EL Rincón de Yanka

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jueves, 25 de junio de 2026

"¡AYÚDEME, PADRE!": EL SACERDOTE LUIS MARÍA PADILLA QUE DESAFIÓ LAS BALAS E HIZO HISTORIA EN VENEZUELA

EL SACERDOTE QUE DESAFIÓ LAS BALAS 
E HIZO HISTORIA EN VENEZUELA 

¿Hasta dónde llega el valor de un pastor por salvar un alma? En medio del horror de "El Porteñazo" de 1962, una insurrección promovida por el comunismo, el P. Luis María Padilla caminó impávido entre el fuego cruzado para dar la extremaunción a los moribundos. 

¡Una historia de heroísmo católico que conmovió al mundo! 

Aquel fatídico sábado 2 de junio, las calles de Puerto Cabello se tiñeron de sangre. Mientras caían bombas y ráfagas de ametralladora, el P. Padilla, capellán de la base naval, no dudó en cumplir con su deber sagrado. Sin importarle las balas, salió a buscar a los soldados heridos —muchos de ellos jóvenes conscriptos de apenas 18 años— para darles auxilio espiritual. 
Fue allí donde el fotógrafo Héctor Rondón capturó la mítica imagen que ganaría el Premio Pulitzer: el momento exacto en que el cabo Andrés de Jesús Quero, herido de muerte, clama al sacerdote: "¡Ayúdeme, padre!". 
El P. Padilla intentó levantarlo y, al no poder por el peso, se fundió en un abrazo con él para darle la absolución final. La sotana del sacerdote quedó empapada de sangre, pero su alma intacta en la caridad. 

Borburata es una pequeña población a pocos kilómetros de Puerto Cabello. Aquel sábado, la conmoción de la insurrección porteña afectó también a esta localidad.
Su párroco es el P. Luis María Padilla, quien a la vez es el capellán de la base naval Agustín Armario. 
El sacerdote Padilla recibe el llamado de asistir espiritualmente a los soldados, aún cuando las balas y los bombardeos no habían terminado.
La carrera de armas y la del púlpito comparten —paradójicamente— un alto sentido de cumplimiento del deber. Abrazando su responsabilidad, el P. Padilla llega a un Puerto Cabello cuyas calles están repletas de cadáveres y moribundos. Una vez allí, arriesgando gravemente su vida, no demora en ponerse manos a la obra.

“Fue un momento bastante difícil que asumió con una inmensa valentía”, dijo Mons. Tulio Ramírez Padilla, Obispo de Guarenas y sobrino-nieto del párroco de Borburata.

“No le importó que hubiera fuego cruzado”.

Su sobrino-nieto, Mons. Tulio Ramírez Padilla, recuerda que al párroco "se le puso la mente en blanco" y solo pensaba en su único objetivo: salvar las almas de sus ovejas. 
Un ejemplo de reciedumbre que nos recuerda el valor infinito del sacerdocio, especialmente en la hora de la tribulación y el tránsito hacia la Casa del Padre. 
El sacerdote es el mensajero de la misericordia divina, un Buen Pastor dispuesto a dar la vida por su rebaño. Hoy se promueve la repatriación de los restos de este ejemplar sacerdote al Panteón Nacional de Caracas, un honor reservado para los grandes héroes de la patria. 

"Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15,13). 

¡Qué el testimonio del P. Padilla nos inspire a vivir nuestra fe con valentía!

miércoles, 24 de junio de 2026

LIBRO "CÓMO SE PIERDE UNA NACIÓN (VENEZUELA) SIN DARSE CUENTA": Pequeñas traiciones que terminan en grandes ruinas por JAVIER LORETO

 
CÓMO SE PIERDE
UNA NACIÓN
SIN DARSE CUENTA

Pequeñas traiciones
que terminan en grandes ruinas

JAVIER LORETO

“Ninguna nación se derrumba 
de la noche a la mañana. 
Primero se pierden los valores, 
luego la verdad, después la libertad”.

Pequeñas traiciones que terminaron en grandes ruinas

¿Cómo puede un país rico, lleno de oportunidades y esperanza, terminar sumido en la pobreza, la división y el éxodo de millones de personas?

La respuesta rara vez aparece de un día para otro.

Las naciones no suelen perderse en una sola decisión. Se pierden poco a poco: cuando la verdad deja de importar, cuando la corrupción se vuelve costumbre, cuando el miedo sustituye la libertad y cuando las pequeñas renuncias de hoy se convierten en las grandes tragedias de mañana.

En este libro, Javier Loreto realiza una profunda reflexión sobre el proceso de deterioro de una sociedad, inspirándose en acontecimientos reales que marcaron la historia reciente de Venezuela. Con un lenguaje claro, humano y accesible, el autor analiza cómo las decisiones políticas, la pérdida de valores, la dependencia, la polarización y el silencio colectivo pueden transformar el destino de una nación.
Pero esta obra no es solamente una mirada al pasado. Es también una advertencia para el presente y una invitación a construir un futuro diferente.

"Cómo se pierde una nación sin darse cuenta" es un libro para quienes desean comprender, recordar y aprender; para quienes creen que la libertad, la verdad y la dignidad deben defenderse cada día.
Porque las naciones pueden perderse lentamente.
Y también pueden reconstruirse.

Introducción

Hay momentos en la historia de los pueblos que no se entienden de inmediato. Momentos en los que lo que parecía firme comienza a debilitarse, y lo que parecía seguro empieza a desmoronarse sin hacer ruido.

No ocurre de un día para otro. No llega con una señal evidente que todos puedan reconocer. Sucede poco a poco... en decisiones pequeñas, en silencios prolongados, en verdades que dejamos de defender.

Un país no se pierde solamente por quienes gobiernan, ni se destruye únicamente por quienes toman decisiones desde el poder. También se debilita cuando la conciencia se apaga, cuando lo correcto deja de ser prioridad, y cuando el interés personal comienza a reemplazar los valores que sostienen a una sociedad.

Este libro no nace para señalar culpables, ni para juzgar desde la distancia lo que otros vivieron o decidieron. Nace como una reflexión profunda, como una mirada hacia adentro, como una invitación a comprender cómo ocurren estos procesos sin que muchas veces nos demos cuenta. porque entender como se pierde una nacion...es el primer paso para no repetir la historia.

Porque las grandes caídas no comienzan con grandes actos, sino con pequeñas concesiones, con decisiones que parecen insignificantes, pero que, con el tiempo, se convierten en el camino hacia la pérdida.

Aquí no se habla solo de un país. Se habla de todos. De cualquier nación que haya sentido cómo su rumbo cambia, cómo su gente se divide, y cómo lo que un día fue esperanza se convierte en incertidumbre. Pero también se habla de algo aún más importante: la posibilidad de reconstruir.

Porque si un país puede perderse, también puede encontrarse. Si los valores pueden debilitarse, también pueden volver a levantarse.

Todo comienza en lo pequeño. En la decisión diaria de hacer lo correcto, en la valentía de no callar ante lo que no está bien, y en la conciencia de que cada acción, por mínima que parezca, forma parte del destino de una nación.
Este libro es una invitación. A pensar, a reflexionar, a recordar lo que realmente sostiene a un pueblo. Y, sobre todo, a entender que el cambio no empieza afuera... empieza en cada uno de nosotros.

VER+:


LIBROS 💥 "DESTRUCCIÓN DE UN PAÍS" I y II 💥 
por OLIVIA SIFONTES




"DEL CHOVINISMO A LA VERGÜENZA" 
por PEDRO LUIS PEDROSA 💩





BUSCANDO A VENEZUELA: 
LA VENEZOLANIDAD PERDIDA E INFESTADA 
POR EL CASTROCHAVISMO COMUNISTA 👥👿😵


martes, 23 de junio de 2026

LIBRO Y PELÍCULA "PAÍS PORTÁTIL" 💼💻 por ADRIANO GONZÁLEZ LEÓN, e IVÁN FEO y ANTONIO LLERANDI, RESPECTIVAMENTE

 

Un País Portátil (1968), Adriano González León retrata a Andrés Barazarte, un joven que carga no solo un arma, sino también la memoria de un país marcado por la violencia y las heridas de su historia. La novela muestra cómo la fractura social y política de Venezuela no empezó ni terminó con un régimen, sino que es una herencia que todos llevamos a cuestas: un “país portátil”.

País Portátil es una película Venezolana dirigida por Iván Feo, Antonio Llerandi que está basada en la novela del mismo nombre, del escritor Adriano González León, cuya temática está inspirada en su personaje central, Andrés Barazarte, que es un estudiante de derecho de la Universidad central de Venezuela en los convulsionados años 70 y que se involucra en las guerrillas urbanas de esos años. Pero Andrés Barazarte es mucho más que eso, él pertenece a una familia con tradición guerrera que comienza con su tatarabuelo el General Doctor Epifanio Barazarte, terrateniente que posee una gran hacienda de café en Trujillo en los andes venezolanos y que a finales del siglo XIX participa en varios alzamientos militares a favor del partido liberal y así mediante la guerra y pactos políticos llega a ser presidente de su estado.

Esta película tiene una característica muy importante que es que se desarrolla interpolando épocas distintas de la historia de Venezuela y la vida de la familia Barazarte en paralelo para mostrar varias épocas de la historia del país y explicar de alguna forma que desde que terminó la guerra de independencia en nuestro país nunca hemos podido disfrutar de una verdadera paz ya que siempre hay facciones o grupos descontentos con el estado de cosas que ocurren políticamente y quieren demostrar cada uno mediante la fuerza que tienen la razón. 
En lo personal considero que más que nunca esta película está vigente y que vale la pena volverla a ver y de ser posible leer la novela.

¿SOMOS UN PAÍS PORTÁTIL?

Isabel Pereira

Acudí a releer al magnífico escritor Adriano González León, quien legó una novela clave para entender a Venezuela "País Portátil". Allí muestra que nunca logramos sembrar instituciones garantes de derechos humanos, y menos el vislumbre de una esperanza en la construcción del futuro. En País Portátil, las verdades amargas no deben ser desechadas, la primera refiere a las grandes decisiones políticas, la reflexión sobre el reparto de poder en los inicios de la democracia. La decisión primera de nuestro naciente liderazgo civil giraba en torno a quién era el sujeto del poder después de la derrota del caudillismo en el siglo XIX y de la “aparente” desaparición del militarismo en el siglo XX. Lejos aún de los descubrimientos de Tocqueville en la democracia americana cuando afirmaba que en ese territorio donde priva el dogma de la soberanía del pueblo, cada individuo constituye una parte igual de esa soberanía y participa igualmente en el gobierno del Estado.

La decisión antes de 1958 era contundente, o nos inclinábamos por una sociedad que fortaleciera las personas, la responsabilidad individual, el Estado de Derecho y la libertad, o decidíamos armar un poderoso guardián que presuntamente podría garantizar que los derechos pautados en la Constitución fuesen respetados. Aquí ocurre el momento de quiebre, la gran decisión, optamos por ceder a una Institución “Estado” el poder de cancerbero y propietario, basado en las amargas experiencias posindependentistas, la guerra incesante de caudillos (más de 93 asonadas en un solo año), la falsa creencia que este era el mejor camino para erradicar las atrocidades de las dictaduras militares o las ambiciones oligárquica de ciertos grupos inescrupulosos. Cómo el ánimo de estos primeros líderes de la democracia era alcanzar el bienestar del pueblo, imponer la justicia para todos y evitar el renacimiento de pretensiones dictatoriales, se depositaron todas las esperanzas en ese Estado, institución que paralelamente a la modernización y urbanización del país encarnaría un camino incesante de concentración de poder político, hijo legítimo del gran propietario de la riqueza nacional.

La concentración de poder en el Estado y más propiamente en el Poder Ejecutivo fue el principio de diseño de la nación Venezuela, totalmente respaldado por las disposiciones jurídicas contenidas en las Constituciones vigentes.

Si el poder del Estado crecía, el poder del ciudadano decrecía. La responsabilidad ciudadana era un reclamo sin fuerzas, no el motor que movía la gestión, la administración y el orden del país. El resto de las instituciones, legislativas y judiciales simplemente se subordinaron a la existencia de un poder central cada vez más fuerte. Allí está la clave del País Portátil, ser sólo aquello que el poder central decide, no hay otra esperanza que acercarse a la centrífuga de esa enorme maquinaria de poder. Las posiciones divergentes se anclaron en utopías, como vivió el personaje Andrés Barazarte, promotor de la lucha de clases, motor de la historia, de la dictadura de un proletariado inexistente porque la economía dependía de los ingresos del petróleo y no del esfuerzo de emprendedores y trabajadores. Crecer, inventar, educarse, emprender, no fueron nunca los grandes desafíos. El tema era poder entrar en la vorágine del reparto nacida desde el corazón de la bestia, el Estado central. Por supuesto, en esta secuencia no es descabellado pensar que alguna vez ese Estado podría ser tomado por aquellos que escondían sus ambiciones tras la consigna de lograr una mayor suma de felicidad para todos. Si todo el poder lo tenía el Estado nada impedía saltar hacia el socialismo, la vieja utopía. Y el País Portátil así lo hizo, su carga institucional era muy débil en favor de la libertad, el mercado y la responsabilidad individual.
Hoy, varias décadas después, entre ruinas, con gente emigrando despavorida, el mayor éxodo del mundo. Cuatro veces superior a los que huyeron de Cuba aterrorizados por Fidel Castro y el Che, quienes eliminaron directamente a más de mil personas, hasta el País Portátil se volvió escombros. Todavía hoy Diaz-Canel sostiene que su principal objetivo en Cuba es luchar contra el capitalismo y la economía de mercado. Creo que le bastaría dar una ojeada a los resultados de su revolución para cambiar los propósitos.
Sin embargo, Dios aprieta, pero no ahoga y renace la oportunidad. El País Portátil no logró construir las instituciones que garantizan la libertad, pero enseñó que la utopía socialista es un camino a la servidumbre apoyado en las armas, antípodas de la libertad humana. Hoy es posible fortalecer el espíritu del ciudadano que decide, ejerce poder y lo vigila, crear instituciones al servicio de sus aspiraciones de un desarrollo humano anhelante de libertad.

Hoy como ayer tenemos una gran tarea construir nuestro basamento institucional entendiendo que estas entidades son como las define Douglas North: “Instituciones como reglas del juego (formales o informales) y los medios disponibles para su aplicación”. Esta definición diferencia “instituciones” (reglas y medios para aplicarlas) de “organizaciones”.

En este camino metodológico en el año 2012 Daron Acemoğlu y James Robinson publican, según los comentaristas una obra que ha conmovido a los analistas políticos y sociales, el título: ¿Por qué fracasan los países? A partir de un análisis de las instituciones en diferentes espacios y tiempos, logran determinar las causas del fracaso. Los autores de este texto según los comentaristas defienden una idea muy original “Existe una mayor probabilidad de que los países desarrollen instituciones adecuadas cuando tienen sistemas políticos plurales y abiertos, con competencia entre los candidatos a escoger cargos políticos y un amplio electorado con capacidad de apostar por nuevos líderes políticos. 
Un concepto que enlaza las instituciones políticas y económicas. Afirman que instituciones políticas con voluntad integradora que apoyan instituciones económicas con carácter inclusivo resultan claves para una prosperidad sostenida. Nos quedan grabadas las imágenes del texto de Acemoglu y Robinson. La diferencia entre dos pueblos situados en la misma localización geográfica “las luces en Corea del Sur y la oscuridad en Corea del Norte” o el caso de Nogales en México y Nogales en Estados Unidos, separados sólo por una valla, pero con indicadores económicos totalmente diferenciados, favorables al pedazo de Estados Unidos y negativos para México.

La gran tarea es transformar ese Estado –aún vivo- y esas reglas de juego que niegan la existencia de instituciones integradoras que han presidido nuestra realidad sociopolítica. Que decida el espíritu, la razón y no el poder aniquilador de la fuerza. Si estamos de acuerdo en superar el País Portátil tenemos la oportunidad de decidir por ello.

País Portátil, Film de Iván Feo y Antonio Llerandi (1979)