LA SOMBRA DEL CÓNDOR
Miguel Aranguren narra la labor humanitaria de tres jóvenes españoles en Perú. Una novela de aventuras, valores, y homenaje a la hispanidad
A la inmensidad de los Andes, donde todo es silencio y quietud, llegan tres jóvenes españoles dispuestos a entregar un año de sus vidas para realizar el proyecto de fin de carrera universitaria: llevar la energía eléctrica a dos aldeas aisladas del resto de Perú. Para resistir las inclemencias de la altura y la miseria, así como la lejanía de sus seres queridos, se verán obligados a adaptarse a un mundo detenido muchos siglos atrás, donde vida y muerte completan el duro paisaje. Por otro lado, en aquellas cimas de la cordillera se esconden los últimos terroristas de Sendero Luminoso, una banda criminal que no está dispuesta a que los habitantes de Saimiri y Tacutaco se beneficien de la electricidad que traen los españoles.
En un momento de nuestra historia en el que parece haberse decretado el final de la aventura –no tenemos siquiera que levantarnos del sofá para permanecer vivos (la comida con Glovo, las compras con Amazon, el entretenimiento con Netlix)–. En un momento literario en el que la novela de valores ha dejado prácticamente de existir –¡la autoficción!–. En una época en que la entrega a las causas nobles y desinteresadas cada vez nos cuesta más –tan solo enciendan el telediario–. En un momento así reaparece La sombra del cóndor, una historia de aventuras, valores, y homenaje a la hispanidad.
Esta novela de Miguel Aranguren que acaba de relanzar la editorial Homo Legens narra el viaje a Perú de tres maños recién graduados en la Escuela de Ingeniería de Zaragoza. Paco, Nacho y Tomás deciden irse no de viaje de fin de curso –eso sería Punta Cana–, sino de labor humanitaria. El objetivo: construir una presa hidráulica en la cordillera de los Andes para abastecer de energía a dos poblaciones aisladas, Saimiri y Tacutaco.
La historia de estos tres jóvenes da para mucho más que el divertimento. Esta es, sin duda, una narración de corte juvenil, pero de interés para todos los lectores adultos que todavía crean en la importancia y vigencia de la hispanidad o quieran redescubrirla. Aranguren nos presenta el valor del intenso intercambio cultural entre España y América –el de antaño y el de hoy, en ambas direcciones–; el respeto mutuo entre culturas, y la idiosincrasia y riquezas de un país hermano al que tanto pasado nos une, aunque ahora una mayoría solo se acuerde de él para abrir informativos cuando los golpes de Estado.
Los terroristas fueron a impedirlo.
Dos aldeas quechuas sin electricidad, detenidas cinco siglos atrás.
Ellos dieron un año de su vida.
En la cordillera esperaba Sendero Luminoso.
No quería que los pobres tuvieran luz ni futuro.
«La patria somos nosotros».
Y no os dejéis llevar por el miedo»,
gritó el alcalde antes de caer.
Los campesinos más humildes tomaron las escopetas
de caza y defendieron su presa hasta la muerte.
El comunismo prometía el paraíso de los pobres.
Trajo el fusil. Los pobres lo pararon.




