EL Rincón de Yanka: TERNURA

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jueves, 4 de septiembre de 2025

FOXFIRE 1987 (EL RESPLANDOR DEL CARIÑO): LOS VIEJOS SE AFERRAN COMO EL FUEGO A LA MADERA PODRIDA 🔥💕

 FOXFIRE (1987) 
(EL RESPLANDOR DEL CARIÑO)

“Los viejos se aferran como 
el fuego a la madera podrida”.
Una anciana apache se enfrenta al dilema de vender sus tierras a un promotor e irse a vivir con su hijo o permanecer en su casa hasta el día de su muerte rodeada de los recuerdos del pasado y en compañía de la única comunidad y familia que ha conocido.
Me gustó la premisa de la historia. Foxfire no solo trata sobre una cultura al borde de la extinción, sino también sobre la vejez, el amor, la muerte y la renuencia de las personas a seguir adelante. Annie, interpretada por Jessica Tandy, es una luchadora y una superviviente, pero su identidad está tan entrelazada con la de su difunto esposo que cualquier conversación sobre el futuro la abruma. Imagino que este es un dilema al que se enfrentan quienes han perdido a sus parejas de toda la vida. Además, dado que la discriminación por edad es más frecuente que nunca, me alegró ver una película que explora los problemas del envejecimiento. También me gustó que Foxfire no tuviera miedo de hablar de la muerte. La brillante actuación de Jessica Tandy y de su esposo también, en la vida real Hume Cronyn es otra razón para darle una oportunidad.

Foxfire | English Full Movie | Drama

lunes, 23 de octubre de 2023

LA INFLUENCIA DE LOS ABUELOS: UN LEGADO PARA LA ETERNIDAD 👴👵👶👦👧



La influencia de los abuelos 
(Padres de Padres)

Los abuelos tenemos una tarea clave: influir de forma positiva e ineludible en nuestros nietos.

Somos abuelos. Queremos hacer de abuelos. Nos gustaría influir en nuestros nietos los valores que creemos, pero nos damos cuenta de lo poco equipados y preparados que estamos para ser abuelos intencionales. Una de las razones es que hemos dejado que la cultura que nos rodea, nos haya desviado de nuestro enfoque y de nuestro objetivo. Los mensajes que hoy recibimos de nuestro entorno, nos dicen que las prioridades de ser abuelos son animar, dar apoyo y ser amigos de nuestros nietos. También de ser los canguros baratos y, encima, a plena dedicación.
Posiblemente, los abuelos no nos vemos como “influencers” espirituales claves, ni vemos la importancia de prepararnos y de ser abuelos cristianos intencionales. Para influir de este modo, tenemos que entender nuestro propio papel, cómo gestionar las diferentes personalidades de nuestros nietos y, concretamente, cómo utilizar bien el tiempo con ellos para transmitirles nuestro legado.

Amar y apoyar a nuestros nietos es fácil, pero influir en sus vidas es todo un reto. Necesitamos ser sabios en esta etapa de la vida y que, seguramente, implicará tener sensatez para vivirla, reflexionar para ver cómo debemos actuar y cómo orar para saber por dónde debemos ir. La sabiduría que hemos ido acumulando a lo largo de los años es la que debemos pasar a nuestros hijos y a nuestros nietos. Es cuando un abuelo puede decir: “Permíteme que te diga dónde me he equivocado o qué me hubiera gustado haber hecho de otra manera”. Las pequeñas orejas se abren y se animan a escuchar, se hacen preguntas y la verdad se incorpora a sus vidas. Como abuelos, tenemos una posición única y privilegiada de influencia en nuestras familias. Solo caminamos a un paso detrás del papel de autoridad y respeto de los padres de nuestros nietos, lo que nos hace un paso más cerca para que nos hagan preguntas con toda seguridad y un paso más lejos para influir en sus vidas.

Una primera acción sencilla, podría ser contarles nuestra historia de vida y de fe. En nuestro país, se estima que hay más de 5 millones de personas de entre 60-75 años. Si consideramos una media de 2 nietos por abuelo (como mínimo), tendríamos una influencia sobre 10 millones de nietos de todas las edades. Esto sería suficiente para cambiar completamente la próxima generación. No podemos desperdiciar esta tremenda oportunidad. Las personas de esta edad tenemos tiempo, experiencia, bastante buena salud (si el Covid nos deja) y algunos recursos, pero quizás no tenemos la visión por esta etapa de nuestra vida, como tampoco la tienen por nosotros nuestros dirigentes, tanto civiles como religiosos. Parece una etapa olvidada para seguir siendo efectivos e “influencers”, pero nosotros podemos revitalizar a nuestras familias y a nuestras comunidades. Es cierto que hay muy pocos recursos y plataformas que se dirijan a ayudar a este sector de la sociedad. Esta es la razón de ser de SPA -Solo para Abuelos: volver a encender la pasión por la tarea estimulante de ser abuelos intencionales.

Hagamos nuestras las palabras de Moisés: »…Estate atento y trata bien de no olvidar nunca los hechos que tus ojos han contemplado. Que durante toda la vida no se te borren de la memoria: hazles conocer a tus hijos y a los hijos de tus hijos”.

¡Los abuelos, sí importamos!

Orientador Familiar. 
Máster Educación Familiar. 
Nacido en Barcelona, 
casado, tiene 3 hijos y 6 nietos.

UN LEGADO PARA LA ETERNIDAD

"Ser abuel@, es mucho más de lo que habitualmente solemos hacer. Es ser un fiel trasmisor de la poderosa obra de Dios a través del tiempo, de tal manera que cada generación posterior pueda vivir una vida con un alto grado de sentido y propósito aumentando así en cada nueva generación de creyentes, su presencia y amor, preservando la fe en el viaje.
Queridos abuelos y abuelas, este es el mejor tiempo de nuestra vida. ¡Hemos acumulado puntos!
En nuestras manos está la decisión de detener la decadencia generacional y llevar a nuestra descendencia a un lugar donde podamos construir la gloria de Dios allanando el camino de los que vendrán después de que ya nos hayamos ido.
Si vivimos pensando solo en nosotros, contribuiremos a que muchos no logren alcanzar su destino". Esther Hadasa



"PARA EDUCAR A UN NIÑO HACEN FALTAN TAMBIÉN A LOS ABUELOS"

Los abuelos en la vida de la familia. Cortometraje.

VER+:




la gaita de abuelo

jueves, 3 de marzo de 2022

LIBRO "NO CREO, PERO BUSCO LA VERDAD": Tras las huellas de Teresa de Jesús 💕


NO CREO,
PERO BUSCO LA VERDAD
Tras las huellas de Teresa de Jesús


Yo, con tantas dudas y recelos, ¿tendría el valor de dejar mis miedos y prejuicios y me arriesgaría a salir a buscar la verdad, la verdad de mí mismo y la verdad del Dios que se revela en Jesucristo?

Teresa de Jesús, en su “tratadillo” de los cuatro grados de oración, marca el sendero que nos conduce a un encuentro de amistad con el Amigo, en el que se hallan respuestas a todas las inquietudes y bálsamo para todas las heridas. Y este libro trata de ofrecer una guía práctica para seguir las huellas de Teresa por ese camino de plenitud personal y adentrarnos en el ámbito de amor y amistad que da sentido a nuestra vida. 

Está dirigido a:

Los que no creen en el Dios que se revela en Jesucristo.
Los que buscan la verdad de Dios.
Los que creen en Jesucristo, pero sin pertenencia a una religión.
Los que tienen frío en el corazón.
Los cristianos alejados de la fe.
Los cristianos que recitan el Credo con más dudas que certidumbres

Introducción
Teresa de Jesús, una luz para nuestro tiempo

El oscurecimiento de Dios

Actualmente, en nuestro mundo, hay millones de personas creyentes, pero la cultura oficial y la organización de la sociedad se mueven al margen de Dios. Los avances en la técnica y la tupida red de comunicaciones que conecta prácticamente todos los rincones del planeta han creado una conciencia de autosuficiencia en el hombre1.
Este se siente con total señorío sobre su entorno y capaz de alcanzar cada día mayores cotas de control y poder. Como consecuencia de esta mentalidad, los canales de difusión del pensamiento están impregnados de un rechazo a la idea de trascendencia. El hombre se considera el centro, la medida, el artífice y el dueño de todas las cosas. El ser humano es tan inmensamente poderoso que no solo no necesita a Dios, sino que hasta lo siente como una rémora para su libertad de extender hasta el infinito todas sus potenciales posibilidades de dominio.

Pero la cruda realidad es que la “ley del eterno progreso” (saber más para poder más; poder más para tener más; tener más para ser más feliz)2 se ha revelado como un rotundo fracaso. Si bien el saber se ha democratizado (el acceso a la escuela y a las universidades se ha generalizado, y hoy día se puede obtener fácilmente todo tipo de información sobre cualquier tema o acontecimiento, incluso a veces en tiempo real por muy lejos que esté del receptor), el poder sobre personas y pueblos lo ostentan unos pocos (dictadores, partidos políticos, grupos de presión –los llamados lobbies–...) en detrimento de muchos. Para que unos tengan más, la injusticia, la miseria y la destrucción afecta a algunas capas de la sociedad y hasta a poblaciones enteras en extensas zonas del planeta. Lejos de encontrar la felicidad, el hombre de hoy se encuentra literalmente perdido, alienado en esta alocada carrera sin rumbo, intentando inútilmente encontrar la solución a las carencias y las desigualdades, con más desarrollo tecnológico y más exaltación de los sentidos, hedonismo y consumismo desenfrenados. 

En este ambiente positivista y de ejercicio de un poder absoluto sobre todas las realidades de la tierra por parte del ser humano, sin otro referente ético que las leyes que él mismo se dicta, hasta el punto que, incluso, se ha erigido a sí mismo en juez capaz de decidir sobre la vida y la muerte de los más débiles, la religión se interpreta como enemiga del progreso, un ámbito oscuro y tenebroso de prohibiciones, un freno al deseo “natural” de disfrutar de los placeres, una traba a la libertad sin restricciones. El pensamiento líquido que impera en nuestra sociedad provoca una actitud de indiferencia ante la idea de Dios, cuando no de rechazo o animosidad. El hombre de hoy es más agnóstico que ateo. Ser ateo implica pensar en Dios aunque sea para negarlo, mientras que el agnosticismo prescinde totalmente, ni se detiene a reflexionar en él, no le interesa en absoluto. 

Rechazo de Dios y nostalgia de trascendencia 

Sin embargo, la realidad siempre acaba por imponerse: la vieja tentación del endiosamiento del ser humano (“Seréis como dioses”, Gn 3,5)3, rechazar a Dios para ocupar él mismo su lugar, no es capaz de colmar las inquietudes e insatisfacciones que laten en lo más profundo de sí. Desencajado de su propia realidad de ser creado por un Ser superior que lo ama con la ternura de un padre, no consigue encontrar la respuesta a las grandes preguntas que, antes o después, acaba planteándose: ¿Cuál es el sentido de la vida?, ¿hasta dónde llegan las ilusiones y las esperanzas del hombre?, ¿dónde termina el amor? o, más bien, ¿puede tener fin el verdadero amor?, ¿el final de la vida es el vacío y la nada?, ¿la muerte es la destrucción total de lo que un hombre fue, de lo que amó, de lo que soñó? 

El ser humano necesita encontrar la solución a sus interrogantes, sentido a su vida, al amor, al sufrimiento y a la muerte. Aunque, tal vez, no sea consciente de ello, necesita ser salvado.
El hombre sufre el drama de saberse finito, limitado, ineludiblemente sometido al dolor, la enfermedad, el deterioro y la muerte, y, al mismo tiempo, se experimenta como un ser carente de límites, in-finito.
Considerar que no existe nada ni nadie que trascienda al ser humano supone cercenar de raíz su natural tendencia a proyectarse al infinito y privarle de toda esperanza. En el dintel de una puerta del infierno de Dante está escrito: “Lasciate ogni speranza, voi ch’intrate” 4. Este triste anuncio es la realidad de quien se niega la posibilidad de salir de sí mismo y abrirse a la trascendencia: queda condenado al vacío existencial. No es Dios quien lo condena (muy al contrario, el Hijo de Dios fue a la cruz por salvarlo), es el mismo hombre el que se arroja al insondable abismo de la soledad absoluta.

A menudo, quien rechaza totalmente la fe experimenta una contradicción entre la idea del hombre tan reducida que se ha forjado y su propia experiencia de sentirse como un ser abierto al infinito. Esto le produce una gran angustia y una terrible desazón, que suele pretender resolver, no con reflexión y búsqueda de la verdad, sino con una fuerte dosis de hostilidad hacia todas las personas y realidades que viven su compromiso de fe. Esa animadversión no siempre tiene un componente agresivo, aunque sí acostumbra a ir teñida de un aire de superioridad moral e intelectual absolutamente injustificado y absurdo. Para no cuestionarse el sinsentido de su cerrazón y su empecinamiento en mantener una actitud incoherente con las evidencias, descalifica a quienes viven la gozosa tensión de sentirse vinculados al Creador. 

Superar esa actitud materialista desalentada y desesperanzada y abrirse al Ser que confiere el sentido último a la existencia del hombre, al conjunto de la realidad y al curso de la historia parece hoy una tarea imposible. Por otra parte, como el Papa Francisco nos advierte, “a menudo sucede que la Iglesia es un recuerdo frío para el hombre de hoy, si no una ardiente decepción”5. Una advertencia que conviene tener en cuenta aunque no sea más que para no seguir cayendo en los mismos errores. 

Los muros de incomunicación son muy altos y resulta, pues, muy difícil conseguir que ese hombre de nuestro tiempo dirija su mirada hacia Jesucristo. Y sin embargo, por naturaleza, el ser humano es religioso, es decir, de algún modo, aunque sea difusamente, no puede por menos de reconocer que hay algo más allá de sí mismo, de su propia vida, una realidad superior al hombre y a su mundo, un Absoluto que procura el bien total y definitivo.
___________________________

1. A lo largo del trabajo, utilizamos hombre con el significado de su étimo latino hominem, ‘ser humano’, que incluye al varón y a la mujer.
2. Cf. López Quintás, A., “La degradación del espíritu europeo y la eclosión del conflicto”, en El espíritu de Europa. Claves para una reevangelización, Unión Editorial, Madrid, 2000, p. 31-36.
3. Respecto de la actitud del hombre que intenta, inútilmente, eliminar la verdad de sí mismo y erigirse en Dios, es muy interesante Creación y pecado, Cardenal Joseph Ratzinger, EUNSA, Pamplona, 2005.
4. “¡Oh vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza!”.
5. Cf. Discurso a los participantes en un encuentro internacional sobre nueva evangelización, 21 de septiembre de 2019.


Mª Ángeles Almacellas: 
Para hablar de fe con criterio hay que buscar la verdad de forma experiencial.

Mª Angeles estaba profundizando en el 'Libro de la Vida' y el "tratadillo" de los grados de oración escritos por Teresa de Ávila, cuando se vio metida de lleno en la oración experiencial que propone en esos textos. "Me di cuenta de que no era una lectura intelectual sin más -dice la escritora-, sino que me sumergí en la dinámica que la propia Teresa definía como oración mental, que 'no es otra cosa sino tratar de amistad con quien sabemos nos ama' dice citando a la Santa. "Es proponer la oración como un encuentro íntimo y personal entre dos amigos: tú y Jesucristo", explica Almacellas, y de esa forma llegar a conocer la Revelación. Para ella significó "salir de teorías y consejos. Fue una bocanada de aire fresco" dice Mª Ángeles. "Y sentí una gran necesidad de ponerlo por escrito y de compartirlo, porque es bueno, porque esponja el alma", afirma con el entusiasmo y la determinación de quien ha descubierto, al fin, la verdad.

sábado, 15 de enero de 2022

🚖 EL VIAJE EN TAXI QUE NUNCA OLVIDARÉ (THE CAB RIDE I´LL NEVER FORGET) "CARTA DE UN TAXISTA EN NUEVA YORK" por KENT NERBURN 🚖

El viaje en taxi que nunca olvidaré

(CARTA DE UN TAXISTA EN NUEVA YORK)

“Los grandes momentos a menudo nos toman desprevenidos…”
🚖
Hubo un tiempo en mi vida hace veinte años cuando me ganaba la vida conduciendo un taxi.
Era la vida de un vaquero, la vida de un jugador, una vida para alguien que no quería jefe, movimiento constante y la emoción de una tirada de dados cada vez que un nuevo pasajero subía al taxi.
Con lo que no conté cuando acepté el trabajo fue que también era un ministerio.
Debido a que manejaba el turno de noche, mi taxi se convirtió en un confesionario rodante. Los pasajeros subían, se sentaban detrás de mí en total anonimato y me contaban de sus vidas.
Éramos como extraños en un tren, los pasajeros y yo, atravesando la noche, revelando intimidades que nunca hubiéramos soñado compartir durante la brillante luz del día. Encontré personas cuyas vidas me asombraron, me ennoblecieron, me hicieron reír y llorar.
Y ninguna de esas vidas me conmovió más que la de una señora que recogí tarde en una cálida noche de agosto.
Estaba respondiendo a una llamada de un pequeño apartamento de ladrillo en una zona tranquila de la ciudad. Supuse que me enviaban a recoger a algunos fiesteros, oa alguien que acababa de pelearse con un amante, oa alguien que se iba a un turno temprano en alguna fábrica de la parte industrial de la ciudad.
Cuando llegué a la dirección, el edificio estaba oscuro excepto por una sola luz en una ventana de la planta baja.
En estas circunstancias, muchos conductores simplemente tocarían la bocina una o dos veces, esperarían un breve minuto y luego se irían. Demasiadas malas posibilidades esperaban a un conductor que subió a un edificio oscuro a las 2:30 de la mañana.
Pero había visto a demasiadas personas atrapadas en una vida de pobreza que dependían del taxi como único medio de transporte.
A menos que una situación tuviera un verdadero soplo de peligro, siempre iba a la puerta para encontrar al pasajero. Podría, razoné, ser alguien que necesita mi ayuda. ¿No me gustaría que un conductor hiciera lo mismo si mi madre o mi padre hubieran pedido un taxi?

Llegué a la dirección solicitada y toqué la bocina. Después de esperar unos minutos volví a tocar la bocina. Tras esperar, sin obtener respuesta, pensé en irme pero como era la última carrera del dia decidí aparcar mi vehículo y dirigirme a la puerta para llamar al timbre. 

- "Solo un minuto" - respondió una voz frágil y anciana. 
Podía escuchar algo que se arrastraba por el suelo. Después de unos minutos, la puerta se abrió. Una pequeña mujer de 80 años estaba frente a mi. Llevaba un vestido estampado y un sombrero con velo que parecía un personaje de película de los años 40. A su lado había una maleta pequeña de nylon. El apartamento parecía como si nadie hubiera vivido en él durante años (todos los muebles estaban cubiertos de sábanas). No había ningún reloj en las paredes, ni baratijas o utensilios en las encimeras. En una esquina se podía ver una caja de cartón llena de fotos y cristalería. 

- ¿Podrías llevar mi equipaje al coche? - Dijo ella. 
Llevé el equipaje a mi vehículo y después regresé para ayudar a la mujer, ella tomó mi brazo y caminamos lentamente hacia el taxi. Agradeció mi amabilidad en el trato y yo le contesté que no era nada: 
- "solo intento tratar a mis pasajeros como me gustaría que trataran a mi madre". 
- "¡Oooh! Eres un buen chico", dijo ella. 
Cuando llegamos al coche ella me dio una dirección y luego preguntó:
- ¿puedes pasar por el centro? 
- No es el camino mas corto, respondí.
- No me molesta, dijo ella. No tengo prisa. Voy al centro de cuidados paliativos.
Miré por el espejo retrovisor y vi que sus ojos brillaban. 

- "No tengo familia", - dijo ella con voz dulce. - El doctor dice que no me queda mucho tiempo. 
Detuve discretamente el contador, - ¿qué camino le gustaría que tomara?, pregunté. Durante las 2 horas siguientes conduje por la ciudad. Ella me mostró el edificio donde trabajó como operadora de ascensores. Pasamos por el edificio donde, ella y su marido, vivieron cuando estaban recien casados. Ella me hizo parar frente a un almacén de muebles que en su momento fue un salón de baile al que ella iba a bailar de jovencita. 
A veces ella me pedía parar frente a un edificio en particular o en una esquina y se quedaba pensativa con la mirada perdida sin decir nada. Cuando el sol comenzó a unirse al horizonte ella de repente dijo: 

- "Estoy cansada, me gustaría que fuéramos ahora". 
Conduje en silencio hasta la dirección que ella me dio. Era un pequeño edificio, como una sencilla casa de recuperación con un pórtico por el que se accedía a un callejón. Dos enfermeros salieron y se dirigieron al taxi. Parecían muy considerados y estaban muy pendientes de los movimientos de la anciana (obviamente estaban esperando su llegada). Abri el maletero y llevé la pequeña maleta a la puerta. 
La mujer ya estaba sentada en una silla de ruedas. 
- ¿Cuánto te debo?, -me preguntó ella mientras abría su bolso-. 
- "Nada", le dije. 
- "Tienes que ganarte la vida", respondió ella. 
- "Habrá otros pasajeros", respondí casi sin pensarlo, me incliné y le di un abrazo. Ella me abrazó fuertemente. 
- "Le diste a esta anciana un momento de alegría, !gracias¡"- dijo.
Le estreché la mano y me di la vuelta. Detrás de mí una puerta se cerró, era el sonido de una vida que termina. 

No cogí más pasajeros y conduje sin rumbo ensimismado en mis pensamientos. Casi no hablé el resto de la noche. Me preguntaba, ¿qué habría pasado si la mujer hubiera tenido que tratar con un chófer enojado o impaciente? O, ¿si me hubiera ido sin esperar después de haber tocado la bocina varias veces? 
Creemos que nuestras vidas giran alrededor de grandes momentos pero, los grandes momentos suelen ser en realidad, hermosos pequeños momentos a los que no prestamos suficiente atención...
Cuando esa mujer me abrazó y dijo que le había traído un momento de alegría, se podía creer que había sido puesto en la tierra con el único propósito de brindarle ese último viaje.
No creo que haya hecho nada en mi vida que fuera más importante.
🚖

The Cab Ride I'll Never Forget - Short Film

Esta hermosa historia apareció originalmente como parte de un capítulo del libro de Kent Nerburn Hazme un instrumento de tu paz: vivir en el espíritu de la oración de San Francisco (págs. 57-64; ver más abajo)
Varias versiones de esta historia, a menudo no atribuidas, han circulado ampliamente en Internet y por correo electrónico en los últimos años, lo que ha dado lugar a algunas preguntas:
¿Quién escribió esto? Kent Nerburn   – quien es el aclamado autor de varios libros sobre valores espirituales y temas nativos americanos.
¿Es esta una historia real? – Sí 
Kent dice: “La historia es real, mis amigos. Fue un regalo de un momento para mí, y espero que al compartirlo sea un regalo para ti también”.


Hazme un instrumento de tu paz, de Kent Nerburn , nos sumerge en el espíritu de una de las figuras más universalmente inspiradoras de la historia: San Francisco de Asís. La Oración de San Francisco nos desafía audaz pero gentilmente a resistir las fuerzas del mal y la negatividad con el espíritu de buena voluntad y generosidad. Y Nerburn muestra, en su manera maravillosamente personal y humilde, cómo cada uno de nosotros puede vivir la prescripción de la oración para vivir en nuestra vida cotidiana y menos que santa.
"Donde haya odio, déjame sembrar amor... Donde haya injuria, déjame sembrar perdón..." Ampliando cada línea de la Oración de San Francisco, Nerburn comparte historias conmovedoras e inspiradoras de su propia experiencia y la de otros y revela cómo cada uno de nosotros puede hacer una diferencia para el bien en formas ordinarias sin ser héroes o santos. Luchando para ayudar a un hijo pequeño a consolar a su mejor amigo cuando su madre muere, conmovido por el coraje de los enemigos de guerra que se reconcilian, siendo arrancado de la depresión ensimismada al responder a la tragedia de otra persona, llevando a una anciana enérgica en un taxi de despedida. a través de su ciudad: estos son los tipos de momentos cotidianos en los que Nerburn descubre que podemos vivir el espíritu de San Francisco.
Al incorporar el poder y la gracia de estas pocas líneas de idealismo práctico en nuestros pensamientos y acciones, podemos comenzar a aliviar nuestro propio sufrimiento y el sufrimiento de aquellos con quienes compartimos nuestras vidas. Y, sorprendentemente, encuentre un camino hacia la verdadera paz y la felicidad aprovechando nuestra bondad humana básica. A medida que abrimos nuestros corazones y abrazamos sus palabras, San Francisco "toca nuestra humanidad más profunda y enciende la chispa de nuestra divinidad".

Señor, hazme un instrumento de tu paz.
Donde haya odio siembre yo amor,
Donde haya injuria siembre yo perdón,
Donde haya duda, fe,
Donde haya desesperación, esperanza,
Donde haya tinieblas, luz,
Y donde haya tristeza, alegría...

En este libro bellamente escrito, Kent Nerburn nos lleva al corazón de la Oración de San Francisco y, línea por línea, demuestra cómo las palabras de San Francisco pueden resonar en nuestras vidas hoy.

lunes, 29 de noviembre de 2021

LIBRO "CANTAR DE LOS CANTARES": UN COMENTARIO PARA NUESTRO TIEMPO 💕

Chus Villarroel O.P.

UN COMENTARIO PARA NUESTRO TIEMPO
La razón del Cantar de los Cantares no es otra que la de ayudarte si sientes tirón místico y esponsalicio por Jesucristo para que puedas aumentarlo o llegar a él con la misma pasión que la protagonista del Cantar con su esposo. No desprecies esa intención porque este libro es palabra de Dios que viene en tu ayuda. A un experimentado sin entrar en el Cantar le faltaría lenguaje y algo más. Por eso, lector, te encontrarás con una teología diluida en los distintos temas que no te apartará de este fin.
INTRODUCCIÓN

Me pongo a escribir esta introducción cuando el libro está a punto de entrar en la recta final. Ya sé, más o menos, lo que va a dar de sí. Ahora ya te puedo informar, querido lector, de cómo se ha desarrollado esta aventura. Sí, digo aventura porque atreverse a decir algo sobre el Cantar de los Cantares requiere atrevimiento. Yo lo estoy teniendo con la ayuda de una serie de factores que me lo permiten. De momento publicaré la primera parte, o sea, los tres primeros poemas de seis de los que se compone el libro. Más adelante, si Dios es servido y me concede tiempo y salud, intentaré terminarlo ya que ganas e ilusión no me faltan. 

En primer lugar quiero decir que lo estoy escribiendo en medio de una pandemia. Un patógeno del género Coronavirus, llamado Covid 19, nos tiene recluidos en casa desde el mes de marzo del 20 hasta febrero del 21 que es cuando escribo esta introducción. Un año de confinamiento a veces total, otras no tanto. No son solo las autoridades las que nos confinan sino el miedo, la duda, la intranquilidad de la población. Esta peste se ha llevado por delante a muchos amigos y conocidos y cuando hay tantos difuntos de por medio la cosa se pone seria. Hasta ahora, ocho frailes, amigos del alma de toda la vida, contando sólo los más cercanos, han sido mi alcabala. Hay mucha prevención y apenas te atreves a salir de casa. La parte buena es que se te amplía el tiempo para estar en la habitación, para rezar, meditar y escribir, y a la vez, hemos aprendido a utilizar métodos nuevos para reunirnos y predicar por telemática.

Otro factor que me empuja a escribir es el de reivindicar para el pueblo una cosa tan bella como este libro. Sí, lo digo porque estos poemas se ven desde el pueblo como algo exclusivo de los grandes místicos o, al menos, de los grandes santos. Fuera del matrimonio espiritual y de la más alta intimidad divina, el libro se convierte en tabú y nadie se atreve ni siquiera a acercarse. Pues bien, yo creo que esto no le gusta al Espíritu Santo. En sus versos se alude a un amor humano que todos conocemos el cual, ungido por el Espíritu, nos puede hacer penetrar en el misterio del amor con que nos ama el Señor. Que me bese con los besos de su boca. Una niña novia, que puedes ser tú, se dirige a un ser superior para que su amado le bese con los besos de su boca. Esto es un anhelo que tiene cualquier niña que le pide a Dios que su novio la quiera. Es como una oración que puede hacer cualquiera. Yo lo aplico a mi situación y le pido al Padre del cielo que su hijo Jesucristo me bese con los besos de su boca. Yo sé que el beso de Jesucristo es el Espíritu Santo. Aunque yo no sea santo ni místico, no me quiero perder este lenguaje bellísimo en mi oración y en mi relación con Dios. 

He descubierto al escribir estas páginas que el beso humano es la mejor parábola, comparación, símil o símbolo del amor divino. El Cantar fue escrito por algún poeta humano describiendo un himeneo o epitalamio de bodas. Este hecho no desmerece sino que aumenta la relación con Dios haciéndola muy real para nosotros. ¡Qué bello es todo lo humano cuando nos sirve para unirnos con Dios! El Papa Benedicto XVI ha intentado convencernos en su primera encíclica “Deus Charitas est” de que el amor de Dios, sobre todo el manifestado en Jesucristo, tiene que ser erótico y pasional. Si en ese amor no están implicadas las hormonas algo en la relación se desfigura. 

Siendo esto así, agradezco pertenecer a la cultura del beso. En Oriente les va a costar un poco más entrar en el misterio que el beso preconiza. Viajando un día de Seúl a Tokio con una monja japonesa me hablaba de su cultura. Hay muchas palabras cristianas que no entienden y apenas ahora entran en su diccionario. Son palabras como perdón, indulgencia, compasión, cruz, gracia, clemencia y tantas otras. También hay muchos gestos que les resultan contraculturales como por ejemplo el beso. He viajado bastante por oriente y siempre he tenido algún embarazo con el tema. Si saludas con un poco de cariño o te cortan o, al menos, percibes la rigidez del saludado que te avisa de que no debes pasarte. 

La cultura nunca debe ser maestra porque en gran parte es hija del pecado. Ni siquiera en las mejores cosas de la vida como pueden ser las virtudes tenemos que obedecerla. Santo Domingo de Guzmán dijo que si él sabía de algún fraile que pensara salvarse por el cumplimiento de las constituciones iría a su celda y le rompería su códice con la navaja. El místico dominico alemán Maister Eckhart, del siglo XIV, dice que las virtudes y, por ende, la cultura, no nos hacen buenos; somos nosotros los que las tenemos que hacer buenas a ellas. Esto lo digo pensando también en nosotros. Entre nosotros hay gente culturalmente malsana a las que un pudor, modestia o recato morboso les impide leer con soltura los requiebros y piropos del Cantar. Nos viene bien a todos buscar fuentes de bondad superiores a lo que nosotros solemos producir. 

Otro factor que me importa aclarar es el de mis fuentes. Alguien me puede preguntar: ¿de dónde sacas tú todo eso? Bueno, pues de donde puedo. Agradezco la experiencia del Espíritu de la que estoy disfrutando desde hace años. Te confieso que no he consultado con nadie, ni he abierto ningún libro ni he entrado en ninguna biblioteca, a no ser Google, para escribirlo. Tampoco lo he hecho yo solo. Tengo una comunidad preciosa con la que vivo mi crecimiento que me ayuda siempre con el compartir y con su testimonio. 

Alguno me ha dicho que debajo de lo que digo hay una teología. Claro, eso es evidente porque no puede ser de otra manera. El que escriba cosas de fe sin una teología debajo es un iluminado o fideísta peligroso. La fe es visión pero nuestra inteligencia de la fe se realiza mediante un silogismo cuya mayor es de fe, la menor de razón, y la conclusión de ambas. Hubo una época en mi vida en que yo abandoné todo discurso racional para conocer a Dios, invitándome a ello las mociones del Espíritu que recibía a partir de mi bautismo en el Espíritu. En estas mociones se da un conocimiento vivencial o místico que es la cumbre de nuestra cercanía a Dios. Ahora bien, cuando yo predico o escribo sobre lo que he entendido de Dios tengo que hacerlo con una menor de razón, es decir con una teología, porque, de lo contrario, podría tomarse mi conocimiento por algo emocionalista y subjetivo. 

La razón en este caso me sirve para comunicarme con los demás y aunque no está capacitada para juzgar mi conocimiento y ni siquiera mi lenguaje, sí me advierte de mis posibles excesos que delatan que no voy por buen camino. Alumbrados, iluminados, fideístas, gnósticos, herejes, ideólogos y los sectarios de toda especie, son gente que se han alimentado con una mala teología. La razón del Cantar de los Cantares no es otra que la de ayudarte si sientes tirón místico y esponsalicio por Jesucristo para que puedas aumentarlo o llegar a él con la misma pasión que la protagonista del Cantar con su esposo. No desprecies esa intención porque este libro es palabra de Dios que viene en tu ayuda. A un experimentado sin entrar en el Cantar le faltaría lenguaje y algo más. Por eso, lector, te encontrarás con una teología diluida en los distintos temas que no te apartará de este fin. Es más, también te encontrarás con una filosofía porque debajo de una teología siempre habrá una filosofía de la vida. Procura que la filosofía sea también racional y equilibrada respetando la ley natural y el recto sentir ya que de lo contrario tu teología no conectará con la realidad y la historia en la que los hombres nos movemos. 

Lo divido en tres poemas siguiendo al libro. En la numeración el dígito indica el poema y el número el capítulo correspondiente. Por ejemplo, 2. 15, significa segundo poema capítulo quince. No tengas miedos ni recelos. Es todo muy sencillo. Entra en el libro y lo verás.

PRIMER POEMA

1. 01 QUE ME BESE

Que me bese con un beso de su boca (Ct 1, 1). Yo creo que vivimos actualmente un momento privilegiado del Espíritu y, por lo tanto, de la fe. Hay, hoy día, suficiente gente a la que se les da un oído de discípulo para poder escuchar y gustar la obra de Dios. Siempre una minoría absoluta, pero amplia. Hoy se puede predicar del Espíritu Santo sin que te tomen por un extraterrestre. En mi juventud no se mencionaba, más tarde se hablaba del gran desconocido del que se sentía cierta necesidad, hoy son muchos los que reclaman su presencia si queremos un cambio en la Iglesia, en la Teología y en la Espiritualidad. 

Cuando llega una época grande del Espíritu vuelven los grandes temas como la humanidad de Jesucristo, la Carta a los Romanos y el Cantar de los Cantares. En los cistercienses se escribieron en su primer siglo de existencia, siglo XII, once comentarios al Cantar de los Cantares, después ha habido mucho silencio durante ocho siglos, hasta hoy que se empieza a mover algo. De esto me han informado los propios cistercienses. Ahora se está volviendo a la espiritualidad. La gente la necesita y echa de menos. Parece que vuelven de nuevo las ganas de Dios porque no es lo mismo creer en Dios que tener ganas de Dios. Al Dios manifestado en Jesucristo. Pienso que en tiempos próximos habrá bastante gente que se atreva a orar con esta expresión: Que me bese con un beso de su boca. 

La verdad es que mucha gente busca hoy espiritualidad porque dignifica y da pedigrí pero quieren una espiritualidad sin religión y sin Dios. Por eso, la renovación espiritual de la que hablo, parece que no va a tener su pista de aterrizaje preparada. La cultura actual no la reclama. Hoy en día la pérdida de la fe y el endurecimiento son tan grandes que parece que todo está en bancarrota y a punto de desaparecer. Algunos esperan para pronto la gran apostasía. Solo son espejismos. El poder del mundo y del mal son muy pequeños y se resquebrajan con facilidad. Un pequeño virus patógeno nos tiene en este momento humillados y desconcertados después de siglos de ensalzar a la ciencia como poderosa y omnipotente. Dios deja que sucedan cosas y que se llegue a pobrezas muy grandes para que la renovación sea radical. Está claro que el pecado no ha hecho todavía todo su recorrido y se pueden esperar cosas grandes, incluso la gran apostasía, pero el resto, los siete mil varones que no doblarán su rodilla ante Baal, también estarán ahí. 

El que se vea impelido a buscar espiritualidad, pues, que siga adelante y deje al mundo seguir su camino. Vale más, decía San Juan de la Cruz, un hombre en alto grado místico que todo lo que hace la Iglesia con una caridad mediana. Yo veo cosas que pueden facilitar la llegada de una gran espiritualidad. Aparte de la honda nostalgia humana de trascendencia está la cultura vivencial que hoy predomina en la sociedad. La gente está harta de ideas y de ideologías; lo abstracto, lo ideal y lo utópico nos dejan fríos. Las ideologías que son las madres de lo rígido y pecaminoso porque matan la caridad, pueden llegar a producir hartazgo. Hoy todos estamos a la búsqueda de experiencias y vivencias. Puede parecer el nuestro un mundo sentimentalista pero hay más profundidad de la que parece. Para que yo le pueda decir a Dios: Que me bese, que Cristo me bese con un beso de su boca, necesito conocer y disfrutar de vivencias semejantes. Por otra parte, si el amor de Dios no es apasionado, ¿qué es? 

Las ideologías no entienden ni una palabra de todo esto. Y ¡cuidado! porque son sinuosas y las llevamos muy adentro, en subconscientes muy profundos. Yo he necesitado un toque del Espíritu para salir de su cautividad. Mi conocimiento sabroso de Jesucristo nunca se me hubiera dado sin él y mucho menos en el beso. La exégesis racionalista hace mucho daño a cantidad de personas ya que reduce el Cantar a un epitalamio secular con lo que lo desmitifica eliminando el misterio y la sobrenaturalidad de los personajes y, por tanto, la acción del Espíritu Santo que nos los pone como modelos. Quitar la santidad a la chica del Cantar es matar toda unción reduciendo su lectura a cosas viejas del pasado. Así tenemos nuestros monasterios contemplativos llenos de obras y de rezos pero con muy poco amor. 

La Magdalena representa otro modelo de sabiduría. Hubiera dado un mundo por un beso de Cristo cuando le descubrió en el huerto. No era el momento, pero sí era el ideal. En ella habría mucho de humano todavía. Pero, ¿cuál fue su espiritualidad el resto de su vida? Nos lo dice el Cantar “Que me bese”. ¿Puede haber otra mística superior a esta? Y es que Magdalena tenía ganas de Cristo. Lo que nos falta a nosotros son esas ganas pero la gran renovación puede llegar con ellas y pienso que el Espíritu Santo lo está haciendo ya. Es una gracia. Desechemos toda mentalidad de méritos. Estamos en un reino de gratuidad. Aquí el agente principal es el Espíritu Santo. Si escribimos sobre el Cantar es porque, pese al racionalismo, ya hay demanda, ya hay muchas personas que sienten el tirón de Cristo y la necesidad de un lenguaje y una pasión de amor como la que se expresa en este librito. El viejo moralismo nos ha saturado de pudores insanos que no nos ayudan a acoger el beso de Cristo. 

Durante esta pandemia de coronavirus en la que estoy escribiendo se celebran muchas misas y otros actos religiosos por telemática. En otra época, más platónica, hubiéramos sido del todo felices ya que nos librábamos del contacto con la materia, mas ahora no somos así. El mismo Papa Francisco dijo en varias homilías del tiempo inicial de la pandemia que está bien la telemática pero que nunca dejemos de echar de menos el calor y la ternura de la carne y del estar juntos. La Iglesia necesita el contacto carnal de los unos con los otros. La Iglesia es pueblo y en el pueblo se camina juntos con el mismo sudor y fatiga, no instalados en un diván cada cual en su propia casa. Si no hay otra posibilidad bueno es, y de hecho esta experiencia en la pandemia está siendo fructífera y nos abre muchas posibilidades. 

Por falta del calor y ternura de la carne tampoco podemos interpretar el Cantar de los Cantares relacionando a la novia con Dios, al alma con Dios, como hacen casi todos los comentaristas. Las novias no se enamoran de lo abstracto. Dios es un concepto, un abstracto. No es un sujeto vivencial sino analógico. Interpretando el Cantar espiritualmente, el novio no puede ser otro que el Cristo de la Magdalena, el Señor resucitado pero humano. Sabemos que un beso de Cristo es un beso de Dios no solo por la unión hipostática sino porque es camino verdad y vida; ahora bien, nuestra espiritualidad humana solo se plenifica vivencialmente cuando se relaciona en directo con el hombre Jesús, ya resucitado. No con Jesús de Nazaret sino con el Jesús de la fe, el Resucitado que, como sabemos, es el mismo en distinta situación. 

Sin embargo, podemos preguntarnos: ¿Dónde besa Jesucristo a la novia? 
O de otra manera: ¿De dónde brotan los suspiros de ella? Todos los místicos se han roto el cerebro descubriendo ese lugar: Unos que en el centro, otros que en lo más hondo de uno mismo, otros que en lo profundo del alma. Para mí siempre ha sido más fácil utilizar la antropología de cuerpo, alma y espíritu, que la griega de cuerpo y alma. Con esta antropología, que la utilizan también Orígenes y Guillermo de Saint-Tierry, está claro que el beso se da en el espíritu de ella y no en su cuerpo o su psicología. Jesús, el Resucitado, que es espíritu se une con el hombre en el espíritu del hombre. 

La racionalidad es algo específico del hombre en relación con los animales pero con Dios tiene que haber un lugar donde el hombre esté capacitado para el nivel del Espíritu, de los dones del Espíritu, y es ahí donde suceden la fe, la esperanza y la caridad. Ahí es donde se da la oración más honda y el diálogo interior. Ahí es donde Dios se revela, donde se celebra la boda, donde se da la experiencia mística y las mociones más hondas del Espíritu. Con la antropología griega de alma y cuerpo se nos hablaba de la potencia obediencial que hay en el hombre, es decir, la capacidad de ensancharse que tiene el hombre para recibir los regalos de Dios. Creo que es mucho más claro que en vez de potencia obediencial digamos espíritu. 

Al adentrarnos en el comentario al Cantar nos daremos cuenta de que no es un simple epitalamio o un simple canto nupcial, que puede ser que fuera en su origen, pero que es susceptible de una profundidad inaudita. Parece que no es nada: Epi=sobre, tálamos=cama. Lo que pasa sobre la cama. Si sobrepasamos la interpretación puramente erótica, el Espíritu nos puede regalar el ver al amor humano como un sacramento del amor con que Dios nos ama. Benedicto XVI intentó hacernos comprender esta realidad con su encíclica “Deus Caritas est”. 

Al que sí hemos de tener en cuenta es al que los griegos llaman paraninfo, que es el padrino de la boda, el que anuncia a la novia la llegada del novio, una figura muy importante en las bodas griegas porque él lo revisaba todo y lo dirigía todo. En la dimensión espiritual en la que nos vamos a mover es el Espíritu Santo. Es este Espíritu el que nos va a presentar a Jesucristo para que nos bese. La experiencia del Cantar en las almas cristianas solo se puede dar en el nivel del don. La fe vulgar y principiante que se mueve a nivel racional y de virtudes no alcanza este rango de vivencias; le parecen extrañas y exóticas y no les da importancia. 

Yo no me voy a meter en una exégesis más o menos científica. No es mi tema. Mi realidad está en la historia. A pesar de que el Cantar es un libro en apariencias puramente humano, donde no se cita a Dios, lo cierto es que fue admitido en el canon judío y de ahí pasó al cristiano con sumo respeto. Evidentemente la interpretación alegórica cabe perfectamente. Algunos rabinos definieron el libro diciendo: “Los libros de la Sagrada Escritura son santos, el Cantar es el Santo de los santos”. Este libro conserva un hechizo tanto entre los judíos como entre los cristianos que, aunque algunos desmitificadores lo ven contraproducente, en el elenco de la palabra de Dios, nadie se atreve ni se ha atrevido a tocarlo. 

Yo lo he llevado siempre en el corazón. Todo mi cristianismo sin la dimensión a la que me abre el Cantar se hubiera quedado orgánico y estructural. Reconozco que va con mi temperamento y el modo de relacionarme con el mundo y las personas. Lo puedo llamar empatía o simpatía por las criaturas; lo puedo llamar afecto, amistad, cariño; puede ser que tenga inclinación a lo lírico, a lo bucólico, a lo suave y enternecedor; puede ser esa mi tendencia. La verdad es que las imágenes de este libro penetran con facilidad en lo más interior de mi más íntima oración. Me encanta que yo pueda dirigirme a Dios como la novia del Cantar diciendo que me bese con un beso de su boca refiriéndome a Jesucristo. 

San Juan de la Cruz se queja de todos los mensajeros que recibe y que le hablan de Dios pero que no saben de cirle lo que él quiere. Sotos umbríos, naturaleza bella, montes y collados, la hermosura toda de la creación. Es verdad, nada vale: ni los discursos de los grandes predicadores, ni la liturgia, ni la palabra de Dios, ni los sacramentos: todo son figuras, anticipo de lo real. Él busca la realidad. Ni siquiera la eucaristía pasa de ser figura. En el cielo no habrá eucaristía de pan y de vino. Allí nos encontraremos con la realidad: el beso. En el beso está la realidad íntima, el gozo, el disfrute, la vida y felicidad eterna. 
Ay, ¡quién podrá sanarme! 
Acaba de entregarte ya de vero; 
no quieras enviarme 
de hoy más ya mensajero, 
que no saben decirme lo que quiero.
(San Juan de la Cruz, 
Cántico espiritual. Estrofa 6).

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Entrevista Chus Villarroel O.P.: "Cantar de cantares"

Llévame en pos de ti

Que me bese con los besos de su boca
Mejor que el vino son tus amores
Mejores al olfato tus perfumes, amor
Ungüento derramado es tu nombre
Llévame en pos de ti, corramos
Llévame en pos de ti
Llévame en pos de ti, corramos, amor
Llévame en pos de ti
El Rey me ha introducido en sus mansiones
Por ti exultaremos nos alegraremos
Evocaremos tus delicias amor
Con que razón eres amado
Llévame en pos de ti, corramos
Llévame en pos de ti
Llévame en pos de ti, corramos, amor
Llévame en pos de ti
Llévame en pos de ti, corramos
En pos de ti, Señor
Llévame en pos de ti, tras de tu amor
Llévame en pos de ti
Llévame en pos de ti


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El Instituto Cervantes y Vaso Roto presentaron esta edición definitiva del Cantar de cantares de Salomón, de Fray Luis de León (Belmonte, Cuenca, 1528), y editada por Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes entre 2012 y 2017 y de la Real Academia Española entre 1998 y 2010. Fray Luis de León abrió un camino nuevo dentro de la prosa armonizando el ritmo del latín clásico con el decir cotidiano, que se admira en el Cantar de cantares de Salomón, uno de los libros fundamentales de la Biblia. A mediados del siglo XVI Fray Luis de León tradujo el original hebreo. Censurado y prohibido por la Inquisición, no fue publicado hasta 1798.

(1) Uno es dialogal: comunicación recíproca, en la que cada uno muestra su hermosura al otro, de manera que ambos se descubren vinculados, siendo iguales o equivalentes, como suele suceder en las parejas humanas.
(2) Otro es de engendramiento (= maternal): la hermosura del Amado es superior, de manera que con ella embellece a la amante, como hemos señalado en CB 32-33. Ambos se miran (plano dialogal), pero lo hacen desde la hermosura superior del Amado (que es como padre-madre trascendente). Desde aquí citamos ya el comentario que San Juan de la Cruz ha puesto en boca de la amante. Es un comentario intenso, que traza los momentos y claves de la contemplación mutua.

Y vámonos a ver en tu hermosura.
Que quiere decir: hagamos de manera que,
por medio de este ejercicio de amor ya dicho,
lleguemos hasta vernos en tu hermosura en la vida eterna.
Que de tal manera esté yo transformada en tu hermosura,
que, siendo semejante en hermosura,
nos veamos entrambos en tu hermosura,
teniendo ya tu misma hermosura;
de manera que, mirando el uno al otro,
vea cada uno en el otro su hermosura,
siendo la una y la del otro tu hermosura sola,
absorta yo en tu hermosura: y así,
te veré yo a ti en tu hermosura, y tú a mi en tu hermosura,
y yo me veré en ti en tu hermosura,
y tu te verás en mí en tu hermosura;
y así parezca yo tú en tu hermosura,
y parezcas tú yo en tu hermosura; y así
seré yo tú en tu hermosura, y serás tú yo en tu hermosura,
porque tu misma hermosura será mi hermosura;
y así, nos veremos el uno al otro en tu hermosura
(Coment 36, 5).