EL Rincón de Yanka: TEOLOGÍA

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lunes, 27 de julio de 2026

LIBRO "GRÜNARRIANISMO": De la Gnosis Progre-Luciferina 👿👥 de Anselm Grün por Dr. Federico Highton, S.E.


 GRÜNARRIANISMO
De la Gnosis Progre-Luciferina
de Anselm Grün
👿👥

 Dr. Federico Highton, S.E.

El objeto de estudio de este trabajo (o, mejor dicho, el subiectum, si seguimos la epistemología aristotélica), es la doctrina del teólogo alemán, Anselm Grün, «considerado el monje más famoso de Alemania» (Alonso, 3 de julio de 2020) y, según dice Castro Cubells en el prólogo a una obra de este monje germano, «conocido hoy en casi todo el mundo» (Grün, 2004a, p. 10).

El problema científico principal que ocupa este trabajo que aquí comenzamos, esto es, el gran tema a resolver o la gran pregunta a desentrañar en estas líneas puede resumirse en este interrogante: «¿es o no católica la doctrina de Grün?».
Nuestra hipótesis investigativa es doble y se resume en dos proposiciones: 1) la doctrina de Anselm Grün no es católica y 2) la doctrina de Anselm Grün es gnóstica.

Escribir un libro sobre Grün encierra un especial desafío ya que para él no hay ninguna autoridad: ni la Escritura (que él interpreta a su manera al punto de decir disparates aplicando el principio luterano del libre examen en grado máximo) ni el Magisterio infalible de la Iglesia (que él desprecia llamándolo «dogmatismo romano») ni Santo Tomás y la Escolástica en general (que él cree superados por la Teología Moderna) ni los argumentos de razón (que él elude con un pseudo-misticismo onírico gnóstico).

¿Cómo vamos a refutar a un sujeto que no acepta ninguna autoridad sino que es un librepensador en grado sumo? Nuestra estrategia será simple: nos limitaremos a demostrar que su pensamiento es profundamente contrario a la doctrina católica. De este modo, advertiremos a los fieles que en sus escritos no se encontrará la Verdad sino veneno a medida del gusto del hombre moderno.

Nos hemos tomado el trabajo de leer, citar y refutar, total o parcialmente, 79 obras (la mayoría libros y algunos ensayos) de Anselm Grün, lo cual es suficientemente representativo para conocer y desenmascarar a este lobo con piel de cordero (de la Introducción).

Hace casi catorce años asistíamos a la primera Misa del Padre Federico Highton (¡si hasta parece mentira todo lo que ha pasado desde ese entonces!).

Era una capilla pequeña en un orfelinato, con apenas un par de personas mayores y algunas niñas. Pero sabíamos que nuestro antiguo alumno, amigo y camarada, estaba comenzando un ministerio que daría que hablar; alguien que, como muchas veces nos alentamos mutuamente, buscaría por todos los medios terminar su vida o mártir, o exhausto de cansancio por predicar la verdad. Todo, menos esos obituarios aburridos y patéticos que dicen: “aquí yace Fulano de Tal: que nació tal día y murió tal otro”.

Tuve la gracia de que me pidiera predicar y la segunda gracia de guardar esa homilía que, en sus partes finales, decía:

“Por último, Padre Federico, quedan las palabras que a vos se dirigen. Esas palabras que sólo se pueden decir en el marco de una primera Misa de alguien que va a hacer mucho bien a la Iglesia si, como creo, te mantienes fiel y radical como hasta ahora.

Hacía meses que esperaba esta ordenación y ayer no pude contener las lágrimas al imponer mis manos sobre tu cabeza, mientras imploraba del Espíritu Santo el don de Consejo, ese don que ilumina la inteligencia para saber cómo obrar en cada instante.

Pero no las diré de mi boca, sino de boca de aquel santo que ha guiado gran parte de nuestro camino de formación y que hoy, providencialmente celebramos en sus primeras vísperas: San Francisco Javier.

Así decía el gran santo navarro desde Japón a sus compañeros jesuitas que se hallaban en España:

‘Venid a la misión; disponeos a buscar mucha humildad persiguiéndoos a vosotros mismos en las cosas que sentís repugnancia… y de aquí creceréis en mayor Fe, esperanza y confianza y amor de Dios y caridad del prójimo’”.

Pues hoy, más de una década después, es lo que exactamente el Padre Federico ha hecho: estar en la primera línea de misión, haciendo la opción preferencial por los pobres, los de verdad, los paganos que no conocen a Cristo y, desde allí, con un poder de concentración que hasta ahora no he visto en otro mortal, leer y refutar con sus escritos algunos temas tan fundamentales como repugnantes, sean éstos el budismo tibetano, el islamismo herético o la cábala talmudista.

Y esta vez ha entrado en las profundidades de otro tipo, el del psicologismo newageísta barnizado de catolicismo de una de las últimas vacas sagradas de la espiritualidad progre contemporánea: el monje benedictino Anselm Grün.

Hay libros que nacen para adornar bibliotecas… y hay otros que nacen para hacerlas temblar. El que el lector tiene entre manos pertenece, sin duda, a la segunda especie, haciendo con este libro lo que muchos consideran imprudente y otros directamente imposible: leer, estudiar, analizar… y luego juzgar no uno, sino decenas de las obras del monje alemán, cuyas obras han sido traducidas a más de 30 idiomas con más de 15 millones de libros vendidos.

– Perdón, ¿dijo “juzgar”?

Exacto. El padre Federico juzga -a pesar de que esa palabra cause urticaria en muchos oídos “tolerantes” de hoy. Y el fenómeno que analiza —con paciencia de cirujano y sin anestesia retórica— es uno de los más curiosos de nuestro tiempo: el éxito masivo de ciertas propuestas “espirituales” que, cuanto más se alejan de la fe católica, más parecen gustar… incluso dentro de ambientes que se dicen “católicos”.

Uno podría preguntarse: ¿pero cómo es posible? La respuesta es incómoda: porque muchas veces se prefiere una mentira agradable a una verdad exigente. Y aquí es donde este libro cumple su función: desmontar, paso a paso, una construcción que ha seducido a no pocos, mostrando sus presupuestos, sus fuentes y, sobre todo, sus consecuencias.

No se trata de una crítica superficial ni de un panfleto apresurado. Es el producto de una tesis doctoral en teología; estamos ante un trabajo serio, documentado, trabajado con ese raro equilibrio entre inteligencia y combatividad que caracterizaba a los grandes polemistas católicos de otras épocas, cuando todavía se entendía que la caridad no consistía en callar la verdad, sino en decirla a tiempo.

Pero alguno dirá que este libro es “duro”. Probablemente lo sea. Pero conviene distinguir: no es duro con las personas; es duro con los errores. Y eso, lejos de ser un defecto, es una obra de misericordia espiritual, tan olvidada como necesaria. Porque el error —especialmente en materia de Fe— no es un simple desacierto académico: es un veneno. Y si no se alerta sobre los venenos, terminamos bebiéndolos.

Y el Padre Highton, aún desde su hábitat propio de la misión, ha decidido no mirar para otro lado. Y eso tiene un costo. Siempre lo tiene. Pero también tiene un mérito: el de servir a la verdad sin negociar con la moda. Al lector le espera, entonces, un recorrido exigente pero iluminador. No encontrará aquí frases hechas ni concesiones al espíritu del tiempo, sino algo mucho más valioso: argumentos.

Y en una época que ha reemplazado el argumento por la emoción, eso ya es, en sí mismo, una forma de resistencia.

Terminemos con una advertencia —o, si se prefiere, una invitación—: este no es un libro para quien busca confirmación de prejuicios, sino para quien todavía cree que la verdad existe… y que vale la pena defenderla.

Los demás, probablemente, lo encontrarán incómodo.

Y eso, lejos de ser un problema, es una excelente señal.

P. Javier Olivera Ravasi, SE 

INTRODUCCIÓN

Palabras preliminares o motivos de la confutación

Anselm Grün (o Anselmo Verde, como lo llamaba graciosamente Caste­llani), «considerado el monje más famoso de Alemania», «conocido hoy en casi todo el mundo», autor de «"best-sellers" espirituales», «uno de los escritores cristianos de lengua alemana más leídos» y aun «uno de los es­critores cristianos más leídos de la actualidad» e incluso uno de los autores espirituales más leídos del mundo, leído «tanto en círculos progresistas como conservadores» (principalmente por mujeres), citado por muchos scholars como una autoridad en Teología, que ostenta «una reputación de es­cribir libros que combinan la reflexión espiritual y  una buena investigación [=scholarship] general», traducido a más de treinta lenguas (al punto de ser, curiosamente, uno de los más editados en República Checa e incluir lenguas como el chino, el ruso, el noruego y hasta el swahili), me irritaba por un simple motivo: su impostura se intuía con solo ver la tapa de los libros «de este monje benedictino que, según dice el prologuista de uno de sus libros, toca una cuerda particular en el corazón del hombre contemporáneo», lo cual torna urgente refutarlo ya que, como enseña el escoliasta Gómez Dávila (cuya «escritura fragmentaria» y «estética reaccionaria» iluminará nues­tro libro), «La idea deletérea no alcanza a veces a corromper a su inventor, pero corrompe a toda una posteridad imprudente».

Me sorprendía que sus obras ocupasen el centro de las vitrinas de tantas brillosas librerías católicas y que tantas señoras instruidas se gozasen de leer a este autor. Desde el vamos olía a gato encerrado. Luego se me fue la irritación, pues me habitué a sufrir la agobiante omnipresencia del espíritu progresista que, en el ámbito de la espiritualidad, termina infiltrando en las almas una especie de tibieza militante (si se nos permite el oxímoron), que acaban dispuestas a todo menos a defender la Verdad.

Como bien observa Caal Coy, no hay mucho escrito sobre Anselm Grün. Hace muchos años, el buen Padre Gabino Tabossi (que en paz descanse) re­futó a Grün y hace poco mi amigo el Padre Horado Bojorge, en una entrevista online en el portal QNTLC, denunció con lucidez y firmeza la heterodoxia de los gruñidos de Grün, todo lo cual es de suyo suficiente para que los bautizados decentes descarten a semejante impostor; pero como la plaga sigue en curso, sus libros se siguen vendiendo por millones, los videos online son difícilmente citables y siguen habiendo muchos laicos generosos que con santas intenciones apostólicas insisten en usar la pseudo-espiritualidad grü­niana para predicar retiros de conversión. 

Mi gran amigo el Dr. Carlos Romero Berdullas, uno de los pocos penalistas tomistas de la Argentina, me venía in­sistiendo para que refute sistemáticamente a Anselm Grün, a quien podemos llamar el profetastro más vendido de la espiritualidad moderna católica, que de católica no tiene casi nada y que, en el fondo, no tiene nada ya que cuando se mezcla la fe con la herejía ya no queda fe sino un caos doctrinal, si bien Grün dice que él «procura salvaguardar el tesoro de la tradición».

Le dije varias veces que no tenía tiempo, pero finalmente cedí y así me dispuse a hacer un opúsculo, que terminó siendo una tesis doctoral en Teo­logía y luego un libro (que alarga la tesis y la adapta levemente), que busca desmontar de una vez a este sofista contemporáneo, que ofende al buen Jesús diciendo que «Jesús era buen bebedor», que calumnió a los santos mártires de la Iglesia primitiva calificándolos de masoquistas y que no temió inter­pretar en clave psicologista los exorcismos del Señor y hasta la misma señal de la cruz, diciendo que «el hombro izquierdo representa lo inconsciente; y el derecho, lo consciente» y, a la vez, «la izquierda lo femenino, la derecha lo masculino.

Valga aclarar que no hicimos una enciclopedia refutando absolutamente todos los errores de Anselmo Verde y cada uno de sus tomos (escribió una gigantesca cantidad de libros) sino que, por el contrario, nuestro propósito no fue sino el de elaborar un libro de estudio para demostrar de modo contun­dente e irrefutable que este autor no sólo es pródigo en errores gravísimos sino que creó una cosmovisión gnóstico-cristianoide radicalmente contraria a la Santa Fe Católica, esto es, escribimos este libro para probar que Grün no es un autor católico que tiene algunos errores sino el fautor de un sistema gnóstico radicalmente anticatólico, lo cual es muy grave ya que, como en­seña Meinvielle, «para destruir al cristianismo había que vaciarlo por dentro dejando toda su apariencia exterior. Y éste es el trabajo de los gnósticos, incluyendo a Anselm Grün, el más vendido de los gnósticos-cristianos en la actualidad.

Nos hemos tomado el trabajo de leer, citar y refutar, total o parcialmente, 75 obras (la mayoría libros y algunos ensayos) de Anselm Grün, lo cual es suficientemente representativo para conocer y desenmascarar a este lobo con piel de cordero. Como el autor escribió «más de trescientos libros» con «media de unos diez títulos por año», hemos elegido los más pedidos y los más vendidos en las librerías pretendidamente católicas más importantes de la Ciudad de Buenos Aires, que es donde empezamos a escribir el libro con ocasión de un problema de salud ocular que la Trinidad Sacrosanta se dignó enviarnos para Su mayor gloria.

No creemos que nadie nos reproche que no citemos 300 libros, lo cual sólo serviría para que nadie lea este. Leer, citar y confutar más de 75 obras de este monje modernista que hace gala de su ignorancia al afirmar que «los mayores moralistas nunca hacen lo que exigen a los otros».2.Z, es suficiente si queremos evitar ser víctimas de alguna psicopatía. Además, no hace falta citar 300 libros de un autor moderno ya que hoy «Nadie se empeña tanto en opinar como el que es simple eco». De todos modos, si aún así alguien nos reprocha no haber citado toda la biblioteca grüniana, lo invitamos a que busque alguna retractación que este autor haga de alguna de sus tesis y con gusto la publicaremos.

Es urgente refutar a Grün ya que es uno de los principales autores gnósti­cos de la era contemporánea (mas se hace pasar por católico) y dado que hoy la gnosis está tan vigente que, como bien dice Gómez Dávila («el solitario de Dios»), «En todas las sectas que hoy pululan fermenta una soteriología gnóstica»: Si Grün no tuviese vestidura de monje católico y no ostentase la etiqueta de benedictino, nadie lo leería ni publicaría y en tal caso no valdría la pena refutarlo, pero pasa lo contrario.

Si bien Grün reconoce que, al tratar un tema, lo que más le atrae es ex­ ponerlo primero sobre el fondo de la actual psicología, y después en diálogo con las otras religiones y sus tradiciones místicas, Grün atribuye su éxito de ventas al hecho de que, como él dice, «hay un gran anhelo por una espiri­tualidad cristiana que sea sana». Ahora bien, él les vende una espiritualidad que no es ni cristiana ni sana, por lo que hay que concluir que, allende sus in­ tenciones (él dice que los benedictinos no deben engañar a las personas en el nombre de Dios, que su Padre le enseñó a ser francoli y que él siente el reto de «convertirse en roca para los demás), la obra de Grün es una gran estafa, una estafa grave ya que él insiste en que él «no pretende dar consejos, sino poner a la gente en contacto con la sabiduría cristiana», cuando en realidad pone a sus lectores en contacto con lo que San Pablo llama «ineptas fábulas», esto es, «mitos ridículos» (1Tim v, t) y, más específicamente, mitos gnósticos secularizados con fachada cristianoide. Mas, Grün dice: «en cualquier caso, para mí es importante permanecer fiel a mi mensaje [¿no al de Cristo?, nos preguntamos] y llevarlo adelante» y «debo escuchar una y otra vez a mi voz interior [¿y si no es la de Cristo?] y seguir mi camino (¿y si no es el de Cristo?)»

Pero, ¿por qué decimos que no es ni cristiana ni sana? Ante todo, porque es una obra gnóstica, como veremos a lo largo de nuestro libro.

De todos modos, como admite su biógrafo, otro de los móviles por los cuales Grün escribe es el de «desahogarse de los anhelos por medio de la escritura»12, anhelos que, como su escritura evidencia, son en gran medida tenebrosos.

Nos dirán que somos unos intolerantes y que no amamos al prójimo, mas es al revés, no solo porque «Sólo es respetuoso el que subraya con vigor las diferencias» sino también porque era mucho más cómodo para nosotros no escribir nada y usar el tiempo en dormir más y hacer más deporte que en refutar imposturas, pero por el bien de las almas, al cual nos debemos y con­sagramos desde el día de nuestra ordenación sagrada, decidimos privarnos de legítimas comodidades, sacar tiempo de donde no tenemos y proceder a la clarificación doctrinal, ya que como dijo el único Salvador del género hu­mano: «conocerán la verdad y la verdad los hará libres» (Jn. 8, 32). Sabemos que -salvo un milagro- los libros de Grün se seguirán vendiendo dado que «el tonto no renuncia a un error mientras no pasa de moda», aunque también sabemos que «Matar un error no es posible, pero es posible apalearlo». Al fin de cuentas, como bien dice Grün, «A la larga, no se puede vivir impune en­frentando a la verdad», y «Jesús obliga a la verdad», y por eso lo refutamos.

No faltan quienes, con el afán de defender al famoso monje de Münsterschwarzach, dicen que los que lo atacan son «la derecha de la Iglesia», lo cual no deja de ser simpático no sólo porque las vulgares etiquetas derecha-izquierda son ineptas para describir el pensamiento católico sino porque, como reco­noce la editorial Herder (la cual, desde su viraje progresista, le publica los libros), «su trabajo se nutre de las influencias de (...) Karlfried Dürckheim», un propagandista nacionalsocialista que en 1938 fue enviado por quien poco después devino el Canciller del III Reich, Joachim Von Ribbentrop, al Japón, para estudiar la educación nipona y la posibilidad de usar actividades cultu­rales para promover los objetivos políticos de la Alemania de Hitler en Japón y toda zona asiática bajo el dominio imperial nipónil. Es más, el mismo Jung, una de las máximas fuentes de la doctrina de Grün fue, a juicio de varios estudiosos, como Eric Harper, antisemita, a tal punto que, según Harper, ésta fue una de las principales razones de que la ruptura entre Freud y Jung.

Terminamos este prólogo pidiendo al Espíritu Santo que nos llene de su luz y así nos salve «de la confusión que propagan los falsos maestros», es­pecialmente de aquellos que tienen «ingenio teológico», que, según el gran pensador bogotano, «consiste hoy día en inventar formas subrepticias de apostasía», concluyendo estas líneas inaugurales convocando a los lectores a prepararse para reírse ya que, como decía el citado poeta colombiano, ante el progresismo actual, «el católico viejo se indigna primero, se asusta des­pués, finalmente revienta de risa».

Subiectum: problema, hipótesis, objetivos y estructura del trabajo

El objeto de estudio de este trabajo (o, mejor dicho, el subiectum, si segui­mos la epistemología aristotélica), es la doctrina del teólogo alemán, Anselm Grün, «considerado el monje más famoso de Alemania» (Alonso, 3 de julio de 2020) y, según dice Castro Cubells en el prólogo a una obra de este monje ger­mano, «conocido hoy en casi todo el mundo» (Grün, 2004a, p. 10).

El problema científico principal que ocupa este trabajo que aquí comenza­mos, esto es, el gran tema a resolver o la gran pregunta a desentrañar en estas líneas puede resumirse en este interrogante: «¿es o no católica la doctrina de Grün?».

Nuestra hipótesis investigativa es doble y se resume en dos proposiciones:

1) la doctrina de Anselm Grün no es católica 
y 2) la doctrina de Anselm Grün es gnóstica.

Nuestro trabajo tiene objetivos de dos tipos: general y específico. El objetivo general de este trabajo es investigar dos asuntos conexos: 
1) si la doctrina de Anselm Grün es católica (o no) 
y 2) si su doctrina es gnóstica (o no). 
Al fin de cuentas, ambos asuntos pueden formularse en una sola proposición ya que, como enseña J. Meinvielle (y veremos a lo largo de este trabajo), en el fondo sólo hay dos concepciones posibles: la católica o la gnóstica, como leemos al comienzo de la conclusión de la obra maestra del dicho autor: «A través de toda la historia humana no hay sino dos formas fundamentales del pensa­miento y de la vida: la católica y la gnóstica» (Meinvielle, 1970, p. 456).

Para ahorrar equívocos desde el comienzo, precisemos en qué consiste la concepción católica y en qué la gnóstica: La concepción católica es la concep­ ción revelada por Dios y enseñada oficialmente por la Iglesia en Magisterio bimilenario infalible, la cual fue expuesta magníficamente por Santo Tomás de Aquino, que es el mayor Santo de los Sabios y el mayor Sabio de los Santos, siendo tan importante su exposición que es el único Doctor Universal vene­ rado por la Iglesia con el glorioso título de Doctor Universalis.

Por otra parte, como enseña Meinvielle, «Se llama gnosis y cábala a toda concepción de Dios, el mundo y el hombre que asigna una única sustancia, homogénea, a estas tres realidades» (Meinvielle, 1970, p. 18).

Consecuentemente con lo ya señalado, los objetivos específicos de este tra­ bajo son dos: 
1) investigar el itinerario intelectual de Anselm Grün, sus fuen­ tes y, en la medida de los estrechos límites permitidos por la longitud de una tesis doctoral y que lo pida la mejor consecución de nuestro objetivo general, estudiaremos las fuentes de las fuentes grünianas, trazando una especie de árbol genealógico de la doctrina grüniana y, por ende, en cierta medida, de la gnosis alemana moderna; 
2) investigar los principales puntos de la doctrina de Anselm Grün siguiendo el orden temático empleado por Santo Tomás en la Summa Theologice, que comienza con Dios y termina con Cristo, pasando por los ángeles, los hombres y, luego, la moral.

Que el petiso Grün tenga el apoyo entusiasta de la progresía y de la milenaria Abadía benedictina de Münsterschwarzach, en la que él vive, no da ninguna garantía de ortodoxia, sino al contrario. De hecho, Grün contra­ dice la doctrina católica en todos o prácticamente todos los grandes temas. Por eso, podemos hablar de "gruñidos grünianos" teniendo en cuenta que el gruñido es un sonido emitido por un animal en señal de ataque o amenaza, metáfora esta que nos sirve para denotar los gruñidos con los que el lobo amenaza o ataca a la grey católica falsificando la fe.

El eje de nuestro trabajo, entonces, consiste en desenmascarar los gruñi­dos grünianos, lo cual haremos siguiendo la siguiente estructura: primero, describiremos las fuentes, influencias y clave del pensamiento grüniano; segundo, salteando lógicamente algunos puntos, expondremos la doctrina grüniana siguiendo el orden expositivo de la Summa Theologiae de Santo Tomás de Aquino (citado aisladamente en algunas de sus obras por Grün 2):

1) Dios Uno y Trino; 2) el hombre; 3) Teología moral (general y especial); 4) Cristo (y la Virgen); 5) Liturgía; 6) escatologíall. 
Este libro, podríamos decir, es como una especie de Anti Suma Teológica. Alguno nos preguntará quizá por qué tratar tantos temas y la respuesta es, parafraseando al escoliasta bogotano, que «Sobre toda idea noble la Teología moderna ha sabido dejar la huella digital de su calumnia».

Status quo investigativo y metodología empleada

Escribir un libro sobre Grün encierra un especial desafío ya para él no hay ninguna autoridad: ni la Escritura (que él interpreta a su manera al punto de decir disparates aplicando el principio luterano del libre examen en grado máximo) ni el Magisterio infalible de la Iglesia (que él desprecia llamándolo «dogmatismo romano») ni Santo Tomás y la Escolástica en general (que él cree superados por la Teología Moderna) ni los argumentos de razón (que él elude con un pseudo-misticismo onírico gnóstico).

¿Cómo vamos a refutar a un sujeto que no acepta ninguna autoridad sino que es un librepensador en grado sumo? Nuestra estrategia será simple: nos limitaremos a demostrar que su pensamiento es profundamente contrario a la doctrina católica. De este modo, advertiremos a los fieles que en sus escritos no se encontrará la Verdad sino veneno a medida del gusto del hom­bre moderno.

Lo novedoso de este trabajo

Nuestra tesis es novedosa ya que no hay ningún trabajo científico que demuestre el carácter gnóstico del pensamiento grüniano a partir de los es­critos del mismo autor. El valiosísimo trabajo del Padre Tabossi se basa más bien en citas de citas, mas el nuestro en las citas primarias. Por otra parte, nuestro trabajo es novedoso ya que nunca fue estudiado el corpus grüniano siguiendo el orden temático de la Summa Theologiae, que es lo que hacemos en este trabajo doctoral.

 
ANSELM GRÜN. Libro del P. Federico Highton. "De la gnosis progre-luciferina de Anselm Grün"

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domingo, 3 de mayo de 2026

LA APOSTASÍA, EL MÁXIMO PECADO por JOSÉ MARÍA IRABURU

LA APOSTASÍA,
EL MÁXIMO PECADO

Judas es el primero de todos los apóstatas. Él creyó en Jesús, y dejándolo todo, le siguió (en Caná «creyeron en Él sus discípulos», Jn 2,11). Pero avanzando el ministerio profético del Maestro, y acrecentándose de día en día el rechazo de los judíos, el fracaso, la persecución y la inminencia de la cruz, abandonó la fe en Jesús y lo entregó a la muerte.

La apostasía es el mal mayor que puede sufrir un hombre. No hay para un cristiano un mal mayor que abandonar la fe católica, apagar la luz y volver a las tinieblas, donde reina el diablo, el Padre de la Mentira. Corruptio optimi pessima. Así lo entendieron los Apóstoles desde el principio:

«Si una vez retirados de las corrupciones del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, de nuevo se enredan en ellas y se dejan vencer, su finales se hacen peores que sus principios. Mejor les fuera no haber conocido el camino de la justicia, que después de conocerlo, abandonar los santos preceptos que les fueron dados. En ellos se realiza aquel proverbio verdadero: “se volvió el perro a su vómito, y la cerda, lavada, vuelve a revolcarse en el barro”» (2Pe 2,20-22). De los renegados, herejes y apóstatas, dice San Juan: «muchos se han hecho anticristos… De nosotros han salido, pero no eran de los nuestros» (1Jn 2,18-19).

La apostasía es el más grave de todos los pecados. Santo Tomás entiende la apostasía como el pecado de infidelidad (rechazo de la fe, negarse a creer) en su forma máxima, y señala la raíz de su más profunda maldad:

«La infidelidad como pecado nace de la soberbia, por la que el hombre no somete su entendimiento a las reglas de la fe y a las enseñanzas de los Padres» (STh II-II,10, 1 ad3m). «Todo pecado consiste en la aversión a Dios. Y tanto mayor será un pecado cuanto más separa al hombre de Dios. Ahora bien, la infidelidad es lo que más aleja de Dios… Por tanto, consta claramente que el pecado de infidelidad es el mayor de cuantos pervierten la vida moral» (ib. 10,3). Y la apostasía es la forma extrema y absoluta de la infidelidad (ib. 12, 1 ad3m).

Las mismas consecuencias pésimas de la apostasía ponen de manifiesto el horror de este pecado. Santo Tomás las describe:

«“El justo vive de la fe” [Rm 1,17]. Y así, de igual modo que perdida la vida corporal, todos los miembros y partes del hombre pierden su disposición debida, muerta la vida de justicia, que es por la fe, se produce el desorden de todos los miembros. En la boca, que manifiesta el corazón; en seguida en los ojos, en los medios del movimiento; y por último, en la voluntad, que tiende al mal. De ello se sigue que el apóstata siembra discordia, intentando separar a los otros de la fe, como él se separó» (ib. 12, 1 ad2m).

El fiel cristiano no puede perder la fe sin grave pecado. El hábito mental de la fe, que Dios infunde en la persona por el sacramento del Bautismo, no puede destruirse sin graves pecados del hombre. Dios, por su parte, es fiel a sus propios dones: «los dones y la vocación de Dios son irrevocables» (Rm 11,29). Así lo enseña Trento, citando a San Agustín: «Dios, a los que una vez justificó por su gracia, no los abandona, si antes no es por ellos abandonado» (Dz 1537). Por eso, enseña el concilio Vaticano I, «no es en manera alguna igual la situación de aquellos que por el don celeste de la fe se han adherido a la verdad católica, y la de aquellos que, llevados de opiniones humanas, siguen una religión falsa. Porque los que han recibido la fe bajo el magisterio de la Iglesia no pueden jamás tener causa justa para cambiar o poner en duda esa misma fe» (Dz 3014).

Hubo apóstatas ya en los primeros tiempos de la Iglesia. Como vimos, son aludidos por los apóstoles. Pero los hubo sobre todo con ocasión de las persecuciones, especialmente en la persecución de Decio (249-251). Y a veces fueron muy numerosos estos cristianos lapsi (caídos), que para escapar a la cárcel, al expolio de sus bienes, al exilio, a la degradación social o incluso a la muerte, realizaban actos públicos de idolatría, ofreciendo a los dioses sacrificios (sacrificati), incienso (thurificati) o consiguiendo certificados de idolatría (libelatici). Y en esto ya advertía San Cipriano que «es criminal hacerse pasar por apóstata, aunque interiormente no se haya incurrido en el crimen de la apostasía» (Cta. 31).

La Iglesia asigna a los apóstatas penas máximas, pero los recibe cuando regresan por la penitencia. Siempre la Iglesia vio con horror el máximo pecado de la apostasía, hasta el punto que los montanistas consideraban imperdonables los pecados de apostasía, adulterio y homicidio, y también los novacianos estimaban irremisible, incluso en peligro de muerte, el pecado de la apostasía. Pero ya en esos mismos años, en los que se forma la disciplina eclesiástica de la penitencia, prevalece siempre el convencimiento de que la Iglesia puede y debe perdonar toda clase de pecados, también el de la apostasía (p. ej., Concilio de Cartago, 251). San Clemente de Alejandría (+215) asegura que «para todos los que se convierten a Dios de todo corazón están abiertas las puertas, y el Padre recibe con alegría cordial al hijo que hace verdadera penitencia» (Quis dives 39).

La Iglesia perdona al hijo apóstata que hace verdadera penitencia. Siendo la apostasía el mayor de los pecados, siempre la Iglesia evitó caer en un laxismo que redujera a mínimos la penitencia previa para la reconciliación del apóstata con Dios y con la Iglesia. De hecho, como veremos, las penas canónicas impuestas por los Concilios antiguos a los apóstatas fueron máximas.

Y siguen siendo hoy gravísimas en el Código de la Iglesia las penas canónicas infligidas a los apóstatas. 
«El apóstata de la fe, el hereje o el cismático incurren en excomunión latæ sententiæ» (c. 1364,1). Y «se han de negar las exequias eclesiásticas, a no ser que antes de la muerte hubieran dado alguna señal de arrepentimiento, 1º a los notoriamente apóstatas, herejes o cismáticos» (c. 1184).

El ateísmo de masas es hoy un fenómeno nuevo en la historia. El concilio Vaticano II advierte que «el ateísmo es uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo» (GS 19a). «La negación de Dios o de la religión no constituyen, como en épocas pasadas, un hecho insólito e individual; hoy día, en efecto, se presentan no rara vez como exigencia del progreso científico y de un cierto humanismo nuevo. En muchas regiones esa negación se encuentra expresada no sólo en niveles filosóficos, sino que inspira ampliamente la literatura, el arte, la interpretación de las ciencias humanas y de la historia y de la misma legislación civil» (ib. 7c). Y eso tanto en el mundo marxista-comunista, más o menos pasado, como en el mundo liberal de Occidente. Pero se da hoy un fenómeno todavía más grave.

La apostasía masiva de bautizados es hoy, paralelamente, un fenómeno nuevo en la historia de la Iglesia; la apostasía, se entiende, explícita o implícita, pública o solamente oculta. El hecho parece indiscutible, pero precisamente porque habitualmente se silencia, debemos afrontarlo aquí directamente. Vamos, pues, derechos al asunto. Imagínense ustedes a un profesor católico de teología –imagínenlo sin miedo, que no les va a pasar nada–, que, en un Seminario o en una Facultad de Teología católica, después de negar la virginidad perpetua de María, los relatos evangélicos de la infancia, los milagros, la expulsión de demonios, la institución de la Eucaristía en la Cena, la condición sacrificial y expiatoria de la Cruz, el sepulcro vacío, las apariciones, la Ascensión y Pentecostés, afirma que Jesús nunca pretendió ser Dios, sino que fue un hombre de fe, que jamás pensó en fundar una Iglesia, etc. Y pregúntense ustedes, si les parece oportuno: ¿estamos ante un hereje o simplemente ante un apóstata de la fe? Y tantos laicos, sacerdotes y religiosos –todos ellos bien ilustrados–, que reciben y asimilan esas enseñanzas ¿han de ser considerados como fieles católicos o más bien como herejes o apóstatas? La pregunta, deben ustedes reconocerlo, tiene su importancia. ¿O no?

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

domingo, 19 de abril de 2026

¿TEÓLOGOS AGNÓSTICOS?: LA TEOLOGÍA SIN DIOS NO ES TEOLOGÍA Y JESÚS ES DIOS Y HOMBRE

 
El Jesús histórico y los eruditos de la nada


Voy al grano porque no merece la pena andar con rodeos. Quien parte del apriorismo de que no existen los milagros difícilmente puede aceptar la historicidad de los que hizo Cristo, incluida su propia resurrección. Pero no tienen derecho a negar que los evangelios son plenamente históricos al contar dichos milagros, testimoniados oral y escrituralmente por aquellos que fueron testigos de los mismos.

Además, es deshonesto intentar reconstruir la figura histórica de Cristo partiendo sólo de sus predicaciones, como si las mismas no fueran también testimoniadas por aquellos que nos contaron de sus milagros. Es decir, si ustedes, señores eruditos de la nada, niegan que Cristo dio la vista a los ciegos, hizo hablar a los mudos, limpió la lepra a los leprosos, resucitó a los muertos y resucitó Él mismo, nieguen también que dio el Sermón del monte, que nos enseñó el padrenuestro, que habló por parábolas y que, en definitiva, predicó el evangelio. Eso de tomar sólo lo que les encaja en sus mentes racionalistas no es racional, no es serio, no es ciencia.

Porque además, ustedes saben muy bien (¿o hace falta que les copie las citas?) que el testimonio de los actos milagrosos de Cristo no aparece sólo en fuentes "amigas", sino también en alguna contraria a la fe cristiana, donde se reconoce la actividad milagrosa de Jesús aunque adjudicándole un origen poco "piadoso". Ustedes pretenden hacer historia sobre Jesús negando la veracidad del relato de aquellos que le acompañaron día y noche durante todo su ministerio. Pues valientes historiadores están hechos, señores.

Además, no sólo se trata de Jesús. Es que sus apóstoles también hicieron milagros en su nombre. Y no sólo sus apóstoles. La historia está llena de ellos. Y hoy se siguen produciendo. Tanto si ustedes lo aceptan como si no. No es una cuestión sólo de fe sino de hechos constatados y relatados. Por ejemplo, y por hablar de un caso que conozco, yo puedo ser el tipo más escéptico del mundo, pero si me muestran dos radiografías de la espalda de una misma mujer, la primera en la que parece que la columna vertebral es el circuito de Jerez por una espantosa escoliosis y la segunda con la columna absolutamente recta, y todo lo que medió entre una y otra radiografía fue una oración de petición de sanación, tengo dos opciones: o ser un necio que niegue la evidencia o aceptar la verdad aunque no la entienda. ¿Y qué me dirán ustedes si escribo una biografía sobre esa mujer? ¿que la parte en la que cuente cómo su enfermedad desaparece sin intervención médica es un mito? ¿que era una simple cuestión "psicológica"? Pues, ¿saben lo que les digo? Que se metan sus libros donde les quepa, que se vayan con sus teorías a otra parte y que dejen en paz al Cristo de la fe y de la Historia. No crean en Él si no quieren. Pero dejen de hablar sobre lo que no saben, sobre lo que no comprenden, sobre lo que no han visto y oído.

“Quien parte del apriorismo de que 
no existen los milagros difícilmente puede aceptar 
la historicidad de los que hizo Cristo, 
incluida su propia resurrección".
“…si ustedes, señores eruditos de la nada, niegan que Cristo dio la vista a los ciegos, hizo hablar a los mudos, limpió la lepra a los leprosos, resucitó a los muertos y resucitó Él mismo, nieguen también que dio el Sermón del monte, que nos enseñó el padrenuestro, que habló por parábolas y que, en definitiva, predicó el evangelio. Eso de tomar sólo lo que les encaja en sus mentes racionalistas no es racional, no es serio, no es ciencia".
Pues bien, ayer el Papa Benedicto XVI les dio una soberana lección a los miembros de la Comisión Teológica Internacional. En una homilía dirigida no sólo a ellos, de hecho más bien creo que pensaba en teólogos de otro perfil, sino a todos los habidos y por haber en el mundo mundial, el Santo Padre puso los puntos sobre las íes. Por ejemplo, afirmó esto:

“Se pesca en las aguas de la Sagrada Escritura con una red que permite sólo una cierta medida para los peces, y todo aquello que está más allá de esta medida no entra en la red y, por lo tanto, no puede existir. Y así, el gran misterio de Jesús, del Hijo hecho hombre, se reduce a un Jesús histórico, realmente una figura trágica, un fantasma sin carne y hueso, uno que ha quedado en el sepulcro, está corrompido, es realmente un muerto. Se trata de un método que “sabe pescar ciertos peces pero excluye el gran misterio porque el hombre se hace él mismo la medida y tiene esta soberbia que, al mismo tiempo, es una gran necedad, que absolutiza ciertos métodos que no son aptos para las grandes realidades (…) Es la especialización que ve todo los detalles pero ya no ve la totalidad”.

Al leer las palabras del Papa no he podido por menos que acordarme de lo que dijo el teólogo Torres Queiruga en una entrevista concedida a Tempos Dixital este mismo año:

Levaríame unha alegría inmensa se aparecese a tumba co cadáver de Xesús. Teriamos a máis preciosa e prezada reliquia histórica. Con todo, é difícil que suceda, porque o máis probable é que, unha vez crucificado, levasen o seu cadáver a unha fosa común, que era daquela o destino dos condenados sen recursos.

No hace falta ni que lo traduzca. Pero es que el teólogo gallego no se quedó ahí. Demostró su soberbia asegurando que lo que él cree, lo creen todos:

¿Non hai milagre no que se di que ocorreu tres días despois da morte do Xesús histórico?

Que a resurrección da que falan as Escrituras non é un milagre, xa é admitido por todos. Sería milagre se o cadáver volvese á vida. Non foi así. Os textos son parabólicos, son simbólicos. A interpretación máis axustada é a que deron dous grandes teólogos, Hans King e Karl Rhaner: Xesús morreu cara ó interior de Deus. É polo que entendo que é necesario repensar a Resurrección (o título dunha das súas obras).

Ese es el tipo de teólogos a los que le cae como guante a la mano lo dicho por el Papa. Sus redes tienen unos agujeros tan enormes que son incapaces de pescar algo que merezca la pena. Están muertos para la fe. Son zombies que andan dando tumbos alrededor de la fosa de su incredulidad. Son la escoria de la teología. Son los teólogos que, pretendiendo presentar una fe madura, apartan por completo de la fe verdadera a los fieles incautos que se dejan enseñar por ellos.

Lo peculiar es que todavía haya quien dude de que la Iglesia no tiene que deshacerse de esta basura adherida a ella. Y ahí es donde mi optimismo ante lo dicho por el Papa se ahoga. A mí me parecen muy bien las buenas palabras, los discursos y las homilías denunciando todo este tipo de cosas. Pero gran parte de los eruditos de la nada, los teólogos de la apostasía siguen propagando su ponzoña sin que los pastores hagan gran cosa por evitarlo. El propio caso de Torres Queiruga es un ejemplo de ello: ¿a qué esperan nuestros obispos para desautorizarle públicamente? ¿A qué esperan para pedirle que se retracte de sus herejías y, en caso de no acceder a ellos, para aplicarle lo que los apóstoles pidieron que se aplicara a los que se alejan y alejan a otros de la fe? Y como Queiruga, tantos otros.

Menos palabras contra la heterodoxia y más acción contra los que la propagan. Eso es lo que necesita la Iglesia. Y mientras no lo haga, seguirá enferma del cáncer de la secularización interna. Ese que tan bien describieron los obispos españoles y que tan poco hace, en mi opinión, por combatir. Las excepciones, que haberlas hailas, confirman la regla.

***

El Dr. Piñero afirma muy a menudo que sus obras no están influidas por dogmas o confesiones religiosas. Sin embargo, la manera como expresa esta cuestión me parece que quiere dar a entender que sus obras están libres de sesgo o prejuicio de cualquier clase, que son puramente "objetivas"... ¡como si la única influencia posible en una obra fuera la religiosa! Pero la realidad es que no existe ninguna obra literaria o académica que se pueda considerar absolutamente "objetiva", libre de toda clase de influencia; las del Dr. Piñero tampoco.

Como he escrito arriba, el Dr. Piñero suele explicar que sus obras están libres de todo sesgo religioso. Personalmente no estoy de acuerdo con esta afirmación. Él nació y se educó en la España nacionalcatólica de la posguerra. Es inevitable que haya recibido influencias positivas o negativas de la Iglesia Católica o de alguno de sus representantes y estas muy probablemente se reflejen en sus escritos. A esto hay que añadir las presiones académicas, editoriales, económicas, emocionales, etc., a las que con toda probabilidad ha de estar sometido. Y lo mismo se puede decir del resto de autores de Los libros del Nuevo Testamento. Traducción y comentario, alguno de los cuales fue sacerdote católico.

Personalmente detecto en Antonio Piñero una clara tendencia a la "desmitificación" del Nuevo Testamento y a la desacreditación de sus autores. Por supuesto, él tiene todo el derecho, no faltaba más, a tener su propia opinión respecto a la figura de Jesús, los milagros, la historia del texto bíblico, etc. Lo que no creo que sea ético es que en ocasiones exprese lo que solamente es su opinión personal como si se tratara de una verdad objetiva. El consenso científico en un determinado punto no es una verdad absoluta pues a lo largo de la historia se han desvelado y desmentido "consensos científicos" que simplemente eran falacias, elucubraciones de los "eruditos". Sabemos que el conocimiento puede hacernos orgullosos (1Co 8:1).
VER+:



Los fariseos de hoy son los que niegan los milagros de Cristo (los fariseos también los negaban) y consideran que son sugestiones colectivas o meros “signos”, y los que, después de ver los increíbles milagros eucarísticos de los últimos años o los milagros que Dios hace por intercesión de la Virgen a cientos en Lourdes o en Medjugorje, los niegan como contrarios a la razón, para negar a Cristo: el análisis racionalista e historicista, protestante, de la Biblia, con tantos epígonos “católicos” heterodoxos desde mitad del s. XX: Teilhard de Chardin, Küng, Kasper, Martini, Schillebeeckx, Rahner, Lehman, Boff… y los nacionales Pagola, Castillo, Queiruga, y un largo etc., cuya divisa ha sido, tristemente, mundanizar la Iglesia, en lugar de cristianizar el mundo.


He escuchado a muchos teólogos y me han parecido muy soberbios y muy racionalistas. Además van de intelectuales. Son muy teóricos y muy egoístas. Hablan de cosas que no han experimentado ni vivenciado. Creen pensando y no sentipensando a Dios.
Son los nuevos escribas. Jesús no escogió a ningún escriba o teólogo como discípulo.
No viven la GRATUIDAD. Que El Señor les quebrante (es una bendición)...

Estas aproximaciones a la realidad del Dios de la Fe y del Dios de los filósofos, no son más que el resultado de saciar, en parte, la sed en que todos los hombres deseamos saber, donde la verdad es el objeto propio de este deseo. Cada uno de nosotros busca descubrir más allá de lo conocido superficialmente, puesto que el hombre es el único ser en toda la creación visible
que no solo es capaz de saber sino que se da cuenta que se está dando cuenta y por eso se interesa por la verdad real de lo que se le presenta, nadie puede estar indiferente frente a la verdad de su saber.
El Dios de la Fe y el Dios de los Filósofos, Fe y Razón, son como las dos alas con la cuales el espíritu humano se eleva a la contemplación de la verdad. Y para alcanzar esa verdad se necesita llegar a una edad adulta donde el hombre pueda discernir con sus propios medios, entre lo que es verdadero y lo que es falso para lograr formarse un juicio propio sobre la realidad objetiva de las cosas.
Finalmente, desde mi punto de vista, Dios no se ha revelado para ser estudiado, sino para ser vivido. Sabe mucho más de Dios quien lo vive, que quien lo estudia, porque Dios se sigue revelándose a los pequeños y sencillos de corazón.


TEOLOGÍA SIN DIOS NO ES TEOLOGÍA

¿CÓMO VAS A COMPRENDER 
UNA CANCIÓN DE AMOR SI NUNCA 
HAS ESTADO ENAMORADO?

“Fuego, Dios de Abraham, Isaac y Jacob”, y no, Dios de los Filósofos y los sabios”. Es decir, que Pascal apuesta por el Dios Fuego, por el Dios vivo en contraposición a un Dios teórico o conceptual. Él experimentó al Dios vivo, al Dios de la Fe, y en tal vivencia transformadora, comprendió con asombro gozoso que la irrupción de la realidad de Dios es muy diferente en comparación con lo que la filosofía griega o la filosofía matemática de un Descartes pudieran explicar sobre Dios.
El Cardenal Joseph Ratzinger (actual Papa Benedicto XVI) señala que el Dios de la Fe es el Dios del Nombre, del monoteísmo, y el Dios de los filósofos es el de Aristóteles como el Dios concepto, el Dios Motor Inmóvil o el Dios garante de Descartes. Se debe tener presente que Blaise Pascal (1623‐1662) forma parte del pequeño grupo de filósofos que escriben para conocerse a sí mismos, dedican su vida a ello y no para resolver problemas conceptuales. La religión es vivencia, la filosofía es teoría, luego, el Dios de la religión es vivo y personal, mientras que el Dios de los filósofos, vacío y rígido.


lunes, 30 de marzo de 2026

EL DISPENSACIONALISMO: Cristo no fundó dos pueblos. Cristo fundó una sola Iglesia.

Desde la perspectiva de un Restauracionista Dispensacional

EL DISPENSACIONALISMO:

Cristo no fundó dos pueblos. 
Cristo fundó una sola Iglesia.

El dispensacionalismo es un sistema teológico protestante que interpreta la Biblia literalmente, dividiendo la historia en períodos o "dispensaciones" (generalmente siete) en los que Dios administra su relación con la humanidad de distintas formas. Sus pilares son la distinción clara entre Israel y la Iglesia, y una escatología premilenialista y pretribulacional.
El dispensacionalismo es un sistema teológico cristiano evangélico, que afirma que Dios ha empleado diferentes medios de administración de sus planes en diferentes períodos de la historia humana, donde ha demostrado su gracia. Lo distintivo del dispensacionalismo es que sostiene que Israel (como nación) y la Iglesia (como cuerpo de Cristo), no forman un único pueblo de Dios, sino dos pueblos con profecías, promesas y destinos diferentes.

Características y Postulados Principales:
Interpretación Literal (Hermenéutica): Se aplica una lectura literal, gramatical e histórica de las Escrituras, especialmente en la profecía, evitando la alegorización.
Distinción Israel/Iglesia: Sostiene que Dios tiene dos planes distintos: uno para Israel (terrenal, basado en pactos incondicionales) y otro para la Iglesia (celestial, un "paréntesis" profético).
Las Dispensaciones: Períodos de tiempo caracterizados por una administración particular de Dios (ej. inocencia, conciencia, ley, gracia, milenio).
Escatología Pretribulacional: La creencia en que Cristo arrebatará a su iglesia antes de la Gran Tribulación.
Premilenialismo: El regreso de Cristo ocurre antes del reinado literal de mil años (milenio).
En cuanto a las dispensaciones, este sistema define que existen siete dispensaciones (aunque debe aclararse que dentro del movimiento existen corrientes que impulsan 8, 9 o más): 

Inocencia: En el Edén, Adán y Eva tenían que obedecer el mandato divino de no comer del árbol prohibido, con lo cual aseguraban ser inocentes de pecado. Ambos fallaron.
Conciencia: Desde la caída hasta Noé, el ser humano tuvo la posibilidad de controlar libremente sus decisiones sobre la base de lo que su consciencia le indicaba. Fallaron en esto, ya que el designio del corazón de ellos fue de continuo solamente el mal, en vez de buscar a Dios.
Gobierno humano: De Noé a Abraham, ya que la conciencia personal no fue una guía adecuada para el ser humano, se encomendó a los gobiernos el administrar justicia y moral.
Promesa: Al fallar los gobiernos en su cometido, Dios escogió a Abraham para ser el padre de la fe y le prometió que en él serían benditas todas las naciones de la tierra.
Ley: Desde Moisés a Jesús, el ser humano solo podría acercarse a Dios a través del cumplimiento de la ley mosaica. Ésta, dada su condición de perfecta, fue imposible de cumplir; en ella se revela el pecado y la maldición del mismo.
Gracia: Solo al reconocer nuestra incapacidad de lograr algo bueno (consciencia de pecado,) podemos reconocer que es Jesús el único mediador entre Dios y los seres humanos "porque no hay otro nombre debajo del cielo en quien podamos ser salvos".
Juicio: Es un período de siete años de Tribulación, donde los últimos 3 años y medio serán de Gran Tribulación.
Reino milénico: Al fin de los tiempos surgirá un período de 1000 años en los cuales Jesús reinará en la tierra. Será una época de esplendor sin precedentes. Al finalizar este tiempo, Satanás será liberado con el objetivo de probar por última vez la fe del ser humano. Tras este período se acabará el tiempo y surgirá una nueva tierra y un cielo nuevo, ya que todo lo conocido será destruido.

El Dispensacionalismo no afirma que el ser humano puede salvarse solo, o que hay diferentes formas de salvación. Acepta y enseña que solamente hay salvación por la fe en Cristo; lo que afirma es que las dispensaciones demuestran que nadie puede salvarse por mérito propio.
Los dispensacionalistas interpretan la Biblia literalmente, es decir, su sistema de interpretación es el conocido "sistema de interpretación literal de la Biblia", que incluye la gramática, la literalidad y la historicidad del pasaje a estudiar. Debe notarse que en la Biblia la palabra "dispensación", que proviene del latín "dispensare" (distribuir), traduce dos vocablos griegos: "διακονέω" o servicio (2 Corintios 3:7-9) y "οἰκονομία", administración, comisión, encargo (1 Corintios 9:17; Efesios 1:10; 3:9; Col. 1:25). Significa un "período" o economía (como indica el término griego), que se refiere a la forma en que Dios interactúa con el ser humano durante cierto tiempo establecido.

Originalmente C.I. Scofield y Lewis Sperry Chafer, fueron ordenados ministros presbiterianos en la antigua Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCUS, por sus siglas en inglés), jurando su adherencia a los Estándares de Westminster, como el sistema fundamental de doctrina enseñado en la Escritura. 
Scofield fue por muchos años, y hasta su muerte, un miembro del Presbiterio de París, Texas. Por su parte, Chafer fue hasta su muerte un miembro del Presbiterio de Dallas, Texas.​

El sistema dispensacionalista, impulsado por ambos, fue analizado en 1940 por los reformados, en el contexto de su concordancia con la Confesión de Westminster, especialmente con el artículo XIX (Minutas, pág. 33). Un Comité Interino determinó, en su reporte inicial a la Asamblea General de la PCUS en 1943, que “el Dispensacionalismo y la enseñanza de la Confesión...pertenecen a dos diferentes sistemas de interpretación Bíblica”.​ Un nuevo comité ampliado estudió el caso en 1944 y emitió este dictamen: 
“Es la unánime opinión de nuestro Comité que el Dispensacionalismo, tal como es definido y establecido, se halla fuera de concordancia con el sistema de doctrina establecido en la Confesión de Fe, no primera o simplemente en el campo de l, la que es incuestionablemente una teología de un Pacto de Gracia.” (Minutas, pág. 126) 

Durante esta controversia, el Dr. Chafer hizo una pregunta en la que reconocía escatología, sino porque ataca el corazón mismo de la teología de nuestra Iglesiaa que su enseñanza no concordaba con los estándares de Westminster, diciendo: 
“¿No sería un proceder más sabio, en vista de la presente aceptada libertad para revisar los estándares de la Iglesia, reconstruir así su texto para que pueda acordarse una libertad para el gran número de hombres que pueden aceptar solamente una teología dispensacional y permitirles así permanecer en el compañerismo de sus hermanos?”​ 
Al estar abiertamente opuesto con los estándares de Westminster, Chafer argumentó acerca de la antigüedad (casi 300 años), y la necesidad de ser revisados a la luz de los avances de los estudios bíblicos modernos. El pedido fue desestimado, y Chafer permaneció como “ministro a derecho” es decir, en la práctica pasado a retiro, en la PCUS hasta su muerte, a la edad de 81 años, el 22 de agosto de 1952. Chafer aparece en el “Obituario Ministerial”, encontrado en las Minutas de la Asamblea General de la PCUS de 1953.

Origen y Evolución:

Originado en el siglo XIX, el dispensacionalismo moderno fue formulado principalmente por John Nelson Darby y popularizado por la Biblia de Referencia Scofield. Ha evolucionado desde el dispensacionalismo clásico hasta formas modificadas y progresivas, esta última buscando mayor continuidad entre los pactos.

Principales Diferencias con otras Teologías:

A diferencia de la teología del pacto, el dispensacionalismo insiste en que la Iglesia no ha reemplazado a Israel y que las promesas terrenales a Israel se cumplirán literalmente en el futuro.

¿Es posible que la política exterior de una potencia mundial esté diseñada para forzar el fin del mundo? Si crees que una guerra apocalíptica es el requisito para el regreso de Cristo, entonces provocar el conflicto deja de ser una locura para convertirse en “piedad”.
¿Sabías que millones de personas leen la Biblia con “lentes” puestos por un solo hombre en 1909? Cyrus Scofield logró lo que nadie: mezclar sus notas teológicas con el texto sagrado.
En este clip analizamos cómo la Biblia de Referencia Scofield popularizó el sistema de Darby, haciendo que el dispensacionalismo pareciera doctrina divina y no una interpretación humana. Esto cambió la geopolítica de EE.UU. para siempre.
Qué sucede cuando el Estado Mayor del ejército más poderoso del mundo deja de leer mapas satelitales para leer el Libro de Daniel? El error más peligroso del dispensacionalismo es convertir la profecía bíblica en una hoja de ruta geopolítica.

✝️ ¿Una herejía guiando la guerra? Dispensacionalismo, Israel y el poder #iglesiacatolica