EL Rincón de Yanka

inicio














sábado, 30 de mayo de 2026

LA CORONILLA DE LOS SIETE DOLORES DE MARÍA 💘 y LIBRO "SOBREVIVIR PARA CONTARLO": CÓMO DESCUBRÍ A DIOS EN MEDIO DEL HOLOCAUSTO EN RUANDA por IMMACULÉE ILIBAGIZA


¿Qué es la Coronilla de los Siete Dolores de María?
💘
Conocida como el Rosario Servita o Rosario de los Siete Dolores, esta coronilla incluye siete grupos de siete cuentas separados por siete medallas que representan los siete dolores de María. En el año 1239, la Orden de los Siervos de la Santísima Virgen María, o servitas, decidieron dedicarse a los dolores de María, meditando especialmente esos siete dolores –siete es un número que indica plenitud-. Los servitas promovieron esta devoción particularmente en el siglo XIV durante la peste negra.
Durante el genocidio de Ruanda, en la década de 1980, Nuestra Señora de Kibeho, en una aparición reconocida por la Iglesia a tres muchachas adolescentes, recomendó fervientemente que se rezara la Coronilla de los Siete Dolores. Esta práctica puede servirnos de modelo para tiempos de pruebas personales o corporales.


EJERCICIO PIADOSO AL 
CORAZÓN DOLOROSO 
DE LA MADRE DE DIOS
💘
Por la señal de la Santa Cruz,+
De nuestros enemigos,+
Líbranos, Señor +

† En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Abre Señor mis labios y mi boca proclamará tus alabanzas.
Ven ¡Oh, Dios! en mi ayuda. Señor, date prisa en socorrerme.

Acto de Contrición

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quién eres y porque te amo sobre todas las cosas, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer, porque pecando te he ofendido a Ti, que eres el Sumo Bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.
Ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de mis pecados. Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, hacer penitencia, no volver a pecar y huir de las ocasiones de pecado. Señor, por los méritos de tu Pasión y Muerte, con los cuales Tú expiaste por mis pecados, ofreciendo un dolor tan grande e intenso que te hizo sudar Sangre, apiádate de mí.
Madre mía del Cielo, alcánzame de Jesús este suspirado perdón. Amén.

Oración de Invocación al Espíritu Santo 
(dictada el 28 de octubre de 2014)

Ven, mi Dios Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.
Ven, mi Dios Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.
Ven, mi Dios Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.

Oración

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el Fuego de tu Amor.
V/. Envía tu Espíritu y todo será creado. R/. Y renovarás la faz de la tierra.

Oración

¡Oh, Dios! que iluminaste los corazones de tus hijos con la Luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración al Divino Espíritu Santo 
(dictada el 15 de agosto de 2014)

Divino Esposo de María Santísima, mi Dios y Señor Espíritu Santo, enciende en cada alma el Fuego de un Nuevo Pentecostés, para que nos consagres como apóstoles del Corazón Doloroso e Inmaculado de María y apóstoles de los Últimos Tiempos, protege con tu sombra a la Iglesia católica, salva a las almas del mundo y realiza el reino Inflamado de amor de los Corazones Unidos de Jesús y María. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Oración de ofrecimiento

Dios Padre Tierno y Misericordioso, te ofrezco esta Santa Corona de los Dolores principales que, traspasaron al Corazón de María, nuestra Madre, para mayor Gloria tuya, y para venerar el Corazón Doloroso e Inmaculado de María, Corredentora de nuestras almas.
Fundido en tu Divino Querer, meditamos con su Doloroso e Inmaculado Corazón, sus Dolores Maternos y deseamos alcanzar el perdón de las culpas y una verdadera disposición para obtener las gracias de esta corona.
Por los Méritos de los Dolores Corredentores de Nuestra Señora, concédenos vivir la Santidad Divina y anunciar el Reinado Eucarístico del Sagrado Corazón de Jesús. Amén.
Por las Intenciones de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María, oramos:

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del maligno. Amén.

Ave María de los Últimos Tiempos:

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor está contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el Fruto de tu Vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, Corredentora de las almas, ruega por nosotros pecadores, y derrama el efecto de Gracia de tu Llama de Amor, de tu Doloroso e Inmaculado Corazón, sobre toda la humanidad, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Primer Dolor- La aflicción que causó a su tierno corazón, la profecía del anciano Simeón.- Cuando le dijo: "una espada traspasará tu alma". (Avemaría)
Segundo Dolor- La angustia que padeció su sensibilísimo corazón, en la huida y permanencia en Egipto.- Porque Herodes quería matar al Niño. (Avemaría)
Tercer Dolor- Las congojas que experimentó su solícito corazón, en la pérdida de su Hijo Jesús. (Avemaría)
Cuarto Dolor- La consternación que sintió su maternal corazón, al encontrar a su Hijo Jesús llevando la cruz a cuestas. (Avemaría)
Quinto Dolor- El martirio de su generoso corazón, asistiendo a su Hijo Jesús en la agonía. (Avemaría)
Sexto Dolor- La herida que sufrió su piadoso Corazón, en la lanzada que abrió el costado de su Hijo Jesús. (Avemaría)
Séptimo Dolor- El desconsuelo y desamparo que padeció su amantísimo corazón, en la sepultura de su Hijo Jesús. (Avemaría)

Ruega por nosotros, Virgen dolorosísima, para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Siete gracias, que la Santísima Virgen concede a las almas que le honran diariamente, meditando sus dolores, con el rezo de siete Avemarías. (Santa Brígida)

1. Pondré paz en sus familias.
2. Serán iluminadas en los Divinos Misterios.
3. Las consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.
4. Les daré cuanto me pidan, con tal que no se oponga a la voluntad adorable de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.
5. Las defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y protegeré en todos los instantes de la vida.
6. Las asistiré visiblemente: en el momento de su muerte, verán el rostro de su Madre.
7. He conseguido de mi Divino Hijo: que, cuantos propaguen esta devoción, sean trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna- directamente, pues serán borrados todos sus pecados-, y mi Hijo y Yo seremos su eterna consolación y alegría.



“SOBREVIVIR PARA 
CONTARLO”: 
CÓMO DESCUBRÍ A DIOS EN MEDIO DEL HOLOCAUSTO EN RUANDA.

LA HISTORIA DE IMMACULÉE ILIBAGIZA, 
FE CONTRA TODA ESPERANZA

Esta es la historia de una mujer que sobrevivió milagrosamente al genocidio de Ruanda ocurrido en 1994. Durante 91 interminables días Inmaculée Ilibagiza permaneció escondida junto a otras siete mujeres en silencio y sin apenas alimentarse mientras a su alrededor, cerca de un millón de personas, incluida casi toda su familia, morirían brutalmente asesinadas. Durante aquel calvario, Inmaculée no solo tuvo que luchar física y mentalmente para sobrevivir, también fue testigo de unos episodios más crueles de la historia de la humanidad. Sin embargo, toda esta maldad no arrastró a Inmaculée hacia el odio y el rencor. Gracias a su extraordinaria fortaleza, alimentada por una fe inquebrantable, pudo liberarse de su sufrimiento mediante una profunda transformación espiritual. (Extraído de la contraportada del libro).

Imaginaos que vivís en un entorno natural privilegiado, casi casi en el paraíso, que vuestra casa está rodeada de montañas verdes, lagos inmensos y animales exóticos. Imaginaos que pertenecéis a una comunidad de personas encantadoras; que vuestros vecinos y paisanos os quieren y os respetan, que tenéis la mejor familia que podéis tener y os sentís amadas y mimadas.  Imaginaos que de la noche a la mañana todo este mundo se desmorona y vuestra tierra verde y fructífera se baña de sangre. Imaginaos que vuestros amables vecinos os persiguen para acabar con vuestra vida sólo por ser más altas y espigadas que ellos ya que pertenecéis a otra tribu, que tenéis que huir solas sin saber dónde está vuestra familia; que un vecino, aunque con muchos reparos y recelos, os esconde junto con otras 7 mujeres y tenéis que permanecer durante 91 días todas juntas en silencio en un baño de apenas 1,5 metros cuadrados… 

Esta es la historia que vivió hace apenas 25 años la ruandesa Inmaculée Ilibagiza durante el genocidio que tuvo lugar en su país, Ruanda, y en el que casi un millón de personas incluidos niños y bebés murieron por la sinrazón del ser humano. Por pertener a la etnia tutsi fueron prácticamente masacrados por los hutus, la otra etnia del país. 

En el país de Inmaculée es costumbre que el padre elija el apellido de sus hijos en lugar del nombre. Ilibagiza, el apellido de nuestra protagonista, significa “resplandeciente y hermosa en cuerpo y alma” y creo que el padre de Inmaculée no pudo elegir un apellido mejor para su hija. Esta preciosa mujer, que ahora tiene 46 años tuvo que vivir con tan solo 22 una de las experiencias más terribles que puede tener un ser humano: la pérdida de sus padres y de dos de sus tres hermanos, la pérdida de su libertad, de su dignidad y el abandono. Toda su vida se desmoronó durante la Semana Santa de 1994. Ella vivió su propio calvario y una experiencia que cambiaría su vida para siempre. 

Cuando comenzó el genocidio ella estaba con sus padres pasando las vacaciones de Semana Santa. Estudiaba en la universidad, algo extraordinario para una chica tutsi (la etnia dominada por el gobierno hutu de ese momento), tenía novio, pertenecía a una familia cuyos padres eran profesores y sus hermanos universitarios. Su padre era muy respetado por sus vecinos, que acudían a él para pedir consejo o ayuda en sus necesidades, tanto materiales como espirituales. Eran católicos practicantes y aprendió de sus padres que no existen diferencias entre los seres humanos y que todos somos amados sin límite por nuestro Dios misericordioso. 

Tras la muerte del presidente hutu ruandés en un accidente de avión se dijo que dicho accidente había sido provocado por la resistencia tutsi y entonces comenzó el horror. Se lanzaron consignas a la población para aniquilar a los tutsis sin excepción. 

Cuando la situación se vuelve insostenible y la vida de sus hijos corre peligro extremo, Leonard, el padre de Inmaculée, la envía a pedir ayuda a un pastor protestante, vecino y amigo de la familia. Leonard le da entonces a su hija el mayor regalo que un padre puede hacer, le regala su rosario, que será el “arma” que Inmaculée va a emplear en su guerra particular. 

Sobrevivir para contarlo es un libro bellísimo y estremecedor, un testimonio impresionante sobre las consecuencias del pecado y del odio en el ser humano y sobre la misericordia infinita de Dios en medio de un mundo destruido. Inmaculée fue salvada por Dios de la muerte para mostrarnos que el perdón es el único camino para alcanzar la paz. 

Durante los 91 días que permaneció entre las cuatro paredes de aquel minúsculo cuarto de baño junto con otras 7 mujeres, Inmaculée supo lo que es la tristeza, la desolación, la desesperanza y la tentación. Supo lo que son las privaciones físicas extremas: salió de allí pesando apenas 38 kilos, sin lavarse, sin poder levantarse, ni tumbarse, ni siquiera sentarse debidamente, sin tener ni un solo minuto de intimidad, ni siquiera podían hablar ya que corrían el peligro de ser descubiertas. Allí pudo intuir que nunca más vería a sus padres ni a dos de sus hermanos (el mayor estaba fuera del país). Ante esta situación nos imaginamos que el odio anidaría en su corazón, sin embargo, Dios escribe recto con renglones torcidos. Inmaculée venció a fuerza de rezar: ella representa a la virgen prudente de la parábola, que está en vela toda la noche a la espera del novio. El rosario de su padre y una Biblia que le dejó el pastor que las refugiaba fueron sus armas. Su vida se convirtió en una oración constante y así pudo salir victoriosa de aquella situación terrible que Dios permitió que vivieran algunos seres humanos. Dios nunca la abandonó, le ofreció consuelo cuando lo necesitaba, le fue poniendo señales en su camino de sufrimiento; incluso en el silencio, Inmaculée encontró la respuesta. Dios la privó de todo para darle todo, aunque para los ojos del ser humano sea algo incomprensible. Sólo con los ojos de la fe puede entenderse la experiencia de la protagonista y cómo el perdón de los asesinos es su propia salvación. 

Os aconsejo que leáis este libro despacio, meditando incluso algunos de sus fragmentos. Todo él está impregnado de la sencillez y la bondad de su protagonista que acabó perdonando personalmente a los asesinos de sus padres y hermanos.  También os aconsejo que leáis y releáis la carta de Damascene, el hermano más amado de Inmaculée antes de morir; es verdaderamente el testimonio de un mártir. 

Para terminar, me ha llamado la atención especialmente cómo parece que Inmaculée tiene una cierta candidez a la hora de contar su historia, pero es que estoy segura de que vive las palabras del Señor en el Evangelio: “Si no os hacéis y os volvéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. 
Creo que nuestra heroína se ha hecho una niña que vive con la confianza puesta en su Señor que la salvó de la muerte. 

Un genocidio puede definirse como la aniquilación sistemática y deliberada de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos. Durante el siglo XX ocurrieron al menos tres genocidios que superaron el millón de muertos. Los dos primeros son muy conocidos: el padecido por el pueblo armenio por parte de los turcos y el genocidio perpetrado por los nazis contra el pueblo judío. 
El tercero es el más reciente e ignorado: el ocurrido en Ruanda, donde la mayoría hutu decidió exterminar a la minoría tutsi en una horrorosa muestra de odio colectivo impulsado por las autoridades.

Ruanda es una nación africana ubicada en el centro este de África. Durante siglos, una monarquía tutsi había mantenido la paz colectiva, hasta que la intervención belga abrió la grieta entre las etnias. En 1962, con el apoyo de esa nación europea y tras sangrientas revueltas, los hutus tomaron el poder. Los asesinatos masivos de tutsis se hicieron comunes. En 1994, tras el asesinato del presidente hutu Juvénal Habyarimana, el nuevo gobierno se radicalizó promoviendo la completa destrucción de la etnia tutsi, incluyendo el asesinato de todos sus niños, mediante grupos paramilitares. En solo 100 días se estima que murieron 800,000 tutsis y casi todas las mujeres sobrevivientes fueron violadas.

EL LIBRO

“Sobrevivir para contarlo”, prologado por Wayne Dyer, autor del best seller “Tus zonas erróneas”, es el relato en primera persona de Immaculée Ilibagiza, una joven tutsi que repentinamente se encontró inmersa en una de las cacerías humanas más terribles de la Historia. Vivió escondida en un baño junto a otras cinco mujeres durante 91 días. Solo para simbolizar las calamidades padecidas durante esos sangrientos meses, uno de sus hermanos fue muerto a machetazos por una horda hutu; uno de los asesinos se jactó de haberle partido el cráneo para ver cómo era el cerebro de alguien con una maestría.

Sin embargo, el testimonio de Immaculée no persigue efectos lacrimógenos. Todo lo contrario. Es una historia de esperanza, tal como ella misma subtituló el libro: “Cómo descubrí a Dios en medio del holocausto”. Su fe la llevó a sobrevivir durante la tragedia apoyada en la oración, luego a perdonar a los genocidas y finalmente a reconstruir una vida reducida a escombros. La autora describe dos viajes: el que contempla impotente las atrocidades cometidas contra su etnia incluso por aquellos que creía sus amigos, y el que realiza hacia dentro de sí misma, donde escudriña en profundidad sus propios sentimientos.

El libro escrito con la ayuda experta de Steve Erwin puede ser leído por cualquier persona. Su lenguaje es sencillo y directo. Además, por su contenido, puede adscribirse a otros conmovedores relatos testimoniales como “Ni reír ni llorar” de Abrahan Hartunian y “Hayrig” de Eduardo Bedrossian sobre el genocidio armenio y “He sobrevivido para contarlo” de Tadeusz Sobolewicz, “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl y “La niña que miraba los trenes partir” de Ruperto Long sobre el genocidio nazi.

EL PERDÓN

Los genocidios revelan el infinito sadismo que una persona puede tener sobre otra cuando el odio gobierna sus acciones, pero los líderes que la impulsan no actúan por emociones sino por conveniencia: demonizan al grupo que pretenden destruir, castigan a quienes asumen una posición tibia como si fueran cómplices de los perseguidos, incentivan a los perseguidores ofreciéndoles las propiedades de los perseguidos y alimentan la brutalidad con una propaganda ruidosa, monopólica y monolítica.

Hitler decía que la compasión era una debilidad cristiana. Immaculée Ilibagiza nos demuestra que es quizás la mayor virtud.



Defensor de la misión corredentora de María, tuvo un recorrido de vida similar al de tantos jóvenes, antes de comprender la caducidad de las cosas terrenales y dedicarse a las eternas.
San Gabriel de la Dolorosa, el santo de la sonrisa, defensor de la misión corredentora de María, tuvo un recorrido de vida similar al de tantos jóvenes, antes de comprender la caducidad de las cosas terrenales y dedicarse a las eternas. “Así lo quiere Dios, así lo quiero yo”, decía con decisión. En el siglo Francesco Possenti (1838-1862), undécimo de 13 hijos, nació en Asís en una familia acomodada que en 1841 se trasladó a Spoleto. Perdió a su madre con cuatro años, un luto que marcó su camino espiritual. Cada vez que el pequeño buscaba a su madre, le respondían señalando con el índice hacia arriba: “Tu mamá está allí arriba”. En su habitación tenía una estatua de la Dolorosa sosteniendo en sus brazos a su Hijo muerto, y cuando preguntaba donde estaba la Virgen la respuesta era la misma: “Allí arriba”. De este modo creció en él una tierna devoción hacia la Virgen, alimentada por el Rosario, que recitaba de rodillas junto a su padre.

Realizó sus estudios con brillantes resultados en la escuela de los Hermanos de La Salle y, después, en los Jesuitas, demostrando una inclinación especial hacia las materiales literarias. En la escuela destacaba, se vestía con elegancia, iba a cazar, al teatro, le gustaba bailar. Nunca abandonó las prácticas cristianas, ni siquiera cuando era un adolescente. Se preocupaba mucho por el sufrimiento de los pobres y la oración. En esos años vio morir a dos de sus hermanos. También él enfermó, y prometió hacerse religioso si se curaba. Se curó, pero el interés que sentía hacia una joven de su edad le hizo dudar de su vocación, una pregunta que se hizo más profunda en 1855, cuando su amada hermana María Luisa murió repentinamente. El cambio llegó al año siguiente, el 22 de agosto, durante la procesión en la octava de la Asunción. El joven, de rodillas cuando pasaba la Virgen, tuvo una clara locución interior: “Francisco, ¿qué haces en el mundo? No estás hecho para el mundo. Sigue tu vocación”.

El 21 de septiembre, Francisco, que entonces tenía 18 años, vistió el hábito de los pasionistas en Morrovalle (a poca distancia de Loreto) con el nombre de Gabriel de la Virgen de los Dolores (o de la Dolorosa). Vivió su noviciado en la observancia de la regla de la Orden fundada por san Pablo de la Cruz, entre penitencias y oraciones por los bienes eternos y del prójimo. Un año más tarde pronunció el voto típico de los Pasionistas, es decir, difundir la devoción a Cristo Crucificado. Meditando intensamente sobre la Pasión de Jesús y el vínculo místico entre los dolores del Hijo y los de la Madre (la cual “nos alumbró en el Calvario” uniendo sus sufrimientos a los de nuestro Redentor y regenerándonos como hijos suyos), hizo voto también de difundir la devoción a la Virgen de los Dolores, a la que el santo llamó en varias ocasiones en sus cartas “nuestra Corredentora”, un título que podría ser objeto de un futuro quinto dogma mariano, reconociendo la misión especial de María al colaborar, como afirma la constitución conciliar Lumen Gentium, “a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él” (n. 56).

San Gabriel, que recitaba cada día la corona de los Siete Dolores de María, ofrecía continuos sacrificios, también pequeños (renunciar a una comodidad, una palabra inútil, un acto de vanagloria, etc.). A su padre, no convencido de su vocación, le escribía: “Mi vida está realmente llena de felicidad. Padre, te ruego que creas en tu hijo, que te habla con el corazón en la mano: no cambiaría un cuarto de hora de estar ante nuestra consoladora y nuestra esperanza, la Santísima Virgen María, con un año, o el tiempo que consideres, de espectáculos y diversiones del mundo”. Cuando su padre enfermó, lo exhortó a ofrecer su enfermedad a Dios y que meditara sobre ella, no según el mundo, sino con la ayuda de buenos libros sobre el amor de Jesús y María. “Conversar con Jesús y María te consolará, te dará fuerzas, te ayudará”.

Durante sus seis años de vida religiosa tuvo como padre espiritual al venerable Norberto Cassinelli (1829-1911), que siempre estuvo unido a san Gabriel y asistió a su beatificación. Con él y otros clérigos se mudó en 1859 a Isola del Gran Sasso, en los Abruzos, donde dos años más tarde aparecieron los primeros síntomas de tuberculosis. En la última fase de la enfermedad, dado que temía que el demonio pudiera tentarlo suscitando en él el orgullo, pidió a su confesor que destruyera el diario, en el que había relatado las gracias que la había concedido la Madre celeste, que le visitó por última vez en el momento de su muerte, a primeras horas del día 27 de febrero de 1862. Hacia finales del siglo XIX, una gran mística ahondará en su propia espiritualidad pasionista tras haber leído la vida de san Gabriel, que se le apareció en varias ocasiones y que rezó por ella: santa Gema Galgani.

ELIGE: La MARCA de los SIETE DOLORES de MARÍA o La MARCA de la BESTIA. ARTURO PERIODISTA CATÓLICO

Estamos entrando en los últimos años antes de la venida de Jesús en el juicio de las naciones al final de la Semana 70 de Daniel que nosotros esperamos comience en noviembre de 2028. Así que menos de 10 años para que todo el universo sea juzgado. Pero ese juicio viene precedido por dos juicios previos del mismo Día, dos momentos que llamamos gran aviso y rescate parusíaco. 
Ahora estamos en la recta final hacia el gran aviso, y es vital no descuidarse. Porque varía mucho recibir la iluminación de conciencias en gracia y no en pecado; y si estás en gracia en la vía iluminativa recibirás el segundo pentecostés, cosa que no ocurrirá en la vía purgativa. Así que toca prepararse haciendo un último esfuerzo. 
El septenio que inauguró Prevost el 8 de mayo de 2025 culminará en mayo de 2032 acabando con la transustanciación o presencia real de Cristo en la Eucaristía. 
La batalla final, la prueba final, no es ninguna tontería. Es algo muy serio y en este video te damos las claves para poder empezar a superarla. 
Con este video iniciamos una serie de videos encaminados precisamente a que tengamos un kit de protección y guía espiritual serio y que nos pueda blindar. 
El Chaleco espiritual: Santo Rosario, Coronilla Siete Dolores, Vía iluminativa (5 piedras) La Coronilla de los Siete Dolores es un movimiento magistral. Es una devoción que no es solo "piedad", es una herramienta de resistencia para lo que viene: 
“Madre de dolor llena, graba en mi corazón tu inmensa pena” Enfocándolos en la "última prueba" de la Iglesia: 
El antecedente histórico: Los Servitas (Siglo XIII) Muchos creen que esto empezó en Kibeho, pero la Virgen fue a rescatar una tradición antigua. Origen: 
En 1233, siete comerciantes de Florencia (los Siete Santos Fundadores de la Orden de los Servitas) se retiraron al Monte Senario. La Virgen se les apareció, les entregó el hábito negro y les pidió que meditaran sus dolores. Adoptó el culto a la Virgen Dolorosa en 1239, el “rosario servita”. 
El "arma" olvidada: Con el tiempo, esta devoción quedó relegada a los conventos. En Kibeho, la Virgen dice claramente que "el mundo está mal" y que necesita que esta devoción vuelva al pueblo llano para detener la apostasía. Kibeho: 
El mensaje para la "Última Prueba" Kibeho (Ruanda, 1981) es la única aparición en África aprobada por la Iglesia y tiene un tono marcadamente escatológico. La advertencia: La Virgen le dijo a la vidente Marie-Claire: 
"Lo que os pido no es solo para Ruanda o para África, es para el mundo entero". 
El propósito: La Coronilla de los Dolores se presenta como una clave de conversión profunda. No es una oración de "pedir cosas", sino de "sentir con Ella". La Virgen advirtió que el amor se ha enfriado y que la meditación de sus dolores ablanda los corazones de piedra. Es la preparación para mantenerse firme cuando la fe sea perseguida. 
Las Promesas (El "Escudo" del devoto) Santa Brígida de Suecia recibió de la Virgen siete promesas para quienes mediten diariamente sus dolores (y aquí tienes material de oro para el programa): 
1. Paz en sus familias. 
2. Iluminación sobre los Divinos Misterios. 
3. Consuelo en sus penas y compañía en sus trabajos. 
4. Concederá cuanto le pidan, siempre que no se oponga a la voluntad de Dios o la salvación de sus almas. 
5. Defensa en los combates espirituales contra el enemigo. 
6. Asistencia en el momento de la muerte (verán el rostro de su Madre). 
7. Gracia especial de arrepentimiento: Aquellos que propaguen esta devoción serán trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente por Ella, pues sus pecados serán borrados. 
Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos. Amén.
Arturo Periodista Católico: LA MASA OFICIAL

Con motivo de la visita de León XIV a España para estar 6 días, llegando el día 6 del mes 6, su maquinaria incansable de propaganda y marketing ha hecho un himno oficial titulado "ALZA LA MIRADA" y, como dice al respecto el artículo de Infovaticana:
Entre acordes previsibles y letra calculada, aparece el motivo central: “los que cruzan el mar buscando un hogar”. No es un detalle. Es el eje.
Nada se dice, en cambio, de los que ya están aquí. De los que no cruzan mares porque nacieron en esta tierra y ven, año tras año, cómo su entorno se transforma sin que nadie les pregunte. De los barrios donde la convivencia ha dejado de ser un hecho para convertirse en un experimento fallido. De las calles donde la inseguridad ya no es percepción, sino estadística. De los comerciantes que bajan la persiana antes de tiempo. De las mujeres que cambian de acera. De los niños que dejan de jugar donde antes jugaban.
El himno no los menciona. No existen.
La Iglesia española ha decidido mirar en una sola dirección. Y lo hace justo antes de una visita papal que, a juzgar por este adelanto, no vendrá a confirmar a los fieles en medio de sus dificultades concretas, sino a reiterar un mensaje ya conocido, ya repetido, ya asumido como dogma sociopolítico: la prioridad absoluta del migrante, convertido en símbolo moral incuestionable".

Estaría bien que de una vez despertara Infovaticana y entendiera que no estamos ante un papa, que el último papa canónico fue Benedicto XVI, el katejon del papado, a quien pedimos su intercesión para que proteja a España ante la inminencia de este viaje que desatará catástrofes y nada bueno para España.
Ante el himno oficial "Alzo la mirada", nuestra canción respuesta de la que te dejo la letra y música en el vídeo, para describir y denunciar la cruda realidad que padecemos en este Sábado Santo de la Iglesia:

Alzo la mirada por encima de la masa,
alzo la mirada más allá de lo oficial,
y me encuentro solo,
y no entiendo nada,
cómo es posible tanto ciego y tanta nada.
Alzo la mirada más allá de lo oficial,
alzo la mirada y ya nada es igual.
Todo es un engaño, una mala noche,
en una posada dominada por extraños.
Alzo la mirada y encuentro a un impostor,
es un lobo cruel que desgarra con dolor.
caballo de Troya para ser un destructor,
todos lo consienten, ya no saben qué es amor.
Alzo la mirada digo basta, conmigo no.
No me arrastrarán al falso Cristo, falso Señor.
Falso evangelio, falsa agenda y falso Dios,
falso seguimiento que acaba en el sheol.
Alzo la mirada y entiendo que todo está aquí,
gran apostasía con descaro ante mí.
Quiero liberarme de este trago que sabe a hiel,
el Señor me dice que ya viene, que sea fiel.
Digo no a los impostores, digo sí a la Señora,
digo no a los cobardes, mi esperanza es un amén,
la verdad no negociable que no pasa,
que ya llega pronto el amo a su casa.
Alzo la mirada y espero en ti Señor,
en este mundo apóstata que deforma la verdad,
el Señor está viniendo, el Señor reinará,
reinará el Señor, la Verdad nos liberará.



Libro Sobrevivir Para Contarlo (1) by alejandra


viernes, 29 de mayo de 2026

POEMA Y CORRIDO LLANERO "FLORENTINO Y EL DIABLO" 👤👿 por ALBERTO ARVELO TORREALBA, VENEZUELA


FLORENTINO Y EL DIABLO



Presentación

Llano adentro dos hombres se enfrentan sin otra arma que el canto y la astucia. Uno de ellos, que llegó vestido de negro y cabalgando un caballo negro, retó al otro, coplero de cabello encendido que en virtud de un férreo código moral no puede negarse al combate. Cantan toda la noche en encarnizado contrapunteo, una competencia tradicional en la que ambos contendientes deben hacer uso de sus mejores habilidades como poetas y como improvisadores. El retador no es otro que el «Capitán de la Tiniebla», Satanás, y la prenda a disputar no es otra que el alma del «catire quitapesares», Florentino. Al final, entre invocaciones de entidades divinas y el advenimiento del alba, se impondrá el bien. 
El poeta venezolano Alberto Arvelo Torrealba publicó en 1940 la primera versión de Florentino y el Diablo. Luego, en 1950 y 1957, publicaría dos nuevas versiones que ampliaban la original. La conocida leyenda del Llano del hombre que venció al Diablo es la materia prima del autor, quien «la viste de octosílabo en estrofas de corrío», como escribiera el investigador Manuel Bermúdez (Enciclopedia de Venezuela, Editorial A. Bello, S.A., Caracas, 1973; tomo VII). 
De las versiones de Florentino y el Diablo escritas por Arvelo Torrealba la más conocida es la de 1950, que en 1965 fue grabada como obra musical con las voces de los reconocidos copleros Juan de los Santos Contreras, «el Carrao de Palmarito», representando al Diablo, y José Romero Bello en el papel de Florentino. La interpretación del poema, primero en acetato y luego en escena, le brindó tal popularidad que con el tiempo se convirtió en inspiración para otras obras en diversos formatos, como la Cantata criolla de Antonio Estévez o el largometraje del año 2000 dirigido por Michael New. En 1997, La BitBlioteca y Editorial Letralia publicaron conjuntamente la primera edición electrónica de este clásico de la literatura venezolana, en su versión de 1950. Se trata de un aporte invalorable al estudio de nuestra poesía. 
Florentino y el Diablo es un poema épico que con justicia ha sido equiparado a otros textos imprescindibles de Latinoamérica.

Jorge Gómez Jiménez. Editor


I

EL RETO

El coplero Florentino 
por el ancho terraplén 
caminos del Desamparo 
desanda a golpe de seis. 

Puntero en la soledad 
que enlutan llamas de ayer, 
macolla de tierra errante 
le nace bajo el corcel. 
Ojo ciego el lagunazo 
sin garza, junco ni grey, 
dura cuenca enterronada 
donde el casco da traspié. 
Los escuálidos espinos 
desnudan su amarillez, 
las chicharras atolondran 
el cenizo anochecer. 
Parece que para el mundo 
la palma sin un vaivén. 

El coplero solitario 
vive su grave altivez 
de ir caminando el erial 
como quien pisa vergel. 
En el caño de Las Ánimas 
se para muerto de sed. 
y en las patas del castaño 
ve lo claro del jagüey.

El cacho de beber tira, 
en agua lo oye caer; 
cuando lo va levantando 
se le salpican los pies, 
pero del cuerno vacío 
ni gota pudo beber. 
Vuelve a tirarlo y salpica 
el agua clara otra vez, 
mas sólo arena sus ojos 
en el turbio fondo ven. 

Soplo de quema el suspiro, 
paso llano el palafrén, 
mirada y rumbo el coplero 
pone para su caney, 
cuando con trote sombrío 
oye un jinete tras él. 

Negra se le ve la manta, 
negro el caballo también; 
bajo el negro pelo’e guama 
la cara no se le ve. 
Pasa cantando una copla 
sin la mirada volver: 

—Amigo, por si se atreve, 
aguárdeme en Santa Inés, 
que yo lo voy a buscar 
para cantar con usté.

 Mala sombra del espanto 
cruza por el terraplén. 
Vaqueros de lejanía 
la acompañan en tropel; 
la encobijan y la borran 
pajas del anochecer. 

Florentino taciturno 
coge el banco de través. 
Puntero en la soledad 
que enlutan llamas de ayer 
parece que va soñando 
con la sabana en la sien. 
En un verso largo y hondo 
se le estira el tono fiel: 

Sabana, sabana, tierra 
que hace sudar y querer, 
parada con tanto rumbo, 
con agua y muerta de sed, 
una con mi alma en lo sola, 
una con Dios en la fe; 
sobre tu pecho desnudo 
yo me paro a responder: 
sepa el cantador sombrío 
que yo cumplo con mi ley 
y como canté con todos 
tengo que cantar con él.

II 

LA PORFÍA

Noche de fiero chubasco 
por la enlutada llanura, 
y de encendidas chipolas 
que el rancho del peón alumbran. 
Adentro suena el capacho, 
afuera bate la lluvia; 
vena en corazón de cedro 
el bordón mana ternura; 
no lejos asoma el río pecho 
de sabana sucia; 
más allá coros errantes, 
ventarrón de negra furia, 
y mientras teje el joropo 
bandoleras amarguras 
el rayo a la palma sola 
le tira señeras puntas. 

Súbito un hombre en la puerta: 
indio de grave postura, 
ojos negros, pelo negro, 
frente dé cálida arruga, 
pelo de guama luciente 
que con el candil relumbra. 

Un golpe de viento guapo 
le pone a volar la blusa, 
y se le ve jeme y medio 
de puñal en la cintura.

Entra callado y se apuesta 
para el lado de la música. 

Oiga vale, ese es el Diablo. 
—la voz por la sala cruza. 

Mírelo cómo llegó 
con tanto barrial y lluvia, 
planchada y seca la ropa, 
sin cobija ni montura. 
Dicen que pasó temprano, 
como quien viene de Nutrias, 
con un oscuro bonguero 
por el paso de Las Brujas. 

Florentino está silbando 
sones de añeja bravura 
y su diestra echa a volar 
ansias que pisa la zurda, 
cuando el indio pico de oro 
con su canto lo saluda. 

El Diablo 

Catire quitapesares 
contésteme esta pregunta: 
¿Cuál es el gallo que siempre 
lleva ventaja en la lucha 
y aunque le den en el pico 
tiene picada segura? 

Florentino 

Tiene picada segura 
el gallo que se rebate 
y no se atraviesa nunca, 
bueno si tira de pie, 
mejor si pica en la pluma.

El Diablo 

Mejor si pica en la pluma. 
Si sabe tanto de todo diga 
cuál es la república 
donde el tesoro es botín 
sin dificultá ninguna. 

Florentino 

Sin dificultá ninguna, 
la colmena en el papayo 
que es palo de blanda pulpa: 
el que no carga machete 
saca la miel con las uñas. 

El Diablo 

Saca la miel con las uñas. 
Contésteme la tercera 
si respondió la segunda, 
y diga si anduvo tanta 
sabana sin sol ni luna 
quién es el que bebe arena 
en la noche más oscura. 

Florentino 

En la noche más oscura 
no quiero ocultar mi sombra 
ni me espanto de la suya. 
Lo malo no es el lanzazo 
sino quien no lo retruca: 
tiene que beber arena 
el que no bebe agua nunca.

El Diablo 

El que no bebe agua nunca. 
Así cualquiera responde 
barajando la pregunta. 
Si sabe dé su razón 
y si no, no dé ninguna: 
¿quién mitiga el fuego amargo 
en jagüey de arena pura, 
quién mata la sed sin agua 
en la soledad profunda? 

Florentino 

En la soledad profunda 
el pecho del medanal, 
el romance que lo arrulla, 
la conseja que lo abisma, 
el ánima que lo cruza, 
la noche que lo encobija, 
el soplo que lo desnuda, 
la palma que lo custodia, 
el lucero que lo alumbra. 
¿Qué culpa tengo, señores, 
si me encuentra el que me busca? 

El Diablo 

Si me encuentra el que me busca 
el susto lo descarea. 
Falta un cuarto pá’la 
una cuando el candil parpadea, 
cuando el espanto sin rumbo 
con su dolor sabanea, 
cuando Florentino calla 
porque se le va la idea, 
cuando canta la pavita, 
cuando el gallo menudea.

Florentino 

Cuando el gallo menudea 
la garganta se me afina 
y el juicio se me clarea. 
Yo soy como el espinito 
que en la sabana florea: 
le doy aroma al que pasa 
y espino al que me menea. 

El Diablo 

Espino al que me menea. 
No le envidio al espinito 
las galas de que alardea: 
cuando la candela pasa 
la pata se le negrea. 
Con plantaje y bulla de ala 
no se cobra la pelea. 
Vaya poniéndose alante 
pá’que en lo oscuro me vea. 

Florentino 

Pá’que en lo oscuro me vea. 
Amigo no arrime tanto 
que el bicho se le chacea. 
Atrás y alante es lo mismo 
pá’l que no carga manea. 
El que va atrás ve pá’lante 
y el que va alante voltea. 

El Diablo 

El que va alante voltea 
a contemplar lo que sube 
borrando lo que verdea: 
en invierno el aguazal, 
en verano la humarea. 
Me gusta cantar al raso 
de noche cuando ventea 
porque así es como se sabe 
quién mejor contrapuntea. 

Florentino 

Quien mejor contrapuntea 
hace sus tratos de día 
y trabaja por tarea. 
«¡Cójame ese trompo 
en la uña a ver si taratatea!». 
Ni que yo fuera lechuza 
en campanario de aldea 
para cantar en lo oscuro 
con esta noche tan fea. 

El Diablo 

Con esta noche tan fea 
una cosa piensa el burro 
y otra el que arriba lo arrea. 
¡Ay, catire Florentino! 
escuche a quien lo previene: 
déle tregua a la porfía 
pá’que tome y se serene 
si no quiere que le falle la voz 
cuando se condene. 

Florentino 

La voz cuando se condene. 
Mientras el cuatro me afine 
y la maraca resuene 
no hay espuela que me apure 
ni bozal que me sofrene, 
ni quien me obligue a beber 
en tapara que otro llene. 
Coplero que canta y toca 
su justa ventaja tiene: 
toca cuando le da gana, 
canta cuando le conviene. 

El Diablo 

Canta cuando le conviene. 
Si su destino es porfiar 
aunque llueva y aunque truene 
le voy a participar, 
amigo, que en este duelo 
yo no le vengo a brindar 
miel de aricas con buñuelo. 
Si se pone malicioso 
no me extraña su recelo, 
que al que lo mordió macagua 
bejuco le para el pelo. 

Florentino 

Bejuco le para el pelo. 
Contra un jiro atravesao 
yo mi pollo ni lo amuelo. 
Entre cantadores canto, 
entre machos me rebelo, 
entre mujeres me sobra 
muselina y terciopelo, 
cuando una me dice adiós 
a otra le pido consuelo. 
Desde cuando yo volaba 
paraparas del rayuelo 
vide con la noche oscura 
la Cruz de Mayo en el cielo.

El Diablo 

La Cruz de Mayo en el cielo. 
A mí no me espantan sombras 
ni con luces me desvelo: 
con el sol soy gavilán 
y en la oscuridá mochuelo, 
familia de alcaraván 
canto mejor cuando vuelo; 
también como la guabina 
si me agarra me le pelo, 
también soy caimán cebao 
que en boca’e caño lo velo. 

Florentino 

Que en boca’e caño lo velo. 
Me acordé de aquel corrío 
que me lo enseñó mi abuelo: 
velando al que nunca pasa 
el vivo se quedó lelo, 
para caimán el arpón 
para guabina el anzuelo, 
patiquín que estriba corto 
no corre caballo en pelo. 
¿Con qué se seca la cara 
el que no carga pañuelo? 
¿Pá’qué se limpia las patas 
el que va a dormí en el suelo? 

El Diablo 

El que va a dormí 
en el suelo pega 
en la tierra el oío: 
si tiene el sueño liviano 
nunca lo matan dormío. 
Los gallos están cantando, 
escúcheles los cantíos, 
los perros están aullando, 
recuerde lo convenío. 
«Zamuros de la Barrosa 
del alcornocal del Frío 
albricias pido, señores, 
que ya Florentino es mío». 

Florentino 

Que ya Florentino es mío. 
¡Ñéngueres de Banco Seco! 
¡taro-taros del Pionío! 
Si usté dice que soy suyo 
será que me le he vendío, 
si me le vendí me paga 
porque yo a nadie le fío. 
Yo no soy rancho veguero 
que le mete el agua el río, 
yo no soy pájaro bobo 
pá’estar calentando nío. 

El Diablo 

Pá’estar calentando nío. 
No sé si es pájaro bobo 
pero va por un tendío 
con la fatiga del remo 
en el golpe mal medío; 
y en la orilla del silencio 
se le anudará el tañío 
cuando yo mande a parar 
el trueno y el desafío. 

Florentino 

El trueno y el desafío. 
Me gusta escuchar el rayo 
aunque me deje aturdío, 
me gusta correr chubasco 
si el viento lleva tronío. 
Águila sobre la quema, 
reto del toro bravío. 
Cuando esas voces me llaman 
siempre les he respondío. 
¡Cómo me puede callar 
coplero recién vestío! 

El Diablo 

Coplero recién vestío, 
mano a mano y pecho a pecho 
ando atizándome el brío 
con el fuego del romance 
que es don de mi señorío. 
Relámpagos me alumbraron 
desde el horizonte ardío 
nariceando cimarrones 
y sangrando a los rendíos 
con la punta’e mi puñal 
que duele y da escalofrío. 

Florentino 

Que duele y da escalofrío... 
Dame campo pensamiento 
y dame rienda albedrío 
pá’enseñarle al que no sabe 
a rematar un corrío. 
Cimarrones hay que verlos, 
de mautes no le porfío; puñal, 
sáquelo si quiere a ver 
si repongo el mío. 
Duele lo que se perdió 
cuando no se ha defendío.

El Diablo 

Cuando no se ha defendío 
lo que se perdió no importa 
si está de pies el vencío, 
porque el orgullo indomable 
vale más que el bien perdío. 
Por eso es que me lo llevo 
con la nada por avío en bongo 
de veinte varas que tiene 
un golpe sombrío. 
Y vuelvo a cambiarle el pie 
a ver si topa el atajo. 

Florentino 

A ver si topa el atajo. 
Cuando se fajan me gusta 
porque yo también me fajo. 
«Zamuros de la Barrosa 
del alcornocal de abajo: 
ahora verán, señores, 
al Diablo pasar trabajo». 

El Diablo 

Al Diablo pasar trabajo. 
No miente al que no conoce 
ni finja ese desparpajo, 
mire que por esta tierra 
no es primera vez que viajo, 
y aquí saben los señores 
que cuando la punta encajo 
al mismo limón chiquito 
me lo chupo gajo a gajo.

Florentino 

Me lo chupo gajo a gajo. 
Usté que se alza el copete 
y yo que se lo rebajo. 
No se asusten compañeros, 
déjenlo que yo lo atajo, 
déjenlo que pare suertes, 
yo sabré si le barajo; 
déjenlo que suelte el bongo 
pá’que le coja agua abajo; 
antes que Dios amanezca 
se lo lleva quien lo trajo; 
alante el caballo fino, 
atrás el burro marrajo. 
¡Quién ha visto dorodoro 
cantando con arrendajo! 
Si me cambió el consonante 
yo se lo puedo cambiar. 

El Diablo 

Yo se lo puedo cambiar. 
Los graves y los agudos 
a mí lo mismo me dan, 
porque yo eché mi destino 
sobre el nunca y el jamás. 
¡Ay!, catire Florentino, 
cantor de pecho cabal, 
qué tenebroso el camino 
que nunca desandará, 
sin alante, sin arriba, 
sin orilla y sin atrás. 
Ya no valen su baquía, 
su fe ni su facultá 
catire quitapesares 
arrendajo y turupial.

Florentino 

Arrendajo y turupial. 
De andar solo esa vereda 
los pies se le han de secar, 
y se le hará más profunda 
la mala arruga en la faz; 
porque mientras llano 
y cielo me den de luz su caudal, 
mientras la voz se me escuche 
por sobre la tempestá, 
yo soy quien marco mi rumbo 
con el timón del cantar. 
Y si al dicho pido ayuda 
aplíquese esta verdá: 
que no manda marinero 
donde manda capitán. 

El Diablo 

Donde manda capitán 
usted es vela caída, 
yo altivo son de la mar. 
Ceniza será su voz, 
rescoldo de muerto 
afán sed será su última huella 
náufraga en el arenal, 
humo serán sus caminos, 
piedra sus sueños serán, 
carbón será su recuerdo, 
lo negro en la eternidá, 
para que no me responda 
ni se me resista más. 
Capitán de la Tiniebla 
es quien lo viene a buscar.

Florentino 

Es quien lo viene a buscar. 
Mucho gusto en conocerlo tengo, 
señor Satanás. 
Zamuros de la Barrosa 
salgan del Arcornocal 
que al Diablo lo cogió el día 
queriéndome atropellar. 
Sácame de aquí con Dios 
Virgen de la Soledá, 
Virgen del Carmen bendita, 
sagrada Virgen del Real, 
tierna Virgen del Socorro, 
dulce Virgen de la Paz, 
Virgen de la Coromoto, 
Virgen de Chiquinquirá, 
piadosa Virgen del Valle, 
santa Virgen del Pilar, 
Fiel Madre de los Dolores 
dame el fulgor que tú das, 
¡San Miguel!, dame tu escudo, 
tu rejón y tu puñal, 
Niño de Atocha bendito, 
Santísima Trinidá. 
(En compases de silencio 
negro bongo que echa a andar. 
¡Salud, señores! El alba 
bebiendo en el paso real).

Alberto Arvelo Torrealba 

Alberto Arvelo Torrealba nació el 30 de septiembre de 1905 en Barinas. Murió el 28 de marzo de 1971 en Caracas. Poeta, abogado, político, diplomático, educador y ensayista. 

En la Universidad Central de Venezuela obtuvo el grado de doctor en ciencias políticas (1935). Ejerció la docencia y desempeñó altos cargos públicos, entre ellos: presidente del Consejo Técnico de Educación en 1940, gobernador del estado Barinas entre 1941 y 1944, consejero de la Embajada de Francia, embajador extraordinario de Venezuela en Bolivia (1952), embajador en Italia, ministro de Agricultura y Cría (1953). En 1968 fue elegido individuo de número de la Academia de la Lengua. En 1966 obtuvo el premio Nacional de Literatura, mención Prosa, por su ensayo: Lazo Martí: vigencia en lejanía. Otras obras suyas fueron Música de cuatro (1928), Cantas (1932), Glosas al cancionero (1940), Florentino y el Diablo (1940/1957) y Caminos que andan (1952). 

Tras una aparente y engañosa ubicación dentro del criollismo y del nativismo, Alberto Arvelo Torrealba nos ofrece una poesía de gran fuerza lírica y épica, a la cual no son ajenas las reflexiones filosóficas y existenciales, aunque sin disminuir ni enajenar la intensidad estética. La gran popularidad de sus versos se explica por los temas sacados de la vida y del paisaje cotidiano del habitante de las llanuras venezolanas, y por el uso de formas métricas y estróficas de atractiva sonoridad y de larga tradición popular, heredada de nuestro pasado hispánico: el octosílabo, la copla, la décima o espinela, el romance... Pero sus imágenes son muchas veces herméticas, producto de una elaboración poética rica y compleja, con los recursos de una vasta cultura. 

Sus versos, además, responden a una vocación profundamente humana y universal. Un profundo contenido reflexivo, netamente existencial, que universaliza la angustia del poeta ante el mundo y la vida, y la expresión estética ricamente elaborada, trasvasada en imágenes de la más variada especie, aun sin dejar de apoyarse en un lenguaje a veces, pero no siempre, típicamente popular, y muy frecuentemente traducida en imágenes herméticas, cuya forma popular esconde la dificultad para captar plenamente su sentido. 
La riqueza creadora de Arvelo Torrealba es tal, en efecto, que es frecuente encontrar décimas, por ejemplo, en las cuales prácticamente todos sus versos contienen imágenes de hermosísima factura, aunque a menudo de difícil comprensión. 

La calificación de Arvelo Torrealba como «poeta nativista» nos parece hoy bastante discutible. No porque en su poesía no se cante, efectivamente, al paisaje y, en general, a la naturaleza venezolana, sino porque al lado de esto hay también en sus versos otros elementos, a nuestro juicio más importantes y definitorios, pero que la utilización, casi excluyente, del verso octosílabo, la cuarteta y otros recursos característicos de la poesía popular dominante en los llanos venezolanos, ha hecho que aquellos elementos pasen un tanto inadvertidos, incluso para críticos generalmente muy sagaces.

Alexis Márquez Rodríguez
En Arvelo Torrealba, Alberto. Obra poética.
Monte Ávila Editores. Caracas (Venezuela), 1999.

FLORENTINO Y EL DIABLO LEYENDA COMPLETA


AlbertoArveloTorrealba.pdf by Miguel Benitez