EL Rincón de Yanka

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Poeta no es el que escribe versos sino el que poetiza el pensamiento, el mundo, la vida misma.








miércoles, 26 de febrero de 2025

SAMUEL LANGHORNE CLEMENS MÁS CONOCIDO COMO MARK TWAIN: EL HOMBRE QUE SIEMPRE FUE UN NIÑO: LAS AVENTURAS DE MARK TWAIN

Samuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain*, ha pasado a la historia de la literatura gracias al ingenio, humor y picardía que destila su obra. A menudo considerado el Dickens estadounidense, Twain fue periodista, tipógrafo, escritor y, sobre todo, un aventurero incansable. Su sed de aventuras lo llevó en un largo periplo lleno de experiencias: fue aprendiz de piloto, buscó fortuna en las minas de plata, recorrió el mundo dando conferencias y fue nombrado doctor honoris causa por la universidad de Oxford. Todo ello lo inspiró para empezar a escribir pequeños cuadernos de viaje que publicaba en la prensa. Se calcula que llegó a escribir más de 500 obras, entre las que destacan _Las aventuras de Huckelberry Finn_ y _Las aventuras de Tom Sawyer_: dos novelas en las que Twain evoca una infancia inocente y feliz, en la que brillan la ilusión y la rebeldía que preceden a la edad adulta. Mark Twain nació durante una de las apariciones del cometa Halley, y predijo que “se marcharía con él”. Efectivamente, el autor nos dejó el 21 de abril de 1910, a la estela de una nueva visita del cometa. ‍
* Fue en 1863 cuando empezó a firmar sus obras bajo el pseudónimo de Mark Twain, nombre que hace referencia a una expresión típica en los cantos de trabajo del río Mississippi, y que significa «dos brazas de profundidad», es decir, el calado mínimo necesario para la buena navegación.


Twain dejó una huella imborrable en la literatura estadounidense gracias a su destreza para capturar la esencia de la vida cotidiana y destilar verdades universales. En sus palabras, encontramos no solo humor y entretenimiento, sino también una profunda sabiduría que perdura a través del tiempo.
Uno de los aspectos más destacados de la obra de Twain es su capacidad para explorar la dualidad humana. En Las aventuras de Tom Sawyer, su famosa novela semiautobiográfica publicada por primera vez en 1876, nos presenta a Tom, un niño aventurero con un corazón inquieto y una curiosidad insaciable. A través de las travesuras y desafíos de Tom, Twain nos invita a hacer un viaje dedicado a ese verano eterno que es la infancia: la mezcla de inocencia y astucia, la búsqueda constante de nuevos desafíos y la inevitable confrontación con las realidades de la vida. La obra ha sido apreciada por generaciones por su representación vívida de la infancia, su humor atemporal y su capacidad para captar la esencia de la época.

Twain también dejó una marca indeleble en el género de la novela con su obra maestra Las aventuras de Huckleberry Finn, publicada en 1884. A través de las andanzas de Huck y Jim, un niño blanco y un esclavo en fuga, Twain aborda entre sus páginas temas cruciales como la esclavitud, la moralidad o la libertad. La narrativa, impregnada de la voz auténtica de Huck, nos sumerge en un viaje que va más allá de las aguas del Mississippi; es un viaje hacia la comprensión de la humanidad y la lucha por la verdad y la justicia. Hoy es reconocida como una de las grandes obras maestras de la literatura estadounidense, junto a Moby Dick, y una continuación indirecta de la novela anterior de Twain, Las aventuras de Tom Sawyer.

Además de sus novelas, las citas de Mark Twain son famosas por su agudeza, humor e ingenio, así como por su capacidad para reflexionar sobre la condición humana y la sociedad. Reflexiones que, a pesar de estar arraigadas en el contexto histórico de su tiempo, tienen un carácter universal, ya que siguen siendo relevantes y aplicables en diversas épocas y culturas. Una de sus observaciones más citadas es: «La vida sería infinitamente más feliz si pudiéramos nacer a la edad de ochenta y gradualmente llegar a los dieciocho». En estas palabras, Twain destila la ironía de la juventud y la sabiduría acumulada con el tiempo.

Otra de sus célebres citas nos invita a reflexionar sobre la verdad: 

«Nunca dejes que la verdad se interponga en el camino de una buena historia». 
Aquí, Twain nos recuerda la poderosa influencia de la narrativa y cómo a veces la verdad puede ceder terreno ante la magia de una historia bien contada.

Durante su vejez, la desgracia golpeó recurrentemente a Mark Twain, que vivió sus últimos años de vida en una profunda depresión provocada primero por la muerte de sus hijas y posteriormente por la de su esposa. El escritor participó en diversos proyectos, hasta que el 21 de abril de 1910 un ataque de corazón se llevó para siempre al genio que, con sus obras, se convirtió en un veraz cronista de la hipocresía y la crueldad humanas, aunque en muchas de ellas también dejó un resquicio para la bondad y la esperanza.


El amigo personal de Grant, Samuel Clemens (más conocido por su seudónimo Mark Twain), pronto se enteró de este acuerdo editorial y no pudo ocultar su desaprobación por el poco dinero que pensaba que Grant ganaría si aceptaba los términos de Century. Twain dejó todo y se apresuró a viajar a la ciudad de Nueva York desde su casa en Hartford, Connecticut. Cuando Twain entró en la casa de Grant en la calle 66, vio que el hijo mayor de Grant, Frederick, estaba revisando el contrato de Century una última vez antes de que su padre lo firmara. Twain recordó que Grant estaba a punto de coger su pluma cuando llegó el novelista. 

Twain intervino en la firma y pidió leer él mismo el contrato. Después de terminar su revisión, Twain declaró que la cláusula que otorgaba a Grant el 10% de todas las ventas era insultantemente baja y equivalía a explotar la terrible situación del ex presidente. Twain insistió en que podía conseguir un contrato de publicación mucho más favorable para Grant y lo presionó para que lo representara en nuevas negociaciones. Grant sentía una lealtad personal hacia los ejecutivos de Century y consideró deshonroso rescindir su contrato después de que se hubieran acordado todos los detalles y se hubieran redactado los documentos. Twain se exasperó y confesó que él mismo había obtenido condiciones mucho mejores de su propia editorial, la American Publishing Company.

Grant falleció la mañana del 23 de julio de 1885, pocos días después de terminar sus memorias. El libro se vendió en dos volúmenes en ese momento a través del sistema de suscripción propuesto por Twain. A pesar de los rumores creados por Adam Badeau, el libro se convirtió en un éxito de ventas instantáneo. Twain dijo que el libro era uno de los mejores escritos que había visto jamás. Charles Webster Publishing emitió un cheque por 200.000 dólares para Julia Dent Grant a principios de 1886. Fue el cheque de regalías más grande emitido hasta ese momento. Las memorias personales de Grant todavía se imprimen hoy en día y a menudo se consideran una de las mejores escritas jamás producidas por un expresidente.


GENIO

El genio, como el oro y las piedras preciosas,
se valora principalmente por su rareza.

Los genios son personas que escriben
poemas extraños, descabellados 
e incomprensibles con una facilidad asombrosa,
se emborrachan y duermen en la cuneta.

El genio eleva a su poseedor a esferas inefables
muy por encima del mundo vulgar y llena su alma
de un desprecio regio por las cosas 
groseras y sórdidas de la tierra.

Probablemente, por eso
la gente que tiene genio
no paga su pensión, por lo general.

Los genios son muy singulares.

Si ves a un joven que tiene el pelo desaliñado
y una mirada angustiada 
y que se viste de forma excéntrica,
puedes considerarlo un genio.

Si canta sobre la degeneración de un mundo
que corteja la opulencia vulgar
y descuida el cerebro,
sin duda es un genio.

Si es demasiado orgulloso para aceptar ayuda
y la rechaza con aire señorial
al mismo tiempo
que sabe que no puede ganarse 
la vida para salvar su vida,
es sin duda un genio.

Si se aferra a la poesía,
a pesar de que serrar madera le resulte más fácil,
es un verdadero genio.

Si desperdicia todas las oportunidades de la vida
y aplasta el afecto y la paciencia de sus amigos
y luego protesta con rimas enfermizas 
de su dura suerte y finalmente persiste,
a pesar de los buenos consejos de personas 
que tienen sentido pero no genio,
persiste en meterse en algún infame callejón sin salida
y morir entre harapos y suciedad,
es sin duda un genio.

Pero, por encima de todas las cosas,
plasmar hábilmente en verso 
los delirios incoherentes de la locura
y luego salir corriendo 
y emborracharse estrepitosamente
es la más segura de todas las señales de genio.

¡OH, SEÑOR, PADRE NUESTRO!

Oh Señor, nuestro padre,
Nuestros jóvenes patriotas, 
héroes de nuestros corazones,
Salgan a la batalla - ¡esté cerca de ellos!
Con ellos, en espíritu, también salimos
Desde la dulce paz de nuestros amados hogares 
Para herir al enemigo.

Oh Señor, nuestro Dios,
Ayúdanos a despedazar a sus soldados
En pedazos sangrientos con nuestros proyectiles;
Ayúdanos a cubrir sus campos sonrientes
Con las pálidas formas de sus patriotas muertos; 
Ayúdanos a ahogar el trueno de
los cañones Con los gritos de sus heridos,
Retorciéndose de dolor.

Ayúdanos a devastar sus humildes hogares
Con un huracán de fuego;
Ayúdanos a retorcer los corazones de sus
viudas Inofensivas con un dolor inútil; 
Ayúdanos a dejarlos sin techo,
con sus niños pequeños, para que vaguen 
sin amigos por los páramos de su tierra desolada,
en harapos, con hambre y sed,
jugando con las llamas del sol del verano
y los vientos helados del invierno,
agobiados en espíritu, desgastados por el trabajo,
implorándote el refugio de la tumba y negándotelo -

Por amor a nosotros que te adoramos, Señor,
arruina sus esperanzas,
arruina sus vidas,
prolonga su amarga peregrinación,
haz pesados ​​sus pasos,
riega su camino con sus lágrimas,
mancha la nieve blanca con la sangre
de sus pies heridos!

Lo pedimos con espíritu de amor -
A Él que es la fuente del amor,
Y que es el siempre fiel
Refugio y Amigo de todos los que están 
asediados y buscan Su ayuda con
corazones humildes y contritos.

Amén.


FRASES DE MARK TWIN

"La verdad es algo muy valioso. 
No se debería malgastar".
  • Nunca discutas con gente estúpida, te arrastrarán a su nivel y entonces te ganarán con la experiencia.
  • Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados.
  • El valor es resistencia al miedo, el dominio del miedo, no ausencia del miedo.
  • El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover.
  • Un hombre no puede estar cómodo sin su propia aprobación.
  • Siempre haz lo que es correcto. Gratificarás a la mitad de la humanidad y sorprenderás a la otra.
  • La peor soledad es no estar a gusto con uno mismo.
  • La mejor manera de animarte a ti mismo es tratar de animar a alguien más (Te animo para que me animes).
  • Mil excusas y ni una buena razón.
  • Los dos días más importantes de tu vida son el día en que naces y el día que averiguas por qué.
  • Dejar de fumar es lo más fácil del mundo. Lo sé porque lo he hecho miles de veces.
  • Mis libros son el agua; las de los grandes genios son el vino. Todo el mundo bebe agua.

Había una vez un niño malo cuyo nombre era Jim. Si uno se para a observar se dará cuenta de que en los libros de cuentos ejemplares que se leen en clase de religión los niños malos casi siempre se llaman James. Era extraño que éste se llamara Jim, pero ¡qué le vamos a hacer si era de esta manera!

Otra característica peculiar de nuestro protagonista era que su madre no estuviese enferma, que no tuviese una progenitora devota y tísica que habría preferido yacer en su tumba y descansar por fin, de no ser por el gran amor que profesaba a su hijo, y por el temor de que, una vez se hubiese marchado, el mundo fuera cruel e insensible con él.

La mayoría de los niños malos de los libros de religión se llaman James, y tienen una madre enferma, que les enseña a rezar antes de acostarse, y los arrulla para que se duerman con su voz dulce y lastimera, y que al despedirse les da el beso de las buenas noches y se arrodilla al pie de la cabecera a sollozar. Pero en el caso de este muchacho las cosas eran diferentes: se llamaba Jim, y su mamá no estaba enferma, ni tenía tuberculosis ni nada por el estilo.

Por el contrario, la mujer era fuerte y muy poco religiosa; es más, no se preocupaba por Jim. Decía que si se partiera la nuca no se perdería gran cosa. Sólo conseguía acostarlo a base de coscorrones, y nunca le daba el beso de buenas noches, sino que, por el contrario, al salir de su habitación, le solía propinar un fuerte tirón de orejas.

Este niño malo robó una vez las llaves de la despensa, se metió a hurtadillas en ella, se comió toda la mermelada y rellenó el frasco con betún para que su madre no se diera cuenta de lo que había hecho; pero acto seguido… No, no se sintió mal, ni oyó una voz que le susurraba al oído: «¿Te parece bien hacerle eso a tu madre? ¿No crees que es pecado? ¿Adónde van los niños malos que devoran la mermelada de su querida madre?», ni tampoco se puso de rodillas y prometió no volver a hacer fechorías, ni siquiera se levantó, con el corazón aliviado, pletórico de dicha, ni fue a contarle a su madre su fechoría y a pedirle perdón, ni recibió su bendición acompañada de lágrimas de orgullo y de gratitud en los ojos. No; ese tipo de cosas les suceden a los niños malos de los libros; pero a Jim le pasó algo muy diferente: engulló la mermelada, y dijo, con su modo de expresarse, tan pérfido y vulgar, que estaba «de rechupete»; metió el betún, y se dijo que éste también estaría de rechupete, y muerto de risa pensó que cuando su madre se levantara y descubriera su travesura, iba a llorar de rabia. Y cuando, en efecto, la descubrió, aunque él hizo como que no sabía nada, ella le dio unos cuantos azotes con el cinturón, y fue él quien lloró. Todo lo que le pasaba a este niño era curioso… era diferente a lo que les ocurre a los niños malos de los libros.

Una vez se subió a un árbol, en la finca de Acorn, el granjero, a robar manzanas, y la rama no se partió, ni él se cayó, ni se rompió el brazo, ni el enorme chucho del granjero le destrozó la ropa, ni languideció en su lecho de enfermo durante varias semanas, ni se arrepintió, ni se volvió bueno. Oh, no; robó todas las manzanas que quiso y bajó sano y salvo; se quedó esperando al perro, y cuando éste lo atacó, le pegó un ladrillazo, ¡Qué extraño…! No sucede así en esos libros sentimentales, de lomos jaspeados e ilustraciones de hombres vestidos de chaqué, sombrero de copa y pantalones hasta las rodillas, y de mujeres con trajes modelo imperio, y que no se ponen aros en el miriñaque. Nada parecido a lo que sucede en la clase de religión.

Una vez le robó la navaja al profesor, y temiendo ser descubierto y castigado, se la metió en la capucha a George Wilson… el pobre hijo de la viuda Wilson, el niño sanote, el niñito bueno del pueblo, el que siempre obedecía a su madre, el que jamás decía una mentira, al que le encantaba estudiar y le fascinaban las clases dominicales de catecismo, Y cuando se le cayó la navaja de la gorra, y el pobre George agachó la cabeza y se sonrojó, como sintiéndose culpable, y el maestro ofendido lo acusó del robo, y cuando ya iba a dejar caer la vara de castigo sobre sus hombros temblorosos, no apareció de pronto, para pasmo de todos, un juez de paz con peluca blanca que dijera indignado: «No castigue usted a este noble muchacho… ¡Aquél es el taimado culpable!: pasaba yo junto a la puerta del colegio en el recreo, y aunque nadie me ha visto, he sido testigo del robo». Y, así, a Jim no lo reprendieron, ni el venerable juez les leyó un sermón a los compungidos colegiales, ni se llevó a George de la mano y dijo que tal muchacho merecía un premio, ni le pidió después que se fuera a vivir con él para que le barriera el despacho, le encendiera el fuego, hiciera sus recados, partiera leña, estudiara leyes, ayudara a su esposa en las tareas domésticas, empleara el resto del tiempo jugando, se ganara cuarenta centavos mensuales y fuera feliz. No; en los libros habría sucedido así, pero eso no le pasó a Jim. Ningún juez entrometido y vejestorio entró e intervino, de manera que George, el niño modelo, recibió su buena zurra, y Jim se alegró porque, como bien saben ustedes, detestaba a los niños buenos, y decía que éste era un imbécil. Tal era el grosero lenguaje de este niño malo y negligente.

Pero lo más extraño que le sucediera jamás a Jim fue que un domingo salió en un bote y no se ahogó; y que en otra ocasión en que se vio atrapado en una tormenta mientras pescaba, también en domingo, no le cayó un rayo. Vaya, vaya; podría uno ponerse a buscar en todos los libros de moral, desde ahora hasta las próximas Navidades, y jamás hallaría algo así. Oh, no; descubriría que indefectiblemente todo niño malo que sale a pasear en barca un domingo se ahoga, y que a todos cuantos les sorprende una tempestad, mientras se hallan pescando los domingos, indefectiblemente les cae un rayo. Los botes que son conducidos por niños malos siempre se vuelcan en domingo, y siempre hay tormentas cuando los chicos malos salen a pescar en sábado. No logro comprender cómo diablos se zafó este Jim. ¿Será que estaba hechizado? Sí…, ésa debe ser la razón.

Nada malo le pasaba. Llegó incluso al extremo de darle tabaco a un elefante del zoológico, y éste no le pegó en la cabeza con la trompa. Registró la despensa buscando licor de hierbabuena, y no se equivocó ni se tomó el ácido clorhídrico. Robó el arma de su padre y salió a cazar el sábado, y no se voló tres o cuatro dedos. Se enfadó y le pegó un puñetazo a su hermana pequeña en la sien, y ella no quedó herida, ni sufriendo durante muchos y muy largos días de verano, ni murió con tiernas palabras de perdón en los labios, que redoblaran la angustia del corazón roto del muchacho. Al contrario; la niña recuperó rápidamente su salud.

Al cabo del tiempo, Jim escapó y se hizo a la mar, y al volver no se encontró solo y triste en este mundo porque todos sus seres amados reposaran ya en el cementerio, y el hogar de su juventud estuviera en decadencia, cubierto de hiedra y completamente desvencijado. Oh, no; volvió a casa borracho como una cuba y lo primero que tuvo que hacer fue presentarse en comisaría.

Con el paso del tiempo se hizo mayor, se casó y tuvo una familia numerosa. Una noche los mató a todos con un hacha, y se volvió rico a base de estafas y fraudes. Hoy en día es el canalla más pérfido de su localidad natal, es universalmente respetado y pertenece al Consejo Municipal. Es fácil de ver que en los libros de religión jamás hubo un James malo con tan buena estrella como la de este pecador de Jim con su encantadora existencia.

La letra se le atribuye sin excesiva certeza a un hombre negro emancipado 
que la compuso en 1862 en Oklahoma.

Letra Original:

Swing low, sweet chariot comin’ for to carry me home.
Swing low, sweet chariot comin’ for to carry me, home.
I look over Jordan and what did I see comi’n for to carry me home.
A band of angels comi’n after me, comi’n for to carry me home.
If you get there before I do comi’n for to carry me home.
Tell all my friends I’m comi’n after too, comi’n for to carry me home.
Swing low, sweet chariot comin’ for to carry me home.
Swing low, sweet chariot comin’ for to carry me, home.

Traducción:

Mécete suavemente, dulce carruaje, que viene para llevarme a casa.
Mécete suavemente, dulce carruaje, que viene para llevarme a casa.
Miro hacia al río Jordán y ¿qué es lo que veo? que viene para llevarme a casa
Una banda de ángeles me siguen, que vienen para llevarme a casa.
Si llegas allí antes que yo, que viene para llevarme a casa,
Cuéntale a mis amigos que yo también estoy yendo, que viene para llevarme a casa.
Mécete suavemente, dulce carruaje, que viene para llevarme a casa.
Mécete suavemente, dulce carruaje, que viene para llevarme a casa.

Las Aventuras De Mark Twain (Subtitulos en Español) Película Completa
Esta película es una joya de la animación 
con la técnica de Clay-mation (Plastilina animada).

VER+:

The Adventures of Mark Twain (VOSE) 1944



martes, 25 de febrero de 2025

LIBRO NOVELA CRIOLLISTA DE VENEZUELA "PEONÍA" por MANUEL VICENTE ROMERO GARCÍA 🌺

 PEONÍA

MANUEL VICENTE ROMERO GARCÍA

Publicada en 1890, Peonía es una de las primeras novelas venezolanas en explorar el realismo social y la identidad nacional desde una visión criollista. A través de la historia de Carlos, un joven que regresa a la hacienda familiar tras estudiar en Caracas, la obra nos sumerge en el contraste entre el mundo rural y la modernidad emergente.
Más que una simple historia de amor, Peonía es un retrato de la Venezuela del siglo XIX: la lucha entre tradición y progreso, las injusticias sociales y los conflictos de clase. Con una narrativa detallada y evocadora, Manuel Vicente Romero García abre el camino del criollismo literario, influyendo en escritores como Rómulo Gallegos.
La publicación en 1890 de esta “seminovela” abrió un nuevo ciclo en la literatura venezolana. Uno de los méritos de Romero García es convertir la trama en una afirmación por lo nacional, a pesar de que sus acciones estén focalizadas en un lugar de los Valles del Tuy. 
La novela transcurre en la hacienda Peonía, su dueño, hombre autoritario y conservador quien llega a decir que “las mulas y las mujeres… por la cintura”, puede verse como la representación del “bien” común pero no de la libertad, mientras que sus sobrinos luchan por materializar su amor bajo dos concepciones de la vida en oposición: seguir el modelo del dueño de la hacienda o rebelarse contra él. Esto último permite adentrarse en los pensamientos de uno de los protagonistas que servirá a manera de diagnóstico sobre la situación social y política del país. 

Novela precursora del realismo, estas acciones abrieron el camino para muchos escritores, desde Cabrera Malo hasta Gallegos. En Romero García se observa un profundo hombre de letras que fue absorbido por las acciones militares y las componendas políticas de su época. Murió en Aracataca en 1917, en donde diez años después en este mismo pueblo de Colombia, nacería Gabriel García Márquez.

Manuel Vicente Romero García (1861-1917) Militar, político, periodista y escritor. Participó en diferentes actividades desde muy joven. Fue uno de los protagonistas de La Delpiniada (1885), parodia contra el presidente Antonio Guzmán Blanco. Colaboró en periódicos y revistas: El Eco Andino; El Industrial; La Mamola; El Avisador Comercial, y Cosmópolis. Participó en la revolución Libertadora y llegó a ser jefe del Estado Mayor de Cipriano Castro en su campaña en Los Andes. Para esta época ya ha escrito Peonía (1890). Terminó en el exilio a raíz de una serie de escritos contra funcionarios de Juan Vicente Gómez. Dejó inacabadas Marcelo, Escenas de la vida revolucionaria y Mi parroquia.

Peonía es hoy parte fundamental del canon de la literatura nacional. Sus aportes, esbozados en estas páginas, se resumen en el hecho de haber fungido como iniciadora de la corriente criollista en nuestra novelística, en haber instaurado el llano como recurrente escenario de idilios y refriegas, en la inclusión de personajes populares con una mayor profundidad, más allá de la curiosa mirada del etnógrafo, y en el uso de una lengua sin formalismos ni rigores academicistas, que le podrían convertir en antecedente de una larga tradición de obras que apuestan por la búsqueda de nuevas maneras de contar. 

Aunque la lectura de Peonía fue alentada por el sistema educativo venezolano del siglo XX como parte de las obligaciones escolares, ya el interés por esta novela pareciera haber sido desplazado del espectro de las preferencias y gustos de las comunidades lectoras contemporáneas. 

La realidad que deseaba fotografiar Manuel Vicente Romero garcía ha cambiado y el campo es un contexto ajeno a las preocupaciones citadinas de hoy. Aquel aserto de Orlando Araujo (1984), expresado en el lamento “¿Hasta cuándo Peonía?”, parece ser ya lugar común de la institución canónica contemporánea. Quizás un leve recuerdo de lo que fue. 
La Peonía de Romero garcía constituye para la historia de la literatura venezolana una nueva forma de narrar, caracterizada por la confluencia de lenguajes periodísticos, ensayísticos y literarios que logrará representar la realidad del país desde otros ángulos y matices. 
La búsqueda de una lengua nacional, más viva, del lado del hablante real y alejada de academicismos, será uno de los grandes aportes de esta novela que dará inicio a una tradición de la literatura procaz y combativa y que tendrá por epígonos a Miguel Eduardo Pardo (1868-1905), Pío Gil (1865-1918), Rufino Blanco Fombona (1874-1944), Argenis Rodríguez (1935-2002), entre otros. Tradición de un género y de una lengua vernácula y de combate político que Peonía supo inscribir de forma indeleble en la historia de la novela venezolana.


NOTA EDITORIAL

Meses antes de su muerte, el 16-3-1917, Manuel Vicente Romero García (quien firmaba sus libros como Romerogarcía) escribe a su cuñado desde Aracataca (Colombia), que la realidad y todo por cuanto ha pasado su existencia, ahora le hacen ver “(…) las cosas de otra manera. En el mundo hay dos zonas abiertas: una para el capitalista y otra para el jornalero; el que no es capitalista ni jornalero y tiene por añadidura 53 años está perdido en todas partes”. Se encuentra viviendo las vicisitudes del exilio, apenas –dice–, se ha podido cambiar de ropa tres veces en lo que va de ese año. Tiempo atrás este general perteneció al Estado Mayor del ejército de Cipriano Castro, ocupó cargos importantes para luego optar por el exilio mientras Juan Vicente Gómez asume el poder en 1908. De este período es quizás aquella frase tan famosa como su Peonía (1890): 

“Venezuela es el país de las nulidades engreídas y las reputaciones consagradas”. En Romergarcía puede verse esa separación tan definida del fin de un periodo y el comienzo de otro. Militar con una fuerte pulsión por la escritura y la literatura, polémico e impulsivo, un hombre como el Marcos Vargas de Canaima, algunos suponen que fue de inspiración para Rómulo Gallegos al escribir su novela, otros ven en la escritura de Romerogarcía la autonomía y el perfil necesario que necesitaba nuestra literatura: esquema argumental, personajes simbólicos, presentación del medio y la oralidad del lenguaje criollo para consolidar las bases de un modelo que se cerrará precisamente con Gallegos. 

El propio autor de Peonía señalaba que la literatura venezolana se encontraba anquilosada “a los hombres de letras por ser serviles a las literaturas extranjeras”. Con Peonía se abre una corriente que muchos llamarán criollista, al tiempo que se debatía sobre su calidad literaria; por ejemplo, en la primera edición aparece como Peonía. Semi-novela. (Caracas: Imp. El Pueblo, 1890), mientras que en su segunda edición (1920) –a cargo de Rufino Blanco Fombona– se titula Peonía (Novela de costumbres venezolanas). Esta novela sale a la luz en un momento en que la filosofía materialista hace su aparición por medio de dos disciplinas: 

el positivismo y el evolucionismo. También la novela francesa naturalista tendrá una gran influencia, por lo que se puede ver en sus personajes rasgos cada vez menos orientados a la estética romántica. Esta es una gran diferencia a tener en cuenta cuando se hacen alusiones de imitación entre Peonía y María (1867) de Jorge Isaacs, alusión inducida por el propio Romerogarcía, pues al escritor colombiano le dedica su novela. 

No obstante, es cierto que los paralelismos entre los personajes, la hacienda donde se desarrolla, la acción y los motivos que impulsan al protagonista a continuar, parecen ser un reflejo de la novela de Isaacs. Lo cierto es que con Peonía se abre un ciclo en la narrativa venezolana que tendrá su expansión hasta la publicación de Doña Bárbara (1929) de Gallegos. 
Y no hay duda de que es una obra con un espacio propio en la historia de nuestras letras, por lo que ponerla al alcance de las lectoras y los lectores es una manera de contribuir al conocimiento de nuestro acervo literario. 

La presente edición de Peonía ha sido tomada de la editorial Monte Ávila Editores Latinoamericana. Se ha actualizado la ortografía en los casos necesarios y se han corregido las erratas advertidas.

Los Editores

DEDICATORIA

Al Sr. Dr. Jorge Isaacs Amigo mío: Pongo a Peonía bajo los auspicios del ilustre autor de María. No tienen mis páginas el mérito literario de las vuestras, porque yo escribo en la candente arena del debate político. Sin embargo, acaso encontraréis en ellas ese sabor de la tierruca que debe caracterizar las obras americanas. Peonía tiende a fotografiar un estado social de mi patria: he querido que la Venezuela que sale del despotismo de Guzmán Blanco, quede en perfil, siquiera para enseñanza de las generaciones nuevas. 
Quizá se resienta de mis rencores; pero ¿cómo no tenerlos cuando se nos humilla y envilece? ¿Cómo separar de la pluma todo el ajenjo que ponen en el pecho del insulto y el ultraje? Vos sabéis, por propia experiencia, que en las luchas políticas se arroja lodo al rostro del enemigo cuando no se le puede vencer gallardamente. Dadme, pues, el prestigio de vuestro nombre; dejad que una vez más sirva él de bandera en las batallas de la libertad. 

Vuestro apreciado amigo, 
M. V. Romero García Macuto, 
14 de marzo de 1890


lunes, 24 de febrero de 2025

LIBRO "EL LIBERAL ES PACIENTE" por ALBERTO BENEGAS LYNCH (h) 🗽

EL LIBERAL ES PACIENTE

Preámbulo 🗽
Esta nueva colección de mis artículos comienza en diciembre de 2012 donde terminó la publicación de mi anterior selección editada por la Fundación Libertad en conjunto con la Editorial Temas de Argentina con el título de Vivir y dejar vivir y va hasta octubre del corriente año 2013. Agradezco a CEDICE de Venezuela esta iniciativa comandada por la infatigable Rocío Guijarro con el apoyo de empresarios de Caracas consubstanciados con el ideario liberal y, por tanto, prestos al apoyo de proyectos que hagan de soporte logístico a la difusión de esa noble tradición de pensamiento. 
Me admira y celebro entusiastamente la perseverancia de CEDICE para continuar con las faenas educativas en medio de un trágico desvío de la democracia para mutar en cleptocracia, es decir, en un régimen que roba propiedades, libertades y los sueños más excelsos de la población. Teóricamente los gobiernos se constituyen en el mundo civilizado para proteger esos valores: la libertad, la propiedad y la vida de los gobernados quienes deben ser los empleadores de agentes con la idea de que logren esos cometidos, mientras se debaten otras avenidas en base a las externalidades, los bienes públicos, el dilema del prisionero y la asimetría de la información. Paradójicamente, en lugar de aquel ideal, resulta que el así denominado “primer mandatario” se constituye en mandante a través de una descarada usurpación del poder. Solamente a través del trabajo sobre la mente de la gente, es decir, a través de la educación de valores y principios compatibles con la sociedad libre es que puede revertirse semejante situación. Bien ha dicho el marxista Antonio Gramsci “tomen la cultura y la educación y el resto se dará por añadidura”. 

Es de suma importancia percatarse que el eje central de la democracia consiste en el debido respeto a los derechos de la minoría, de lo contrario caeríamos en la fantochada de sostener que Hitler era un demócrata porque asumió el poder con los sufragios suficientes. Juan González Calderón ha escrito con razón que los “demócratas de los números” ni de números entienden puesto que se basan en las siguientes ecuaciones falsas: 50% más 1% = 100% y 50% menos 1% = 0%. Sólo a través de la trasmisión de los fundamentos de la libertad es que se permitirá que en el futuro los políticos articulen un discurso civilizado y no pretendan arrasar con los derechos en nombre de los más necesitados a quienes se los explota y se los usa del modo más cruel en una carrera por la destrucción de instituciones clave como la propiedad privada de la que dependen especialmente los más débiles para prosperar. 

Por ello es que Ludwig von Mises ha escrito que “el programa del liberalismo puede resumirse en una sola expre- sión: la propiedad” y, por el contario, Marx y Engels afirman que “todo el programa del comunismo se resume en la abolición de la propiedad privada”. Resulta crucial comprender que en competencia en el contexto de los mercados abiertos, quienes dan en la tecla con las preferencias de su prójimo obtienen ganancias y quienes yerran incurren en quebrantos. Este proceso permite optimizar las tasas de capitalización que es lo único que permite elevar salarios e ingresos en términos reales, lo cual se da de bruces con los privilegiados amigos del poder que se llenan los bolsillos a expensas de la gente. Hoy en día tal vez la política que más éxito tiene en el llamado mundo libre es el fascismo que es mucho más hipócrita que el socialismo ya que permite que se registre la propiedad en manos privadas pero usa y dispone el aparato estatal, en lugar de expropiar directamente los bienes particulares. Por eso, como señala J. F. Revel, en última instancia no hay diferencia entre derechas e izquierdas, posturas éstas que tienen un enemigo común: el liberalismo y, con diversas estrategias, ambas posturas atacan la propiedad. 

El Liberal es Paciente Aunque en tres casos me aparto de la secuencia cronológica, las columnas incluidas en este libro están encabezadas por tres de las publicadas en “La Nación” de Buenos Aires debido a la naturaleza de los temas allí abordados, que sirve uno como introducción a las flaquezas de la politización y los otros dos señalan el calibre de las raíces del populismo (el peronismo y el bache principal del marxismo en el contexto de las ideas de Belgrano) al que luego imitaron otros gobernantes de la región seguidas, por orden de aparición, de mis entregas semanales al “Diario de América” en Estados Unidos que tocan los más diversos aspectos de una sociedad abierta y la condición humana (incluyendo artículos escritos durante un corto paréntesis debido a algunas reformas en el periódico y la modificación de la plataforma para la versión digital de ese diario). 

Como en otras de mis colecciones, no incluyo artículos publicados también en ese mismo período en revistas y periódicos de mi país y del exterior puesto que aluden a temas puramente coyunturales por lo que no guardan la permanencia que requiere un libro de las características como el que está en mi ánimo publicar. Finalmente, a modo de post sriptum, tres ensayos, uno sobre Adam Smith publicado en Libertas, otro sobre Frédéric Bastiat publicado en Apertura y, finalmente, otro publicado en Estudios Públicos que fue originalmente preparado para la II Jornadas Liberales Iberoamericanas en España (Benidorm) sobre el nacionalismo, posición ésta que impregna todas las manifestaciones autoritarias aunque algunas se ufanen de “internacionalistas” pero siempre en base a la idea de invadir y aplastar zonas no tomadas por la xenofobia generalizada donde siempre hay ciudadanos de segunda a los que se debe combatir dentro y fuera de las fronteras, sin comprender ni remotamente los beneficios del cosmopolitismo y que toda cultura se nutre de una fértil trama de continuas donaciones y recepciones cruzadas. Tal como he consignado antes, el reunir trabajos en un volumen me trasmite una sensación de mayor provecho de los escritos en el sentido que, como es sabido, “nada hay más viejo que el periódico del día anterior” y, por tanto, el artículo correspondiente se esfuma para siempre y solo quedan rastros en la memoria de los lectores. 

Sin embargo, el reunir aquellas columnas en una publi- cación hace posible la permanencia de las ideas allí expresadas y permite al lector el volver sobre ellas cuando lo estime conve- niente, ya sea de su biblioteca o de su archivo en el ordenador. Respecto al título del presente libro -El liberal es paciente- se debe a que esa virtud es consubstancial al liberalismo por múltiples motivos. 

Primero, porque esta corriente de pensamiento no propone tajos abruptos en la historia sino debates abiertos, por los que confía en que habrá un número suficiente de personas que comprendan y compartan la filosofía de la libertad para adaptarse. 

Segundo, porque la misma evolución -siempre presente puesto que, como enseña Popper, las corroboraciones tienen el carácter de la provisionalidad sujetas a refutaciones- tiene lugar constantemente entre sus propias flas como una aventura del pensamiento, la que debe también ser objeto de un cuidadoso y lento escrutinio antes de que la idea esté lista para ser considerada por un público más numeroso. 

Tercero, aún en momentos extremos en los que se debe recurrir al derecho de resistencia frente a atropellos inaguantables del Leviatán, se apresura a entregar y compartir las decisiones relativas al poder para que sean consideradas por la gente puesto que estima impropio e inconducente el retener la conducción sin la expresa aprobación de sus semejantes como única manera de mantener la convivencia civilizada. 

Cuarto, sostiene sin sobresaltos razonamientos de largo alcance y escucha argumentos y cuestiona- mientos de quienes se oponen a la libertad porque consideran el pluralismo como mecanismo enriquecedor y la tolerancia como esencial para la vida en sociedad. 

Quinto, es paciente en su reducto familiar y de amistades para conversar, fundamentar e ilustrar sus puntos de vista. Sexto, es comprensivo y receptivo con sus subordinados porque tiene presente que el conocimiento está fraccionado y está disperso, lo cual se fomenta con la horizon- talidad y no con la verticalidad, y está siempre en las antípodas de quienes imponen alegando autoridad del mando porque creen en la autoridad moral. Séptimo, debe ubicarse siempre en la punta de la silla con mente abierta y despejada esperando con calma la posibilidad de incorporar algo nuevo y distinto.

El Liberal es Paciente de lo que venía sosteniendo en el fértil camino de la libertad porque nullius in verba (no hay palabras finales). Octavo, aún formulando las debidas y justificadas críticas debe tragarse sapos provenientes del plano político porque sabe que debe esperarse todo lo que sea necesario a que la opinión pública haga su labor hasta alcanzar a su debido tiempo las propuestas políticas. Y noveno, debe ser paciente consigo mismo al efecto de cultivar la autocrítica y en lugar de quejarse porque otros no adhieren a sus ideas se autoinculpa por no ser más efcaz para trasmitir el mensaje con lo que se incen- tiva para hacer mejor los deberes y así pulir el discurso. Los apresuramientos no dan resultado ni tampoco sus frutos pueden mantenerse en el tiempo. 

El liberal espera pacientemente los efectos bienhechores de la educación como su arma más contundente. Cree firmemente en el poder de las ideas por lo que está obligado a ser paciente, lo cual en modo alguno significa que se recueste y descanse esperando que las cosas sucedan automáticamente. Muy por el contrario, se afana en estudiar y difundir los conocimientos en todas las direcciones que le resulten posibles. Sabe que no hay tal cosa como las leyes inexorables de la historia, sino que todo depende de lo que cada uno sea capaz de hacer cotidianamente. 

Esta espera paciente en los resultados de la buena educación no es óbice para que por momentos el liberal se sienta escéptico y hasta alarmado cuando hay desidia en destinar tiempo y recursos para contribuir en aquél campo porque hay quienes irresponsablemente esperan que los problemas los resuelvan otros. Hago votos para que los escritos que siguen contribuyan en algo a clarificar ideas y sirvan para refutar ideologías que como tantas veces he repetido, no aluden al sentido inocente del diccionario ni siquiera en la dirección marxista de “falsa conciencia de clase” sino como algo terminado, cerrado e inex- pugnable, lo cual es la antítesis del liberalismo. 

ABL (h) Buenos Aires, octubre de 2013.

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Alberto Benegas Lynch en "Sólo una vuelta más".


CEDICE - Alberto Benegas Ly... by Roger Crespo