EL Rincón de Yanka

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CALENDARIO CUARESMAL 2026

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viernes, 20 de marzo de 2026

LIBRO "REINICIAR ESPAÑA": de la farsa del globalismo a la revuelta de las naciones por JOSÉ JAVIER ESPARZA

REINICIAR 
ESPAÑA

de la farsa del globalismo
a la revuelta de las naciones


Una época ha terminado. Empieza otra. La época que ha terminado es la que se abrió en 1989 con el desplome del bloque soviético e inauguró la construcción del mundo global. Pero hoy el globalismo ha muerto como doctrina rectora del orden del mundo. Enfrente ha surgido una realidad nueva: el interés nacional, encarnado en China, los Estados Unidos, Rusia… Esta época que ahora empieza aún no tiene nombre, pero ya es posible ver sus perfiles. La pregunta es: y ahora nosotros, españoles, europeos, ¿qué hacemos?

Hay que estudiar cómo hemos llegado hasta aquí y bucear en nuestra decadencia. Muy particularmente, en la España desmantelada que hoy tenemos. Tal vez encontremos, pese a todo, las energías precisas para reaccionar. El desplome del gran escenario es también un signo de esperanza: la oportunidad de un reinicio. La hora de reiniciar España.

Prólogo

EL RETORNO DE LA HISTORIA

Una época ha terminado. Empieza otra. La época que ha terminado es la que se abrió en 1989 con el desplome del bloque soviético, la hegemonía mundial norteamericana y la construcción del mundo global, eso que en su día se llamó «fin de la Historia» y, después, «globalismo». La época que ahora empieza aún no tiene nombre, pero ya es posible ver sus perfiles, como las siluetas que emergen desde lo oscuro en los primeros minutos de un amanecer, en «la dudosa luz del día», por emplear el celebérrimo verso de Góngora (los clásicos están para citarlos). No podemos saber aún qué habrá al otro lado, pero sí podemos describir el paisaje y estudiar cómo hemos llegado hasta aquí. Y qué pintamos los españoles en todo esto, si es que aún tenemos algo que pintar. Ese es el tema de este libro. 

El toque de trompeta para la apertura del nuevo escenario ha sido, sin duda alguna, la segunda llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, que parece haber puesto el mundo cabeza abajo. Sin embargo, la revolución política de Trump es en muchos aspectos una respuesta a cambios que ya estaban en marcha en todas partes, también en nuestras naciones, España incluida. Nietzsche decía que la Historia llega con pasos de paloma. Esos pasos de paloma no son los zapatones de Trump taconeando en los mármoles de Mar-a-Lago, sino las grandes transformaciones, a veces silenciosas, a veces estridentes, que han modificado el rostro de nuestro mundo en los últimos decenios. Bucear en esas transformaciones, rastrear su origen, nos ayudará a entender lo que está pasando. No es sólo cuestión de poder. No es sólo cuestión de dinero. No es sólo cuestión de ideas. Es todo eso a la vez, y así hay que acostumbrarse a pensarlo. 

Muchas cosas están cambiando al mismo tiempo. Cada una de ellas influye en todas las demás y el cruce de fuerzas dibuja un paisaje crítico. Crisis es la palabra: en su origen, «crisis» remite a la raíz indoeuropea *krein-, vinculada con el acto —decisivo— de separar el grano de la paja, y de la que derivan también voces como «criterio» o «criba». La gran criba se abre ahora. Durante algo más de un cuarto de siglo, todos hemos vivido —y especialmente en las sociedades occidentales— al compás que nos han marcado las instituciones globales con sus discursos sobre el mundo sin fronteras, la emergencia climática, el «orden internacional basado en reglas», el gran reinicio financiero mundial, el control sobre la «desinformación», la disolución de las identidades tradicionales, las consignas del Foro de Davos («no tendrás nada y serás feliz»), el catecismo de la Agenda 2030, la redefinición de nuestras sociedades según roles de género, etc.

Todo eso es lo que ahora termina. El orden del mundo se ha reconfigurado a partir del ascenso de nuevos espacios de poder. El horizonte del mundo global desaparece y en su lugar emerge un paisaje multipolar. Esos espacios de poder se corresponden muy precisamente con espacios de civilización que representan maneras distintas de entender las relaciones entre los hombres y las naciones, distintas expectativas vitales y formas también distintas de estar en el mundo. Vuelven las religiones y las identidades, que en realidad nunca desaparecieron, incluso allá donde los altares han quedado vacíos. El equilibrio de nuestras sociedades también se reconfigura, con frecuencia de manera traumática. Algunos lloran, nostálgicos del mundo de ayer, proclamando las viejas verdades como si su mera invocación sirviera para devolverlas a la vida. Pero no: lo que había, se acabó. 

En el caso de las sociedades occidentales, todos estamos experimentando ahora las consecuencias de las fuerzas que durante largo tiempo hemos acumulado en la caldera: sociedades opulentas sin previsión de futuro, desmantelamiento de las identidades colectivas, olvido o condena de la propia tradición cultural, salida de la Historia (es decir, renuncia a la decisión soberana), degeneración de las democracias, natalidad negativa, incorporación de millones de personas venidas de otras culturas con sus propias reglas y su propia forma de entender el orden social, entrega de los instrumentos básicos de supervivencia (la defensa, la economía, etc.) a instituciones transnacionales sin control popular… Durante muchos años, todo eso se nos vendió como un bien: estábamos construyendo «el mejor de los mundos posibles». Tal vez lo fue. Pero el espejismo tenía fecha de caducidad: la Historia ha vuelto. Cambio de ciclo. 

Y nosotros, españoles, ¿qué? Todos estos cambios de fondo sorprenden a España en la peor de las situaciones: con un país enteramente dependiente, una sociedad desmantelada a fondo, un tejido nacional pacientemente desconstruido durante medio siglo, un paisaje político envuelto en olas de corrupción, una economía sujeta a servidumbres no siempre confesables, un discurso público hozando en la insignificancia y una moral colectiva por los suelos. En la era de las soberanías nacionales y el lenguaje crudo del poder, nosotros hemos renunciado a todo eso. Y sin embargo, todavía quedan en nuestro pueblo energías capaces de movilizarse. Basta recordar las jornadas terribles de la última riada de Valencia, en 2024, cuando miles de españoles de todas partes afluyeron con sus palas y sus botas ante la inacción del poder. Hay un pueblo vivo. Por tanto, la nación puede sobrevivir. Pero sólo a costa de un severo proceso de rectificaciones que, sin duda, no será pacífico. 

Vienen años decisivos. Lo que empieza a vislumbrarse no es agradable. No tiene por qué serlo. Muchos preferirán no mirar, incluso optarán por mirar atrás y, como la esposa de Lot en Sodoma, convertirse en estatua de sal. Pero, por otra parte, ¿hay algo más fascinante que un cambio de ciclo histórico? Miremos.

jueves, 19 de marzo de 2026

LIBRO "LA RABIA Y EL ORGULLO" por ORIANA FALLACI


LA RABIA Y EL ORGULLO

«Hay momentos, en la Vida, en los que callar se convierte en una culpa y hablar en una obligación. Un deber civil, un desafío moral, un imperativo categórico del que uno no se puede evadir». Con La rabia y el orgullo, Oriana Fallaci rompió un silencio que había durado diez años. Lo rompió inspirándose en el apocalipsis que la mañana del 11 de septiembre de 2001, no lejos de su casa de Manhattan, desintegró las dos torres de Nueva York y redujo a cenizas a miles de personas. 
Enriquecido con un dramático prefacio donde cuenta cómo nació este texto y explica por qué el terrorismo islámico no se concluye con la derrota de los talibanes en Afganistán, Oriana Fallaci describe la realidad global de la Guerra Santa. Además, cogiéndonos por sorpresa, habla de sí misma: de su trabajo, de su hermético aislamiento, de sus rigurosas e intransigentes posiciones. Insertando a menudo recuerdos personales y episodios aclaratorios de su vida, nos habla de los temas relacionados con el 11 de septiembre de 2001: Norteamérica, Europa, Italia, el Islam, nosotros. Sobre todo nosotros. Con su famoso coraje, lanza durísimas acusaciones y arroja furiosas invectivas. Con su brutal sinceridad, expone penetrantes ideas y pasiones, incómodas verdades y reflexiones que reprimió durante esos años de obstinado silencio. Este «pequeño libro», como lo calificó Oriana Fallaci en su prefacio, es en realidad un gran libro. Un libro precioso, un libro que sacude las conciencias, más bien las trastorna. Pero es también el retrato de un ama: la suya. Permanecerá en nosotros como una espina dentro de nuestra cabeza y nuestro corazón. «No queréis entender que si no nos oponemos, si no nos defendemos, si no luchamos, la yihad vencerá. Y destruirá el mundo que, bien o mal, hemos conseguido construir».

"Ahora, aquí, se discute del próximo ataque que nos golpeará con armas químicas, biológicas, radiactivas y nucleares. Se dice que la nueva catástrofe es inevitable, porque Irak les proporciona los materiales. Se habla de vacunación, de máscaras de gas, de peste. Hay quien se está preguntando ya cuándo tendrá lugar... ¿Contentos? 

Algunos no están ni contentos ni descontentos. Se muestran indiferentes. Norteamérica está muy lejos y entre Europa y América hay un océano... Pues no, queridos míos. No. El océano no es más que un hilo de agua. Porque cuando está en juego el destino de Occidente, la supervivencia de nuestra civilización, Nueva York somos todos nosotros. 

América somos todos. Los italianos, los franceses, los ingleses, los alemanes, los austriacos, los húngaros, los eslovacos, los polacos, los escandinavos, los belgas, los españoles, los griegos, los portugueses. Si se hunde América, se hunde Europa. Si se hunde Occidente, nos hundimos todos. Y no sólo en sentido financiero, es decir en el sentido que me parece que es el que más os preocupa. (Una vez, cuando era joven e ingenua, le dije a Arthur Miller: «Los americanos miden todo por el dinero, sólo piensan en el dinero». Y Arthur Miller me contestó: «¿Ustedes no?»). 

Nos hundimos en todos los sentidos, querido amigo. Y en el lugar de campanas, encontraremos muecines, en vez de minifaldas, el chador, en vez de coñac, leche de camello. ¿No entendéis ni esto, ni siquiera esto?

¡Por Jesucristo! No le niego a nadie el derecho a tener miedo. El que no tiene miedo a la guerra es un cretino. Y el que quiere hacer creer que no tiene miedo a la guerra, tal y como he escrito mil veces, es un cretino y un estúpido a la vez. Pero en la vida y en la historia hay casos en los que no es lícito tener miedo. Casos en los que tener miedo es inmoral e incivil. Y los que, por debilidad o falta de coraje o por estar acostumbrados a tener el pie en dos estribos se sustraen a esta tragedia, a mí me parecen masoquistas". (LA RABIA Y EL ORGULLO Por Oriana Fallaci)














Oriana Fallaci - La Rabia y el Orgullo.pdf by Dylan Boquerón


miércoles, 18 de marzo de 2026

LIBRO "EL CARDENAL PIE": LUCIDEZ Y CORAJE AL SERVICIO DE LA VERDAD por ALFREDO SÁENZ


EL CARDENAL PIE
Lucidez y coraje al servicio de la verdad

"DOS COSAS SON NECESARIAS A LOS HOMBRES: 
LUCIDEZ Y CORAJE. 
LUCIDEZ PARA CONOCER E IDENTIFICAR LA VERDAD. 
Y EL CORAJE PARA SEGUIR LA VERDAD".

"Lo hemos ensayado todo, 
¿Por qué no ensayamos la verdad?" 

El Cardenal Pie, Arzobispo de Poitiers, una de las personalidades más relevarles del siglo XIX, digno heredero de su antecesor San Hilario -el gran contrincante de la herejía arriana en el siglo IV-, vivió una época de intensas controversias doctrinales en la Francia impregnada por la mentalidad de la Revolución francesa. El espíritu de dicha Revolución había penetrado en amplias capas de la Iglesia bajo el nombre de "catolicismo liberal", reeditándose así las viejas pretensiones del arrianismo bajo una óptica diferente. Este libro expone de manera sistemática el pensamiento del Cardenal, centrado en el Señorío de Cristo sobre las personas y las sociedades. Se analiza la naturaleza de la Revolución moderna, los grandes errores doctrinales del siglo pasado: el naturalismo, el racionalismo, el liberalismo, errores que no han desaparecido, ya que siguen permeando nuestra conflictuada época; al tiempo que se con-signan sus ardientes proclamas en pro de una decidida militancia contrarrevolucionaria, emprendida por caracteres recios, absolutamente extraños a aquella cobardía que se enmascara cómodamente bajo el nombre de "moderación" y "equilibrio". Trátase por cierto de un libro de género histórico, pero de acuciante actualidad, merced al cual el Cardenal Pie, obispo de la raza de Hilario y de Atanasio, podrá seguir haciendo escuchar su voz, proclamando verdades de a puño, a modo de clarinadas, que no dejarán de estimular al lector para que ponga por centro de sus luchas a Dios, a Cristo Rey, a la Santísima Virgen. La lectura de esta obra hará "renacer en nosotros el coraje", como gustaba decir el Cardenal.


Prólogo

Para sostener y animar a sus discípulos en medio de las incomprensiones y persecuciones que esperan a todo fiel pregonero de la verdad, San Pablo les exhortaba a buscar la “consolatio scripturarum”. El consuelo de las escrituras no se refiere tan sólo a las enseñanzas de los Libros Sagrados, sino a todo lo que nos ha sido transmitido de la historia y de su pueblo, y lo que la sabiduría y la experiencia de nuestros antepasados pueden enseñarnos para comportarnos rectamente frente a las realidades de nuestro tiempo.

El Cardenal Pie es uno de esos grandes espíritus que tienen mucho que enseñarnos hoy, y es sin duda una obra útil y meritoria hacer conocer su personalidad y su pensamiento. Ha vivido en un período en que se presentaban problemas religiosos, sociales y políticos muy semejantes a los que vivimos ahora. Recuerdo muy bien cómo hace cincuenta años el estudio de las obras de personajes como el Cardenal Pie y el escritor Louis Veuillot nos ayudaba a comprender ciertos fenómenos nuevos para mi patria canadiense pero que Francia había vivido y sufrido varias décadas antes. La perspicacia y el valor de estos grandes pensadores y hombres de acción nos preparaban para reconocer a los enemigos de la verdad y de la religión y para detectar sus maquinaciones, ocultas a menudo detrás de legislaciones o políticas aparentemente dictadas por la piedad o la búsqueda de la paz.

La parte del libro consagrada a la biografía del Cardenal es breve, concisa, pero muy viva y sumamente útil para comprender la substancia y la tonalidad especial de sus discursos y escritos. Muestra la fidelidad del dignatario de la Iglesia a sus ideales de joven ardiente y de sacerdote apostólico, vecino a su grey. Muestra la unidad, la coherencia entre sus convicciones, maduradas en la oración al pie del Santísimo, y sus actividades en favor de la comunidad eclesial y de las instituciones. Muestra también cómo, en todas las etapas de su vida, la docilidad frente al magisterio del Pastor Supremo y una obediencia escrupulosa a su persona, fueron el secreto de la seguridad de Luis Eduardo Pie cuando tuvo que tomar decisiones difíciles y denunciar errores, injusticias y violaciones de los derechos. Fue porque radicaba en una doctrina sólida y profunda que su acción pastoral y social supo ejercerse en las circunstancias más diversas y concretas.

Por otra parte el Cardenal tenía un amor ardiente a Jesús y a su divina Madre, y por eso su amor al prójimo era tal que no podía consentir en que quedara engañado por los sofismas del día o por una noción de libertad que, desconociendo los derechos del Creador, llevara al ser creado a su perdición. El Cardenal, así como la Iglesia misma, no ha pensado nunca que se ama y se presta servicio al hombre dejándolo en la “ignorancia material”.

La parte del libro consagrada al pensamiento de Monseñor Pie ilustra bien la reflexión del autor, a saber, que “Pie no se limita a predicar la verdad sino que la predica bien”. Las amplias citas que lo jalonan nos dan a conocer una persona de cultura excepcional, que a su conocimiento de la Escritura y de la Tradición añade un talento literario y sobre todo un fuego de caridad tales, que le hacen encontrar las palabras más adecuadas para llegar a las mentes y a los corazones.

No quiero quitar a los lectores el placer de descubrir poco a poco las riquezas de la enseñanza de Monseñor Pie. Pero quiero congratularme con el autor por el modo orgánico con que la presenta. Nuestra religión, nuestra fe, no es un andamiaje de atrayentes abstracciones. Es la adhesión de todo nuestro ser a un Dios que se nos ha revelado en Jesucristo, la adhesión al Señor, Dios y hombre. Se le debe aceptar tal como es, y es el Rey de la creación, tanto por derecho de naturaleza como por derecho de conquista: en la Cruz ha adquirido por su muerte redentora, en cuanto hombre, el derecho que tenía ya como Dios sobre nuestras personas y sobre las sociedades que constituimos. La realeza social de Jesús es un hecho del que no podemos prescindir. El reino del Señor no es como los reinos de este mundo. Es por cierto un reino de amor. Pero, como bien dice Teresa de Ávila, no es porque amo a mi Señor que le debo menos respeto y lealtad.

El reconocimiento de la soberanía de Cristo no es meramente cuestión de palabra. Debe comprometer toda la vida. Y por eso en sus sermones le agrada a Monseñor Pie presentarnos personas que han puesto todas sus fuerzas al servicio del Rey: Nuestra Señora, la Virgen María, en primer lugar; luego los santos que han tenido un gran impacto sobre sus respectivas épocas; y los ministros sagrados, llamados a continuar la obra de los santos.

A veces pensamos que somos nosotros quienes hemos descubierto la idea de que la Iglesia tiene que encarnarse en el mundo de su tiempo. Monseñor Pie, a la vez que propone ante nuestros ojos la figura de diversos santos que han cambiado su mundo, nos indica cómo podemos y debemos hacer en la actualidad para que todas las cosas y todos los días se hagan sagrados en nuestras patrias y en el mundo. Y para ser muy práctico nos enseña cómo el Enemigo de Cristo sabe utilizar los medios más variados, violentos o sutiles, para llevar a los ingenuos o desprevenidos por la senda de la secularización, del humanismo pagano, de las revoluciones materialistas y destructivas.

Espero pues que muchos cristianos, preocupados por la crisis actual, se interesarán por este trabajo apasionante. Sé que una vez empezada su lectura encontrarán motivos de confianza en el porvenir y estímulo para un apostolado bien inspirado en favor del Reino de Cristo.

CARDENAL EDOUARD GAGNON 
Presidente del Consejo Pontificio 
para la Familia Ciudad del Vaticano – 
ROMA 10 de junio de 1987