EL Rincón de Yanka

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lunes, 27 de julio de 2026

LIBRO "GRÜNARRIANISMO": De la Gnosis Progre-Luciferina 👿👥 de Anselm Grün por Dr. Federico Highton, S.E.


 GRÜNARRIANISMO
De la Gnosis Progre-Luciferina
de Anselm Grün
👿👥

 Dr. Federico Highton, S.E.

El objeto de estudio de este trabajo (o, mejor dicho, el subiectum, si seguimos la epistemología aristotélica), es la doctrina del teólogo alemán, Anselm Grün, «considerado el monje más famoso de Alemania» (Alonso, 3 de julio de 2020) y, según dice Castro Cubells en el prólogo a una obra de este monje germano, «conocido hoy en casi todo el mundo» (Grün, 2004a, p. 10).

El problema científico principal que ocupa este trabajo que aquí comenzamos, esto es, el gran tema a resolver o la gran pregunta a desentrañar en estas líneas puede resumirse en este interrogante: «¿es o no católica la doctrina de Grün?».
Nuestra hipótesis investigativa es doble y se resume en dos proposiciones: 1) la doctrina de Anselm Grün no es católica y 2) la doctrina de Anselm Grün es gnóstica.

Escribir un libro sobre Grün encierra un especial desafío ya que para él no hay ninguna autoridad: ni la Escritura (que él interpreta a su manera al punto de decir disparates aplicando el principio luterano del libre examen en grado máximo) ni el Magisterio infalible de la Iglesia (que él desprecia llamándolo «dogmatismo romano») ni Santo Tomás y la Escolástica en general (que él cree superados por la Teología Moderna) ni los argumentos de razón (que él elude con un pseudo-misticismo onírico gnóstico).

¿Cómo vamos a refutar a un sujeto que no acepta ninguna autoridad sino que es un librepensador en grado sumo? Nuestra estrategia será simple: nos limitaremos a demostrar que su pensamiento es profundamente contrario a la doctrina católica. De este modo, advertiremos a los fieles que en sus escritos no se encontrará la Verdad sino veneno a medida del gusto del hombre moderno.

Nos hemos tomado el trabajo de leer, citar y refutar, total o parcialmente, 79 obras (la mayoría libros y algunos ensayos) de Anselm Grün, lo cual es suficientemente representativo para conocer y desenmascarar a este lobo con piel de cordero (de la Introducción).

Hace casi catorce años asistíamos a la primera Misa del Padre Federico Highton (¡si hasta parece mentira todo lo que ha pasado desde ese entonces!).

Era una capilla pequeña en un orfelinato, con apenas un par de personas mayores y algunas niñas. Pero sabíamos que nuestro antiguo alumno, amigo y camarada, estaba comenzando un ministerio que daría que hablar; alguien que, como muchas veces nos alentamos mutuamente, buscaría por todos los medios terminar su vida o mártir, o exhausto de cansancio por predicar la verdad. Todo, menos esos obituarios aburridos y patéticos que dicen: “aquí yace Fulano de Tal: que nació tal día y murió tal otro”.

Tuve la gracia de que me pidiera predicar y la segunda gracia de guardar esa homilía que, en sus partes finales, decía:

“Por último, Padre Federico, quedan las palabras que a vos se dirigen. Esas palabras que sólo se pueden decir en el marco de una primera Misa de alguien que va a hacer mucho bien a la Iglesia si, como creo, te mantienes fiel y radical como hasta ahora.

Hacía meses que esperaba esta ordenación y ayer no pude contener las lágrimas al imponer mis manos sobre tu cabeza, mientras imploraba del Espíritu Santo el don de Consejo, ese don que ilumina la inteligencia para saber cómo obrar en cada instante.

Pero no las diré de mi boca, sino de boca de aquel santo que ha guiado gran parte de nuestro camino de formación y que hoy, providencialmente celebramos en sus primeras vísperas: San Francisco Javier.

Así decía el gran santo navarro desde Japón a sus compañeros jesuitas que se hallaban en España:

‘Venid a la misión; disponeos a buscar mucha humildad persiguiéndoos a vosotros mismos en las cosas que sentís repugnancia… y de aquí creceréis en mayor Fe, esperanza y confianza y amor de Dios y caridad del prójimo’”.

Pues hoy, más de una década después, es lo que exactamente el Padre Federico ha hecho: estar en la primera línea de misión, haciendo la opción preferencial por los pobres, los de verdad, los paganos que no conocen a Cristo y, desde allí, con un poder de concentración que hasta ahora no he visto en otro mortal, leer y refutar con sus escritos algunos temas tan fundamentales como repugnantes, sean éstos el budismo tibetano, el islamismo herético o la cábala talmudista.

Y esta vez ha entrado en las profundidades de otro tipo, el del psicologismo newageísta barnizado de catolicismo de una de las últimas vacas sagradas de la espiritualidad progre contemporánea: el monje benedictino Anselm Grün.

Hay libros que nacen para adornar bibliotecas… y hay otros que nacen para hacerlas temblar. El que el lector tiene entre manos pertenece, sin duda, a la segunda especie, haciendo con este libro lo que muchos consideran imprudente y otros directamente imposible: leer, estudiar, analizar… y luego juzgar no uno, sino decenas de las obras del monje alemán, cuyas obras han sido traducidas a más de 30 idiomas con más de 15 millones de libros vendidos.

– Perdón, ¿dijo “juzgar”?

Exacto. El padre Federico juzga -a pesar de que esa palabra cause urticaria en muchos oídos “tolerantes” de hoy. Y el fenómeno que analiza —con paciencia de cirujano y sin anestesia retórica— es uno de los más curiosos de nuestro tiempo: el éxito masivo de ciertas propuestas “espirituales” que, cuanto más se alejan de la fe católica, más parecen gustar… incluso dentro de ambientes que se dicen “católicos”.

Uno podría preguntarse: ¿pero cómo es posible? La respuesta es incómoda: porque muchas veces se prefiere una mentira agradable a una verdad exigente. Y aquí es donde este libro cumple su función: desmontar, paso a paso, una construcción que ha seducido a no pocos, mostrando sus presupuestos, sus fuentes y, sobre todo, sus consecuencias.

No se trata de una crítica superficial ni de un panfleto apresurado. Es el producto de una tesis doctoral en teología; estamos ante un trabajo serio, documentado, trabajado con ese raro equilibrio entre inteligencia y combatividad que caracterizaba a los grandes polemistas católicos de otras épocas, cuando todavía se entendía que la caridad no consistía en callar la verdad, sino en decirla a tiempo.

Pero alguno dirá que este libro es “duro”. Probablemente lo sea. Pero conviene distinguir: no es duro con las personas; es duro con los errores. Y eso, lejos de ser un defecto, es una obra de misericordia espiritual, tan olvidada como necesaria. Porque el error —especialmente en materia de Fe— no es un simple desacierto académico: es un veneno. Y si no se alerta sobre los venenos, terminamos bebiéndolos.

Y el Padre Highton, aún desde su hábitat propio de la misión, ha decidido no mirar para otro lado. Y eso tiene un costo. Siempre lo tiene. Pero también tiene un mérito: el de servir a la verdad sin negociar con la moda. Al lector le espera, entonces, un recorrido exigente pero iluminador. No encontrará aquí frases hechas ni concesiones al espíritu del tiempo, sino algo mucho más valioso: argumentos.

Y en una época que ha reemplazado el argumento por la emoción, eso ya es, en sí mismo, una forma de resistencia.

Terminemos con una advertencia —o, si se prefiere, una invitación—: este no es un libro para quien busca confirmación de prejuicios, sino para quien todavía cree que la verdad existe… y que vale la pena defenderla.

Los demás, probablemente, lo encontrarán incómodo.

Y eso, lejos de ser un problema, es una excelente señal.

P. Javier Olivera Ravasi, SE 

INTRODUCCIÓN

Palabras preliminares o motivos de la confutación

Anselm Grün (o Anselmo Verde, como lo llamaba graciosamente Caste­llani), «considerado el monje más famoso de Alemania», «conocido hoy en casi todo el mundo», autor de «"best-sellers" espirituales», «uno de los escritores cristianos de lengua alemana más leídos» y aun «uno de los es­critores cristianos más leídos de la actualidad» e incluso uno de los autores espirituales más leídos del mundo, leído «tanto en círculos progresistas como conservadores» (principalmente por mujeres), citado por muchos scholars como una autoridad en Teología, que ostenta «una reputación de es­cribir libros que combinan la reflexión espiritual y  una buena investigación [=scholarship] general», traducido a más de treinta lenguas (al punto de ser, curiosamente, uno de los más editados en República Checa e incluir lenguas como el chino, el ruso, el noruego y hasta el swahili), me irritaba por un simple motivo: su impostura se intuía con solo ver la tapa de los libros «de este monje benedictino que, según dice el prologuista de uno de sus libros, toca una cuerda particular en el corazón del hombre contemporáneo», lo cual torna urgente refutarlo ya que, como enseña el escoliasta Gómez Dávila (cuya «escritura fragmentaria» y «estética reaccionaria» iluminará nues­tro libro), «La idea deletérea no alcanza a veces a corromper a su inventor, pero corrompe a toda una posteridad imprudente».

Me sorprendía que sus obras ocupasen el centro de las vitrinas de tantas brillosas librerías católicas y que tantas señoras instruidas se gozasen de leer a este autor. Desde el vamos olía a gato encerrado. Luego se me fue la irritación, pues me habitué a sufrir la agobiante omnipresencia del espíritu progresista que, en el ámbito de la espiritualidad, termina infiltrando en las almas una especie de tibieza militante (si se nos permite el oxímoron), que acaban dispuestas a todo menos a defender la Verdad.

Como bien observa Caal Coy, no hay mucho escrito sobre Anselm Grün. Hace muchos años, el buen Padre Gabino Tabossi (que en paz descanse) re­futó a Grün y hace poco mi amigo el Padre Horado Bojorge, en una entrevista online en el portal QNTLC, denunció con lucidez y firmeza la heterodoxia de los gruñidos de Grün, todo lo cual es de suyo suficiente para que los bautizados decentes descarten a semejante impostor; pero como la plaga sigue en curso, sus libros se siguen vendiendo por millones, los videos online son difícilmente citables y siguen habiendo muchos laicos generosos que con santas intenciones apostólicas insisten en usar la pseudo-espiritualidad grü­niana para predicar retiros de conversión. 

Mi gran amigo el Dr. Carlos Romero Berdullas, uno de los pocos penalistas tomistas de la Argentina, me venía in­sistiendo para que refute sistemáticamente a Anselm Grün, a quien podemos llamar el profetastro más vendido de la espiritualidad moderna católica, que de católica no tiene casi nada y que, en el fondo, no tiene nada ya que cuando se mezcla la fe con la herejía ya no queda fe sino un caos doctrinal, si bien Grün dice que él «procura salvaguardar el tesoro de la tradición».

Le dije varias veces que no tenía tiempo, pero finalmente cedí y así me dispuse a hacer un opúsculo, que terminó siendo una tesis doctoral en Teo­logía y luego un libro (que alarga la tesis y la adapta levemente), que busca desmontar de una vez a este sofista contemporáneo, que ofende al buen Jesús diciendo que «Jesús era buen bebedor», que calumnió a los santos mártires de la Iglesia primitiva calificándolos de masoquistas y que no temió inter­pretar en clave psicologista los exorcismos del Señor y hasta la misma señal de la cruz, diciendo que «el hombro izquierdo representa lo inconsciente; y el derecho, lo consciente» y, a la vez, «la izquierda lo femenino, la derecha lo masculino.

Valga aclarar que no hicimos una enciclopedia refutando absolutamente todos los errores de Anselmo Verde y cada uno de sus tomos (escribió una gigantesca cantidad de libros) sino que, por el contrario, nuestro propósito no fue sino el de elaborar un libro de estudio para demostrar de modo contun­dente e irrefutable que este autor no sólo es pródigo en errores gravísimos sino que creó una cosmovisión gnóstico-cristianoide radicalmente contraria a la Santa Fe Católica, esto es, escribimos este libro para probar que Grün no es un autor católico que tiene algunos errores sino el fautor de un sistema gnóstico radicalmente anticatólico, lo cual es muy grave ya que, como en­seña Meinvielle, «para destruir al cristianismo había que vaciarlo por dentro dejando toda su apariencia exterior. Y éste es el trabajo de los gnósticos, incluyendo a Anselm Grün, el más vendido de los gnósticos-cristianos en la actualidad.

Nos hemos tomado el trabajo de leer, citar y refutar, total o parcialmente, 75 obras (la mayoría libros y algunos ensayos) de Anselm Grün, lo cual es suficientemente representativo para conocer y desenmascarar a este lobo con piel de cordero. Como el autor escribió «más de trescientos libros» con «media de unos diez títulos por año», hemos elegido los más pedidos y los más vendidos en las librerías pretendidamente católicas más importantes de la Ciudad de Buenos Aires, que es donde empezamos a escribir el libro con ocasión de un problema de salud ocular que la Trinidad Sacrosanta se dignó enviarnos para Su mayor gloria.

No creemos que nadie nos reproche que no citemos 300 libros, lo cual sólo serviría para que nadie lea este. Leer, citar y confutar más de 75 obras de este monje modernista que hace gala de su ignorancia al afirmar que «los mayores moralistas nunca hacen lo que exigen a los otros».2.Z, es suficiente si queremos evitar ser víctimas de alguna psicopatía. Además, no hace falta citar 300 libros de un autor moderno ya que hoy «Nadie se empeña tanto en opinar como el que es simple eco». De todos modos, si aún así alguien nos reprocha no haber citado toda la biblioteca grüniana, lo invitamos a que busque alguna retractación que este autor haga de alguna de sus tesis y con gusto la publicaremos.

Es urgente refutar a Grün ya que es uno de los principales autores gnósti­cos de la era contemporánea (mas se hace pasar por católico) y dado que hoy la gnosis está tan vigente que, como bien dice Gómez Dávila («el solitario de Dios»), «En todas las sectas que hoy pululan fermenta una soteriología gnóstica»: Si Grün no tuviese vestidura de monje católico y no ostentase la etiqueta de benedictino, nadie lo leería ni publicaría y en tal caso no valdría la pena refutarlo, pero pasa lo contrario.

Si bien Grün reconoce que, al tratar un tema, lo que más le atrae es ex­ ponerlo primero sobre el fondo de la actual psicología, y después en diálogo con las otras religiones y sus tradiciones místicas, Grün atribuye su éxito de ventas al hecho de que, como él dice, «hay un gran anhelo por una espiri­tualidad cristiana que sea sana». Ahora bien, él les vende una espiritualidad que no es ni cristiana ni sana, por lo que hay que concluir que, allende sus in­ tenciones (él dice que los benedictinos no deben engañar a las personas en el nombre de Dios, que su Padre le enseñó a ser francoli y que él siente el reto de «convertirse en roca para los demás), la obra de Grün es una gran estafa, una estafa grave ya que él insiste en que él «no pretende dar consejos, sino poner a la gente en contacto con la sabiduría cristiana», cuando en realidad pone a sus lectores en contacto con lo que San Pablo llama «ineptas fábulas», esto es, «mitos ridículos» (1Tim v, t) y, más específicamente, mitos gnósticos secularizados con fachada cristianoide. Mas, Grün dice: «en cualquier caso, para mí es importante permanecer fiel a mi mensaje [¿no al de Cristo?, nos preguntamos] y llevarlo adelante» y «debo escuchar una y otra vez a mi voz interior [¿y si no es la de Cristo?] y seguir mi camino (¿y si no es el de Cristo?)»

Pero, ¿por qué decimos que no es ni cristiana ni sana? Ante todo, porque es una obra gnóstica, como veremos a lo largo de nuestro libro.

De todos modos, como admite su biógrafo, otro de los móviles por los cuales Grün escribe es el de «desahogarse de los anhelos por medio de la escritura»12, anhelos que, como su escritura evidencia, son en gran medida tenebrosos.

Nos dirán que somos unos intolerantes y que no amamos al prójimo, mas es al revés, no solo porque «Sólo es respetuoso el que subraya con vigor las diferencias» sino también porque era mucho más cómodo para nosotros no escribir nada y usar el tiempo en dormir más y hacer más deporte que en refutar imposturas, pero por el bien de las almas, al cual nos debemos y con­sagramos desde el día de nuestra ordenación sagrada, decidimos privarnos de legítimas comodidades, sacar tiempo de donde no tenemos y proceder a la clarificación doctrinal, ya que como dijo el único Salvador del género hu­mano: «conocerán la verdad y la verdad los hará libres» (Jn. 8, 32). Sabemos que -salvo un milagro- los libros de Grün se seguirán vendiendo dado que «el tonto no renuncia a un error mientras no pasa de moda», aunque también sabemos que «Matar un error no es posible, pero es posible apalearlo». Al fin de cuentas, como bien dice Grün, «A la larga, no se puede vivir impune en­frentando a la verdad», y «Jesús obliga a la verdad», y por eso lo refutamos.

No faltan quienes, con el afán de defender al famoso monje de Münsterschwarzach, dicen que los que lo atacan son «la derecha de la Iglesia», lo cual no deja de ser simpático no sólo porque las vulgares etiquetas derecha-izquierda son ineptas para describir el pensamiento católico sino porque, como reco­noce la editorial Herder (la cual, desde su viraje progresista, le publica los libros), «su trabajo se nutre de las influencias de (...) Karlfried Dürckheim», un propagandista nacionalsocialista que en 1938 fue enviado por quien poco después devino el Canciller del III Reich, Joachim Von Ribbentrop, al Japón, para estudiar la educación nipona y la posibilidad de usar actividades cultu­rales para promover los objetivos políticos de la Alemania de Hitler en Japón y toda zona asiática bajo el dominio imperial nipónil. Es más, el mismo Jung, una de las máximas fuentes de la doctrina de Grün fue, a juicio de varios estudiosos, como Eric Harper, antisemita, a tal punto que, según Harper, ésta fue una de las principales razones de que la ruptura entre Freud y Jung.

Terminamos este prólogo pidiendo al Espíritu Santo que nos llene de su luz y así nos salve «de la confusión que propagan los falsos maestros», es­pecialmente de aquellos que tienen «ingenio teológico», que, según el gran pensador bogotano, «consiste hoy día en inventar formas subrepticias de apostasía», concluyendo estas líneas inaugurales convocando a los lectores a prepararse para reírse ya que, como decía el citado poeta colombiano, ante el progresismo actual, «el católico viejo se indigna primero, se asusta des­pués, finalmente revienta de risa».

Subiectum: problema, hipótesis, objetivos y estructura del trabajo

El objeto de estudio de este trabajo (o, mejor dicho, el subiectum, si segui­mos la epistemología aristotélica), es la doctrina del teólogo alemán, Anselm Grün, «considerado el monje más famoso de Alemania» (Alonso, 3 de julio de 2020) y, según dice Castro Cubells en el prólogo a una obra de este monje ger­mano, «conocido hoy en casi todo el mundo» (Grün, 2004a, p. 10).

El problema científico principal que ocupa este trabajo que aquí comenza­mos, esto es, el gran tema a resolver o la gran pregunta a desentrañar en estas líneas puede resumirse en este interrogante: «¿es o no católica la doctrina de Grün?».

Nuestra hipótesis investigativa es doble y se resume en dos proposiciones:

1) la doctrina de Anselm Grün no es católica 
y 2) la doctrina de Anselm Grün es gnóstica.

Nuestro trabajo tiene objetivos de dos tipos: general y específico. El objetivo general de este trabajo es investigar dos asuntos conexos: 
1) si la doctrina de Anselm Grün es católica (o no) 
y 2) si su doctrina es gnóstica (o no). 
Al fin de cuentas, ambos asuntos pueden formularse en una sola proposición ya que, como enseña J. Meinvielle (y veremos a lo largo de este trabajo), en el fondo sólo hay dos concepciones posibles: la católica o la gnóstica, como leemos al comienzo de la conclusión de la obra maestra del dicho autor: «A través de toda la historia humana no hay sino dos formas fundamentales del pensa­miento y de la vida: la católica y la gnóstica» (Meinvielle, 1970, p. 456).

Para ahorrar equívocos desde el comienzo, precisemos en qué consiste la concepción católica y en qué la gnóstica: La concepción católica es la concep­ ción revelada por Dios y enseñada oficialmente por la Iglesia en Magisterio bimilenario infalible, la cual fue expuesta magníficamente por Santo Tomás de Aquino, que es el mayor Santo de los Sabios y el mayor Sabio de los Santos, siendo tan importante su exposición que es el único Doctor Universal vene­ rado por la Iglesia con el glorioso título de Doctor Universalis.

Por otra parte, como enseña Meinvielle, «Se llama gnosis y cábala a toda concepción de Dios, el mundo y el hombre que asigna una única sustancia, homogénea, a estas tres realidades» (Meinvielle, 1970, p. 18).

Consecuentemente con lo ya señalado, los objetivos específicos de este tra­ bajo son dos: 
1) investigar el itinerario intelectual de Anselm Grün, sus fuen­ tes y, en la medida de los estrechos límites permitidos por la longitud de una tesis doctoral y que lo pida la mejor consecución de nuestro objetivo general, estudiaremos las fuentes de las fuentes grünianas, trazando una especie de árbol genealógico de la doctrina grüniana y, por ende, en cierta medida, de la gnosis alemana moderna; 
2) investigar los principales puntos de la doctrina de Anselm Grün siguiendo el orden temático empleado por Santo Tomás en la Summa Theologice, que comienza con Dios y termina con Cristo, pasando por los ángeles, los hombres y, luego, la moral.

Que el petiso Grün tenga el apoyo entusiasta de la progresía y de la milenaria Abadía benedictina de Münsterschwarzach, en la que él vive, no da ninguna garantía de ortodoxia, sino al contrario. De hecho, Grün contra­ dice la doctrina católica en todos o prácticamente todos los grandes temas. Por eso, podemos hablar de "gruñidos grünianos" teniendo en cuenta que el gruñido es un sonido emitido por un animal en señal de ataque o amenaza, metáfora esta que nos sirve para denotar los gruñidos con los que el lobo amenaza o ataca a la grey católica falsificando la fe.

El eje de nuestro trabajo, entonces, consiste en desenmascarar los gruñi­dos grünianos, lo cual haremos siguiendo la siguiente estructura: primero, describiremos las fuentes, influencias y clave del pensamiento grüniano; segundo, salteando lógicamente algunos puntos, expondremos la doctrina grüniana siguiendo el orden expositivo de la Summa Theologiae de Santo Tomás de Aquino (citado aisladamente en algunas de sus obras por Grün 2):

1) Dios Uno y Trino; 2) el hombre; 3) Teología moral (general y especial); 4) Cristo (y la Virgen); 5) Liturgía; 6) escatologíall. 
Este libro, podríamos decir, es como una especie de Anti Suma Teológica. Alguno nos preguntará quizá por qué tratar tantos temas y la respuesta es, parafraseando al escoliasta bogotano, que «Sobre toda idea noble la Teología moderna ha sabido dejar la huella digital de su calumnia».

Status quo investigativo y metodología empleada

Escribir un libro sobre Grün encierra un especial desafío ya para él no hay ninguna autoridad: ni la Escritura (que él interpreta a su manera al punto de decir disparates aplicando el principio luterano del libre examen en grado máximo) ni el Magisterio infalible de la Iglesia (que él desprecia llamándolo «dogmatismo romano») ni Santo Tomás y la Escolástica en general (que él cree superados por la Teología Moderna) ni los argumentos de razón (que él elude con un pseudo-misticismo onírico gnóstico).

¿Cómo vamos a refutar a un sujeto que no acepta ninguna autoridad sino que es un librepensador en grado sumo? Nuestra estrategia será simple: nos limitaremos a demostrar que su pensamiento es profundamente contrario a la doctrina católica. De este modo, advertiremos a los fieles que en sus escritos no se encontrará la Verdad sino veneno a medida del gusto del hom­bre moderno.

Lo novedoso de este trabajo

Nuestra tesis es novedosa ya que no hay ningún trabajo científico que demuestre el carácter gnóstico del pensamiento grüniano a partir de los es­critos del mismo autor. El valiosísimo trabajo del Padre Tabossi se basa más bien en citas de citas, mas el nuestro en las citas primarias. Por otra parte, nuestro trabajo es novedoso ya que nunca fue estudiado el corpus grüniano siguiendo el orden temático de la Summa Theologiae, que es lo que hacemos en este trabajo doctoral.

 
ANSELM GRÜN. Libro del P. Federico Highton. "De la gnosis progre-luciferina de Anselm Grün"

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sábado, 25 de julio de 2026

✂ NOS QUIEREN ROBAR HASTA NUESTRA PROPIA MEMORIA Y BORRARNOS DE LA HISTORIA DE VENEZUELA Y DEL MUNDO

 

Nos quieren robar hasta nuestra 

Refundaron la educación.
Construyeron un sistema paralelo de universidades y currículos donde el pensamiento crítico se sustituyó por adoctrinamiento, donde el título profesional se volvió una dádiva del modelo clientelar, no un logro académico.
  • A los que salimos nos llaman traidores.
  • A los que insisten en volver, “nunca volverán”
  • no como profecía, como amenaza.
  • Y a los que se quedan y disienten, los exilian, los persiguen, o los desaparecen.
Esto tiene nombre y se llama memoricidio: la destrucción deliberada de la memoria y el registro de un pueblo.
Nació para describir la quema de la biblioteca de Sarajevo. Las Naciones Unidas lo ha llegado a tratar como crimen contra la humanidad. Y así será tratado cuando llegue el momento.

A nosotros no nos incendiaron un edificio.
Nos reescribieron el rostro del Libertador, los textos escolares, el relato de quiénes somos y luego construyeron un imperio simbólico encima, donde solo cabe una versión de Venezuela: la de ellos. Una donde todos nosotros, sus víctimas no existimos, no contamos y por eso tratan vidas humanas con menos importancia que efectivo y “ caletas “ personales.

Hannah Arendt lo advirtió mejor que nadie: los regímenes totalitarios no solo necesitan controlar el presente; necesitan controlar el pasado, porque un pueblo que no recuerda con precisión no puede exigir con precisión.

Borrar la historia no es un daño colateral de estos gobiernos. Es la estrategia.
Por eso este carrusel no es solo información.
Es un acto de resistencia contra el olvido planificado.
Guarda estos datos. Compártelos. Cuéntaselos a quien no los sepa, sobre todo a los más jóvenes, a los que ya solo conocieron la Venezuela reescrita.
Cada vez que uno de nosotros recuerda con exactitud, ellos pierden un poco de ese imperio construido sobre nuestro silencio.
No nos van a borrar.
No mientras sigamos contando.

viernes, 24 de julio de 2026

EVALUACIÓN CIENTÍFICA DE LOS RIESGOS DE LA LOCURA POR LA MARIHUANA (PORRO) 😵😱 por DR. ROBIN MURRAY


Evaluación de los riesgos
de la locura por la marihuana
😵😱

Los estudios que vinculan el consumo de cannabis con la esquizofrenia en el cerebro en desarrollo son solo la punta del iceberg en lo que respecta a la marihuana. 
¿Son especialmente peligrosas las distintas variedades y los cannabinoides sintéticos? 
¿Estamos haciendo lo suficiente para educar a los jóvenes sobre los riesgos? ¿Disminuye el coeficiente intelectual el consumo de marihuana? 
¿Dónde está el límite entre la marihuana medicinal y la recreativa? 
Nuestro autor, un reconocido psiquiatra británico, ofrece una perspectiva europea sobre estas cuestiones.
Las manifestaciones clínicas producidas por una intoxicación aguda por Cannabis son muy variables entre personas y dependen de la dosis, del contenido de THC, de la proporción THC/CBD, de la forma de administración, así como la personalidad, las expectativas y experiencias previa del sujeto y también del contexto en que se consume. 
Algunos autores afirman que las personas que consumen grandes cantidades de marihuana pueden presentar desorientación, despersonalización, paranoia y probables alucinaciones. Algunos estudios sugieren que puede producir enfermedades mentales graves como psicosis tóxicas en las que aparecen síntomas como alucinaciones y delirios graves, mientras que otros indican que puede acelerar la aparición de enfermedades psicóticas.

Quienes padecen esquizofrenia están especialmente predispuestos a estos efectos, existe probada evidencia de que la esquizofrenia puede empeorar con el uso de marihuana. Según algunos estudios, los consumidores de marihuana son más propensos a presentar anhedonia y desorganización cognitiva. Pueden producirse reacciones de pánico. Otros efectos incluyen taquicardia. Sin embargo se han encontrado evidencias sustanciales del uso del CBD (cannabidiol) como antipsicótico, ya que actúa en ciertas dosis como inhibidor natural del receptor CB1.

Actualmente hay suficiente evidencia científica para confirmar el efecto perjudicial del consumo diario de cannabis en la salud mental, asociado de forma directa a las mayores concentraciones de THC, especialmente de las variedades de alta potencia. El consumo habitual de cannabis produce un palpable deterioro cognitivo, incluyendo disminución del coeficiente intelectual, amnesia y perdida de memoria, sobre todo en menores de 21 años. Un metaanálisis de 2007 calcula que el consumo de cannabis está estadísticamente asociado con un aumento dosis-dependiente del riesgo de desarrollo de trastornos psicóticos. En un estudio de 2019 publicado en la revista The Lancet Psychiatry, por ejemplo, se confirma que el consumo de cannabis afecta la incidencia de trastornos psicóticos, incluyendo la esquizofrenia, al punto de que puede afirmarse que el consumo de marihuana en la actualidad (año 2025) triplica el riesgo de contraer dicha enfermedad mental, debido al incremento de su contenido de THC en comparación con el pasado reciente. En varias investigaciones, se ha comprobado incluso que el consumo diario de cannabis puede causar cambios epigenéticos en el consumidor, que a su vez pueden ser transmisibles a dos generaciones siguientes. Se reconocen, por tanto, los potenciales efectos adversos asociados con el consumo diario de cannabis, especialmente de las variedades de alta potencia en lo que a la salud mental se refiere.

Efectos a largo plazo

El consumo de cannabis se ha evaluado en diversos estudios que lo correlacionan con el desarrollo de ansiedad, psicosis y depresión, además del desarrollo de trastornos de pánico, independiente de si se continúa consumiendo o no, actuando, por lo tanto, el cannabis como detonante en al menos el 33 % de ataques de pánico sufrido por pacientes, que lo presentaron por primera vez y 48 horas post-consumo.

Con respecto a la aparición de trastornos mentales, tales como depresión y ansiedad, los consumidores diarios tienen 5 veces más posibilidades de desarrollarlos que los no consumidores, mientras que aquellos que son consumidores semanales tienen cerca del doble de posibilidades que los no consumidores. Con respecto a la posibilidad de sufrir esquizofrenia, se triplica al consumir cannabis.

Respecto a la aparición de trastornos psicóticos, los individuos con predisposición tienen entre un 25 y un 40 % más de posibilidades de padecer alguno de estos trastornos, mientras que en los individuos sin predisposición alcanza un 4 a 6 % más de incidencia. Algunos estudios avalan estos resultados afirmando que, probablemente el consumo de cannabis incremente el riesgo de reacciones psicóticas o sea la única causa del desarrollo de trastornos psicóticos en aquellos individuos que se encontraban sanos, previo al inicio del consumo, mientras que otros argumentan que ello es poco probable debido a la existencia de otros factores.

Estudios en consumidores de cannabis crónicos reportaron una reducción del volumen del hipocampo y de la amígdala.

Se considera que los consumidores ocasionales de cannabis tienden a acumular el THC, ya que el mismo suele depositarse en zonas ricas en grasa (como el cerebro, el hígado y las gónadas), esta acumulación suele asociarse a problemas de pérdida de memoria, (ocasionados por las alteraciones del hipocampo), como también a otros problemas de salud como impotencia. Se estima que se necesitan alrededor de 4 semanas para que el THC sea eliminado completamente del organismo, en consumidores ocasionales; sin embargo se cree que los consumidores crónicos de cannabis, requieren mucho más tiempo para recuperar sus funciones cognitivas, y que algunos de los trastornos producidos son crónicos.

Una característica de los efectos del consumo de psicotrópicos, como la marihuana, es el conocido como síndrome amotivacional, estudiado primero por Richard H. Schwartz, caracterizado por abulia, apatía, pasividad, indiferencia o irritabilidad, dificultad en mantener la atención y fatiga. Pero esto no está claro del todo ya que existen fuentes que afirman que esto tiene que ver con la personalidad y la conducta del individuo más que con el consumo en sí mismo. Aunque algunos estudios (IRMf) han mostrado fuertes cambios en la función neurológica a largo plazo en los consumidores diarios de cannabis, no se observaron cambios significativos en la conducta de aquellos individuos que realizaron un período de abstinencia de la sustancia.

A partir de mediados de la década de 1980, los psiquiatras europeos, como yo, comenzamos a ver un número creciente de adolescentes que antes funcionaban bien y que habían desarrollado alucinaciones y delirios: el cuadro clínico característico de la esquizofrenia. Estos pacientes con problemas nos desconcertaban porque la mayoría habían sido inteligentes y sociables y no tenían ninguna relación con los factores de riesgo habituales, como antecedentes familiares del trastorno o daño cerebral durante el desarrollo. Familiares y amigos solían decir: «Quizás sea por todo el cannabis que han estado fumando», y nosotros, con seguridad, les asegurábamos que estaban equivocados y les decíamos que el cannabis era una droga segura.

Mi perspectiva comenzó a cambiar cuando un colega, Peter Allebeck, del Instituto Karolinska de Estocolmo, inició su propia investigación. A él también le había llamado la atención observar cómo jóvenes bien adaptados desarrollaban esquizofrenia sin razón aparente. El excelente sistema nacional de registros suecos le permitió rastrear la evolución de 45.750 jóvenes a quienes se les preguntó sobre su consumo de drogas al ser reclutados en el ejército sueco. A partir del análisis de estos datos, Allebeck y sus colegas informaron en 1987 que los reclutas que habían consumido cannabis más de cincuenta veces tenían seis veces más probabilidades de desarrollar esquizofrenia en los siguientes quince años que aquellos que nunca lo habían consumido.

Debido a que solo existía un estudio, la mayoría de los psiquiatras se convencieron de que los consumidores de cannabis probablemente estaban predispuestos a la esquizofrenia antes de empezar a fumar. Como resultado, los hallazgos de Allebeck fueron prácticamente ignorados. Incluso la prestigiosa revista médica The Lancet, que había publicado el artículo de Allebeck, incluyó un editorial en 1995 que reiteraba la opinión médica predominante de que «fumar cannabis, incluso a largo plazo, no es perjudicial para la salud».

Sin embargo, con la ayuda de un joven psiquiatra, Anton Grech, comencé a estudiar a pacientes que habían fumado cannabis y habían sido ingresados ​​en el Hospital Maudsley de Londres con un diagnóstico de psicosis. Nuestro objetivo era observar qué sucedía con aquellos que continuaban consumiendo cannabis. Si, como algunos sugerían, los pacientes psicóticos usaban cannabis para "automedicarse" o para sobrellevar su enfermedad, cabría esperar que los consumidores persistentes tuvieran un mejor pronóstico. Pero encontramos lo contrario: cuatro años después, los pacientes que seguían consumiendo cannabis tenían muchas más probabilidades de seguir presentando delirios y alucinaciones. 3 Numerosos estudios han replicado estos hallazgos.

Entonces, si fumar cannabis exacerba la psicosis establecida, ¿podría también desempeñar un papel causal? Esta pregunta impulsó a varios grupos de investigación a intentar replicar el estudio del ejército sueco mediante el seguimiento de muestras de jóvenes de la población general, divididos en consumidores y no consumidores de cannabis. Desde 2002, una serie de diez estudios de este tipo han informado que las personas que consumían cannabis en la evaluación inicial tenían un mayor riesgo de desarrollar posteriormente. síntomas psicóticos e incluso esquizofrenia manifiesta que los no consumidores. Otros estudios de consumidores de cannabis que habían buscado atención médica mostraron que tenían un riesgo significativamente mayor de desarrollar esquizofrenia posteriormente.  Tal unanimidad es poco común en la epidemiología psiquiátrica.

Una reacción hostil

Gran parte de la comunidad científica recibió estos hallazgos con hostilidad, al igual que quienes abogaban por una actitud más liberal respecto al consumo de cannabis. Mis colegas y yo fuimos acusados ​​de ser prohibicionistas encubiertos; algunos sugirieron que estábamos experimentando nuestra propia versión de "locura por la marihuana". Los críticos insinuaron que quienes consumían cannabis lo hacían porque eran personas extrañas y estaban destinadas a desarrollar esquizofrenia de todos modos. 

Pero en un estudio de jóvenes que habían sido sometidos a un intenso escrutinio desde su nacimiento en Dunedin, Nueva Zelanda, pudimos excluir a aquellos que ya parecían propensos a la psicosis a los once años. Aun así, encontramos una relación entre el consumo de cannabis y la esquizofrenia posterior, incluso cuando excluimos los efectos de otras drogas conocidas por aumentar el riesgo de psicosis. Otra crítica fue que tal vez algunas personas consumían cannabis en un intento de aliviar los síntomas de la psicosis o sus precursores. Sin embargo, un segundo estudio neozelandés, esta vez de Christchurch, mostró que una vez que se desarrollaban síntomas psicóticos leves, las personas tendían a fumar menos.

Finalmente, el gran volumen de datos convenció a los psiquiatras europeos y australianos de la existencia de un vínculo. Actualmente, se acepta generalmente que el cannabis es una causa de esquizofrenia aunque en menor medida en Norteamérica, donde este tema ha recibido poca atención). Sin embargo, persiste el debate sobre la magnitud de la psicosis asociada al cannabis. En diferentes países, la proporción de esquizofrenia atribuida al consumo de cannabis oscila entre el 8 y el 24 por ciento, dependiendo, en parte, de la prevalencia de dicho consumo. 
El exceso se convierte en una preocupación importante.

La mayoría de las personas disfrutan del cannabis con moderación y sufren pocos o ningún efecto adverso. Les reconforta saber que algunas de las figuras más célebres del planeta —Paul McCartney, Oprah Winfrey y Barack Obama, por ejemplo— han admitido consumir cannabis sin sufrir efectos negativos. Sin embargo, el consenso científico indica que, si bien no existe evidencia concluyente de una relación con la ansiedad o la depresión, el consumo excesivo de cannabis puede provocar psicosis. En resumen: los consumidores habituales que fuman grandes cantidades aumentan su riesgo de desarrollar esquizofrenia.

Sin embargo, la gran mayoría de los consumidores no desarrollarán psicosis. De hecho, cuando se les pregunta a los jóvenes que han desarrollado esquizofrenia tras años de consumo de cannabis si creen que su hábito pudo haber contribuido, suelen responder: «No, mis amigos fuman tanto como yo y están bien». Parece que algunas personas son especialmente vulnerables.

Como era de esperar, las personas con una personalidad paranoide o propensa a la psicosis son las que corren mayor riesgo, junto con aquellas con antecedentes familiares de psicosis. La investigación también sugiere que heredar ciertas variantes de genes que influyen en el sistema dopaminérgico, implicado en la psicosis, puede hacer que algunos usuarios sean especialmente susceptibles; ejemplos de estos genes incluyen AKT1, DRD2 y posiblemente COMT. 

Otra pregunta importante es: ¿Son algunos tipos de cannabis más riesgosos que otros?

La naturaleza cambiante del cannabis

Se cree que la planta de cannabis es originaria de Asia central o de las estribaciones del Himalaya. Produce compuestos conocidos como cannabinoides en los tricomas glandulares, principalmente alrededor de las flores de la planta. El cannabis recreativo se deriva de los tricomas y tradicionalmente ha estado disponible como hierba (marihuana, hierba) o resina (hachís); la primera es más común en Norteamérica y la segunda en Europa. El cannabis actúa sobre el receptor cannabinoide CB1, parte del sistema endocannabinoide, que ayuda a mantener la estabilidad neuroquímica en el cerebro. La planta de cannabis produce más de 70 cannabinoides, pero los más importantes son el tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD). El THC es responsable del efecto psicoactivo que experimentan los consumidores. Activa el receptor cannabinoide CB1, que es uno de los receptores más extendidos en el cerebro.

La proporción de THC en la marihuana tradicional y la resina en la década de 1960 era de aproximadamente entre el 1 y el 3 por ciento. La potencia del cannabis comenzó a aumentar en la década de 1980, cuando cultivadores como David Watson, conocido como "Sam the Skunkman", huyeron de la "Guerra contra las Drogas" impulsada por Reagan y llevaron semillas de cannabis a Ámsterdam, donde se podía vender legalmente en los "coffee shops". Junto con entusiastas holandeses, experimentaron para producir plantas más potentes. Esto marcó la tendencia para un aumento lento pero constante de una nueva variedad de marihuana llamada sinsemilla, cosechada de flores femeninas no polinizadas (a menudo llamada "skunk" por su fuerte olor). A principios del siglo XXI, en Inglaterra y los Países Bajos, respectivamente, la potencia de la sinsemilla, medida por la proporción de THC, había aumentado a entre el 16 y el 20 por ciento, y había acaparado gran parte del mercado tradicional, desplazando a la resina.

En 1845, el psiquiatra francés Jacques-Joseph Moreau (apodado «Moreau de Tours») consumió cannabis en el Club de Hashischins, cuyo nombre resultaba muy apropiado, y se lo administró a algunos de sus estudiantes y pacientes.  
Concluyó que el cannabis podía precipitar «reacciones psicóticas agudas, que generalmente duraban solo unas horas, pero ocasionalmente hasta una semana». Sin embargo, desde entonces, sorprendentemente, se ha investigado muy poco científicamente sobre los efectos del THC en humanos.

Uno de los primeros estudios sobre el THC fue realizado por Paul Morrison, un psicofarmacólogo escocés de nuestro grupo en el King's College de Londres, quien administró el ingrediente por vía intravenosa a jóvenes voluntarios sanos y entusiastas. Sus reacciones variaron desde euforia hasta sospecha, paranoia y alucinaciones. Posteriormente, él y Amir Englund  pretrataron a sus voluntarios con cannabidiol (CBD), el otro ingrediente principal del cannabis tradicional, antes de administrarles THC por vía intravenosa; los efectos de este último fueron mucho menores. Por lo tanto, el CBD pareció contrarrestar los efectos psicotrópicos del THC. Un ensayo clínico alemán respalda esta idea: Marcus Leweke descubrió que el CBD tenía acciones antipsicóticas equivalentes a las de un antipsicótico estándar, la amisulprida, en pacientes con esquizofrenia.

Las variedades de cannabis de alta potencia, como la sinsemilla (skunk), se diferencian de las tradicionales no solo por la cantidad de THC que contienen, sino también por la proporción de CBD. Curiosamente, las plantas cultivadas para producir una alta concentración de THC no pueden producir también mucho CBD, por lo que las variedades de cannabis con alto contenido de THC contienen poco o ningún CBD. 

¿Podrían, por lo tanto, los tipos de cannabis de alta potencia tener más probabilidades de inducir psicosis que las formas tradicionales? Para examinar esta cuestión, mi esposa, Marta Di Forti, psiquiatra financiada por el Consejo de Investigación Médica del Reino Unido, comparó los hábitos de consumo de cannabis de 410 pacientes ingresados ​​en el Hospital Maudsley con su primer episodio de trastorno psicótico con los de 390 personas de control de la población local. Quienes habían consumido cannabis de alta potencia (skunk) presentaban un riesgo mucho mayor de psicosis que los consumidores de resina. Las personas que consumían cannabis tipo skunk a diario tenían cinco veces más probabilidades que los no consumidores de sufrir un trastorno psicótico , mientras que los consumidores de resina tradicional no presentaban diferencias con los no consumidores. Otro estudio que analizó el cabello en busca de cannabinoides mostró que los consumidores con THC y CBD detectables en el cabello presentaban menos síntomas psicóticos que aquellos con solo THC.

Por lo tanto, la creciente disponibilidad de tipos de cannabis de alta potencia explica por qué los psiquiatras deberían estar más preocupados por el cannabis ahora que en las décadas de 1960 y 1970. La tendencia hacia una mayor potencia no se está desacelerando, y se informa que nuevas formas de resina y aceite de resina contienen hasta un 60 por ciento. Estas formas particularmente muy potentes siguen siendo inusuales, pero los cannabinoides sintéticos (a menudo denominados "spice" o "K2") ahora se anuncian y venden comúnmente en sitios web que cumplen con la ley al etiquetar sus productos como incienso, o agregando "no apto para el consumo humano". Mientras que el THC solo activa parcialmente el receptor CB1, la mayoría de las moléculas spice/K2 activan completamente el receptor y, por lo tanto, son más potentes. En consecuencia, las reacciones adversas agudas son más comunes. Una encuesta a 80 000 consumidores de drogas mostró que aquellos que usaban cannabinoides sintéticos tenían treinta veces más probabilidades de terminar en una sala de emergencias que los consumidores de cannabis tradicional.  La agitación, la ansiedad, la paranoia y la psicosis que pueden resultar del uso de cannabinoides sintéticos se han denominado “espiceofrenia”. 

La dependencia y el deterioro cognitivo siguen siendo temas controvertidos.

Si bien la dependencia psicológica y la tolerancia se presentan, el tema de la dependencia física sigue siendo objeto de intenso debate. Quienes la defienden señalan la aparente ausencia de síntomas agudos de abstinencia del cannabis (hasta la fecha no se han realizado estudios que examinen específicamente a consumidores con alto contenido de THC). En circunstancias normales, los síntomas de abstinencia están ausentes porque el cannabis permanece en el cuerpo durante varias semanas; por lo tanto, la abstinencia es muy gradual y poco evidente, aunque pueden desarrollarse ansiedad, insomnio, trastornos del apetito y depresión. Algunos afirman que el 10 % de las personas que experimentan con cannabis desarrollarán dependencia y que las tasas de dependencia entre los consumidores diarios alcanzan al menos el 25 %. Independientemente de la veracidad de estas cifras, la dependencia del cannabis es una causa cada vez más común de personas que buscan ayuda en Australia, Europa y Norteamérica. 

Otro tema controvertido es el deterioro cognitivo. El THC altera el hipocampo, la zona del cerebro crucial para la memoria. Cuando Paul Morrison indujo síntomas psicóticos administrando THC por vía intravenosa a voluntarios, también se observó un deterioro cognitivo transitorio. Es probable que este deterioro explique por qué los conductores bajo los efectos del cannabis tienen el doble de riesgo de sufrir accidentes de tráfico. 

Los consumidores habituales muestran deterioro cognitivo, pero persiste la controversia sobre qué sucede cuando dejan de consumir. Algunos estudios sugieren que pueden recuperarse por completo, mientras que otros indican que solo es posible una recuperación parcial.  Un estudio (aún no replicado) que generó gran preocupación fue un informe de Madeleine Meier y sus colegas, basado en el estudio de Dunedin.  Este sugirió que el consumo persistente de cannabis durante varias décadas provoca una disminución de hasta ocho puntos en el coeficiente intelectual.

Una posible explicación para los resultados cognitivos inconsistentes es que los efectos sobre la cognición podrían depender de la edad de inicio del consumo de cannabis. Harrison Pope y sus colegas examinaron a consumidores habituales de cannabis a largo plazo y descubrieron que aquellos que iniciaron su consumo antes de los diecisiete años presentaban puntuaciones de CI verbal más bajas.  Meier también halló un mayor deterioro en aquellos de su cohorte de Dunedin que comenzaron a consumir en la adolescencia. 

Otros estudios han señalado una asociación entre el consumo de cannabis en la adolescencia y un bajo rendimiento académico. Edmund Silins y sus colegas analizaron a más de 2500 jóvenes en Australia y descubrieron que el consumo diario de cannabis antes de los diecisiete años se asociaba con una clara disminución en la probabilidad de completar la escuela secundaria y obtener un título universitario. 

Los investigadores han planteado preguntas similares con respecto a la edad de inicio y el riesgo de psicosis. En nuestro estudio de Dunedin, encontramos que las personas que comenzaron a consumir cannabis a los dieciocho años o más mostraron solo un pequeño aumento, no significativo, en el riesgo de psicosis similar a la esquizofrenia a los veintiséis años. Pero entre quienes comenzaron a los quince años o antes, el riesgo se cuadruplicó.  Otros estudios han reportado disparidades similares. 

Estudios experimentales en roedores han revelado que la administración de THC produjo un mayor impacto en la función cognitiva en ratas jóvenes que en ratas adultas. Además, algunos estudios recientes de neuroimagen en personas que consumen cannabis de forma prolongada y en grandes cantidades han afirmado encontrar cambios cerebrales detectables, especialmente en aquellos que comenzaron en la adolescencia. Aunque los estudios de neuroimagen siguen siendo controvertidos, una posible explicación es que comenzar a consumir cannabis a una edad en la que el cerebro aún se está desarrollando podría dañar permanentemente el sistema endocannabinoide e impactar en otros neurotransmisores como el sistema dopaminérgico —conocido por estar implicado tanto en el aprendizaje como en la psicosis.

Trascendencia

Las actitudes hacia el cannabis están cambiando a nivel mundial. Uruguay ha legalizado su uso, al igual que cuatro estados estadounidenses. Además, diecisiete estados han despenalizado el cannabis, mientras que otros veintitrés han aprobado leyes sobre la marihuana medicinal basándose en que ayuda a personas con dolor crónico y síntomas asociados a la quimioterapia. Se ha abierto una curiosa brecha entre Norteamérica y Europa. En Estados Unidos, el consumo de cannabis entre los jóvenes ha aumentado desde mediados de la década de 1990, a medida que ha disminuido la percepción de riesgo sobre su consumo. En contraste, el consumo ha disminuido en muchos países europeos, en parte debido a un mayor conocimiento de los riesgos para la salud mental. En Inglaterra, por ejemplo, en 1998, el 26% de las personas de entre dieciséis y veinticuatro años admitió haber consumido cannabis el año anterior. Para 2013, esa cifra había descendido al 15%. 

Al considerar el futuro del uso legal del cannabis, los legisladores y políticos deben equilibrar el disfrute de muchos con el potencial de daño. Este desafío se evidencia en el Reino Unido, donde los grupos de presión a favor y en contra del cannabis han protagonizado una acalorada discusión. En 2004, el gobierno siguió la recomendación del Consejo Asesor sobre el Abuso de Drogas, que afirmaba que el consumo de cannabis no tenía efectos adversos graves, y redujo las restricciones sobre la droga. Al año siguiente, el Consejo Asesor revirtió su postura y aceptó la evidencia que vinculaba el cannabis con la psicosis. Algunos periódicos que habían hecho campaña a favor de la liberalización respondieron atacando a los políticos "liberales". Para 2007, el clamor mediático había alcanzado tal magnitud que el gobierno volvió a aumentar las restricciones. Ahora, la presión para la liberalización vuelve a crecer. 

Al analizar las opiniones contradictorias, los políticos y reguladores deben reconocer que la "marihuana medicinal" se ha convertido en gran medida en una tapadera para la introducción del uso recreativo por parte de la industria de la marihuana, y que hay médicos inescrupulosos y cada vez más adinerados involucrados. Sin embargo, se debe fomentar la investigación sobre los numerosos componentes del cannabis, ya que, al igual que la investigación sobre los opiáceos, puede dar lugar a fármacos con importantes usos médicos. Los componentes cannabinoides individuales pueden entonces someterse a ensayos para medir su eficacia en diversas dolencias (por ejemplo, esclerosis múltiple, epilepsia) del mismo modo que se evalúa cualquier otro fármaco propuesto. Cuando sea eficaz, debería estar disponible bajo prescripción médica; varios fármacos cannabinoides ya están disponibles de esta manera.

Pero debemos ser cautelosos, ya que la evidencia que hemos revisado sugiere que el cannabis, al igual que otras drogas psicotrópicas, tiene efectos tanto negativos como positivos. Si consideramos que casi 200 millones de personas en todo el mundo consumen cannabis, es probable que el número de personas que sufren psicosis inducida por cannabis ascienda a millones, y la cantidad de personas en riesgo de desarrollar problemas graves de salud mental se convierte en una gran preocupación.

Los europeos siguen con gran interés la evolución del debate sobre el cannabis en Estados Unidos. La despenalización y la legalización del cannabis y los cannabinoides sintéticos están sobre la mesa. 
¿Conllevará la legalización un aumento del consumo? ¿Esto resultará en un mayor uso por parte de los adolescentes, quienes parecen ser los más susceptibles a los efectos adversos? ¿Podrán los servicios de salud mental y de tratamiento de adicciones hacer frente a la situación? ¿Cómo se desarrollarán las campañas educativas sobre los riesgos del consumo regular de cannabis de alta potencia o cannabinoides sintéticos? ¿Podría una simple prueba genética revelar quién tiene más probabilidades de sufrir efectos mentales adversos? 
A medida que el consumo de cannabis sigue ganando aceptación, persisten tantas preguntas como respuestas.

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