación cristiana (formación básica), las escuelas parroquiales de formación para laicos y los institutos diocesanos para la formación bíblica, teológica y pastoral deben ser apoyados con los necesarios recursos, tanto humanos, como pedagógicos, materiales y económicos.

7. Impulsar el compromiso pastoral y misionero. Esto implica revisar y potenciar los ámbitos de participación y de corresponsabilidad que favorezcan la participación integral y efectiva de todos los bautizados; así como el fomento de una adecuada "espiritualidad de comunión misionera" (cf. DA 203, 284). En este campo es extremadamente urgente que el sacerdote diocesano y los que están su proceso de formación inicial para el presbiterado entiendan y asuman la dimensión misionera como parte constitutiva de su identidad.

PROPUESTA METODOLÓGICA  Y RECOMENDACIONES

Propuesta medotológica
Para profundizar los contenidos del presente documento desde el contexto de cada Iglesia particular y parroquia, sugerimos generar espacios de reflexión a partir de estas cuestiones:
1. ¿Qué entendemos por estructuras eclesiales y cuáles son las estructuras básicas?
2. ¿Qué elementos caducos existen en la parroquia, como estructura eclesial básica?
3. ¿De las estructuras existentes en el nivel parroquial, ¿cuáles deben ser rescatadas y qué ajustes tendrían qué hacerse en ellas para que funcionen mejor?
4. ¿Qué dinamismos básicos (entiéndase fuerzas propulsoras) podrían fortalecer los procesos de renovación misionera de las parroquias y Diócesis?
5. ¿Qué estructuras nuevas habría que crear para impulsar dicha renovación?

Recomendaciones:
Para las Iglesias particulares. Que se le dé una mayor importancia a la cuestión de la vida parroquial, buscando mecanismos que ayuden eficazmente a su renovación misionera. Que se impulse y canalice la conversión pastoral de los miembros y las estructuras de las parroquias.
Para los Centros de Formación. Que en los programas de estudio de las Facultades de Teología, los Institutos teológicos, los Seminarios y las Casas de Formación Sacerdotal se incluya un curso sobre "Teología y pastoral de la parroquia" en la clave de Aparecida.
Que los consejos pastorales sean verdaderamente consejos eclesiales y no direccionales del párroco.

CONCLUSIÓN
Sólo una Iglesia en permanente estado de conversión y de renovación puede ser una comunidad en estado permanente de misión.


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Cuando falta la profecía en la Iglesia, falta la vida misma de Dios y predomina el clericalismo: es lo que ha afirmado el Papa Francisco esta mañana en la Misa celebrada en Santa Marta, el tercer lunes de Adviento.

El profeta, afirmó el Papa comentando las lecturas del día, es el que escucha las Palabras de Dios, sabe ver el momento y proyectarse en el futuro. “Tiene dentro de sí estos tres momentos”: el pasado, el presente y el futuro.

“El pasado: el profeta es consciente de la promesa y tiene en su corazón la promesa de Dios, la mantiene viva, la recuerda, la repite. Después mira el presente, mira a su pueblo y siente la fuerza del Espíritu para decirle una palabra que lo ayude a levantarse, a continuar el camino hacia el futuro. El profeta es un hombre de tres tiempos: promesa del pasado, contemplación del presente, valentía para indicar el camino hacia el futuro. El Señor siempre ha custodiado a su pueblo, con los profetas, en los momentos difíciles, en los momentos en los que el Pueblo se desanimaba o era destruido, cuando el Templo no estaba, cuando Jerusalén estaba bajo el poder de los enemigos, cuando el pueblo se preguntaba dentro de sí: ‘¡Pero Señor tú me hiciste esa promesa! ¿Ahora qué pasa?’”.

Es lo que “sucedió en el corazón de la Virgen, prosiguió el Papa, cuando estaba a los pies de la Cruz”. En estos momentos “es necesaria la intervención del profeta. Y no siempre es bien recibido el profeta, muchas veces es rechazado. El mismo Jesús dice a los fariseos que sus padres asesinaron a los profetas, porque decían cosas que no eran agradables: decían la verdad ¡recordaban la promesa! 
Y cuando en el pueblo de Dios falta la profecía, observó de nuevo el Papa, algo falta: ¡falta la vida del Señor!”.

“Cuando no hay profecía la fuerza cae en la legalidad”, predomina el legalismo. Así, en el Evangelio, “los sacerdotes iban a Jesús a pedirle la cartilla de la legalidad: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¡Nosotros somos los señores del Templo!’”. “No entendían las profecías. ¡Habían olvidado la promesa! No sabían leer los signos del momento, no tenían ni ojos penetrantes ni habían escuchado la Palabra de Dios: ¡solo tenían la autoridad!”.

“Cuando en el pueblo de Dios no hay profecía, el vacío que deja es ocupado por el clericalismo: es ese clericalismo que le pregunta a Jesús: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Con qué legalidad?’. Y la memoria de la promesa y la esperanza de seguir hacia delante se ven educidas solo al presente, ni pasado ni futuro esperanzador. El presente es legal: si eres legal vas hacia delante”.

Pero cuando reina el legalismo, la Palabra de Dios no está y el pueblo de Dios que cree, llora en su corazón, porque no encuentra al Señor: les falta la profecía. Llora “como lloraba la mamá Ana, la mamá de Samuel, pidiendo la fecundidad del pueblo, la fecundidad que viene de la fuerza de Dios, cuando Él despierta la memoria de su promesa y nos empuja hacia el futuro, con la esperanza. ¡Este es el profeta! Este es el hombre del ojo penetrante que escucha las palabras de Dios”.

“Que nuestra oración en estos días, en los que nos preparamos para la Natividad del Señor sea: ‘Señor, ¡que no falten los profetas en tu pueblo!’. Todos los bautizados somos profetas. ‘Señor, ¡que no nos olvidemos de tu promesa! ¡Que no nos cansemos de seguir hacia delante! ¡Que no nos encerremos en la legalidad que cierran puertas! Señor, libera a tu pueblo del espíritu del clericalismo y ayúdalo con el espíritu de profecía’”.


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