EL Rincón de Yanka: febrero 2024

inicio














jueves, 29 de febrero de 2024

LIBROS "DENTRO DE LO NORMAL: LA CORRUPCIÓN VASCA" y "EL PADRINO: ANATOMÍA DEL 'CASO MIGUEL' " por IKER RIOJA ANDUEZA

 
Dentro de lo normal: 
La corrupción vasca (1)

El periodista Iker Rioja Andueza recorre en la serie 'La corrupción vasca' los principales casos de corrupción conocidos en Euskadi. En la primera entrega, 'Dentro de lo normal', se repasan investigaciones urbanísticas y en contratas públicas, así como casos de despilfarro de dinero de todos. El 'caso De Miguel', las basuras de Vitoria, la 'Gürtel vasca' o el saqueo del museo Balenciaga son sólo algunas de las entregas de la primera parada de 'La corrupción vasca', que incluye anexos estadísticos y documentales inéditos.
El libro que desmonta el oasis vasco de la corrupción a partir de un "puñado" de casos
El periodista Iker Rioja deja constancia en el libro 'Dentro de lo normal' que en el País Vasco, pese a que no se hable de ello, hay escándalos "muy similares a los que conocemos en el resto de España”.

Más allá de las palabras están los hechos, y el libro ‘Dentro de lo normal’ del periodista Iker Rioja (Vitoria, 1987) trata de desmontar este oasis vasco con la exposición de “un puñado” de escándalos de corrupción ocurridos en el País Vasco. Ya en el prólogo el autor refuta con una sentencia en apenas tres líneas todos los argumentos de aquellos que aún siguen viendo en blanco el libro de la corrupción en el País Vasco. “El corrupto más conocido de España, ya condenado, se llama Iñaki Urdangarin, nació en Zumarraga y estudio en colegios de Vitoria”.
Ahora el libro de la corrupción vasca acaba de sumar un nuevo capítulo que ya conoce sus primeras líneas con el contundente auto del juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz que ha decretado el ingreso en prisión incondicional sin fianza del presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), el bilbaino Ángel María Villar, y a su hijo Gorka por un posible perjuicio de millones de euros a las arcas de este organismo. “Euskadi quizás sea un oasis porque hay quién esté viendo palmeras cuando en realidad no son palmeras”, ironiza Rioja.

El periodista parte de las confesiones de un empresario vasco que ha participado en sobornos y pagos de comisiones a partidos políticos de distinto color, casi siempre “después de una copiosa comida en un buen restaurante”. “En el País Vasco la política ha funcionado exactamente como en Cataluña, como en Madrid, como en Baleares o como en Valencia”, admite el empresario. De ahí surge el titulo del libro, ‘Dentro de lo normal’, para dejar constancia de que “aunque aquí en el País Vasco no se hable tanto del tema de la corrupción hay también casos que son muy similares a los que conocemos en el resto de España”. De este modo, el volumen recopila "algunos de los casos más significativos de corrupción, corruptelas, irregularidades, fraudes o simplemente despilfarro que han ido floreciendo en los últimos años" en el País Vasco y que, pese a su trascendencia, "en prácticamente ningún caso han marcado la agenda" política vasca.
El libro descansa en el conocido como 'caso De Miguel’ que afecta al ex número 2 del PNV en Álava y a otros ex cargos de la formación nacionalista.

El libro descansa en el conocido como 'caso De Miguel’ en alusión a Alfredo de Miguel, el exdiputado foral de Álava y ex ‘número 2’ del PNV en este territorio que montó toda una supuesta red de cobro de comisiones ilegales para la adjudicación de contratos. La Fiscalía reclama 54 años de prisión, una petición que superar a la de los procesos mediáticos de Noos o Bárcenas. Se trata del caso más importante de corrupción en el País Vasco por el número de imputados, un total de 26, entre ellos varios ex cargos del PNV (incluidos tres exdirigentes de la Ejecutiva del partido en Álava), y por el montante económico, que supera los 16 millones de euros. De hecho, el propio Consejo General del Poder Judicial lo ha señalado como el caso de referencia en la corrupción vasca.

La investigación se inició a finales de 2009 cuando la abogada bilbaína Ainhoa Alberdi acudió a la sede de la Fiscalía de Álava para denunciar que De Miguel y otros dos dirigentes del PNV de este territorio, Aitor Tellería y Koldo Ochandiano, la habían presionado y chantajeado para el cobro de una comisión después de que su asesoría urbanística hubiese recibido ‘a dedo’ un contrato. Desde entonces han pasado más de siete años largos y no hay visos de que el juicio se celebre hasta, al menos, 2018.

-¿A qué se debe este retraso?
- “Hay una primera parte que es la investigación que es muy compleja y que se prolonga hasta marzo de 2015. Luego diversos tramites están retrasando el juicio”.
- ¿Está el PNV maniobrando para retrasar la causa?
- "No lo sé. Eso es muy difícil. Además, la Ertzaintza es la que ha aportado los informes fundamentales".
- Dicho de otro modo, ¿el PNV está tratando de obstaculizar la acción judicial?
- "No me consta, pero… En todo caso, una cosa es no obstaculizar y otra es minusvalorar la relevancia del caso como ha hecho el PNV".
Joseba Egibar se fundió en un efusivo abrazo con De Miguel en el Parlamento tras su imputación: "Si esto se diera en otra parte sería un escándalo"
El PNV siempre ha echado balones fuera al ser interpelado por el caso De Miguel. La formación nacionalista apartó a los cargos implicados del partido para zanjar la cuestión política. Pero hay fotografías que dicen más que cualquier palabra o decisión. Es la del efusivo abrazo del portavoz del PNV en el Parlamento Vasco, Joseba Egibar, a De Miguel en la Cámara de Vitoria. Es como si Rajoy se funde en un abrazo con Bárcenas en el Congreso. “Si esto se diera en otra parte sería un escándalo. Urkullu no creo que le hubiera dado un abrazo”, señala Rioja, quien no se traga el argumento de que la dirección del PNV desconocía las prácticas corruptas del principal imputado. “Hombre, era el número 2 en Álava y había implicados otros tres miembros del ABB (Araba Buru Batzar), personas muy cercanas al presidente de entonces Iñaki Gerenabarrena. No hay pruebas de que el partido se haya lucrado con los negocios de De Miguel pero éste tenía responsabilidades en el partido; era la persona que controlaba la construcción de la nueva sede”, expone.

El periodista afirma que el 'caso de Miguel' se puede asemejar al de la 'Gurtel' o la 'trama Púnica' en su modus operandi. Pero hay una gran diferencia: el escaso ruido mediático en el País Vasco: “Aquí se habla de los trajes de Camps pero tenemos los trajes de Balenciaga (el excalde de Getaria, Mariano Camio, del PNV, y el arquitecto Julián Argilagos están imputados por desvío de fondos públicos por una gestión en la que desaparecieron prendas del modisto vasco), se habla de la Fórmula 1 de Valencia pero no de Epsilon (se dilapidó dinero público para crear una escudería vasca de alta competición) o de Hiriko (el proyecto de coche eléctrico impulsado para apropiarse de fondos públicos para “beneficio personal”), se habla del ático de González pero no de la reforma del chalé de De Miguel que pagó un constructor”.
"Aquí se habla de los trajes de Camps pero tenemos los trajes de Balenciaga, se habla de la Fórmula 1 de Valencia pero no de Epsilon o Hiriko"
La situación es la que es, pero, ¿a qué se debe esta falta de repercusión social? Rioja no tiene claro el por qué (“da la sensación de que en Madrid los medios compiten para ver quien saca más informaciones”, deja caer), pero sí el qué. “Estos temas no marcan la agenda vasca”, señala. En todo caso, percibe que la ciudadanía vasca “ya está empezando a hablar de este tipo de cosas. Antes parecía que no existían y ahora parece que son más frecuentes de lo que se piensa”. Lo dice porque siempre han existido corruptelas, enchufismos o clientelismos probados. “Cuando se monta Osakidetza (el Servicio Vasco de Salud) las listas para entrar estaban manipuladas e implicaba al PSE y UGT. No sé si hay muchos sitios en los que se espía a los presidentes, pero aquí al lehendakari Garaikoetxea (EA) se le espió y el partido se rompió por eso. Hay cosa firmes que no son especulaciones”, remarca.

En el libro también se refleja las irregularidades en torno al contrato de limpieza de Vitoria adjudicado a FCC por el entonces alcalde Alfonso Alonso (PP), las derivadas de la 'Gürtel' en el País Vasco con la compra y reforma de la sede central del PP vasco en la Gran Vía de Bilbao o el saqueo al que se sometió a la Fundación Balenciaga durante la construcción del museo dedicado a su figura y que aún está pendiente de juicio. Hay más historias, unas conocidas y otras por conocer, como desvela de forma misteriosa Rioja sin querer aportar más detalles, pero estas formarán parte de otros volúmenes, ya que la pretensión del periodista es realizar una serie sobre la corrupción en el País Vasco. De momento, para el primer libro ha contado con la colaboración “de alguna manera” de “todos los partidos” que salen en sus páginas. ¿Incluida la dirección del PNV? “Algunos imputados han colaborado”, zanja.

PREÁMBULO

CAPÍTULO O: "NUESTROS VALORES"

"El tren Alvia con destino Vitoria-Gasteiz va a efectuar su salida por la vía 18", repite la megafonía de la abarrotada estación de ferrocarril. La conversación se ha terminado. El empresario despide al periodista, que se dispone a correr al andén señalado. Antes, le repite que sí, que en el País Vasco la política ha funcionado exactamente como en Cataluña, como en Madrid, como en Baleares o como en Valencia. Que él mismo ha participado en sobornos y pagos de comisiones a partidos políticos de distinto color, casi siempre después de una copiosa comida en un buen restaurante. Que el norte no es ningún oasis en el desierto español.
La serie 'La corrupción vasca' que aquí se inicia con su primera entrega, 'Dentro de lo normal', pretende recopilar algunos de los casos más significativos de corrupción, corrupelas, irregularidades, fraudes o simplememe despilfarro que han ido floreciendo en los últimos años sin que en prácticamente ningún caso hayan marcado la agenda como sí lo han hecho otras causas rabiosamente similares en otras latitudes. En eso sí existe un oasis vasco. En las encuestas sociológicas, el asunto de la corrnpción ni aparece en los primeros puest.os. El lehendakari, Iñigo Urkullu, opina que la corrnpción "no encaja con nuestra cultura y nuestros valores políticos y sociales". Lo dijo en el Parlamento en noviembre de 2014. Y eso que el corrnpto más conocido de España, ya condenado, se llama Ifiaki Urdangarin, nació en Zumarraga y estudió matemáticas en colegios de Vitoria.

En el libro se ofrece una panorámica general de un puñado de casos. La mayoría es fruto de investigaciones periodísticas para el diario 'El Mundo' (desde 2008 hasta julio de 2016) y para el 'eldiarionorte.es' (desde julio de 2016). Son todos los que están, pero no están todos los que son. Hay asuntos sobradamente conocidos que no han cabido en esta edición o que son aún muy recientes como para ofrecer una visión general. Asimismo, hay otros temas más de fondo aún ocultos y que irán saliendo a la luz en los próximos años. Habrá una segunda entrega.
Porque aquí, rotundamente, también hay políticos que se han dejado sobornar y pan.idos que han cobrado comisiones en dinero negro. Y hasta empresarios que han asesorado en la sombra a consejeros del Gobierno a cambio de pequeños contratos 'a dedo' e influencia. Algunos, pocos, están confesando ya en entrevistas privadas haber pasado por caja para lograr adjudicaciones de contratos públicos. En este inicio de 2017 ya hay abierta una gran investigación secreta sobre corrnpción en Euskadi y la persecución no se detiene.

El padrino: 
Anatomía del 'caso De Miguel' 
La corrupción vasca (2)

Llega la segunda entrega de la serie 'La corrupción vasca' del periodista Iker Rioja Andueza (Vitoria-Gasteiz, 1987): El padrino. Anatomía del 'caso De Miguel'. Se trata de un monográfico sobre la mayor investigación de corrupción política realizada en Euskadi y que tiene como protagonista al que fuera 'número dos' del PNV de Álava, Alfredo de Miguel, a quien todos conocen como Txitxo. Datos inéditos, nuevas revelaciones, documentos, fotografías, ... Más de 350 páginas que conforman un reportaje periodístico de gran formato.

PRÓLOGO: 
"Una berlina oscura"

Enero de 2018 y llueve sobre Vitoria. ¡Vaya novedad! Las precipitaciones no son un elemento extraño en la capital vasca, mucho menos si es invierno. Pero la meteorología sí dificulta algunas operaciones, como recoger un disco duro en plena calle. Ahora que comienza el juicio del 'caso De Miguel', un macroproceso que puede alargarse todo el año, contar con todo el material digitalizado hará más completo y sencillo el acceso a la información.
A la hora prometida, llega una berlina oscura ya entrada en años al punto de encuentro, el aparcamiento de un hotel céntrico. El Palacio de Justicia no es un escenario propicio para esta entrega. Finalmente, la operación se efectúa sin pro­ blemas. No se ha mojado eldisco duro.

El acuerdo obliga a hacer copias rápido para que nadie eche en falta el aparato. Si es más de una, mejor, por seguridad. La devolución del dispositivo sí será en el juzgado, aunque en una sala neutra y con el discoduro escondido en una bolsa.
Aquí está el sumario del 'caso De Miguel'. Solamente el índice ocupa 222 pági­nas. Las pruebas de la investigación se acumulan en 25.546 folios repartidos en 95 tomos, más la documentación geenerada en los previos del juicio y durante su celebración.
Prueben a imprimirlo y a poner los papeles uno encima del otro: quizás no ten­gan altura suficiente en la habitación en la que están leyendo este libro. Si lo pre­fieren, medido en términos informáticos, son 2.803 ficheros sólo de la fase de instrucción que 'pesan' 27.112.4 19.352 bytes. A todo ello le acompañan copias de miles de 'e-mails', fotografías, agendas, discos duros y hasta alguna Blackberry.
Este libro recopila el trabajo periodístico del autor para el diario 'El Mundo' (hasta 2016) y para eldiarionorte.es/eldiario.es (desde 2016) y abarca desde el momento en que estalló el 'caso De Miguel' el 17 de marzo de 2010 hasta que que quedó visto para sentencia el 19 de diciembre de 2018. Incorpora también abun­dante material inédito y el resultado de conversaciones con protagonistas direc­tos, incluídos algunos acusados. Gracias a todos ellos.


VER+:



La Audiencia Provincial de Álava condena a Alfredo De Miguel a 13 años de prisión (9 de cumplimiento máximo), a Aitor Tellería a seis y a Koldo Ochandiano a casi siete.

Golpe al PNV. La Audiencia Provincial de Álava ha condenado a 13 años y tres meses de cárcel y al pago de 351.000 euros en multas a Alfredo de Miguel, ex diputado de Administración Local y ex 'número dos' de los jeltzales en el territorio, por varios delitos de cohecho, asociación ilícita, blanqueo, malversación, tráfico de influencias, falsedad documental,y prevaricación. Pasará un «máximo» de nueve años en prisión. El varapalo no queda aquí ya que también han sido condenados sus socios en la trama (crearon la empresa pantalla Kataia Consulting) y exdirigentes jeltzales Aitor Tellería y Koldo Ochandiano. El primero, a 6 años de prisión y 6 meses y una multa de 180.000 euros; y el segundo, a 7 años y 6 meses (con un cumplimiento máximo de 6 años y nueve meses), además de 182.000 euros en multas. También han sido condenados a varios años de inhabilitación, lo que provocaría que dejen sus puestos de trabajos actuales, algunos en sociedades públicas.

miércoles, 28 de febrero de 2024

EL SIGNIFICADO DE LA PALABRA "PATRIA" SEGÚN NIMIO DE ANQUIN 💗🌎💕


El  significado  de  la  palabra  
“Patria” 
según Nimio de Anquin


Antes bien, comencemos presentando a Nimio de Anquin (Córdoba, 1896-1979), que si bien fue uno de los filósofos más originales del siglo XX iberoamericano, no goza de popularidad (capaz a consecuencia de lo primero), siendo escasamente trabajado por un puñado de estudiosos (Rego, 1978) (García Astrada, 1984) (Scivoli, 2020) (Flachs – Sillau Pérez, 2020) (Chiaramoni, 2021) destacando la recuperación, mención y custodia que hacen de su obra desde hace unos cuantos años el politólogo Andrés Berazategui, quien ha dado conferencias sobre la vida y obra del filósofo cordobés[1], y el filósofo y Pensador Nacional, Alberto Buela, quien en uno de sus textos caracteriza a Nimio de Anquin como: “El primero [de los filósofos argentinos], sin lugar a dudas, el único Honoris Causa por una Universidad europea de la altura de Mainz – Maguncia, a sugerencia de Joachin Von Rintelen y con la venía de Heidegger.” (Buela, 2023). En la mayoría de los estudiosos se destaca que la obra de Nimio de Anquin tiene su impronta de pensar la filosofía, los mitos y la política como un todo indisoluble, pero a la vez dinámico y envolvente de la Historia, con reflexiones arrojadas a dilucidar el acontecer de la Patria, su destino. De Anquin estudió filosofía en la Universidad de Córdoba y en 1927 fue becado para estudiar el idealismo crítico en Hamburgo, Alemania, donde curso con el reconocido filósofo Ernest Cassirer (Breslavia, 1874-1945). A su regreso fundó en Córdoba el Instituto “Santo Tomás de Aquino”. Hacia la década del 40´ acompaña el proyecto nacionalista impulsado por los Coroneles de la Revolución de 1943. Es designado como Ministro de la Intervención Federal a la Provincia de Tucumán. En aquellos años toma la cátedra de Metafísica en la Facultad de Filosofía y Humanidades de Córdoba, funda y dicta en esta institución las cátedras de Filosofía de la Historia y Política, además de ocupar el Vicedecanato hasta 1955. En 1949 participó del Primer Congreso Nacional de Filosofía con dos ponencias: “Filosofía y Religión” y “El Existencialismo, filosofía de nuestra época” más una intervención en la conmemoración al sacerdote católico y filósofo alemán, Martín Brabmann (Berching, 1875-1949). Tras el golpe que derrocó al gobierno democrático de Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955, le quitaron todas sus cátedras, cargos y funciones, además de cerrar la Revista Arkhé (1952-1954), que años atrás había fundado en la Universidad Nacional de Córdoba.

Para Nimio de Anquin, la definición de la palabra Patria implica, inevitablemente, una unidad de destino, una fuerza, una voluntad de soberanía ¿Cómo es esto? Escribe Nimio de Anquin:
“Comencemos por la definición de patriotismo. No es difícil: es simplemente amor a la Patria, o sea, amos a los padres y a la tierra de los padres, patria viene de “pater”. La etimología latina de esta palabra es la siguiente: “pater” no es el progenitor, pues a éste se le llama generalmente “parens” como sujeto de la paternidad física, sino es el padre en el sentido social, “el dominus”, el “pater familias, o como diríamos nosotros en castellano, el señor de la familia, el hombre que es uno de los representantes de la serie de generaciones. En este sentido, los romanos hablaban de “patres”, como término expresivo de respeto tanto a los dioses como a los hombres, por ejemplo: Iupiter “pater omnipotens”, “pater conscripti”, “patres” (de donde viene patricius”. De aquí procede el adjetivo “patrius” (patrio) y la voz patria tal como nosotros la usamos.” (De Anquin, 1972, pp.47-48).
Las tres palabras: “unidad de destino” o “voluntad de soberanía” pueden ser sólo eso, tres palabras o, al contrario, pueden, en el sentido platónico (como vimos en el caso de la alegoría de la caverna: el “ser” se descubre en el «ser patriota”), significar mucho más, como nos revela Nimio de Anquin, por ejemplo.

Desde la definición expuesta por de Anquin, estas palabras se ligan con lo que encarna la Patria. Para de Anquin, la Patria es la tierra de nuestros padres pero también, además de este significado generacional y, en consecuencia, de dominio (por heredar legítimamente algo), contiene una dimensión trascendente vinculada a una vocación, a cierta misión (inconclusa y/o a defender o a propapagar). 

La Patria posee un tiempo que no se ajusta a la vida física que tenemos en la tierra, una característica que no se ajusta a los cánones de la postmodernidad y menos al de las ideologías liberales o marxistas, de allí muchas de las incomprensiones de estas corrientes de pensamiento al momento de hablar de la Patria. Hasta podríamos decir que no podemos, aunque querramos, escapar de las connotaciones y demás sustancias preexistentes en la tierra en donde nacimos y vivimos. Por ello, de Anquin no parte de una negatividad para hablar de la Patria, como si ocurre con las ideas nacionalistas de izquierda o los chauvinistas[2] de derecha. 
La idea de Patria a la que alude de Anquin o el modo de querer a “lo nacional”, el nacionalismo si se quiere, no se define por lo antagónico; el ser nacional no tiene esas valoraciones, es o no es y ya. Para de Anquin la Patria incluye, como dice: “una connotación de lugar o terránea” (De Anquin, 1972, p. 48). Es la tierra en donde se aposentaron las generaciones pasadas, quienes lucharon y vencieron logrando nuestra soberanía, donde en términos romanos, lograron dominar como “señores”.

En línea con el Gaucho Martín Fierro de José Hernández, para de Anquín, la tierra no es cualquier tierra, sino que es aquella que nuestros antepasados, nuestros padres, lograron obtener con la espada y regaron con su sangre y con el sudor de su trabajo, para que la Nación creciera sobre ella como sobre un fundamento. Escribe de Anquin: “Estos dos elementos que dan razón al patriotismo, van asociados en tan estrecha relación, que donde uno de ellos está ausente no se explica el otro. Un señorío sin tierra es un poder en el vacío, y una tierra sin señores es “tierra de nadie”. (De Anquin, 1972, p. 49).

Bibliografía citada / mencionada / trabajada
  • Buela, Alberto, “¿Hay filósofos argentinos?”, en Revista Humo y Espejos, julio 12, 2023.
  • Buela, Alberto, “La identidad no es la de todos por igual”, en: Pensamiento de ruptura, Buenos Aires, CEES Editorial del Pensamiento Nacional, 2021.
  • Buela, Alberto, Aportes a la tradición Nacional, Marcos Paz, Theoria, 1998.
  • Buela, Alberto, Aportes al Pensamiento Nacional, Buenos Aires, Ediciones Cultura Et Labor, 1987.
  • Buela, Alberto, Virtudes contra deberes, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, TB Ediciones, 2020.
  • David, Guillermo, Carlos Astrada. La Filosofía Argentina, Ediciones El Cielo por Asalto. Buenos Aires, 2004.
  • De Anquin, Nimio, Escritos políticos, Rosario, Instituto Leopoldo Lugones, 1972.
  • Devoto, Fernando Y Barbero, María Inés, Los nacionalistas, Buenos Aires, C.E.A.L., 1983.
  • Di Vincenzo, Facundo – Scivoli, Mauro, “Los malditos del nuevo siglo: las movilizaciones populares y el Estado Liberal de Derecho”, en: Revista Movimiento, Buenos Aires, Oct 29, 2019. En: https://www.revistamovimiento.com/historia/los-malditos-del-nuevo-siglo-las-movilizaciones-populares-y-el-estado-liberal-de-derecho/
  • Dugin, Aleksandr, Logos argentino. Metafísica de La Cruz del Sur, Buenos Aires, Nomos, 2019.
  • Fichte, Johann, Reinvindicación de la libertad de pensamiento y otros escritos políticos, Madrid, Editorial Tecnos, 1986.
  • Fouillée, Alfred, L’Évolutionnisme des idées-forces, Paris, Félix Alcan, 1890.
  • Gálvez, Manuel, El diario de Gabriel Quiroga [1910], Buenos Aires, Taurus, 2001.
  • Gálvez, Manuel, El mal metafísico [1916], Madrid, Aguilar Editor, 1949.
  • Hernández, Juan José, El gaucho Martín Fierro [1872], Buenos Aires, Ciorda, 1968.
  • Inchauspe, Pedro, Reivindicación del Gaucho, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1968.
  • Rilke, Rainer Maria, Obra Poética, Efece, Buenos Aires, 1980.
  • Rojas, Ricardo, La restauración nacionalista, Buenos Aires, Peña Lillo Editor, 1971.
  • Scheller, Max, La idea de paz y el pacifismo, Ediciones Populares Argentina, Buenos Aires, 1955.
  • Simmel, Georg, De la esencia de la cultura [1911-1919], Buenos Aires, Prometeo, 2008.
  • Simmel, Georg, El conflicto de la cultura moderna [1923], Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba – Grupo Editor Encuentro, 2011.
  • Spengler, Oswald, La decadencia de Occidente [1922], Madrid, Espasa Calpe, 1946.
[1] Como ejemplo, los interesados pueden observar la Conferencia brindada el sábado 15 de Abril de 2023 por el Lic. Andrés Berazategui , sobre «La vida de Nimio de Anquín» en el Núcleo Social Argentino
[2] El Chauvinismo o Chovinismo hace referencia a la creencia de la superioridad de un grupo social nacido en determinado territorio sobre otro grupo no nacido en ese territorio, en definitiva expresa la exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero. Obtiene su nombre de una historia popular francesa, en donde un joven de 18 años de edad llamado Nicolás Chauvin quien se alistó para defender a su país, herido en múltiples ocasiones, por su lealtad y dedicación el mismísimo Napoleón le otorgó el sable de honor y una pensión. Su devoción por Francia y Napoleón será posteriormente objeto de burla dejando el sentido del palabra con el cual se la aplica hoy generalmente.

martes, 27 de febrero de 2024

"GAUDEAMUS IGITUR" 🙋🎓




De modo que «dice Google» que le bastan 6 meses, 300 $ y recursos en línea para entregarte «un certificado que equivale a una carrera», y el personal se pone de los nervios. La cosa, por supuesto, proviene de la enésima banalización periodística de una nota del gigante tecnológico que se refiere a puestos de «analista de datos», «diseñador UX» y otros así, esto es, proletariado informático (y a mucha honra) con sueldos que aquí suenan estratosféricos, pero en California dan para lo que dan. Valga, en cualquier caso, el enésimo sobresalto en el corazón de la educación superior para recordarnos sus complejos y su mala conciencia.
La moral de la tropa universitaria está por los suelos. No ayuda que quien ostenta la cartera del asunto no haya dicho esta boca es mía en meses; ni que, cuando, bronceado y broncíneo, lo ha hecho, haya afirmado que no hay plan B para la pandemia (plan A tampoco había). Con tanta pata en tanto charco no es mal momento para limpiarse las gafas de cieno y recordar para qué sirve la universidad.
Recuperar esta misión emancipadora de nuestras universidades no solo no colisiona con la empleabilidad, sino que la mejora. La innovación, con la que tanto se nos llena la boca, requiere personalidades ricas, diletantes en el mejor sentido del término, personas con los suficientes recursos intelectuales, sentimentales y morales.
Por lo visto, no es «educación», la universidad. Cuando la educación sale a la palestra, en los medios de comunicación, en las redes sociales o en las cenas familiares, se alude exclusivamente a la primaria y la secundaria. Si la terciaria asoma en un periódico o en Twitter es para lamentar que las universidades nacionales salgan hundidas en esos rankings internacionales con los que de vez en cuando nos asustan. Y en nueve de cada diez discusiones sobre la universitas solo se emplea el vocabulario de la empleabilidad. Hemos terminado por creernos que educar, lo que se dice educar, es algo que nos compete hasta la mayoría de edad (hasta los dieciséis para los que no llegan al bachillerato), y que a partir de ese punto lo que no sea aprender un oficio es perder el tiempo. No cabe duda de que ganarse la vida, además de una necesidad, es una contribución civil imprescindible. Pero no es menos cierto que la profesión no agota la ciudadanía de uno, y mucho menos supone el todo de lo que significa vivir.

Condorcet, que fue el pensador ilustrado más brillante en la arena educativa, concibió que la misión de la universidad era doble, técnica y moral. John Henry Newman dijo que una educación liberal consistía, además de en la capacitación profesional, en el ejercicio libre y reflexivo de la razón. En Misión de la universidad, Ortega escribía: «Se entenderá por universidad stricto sensu la institución en que se enseña al estudiante medio a ser un hombre culto y un buen profesional». A causa de cierto pragmatismo miope —una moral de esclavo, que diría Nietzsche—, estas afirmaciones suenan cada vez más a bravatas lisérgicas estilo Woodstock o a nostálgicas lamentaciones de humanistas trasnochados.

Solo una visión extraordinariamente pobre de la vida, de la educación o de ambas cosas justifica que obviemos que la educación terciaria, como sostenía Giner de los Ríos, forma una «continuidad indivisa», con la primaria y la secundaria. La universidad no es una mera agencia de capacitación profesional; es también el lugar donde se cultiva la libertad. En su vertiente individual, eso implica preparar el terreno para la autónoma búsqueda de nuestro camino en la vida. En términos civiles, conlleva conseguir que proliferen los ciudadanos libres. Basta atender a lo que ocurre en nuestras sociedades crispadas, emotivistas y a pique de repetir grandes errores del pasado para que nos demos cuenta de que la convivencia democrática nos va en ello.
Un ciudadano libre posee un espíritu crítico. Esto es algo que no se aprende en casa (de suyo); y es algo que resulta especialmente perentorio en una sociedad en la que el engaño está a la orden del día y cuenta con mecanismos más masivos y efectivos que nunca. De ahí la importancia democrática de conseguir que la gente sepa desmontar embustes, para lo cual se ha de disponer de cierta cultura política. Estar políticamente cultivado es lo opuesto a estar politizado, que es lo que abunda en nuestras actuales universidades. El fenómeno es global: las encuestas nos dicen que cada vez hay más jóvenes que reniegan de nuestras conquistas democráticas; y qué les voy a contar de los escraches WOKE y la cultura de la cancelación que se extiende como una mancha de aceite. De algún modo hemos creído que la política es más sencilla que la arquitectura o la física; no obstante, entenderla requiere cierta madurez en el educando, y por eso el lugar natural para aprender cómo se convive en las sociedades complejas es la formación profesional y universitaria.
La soberanía de un pueblo empieza y termina en la capacidad de sus miembros para pensar libremente. La libertad, sin andamiaje intelectual, es de pega. No nos ponen de rodillas Soros ni el club Bilderberg, sino nuestra ignorancia. Y es tarea de la universidad explicar que esto es ser joven y rebelde: 
tener juicio propio y ejercerlo, en vez de asentir a los politicastros o mercachifles de turno. 
Promulgar leyes contra la corrupción y castigar a los corruptos es un ejercicio necesario y sano. Pero, como escribe Condorcet en sus Cinco memorias, «difundiendo las luces es como, al reducir la corrupción a una vergonzosa impotencia, haréis nacer esas virtudes públicas que son las únicas que pueden dar firmeza y honrar el reino eterno de una apacible libertad».

Tenemos un problema de nivel, y es general. Nos gusta consolarnos pensando que quienes hacen el ridículo en el Congreso, en los mítines y en las tertulias no nos representan; pero no es cierto. «Ellos» son «nosotros», por definición estadística. Y la calidad de las sociedades suele estar en su medio. También lo había visto Ortega, quien en «La elección del amor» escribía: «Nótese que lo decisivo en la historia de un pueblo es el hombre medio […] Y lo que hace magníficos a los pueblos no es primariamente sus grandes hombres, sino la altura de los innumerables mediocres». Este enanismo intelectual y ético es el que nos está conduciendo dócilmente al despeñadero.

Si queremos un espacio de convivencia a resguardo de impresentables, ladrones y autoritarios, la universidad tiene que forjar caracteres sobrios, valientes y críticos. Para ello hace falta cierto bagaje estético, porque se aprende tanto o más en la literatura, la música o en la pintura que en las ciencias sociales. Además, todo ciudadano merece ser instruido en la fragilidad del ser humano, en sus limitaciones y en sus fallas. ¿Cómo puede un economista no hacer el ridículo si no sabe nada de antropología? ¿Y cuánto daño hace que haya tantos dirigentes a los que las Humanidades les suenen a chino? El conocimiento del ser humano por parte de quienes dirigen a otros seres humanos es, por lo común, paupérrimo. Y la gente que no sabe cómo piensan, actúan y padecen sus semejantes está siempre causando problemas.

«Un pueblo ignorante» —escribe Condorcet— se convierte necesariamente en víctima de los bribones que, ya sea que los adulen, ya sea que los opriman, lo hacen instrumento de sus proyectos y víctima de sus intereses personales». Así las cosas, cabe plantearse si no convendría fusionar los ministerios de Educación, Universidades y Defensa, siendo como es la educación la principal arma con la que un pueblo cuenta para defenderse de los que tratan de expoliarlo. Mataríamos tres pájaros de un tiro: también ahorraríamos fondos (que falta hace), y las carteras ministeriales de Castells y Celaá revertirían en Margarita Robles.

Recuperar esta misión emancipadora de nuestras universidades no solo no colisiona con la empleabilidad, sino que la mejora. La innovación, con la que tanto se nos llena la boca, requiere personalidades ricas, diletantes en el mejor sentido del término, personas con los suficientes recursos intelectuales, sentimentales y morales. Y otro tanto cabe decir de la dirección de equipos y organizaciones. El mercado, que no es idiota, lo sabe, lo valora y busca esta riqueza desesperadamente. Les reto a que se hagan uno de esos cursillos de Google y traten de alcanzar un puesto de responsabilidad en el gigante de Mountain View, California; uno de esos que multiplica por diez (o por cien) lo que gana un «analista de datos».

No toda la libertad es civil, ni mucho menos. También se va a la universidad, como dice Allan Bloom, «a tener una aventura con uno mismo». Recuerden que los 18 años de ahora son, siendo benévolos, como los 15 de antes. Un campus es un lugar donde se desarrollan intereses, proyectos y relaciones que con suerte nutrirán el resto de nuestras vidas. En la universidad, puesto que hay educación, también se aprende a vivir. Es igualmente un lugar idóneo para sacudirse prejuicios y falsas seguridades. El proceso no es fácil, ni cómodo. Como le decía al escritor Lewis Lapham uno de sus profesores más queridos, «una educación es como una herida que uno se inflige a sí mismo». No estoy seguro de que eso apetezca a todos, dada la histérica aversión a lo difícil y a lo doloroso que estamos desarrollando. Pero el anhelo persiste. Como escribe William Deresiewicz en El rebaño excelente:
Mis viajes de los últimos años me han enseñado que hay un hambre intensa entre los estudiantes de hoy de lo que la universidad tendría que estar haciendo, pero no hace: ayudarles a encontrar un sentido mayor, un propósito y un rumbo; proporcionarles una experiencia que les hable como seres humanos, no de amasijos de aptitudes; ofrecerles una guía para que afronten las cuestiones importantes de la vida; u otorgarles el simple permiso para pensar sobre esas cosas y el vocabulario con el que hacerlo.
Doy fe, en primera línea de fuego, de lo que Deresiewicz describe: sigue habiendo hambre de encontrar un camino entre tanto ruido y tanto vendedor de crecepelo. Lo de ser un esclavo también deja de tener gracia en cuanto te das cuenta. Y hasta en los peores momentos, saber y entender dignifica y da sabor a la vida. Nos gusta despreciar a los jóvenes (a nosotros, los viejos), pero son todavía muchos los que sueñan, al matricularse, con adentrarse en el mundo para vivir una genuina aventura. Gaudeamus igitur

VER+:


lunes, 26 de febrero de 2024

LIBRO "RETORNO AL ORDEN (RETURN TO ORDER)": DE UNA ECONOMÍA FRENÉTICA A UNA SOCIEDAD CRISTIANA ORGÁNICA por JOHN HORVAT II


RETORNO
AL   ORDEN

De  una economía frenética 
a una sociedad cristiana orgánica 

Dónde hemos estado, 
cómo llegados aquí 
y adónde debemos ir

Prólogo 
por Harry C. Veryser 

El argumento presentado en este libro es muy singular ya que mezcla, al mismo tiempo, lo antiguo y lo nuevo. Se remonta a los pensamientos de Platón y Aristóteles. En su libro La República, Platón argumenta que el estado de la mancomunidad es el estado de las almas individuales. Veía en las sociedades democráticas un peligro: el deseo de la gente hacia satisfacciones corporales podría rebasar los recursos del Estado y resultar, finalmente, en una tiranía. 
El profesor Harry C. Veryser fue el director del posgrado en Economía en la Universidad de Detroit Mercy, desde 2007 hasta 2012. Durante sus años de enseñanza, ha formado parte de las facultades de la Universidad de Northwood, St. Mary’s College-Orchard Lake, Hillsdale College, y Ave Maria College. Actualmente, está en el gabinete de asesores de The Mackinac Center for Public Policy y el Acton Institute for the Study of Religion and Liberty. Él es el autor de Nuestra crisis económica: fuentes y soluciones y No tuvo que ser de esta manera: por qué el auge y caída no es necesario y cómo rompe el ciclo la Escuela Austriaca de Economía (ISI Books, 2013). 
Aristóteles también estaba preocupado por los problemas de la sociedad democrática en la que las personas, al ser libres, permitirían que sus deseos se desordenaran y repercutieran en el bien común. Como solución, propuso un régimen mixto o constitucional. 
Este argumento fue retomado a mediados del siglo XX por el destacado escritor Russell Kirk. En un importante ensayo, titulado El problema de la justicia social, Kirk argumentó que el desorden del alma se reflejaba en el desorden de la República. 
En Retorno al orden, John Horvat II continua el argumento y lo adapta al siglo XXI. Aplicándolo a la crisis económica, financiera, social y, por último, moral, que afronta la civilización occidental, Horvat aboga por un retorno a las virtudes cardinales, en particular, a la templanza. Esta es una nueva manera de mirar a la economía y el orden social presentes. 

Mientras que Platón y Aristóteles se centraron en los factores políticos (aquellos de una sociedad democrática y los deseos desordenados de la población de utilizar medios políticos para lograr sus satisfacciones), Horvat considera como un factor mayor el enorme éxito tecnológico que se ha dado desde la Revolución Industrial hasta nuestros días. 
Con el aumento de la productividad, la gente pudo disfrutar de un nivel de vida hasta entonces soñado por las generaciones pasadas. Cuantos más deseos se satisfacían, más crecían las frenéticas explosiones de expectativas. Tan grande fue el deseo de satisfacer estos beneficios que la sociedad política empezó a romper las condiciones previas necesarias para una sociedad próspera. ¡La intemperancia reinó! 
Puesto que la intemperancia es una cuestión de hábito, las personas se acostumbraron a grandes expectativas y satisfacciones, hasta que, finalmente, en palabras de un economista, empezaron a consumir la semilla de maíz del capital moral. De este modo, el interés propio desapareció en la intemperancia. 

Fue como si un hombre joven, al que sus abuelos le han dejado un gran legado, lo echara todo a perder. Podríamos rescatar de las Escrituras la parábola del Hijo Pródigo, en la que el hombre joven, habiendo recibido una gran riqueza, la malgastó en deseos intemperantes. 
Horvat considera que Estados Unidos es ese tipo de sociedad. Sostiene que la incapacidad de muchos para controlar sus deseos les lleva a la “intemperancia frenética,” estableciendo las pautas de la sociedad. Y, ¿cuál fue la consecuencia? El despilfarro de una gran herencia. 
Horvat nos llama a regresar a la casa de nuestro Padre, no solo de forma individual sino colectiva. Si hacemos esto, no solo volveremos a hacer nuestras almas más virtuosas, sino que Estados Unidos será, una vez más, una nación grande y próspera. 

Introducción 

Retomando el Rumbo 

Si hay una imagen que corresponda al estado de la nación, sería la de un crucero en una travesía interminable. En cada una de sus cubiertas, encontramos todo tipo de comodidades y entretenimientos. Las bandas tocan, los teatros están llenos, los restaurantes abarrotados y las boutiques bien provistas. El ambiente destaca aparentemente por la diversión y la risa. Por todas partes hay espectáculos deslumbrantes, juegos divertidos y artefactos. Siempre hay un chiste o un baile más para que la fiesta no termine. El crucero da una impresión casi surrealista de fantasía, desenfreno y deleite. Normalmente, los cruceros son celebraciones para ocasiones especiales, pero este crucero es diferente. Durante décadas, muchos han llegado a ver el crucero no solo como unas vacaciones, sino como un derecho. Ya no es una ocasión excepcional, sino la norma. Más que abandonar el barco, muchos buscan, en cambio, prolongar la fiesta a bordo, sin preocuparse por un destino final o por quien vaya a pagar la cuenta. 

El colapso de un sistema 

Incluso los mejores cruceros alcanzan un punto de agotamiento. Incluso las mejores tienen una duración limitada. Detrás del barniz festivo, las cosas empiezan a desmoronarse. Se producen peleas y desacuerdos entre los pasajeros. Los miembros de la tripulación discuten y recortan en gastos. Los problemas económicos acortan las celebraciones. Pero aún nadie es lo suficientemente valiente como para sugerir que la fiesta no debe continuar. Este concepto es una forma de explicar la crisis actual. Como nación, estamos en el mismo dilema que aquellos en una fiesta de crucero interminable. Económicamente, hemos alcanzado un nivel de insostenibilidad, con déficits de billones de dólares, crisis económicas y cracks financieros. En lo político, hemos llegado a un punto de inmovilidad, ya que la polarización y la lucha dificultan la realización de tareas. Desde el punto de vista moral, hemos caído tan bajo con la ruptura de nuestros códigos morales, que nos preguntamos cómo sobrevivirá nuestra sociedad. El rumbo del crucero nos lleva a la ruina, pero las bandas siguen tocando. En lugar de afrontar estos problemas, muchos buscan formas de prolongar la fiesta. Nadie se atreve a dar la fiesta por terminada. 

No estamos preparados para afrontar la tormenta 

A los problemas internos de nuestro crucero se suman los externos. Nos enfrentamos a un inminente colapso económico que aparece en el horizonte como una amenaza de tormenta. Pocos quieren admitir que la tormenta se avecina. Es difícil determinar cuándo estallará, si en unos meses o incluso en años. Además, tampoco sabemos exactamente cómo se desencadenará, ni cuáles son los medios precisos para evitarla. Lo que sí sabemos es que la tormenta se avecina. No es solo una tempestad pasajera, pues ya sentimos sus fuertes vientos. Por su gran magnitud, intuimos que hay algo en esta crisis particular que afecta al mismo núcleo de nuestro orden estadounidense. Tendrá consecuencias políticas, sociales e incluso militares. Lo que la hace tan grave es que nuestro barco, tan mal equipado y con una tripulación tan dividida, se aproxima a esta tormenta cada vez más amenazante. En el pasado, teníamos una unidad y una proyección que nos ayudaban a mantener el rumbo correcto en tormentas como estas. Estábamos sólidamente unidos en torno a Dios, la familia y la bandera, pero ahora parecemos estar fragmentados y polarizados. Por nuestra gran riqueza y poder, en su día conservamos el respeto y el sobrecogimiento de naciones, pero ahora somos atacados por enemigos inesperados y abandonados por amigos y aliados. Actualmente, nuestras certezas tambalean; nuestra unidad está en duda. Hay ansiedad y oscuro pesimismo sobre nuestro futuro. 

Nuestro propósito 

The American Society for the Defense of Tradition, Family and Property (TFP) es un grupo de compatriotas católicos preocupados por el estado de la nación. Esta preocupación dio lugar a la formación de una comisión de estudios que profundizaría bastante en las causas de la presente crisis económica. Motivados por el amor a Dios y a la patria, entramos ahora en el debate con las conclusiones de esta comisión. Indicaremos en qué nos hemos equivocado como nación. Nuestro deseo es sumarnos a todos aquellos estadounidenses de mentalidad práctica que consideran inútil prolongar la fiesta. Ha llegado el momento de darla por terminada. Ahora toca cerrar las escotillas y trazar un rumbo de cara a la tempestad que se avecina. Aunque la tormenta sea traicionera, no necesitamos navegar en aguas inexploradas. Por eso, estas consideraciones parten de nuestras profundas convicciones católicas y se basan, en gran medida, en las enseñanzas sociales y económicas de la Iglesia, que dieron origen a la civilización cristiana. 

Creemos que estas enseñanzas pueden servirnos de faro; contienen ideas valiosas e iluminadoras que beneficiarán a todos los estadounidenses, ya que no solo se basan en cuestiones de fe, sino también en la razón y los principios del orden natural. Tener este faro es un asunto de vital urgencia porque navegamos en aguas peligrosas. No podemos seguir los derroteros socialistas hacia la anarquía y la revolución que han hecho naufragar a tantas naciones a lo largo de la historia. A menos que tengamos la valentía de basarnos en nuestra rica tradición cristiana y depositar nuestra confianza en la Providencia, no nos libraremos del desastre en la tormenta que se avecina ni llegaremos a buen puerto. Dado que la tormenta es principalmente de naturaleza económica, ese será nuestro foco principal. Sin embargo, no se trata de un tratado. Más bien, ofrecemos un análisis basado en observaciones de desarrollos económicos en la historia a partir del cual hemos construido una serie de tesis, que presentamos sucintamente, sin excesivas pruebas o ejemplos. 
Desarrollar plenamente cada tesis es una vasta tarea más allá del alcance de este trabajo. 
Nuestro propósito es ofrecer una plataforma para el debate; encontrar un remedio. Invitamos a aquellos que entren en este debate a aplicar los principios generales aquí expuestos a las circunstancias concretas. 

Un gran desequilibrio económico 

Nuestra tesis principal se centra en un gran desequilibro que ha entrado en nuestra economía. No creemos que haya sido causado por nuestro vibrante sistema de propiedad privada y libre empresa, como sostienen muchos socialistas. 
El problema es mucho más complejo, pero aún difícil de definir. Creemos que, desde una perspectiva que entenderemos más tarde, y sin negar otros factores, el principal problema subyace en un espíritu incansable de intemperancia que desequilibra nuestra economía. A esto se le suma un impulso frenético generado por una tendencia subterránea en la economía que busca estar libre de restricciones y gratificar las pasiones desordenadas. Llamamos al espíritu resultante “intemperancia frenética,” que está poniendo al país en medio de una crisis sin precedentes. En el curso de nuestras consideraciones, observaremos primero esta intemperancia frenética y veremos cómo se manifiesta en nuestra economía industrializada. Examinaremos el impulso desequilibrado por alcanzar proporciones gigantescas en la industria y la estandarización masiva de productos y mercados. Analizaremos su afán por destruir las instituciones y derribar barreras restrictivas que, normalmente, servirían para mantener el equilibrio económico. 

De esta forma, mostraremos cómo esta intemperancia frenética ha dado lugar a ciertos errores que se extienden más allá de la economía y condicionan nuestra forma de vivir. Para ilustrarlo, hablaremos sobre las frustraciones causadas por una confianza exagerada en nuestra sociedad tecnológica, el aislamiento terrorífico de nuestro individualismo y la gran carga de nuestro materialismo. Resaltaremos el laicismo anodino que admite que pocos elementos heroicos, sublimes o sagrados den significado a nuestras vidas. Más allá de promover un mercado libre, la intemperancia frenética lo socava y desequilibra, preparando incluso el camino al socialismo. Lo trágico de todo esto es que parece que hemos olvidado ese elemento humano tan esencial para la economía. La economía moderna se ha convertido en algo frío e impersonal, rápido y frenético, mecánico e inflexible. 

El elemento humano que falta 

En su entusiasmo por la máxima eficiencia y producción, muchos se han desvinculado de la influencia natural restrictiva de instituciones humanas como las costumbres, la moral, la familia o la comunidad. Han roto su vínculo con la tradición en la que las costumbres, los hábitos y las formas de ser pasan de generación en generación. Han perdido las anclas de las virtudes cardinales que deben ser el anclaje de cualquier economía verdadera. El resultado es una sociedad en la que el dinero manda. Se han dejado de lado los valores morales, sociales y culturales, adoptando otros que dan importancia a la cantidad por encima de la calidad, a la utilidad por encima de la belleza y a la materia por encima del espíritu. Libres de restricciones tradicionales, aquellos que se encuentran bajo esta norma favorecen los negocios frenéticos, la especulación y los riesgos exagerados por los que han llevado nuestra economía a la crisis. 

La búsqueda del remedio 

Si la intemperancia frenética es la causa principal de este desequilibrio económico, una de las soluciones que debemos tener en cuenta es la represión de este incansable espíritu. Para ello, hemos de reconectar con ese elemento humano que modera los mercados y los mantiene libres. El modelo que presentaremos es el orden socioeconómico orgánico que se desarrolló en la cristiandad. Dentro de este marco orgánico, encontramos principios atemporales de un orden económico, maravillosamente adaptados a nuestra economía humana. Esto da lugar a mercados llenos de gran vitalidad y espontaneidad. Así mismo, también existe una influencia tranquilizadora de esas instituciones naturales “de frenado” (la costumbre, la familia, el Estado cristiano y la familia) que son el alma y corazón de una economía equilibrada. La economía está anclada a las virtudes, especialmente, a las virtudes cardinales. Dentro de este orden, la regla del dinero se sustituye por otra que favorece el honor, la belleza y la calidad. 
La crisis económica actual: definición 
Cuando nos referimos a la crisis económica actual, no nos referimos a cualquier burbuja especulativa específica o crash financiero. Generalmente, hablamos de la acumulación de deuda masiva, el gasto público desenfrenado, la inestabilidad económica y otros factores que ya están amenazando con incorporarse a una crisis global única que probablemente cause un colapso económico mayor. 
Sin embargo, hay que dejar claro que este es un orden cristiano ajustado a la realidad de nuestra naturaleza caída. Está bien adaptado tanto a los sufrimientos como a las alegrías que proporciona este valle de lágrimas. De hecho, se nos recuerda que nació bajo la constante sombra de la Cruz con Cristo como modelo divino. Estudiando los principios de este orden, podremos llegar a tener una noción sobre cuál debería ser nuestro ideal y cómo podría obtenerse. Con la tormenta amenazando en el horizonte, el escenario está preparado para un gran debate sobre dónde estamos y a dónde necesitamos ir. En este punto, nuestra principal preocupación será entender tanto la naturaleza de la tormenta que afrontamos como el puerto que buscamos. Solo así podemos trazar un rumbo para el futuro.

Retorno al orden

VER+:





domingo, 25 de febrero de 2024

LIBRO "LIBEROFOBIA": EL (DES)GOBIERNO DE LAS BUENAS INTENCIONES y VIDEO "EL PODER DE LA CONVERSIÓN" por ANTONINI DE JIMÉNEZ

 LIBEROFOBIA

El (des)gobierno 
de las buenas intenciones

ANTONINI DE JIMÉNEZ

Marchena, 1983
Doctor en Ciencias Económicas y Magíster 
en Economía del Desarrollo por 
la London School of Economics.

PREFACIO

Prueba de la gran calidad humana de Antonini de Jiménez es la de que haya confiado en quien es­ cribe la tarea de realizar una pequeña laudatio de la excelente crestomatía que a continuación podrán leer, dado que discrepo de muchas de las cosas que en ella se afirman y nuestro autor es consciente de ello. Pero discrepo dentro del mismo marco de pensamiento que él, lo que demuestra a su vez que en este caben todo tipo de opiniones, reflexiones o propuestas de actuación. Es nuestro mundo, el liberal, un espacio de reflexión para nada monolítico pero en el que las discusiones, como quería el viejo Chesterton, se dan a consciencia y por una letra, un punto o una coma, como es en este caso.

El señor Antonini defiende la libertad, como buen liberal y buen cristiano que es, con perseverancia y osadía en muchos ámbitos pero muy especialmente en todo lo que se refiere a las políticas llevadas a cabo por los gobiernos en este tiempo de pandemias, muy especialmente la vacunación y el confina­ miento. El problema, como acostumbra a ocurrir, es que no existe una única definición de libertad en­ tre los liberales y esto nos lleva a que partiendo del mismo marco nuestras propuestas sean distintas. Existe, como correctamente señala nuestro autor, una libertad negativa, de no interferencia, que se ve agredida por las decisiones arbitrarias de los gobiernos. Pero también existe la libertad de no ser in­fectado de forma grave por otras personas en el discurrir de la vida cotidiana, que es lo que puede acontecer en el caso de no tomarse precauciones, y podría ser pertinente algún tipo de limitación a las interacciones para prevenirlas. Esta última es la postura que yo defiendo. No es la ideal, lo sé, pero el tratamiento del contagio ha sido burocratizado desde mediados del siglo XIX y la sociedad civil no cuenta a día de hoy con las herramientas necesarias para prevenirlas en ausencia de dicha interferen­cia porque por parte de los poderes políticos se ha inhibido su desarrollo. 

Hoy día no contamos con los medios necesarios para frenar una pandemia sin recurrir a la mano visible del estado. Pero de esta discusión deberían salir propuestas de cómo lidiar en el futuro con este tipo de problemas sin tener que recurrir a medidas coercitivas y sin tener que violar las libertades individuales, como acertada y justamente se reclama en el libro. Estas existían de forma incipiente en el pasado y podrían sin duda ser desarrolladas en un futuro próximo de haber voluntad. Las quejas del señor Antonini son justas y conformes a la moral y la funcionalidad de estas debe ser la de comenzar a debatir nuevos marcos de organización social en las que sean posibles. No sé si de forma acelerada o más lenta pero en esta lu­cha seguro que nos encontraremos y podremos trabajar juntos para un futuro en libertad.
MIGUEL ANXO BASTOS BOUBETA

PRÓLOGO

Saber leer los tiempos, con mayor o menor gracia, es una tarea harto compleja. No solo requiere de un hábito de lectura bien conseguido, así como de frecuentar el pensamiento a diario. También exige haber limpiado el corazón de los vicios y las pasiones más mundanas si no quiere uno verse enredado, o peor aún, abandonado del recto camino de las cosas. Poca ciencia derrite el entendimiento, mucha ciencia, lo aturde. Para empezar, se debe haber alcanzado la firme convicción de que existen verdades innegociables. La primera: la verdad misma. Además, se ha debido esquivar los miedos de enfrentar el empuje de un mundo que se empeña en pensar con el corazón y sentir con la cabeza. Entonces, y solo entonces, nuestro amigo ya está en condiciones de afrontar tamaña empresa; al principio solo, y luego acompañado por ti, querido lector.

Las páginas que conforman este libro son una serie de textos breves que fui labrando desde que dio inicio el confinamiento con el único fin de comprenderme a mí mismo, y ya puestos, a mis semejan­tes. Una variedad de temas se reúne a lo largo de estas páginas todos ellos al calor de la pandemia.
¡Alto aquí! No te dejes llevar por el fastidio de toparte con otro libro sobre el mismo tema . Este no es un texto sobre la pandemia, antes sobre el hombre en pandemia. Necesitamos vernos sacudidos con fuerza de nuestra acomodada vida para asistir a lo que arde en nuestro interior. Como si fuera un ejer­ cicio de espeleología, ahora sí moral, nos adentramos en lo más oscuro que habita en nuestra alma para entender de qué está hecha y qué le da forma. Solo en el peligro el hombre descubre su auténtica naturaleza. 
Antes de arrastrarse a través de lo que manda la realidad, se ve tentado con recubrir la de­ bilidad de su empeño de buenas intenciones. Ninguno de los innumerables personajes, fueran reales o inventados por Papini, que enfrentaron las páginas de su juicio Universal estuvieron faltos de bue­nas razones con las que adornar las atrocidades perpetradas en vida. La maldad puede ser malintencionada en un hombre pero es imposible cuando congrega a todos los hombres. Por esto mismo, el infierno se llena de buenas intenciones y el hecho de apelar a las rectas costumbres para justificar la re­tahíla de confinamientos y toques de queda, la segregación de muchos de nuestros semejantes, no quedan exonerados del error y de la culpa cuando el corazón que los incita está envilecido por el miedo y por una confianza torcida en la ciencia.

De esto va el libro; del miedo del hombre contemporáneo incapaz de doblegar el destino último de la vida y del intento por  disimularlo a través de la lógica de las buenas intenciones. Aquel que no aprende a vivir, reza el sano entendimiento, no está pronto para la muerte, y de repente, todos los ava­ tares de la existencia se le presentan como terribles calamidades inevitables. Esta pandemia es el ejemplo claro de una reacción desproporcionada que hemos justificado primero, y alimentado des­pués, con el único fin de no ver lo que hay detrás: miedo y desconcierto vital ¡crisis de civilización!
Un virus que nació en China, un miedo al virus que se desparramó por Europa y un miedo al miedo de Europa que asfixia a Iberoamérica. Empeñados en forzar las estadísticas que nos hagan ver lo que no están en condiciones de enseñar para, en última instancia, disimular la violencia oculta tras el mora­ lismo que reivindica cuidarnos a toda costa; el hombre de hoy, tras haberse inoculado dos dosis ente­ ras, se ha entregado a la perversa lógica de actualizarlas ad infinitum entregando su cuerpo a un ejer­cicio de sacrificios redentores. Pero ¿redimirlo de qué?, te preguntarás. Del desencanto de una vida desprendida de referencias que lo saquen de la superficialidad de un mundo donde todo está llamado a consumirse. Consumir es satisfacer y a la vez, desagradar. Por un lado, consigue acallar la necesi­dad, por otro, la aviva cual llama humeante. Cuando el hombre hace de esta inconsistente lógica su entero proceder ve precipitarse en un oscuro bosque de confusión al alejar de sí cualquiera referencia inalterable que tanto necesita para sostener su rumbo.

El sentido con el que el hombre da luz a las cosas anda reñido con ese intento de hacer consumible cualquier manifestación de la vida; pues si bien el primero encuentra su solución en la fe y en las co­sas gobernadas por lo más elevado, el segundo, en cambio, lo haya en un movimiento repetitivo y cir­cular siempre a la misma distancia del suelo. Ante tal hecho una insoportable confusión se apodera del corazón del hombre dejando tras de sí una hilera irregular a su paso. Igual que el amante finge ante su pareja alguna lesión que le permita escapar aunque sea un instante del trance del «tenemos que hablar»; el hombre de hoy hace por adherirse a una ingente cantidad de sacrificios (ya sean por­ que no pueden cumplirse de manera efectiva o porque son claramente inefectivos) con el firme pro­pósito de apartar el verdadero problema de sentido que lo aflige. De este modo el hombre encuentra una salida, aunque ridícula, ineficaz, a la vez que destructiva, pero una salida a fin de cuentas frente a todo este atolladero de desconcierto y pesadumbre en el que se veía instalado. Si no hace por elevarse, hará por empequeñecerse, de esta manera podrá creer que vuelve a gobernar ampliamente su domi­nio aunque solo sea desde la tristeza de curar aquellas heridas que a sí mismo se ha infringido.

Ahora el mundo tiene algo por lo que luchar: recuperar la normalidad perdida. Sin embargo, esa nor­ malidad con la que anhela reencontrarse fue por otra el síntoma que lo ha transportado a esta «nueva normalidad», por lo que regresar a ella se antoja imposible. Mientras tanto, y para evitar esta verdad corrosiva, la sociedad hará por hinchar la preocupación reinante, dará nuevas razones para confinamientos selectivos o duraderos, impondrá medidas coercitivas por el bien común y amedrentará el ánimo de la resistencia. Y hará bien, haciéndonos un mal, pues la sociedad que lucha por sobrevivir no puede permitirse el lujo de contemplarse a sí misma como si de la obra de un místico se tratara. Debe hacer cualquier cosa mientras no sepa qué debe hacer. Con este libro profundizamos en esta cruenta paradoja que nos atraviesa. ¿Me acompañas?

LIBERTAD: 

Hacemos mal en diferenciar entre pensadores optimistas y pesimistas, cuando en realidad deberíamos distinguir entre paradojicistas y no paradojicistas. Los paradojicistas son aquellos que ven a izquierda y derecha, no solo se quedan con una parte de la foto, sino que ven la película entera y atienden que la realidad está llena de colores y de fuerzas que luchan entre sí cuando no es que colaboran. Los no paradojicistas son los que tienen una mentalidad fría, estática, rígida. No ven más que aquella parte que quieren ver (y la otra desde el reflejo que proyecta la suya).

Aceptar las paradojas es un acto de humildad, de ruptura del marco de creencias propio (por eso hay tan pocos paradojicistas), pues supone que lo que creías de algo no es, y lo contrario, tampoco. Es algo más. Y ese algo más exige que salgas de tu ombligo y te eches a la calle (¡qué difícil con lo cómodo que se anda por casa!, ¿verdad?). La libertad tiene a un lado al liberal (a la derecha o a la izquierda, tú decides), de actitud gnóstica, platónica, idealista (angelismo). Estos abrazan una idea de la libertad abstracta, ¡les falta calle! Dicen que la libertad es la posibilidad de hacer lo que te dé la gana, mientras que tus ganas no atenten contra las ganas de los demás para hacer lo que les dé la gana.

TANTO LOS LIBERALES COMO LOS LIBEROFÓBICOS TIENEN ALGO EN COMÚN: UNA IDEA IRREAL DE LO QUE SIGNIFICA SER LIBRE. UNOS, LOS PRIMEROS, LA IDEALIZAN; LOS SEGUNDOS, REACCIONAN ANTE EL IDEALISMO DE LOS PRIMEROS, Y LA NIEGAN

Esta noción de libertad es irrealizable, al menos, por dos razones: (1), porque nuestras decisiones así sean nuestras, también son de los demás; no solo porque conviven con la de los otros, a veces, incluso, sucumben ante ellas. Me explico. Para un liberal, la actitud de un ludópata no contravendrá nunca su idea de libertad, pues entiende que no hay ninguna autoridad que lo empuje a hacer lo que hace, ni con su actuación amedrenta la libertad de los demás. Se alega que es libre, pues nadie manda en su bolsillo salvo él mismo; lo que no te dicen es que si bien en su bolsillo manda él, en él mandan las tragaperras. ¿Te has parado a pensar alguna vez cuántas de las cosas que crees hacer por ti mismo las haces en realidad en nombre de la ignorancia, de la ideología o de la inercia? (2) Por otro lado, tampoco somos islas donde nuestras acciones pululen en libertad, sin interferencias. El acto de respirar impide a otro respirar el aire que uno está respirando. Mis decisiones estimulan, pero también entorpecen la libertad de los demás; y es solo un asunto de fineza percatarse de ello. Los ladridos del perro de mi vecino me fastidian, y nada puede hacer mi vecino para remediarlo sin que uno de los dos, o ambos, nos veamos perjudicados.

Al otro lado del espectro andan los liberofóbicos. Estos creen que la libertad, o no existe, o sucumbe a manos de entidades superiores. Aquí hay poco que discutir y muchos ejemplos con qué ilustrar. Tenemos al club Bilderberg, a Naciones Unidas, a los judíos, a los masones, a George Soros, e incluso a Henry Kissinger (resucitado). Pero ¿por qué tantos se afanan en creer algo tan perjudicial para su felicidad? Porque así pueden quitarse de encima el peso de cargar con su libertad. Ya que la libertad es más grande que uno mismo, al tener por alimento cosas que se escapan de nuestra mano, prefieren cederla a algo o a alguien que han creído superior, así se descargan del suplicio por llevar una vida tan mal encaminada.

Tanto los liberales como los liberofóbicos tienen algo en común: una idea irreal de lo que significa ser libre. Unos, los primeros, la idealizan; los segundos, reaccionan ante el idealismo de los primeros, y la niegan. Ambos atentan contra la libertad real (¡el camino a tu mejor versión!, ¡recuérdalo!), pues se ponen de espalda a la realidad. Y el que va contra la realidad es enemigo de la libertad, y por ende, socialista. Fíjate. Si me tiro a la piscina creyendo que aprender a nadar es aprender inglés solo porque el mejor nadador es inglés, en algún momento me veré gritando al socorrista (papa Estado) para que salga en mi ayuda.

Para los liberales, la libertad real (no es liberal) resulta ser autoritaria, pues deja concurrir al Estado en el manejo de la vida cotidiana, y esto les resulta impensable; mientras que para los liberofóbicos, la libertad es irreal, puro cuento de hadas. Eso sí, si me dan a elegir entre ambos males, me quedo con los liberales. Pues, el liberalismo puede ser el primer paso para la libertad, mientras que el liberofobismo es siempre el último paso contra ella.

LIBEROFOBIA: con Miguel Anxo BASTOS

El poder de la conversión | Antonini de Jiménez