EL Rincón de Yanka

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jueves, 20 de agosto de 2026

PELÍCULA "CON TODO EL CORAZÓN", 1952, MÉXICO 💕 y "LA DINASTÍA SOLER" y "EL CURA LORENZO": LA HISTORIA DEL CLUB DE FÚTBOL SAN LORENZO DE ALMAGRO

 CON  TODO  EL  CORAZÓN,  1952

Por motivos de salud el cura José debe dejar el orfanato que dirige en la Sierra Tarahumara y se va a vivir a su pueblo, donde su difunto hermano Luis le ha dejado como herencia un terreno. José se hace cargo de un niño huérfano a quien el presidente municipal y amigo del cura, quería meter a la cárcel por haberse robado un pan. El niño y el señor cura remodelan el viejo terreno que el cura ha heredado para convertirlo en en orfelinato, pero un cacique del pueblo quiere comprar el terreno para convertirlo en fábrica de deshilados, la cual ha estado contaminando el aire y el agua de la región por mucho tiempo. El cura se opone y tratará de frenar sus actividades para que la gente del pueblo pueda vivir en paz.

Película con el encanto y la impronta de la religión cristiano-católica concretizada en el México de la primera mitad del siglo XX. El guion nos descubre a un presbítero enfermo, muy paciente y tranquilo, que se retira a un lugar abandonado, herencia de un familiar; allí, siempre confiando en la Divina Providencia, monta un asilo para niños huérfanos con los mínimos recursos que la gente del lugar le va proporcionando.

Rafael E. Portas nos filma con bastante acierto teológico, la idiosincrasia de la Iglesia Católica, su excelencia y el porqué es la religión primordial de este mundo; todo lo cual in situ y más acá de las acusaciones de idolatría que le hacen los hermanos protestantes a los católicos (dizque rezan y veneran a las imágenes o estatuas de Cristo, la Virgen y santos celestiales), en verdad a lo que la Iglesia Católica «con todo el corazón» dedica más empeño es a los pobres, segregados y despreciados de este mundo. Esta es la huella moral, auténticamente material o si se prefiere de carne y huesos, constante reconocible por doquier, ejemplos y milagros a lo largo de dos milenios, faro de la Cristiandad, ya en España ya en México o en cualquier otro lado de la Tierra. 
En el caso concreto, según el filme que nos ocupa, sobre la bendita extensión mejicana que evangelizaron los españoles y donde bienaventuradamente se ha conservado y conserva, pese al siniestro e infiltrada masonería, el clamor de «¡Viva Cristo Rey!» hecho realidad corporal.


 
El cura Lorenzo - Augusto César Vatteone (1954)
Esta película recrea la historia por la cual el sacerdote Lorenzo Massa inspiró la creación del club San Lorenzo de Almagro (en esos tiempos un barrio marginal de Buenos Aires), en 1908.

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La dinastía Soler constituye uno de los casos más extraordinarios de la historia del espectáculo mexicano. Mientras otras familias produjeron una o dos grandes estrellas, los Soler consiguieron colocar a varios hermanos en posiciones fundamentales dentro del teatro y el cine nacional: Fernando, Andrés, Domingo, Julián y Mercedes se convirtieron en los integrantes más conocidos de una familia que participó directamente en la construcción de la llamada Época de Oro del cine mexicano. Filmoteca UNAM incluso describe a los Soler como un caso excepcional dentro de la vida cultural del país.

El origen de aquella dinastía estuvo en el teatro. Sus padres, los actores españoles Domingo Díaz García (gallego) e Irene Pavía Soler (valenciana), llegaron a México formando parte de una compañía teatral y recorrieron diferentes regiones del país, razón por la cual sus hijos nacieron en distintos lugares. Filmoteca UNAM señala que el matrimonio tuvo diez hijos y que Fernando, Andrés, Irene, Domingo, Gloria, Julián, Elvira y Mercedes desarrollaron actividades artísticas en teatro y cine. Más tarde, durante los años difíciles de la Revolución mexicana, la familia pasó una temporada en Estados Unidos y organizó una compañía en la que comenzaron a actuar varios de los hijos desde muy pequeños.

Aquello explica una característica fundamental de los Soler: antes de convertirse en estrellas cinematográficas ya eran actores de escenario. Sabían proyectar la voz, manejar los silencios, sostener largos diálogos y construir personajes frente a un público en vivo. Cuando el cine sonoro mexicano comenzó a desarrollarse durante los años treinta, llegaron con una preparación teatral que les permitió adaptarse rápidamente al nuevo medio.

El miembro que alcanzó mayor dimensión como estrella fue probablemente Fernando Soler, nacido en Saltillo, Coahuila, en 1896. Primogénito de la familia, comenzó profesionalmente en la compañía dirigida por su padre, trabajó posteriormente con diferentes grupos teatrales e incluso apareció en producciones del cine mudo de Hollywood antes de incorporarse de lleno al cine mexicano. Además de actor, fue director y guionista, por lo que su influencia se extendió mucho más allá de lo que hacía frente a las cámaras.

Fernando encontró uno de sus grandes territorios interpretativos en la figura del padre mexicano. Podía ser autoritario, cariñoso, conservador, orgulloso, divertido o terriblemente cruel dependiendo del personaje. Cuando los hijos se van, México de mis recuerdos, Una familia de tantas y La oveja negra representan distintas variantes de esa figura paterna; el Diccionario de Directores del Cine Mexicano considera precisamente Una familia de tantas como uno de los trabajos que consolidaron definitivamente su prestigio cinematográfico.

Su trabajo junto a Pedro Infante en La oveja negra y No desearás la mujer de tu hijo produjo algunas de las confrontaciones familiares más memorables del melodrama mexicano. Fernando tenía una presencia tan poderosa que podía dominar una escena mediante la voz, la mirada o una pausa, pero también sabía convertir la autoridad en vulnerabilidad. Su interpretación en No desearás la mujer de tu hijo le valió el Ariel a Mejor Actor, uno de los reconocimientos más importantes de su carrera.

Sin embargo, limitar a Fernando Soler al padre autoritario sería injusto. También hizo comedia, interpretó hombres elegantes, calaveras y personajes llenos de ironía, y trabajó con cineastas como Alejandro Galindo, Juan Bustillo Oro, Ismael Rodríguez, Luis Buñuel y Arturo Ripstein. Su carrera llegó incluso hasta películas como El lugar sin límites, de 1977, demostrando una capacidad poco común para sobrevivir al final de la Época de Oro y continuar trabajando con generaciones cinematográficas mucho más jóvenes.

Andrés Soler desarrolló una personalidad completamente distinta. Nacido en Saltillo en 1898, se convirtió en uno de los actores de reparto más reconocibles del cine mexicano y podía pasar con facilidad de personajes bondadosos a hombres severos, villanos o figuras cómicas. Participó en películas como El gran calavera, de Luis Buñuel; La oveja negra, de Ismael Rodríguez, y El ceniciento, además de trabajar junto a figuras como Pedro Infante, María Félix, Cantinflas, Jorge Negrete, Tin Tan y Columba Domínguez.

La grandeza de Andrés estaba precisamente en no necesitar siempre el papel principal. Comprendía perfectamente la función del actor de carácter: entrar en una historia, construir en pocos minutos un personaje reconocible y ayudar a que el protagonista funcionara mejor. Recibió cuatro nominaciones al Ariel como actor de reparto, pero su aportación más importante quizá ocurrió fuera de la pantalla.

Durante 19 años dirigió el Instituto Andrés Soler, escuela fundada en 1951 con participación de sus hermanos y el apoyo de Jorge Negrete y Rodolfo Landa. De esta manera, el talento familiar dejó de transmitirse únicamente entre los propios Soler y comenzó a utilizarse para formar a nuevas generaciones de intérpretes. Andrés murió en 1969, pero su legado pertenece tanto a las películas que hizo como a los actores que ayudó a preparar.

Domingo Soler fue quizá el más intensamente dramático de los hermanos. Nacido en Chilpancingo en 1901, había comenzado a actuar desde niño en la empresa teatral familiar y terminó convirtiéndose en un rostro habitual de personajes rurales, revolucionarios, sacerdotes, padres y hombres marcados por grandes conflictos morales. Uno de sus trabajos históricos fue su participación en ¡Vámonos con Pancho Villa!, de Fernando de Fuentes, una de las películas fundamentales sobre la Revolución mexicana.

Su consagración llegó con La barraca, dirigida por Roberto Gavaldón y basada en la novela de Vicente Blasco Ibáñez. La película se convirtió en un acontecimiento dentro de la naciente Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas: ganó el Ariel a Mejor Película y Domingo obtuvo el premio a Mejor Actor. Su interpretación demuestra por qué su estilo se diferenciaba del de Fernando y Andrés: Domingo poseía una gravedad extraordinaria y podía transmitir agotamiento, dolor y autoridad sin convertirlos necesariamente en grandilocuencia.
El caso de Julián Soler resulta todavía más singular porque consiguió desarrollar dos carreras prácticamente completas: una como actor y otra como director. Comenzó desde pequeño en el teatro familiar, trabajó posteriormente en diferentes compañías dramáticas y alcanzó reconocimiento como galán y primer actor; entre sus personajes destacados estuvo Simón Bolívar, interpretación por la que recibió una condecoración venezolana.

Pero Julián terminaría encontrando detrás de la cámara una actividad todavía más importante. Debutó como realizador en los años cuarenta y dirigió más de 80 películas, además de actuar en más de 50 y participar como guionista en numerosos proyectos. Su filmografía como director atravesó melodrama, comedia, romance y coproducciones internacionales, con títulos como Tormenta en la cumbre, ¡Me ha besado un hombre!, El pecado de Laura y Las rosas del milagro.
Julián tenía además fama de saber trabajar especialmente bien con los actores. Él mismo explicó que una de sus virtudes como director consistía en saber comunicar al intérprete exactamente lo que quería sin destruir su confianza. Esa capacidad probablemente procedía de haber pasado prácticamente toda su vida sobre un escenario antes de colocarse detrás de una cámara.

La presencia femenina más conocida del núcleo cinematográfico fue Mercedes Soler. Aunque su carrera tuvo menor dimensión pública que la de sus cuatro hermanos, participó en numerosas producciones y Filmoteca UNAM la reconoce expresamente como parte de la Dinastía Soler junto con Fernando, Andrés, Domingo y Julián. Entre las películas asociadas con su trayectoria se encuentran ¡Así es mi tierra!, Internado para señoritas, Yo maté a Juan Charrasqueado, El pecado de ser pobre y El vampiro.

Mercedes permitió además que la dinastía continuara hacia otra generación. Se casó con el actor Alejandro Ciangherotti y fue madre de Fernando Luján y Alejandro Ciangherotti, quienes también desarrollaron carreras importantes como actores. Fernando Luján, en particular, comenzó a trabajar desde niño, participó en más de setenta películas y recibió en 2013 la Medalla Filmoteca de la UNAM por su aportación al cine mexicano.

Esto convierte a los Soler en algo todavía más interesante que una familia de hermanos famosos. Su historia terminó conectándose con otros linajes actorales y prolongándose hacia generaciones posteriores, demostrando que la profesión no había sido simplemente un accidente de cinco hermanos que coincidieron en el momento adecuado, sino una auténtica tradición familiar construida alrededor del escenario y la cámara.
Lo más extraordinario, sin embargo, es que los hermanos Soler nunca parecieron simples imitaciones unos de otros. Fernando poseía el peso del gran protagonista y del patriarca; Andrés dominaba la actuación de carácter y posteriormente la enseñanza; Domingo aportaba una intensidad dramática formidable; Julián combinaba el oficio del actor con la visión del director, mientras Mercedes contribuyó como actriz y como vínculo hacia una nueva generación.

Juntos podían representar prácticamente todo el universo humano del cine mexicano de aquellos años: padres autoritarios, rancheros, políticos, revolucionarios, aristócratas, pobres, villanos, sacerdotes, hombres derrotados y personajes cómicos. Su extraordinaria formación teatral les permitió adaptarse a una cinematografía que necesitaba actores capaces de sostener historias donde la palabra, la presencia y las emociones tenían un peso enorme.

También resulta significativo que la familia no se limitara a beneficiarse de la industria cinematográfica, sino que ayudara a construirla. Fernando dirigió y escribió películas; Julián desarrolló una extensísima carrera como realizador; Andrés participó en la formación profesional de actores, y varios de ellos estuvieron relacionados con organizaciones fundamentales del gremio artístico. Por eso hablar de los Soler significa hablar no solamente de estrellas, sino de personas que participaron activamente en la creación de las estructuras profesionales del espectáculo mexicano.

La Filmoteca de la UNAM continúa recuperando sus películas y reconociendo a la Dinastía Soler como una de las familias más prolíficas y representativas de la cinematografía nacional. Sus trabajos siguen apareciendo en retrospectivas dedicadas al cine mexicano porque muchas de aquellas películas no solamente fueron éxitos de su tiempo: ayudaron a construir la imagen que varias generaciones tuvieron de la familia, la autoridad, el honor, la pobreza, el amor y los conflictos sociales.

Quizá por eso resulte difícil encontrar otra dinastía comparable dentro de la Época de Oro. Los Soler no fueron una familia que simplemente aprovechó la fama de uno de sus integrantes; cada hermano tuvo que construir su propio lugar y algunos alcanzaron carreras enormes por caminos completamente distintos.

miércoles, 19 de agosto de 2026

TRES LIBROS DE HISTORIA QUE TE IMPACTARÁN: "EL MUNDO DE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA" por PETER BROWN, "NÓMADAS" por ANTHONY SATTIN y "VIDAS DE ALEJANDRO Y CÉSAR" por PLUTARCO


EL MUNDO DE LA
ANTIGÜEDAD TARDÍA

PETER BROWN

Este extraordinario estudio sobre los cambios culturales y sociales en la Antigüedad Tardía (aproximadamente desde el año 150 hasta el 750 d. C.) explica cómo y por qué aquel periodo supone un distanciamiento de la «civilización clásica». 
El autor demuestra que esta fue la época en que se produjo la irremisible desaparición de la mayoría de las instituciones antiguas más arraigadas: en el año 476, el Imperio Romano había desaparecido por completo en la Europa occidental, y en el año 655 el Imperio Persa había desaparecido por completo de Oriente Medio. Brown examina estos cambios, y las reacciones de los hombres que los vivieron, y muestra que aquel periodo fue también una época de señalados comienzos. 
El resultado es una respuesta lúcida a una pregunta crucial en la historia mundial: 
¿Cómo es posible que un mundo tan excepcionalmente homogéneo como la civilización mediterránea del año 200 d. C. se dividiera en tres sociedades: la Europa occidental católica, el Imperio bizantino y el islam, que vivieron mutuamente enfrentadas durante la Edad Media?
«Imperio, aparato del Estado (no más de mil individuos), oligarquías locales: Peter Brown afronta la microfísica del poder romano al tiempo que cuestiona el concepto de decadencia. ¿Cómo no hacerlo? Los germanos eran requeridos en el Imperio; eran los libertadores de los colonos agrícolas».



NÓMADAS
La historia desde los 
márgenes de la civilización


Hay una conexión que ha sido muchas veces ignorada por la historia: la relación transformadora, y a menudo sangrienta, entre sociedades sedentarias e itinerantes a lo largo de los siglos. Desde la revolución neolítica hasta el siglo XXI, pasando por el auge y la caída de Roma, los grandes pueblos ambulantes de los árabes y los mongoles, los mogoles y el desarrollo de la Ruta de la Seda, los nómadas han sido un contrapeso perpetuo a los imperios creados por el poder de las ciudades humanas.
Al explorar la biología evolutiva y la inquietud que nos caracteriza como humanos, la amplia historia de Anthony Sattin recorre el poder del nomadismo desde antes de la Biblia hasta su declive en la actualidad. Conectándonos con la mitología y los registros de la antigüedad, Nómadas explica por qué nos marchamos de casa y por qué nos gusta volver. Esta es la historia contada a través de los que viven fuera de lo establecido, es la historia desde los márgenes de la civilización.

Una de las descripciones más exquisitas que el autor hace en su obra es en referencia a la cosmovisión que percibe entre los diversos grupos nómadas quienes representan una constante resistencia a la presión global por incorporarse en un modelo sedentario y capitalista; su lucha se sustenta en la sublime armonía que expone el medio natural del cual dependen y pertenecen, a su vez conocen su hábitat desde la igualdad, sin la pretensión de querer dominarlo pues comprenden la necesidad de coexistir y vivir con respeto. Dicha codependencia es una conciencia que se extingue entre los edificios de las grandes ciudades, quedando sólo como recuerdo de una vida itinerante y del deseo natural de encontrar el paraíso. 

La obra es un llamado a la recapitulación y al replanteamiento de la historia y nuestra forma de vida, e insta a continuar buscando la respuesta a la interrogante más antigua y profunda de la humanidad: 
¿Qué significa ser seres humanos?; si bien la vida intramuros y sus amenidades representan una limitante para decidir reorientar la manera de vivir, el autor propone recuperar las distintas relaciones entre los pueblos nómadas y sedentarios a fin de identificar las transiciones y sus implicaciones hasta nuestros días.

Recuperar narrativas y experiencias en torno a los orígenes humanos, cuando sus fronteras confluían con las características geofísicas de su entorno y consideraban como límite la delgada línea que dibuja la unión del cielo y la tierra; la invitación resulta enriquecedora y motivadora para ampliar el campo de visión respecto a la historia conocida, dejando entrever que está matizada de los intereses y motivaciones de los nómadas que, en algún punto de la historia, dejaron de desplazarse; pero también es posible vislumbrar la relación de complementariedad que han sostenido ambos pueblos (sedentarios y nómadas), perpetuando el principio esencial de la vida: el ambiente es la suma de sus partes, y el ser humano es parte del ambiente tanto como el ambiente es parte de él, sin importar la forma en la que decida relacionarse con el resto de los componentes.

La travesía descrita en el libro se organiza en tres momentos que el autor denomina actos, estos exponen en orden cronológico las incidencias y hechos nómadas que determinaron el curso de la historia social, económica y comercial en las regiones Euroasiática, Asia central, Indochina y Medio oriente. Iniciando la narrativa en el 10,000 a.e.c. enmarcando los primeros vestigios de lo que alude a un recinto sagrado que congregó un puñado de nómadas por un periodo extendido, dando pauta a lo que Anthony Sattin presenta como el punto de transición de cazadoresrecolectores a agricultores-pastores posiblemente debido a una crisis ambiental por la demanda excesiva de recursos para satisfacer las necesidades de una población concentrada y creciente. El segundo acto es dedicado a la nutrida narrativa de hechos históricos que presentan el devenir del tiempo entre tiendas, conquistas, estrategias militares y cultura que yacen entre estepas y dunas desde la óptica nómada, siendo estos grupos el núcleo de los hechos, lo que permite acceder a una historia poco contada y casi nada considerada en la reflexión global, misma que resalta en el mapa comercial la importancia de las participaciones mongolas desquebrajando la percepción salvaje y bárbara que les adjudicó occidente sin aparente justificación más que la “incivilización”.

Sin embargo, este fragmento de la obra deja ver entre líneas la permanente correlación e interdependencia existente entre los andares nómadas y el cauce de las grandes civilizaciones haciendo hincapié en que no ha existido una oposición declarada entre ambas formas de vida, sino que conforman la dicotomía que da razón, forma y propósito a la historia misma de la humanidad. El tercer y último acto abre telón con la reflexión de la influencia mongola en territorios europeos, recapitulando los aportes de este imperio en los flujos comerciales los cuales fomentaron la distribución del capital a través del desplazamiento contante (nomadismo), propiciando la prosperidad en todo el territorio que comprendía su poderío; sin embargo, el autor enmarca el acto reflexivo en el olvido de los nómadas y de los mongoles principalmente, la historia contada de manera oficial en países como Inglaterra omitieron la influencia de estos grupos en la conformación de sus estructuras socioeconómicas como se ostentan hoy en día, adjudicándose es sus discursos una supremacía que no es posible sostener desde el enfoque histórico expuesto en el capítulo anterior.

Sattin recupera la aseveración del gran historiador Ibn Jaldún quien consideraba que el estado primigenio caracterizado por la libertad de movimiento y una vida inspirada y en concordancia con los ciclos naturales dotó a los nómadas de los medios necesarios para alcanzar el poderío imperial, marcando un antes y un después en el contexto global. A manera de cierre, el autor comparte una experiencia personal en la que acentúa la capacidad de pensar de formas diversas y divergentes como la máxima cualidad del nomadismo, dicha reflexión deja entre abierta la puerta a un mundo extraordinario que privilegia el pensamiento sobre el conocimiento y la interacción sobre la razón, revindica la valoración cognitiva sin necesidad de presentar credenciales ostentosas que validen el saber, la cosmovisión, la historia, el origen y el final, sostenido en el comienzo común de la existencia humana y la eterna relación con el entorno; por lo que la lectura invita de manera ferviente a considerar el nomadismo como una condición propia de la naturaleza humana, que nutre el espíritu, libera la mente y conduce el cuerpo.

Vidas de Alejandro y César

Vidas paralelas es la colección biográfica de Plutarco —siglo I d. C.—, que contiene veintitrés pares de biografías, donde cada par incluye la oposición de un personaje griego a otro romano, así como cuatro vidas desparejadas. Serían por tanto un total de unas cincuenta biografías, cuarenta y dos agrupadas por parejas, cuatro que oponen dos griegos a dos romanos, y cuatro que no presentan oponente.
Plutarco incide en el carácter moral de cada personaje más que en narrar los acontecimientos políticos de la época. Disponemos así, de un tratado exhaustivo sobre la educación y personalidad de cada uno de ellos, y con el relato de anécdotas, expresamente seleccionadas para revelar la naturaleza del hombre.
Plutarco creía compatible Roma con funciones rectoras y Grecia educadoras. Vidas contiene interesantes anécdotas, pasajes históricos memorables además de las comparaciones entre los personajes y constituye fuente primaria de muchos hechos del mundo antiguo.

Personajes incluidos:

1. Teseo & Rómulo
2. Licurgo & Numa Pompilio
3. Solón & Publícola
4. Temístocles & Camilo
5. Pericles & Fabio Máximo
6. Coriolano & Alcibíades
7. Emilio Paulo & Timoleón
8. Pelópidas & Marcelo
9. Arístides & Catón
10. Filopemen & Tito
11. Pirro & Cayo Mario
12. Lisandro & Sila
13. Cimón & Lúculo
14. Nicias & Craso
15. Alejandro & Julio César
16. Agesilao & Pompeyo
17. Sertorio & Eumenes
18. Foción & Catón el Joven
19. Agis y Cleómenes & Tiberio y Gaio Graco
20. Demóstenes & Cicerón
21. Demetrio & Antonio
22. Dión & Bruto
23. Artajerjes y Arato & Galba y Otón

Gracias a citas o anotaciones en otros textos o fuentes, podemos afirmar que se han perdido los relatos biográficos referidos a Hércules, Escipión el Africano, Epaminondas, Augusto, Claudio o Nerón.
El alcance de sus escritos es enorme, y sus Vidas paralelas ha sido durante siglos libro de cabecera y fuente de innumerables personajes célebres. Shakespeare fue un lector ávido de las mismas, hasta el punto de que varias de sus obras la toman como fuente histórica, como por ejemplo su tragedia Coriolano.


martes, 18 de agosto de 2026

PELÍCULA "SISU": CUANDO SE PIERDE TODA ESPERANZA (2022) 💥

CAMINO DE VENGANZA

Una electrizante cinta de acción ambientada en la Laponia finesa durante la IIGM sigue a un buscador de oro, encarnado por un gran Jorma Tommila (como curiosidad, es cuñado del director, su actor fetiche, y su hijo en la vida real es el conductor del tanque que lo persigue) un sexagenario actor (63 años en la vida real) que parece poseído por el mismo diablo, sin articular palabra hasta el final, estoico, todo lo dice con su poderosa expresividad y sus penetrantes ojos, donde también habla de su pasado su magullado y cicatrizado cuerpo, ser que parece salido de las mismísimas entrañas del Averno para ajustar cuentas con los nazis, intenta asegurar su oro robado y defenderse de un escuadrón nazi dirigido por un brutal oficial de las SS, al que da vida un notable Aksel Hennie. 
La película se rodó cerca del pueblo de Nuorgam en Laponia con un presupuesto de unos 6 millones de euros (6,5 millones de dólares), según Helander, la película “First Blood” (1982) y el francotirador militar finlandés de la vida real Simo Häyhä, luchó contra el Ejército Rojo (mató a 542 enemigos), sirvieron de gran inspiración para la película. 

Sisu es una palabra finlandesa que hace referencia al interior del individuo, nos dice un texto de apertura, concepto imposible de definir que denota una "forma de coraje y determinación inimaginable… Sisu se manifiesta cuando se pierde toda esperanza”.

Simo Häyhä: LA MUERTE BLANCA está considerado como el francotirador más letal de toda la historia. Durante la Guerra de Invierno librada por Finlandia y la Unión Soviética entre 1939 y 1940 infligió a los soviéticos 542 muertes confirmadas, un récord que aun hoy prevalece. Silencioso y veloz, el objetivo rara vez escapaba a su mira. Su manera de actuar en el campo de batalla se ha convertido en un modelo para los francotiradores de todo el mundo. Esta biografía de Tapio Saarelainen, oficial de carrera en el Ejército finlandés y experto tirador de élite, explora en profundidad la vida de Simo Häyhä, la Muerte Blanca, en todas sus facetas. Desde sus hazañas en la Guerra de Invierno contra Stalin, hasta los secretos de su éxito en los nevados paisajes finlandeses, analiza también su carácter y personalidad, su técnica y, también, una mirada detallada de su propio fusil. En definitiva, una obra fundamental para entender la guerra a pequeña escala.

El día que la Unión Soviética invadió Finlandia, Simo Häyhä estaba preparado para convertirse en leyenda. Medía poco más de metro y medio y era reconocido por su amplia sonrisa, sus técnicas para enterrarse en la nieve como un perro siberiano y su eficacia a la hora de disparar, haciendo blanco a 300 metros de distancia.
Con 33 años y durante 98 días, el granjero nacido en Rautjärvi se convirtió en el terror de los soldados soviéticos que avanzaban entre el bosque y las montañas dejando a cada paso manchones rojos en los caminos nevados, heridos de muerte una y otra vez sin siquiera saber de dónde provenían los disparos.
Durante la breve Guerra del Invierno que se desarrolló entre noviembre de 1939 y marzo de 1940, y hasta que cayó herido con un disparo que le deformó el rostro para siempre, Häyhä dejó fuera de combate a medio millar de militares rusos, puntualmente a 542 personas, según las cuentas de sus camaradas, 200 de las cuales murieron.

Lo apodaron “La muerte blanca”.

El francotirador usaba un rifle M28 Pystykorva con un cargador de 5 municiones calibre 7.62 mm, la variante del fusil de cerrojo ruso Mosin-Nagant M28.
El mayor Tapio Saarelainen, tirador experto del Ejército Finlandés y quien escribió un libro sobre su vida, dijo que el granjero tenía una precisión increíble para dar en el blanco y que, durante los entrenamientos, podía acertar a un objetivo a 150 metros de distancia unas 16 veces en menos de 60 segundos.
Este fue un logro increíble con un rifle de cerrojo, considerando que cada cartucho tenía que ser alimentado manualmente con un cargador fijo de 5 municiones.

Cada vez que era entrevistado como un excombatiente condecorado -recibió la Cruz de Caballero Mannerheim, el más alto honor militar de su país-, él repetía que su secreto no era otro que la “práctica”. Y que no se arrepentía de haber matado o herido a tantas personas, porque había hecho lo que le pidieron que hiciera: “Lo mejor que pude”.
Luego de la guerra, Simo se dedicó a la caza mayor y a la crianza de animales. No se le conocieron parejas, amores ni descendencia, más que sus adorados perros. Murió de viejo, el 1 de abril de 2002. Tenía 97 años.