EL Rincón de Yanka: HIPOCRESÍA

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jueves, 23 de abril de 2026

LIBRO "ÍDOLOS CON PIES DE BARRO": LOS FALSOS HÉROES DE LA IZQUIERDA Y LA CULTURA WOKE por NICOLÁS MÁRQUEZ 👿👥💩

ÍDOLOS CON 
PIES DE BARRO
Los falsos héroes de la izquierda y la cultura woke


Una crítica frontal a los ídolos fabricados por la propaganda de izquierda. Diez biografías que exponen cómo figuras públicas fueron usadas para promover una agenda ideológica destructiva.
Descubre la verdad detrás de figuras que marcaron la cultura y el pensamiento popular. Este libro te invita a cuestionar mitos y ampliar tu visión con argumentos sólidos.
El mundo los ha visto como héroes. Se nos instó a admirarlos e imitarlos. Pero detrás del brillo propagandístico, la fama y los elogios acríticos, se esconde una maquinaria ideológica que ha intoxicado la cultura, los valores, la política y la conciencia colectiva.

Nicolás Márquez te invita a reexaminar el legado de íconos como Che Guevara, Hugo Chávez, Diego Armando Maradona, Frida Kahlo y otros, cuyas historias reales revelan contradicciones y alianzas ideológicas que merecen un análisis detallado. A través de estas biografías críticas y demoledoras, el texto revela cómo artistas, pensadores, deportistas, guerrilleros y políticos han sido utilizados, y en muchos casos, se han ofrecido gustosos, como peones de una agenda que promueve el resentimiento, la división y el colapso de los principios que alguna vez sostuvieron a nuestras sociedades.

Ídolos con pies de barro no es un libro para tibios ni para quienes temen ser ofendidos. Esta obra es una bomba contra el relato dominante. Constituye una herramienta de combate cultural, escrita con precisión, ironía y coraje, destinada a todos aquellos que estén listos para abrir los ojos y dejar de aplaudir a sus propios verdugos.
Prepárate para leer lo que nadie en los medios se atreve a decir. Porque la batalla no es solo política: es espiritual, cultural y urgente.

domingo, 19 de abril de 2026

¿TEÓLOGOS AGNÓSTICOS?: LA TEOLOGÍA SIN DIOS NO ES TEOLOGÍA Y JESÚS ES DIOS Y HOMBRE

 
El Jesús histórico y los eruditos de la nada


Voy al grano porque no merece la pena andar con rodeos. Quien parte del apriorismo de que no existen los milagros difícilmente puede aceptar la historicidad de los que hizo Cristo, incluida su propia resurrección. Pero no tienen derecho a negar que los evangelios son plenamente históricos al contar dichos milagros, testimoniados oral y escrituralmente por aquellos que fueron testigos de los mismos.

Además, es deshonesto intentar reconstruir la figura histórica de Cristo partiendo sólo de sus predicaciones, como si las mismas no fueran también testimoniadas por aquellos que nos contaron de sus milagros. Es decir, si ustedes, señores eruditos de la nada, niegan que Cristo dio la vista a los ciegos, hizo hablar a los mudos, limpió la lepra a los leprosos, resucitó a los muertos y resucitó Él mismo, nieguen también que dio el Sermón del monte, que nos enseñó el padrenuestro, que habló por parábolas y que, en definitiva, predicó el evangelio. Eso de tomar sólo lo que les encaja en sus mentes racionalistas no es racional, no es serio, no es ciencia.

Porque además, ustedes saben muy bien (¿o hace falta que les copie las citas?) que el testimonio de los actos milagrosos de Cristo no aparece sólo en fuentes "amigas", sino también en alguna contraria a la fe cristiana, donde se reconoce la actividad milagrosa de Jesús aunque adjudicándole un origen poco "piadoso". Ustedes pretenden hacer historia sobre Jesús negando la veracidad del relato de aquellos que le acompañaron día y noche durante todo su ministerio. Pues valientes historiadores están hechos, señores.

Además, no sólo se trata de Jesús. Es que sus apóstoles también hicieron milagros en su nombre. Y no sólo sus apóstoles. La historia está llena de ellos. Y hoy se siguen produciendo. Tanto si ustedes lo aceptan como si no. No es una cuestión sólo de fe sino de hechos constatados y relatados. Por ejemplo, y por hablar de un caso que conozco, yo puedo ser el tipo más escéptico del mundo, pero si me muestran dos radiografías de la espalda de una misma mujer, la primera en la que parece que la columna vertebral es el circuito de Jerez por una espantosa escoliosis y la segunda con la columna absolutamente recta, y todo lo que medió entre una y otra radiografía fue una oración de petición de sanación, tengo dos opciones: o ser un necio que niegue la evidencia o aceptar la verdad aunque no la entienda. ¿Y qué me dirán ustedes si escribo una biografía sobre esa mujer? ¿que la parte en la que cuente cómo su enfermedad desaparece sin intervención médica es un mito? ¿que era una simple cuestión "psicológica"? Pues, ¿saben lo que les digo? Que se metan sus libros donde les quepa, que se vayan con sus teorías a otra parte y que dejen en paz al Cristo de la fe y de la Historia. No crean en Él si no quieren. Pero dejen de hablar sobre lo que no saben, sobre lo que no comprenden, sobre lo que no han visto y oído.

“Quien parte del apriorismo de que 
no existen los milagros difícilmente puede aceptar 
la historicidad de los que hizo Cristo, 
incluida su propia resurrección".
“…si ustedes, señores eruditos de la nada, niegan que Cristo dio la vista a los ciegos, hizo hablar a los mudos, limpió la lepra a los leprosos, resucitó a los muertos y resucitó Él mismo, nieguen también que dio el Sermón del monte, que nos enseñó el padrenuestro, que habló por parábolas y que, en definitiva, predicó el evangelio. Eso de tomar sólo lo que les encaja en sus mentes racionalistas no es racional, no es serio, no es ciencia".
Pues bien, ayer el Papa Benedicto XVI les dio una soberana lección a los miembros de la Comisión Teológica Internacional. En una homilía dirigida no sólo a ellos, de hecho más bien creo que pensaba en teólogos de otro perfil, sino a todos los habidos y por haber en el mundo mundial, el Santo Padre puso los puntos sobre las íes. Por ejemplo, afirmó esto:

“Se pesca en las aguas de la Sagrada Escritura con una red que permite sólo una cierta medida para los peces, y todo aquello que está más allá de esta medida no entra en la red y, por lo tanto, no puede existir. Y así, el gran misterio de Jesús, del Hijo hecho hombre, se reduce a un Jesús histórico, realmente una figura trágica, un fantasma sin carne y hueso, uno que ha quedado en el sepulcro, está corrompido, es realmente un muerto. Se trata de un método que “sabe pescar ciertos peces pero excluye el gran misterio porque el hombre se hace él mismo la medida y tiene esta soberbia que, al mismo tiempo, es una gran necedad, que absolutiza ciertos métodos que no son aptos para las grandes realidades (…) Es la especialización que ve todo los detalles pero ya no ve la totalidad”.

Al leer las palabras del Papa no he podido por menos que acordarme de lo que dijo el teólogo Torres Queiruga en una entrevista concedida a Tempos Dixital este mismo año:

Levaríame unha alegría inmensa se aparecese a tumba co cadáver de Xesús. Teriamos a máis preciosa e prezada reliquia histórica. Con todo, é difícil que suceda, porque o máis probable é que, unha vez crucificado, levasen o seu cadáver a unha fosa común, que era daquela o destino dos condenados sen recursos.

No hace falta ni que lo traduzca. Pero es que el teólogo gallego no se quedó ahí. Demostró su soberbia asegurando que lo que él cree, lo creen todos:

¿Non hai milagre no que se di que ocorreu tres días despois da morte do Xesús histórico?

Que a resurrección da que falan as Escrituras non é un milagre, xa é admitido por todos. Sería milagre se o cadáver volvese á vida. Non foi así. Os textos son parabólicos, son simbólicos. A interpretación máis axustada é a que deron dous grandes teólogos, Hans King e Karl Rhaner: Xesús morreu cara ó interior de Deus. É polo que entendo que é necesario repensar a Resurrección (o título dunha das súas obras).

Ese es el tipo de teólogos a los que le cae como guante a la mano lo dicho por el Papa. Sus redes tienen unos agujeros tan enormes que son incapaces de pescar algo que merezca la pena. Están muertos para la fe. Son zombies que andan dando tumbos alrededor de la fosa de su incredulidad. Son la escoria de la teología. Son los teólogos que, pretendiendo presentar una fe madura, apartan por completo de la fe verdadera a los fieles incautos que se dejan enseñar por ellos.

Lo peculiar es que todavía haya quien dude de que la Iglesia no tiene que deshacerse de esta basura adherida a ella. Y ahí es donde mi optimismo ante lo dicho por el Papa se ahoga. A mí me parecen muy bien las buenas palabras, los discursos y las homilías denunciando todo este tipo de cosas. Pero gran parte de los eruditos de la nada, los teólogos de la apostasía siguen propagando su ponzoña sin que los pastores hagan gran cosa por evitarlo. El propio caso de Torres Queiruga es un ejemplo de ello: ¿a qué esperan nuestros obispos para desautorizarle públicamente? ¿A qué esperan para pedirle que se retracte de sus herejías y, en caso de no acceder a ellos, para aplicarle lo que los apóstoles pidieron que se aplicara a los que se alejan y alejan a otros de la fe? Y como Queiruga, tantos otros.

Menos palabras contra la heterodoxia y más acción contra los que la propagan. Eso es lo que necesita la Iglesia. Y mientras no lo haga, seguirá enferma del cáncer de la secularización interna. Ese que tan bien describieron los obispos españoles y que tan poco hace, en mi opinión, por combatir. Las excepciones, que haberlas hailas, confirman la regla.

***

El Dr. Piñero afirma muy a menudo que sus obras no están influidas por dogmas o confesiones religiosas. Sin embargo, la manera como expresa esta cuestión me parece que quiere dar a entender que sus obras están libres de sesgo o prejuicio de cualquier clase, que son puramente "objetivas"... ¡como si la única influencia posible en una obra fuera la religiosa! Pero la realidad es que no existe ninguna obra literaria o académica que se pueda considerar absolutamente "objetiva", libre de toda clase de influencia; las del Dr. Piñero tampoco.

Como he escrito arriba, el Dr. Piñero suele explicar que sus obras están libres de todo sesgo religioso. Personalmente no estoy de acuerdo con esta afirmación. Él nació y se educó en la España nacionalcatólica de la posguerra. Es inevitable que haya recibido influencias positivas o negativas de la Iglesia Católica o de alguno de sus representantes y estas muy probablemente se reflejen en sus escritos. A esto hay que añadir las presiones académicas, editoriales, económicas, emocionales, etc., a las que con toda probabilidad ha de estar sometido. Y lo mismo se puede decir del resto de autores de Los libros del Nuevo Testamento. Traducción y comentario, alguno de los cuales fue sacerdote católico.

Personalmente detecto en Antonio Piñero una clara tendencia a la "desmitificación" del Nuevo Testamento y a la desacreditación de sus autores. Por supuesto, él tiene todo el derecho, no faltaba más, a tener su propia opinión respecto a la figura de Jesús, los milagros, la historia del texto bíblico, etc. Lo que no creo que sea ético es que en ocasiones exprese lo que solamente es su opinión personal como si se tratara de una verdad objetiva. El consenso científico en un determinado punto no es una verdad absoluta pues a lo largo de la historia se han desvelado y desmentido "consensos científicos" que simplemente eran falacias, elucubraciones de los "eruditos". Sabemos que el conocimiento puede hacernos orgullosos (1Co 8:1).
VER+:



Los fariseos de hoy son los que niegan los milagros de Cristo (los fariseos también los negaban) y consideran que son sugestiones colectivas o meros “signos”, y los que, después de ver los increíbles milagros eucarísticos de los últimos años o los milagros que Dios hace por intercesión de la Virgen a cientos en Lourdes o en Medjugorje, los niegan como contrarios a la razón, para negar a Cristo: el análisis racionalista e historicista, protestante, de la Biblia, con tantos epígonos “católicos” heterodoxos desde mitad del s. XX: Teilhard de Chardin, Küng, Kasper, Martini, Schillebeeckx, Rahner, Lehman, Boff… y los nacionales Pagola, Castillo, Queiruga, y un largo etc., cuya divisa ha sido, tristemente, mundanizar la Iglesia, en lugar de cristianizar el mundo.


He escuchado a muchos teólogos y me han parecido muy soberbios y muy racionalistas. Además van de intelectuales. Son muy teóricos y muy egoístas. Hablan de cosas que no han experimentado ni vivenciado. Creen pensando y no sentipensando a Dios.
Son los nuevos escribas. Jesús no escogió a ningún escriba o teólogo como discípulo.
No viven la GRATUIDAD. Que El Señor les quebrante (es una bendición)...

Estas aproximaciones a la realidad del Dios de la Fe y del Dios de los filósofos, no son más que el resultado de saciar, en parte, la sed en que todos los hombres deseamos saber, donde la verdad es el objeto propio de este deseo. Cada uno de nosotros busca descubrir más allá de lo conocido superficialmente, puesto que el hombre es el único ser en toda la creación visible
que no solo es capaz de saber sino que se da cuenta que se está dando cuenta y por eso se interesa por la verdad real de lo que se le presenta, nadie puede estar indiferente frente a la verdad de su saber.
El Dios de la Fe y el Dios de los Filósofos, Fe y Razón, son como las dos alas con la cuales el espíritu humano se eleva a la contemplación de la verdad. Y para alcanzar esa verdad se necesita llegar a una edad adulta donde el hombre pueda discernir con sus propios medios, entre lo que es verdadero y lo que es falso para lograr formarse un juicio propio sobre la realidad objetiva de las cosas.
Finalmente, desde mi punto de vista, Dios no se ha revelado para ser estudiado, sino para ser vivido. Sabe mucho más de Dios quien lo vive, que quien lo estudia, porque Dios se sigue revelándose a los pequeños y sencillos de corazón.


TEOLOGÍA SIN DIOS NO ES TEOLOGÍA

¿CÓMO VAS A COMPRENDER 
UNA CANCIÓN DE AMOR SI NUNCA 
HAS ESTADO ENAMORADO?

“Fuego, Dios de Abraham, Isaac y Jacob”, y no, Dios de los Filósofos y los sabios”. Es decir, que Pascal apuesta por el Dios Fuego, por el Dios vivo en contraposición a un Dios teórico o conceptual. Él experimentó al Dios vivo, al Dios de la Fe, y en tal vivencia transformadora, comprendió con asombro gozoso que la irrupción de la realidad de Dios es muy diferente en comparación con lo que la filosofía griega o la filosofía matemática de un Descartes pudieran explicar sobre Dios.
El Cardenal Joseph Ratzinger (actual Papa Benedicto XVI) señala que el Dios de la Fe es el Dios del Nombre, del monoteísmo, y el Dios de los filósofos es el de Aristóteles como el Dios concepto, el Dios Motor Inmóvil o el Dios garante de Descartes. Se debe tener presente que Blaise Pascal (1623‐1662) forma parte del pequeño grupo de filósofos que escriben para conocerse a sí mismos, dedican su vida a ello y no para resolver problemas conceptuales. La religión es vivencia, la filosofía es teoría, luego, el Dios de la religión es vivo y personal, mientras que el Dios de los filósofos, vacío y rígido.


miércoles, 18 de febrero de 2026

LIBRO "Y ERA DE NOCHE": UNA CRÓNICA DE TRAICIONES. BASADO EN UNA HISTORIA REAL por CHARLES THEODORE MURR

Y ERA DE NOCHE

UNA CRÓNICA DE TRAICIONES

BASADO EN UNA HISTORIA REAL


“Y ERA DE NOCHE” (una novela del autor Charles Theodore Murr) aborda la cuestión del efecto psicológico de la traición, no en el traidor, sino en el traicionado. ¿Qué significa para un hombre fundamentalmente bueno ser traicionado por alguien en quien confía implícitamente? Peor aún, ¿ser traicionado por un grupo de antiguos amigos que conspiran juntos, cada uno por sus propios fines egoístas? «Dios te ampare cuando un amigo se propone traicionarte», le dice un mentor a Charlie al inicio de Y Era de Noche. «Tus enemigos no pueden traicionarte, Charlie; solo un amigo puede hacerlo; pero cuando los amigos colaboran en una traición… ¿quién podría salir victorioso contra… toda una compañía de Judas?»

Ambientada en la capital italiana, el centro de México y Nueva York durante las décadas de 1970 y 1980, la intrincada trama de este libro es vasta y laberíntica. Aunque no es para los pusilánimes, la novela contiene una buena dosis de humor. (Un obispo particularmente inepto, por ejemplo, es “la nada hecha carne”; y una excéntrica madre general de Rímini, que se cree destinataria de revelaciones divinas, “no solo habla en lenguas, sino que evidentemente también piensa en lenguas”).

En conjunto, "Y Era de Noche" resulta difícil de clasificar. Como relato de un hombre bueno pero imperfecto en el sacerdocio, que busca su salvación con “temor y temblor” en México, recuerda a El poder y la gloria de Graham Greene. Por su galería de personajes absolutamente extravagantes y sus giros argumentales disparatados, evoca La conjura de los necios de John Kennedy Toole. Es también un roman à clef, una especie de ajuste de cuentas, una denuncia sin tapujos de la iniquidad humana, cuyo propósito es claramente poner nombres sobre la mesa.

Por encima de todo, sin embargo, es la historia de la vida de un hombre, narrada en forma de novela pero carente de la unidad artificial que una ficción puede lograr, participando así de la rareza y el misterio que caracterizan a toda vida humana. Charlie Murr, junto con el lector, se pregunta por qué Dios, en su providencia, permitió que le sucedieran cosas tan terribles y maravillosas.

En este último aspecto, Y Era de Noche recuerda un episodio de La Divina Comedia. En los cielos de Saturno, san Pedro Damián se adelanta a recibir al peregrino Dante, y este le pregunta por qué Dios lo eligió a él, entre todos los santos de aquel cielo, para ser portavoz. El santo responde: “El alma más iluminada del cielo, el serafín que fija más su mirada en Dios, no podría dar respuesta a tu pregunta”. La respuesta a tales interrogantes, dice, “se halla oculta en lo profundo del abismo de la ley eterna de Dios, de modo que la vista de cualquier criatura que Él creó queda apartada de ella”. Y concluye: si tales cosas son incognoscibles incluso para los bienaventurados en el cielo, ¡cuánto más escaparán a quienes aún habitamos en el mundo mortal!

En Y Era de Noche un hombre se plantea esas mismas preguntas sobre su propia vida y, al aceptar finalmente que de Dios no llegarán respuestas, encuentra en ello una respuesta. Como Job al final de la catástrofe, no queda con preguntas acerca de los cómos y porqués de Dios, sino con las preguntas de Dios hacia él mismo. Y, como Job, llega a comprender que las preguntas de Dios son mucho más saciantes que las respuestas de los hombres.

INTRODUCCIÓN

OTOÑO EN NUEVA YORK, 1994.

Por tercera vez en dos meses, nos reunimos en el mismo restaurante, en la esquina de la calle 61 con la 3a Avenida, y nos sentamos en la misma mesa apartada. Todo en la Isla de Capri era de estilo italiano antiguo, incluido el personal de camareros, todos hombres maduros. «Me gusta mucho este establecimiento», comentó mi nuevo amigo y saludó amablemente con la cabeza a una pareja que le sonreía desde el otro lado de la sala, pintada de rojo intenso. 
«Es un lugar seguro para conversar», me aseguró, también por ter­ cera vez en dos meses.

Yo acababa de terminar de leer "Los jesuitas" y había venido preparado para hacer preguntas, escuchar y aprender y, sobre todo, para deleitarme con la sagaz compañía del doctor Malachi Martín.
Pasamos bastante tiempo discutiendo nuestras opiniones ligeramente dis­tintas sobre los verdaderos villanos del Concilio Ecuménico Vaticano 11 y nos turnamos para destrozar a Pierre Teilhard. Coincidimos en el daño causado por los modernistas, Rahner, Kung, Congar, Schillebeecks y de Lubac, pero discrepamos sobre los principales actores posconciliares que se encargaron de llevar a la práctica de forma ultramoderna, la teoría modernista.

Todavía puedo oír la risa maliciosa de Malachi cuando recité una pequeña canción que había aprendido a principios de los años 70, entre clases, en el Café-Bar Gregoriana:

Schillebeecks, Rahner and Küng, 
Their praises are everywhere süng 
Says Ottaviani: "There'll be no domani, 
Untíl they are, each of them, hüng!" 
Schillebeecks, Rahner and Küng 
sus alabanzas se cantan por todas partes 
Ottaviani dice: "No habrá mañana 
Hasta que a todos los cuelguen!".


El cardenal Alfredo Ottaviani nos explica, de modo muy sencillo, en qué consiste el corrosivo laicismo. Dios quiera que volvamos a tener algún día cardenales como éste:
«Éstos son los frutos de la civilización laicista, de la anti-Iglesia, obtenidos únicamente por tener la satisfacción de gritar: “No queremos que Cristo, por mediación de su Iglesia, irradie su influjo en la sociedad”. Ha repudiado la caridad cristiana que actúa por la gracia de Dios, por amor de Dios. [...] Ésta es la gloria de la civilización laicista: la filantropía que no está hecha con la gracia de Dios no la avala la ayuda divina, porque se halla bien lejos de la fraternidad cristiana; es un desahogo del egoísmo individual, familiar, nacional. [...] ¿Qué ha sacado a la luz el laicismo? El placer, el placer hasta sus ultimas consecuencias, hasta la putrefacción, hasta aquel hábito luciferino de gozar, de gozar de cualquier cosa que pueda satisfacer estos apetitos bestiales que enervan [a la juventud]. [...] Ha repudiado la “pax” cristiana. Jesús ha dicho: “Os doy mi paz, os dejo mi paz, que no es la del mundo”. Pero el mundo ha querido “su” paz, el pacifismo de los laicistas. [...] Y las guerras se han multiplicado, llevadas a cabo con tanta ferocidad, sin distinción de golpes, con todos los horrores que hemos lamentado en la última guerra [mundial]» (Alfredo Ottaviani, «El baluarte», Barcelona: Ediciones Cruzado Español, 1962, pp. 44-45).

Un punto en el que estábamos en completo desacuerdo concernía a dos cardenales de la Curia romana: el francés Jean Cardenal Villot [secretario de Estado bajo Pablo VI, Juan Pablo I y, brevemente, bajo Juan Pablo II] y su aliado más cercano (y leal compañero de logia), el italiano Sebastiano Cardenal Baggio, prefecto de la Sagrada Congregación para los Obispos (dur­ante doce críticos años posconciliares). Villot dominaba y controlaba al papa Pablo VI, mientras que Baggio revolucionaba la Iglesia colocando "vescovi di sinistra" (obispos de izquierda) en prácticamente las 3,000 diócesis católicas en todo el mundo. Una vez más, denuncié el abominable papel de Baggio en la muerte del papa Juan PabloI. Una vez más, Malachi mantuvo que Villot había envenenado al pontífice.

Mientras que a mí me interesaba el notable conocimiento de Martin sobre los acontecimientos anteriores, durante e inmediatamente después del Con­ cilio Vaticano II, a él le interesaba mi conocimiento de las personas y situaciones de los años setenta y ochenta: Los cardenales Giovanni Benelli, Edouard Gagnon, Silvio Oddi, Pietro Palazzini, Darío Hoyos Castrillón; los monseñores Mario Marini, Giuseppe Lobina y Guglielmo Zannoni.

Aunque ambos coincidimos de nuevo en que Villot y Baggio eran los dos mayores villanos de la historia eclesiástica moderna, discrepamos en cuál de los dos era el peor. Hicimos un rápido repaso de nuestras dos últimas conversaciones sobre mi odisea romana/mexicana de 22 años. Justo cuando estaba a punto de atacar un plato humeante de penne arrabiata, Malachi me lanzó el desafío:

«O escribes esa historia o me das permiso y la escribo yo mismo». Le presté toda mi atención. «Ponerlo por escrito es el primer paso», continuó, «Tu his­toria, Charlie, es material para un éxito de taquilla. Veo una película, mejor aún», sus ojos se iluminaron, «una miniserie. "El pájaro espino"», ofreció un ejemplo brillante, «Te das cuenta, ¿no?». Hay suficiente material destacado y momentos culminantes en tu saga para tres, ¡quizás cinco libros!».

Le dije que escribiría mi historia. No obstante, le pedí al gran maestro de la ficción su inestimable ayuda y para mi alivio, Malachi aceptó. De noviem­bre a junio, elaboramos el esquema. Más tarde, añadió un miembro más al equipo, un hombre llamado "Chuck", su amigo de confianza y editor de libros. (Me emocionó descubrir que "Chuck" era el padre Charles Fiore, mi an­tiguo profesor de Cristología en Roma).

En junio de 1995, me fui a Austria a estudiar alemán y psicología. Las comunicaciones a larga distancia eran mucho más difíciles de lo que habíamos previsto. Capítulo a capítulo, envié y recibí «disquetes» a través del Atlántico de Martin y Fiore. Algunos llegaron dañados, otros nunca llegaron. Para com­plicar las cosas, Malachi estaba terminando "Wíndswept House: A Vatícan Novel".

Volví a Nueva York [en 1997) con una sobrecarga de trabajo excesiva, mien­tras continuaba mis estudios de posgrado en psicología en la Universidad de Nueva York. La escritura de mi novela se había detenido por completo.
De vez en cuando, Malachi y yo hablábamos por teléfono. Él terminaba todas las conversaciones con la advertencia: «¡Tienes que terminar tu libro!». 
Solo nos volvimos a ver una vez más para cenar, en la Isla de Capri, por supuesto. Poco después enjulio de 1999, el padre Fiore me llamó por teléfono para informarme de la prematura muerte de Malachi. Unos años más tarde, supe que el padre Charles "Chuck" Fiore también había fallecido.

La inspiración y la motivación para terminar mi libro parecieron morir con ellos.
HASTA QUE...
Hace dieciocho años (2006], recibí una llamada de unos amigos de Gua­dalajara, Jalisco. Pensaron que me gustaría saber de un libro recientemente publicado en México, especialmente porque yo estaba en uno de sus capítu­los, y porque parecía estar generando artículos similares.

El "libro" era el neplus ultra del amarillismo mexicano, un género literario que haría que los tabloides sensacionalistas estadounidenses más bajos, dis­ponibles para "mentes inquisitivas" en la mayoría de las cajas de los super­ mercados Piggly-Wiggly, se leyeran como sonetos shakespearianos. Es más, la única y "fiable" fuente de información del autor sensacionalista era uno de los sociópatas más notorios del centro de México: el infame narco-médico, doctor Jorge Mejía !turbe, alias «El Monje», alias Doctor Jorge Mejía Monje. (Cumpliendo una condena prolongada en una prisión federal mexicana, el doctor Jorge Mejía Iturbe no está disponible para hacer comentarios).

Después de leer varias páginas de la cloaca literaria, llamé por teléfono a dos amigos de toda la vida, ambos profesores de derecho; uno en la Ciudad de México y el otro en la ciudad de Nueva York. Ambos se opusieron a de­ mandar por difamación. Además de la enorme cantidad de tiempo y dinero que supondría una demanda de este tipo, señalaron la evidente futilidad de que un extranjero intentara demandar a una editorial mexicana, en México, bajo el código legal mexicano (napoleónico). Además, si por algún milagro el extranjero ganara, los tribunales mexicanos solo podrían concederle: 

1) una disculpa de sus detractores por escrito, 
y 2) 1,275 pesos mexicanos (11 dó­lares estadounidenses)en concepto de daños y perjuicios.

Seguí el consejo de mis abogados y no presenté la demanda. Sin embargo, eso no significaba que fuera a rendirme y hacerme el muerto. En 2006, volví a mi manuscrito sin terminar. Ocho meses más tarde, con 3,300 pá­ginas mecanografiadas, llamé a un viejo amigo en Roma, el periodista y escritor australiano Desmond O'Grady, quien accedió a editar el manuscrito completo que Malachi Martín me animó a comenzar en 1995. En 2009 se publicó "La sociedad de Judas".

Poco después de publicar La Sociedad de judas, me di cuenta dolorosamente de algunos errores estructurales y de estilo en el libro. La trama no tenía un desarrollo fluido. Había demasiados personajes para que el lector medio pudiera seguirlos. El lenguaje de los diálogos, especialmente el escrito en la lengua vernácula mexicana -aunque auténtico y fiel a la realidad- era a menudo demasiado vulgar y crudo para muchos de mis lectores.

El mayor error, sin embargo, fue haber "suavizado' el abominable estado moral y mental de uno delos personajes principales. El narco médico, "Doctor Jorge Menda", vivía una vida escalofriante, doble y triple llena de extor­siones, secuestros, torturas, violaciones, sodomías, asesinatos e intentos de asesinato internacional. Omití deliberadamente muchas de las escabrosas aventuras del médico y minimicé (o suavicé) muchas otras. Temía que mis lectores encontraran imposible de soportar la verdad completa sobre el mé­dico. Las personalidades de Jekyll y Hyde del "Doctor Jorge Menda" no sur­gieron de forma tan dramática y evidente como deberían haberlo hecho.
En cualquier caso, decidí que "La sociedad de Judas" necesitaba una reesc­ritura seria y, el año pasado, eso es exactamente lo que me propuse hacer, empezando por el nuevo título inspirado en [Juan 13:30]. 
"Y era de noche" está previsto que se publique en Navidad de 2024.
Para aquellos de ustedes que ya leyeron mi libro original, espero que esta novela "nueva y mejorada" no les decepcione.

Charles T. Murr
21 de enero de 2025

 
¿ES DE NOCHE EN LA IGLESIA? EDITADO-ILUSTRADO P. CHARLES MURR

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jueves, 5 de febrero de 2026

LA FALTA DE VALENTÍA (Y DE FE ) EXPLICA MUCHAS COSAS por BRUNO M.




LA FALTA DE VALENTÍA (Y DE FE ) 
EXPLICA MUCHAS COSAS

La valentía es parte de la virtud cardinal de la fortaleza y una parte esencial. Decía San Juan Enrique Newman que, sin el valor, el resto de las virtudes no pueden subsistir por mucho tiempo. Para ser prudente, casto, justo, magnánimo o sobrio y para practicar cualquier otra virtud es necesaria una dosis abundante (a veces, sobreabundante) de valentía.
Durante milenios, la valentía ha sido admirada en prácticamente todas las culturas y civilizaciones. Desgraciadamente, la nuestra parece ser una excepción, en la que los héroes han sido sustituidos por antihéroes, el bien por buenismo, las virtudes recias por valores light y el valor por la blandurronería o, directamente, por la cobardía.
Por desgracia, la Iglesia, que es la encargada de mantener las verdades que el mundo va olvidando, en este caso parece haberse contagiado del mismo mal. Y eso explica muchas cosas.
  • Por esa falta de valentía la jerarquía lleva décadas tolerando lo intolerable y permitiendo que, en nombre de la Iglesia, se prediquen el rechazo a la fe católica y el odio a la propia Iglesia. A pesar de que se trata de una pseudotolerancia evidentemente suicida y que nos va destruyendo a marchas forzadas.
  • Por esa falta de valentía se escriben innumerables documentos en los que no se dice nada, sabiendo que, cuando uno no dice nada, tampoco se expone a nada.
  • Por esa falta de valentía se ha cambiado la evangelización y la conversión de los pueblos a la fe por el diálogo interreligioso, que no compromete a nada ni molesta a nadie. Ni sirve prácticamente de nada, pero al menos permite fingir que se está haciendo algo.
  • Por esa falta de valentía, los obispos son incomparablemente más duros con los sacerdotes buenos y ortodoxos que con los que sacerdotes que odian la fe y no creen en nada, porque los primeros obedecen y callan, mientras que los segundos arman escándalos.
  • Por esa falta de valentía, miles de clérigos, especialmente obispos, hicieron un papel tan lamentable durante la pandemia, dejando abandonados a muchísimos de sus hijos, que murieron solos y sin sacramentos. Y todo eso con la repugnante y transparente excusa de que se hacía por caridad y para proteger a los fieles. A pesar de que unas pocas diócesis valientes, a las que Dios premiará, decidieron continuar sus actividades y no pasó absolutamente nada
  • Por esa falta de valentía, la inmensa mayoría de los obispos buenos se callaron vergonzosamente ante los patentes abusos contra la fe y la moral del pontificado anterior, a pesar de que bastaba con que hubieran hablado para que esos abusos no se hubieran producido, o al menos hubieran quedado desactivados, como muestra el caso de los obispos africanos y Fiducia supplicans. Porque los oponentes de la fe también son débiles y blanditos.
  • Por esa falta de valentía, las autoridades eclesiásticas se desmayan y piden las sales ante el solo pensamiento de pronunciar la palabra “adulterio”, de negar la comunión a los pecadores públicos o de enseñar las verdades difíciles de la fe y la moral católicas, por si acaso alguien, en algún lugar, fuera a sentirse ofendido.
  • Por esa falta de valentía, en los países antiguamente católicos campan a sus anchas el divorcio, el aborto, la eutanasia y otras inmoralidades, mientras los católicos y su clero, en el mejor de los casos, las rechazan de boquilla para no meterse en líos.
  • Por esa falta de valentía, en lugar de que los católicos anuncien el evangelio hasta los confines del mundo, hoy vienen a España los inmigrantes de Hispanoamérica a perder la fe, mientras que a los que vienen de países musulmanes u orientales nadie les evangeliza, no sea que nos vayan a acusar de proselitismo, de creer en la verdad o de ser políticamente incorrectos.
  • Por esa falta de valentía, como estaba claro desde el principio que iba a pasar, tras la ingrata cobardía de permitir que el gobierno forzara la exhumación de Francisco Franco, fundador de la abadía del Valle de los Caídos, vino la cobardía de sacrificar al prior de los benedictinos en un vano intento de congraciarse con los anticatólicos, seguida por la cobardía de colaborar con una humillante resignificación de la abadía y antes o después continuada, si Dios no lo remedia, por la dinamitación de la misma Cruz, el verdadero objeto de odio. Parece mentira que no hayamos aprendido aún que el único fruto de la cobardía es más cobardía y más desprecio por parte del mundo.
  • Por esa falta de valentía, unida a la falta de fe, tantos padres no transmiten la fe a sus hijos, tantos colegios “católicos” son un semillero de ateísmo, tantas universidades “católicas” solo enseñan herejías y tantísimos “católicos” se han adaptado a la amoralidad del mundo y son indistinguibles de él.
  • Por falta de valentía, la sal se ha vuelto sosa y solo sirve ya para tirarla al suelo y que la pisoteen las gentes. Mucho me temo que, al final, Dios tendrá que enviarnos una persecución para que despertemos. Luego nos quejaremos, pero nos lo hemos buscado. Miserere nobis, Domine, miserere nobis.
Arturo Periodista Católico: LA MASA OFICIAL

Con motivo de la visita de León XIV a España para estar 6 días, llegando el día 6 del mes 6, su maquinaria incansable de propaganda y marketing ha hecho un himno oficial titulado "ALZA LA MIRADA" y, como dice al respecto el artículo de Infovaticana:
Entre acordes previsibles y letra calculada, aparece el motivo central: “los que cruzan el mar buscando un hogar”. No es un detalle. Es el eje.
Nada se dice, en cambio, de los que ya están aquí. De los que no cruzan mares porque nacieron en esta tierra y ven, año tras año, cómo su entorno se transforma sin que nadie les pregunte. De los barrios donde la convivencia ha dejado de ser un hecho para convertirse en un experimento fallido. De las calles donde la inseguridad ya no es percepción, sino estadística. De los comerciantes que bajan la persiana antes de tiempo. De las mujeres que cambian de acera. De los niños que dejan de jugar donde antes jugaban.
El himno no los menciona. No existen.
La Iglesia española ha decidido mirar en una sola dirección. Y lo hace justo antes de una visita papal que, a juzgar por este adelanto, no vendrá a confirmar a los fieles en medio de sus dificultades concretas, sino a reiterar un mensaje ya conocido, ya repetido, ya asumido como dogma sociopolítico: la prioridad absoluta del migrante, convertido en símbolo moral incuestionable".

Estaría bien que de una vez despertara Infovaticana y entendiera que no estamos ante un papa, que el último papa canónico fue Benedicto XVI, el katejon del papado, a quien pedimos su intercesión para que proteja a España ante la inminencia de este viaje que desatará catástrofes y nada bueno para España.
Ante el himno oficial "Alzo la mirada", nuestra canción respuesta de la que te dejo la letra y música en el vídeo, para describir y denunciar la cruda realidad que padecemos en este Sábado Santo de la Iglesia:

Alzo la mirada por encima de la masa,
alzo la mirada más allá de lo oficial,
y me encuentro solo,
y no entiendo nada,
cómo es posible tanto ciego y tanta nada.
Alzo la mirada más allá de lo oficial,
alzo la mirada y ya nada es igual.
Todo es un engaño, una mala noche,
en una posada dominada por extraños.
Alzo la mirada y encuentro a un impostor,
es un lobo cruel que desgarra con dolor.
caballo de Troya para ser un destructor,
todos lo consienten, ya no saben qué es amor.
Alzo la mirada digo basta, conmigo no.
No me arrastrarán al falso Cristo, falso Señor.
Falso evangelio, falsa agenda y falso Dios,
falso seguimiento que acaba en el sheol.
Alzo la mirada y entiendo que todo está aquí,
gran apostasía con descaro ante mí.
Quiero liberarme de este trago que sabe a hiel,
el Señor me dice que ya viene, que sea fiel.
Digo no a los impostores, digo sí a la Señora,
digo no a los cobardes, mi esperanza es un amén,
la verdad no negociable que no pasa,
que ya llega pronto el amo a su casa.
Alzo la mirada y espero en ti Señor,
en este mundo apóstata que deforma la verdad,
el Señor está viniendo, el Señor reinará,
reinará el Señor, la Verdad nos liberará.

VER+:
















Nosotros los católicos lo que esperamos de nuestros pastores es que nos faciliten y defiendan el derecho que como fieles tenemos a practicar el culto y a recibir los sacramentos.

miércoles, 6 de agosto de 2025

"NO LES CREAN NADA" 💩 por WASHINGTON ABDALA


"NO LES CREAN NADA"

No les crean nada, 
se  pasan la vida hablando de lo bien inspirados que están, 
que los más desgraciados, 
que los más humildes, y no es así, es falso.
usan a los más desgraciados.

No les crean cuando invocan a los héroes,
lo hacen para usarlos, 
les importa muy poco la espada, el poncho, nada, 
sólo apelan a la mitología para hipnotizar, 
para mentir, y los hacen sin complejos.

No les crean nada cuando se les muestran abiertos, 
pero siempre, siempre están al servicio 
de un pensamiento autoritario, 
supremacista, apropiador de minorías, 
para desde esos colectivos, avanzar raudos 
hacia la verdad totalitaria de su mente. 

Nunca, pero nunca les crean 
que les importamos, nosotros,
los seres de carne y hueso, 
los que disentimos con ellos, 
los que no nos arrodillamos ante sus insolencias, 
porque ellos son capaces de afirmar 
que hasta nuestro relato les interesa.

Nada, no le interesamos nada, 
no le importamos nada;
es más, nos odian fervientemente, 
militantemente, explícitamente.
Nosotros, no. 

Sólo creemos que no tienen validez, legitimidad.
Nosotros no odiamos, sólo ignoramos, al mordaz, 
al falso, al que nos hiere y al que nos hiere a todos.
Nos indigna, sí, que usen los recursos, 
el dinero de todos para sus antojos.

Hablan del estado, y se lo apropiaron; 
se apropian de lo que es de todos, y lo malgastan,
Creen que el estado es un baño público cuando lo miran,
pero cuando buscan e dinero para hacer esos baños públicos,
lo desparraman en imbecilidades.
¿Cómo se llama el mal uso del dinero?

En el fondo no creen en el capitalismo; 
lo usan para un capitalismo de oportunidades, sus oportunidades.
No creen en la democracia, pero la invocan pero no la respetan.
Sólo creen en ellos, en sus barras, en sus amigotes, en sus negocios.
Es así, duele así. Son bravos, y están ahí arriba, y es nuestra culpa.
Algo habremos hecho para padecerlos.

Llorar menos, y resistir más.
Luchar con lo que se tenga, 
desde una pieza de ajedrez hasta un discurso.
Nunca con un arma, nunca matando, nunca con la violencia.
Y no dejarse pasar por arriba en el plano moral.
¿Quiénes son estos para dar cátedra moral?

sábado, 8 de marzo de 2025

JUAN MANUEL DE PRADA, UN DEJAVU DE FALACIAS por JAIME GURPEGUI 👺👾

Juan Manuel de Prada, 
un dejavu de falacias
Juan Manuel de Prada ha vuelto a hacerlo. En su último artículo para ABC, ha desplegado su retórica ampulosa para afirmar que las “derechitas valientes” y las “izquierdas caniches” no son fuerzas opuestas, sino parte de una misma farsa liberal que engaña a las masas.
Su objetivo esta vez es Javier Milei, a quien acusa de ser, en el fondo, una pieza más del engranaje globalista, pese a que es el primer presidente argentino en décadas en calificar el aborto como «crimen agravado por el vínculo».
Prada, en su afán de presentar a Milei y Trump como agentes del liberalismo corrosivo, omite descaradamente los hechos que contradicen su tesis. Se agarra a su teoría prefabricada y se niega a soltarla, aunque la realidad le grite lo contrario. Pero si algo ha quedado claro en los últimos años es que Milei y Trump han sido los únicos líderes en el mundo occidental que han desafiado abiertamente al progresismo hegemónico, razón por la cual han sido atacados sin piedad por los medios y el establishment globalista.

David de Maistre y el problema del «tradicionalismo pompier»

David de Maistre lo ha señalado con claridad en su artículo Contra Prada: manifiesto por la destrucción del tradicionalismo pompier. Prada es un escritor talentoso, sí, pero se ha convertido en un gurú de sí mismo, atrapado en un discurso que repite sin variaciones desde hace décadas. No aporta ideas nuevas, no construye estrategias políticas viables y, lo más grave de todo, desprecia a quienes realmente están dando la batalla contra la agenda globalista.
De Maistre desmonta con acierto el doble rasero de Prada cuando critica a las redes sociales como una “trampa del sistema para detectar y reprimir la disidencia”. ¿Y los medios donde escribe él? ¿O acaso ABC y la SER no forman parte del “sistema” que denuncia? Si Prada escribe en un periódico «mainstream» está combatiendo al poder, pero si otros lo hacen en redes están siendo manipulados por él? Es un discurso incoherente y, en el fondo, profundamente cínico.

Un enfant terrible muy bien tratado por el sistema

Porque si hay algo que define a Prada es su capacidad para ser el eterno «enfant terrible tolerado», el heterodoxo de salón, el disidente controlado. Prada critica a la plutocracia mientras cobra de ABC, un periódico descaradamente liberal, globalista y, en lo moral, abiertamente woke. Prada se queja de que el sistema encierra a los disidentes en un gueto para neutralizarlos, pero ¿qué mayor gueto que ser el bufón provocador en un periódico que representa exactamente aquello contra lo que dice luchar?

Prada puede jugar a ser un azote de la modernidad, pero su rebeldía tiene un techo muy cómodo. No se le ve sufriendo la cancelación, ni siendo expulsado de los medios como tantos otros que han defendido de verdad posiciones políticamente incorrectas. Mientras Trump y Milei se juegan el todo por el todo en la arena política, Prada recibe los mimos de figuras como Julia Otero, que lo trata con ese paternalismo condescendiente que los progres reservan para sus «disidentes favoritos». Puede sentarse con ella, reírle las gracias a Pablo Iglesias y seguir con su vida como si nada.
Porque esa es otra: Prada no tiene problema en confraternizar con la izquierda mediática, pero es implacable con aquellos que se baten el cobre contra ella. Con Iglesias todo son sonrisas y halagos mutuos, pero a los que están en la arena política real les dedica su tono más farisaico. Nunca verá con buenos ojos a alguien como Trump o Milei, porque él es incapaz de aceptar que el combate contra el progresismo se da en frentes que no pasan por la literatura ni la teoría pura.

Prada necesita presentar a Milei y Trump como marionetas del liberalismo porque su visión del mundo exige que todo sea parte de un gran engaño. Pero lo cierto es que ambos han demostrado con hechos que son las mayores amenazas al orden globalista en sus respectivos países.
Milei no solo ha sido el presidente argentino más radicalmente antiabortista, sino que ha dejado claro su desprecio por la ingeniería social de la izquierda. Su liberalismo económico no es el libertinaje progresista que Prada pretende hacer creer, sino una defensa de la propiedad y la libertad frente a un Estado que ha sido el principal instrumento de la izquierda para imponer su agenda.

Con Trump ocurre lo mismo. Prada lo incluye en su ataque generalizado contra el liberalismo, pero ignora que Trump ha sido el único presidente de EE.UU. en décadas que realmente desafió al establishment. Fue el primer presidente en participar en la March for Life, nombró jueces que terminaron tumbando Roe v. Wade y desmanteló políticas de género en la administración pública. ¿Cómo puede Prada hablar de él como si fuera un cómplice del «sistema» cuando fue el único presidente en décadas que el sistema se propuso destruir a toda costa?
No olvidemos que Trump no solo enfrentó a la maquinaria del Partido Demócrata, sino también a los burócratas del Estado profundo, los grandes medios, Silicon Valley y el sistema financiero globalista. Su veto a la financiación pública de clínicas abortistas, su oposición a la ideología de género en las escuelas y su enfrentamiento con el lobby globalista de Davos prueban que su batalla fue real, no un teatro para engañar a las masas.

El problema de Prada es el mismo que De Maistre ha señalado en su crítica al “tradicionalismo pompier”: un desprecio absoluto por la política real y un repliegue en la comodidad del derrotismo. Su discurso no es una estrategia para recuperar la civilización cristiana, sino una excusa para no hacer nada. Si Milei y Trump son tan terribles como el progresismo, ¿qué alternativa nos ofrece Prada?
Su idea de que la política es una farsa y que solo importa la “comunidad espiritual” es una invitación a la irrelevancia. Prada no quiere restaurar nada; quiere ser un predicador de la derrota, el profeta que anuncia el desastre sin hacer nada para evitarlo. No quiere una batalla cultural, porque le parece “ridícula”; no quiere redes sociales, porque están controladas por el sistema; no quiere nada que implique luchar en el mundo real, porque en el fondo le aterra perder su púlpito de crítico omnisciente.

Prada quiere ser el pensador incómodo, el gran «disidente» del sistema, pero vive muy bien dentro de él. Es el enfant terrible que el sistema tolera porque sabe que no representa una amenaza real. Mientras Milei y Trump se juegan el todo por el todo en la arena política, él sigue cobrando del ABC, recibiendo los aplausos de la progresía domesticada y asegurándose de que nunca se le confunda con esos «vulgares políticos» que sí están dando la batalla.
Lo peor no es su hipocresía, sino su agotadora previsibilidad. Leer un artículo de Prada produce cada vez más una somnolienta sensación de Día de la Marmota. Siempre la misma matraca, la misma diatriba, el mismo lamento fatalista. Prada no busca cambiar nada, solo reafirmarse en su discurso inmutable. Pero la historia no la hacen los que se quejan sin descanso, sino los que se atreven a actuar.