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lunes, 27 de julio de 2026

LIBRO "GRÜNARRIANISMO": De la Gnosis Progre-Luciferina 👿👥 de Anselm Grün por Dr. Federico Highton, S.E.


 GRÜNARRIANISMO
De la Gnosis Progre-Luciferina
de Anselm Grün
👿👥

 Dr. Federico Highton, S.E.

El objeto de estudio de este trabajo (o, mejor dicho, el subiectum, si seguimos la epistemología aristotélica), es la doctrina del teólogo alemán, Anselm Grün, «considerado el monje más famoso de Alemania» (Alonso, 3 de julio de 2020) y, según dice Castro Cubells en el prólogo a una obra de este monje germano, «conocido hoy en casi todo el mundo» (Grün, 2004a, p. 10).

El problema científico principal que ocupa este trabajo que aquí comenzamos, esto es, el gran tema a resolver o la gran pregunta a desentrañar en estas líneas puede resumirse en este interrogante: «¿es o no católica la doctrina de Grün?».
Nuestra hipótesis investigativa es doble y se resume en dos proposiciones: 1) la doctrina de Anselm Grün no es católica y 2) la doctrina de Anselm Grün es gnóstica.

Escribir un libro sobre Grün encierra un especial desafío ya que para él no hay ninguna autoridad: ni la Escritura (que él interpreta a su manera al punto de decir disparates aplicando el principio luterano del libre examen en grado máximo) ni el Magisterio infalible de la Iglesia (que él desprecia llamándolo «dogmatismo romano») ni Santo Tomás y la Escolástica en general (que él cree superados por la Teología Moderna) ni los argumentos de razón (que él elude con un pseudo-misticismo onírico gnóstico).

¿Cómo vamos a refutar a un sujeto que no acepta ninguna autoridad sino que es un librepensador en grado sumo? Nuestra estrategia será simple: nos limitaremos a demostrar que su pensamiento es profundamente contrario a la doctrina católica. De este modo, advertiremos a los fieles que en sus escritos no se encontrará la Verdad sino veneno a medida del gusto del hombre moderno.

Nos hemos tomado el trabajo de leer, citar y refutar, total o parcialmente, 79 obras (la mayoría libros y algunos ensayos) de Anselm Grün, lo cual es suficientemente representativo para conocer y desenmascarar a este lobo con piel de cordero (de la Introducción).

Hace casi catorce años asistíamos a la primera Misa del Padre Federico Highton (¡si hasta parece mentira todo lo que ha pasado desde ese entonces!).

Era una capilla pequeña en un orfelinato, con apenas un par de personas mayores y algunas niñas. Pero sabíamos que nuestro antiguo alumno, amigo y camarada, estaba comenzando un ministerio que daría que hablar; alguien que, como muchas veces nos alentamos mutuamente, buscaría por todos los medios terminar su vida o mártir, o exhausto de cansancio por predicar la verdad. Todo, menos esos obituarios aburridos y patéticos que dicen: “aquí yace Fulano de Tal: que nació tal día y murió tal otro”.

Tuve la gracia de que me pidiera predicar y la segunda gracia de guardar esa homilía que, en sus partes finales, decía:

“Por último, Padre Federico, quedan las palabras que a vos se dirigen. Esas palabras que sólo se pueden decir en el marco de una primera Misa de alguien que va a hacer mucho bien a la Iglesia si, como creo, te mantienes fiel y radical como hasta ahora.

Hacía meses que esperaba esta ordenación y ayer no pude contener las lágrimas al imponer mis manos sobre tu cabeza, mientras imploraba del Espíritu Santo el don de Consejo, ese don que ilumina la inteligencia para saber cómo obrar en cada instante.

Pero no las diré de mi boca, sino de boca de aquel santo que ha guiado gran parte de nuestro camino de formación y que hoy, providencialmente celebramos en sus primeras vísperas: San Francisco Javier.

Así decía el gran santo navarro desde Japón a sus compañeros jesuitas que se hallaban en España:

‘Venid a la misión; disponeos a buscar mucha humildad persiguiéndoos a vosotros mismos en las cosas que sentís repugnancia… y de aquí creceréis en mayor Fe, esperanza y confianza y amor de Dios y caridad del prójimo’”.

Pues hoy, más de una década después, es lo que exactamente el Padre Federico ha hecho: estar en la primera línea de misión, haciendo la opción preferencial por los pobres, los de verdad, los paganos que no conocen a Cristo y, desde allí, con un poder de concentración que hasta ahora no he visto en otro mortal, leer y refutar con sus escritos algunos temas tan fundamentales como repugnantes, sean éstos el budismo tibetano, el islamismo herético o la cábala talmudista.

Y esta vez ha entrado en las profundidades de otro tipo, el del psicologismo newageísta barnizado de catolicismo de una de las últimas vacas sagradas de la espiritualidad progre contemporánea: el monje benedictino Anselm Grün.

Hay libros que nacen para adornar bibliotecas… y hay otros que nacen para hacerlas temblar. El que el lector tiene entre manos pertenece, sin duda, a la segunda especie, haciendo con este libro lo que muchos consideran imprudente y otros directamente imposible: leer, estudiar, analizar… y luego juzgar no uno, sino decenas de las obras del monje alemán, cuyas obras han sido traducidas a más de 30 idiomas con más de 15 millones de libros vendidos.

– Perdón, ¿dijo “juzgar”?

Exacto. El padre Federico juzga -a pesar de que esa palabra cause urticaria en muchos oídos “tolerantes” de hoy. Y el fenómeno que analiza —con paciencia de cirujano y sin anestesia retórica— es uno de los más curiosos de nuestro tiempo: el éxito masivo de ciertas propuestas “espirituales” que, cuanto más se alejan de la fe católica, más parecen gustar… incluso dentro de ambientes que se dicen “católicos”.

Uno podría preguntarse: ¿pero cómo es posible? La respuesta es incómoda: porque muchas veces se prefiere una mentira agradable a una verdad exigente. Y aquí es donde este libro cumple su función: desmontar, paso a paso, una construcción que ha seducido a no pocos, mostrando sus presupuestos, sus fuentes y, sobre todo, sus consecuencias.

No se trata de una crítica superficial ni de un panfleto apresurado. Es el producto de una tesis doctoral en teología; estamos ante un trabajo serio, documentado, trabajado con ese raro equilibrio entre inteligencia y combatividad que caracterizaba a los grandes polemistas católicos de otras épocas, cuando todavía se entendía que la caridad no consistía en callar la verdad, sino en decirla a tiempo.

Pero alguno dirá que este libro es “duro”. Probablemente lo sea. Pero conviene distinguir: no es duro con las personas; es duro con los errores. Y eso, lejos de ser un defecto, es una obra de misericordia espiritual, tan olvidada como necesaria. Porque el error —especialmente en materia de Fe— no es un simple desacierto académico: es un veneno. Y si no se alerta sobre los venenos, terminamos bebiéndolos.

Y el Padre Highton, aún desde su hábitat propio de la misión, ha decidido no mirar para otro lado. Y eso tiene un costo. Siempre lo tiene. Pero también tiene un mérito: el de servir a la verdad sin negociar con la moda. Al lector le espera, entonces, un recorrido exigente pero iluminador. No encontrará aquí frases hechas ni concesiones al espíritu del tiempo, sino algo mucho más valioso: argumentos.

Y en una época que ha reemplazado el argumento por la emoción, eso ya es, en sí mismo, una forma de resistencia.

Terminemos con una advertencia —o, si se prefiere, una invitación—: este no es un libro para quien busca confirmación de prejuicios, sino para quien todavía cree que la verdad existe… y que vale la pena defenderla.

Los demás, probablemente, lo encontrarán incómodo.

Y eso, lejos de ser un problema, es una excelente señal.

P. Javier Olivera Ravasi, SE 

INTRODUCCIÓN

Palabras preliminares o motivos de la confutación

Anselm Grün (o Anselmo Verde, como lo llamaba graciosamente Caste­llani), «considerado el monje más famoso de Alemania», «conocido hoy en casi todo el mundo», autor de «"best-sellers" espirituales», «uno de los escritores cristianos de lengua alemana más leídos» y aun «uno de los es­critores cristianos más leídos de la actualidad» e incluso uno de los autores espirituales más leídos del mundo, leído «tanto en círculos progresistas como conservadores» (principalmente por mujeres), citado por muchos scholars como una autoridad en Teología, que ostenta «una reputación de es­cribir libros que combinan la reflexión espiritual y  una buena investigación [=scholarship] general», traducido a más de treinta lenguas (al punto de ser, curiosamente, uno de los más editados en República Checa e incluir lenguas como el chino, el ruso, el noruego y hasta el swahili), me irritaba por un simple motivo: su impostura se intuía con solo ver la tapa de los libros «de este monje benedictino que, según dice el prologuista de uno de sus libros, toca una cuerda particular en el corazón del hombre contemporáneo», lo cual torna urgente refutarlo ya que, como enseña el escoliasta Gómez Dávila (cuya «escritura fragmentaria» y «estética reaccionaria» iluminará nues­tro libro), «La idea deletérea no alcanza a veces a corromper a su inventor, pero corrompe a toda una posteridad imprudente».

Me sorprendía que sus obras ocupasen el centro de las vitrinas de tantas brillosas librerías católicas y que tantas señoras instruidas se gozasen de leer a este autor. Desde el vamos olía a gato encerrado. Luego se me fue la irritación, pues me habitué a sufrir la agobiante omnipresencia del espíritu progresista que, en el ámbito de la espiritualidad, termina infiltrando en las almas una especie de tibieza militante (si se nos permite el oxímoron), que acaban dispuestas a todo menos a defender la Verdad.

Como bien observa Caal Coy, no hay mucho escrito sobre Anselm Grün. Hace muchos años, el buen Padre Gabino Tabossi (que en paz descanse) re­futó a Grün y hace poco mi amigo el Padre Horado Bojorge, en una entrevista online en el portal QNTLC, denunció con lucidez y firmeza la heterodoxia de los gruñidos de Grün, todo lo cual es de suyo suficiente para que los bautizados decentes descarten a semejante impostor; pero como la plaga sigue en curso, sus libros se siguen vendiendo por millones, los videos online son difícilmente citables y siguen habiendo muchos laicos generosos que con santas intenciones apostólicas insisten en usar la pseudo-espiritualidad grü­niana para predicar retiros de conversión. 

Mi gran amigo el Dr. Carlos Romero Berdullas, uno de los pocos penalistas tomistas de la Argentina, me venía in­sistiendo para que refute sistemáticamente a Anselm Grün, a quien podemos llamar el profetastro más vendido de la espiritualidad moderna católica, que de católica no tiene casi nada y que, en el fondo, no tiene nada ya que cuando se mezcla la fe con la herejía ya no queda fe sino un caos doctrinal, si bien Grün dice que él «procura salvaguardar el tesoro de la tradición».

Le dije varias veces que no tenía tiempo, pero finalmente cedí y así me dispuse a hacer un opúsculo, que terminó siendo una tesis doctoral en Teo­logía y luego un libro (que alarga la tesis y la adapta levemente), que busca desmontar de una vez a este sofista contemporáneo, que ofende al buen Jesús diciendo que «Jesús era buen bebedor», que calumnió a los santos mártires de la Iglesia primitiva calificándolos de masoquistas y que no temió inter­pretar en clave psicologista los exorcismos del Señor y hasta la misma señal de la cruz, diciendo que «el hombro izquierdo representa lo inconsciente; y el derecho, lo consciente» y, a la vez, «la izquierda lo femenino, la derecha lo masculino.

Valga aclarar que no hicimos una enciclopedia refutando absolutamente todos los errores de Anselmo Verde y cada uno de sus tomos (escribió una gigantesca cantidad de libros) sino que, por el contrario, nuestro propósito no fue sino el de elaborar un libro de estudio para demostrar de modo contun­dente e irrefutable que este autor no sólo es pródigo en errores gravísimos sino que creó una cosmovisión gnóstico-cristianoide radicalmente contraria a la Santa Fe Católica, esto es, escribimos este libro para probar que Grün no es un autor católico que tiene algunos errores sino el fautor de un sistema gnóstico radicalmente anticatólico, lo cual es muy grave ya que, como en­seña Meinvielle, «para destruir al cristianismo había que vaciarlo por dentro dejando toda su apariencia exterior. Y éste es el trabajo de los gnósticos, incluyendo a Anselm Grün, el más vendido de los gnósticos-cristianos en la actualidad.

Nos hemos tomado el trabajo de leer, citar y refutar, total o parcialmente, 75 obras (la mayoría libros y algunos ensayos) de Anselm Grün, lo cual es suficientemente representativo para conocer y desenmascarar a este lobo con piel de cordero. Como el autor escribió «más de trescientos libros» con «media de unos diez títulos por año», hemos elegido los más pedidos y los más vendidos en las librerías pretendidamente católicas más importantes de la Ciudad de Buenos Aires, que es donde empezamos a escribir el libro con ocasión de un problema de salud ocular que la Trinidad Sacrosanta se dignó enviarnos para Su mayor gloria.

No creemos que nadie nos reproche que no citemos 300 libros, lo cual sólo serviría para que nadie lea este. Leer, citar y confutar más de 75 obras de este monje modernista que hace gala de su ignorancia al afirmar que «los mayores moralistas nunca hacen lo que exigen a los otros».2.Z, es suficiente si queremos evitar ser víctimas de alguna psicopatía. Además, no hace falta citar 300 libros de un autor moderno ya que hoy «Nadie se empeña tanto en opinar como el que es simple eco». De todos modos, si aún así alguien nos reprocha no haber citado toda la biblioteca grüniana, lo invitamos a que busque alguna retractación que este autor haga de alguna de sus tesis y con gusto la publicaremos.

Es urgente refutar a Grün ya que es uno de los principales autores gnósti­cos de la era contemporánea (mas se hace pasar por católico) y dado que hoy la gnosis está tan vigente que, como bien dice Gómez Dávila («el solitario de Dios»), «En todas las sectas que hoy pululan fermenta una soteriología gnóstica»: Si Grün no tuviese vestidura de monje católico y no ostentase la etiqueta de benedictino, nadie lo leería ni publicaría y en tal caso no valdría la pena refutarlo, pero pasa lo contrario.

Si bien Grün reconoce que, al tratar un tema, lo que más le atrae es ex­ ponerlo primero sobre el fondo de la actual psicología, y después en diálogo con las otras religiones y sus tradiciones místicas, Grün atribuye su éxito de ventas al hecho de que, como él dice, «hay un gran anhelo por una espiri­tualidad cristiana que sea sana». Ahora bien, él les vende una espiritualidad que no es ni cristiana ni sana, por lo que hay que concluir que, allende sus in­ tenciones (él dice que los benedictinos no deben engañar a las personas en el nombre de Dios, que su Padre le enseñó a ser francoli y que él siente el reto de «convertirse en roca para los demás), la obra de Grün es una gran estafa, una estafa grave ya que él insiste en que él «no pretende dar consejos, sino poner a la gente en contacto con la sabiduría cristiana», cuando en realidad pone a sus lectores en contacto con lo que San Pablo llama «ineptas fábulas», esto es, «mitos ridículos» (1Tim v, t) y, más específicamente, mitos gnósticos secularizados con fachada cristianoide. Mas, Grün dice: «en cualquier caso, para mí es importante permanecer fiel a mi mensaje [¿no al de Cristo?, nos preguntamos] y llevarlo adelante» y «debo escuchar una y otra vez a mi voz interior [¿y si no es la de Cristo?] y seguir mi camino (¿y si no es el de Cristo?)»

Pero, ¿por qué decimos que no es ni cristiana ni sana? Ante todo, porque es una obra gnóstica, como veremos a lo largo de nuestro libro.

De todos modos, como admite su biógrafo, otro de los móviles por los cuales Grün escribe es el de «desahogarse de los anhelos por medio de la escritura»12, anhelos que, como su escritura evidencia, son en gran medida tenebrosos.

Nos dirán que somos unos intolerantes y que no amamos al prójimo, mas es al revés, no solo porque «Sólo es respetuoso el que subraya con vigor las diferencias» sino también porque era mucho más cómodo para nosotros no escribir nada y usar el tiempo en dormir más y hacer más deporte que en refutar imposturas, pero por el bien de las almas, al cual nos debemos y con­sagramos desde el día de nuestra ordenación sagrada, decidimos privarnos de legítimas comodidades, sacar tiempo de donde no tenemos y proceder a la clarificación doctrinal, ya que como dijo el único Salvador del género hu­mano: «conocerán la verdad y la verdad los hará libres» (Jn. 8, 32). Sabemos que -salvo un milagro- los libros de Grün se seguirán vendiendo dado que «el tonto no renuncia a un error mientras no pasa de moda», aunque también sabemos que «Matar un error no es posible, pero es posible apalearlo». Al fin de cuentas, como bien dice Grün, «A la larga, no se puede vivir impune en­frentando a la verdad», y «Jesús obliga a la verdad», y por eso lo refutamos.

No faltan quienes, con el afán de defender al famoso monje de Münsterschwarzach, dicen que los que lo atacan son «la derecha de la Iglesia», lo cual no deja de ser simpático no sólo porque las vulgares etiquetas derecha-izquierda son ineptas para describir el pensamiento católico sino porque, como reco­noce la editorial Herder (la cual, desde su viraje progresista, le publica los libros), «su trabajo se nutre de las influencias de (...) Karlfried Dürckheim», un propagandista nacionalsocialista que en 1938 fue enviado por quien poco después devino el Canciller del III Reich, Joachim Von Ribbentrop, al Japón, para estudiar la educación nipona y la posibilidad de usar actividades cultu­rales para promover los objetivos políticos de la Alemania de Hitler en Japón y toda zona asiática bajo el dominio imperial nipónil. Es más, el mismo Jung, una de las máximas fuentes de la doctrina de Grün fue, a juicio de varios estudiosos, como Eric Harper, antisemita, a tal punto que, según Harper, ésta fue una de las principales razones de que la ruptura entre Freud y Jung.

Terminamos este prólogo pidiendo al Espíritu Santo que nos llene de su luz y así nos salve «de la confusión que propagan los falsos maestros», es­pecialmente de aquellos que tienen «ingenio teológico», que, según el gran pensador bogotano, «consiste hoy día en inventar formas subrepticias de apostasía», concluyendo estas líneas inaugurales convocando a los lectores a prepararse para reírse ya que, como decía el citado poeta colombiano, ante el progresismo actual, «el católico viejo se indigna primero, se asusta des­pués, finalmente revienta de risa».

Subiectum: problema, hipótesis, objetivos y estructura del trabajo

El objeto de estudio de este trabajo (o, mejor dicho, el subiectum, si segui­mos la epistemología aristotélica), es la doctrina del teólogo alemán, Anselm Grün, «considerado el monje más famoso de Alemania» (Alonso, 3 de julio de 2020) y, según dice Castro Cubells en el prólogo a una obra de este monje ger­mano, «conocido hoy en casi todo el mundo» (Grün, 2004a, p. 10).

El problema científico principal que ocupa este trabajo que aquí comenza­mos, esto es, el gran tema a resolver o la gran pregunta a desentrañar en estas líneas puede resumirse en este interrogante: «¿es o no católica la doctrina de Grün?».

Nuestra hipótesis investigativa es doble y se resume en dos proposiciones:

1) la doctrina de Anselm Grün no es católica 
y 2) la doctrina de Anselm Grün es gnóstica.

Nuestro trabajo tiene objetivos de dos tipos: general y específico. El objetivo general de este trabajo es investigar dos asuntos conexos: 
1) si la doctrina de Anselm Grün es católica (o no) 
y 2) si su doctrina es gnóstica (o no). 
Al fin de cuentas, ambos asuntos pueden formularse en una sola proposición ya que, como enseña J. Meinvielle (y veremos a lo largo de este trabajo), en el fondo sólo hay dos concepciones posibles: la católica o la gnóstica, como leemos al comienzo de la conclusión de la obra maestra del dicho autor: «A través de toda la historia humana no hay sino dos formas fundamentales del pensa­miento y de la vida: la católica y la gnóstica» (Meinvielle, 1970, p. 456).

Para ahorrar equívocos desde el comienzo, precisemos en qué consiste la concepción católica y en qué la gnóstica: La concepción católica es la concep­ ción revelada por Dios y enseñada oficialmente por la Iglesia en Magisterio bimilenario infalible, la cual fue expuesta magníficamente por Santo Tomás de Aquino, que es el mayor Santo de los Sabios y el mayor Sabio de los Santos, siendo tan importante su exposición que es el único Doctor Universal vene­ rado por la Iglesia con el glorioso título de Doctor Universalis.

Por otra parte, como enseña Meinvielle, «Se llama gnosis y cábala a toda concepción de Dios, el mundo y el hombre que asigna una única sustancia, homogénea, a estas tres realidades» (Meinvielle, 1970, p. 18).

Consecuentemente con lo ya señalado, los objetivos específicos de este tra­ bajo son dos: 
1) investigar el itinerario intelectual de Anselm Grün, sus fuen­ tes y, en la medida de los estrechos límites permitidos por la longitud de una tesis doctoral y que lo pida la mejor consecución de nuestro objetivo general, estudiaremos las fuentes de las fuentes grünianas, trazando una especie de árbol genealógico de la doctrina grüniana y, por ende, en cierta medida, de la gnosis alemana moderna; 
2) investigar los principales puntos de la doctrina de Anselm Grün siguiendo el orden temático empleado por Santo Tomás en la Summa Theologice, que comienza con Dios y termina con Cristo, pasando por los ángeles, los hombres y, luego, la moral.

Que el petiso Grün tenga el apoyo entusiasta de la progresía y de la milenaria Abadía benedictina de Münsterschwarzach, en la que él vive, no da ninguna garantía de ortodoxia, sino al contrario. De hecho, Grün contra­ dice la doctrina católica en todos o prácticamente todos los grandes temas. Por eso, podemos hablar de "gruñidos grünianos" teniendo en cuenta que el gruñido es un sonido emitido por un animal en señal de ataque o amenaza, metáfora esta que nos sirve para denotar los gruñidos con los que el lobo amenaza o ataca a la grey católica falsificando la fe.

El eje de nuestro trabajo, entonces, consiste en desenmascarar los gruñi­dos grünianos, lo cual haremos siguiendo la siguiente estructura: primero, describiremos las fuentes, influencias y clave del pensamiento grüniano; segundo, salteando lógicamente algunos puntos, expondremos la doctrina grüniana siguiendo el orden expositivo de la Summa Theologiae de Santo Tomás de Aquino (citado aisladamente en algunas de sus obras por Grün 2):

1) Dios Uno y Trino; 2) el hombre; 3) Teología moral (general y especial); 4) Cristo (y la Virgen); 5) Liturgía; 6) escatologíall. 
Este libro, podríamos decir, es como una especie de Anti Suma Teológica. Alguno nos preguntará quizá por qué tratar tantos temas y la respuesta es, parafraseando al escoliasta bogotano, que «Sobre toda idea noble la Teología moderna ha sabido dejar la huella digital de su calumnia».

Status quo investigativo y metodología empleada

Escribir un libro sobre Grün encierra un especial desafío ya para él no hay ninguna autoridad: ni la Escritura (que él interpreta a su manera al punto de decir disparates aplicando el principio luterano del libre examen en grado máximo) ni el Magisterio infalible de la Iglesia (que él desprecia llamándolo «dogmatismo romano») ni Santo Tomás y la Escolástica en general (que él cree superados por la Teología Moderna) ni los argumentos de razón (que él elude con un pseudo-misticismo onírico gnóstico).

¿Cómo vamos a refutar a un sujeto que no acepta ninguna autoridad sino que es un librepensador en grado sumo? Nuestra estrategia será simple: nos limitaremos a demostrar que su pensamiento es profundamente contrario a la doctrina católica. De este modo, advertiremos a los fieles que en sus escritos no se encontrará la Verdad sino veneno a medida del gusto del hom­bre moderno.

Lo novedoso de este trabajo

Nuestra tesis es novedosa ya que no hay ningún trabajo científico que demuestre el carácter gnóstico del pensamiento grüniano a partir de los es­critos del mismo autor. El valiosísimo trabajo del Padre Tabossi se basa más bien en citas de citas, mas el nuestro en las citas primarias. Por otra parte, nuestro trabajo es novedoso ya que nunca fue estudiado el corpus grüniano siguiendo el orden temático de la Summa Theologiae, que es lo que hacemos en este trabajo doctoral.

 
ANSELM GRÜN. Libro del P. Federico Highton. "De la gnosis progre-luciferina de Anselm Grün"

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domingo, 28 de junio de 2026

LIBRO "A LAS AFUERAS DE LA CRUZ": LAS SECTAS DE ORIGEN CRISTIANO EN ESPAÑA 🕆 MÁS DE 1.000 SECTAS Y 400.000 AFECTADOS

A las afueras 
de la cruz
🕆
Las sectas de origen cristiano 
en España

Una de las características del pluralismo religioso es la existencia de las sectas. Se calcula que en torno al 1% de la población española forma parte de esos grupos que se mueven en un amplio espectro que va entre lo religioso y la búsqueda del bienestar personal. Aunque la secularización ha afectado en su crecimiento y difusión a las sectas más religiosas, continúan siendo una realidad que no podemos desatender. En estas páginas se ofrece información actualizada de casi un centenar de sectas de origen cristiano presentes en España, ordenadas por «familias»: de origen católico o anglicano, de origen protestante, procedentes del adventismo, metafísicas o de sanación, restauracionistas, proféticas y mesiánicas. Desde movimientos con más de un siglo de historia en nuestro país y miles de seguidores hasta pequeños grupos con una modesta actividad que a veces se limita al ámbito de las redes sociales; aquí se analiza su origen, historia, doctrinas, prácticas, organización interna y entidades dependientes.
El estudio detallado de cada secta y la visión de conjunto permiten comprender el título: A las afueras de la cruz, porque, a pesar de la apariencia y de la terminología cristiana, estos movimientos muestran un progresivo alejamiento de los principales núcleos de la fe en Jesús, tal como se plasmó desde sus inicios en unas fórmulas doctrinales, unas celebraciones litúrgicas y un estilo de vida propio.
INTRODUCCIÓN

«Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”» (Mt 11,2-3). La inquietud mostrada por el Bautista y que relata el evangelista Mateo, ha planeado como una sombra a lo largo de veinte siglos de cristianismo. Desde el principio hubo grupos y personas que reclamaron un papel importante —y hasta exclusivo— en el nuevo camino que habían iniciado los seguidores de Jesús de Nazaret, llegando a proponer sus propios caminos divergentes. En una historia larga y compleja, la vivencia de la fe cristiana se ha ido configurando socialmente, dando lugar a las diversas Iglesias y comunidades eclesiales que forman el mapa plural del cristianismo contemporáneo, pero han seguido surgiendo propuestas alternativas que se han situado al margen de las denominaciones tradicionales. 

Al elaborar el mapa del pluralismo religioso en España, espacio geográfico y cultural en el que se enmarca este trabajo, es obvio que el cristianismo debe ocupar un lugar primordial. Junto a la Iglesia católica se encuentran otras confesiones cristianas con una importancia tanto histórica como actual, y que podemos localizar con relativa facilidad en las grandes corrientes de la ortodoxia, la Reforma protestante y el anglicanismo. Sin embargo, no es tan sencilla la labor de identificar y ordenar la compleja realidad del fenómeno sectario que se mueve en torno al hecho cristiano. Por eso, la inclusión de algunos movimientos en esta obra será, ciertamente, discutible y polémica. 
¿Es posible hacer una distinción, en el ámbito cristiano, entre lo que es una secta y lo que no lo es? 

Manuel Guerra, en su obra de referencia fundamental sobre este tema, ofrece su propia definición de secta, después de estudiar cientos de grupos: 
«Una secta es la clave existencial, teórica y práctica, de los que pertenecen a un grupo autónomo, no cristiano, fanáticamente proselitista, exaltador del esfuerzo personal y expectante de un cambio maravilloso, ya colectivo —de la humanidad—, ya individual o del hombre en una especie de superhombre»1. Ciertamente llama la atención ese criterio definitorio de «no cristiano», algo que el propio autor aclara refiriéndose a tres cuestiones que determinan que nos encontremos ante una secta cuando el lenguaje, la apariencia y hasta la denominación apuntan al cristianismo: la negación de los contenidos dogmáticos básicos de la fe cristiana, la consideración abierta de la revelación divina y el valor secundario de la Biblia. 

Aquí es donde se hace precisa una aclaración terminológica en torno al subtítulo de este libro: hablamos de sectas «de origen cristiano» o «de impronta cristiana»2, y no de «sectas cristianas» porque, como se ha dicho, la mayor parte de ellas realmente se apartan de los mínimos para que podamos considerarlas como tales. Para establecer estos mínimos, basta con que asumamos las condiciones establecidas en 1961 para que un movimiento pueda formar parte del Consejo Mundial de las Iglesias: la profesión de fe en el Dios trinitario y en la divinidad de Jesucristo y el bautismo como medio de incorporación a él3. Junto a esto, habría que revisar las cuestiones ya señaladas del valor dado a la Biblia y el carácter abierto o no de la revelación en estos grupos, cuestiones sujetas a importantes controversias. Además de tener en cuenta que en algunas ocasiones nos encontraremos con movimientos cuyo cristianismo es mera apariencia o parafernalia, o la forma de ocultar una doctrina realmente esotérica o gnóstica, tal como se puede comprobar en las páginas que siguen.

Todas estas consideraciones no se limitan a una postura particular de perspectivas católicas. En un libro que pretende mostrar los datos fundamentales de todas las confesiones cristianas del mundo, el experto evangélico Ron Rhodes aclara por qué no incluye —como sí hacen otros autores— a grupos como los mormones o los testigos de Jehová, que generalmente suelen estudiarse bajo el paraguas del cristianismo. 
«Hay una razón importante para su exclusión. Aunque no es políticamente correcto decirlo, estos grupos no son denominaciones cristianas, sino que son sectas» 4. A explicarlo dedica todo un apéndice de su obra, en el que reivindica el uso de la palabra «secta» (el término cult, el más peyorativo, como el que tenemos en castellano, y no sect) en un sentido más teológico que sociológico. Según Rhodes, «teológicamente hablando, una secta es un grupo religioso que se deriva de una religión madre (como el cristianismo), pero que de hecho se aparta de esa religión madre al negar (ya sea explícita o implícitamente) una o más de las doctrinas esenciales de esa religión»5

¿Y por qué una atención especial a los grupos que se mueven en el entorno del cristianismo? Precisamente por el problema de discernimiento y el desafío al ecumenismo que suponen, tal como lo han subrayado algunos documentos, tanto de las diversas Iglesias y comunidades cristianas como los que son fruto del diálogo interconfesional. Las sectas de impronta cristiana no son objeto del empeño ecuménico, ni tampoco le corresponden como tema al diálogo interreligioso. La nueva religiosidad constituye algo propio y peculiar, y así ha de ser abordado teológica y pastoralmente, constituyendo una llamada siempre actual al discernimiento y a la conversión de los cristianos, además de un impulso para la ayuda a las víctimas6

En la introducción a su encíclica Ut unum sint, el papa san Juan Pablo II recordaba que «los creyentes en Cristo no pueden permanecer divididos. Si quieren combatir verdadera y eficazmente la tendencia del mundo a anular el misterio de la redención, deben profesar juntos la misma verdad sobre la cruz» (n. 1). Unas palabras que explican muy bien el título escogido para esta obra: 
A las afueras de la cruz, porque las sectas analizadas en este volumen, a pesar de su uso de elementos cristianos, se han alejado de la correcta comprensión de la persona de Jesucristo, del sentido de su misión y de la que ha de ser la identidad de sus seguidores en el mundo, tanto en el plano teórico como en la concreción práctica vital. 
Heterodoxia y heteropraxis van de la mano en una experiencia grupal que, aunque tenga la cruz como referencia y a Jesús como símbolo, se sitúa, con mayor o menor proximidad, en sus afueras. 

La base de este trabajo ha sido una serie de artículos publicados entre 2018 y 2021 en la revista Pastoral Ecuménica, editada por el Centro Ecuménico «Julián García Hernando». En ellos se fue desgranando con cierto detalle la realidad de las sectas de impronta cristiana en España, de forma que queden claros los aspectos más importantes de los grupos de la nueva religiosidad que se mueven de una forma u otra en la órbita del cristianismo —aunque en la inmensa mayoría de los casos, como veremos, se sitúan doctrinal y existencialmente fuera de él—. Se pensó como un servicio a las delegaciones diocesanas de Relaciones Interconfesionales y a todas las personas dedicadas al ecumenismo para ayudar en la identificación y el discernimiento de una serie de sectas cada vez más presentes en el territorio nacional. La novedad del libro no consiste solo en la recopilación de dichos artículos, sino en un estudio más profundo y detallado, que amplía el número de grupos estudiados y actualiza sus datos hasta finales del año 2022. 

Partimos, para ello, de un estudio anterior —presentado en el año 2014 en las XXIV Jornadas para Delegados Episcopales y Directores de Secretariados de Relaciones Interconfesionales, organizadas por la Conferencia Episcopal Española—, en el que se resumía la actualidad global del fenómeno sectario en nuestro país, pero que, necesariamente, prescindía de ofrecer una relación concreta de los movimientos ubicados en cada categoría7. La clasificación de las sectas de impronta cristiana se ha hecho siguiendo, en sus líneas principales, la realizada por los estudiosos Massimo Introvigne y PierLuigi Zoccatelli en su repaso al pluralismo religioso de Italia8. Así, en los sucesivos capítulos se encuentran las siguientes subcategorías: grupos de origen católico, grupos de origen protestante, grupos de la familia adventista, grupos metafísicos y de sanación, grupos restauracionistas y grupos proféticos y mesiánicos. Y cada capítulo cuenta con su propia introducción, donde se hacen las consideraciones particulares necesarias. 

Para la elaboración de la información relativa a cada una de las sectas se ha tenido en cuenta principalmente la bibliografía general que se indica al principio del volumen y la específica de cada capítulo, al final de cada uno de ellos, además de otros materiales que forman parte de la Biblioteca-Centro de Documentación «José María Baamonde» que tiene la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) en Zamora. En muchos casos han sido fuentes fundamentales, para los detalles concretos, tanto las publicaciones de los grupos en Internet y las redes sociales —algunas de ellas ya inexistentes— como las aportaciones de exadeptos y familias afectadas. Cuando se trata de sectas sobradamente conocidas y con una amplia bibliografía, no nos hemos detenido en sus aspectos doctrinales y prácticos, sino en lo más propio de su presencia y actuación en España. La insistencia en ofrecer nombres de personas y de entidades —que se refleja en sendos índices al final de la obra— responde a la necesidad de contar con referencias concretas a la hora de conocer con datos ciertos un mundo que en muchas ocasiones se mueve entre sombras, medias verdades, desinformación y camaleonismo. 

A pesar de la pretensión de exhaustividad, somos conscientes de la limitación del estudio. En primer lugar, por la velocidad de los cambios que se dan en estos grupos y la frecuente dificultad de acceso a su realidad interna, lo que ha hecho tener que actualizar muchos datos hasta el último momento de la publicación, y lo que explicará la pronta caducidad de un buen número de sus informaciones. En segundo lugar, porque en ocasiones ha sido difícil confirmar la existencia real y actual de algunas sectas más allá de lo conocido en años anteriores, estructuras organizativas o presencia en el ciberespacio. Y, en tercer lugar, porque hay grupos que, por su implantación reciente, su pequeño tamaño o su voluntad de pasar desapercibidos, habrán escapado a nuestro repaso. Puede extrañar, por ejemplo, que no aparezca ninguna secta de origen netamente ortodoxo o cristiano bizantino. Es posible que haya alguna —más allá del grupo de los autodenominados cátaros, cuyo líder fundó con anterioridad una secta ortodoxa en su país natal—, pero no hemos logrado hallar ninguna que podamos incluir con certeza. Pedimos disculpas por las omisiones, así como por los errores que se hayan podido cometer. 

Para finalizar estas palabras introductorias, no puede faltar el agradecimiento sincero y de corazón a las personas y entidades que han contribuido a la elaboración de este libro. Sería muy difícil nombrarlos a todos y seguramente quedaran algunos nombres en el tintero. Dejo constancia del agradecimiento especial a todos los compañeros de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) —sobre todo a los que ya nos han dejado— y a los que han sido responsables de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española —los sacerdotes Julián García Hernando, Carlos de Francisco Vega, Manuel Barrios Prieto y Rafael Vázquez Jiménez—, por la confianza depositada y el impulso a nuestro trabajo de investigación, formación y ayuda. Post scriptum Toda aportación, corrección, puntualización o sugerencia será bienvenida en la siguiente dirección de correo electrónico 

____________________________________

1 M. Guerra Gómez, Diccionario enciclopédico de las sectas (BAC, Madrid 5 2013) 862.2 En su clasificación del panorama sectario, Julián García Hernando emplea la expresión «sectas de origen cristiano», mientras que Manuel Guerra habla de «impronta cristiana»; cf. J. García Hernando (dir.), Pluralismo religioso en España. I: Confesiones cristianas (Sociedad de Educación Atenas, Madrid
2 1992); M. Guerra Gómez, Los nuevos movimientos religiosos (las sectas). Rasgos comunes y diferenciales (Eunsa, Pamplona 1993).
3 Cf. R. Saarinen, «World Council of Churches», en W. A. Dyrness – V.-M. Kärkkäinen (eds.), Global Dictionary of Theology. A Resource for the Worldwide Church (InterVarsity Press, Downers Grove 2008) 946-949.
4 R. Rhodes, The Complete Guide to Christian Denominations (Harvest House, Eugene 2005) 417.
5 Ibid.
6 Cf. L. Santamaría del Río, «Ecumenismo y nueva religiosidad»: Diálogo Ecuménico 159-161 (2016) 285-325.
7 Cf. L. Santamaría del Río, «Sectas y nueva religiosidad en la España pluralista»: Nova et Vetera 83 (2017) 69-91. 
8 Cf. M. Introvigne – P. Zoccatelli (dirs.), Enciclopedia delle religioni in Italia (Elledici, Turín 2013).

VER+:


-¿Estamos viviendo un nuevo auge de las sectas en España e Hispanoamérica o simplemente ahora son más visibles?
-Sí, las sectas crecen y se multiplican en la actualidad. Es cierto que su visibilidad es mayor, tanto por la propia labor proselitista de estos grupos (que aprovechan sobremanera las posibilidades que les ofrecen las redes sociales de Internet) como por el espacio que le dais a esta cuestión los medios de comunicación.
»Pero la apariencia, en este caso, coincide con la realidad. Las sectas no han pasado de moda; al contrario, en todos estos años he constatado cómo se trata de un fenómeno en crecimiento. Cada vez hay más sectas –muchas de ellas, grupos pequeños que pueden pasar más desapercibidos– y cada vez tienen más capacidad de llegar a la gente. Y esto lo confirma otro dato del que dan fe mi teléfono, mis redes sociales y mi buzón de correo electrónico: cada vez más familias y personas acuden a quienes nos dedicamos a este tema pidiendo ayuda.

- ¿Cuál es hoy el perfil más habitual de persona captada por una secta?
- No hay un único perfil. Yo diría que hay múltiples perfiles de personas más fácilmente captables. Porque, en realidad, cualquiera puede caer. Eso no invalida el estereotipo de persona vulnerable que comentas… ¡porque todos somos vulnerables! Acostumbro a decir que las sectas, para seducir a sus potenciales adeptos, apuntan a nuestro corazón, y no a nuestra cabeza. ¿A qué me refiero? Al corazón en sentido simbólico, claro: la sede de nuestra afectividad, por un lado (relaciones, emociones, identidad y pertenencia), y de la espiritualidad, por otro (búsqueda de sentido, razones para vivir, fundamentos de nuestra esperanza).
(...)

Diccionario Enciclopédico de Las Sectas (Manuel Guerra Gomez) (Z-Library) by akomi2111


Manuel Guerra Gomez- Los Nuevos Movimientos Peligrosos (Las Sectas) by Alfonso Escobar


viernes, 12 de junio de 2026

CANCIÓN "SOY CATÓLICO" por RESONANCIA DE GRACIA

SOY CATÓLICO

RESONANCIA DE GRACIA

No soy una hoja que mueve el viento
Tengo raíces, tengo cimientos
Vengo de una historia de dos mil años
De mártires, santos y grandes rebaños
Navego en la barca que Cristo fundó
La misma que a Pedro Él le confió
Y aunque las olas golpeen con fuerza
Las puertas del mal no podrán contra ella
Llevo el sello del agua en mi frente
Y el fuego del Espíritu en mi mente
No camino solo, somos millones
Un solo cuerpo, en mil naciones
¡Soy Católico! Y lo grito sin miedo
Esta es mi casa, este es mi Credo
Creo en el Pan que se hace Carne en el altar
Creo en la Madre que me enseña a caminar
Amo la Cruz donde el cielo se abrió
Y a la Iglesia que Cristo nos dejó
Universal es mi nombre, firme es mi pie
¡Soy Católico! ¡Esta es mi fe!
Me define el milagro de la Eucaristía
Dios escondido en el pan cada día
No es un símbolo, es Su presencia
La fuente de vida, mi gran diferencia
Y tengo una Madre que ruega por mí
La misma que dijo aquel dulce "sí"
Con el Rosario me ato al Señor
Cadena de gracia, misterio de amor
Sé que soy frágil, que puedo caer
Pero en el confesionario vuelvo a nacer
Y miro al cielo, a mis santos hermanos
Que me dan aliento y me tienden la mano
La fe y las obras van en mi andar
Amar y servir, esa es mi verdad
¡Soy Católico! Y lo grito sin miedo
Esta es mi casa, este es mi Credo
Creo en el Pan que se hace Carne en el altar
Creo en la Madre que me enseña a caminar
Amo la Cruz donde el cielo se abrió
Y a la Iglesia que Cristo nos dejó
Universal es mi nombre, firme es mi pie
¡Soy Católico! ¡Esta es mi fe!
Una sola fe (Una sola fe)
Un solo bautismo (Un solo bautismo)
Un solo Dios y Padre
Que nos llama a ser uno en el abismo
De su inmenso amor
Desde Roma hasta el último rincón
Un solo latido
Un solo corazón
Soy Católico

SOY CATÓLICO - RESONANCIA DE GRACIA


LibroEnDefensaDelCatolicismoLoQueTodoCatolicoDebeSaberPHF by Betty Fragoso



domingo, 24 de mayo de 2026

LAS ARMAS DE LA FE (EL 2 DE MAYO DE 1808 EN MADRID): LA LEY HUMANA OBLIGA EN CONCIENCIA SOLO CUANDO ES JUSTA. RADIO MARÍA por P. BENITO PÉREZ LOPO

 

LAS ARMAS DE LA FE


Con los ojos de la fe miramos al acontecimiento que tuvo lugar el 2 de mayo de 1808 (en Madrid), con esos ojos, lo que se ve no es solo una batalla. Ve una lección sobre la conciencia. Sobre el sacrificio. Sobre lo que significa ser parte de un pueblo. Sobre la memoria como forma de fidelidad. Y sobre la pregunta que este programa lleva en el nombre: ¿qué armas son las que de verdad sostienen a un hombre cuando todo se derrumba?
* Y rendimos homenaje al Arma de Artillería española y a su patrona, Santa Bárbara, a quien dedicaremos un momento especial al final del programa.


Las armas de la fe 09/05/26/ 2 de mayo de 1808, Madrid

Son cientos los episodios en los que la valentía española se hace un hueco en la historia. No obstante, pocos hechos hay más heroicos que los protagonizados por los capitanes Luis Daoiz y Pedro Belarde, quienes murieron en las calles de Madrid luchando con apenas un mosquete y un sable contra miles de invasores franceses.
De San Bernardo hasta Fuencarral, calles por las que hoy caminan centenares de madrileños. 

El 2 de mayo de 1808, el pueblo español se levantó contra el enemigo que amenazaba su soberanía. Junto a él, multitud de soldados también tomaron las armas y aunque en aquel momento la revuelta fue reprimida, sin duda sentó las bases para la expulsión francesa 5 años después.

Para conocer la historia de estos dos heroicos españoles es necesario remontarse hasta el año 1807 tras la creación de una alianza entre Francia de Napoleón y la España de Carlos IV.
Por aquellos tiempos, el pequeño corso quería a toda costa conquistar Portugal y ofreció a Manuel Godoy un tratado aparentemente inmejorable, el reparto de Portugal una vez derrotado. Las condiciones parecían óptimas para España. Únicamente debían abrir las fronteras al ejército francés para que llegara a Portugal a través de la península. El llamado Tratado de Fontainebleau (1807) hizo mella en la corona que permitió al Ejército imperial cruzar España de punta a punta. Sin embargo, lo que nadie podía imaginarse es que las intenciones del emperador eran otras. De los más de 60,000 soldados que entraron en España, no todos se dirigieron hacia la frontera portuguesa.

Multitud de unidades imperiales fueron estableciéndose en decenas de localidades españolas para sorpresa de sus ciudadanos.
Esta toma pacífica de territorios provocó el rencor de los españoles que comenzaron a sospechar de una posible invasión encubierta.
Finalmente, la paciencia de los ciudadanos de la capital terminó por acabarse cuando observaron que Napoleón pretendía trasladar a un miembro de la familia real fuera de Madrid. Ese mismo día, el 2 de mayo de 1808, el pueblo se levantó harto del pequeño corso. Multitud de madrileños salieron a la calle armados con todo tipo de rudimentarias armas para combatir al ejército imperial, en defensa de la libertad e independencia española.

No obstante, no tendrían el apoyo oficial del Ejército español. Los altos mantos dependían de la junta del gobierno, entregada en esos momentos a la voluntad de Napoleón. Las órdenes eran tajantes, colaborar con los franceses y no participar en los combates. Y en aras de la disciplina, los militares no se movieron de los cuarteles.
Hay algo que merece que nos detengamos aquí un momento. 
El pueblo español intuyó que algo estaba mal mucho antes de que los hechos lo demostraran. Esa capacidad de leer la realidad con ojos limpios, de no dejarse engañar por las apariencias, es lo que la tradición cristiana llama discernimiento.

El evangelio lo dice con una imagen sencilla pero poderosa: "Sed astutos como serpientes y sencillos como palomas". 
No toda obediencia es virtud.  A veces la primera arma de la fe es saber ver la verdad cuando otros prefieren mirar a otro lado. 

Por aquel entonces, la casualidad quiso que en Madrid se encontrara el capitán andaluz Luis Daoiz y el militar cántabro Pedro Belarde. 
El primero de 41 años se encontraba al mando del parque de artillería de Monteleón, ubicado en la actual plaza del 2 de mayo y tenía a sus espaldas más de 30 años de servicio fiel a España
El segundo, que contaba con 29 añitos, se había hecho un hueco en las altas esferas del Estado Mayor del Cuerpo de Artillería. Ambos vieron en esta revolución un momento perfecto para luchar por la soberanía española. Y a pesar que desde el gobierno se les había ordenado no combatir contra los franceses, decidieron ponerse al lado del pueblo que con piedras, palos y navajas se enfrentaba a miles de soldados imperiales.

Las fuerzas eran escandalosamente desiguales. Los españoles eran unos 5000 hombres, en su mayoría acuartelados fuera de la ciudad. Los franceses unos 40,000, situados en el casco urbano y sus alrededores.
El primer paso para organizar una defensa era liberar el parque de artillería de Monteleón, uno de los pocos enclaves donde los escasos militares rebeldes podían plantar cara al ejército francés. El lugar, sin embargo, estaba guardado por una unidad de 80 soldados franceses.
Belerde convenció a un oficial superior para que le cediera el mando de una unidad española, afirmando que pretendía ayudar a los franceses que defendían Monteleón. Le fue concedido el mando de la tercera compañía del capitán Goigochea.

Por la calle de San Miguel y San José marchaba paso redoblado y arma terciada esa compañía. En su camino, la sangre de los madrileños salpicaba las calles de la capital, pues enfrentaban a una fuerza mejor armada y preparada.
Los patriotas tuvieron que enfrentarse casi desarmados contra las bien equipadas unidades de infantería y caballería napoleónica apoyadas por cañones que barrieron a la población civil.
Al llegar a Monteleón junto a una trentena de soldados, Belarde no tuvo problemas en entrar engañando a los franceses.

El español anunció con voz firme que las tropas de infantería que traía estaban destinadas a reforzar la seguridad del parque. El oficial francés accedió a que los soldados franqueasen los portones. Sin embargo, cuando sus soldados tomaron posiciones alrededor de las tropas de Napoleón, la actitud de Belarde cambió radicalmente. Se giró hacia el oficial francés y le informó de que a sus hombres tiraban las armas o serían masacrados.
Al francés no le quedó más remedio que capitular. ya estaba hecho. Los españoles habían tomado el emplazamiento arengados por los madrileños que desde fuera pedían que se les entregasen armas para poder enfrentarse en igualdad de condiciones a los imperiales. Y es, tras tomar Monteleón, Belarde pensaba encontrarse con un Daoiz dispuesto a combatir. Nada más lejos de la realidad.
El siempre sereno Luis Daoiz había llegado hecho una furia. Él era el oficial al mando de Monteleón y el capitán de mayor antigüedad.

Belarde había atribuido unos poderes y una autoridad que no le correspondían.
Ambos capitanes tuvieron más que palabras. Daoiz quería seguir las órdenes de no atacar a los franceses.
Belarde estaba convencido de que debían unirse al pueblo y entonces ocurrió algo que merece quedarse grabado en la memoria.
Luis Daoiz se detuvo en seco, alzó la vista, se quitó el bicornio, desenvainó su sable, se volvió hacia sus 20 artilleros y su voz sonó más alta en el patio de arena:

- Abrid las puertas, las armas al pueblo. ¿No son nuestros hermanos?

Detengámonos aquí.

Daoiz tenía órdenes claras, firmadas, emanadas de la autoridad legítima, no combatir. Y sin embargo, en ese patio, algo en su interior le resultó imposible de callar. Eso que se negaba callar tiene nombre, se llama conciencia.
Y la conciencia para el cristiano no es una mera opinión personal. Santo Tomás de Aquino enseñaba que la ley humana obliga en conciencia solo cuando es justa. Cuando un orden viola esa orden moral, inscrito por Dios en el corazón del hombre, la obligación se invierte. Daoiz no traicionó su juramento. Fue fiel a algo más alto que cualquier juramento. El militar creyente no es un autómata, tiene conciencia y esa conciencia es sagrada. Mientras los defensores armaban al pueblo, las columnas francesas habían conseguido conquistar casi todo el centro de Madrid y se dirigían hacia Monteleón. El parque carecía de defensas naturales. Su acceso estaba franco desde tres calles que confluían en su portón. Ninguna era defendible desde el interior del vasto edificio que nunca había sido diseñado con fines militares. No obstante, aunque su muerte parecía segura, prepararon las defensas para resistir.

Los primeros combates fueron contra una pequeña unidad de tiradores franceses que al acercarse al enclave y pedir hablar con el oficial al mando, fueron recibidos a balazos. Pero esto no fue más que una escaramuza inicial.
El primer combate serio llegó cuando una unidad francesa originaria de Westfalia se acercó a Monteleón. 
Lo que no sabían los asaltantes es que les esperaba una cruel sorpresa. Al tratar de descarrajar la puerta, un estruendo de humo y fuego llenó la calle.
Varios soldados cayeron heridos por el fuego de los mosquetes y en ese momento, un estruendo aún mayor echó las puertas abajo. Las tres piezas de artillería desplegadas en el interior habían abierto fuego, abatiendo el portón que cayó sobre los Westfalianos.
Su filial al mando solo pudo gritar una orden, la de huida.

Los españoles aprovecharon la ventaja y persiguieron en su carrera a los enemigos, gritando consignas contra los soldados imperiales y alabanzas en favor del rey Fernando.
Daoiz aprovechó la retirada para ordenar desplegar los cañones, dos hacia la calle San Bernando, otros dos hacia Fuencarral y el último hacia la calle de San Pedro Nueva.
Ese pueblo que entró en Monteleón sin uniforme y sin rango, esas mujeres que transportaban munición bajo el fuego, como Clara del Rey que murió allí junto a su marido y a su único hijo.

Esos vecinos que se pusieron detrás de los cañones sin que nadie les llamara. Son una imagen que San Pablo conocía bien. Si un miembro sufre, todos sufren contra él. La fe crea comunidad. Nadie se salva solo, nadie defiende solo. No son nuestros hermanos, había gritado Daoiz.
No era retórica. Esta primera victoria fue efímera. Los franceses hicieron su aparición en más ante Monteleón y comenzaron a coser a cañonazos las posiciones españolas, pretendiendo acabar con los defensores y agotar su munición. La táctica imperial fue efectiva. Los madrileños sufrieron grandes bajas.
Finalmente, las tropas francesas se decidieron asaltar Monteleón con la bayoneta calada. Los españoles lanzaron una descarga de artillería causando grandes bajas.
Pero no consiguieron frenar su ánimo. El final estaba cerca. Y entonces, cuando los defensores casi podían sentir el frío acero de los cuchillos franceses, algo inesperado ocurrió. 
A lo lejos apareció un oficial local portando una bandera blanca. Los franceses detuvieron su carga. Los españoles dejaron sus puestos de fuego.
El oficial designado por la junta de gobierno instó a voz en grito a que los defensores se rindieran. La conversación no duró mucho. Unos de los defensores se interpuso entre ambos oficiales gritando vítores a Fernando VI.
La reacción fue inmediata. Los españoles dispararon sus cañones y sus fusiles a quemarropa contra los franceses que estaban con la guardia baja esperando el fin de las negociaciones. La inesperada descarga barrió la cabeza de la compañía francesa. La mayoría arrojó sus fusiles al suelo y levantó los brazos en señal de rendición.

La picaresca española había conseguido ganar una batalla, pero los franceses no cometerían nuevamente ese error. Tras detener el ataque, los militares hicieron un recuento de los supervivientes. Apenas quedaban 10 artilleros entre mandos y soldados. Otra veintena larga de infantes y medio centenar de civiles seguían peleando y solo quedaban media docena de cargas por pieza de artillería.
Belarde decidió usar las afiladas piedras de silex de los mosquetes como metralla.
Las cosas pintaban realmente mal. Sin apenas combatientes ni munición, los españoles solo podían esperar la hora de su muerte.
Este pequeño enclave había hecho perder la paciencia de Murat, que no entendía Como unos pocos soldados y unos centenares de civiles podían contrarrestar la fuerza de un ejército imperial. Ordenó asaltar Monteleón desde todas las calles posibles. Más de 2000 franceses preparaban su tercer asalto. Menos de 100 españoles los esperaban sin intención de rendirse. El ataque, como había ordenado Murat, fue simultáneo desde las calles de San Miguel, San José y San Pedro Nueva. 

Las tres columnas con las compañías de granaderos a su cabeza aparecieron como una negra sombra erizada de bayonetas destellantes. 
Y aquí está el momento más hondo de toda esta historia: Daoiz y Belarde sabían lo que significaba esos números. Eran militares profesionales, no eran ingenuos y sin embargo, siguieron disparando hasta la última piedra de Silex.

¿Por qué?

El evangelio de Juan lo dice con una sencillez que corta la respiración: "Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos".
No murieron en un arrebato. Eligieron con la cabeza fría y el corazón encendido. Sabían que el gesto valía, aunque el resultado fuera adverso. Eso no es heroísmo romántico. Es lo que San Pablo llama esperanza contra toda esperanza. Esperar no porque los números acompañen, sino porque el bien merece ser defendido, aunque cueste la vida.

El asalto definitivo asoló a los españoles, superados por una fuerza 30 veces mayor. El fuego de tiradores franceses situados en balcones y casas hizo bajar rápidamente el número de defensores.
Daoiz fue alcanzado por la espalda con una balloneta y posteriormente acribillado a estocadas. El valiente capitán había defendido hasta su último aliento Monteleón.
800 franceses confluyeron en las puertas del parque desde sus tres costados, barriendo a los últimos 50 defensores a ballonetazos y con un fuego devastador y a quemarropa.
Por su parte, Belarde cayó cuando acudía junto a varios fusileros a reforzar una de las entradas. Un oficial polaco le disparó a quemarropa en el corazón y su cuerpo cayó con violencia en el suelo. Todo había acabado.
El cuerpo de Daoiz fue trasladado a su casa, el de Belarde fue profanado por el enemigo. Hasta que horas más tarde fue recogido por sus compañeros, trasladado al cuartel y posteriormente a la iglesia de San Martín, donde fue amortajado con un hábito de San Francisco.

Al día siguiente fue enterrado en el jardinillo dentro del templo junto a Daoiz. Ambos acabaron como empezaron juntos. Ese hábito franciscano con el que amortajaron a Belarde no es un detalle menor. Es el pueblo diciendo: "Este hombre es de los nuestros, pertenece a algo sagrado". 
Y el hecho de que fueran enterrados juntos en tierra consagrada habla de algo que va más allá de la camaradería militar. Es una imagen de comunión. Nadie muere solo cuando muere por los demás. La historia no terminó. 

El 2 de mayo de 1808, terminada la guerra de independencia de 1814, los restos de Daoiz y Belarde fueron exhumados y entonces ocurrió algo conmovedor: 

Sus cadáveres peregrinaron por toda España, por ciudades y pueblos. La gente se congregaba para clamarlos, para llorarlos, para darles el homenaje que la guerra había impedido. Dos capitanes de artillería que habían muerto casi en secreto, enterrados a escondidas en una iglesia bajo un hábito franciscano, recibieron en muerte lo que no pudieron recibir en vida. Hoy descansan en el monumento a los héroes del 2 de mayo en Madrid, juntos como murieron. 



¿Por qué nos tomamos las molestias de recordar? ¿Por qué peregrinar con unos restos mortales? ¿Por qué levantar monumentos? ¿Por qué dedicar un programa de radio a algo que ocurrió hace 218 años?
Porque la memoria, queridos oyentes, no es nostalgia. La memoria es fidelidad.
La Iglesia lo sabe bien. Por eso tenemos el santoral, por eso celebramos el martirologio. Por eso cada misa es en su esencia un acto de memoria. Haced esto en memoria mía. No recordamos a los santos porque vivamos en el pasado. Lo recordamos porque su vida nos dice algo sobre cómo vivir la nuestra.

Daoiz y Belarde nos preguntan a nosotros hoy, ¿qué harías tú si la orden fuera injusta? ¿Seguirías disparando cuando los números no te acompañan? ¿Reconocerías al vecino como hermano cuando la situación se pone difícil?
Para quienes vivís el servicio militar desde la fe, para los hombres y mujeres que escucháis este programa, la pregunta es todavía más concreta: 
¿De qué está hecha vuestra conciencia? ¿Qué os sostiene cuando la misión es dura? Y el horizonte no está claro. Ellos nos respondieron con su vida. Nosotros debemos responder con la nuestra. 


SANTA BÁRBARA ES ELEGIDA 
PATRONA DEL ARMA DE ARTILLERÍA 
Y DEL CUERPO DE INGENIEROS TÉCNICOS 
DE ARMAMENTO Y CONSTRUCCIÓN.

El 4 de diciembre, se celebra la festividad de Santa Bárbara, patrona del Arma de Artillería y del Cuerpo de Ingenieros de Armamento.

Su culto entra en España en el siglo XI. "Si es cierto -dice el historiador Padre Luis Urbano- que el Cuerpo de Artillería es el más antiguo de Europa, porque aquí se introdujo antes que en los demás países el uso de la pólvora para la guerra, y si a principios del siglo XV en los ejércitos volantes de Don Fernando de Antequera, vemos ya indicios del Cuerpo de Artillería, razón será que entre nosotros naciese el patronato de Santa Bárbara, y que fuera español aquel ejército que pintan las leyendas alemanas invadiendo la costa de África y conquistando una ciudad bajo lluvia de granizo, tras heroicos esfuerzos, que sólo se coronaron por el éxito cuando los soldados rezaron en su favor a Santa Bárbara; o que naciese esta devoción por haberse conquistado Baza por los ejércitos cristianos, con la brillante cooperación de los artilleros, precisamente el día de Santa Bárbara, el 4 de diciembre de 1499".

Para los componentes del Arma de Artillería y del Cuerpo de Ingenieros de Armamento, la fe en Santa Bárbara, la joven mártir de Bitinia, está por encima de la evidencia o la duda, ya que la santa existe y vive en la mente y en el corazón de cuantos sirven a España en este Arma y Cuerpo del Ejército.

DATOS HISTÓRICOS DE SANTA BÁRBARA:

Bárbara nació en Nicomedia, cerca del mar de Mármara, el 4 de diciembre del año 273 d.C., a principios del siglo III.
Era hija de un sátrapa, Dióscoro, quien la encerró en la torre de un castillo para evitar que los hombres la sedujeran, pues era muy bella, y para evitar que fuera atrapada por el proselitismo cristiano de la época.
Durante su encarcelamiento fue adquiriendo una enorme cultura. Tenía maestros que le dieron una amplia y diversa formación. Entre otras materias, estudió poesía y filosofía. Debido a esto, y a que su padre estaba ausente con frecuencia, Bárbara se convirtió al cristianismo. Mandó un mensaje a Orígenes, un erudito de la Iglesia cristiana, para que fuera a educarla en esta fe.

Se bautizó y mandó construir una tercera ventana en su habitación de la torre, simbolizando así la Trinidad.
Cuando su padre regresó, quiso casar a Bárbara, pero ella se opuso a este matrimonio, diciéndole que era cristiana y que elegía a Cristo como esposo. Su padre se encolerizó y quiso matarla, para lavar su honor ante sus dioses. Por este motivo, Bárbara huyó. Su padre con algunos de sus hombres la perseguía y cuando estaban ya muy cerca de ella, una gran roca se abrió milagrosamente, para que ella pudiera esconderse allí. Pero pese a todo, fue capturada.

Bárbara sufrió un martirio horroroso: fue atada a una columna, flagelada, le desgarraron la piel con hierros, la colocaron sobre trozos de piedras afiladas y allí marcaban su cuerpo con hierros candentes.
Al final de este penoso martirio, fue su propio padre quien la decapitó, en lo alto de una montaña. En ese momento fue alcanzado por un rayo, muriendo él también.
Santa Bárbara es protectora contra los daños del temporal, las tormentas y los rayos.