EL Rincón de Yanka: PROGRESO

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sábado, 17 de octubre de 2026

LIBRO Y PELÍCULA "LA GANADORA, 2005": THE PRIZE WINNER OF DEFIANCE, OHIO


 LA GANADORA 2005

Gracias a su habilidad y amor por las palabras, Evelyn Ryan, un ama de casa, consigue mantener a flote a su problemática familia: diez hijos y un marido alcohólico, torpe e irresponsable. En los años 50 y 60, era frecuente que las amas de casa usaran su ingenio para ganar miles de dólares en concursos organizados por las empresas para promocionar sus productos. Pero ninguna de ellas podía competir con Evelyn Ryan, cuyo ingenio y agudeza eran proporcionales a las numerosas necesidades de su familia.
"En ese momento supimos que, mientras usáramos la cabeza, 
no seríamos víctimas. Si nos atrevíamos a forjar nuestro propio destino, 
creceríamos para ser como nuestra madre: triunfadores".

"A mi madre no le gustaba oír palabrotas, y desde luego nunca las decía. 
Siempre nos decía que maldecir era señal de un vocabulario pobre y, 
peor aún, de una imaginación limitada. 
«Hay tantas palabras interesantes que se pueden usar, solas o combinadas», 
decía, «que no entiendo por qué alguien recurriría a obscenidades monosílabas»".

"No necesito que me hagas feliz. Solo necesito que me dejes en paz cuando lo soy".

"Nunca subestimes el poder del amor y la determinación de una madre".

"Ante la adversidad, encontramos fuerza el uno en el otro".

"En este mundo, a veces todo lo que tienes son palabras y esperanzas".

"La creatividad es la clave para la supervivencia".

La ganadora del premio de Defiance, Ohio es una película dramática biográfica estadounidense de 2005 escrita y dirigida por Jane Anderson. Está basada en el libro de Terry Ryan de 2001 y está protagonizada por Julianne Moore, Woody Harrelson y Laura Dern.
En Defiance, Ohio, la ama de casa Evelyn Ryan logró mantener a su esposo, Kelly, y a sus 10 hijos ganando concursos de composición de "jingles" (spots, anuncios musicales). Kelly no pudo mantener a su familia, en parte debido a su aparente alcoholismo y baja autoestima. Soñaba con ser cantante, pero perdió su voz en un accidente automovilístico, y a menudo era cruel, abusivo y propenso a arrebatos violentos cuando estaba borracho.

Evelyn gana cosas útiles como un congelador grande, cubos de hielo, una lavadora y secadora, un viaje a Nueva York, una ventana, un coche deportivo, una tarde de compras en su supermercado local y trituradoras de hielo; así como cosas menos útiles o necesarias como trineos, botas, un poni, una palmera, una cámara, zapatos de baile, un motor de barco, zancos, una caja de comida para perros y un suministro de por vida de alpiste, que cambia por dinero. Kelly, que siente que su papel como proveedor de la familia está en peligro, critica a Evelyn y daña algunos de los premios que ella guarda. Sus hijos se ponen de su lado. Kelly se enfada con Evelyn y, accidentalmente, la tira al suelo mientras ella lleva 12 botellas de leche llenas, provocándole una lesión casi fatal. Evelyn logra calmarlo después de cada incidente y, al menos temporalmente, él la trata mejor. Con el paso del tiempo, los hijos mayores empiezan a irse a la universidad y a participar en carreras deportivas, aliviando algunas de las cargas de la familia.

Evelyn se encuentra bastante aislada debido a las largas horas que dedica al cuidado de los niños y a la falta de personas de su mismo nivel intelectual en la zona. Sin embargo, un grupo de amas de casa del medio oeste que participan en un concurso se pone en contacto con ella y entabla amistad con ellas. Finalmente, Evelyn descubre que Kelly había solicitado en secreto una segunda hipoteca sobre su casa y nunca había realizado los pagos, dejando a la familia al borde de una ejecución hipotecaria casi segura. Los niños rezan por la milagrosa victoria de su madre en un concurso patrocinado por Dr Pepper. Ella gana y paga la hipoteca de la casa.

Años después, se revela que, tras la muerte de Kelly, Evelyn descubre que él había depositado sus cheques de pensión en una cuenta bancaria especialmente para ella, como compensación por todos sus fallos como esposo y padre. A continuación, se muestra a los hijos de Ryan ya adultos.


Para Terry Ryan, la pequeña casa blanca en Washington Avenue luce igual que cuando creció allí, desde el porche con mosquitera hasta las cuatro estrechas habitaciones en el piso de arriba.
Pero los Ryan ya no viven allí. Se han ido los diez hijos, con sus portazos, sus bromas y sus discusiones. Los arrebatos de ira de su padre, provocados por el alcohol, han cesado.
Y su madre ya no está en la sala, donde solía sentarse por las tardes en un sofá raído, con un lápiz detrás de la oreja y una libreta en la mano. Allí se sentaba a pensar, ensayando frases ingeniosas y desenfadadas que solían ganar concursos publicitarios. Allí inventaba los jingles que daban de comer a la familia mes tras mes.

Entre 1953 y 1965, la Sra. Ryan ganó cientos de concursos, llenando la pequeña casa de Defiance con electrodomésticos, ropa y comida. Ganó dos coches y miles de dólares en efectivo, suficiente para comprar la casa de Washington Avenue y librarse de los cobradores.

El libro ganador del premio Defiance, Ohio: How My Mother Raised 10 Kids on 25 Words or Less es la nueva obra de Terry Ryan sobre su difunta madre, Evelyn, una mujer que utilizó su don para escribir poemas, eslóganes y jingles para transformar la vida de su familia, que pasaba por dificultades económicas.
«Era como si tuviera una conexión directa con Dios», dijo Terry Ryan, redactor técnico y dibujante que vive en San Francisco. «Siempre estaba ahí cuando más la necesitábamos».

Evelyn Lehman tenía 23 años y era columnista del Sherwood Chronicle cuando conoció a Leo “Kelly” Ryan.
Evelyn era inteligente y descarada. Kelly era extrovertida, sobre todo después de unas copas. Fue la mejor alumna de la promoción de la escuela secundaria Sherwood en 1931. Él era un obrero que trabajaba en Defiance Screw Machine Products.
Ella estaba embarazada cuando la pareja se casó en 1936. Dos años después, volvió a quedar embarazada. La pareja siguió teniendo hijos: Lea Anne, Richard, Fred, Roger, Bruce, Terry, Mike, Barbara, Betsy y Dave, cada uno nacido con casi dos años de diferencia con el anterior.

Pero su hogar no era precisamente un ejemplo de felicidad doméstica.

El señor Ryan ganaba 90 dólares a la semana. Gastaba aproximadamente un tercio en cerveza y whisky. En las décadas de 1940 y 1950, pocas mujeres trabajaban fuera de casa, así que esta ingeniosa madre aprovechó su talento latente para la escritura participando en concursos.

Cuando estaba soltera, había participado esporádicamente en concursos de escritura. Pero ahora eran una necesidad.
La señora Ryan participaba en cientos de concursos cada año, ganando muchos justo a tiempo. Cuando se le estropeaban el televisor y la tostadora, recibía otros electrodomésticos en cuestión de días. El dinero que ganaba en concursos de poesía le servía para pagar las facturas de servicios públicos, reparaciones y material escolar. Terry recordaba una mañana de Navidad particularmente triste, cuando ninguno de los niños esperaba regalos. Pero la señora Ryan abrió su «puerta mágica» —un armario— y sacó un regalo tras otro. Eran premios de concursos que había guardado durante meses.

“Ella ganaba cuando más lo necesitábamos”, dijo su hijo menor, Dave, el único de los Ryan que permaneció en Defiance. “Tenía un don para lo que hacía. Simplemente lo daba por sentado, porque llevaba ganando prácticamente desde siempre”.
La casa se convirtió en una fábrica de participaciones para concursos. Los armarios de la cocina estaban repletos de cajas de zapatos llenas de formularios y etiquetas que guardaba para usarlas más adelante. Ninguna lata o frasco vacío se tiraba a la basura hasta que la etiqueta se hubiera quitado en remojo en el fregadero.
Participó en concursos individuales docenas de veces, usando variaciones de su nombre, el de su esposo y el de sus hijos. Luego, esperaba. A veces pasaban meses sin ganar. Otras veces, las cartas y llamadas que anunciaban que había ganado eran algo cotidiano en la casa de los Ryan.
“Ella hacía que las cosas sucedieran”, recordó Pat Walter, una amiga de la secundaria de Terry Ryan. “Convirtió los limones en limonada y la compartió con todos”.

Para la comunidad, los Ryan eran la típica familia estadounidense. Papá trabajaba. Mamá se quedaba en casa. Los niños tenían muchos amigos.
Pero dentro de casa la historia era diferente. Nadie sabía de qué humor llegaría el señor Ryan del trabajo. Bebía, decía palabrotas, amenazaba a su esposa e hijos y, a veces, los maltrataba físicamente. Los niños no traían a sus amigos a casa para jugar. En una ocasión, la señora Ryan acabó en el hospital después de que su marido la empujara al suelo del comedor.

Dave Ryan afirmó que el libro de su hermana mayor retrata con precisión su vida familiar, incluyendo el alcoholismo y la violencia de su padre.

“Tuve una infancia feliz”, dijo. “No la cambiaría por nada. La mayoría de las cosas que leí allí ocurrieron en realidad. No me alegra demasiado, pero era cierto”.

El divorcio estaba fuera de toda discusión, dijo Terry Ryan.

Ella creía, sobre todo en aquellos tiempos, que cuando te casabas con alguien, era para siempre. Te quedabas con esa persona toda la vida. No había otra opción. Pero, claro, era una especie de dilema, porque jamás renunciaría a ninguno de sus hijos. Y como puedes imaginar, todos la adorábamos. ¡Gracias a Dios que la tuvimos, porque de verdad nos salvó la vida!
En las décadas de 1950 y 1960, los fabricantes organizaban concursos de habilidad para promocionar productos que iban desde jabón hasta camionetas familiares. Por lo general, se les pedía a los participantes que escribieran un poema o un ensayo de 25 palabras explicando por qué les gustaba el producto.
Terry Ryan escribe que “las empresas patrocinaban concursos por dos razones: para obtener nuevas ideas publicitarias del público y para vender más productos”.
En aquella época, la mayoría de los concursos requerían un comprobante de compra, a diferencia de los sorteos y regalos aleatorios de hoy en día.
“Cincuenta mil participaciones en el concurso representaron 50 000 compras que de otro modo no se habrían producido”, continúa la Sra. Ryan. “Los concursos fueron un gran negocio tanto para los patrocinadores como para los ganadores”.

Dortha Schaefer, residente del condado de Paulding que entabló amistad con Evelyn Ryan gracias a su interés común por los concursos, dijo que había todo un arte en componer un verso ganador.
Según ella, uno de los secretos para conseguir un plato ganador era incluir "guantes rojos", algo que llamara la atención de los jueces.
“Había algo en tu participación que la hacía destacar, que la diferenciaba de las demás”, dijo la Sra. Schaefer. “Quizás podrías inventar una palabra para la última línea”.

Durante este tiempo, la Sra. Ryan formó un club con la Sra. Schaefer y otras "participantes" de la zona llamado "Affadaisies", una parodia de las declaraciones juradas que enviaban las empresas para notificar a los posibles ganadores de concursos. Compartían historias y consejos.
La señora Schaefer, residente de Payne, Ohio, comentó que perfeccionó sus habilidades tomando un curso por correspondencia sobre cómo redactar participaciones para concursos. Ganó una máquina de discos, televisores, juguetes y equipo de pesca.

El premio le vino muy bien, pero no fue su principal motivación para participar.

“Estaba en casa con mis siete hijos, igual que Evelyn con sus diez”, dijo. “Me daba algo que hacer por las noches mientras mi marido trabajaba en el turno de noche. Mi marido era un buen proveedor. Pero yo tenía la alegría de ganar. ¡Esperaba con ansias la llegada del cartero cada día!”.

Los Ryan celebraron cientos de pequeñas victorias, tostadoras y billetes de diez dólares. Pero las grandes victorias son las que más recuerdan, dijo Terry Ryan. Siempre llegaban en los momentos más difíciles de la familia.

En 1953, a los Ryan y a sus nueve hijos les pidieron que desalojaran la casa de dos habitaciones que alquilaban; el propietario la quería para un familiar. Justo en ese momento, con su décimo hijo en camino, la Sra. Ryan ganó el gran premio de un concurso de Western Auto: una lavadora y una secadora, una bicicleta nueva y 5000 dólares, dinero que utilizó para comprar la casa en Washington Avenue.

En un concurso de adivinar el nombre del sándwich en 1961, la Sra. Ryan ganó el gran premio, que incluía una máquina de discos, un viaje a Nueva York para aparecer en el programa de Merv Griffin y un coche deportivo Triumph. Vendió el coche y la máquina de discos para pagar las facturas.

Cuando no tenían comida, ella ganó un vale para comprar en un supermercado local.

Luego, en 1965, tuvo lugar el concurso de refrescos Dr Pepper.

Sin que la familia lo supiera, el señor Ryan había solicitado una segunda hipoteca sobre la casa, cuyo vencimiento estaba previsto para dentro de un mes. Cuando llegó el momento decisivo, el señor Ryan se emborrachó hasta perder el conocimiento. Su esposa suplicó al banco, pero fue en vano. La señora Ryan se resignó a enviar a sus hijos menores a vivir con unos parientes.

Pero tres días antes de su desalojo, un vicepresidente de Dr Pepper llamó a la Sra. Ryan para decirle que había ganado el concurso "El momento de tu vida" de la compañía de refrescos. Los grandes premios eran dos relojes, un Mustang de 1965, un viaje para dos a Suiza y 3400 dólares, suficiente para evitar la ejecución hipotecaria.

La familia estaba a salvo. De nuevo.

“A partir de ese momento supimos que nunca podría haber un problema mayor que la capacidad de mamá para resolverlo”, dijo Terry Ryan.

La señora Ryan nunca volvió a ganar un gran premio. Los concursos de escritura desaparecieron, reemplazados por sorteos en los que los ganadores se elegían al azar. Las empresas descubrieron que los sorteos eran más baratos y más efectivos para generar ventas.

A mediados de la década de 1960, los tiempos estaban cambiando en Estados Unidos. Los manifestantes contra la guerra de Vietnam cuestionaban la autoridad. La liberación de la mujer hizo que fuera aceptable que las mujeres trabajaran.

En cuanto a la señora Ryan, consiguió un trabajo como dependienta en la tienda local de JC Penney, donde trabajó hasta que se jubiló en 1983.

Mientras tanto, su marido siguió bebiendo hasta mediados de la década de 1970, cuando le diagnosticaron diabetes. Los médicos tuvieron que amputarle la pierna.

Pasó los últimos años de su vida en una silla de ruedas en su cocina, escuchando partidos de béisbol en la radio. Cuando falleció en 1983, le dejó 60.000 dólares a su esposa, dinero que había estado ahorrando de su pensión.

«Nunca le contó a nadie lo del dinero. Nadie podía creerlo», dijo Terry Ryan. «Se redimió».

Pero la señora Ryan nunca usó el dinero. Continuó escribiendo poesía —fue nombrada poeta laureada de The Blade en 1974— mientras sus hijos se independizaban y formaban sus propias familias.

Dos de sus hijos, Richard y Fred, jugaron béisbol en las ligas menores de la organización de los Detroit Tigers. La mayoría fueron a la universidad y tienen carreras profesionales. Uno de sus hijos es ingeniero. Otro es abogado y fue fiscal adjunto en Colorado. Una de sus hijas es enfermera de cuidados paliativos.

Dave Ryan, un trabajador de la fundición de General Motors en Defiance, dijo que después de años juntos en el 801 de Washington, él y sus hermanos rara vez se reúnen ya.

En los últimos 35 años, los diez se han reunido solo un puñado de veces: para el funeral de su padre y luego para el 80 cumpleaños de su madre en 1993.

“Están repartidos por todo el país, la gente tiene cosas que hacer y sus propias vidas”, dijo Dave Ryan.

La señora Ryan llamó a sus hijos en 1998 y les dijo que tenía cáncer de mama.

Todos regresaron una vez más —su "camión lleno de pájaros", como ella los llamaba— y pasaron varias semanas con ella hasta que falleció.

Un día después de su muerte, entraron en su habitación y encontraron un baúl de cedro lleno de papeles. Para su sorpresa, había guardado de todo: desde sus boletines de calificaciones hasta sus trabajos para concursos y poemas.

Desde ese momento, Terry Ryan supo que tenía que escribir la historia de su madre.

«Mis hermanos, mis hermanas y yo llevamos décadas contando su historia a cualquiera que quisiera escuchar. No estoy seguro de que todos nos creyeran».

Ahora sí lo hacen.



Cinco lecciones clave 

1. El poder de la perseverancia: Una de las principales lecciones de «La ganadora del premio de Defiance, Ohio» es el poder de la perseverancia para alcanzar las metas. Evelyn Ryan, la protagonista del libro, demuestra una increíble resiliencia y determinación al participar en concursos para ganar premios para su familia. Su inquebrantable dedicación y su negativa a rendirse, incluso ante numerosos desafíos, finalmente dan sus frutos.
2. La importancia de la creatividad: El libro resalta la importancia de la creatividad para resolver problemas y encontrar soluciones innovadoras. El talento de Evelyn para componer "jingles" y diseñar anuncios se convierte en la clave de su éxito en los concursos. El libro ejemplifica cómo pensar de forma original y aprovechar las propias capacidades creativas puede tener un impacto significativo en la vida.
3. La fuerza del amor familiar: El libro ganador del premio Defiance Ohio también destaca la fuerza del amor familiar y el impacto que puede tener en las personas. A pesar de las difíciles circunstancias que enfrenta la familia Ryan, el amor y el apoyo mutuo se convierten en una fuente de fortaleza. El libro muestra cómo los lazos familiares pueden ayudar a las personas a superar la adversidad y encontrar la felicidad.
4. Triunfar sobre la adversidad: Otra lección clave del libro es la capacidad de superar la adversidad. La vida de Evelyn Ryan está llena de situaciones difíciles, desde problemas económicos hasta un marido alcohólico. Sin embargo, logra sortear estos obstáculos con entereza, encontrando constantemente maneras de mantener a su familia y conservar una actitud positiva. El libro es un testimonio del espíritu resiliente del ser humano.
5. El valor del humor y el optimismo: La ganadora del premio Defiance Ohio también enseña la importancia del humor y el optimismo para afrontar las dificultades de la vida. A pesar de los problemas que enfrenta, Evelyn mantiene una actitud alegre y optimista. Su sentido del humor la ayuda a encontrar momentos de alegría y risa en medio de las adversidades, recordándonos que el optimismo y el humor pueden ser herramientas valiosas para superar los desafíos.

Tenía 10 Hijos… Y Solo Una Forma de Salvarlos | Julianne Moore | Película Completa

lunes, 10 de agosto de 2026

LIBRO "¡BASTA DE HISTORIAS!": LA OBSESIÓN LATINOAMERICANA CON EL PASADO Y LAS 12 CLAVES DEL FUTURO por ANDRÉS OPPENHEIMER

¡Basta de historias!
La obsesión latinoamericana con el pasado 
y las 12 claves del futuro


Para Andrés Oppenheimer la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación en la región latinoamericana es urgente, y la razón es simple: el XXI será el siglo de la economía del conocimiento.
Andrés Oppenheimer, periodista influyente y siempre dispuesto a desafiar las modas políticas con inteligencia y humor, aporta en ¡Basta de historias! ideas útiles para trabajar en la principal asignatura pendiente de América Latina, la única que podrá sacarla de la mediocridad económica e intelectual: la educación.
La obsesión de América Latina con su pasado ¿la ayuda a prepararse para el futuro o la frena en la tarea de competir en la economía de conocimiento del siglo XXI?
Para Andrés Oppenheimer la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación en la región latinoamericana es urgente, y la razón es simple: el siglo XXI será el de la economía del conocimiento. Contrariamente a lo que pregonan presidentes y líderes populistas latinoamericanos, los países que avanzan no son los que venden materias primas ni productos manufacturados básicos, sino los que producen bienes y servicios de mayor valor agregado.
¡Basta de historias! sale a la luz en momentos en que buena parte de Latinoamérica está festejando el bicentenario de su independencia. La obsesión con el pasado es un fenómeno característico de la región, algo que curiosamente no ocurre en China, India y otros países asiáticos y de Europa del Este, a pesar de sus historias milenarias. Entonces, vale la pena entonces preguntarnos: ¿Es saludable esta obsesión con la historia? ¿Nos ayuda a prepararnos para el futuro? ¿O, por el contrario, nos distrae de la tarea cada vez más urgente de prepararnos para competir mejor en la economía del conocimiento del siglo XXI?


Prólogo  

Este libro sale a la luz en momentos en que buena parte de Latinoamérica está festejando el bicentenario de su independencia, y la región está dedicada con mayor entusiasmo de lo habitual a conmemorar, discutir y revisar su pasado. La pasión por la historia es visible por donde uno mire. Los gobiernos –incluyendo el de España, que creó una Comisión Nacional para la Conmemoración de los Bicentenarios- han destinado millones de dólares a los festejos. En los medios de comunicación ha habido acalorados debates sobre cuáles figuras del siglo XIX deberían ser consideradas próceres e la independencia y cuáles enemigas de la patria. En las librerías, los best-sellers del momento son las novelas históricas sobre la vida de Simón Bolívar, Francisco de Miranda, Antonio José Sucre, José de San Martín, Bernardo O’Higgins, Miguel Hidalgo, José María Morelos y otros héroes de la emancipación latinoamericana. 

El "presidente" de Venezuela, Hugo Chávez, acaba de desenterrar los restos de Bolívar en una solemne ceremonia difundida en cadena nacional para iniciar una investigación sobre si el prócer fue asesinado; hace sus discursos al país delante de un retrato del prócer, y hasta le ha cambiado el nombre al país por el de “República Bolivariana de Venezuela”. 
Los presidentes de Bolivia y Ecuador se proclaman herederos de legados históricos que siguiendo los pasos de Chávez- evocan constantemente para consolidar sus propios proyectos de acaparamiento del poder y justificar la “refundación” de sus países bajo nuevas reglas que les dan poderes absolutos. En todo el continente, desde Argentina hasta México, hay una verdadera pasión por redescubrir la historia. 

La obsesión con el pasado es un fenómeno que, si bien está exacerbado por los festejos de la independencia, es característico de la región. Curiosamente, no he observado el mismo fenómeno en mis viajes recientes a China, la India y otros países asiáticos, a pesar de que muchos de ellos tienen historias milenarias. Entonces, vale la pena hacernos algunas preguntas políticamente incorrectas, pero necesarias. 
¿Es saludable esta obsesión con la historia que nos caracteriza a los latinoamericanos? ¿Nos ayuda a prepararnos para el futuro? ¿O, por el contrario, nos distrae de la tarea cada vez más urgente de prepararnos para competir mejor en la economía del conocimiento del siglo XXI? 

Este libro argumenta que los países latinoamericanos están demasiado inmersos en una revisión constante de su historia, que los distrae de lo que debería ser su principal prioridad: mejorar sus sistemas educativos. Sin poblaciones con altos niveles de educación, la región no podrá competir en la nueva era de la economía del conocimiento, donde los productos de alta tecnología –desde programas de software hasta patentes de la industria farmacéutica- se cotizan mucho más en los mercados mundiales que las materias primas, o las manufacturas con poco valor agregado. 

Para buscar ideas sobre cómo mejorar la calidad de la educación en nuestros países, en los últimos años he viajado a países que tienen en común el haberse destacado por sus avances en la educación, la ciencia y la tecnología. Viaje a China, la India, Singapur, Finlandia, Suecia, Israel y otros países de diferentes colores políticos, pero que –cada uno a su manera- han logrado mejorar sus niveles educativos y reducir dramáticamente la pobreza. Y luego viajé a México, Brasil, Chile, Argentina y otros países iberoamericanos para ver qué estamos haciendo –de bueno y de malo- en la región. Realicé más de 200 entrevistas a figuras calve del mundo –incluyendo el presidente Barack Obama; el fundador de Microsoft, Bill Gates, y el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz- y numerosos otros jefes de Estado, ministros, rectores universitarios, científicos, profesores, estudiantes y padres y madres de familia. 

Para mi sorpresa, descubrí que mejorar sustancialmente la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación no son tareas imposibles. Hay coas muy concretas, y relativamente fáciles, que se están haciendo en otras partes del mundo, y que podemos emular en nuestros países. Este libro está lleno de ejemplos al respecto. 

La tarea es impostergable, porque el siglo XXI es, y será, el de la economía del conocimiento. Contrariamente al discurso de la vieja izquierda y la vieja derecha en la región, los recursos naturales ya no son los que producen más crecimiento: los países que más están avanzando en todo el mundo son los que le apostaron la innovación y producen bienes y servicios de mayor valor agregado. No en vano el país con el mayor ingreso per capitán del mundo es el diminuto Liechtenstein, que no tiene ninguna materia prima, mientras que países con enorme riqueza de materias primas, como Venezuela y Nigeria, están entre los que tienen más altas tasas de pobreza. Y no en vano los hombres más ricos del mundo son empresarios como Gates, el mexicano Carlos, Slim o Warren Buffet, que producen de todos menos materias primas. 

El mundo ha cambiado. Mientras en 1960 las materias primas constituían 30 por ciento del producto bruto mundial, en la década de 2000 representaban apenas 4 por ciento del mismo. El grueso de la economía mundial está en el sector servicios, que representa 68 por ciento, y en el sector industrial, que representa 29 por ciento, según el Banco Mundial. 

Y esta tendencia se acelerará cada vez más. La reciente crisis económica mundial hizo tambalear los precios de las materias primas de Sudamérica y las exportaciones de manufacturas de México y Centroamérica. Además, la crisis ha reducido el tamaño del pastel de la economía mundial, lo que deja mejor posicionados a los países más competitivos; o sea, los que pueden producir bienes y servicios más sofisticados a mejores precios. La receta para creer y reducir la pobreza en nuestros países ya no será solamente abrir nuevos mercados –por ejemplo, firmando más acuerdos de libre comercio –sino inventar nuevos productos. Y eso sólo se logra con una mejor calidad educativa. 

Ojalá este viaje periodístico alrededor del mundo sirva para aportar ideas que nos ayuden a todos –gobiernos y ciudadanos comunes- a ponernos las pilas y empezar a trabajar en la principal asignatura pendiente de nuestro país, y la única que nos podrá sacar de la mediocridad económica e intelectual en la que vivimos. 

Finamente, quisiera agradecer muy especialmente a Bettina Chouhy, Annamaría Muchnik y Angelina Peralta, que durante los últimos años me han ayudad en la investigación y la logística que hicieron posible este libro. Sin ellas, esta obra hubiera sido imposible.

Andrés Oppenheimer

Cuando funcionarios de todo el mundo vienen aquí para ver por qué los estudiantes de Singapur obtienen tan buenos resultados en exámenes internacionales de ciencia y matemática, no les lleva demasiado tiempo descubrir el secreto: hay una obsesión nacional con la educación.
Es una obsesión que, como pude observar a los pocos minutos de llegar al aeropuerto, se manifiesta hasta en los billetes de dólares del país. Mientras los billetes en Estados Unidos y América latina muestran imágenes de próceres del pasado, el billete de dos dólares de Singapur muestra un aula con alumnos escuchando al profesor, con una universidad en el fondo. Debajo se lee una palabra: "Educación".

En el transcurso de una visita de una semana, encontré en todas partes síntomas de esta obsesión nacional: hay bibliotecas públicas en los centros comerciales, enormes titulares en los medios sobre estudiantes que sobresalen académicamente y un ministro de Educación que también es ministro alterno de Defensa. Hay algunas cosas que muchos países latinoamericanos, y Estados Unidos, podrían aprender del papel de la educación acá.

Hace apenas cuatro décadas, cuando Gran Bretaña le retiró a Singapur su estatus de colonia británica, este pequeño país era tan pobre que ninguna otra nación quiso hacerse cargo de su territorio. Su PBI en los años 60 era menos de la mitad del de la Argentina y similar al de México y Jamaica.
Hoy, en gran parte por su énfasis en la educación, Singapur es el noveno entre los países más ricos del mundo en ingreso per cápita . Comparativamente, Estados Unidos ocupa el 10° lugar y la Argentina, el 81°.
En lo que hace a su sistema educativo, la historia de Singapur es asombrosa. Hace cuatro décadas, tenía un alto nivel de analfabetismo. 
Hoy, Singapur ocupa el primer puesto en los exámenes internacionales destinados a evaluar la capacidad de los estudiantes de 4° y 8° grado en matemática y ciencias.

"Para nosotros, la educación es una cuestión de supervivencia", me dijo el presidente de la Universidad Nacional de Singapur, Tan Chorh Chuan. "Singapur no tiene recursos naturales, de manera que no podemos sobrevivir si no nos concentramos en formar gente".
¿Cómo lo hizo Singapur? Según funcionarios y académicos locales, el fundador del país, Lee Kwan Yew, tuvo la visión de convertir a Singapur en un país angloparlante con educación bilingüe, donde los estudiantes aprenden inglés como primer idioma y su lengua materna -mandarín, tamil o malayo- como segundo. Eso contribuyó a convertir a Singapur en un centro importante del comercio mundial, afirman.
También convirtió el sistema educativo en una de las más duras meritocracias del mundo, que produce trabajadores altamente calificados y que exporta cada vez más productos de alta tecnología. 
La meritocracia académica de Singapur empieza en primer grado, donde los niños son clasificados en un ranking según su desempeño académico, desde el primero hasta el último.
En la escuela primaria Rulang, especializada en enseñanza robótica, los maestros me miraron un poco perplejos cuando les pregunté si informarle a una niña de siete años que es la última de su clase no es someterla a una presión excesiva.

"No", me dijo la directora de la escuela, Cheryl Lim. "Les decimos en qué lugar del ranking están para dejarles saber qué lugar ocupan en este momento y que pueden mejorar el año próximo".
Según el resultado que obtengan en un riguroso examen nacional al finalizar la primaria, los estudiantes son destinados a diferentes secundarias, cada una de las cuales tiene una especialidad particular. Por medio de un proceso de "canalización", las escuelas identifican las capacidades de los estudiantes y los encauzan en diferentes vertientes académicas que finalmente los conducen a la universidad o a escuelas técnicas o vocacionales.

Al finalizar la primera etapa del secundario, los estudiantes deben rendir otro examen y, según el resultado, pueden ir a institutos que ofrecen tecnicaturas especializadas o certificados en peluquería, asistencia de enfermería y otros oficios. Las autoridades educativas y académicas niegan que sea un sistema draconiano. Señalan que esos institutos proporcionan una carrera a todo el mundo.
"Esa es la joya de mi corona", me dijo el ministro de Educación, Ng Eng Hen. "Casi todos los países tienen buenas universidades, pero pocos tienen un buen sistema de escuelas vocacionales.´´

Mi opinión: por su pequeño tamaño y su régimen autoritario, no se puede presentar a este país como un modelo por seguir. No obstante, podemos aprender algo de su obsesión con la educación y de su red de seguridad académica para estudiantes de bajo desempeño. Tal vez deberíamos empezar por poner la palabra "educación" en nuestros billetes, para recordarnos la importancia de un buen sistema educativo en la economía global, cada vez más basada en el conocimiento.

Los pronósticos que hace el FMI para 2022. El crecimiento global será de 3,2 %; para Asia, de 6,2 %; para África, de 3,4 % y para América Latina, de 0,6 %.
Éstas cifras reflejan la mirada hacia el futuro que tienen los asiáticos, mientras que los latinoamericanos vivimos en el pasado. Para ilustrar su argumento dice que una observación a los billetes comprueba su hipótesis. Mientras que en los nuestros aparecen los próceres de la independencia representando el pasado, en Singapur aparece una universidad con estudiantes esmerados y entusiastas hacia el futuro.

No hay duda de que Singapur es un caso extraordinario de desarrollo económico. De un país pobre y subdesarrollado en la década de los sesenta pasó a ser uno de los países más desarrollados del mundo. En el índice global de competitividad del Foro Económico Mundial (FEM) de 2019 aparece como el país más competitivo del mundo, por encima de Suiza, Japón y Alemania.
Revisando el índice con más detalle se advierte que es el país que tiene la mayor expectativa de vida saludable del mundo. Es también donde se observa la menor tasa de homicidios: dos asesinatos al año por cada millón de habitantes. La carga regulatoria sobre el sector privado es mínima, la eficiencia del sistema judicial para resolver disputas es la más alta del mundo y la corrupción casi no existe. Singapur ha tenido, pues, un sobresaliente desempeño durante los últimos setenta años.


Los Peligros Del Desdoblamiento Populista | "Yo No Soy Yo, Yo Soy El Pueblo".


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lunes, 27 de julio de 2026

LIBRO "GRÜNARRIANISMO": De la Gnosis Progre-Luciferina 👿👥 de Anselm Grün por Dr. Federico Highton, S.E.


 GRÜNARRIANISMO
De la Gnosis Progre-Luciferina
de Anselm Grün
👿👥

 Dr. Federico Highton, S.E.

El objeto de estudio de este trabajo (o, mejor dicho, el subiectum, si seguimos la epistemología aristotélica), es la doctrina del teólogo alemán, Anselm Grün, «considerado el monje más famoso de Alemania» (Alonso, 3 de julio de 2020) y, según dice Castro Cubells en el prólogo a una obra de este monje germano, «conocido hoy en casi todo el mundo» (Grün, 2004a, p. 10).

El problema científico principal que ocupa este trabajo que aquí comenzamos, esto es, el gran tema a resolver o la gran pregunta a desentrañar en estas líneas puede resumirse en este interrogante: «¿es o no católica la doctrina de Grün?».
Nuestra hipótesis investigativa es doble y se resume en dos proposiciones: 1) la doctrina de Anselm Grün no es católica y 2) la doctrina de Anselm Grün es gnóstica.

Escribir un libro sobre Grün encierra un especial desafío ya que para él no hay ninguna autoridad: ni la Escritura (que él interpreta a su manera al punto de decir disparates aplicando el principio luterano del libre examen en grado máximo) ni el Magisterio infalible de la Iglesia (que él desprecia llamándolo «dogmatismo romano») ni Santo Tomás y la Escolástica en general (que él cree superados por la Teología Moderna) ni los argumentos de razón (que él elude con un pseudo-misticismo onírico gnóstico).

¿Cómo vamos a refutar a un sujeto que no acepta ninguna autoridad sino que es un librepensador en grado sumo? Nuestra estrategia será simple: nos limitaremos a demostrar que su pensamiento es profundamente contrario a la doctrina católica. De este modo, advertiremos a los fieles que en sus escritos no se encontrará la Verdad sino veneno a medida del gusto del hombre moderno.

Nos hemos tomado el trabajo de leer, citar y refutar, total o parcialmente, 79 obras (la mayoría libros y algunos ensayos) de Anselm Grün, lo cual es suficientemente representativo para conocer y desenmascarar a este lobo con piel de cordero (de la Introducción).

Hace casi catorce años asistíamos a la primera Misa del Padre Federico Highton (¡si hasta parece mentira todo lo que ha pasado desde ese entonces!).

Era una capilla pequeña en un orfelinato, con apenas un par de personas mayores y algunas niñas. Pero sabíamos que nuestro antiguo alumno, amigo y camarada, estaba comenzando un ministerio que daría que hablar; alguien que, como muchas veces nos alentamos mutuamente, buscaría por todos los medios terminar su vida o mártir, o exhausto de cansancio por predicar la verdad. Todo, menos esos obituarios aburridos y patéticos que dicen: “aquí yace Fulano de Tal: que nació tal día y murió tal otro”.

Tuve la gracia de que me pidiera predicar y la segunda gracia de guardar esa homilía que, en sus partes finales, decía:

“Por último, Padre Federico, quedan las palabras que a vos se dirigen. Esas palabras que sólo se pueden decir en el marco de una primera Misa de alguien que va a hacer mucho bien a la Iglesia si, como creo, te mantienes fiel y radical como hasta ahora.

Hacía meses que esperaba esta ordenación y ayer no pude contener las lágrimas al imponer mis manos sobre tu cabeza, mientras imploraba del Espíritu Santo el don de Consejo, ese don que ilumina la inteligencia para saber cómo obrar en cada instante.

Pero no las diré de mi boca, sino de boca de aquel santo que ha guiado gran parte de nuestro camino de formación y que hoy, providencialmente celebramos en sus primeras vísperas: San Francisco Javier.

Así decía el gran santo navarro desde Japón a sus compañeros jesuitas que se hallaban en España:

‘Venid a la misión; disponeos a buscar mucha humildad persiguiéndoos a vosotros mismos en las cosas que sentís repugnancia… y de aquí creceréis en mayor Fe, esperanza y confianza y amor de Dios y caridad del prójimo’”.

Pues hoy, más de una década después, es lo que exactamente el Padre Federico ha hecho: estar en la primera línea de misión, haciendo la opción preferencial por los pobres, los de verdad, los paganos que no conocen a Cristo y, desde allí, con un poder de concentración que hasta ahora no he visto en otro mortal, leer y refutar con sus escritos algunos temas tan fundamentales como repugnantes, sean éstos el budismo tibetano, el islamismo herético o la cábala talmudista.

Y esta vez ha entrado en las profundidades de otro tipo, el del psicologismo newageísta barnizado de catolicismo de una de las últimas vacas sagradas de la espiritualidad progre contemporánea: el monje benedictino Anselm Grün.

Hay libros que nacen para adornar bibliotecas… y hay otros que nacen para hacerlas temblar. El que el lector tiene entre manos pertenece, sin duda, a la segunda especie, haciendo con este libro lo que muchos consideran imprudente y otros directamente imposible: leer, estudiar, analizar… y luego juzgar no uno, sino decenas de las obras del monje alemán, cuyas obras han sido traducidas a más de 30 idiomas con más de 15 millones de libros vendidos.

– Perdón, ¿dijo “juzgar”?

Exacto. El padre Federico juzga -a pesar de que esa palabra cause urticaria en muchos oídos “tolerantes” de hoy. Y el fenómeno que analiza —con paciencia de cirujano y sin anestesia retórica— es uno de los más curiosos de nuestro tiempo: el éxito masivo de ciertas propuestas “espirituales” que, cuanto más se alejan de la fe católica, más parecen gustar… incluso dentro de ambientes que se dicen “católicos”.

Uno podría preguntarse: ¿pero cómo es posible? La respuesta es incómoda: porque muchas veces se prefiere una mentira agradable a una verdad exigente. Y aquí es donde este libro cumple su función: desmontar, paso a paso, una construcción que ha seducido a no pocos, mostrando sus presupuestos, sus fuentes y, sobre todo, sus consecuencias.

No se trata de una crítica superficial ni de un panfleto apresurado. Es el producto de una tesis doctoral en teología; estamos ante un trabajo serio, documentado, trabajado con ese raro equilibrio entre inteligencia y combatividad que caracterizaba a los grandes polemistas católicos de otras épocas, cuando todavía se entendía que la caridad no consistía en callar la verdad, sino en decirla a tiempo.

Pero alguno dirá que este libro es “duro”. Probablemente lo sea. Pero conviene distinguir: no es duro con las personas; es duro con los errores. Y eso, lejos de ser un defecto, es una obra de misericordia espiritual, tan olvidada como necesaria. Porque el error —especialmente en materia de Fe— no es un simple desacierto académico: es un veneno. Y si no se alerta sobre los venenos, terminamos bebiéndolos.

Y el Padre Highton, aún desde su hábitat propio de la misión, ha decidido no mirar para otro lado. Y eso tiene un costo. Siempre lo tiene. Pero también tiene un mérito: el de servir a la verdad sin negociar con la moda. Al lector le espera, entonces, un recorrido exigente pero iluminador. No encontrará aquí frases hechas ni concesiones al espíritu del tiempo, sino algo mucho más valioso: argumentos.

Y en una época que ha reemplazado el argumento por la emoción, eso ya es, en sí mismo, una forma de resistencia.

Terminemos con una advertencia —o, si se prefiere, una invitación—: este no es un libro para quien busca confirmación de prejuicios, sino para quien todavía cree que la verdad existe… y que vale la pena defenderla.

Los demás, probablemente, lo encontrarán incómodo.

Y eso, lejos de ser un problema, es una excelente señal.

P. Javier Olivera Ravasi, SE 

INTRODUCCIÓN

Palabras preliminares o motivos de la confutación

Anselm Grün (o Anselmo Verde, como lo llamaba graciosamente Caste­llani), «considerado el monje más famoso de Alemania», «conocido hoy en casi todo el mundo», autor de «"best-sellers" espirituales», «uno de los escritores cristianos de lengua alemana más leídos» y aun «uno de los es­critores cristianos más leídos de la actualidad» e incluso uno de los autores espirituales más leídos del mundo, leído «tanto en círculos progresistas como conservadores» (principalmente por mujeres), citado por muchos scholars como una autoridad en Teología, que ostenta «una reputación de es­cribir libros que combinan la reflexión espiritual y  una buena investigación [=scholarship] general», traducido a más de treinta lenguas (al punto de ser, curiosamente, uno de los más editados en República Checa e incluir lenguas como el chino, el ruso, el noruego y hasta el swahili), me irritaba por un simple motivo: su impostura se intuía con solo ver la tapa de los libros «de este monje benedictino que, según dice el prologuista de uno de sus libros, toca una cuerda particular en el corazón del hombre contemporáneo», lo cual torna urgente refutarlo ya que, como enseña el escoliasta Gómez Dávila (cuya «escritura fragmentaria» y «estética reaccionaria» iluminará nues­tro libro), «La idea deletérea no alcanza a veces a corromper a su inventor, pero corrompe a toda una posteridad imprudente».

Me sorprendía que sus obras ocupasen el centro de las vitrinas de tantas brillosas librerías católicas y que tantas señoras instruidas se gozasen de leer a este autor. Desde el vamos olía a gato encerrado. Luego se me fue la irritación, pues me habitué a sufrir la agobiante omnipresencia del espíritu progresista que, en el ámbito de la espiritualidad, termina infiltrando en las almas una especie de tibieza militante (si se nos permite el oxímoron), que acaban dispuestas a todo menos a defender la Verdad.

Como bien observa Caal Coy, no hay mucho escrito sobre Anselm Grün. Hace muchos años, el buen Padre Gabino Tabossi (que en paz descanse) re­futó a Grün y hace poco mi amigo el Padre Horado Bojorge, en una entrevista online en el portal QNTLC, denunció con lucidez y firmeza la heterodoxia de los gruñidos de Grün, todo lo cual es de suyo suficiente para que los bautizados decentes descarten a semejante impostor; pero como la plaga sigue en curso, sus libros se siguen vendiendo por millones, los videos online son difícilmente citables y siguen habiendo muchos laicos generosos que con santas intenciones apostólicas insisten en usar la pseudo-espiritualidad grü­niana para predicar retiros de conversión. 

Mi gran amigo el Dr. Carlos Romero Berdullas, uno de los pocos penalistas tomistas de la Argentina, me venía in­sistiendo para que refute sistemáticamente a Anselm Grün, a quien podemos llamar el profetastro más vendido de la espiritualidad moderna católica, que de católica no tiene casi nada y que, en el fondo, no tiene nada ya que cuando se mezcla la fe con la herejía ya no queda fe sino un caos doctrinal, si bien Grün dice que él «procura salvaguardar el tesoro de la tradición».

Le dije varias veces que no tenía tiempo, pero finalmente cedí y así me dispuse a hacer un opúsculo, que terminó siendo una tesis doctoral en Teo­logía y luego un libro (que alarga la tesis y la adapta levemente), que busca desmontar de una vez a este sofista contemporáneo, que ofende al buen Jesús diciendo que «Jesús era buen bebedor», que calumnió a los santos mártires de la Iglesia primitiva calificándolos de masoquistas y que no temió inter­pretar en clave psicologista los exorcismos del Señor y hasta la misma señal de la cruz, diciendo que «el hombro izquierdo representa lo inconsciente; y el derecho, lo consciente» y, a la vez, «la izquierda lo femenino, la derecha lo masculino.

Valga aclarar que no hicimos una enciclopedia refutando absolutamente todos los errores de Anselmo Verde y cada uno de sus tomos (escribió una gigantesca cantidad de libros) sino que, por el contrario, nuestro propósito no fue sino el de elaborar un libro de estudio para demostrar de modo contun­dente e irrefutable que este autor no sólo es pródigo en errores gravísimos sino que creó una cosmovisión gnóstico-cristianoide radicalmente contraria a la Santa Fe Católica, esto es, escribimos este libro para probar que Grün no es un autor católico que tiene algunos errores sino el fautor de un sistema gnóstico radicalmente anticatólico, lo cual es muy grave ya que, como en­seña Meinvielle, «para destruir al cristianismo había que vaciarlo por dentro dejando toda su apariencia exterior. Y éste es el trabajo de los gnósticos, incluyendo a Anselm Grün, el más vendido de los gnósticos-cristianos en la actualidad.

Nos hemos tomado el trabajo de leer, citar y refutar, total o parcialmente, 75 obras (la mayoría libros y algunos ensayos) de Anselm Grün, lo cual es suficientemente representativo para conocer y desenmascarar a este lobo con piel de cordero. Como el autor escribió «más de trescientos libros» con «media de unos diez títulos por año», hemos elegido los más pedidos y los más vendidos en las librerías pretendidamente católicas más importantes de la Ciudad de Buenos Aires, que es donde empezamos a escribir el libro con ocasión de un problema de salud ocular que la Trinidad Sacrosanta se dignó enviarnos para Su mayor gloria.

No creemos que nadie nos reproche que no citemos 300 libros, lo cual sólo serviría para que nadie lea este. Leer, citar y confutar más de 75 obras de este monje modernista que hace gala de su ignorancia al afirmar que «los mayores moralistas nunca hacen lo que exigen a los otros».2.Z, es suficiente si queremos evitar ser víctimas de alguna psicopatía. Además, no hace falta citar 300 libros de un autor moderno ya que hoy «Nadie se empeña tanto en opinar como el que es simple eco». De todos modos, si aún así alguien nos reprocha no haber citado toda la biblioteca grüniana, lo invitamos a que busque alguna retractación que este autor haga de alguna de sus tesis y con gusto la publicaremos.

Es urgente refutar a Grün ya que es uno de los principales autores gnósti­cos de la era contemporánea (mas se hace pasar por católico) y dado que hoy la gnosis está tan vigente que, como bien dice Gómez Dávila («el solitario de Dios»), «En todas las sectas que hoy pululan fermenta una soteriología gnóstica»: Si Grün no tuviese vestidura de monje católico y no ostentase la etiqueta de benedictino, nadie lo leería ni publicaría y en tal caso no valdría la pena refutarlo, pero pasa lo contrario.

Si bien Grün reconoce que, al tratar un tema, lo que más le atrae es ex­ ponerlo primero sobre el fondo de la actual psicología, y después en diálogo con las otras religiones y sus tradiciones místicas, Grün atribuye su éxito de ventas al hecho de que, como él dice, «hay un gran anhelo por una espiri­tualidad cristiana que sea sana». Ahora bien, él les vende una espiritualidad que no es ni cristiana ni sana, por lo que hay que concluir que, allende sus in­ tenciones (él dice que los benedictinos no deben engañar a las personas en el nombre de Dios, que su Padre le enseñó a ser francoli y que él siente el reto de «convertirse en roca para los demás), la obra de Grün es una gran estafa, una estafa grave ya que él insiste en que él «no pretende dar consejos, sino poner a la gente en contacto con la sabiduría cristiana», cuando en realidad pone a sus lectores en contacto con lo que San Pablo llama «ineptas fábulas», esto es, «mitos ridículos» (1Tim v, t) y, más específicamente, mitos gnósticos secularizados con fachada cristianoide. Mas, Grün dice: «en cualquier caso, para mí es importante permanecer fiel a mi mensaje [¿no al de Cristo?, nos preguntamos] y llevarlo adelante» y «debo escuchar una y otra vez a mi voz interior [¿y si no es la de Cristo?] y seguir mi camino (¿y si no es el de Cristo?)»

Pero, ¿por qué decimos que no es ni cristiana ni sana? Ante todo, porque es una obra gnóstica, como veremos a lo largo de nuestro libro.

De todos modos, como admite su biógrafo, otro de los móviles por los cuales Grün escribe es el de «desahogarse de los anhelos por medio de la escritura»12, anhelos que, como su escritura evidencia, son en gran medida tenebrosos.

Nos dirán que somos unos intolerantes y que no amamos al prójimo, mas es al revés, no solo porque «Sólo es respetuoso el que subraya con vigor las diferencias» sino también porque era mucho más cómodo para nosotros no escribir nada y usar el tiempo en dormir más y hacer más deporte que en refutar imposturas, pero por el bien de las almas, al cual nos debemos y con­sagramos desde el día de nuestra ordenación sagrada, decidimos privarnos de legítimas comodidades, sacar tiempo de donde no tenemos y proceder a la clarificación doctrinal, ya que como dijo el único Salvador del género hu­mano: «conocerán la verdad y la verdad los hará libres» (Jn. 8, 32). Sabemos que -salvo un milagro- los libros de Grün se seguirán vendiendo dado que «el tonto no renuncia a un error mientras no pasa de moda», aunque también sabemos que «Matar un error no es posible, pero es posible apalearlo». Al fin de cuentas, como bien dice Grün, «A la larga, no se puede vivir impune en­frentando a la verdad», y «Jesús obliga a la verdad», y por eso lo refutamos.

No faltan quienes, con el afán de defender al famoso monje de Münsterschwarzach, dicen que los que lo atacan son «la derecha de la Iglesia», lo cual no deja de ser simpático no sólo porque las vulgares etiquetas derecha-izquierda son ineptas para describir el pensamiento católico sino porque, como reco­noce la editorial Herder (la cual, desde su viraje progresista, le publica los libros), «su trabajo se nutre de las influencias de (...) Karlfried Dürckheim», un propagandista nacionalsocialista que en 1938 fue enviado por quien poco después devino el Canciller del III Reich, Joachim Von Ribbentrop, al Japón, para estudiar la educación nipona y la posibilidad de usar actividades cultu­rales para promover los objetivos políticos de la Alemania de Hitler en Japón y toda zona asiática bajo el dominio imperial nipónil. Es más, el mismo Jung, una de las máximas fuentes de la doctrina de Grün fue, a juicio de varios estudiosos, como Eric Harper, antisemita, a tal punto que, según Harper, ésta fue una de las principales razones de que la ruptura entre Freud y Jung.

Terminamos este prólogo pidiendo al Espíritu Santo que nos llene de su luz y así nos salve «de la confusión que propagan los falsos maestros», es­pecialmente de aquellos que tienen «ingenio teológico», que, según el gran pensador bogotano, «consiste hoy día en inventar formas subrepticias de apostasía», concluyendo estas líneas inaugurales convocando a los lectores a prepararse para reírse ya que, como decía el citado poeta colombiano, ante el progresismo actual, «el católico viejo se indigna primero, se asusta des­pués, finalmente revienta de risa».

Subiectum: problema, hipótesis, objetivos y estructura del trabajo

El objeto de estudio de este trabajo (o, mejor dicho, el subiectum, si segui­mos la epistemología aristotélica), es la doctrina del teólogo alemán, Anselm Grün, «considerado el monje más famoso de Alemania» (Alonso, 3 de julio de 2020) y, según dice Castro Cubells en el prólogo a una obra de este monje ger­mano, «conocido hoy en casi todo el mundo» (Grün, 2004a, p. 10).

El problema científico principal que ocupa este trabajo que aquí comenza­mos, esto es, el gran tema a resolver o la gran pregunta a desentrañar en estas líneas puede resumirse en este interrogante: «¿es o no católica la doctrina de Grün?».

Nuestra hipótesis investigativa es doble y se resume en dos proposiciones:

1) la doctrina de Anselm Grün no es católica 
y 2) la doctrina de Anselm Grün es gnóstica.

Nuestro trabajo tiene objetivos de dos tipos: general y específico. El objetivo general de este trabajo es investigar dos asuntos conexos: 
1) si la doctrina de Anselm Grün es católica (o no) 
y 2) si su doctrina es gnóstica (o no). 
Al fin de cuentas, ambos asuntos pueden formularse en una sola proposición ya que, como enseña J. Meinvielle (y veremos a lo largo de este trabajo), en el fondo sólo hay dos concepciones posibles: la católica o la gnóstica, como leemos al comienzo de la conclusión de la obra maestra del dicho autor: «A través de toda la historia humana no hay sino dos formas fundamentales del pensa­miento y de la vida: la católica y la gnóstica» (Meinvielle, 1970, p. 456).

Para ahorrar equívocos desde el comienzo, precisemos en qué consiste la concepción católica y en qué la gnóstica: La concepción católica es la concep­ ción revelada por Dios y enseñada oficialmente por la Iglesia en Magisterio bimilenario infalible, la cual fue expuesta magníficamente por Santo Tomás de Aquino, que es el mayor Santo de los Sabios y el mayor Sabio de los Santos, siendo tan importante su exposición que es el único Doctor Universal vene­ rado por la Iglesia con el glorioso título de Doctor Universalis.

Por otra parte, como enseña Meinvielle, «Se llama gnosis y cábala a toda concepción de Dios, el mundo y el hombre que asigna una única sustancia, homogénea, a estas tres realidades» (Meinvielle, 1970, p. 18).

Consecuentemente con lo ya señalado, los objetivos específicos de este tra­ bajo son dos: 
1) investigar el itinerario intelectual de Anselm Grün, sus fuen­ tes y, en la medida de los estrechos límites permitidos por la longitud de una tesis doctoral y que lo pida la mejor consecución de nuestro objetivo general, estudiaremos las fuentes de las fuentes grünianas, trazando una especie de árbol genealógico de la doctrina grüniana y, por ende, en cierta medida, de la gnosis alemana moderna; 
2) investigar los principales puntos de la doctrina de Anselm Grün siguiendo el orden temático empleado por Santo Tomás en la Summa Theologice, que comienza con Dios y termina con Cristo, pasando por los ángeles, los hombres y, luego, la moral.

Que el petiso Grün tenga el apoyo entusiasta de la progresía y de la milenaria Abadía benedictina de Münsterschwarzach, en la que él vive, no da ninguna garantía de ortodoxia, sino al contrario. De hecho, Grün contra­ dice la doctrina católica en todos o prácticamente todos los grandes temas. Por eso, podemos hablar de "gruñidos grünianos" teniendo en cuenta que el gruñido es un sonido emitido por un animal en señal de ataque o amenaza, metáfora esta que nos sirve para denotar los gruñidos con los que el lobo amenaza o ataca a la grey católica falsificando la fe.

El eje de nuestro trabajo, entonces, consiste en desenmascarar los gruñi­dos grünianos, lo cual haremos siguiendo la siguiente estructura: primero, describiremos las fuentes, influencias y clave del pensamiento grüniano; segundo, salteando lógicamente algunos puntos, expondremos la doctrina grüniana siguiendo el orden expositivo de la Summa Theologiae de Santo Tomás de Aquino (citado aisladamente en algunas de sus obras por Grün 2):

1) Dios Uno y Trino; 2) el hombre; 3) Teología moral (general y especial); 4) Cristo (y la Virgen); 5) Liturgía; 6) escatologíall. 
Este libro, podríamos decir, es como una especie de Anti Suma Teológica. Alguno nos preguntará quizá por qué tratar tantos temas y la respuesta es, parafraseando al escoliasta bogotano, que «Sobre toda idea noble la Teología moderna ha sabido dejar la huella digital de su calumnia».

Status quo investigativo y metodología empleada

Escribir un libro sobre Grün encierra un especial desafío ya para él no hay ninguna autoridad: ni la Escritura (que él interpreta a su manera al punto de decir disparates aplicando el principio luterano del libre examen en grado máximo) ni el Magisterio infalible de la Iglesia (que él desprecia llamándolo «dogmatismo romano») ni Santo Tomás y la Escolástica en general (que él cree superados por la Teología Moderna) ni los argumentos de razón (que él elude con un pseudo-misticismo onírico gnóstico).

¿Cómo vamos a refutar a un sujeto que no acepta ninguna autoridad sino que es un librepensador en grado sumo? Nuestra estrategia será simple: nos limitaremos a demostrar que su pensamiento es profundamente contrario a la doctrina católica. De este modo, advertiremos a los fieles que en sus escritos no se encontrará la Verdad sino veneno a medida del gusto del hom­bre moderno.

Lo novedoso de este trabajo

Nuestra tesis es novedosa ya que no hay ningún trabajo científico que demuestre el carácter gnóstico del pensamiento grüniano a partir de los es­critos del mismo autor. El valiosísimo trabajo del Padre Tabossi se basa más bien en citas de citas, mas el nuestro en las citas primarias. Por otra parte, nuestro trabajo es novedoso ya que nunca fue estudiado el corpus grüniano siguiendo el orden temático de la Summa Theologiae, que es lo que hacemos en este trabajo doctoral.

 
ANSELM GRÜN. Libro del P. Federico Highton. "De la gnosis progre-luciferina de Anselm Grün"

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