EL Rincón de Yanka

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martes, 2 de junio de 2026

GEDEÓN Y LOS 300 GUERREROS ⚔ y EL EFOD COMO MONUMENTO MEMORIAL QUE SE CONVIRTIÓ EN IDOLATRÍA

 
GEDEÓN Y LOS 300 GUERREROS

Gideón o Gedeón (hebreo גִּדְעוֹן “cantero” "picapedrero"), también llamado Yerubbaal (Jc. 6,32; 7,1; etc.), y Yerubbeset (2 Sam. 11,21, en el texto hebreo).
Gedeón fue uno de los Grandes Jueces de Israel. Pertenecía a la tribu de Manasés, y a la familia de Abiezer (Jc. 6,34). El padre de Gedeón se llamaba Joás y vivía en Ofrá (Jc. 6,11).
Gedeón vivió en una de las épocas más desalentadoras de la historia de Israel, tiempo de confusión y de apostasía; por esto Israel fue entregado en manos de los Madianitas por 7 años; "y los hijos de Israel clamaron a Yahveh".
Gedeón venció con solo 300 hombres porque Dios tenía un punto que dejar claro: no es la multitud la que gana la batalla, es la Presencia la que abre el camino.
Cuando Dios está contigo, lo poco se vuelve suficiente, lo pequeño se vuelve invencible, y lo imposible se vuelve testimonio.
Prepárate… porque Dios está por demostrar que no necesitas más números, solo más de Él.

El siguiente es en substancia el relato de la magistratura de Gedeón según es narrada en los capítulos 6 a 8 de Jueces: Israel había abandonado el culto a Yahveh y por siete años habían sido sumamente humillados por las incursiones de los madianitas y otras tribus orientales. Al fin, se volvieron a Dios quien les envió un libertador en la persona de Gedeón. En una primera teofanía, concedida a él de día mientras éste majaba trigo, Gedeón recibió la difícil misión de liberar a su pueblo; después de lo cual le erigió un altar al Señor (Jc. 6,24). En una segunda teofanía, a la noche siguiente, se le ordenó que destruyera el cipo-altar de Baal y que erigiera uno a Yahveh. Él realizó esto con el resultado de que la gente clamó por su muerte para vengar el insulto a sus falsos dioses. Sin embargo, Joás salvó la vida de su hijo con el ingenioso sarcasmo, que le aseguró a Gedeón el nombre de Yerubbaal: “Si Baal es dios, que pleitee con él, ya que le destruyó su altar” (6,25-32).

Así comisionado divinamente, Gedeón naturalmente tomo el liderato contra Madián, Amalec y otras tribus orientales que habían cruzado el Jordán, y acampaban en el valle de Jezrael. Reconfortado por la famosa señal del vellón (6,36-40), y acompañado por guerreros de Manasés, Aser, Zabulón y Neftalí, ocupó su posición no lejos del enemigo. Pero la intervención de Dios era para mostrar que fue Su Poder que liberó a Israel, y por tal razón redujo el ejército de Gedeón de 32,000 a 300 hombres (7,1-8). Según una directriz divina, el caudillo divino hizo una visita de espionaje nocturno al campamento enemigo y oyó sobre un sueño que lo impulsó a actuar de inmediato, ciertamente en victoria (7,9-15). Le proveyó a sus hombres antorchas dentro de cuernos y cántaros, los cuales, siguiendo su ejemplo, rompieron y gritaban: “Espada por Yahveh y Gedeón”. Presas del pánico por el repentino ataque, los enemigos de Israel volvieron la espada cada uno contra el otro, y emprendieron la huida hacia los vados del Jordán (7,16-23). Pero, convocados por Gedeón, los efrainitas atajaron a los madianitas en los vados y capturaron y mataron a sus dos príncipes, Oreb y Zeeb, cuya cabeza enviaron al líder hebreo, reprochándole el no haberlos llamado antes para venir en su ayuda. Gedeón los apaciguó con un proverbio oriental, y persiguió al enemigo más allá del río Jordán (7,24; 7,3).

Al pasar por Succot y Penuel, éstos se negaron a proveerle provisiones para sus desfallecidos soldados, y Gedeón los amenazó a ambos con tomar venganza a su regreso (8,4-9). Al fin tomó y derrotó a los enemigos de Israel, capturó a sus reyes, Zéjab y Salmunná, regresó triunfante; de regreso castigó a los hombres de Succot y Penuel, y finalmente mató a Zéjab y Salmunná (8,10-21). Agradecidos por esta gloriosa liberación, los paisanos de Gedeón le ofrecieron la dignidad de la monarquía hereditaria, la cual rechazó con estas nobles palabras: “No seré yo el que reine sobre vosotros ni mi hijo; Yahveh será vuestro rey” (8,22-23). Sin embargo, les pidió a sus soldados y obtuvo los anillos de oro y otros ornamentos que le habían quitado al enemigo; y con todo ello hizo lo que parece que pronto se convirtió en objeto de culto idolátrico en Israel.

La judicatura pacífica de Gedeón duró cuarenta años. Tuvo setenta hijos, “murió en una dichosa vejez y fue enterrado en la tumba de su padre en Ofrá” (8,24-32). En Is. 10,26 y en el Salmo 83(82),12, se hace referencia a su victoria, donde se menciona claramente a los cuatro reyes de Jueces 7 y 8, un hecho que muestra que, en la fecha que se compuso este salmo, las proezas de Gedeón eran comúnmente conocidas en su forma presente.

Los variados rasgos literarios exhibidos por el texto de Jueces, 7 a 8, han sido minuciosamente examinados y variamente apreciados por eruditos recientes. Varios comentadores consideran que estos rasgos---por ejemplo, los dos nombres, Gedeón y Yerubbaal; las dos teofanías que afectan la vocación de Gedeón; la aparentemente doble narrativa de la persecución de Gedeón a sus desbandados enemigos, etc. prueban concluyentemente el origen compuesto del registro sagrado de la magistratura de Gedeón. Otros, por el contrario, tratan de reconciliar todos los rasgos del texto con la unidad literaria de Jueces 6 a 8. Sea como fuere, una cosa es perfectamente segura, a saber, que cualesquiera hayan sido los documentos que fueron utilizados para trazar la narrativa de las hazañas de Gedeón, todos concuerdan substancialmente en su descripción de las palabras y proezas de este Gran Juez de Israel.

La historia de Jueces 7 es épica: Gedeón tiene un ejército de 10,000 hombres, y Dios le dice que son demasiados. Los lleva al río a beber agua para hacerles una prueba.
La mayoría se arrodilla para beber. Solo 300 hombres se quedan de pie y llevan el agua a su boca con la mano, lamiéndola "como perros". Dios elige a los 300.
Siempre nos han enseñado que Dios los eligió porque al estar de pie y beber con la mano, "mantenían la vista al frente y estaban más alertas ante un ataque sorpresa".
Pero la arqueología y la cultura de Canaán nos revelan que esto no fue una prueba militar; fue una prueba de adoración.

EL CÓDIGO: EL CULTO A BAAL

En aquella época, el dios falso que dominaba la región era Baal. Baal era considerado el "dios de la lluvia, los ríos y las aguas".
El ritual obligatorio para adorar a Baal y pedirle un favor era llegar a un cuerpo de agua y postrarse de rodillas frente a la corriente para beber. Era un reflejo automático en la cultura de ese tiempo.
Cuando los soldados de Gedeón llegaron al río, estaban muertos de sed. El instinto cultural y religioso de 9,700 hombres fue arrodillarse frente al agua.
Pero hubo 300 hombres que se negaron. Tenían la misma sed que los demás, pero rehusaron doblar sus rodillas frente a la fuente de agua. Prefirieron incomodarse, quedarse de pie y llevarse el agua a la boca con la mano.

DIOS NO BUSCA SOLDADOS, BUSCA FIELES

Dios no vio "soldados súper tácticos". Dios vio a 300 hombres que dijeron: "Me estoy muriendo de sed, pero no me voy a arrodillar ante las costumbres de este mundo para saciarme".

UN MENSAJE PARA TI

Cuando la crisis aprieta, cuando la necesidad financiera te reseca la garganta y estás desesperado por un respiro, el mundo te ofrece su "agua": hacer trampa en los negocios, mentir, pisar a otros o abandonar tus principios para ganar un poco de dinero rápido.
El sistema te pide que "dobles la rodilla" para beber. Pero Dios está buscando a sus 300. Personas que, a pesar del cansancio extremo y la necesidad, deciden mantener su integridad de pie.



El efod de Gedeón es un objeto religioso mencionado en el libro bíblico de Jueces 8. Tras una gran victoria contra los madianitas, el juez Gedeón recolectó oro del botín y mandó confeccionar un efod, una prenda sacerdotal.

El propósito y el error

Aunque el efod original era una vestimenta sagrada usada por los sumos sacerdotes para consultar a Dios, el de Gedeón se convirtió en un monumento o símbolo que colocó en su ciudad, Ofra.
La intención: Se cree que Gedeón quiso crear un memorial para recordar la victoria divina y honrar a Dios como el único rey de Israel.
El resultado: El pueblo de Israel comenzó a venerar el efod en lugar de a Dios, cometiendo idolatría. Las Escrituras describen esto como un "adulterio espiritual" o una trampa que llevó al pecado a Gedeón y a su casa.

El efod era una sagrada vestidura sacerdotal del judaísmo antiguo, descrita en la Biblia, que incluía dos piedras de ónice en las hombreras y un pectoral con 12 piedras preciosas. Estas gemas representaban a las doce tribus de Israel y servían como oráculo y símbolo de unidad.

Las doce piedras estaban organizadas en cuatro filas de tres:

Primera hilera: Cornalina (o Rubí), Crisólito y Esmeralda.
Segunda hilera: Turquesa, Zafiro y Jade (o Diamante).
Tercera hilera: Jacinto, Ágata y Amatista.
Cuarta hilera: Berilo, Ónice y Jaspe.

Gedeón: El Valiente Juez que Derrotó a los Madianitas | Impactante Historia Bíblica Jueces 6 al 8


lunes, 1 de junio de 2026

CANCIÓN "ALZO LA MIRADA POR ENCIMA DE LA MASA OFICIAL Y OFICIALISTA": DENUNCIA A LA ANTI-IGLESIA MASÓNICA DE ESPAÑA



Arturo Periodista Católico: LA MASA OFICIAL

Con motivo de la visita de León XIV a España para estar 6 días, llegando el día 6 del mes 6, su maquinaria incansable de propaganda y marketing ha hecho un himno oficial titulado "ALZA LA MIRADA" y, como dice al respecto el artículo de Infovaticana:
Entre acordes previsibles y letra calculada, aparece el motivo central: “los que cruzan el mar buscando un hogar”. No es un detalle. Es el eje.
Nada se dice, en cambio, de los que ya están aquí. De los que no cruzan mares porque nacieron en esta tierra y ven, año tras año, cómo su entorno se transforma sin que nadie les pregunte. De los barrios donde la convivencia ha dejado de ser un hecho para convertirse en un experimento fallido. De las calles donde la inseguridad ya no es percepción, sino estadística. De los comerciantes que bajan la persiana antes de tiempo. De las mujeres que cambian de acera. De los niños que dejan de jugar donde antes jugaban.
El himno no los menciona. No existen.
La Iglesia española ha decidido mirar en una sola dirección. Y lo hace justo antes de una visita papal que, a juzgar por este adelanto, no vendrá a confirmar a los fieles en medio de sus dificultades concretas, sino a reiterar un mensaje ya conocido, ya repetido, ya asumido como dogma sociopolítico: la prioridad absoluta del migrante, convertido en símbolo moral incuestionable".

Estaría bien que de una vez despertara Infovaticana y entendiera que no estamos ante un papa, que el último papa canónico fue Benedicto XVI, el katejon del papado, a quien pedimos su intercesión para que proteja a España ante la inminencia de este viaje que desatará catástrofes y nada bueno para España.
Ante el himno oficial "Alzo la mirada", nuestra canción respuesta de la que te dejo la letra y música en el vídeo, para describir y denunciar la cruda realidad que padecemos en este Sábado Santo de la Iglesia:

LA MASA, OFICIAL

Alzo la mirada por encima de la masa,
alzo la mirada más allá de lo oficial,
y me encuentro solo,
y no entiendo nada,
cómo es posible tanto ciego y tanta nada.
Alzo la mirada más allá de lo oficial,
alzo la mirada y ya nada es igual.
Todo es un engaño, una mala noche,
en una posada dominada por extraños.
Alzo la mirada y encuentro a un impostor,
es un lobo cruel que desgarra con dolor.
caballo de Troya para ser un destructor,
todos lo consienten, ya no saben qué es amor.
Alzo la mirada digo basta, conmigo no.
No me arrastrarán al falso Cristo, falso Señor.
Falso evangelio, falsa agenda y falso Dios,
falso seguimiento que acaba en el sheol.
Alzo la mirada y entiendo que todo está aquí,
gran apostasía con descaro ante mí.
Quiero liberarme de este trago que sabe a hiel,
el Señor me dice que ya viene, que sea fiel.
Digo no a los impostores, digo sí a la Señora,
digo no a los cobardes, mi esperanza es un amén,
la verdad no negociable que no pasa,
que ya llega pronto el amo a su casa.
Alzo la mirada y espero en ti Señor,
en este mundo apóstata que deforma la verdad,
el Señor está viniendo, el Señor reinará,
reinará el Señor, la Verdad nos liberará.



¡La CANCIÓN que ESCUCHARÁ Prevost! (canción hecha usando Suno)



Con motivo de la visita de León XIV a España para estar 6 días, llegando el día 6 del mes 6, su maquinaria incansable de propaganda y marketing ha hecho un himno oficial titulado "ALZA LA MIRADA" y, como dice al respecto el artículo de Infovaticana: 
Entre acordes previsibles y letra calculada, aparece el motivo central: “los que cruzan el mar buscando un hogar”. No es un detalle. Es el eje. Nada se dice, en cambio, de los que ya están aquí. De los que no cruzan mares porque nacieron en esta tierra y ven, año tras año, cómo su entorno se transforma sin que nadie les pregunte. De los barrios donde la convivencia ha dejado de ser un hecho para convertirse en un experimento fallido. De las calles donde la inseguridad ya no es percepción, sino estadística. De los comerciantes que bajan la persiana antes de tiempo. De las mujeres que cambian de acera. De los niños que dejan de jugar donde antes jugaban. 
El himno no los menciona. No existen. La Iglesia española ha decidido mirar en una sola dirección. Y lo hace justo antes de una visita papal que, a juzgar por este adelanto, no vendrá a confirmar a los fieles en medio de sus dificultades concretas, sino a reiterar un mensaje ya conocido, ya repetido, ya asumido como dogma sociopolítico: la prioridad absoluta del migrante, convertido en símbolo moral incuestionable".

domingo, 31 de mayo de 2026

¿LOS HOMBROS DE AMÉRICA O NUESTROS PROPIOS HOMBROS?: 💪🎭 DRAMA-COMEDIA SOBRE LA INMIGRACIÓN Y LA EMIGRACIÓN: ESPAÑA Y VENEZUELA

Primer montaje de "Los Hombros de América" 
de Fausto Verdial 
con dirección de Cabrujas. 
Fue en el Teatro Las Palmas. 

🎭

¿Los hombros de América 
o nuestros propios hombros?
"Los Hombros de América" nos ofrece una mirada al pasado, nos conecta con las experiencias de los inmigrantes con los desafíos contemporáneos del desarraigo de los emigrantes. Es una obra de resistencia, como la misma idea del teatro, que busca cuestionar el mundo en el que vivimos (convivimos) y reflexionar sobre los que se fueron y los que todavía luchan por un cambio. Héctor Manrique, en su discurso, expresó su deseo de que la obra sirviera de impulso para transformar la realidad, una esperanza que se mantiene viva a pesar de las adversidades".
LOS HOMBROS DE AMÉRICA es un canto a la memoria y la cultura, por los afectos que se fueron y los que se quedaron. Porque la Patria son todas aquellas personas que forman parte de tu historia.
Los hombros de América es una célebre pieza teatral escrita por el dramaturgo Fausto Verdial. Es una conmovedora comedia costumbrista sobre el exilio, la inmigración y el desarraigo.
La obra retrata la historia de dos familias españolas asentadas en Caracas en las décadas de 1950 y 1970. Su dinámica explora los contrastes entre quienes decidieron echar raíces en el país de acogida y quienes vivían esperando la muerte del dictador Francisco Franco para regresar a España.
En esta obra que narra la visión de dos españoles republicanos exiliados. Javier, un exilado republicano español que en noviembre de 1975 aguarda en Caracas la muerte de Francisco Franco para regresar a la madre patria y Manuel, también republicano exiliado que ha logrado insertarse en Venezuela, entendiendo que ésta es ahora su patria también. Así vemos confrontada estas dos visiones del exilio: aquel que sueña regresar y el que decide adoptar una segunda patria.

Es una comedia sobre costumbres de familias españolas que emigraron a Venezuela entre los años 50 y 60, pero profundamente conmovedora en la actualidad por el tema central y universal que es la inmigración y el desarraigo; sobre la gente que se va de su país y cómo hay unos que asumen como suyo la nación donde llegan y cómo otros viven siempre soñando con regresar de donde vinieron. En la trama, un español se ancla al país y se casa con una venezolana (Manrique) y el otro (Sciamanna) vino casado con una española esperando que Franco muera para regresar a su patria. Cuando eso sucede, tras ver la tragicomedia a la que se somete el personaje que añora regresar a España para poner las cosas en su punto y hacer justicia, a los 6 años se va y consigue un país totalmente distinto donde no se haya, termina siendo un hombre desarraigado en su propio país y, por ende, retorna a Venezuela.

Héctor Manrique señala que esta pieza de Verdial siempre tiene algo que decirle al país en distintos contextos y recalca la vigencia de la misma: “Cuando estrenamos en 1991 lo llamativo era lo pintoresco y picaresco del español de aquel entonces, pero ahora cuando ya un grupo numeroso de venezolanos ha emigrado, además de su contenido irónico y chispeante, la obra empieza a tener una conexión más profunda y conmovedora con el espectador, ya que eso que le sucedía a los españoles, portugueses e italianos, ahora es la tragedia que vivimos los venezolanos, ¿quién no tiene un amigo a familiar que se ha ido? Por eso creo que esta obra que escribió Fausto como un reglo a Venezuela en los 90, ahora tiene mayor vigencia en su contenido, antes era una obra de españoles para españoles, ahora es de un español para los venezolanos y eso la hace muy necesaria actualmente”.

Cabe destacar que se estrenó hace 33 años en el Teatro Las Palmas con Fausto Verdial, Tania Sarabia, Marisela Berti, Orlando Urdaneta, Martha Estrada y Héctor Manrique, con la dirección de José Ignacio Cabrujas y desde ese entonces se ha remontado con varios elencos en distintas etapas de Venezuela y con una entusiasta acogida del público.


Más de una vez he comentado cuánto me impresionó aquel comentario sobre la poca eficacia y compromiso del teatro en Venezuela, realizado por el director teatral Enrique León cuando tuve la oportunidad de estudiar con él.
Su señalamiento se refería a que no entendía por qué los directores en nuestro país se empeñaban en montar a los grandes clásicos u obras de autores que nos mostraban el invierno, las bajas temperaturas de sus países, los vestuarios de pieles y abrigos, las salas con chimeneas, los colores oscuros o los grises.
Con ello se dejaba al margen del escenario el colorido, producto del sol brillante que tenemos, lo cual habla no sólo de esa luz especial, sino de lo particulares que podemos ser.

Creo que aquella clase marcó no solo mi dramaturgia, sino la capacidad de ver nuestro país desde todo aquello que define lo que somos.
Esta reflexión, sobre la que insisto cada vez que tengo oportunidad, me sirve para explicar con certeza por qué la pieza teatral Los hombros de América de Fausto Verdial logra una conexión emocional con el espectador que va más allá de la risa fácil o del aplauso de pie del que suele abusar el público caraqueño.

El valor de esta obra, estrenada por primera vez en 1991 y cuya vigencia se mantiene intacta, es que todo cuanto hay en ella nos pertenece. Todo cuanto expresan estos personajes contiene la luz de nuestro sol, pero por si eso fuera poco, reconoce el encuentro de dos mundos que tanta fuerza tiene en nuestra sociedad. Un encuentro que desde el primer momento construye nuestra riqueza estructural como sociedad. 
¿Qué hubiera sido de nosotros, no sólo sin ese mestizaje originario, sino sin la fuerza migratoria que caracterizó los años 50 y que contribuyó de forma relevante a nuestro desarrollo con perspectivas y reconocimiento al compromiso y al trabajo?

He leído algunas opiniones de espectadores sobre este trabajo que se muestra en el Trasnocho Cultural de la mano de Héctor Manrique, quienes dicen que ver la obra en la actualidad te permite conectar con ella de manera diferente a cuando fue presentada por el nuevo grupo porque hemos pasado por un proceso de emigración. Hay algo de razón en ello, pero creo que en esa conexión existe el reconocimiento a la autenticidad de unos personajes que, en medio de sus sueños, ambiciones y desencuentros, nos hablan de lo que nos caracteriza y de las realidades que preñan el exilio.

Los hombres y mujeres que llegaron a nuestro país para el momento en el que nos ubica la obra tenían conciencia de las bondades del país que los acogía y su compromiso esencial tenía que ver con trabajar para ganar el dinero suficiente que les permitiera ahorrar y para dar a sus hijos la educación que consideraban necesaria. Javier, el personaje interpretado magníficamente por Luigi Sciamanna, nos habla de ello, del acento que te conecta con el lenguaje materno, con la tierra de origen, la inquietud ideológica, las ansias de superación para mejorar las condiciones familiares, pero también te habla de cómo tus angustias, prejuicios, creencias y posiciones radicales viajan con cada uno en su maleta y no importa a dónde vayas si no eres capaz de desprenderte de toda esa carga. Si no lo haces, no podrás iniciar una nueva vida en paz. Ese es un duro mensaje en el trasfondo de este personaje. El que no logra soltar las amarras y se mantiene sujeto al pasado, añorando lo que dejó, terminará por ser un desterrado emocional. Tal es el caso de Javier y su esposa, quienes cuando logran cumplir el sueño de regresar a España, descubren que ese no es el país que han tenido siempre en su pensamiento y deciden regresar a Venezuela.

Por el contrario, el personaje que interpreta Héctor Manrique (Manuel) nos habla de quien se va de su país consciente de la decisión que tomó y del reto que tiene por delante, conformado por el desprendimiento y, por otro lado, por la inserción en la sociedad que te acoge y te hace parte de ella. La tolerancia y el agradecimiento.
Si más allá de la risa que generan las diversas situaciones desmenuzamos el mensaje de la pieza, el mismo es para pensar.
Manuel y su familia esperan a sus viejos amigos con la certeza que les da la seguridad de haber elegido el camino correcto, lo cual abre el camino hacia eso que los seres humanos entendemos como felicidad.
Juntas ambas familias verán como nace una nueva generación que unirá las dos posiciones encontradas para seguir adelante.

Sin duda, este es un trabajo para no dejar de ver. El trabajo de dirección marca un elemento muy importante que es el trabajo de los personajes, tan bien construidos por el propio Manrique, Sciamanna, Nerea Fernández, Marielena González, Claudia Rojas y Pedro Borgo que terminan por ser totalmente creíbles.
La obra, resuelta a través de una puesta en escena bastante natural, nos permite entrar como curiosos a la casa de Manuel y su familia, en la que se desarrolla la mayor parte de la trama. La música de referencia de la época, el vestuario, los accesorios, nos ubican en la típica casa o apartamento de los emigrantes de esa época que poblaron diversas zonas de Caracas, en las que no había lujos, pero sí lo necesario para vivir con comodidad.

Regreso al comienzo de esta reseña: lo visto en el teatro del Trasnocho y la reacción del público no hacen más que confirmar aquella teoría de nuestras particularidades. No se quede al margen de reconocerse en ese escenario o en cualquier otro que apoye la dramaturgia venezolana, porque además nos ha tocado vivir etapas donde buscar las referencias para construir memoria es algo fundamental para alcanzar un futuro cónsono con lo que somos.

Fausto Verdial - Los Hombros De América by Gabriel Sulbarán