EL Rincón de Yanka

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jueves, 16 de julio de 2026

LIBRO "POSESIÓN": 👿👥🙏 Un psiquiatra entre exorcistas. Un viaje profundo entre la ciencia y el misterio de los exorcismos por Dr. José Miguel Gaona

POSESIÓN
Un psiquiatra entre exorcistas.
Un viaje profundo entre la ciencia 
y el misterio de los exorcismos


El exorcismo no es una reliquia del pasado. Es un fenómeno vivo, presente hoy en culturas de todo el mundo, y que la Iglesia católica sigue practicando en su lucha contra el mal.
En una era en que la ciencia parece tener respuestas para casi todo, resulta inquietante comprobar que aún existen experiencias que escapan a la explicación médica y que intentan resolver nuestra lucha cotidiana entre la luz y la oscuridad. Personas que aseguran estar poseídas. Voces que no reconocen como propias. Fuerzas que desafían lo conocido.
¿Dónde termina la enfermedad y dónde comienza lo inexplicable? 
El Dr. José Miguel Gaona lleva años enfrentándose a esa frontera. Ha presenciado exorcismos, investigado casos documentados por la Iglesia y entrevistado a figuras clave como el exorcista padre Amorth o el psiquiatra Richard Gallagher, quien describe episodios que desafían la lógica: pacientes que hablan con precisión lenguas desconocidas, revelan datos imposibles de conocer por ellos y manifiestan una fuerza fuera de lo común.
Este libro es el resultado de ese viaje al límite entre la fe y la razón. Un recorrido inquietante por los territorios donde la psiquiatría, la espiritualidad y el misterio se entrelazan. Es una invitación a dudar. A mirar más allá. Y a preguntarse si, en ocasiones, la realidad es mucho más extraña de lo que estamos dispuestos a admitir.
Prólogo

Estimado lector: Ha sido un placer para mí, como colega médico, escritor y profesor de Psiquiatría en Nueva York, haber tenido la oportunidad de intercambiar ideas profesionales con el Dr. José Miguel Gaona. Me han impresionado sus rigurosos estudios sobre las experiencias cercanas a la muerte, la naturaleza de la conciencia y el diverso mundo de los fenómenos psíquicos en un sentido amplio. Su libro Al otro lado del túnel es una excelente panorámica de múltiples aspectos de estos temas tan controvertidos. 

Me alegré mucho cuando me envió el borrador de su último libro sobre la práctica del exorcismo. Se trata de un estudio histórico, fenomenológico y teológico de otro campo de estudio aún más relevante. Su propia formación médica y su experiencia de observación en la materia hacen que este libro sea valioso, riguroso e incluso práctico. Una de sus principales virtudes es su accesibilidad para el público que busca la opinión de un psiquiatra contemporáneo, de gran inteligencia y sólida formación. 

El Dr. Gaona ha escrito un valioso estudio sobre la realidad de los ataques demoníacos y la aplicación de prácticas exorcísticas prudentes para aliviar a personas que realmente sufren, lo cual constituye la verdadera señal de cualquier médico comprometido con el bienestar de sus pacientes.

Profesor Doctor Richard Gallagher *
Psiquiatra, Universidad de Columbia, Nueva York, 2026

* Richard Gallagher, MD, psiquiatra y profesor de Psiquiatría en el New York Medical College y psicoanalista en el claustro de la Universidad de Columbia. Graduado en la Universidad de Princeton, con honores Phi Beta Kappa en estudios clásicos, realizó su residencia en Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale. Colaborador directo de exorcistas católicos durante décadas. Considerado el principal experto científico del mundo en el tema de los ataques diabólicos, ha sido miembro activo de la Asociación Internacional de Exorcistas desde la década de 1990. Autor de Demonic Foes, HarperOne, 2020; en español, Enemigos demoníacos.

¿POR QUÉ UN LIBRO SOBRE EXORCISMOS HOY?

«En mi nombre expulsarán demonios». 
Evangelio de Marcos 16,17 

Durante el tiempo en que viví en Malí, era inevitable dar un paseo por el mercado de Bamako. En algunos puestos se vendían amuletos o animales, algunos disecados o en pedazos para realizar actos de magia. Un alto precio y un hedor insoportable eran el peaje que había que pagar para intentar atraer a las entidades invisibles hacia causas más favorables de sus compradores o poco propicias para sus enemigos.

No pensaba en el poder mágico de dichos objetos por sí mismos, pero sí en la gran influencia de ellos sobre los seres humanos que participaban en dichos rituales y, quizá, la movilización de antiquísimas fuerzas invisibles. 

Pero años antes, durante mi infancia en Chile, alguna criada mapuche1 solía cuidarme durante alguna de las salidas de mis padres. Me convertía en oyente de interesantes y profundas historias de su pueblo indígena que no dejaban de impresionarme. A ciertas horas de la noche aquellos relatos parecían materializarse y la cuidadora parecía tornarse en una machi2 de cuya mano traspasaba fronteras mágicas que todavía, al día de hoy, intento volver a encontrar. 

Tal vez había una parte de sugestión, pero otra se adentraba en los laberintos más profundos del ser humano. Esa zona gris, o ennegrecida por el miedo y por la lucha entre la luz y la oscuridad, que nos persigue desde que mirábamos al cielo buscando las estrellas nada más salir de la caverna. 

Lo inexplicable regresa 

Vivimos en un tiempo en el que todo va extremadamente rápido. Por un lado, la inteligencia artificial es capaz de crear obras artísticas y algunos programas llegan casi a adivinar lo que vamos a hacer. Otros, como los de mi profesión, ya son capaces de diagnosticar la depresión e incluso aventurarse a predecir cómo van a evolucionar. Parece que la ciencia tiene respuestas para casi todo. Sin embargo, los exorcismos siguen siendo importantes y la gente se sigue interesando por ellos. Entonces, ¿por qué escribir sobre esto ahora? La respuesta no es especialmente fácil. Existen muchas razones por las que los seres humanos necesitamos imaginar aquello que desconocemos y también encontrar sentido en un mundo que para muchos parece vacío. 

Casi podríamos decir que un exorcismo va mucho más allá de expulsar los espíritus malignos del cuerpo o del alma de alguien. Es algo que va más allá de cualquier religión. De hecho, prácticamente todas las culturas del mundo lo hacen: desde los chamanes en América hasta los budistas en el Tíbet, sin olvidar a los hindúes o, por supuesto, numerosas religiones africanas. Lo que quiero decir es que todos necesitamos apoyo espiritual y que no importa de dónde seamos ni en qué época hayamos vivido. 

Para complicar aún más las cosas, observamos que el número de casos en todo el mundo, aunque no existen estadísticas especialmente fiables, siguen estables o incluso podríamos decir que aumentan. La Iglesia católica tiene más exorcistas actualmente que hace unas décadas. ¿Qué es lo que sucede en la mente con el espíritu de un ser humano cuando dice encontrarse poseído y busca exorcizarse? ¿Cómo es posible que, en ocasiones, la psiquiatría o la psicología se estrellen contra la muralla del espíritu? 

El contexto histórico y por qué sigue siendo importante 

Los exorcismos no son rituales del pasado; siguen existiendo y de una manera muy fiel a como se realizaban siglos atrás. La historia de los exorcismos revela una parte importante acerca de cómo los seres humanos hemos lidiado con aquellas cuestiones en las que fuimos o incluso somos ignorantes: enfermedades mentales, sufrimientos de alta intensidad, debacles psicológicas que en ocasiones nos pueden llevar a quitar la vida. 

Lo sugestivo de la situación es que, hasta no hace mucho, muchas enfermedades mentales, comúnmente llamadas «de los nervios», y algunas otras de origen neurológico, como la epilepsia, se veían como si los espíritus «malos» habitasen dentro de las personas. Ello nos podría llevar a pensar que los exorcismos no son otra cosa que una forma milenaria de practicar la medicina que, además, tenía todo el sentido con las creencias ancestrales. Sin embargo, a pesar de todo lo que sabemos actualmente sobre la psiquiatría o la neurología, muchas personas, incluso profesionales altamente formados, toman en consideración el exorcismo como una forma de liberarse de otros estados, como son las «posesiones». 

No queremos aceptar explicaciones solo sobre las cosas materiales. También nos confunden algunas experiencias extremas. ¿Cómo explicar cuando alguien cambia de forma radical, tiene conocimientos que no debería saber, una fuerza sobrenatural, o bien habla idiomas que, aparentemente, no conoce? Es entonces cuando comienzan nuestras dudas. 

Esta búsqueda de explicaciones, que va más allá de lo que podríamos esperar, ocurre incluso en países donde, aparentemente, la religión no parecía tan importante. Por ejemplo, en Estados Unidos, un país que visito con mucha frecuencia, han aumentado los exorcismos. 

En Hispanoamérica, gracias al crecimiento de las iglesias pentecostales, las prácticas para expulsar los espíritus de las almas ajenas han vuelto con mayor intensidad. Incluso, en la cada vez más atea Europa, todavía se realizan exorcismos. 

Lo que dicen la psicología y la antropología 

Pero los exorcismos podrían ayudarnos a entender importantes cuestiones de la experiencia humana que no llegan a explicarse solamente con la razón. Los casos de posesiones demoníacas tienen casi siempre cosas en común en diferentes culturas y épocas, algunas de las cuales ya hemos descrito unas líneas más arriba. 

Algunas de estas reacciones, que quizá deberíamos llamar «síntomas», podrían tener fácil explicación por parte de las ciencias que estudian la mente humana. Por ejemplo, el trastorno de identidad disociativo explicaría los cambios de personalidad. Algunos estados alterados de conciencia explicarían la adquisición de cierta información que bajo estados de vigilia no se podrían realizar. Cabe señalar que algunos estados psicóticos podrían imitar las posesiones. Pero, una vez más, estas explicaciones no acaban de tranquilizar muchas veces a aquellos que las padecen ni tampoco a sus familias. En ocasiones, lo más confuso del caso es que, cuando han fracasado los profesionales de la salud mental, entonces tienen éxito los sacerdotes con sus exorcismos. 
¿No será que las ciencias de la mente, profundamente materialistas, todavía no saben cómo manejar estas cuestiones espirituales? 

Justamente por esta última idea creo que es importante escribir sobre exorcismos en la época actual: tenemos que llegar a conectar la ciencia con la realidad. Tenemos que incluir el estudio profundo de lo espiritual con aquellas cuestiones que algunos científicos han sido incapaces, por su tozudez, de medir. Después de todo, ¿no resulta innegable que muchas de las cosas más importantes que poseemos los seres humanos son imposibles de medir, son intangibles?: el amor, la amistad, la lealtad y un largo etcétera que, justamente, constituyen nuestra esencia. Esta unión o intersección de la ciencia, la psicología, la antropología y la espiritualidad nos hará comprender quiénes somos. 

También desde la antropología el exorcismo no deja de ser un excelente mecanismo para que la Iglesia sane a esa persona que se cree poseída y la devuelva a la sociedad. Es un verdadero ritual para reintegrarnos, quizá para procesar traumas que nos afectan a todos y para reforzar nuestras creencias comunes. 

Cómo influyen la cultura popular y los medios 

No creo desvelar ningún secreto si decimos que los exorcismos siguen siendo unos rituales muy relevantes en la cultura popular que se manifiesta a través de los medios. Quizá todo comenzó con aquel clásico de la película llamada El exorcista, en la que el padre Damien Karras se enfrentaba a todo tipo de fenómenos; luego series de televisión, documentales, pódcasts en las redes sociales y programas realizados por youtubers independientes. Los exorcismos, como siempre, en la mente de todos. 

Por una parte, se ha reavivado este ritual y se han mantenido vivas preguntas importantes sobre el mal y lo sobrenatural, pero, por otro, es igualmente cierto que también se ha hecho mucho sensacionalismo y se han creado ideas falsas acerca de cómo son realmente los exorcismos. 

Paradójicamente, los medios también influyen acerca de cómo las personas vivimos y damos traducción a nuestras propias experiencias a través de un verdadero «contagio cultural». En otras palabras, los medios pueden influir sobre nuestros síntomas psicológicos. Antiguamente, por ejemplo, en nuestra cultura occidental se daban con mucha mayor frecuencia los trastornos conversivos.3 Este tipo de cuadro ha ido disminuyendo en gran medida con el paso de los años. La psicología social, en tanto, explica cómo las expectativas culturales influyen en los síntomas. 

Pero estos mismos medios también reflejan miedos sociales en estos tiempos modernos, ya sea perder el control, la desintegración de la familia, peligros para los niños o supuestas invasiones por elementos externos. En estos casos, el exorcismo se convierte en una forma de enfrentar las incertidumbres de la vida moderna. 

Un libro sobre exorcismos en la actualidad debería hablar no solamente acerca de cómo esta dimensión mediática puede llegar a distorsionar la realidad —le recuerdo que quien escribe estas líneas trabaja también en medios de comunicación—, sino también como parte integral de estos miedos que seguramente retroalimentan los síntomas de las posesiones. Estas representaciones culturales no son tan solo una serie de relatos, sino que su estudio nos puede ayudar a entender la realidad social que nos rodea y la interpretación de los mismos, tanto por aquellos que padecen los susodichos síntomas como por todos los que nos interesamos en la construcción de la realidad. 

A la vez, la ciencia, obviamente, tiene limitaciones a la hora de abordar la experiencia humana y su relación con el exorcismo. Podemos explicar mecanismos, pero raramente abordamos el significado, el propósito y, por supuesto, la experiencia subjetiva. Por ejemplo, un diagnóstico de trastorno disociativo podrá describir los síntomas y quizá facilitar un tratamiento, pero no garantizar la salvación integral del paciente. 

Al mismo tiempo, la situación se complica al entender que la ciencia occidental se basa fundamentalmente en el materialismo metodológico, forma de pensar que, por supuesto, ha sido imprescindible para avanzar en muchas de las materias del conocimiento humano. Sin embargo, esta metodología puede presentar dificultades para abordar aspectos de la experiencia humana que no se ajusten a sus modelos. Esta manera de pensar no niega el rigor científico, pero tenemos que reconocer que dicho método saldría ganando si añadiéramos enfoques complementarios para entender aquellas cuestiones que se escapan de las mediciones materialistas. 

¿Cómo estudiar ciertos casos que desafían cualquier explicación de la ciencia actual? Subrayo la palabra «actual», ya que probablemente en algunos años esa próxima ciencia se acercará mucho más a todas estas explicaciones. No son frecuentes, pero sí que hay informes de fenómenos durante los exorcismos y, lógicamente, también durante las posesiones que exceden a los mecanismos psicológicos o neurológicos conocidos. Parece resultar evidente que existen aspectos de la realidad aún no comprendidos. 

Un libro sobre exorcismos en el siglo xxi debería buscar un equilibrio entre el escepticismo científico y distintas posibilidades que pudieran ir más allá de los paradigmas actuales. Debe intentar explicar desde la ciencia aquellos casos que la desafían, permitiendo a los lectores formarse sus propias conclusiones. 

Resulta llamativo cómo ha cambiado el contexto religioso del exorcismo en las últimas décadas. Antiguamente, el exorcismo era propio de ciertas denominaciones cristianas, pero ahora también se ha adoptado, quizá transformado, en otras prácticas en forma de «liberación espiritual». Por ejemplo, el pentecostalismo ha difundido ideas sobre la guerra espiritual y la liberación que van más allá de los exorcismos tradicionales. También llama la atención que algunos movimientos new age hayan desarrollado sus propias versiones de «limpieza energética». Paradójicamente, muchos de estos parroquianos que se autodenominan ateos no solo buscan esa imprescindible dimensión espiritual, sino que además replican antiquísimas técnicas de sanación. 

Dentro de esta variedad espiritual no son pocas las personas que han reemplazado la adhesión a doctrinas religiosas tradicionales por una construcción de su propia espiritualidad, un tanto «a medida», combinando elementos de distintas tradiciones, pero que si las miramos de cerca y con buena voluntad veremos que no son otra cosa que reinterpretaciones de nuestras creencias milenarias. 

Atendiendo a estos cambios sociales, la Iglesia católica, históricamente asociada al exorcismo formal, ha ido adaptando sus prácticas y también la formación de los sacerdotes no solo incrementando el número de exorcistas, sino también desarrollando protocolos para distinguir entre problemas espirituales y psicológicos y, por supuesto, colaborando con profesionales de la salud mental. Todo ello muestra una evolución por parte de la Iglesia en la que ella misma reconoce que el tema de las posesiones no puede abordarse solo desde una perspectiva religiosa tradicional. 

Resulta interesante hacer notar que, a su vez, el secularismo no se ha querido quedar atrás y ha creado también un espacio donde tanto las posesiones como los exorcismos se intentan reinterpretar en términos psicológicos o terapéuticos sin perder su dimensión espiritual.
Tanto es así que algunos terapeutas han incorporado elementos rituales en su práctica, y no quiero ahora mencionar algunos tipos de drogas de tipo enteógeno,4 como la ayahuasca o el hongo peyote. Experiencias espirituales que, a su vez, son difíciles de categorizar. 

Hoy, en pleno siglo xxi, podemos utilizar todas las herramientas científicas en nuestra mano para estudiar tanto las posesiones como los exorcismos, a diferencia de los siglos pasados y de los casos históricos basados en testimonios que podrían ser cuestionables. En la actualidad, los casos se documentan con vídeos, audios y, por supuesto, con la observación directa por parte de los investigadores. Sin embargo, creo que son numerosos los casos en los que no se investiga a fondo fenómenos relacionados, por ejemplo, con cambios de temperatura, movimientos de objetos, efectos sobre equipos electrónicos, etc., dado el escepticismo de algunos científicos que afirman no creer en este tipo de cuestiones sin siquiera investigarlas. El propósito de este libro es, entre otros, permitir a los lectores evaluar los datos por sí mismos.

En estos casos de posesión se han observado diversos patrones de comportamiento en los que dichas experiencias se encuentran mediatizadas según factores culturales y personales.

Practicar exorcismos en el siglo xxi plantea una serie de cuestiones éticas que en el pasado carecían de consideración. Una de ellas no es solamente el consentimiento informado, sino también proteger a aquellos individuos que podrían considerarse psicológicamente vulnerables. Muchas personas que dicen estar poseídas y buscan un exorcismo se encuentran a menudo en estados de angustia psicológica y quizá no tomen las decisiones racionales propias del tratamiento que deberían recibir. 

Todo ello, como es lógico, da lugar a numerosos interrogantes: ¿cuándo sería apropiado realizar un exorcismo o cuándo sería recomendable derivar a la persona a tratamiento psicológico? ¿Podría ser que en ocasiones los exorcistas estuvieran causando más daño que beneficio al obviar una patología mental? ¿Existen medidas para proteger a estas personas vulnerables de aquellos que quieren practicar exorcismos en, por ejemplo, un grupo de una secta? 

En este complejo cóctel donde intentamos diferenciar qué partes podrían ser de responsabilidad sobrenatural y cuáles son psicológicas, ¿cómo tenemos que entender los casos de aquellas personas en las que el exorcismo ha tenido éxito y les ha producido alivio? ¿Un mero efecto placebo? ¿Sugestión? Incluso, ¿cómo se podría manejar y convencer a la comunidad científica de los beneficios de estos rituales de sanación si realmente tienen efectos terapéuticos reales? Me atrevería a decir incluso si los mecanismos psicológicos subyacentes no son aquellos que se asocian con los exorcismos tradicionales de la Iglesia católica.

Tal vez los exorcismos no hablan tanto de demonios como de nosotros mismos: de nuestro miedo al mal, de nuestra sed de sentido y de la eterna lucha entre la oscuridad y la luz en el corazón humano.

Pero la cuestión puede ser aún más compleja. Pensemos en algunas sociedades donde las creencias en la posesión demoníaca son tremendamente fuertes y están implantadas en su dinámica diaria. Estas creencias pueden literalmente estigmatizar a personas con enfermedades mentales, o bien evitar que busquen tratamiento médico. Al mismo tiempo, que las instituciones médicas o educativas rechacen este tipo de creencias creará barreras para que algunos grupos culturales tengan acceso real a los servicios de salud. 

Otra paradoja de este siglo que estamos viviendo es que estos fenómenos no dejan de ser una verdadera búsqueda humana sobre el significado de la existencia en una época en la que muchos la consideran espiritualmente pobre. Es cierto que estamos rodeados de multitud de avances tecnológicos y científicos, pero, a pesar de todo, son muchas las personas que experimentan un vacío existencial, una pérdida de conexión con aquello que tradicionalmente se ha considerado como trascendente. 

Experiencias de posesión y exorcismo son una forma más de conectar con otras dimensiones espirituales de la realidad que se sienten perdidas en el mundo moderno, porque nuestra psique sigue teniendo hambre de ellas. Para otros lectores, esta podría ser una explicación a para sufrimientos cuya etiología desconocen y que la ciencia no ha sabido abordar. 

En un mundo donde casi todo parece ser explicado a través de la física o de la química, este tipo de creencias mantienen vivo en lo más profundo de cada uno de nosotros que existan dimensiones de la realidad que vayan no solamente más allá de lo material, sino más allá de nuestras percepciones. Esta búsqueda de trascendencia en la vida no es necesariamente regresiva o anticientífica, sino el producto de integrar distintas formas de conocimiento o experiencia. Entender de las posesiones o los exorcismos puede llegar a servir para integrar la ciencia, la psicología y la antropología, así como aquellas cuestiones espirituales que busca gran parte de la humanidad y que respetan la necesidad del máximo rigor intelectual y la realidad de la experiencia humana, incluyendo, por supuesto, la experiencia religiosa del tipo que sea. 

Todo ello puede recordarnos que, por mucho que avancemos en nuestro conocimiento, una vez que miramos al infinito, o bien dentro de nosotros mismos, intentando encontrar ese sentido de la vida, nos damos cuenta de que seguimos siendo criaturas que buscamos significado a lo que nos rodea y que el pensamiento racional, tal como lo entendemos hoy en día, no nos proporciona todas las respuestas. 

Por último, escribir sobre exorcismos hoy en día es escribir sobre la persistencia de lo sagrado en un mundo secular, sobre cómo buscar la salvación en el terreno de lo espiritual, pero quizá, sobre todo, acerca de la resistencia del espíritu humano a ser reducido a simple materia.

CONCLUSIONES

• El exorcismo sigue siendo un fenómeno universal. A pesar de los avances científicos, rituales similares aparecen en casi todas las culturas, reflejando una necesidad humana profunda de dar sentido al mal y al sufrimiento.
• La posesión se sitúa entre la mente y la cultura. Muchos de sus síntomas pueden explicarse psicológicamente, pero su forma de manifestarse está fuertemente influida por creencias y contextos culturales.
• La ciencia aún tiene límites para explicar ciertas experiencias. Aunque describe mecanismos y síntomas, no siempre logra abordar plenamente el significado espiritual o existencial que estas vivencias tienen para quienes las padecen.
• El exorcismo puede cumplir funciones simbólicas y sociales. Desde la antropología, estos rituales actúan como formas de canalizar el sufrimiento y reintegrar al individuo dentro de su comunidad.
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1 Pueblo indígena más numeroso de Chile y el suroeste de Argentina, cuyo nombre significa «gente de la tierra».
2 La machi es la máxima autoridad espiritual y curandera tradicional del pueblo mapuche en Chile y Argentina, actuando como intermediaria entre el mundo terrenal y espiritual. Su rol incluye sanar enfermedades físicas y espirituales.
3 Los trastornos de conversión son un grupo de trastornos mentales que tienen en común la presencia de síntomas y signos físicos, principalmente neurológicos, sin que exista una enfermedad o causa física objetivable que pueda explicarlos. Antiguamente se agrupaban bajo el diagnóstico de histeria.
4 Dicho de una sustancia: Que produce alucinación y que inicialmente fue utilizada en contextos religiosos y chamánicos, y hoy puede consumirse con otros fines (RAE).

Entrevista con José Miguel Gaona: Un neuropsiquiatra frente al demonio

VER+:




LIBRO "LA MUERTE DEL PRÓJIMO" 👥 por LUIGI ZOJA y "EL NUEVO NÓMADA" por E.W. HEINE

LA MUERTE DEL PRÓJIMO


Ama a Dios y ama a tu prójimo como a ti mismo es el doble mandamiento que rigió la moral judeocristiana durante milenios. El mundo occidental se ha sostenido sobre estos dos pilares y con ellos ha conquistado el resto del mundo por la fuerza de sus armas y de su economía. 
A fines del siglo XIX el terrible grito de Nietzsche se esparció por todo el planeta: Dios ha muerto. La muerte de Dios vació el cielo, que se llenó con las divinidades de la ciencia y de la economía. 
A comienzos del siglo XXI la globalización y la revolución informática favorecen nuestra solidaridad con personas lejanas. El amor por quien está distante se convierte rápidamente en una abstracción y, como en un círculo vicioso, esa tendencia se enlaza con la indiferencia hacia quien está cerca, nuestro vecino, como producto de la cultura de masas y la descomposición de los valores tradicionales. 
El hombre de las ciudades se siente, cada vez más, rodeado de extraños. 
Luigi Zoja se pregunta si ha llegado el momento de aceptar abiertamente lo que todos vemos y experimentamos: también el prójimo ha muerto. Después de la muerte de Dios, la muerte del prójimo representa la desaparición de la segunda relación esencial para el hombre. 
El hombre cae en una soledad esencial. Es un huérfano sin precedentes en la historia. Lo es en un sentido vertical ha muerto su Padre Celestial , pero también en un sentido horizontal: ha muerto quien estaba cerca de él. Es un huérfano mire hacia donde mire.
***
EL DESAMPARO, LA FALTA DE SOLIDARIDAD, LA DESAPARICIÓN DEL "OTRO" Y UNA TECNOLOGÍA QUE FUNCIONA COMO UNA MAQUINARIA DE FABRICAR DISTANCIA, SON LOS NÚCLEOS DEL NUEVO LIBRO DEL ESCRITOR ITALIANO LUIGI ZOJA: LA MUERTE DEL PRÓJIMO, QUE EL ESTUDIOSO ANUDA AL CONCEPTO VERTIDO A FINES DEL SIGLO XIX POR NIETZSCHE: "DIOS HA MUERTO".

Del latín proximus, el término prójimo tiene que ver con cercanía (el paso del darse la mano al abrazo), vecindad, reciprocidad, "apariencia visible", lo fraterno, intereses mancomunados, lo compartido que ha sido reemplazado por "individuos que hablan por celular o escuchan sus auriculares" –señala Zoja- en un nuevo tiempo "posthumano". 

El nuevo ensayo de este escritor y psicoanalista nacido en Italia en 1943, editado por el Fondo de Cultura Económica, se suma a otros títulos suyos -La voz de Filemón. Estudios sobre El libro rojo de Jung; Drogas: adicción e iniciación, La búsqueda moderna del ritual y Paranoia. La locura que hace la historia- y se ubica en la línea de otros análisis sobre un individuo seriado y globalizado, como Amor líquido del ensayista polaco Zygmunt Bauman; en el que explicita el temor a establecer relaciones duraderas. En el plano local, posee puntos comunes con Fugas. 

El fin del cuerpo en los comienzos del milenio, en el que el escritor Daniel Calmels evidencia los efectos de hábitos que empobrecen manifestaciones corporales como aceleramiento, mecanización, indiferencia. Otro título en esta línea es La era de la desolación, donde el filósofo Dardo Scavino, señala los modos en que el poder ha desarticulado los lazos sociales reemplazándolos por "la competencia salvaje, el individualismo y la percepción del semejante como enemigo".

Zoja enfoca seres modelados desde la televisión o publicidades viales adaptadas al perfil de ese consumidor: "que se siente inesperadamente halagado, pero definitivamente solo", frente a la pantalla del celular, la pantalla de la computadora portátil y también el cartel publicitario, que, agrega, "aprendió a seguirnos; juntos son 'nuestra familia'". 

Señala que la alienación viene de la mano de una curiosidad reprimida, una "artritis de la psique" que tiene que ver con "el hábito de encontrar imágenes que no son verdaderas (lo) que vuelve normal el no experimentar sentimientos ante nuevas figuras… que sí son auténticas… cuando salimos en la calle estamos acostumbrados a considerar todo como una puesta en escena comercial". 

El temor también formaría parte de este individuo enajenado merced, según Zoja, a "la inflación de las crónicas policiales", todo alentado por el negocio de "una nueva generación de sistemas de alarma y compañías de seguros" a los que podríamos agregar otros intereses como policía privada, cámaras de seguridad, etcétera. Entre los ejemplos con que refuerza su idea del individuo aislado en el "invencible mercado de la distancia", cita a un jefe indígena de la tribu estadounidense crows, hablando de la muerte espiritual de su pueblo, ya que al desaparecer el bisonte de sus campos: "las manos no tocaban más a los bisontes que la naturaleza les había asignado como prójimo; a tal punto que sus ritos se centraban en ellos". 
En un contexto humano "cada vez menos próximo", "desaparece la comunidad", "nadie está cerca de nadie" y "nadie es prójimo de nadie"; es así que toman el timón grandes consorcios empresarios que recurren a un lenguaje militar: "cadenas de mando", "escudos internos", "cavan trincheras, lanzan campañas y contraataques". Al punto de que ya se estudian las perturbaciones psicológicas del empresario de hoy -irresponsable, inadaptado, cínico, irritable, manipulador, inestable, inmoral- que, sin sentimientos de culpa y con tendencia a mentir y a sacar ventaja rápidamente, se emparenta con peligrosos psicópatas.

Zoja no deja por fuera otros aspectos ubicados en la cotidianidad como los "video games" donde se juega "a matar sin escrúpulos" poniendo la excitación por sobre el compartir, el voyerismo de quienes filman a grupos de alumnos golpeando a un compañero (podría agregarse a los militares que filman el suplicio de sus víctimas) y el snuff films en los que los asesinatos son reales. 

El libro se completa con la mención de otros símbolos de la distancia como muros y alambradas que dividen poblaciones, los cientos de miles de refugiados a la deriva estigmatizados como "invasores" y la riqueza concentrada en pocas manos a una velocidad sin precedentes. Uno de sus capítulos los dedica Zoja al joven que "ni trabaja, ni estudia, ni recibe formación" (los "neet" en inglés, los "hikikomori" en Japón), especie de eremita urbano que vive por fuera de la realidad encerrado con llave en su habitación, que duerme de día –"su madre le deja un plato de comida frente a su puerta" y solo lo conecta al mundo una computadora conectada a Internet. 

Si bien resulta por demás interesante el ensayo de Zoja sobre "la construcción de distancia" que convierte al prójimo en algo remoto, decae en su parte final donde coloca al deseo como apetito animal que encarna pulsiones sociales de cambio y emancipación que rotula -sobre todo desde los '60- como contracultura narcisista. Convierte así un legítimo y madurado deseo social (contraparte, por otro lado, de la inmediatez consumista) en factor de provocación frente al poder de turno y, por consiguiente, en responsable del accionar represivo, dando como ejemplos de este "hedonismo" utopista, que denomina "romanticismo inconsciente", tanto al Che Guevara como a los Beatles y el movimiento estudiantil del Mayo Francés.

Introducción

Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor. 
Levítico, 19:18
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, 
con toda tu alma, con todas tus fuerzas 
y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
Lucas, 19:27 (Mateo, 22:36-40; Marcos, 12:28-31)

Durante milenios un doble mandamiento rigió la moral judeocristiana: ama a Dios y ama a tu prójimo como a ti mismo. A fines del siglo XIX, Nietzsche anunció: Dios ha muerto. Terminado el siglo XX, ¿acaso no ha llegado el momento de decir lo que todos vemos? También ha muerto el prójimo. Perdimos también la segunda parte del mandamiento porque cada vez sabemos menos a qué se refiere. 

“Tu prójimo” es algo muy simple: la persona que ves, que oyes, que puedes tocar. La palabra hebrea réa, en el Levítico, y la griega plesíos, en el Evangelio de Lucas, quieren decir exactamente eso: el otro que está a tu lado. Tanto el Antiguo Testamento como los Evangelios sinópticos no se refieren a un prójimo abstracto, sino a tu prójimo: el que está próximo a ti, cerca de ti, aquel sobre quien puedes apoyar tu mano. 
Santo Tomás no cree que Jesús haya resucitado: primero quiere verlo y tocarlo (Juan, 20:25). 

La cercanía siempre ha sido fundamental. Por este motivo, el acercamiento estaba protegido por ritos casi sagrados: el paso del “usted” al “tú”, el paso de estrecharse las manos a abrazarse. 
A menudo los inmigrantes nos dan miedo porque, como hablan mal nuestra lengua, nos tutean de inmediato: nos parecen invasivos, que se acercan demasiado. 

En el siglo XXI predominan la distancia y las relaciones mediadas de la técnica, por lo cual la búsqueda de la intimidad reaparece en formas tortuosas. La necesidad de proximidad, re­primida, se disfraza de sexualidad o de otros impulsos hoy formalmente permitidos. Cristo no modificó el mandamiento veterotestamentario, sino que vinculó a Dios y al prójimo, convirtiendo en absoluto también el amor hacia este último. El Antiguo Testamento se dirigía a los fieles de Yahvé, no a los demás pueblos. 

La novedad del cristianismo, generosísima pero abstracta, consiste en transformar en prójimo hasta al más lejano habitante de la Tierra. Se le debe amor en cualquier caso: he aquí la antigua raíz de ideas modernas como los derechos universales del hombre o las affirmative actions. 
El evangelista Lucas sabe que no dice algo incomprensible cuando traduce al griego (es decir, desnacionaliza) la verdad hebrea: ya desde setecientos u ochocientos años antes, la Odisea expresaba algo similar (vi, 207 y 208). 
“Todos los forasteros y pobres son de Zeus —es decir, para los griegos, el equivalente de Dios Padre—, y un exiguo don que se les haga le es grato”, había dicho Nausicaa, antecesora de María Magdalena por su sensibilidad y dulzura. En la Odisea, “don” es dòsisLa raíz indoeuropea do- significa “dar” pero también “tomar”: señala tanto la universalidad como el equilibrio de la relación entre prójimos. No es casual, por lo tanto, que en las lenguas europeas “dosis” signifique todavía hoy en día la “justa cantidad”. 

Al dar al prójimo, al amar al prójimo, le damos también a Dios lo que le es debido. El hombre justo hace cada día sus ofrendas a Dios y al prójimo. Durante milenios, el mundo judeocristiano se ha sostenido sobre estos dos pilares. Este mundo conquistó al resto del mundo por la fuerza de sus armas y de su economía: si el resultado no ha sido un genocidio general sino una globalización, esto se debe también a la fuerza —inmensa y global— de este doble mandamiento. Pero la sociedad actual es laica. A fines del siglo XIX, el terrible grito de Nietzsche se esparció por toda la tierra: “Dios ha muerto”. 

Incluso quienes no le tienen simpatía a Nietzsche deben reconocerlo como profeta: durante el siglo xx, en el mundo judeocristiano las personas religiosas pasaron de ser mayoría a ser minoría. Y también para esta minoría, la fe se ha convertido en una cuestión privada, como la elección de una filosofía, de una convicción política, incluso de un amor. La sociedad que se apoyaba en dos pilares no conservó el equilibrio desde que uno de ellos se desmoronó. 

La muerte de Dios ha vaciado el cielo. Pero nada resiste la succión del vacío. El espacio celestial se ha llenado con la admisión entre las divinidades de los milagros de la ciencia y de la economía, con la elevación a las estrellas de los deseos personales. Demasiado a menudo se olvida que desiderare [desear] significa justamente eso: dejar de (de-) confiar en los astros (sidera), prescindir de ellos, para ponerse uno mismo en su lugar en el cielo. Continuamos teniendo necesidad de adorar a alguien, pero el lugar de Dios ha sido tomado por el hombre y sus obras. Se elevan conjuntamente como modelo y meta para los demás hombres. El hombre ideal se transfigura, se diviniza. En consecuencia, ya no es un hombre cercano. Ya no tiene una apariencia visible: ahora es una visión. 

Surge entonces el culto de las personas famosas, de las celebrities. Naturalmente, las personas cercanas siguen existiendo, pero sus banales imperfecciones las vuelven más lejanas que un tiempo atrás. No es casual que a fines del siglo xix Freud inventara el psicoanálisis, que se difunde inconteniblemente en el siglo xx. El aislamiento aumenta. Un mal al que se le asigna el nombre de neurosis afecta a las personas más sensibles. 

A través del psicoanálisis reconstruirán una relación humana, no con el prójimo sino con un profesional. Su necesidad de cercanía es tan violenta que se crea un exceso de intimidad con él que se llama transferencia y se considera, a su vez, un estado neurótico. Freud sugiere técnicas para contenerla. Hace acostar al paciente en un diván para evitar su mirada. 
Con el paso del siglo XX al XXI, cede de modo irremediable también el segundo pilar del mandamiento: el hombre de las ciudades se siente, cada vez más, rodeado de extraños. 

Es tiempo, entonces, de pensar en las secuelas de Nietzsche, y decir abiertamente que también ha desaparecido el prójimo. 
Los tiempos que siguen a la “muerte de Dios” se han llamado alguna vez posteológicos o posreligiosos. Para el tiempo presente, todavía no se ha encontrado un nombre. Una posibilidad desagradable sería “posthumano”.

VER+:

El progreso se basa únicamente en el saber grupal, así lo entiende
E.W. Heine, arquitecto y escritor alemán, en su obra "El nuevo nómada":
"Un individuo aislado es incapaz de construir un automóvil o un televisor. Ni siquiera podría producir corriente eléctrica. No somos más que simples células de un gigantesco organismo, del que dependemos pase lo que pase. Si dicho organismo acabara descomponiéndose, los supervivientes vegetarían al cabo de una generación en un nivel existencial inferior incluso al de los primitivos cavernícolas".

10- Luigi Zoja - La Muerte Del Projimo by Denise Tardí


miércoles, 15 de julio de 2026

19º ANIVERSARIO (BODAS DE MADRESELVA) y 6.000.000 DE VISITAS DEL RINCÓN DE YANKA: SIMBOLIZA LA FORTALEZA, LA LEALTAD Y LA AMISTAD INCONDICIONAL


19º ANIVERSARIO (BODAS DE MADRESELVA) 
Y 6.000.000 de visitas 
DEL RINCÓN DE YANKA

LA MADRESELVA, flor que simboliza la fortaleza, la lealtad y cómo los lazos de la amistad se entrelazan y crecen con el tiempo. El aniversario representa el amor y la lealtad incondicional y la capacidad de resistir juntos la prueba del tiempo.
La leyenda de LA MADRESELVA o La Madre Monte, es un relato muy arraigado en la tradición oral de la Amazonía colombiana y parte de los llanos orientales. La Madre Monte es comúnmente representada como una mujer bella y fuerte, mitad mujer y mitad monte; vestida con hojas y musgo verde, cuyo rostro no se puede ver.
Este ser sobrenatural, castiga a todos los que dañen la naturaleza, especialmente a los cazadores y leñadores codiciosos. De igual manera, aturde a todo aquel que ande en malos pasos, planeando fechorías, perdiéndolos en el bosque o selva.


¿Y cuál es la leyenda de LA MADRESELVA 
o La Madre Monte en Colombia?

Cuenta la leyenda que los campesinos y leñadores que la han visto, dicen que es una señora corpulenta, elegante, vestida de hojas frescas y musgo verde, mitad mujer y mitad monte, con un sombrero cubierto de hojas y plumas verdes, que no permite ver su rostro.
Algunos aseguran escuchar sus gritos y bramidos en noches oscuras y de tempestad peligrosa. Vive en sitios enmarañados, con árboles frondosos, alejada del ruido de la civilización y en los bosques cálidos, con animales peligrosos.

Los campesinos cuentan que cuando la Madre monte se baña en las cabeceras de los ríos, estos se enturbian y se desbordan, causan inundaciones, borrascas fuertes, que ocasionan daños espantosos.
Castiga a los que invaden sus terrenos y pelean por linderos; a los desleales, a los perversos, a los esposos infieles y a los vagabundos. Maldice con plagas los ganados de los propietarios que usurpan terrenos ajenos o cortan los alambrados de los colindantes.

A los que andan en malos pasos, les hace ver una montaña inasequible e impenetrable, o una maraña de juncos o de arbustos difíciles de pasar, borrándoles el camino y sintiendo un mareo del que no se despiertan sino después de unas horas, convenciéndose de no haber sido más que una alucinación, una vez que el camino que han trasegado ha sido el mismo.
Dicen que para librarse de las acometidas de la Madre monte es conveniente ir fumando un tabaco o con un bejuco de adorote amarrado a la cintura. Es también conveniente llevar pepas de cavalonnga en el bolsillo o una vara recién cortada de cordoncillo de guayacán; sirve así mismo, para el caso, portar escapularios y medallas benditas o ir rezando la oración de San Isidro Labrador, abogado de los montes y de los aserríos.

Este mito es también conocido en otros países de Sudamérica como Brasil, Argentina y Paraguay con nombres como: Madreselva, Fantasma del monte y Madre de los cerros.

Canta: Libertad Lamarque
Music: Francisco Canaro
Lyrics: Luis César Amadori

Vieja pared del arrabal,
tu sombra fue mi compañera
de mi niñez sin esplendor
la amiga fue tu madreselva.
Cuando temblando mi amor primero
con esperanzas besaba mi alma,
yo junto a vos, pura y feliz,
cantaba así mi primera confesión:

Madreselvas en flor,
que me vieron nacer
y en la vieja pared sorprendieron mi amor,
tu humilde caricia es como el cariño
primero y querido que siento por él.
Madreselvas en flor, que trepando se van,
es tu abrazo tenaz y dulzón como aquel…
si todos los años tus flores renacen,
hacé que no muera mi primer amor…

Pasaron los años y mis desengaños
yo vengo a contarte, mi vieja pared:

Así aprendí que hay que fingir
para vivir decentemente;
que amor y fe mentiras son
y del dolor se ríe la gente…
hoy que la vida me ha castigado
y me ha enseñado su credo amargo,
vieja pared, con emoción
me acerco a vos y te digo como ayer:

Madreselvas en flor, que me vieron nacer
y en la vieja pared sorprendieron mi amor,
tu humilde caricia es como el cariño primero
y querido que nunca olvidé.
Madreselvas en flor que trepándose van,
es tu abrazo tenaz y dulzón como aquel…
si todos los años tus flores renacen,
¿por qué ya no vuelve mi primer amor?

VER+: