EL Rincón de Yanka: enero 2020

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viernes, 31 de enero de 2020

ROGER SCRUTON: "LAS SOCIEDADES NO DURAN SI SUS MIEMBROS NO SON CAPACES DE SACRIFICIO" 💡



El conservadurismo 
"Las sociedades no duran si sus miembros no son capaces de sacrificio. El sentido de lo sacrificial permea toda la obra de Scruton. Es indisociable del sentido de lo sagrado, y ambos se están perdiendo a toda velocidad en nuestro mundo contractual de maximización de utilidades". "Ningún contrato moverá al soldado a entregar su vida por su país, ni a una madre a sacrificarlo todo por sus hijos", ni a una pareja a vincularse hasta que la muerte la separe".
¿No es el conservadurismo evidente por sí mismo? No. La ideología dominante es progresista

A Roger Scruton (1944) le apasionan muchas cosas: el arte, la música, la filosofía, la religión, la política, la universidad, la biología, la neurociencia… Su enorme cultura le permite ser muy crítico con las modas y los tópicos intelectuales, y su brillantez oral y escrita le ha convertido en referencia intelectual obligada.

El domingo 12 de enero de 2020 murió Sir Roger Scruton. Su muerte física fue precedida por la civil —o quema del hereje en el cadalso de la corrección política— a cuenta de las opiniones "supremacistas blancas, homófobas y sexistas" vertidas hace unos meses en una entrevista del New Stateman que dio pie a su expulsión (¡por el gobierno "conservador" británico!) de la comisión "Building Better, Building Beautiful". "Nadie con las ideas de Scruton tiene sitio en una democracia moderna", sentenció el diputado laborista Andrew Gwynne.

Sir Roger afrontó ambas muertes con la entereza elegante de un gentleman victoriano (ese biotipo en extinción, junto a tantas otras fibras de la identidad británica, como lamentó en su libro England: An Elegy, teñido de una melancolía que recuerda a la de la poesía de Philip Larkin). Se le diagnosticó su enfermedad en julio de 2019: "Mi reumatólogo me habla de mi conferencia sobre Parsifal…; alarmado por lo que ha visto en el scan, me pone en manos un oncólogo, que comienza a trabajar conmigo inmediatamente, pues de lo contrario podría estar muerto de cáncer en una semana. Esa semana se ha prolongado por el momento, pero, ¿por cuánto tiempo más? […] Sin embargo, como ocurrió con la entrevista diseñada para destruirme, lo bueno sobrepuja a lo malo. Nunca antes me habían llegado tantas muestras de afecto, y gracias a mi oncológo he sido capaz de seguir trabajando en mi escritorio […]". En A Political Philosophy, Scruton había escrito que el conservador sabe que su lucha contra el caos está condenada a fracasar finalmente frente a la segunda ley de la termodinámica: "La entropía siempre crece, y todo sistema, todo organismo, todo orden espontáneo sucumbirá tarde o temprano al caos. Sin embargo, aunque eso sea cierto, no por ello el conservadurismo es un empeño vano en cuanto práctica política, igual que la medicina no es fútil simplemente porque 'a largo plazo, todos muertos'. Más bien deberíamos reconocer la sabiduría de Lord Salisbury cuando señaló que 'el aplazamiento es vida [delay is life]'".

La última frase del último artículo de Scruton es: 
"Cuando te acercas a la muerte, empiezas a comprender lo que significa la vida, y lo que significa es gratitud". 
La gratitud por —y la afirmación de— lo bueno, lo verdadero y lo bello es la esencia del conservadurismo de Scruton. Solía repetir que el conservadurismo trata sobre el amor, y por tanto, la voluntad de preservar todo lo valioso que hemos recibido de los antepasados. El conservador sabe que "las cosas buenas son destruidas fácilmente, pero es mucho más difícil crearlas. Eso es especialmente cierto en lo que se refiere a bienes colectivos como la libertad, la civilidad, el espíritu público, la seguridad de la propiedad y la vida de familia" (How To Be A Conservative).
Cuando te acercas a la muerte, empiezas a comprender lo que significa la vida, y lo que significa es gratitud
¿No es el conservadurismo evidente por sí mismo? No. La ideología dominante es progresista: el pasado fue una larga noche de machismo, homofobia, racismo y dominación de clase; "antiguo" es sinónimo de opresivo y discriminatorio; el "argumento" ¡¿pero no querrás hacernos retroceder X años?! zanja cualquier discusión.

Nacido en 1944 en una familia humilde, con un padre socialista y amante de la naturaleza (una pasión heredada por Scruton, experto caballista, dueño de una granja y autor de una Green Philosophy, que lamenta que el ecologismo haya sido secuestrado por la izquierda, y sostiene que el conservador debe aspirar a la preservación de la belleza paisajística), Scruton, estudiante excepcional, comenzó imbuido del progresismo que ya en los 60 era la cosmovisión por defecto en Oxbridge. Su caída del caballo tuvo lugar en el Mayo del 68 parisino, al que asiste en directo como estudiante de posgrado. "Estaba en el Barrio Latino viendo a los estudiantes volcar coches, romper ventanas y lanzar adoquines, y por primera vez en mi vida sentí una oleada de indignación política. De repente me di cuenta de que estaba en el otro bando. […] Cuando pregunté a mis amigos qué intentaban lograr, todo lo que me contestaron fue un centón de perezosos tópicos marxistas. Me irritó y pensé que debía de haber un camino de regreso a la defensa de la civilización occidental". Los soixante-huitards habían gozado todas las bendiciones de esa civilización: prosperidad (Francia crecía al 5% anual en los 60), acceso a la educación superior (200.000 universitarios en 1958, 500.000 en 1968), libertad, democracia… Su reacción era considerar todo ello un engaño fascista –la libertad es "libertad": las comillas despectivas fueron la gran aportación intelectual del 68— y/o un aburrimiento ("Ya no hay Guernica, ya no hay Auschwitz, ya no hay Hiroshima. ¡Bravo! Pero, ¿y la imposibilidad de vivir, y la mediocridad asfixiante, y la ausencia de pasión?", escribió Raoul Vaneigem, uno de los "situacionistas", tan influyentes en el 68). Como rechazo a la forma de vida de sus padres –la generación que había sufrido la ocupación nazi, la dura reconstrucción, la guerra de Argelia…— decidieron hacerse maoístas (justo en el momento en que la Revolución Cultural arrasaba en China cualquier vestigio de civilización).

En realidad, los sesentayochistas no tenían ningún recambio realista al prosaico bienestar y la "falsa libertad" de sus padres: lo suyo era la negación por la negación, el "gran rechazo" que había cantado Marcuse en El hombre unidimensional. Pero tampoco Marx o Lenin disponían de una alternativa viable –como testimoniaba el fracaso del socialismo, suficientemente patente en 1968 para quien quisiera saber— al orden liberal-conservador-capitalista laboriosamente generado mediante ensayo y error a través de milenios de historia occidental. Si la esencia del conservadurismo es la afirmación, la conservación y el amor –pues "lo bueno sobrepuja a lo malo"— la de la izquierda es la negación, la destrucción y el odio. Scruton dedicó a mediados de los 80 una obra (Fools, Frauds, and Firebrands: Thinkers of the New Left) a la refutación de los mâitres-à-penser del 68, los Sartre, Foucault, Althusser, Lacan, Deleuze… En el capítulo de conclusiones de ese libro –que desencadenó una tormenta de críticas y terminó precipitando su salida de la Universidad— viene a decir que, vista la pasión con la que la izquierda rechaza a la derecha ("una vez identificado como de derechas […], tus opiniones son irrelevantes, tu reputación está ensuciada, tu presencia en el mundo es un error: ya no eres un oponente al que se deba contraargumentar, sino una enfermedad que debe ser curada"), uno tendería a pensar que la izquierda posee un modelo de recambio infinitamente mejor. Sin embargo, "abarcando con la vista el paisaje desolado que he recorrido en este libro, encuentro solo negaciones". La izquierda es como el Mefistófeles de Fausto: "el espíritu que siempre niega", "un grito que condena lo vigente en nombre de lo incognoscible [a cry against the actual on behalf of the unknowable]". La izquierda "representa como 'estructuras de dominación' todo lo que los demás consideran simplemente instrumentos del orden civil": familia, empresa, mercado, moral sexual, propiedad, religión, nación, escuela (al menos, la escuela "tradicional", dedicada a la transmisión del conocimiento), asociaciones voluntarias (los little platoons de Burke, que Scruton tenía siempre en los labios).
Una vez identificado como de derechas […], tus opiniones son irrelevantes, tu reputación está ensuciada, tu presencia en el mundo es un error
Antes de abandonar una Universidad ya convertida en feudo neomarxista, Scruton tuvo tiempo de asistir a la victoria de Margaret Thatcher (1979). Su relación con el thatcherismo fue ambigua: de un lado, saludaba la aparición de una derecha intelectualmente asertiva y la apuesta por el mercado, las privatizaciones y el aligeramiento del Estado. Sin embargo, Scruton lamentaba la estrechez de una visión economicista, que pretendía ganarle la batalla intelectual a la izquierda solo a base de "soluciones de mercado", "economía del lado de la oferta" y "soberanía del consumidor". "Creo que la libertad no es una respuesta suficiente a la pregunta sobre aquello en lo que creen los conservadores" (How To Be a Conservative). Y no porque la libertad no sea un valor, sino porque es un valor penúltimo: "Como Matthew Arnold, yo creía que la libertad es un excelente caballo para cabalgar, pero para cabalgar a algún sitio". La libertad es valiosa de manera instrumental, si sirve para alcanzar fines valiosos. El liberalismo, para tener sentido, presupone una jerarquía objetiva de valores: o sea, el liberalismo necesita al conservadurismo.

Scruton rechazaba la famosa afirmación de Thatcher "no existe la sociedad". En el fondo, piensa Scruton, Thatcher sabía que la economía de mercado solo podía funcionar en un marco político-cultural muy específico, integrado por elementos que están más allá de la economía. Uno de ellos es, por ejemplo, el Estado-nación: "sus discursos más importantes, y también sus políticas, derivaban de una conciencia de lealtad nacional". Pero Thatcher, que era una patriota, no sabía expresar su patriotismo en lenguaje thatcheriano: "La lástima era que no tenía una filosofía con la que articular ese ideal". El neoliberalismo se le quedaba corto.

Y sí, otro de los aspectos del conservadurismo de Scruton –compatible con el liberalismo económico, aunque no con el fundamentalismo libertario— es el nacionalismo. Es una faceta de su pensamiento que se reforzó después de su estrecha colaboración con disidentes anticomunistas en la Europa central de los 80: "Sentí una inmediata afinidad con aquella gente. Y comprobé que nada era más importante para ellos que la supervivencia de su cultura nacional". Ardiente defensor del Brexit, Scruton piensa que la mano invisible de Adam Smith requiere un marco de corresponsabilidad basado en cierta identidad común: "Un mercado puede conseguir una asignación racional de los bienes y servicios solo allí donde hay una confianza previa entre los participantes" (How To Be A Conservative). Y la confianza previa se da entre los compatriotas, los que comparten un sentido del "nosotros" nacional (que se extiende, no solo a la generación actual, sino, como quería Burke, "a los muertos, los vivos y los que han de nacer"): "la sociedad [nacional] es una herencia compartida en aras de la cual estamos dispuestos a hacer sacrificios, que nos permite sentirnos parte de una cadena de transmisión y recepción, y reconocer que no tenemos derecho a estropear las cosas buenas que heredamos". El Estado-nación es también el ámbito natural para el ejercicio de las libertades democráticas: "Es porque somos capaces de definir nuestra ciudadanía en términos territoriales que, en los países occidentales, disfrutamos de las libertades elementales" (Scruton contrapone la territorialidad liberal de las naciones occidentales a la universalidad teocrática de la umma islámica, que no reconoce fronteras). "La democracia necesita fronteras, y esas fronteras son las del Estado-nación" (How To Be A Conservative).

El liberalismo economicista de los thatcherianos se quedaba corto también en otro aspecto: no tenía conciencia de la irremplazabilidad de instituciones como la familia; o bien, daba su conservación por supuesta, sin comprender su rápido deterioro, fruto a su vez de esa liberación de las costumbres que fue el verdadero legado de los nihilistas de 1968.

El fundamentalismo libertario saluda la disolución de los vínculos familiares (ataduras insufribles de la libertad individual), o bien concibe el matrimonio como un contrato que debe ser fácilmente rescindible. Scruton escribió páginas muy profundas sobre la diferencia entre "contrato" y "voto" [vow], y lamentó la contractualización libertaria de los votos. Un contrato contempla obligaciones definidas, y tiene una duración limitada. Un voto, en cambio, implica "una mutación existencial": "Los votos son compromisos indefinidos […], vinculan a las partes en un destino compartido". "Un voto es una entrega definitiva de sí mismo, en la cual se invita al otro a confiar. El paradigma de esto es el matrimonio, tal como fue concebido hasta hace poco". "Las sociedades que ya no insisten en ese compromiso, o que permiten la erosión del matrimonio, primero mediante su redefinición como un simple contrato, y después como una opción que los padres pueden o no elegir, son sociedades que ya no ofrecen seguridad a los hijos" (The Soul of the World). "En toda sociedad sostenible, el orden de los acuerdos voluntarios está enmarcado por otro orden en el que las obligaciones son trascendentes, los vínculos sagrados".
"Las sociedades no duran si sus miembros no son capaces de sacrificio"
"Las sociedades no duran si sus miembros no son capaces de sacrificio". El sentido de lo sacrificial permea toda la obra de Scruton. Es indisociable del sentido de lo sagrado, y ambos se están perdiendo a toda velocidad en nuestro mundo contractual de maximización de utilidades. "Ningún contrato moverá al soldado a entregar su vida por su país, ni a una madre a sacrificarlo todo por sus hijos", ni a una pareja a vincularse hasta que la muerte la separe.

Una sociedad necesita, pues, un sentido de lo sagrado. Los compromisos familiares definitivos (de los cónyuges a la manera tradicional, y de los padres con sus hijos) apuntan a lo sobrenatural. También lo hace la experiencia estética, a la que Scruton dedicó varios libros: "la música nos transporta más allá de los límites de la realidad natural", y la belleza parece no ser de este mundo (tuvo el valor de denunciar la impostura del arte posterior a las vanguardias de los años 20, y la inhumanidad de la arquitectura racionalista post-Bauhaus. Y nuestra aspiración al conocimiento, que va más allá de las necesidades prácticas de supervivencia: "podríamos haber evolucionado como especie sin necesidad de entender el reino de las verdades matemáticas […], nuestra curiosidad se extiende infinitamente más allá de los problemas que necesitamos resolver" (The Soul of the World).

Con todo, que necesitemos o presintamos lo sobrenatural no implica de suyo que lo sobrenatural exista. Scruton, que tocaba el órgano en la iglesia anglicana local (pero el anglicanismo es ya solo estética, no teología), era ambiguo sobre la cuestión de la existencia de un Dios personal. "No puedo responder la pregunta de cómo un ser que existe fuera del espacio y el tiempo pueda manifestarse dentro de ellos. Pero tampoco puedo responder la pregunta de cómo un ente puede ser un organismo [sujeto al determinismo físico-químico] y al mismo tiempo un sujeto libre que está llamado a dar cuenta de sus actos con razones". O sea, que Dios es un misterio, como lo es la libertad humana (según terminó reconociendo Kant, que concibió a ambos como "postulados de la razón práctica" incomprensibles por la razón teórica). "La fe nos pide que aprendamos a convivir con misterios, que no los borremos, pues al borrarlos estaríamos borrando también el rostro del mundo" (The Soul of the World).

Dios es un misterio, como lo es la libertad humana

Espero que Scruton haya entendido ya que su combate por la verdad, la belleza y la justicia era algo más que un aplazamiento salisburyano de la victoria final de la nada.


PERLAS DEL PENSAMIENTO SCRUTONIANO
  • La búsqueda de la belleza hace del mundo nuestro hogar, amplía nuestras alegrías y consuela nuestras penas.
  • El relativismo es el primer refugio de los canallas.
  • Un filósofo que diga “no hay verdades, solo opiniones”, se arriesga a que le pregunten: “¿Eso es una verdad o una opinión?”
  • Una sociedad libre es una comunidad de seres responsables, unidos por la benevolencia y las obligaciones del amor familiar.
  • El matrimonio no existe para beneficio de la presente generación, sino de la siguiente.
  • El vino no solo es un objeto de placer, sino de conocimiento.
  • La belleza está amenazada por el culto a la fealdad en el arte, y por el culto a lo útil en la vida ordinaria.
  • Para ser original, un artista también debe pertenecer a la tradición de la que parte.
  • Ser impopular nunca es fácil, aunque serlo por una buena causa es una garantía frente a la desesperación.
  • La música es el ejemplo perfecto de algo que está en este mundo pero que no es de este mundo.
  • Cuando los políticos fallan, sus esfuerzos no se dirigen a cambiar, sino a cambiar la creencia de la gente de que ellos han fallado.
  • En ausencia de una religión organizada, el único vehículo de redención es el arte.
  • El feísmo convirtió el arte en una broma que hace ya tiempo dejó de tener gracia.
  • Los grandes artistas del pasado sabían que la vida está llena de sufrimiento, pero tenían un remedio: la belleza.
  • La obra de arte bella trae consuelo en la tristeza, afirmación en la alegría, y muestra que la vida vale la pena.
  • Nuestras instituciones docentes han dejado de salvaguardar la cultura, al tiempo que la vida pública se ha imbecilizado de forma deliberada.
  • La oración y la penitencia se han interrumpido, pero no olvidado. Así que la vida ética sigue siendo posible para quienes deseen recuperarla en las catacumbas de la alta cultura.
  • Confucio no ofrecía una filosofía, pero nos animaba a vivir como si nuestros actos tuvieran consecuencias eternas.
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jueves, 30 de enero de 2020

LIBERTAD Y CEREBRO: LA MENTE NO ES UNA EMANACIÓN DEL CEREBRO 🔍


La mente 
no es una emanación del cerebro, 
El cerebro es un órgano tangible del cuerpo, que forma parte del sistema nervioso central. La mente forma parte del mundo invisible y trascendente de cada persona. El problema de la mente y el cerebro, es que, siendo dos realidades perceptibles e irreductibles, no se pueden desvincular entre sí.
La Neurobiología es una de las áreas más dinámicas y de mayor expectativa social de la investigación biomédica. Ello se debe al auge de las nuevas tecnologías que permiten hoy analizar con más profundidad que nunca las causas de las enfermedades mentales y neurodegenerativas, quedando abierto además un espacio de discusión sobre la relación entre el cerebro y la mente.
Aunque sobre la relación entre la mente y el cerebro se han vertido chorros de tinta, las ideas que van surgiendo a raíz de los últimos avances consecuencia de proyectos multinacionales, hace necesario abundar sobre el significado de ambos conceptos. El cerebro y la mente no son lo mismo.
El cerebro es un órgano tangible del cuerpo, que forma parte del sistema nervioso central y que se encuentra alojado en la parte anterior y superior de la cavidad craneal. La mente forma parte del mundo invisible y trascendente de cada persona, al que se asocian la consciencia, la memoria, la voluntad y toda la serie de procesos psíquicos, que en el ser humano adquieren una dimensión superior respecto al resto de las criaturas sintientes.
El cerebro es un órgano material, con sus limitaciones determinadas por su composición a base de neuronas, vasos sanguíneos y demás elementos, mientras que la mente es abierta y potencialmente moldeable e ilimitada en sus capacidades de conocimiento y flexibilidad, en función de la voluntad y el deseo de cada persona. La mente es inmaterial y para desarrollar sus funciones impregna a todo el ser humano, no sólo las células y demás componentes cerebrales.
El hecho de la relación inseparable de la mente y el cerebro no implica una supeditación de una a la otra de ambas realidades, como si una fuese la consecuencia de la otra
El problema de la mente y el cerebro, es que, siendo dos realidades perceptibles e irreductibles, no se pueden desvincular entre sí. El filósofo José Luis González Quirós dice que «el problema de la naturaleza de lo mental no puede separarse del problema de la naturaleza, porque mente y naturaleza son ámbitos de la realidad que no se presentan separadamente» [1].
Pero el hecho de la relación inseparable de la mente y el cerebro no implica una supeditación de una a la otra de ambas realidades, como si una fuese la consecuencia de la otra. Algunos científicos se empeñan en materializar la mente y tratan de explicar –que no de demostrar-, la existencia de un determinismo biológico de nuestra conciencia, y como consecuencia de nuestra conducta. De ser esto cierto, quedaría condicionada nuestra libertad, y todo lo espiritual se convertiría en una secreción del cerebro, como piensa por ejemplo el neurofisiólogo portugués Antonio Damasio, Premio Príncipe de Asturias en 1985 [2]. Si así fuese, las actividades humanas estarían dominadas por un automatismo al dictado de las neuronas y nosotros seríamos unas marionetas sujetas por los hilos del gran órgano rector, que sería el cerebro.

En el otro extremo se sitúan los metafísicos y racionalistas que, con una concepción dualista, consideran el cuerpo como una realidad separada y sometida a los dictados de un espíritu trascendente, algo complicado de explicar sin que medie un atrevido salto al vacío y la especulación.
En realidad, lo que caracteriza a los seres humanos, son sus dos realidades biunívocamente unidas y complementarias, cuerpo y alma –cerebro y mente-. Suele tenerse como una definición clásica del término persona la del filósofo romano Boecio (480–525), según el cual la persona es «sustancia individual de naturaleza racional».
Al margen de los significados, a principios del siglo XXI, las neurociencias, sobre la base del magnífico conocimiento adquirido sobre el cerebro, tratan de reducir la mente, la sustancia racional, a lo puramente material. Esta visión reduccionista se parece mucho a lo que ocurrió a principios del siglo XX, cuando emergió la ciencia de la Genética, tras el descubrimiento de las leyes de la herencia. Entonces fueron los genes, los que se convirtieron en los responsables de todo, los caracteres físicos las enfermedades, el comportamiento, la inteligencia, etc.
Ni somos esclavos de nuestros genes, ni nuestros actos obedecen automáticamente a lo que dictan nuestras neuronas
Ahora son las neuronas las responsables de los pensamientos, la voluntad y todas las demás manifestaciones de la mente, como simples reacciones a los estímulos del mundo exterior de cada persona. Los riesgos de esta visión materialista son evidentes si pensamos en las consecuencias de lo que ocurrió en la década de 1920, hace ahora un siglo, cuando se deshumanizó la sociedad y surgió la eugenesia social, un movimiento que justificaba la búsqueda de la perfección y el mejoramiento de los seres humanos mediante acciones concretas sobre las poblaciones.
Sus doctrinas no sólo eran populares, sino que se pusieron en práctica con leyes que restringían severamente la inmigración y el matrimonio en función de la calidad genética, o llevaron a la institucionalización y esterilización de decenas de miles de ciudadanos en países desarrollados, llegando a justificar el racismo, cuna del nazismo y los nacionalismos supremacistas.

Aquello se apagó, cuando se profundizó en el conocimiento de lo que realmente diferencia lo genético de lo adquirido, lo hereditario de lo cultural. Así, quedó demostrado gracias a grandes genetistas como el americano de origen ucraniano Theodosius Dobzhansky (1900-1975), que entendió que, al margen de los genes «la especie humana ha evolucionado de un modo único para componérselas con el ambiente. Este modo es la cultura. La cultura no se transmite de generación en generación, por medio de los genes, aunque esa sea la forma en que se transmite su base biológica» [3].

Ni somos esclavos de nuestros genes, ni nuestros actos obedecen automáticamente a lo que dictan nuestras neuronas.

La investigación del cerebro puede explicar muchas cosas sobre la fisiología del sistema nervioso, el funcionamiento de las neuronas, las redes neuronales, y las causas de muchas enfermedades mentales y neurodegenerativas, pero esto no es suficiente para explicar la conciencia y la voluntad. El trabajo sobre cómo funciona la interfaz mente-cerebro es arduo y difícil dada la naturaleza inmaterial de uno de los componentes del dilema. Decía nuestro premio Nobel de Medicina, Santiago Ramón y Cajal (1852–1934) que «pasarán siglos y acaso millares de años antes de que el hombre pueda entrever algo del insondable arcano del mecanismo no solo de nuestra psicología, sino de la más sencilla, de un insecto» [4].
Las neuronas son componentes del cerebro, no de la mente, y sus respuestas a estímulos externos son de tipo electroquímico, no una actividad autónoma que explique la conciencia. La mente, mediante un proceso de deliberación y contrastación psicológica, es la que dicta las órdenes y determina la decisión a adoptar ante un estímulo externo, si bien, puede haber diferentes niveles de reacciones que van desde lo meramente instintivo y reflejo a lo racional, en que sería imposible la autonomía del cerebro. El sistema nervioso no es el responsable de nuestros actos, sino en todo caso su brazo ejecutor.

El Prof. José Luis Velayos, Catedrático Honorario de Neuroanatomía de la Universidad de Navarra, señala las importantes diferencias en el funcionamiento de la mente y el cerebro humano respecto a los animales: «La uniformidad en el obrar de los animales tiene que ver con los instintos, ya que siguen de forma necesaria lo que les indican los mismos. El hombre, en cambio, puede dominar la esfera inferior, puede salirse del presente y proyectarse hacia el futuro, pues conoce que conoce, piensa que piensa. […] No hay una explicación neurocientífica definitiva de cómo se produce la consciencia, a pesar de que existen zonas en el encéfalo que intervienen en la elaboración de la misma. En consecuencia, no se puede ejercer la libertad en el sueño, en el estado de coma, en el Alzheimer, etc.; y la libertad está cercenada en situaciones de miedo, de coacción, de amenaza, en la embriaguez, etc». [5].

Si el cerebro fuese un aparato que dictase nuestras acciones de forma automática y las neuronas o los genes, fuesen los dueños de nuestras capacidades y de nuestros actos, habría perdido su sentido el esfuerzo, la conducta exploratoria, la voluntad, la libertad y todas las demás facultades relacionadas con el deseo de progresar o adaptarse al medio en que vivimos y de ser lo que somos o lo que queremos ser. Sería la negación de lo más genuinamente humano, su racionalidad.

[1] J.L. González Quirós. Mente y cerebro, (Iberediciones, Madrid 1994)
[2] A. Damasio, Y el cerebro creó al hombre. (Ed. Destino-Planeta, Barcelona 2010).
[3] Th. Dobzhansky. Diversidad genética e igualdad humana. (Labor, Barcelona 1978).
[4] S. Ramón y Cajal, Recuerdos de mi vida, (Crítica. Barcelona 2006).

Libertad y cerebro

Por José Luis Velayos, Catedrático Honorario de Anatomía y Neuroanatomía de la Universidad de Navarra. Catedrático Honorario de Neuroanatomía de la USP CEU. Catedrático de Anatomía en la Universidad Autónoma de Madrid.

La pasión por la libertad es uno de los signos positivos de nuestro tiempo. La libertad es el mayor don del hombre. Por la libertad, el ser humano puede elegir entre el bien y el mal; y eligiendo el bien hace un uso adecuado de la misma; pues así como el ojo es para ver, la libertad está dirigida al bien.
En el animal, la relación de un objeto con una imagen o un gesto no es sintaxis, es simplemente reflejo, incluso condicionado. La uniformidad en el obrar de los animales tiene que ver con los instintos, ya que siguen de forma necesaria lo que les indican los mismos.
El hombre, en cambio, puede dominar la esfera inferior, puede salirse del presente y proyectarse hacia el futuro, pues conoce que conoce, piensa que piensa.
Son actos del hombre, por ejemplo, la digestión, la presión arterial, el metabolismo de los hidratos de carbono, los ensueños que acontecen durante el sueño, etc., es decir, actos en que no interviene la voluntad. En cambio, son actos humanos los que se realizan libremente, voluntariamente; aquellos en los que el hombre toma una decisión.

En condiciones normales el ser humano, para poder ejercer su libertad, tiene que estar consciente. A este respecto, no hay una explicación neurocientífica definitiva de cómo se produce la consciencia, a pesar de que existen zonas en el encéfalo que intervienen en la elaboración de la misma. En consecuencia, no se puede ejercer la libertad en el sueño, en el estado de coma, en el Alzheimer, etc.; y la libertad está cercenada en situaciones de miedo, de coacción, de amenaza, en la embriaguez, etc.
Cuando un animal aprende una acción y luego la olvida, se dan cambios estructurales neuronales. Trasladado este hecho al cerebro humano, puede afirmarse que la actividad mental influye en la bioquímica y morfología neuronal. Podría ponerse en relación con este asunto la frase de Cajal: «Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro, y aun el peor dotado es susceptible, al modo de las tierras pobre, pero bien cultivadas y abonadas, de rendir copiosa mies».
Por eso, se puede decir que los actos humanos, libres, dejan su impronta en el cerebro.
En base a los estudios del Premio Nobel Sperry, se asume que en el hemisferio cerebral derecho se desarrollan las funciones que requieren una visión intelectual sintética de muchas cosas a la vez, y en el izquierdo se desarrollan la funciones que precisan un pensamiento analítico y elementalista. La conexión de ambos hemisferios permite una función globalizadora, sistemática y continua, que discurre prácticamente en simultaneidad. Se suele admitir que el hemisferio derecho interviene en la elaboración de los elementos subjetivos y emocionales, además de la creatividad; y el izquierdo tendría que ver con el pensamiento lógico, verbal y analítico. Por lo tanto, ¿podría decirse que el hemisferio cerebral izquierdo tiene más relación con los actos libres que el derecho?

Y el proceso voluntario (un movimiento concreto, por ejemplo), según Libet, empieza 400 milisegundos antes de tener consciencia del mismo, y el darse cuenta del mismo sucede 150 milisegundos antes de iniciarse el acto voluntario. Es una actividad que se registra fundamentalmente en el área motora suplementaria del lóbulo frontal. En este sentido, podría pensarse que el hombre no es libre. Pero se trata, sin embargo, en estos experimentos, de actos motores puntuales, particulares; en cambio, los actos más complejos no se explican tan fácilmente desde el punto de vista neurológico.
Para ejercer la libertad es preciso darse cuenta de lo que uno hace, es decir, ha de haber atención. Para la atención es importante la corteza parietal derecha, que tiene que ver con la idea del propio cuerpo y del espacio exterior. Su lesión provoca la ignorancia («neglect») del lado izquierdo del cuerpo y del espacio exterior. En cuanto a la corteza prefrontal, muy desarrollada en el humano, sus lesiones hacen que haya un retraso en la consciencia de lo sensorial. La corteza prefrontal es esencial en la actividad global, unitaria, del sistema nervioso. Interviene en múltiples actividades, como por ejemplo, la planificación del futuro. Recibe información de todas las cortezas asociativas, de ahí su gran importancia. Su lesión entorpece la libertad.

Dice Reinoso: «En el cerebro de las diferentes especies, y en el caso del cerebro humano en relación con el de otros mamíferos, existen diferencias anatómicas, funcionales, genéticas y de desarrollo que son necesarias para configurar tipos neuronales específicos y esencialmente complejas redes neuronales que le son propias. Por añadidura, además de todas las grandes diferencias neurobiológicas con el cerebro de otros seres vivos, el cerebro humano tiene característica específica de ser humano«.

Es oportuno citar la frase del Evangelio: “La verdad os hará libres”, y la afirmación de San Pablo: “Vuestra vocación es la libertad” (Gal 5, 13).



miércoles, 29 de enero de 2020

HÉROES DEL PROGRESO 3: JONAS SALK, ALEXANDER FLEMING Y RONALD ROSS 🔬

Héroes del Progreso,
Parte 5: Jonas Salk

Alexander C. R. Hammond cuenta la historia de Jonas Salk, quien desarrolló la vacuna contra la polio a la cual se le atribuye el haber salvado cientos de millones de personas de una parálisis incapacitante y gracias a la cual la enfermedad está cerca de ser erradicada a nivel global.
Hoy es la quinta edición de una nueva serie de artículos de HumanProgress.org titulada “Héroes del Progreso”. Esta columna provee una introducción breve a los héroes desconocidos que han realizado una contribución extraordinaria al bienestar de la humanidad. 
Nuestro quinto Héroe del Progreso es Jonas Salk, el hombre que estrenó la primera vacuna efectiva contra la polio.
La polio es una enfermedad viral altamente infecciosa que muchas veces es transmitida al tomar agua que ha sido contaminada con las heces de alguien que porta el virus. El virus se esparce fácilmente en regiones con sanidad pobre. Lo síntomas incluyen: fiebre, fatiga, jaquecas, vómito, rigidez y dolor en las extremidades. Muchos pacientes infectados se recuperan. En uno de cada 200 casos, el virus ataca el sistema nervioso derivando en una parálisis irreversible. De aquellos paralizados, entre 5 y 10 por ciento mueren cuando los músculos respiratorios se inmovilizan.
La polio tiene una periodo de incubación relativamente largo —puede esparcirse durante muchos meses sin ser detectado— haciendo que esto sea extremadamente difícil de monitorear. Según Max Roser de la Universidad de Oxford, “Hasta el siglo 19, las poblaciones experimentaron solamente con pequeñas epidemias [de polio]. Esto cambió alrededor de principios del siglo XX. Las principales epidemias ocurrieron en Noruega y Suecia alrededor de 1905 y luego también en EE.UU.”
El primer brote importante de polio se dio en EE.UU. en 1916, cuando la enfermedad infectó a 27.000 personas y mató a más de 7.000 personas. El segundo mayor brote de polio en el siglo XX en EE.UU. se dio en la década de 1950. Aquí es cuando Jonas Salk entra en nuestra historia.
Jonas Edward Salk nació el 28 de octubre de 1914 en Nueva York. Salk se volvió un apasionado de la bioquímica y de la bacteriología durante su tiempo en la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York. Luego de graduarse en 1939 empezó a trabajar en el prestigioso Hospital Mount Sinai. El enfoque de Salk se desvió hacia la investigación de vacunas en contra de la polio en 1948, cuando fue identificado por la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil —una organización que el mismo Presidente Franklin D. Roosevelt, quien sufría de polio, ayudó a fundar.
Luego de un gran brote de polio alrededor de EE.UU. en 1952, las donaciones empezaron a acumularse en la fundación y en la primavera de 1953, Salk produjo una prometedora vacuna anti-poliomielítica. La fundación rápidamente empezó a realizar pruebas con 1,83 millones de niños alrededor de EE.UU. Estos niños llegaron a ser conocidos como “los pioneros de polio”. La fundación de Salk recibió donaciones de dos tercios de la población estadounidense y una encuesta incluso sugirió que más estadounidenses sabían acerca de estas pruebas de campo que aquellos que sabían el nombre completo del entonces presidente (Dwight David Eisenhower).
El 12 de abril de 1955, el supervisor de Salk, Thomas Francis, anunció que la vacuna de Salk era segura y efectiva para prevenir la polio. Solo dos horas después, el Servicio de Salud Pública de EE.UU. emitió una licencia de producción para la vacuna y un programa nacional de inmunización empezó.

Poco después, el Dr. Albert Sabin, un polaco-estadounidense que trabajaba como investigador médico en los Institutos Nacionales de Salud, introdujo una vacuna contra la polio que podía ser administrada de manera oral, haciendo que los esfuerzos de vacunación sean menos costosos conforme los trabajadores de salud con preparación no eran requeridos para administrar las inyecciones. De un record de 58.000 casos en 1952, EE.UU. fue declarado libre de polio en 1979.
En 1988, la Iniciativa Global para la Erradicación de la Polio (GPEI, por sus siglas en inglés) fue fundada para administrar la vacuna a nivel global. Cuando GPEI inició sus esfuerzos, la polio paralizaba a 10 niños para toda la vida cada 15 minutos, alrededor de 125 países. Desde 1988, más de 2.500 millones de niños han sido inmunizados y los incidentes de infecciones de polio han caído en más de 99,99 por ciento. Esto es, cayeron de 350.000 casos anuales, a solo 22 casos nuevos alrededor de 3 países en 2017. Este año África está cerca de ser declarada libre de polio—esto es, si ningún caso se encuentra en Nigeria, que es el último país en la región que reporta infecciones nuevas de polio.

Siguiendo el descubrimiento de la vacuna, Salk recibió docenas de premios, una citación presidencial, cuatro títulos honorarios, media docena de condecoraciones en el extranjero, y cartas de miles de conciudadanos agradecidos. En 1963, Salk estableció el Instituto Jonas Salk para los Estudios Biológicos —una facilidad de primera categoría para realizar investigaciones enfocadas en biología molecular y genética, neurociencia, y biología de las plantas. Salk dedicó sus últimos años a investigar una vacuna en contra del VIH/SIDA. Murió el 23 de junio de 1995.
El trabajo de Salk salvó cientos de millones de personas de una parálisis incapacitante, y millones de muertes. Gracias a sus vacunas, una enfermedad que ha plagado a la humanidad desde el Egipto faraónico ha sido casi totalmente erradicada, y dentro de pocos años, la enfermedad (ojalá) será historia. Por esta razón es que Jonas Salk merece ser nuestro quinto Héroe del Progreso. 

Este artículo fue publicado originalmente en HumanProgress.org (EE.UU.) el 9 de noviembre de 2018.

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Héroes del Progreso, 

Alexander C. R. Hammond cuenta cómo Alexander Fleming desarrolló la penicilina, la cual sentó las bases para el desarrollo posterior de los antibióticos.
Hoy es la sexta edición de una nueva serie de artículos de HumanProgress.org titulada "Héroes del Progreso". Esta columna provee una breve introducción a los héroes desconocidos que han realizado contribuciones extraordinarias para el bienestar de la humanidad. 
Nuestro sexto Héroe del Progreso es Alexander Fleming, el hombre que descubrió la penicilina. El descubrimiento de Fleming lideró el camino hacia la invención de los antibióticos, a los que se les atribuye el haber salvado 80 millones de vidas hasta ahora.

Alexander Fleming nació el 6 de agosto de 1881, en Ayrshire, Escocia. Cuando tenía 13 años, Fleming se mudó a Londres para asistir al Royal Polytechnic Institution. Luego de heredar algo de dinero de un tío a los 21 años, se inscribió en la Escuela de Medicina del Hospital St. Mary’s en Londres. Fleming se graduó con distinción en 1906 y se quedó el Escuela de Medicina como un investigador en bacteriología bajo Sir Almroth Wright —un pionero en la terapia de vacunas e inmunología.
Cuando la Primera Guerra Mundial empezó, Fleming se inscribió en el Cuerpo Médico de las Fuerzas Armadas. Volvió al Hospital St. Mary’s para trabajar como un orador en 1918. Sin embargo, pasarían 10 años más antes de realizar el descubrimiento que cambiaría al mundo.

El 3 de septiembre de 1928, Fleming volvió a su laboratorio habiendo pasado el mes de agosto de vacaciones con su familia. Fleming era conocido por mantener un laboratorio desordenado y cuando regresó descubrió que había dejado una pila de staphylococci (una bacteria común encontrada en 25 por ciento de las personas sanas) en placas de Petri. Luego de realizar unas investigaciones se dio cuenta de que la bacteria había sido destruida e infectada con hongos —todas menos un pequeño anillo en una de las placas donde el hongo no crecía.
Luego de algunos experimentos iniciales, Fleming aisló el organismo responsable de prohibir el crecimiento de los hongos. Él identificó esto como algo derivado del género de la penicillium; así, que la llamó penicilina.

Las investigaciones adicionales de Fleming revelaron que la penicilina era capaz de combatir todas las bacterias gram-positivas (un tipo de bacteria con una pared celular más penetrable), lo cual incluye aquellas que causan la difteria, la meningitis, la fiebre escarlata y la neumonía. La penicilina lucha contra las bacterias agarrándose a la pared celular e interfiriendo con la capacidad de la bacteria para producir nuevas paredes celulares cuando éstas se dividen.
Fleming publica su descubrimiento en 1929 en el British Journal of Experimental Pathology. Sin embargo, sus descubrimientos recibieron poca atención en ese entonces. Él continuó con sus experimentos pero se dio cuenta de que la cultivación de la penicilina era difícil. Luego de haberse producido el moho, aislar el agente antibiótico demostró ser extenuante. Sin tener los fondos y la fuerza laboral requerida para realizar una investigación más comprensiva, Fleming abandonó su causa luego de una serie de experimentos inconclusos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Howard Florey y Ernst Boris Chain de la Universidad de Oxford lograron obtener una cepa cuidadosamente preservada de la penicilina de Fleming. Florey y Chain empezaron a realizar investigaciones a gran escala, esperando ser capaz de producir a escala masiva el antibiótico.
La producción masiva empezó luego del ataque a Pearl Harbor y para el Día D en 1944, suficiente penicilina se había producido para poder tratar a todos los soldados heridos.
En 1944, Fleming fue nombrado caballero por el Rey Jorge VI y se convirtió en “Sir Alexander Fleming”. El próximo año, Fleming, Florey y Chain ganaron en conjunto el Premio Nobel por su contribución a desarrollar el antibiótico.

Mirando en retrospectiva al día de su descubrimiento, Fleming una vez dijo, “Uno algunas veces encuentra lo que uno no está buscando. Cuando me levanté... Yo ciertamente no me propuse revolucionar toda la medicina descubriendo el primer antibiótico o matador de bacteria. Pero supongo que eso es exactamente lo que hice”.
Posteriormente Fleming recibió numerosos premios: fue un miembro honorario de casi todas las sociedades médicas y científicas alrededor del mundo, se volvió el “Freeman” de muchos suburbios y ciudades, y recibió doctorados honorarios de casi treinta universidades alrededor de Europa y América. Murió a los 73 años en 1955.
El descubrimiento de la penicilina que realizó Fleming sentó las bases para el desarrollo de la droga milagrosa que es al antibiótico, a la cual se le atribuye el haber salvado 80 millones de personas. La penicilina revolucionó el campo médico y es probable que muchas personas leyendo esto hoy se hayan beneficiado del descubrimiento de Fleming en algún momento en sus vidas. Por esta razón Alexander Fleming merece ser nuestro sexto Héroe del Progreso.

Este artículo fue publicado originalmente en HumanProgress.org (EE.UU.) el 26 de noviembre de 2019.
Héroes del Progreso, 
Parte 7: Ronald Ross

Alexander C. R. Hammond destaca el trabajo del doctor Ronald Ross, quien descubrió que la malaria se esparce a través de los mosquitos, salvando así millones de vidas.
Hoy presentamos la séptima edición de una serie de artículos de HumanProgress titulada “Héroes del Progreso”. Esta columna provee una breve introducción a los héroes desconocidos que han realizado una contribución extraordinaria al bienestar de la humanidad. 
Nuestro séptimos Héroe del Progreso es Ronald Ross, el hombre que descubrió primero que la malaria se esparce a través de los mosquitos. El trabajo de Ross sentó las bases para una método nuevo de combatir la enfermedad, salvando así millones de vidas.

Ronald Ross nació el 13 de mayo de 1857 en Almora, en la India Británica. Su padre, que era un general en las Fuerzas Armadas Británico-Indias, inscribió a Ross en la St. Bartholomew’s Hospital Medical College en 1874. Luego de graduarse en 1879, Ross se unió al Servicio Médico Indio y fue enviado a lugares alrededor de India y Paquistán entre 1881 y 1894.
Mientras estaba en un descanso de su carrera en 1888, Ross empezó a estudiar bacteriología en Londres. EN 1894, Sir Patrick Manson, un pionero físico escocés que llegó a ser conocido como “el padre de la medicina tropical”, introdujo a Ross la investigación de malaria. Se dice que incluso antes de que sus maletas salieran de aduana cuando volvió a la India en 1895, Ross estaba en el Hospital Civil de Bombay buscando a pacientes con malaria. Sin embargo, los experimentos de Ross fueron interrumpidos cuando fue enviado a Bangalore para investigar una epidemia de cólera. En junio de 1896, fue transferido de vuelta a Secunderabad para continuar investigando la malaria.

En julio de 1897, luego de casi dos años de fracasos, Ross encontró un parásito malarial dentro de las tripas de mosquitos diseccionados. Sus descubrimientos fueron publicados en la edición de 1897 del British Medical Journal. En 1898, Ross encontró que el parásito malarial estaba almacenado adentro de la glándula salival del mosquito y que se liberaba con las mordidas. También pudo demostrar la transmisión de la malaria desde pájaros infectados, a través del mosquito, hacia pájaros sanos —estableciendo así el ciclo de vida completo del parásito malarial. Esto explicaba cómo la malaria era transmitida a los humanos.
Ross recibió el Premio Nobel de fisiología y medicina en 1902, convirtiéndose en el primer Nobel nacido fuera de Europa. Poco después, el zoólogo italiano Giovanni Batista Grassi identificó Anófeles como el género del mosquito que era responsable de esparcir la enfermedad. Una vez que los científicos entendieron el papel de los mosquitos, fueron capaces de desarrollar programas dirigidos a detener el contagio de la enfermedad.

Luego de dejar el Servicio Médico Indio en 1899, Ross dio clases en la Escuela de Liverpool para la Medicina Tropical y continuó trabajando en la prevención de la malaria en distintas partes del mundo. En 1911 el Rey Jorge V le concedió el título de caballero. Posteriormente en su vida, fundó el Ross Institute and Hospital for Tropical Diseases en 1926 y fue Director Ejecutivo hasta que murió en 1932.
Aunque mucho trabajo todavía queda pendiente, el descubrimiento de Ross permitió un progreso considerable en el combate de la malaria. Los incidentes de malaria continúan cayendo alrededor del mundo. La Organización Mundial de la Salud estima que las muertes por causa de malaria cayeron más de 47 por ciento entre 2000 y 2015. Sin el trabajo de Ross, el progreso obtenido en el combate de la malaria sería mucho menos sofisticado y millones de personas no estarían vivas hoy. Por esta razón Ronald Ross es nuestro séptimo Héroe del Progreso.

Este artículo fue publicado originalmente en HumanProgress.org (EE.UU.) el 11 de diciembre de 2018.


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martes, 28 de enero de 2020

LIBRO "CÓMO PERJUDICARSE A UNO MISMO" O MANUAL DE ANTI AUTOAYUDA 😎😛😍


“Cómo perjudicarse a uno mismo” 

Me suele decir un amigo, amante de las pseudo ciencias y la autoayuda, que los manuales de autoayuda son un fraude. Se lo ha leído todos, así puede decir sin riesgo a equivocarse que “si fuesen realmente buenos, con uno sólo que leyésemos nos bastaría para conseguir lo que nadie ha conseguido: la autorrealización”, suele afirmar bastante tajante cuando abordamos estos temas. Después de leer el libro de Sebastián Vázquez, creo que tiene toda la razón del mundo, pero este libro es diferente porque funciona. De hecho, yo he puesto en práctica muchos de sus sabios consejos con una rotunda efectividad, algunos incluso antes de leer el libro.
Como dice el autor, “todos conocemos la casi inagotable capacidad que tiene el ser humano para perjudicarse a sí mismo”. No necesitamos leer ningún libro para meter la pata repetidamente o para tropezar dos veces, o muchas más, en la misma piedra. Pero, la obra de Sebastián Vázquez nos desmenuza tan bien nuestras posibles meteduras de patas y nuestros repetidos errores que su libro es todo un vademécum sobre la estupidez humana. ¡Ha sintetizado en poco más de cien páginas toda la estupidez de los hombres y las mujeres modernos-modernas!
Algunos lectores, pensarán al leer el libro, que está escrito de coña. Puede ser, el humor no falta en el libro. Sabemos que los sabios suelen ser personas que se ríen de sí mismos. Y Sebastián Vázquez lo hace, y también de la especie humana, pero lo mejor que tiene, y son varias sus virtudes, es que no pretende engañar a nadie. Que sus consejos, si se siguen rigurosamente, nos convertirá en personas realmente odiadas y despreciables. Lo malo es que muchas veces hacemos lo que nos dice Vázquez, pero sin querer.
Los consejos que el autor da en el libro se refieren a diversas facetas de la vida, tanto trata la salud, como la empatía, la cultura, los valores éticos y morales y un montón más de situaciones que nos podemos encontrar en la vida y con las que, generalmente, nos estrellamos. Nos seguiremos estrellando porque el hombre no aprende, pero ahora sabremos lo estúpidos que somos con fundamento de causa. Vázquez ha desmenuzado a la perfección todos los registros de la conciencia humana y nos ha explicado, siempre con humor, que nuestros defectos no tienen fin, pero que aun así, los podemos mejorar. Más y más errores nos volverán más infelices si cabe y en la infelicidad radica el alma humana, como él mismo dice.
Sabemos que el ser humano prefiere el uso y abuso de conductas que proporcionan un deterioro vital. Siguiendo los consejos del autor de esta guía, nos iremos deteriorando paulatinamente y de manera irreversible tanto en el aspecto físico como en el psicológico. Como lector me pregunto: ¿de dónde ha sacado tantos conocimientos el autor? ¿Una persona que sabe perjudicarse tanto, es fiable? Supongo que no, pero me ha hecho pasar tan buenos ratos que algo he aprendido: con humor los errores se pasan mejor.

Una vez leído el libro, y si sigue los consejos al pie de la letra, nos volveremos realmente odiosos. En sus páginas encontramos consejos como: practique con esmero el egoísmo, asegúrese de no tener amigos verdaderos, conviértase en un ignorante maleducado y vago, etc. Para que seguir, son consejos inteligentes para destruirse uno mismo. Aunque el mejor, en mi modesta opinión es: no tome nunca ninguna decisión. Así no se equivocará nunca. Pero si tiene que tomar una única decisión en su vida no puede ser otra que leer este libro. Quedará encantado.
Introducción

Todo el mundo conoce la casi inagotable capacidad que tiene el ser humano para perjudicarse a sí mismo. Sin embargo, muchas personas no se muestran capaces de alcanzar esta alta meta por más que se esfuerzan en conseguirlo. Parte de la culpa la tienen los agoreros y cenizos que se multiplican y que no hacen más que hablar, sin conocimiento alguno, de vivir con otra calidad de vida. Constantemente se refieren a la salud, tranquilidad, empatía, cultura, valores éticos y inorales y un montón de tonterías por el estilo. ¡Allá ellos si desean conducir sus vidas por esos caminos erróneos!


Todos sabemos, y no hace falta más que observar lo que ocurre a nuestro alrededor, que los seres humanos, independientemente de lo que hipócritamente quieran mostrar en aras de la corrección social, prefieren el uso y abuso de conductas que les proporcionen un profundo deterioro vital aparejado con unas buenas dosis de infelicidad que, además, y esto es lo más importante, puedan presumir de habérsela ganado por ellos mismos con independencia de todo lo positivo y favorable que la vida les haya concedido y posean.

Por eso, hoy más que nunca, las gentes normales, las personas que hemos conocido y conocemos lo que en realidad significa vivir bien y ser felices, debemos unirnos ante el cercano peligro que representan estas dañinas ideas y los perniciosos defensores de otro tipo de vida alejada de nuestra sacrosanta tradición y de sus usos y costumbres.



Hay que resaltar que esta gente -que Dios los confunda- no se conforma en cuestionar el modo de vivir de las personas respetables como nosotros, sino que además se permite lanzar discursos irresponsables sobre cosas sobre las que no tienen ni idea. Por este motivo, considero preciso recordar modos, costumbres y actitudes sobre los que tenemos una evidente certeza de su efectividad cuando uno quiere perjudicarse a sí mismo con total eficacia.
He de advertir que este modesto autor, ni es psicólogo ni tiene ninguna acreditación que le faculte para dar ningún tipo de consejo respecto a cómo vivir mejor y, desde luego, carece de cualquier tipo de legitimación a la hora de facilitar reglas o preceptos vinculados a las nefandas tendencias positivas antes mencionadas pero, en cambio, las canas y la experiencia de la vida, si que le permiten recomendar ciertas actitudes y conductas para afrontar la vida del peor modo posible, garantizando y asegurando que, su estricto cumplimiento, logrará perjudicar la vida de cualquier persona por muy templada e inteligente que se crea.

Además, la evidencia muestra que son muy pocas las personas que tienen una sincera y real aspiración a mejorar sus vidas buscando un verdadero bienestar y felicidad y, se les nota, porque ponen los medios para hacerlo.

Podernos distinguirlas por:
  • Se muestran siempre positivas.
  • Prefieren la realidad a la fantasía.
  • Buscan la estabilidad y el equilibrio interno y externo.
  • Distinguen lo que les beneficia de lo que les perjudica.
  • Son proactivas.
  • No tienen temor al cambio.
  • Procuran que los valores humanos estén presentes en sus vidas y en sus relaciones.
  • Actúan con ética e intentan ser justos.
  • Prefieren la educación, la cordialidad y la belleza.
  • Son dialogantes, comprensivos y tolerantes.
  • Buscan el bien común y prefieren la concordia.
  • Procuran ser benéficos en su entorno.
Estas y otras conductas podemos encontrarlas en personas así, pero no son ellas las que nos interesan. Como hemos dicho antes, ¡allá ellos! Son mayoría, en cambio, las que buscan de un modo u otro, formas diversas de perjudicarse a sí mismas pero lo hacen de un modo chapucero, sin esmerarse ni dedicarse a conseguirlo de una manera continuada y profunda.
Para ellos sí es este libro, para que, siguiendo sus pautas y dedicando tiempo y esfuerzo a la tarea, logren al fin la alta meta de perjudicar su vida intensamente al punto de que ya no haya vuelta atrás y se alcance la autodestrucción definitiva.
Así que, bienvenidos al mundo de la insatisfacción, del malestar vital y de la infelicidad: en sus manos está lograrlo... o no. Usted decide.

Felicidad y bienestar o sus sucedáneos

Pues ya metidos en faena, aquí van los tres primeros consejos de obligado cumplimiento a la hora de perjudicarse aunque, como más adelante veremos, no son los únicos:
  • Auto-engáñese.
  • Busque sucedáneos del bienestar y la felicidad.
  • Consiga un alto nivel de estrés y ansiedad.
El recurso del autoengaño es muy importante.Se trata de que los esfuerzos para perjudicarnos a nosotros mismos queden ocultos precisamente bajo la coartada de buscar la felicidad, eso sí, optando siempre por aquello que siempre resulte un sucedáneo y, por tanto, sea peor e imposibilite la conquista del verdadero bienestar y felicidad. Por ejemplo, si usted empieza a dormir mal porque se acuesta muy tarde y tiene malos hábitos de sueño, no ha de intentar corregirse y adoptar hábitos saludables para dormir bien, sino que debe seguir con sus hábitos insanos y empezar a consumir somníferos prefiriendo aquellos que le garanticen la adicción. Según puede observar, la excusa es fácil: como no duerme bien, usted busca su bienestar ayudándose con los somníferos. Y así con todo. Se trata de practicar y acostumbrarse siempre a aquello que resulte más nocivo para nuestra vida en todos los órdenes: de salud, emocionales, vitales, de relaciones...

Otro pilar fundamental en el arte del autoengaño es convencerse de que no puedo cambiar, no sé cambiar o, mejor aún, no quiero cambiar. Es obvio que mantenernos en actitudes y prácticas que nos perjudiquen implica no cambiar nunca y, por este motivo, es muy importante que usted siempre se niegue ante cualquier tipo de cambio apelando a esos no sé, no puedo, no quiero y manteniéndose firme en ellos.

He de advertir también que da igual que detrás de ese deseo de perjudicarse a uno mismo aparezca precisamente la excusa de la búsqueda de la felicidad o del bienestar. En realidad, manejar bien el arte de engañarse a uno mismo es un ingrediente imprescindible a la hora de lograr nuestra meta, por lo que no solo vamos a desaconsejar abandonar ese impulso de autoengaño si no que, además, debemos considerarlo una excelente herramienta que hay que utilizar constantemente para lograr nuestra meta de auto perjuicio; dicho de otro modo, la famosa búsqueda de la felicidad y el bienestar es un impulso excelente con la imprescindible condición de que usted siempre se incline hacia los sucedáneos aplicando la práctica del autoengaño.

De hecho, es fundamental que usted alcance la incapacidad de distinguir aquello que es susceptible de procurarle un bienestar profundo y duradero de lo que le puede proporcionar una efímera satisfacción sensorial o egoica o egocentrista; o que le sirva para vanagloria de su importancia personal. También un individuo puede alcanzar unas buenas cuotas de autoengaño si empieza siendo muy pretencioso aparentando ser lo que no es. Para ello es válido cualquier cosa o motivo. Puede aparentar y presumir de tener más dinero, ser más duro y fuerte, ser más listo, ser más popular y tener más amigos que nadie, ser más guay...

También hoy, y gracias a las redes, usted puede crearse fácilmente una vida irreal e ideal para mostrarse a los demás tal como no es pero le gustaría ser y, si además, esto causa una fuerte envidia entre su red de contactos, muchísimo mejor, pues eso le incentivará para alcanzar la alta meta de crear un personaje tan falso que hasta usted mismo ya confunda la realidad con una ficción creada, aunque desde luego, si ha de optar, siempre debe de hacerlo a favor del personaje inventado.
Por último, no debemos olvidar nunca el estrés, en realidad, muchas de las prescripciones que siguen tienen el objetivo de que usted alcance un alto nivel de estrés y ansiedad.

Es cierto que el estrés ha sido infravalorado a fuerza de mencionarlo tan a menudo y en cualquier ocasión.
La clave es llevar al organismo y a la mente hasta límites insanos, pero soportables, de tal modo que procure una exigencia hacia nuestro organismo, especialmente al sistema nervioso que, lentamente, nos va dejando muy buenas secuelas y ocasiona un deterioro de la salud muy interesante. Como iremos viendo a lo largo del libro, usted puede añadir también al cóctel un carácter arisco y desagradable , un sistema de creencias dañino, una muy baja tolerancia hacía sí mismo y hacia los demás, etc. La suma de todo resultará espectacular y muy efectiva a la hora de amargarse la existencia. Así que, ánimo, y a esmerarse en el logro del propósito de arruinar su vida.
Para facilitarles el trabajo, vamos a pasar al detalle y, para ello, se han seleccionado distintos apartados vitales en los que es muy sencillo encontrar mil y un modos de amargarse la existencia. Y comenzamos por uno estupendo: las relaciones personales.

Relaciones con los demás

Posiblemente sean las relaciones humanas el mejor escenario para encontrar excelentes motivos para perjudicarse a sí mismo y hallar razones para auto compadecerse y quejarse a los cuatro vientos, además de que es una magnífica escuela en la que aprender como echar la culpa a los otros y mantenernos sin cambiar un ápice en nada.
Pero si es usted de los que flaquean y le sobrevienen tentaciones de abordar algún cambio, he aquí unos consejos que le ayudarán a afianzarse en su linea.
Rodéese de gente agresiva, envidiosa, dominante y ambiciosa que le critique con frecuencia y que haga su vida lo más insoportable posible
Como sabemos, la mayoría de nosotros no somos capaces de desarrollar todo nuestro potencial a la hora de perjudicarnos a nosotros mismos de una manera eficaz y continuada. Sea por falta de destreza o por dejadez, dejamos pasar muchas ocasiones estupendas en las que, sin mucho esfuerzo, podemos arruinar nuestras vidas un poco más. No obstante, podemos contar con la inestimable ayuda de nuestros semejantes, es decir, el resto de seres humanos que pululan a nuestro alrededor, y que en la mayoría de las ocasiones no les cuesta gran esfuerzo el hacernos la vida más desagradable, sobre todo si nosotros les damos pie a ello y le facilitamos los recursos para conseguirlo. Si además, contamos con la seguridad, de que hay muchos individuos que están encantados en hacer la vida más difícil a todos los que le rodean, y que gracias a la continuada ejercitación de sus irritantes capacidades han logrado un ejemplar dominio en sus distintas técnicas, es evidente que podemos felicitarnos ya que encontrar personas que nos destrocen la existencia es bastante fácil si uno pone la suficiente voluntad en ello.

Pero obviamente, hay que ser inteligente y darse cuenta inmediatamente que no todo el inundo vale para perjudicarnos a fondo y que es necesario elegir cuidadosamente a aquellos más capacitados. Unos especialmente eficaces son los que se meten en nuestra vida por nuestro propio bien. Esta magnífica coartada les ofrece la oportunidad de criticarnos hasta la saciedad poniendo en evidencia siempre lo peor de nosotros mismos lo cuál, en poco espacio de tiempo, nos garantiza una autoestima por los suelos y una subordinación a los criterios ajenos francamente interesante.

Es habitual que entre los familiares se encuentre alguna especie de este tipo de lo hago por tu bien, pero si usted tiene la desdicha de no contar con ninguno de ellos entre sus allegados, procúrese inmediatamente un amigo o amiga que sea capaz de criticarle con dureza y por cualquier cosa todo el tiempo posible, afeándole su conducta a la menor ocasión.
Los envidiosos y maledicentes son otros tipos singularmente eficaces a la hora de hacer insoportable la vida a los demás. La mejor especie es la del envidioso hipócrita, un tipo especialmente capacitado para destrozar cualquier vida con enorme eficacia. Si usted empieza a triunfar o simplemente la vida le va un poco mejor que a la media, es habitual que de un modo espontáneo aparezca un envidioso hipócrita a su alrededor, habitualmente surgido de entre su grupo de amigos. Esto no significa que este tipo llegue ahora a su vida, no, lo normal es que permaneciera en estado letárgico esperando la oportunidad de poner en práctica sus dotes. La acción de un envidioso hipócrita, si además es murmurador , significa tener la absoluta certeza de conseguir gran cantidad de problemas, disgustos, enfrentamientos con otras personas, etc... en definitiva una serie de calamidades enormemente valiosas para lograr que nuestra vida sea lo peor posible.

Por descontado, si usted tiene la suerte de contar entre las personas que le rodean con este tipo de individuos, debe de cuidar con esmero la relación que tenga con ellos procurando conservarla como un tesoro aunque ello le reporte algún sacrificio. De ningún modo se le ocurra enfriar estas relaciones o permitir que se distancien, o mucho menos provocarles de alguna manera que origine su disgusto.Sepa que nunca encontrará mejor aliado que ellos a la hora de hacer su vida más miserable.
Otro modelo singularmente valioso a la hora de hundir a alguien es el de los sinceros. Estos individuos son maestros en el uso de lo obvio y procuran su dañino efecto a través de la repetición de lo evidente. Si usted está gordo, por poner un ejemplo, su amigo sincero le dirá cada vez que le vea que está gordo. Da igual que sea por la mañana o por la noche, o que haga frío o calor, el sincero repetirá hasta la saciedad que usted está gordo porque es verdad y las verdades hay que decirlas. Es resaltable el hecho de que si usted además de estar gordo es inteligente o tiene unos ojos bonitos, su amigo sincero no parecerá reparar en ello, ni mucho menos proclamarlo a los cuatro vientos Así, como un martillo pilón, los sinceros son capaces de derrumbar cualquier resistencia psicológica.

Por tanto, no deje nunca de rodearse de este tipo de personas nocivas, su malestar emocional y vital, lo tiene asegurado.


Durante la octava presentación de la editorial EDITATUM, entre los títulos expuestos, pudimos conocer de primera mano el GuíaBurros: Cómo perjudicarse a uno mismo, de Sebastián Vázquez.


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