«Hay momentos, en la Vida, en los que callar se convierte en una culpa y hablar en una obligación. Un deber civil, un desafío moral, un imperativo categórico del que uno no se puede evadir». Con La rabia y el orgullo, Oriana Fallaci rompió un silencio que había durado diez años. Lo rompió inspirándose en el apocalipsis que la mañana del 11 de septiembre de 2001, no lejos de su casa de Manhattan, desintegró las dos torres de Nueva York y redujo a cenizas a miles de personas.
Enriquecido con un dramático prefacio donde cuenta cómo nació este texto y explica por qué el terrorismo islámico no se concluye con la derrota de los talibanes en Afganistán, Oriana Fallaci describe la realidad global de la Guerra Santa. Además, cogiéndonos por sorpresa, habla de sí misma: de su trabajo, de su hermético aislamiento, de sus rigurosas e intransigentes posiciones. Insertando a menudo recuerdos personales y episodios aclaratorios de su vida, nos habla de los temas relacionados con el 11 de septiembre de 2001: Norteamérica, Europa, Italia, el Islam, nosotros. Sobre todo nosotros. Con su famoso coraje, lanza durísimas acusaciones y arroja furiosas invectivas. Con su brutal sinceridad, expone penetrantes ideas y pasiones, incómodas verdades y reflexiones que reprimió durante esos años de obstinado silencio. Este «pequeño libro», como lo calificó Oriana Fallaci en su prefacio, es en realidad un gran libro. Un libro precioso, un libro que sacude las conciencias, más bien las trastorna. Pero es también el retrato de un ama: la suya. Permanecerá en nosotros como una espina dentro de nuestra cabeza y nuestro corazón. «No queréis entender que si no nos oponemos, si no nos defendemos, si no luchamos, la yihad vencerá. Y destruirá el mundo que, bien o mal, hemos conseguido construir».
"Ahora, aquí, se discute del próximo ataque que nos golpeará con armas químicas, biológicas, radiactivas y nucleares. Se dice que la nueva catástrofe es inevitable, porque Irak les proporciona los materiales. Se habla de vacunación, de máscaras de gas, de peste. Hay quien se está preguntando ya cuándo tendrá lugar... ¿Contentos?
Algunos no están ni contentos ni descontentos. Se muestran indiferentes. Norteamérica está muy lejos y entre Europa y América hay un océano... Pues no, queridos míos. No. El océano no es más que un hilo de agua. Porque cuando está en juego el destino de Occidente, la supervivencia de nuestra civilización, Nueva York somos todos nosotros.
América somos todos. Los italianos, los franceses, los ingleses, los alemanes, los austriacos, los húngaros, los eslovacos, los polacos, los escandinavos, los belgas, los españoles, los griegos, los portugueses. Si se hunde América, se hunde Europa. Si se hunde Occidente, nos hundimos todos. Y no sólo en sentido financiero, es decir en el sentido que me parece que es el que más os preocupa. (Una vez, cuando era joven e ingenua, le dije a Arthur Miller: «Los americanos miden todo por el dinero, sólo piensan en el dinero». Y Arthur Miller me contestó: «¿Ustedes no?»).
Nos hundimos en todos los sentidos, querido amigo. Y en el lugar de campanas, encontraremos muecines, en vez de minifaldas, el chador, en vez de coñac, leche de camello. ¿No entendéis ni esto, ni siquiera esto?
¡Por Jesucristo! No le niego a nadie el derecho a tener miedo. El que no tiene miedo a la guerra es un cretino. Y el que quiere hacer creer que no tiene miedo a la guerra, tal y como he escrito mil veces, es un cretino y un estúpido a la vez. Pero en la vida y en la historia hay casos en los que no es lícito tener miedo. Casos en los que tener miedo es inmoral e incivil. Y los que, por debilidad o falta de coraje o por estar acostumbrados a tener el pie en dos estribos se sustraen a esta tragedia, a mí me parecen masoquistas". (LA RABIA Y EL ORGULLO
Por Oriana Fallaci)
El Cardenal Pie, Arzobispo de Poitiers, una de las personalidades más relevarles del siglo XIX, digno heredero de su antecesor San Hilario -el gran contrincante de la herejía arriana en el siglo IV-, vivió una época de intensas controversias doctrinales en la Francia impregnada por la mentalidad de la Revolución francesa. El espíritu de dicha Revolución había penetrado en amplias capas de la Iglesia bajo el nombre de "catolicismo liberal", reeditándose así las viejas pretensiones del arrianismo bajo una óptica diferente. Este libro expone de manera sistemática el pensamiento del Cardenal, centrado en el Señorío de Cristo sobre las personas y las sociedades. Se analiza la naturaleza de la Revolución moderna, los grandes errores doctrinales del siglo pasado: el naturalismo, el racionalismo, el liberalismo, errores que no han desaparecido, ya que siguen permeando nuestra conflictuada época; al tiempo que se con-signan sus ardientes proclamas en pro de una decidida militancia contrarrevolucionaria, emprendida por caracteres recios, absolutamente extraños a aquella cobardía que se enmascara cómodamente bajo el nombre de "moderación" y "equilibrio". Trátase por cierto de un libro de género histórico, pero de acuciante actualidad, merced al cual el Cardenal Pie, obispo de la raza de Hilario y de Atanasio, podrá seguir haciendo escuchar su voz, proclamando verdades de a puño, a modo de clarinadas, que no dejarán de estimular al lector para que ponga por centro de sus luchas a Dios, a Cristo Rey, a la Santísima Virgen. La lectura de esta obra hará "renacer en nosotros el coraje", como gustaba decir el Cardenal.
Prólogo
Para sostener y animar a sus discípulos en medio de las incomprensiones y persecuciones que esperan a todo fiel pregonero de la verdad, San Pablo les exhortaba a buscar la “consolatio scripturarum”. El consuelo de las escrituras no se refiere tan sólo a las enseñanzas de los Libros Sagrados, sino a todo lo que nos ha sido transmitido de la historia y de su pueblo, y lo que la sabiduría y la experiencia de nuestros antepasados pueden enseñarnos para comportarnos rectamente frente a las realidades de nuestro tiempo.
El Cardenal Pie es uno de esos grandes espíritus que tienen mucho que enseñarnos hoy, y es sin duda una obra útil y meritoria hacer conocer su personalidad y su pensamiento. Ha vivido en un período en que se presentaban problemas religiosos, sociales y políticos muy semejantes a los que vivimos ahora. Recuerdo muy bien cómo hace cincuenta años el estudio de las obras de personajes como el Cardenal Pie y el escritor Louis Veuillot nos ayudaba a comprender ciertos fenómenos nuevos para mi patria canadiense pero que Francia había vivido y sufrido varias décadas antes. La perspicacia y el valor de estos grandes pensadores y hombres de acción nos preparaban para reconocer a los enemigos de la verdad y de la religión y para detectar sus maquinaciones, ocultas a menudo detrás de legislaciones o políticas aparentemente dictadas por la piedad o la búsqueda de la paz.
La parte del libro consagrada a la biografía del Cardenal es breve, concisa, pero muy viva y sumamente útil para comprender la substancia y la tonalidad especial de sus discursos y escritos. Muestra la fidelidad del dignatario de la Iglesia a sus ideales de joven ardiente y de sacerdote apostólico, vecino a su grey. Muestra la unidad, la coherencia entre sus convicciones, maduradas en la oración al pie del Santísimo, y sus actividades en favor de la comunidad eclesial y de las instituciones. Muestra también cómo, en todas las etapas de su vida, la docilidad frente al magisterio del Pastor Supremo y una obediencia escrupulosa a su persona, fueron el secreto de la seguridad de Luis Eduardo Pie cuando tuvo que tomar decisiones difíciles y denunciar errores, injusticias y violaciones de los derechos. Fue porque radicaba en una doctrina sólida y profunda que su acción pastoral y social supo ejercerse en las circunstancias más diversas y concretas.
Por otra parte el Cardenal tenía un amor ardiente a Jesús y a su divina Madre, y por eso su amor al prójimo era tal que no podía consentir en que quedara engañado por los sofismas del día o por una noción de libertad que, desconociendo los derechos del Creador, llevara al ser creado a su perdición. El Cardenal, así como la Iglesia misma, no ha pensado nunca que se ama y se presta servicio al hombre dejándolo en la “ignorancia material”.
La parte del libro consagrada al pensamiento de Monseñor Pie ilustra bien la reflexión del autor, a saber, que “Pie no se limita a predicar la verdad sino que la predica bien”. Las amplias citas que lo jalonan nos dan a conocer una persona de cultura excepcional, que a su conocimiento de la Escritura y de la Tradición añade un talento literario y sobre todo un fuego de caridad tales, que le hacen encontrar las palabras más adecuadas para llegar a las mentes y a los corazones.
No quiero quitar a los lectores el placer de descubrir poco a poco las riquezas de la enseñanza de Monseñor Pie. Pero quiero congratularme con el autor por el modo orgánico con que la presenta. Nuestra religión, nuestra fe, no es un andamiaje de atrayentes abstracciones. Es la adhesión de todo nuestro ser a un Dios que se nos ha revelado en Jesucristo, la adhesión al Señor, Dios y hombre. Se le debe aceptar tal como es, y es el Rey de la creación, tanto por derecho de naturaleza como por derecho de conquista: en la Cruz ha adquirido por su muerte redentora, en cuanto hombre, el derecho que tenía ya como Dios sobre nuestras personas y sobre las sociedades que constituimos. La realeza social de Jesús es un hecho del que no podemos prescindir. El reino del Señor no es como los reinos de este mundo. Es por cierto un reino de amor. Pero, como bien dice Teresa de Ávila, no es porque amo a mi Señor que le debo menos respeto y lealtad.
El reconocimiento de la soberanía de Cristo no es meramente cuestión de palabra. Debe comprometer toda la vida. Y por eso en sus sermones le agrada a Monseñor Pie presentarnos personas que han puesto todas sus fuerzas al servicio del Rey: Nuestra Señora, la Virgen María, en primer lugar; luego los santos que han tenido un gran impacto sobre sus respectivas épocas; y los ministros sagrados, llamados a continuar la obra de los santos.
A veces pensamos que somos nosotros quienes hemos descubierto la idea de que la Iglesia tiene que encarnarse en el mundo de su tiempo. Monseñor Pie, a la vez que propone ante nuestros ojos la figura de diversos santos que han cambiado su mundo, nos indica cómo podemos y debemos hacer en la actualidad para que todas las cosas y todos los días se hagan sagrados en nuestras patrias y en el mundo. Y para ser muy práctico nos enseña cómo el Enemigo de Cristo sabe utilizar los medios más variados, violentos o sutiles, para llevar a los ingenuos o desprevenidos por la senda de la secularización, del humanismo pagano, de las revoluciones materialistas y destructivas.
Espero pues que muchos cristianos, preocupados por la crisis actual, se interesarán por este trabajo apasionante. Sé que una vez empezada su lectura encontrarán motivos de confianza en el porvenir y estímulo para un apostolado bien inspirado en favor del Reino de Cristo.
They Live (título traducido como Están vivos en España y como Sobreviven en Hispanoamérica) es una película estadounidense de acción-ciencia ficción de 1988 escrita y dirigida por John Carpenter. Carpenter escribió el guion bajo el pseudónimo de Frank Armitage. La película está basada en un relato de 1963 de Ray Nelson titulado Eight O’Clock in the Morning.
Al final de la demostración, el hipnotista dijo a los presentes: “Despierten”. Algo inusual ocurrió. Uno de los presentes despertó del todo. Aquello era un hecho sin precedentes. Su nombre era George Nada: parpadeó ante el mar de caras de los presentes en el teatro, al principio sin ser consciente de que hubiera algo fuera de lo habitual. Luego se percató: estaban ahí, entre la muchedumbre, eran rostros no humanos. Eran los rostros de los Fascinadores. Ellos habían estado ahí todo este tiempo, por supuesto, pero solo George estaba realmente despierto, así que solo él podía reconocerlos como lo que realmente eran. Entendió todo en un instante, incluyendo el hecho de que si era demasiado obvio, ellos lo notarían y de inmediato le darían la orden de volver a su estado habitual, y entonces él volvería a obedecer.
Por intervalos, George observaba los carteles que colgaban y mostraban fotografías de los Fascinadores y sus múltiples ojos a lo largo de la calle. Debajo de ellas, inscritas, aparecían varias órdenes, tales como “trabaja ochos horas”, “juega ocho horas”, “duerme ocho horas” o “cásate y reprodúcete”. Una televisión colocada en el aparador de una tienda captó la atención de George, pero él desvió la mirada de inmediato. Si no veía al Fascinador en la pantalla, podría resistir la orden: “siga sintonizando esta emisora”.
George vivía solo en un pequeño dormitorio. Tan pronto como llegó a casa, desconectó el televisor. A pesar de ello, podía escucharse el rumor de los televisores encendidos de sus vecinos. Las voces eran humanas, la mayor parte del tiempo, pero ahora, de un momento a otro, él podía escuchar las voces arrogantes, los extraños graznidos de los alienígenas, semejantes a los de un ave. “Obedece al Gobierno”, decía uno de los graznidos. “Somos el Gobierno”, decía otro. “Somos tus amigos. Tú harías cualquier cosa por un amigo, ¿no?”. “Obedece”. “Trabaja”.
De repente sonó el teléfono. George contestó. Era uno de los Fascinadores. “Hola”, chilló. “Habla tu control, el Jefe de policía Robinson. Usted es un hombre viejo, George Nada. Mañana a las ocho en punto, su corazón se detendrá. Por favor repítalo”. “Soy un hombre viejo”, dijo George. “Mañana a las ocho en punto mi corazón se detendrá”. El jefe de policía Robinson colgó.
“No, no pasará”, susurró George. Se preguntó por qué lo querían muerto. ¿Sospechaban, acaso, que se encontraba despierto? Era probable. Alguien podía haberlo notado, darse cuenta de que George no actuaba como el resto de las personas. Si al pasar un minuto después de las ocho él seguía vivo, entonces estarían seguros. “No tiene caso esperar el final aquí”, pensó.
Salió de nuevo a la calle. Los pósters, los televisores o las órdenes ocasionales dictadas por los extraterrestres parecían no tener ningún poder definitivo sobre él, aunque todavía se sentía tentado a obedecer, a ver las cosas de la misma forma en que su amo deseaba que las viera. Entró a un callejón y se detuvo. Uno de los alienígenas se encontraba allí, solo, apoyándose en la pared. George caminó hacia él. “Sigue caminando”, gruñó la cosa, enfocando sus letales ojos sobre George. George sintió que su dominio de conciencia vacilaba. Por un momento la cabeza reptiliana se desvaneció, dejando ver en su lugar el amable rostro de un anciano ebrio. Por supuesto, el borracho era amable. George tomó un ladrillo y golpeó al anciano en la cabeza con todas sus fuerzas. Por un momento la imagen pareció difuminarse, luego brotó un tenue hilo de sangre azul-verdosa de la cara del reptil que cayó al suelo, retorciéndose. Después de un rato, el reptil estaba muerto.
George arrastró el cuerpo hacia las sombras y lo revisó. Encontró una pequeña radio en su bolsillo, además de un cuchillo tallado cuidadosamente y un tenedor. De la radio brotaba un audio incomprensible. Dejó la radio junto al cuerpo inerte del reptil, pero conservó los utensilios para comer. “Es probable que no pueda escapar”, pensó George. “¿Por qué combatirlos?”. Pero quizá él podía. ¿Qué pasaría si él podía despertar a otros? Valía la pena intentarlo.
Caminó doce manzanas hasta llegar al apartamento de su novia, Lily. Llamó a la puerta. Lily abrió, enfundada en una bata de baño. “Quiero que despiertes”, dijo él.
“Estoy despierta”, respondió Lil. “Adelante, pasa”. Entró. La televisión estaba encendida y George la apagó. “No”, dijo él. “Quiero que despiertes de verdad”. Ella lo miró sin comprender, entonces George chasqueó los dedos y gritó: “¡Despierta! ¡Los amos te ordenan que te despiertes!”. “¿Acaso estás loco, George?”, preguntó ella, sospechosa. “Estás actuando muy raro”. Él la abofeteó. “¡Lárgate!”, gritó ella. “¿Qué demonios haces?”. “Nada”, dijo George, derrotado. “Solo estaba bromeando”. “Darme una bofetada no es una broma”, chilló Lily.
Alguien llamó a la puerta. George abrió. Era uno de los extraterrestres. “¿Podrían mantener el ruido a un nivel más bajo?”, dijo. La imagen de los ojos amarillos y la carne reptiliana se difuminó un poco y George pudo ver el rostro vacilante de un hombre gordo en mangas de camisa. Todavía era un hombre cuando George le cercenó el cuello con el cuchillo de cocina, pero volvió a ser alienígena antes de tocar el suelo. Lo arrastró hacia el departamento y cerró la puerta de una patada. “¿Qué ves ahí?”, le preguntó a Lily, señalando aquella cosa, semejante a una serpiente con muchos ojos en el suelo.
“Señor... Señor Coney”, susurró ella, con los ojos llenos de horror. “Tú... Acabas de matarlo como si no tuviera importancia”. “No grites”, dijo George, avanzando hacia ella. “No lo haré, George. Te juro que no lo haré... por favor, solo suelta ese cuchillo, por el amor de Dios”. Ella retrocedió hasta que su espalda tocó la pared. George vio que era inútil.
“Voy a atarte”, dijo George. “Pero primero necesito que me digas en qué habitación vivía el señor Coney”.
“La primera puerta a la izquierda, yendo hacia las escaleras”, dijo ella. “Georgie... Georgie, no me tortures. Si vas a matarme haz que sea rápido. Por favor, Georgie, por favor”.
La ató usando las sábanas de la cama y la amordazó. Luego buscó en el cuerpo del Fascinador. Encontró otra radio pequeña de la que brotaba un idioma incomprensible y otro par de utensilios de cocina. Nada más.
George fue hacia la puerta de al lado. Cuando llamó a la puerta, una de esas cosas-serpiente contestó: “¿Quién es?”. “Un amigo del señor Coney. Quiero verlo”, dijo George. “Ha salido por un segundo, pero volverá”. La puerta se abrió con un crujido y de ella se asomaron cuatro ojos amarillentos.
“¿Quiere entrar y esperar?”. “Claro”, respondió George sin mirarle a los ojos. “¿Vives solo aquí?”, preguntó él mientras aquella cosa cerraba la puerta, dándole la espalda. “Sí, ¿por qué?”.
George se abalanzó sobre él y le cortó la garganta desde atrás, luego revisó el departamento. Encontró huesos y cráneos humanos, una mano a medio comer. Encontró tanques con babosas gigantes y gordas flotando en ellos.
“Las crías”, pensó y las mató a todas. También había armas, de un tipo que nunca antes había visto. Disparó una por accidente, pero por fortuna no hacían ruido. Parecían disparar dardos venenosos.
Tomó la pistola, guardó todos los dardos que pudo y volvió al apartamento de Lily. Cuando ella lo miró, se retorció en una mueca de horror indefenso. “Tranquila, cariño”, dijo él. “Solo quiero tomar las llaves de tu auto”. Tomó las llaves y bajó las escaleras hasta estar de nuevo en la calle. El auto estaba estacionado en el mismo lugar de siempre. Pudo reconocerlo por la abolladura del lado derecho.
George se introdujo en él, lo encendió y comenzó a manejar sin un rumbo fijo. Condujo por horas, pensando con desesperación en busca de una salida. Encendió la radio para ver si podía encontrar un poco de música, pero no había nada más que noticias. Eran todas sobre él:
George Nada, el maníaco homicida. El locutor era uno de los Jefes, pero sonaba un poco asustado. ¿Por qué debería estarlo? ¿Qué podría hacer un solo hombre?
George no se sorprendió cuando vio el camino bloqueado. Se detuvo a un lado de la calle antes de llegar al punto de control.
“No hay más viajes para ti, pequeño Georgie”, se dijo. Ellos ya habían descubierto lo que había ocurrido en el departamento de Lily, probablemente estarían buscando su auto. Lo estacionó en un callejón y tomó el metro. No había extraterrestres en el metro, por alguna razón. Tal vez se consideraban demasiado buenos para tomar el metro, o tal vez ya era demasiado tarde en la noche.
Cuando finalmente uno de ellos abordó el metro, George descendió. Salió a la calle y fue hacia un bar. Uno de los Fascinadores estaba en la televisión, diciendo una y otra vez: “Somos tus amigos. Somos tus amigos. Somos tus amigos”. El estúpido lagarto sonaba asustado. ¿Por qué? ¿Qué podría hacer un solo hombre contra todos ellos?
George pidió una cerveza. Entonces, repentinamente, le impactó la idea de que el Fascinador de la televisión ya no parecía tener ninguna fuerza sobre él. Lo miró de nuevo y pensó: “Tiene que creer que puede dominarme para realmente hacerlo. El menor indicio de temor por parte suya, y el poder de hipnotizar está perdido”. Mostraron la foto de George en la pantalla de la televisión y él se retiró a una cabina telefónica. Llamó a su control, el Jefe de policía Robinson.
“Hola, ¿Robinson?”, preguntó. “Él habla”. “Soy George Nada. He averiguado cómo despertar a las personas”. “¿Qué?… George, espera. ¿En dónde estás?”. Robinson sonaba casi histérico.
Colgó, pagó y abandonó el bar. Probablemente intentarían rastrear la llamada. Tomó otra línea del metro y fue hacia el centro de la ciudad.
Ya estaba amaneciendo cuando entró en el edificio que alojaba al más grande de los estudios de televisión de la ciudad. Consultó con el portero del edificio y luego tomó el elevador. El policía del estudio lo reconoció: “Eh, usted es Nada”, jadeó. A George no le gustó dispararle con el dardo envenenado, pero tuvo que hacerlo.
Tuvo que matar a algunos más, antes de poder entrar en el estudio, incluyendo a todos los técnicos presentes. Afuera había un montón de sirenas de policía, gritos y pasos que corrían por las escaleras. El extraterrestre estaba sentado frente a la cámara de televisión mientras decía:
“Somos tus amigos”, y no había visto a George acercarse hacia él. Cuando le disparó con la pistola de dardos, el alienígena se detuvo a media oración y se quedó sentado, muerto. George se quedó cerca de él y dijo, imitando el graznido del extraterrestre: “Despierten. Despierten. ¡Vean lo que somos y mátenlos!”.
Fue la voz de George la que se escuchó en la ciudad aquella mañana, pero era la imagen del Fascinador. La ciudad despertó por primera vez y la guerra comenzó. George no vivió para ser testigo de la victoria que se alcanzó finalmente. Murió de un ataque al corazón exactamente a las ocho en punto.
1963
* En este cuento se basó la película They live (Viven) de John Carpenter
Somos una parte energía, es cierto, pero lo único que se sabe es que esa energía son pensamientos y sentimientos, lo del alma solo es una creencia, nada mas (una película tampoco me va a decir nada nuevo sobre una creencia que tiene miles de años en cuanto a la tercera película lo único que te dice es que busques un mentor, que normalmente deberían ser tus padres (eso si no lo sabes ya, mal vamos).
Y luego en el documental sobre como funcionan las redes, en vez de la solución obvia (dejarlas o limitar mucho su uso) tu lo que dices es básicamente que sigamos usándolas pero escuchando tus historias en vez de las de otros.
Creo en el Dios de Jesús y de María, el Dios de los bienaventurados, sencillos y sabios humildes como Abraham y Sara; Isaac y Rebeca; Jacob y Raquel. Y no el de los expertos racionalistas e ideologistas teólogos y entendidos escribas de todos los tiempos, El Mismo JesuCristo nunca los eligió ni como apostóles ni como discípulos. Ni antes ni ahora. Soy Venezolano, Maracucho/Maracaibero, Zuliano y Paraguanero, Falconiano; Soy Español, Gallego, Coruñés e Fillo da Morriña; HISPANOAMÉRICANO; exalumno marista y salesiano; amigo y hermano del mundo entero.
La Línea Editorial de este Rincón es la Veracidad y la Independencia imparcial.
¡¡¡ Que El Señor de La Comunicación, de La Amistad, de La Paz con Justicia, te bendiga, te guarde, te proteja, siempre... AMÉN !!! ________________________________
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#YoTambiénSoyCristianoPerseguido
#NoEstánSolos: Ya estamos hartos de que los criminales exterminen a los cristianos solo por su fe. Ha llegado la hora de movilizarse y defenderlos. Basta de cobardía. Se valiente y osado frente a los asesinos y defiende con ardor tu fe y a los que son perseguidos por la horda. Coloca en tu página el símbolo creado por el movimiento en defensa de los cristianos perseguidos para la campaña mundial que se ha iniciado para que no nos olvidemos de todos aquellos que están siendo perseguidos y masacrados por ser cristianos. El símbolo del centro es la letra N del alfabeto árabe, con la que los yihadistas están marcando las casas de los Nazarenos, que es como ellos llaman a los cristianos. Juntos hagamos que no se olviden aquellos hermanos perseguidos en todo el mundo por amar a su Dios. #NoEstanSolos #PrayForthem #ن #YoTambiénSoyCristianoPerseguido #Iglesia #Kenya #Siria #Irak #Afganistán #ArabiaSaudí #Egipto #Irán #Libia #Nigeria #Pakistán #Somalia #Sudán #Yemen y otros...
EL SILENCIO CULPABLE
QUE LA LUZ BRILLE SOBRE TI, TIERRA FÉRTIL #SOSVENEZUELA
VENEZUELA UN PAÍS PARA QUERER Y PARA LUCHAR
“Nací y crecí en un lugar donde dicen ” Pa’lante es pa’llá”, donde se pide la bendición al entrar, al salir, al levantarte y al acostarte, donde se comen arepas, cachapas y espaguetti con diablito, donde se menea el whisky con el dedo, donde se respira alegría aún en las adversidades, donde se regalan sonrisas hasta a los extraños, donde todos somos panas, donde aguantamos chalequeos, donde se trata con cariño sincero, donde los hijos de tus amigos son tus sobrinos, donde la gente siempre es amable, donde los problemas se arreglan hablando y tomando una cervecita, donde no se le guarda rencor a nadie y donde nadie se molesta por tonterías, donde hasta de lo malo se saca un chiste, donde besamos y abrazamos muchísimo, donde expresamos con cariño nuestros sentimientos, donde hay hermosas playas, ríos, selvas, montañas, nieve, llanos, sabana y desierto, un país de gente bella, cariñosa y alegre donde se mezclaron armoniosamente las razas, donde el extranjero se siente en casa y donde siempre encontramos cualquier motivo para celebrar con los amigos. Nací y crecí en VENEZUELA, me siento orgulloso de ser venezolano y seguiré manteniendo mi espíritu venezolano en cualquier lugar del mundo”
¡NO TE RINDAS!
♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥ Si la angustia te seca, si la ansiedad te asfixia, si la tristeza te ahoga, si el pesimismo te ciega... llora, grita, comunícate, exterioriza tu dolor.... pero JAMÁS te rindas.
Levanta tu mirada, respira hondo... ¡LUCHA..! amig@...lucha ... PORQUE Sí hay salida. Sí hay sentido. Sí hay ESPERANZA. Levanta tus manos y pide ayuda.
No te des por vencid@...y poco a poco verás La Luz. NO te rindas amig@, lucha. NO ESTÁS SOL@.
PORQUE VERÁS QUE SÍ VALIÓ LA PENA... ♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥
LA FUERZA INVENCIBLE DE LA FE
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"Ya veis que no soy un pesimista, ni un desencantado, ni un vencido, ni un amargado por derrota alguna. A mí no me ha derrotado nadie, y aunque así hubiera sido, la derrota sólo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, más idealista, porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o su negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que le sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática de su egoísmo.
¡Trabajo va a tener el enemigo para desalojarme a mi del campo de batalla! El territorio de mi estrategia es infinito, y puedo fatigar, desconcertar, desarmar y doblegar al adversario, obligándolo a recorrer por toda la tierra distancias inmensurables, a combatir sin comer, ni beber, ni tomar aliento, la vida entera; y cuando se acabe la tierra, a cabalgar por los aires sobre corceles alados, si quiere perseguirme por los campos de la imaginación y del ensueño. Y después, el enemigo no podrá renovar su gente, por la fuerza o por el interés., que no resisten mucho tiempo, y entonces, o se queda solo, o se pasa al amor, que es mi conquista, y se rinde con armas y bagajes a mi ejército invisible e invencible...."
(Fragmento de una página del discurso de Joaquín V. González "La universidad y alma argentina" 1918). ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
COMBATE Y DENUNCIA A LOS PEDÓFILOS (PEDERASTAS)
SEÑOR, TE PEDIMOS QUE PROTEJAS A L@S NIÑ@S, TE LO PEDIMOS EN EL NOMBRE DE JESÚS. AMÉN. ¡Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeñitos! Mejor le fuera que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos....... Lc 17,1-2 -- ÚNETE Y DENUNCIA --
SI LOS MEDIOS CALLAN, EL PUEBLO GRITA...
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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos
EL SENTIDO COMÚN ES IMPRESCINDIBLE PARA EL BIEN COMÚN Y PARTICULAR
SOMOS ANTI-OBSOLESCENCIA: NUESTRA CALIDAD TIENE VALOR
OBSOLESCENCIA ES LA planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible tras un período de tiempo calculado de antemano, por el fabricante o empresa de servicios, durante la fase de diseño de dicho producto o servicio, nos conduce al CONSUMISMO exacerbado, por culpa de algo evitable, destruimos recursos, planeta y dinero por algo que podríamos tener durante mucho tiempo.