EL Rincón de Yanka

inicio














martes, 18 de agosto de 2026

PELÍCULA "SISU": CUANDO SE PIERDE TODA ESPERANZA (2022) 💥

CAMINO DE VENGANZA

Una electrizante cinta de acción ambientada en la Laponia finesa durante la IIGM sigue a un buscador de oro, encarnado por un gran Jorma Tommila (como curiosidad, es cuñado del director, su actor fetiche, y su hijo en la vida real es el conductor del tanque que lo persigue) un sexagenario actor (63 años en la vida real) que parece poseído por el mismo diablo, sin articular palabra hasta el final, estoico, todo lo dice con su poderosa expresividad y sus penetrantes ojos, donde también habla de su pasado su magullado y cicatrizado cuerpo, ser que parece salido de las mismísimas entrañas del Averno para ajustar cuentas con los nazis, intenta asegurar su oro robado y defenderse de un escuadrón nazi dirigido por un brutal oficial de las SS, al que da vida un notable Aksel Hennie. 
La película se rodó cerca del pueblo de Nuorgam en Laponia con un presupuesto de unos 6 millones de euros (6,5 millones de dólares), según Helander, la película “First Blood” (1982) y el francotirador militar finlandés de la vida real Simo Häyhä, luchó contra el Ejército Rojo (mató a 542 enemigos), sirvieron de gran inspiración para la película. 

Sisu es una palabra finlandesa que hace referencia al interior del individuo, nos dice un texto de apertura, concepto imposible de definir que denota una "forma de coraje y determinación inimaginable… Sisu se manifiesta cuando se pierde toda esperanza”.

Simo Häyhä: LA MUERTE BLANCA está considerado como el francotirador más letal de toda la historia. Durante la Guerra de Invierno librada por Finlandia y la Unión Soviética entre 1939 y 1940 infligió a los soviéticos 542 muertes confirmadas, un récord que aun hoy prevalece. Silencioso y veloz, el objetivo rara vez escapaba a su mira. Su manera de actuar en el campo de batalla se ha convertido en un modelo para los francotiradores de todo el mundo. Esta biografía de Tapio Saarelainen, oficial de carrera en el Ejército finlandés y experto tirador de élite, explora en profundidad la vida de Simo Häyhä, la Muerte Blanca, en todas sus facetas. Desde sus hazañas en la Guerra de Invierno contra Stalin, hasta los secretos de su éxito en los nevados paisajes finlandeses, analiza también su carácter y personalidad, su técnica y, también, una mirada detallada de su propio fusil. En definitiva, una obra fundamental para entender la guerra a pequeña escala.

El día que la Unión Soviética invadió Finlandia, Simo Häyhä estaba preparado para convertirse en leyenda. Medía poco más de metro y medio y era reconocido por su amplia sonrisa, sus técnicas para enterrarse en la nieve como un perro siberiano y su eficacia a la hora de disparar, haciendo blanco a 300 metros de distancia.
Con 33 años y durante 98 días, el granjero nacido en Rautjärvi se convirtió en el terror de los soldados soviéticos que avanzaban entre el bosque y las montañas dejando a cada paso manchones rojos en los caminos nevados, heridos de muerte una y otra vez sin siquiera saber de dónde provenían los disparos.
Durante la breve Guerra del Invierno que se desarrolló entre noviembre de 1939 y marzo de 1940, y hasta que cayó herido con un disparo que le deformó el rostro para siempre, Häyhä dejó fuera de combate a medio millar de militares rusos, puntualmente a 542 personas, según las cuentas de sus camaradas, 200 de las cuales murieron.

Lo apodaron “La muerte blanca”.

El francotirador usaba un rifle M28 Pystykorva con un cargador de 5 municiones calibre 7.62 mm, la variante del fusil de cerrojo ruso Mosin-Nagant M28.
El mayor Tapio Saarelainen, tirador experto del Ejército Finlandés y quien escribió un libro sobre su vida, dijo que el granjero tenía una precisión increíble para dar en el blanco y que, durante los entrenamientos, podía acertar a un objetivo a 150 metros de distancia unas 16 veces en menos de 60 segundos.
Este fue un logro increíble con un rifle de cerrojo, considerando que cada cartucho tenía que ser alimentado manualmente con un cargador fijo de 5 municiones.

Cada vez que era entrevistado como un excombatiente condecorado -recibió la Cruz de Caballero Mannerheim, el más alto honor militar de su país-, él repetía que su secreto no era otro que la “práctica”. Y que no se arrepentía de haber matado o herido a tantas personas, porque había hecho lo que le pidieron que hiciera: “Lo mejor que pude”.
Luego de la guerra, Simo se dedicó a la caza mayor y a la crianza de animales. No se le conocieron parejas, amores ni descendencia, más que sus adorados perros. Murió de viejo, el 1 de abril de 2002. Tenía 97 años.




viernes, 14 de agosto de 2026

SOCIALISMO Y SOCIAL DEMOCRACIA: CIUDADES GLOBALIZADAS SIN ALMA, SIN VIDA, SIN LIBERTAD 🏢🏢🏭🏭

 

SOCIALISMO: 
CIUDADES  SIN  ALMA

«¿No te has dado cuenta cuando caminabas
por esta ciudad que la mayoría de sus edificios
no te decían nada, exceptuando
alguno que otro, que estaba cantando?»
«El actual habitante de los grandes centros ciudadanos
recae en un estado de salvajismo, es decir, en uno de aislamiento»

Paul Válery


Miliutin, Ginzburg, Le Corbusier: nombres distintos, una misma obsesión. Todo el siglo XX empujó en la misma dirección: borrar la ciudad heredada, desterrar el ornamento y convertir la arquitectura en una línea de producción en serie.
El socialismo no se conformó con construir edificios: construyó doctrina. Viviendas colectivas, ciudades funcionales, prefabricados en masa: todo pensado para moldear a un “hombre nuevo”. 
Lo que no servía a ese proyecto -la tradición, la intimidad, la memoria histórica- se consideraba un lastre a eliminar.

Esta idea se infiltró en el resto del mundo disfrazada de modernismo radical, de neobrutalismo, de sus herederos actuales. Hoy la huella está a la vista: centros históricos mutilados, barrios sin rostro, ciudades enteras donde el hormigón le ganó terreno al carácter.
Por eso Occidente no encuentra su lugar. Dejó que una ideología totalitaria despreciara su propio patrimonio sacrificando siglos de belleza por bloques repetidos, fríos e intercambiables. Cuando una ciudad se parece a cualquier otra, deja de pertenecerle a su pueblo.

Debemos rechazar esta tendencia destructiva. Restaurar el ornato, proteger nuestro patrimonio y recuperar la arquitectura tradicional, no es vivir en el pasado: es defender la memoria, la belleza y el legado de lo que alguna vez fue la civilización cristiana de Occidente.

Michael Wolf dedicó gran parte de su carrera a fotografiar las megaciudades, especialmente Hong Kong. Sus imágenes muestran fachadas interminables, ventanas repetidas y edificios que parecen no tener fin. Pero detrás de esos patrones casi abstractos hay miles de vidas. Cada ventana es una historia, cada apartamento una persona, cada detalle un recordatorio de cómo vivimos en las grandes ciudades. Con series como Architecture of Density o Tokyo Compression, Wolf transformó la arquitectura y el espacio urbano en una reflexión sobre el anonimato, la soledad y la forma en que las ciudades moldean nuestra manera de vivir. Su fotografía demuestra que, a veces, la mejor forma de hablar de las personas es fotografiar los lugares que habitan. ¿Hasta qué punto una ciudad también puede ser un retrato de quienes viven en ella?

La regla 3-30-300 es un estándar urbanístico creado por el experto Cecil Konijnendijk para medir y garantizar el acceso de los ciudadanos a la naturaleza en entornos urbanos. Establece que toda persona debe ver 3 árboles desde su ventana, tener un 30% de cobertura arbórea en su barrio y vivir a menos de 300 metros de un parque o espacio verde.

En qué consiste la regla

3 árboles: Ver al menos tres árboles de buen tamaño desde la ventana de tu casa.
30% de masa verde: Que el porcentaje de copa de árboles en tu barrio alcance el 30% para reducir el calor y mejorar el aire.
300 metros: Tener un parque o zona verde (de al menos una hectárea) a una distancia máxima de 300 metros de la puerta del hogar. 

El reto urbano en La Coruña: Como ocurre en la mayoría de ciudades compactas y densas, los ensanches más modernos o zonas altamente pavimentadas (como Cuatro Caminos o Pescadería) sufren déficit de dosel arbóreo o requieren caminar un poco más para alcanzar superficies verdes de gran tamaño, lo que impulsa peticiones vecinales y municipales para ganar espacio al asfalto y plantar más vegetación.
La Plaza de Pontevedra en La Coruña suspende en la regla 3-30-300, aunque cumple de forma sobresaliente con el último criterio de cercanía a zonas verdes.

Al analizar la plaza bajo este estándar urbanístico, el resultado se divide así:

3 árboles (Suspenso): Los edificios que dan directamente a la plaza o a la calle Juana de Vega sí tienen árboles de gran porte frente a sus ventanas. Sin embargo, las viviendas en las calles adyacentes más estrechas no logran ver vegetación.
30% de masa verde (Suspenso): Toda la zona del Ensanche y los alrededores de la plaza sufren un importante déficit de dosel arbóreo. El asfalto, las aceras y las paradas de autobús dominan el espacio, quedando muy lejos del 30% de cobertura vegetal requerido. Se han ejecutado proyectos del Ayuntamiento de La Coruña para renovar sus jardines y ampliar áreas verdes, pero el porcentaje global sigue siendo bajo. 
300 metros (Excelente cumplimiento): Este es su punto fuerte. A menos de 300 metros a pie (unos 3 minutos andando), los residentes tienen acceso directo a los Jardines de Méndez Núñez, un gran pulmón urbano con árboles centenarios que supera con creces la hectárea de superficie exigida por la regla. Además, la playa de Riazor y su paseo marítimo se encuentran a una distancia similar. 

VER+:







jueves, 13 de agosto de 2026

LIBRO "RODEADOS DE IDIOTAS": 😛😵😛😵 Los cuatro tipos de personalidades (o como entender a quienes cuesta tanto entender) por THOMAS ERIKSON


RODEADOS 
DE IDIOTAS

Los cuatro tipos de personalidades
(o como entender a quienes
cuesta tanto entender)


Descubre qué color te define y relaciónate mejor con el resto del mundo.

MÁS DE 10 MILLONES DE EJEMPLARES VENDIDOS.
EL MÉTODO QUE TRIUNFA EN TODO EL MUNDO.

¿Alguna vez te sientes incomprendido?
¿Has intentado razonar con alguien y habéis acabado a gritos?
¿Has salido de una reunión pensando que estás perdiendo el tiempo?
O, lo que es peor, ¿la gente a veces no entiende lo que dices, por más claramente que lo expliques?

No estás solo. Tras una reunión desastrosa con un empresario de éxito que estaba convencido de estar «rodeado de idiotas», Thomas Erikson ideó un revolucionario método de clasificación del comportamiento que divide a las personas en cuatro tipos: los rojos, dominantes y ambiciosos; los amarillos, espontáneos y optimistas; los verdes, pacientes y amables, y los azules, metódicos y precisos. Este libro da herramientas para identificarlos e interactuar con ellos y, con un trasfondo psicológico y partiendo de situaciones cotidianas, nos permite mejorar nuestras habilidades sociales y afrontar los conflictos en nuestra vida profesional y personal, con el fin de sacar lo mejor de nosotros mismos y de aquellos que nos rodean.

INTRODUCCIÓN

Estaba en la escuela secundaria cuando noté por primera vez que me llevaba mejor con ciertas personas que con otras. Fue fácil hablar con algunos de mis amigos; En cualquier conversación, siempre encontramos las palabras adecuadas y todo fluyó sin problemas. Nunca hubo conflictos y nos agradamos mutuamente. Sin embargo, con otras personas todo salió mal. Lo que dije cayó en oídos sordos y no pude entender por qué.

¿Por qué era tan fácil hablar con algunas personas, mientras que otras eran unos completos tontos? Desde que era joven, esto ciertamente no era algo que me mantuviera despierto por la noche. Sin embargo, todavía recuerdo haberme preguntado por qué algunas conversaciones fluían naturalmente, mientras que otras ni siquiera comenzaban, sin importar cómo me comportara. Era simplemente incomprensible. Comencé a usar diferentes métodos para probar a las personas. Intenté decir las mismas cosas en contextos similares sólo para ver qué reacción obtenía. A veces realmente funcionó y se desarrolló una discusión interesante. En otras ocasiones no pasó nada en absoluto.

La gente simplemente me miraba como si fuera de otro planeta y, a veces, realmente me sentía así.
Cuando somos jóvenes, tendemos a pensar en las cosas de manera muy simple.
Debido a que algunas personas en mi círculo de amigos reaccionaron de manera normal, eso significaba, por supuesto, que automáticamente eran los buenos.
Y entonces asumí que algo andaba mal con la gente que no me entendía. 
¿Qué otra explicación podría haber? ¡Yo era el mismo todo el tiempo! Ciertas personas acaban de tener algo anda mal con ellos. Así que simplemente comencé a evitar a estas personas raras y difíciles porque no las entendía. Llámelo la ingenuidad de la juventud, si lo desea, pero dio lugar a algunas consecuencias divertidas. Sin embargo, en años posteriores todo esto cambió.

La vida seguía con el trabajo, la familia y la carrera, y yo seguía encasillando a la gente en dos grupos: la gente buena y sensata y el resto, la gente que no parecía entender nada en absoluto.
Cuando tenía veinticinco años, conocí a un hombre que trabajaba por cuenta propia. Sture, que ya tenía sesenta años, había fundado su propio negocio y lo había desarrollado durante muchos años. Me dieron la tarea de entrevistarlo justo antes de implementar un nuevo proyecto. 

Empezamos a hablar sobre cómo funcionaban las cosas en su organización. Uno de los primeros comentarios que hizo Sture fue que estaba rodeado de idiotas. Recuerdo que me reí en ese momento porque pensé que era una broma. Pero realmente quiso decir lo que dijo. Su rostro se puso carmesí cuando me explicó que las personas que trabajaban en el Departamento A eran completos idiotas, todos y cada uno de ellos. En el Departamento B sólo había tontos que no entendían nada en absoluto. ¡Y ni siquiera había llegado todavía al Departamento C! ¡Eran los peores de todos! Eran tan raros que Sture no podía entender cómo llegaban al trabajo por las mañanas.

Cuanto más lo escuchaba, más me daba cuenta de que había algo muy extraño en esta historia. Le pregunté si realmente creía que estaba rodeado de idiotas. Me miró fijamente y me explicó que valía la pena tener muy pocos de sus empleados. La vida seguía con el trabajo, la familia y la carrera, y yo seguía encasillando a la gente en dos grupos: la gente buena y sensata y el resto, la gente que no parecía entender nada en absoluto, algo anda mal con ellos. Así que simplemente comencé a evitar a estas personas raras y difíciles porque no las entendía. Llámelo la ingenuidad de la juventud, si lo desea, pero dio lugar a algunas consecuencias divertidas. Sin embargo, en años posteriores todo esto cambió. 

Sture no tuvo ningún problema en hacer saber a sus empleados cómo se sentía. No dudaba en lo más mínimo en llamar idiota a cualquiera delante de toda la compañía. Esto significó que sus empleados aprendieron a evitarlo. Nadie se atrevió a tener reuniones individuales con él; nunca llegó a escuchar malas noticias porque a menudo disparaba al mensajero. En una de las oficinas incluso se había instalado una luz de advertencia en la entrada del edificio. Situada discretamente encima del mostrador de recepción, la luz se ponía roja cuando él estaba allí y se volvía verde cuando no estaba.

Todo el mundo sabía sobre esto. No sólo el personal, sino también los clientes automáticamente lanzaban una mirada nerviosa a la luz para saber qué les esperaba cuando cruzaran el umbral. Si el semáforo estaba en rojo, algunas personas simplemente se daban la vuelta en la puerta y decidían regresar en un momento más oportuno.

Como todos sabemos, cuando eres joven estás lleno de grandes ideas. Entonces hice la única pregunta que se me ocurrió: "¿Quién contrató a todos estos idiotas?" Sabía, por supuesto, que él había contratado a la mayoría de ellos. Lo peor fue que Sture entendió exactamente lo que yo había insinuado. Lo que implícitamente pregunté fue: ¿Quién es realmente el idiota aquí?

Sture me echó. Más tarde me dijeron que lo que realmente quería hacer era coger una escopeta y dispararme. Este incidente me hizo pensar. Aquí estaba un hombre que pronto se jubilaría. Evidentemente era un empresario competente, muy respetado por su sólido conocimiento de su particular línea de negocio. Pero no podía manejar a la gente. No entendía el recurso más crítico y complicado de una organización: los empleados. Y cualquiera que no pudiera entender era simplemente un idiota.

Como yo no pertenecía a la empresa, pude ver fácilmente lo equivocado que estaba su pensamiento. Sture no comprendía que siempre comparaba a las personas consigo mismo. Su definición de idiotez era simplemente cualquiera que no pensara o actuara como él. Usó expresiones que yo también solía usar acerca de cierto tipo de personas: “charlatans arrogantes”, “imbéciles burocráticos”, “bastardos groseros” y “tontos tediosos”. Aunque nunca llamé idiotas a la gente, al menos no para que pudieran escucharme, tenía problemas obvios con cierto tipo de personas.

Era una idea absolutamente espantosa tener que pasar por la vida pensando constantemente que estaba rodeado de personas con las que era imposible trabajar. Haría que mi propio potencial en la vida fuera increíblemente limitado.
Intenté verme en el espejo. La decisión fue fácil de tomar.
No quería ser como Sture. Después de una reunión particularmente tóxica con él y algunos de sus desafortunados colegas, me senté en el auto con un nudo en el estómago. La reunión había sido un desastre total.
Todos estaban furiosos. En ese momento decidí aprender lo que probablemente sea el conocimiento más importante de todos: cómo funcionan las personas.
Me encontraría con personas por el resto de mi vida, sin importar cuál fuera mi profesión, y era fácil ver que me beneficiaría poder entenderlas.

Inmediatamente comencé a estudiar cómo entender a las personas que al principio me parecen tan difíciles. ¿Por qué algunas personas guardan silencio, por qué otras nunca dejan de hablar, por qué algunas personas siempre dicen la verdad mientras que otras nunca lo hacen? ¿Por qué algunos de mis compañeros siempre llegan a tiempo y otros rara vez lo consiguen? ¿E incluso por qué me gustaban más algunas personas que otras? 

Los conocimientos que obtuve fueron fascinantes y nunca he sido el mismo desde que comencé este viaje. Los conocimientos que adquirí me han cambiado como persona, como amigo, como colega, como hijo, como esposo y como padre de mis hijos. Este libro trata sobre el que quizás sea el método más utilizado en el mundo para describir las diferencias en la comunicación humana. Este método se llama sistema DISA, acrónimo de Dominancia, Inducción, Sumisión y Capacidad Analítica. 

Estos cuatro términos son los tipos de comportamiento primarios, que describen cómo las personas se ven a sí mismas en relación con su entorno. Cada uno de estos tipos de comportamiento está asociado con un color: rojo, amarillo, verde y azul. Este sistema también se denomina comúnmente sistema DISC, donde la letra final del acrónimo significa Cumplimiento en lugar de Capacidad analítica. He utilizado variaciones de esta herramienta durante más de veinte años con excelentes resultados.

Pero, ¿cómo llegar a ser realmente competente en el manejo de diferentes tipos de personas? Por supuesto, existen varios métodos.
El método más común es investigar el tema y aprender los conceptos básicos. Pero aprender la parte teórica no te convierte en un comunicador de talla mundial. Sólo cuando empiece a utilizar este conocimiento podrá desarrollar una competencia real y funcional en el campo. Al igual que aprender a andar en bicicleta, primero debes subirte a la bicicleta. Sólo entonces te das cuenta de lo que tienes que hacer.

Desde que comencé a estudiar cómo funcionan las personas y me esforcé minuciosamente por comprender las diferencias en la forma en que nos comunicamos, nunca he sido el mismo. Ya no soy tan categórico y juzgo a las personas sólo porque no son como yo. Desde hace muchos años, mi paciencia con las personas que son todo lo contrario a mí ha sido mucho mayor. No iría tan lejos como para decir que nunca me meto en conflictos, como tampoco intentaría convencerte de que nunca miento, pero ambas cosas suceden muy raramente ahora.

Tengo una cosa que agradecer a Sture: despertó mi interés en el tema. Sin él, este libro probablemente nunca se habría escrito.
¿Qué puedes hacer para aumentar tu conocimiento sobre cómo se relacionan y comunican las personas? 
Un buen comienzo puede ser seguir leyendo este libro, todo el libro, no sólo los primeros tres capítulos. Con un poco de suerte, en unos minutos podrás iniciar el mismo camino que yo comencé hace veinte años. 
Te prometo que no te arrepentirás. Una cosa a tener en cuenta: para simplificar la lectura de este libro, he optado por utilizar "él" y "él" de manera consistente cuando me refiero a ejemplos no asociados con ninguna persona específica. 
Sé que tienes suficiente imaginación para insertar un "ella" o "ella" en tus pensamientos cuando sea apropiado.

Resumen El hombre que estaba rodeado de idiotas / Surrounded by idiots de Thomas Erikson ✅ Reseña


Español Surrounded by Idiots - Thomas Erikson by Ana Suazo


VER+: