EL Rincón de Yanka

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viernes, 10 de abril de 2026

LIBRO "PUNTA CARDÓN, PARAGUANÁ, LA HUELLA DE UN PASADO" 🌵 por SAMUEL LÓPEZ


PUNTA  CARDÓN,
LA  HUELLA  DE  UN   PASADO
🌵

PUNTA CARDON en la historia

Anteriormente esta región estaba conformada por la Etnia Caquetía entre las cuales se destacaban “Los Guaranaos”. En el año de 1600 al 1700 existía lo que hoy se llama Punta Cardón; Ese nombre se deriva del calificativo que tenia la región es decir le llamaban la punta del cardón debido a que solo existían cardones, tunas, y cujíes como flora autóctona del lugar.
En el año de 1787 Punta Cardón aparece en los primeros mapas de Paraguaná que reposa en el archivo de Indias registrando 15 casas y 116 habitantes. Aunque no se conoce la fecha exacta de su fundación se dice que llegó a las costas paraguaneras un Alférez de origen vasco llamado Esteban de Ollarvides. Quien al acercarse a la orilla gritó “Eleguey” (echen anclas, en vasco) que se supone que expresaba alegría; Ollarvides extasiado por la belleza de la región se radicó en el Cardón donde se unió con María Josefa Zavala, promoviendo la construcción de casa, corrales de chivos, tanques de agua y jagueyes construidos para almacenar el agua de lluvia para contrarrestar la sequía de la zona.

El alférez Ollarvides compra a los Reyes de España más de 14 mil hectáreas de terreno por la cantidad de 100 Reales el 28 de Diciembre de 1718. Según el Sr. Samuel López quien es autor del libro titulado “semblanzas de mi Pueblo” y nativo de la parroquia, en el año de 1652 existió un jagüey (zanja llena de agua) y luego un modesto establecimiento pecuario en el área aledaña de la punta del cardón. 

En la pobreza y humildad nació un pequeño pueblo llamado Punta Cardón (Paraguaná, Edo. Falcón, Venezuela), de nobles pescadores; en un clima árido, con muchas brisas esparcidas, pero donde había todo lo que un ser humano necesitaba para vivir: amor, paz, trabajo y un inmenso mar. Es un hecho histórico que alguien escriba y que otros lean. Este libro a la razón contará su propia historia, llena de personas brillantes, orgullo para nuestro pueblo, para el paraguanero y para el estado Falcón. Leerán un libro que aspira a ser fascinante para el lector, lleno de crónicas, de muchas experiencias y de nombres quizás relacionados con nuestras propias familias.

Acudir a la memoria y atar a esa memoria los recuentos testimoniales para describir lo que ha sido la historia de un pueblo humilde y emprendedor, enclavado en una península con forma de cabeza humana que es la mayor saliente en el norte que tiene el territorio venezolano: es esa la forma singular en que está escrita esta obra. Las palabras de un colega local, Guillermo de León Calles, definen Punta Cardón. La huella de un pasado como el aporte a la cultura nacional y local que es: “… Punta Cardón, a las claras está, no puede pasar un instante de su vida sin desenterrar La Botija. A veces la nostalgia se les revela en forma de debudeques horneados por el barro, o como un Salvador Tremont, soltando versos en el bar Zenith, del recordado negro Fresser. Y es que ese barrio, agujereado por las filtraciones petroleras, tiene casas completas en la memoria de los que la habitaron y cuyo testimonio está en las décimas del ‘Tinche’ Blanco, y en las melancólicas y alegres a la vez, composiciones de Frank Calles. La Botija, de esta manera, emerge a flor de tierra y de garganta. Lo de este terruño cardonense, tan bien tratado por uno de sus radiólogos sentimentales, Samuel López, es palabra repetida que no cansa. Reposición de los mismos capítulos sin que se ahoguen en las marejadas del tiempo.

Presentación

Cuenta la bella historia que en el pueblo de Nazaret, en un humilde pesebre, nació un niño bendito llamado Jesús, y alrededor de Él, María y José. Era tanto el amor que rodeaba ese pesebre, que no hacía falta nada. 
En la pobreza y humildad nació un pequeño pueblo llamado Punta Cardón, de nobles pescadores; en un clima árido, con muchas brisas esparcidas, pero donde había todo lo que un ser humano necesitaba para vivir: amor, paz, trabajo y un inmenso mar. Es un hecho histórico que alguien escriba y que otros lean. 

Este libro a la razón contará su propia historia, llena de personas brillantes, orgullo para nuestro pueblo, para el paraguanero y para el estado Falcón. Leerán un libro que aspira a ser fascinante para el lector, lleno de crónicas, de muchas experiencias y de nombres quizás relacionados con nuestras propias familias. No se trata de un libro cualquiera que recoge apenas los momentos vividos; es una verdadera historia que reúne los más importantes acontecimientos, con el mérito de haber sido comprobados todos y cada uno de ellos. 

Libros como este permiten conocer de nuestro hermoso pasado y sembrar conciencia a través del legado de quienes crearon la grandeza de nuestra comunidad. A pesar de que nuestro pueblo tiene enemigos políticos y económicos que luchan por acabarlo o derrumbarlo, no podrán hacerlo; y aunque muchas veces digan con desprecio “Ese es de Punta Cardón”, no saben que con esa forma peyorativa están refiriéndose a gente que es espléndida, maravillosa, luchadora; que alza su cara orgullosa de haber nacido aquí; gente preparada profesionalmente; personas de alto nivel que hacen de nuestro pueblo un lugar cada vez más pujante. También es gente que reclama valientemente sus derechos y puede decir con orgullo: ¡Yo soy de Punta Cardón!
Dr. Jaramel López P.

Prólogo

La historia es una disciplina científica; una de las ciencias sociales y humanísticas. Ser historiador es similar a ser académico porque se está obligado a estudiar, investigar, narrar y enseñar. El historiador que no busca con objetividad la verdad de los hechos, que no escudriña la realidad, que no confronta diversos documentos para rescatar de ellos los datos auténticos y fiables, estará haciendo un flaco servicio a la construcción verídica de los acontecimientos. 

Un cronista no tiene por qué ser historiador. Tampoco requiere de estudios académicos para rescatar de los pueblos, de los libros y demás documentos (archivos, anuarios, libros mercantiles, etc.), los hechos tal como sucedieron o como fueron narrados o reseñados en dichos documentos. 

Nuestro querido amigo Samuel López intenta ser ambas cosas: quiere reconstruir la historia de Punta Cardón basándose en sus propias vivencias y las de sus allegados, sin dejar de acudir a los libros y demás documentos que sobre el particular existan. La aspiración de documentar la historia de nuestro pueblo es el mayor mérito y el más alto honor de un nativo de Punta Cardón. 

En un pueblo como el nuestro pueden existir muchas mentes preclaras, nacidas en la región... pero una sola puede tener la doble intención de dejar plasmadas en un texto las vivencias que pueda recordar de ese pueblo. Para Punta Cardón, ese es Samuel; alguien que mantiene su interés en reseñar nuestro lar, como otrora se escribiera: “Punta Cardón, un pueblo que se negó a morir”.

Samuel entreteje lo afectivo, lo social, lo político, lo deportivo, lo ético y lo religioso. Narra aquí, con sus propias palabras, parte de lo que ha pasado en nuestro pueblo durante los siglos xix y xx, así como antes y después de la era petrolera con la instalación de la compañía Shell en Venezuela (Refinería de Punta Cardón). Es un trozo de historia tamizada por las vivencias e intereses de su autor, de sus referencistas o informantes. Son pedazos de recuerdos… de los que nos unen al pasado de nuestra querida Punta Cardón. 

No encontraremos aquí pasajes de nuestras historias personales porque la óptica del autor es la que prevalece; para que así fuese, tendríamos cada uno de nosotros que narrar la historia de Punta Cardón desde nuestras perspectivas personales, lo cual enriquecería muchísimo nuestro conocimiento del pueblo y favorecería la construcción del devenir. 

La historia de Punta Cardón, escrita nuevamente por uno de sus hijos desde lo anónimo a lo esencial, sin resistirse al paso de los años transcurridos, la va nutriendo con las novedades del ayer para demostrarnos hoy lo que somos y lo que por derecho podamos llegar a ser los puntacardonenses. Nos da allí la posibilidad a unos, de recordar; a otros, de descubrir; y a la mayoría, de aprender a amar lo nuestro. Aquí aparecen personajes involucrados, sucesos, anécdotas y otros tantos episodios de nuestra cotidianidad ya pasada. 

Lo esencial de buscar información sobre la historia de los pueblos no está solo en la contribución de las personas que las aportan, sino en quien la escribe. Rescatarlas, plasmarlas y difundirlas es de mucho valor. Es probable que algunas y algunos de nosotros encontremos en esta obra historias de nuestras familias que no nos gustaría que se contaran, de esas que preferimos olvidar por aquello que dice la conseja popular: “Hay cosas que por sabidas se callan… y otras que por calladas se olvidan”.

Samuel habla desde el corazón y lo hace anecdóticamente, coloquialmente, cual hijo de un pueblo que no tiene dobleces. No aspira a ser ubicado en un estilo literario en particular, solo quiere que sus relatos formen parte de la historia oficial del pueblo, por lo menos con la óptica que él les imprimió. Otros se encargarán de desmentirlo con documentos fiables o testigos reales que demuestren lo contrario, por lo tanto, esto queda como un testimonio fiel de todo lo que aquí se expresa. 

Lcda. Judith Manzanares H.
***
...Con la llegada del sacerdote de origen cubano, Cristóbal Novoa García, a encargarse de la iglesia Nuestra Señora de la Candelaria el 14 de mayo de 1962, se continuó con el mismo movimiento e incluso formó un equipo de béisbol con el mismo nombre, realizando juegos en Campo Shell, Judibana, Pueblo Nuevo y otros sitios donde fuésemos invitados. Entre los jugadores estábamos Manuel Sánchez, Víctor Rojas, Aurelio Tremont, Hugo Colina, Felipe Sánchez, y este servidor. Desde 1957 hasta la presente fecha, nuestra iglesia ha tenido los siguientes sacerdotes: 
Andrés María Santiago, Cristóbal Novoa, Ignacio Serrano, Lucas Arcila, Rafael Vites, Padre Francisco, Danilo Blanco, Eladio Bedoya, José Luis Cortés, Luis Martínez, David Gutiérrez y Ronny Damas. Orgullosos nos sentimos todos los católicos puntacardonenses al tener como representantes de Dios a dos sacerdotes nacidos en nuestro pueblo: David Gutiérrez y Nelson Abel Figueroa.

Recuerdo que el cura era de origen cubano, llamado Cristóbal Novoa García, quien había llegado el 14 de mayo de 1962 a encargarse de la iglesia, en sustitución del padre Santiago María Andrés. Nos fuimos en cambote hasta la Casa parroquial y empezamos a cantarle al sacerdote. No recuerdo cuál fue la primera de ellas y de las demás que siguieron. El reloj marcaba las once de la noche. Por supuesto, el padre dormía y se molestó. Nosotros, prendidos y envalentonados, le dábamos más serenata. Se nos olvidó que el cura era uno de los pocos que tenían teléfono en el pueblo y llamó a la policía. Al instante se presentaron varios agentes, nos rodearon y nos llevaron detenidos a la estación policial al frente de la iglesia. Allí, el comandante de la policía, Pedro Milano, nos reprendió duramente y criticó semejante barbaridad. Recuerdo que nos preguntó por qué le habíamos faltado al respeto al cura.

Yo conocí al P. Novoa, un cubano corpulento. Una persona muy afable y sencilla. Todavía tenía un marcado acento cubano. Yo lo conocí gracias a una invitación que nos hizo al grupo de Renovación Carismática de Judibana junto al P. Sebastián Mauceri, el Club Serra por medio de él, en Punta Cardón. Quería conocer nuestros testimonios juveniles sobre nuestras conversiones al Cristo Rey. Cuando terminamos, se dirigió a nosotros, y nos respondió que él estaba vacunado contra nuestro movimiento. Al cabo de unos meses nos invitó a dar un retiro cuaresmal, y fue un gran encuentro por y para la Gloria del Señor. Cuando estuvimos orando por la efusión del Espíritu Santo, él mismo, el padre Novoa, pidió que intercediéramos por él, y le impusimos las manos como signo de comunión eclesial. Fue algo impresionante cuando dio su testimonio. 

Un pueblo es el conjunto de vivencias de sus moradores en el diario sudor que derraman sus hijos. Es un río que se forma con el caminar de la gente que circula por sus calles y de las cosas que hacen cada uno de ellos. Es la lucha por la subsistencia cotidiana, teniendo como meta el engrandecimiento y progreso de su terruño. 
Un pueblo es la historia viviente de esos personajes que día a día logramos encontrarnos en su rutinaria vida, llena a veces de ese calor humano, donde despliegan paciencia, odio, paz, amor, rencor, egoísmo, bullicio, paisanidad, perdón, y demás sentimientos agradables y desagradables que llenan el espacio vivencial de sus calles. 

Punta Cardón es el pueblo donde la hermandad, la fraternidad y el buen vivir van de la mano, haciendo honor a los principios éticos, morales y sentimentales de su gente. Tratando, por segunda vez, de dar a conocer los orígenes, luchas, sueños y prioridades insatisfechas de nuestro conglomerado, y de resaltar sitios al igual que personajes emblemáticos de su entorno pueblerino, inserto este caleidoscopio fotográfico, que será para todos nosotros como la huella de un pasado para entender mejor nuestras raíces; esas raíces que muchos paisanos desconocen y que, modestia aparte, bien pueden servir de guía para las generaciones futuras.


PUNTA CARDÓN, PARAGUANÁ: LA HUELLA DE UN PASADO por SAMUEL LÓPEZ by Yanka


PUNTA CARDÓN, LA HUELLA DE UN PASADO 

por SAMUEL LÓPEZ


jueves, 9 de abril de 2026

JUDIBANA: EL SUSURRO DE LO QUE FUIMOS por TEO LÓPEZ (EL NUEVO PELÍCANO)


JUDIBANA:
EL SUSURRO DE LO QUE FUIMOS



"Si las palabras no sirven para refrescar 
en los otros el recuerdo y lograr que ahí florezca 
la memoria de Dios, no sirve para nada".
"LA VIDA NO ES LO QUE UNO VIVIÓ SINO LO QUE UNO RECUERDA"

Caminar por nuestras calles en las madrugadas es un ejercicio de memoria. El corazón nos dicta un paisaje distinto al que ven los ojos: recuerdo la avenida Juan Crisóstomo Falcón vestida de gala, con jardines rebosantes y esa grama que parecía una alfombra verde dando la bienvenida a los visitantes. Nunca olvidaré, tampoco, las películas del momento en el Teatro Judibana. 

Añoramos la risa de los niños en la Plaza Bolívar los fines de semana; venían incluso desde Punto Fijo a disfrutar de estos espacios cuando eran todo un jardín, donde la sombra de los árboles era un refugio y no un recuerdo ganado por el polvo. Queremos recuperar ese hogar donde el agua fluía constantemente por las tuberías y el servicio eléctrico no conocía de pausas largas; aquel tiempo donde el personal de aseo barría cada una de nuestras calles. 

No escribo desde el reproche, sino desde el anhelo. Judibana nació bajo el signo del orden y la armonía; ese ADN sigue vivo. Soñar con calles sin baches y jardines florecientes no es pedir un imposible; es, simplemente, querer de vuelta el hogar que construyeron nuestros padres y abuelos con tanto esmero.

"Cuidar nuestro pasado es sembrar nuestro futuro".
Teo López

reafirmo que Judibana no es solo un lugar en el mapa, 
sino un estado del corazón que nos pertenece a todos...


En un mapa del tiempo, en Paraguaná,
nací en un jardín de acero, sudor y dignidad.
Es que nos trajo sueños con adheridas de luz.
Y el cují de Diego, a su viento voraz.
Campo médico, Los Bloques, los mundos en paz.
Un pueblo que escribió su historia sin retroceder.

Judibana es prueba, crónica y verdad.
Y en las páginas de Toro Martínez
se escucha el latido de un pueblo fiel.
70 años, no son cicatrices,
son raíces que crecen hacia el amanecer.

Judibana, 70 huellas en la arena, Judibana.
70 lunas en sus calles, son besos,
tus gentes son bandera,
su ciudad jardín que el tiempo no volará.
Judibana, nadie apagará tu nombre,
que eres Falcón y eternidad.

Buenos abuelos que generan su amor,
en la Plaza Bolívar siembran su voz,
su gente pervive con risas y sal.
Y La Refinería no se parará la voz.
Existen cují, existe valor.

Judibana no muere,
y en sus venas corre el sol,
petróleo o esperanza.
Aquí nace la flor.
Judibana en tu tierra hay futuro y raíz.
Somos hijos del viento, del cují, del tapiz.

70 años son solo el primer capítulo,
en tu leyenda no cabrá ningún olvido.
Judibana en tu nombre hay princesa y crisol;
petróleo y cují; y un pueblo en acción,
mientras tú lleves esta canción.




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miércoles, 8 de abril de 2026

LIBRO "Y LA BIBLIA TENÍA RAZÓN": LA VERDAD HISTÓRICA COMPROBADA POR LAS INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS por WERNER KELLER


Y LA BIBLIA TENÍA RAZÓN

La verdad histórica comprobada por las investigaciones arqueológicas. El hasta hace pocos años casi inexplorado campo de la arqueología bíblica ha ofrecido conocimientos tan revolucionarios (sobre todo en los últimos años) que hoy es posible responder satisfactoriamente a una serie de preguntas que muchos oponían al contenido histórico de los libros sagrados. Las excavaciones realizadas han sacado de entre los escombros una importante cantidad de testigos mudos de los hechos que explica la Biblia.
Un investigador alemán se propuso verificar la autenticidad y veracidad de los relatos bíblicos a la luz de la arqueología. Los resultados fueron publicados en un libro que asombró al mundo y se vendió por millones. A fines de los años 50, un investigador alemán, Werner Keller, se propuso verificar la autenticidad y veracidad de los relatos bíblicos a la luz de la arqueología. 
Los resultados fueron publicados en un libro que asombró al mundo y se vendió por millones. Debido a las conclusiones científicas, aquel trabajo no pierde vigencia. Este es un resumen notable. En el año 1950, mientras estaba dedicado a mis trabajos acostumbrados, cayó en mis manos el relato de la expedición del arqueólogo francés profesor Parrot y de su paisano el profesor Schaeffer sobre las excavaciones realizadas en Mari y Ugarit. 

Las tablillas con caracteres cuneiformes halladas en Mari, en el Éufrates Medio, contenían nombres bíblicos que han hecho que las narraciones de los patriarcas, tenidas hasta entonces por “leyendas piadosas”, pasarán de improviso a ser enmarcadas en una época histórica. 
En Ugarit (2 Reyes 16:3; Jueces 2:13) junto al Mediterráneo, habían salido a la luz por primera vez los testimonios del culto de Baal profesado por los cananeos. Aquel mismo año se descubrió un rollo del libro del profeta Isaías en una cueva del Mar Muerto, al cual se le atribuyó una fecha anterior a la Era Cristiana. 

Estas noticias verdaderamente sensacionales despertaron en mí el deseo del estudio de la arqueología bíblica, el más reciente y menos tratado campo de la investigación de la Antigüedad. Así, pues, me dediqué a buscar, tanto en las obras publicadas en Alemania como en los demás países, una exposición clara y sucinta, asequible a todos, de las investigaciones realizadas; pero no encontré ninguna, sencillamente porque no existe. Entonces, me dirigí directamente a las fuentes de información auxiliado activamente en este trabajo de carácter detectivesco por mi propia esposa- visitando las bibliotecas de muchos países para recoger todos los datos verdaderamente científicos contenidos en las obras especializadas relativas a la arqueología bíblica. 

A medida que fui profundizando en el tema, el asunto me resultó más emocionante. La puerta de entrada al mundo histórico del Antiguo Testamento fue abierta por el francés Paul Emile Botta en el año 1843.
En unas excavaciones realizadas en Mesopotamia, concretamente en Corsabad, tropezó de improviso con los bajorrelieves del rey asirio Sargón II (Isaías 20:1) que había diezmado el reino de Israel, llevándose a sus pobladores en largas columnas. Los relatos de las campañas de este soberano están relacionados con la conquista de Samaria, de la cual habla la Biblia. Desde hace un siglo, sabios americanos, ingleses, franceses y alemanes realizan excavaciones en el próximo Oriente, en Mesopotamia, Palestina y Egipto. 

Las grandes naciones han fundado institutos y escuelas especiales para este trabajo de exploración. En 1869 se creó el llamado “PalestineExplorationFund”; en 1892 la Escuela Bíblica de los Dominicos de San Esteban. Les siguieron en 1898 la “Deutsche Orient-Gesellschaft”, en 1900 las “American Schools of Oriental Research” y en 1901 el Instituto Alemán de Arqueología. En Palestina, se sacaron a la luz del día sitios y ciudades frecuentemente mencionados en la Biblia. Aparecen y están situados tal y donde la Biblia dice. 

En las antiquísimas inscripciones y edificaciones excavadas, los exploradores encuentran cada vez más personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento. Los bajorrelieves de aquella época revelan las imágenes de pueblos cuya existencia se conocían solo por los nombres. 

Sus rasgos fisonómicos, su indumentaria, sus armas tomaron ahora cuerpo para la posteridad. Estatuas y figuras colosales muestran a los hititas de ancha nariz, a los filisteos (Génesis 10:14) esbeltos y de elevada estatura, a los elegantes príncipes cananeos con los carros de hierro, tan temidos de Israel, a los reyes de Mari –contemporáneos de Abraham– de sonrisa tan pacífica. A través de los milenios, los reyes asirios no han perdido nada de su ceño adusto: Tiglat-pileser III (2 Reyes 16:7), conocido en el Antiguo Testamento con el nombre de Pul (2 Reyes 15:19); Senaquerib (2 Reyes 18:13), que destruyó a Laquís y puso cerco a Jerusalén; Asaradón que hizo encadenar al rey Manasés, y Asurbanipal, “el grande y célebre Asnapar” del libro de Esdras 4: 10. Igual que a Nínive y Nimrod (Génesis 10:12) -la antigua Cala-, a Asur (1 Crónicas 2:24) y a Tebas (Jeremías 46:25), que los profetas llamaban No-Amon, los investigadores despertaron de las brumas de la Antigüedad a la execrada Babel de la Biblia y su torre legendaria (Génesis 11). 

En el delta del Nilo, los arqueólogos encontraron las ciudades de Pitón y Ramesés (Éxodo 1:11), donde los israelitas padecieron odiosa esclavitud; sacaron a la luz las capas de fuego y de destrucción que acompañaron a los hijos de Israel en la conquista de Canaán, y Guibá la fortaleza de Saúl, en cuyos muros el joven David cantó con su arpa; en Meguido dieron con unas inmensas caballerizas del rey Salomón, quien tenía doce mil soldados de a caballo. 

Del mundo del Nuevo Testamento reaparecieron las magníficas construcciones del rey Herodes. En el corazón de la antigua Jerusalén se encontró el pavimento elevado mencionado por el evangelista Juan, en el cual Jesús estuvo ante Pilato. Los asiriólogos descifraron en las tablas estelares de Babilonia, los datos exactos de observación de la estrella de Belén. Estos hallazgos y descubrimientos tan asombrosos e inabarcables por su profusión, han modificado bastante nuestra manera de concebir la Biblia. 

Acontecimientos que hasta hoy día se consideraban como “leyendas piadosas” adquieren de repente un prestigio histórico. Por lo general, los resultados de la investigación coinciden exactamente con los relatos bíblicos hasta en los mínimos detalles. No solo “confirman”, sino que aclaran al propio tiempo los sucesos históricos sobre que se basan el Antiguo Testamento y los Evangelios. Los acontecimientos y la historia del pueblo de Israel se presentan así enmarcados tanto en el colorido de su propia época, en un escenario vivo y variado, como en las circunstancias y luchas políticas, culturales y económicas de los estados y los grandes reinos del País de los Dos Ríos y del Nilo, a cuya influencia nunca pudieron escapar por completo durante más de dos mil años. 

Está muy generalizada la idea de que la Biblia es exclusivamente Historia Sagrada, una base de la fe para los cristianos de todo el mundo. Pero al propio tiempo es también un libro de hechos que tuvieron auténtica realidad. En este aspecto es, ciertamente, incompleta, pues el pueblo judío escribió su historia solo en relación con Jehová, es decir, la historia de sus pecados y su expiación. Pero estos acontecimientos son históricamente verdaderos y se han comprobado con exactitud verdaderamente asombrosa. Con la ayuda de las investigaciones realizadas, muchos de los pasajes bíblicos pueden comprenderse e interpretarse mejor de lo que lo han sido hasta ahora. Cierto que hay tendencias teológicas para las cuales solo cuenta la palabra. Pero, “¿cómo comprenderla?” –pregunta el célebre arqueólogo francés profesor André Parrot– si no se la encuadra en su exacto marco cronológico, histórico y geográfico”. 

Hasta ahora el conocimiento de estos raros descubrimientos sólo estaba al alcance de un pequeño círculo de expertos. Hace medio siglo se preguntaba el profesor Federico Delitzsch, de Berlín: 
“¿Por qué tantos afanes en esas lejanas, inhóspitas y peligrosas tierras? ¿Para qué ese costoso trasiego de detritus milenario, escarbando hasta el fondo de agua subterránea, en lugares donde no se encontrará ni oro ni plata? ¿Por qué esta lucha entre las naciones para asegurarse esas áridas colinas donde realizar sus propias excavaciones?” 

El erudito alemán Gustavo Dalmandióle en Jerusalén la contestación adecuada al expresar la esperanza de que un día todo cuanto en las excavaciones se hubiese “visto y comprobado, tanto para los trabajos científicos como para la práctica”, pudieran la Escuela y la Iglesia valorizarlo y convertirlo en material provechoso. Y precisamente esto último es lo que no se ha realizado todavía. No hay libro alguno en la Historia de la Humanidad que haya ejercido influencia tan grande y decisiva en el desarrollo de todo el mundo occidental y que haya alcanzado tanta difusión como el “Libro de los Libros”… la Biblia. 

Traducida a 3,500 idiomas y dialectos, hoy, al cabo de dos milenios, no parece dar señales de haber terminado su brillante carrera. Dada la acumulación y la preparación del material recogido, el cual no pretendo decir que sea completo, me vino la idea de que era llegada la hora de hacer partícipes a los lectores de la Biblia y a sus detractores, a los creyentes ya los incrédulos, de los apasionantes descubrimientos realizados por las diferentes disciplinas científicas. 

Y ante la abundancia enorme de resultados auténticos y seguros se me hace cada vez más patente, a pesar de la crítica impregnada de duda de que se ha hecho blanco a la Biblia desde la época de la Ilustración hasta nuestros días, esta idea: ¡La Biblia tenía razón!

Ciclo Historia con Nacho Ares l Y la Biblia Tenía Razón