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sábado, 27 de junio de 2026

LIBRO "VOCES EN RESISTENCIA": TRAUMA COLECTIVO Y RESILENCIA EN VENEZUELA por Escuela de Gobierno Mercedes Pulido

 

VOCES EN RESISTENCIA

Escuela de Gobierno Mercedes Pulido 

Voces en resistencia retrata el trauma y la fortaleza de millones de venezolanos que, en medio de la crisis, la represión y el exilio, continúan luchando por su dignidad. Una obra para construir nuestra memoria colectiva, comprender este período de Venezuela y la resiliencia de su gente.

En siete capítulos que recorren la experiencia venezolana reciente desde la movilización ciudadana, la salud mental, el cuidado comunitario, la comunicación digital, la memoria histórica y la defensa de la infancia, este libro examina las formas en que una sociedad sometida al autoritarismo, la precariedad y la represión ha sostenido espacios de resistencia civil. 
Voces en resistencia: trauma colectivo y resiliencia en Venezuela reúne testimonios y ensayos que parten del 28 de julio de 2024 como episodio político y emocional, pero amplían la mirada hacia las redes humanas que han permitido documentar, acompañar, comunicar y preservar la dignidad colectiva. La obra ha sido escrita por un grupo de autores venezolanos vinculados al activismo, la psicología, la comunicación, la investigación social, la memoria y los derechos humanos.

El ensayo político, el testimonio, el análisis psicosocial, la crónica documental y la reflexión sobre derechos humanos se dan cita en las 174 páginas de este volumen. Su escritura alterna registros narrativos, clínicos, históricos y comunicacionales, siempre con el propósito de comprender el daño colectivo y las formas de respuesta que han surgido desde la sociedad civil. Voces en resistencia es el título Nº 50 publicado por la alianza editorial Letralia-FBLibros, y se inscribe en una línea de libros que atienden problemas contemporáneos desde una perspectiva crítica, testimonial y ciudadana.

El equipo autoral está compuesto por Francisco Coello, Psicóloga en Resistencia, Manuel Llorens, José G. Guerra, Eugenio Espejo y Elda Loramont, un grupo plural de profesionales comprometidos con el cuidado y la defensa de la vida democrática en Venezuela. Algunas de estas personas permanecen dentro del país y otras se encuentran en el exilio; no las une una ubicación geográfica, sino la convicción de acompañar a quienes, desde el terreno, han sostenido con su esfuerzo cotidiano la posibilidad de un país más justo, libre y humano. El libro se presenta así como un acto de memoria, un gesto de acompañamiento y una invitación a seguir generando conocimiento desde lo vivido, bajo la premisa de que cuidar, nombrar y documentar también son formas de lucha.

Si bien es cierto que es fuera de toda proporción el daño causado a la sociedad venezolana no es menos cierto (y ciertamente asombroso) que aún nos encontremos con manifestaciones de funcionamiento civilizado gracias a la empresa privada, las universidades, la Iglesia, las ONG, fundaciones culturales, científicas y académicas así como medios de comunicación independientes y en general el esfuerzo de millones de venezolanos por no sucumbir al experimento totalitario alimentándose de las tres amenazas antes mencionadas. Podemos afirmar que los venezolanos hemos redefinido o llevado a otro nivel el concepto de resiliencia.



Presentación

Las amenazas a la libertad

Las luchas civiles en favor de la democracia, en sociedades que se han convertido en regímenes totalitarios, implican múltiples amenazas tanto intelectuales como personales, por ello es necesario dar cuenta de la trayectoria que Venezuela ha llevado a cabo para mantener viva la as­piración de libertad y progreso.

Entre las tantas amenazas que pueden experimentar los activistas, destacan tres: 

el Insilio, la Anomia y la Desesperanza aprendida. Todas asociadas a las sociedades donde se desarrolla un proyecto totalitario y en las que las amenazas indicadas han cumplido y cumplen funciones claveen los objetivos de cercenar los derechos humanos, bloquear las li­bertades civiles y la búsqueda de un progreso incluyente e integrador.
  • Insilio: sin necesidad de dejar tu nación, los ciudadanos expe­rimentan un exilio interno que consiste en la sensación de no pertenecer ni sentirse representado por un Estado y un régimen político que niega los valores, los principios y creencias com­partidas sobre los que se ha construido la nacionalidad vene­zolana. En consecuencia, el activista y el ciudadano en general crean una barrera psicológica y social en torno a sus vidas para protegerse física, emocional e intelectualmente.
  • Anomia: la ciudadanía queda sin referencias morales y conduc­tuales para orientar su acción como resultado de severas crisis sociales, en este caso la descomposición social, económica y cultural de una nación, resultado de un programa político diri­gido a concentrar el control sociopolítico por la vía de la devas­tación y la desintegración.
  • Desesperanza aprendida: consiste en que la ciudadanía sufre una especie de fatalismo ante los problemas y la hostilidad de su entorno social. En términos políticos, esa experiencia no es casual, es el resultado de una acción estatal, policial y parainstitucional dirigida a cerrar cualquier salida civilizada e institucional de los severos problemas que el propio régimen construyó como parte de la mencionada anomia en tanto polí­tica de Estado.
Testimonios y reflexión

Voces en resistencia es una muestra de las diferentes maneras en las que un grupo de mujeres y hombres venezolanos han enfrentado estas amenazas desde perspectivas personales y profesionales muy diversas. Hemos reunido un conjunto de testimonios/reflexiones sobre lo que representa, desde la resiliencia y el activismo, un gigantesco esfuerzo de esperanza. Entendida esta como una herramienta de acción política, consistente en la convicción de que la realidad puede ser cambiada a partir de la conjunción del esfuerzo personal y colectivo, centrado en mantenerse en pie de lucha y con las convicciones de libertad y progreso como guías permanentes.

Por ello, el objetivo de este libro es poner en común la trama de experiencias existenciales, políticas y sociales de la resistencia civil en forma testimonial, pero al mismo tiempo analítica. Todo ello será fun­damental para alimentar la memoria colectiva de los venezolanos para reconocemos en el horror, pero también en el trasfondo de humanidad y solidaridad que la mayoría ha mantenido en estos años de infamia.

Voces en resistencia pretende dejar constancia de un legado para nuestras conciencias, un insumo central para la ansiada recuperación de la libertad y la reconstrucción integral de la nación (desde la infraestructura pasando por las instituciones y el espíritu de la venezolanidad).

Esta obra tiene dos protagonistas, por un lado, la sociedad civil re­ presentando la hazaña de mantener cohesión social y capacidad orga­nizativa; por otro, los autores de los diferentes capítulos cada uno de ellos representando distintas variaciones del coraje de los ciudadanos y la capacidad de hacer aportes concretos para los problemas críticos que padece la nación.

Veamos a la sociedad civil en este contexto. Si bien es cierto que es fuera de toda proporción el daño causado a la sociedad venezolana no es menos cierto (y ciertamente asombroso) que aún nos encontremos con manifestaciones de funcionamiento civilizado gracias a la empresa privada, las universidades, la Iglesia, las ONG, fundaciones culturales, científicas y académicas así como medios de comunicación indepen­dientes y en general el esfuerzo de millones de venezolanos por no su­cumbir al experimento totalitario alimentándose de las tres amenazas antes mencionadas. Podemos afirmar que los venezolanos hemos re­ definido o llevado a otro nivel el concepto de resiliencia.

La constatación de este logro colectivo está en la existencia de una variada gama de organizaciones de la sociedad civil (OSC) provenientes de los 40 años previos de democracia, así como las que se han ido incor­porando en los últimos 25 años en respuesta al proyecto totalitario. La importancia de la sociedad civil ha quedado demostrada en la respuesta que ha dado a pesar de las debilidades, la hostilidad y la gravedad de los problemas:
  • Ante el desmoronamiento del sistema de partidos en 1998, las ose llenaron en gran parte el vacío dejado.
  • Respuesta a necesidades de la población (salud, alimentación, educación entre otras) a medida que avanzaba el colapso del Es­tado para cumplir sus funciones.
  • Divulgación, documentación y denuncias nacional e interna­cional sobre los diferentes problemas que afectan a la nación.
  • Formación y capacitación de la ciudadanía en el ejercicio de sus derechos e incorporación como ciudadanos.
  • Organización de la población en diferentes áreas de interés so­cial, económico y cultural.
  • Programas de responsabilidad social empresarial. Hay que aña­dir que las empresas que cumplan con su función de prestar servicios y generar bienes es también responsabilidad social en las actuales circunstancias (mantener empresas abiertas es otra forma de resistencia y promoción de la democracia).
Podemos afirmar que las OSC han cumplido con muchas de las funciones que les corresponde y han ido más lejos cubriendo el vacío dejado por partidos políticos y el Estado en general. Aún diezmadas limitadas, las ose son las que proporcionan servicios que nos permiten mantener aspectos centrales de convivencia, solidaridad y atención de la población más afectada por la megacrisis.
Adicional a estos logros, hay tres hechos que podemos considerar notables en el plano político que cambiaron el escenario y la narrativa sobre las luchas libertarias en Venezuela:
  • El evento Hablan los Candidatos, que reunió a las diferentes candidaturas de la oposición (por primera vez en 10 años en un ambiente de respeto, diálogo y tolerancia democrática). De 35 organizaciones de la sociedad civil, que mostró una formida­ble capacidad de organización, coordinación y promoción. Este evento fue una señal de las otras iniciativas de las ose, que marcarían un desafío en el futuro y cuya importancia fue reco­nocida a nivel internacional.
Podemos afirmar que las OSC han cumplido con muchas de las funciones que les corresponde y han ido más lejos cubriendo el vacío dejado por partidos políticos y el Estado en general.
  • La Primaria fue el mecanismo por el cual el debate sobre la legitimidad y la vigencia del liderazgo de la oposición quedó zanjado por la enorme participación, las trabas vencidas al poder y la contundencia del triunfo. Un acontecimiento que contó con la participación de los partidos políticos, pero fueron la sociedad civil y la Academia los que aportaron el músculo, la organización y la movilización para alcanzar el éxito incontes­table que representó.
  • Estos antecedentes abrieron el camino para el proceso que condujo al 28J, el cual es digno de un estudio de caso para las Ciencias Políticas. Nuevamente, la sociedad civil fue la prota­gonista con el acompañamiento comprometido de los partidos políticos y la mayoría de sus dirigentes, así como los candidatos que honraron su palabra expresada en el evento Hablan los Candidatos. No representó un convencional enfrentamiento electoral entre partidos políticos bajo un "modelo competitivo", como diría el gran Sartori, fue mucho más allá, el proceso que remató en el 28J constituyó un formidable movimiento social que incluyó a todos los sectores, todas las clases socia­ les, creencias religiosas y doctrinas políticas. Decimos movi­miento social porque, tal como lo establece la literatura de la Ciencia Política y la Sociología, se trató de la activación política de grandes sectores de la sociedad que no buscaban solo ganar un proceso electoral sino un cambio de modelo institucional, político y social.
De esta sociedad civil provienen los autores de Voces en resistencia, quienes han desarrollado una destacada trayectoria aportando ideas, proyectos y opciones al país para aliviar, pero también para construir salidas a largo plazo.

En esta obra convergen periodistas, psicólogos, sociólogos, creadores y activistas de otros campos y visiones, articulados por los principios de la libertad y el bienestar de la ciudadanía, así como la prestación de servicios de asistencia a otros activistas y a la población en general como parte de las labores docentes, de investigación y asesoría que ca­racterizan a la Escuela de Gobierno Mercedes Pulido.

Cada capítulo es la descripción de una iniciativa que, ante las formas convencionales del activismo, se propone ofrecer alternativas para se­ guir por la lucha de las libertades civiles y mantener viva la esperanza (esa gran herramienta política como mencionamos antes) y apartar el inmovilismo de la vida del país. Nos vamos a encontrar con experien­cias reales y probadas, también con un lugar de encuentro para que los lectores comprueben que el activismo sigue despierto y conocer de pri­mera mano fórmulas que pueden ser replicadas en otras iniciativas y en cualquier lugar de Venezuela.

No está comprobado que sea de su autoría, aunque bien pudo decirlo el admirable Churchill "si te toca atravesar un infierno lo más aconseja­ble es seguir avanzando". Los hombres y mujeres de Voces en resistencia son un excelente ejemplo de lo acertado de esta recomendación, han seguido en la senda sin sacrificar principios y manteniendo el activismo en sus respectivos escenarios.

La posición del grupo de escritores de este compendio

De acuerdo a sus principios y misión, se han reunido estas historias y a estos activistas con la intención de promover una narrativa que per­ mita alcanzar varios objetivos:
  • Que los venezolanos se sientan representados, expresados y reivindicados en las experiencias que mostramos para servir de inspiración, así como de insumo para promover otras iniciati­vas.
  • Proporcionar a nuestros activistas, colaboradores y asociados información de experiencias que ayuden a comprender la reali­dad venezolana desde diferentes perspectivas y abordajes.
  • Ayudar a reconstruir la memoria colectiva indispensable para esbozar un futuro de encuentro y construcción de consensos necesarios para la formulación de Políticas Públicas y la adop­ción de modelos funcionales.
  • El pasado no se negocia, no podemos ni debemos edulcorar ni olvidar el calvario que ha sufrido la nación, no se trata de reta­liación sino de documentar lo sucedido y asegurarse de que la ciudadanía entienda que lo que nos pasó no es azar, mala suerte ni siquiera mala gestión. Se trata de educar a la población, a partir de la dolorosa experiencia, en la comprensión de que hay doctrinas, modelos políticos y ciertos tipos de liderazgo que in­ eludiblemente llevan a las naciones a la ruina, la tiranía y la descomposición social.
Si Voces en resistencia ayuda en la consecución de estos objetivos, nos daremos por satisfechos.

viernes, 26 de diciembre de 2025

ÉMILE DURKHEIM: EL DERECHO COMO FENÓMENO SOCIAL


El derecho como fenómeno social: 
Émile Durkheim

Para Émile Durkheim, el derecho no es solo un conjunto de normas impuestas, sino una manifestación visible de la moral colectiva que rige una sociedad. 
En su sociología, el derecho refleja la solidaridad social: en las sociedades primitivas, predominan las leyes represivas que castigan la ruptura de la cohesión; en las modernas, el derecho se vuelve restitutivo, orientado a mantener el equilibrio funcional entre individuos y grupos. Así, el derecho actúa como un espejo del tipo de vínculo social que une a las personas, siendo un indicador del grado de evolución moral y estructural de una comunidad.
Para Émile Durkheim, el derecho es el indicador objetivo y visible de la solidaridad social y un hecho social que expresa la conciencia colectiva y las normas morales de una sociedad. No es simplemente un conjunto de reglas impuestas, sino un fenómeno social que refleja y refuerza los lazos que unen a los individuos en una comunidad.

El Derecho como Hecho Social

Durkheim define los hechos sociales como "maneras de obrar, de pensar y de sentir, externas al individuo y dotadas de un poder coercitivo en cuya virtud se impone a él". 

El derecho cumple con estos criterios: 
  • Exterioridad: Las leyes existen fuera del individuo y le son impuestas, independientemente de su voluntad personal.
  • Coerción: El incumplimiento de las normas jurídicas conlleva sanciones formales y externas, garantizando el orden y la armonía social.
  • Generalidad: El derecho es general en una sociedad y tiene una existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales.
El Derecho como Reflejo de la Solidaridad Social

En su obra fundamental La división del trabajo social, Durkheim utiliza el derecho como herramienta empírica para estudiar los diferentes tipos de solidaridad que cohesionan a las sociedades en distintas etapas de desarrollo:

Solidaridad Mecánica (sociedades primitivas/tradicionales): 
  • Prevalece en sociedades con poca división del trabajo y una fuerte conciencia colectiva.
  • El derecho predominante es el derecho represivo (penal). Su función es castigar los delitos, que son vistos como ofensas directas a la moral común y, por tanto, a la conciencia colectiva. La severidad de las penas sirve para reforzar la moral compartida y la cohesión social.
Solidaridad Orgánica (sociedades modernas/industriales):

Emerge con la creciente especialización y diferenciación de funciones (división del trabajo).
El tipo de derecho predominante pasa a ser el derecho restitutivo (civil, comercial, administrativo). Este derecho no busca castigar, sino restablecer el equilibrio y regular las interacciones y contratos entre individuos interdependientes. La cohesión se basa en la necesidad mutua de los diferentes roles especializados, más que en una moralidad común y uniforme.

Función Social del Derecho

Para Durkheim, la función esencial del derecho es el control social y la integración. El sistema legal formaliza las normas sociales y ayuda a mantener el orden social y la cohesión. Cuando estos lazos morales y jurídicos se debilitan (por ejemplo, debido a cambios sociales rápidos y la consecuente desregulación), la sociedad puede caer en un estado de anomia (falta de normas), lo que Durkheim consideraba patológico.

En resumen, Durkheim no ve el derecho como una simple herramienta estatal, sino como un elemento vital y observable de la vida social que revela la naturaleza de los lazos que unen a las personas.






martes, 8 de abril de 2025

LIBROS "DESOBEDIENCIA CIVIL" y "LA FILOSOFÍA Y LOS DIOSES DE LA CIUDAD" por ANTONIO LASTRA 🙋


Desobediencia civil
Historia y antología de un concepto

El Estado no se enfrenta intencionadamente al sentido intelectual o moral del hombre, sino solo a su cuerpo, a sus sentidos. No está armado con ingenio superior u honradez, sino con una fuerza física superior. No he nacido para ser forzado. Respiraré a mi manera. Veamos quién es más fuerte. 
¿Qué fuerza tiene una multitud? Solo pueden obligarme quienes obedecen a una ley superior a la que yo obedezco. Me obligan a convertirme en uno de ellos. No he oído hablar de hombres que hayan sido forzados a vivir de esta o aquella manera por masas de hombres. 
¿Qué clase de vida sería esa? Cuando me encuentro con un gobierno que me dice: "El dinero o la vida", ¿por qué habría de apresurarme a darle mi dinero? 
Tal vez esté en apuros y no sepa lo que hacer: no puedo evitarlo. Ha de ayudarse a sí mismo; hacer lo que yo hago. No merece la pena gimotear al respecto. No soy responsable del buen funcionamiento de la maquinaria de la sociedad. 
No soy el hijo del ingeniero. He observado que, cuando una bellota y una castaña caen una al lado de otra, una no se queda inerte para dejar paso a la otra, sino que ambas obedecen sus propias leyes, y brotan y crecen y florecen como mejor pueden hacerlo, hasta que tal vez una eclipse y destruya a la otra. Si una planta no puede vivir según su naturaleza, muere, y el hombre también. Henry David Thoreau
La libertad de expresión constituye uno de los derechos fundamentales reconocidos en las declaraciones revolucionarias redactadas a fines del siglo XVIII. Este tipo de libertad está asociada a regímenes en que el gobierno político interfiere solo en aquello que es necesario para hacer posible la vida en común. La ética cívica, que trata de proporcionar un fundamento filosófico a los valores morales y políticos que deben ser reconocidos por documentos de carácter legal pertenecientes a las bases administrativas que regulan la relación entre el Estado y sus ciudadanos, se preocupa por la convivencia social, y no por la mera coexistencia. 

En los regímenes democráticos, el liberalismo constituye hoy un elemento político y económico tan importante que, en caso de que no estuviera presente, generaría abundantes incertidumbres respecto a la estabilidad de dichos regímenes. Éstos son el humus más propicio para el reconocimiento los derechos relacionados con la libertad. Por descontado, la libertad de expresión es solo una entre las diversas formas que adopta la libertad en las democracias. Sin embargo, esta libertad tiene bajo su haber la posibilidad de introducir cambios radicales en el funcionamiento del gobierno de un Estado. Leemos en Thoreau: “El mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto” 1.

La existencia de libertad de expresión constituye uno de los indicadores fiables de que el gobierno toma en cuenta la necesidad de que sus ciudadanos no estén sobrecargados de deberes para con la nación. Lo cierto es que la declaración de Thoreau, que está en vinculación con lo que el pensador norteamericano señala en Walden sobre la autoridad de los gobiernos 2, lleva aparejada la idea de que el papel del Estado en la regulación de la civitas es el de hacer que ésta alcance, por así decirlo, el mayor grado de autonomía posible respecto al propio Estado. 
“No es conveniente cultivar más respeto a la ley que a lo justo. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que creo justo” 3. 

Para realizar acciones justas es conveniente sin duda tener cierto grado de libertad; hacer lo justo, que es el cometido principal de la jurisdicción amparada por el Estado, no es, sin embargo, solo cosa de quienes imparten dictámenes oficiales, sino que es ante todo el principio ético que los ciudadanos han de adoptar si aspiran a generar una convivencia real. Las leyes no están para garantizar que la justicia se aplique siempre. Las leyes están para actuar mientras no es necesario que cada individuo particular lo haga. Servir al Estado no es solo cosa de cumplir en cada caso con lo que la ley establezca, sino también –y ante todo– hacer lo que es justo, y esto no puede efectuarse con la observancia perpetua de las leyes. Hacer lo justo en ocasiones implica desobedecer las leyes. Ante aquellas leyes que niegan la libertad de expresión es justa la disidencia, en forma de rebelión pacífica o desobediencia civil. Rawls, autor con cuyo texto se culmina la historia de este concepto en la obra que vamos a presentar, puso el acento sobre la vinculación entre una sociedad libre (como base moral de un régimen democrático) y la desobediencia civil 4.

Desobediencia civil. Historia y antología de un concepto (2012) constituye una actualización de algunos de los ensayos más importantes que desde el ámbito filosófico y literario se ha realizado del concepto político que da título al libro. Para comprender este concepto es necesario, qué duda cabe, hablar de la justicia y de la injusticia. Este aspecto queda subrayado por los autores seleccionados en el libro: G. Anastaplo, G. E. Lessing, R. W. Emerson, H. D. Thoreau, L. Tolstói, J. Rawls, M. Ghandi y M. Luther Khing. A fin de restablecer su valor de lectura, como nos dice el editor, se ha considerado oportuno ofrecer una nueva traducción de los escritos de estos autores, ya que algunos se encontraban ya disponibles en nuestra lengua.

Existen dos partes bien diferenciadas que componen esta edición que ha coordinado Antonio Lastra, filósofo y traductor al español de obras clásicas y representativas del trascendentalismo americano como La conducta de la vida o Walden. La parte histórica de la obra, en la que el profesor Lastra realiza un recorrido sintético y clarificador del concepto de desobediencia civil, es además una introducción a los textos de los autores citados con los que se completa la exposición de esta primera parte. En ella encontramos un tratamiento histórico-conceptual en el sentido de Koselleck, sobre todo a partir de la discusión en torno a la exactitud o inexactitud a la hora de identificar “Desobediencia civil” con “Derecho de resistencia” 5.

En realidad, la antología de textos no está sino enfocada a ilustrar, como se afirma en esta parte introductoria, “su contribución a la historia conceptual de la «Desobediencia civil»” 6.
Uno de los textos incluidos, “Ernst y Falk. Diálogos para francmasones”, del célebre escritor alemán G. E. Lessing, figura central de la ilustración, es precisamente una representativa aportación a esta historia conceptual, cuya afirmación “De lo que alcanzo a tener un concepto soy capaz de expresarlo con palabras...[aunque] no siempre y, a menudo, al menos, no de tal forma que los demás deriven de mis palabras exactamente el mismo concepto que yo tengo” sirvió, como indica el editor, a modo de lema principal en la presentación que incluyó Koselleck en su conocida compilación Conceptos históricos fundamentales.

Lastra señala que, si bien en algunos tratados recogidos en esta edición no se hace uso explícito del concepto de desobediencia civil, ello no implica que las connotaciones asociadas a dicho concepto no estén presentes en el contenido de los mismos. La acuñación original de este concepto suele atribuirse a Henry David Thoreau. Su ensayo “Desobediencia civil” fue publicado como una versión posterior de otro escrito titulado “Resistencia al gobierno civil” (1849), pronunciado oralmente en varias ocasiones. Los motivos que llevaron a Thoreau a redactar el texto surgieron a partir de una de las experiencias que el pensador norteamericano vivió cuando todavía residía en la cabaña que construyó a orillas de la laguna de Walden.
En efecto, el propio Thoreau explica en Walden (obra que vería la luz años después de su estancia en los bosques) cómo tuvo que pasar una noche en un calabozo debido a que se había negado a pagar los impuestos estatales 7. En “Desobediencia civil” ofrece los detalles de esta breve estancia 8. Su negativa a contribuir a la retribución económica de Massachusetts estaba motivada por el hecho de que estuviera destinada tanto al financiamiento de la guerra contra México, cuanto al sufragio del asesinato de los esclavos que trataban de escapar a los horrores que conllevaba su denigrante posición y de huir de aquellos a quienes servían.

El texto de Thoreau sobre la desobediencia civil fue leído por Tólstoi, así como el resto de su obra. La actitud pacifista del literato ruso recibió la influencia del pensador norteamericano. El pasaje de Guerra y paz recogido en esta edición, correspondiente a dos capítulos del Epílogo, constituye una breve pero importante aportación a la historia conceptual de la desobediencia civil, a través de la reflexión y uso de otros conceptos aparejados a ella, como los de “rebelión” y “revolución”. De este último se sirve Tólstoi al afirmar: “Dices [...] que habrá una revolución. Yo no lo veo así. Pero tú dices que un juramento es algo incondicional, y a este respecto yo te digo: eres mi mejor amigo, y lo sabes, pero si formas una sociedad secreta, si comienzas a actuar en contra del gobierno, cualquiera que sea, sé que tengo el deber de oponerme” 9.

“Leyes espirituales” es uno de los textos de Emerson que tiene, por así decir, una prolongación en Walden, en concreto en el capítulo titulado “Leyes superiores”. Lastra indica en el estudio preliminar que el escrito de Emerson constituye la influencia más importante que recibió el que Thoreau dedica a la desobediencia civil. Este último habría ofrecido una respuesta explícita a algunas de las ideas de Emerson sobre la necesidad de obedecer. Emerson nos dice en el texto compilado: “El curso entero de las cosas tiende a enseñarnos la fe. Solo necesitamos obedecer. Hay una pauta para cada uno de nosotros y, escuchando con atención, oiremos las palabras correcta. [...] Digo: No escojáis, pero es una forma de hablar con la que distinguir lo que los hombres suelen llamar
«elección» y que es un acto parcial” 10.

El ensayo de Thoreau constituye el centro (literalmente) del conjunto de los textos de esta edición. Al comentar el de Thoreau, Lastra alude a uno de los vínculos existentes entre “Desobediencia civil” y Walden, y señala que esta última obra posee una “coherencia narrativa” importante: el capítulo dedicado a “La ciudad” es el octavo si contamos desde el comienzo, y el capítulo titulado “Leyes superiores” lo es si contamos desde el final. Entre ambos se encuentra el capítulo dedicado a “Las lagunas”, escrito después de haber vivido 2 años y 2 meses en su cabaña de Walden. La desobediencia civil en Thoreau no es solo un acto del ciudadano en tanto que tal, sino una reivindicación misma de la filosofía frente al
eterno intento de la ciudad (o, mejor, de “los dioses de la ciudad” 11) de doblegarla y someterla a sus reglas. La obra que tenemos entre manos pretende continuar esta “coherencia narrativa” propia de Thoreau, impregnando el carácter de su pensamiento en la articulación de las ideas que aparecen a lo largo de los diferentes textos que componen esta edición.

El concepto de desobediencia civil desarrollado por Rawls en su obra Teoría de la justicia continúa lo iniciado por Thoreau. Rawls, manteniéndose en el marco de la constitución y del liberalismo político, estudia los fundamentos filosóficos de este concepto. En 1969, con anterioridad a la publicación de Teoría de la justicia, el texto del filósofo norteamericano ya había aparecido en una compilación realizada por H. A. Bedau sobre la “Desobediencia civil”.

Tanto el profesor Manuel Garrido, autor del prólogo a la obra, como el propio Lastra en su estudio introductorio, citan un pasaje memorable del ensayo de Rawls sobre la desobediencia civil: “el problema de la desobediencia civil solo se plantea dentro de un estado democrático más o menos justo para aquellos ciudadanos que reconocen y aceptan la legitimidad de la constitución”. La justificación de este tipo de desobediencia implica, para Rawls, que exista un fundamento moral en el que se sustente. Rawls establece, como vemos en la afirmación anotada, que la desobediencia civil tiene únicamente sentido dentro el marco democrático y que su carácter dramático, para aquellos que la escogen, proviene precisamente de la libertad que tienen para poder hacerlo.

Rawls enmarca el estudio de los problemas relacionados con la obligación a acuerdos injustos en “la parte de la obediencia parcial de la teoría no ideal”, en la que se incluye el problema de la desobediencia civil, junto a otros como la guerra justa o la objeción de conciencia. La dificultad propia del tratamiento de esos problemas reside en que no puede seguirse el mismo método utilizado para la legitimación de la obediencia a leyes justas. Es menester tomar en cuenta que para el filósofo norteamericano el hecho de que una ley sea injusta no es razón suficiente para no cumplir con ella. La observancia de leyes injustas es un deber en el caso de sociedades cuya estructura básica “es razonablemente justa”.

Rawls viene a decir que lo que sucede en el caso concreto de la desobediencia civil, desde el marco en el que puede tener lugar (un régimen democrático), es principalmente el enfrentamiento entre dos deberes. La sección 54 de Teoría de la justicia trata acerca de la “regla de mayorías”, la cual entronca directamente con el problema de la legitimación del no cumplimiento con una ley que, a pesar de ser injusta, ha sido aprobada por la mayoría de los representantes que participan del poder legislativo.

El ensayo de G. Anastaplo, “Ser humano y ciudadano. Estudio preliminar a la Apología de Sócrates de Platón”, publicado originalmente en una obra conjunta en honor a Leo Strauss, es, como el subtítulo indica, un pequeño tratado sobre la obra de Platón en la que se narra el juicio debido al cual Sócrates fue condenado a muerte. La actividad de la enseñanza, que “convierte objetos privados en ofensas públicas”, es la que se muestra “en el cargo de que Sócrates corrompe a la juventud” 12. La paradigmática actitud de Sócrates constituye uno de los ejemplos de la desobediencia civil que encontramos en la Grecia clásica. La aproximación de Anastaplo a la Apología de Sócrates es minuciosa y en ella se pone énfasis en el modo en que Sócrates es y defiende la figura del filósofo ante la ciudad ateniense.

En esta edición se ha incluido también, en último lugar, otro texto de Anastaplo, “Ciudadano y ser humano. Thoreau, Sócrates y la desobediencia civil”, que viene a redondear el contenido que encontramos en los textos precedentes. El texto de Ghandi con el título de “ Satyagraha vs. Resistencia pasiva” (que forma parte de la obra publicada en 1928 con el título Satyagraha in South Africa), así como la “Carta desde la prisión de Birmingham” de Luther King, que encontramos en el Apéndice incluido al término de esta edición, nos muestran dos casos paradigmáticos del modo en que se ha llevado a cabo en la práctica la desobediencia civil. Los dos autores dan testimonio de cómo en la historia ha tenido lugar el ejercicio de los principios aparejados a la resistencia pacífica contra un régimen político injusto. Como indica Thoreau, a quien directa o indirectamente leyeron Ghandi y Luther King, ante la justicia procedente de los actos del gobierno, la indiferencia contribuye inevitablemente a hacer que la sociedad en su totalidad sea injusta.

Nos encontramos, en suma, ante una recopilación de importantes ensayos que constituyen puntos clave de una extensa línea originada en el momento mismo en que la voz de aquellos que creían en la justicia o en la propia filosofía (exenta de las “leyes de la ciudad”) comenzó a alzarse. Uno de los autores a los que quizá podría haberse otorgado la palabra en la obra, por la influencia que ha ejercido en la actual configuración de la Europa democrática, es Václav Havel, representante del movimiento disidente con el que se inició una transición de las dictaduras comunistas hacia Estados en que la libertad de expresión ha sido y es la señal que nos indica el negro pasado en que no hace tantos años se vio envuelto nuestro continente. No obstante, en tanto que existe una larga lista de autores en cuyo pensamiento encontramos un tratamiento directo de la desobediencia civil u otros tipos de disidencia –pues desde la Antígona de Sófocles a la filosofía política contemporánea la desobediencia civil ha sido una cuestión pertinente, quizá inevitablemente aparejada a los regímenes respetuosos con la vida–, la selección de autores y escritos realizada en esta edición es sumamente representativa y consigue alcanzar con creces el objetivo que se proponía. Tanto la antología como el marco que proporciona a la hora de comprender a los autores y textos constituyen una significativa aportación al ámbito filosófico-político que se ha venido ocupando, sobre todo gracias a la impronta de Thoreau, de la desobediencia civil.
Víctor Páramo Valero
________________________________

1 H. D. Thoreau, “Desobediencia civil”, en Desobediencia civil. Historia y antología
de un concepto (ed. A. Lastra), Tecnos, Madrid, 2012, p. 151.
2 H. D. Thoreau, Walden, Cátedra, Madrid, 2006, p. 212.
3 Desobediencia civil. Historia y antología de un concepto, ed. cit., p. 153.
4 J. Rawls, Teoría de la Justicia, FCE, México, 1995, pp. 331-332.
5 Desobediencia civil. Historia y antología de un concepto , ed. cit., pp. 24-29.
6 Ibid. p. 35.
7 Thoreau, Walden, ed. cit., p. 212.
8 Desobediencia civil. Historia y antología de un concepto, ed. cit., pp. 167-170.
9 Ibíd., p. 182.
10 Ibíd., p. 135.
11 “Entre Lessing y Tolstói, entre Emerson y Rawls, Thoreau y la «desobediencia civil» ocupan un lugar central en la tradición del pensamiento sobre la vida en común y recuerda la genuina dignidad de la filosofía ante los dioses de la ciudad”,
Ibíd., p. 36.
12 Ibíd., p. 47.4


¿Qué es Desobediencia civil de Henry David Thoreau?

Es un ensayo filosófico y político escrito en 1849 por Henry David Thoreau, donde sostiene que los individuos no deben permitir que los gobiernos anulen su conciencia. Thoreau propone la resistencia pacífica ante leyes injustas, defendiendo la moral personal por encima de la autoridad del Estado. Su pensamiento inspiró movimientos como los de Gandhi y Martin Luther King, convirtiéndose en un texto fundamental sobre la libertad, la ética y la responsabilidad civil.

La   filosofía 
y los dioses de la ciudad

Este libro trata de la relación entre la filosofía y los dioses de la ciudad y examina la cuestión socrática de la obediencia del filósofo. Si la filosofía no ha desaparecido del todo de nuestra cultura, tal vez la razón haya que encontrarla en la exigencia de una obediencia superior o en el equilibrio que la filosofía ha procurado entre las aspiraciones teológicas y las políticas. 
La escritura constitucional emersoniana y la escritura reticente straussiana se muestran solidarias en este punto e iluminan la lectura de los autores tratados en estas páginas, de al-Fârâbî a Nietzsche, así como las reflexiones sobre la democracia en Europa.
Los artículos que componen este libro forman parte de la recuperación o, sería más correcto decir, continuación del proyecto del profesor Lastra en favor de una ética de la literatura. La idea según la cual en los libros está ya el conocimiento que el hombre puede llegar a alcanzar nos toca de dos maneras muy especiales. Por un lado, porque ofrece la posibilidad de resolver los problemas que atañen a nuestra vida social o personal presente; por otro, porque genera la conciencia de que ese legado, que ya no pertenece a nadie, requiere del respeto minucioso y del cuidado atento de cada generación. El estudioso, el investigador, el scholar —en el sentido emersoniano—, es el hombre que tiene encomendada la misión de esta segunda tarea. 

¿En qué consiste esa ética de la literatura en cuanto arte de escribir? “La ineficacia de Arnold”, uno de los artículos de este libro, lo explica con precisión: “[en] una garantía fiable de la impersonalidad literaria o de la bondad trascendental de las verdaderas producciones clásicas” (p. 58). No podemos saber si los libros contienen toda la verdad; sabemos, en cambio, a ciencia cierta, que no nos es posible encontrar verdad prescindiendo de nuestros textos clásicos. El proceso de desmoronamiento general que se ha acelerado en los últimos años, directamente relacionado con esa escuela de la que ya casi todos reniegan, la posmodernidad, tendría que ser visto, así, como un periodo oscuro del que salir cuanto antes en aras de una tarea continuadora de métodos más duraderos. 

Esa tarea sería la misma que trata de evitar el peligro de lo que el profesor Lastra llama lectura superficial o nominal. Esa que fomenta la paradoja de nuestros días, es decir, que se termine despreciando a los lectores futuros por buscar a los muchos lectores inmediatos. El aumento del acervo literario que se lega a la tradición no sería, por si solo, garantía suficiente para conservar y generar clásicos. Por eso es necesaria la otra vertiente de la ética de la literatura, la que consiste en continuar las enseñanzas de lo que se ha llamado el arte de leer. En este sentido, otro de los artículos de este libro, “Prometeo vencido”, nos invita a preguntarnos por los distintos planos de los textos con motivo de la influencia de Emerson en Nietzsche. Una manera de leer que obliga a abandonar “la complacencia con la que tratan de conocer [filólogos e historiadores de la filosofía] lo que pensaron estos dos grandes pensadores y a preguntarse si el acceso a la lectura de Emerson no será tan difícil como el acceso a la escritura de Nietzsche.” (p. 104). La misma idea se puede rastrear en páginas previas del libro: “una mala lectura no se corresponde siempre, por otra parte, con una escritura defectuosa” . (p. 17). Por eso la literatura está condenada a cumplir una función trascendental. (p. 75). 

La filosofía y los dioses de la ciudad tiene que ver con ambas: la lectura y la escritura; pero también con otras dos cuestiones que atañen a todos, incluso a los que no leen ni escriben: sus artículos son un viaje por la historia de Occidente y por la vida del hombre. Eso sí, la forma que adoptan es la del lector que a su vez termina escribiendo. Como ya se ha adelantado, explican cómo Nietzsche leyó a Emerson, pero también cómo escribió; cómo ocurrió lo mismo con Milton y Virgilio, con Arnold y Spinoza, con Dahrendorff y Erasmo. 

Los textos de Antonio Lastra obligan a un esfuerzo que tiene recompensa. Y llegan a una conclusión: los libros y la vida no siempre son compatibles. O, tal vez sería mejor decir, no siempre son útiles para la generación de lectores contemporánea a los hombres que los escribieron. Los antiguos eran conscientes de ello… y sabían callar con mayor precisión. Esto se entenderá muy bien leyendo las páginas en las que se muestra el solapamiento entre Virgilio y Eneas, el héroe de su poema, (p. 28); pero también en el artículo que abre el libro, (pp. 15-27), acerca de la querella entre los antiguos y los modernos, que tuvo lugar en la Francia de la Ilustración. 

Los silencios y la moderación en las expectativas son, precisamente, lo que permite que los libros sigan siendo útiles más allá de aquellas generaciones que los dieron a la imprenta. Otros lenguajes, por ejemplo, una vieja forma de hacer cine, han continuado esa tarea. Peter Bogdanovich preguntó una vez a John Ford: “¿Muestra Fort Apache que la tradición del ejército es más importante que un individuo?” El maestro miró a la cámara y, simplemente, contestó: “Corten” . John Ford seguía haciendo ese viejo cine incluso cuando contestaba a las preguntas para un documental. 

Se puede decir que en estos artículos se hace algo parecido, porque la escritura se convierte en la escena en la que se produce la instrucción; la función de esa instrucción no es otra, por tanto, “que al hombre le sea lícito desear para sí un hijo y lograr una educación para la filosofía.” (p. 103). Entender así las cosas permite establecer una prelación: primero es la vida, luego los libros. Que sea ésta la conclusión de Antonio Lastra tiene que ver con preferir a Emerson sobre Nietzsche; pero también con preferir el mero asomo de un escepticismo antes que hacer de ese escepticismo una categoría conceptual, que sólo terminará produciendo una transformación —incluso orgánica— que no puede conducir mas que a la disolución de la vida personal y política. (p. 103). O, lo que es lo mismo, pero dicho por medio de la literatura: Prometeo no debe ser vencido. El scholar, el investigador, el hombre que transmite viva la tradición en la literatura, hace esa tarea necesaria, y a la que está obligada cada generación, para que se mantenga viva la lumbre de los hombres. 

Por eso la filosofía convive siempre en tensión con los dioses de la ciudad. Y obliga a realizar sacrificios. La filosofía y los dioses de la ciudad muestra en su portada una fotografía de una parte del Ara Pacis, monumento en reconocimiento a las victorias del emperador Augusto; en concreto, el friso que muestra a Virgilio realizando un sacrificio. De esta forma, una vez más, se presenta la conexión entre la tierra, como origen de la vida en la tradición epicúrea, y la mística misión providencial del escritor. Dos cosas más se pueden añadir sobre estos textos. 

La primera tiene que ver con el desplazamiento de la teología en la política y las distintas maneras en que se le ha dado solución al problema. El nexo, el guión, que une lo teológico-político es un problema eterno e irresoluble. 
La década de los años treinta del siglo pasado sigue siendo un banco de pruebas para entender la cuestión. La manera en que se constituyen los pueblos, en particular la manera en que lo hizo el pueblo norteamericano, sigue siendo todavía la última de las formas válidas para comprobar en la práctica el asunto decisivo. Es decir, la manera en que funciona la moderación en las expectativas por medio de los propios textos que constituyen las naciones. Fijarse en esos textos y en esos pueblos posibilita el aprendizaje de esa moderación. Y con ello, que esa moderación pueda generarse también allí donde no suele estar dada de manera natural, porque no se está ya en la inocencia lógica de los pueblos nacientes. Por eso, leer estos artículos teniendo presente la Europa del primer tercio del siglo veinte y el momento constitutivo en la formación de los Estados Unidos es una buena clave de lectura. 

La segunda cuestión pendiente tiene que ver con la manera en que la literatura, como la forma en que la humanidad tiende hacia una verdad que está fuera de ella misma, y que no es por tanto concretable, ha sido sustituida por la ciencia, como relato explicativo de lo que el hombre pueda llegar a ser. Más allá de lo que en estos artículos se pueda encontrar expresado sobre la cuestión —por ejemplo, la idea de línea divisoria en la historia de las mentalidades (p. 15), que hace ya irreconciliables esos dos mundos— hay que entender que todos los textos incluidos en el libro son ya, en sí mismos, una toma de postura sobradamente elocuente.


LA VOLUNTAD DEL PODER

EL TOTALITARISMO DEL ESTADO


"La forma inteligente de mantener a la gente en un estado de pasividad y obediencia es moverse siempre en el espectro de opiniones respetables, con enorme debate dentro de ese espectro, incluso animando a las personas más críticas y disidentes. De ese modo, la gente tiene la sensación de tener un pensamiento libre, mientras que, en realidad, sólo se refuerzan los preceptos del sistema dentro de los límites del debate acordados". Noam Chomsky


¡Basta ya! Este gobierno, sediento de control total, nos quiere jodidamente sumisos a todos. Ellos deciden, sin vergüenza, lo que es la verdad y la mierda. ¿De verdad no os resulta obvio ver a tanto puto borrego intentando silenciarnos, adormecernos con su mierda psicológica y silenciosa? Cuando el control es absoluto, nuestras voces son putas cenizas. La pregunta es: ¿HASTA CUÁNDO VAMOS A SEGUIR SIENDO JODIDOS CORDEROS EN LUGAR DE LEONES DEPREDADORES O LOBOS SALVAJES?

Antonio Lastra. La filosofía y los dioses de la ciudad.
 
Escritura constitucional y desobediencia civil - Historia de las Ideas Políticas - Seminario I

lunes, 10 de marzo de 2025

LIBRO "FÁBULAS PARA UNA ZOOCIEDAD MODERNA" por RAFAEL AITA 🐷🐺🐴

FÁBULAS PARA UNA
ZOOCIEDAD MODERNA

En un mundo donde los animales piensan, hablan y conspiran como humanos, Fábulas para una "zoociedad" moderna nos sumerge en relatos satíricos que desenmascaran las contradicciones y absurdos de nuestra época. Con una mezcla magistral de humor e ironía, Rafael Aita reinventa la tradición de las fábulas para abordar temas como la manipulación ideológica, la burocracia, la identidad, el populismo izquierdista o la lucha imperecedera entre naturaleza y civilización. Desde un cerdo que desafía las leyes de la biología para salvar su pellejo hasta un castor que descubre el secreto del éxito empresarial en los rincones más insospechados, cada historia es un espejo deformante de la sociedad contemporánea. La jungla se convierte en un escenario donde la realidad y la farsa se entremezclan, revelando verdades incómodas con una dosis irresistible de sarcasmo. 

A medio camino entre Esopo, Orwell y La Fontaine, este libro es una invitación a sonreír, reflexionar y cuestionar la locura de nuestro tiempo. Porque en esta zoociedad moderna, la línea entre lo humano y lo bestial es cada vez más difusa.

Tal vez, en más de una ocasión, hemos sentido que vivimos en un zoológico, en un circo o en una selva, antes que en una sociedad civilizada, especialmente en lo que respecta a ideologías políticas modernas y posmodernas. Era inevitable escribir fábulas que incorporaran aquel ambiente tomando como protagonistas a animales, de hecho, me sorprende que esto no sea más popular en la actualidad, tomando en cuenta la cantidad de material e historias que se podrían escribir.

Sí, es reivindicar el género de las fábulas y los valores que nos enseña, pues las fábulas siempre traen una moraleja. Seguramente todos nosotros hemos aprendido valores escuchando alguna fábula y es lógico preguntarse si se pueden enseñar lecciones acordes a la sociedad actual usando el mismo estilo. Por ejemplo, ¿cómo le enseñarías a un niño un concepto tan complejo (y a veces aburrido) como lo es la inflación? 
En el libro hay una fábula que narra cuando el león decide introducir el dinero en la selva y empieza a imprimir dinero para que todos sean millonarios, de tal manera que al final del cuento, el dinero no vale nada. He leído comentarios en redes sociales de adultos que se preguntan por qué el Estado no imprime más billetes y los reparte a los pobres, por lo que esa fábula puede ser útil no solamente para los niños.

PROLOGO

En la tradición de las grandes fábulas, desde Esopo hasta Orwell, Fábulas para una "zoociedad" moderna nos sumerge en un universo tan bestial como profundamente humano. Rafael Aita, magistral autor de "Los incas hispanos", despliega aquí una aguda inteligencia narrativa, conjugando la sátira mordaz con la reflexión filosófica, y dotando a sus historias de una claridad conceptual que atraviesa los dilemas contemporáneos con la eficacia de una parábola eterna.

Los relatos de este libro no son simples cuentos de animales para adultos. Cada historia revela, con un humor implacable y una ironía afilada, las contradicciones, los excesos y las falacias de la "zoociedad" moderna. Desde el cerdo que busca redefinir su identidad para escapar de su destino culinario hasta el gusano subestimado que termina resolviendo el problema del plástico, cada narración es una pieza magistral de crítica social disfrazada de fábula.

Rafael Aita maneja la alegoría con destreza, invitándonos a descubrir en cada historia una metáfora de las realidades que nos rodean: el poder y su corrupción, la ideología y sus trampas, la naturaleza y sus inquebrantables leyes. Su estilo, ágil y certero, nos recuerda que la mejor forma de abordar los temas más serios es, a menudo, con una sonrisa o un gesto de asombro.

Este libro no es solo un entretenimiento ingenioso; es una advertencia lúcida y, en muchos casos, una denuncia necesaria. Al cerrar estas páginas, el lector no solo se llevará la satisfacción de haber disfrutado de un humor inteligente y una narrativa envolvente, sino también una renovada capacidad para ver el mundo con ojos más críticos. Y quizás, con un poco más de sentido común, ese bien tan escaso en nuestra zoociedad moderna.

Pero la verdadera genialidad de estas fábulas no reside únicamente en su humor o en su agudeza intelectual, sino en su capacidad para mostrarnos, sin dogmatismos ni sermones, el absurdo en el que a veces nos sumergimos como sociedad. Con una escritura que recuerda a los grandes clásicos, pero que resuena con las preocupaciones actuales, Rafael Aita nos deja frente a un espejo en el que se reflejan nuestros propios delirios colectivos, nuestras contradicciones y nuestras pequeñas y grandes hipocresías.

Cada historia de este libro, con su carga simbólica y su precisión argumentativa, es una invitación a cuestionar las falsas certezas impuestas y a rebelarse contra las narrativas acomodaticias que buscan adormecer el pensamiento crítico. Es, en esencia, una reivindicación de la inteligencia frente a la necedad, del instinto de supervivencia frente a la complacencia, de la realidad frente a la fantasía ideológica.

El lector atento notará, además, que estas fábulas no solo apuntan hacia la política o la sociedad en general, sino también hacia la naturaleza humana en su sentido más profundo. Los personajes animales, a pesar de sus formas y hábitats, se comportan como nosotros: se engañan, se justifican, manipulan o se dejan manipular, huyen de la verdad o la abrazan con valentía. En ese juego de espejos radica el poder de estas narraciones, que consiguen ser a la vez entretenimiento, reflexión y revelación.

Con Fábulas para una zoociedad moderna, Rafael Aita nos entrega nuevamente un libro magistral que debería ser leído y releído, discutido y reflexionado. Porque, como bien nos enseñan sus páginas, las fábulas no son solo cuentos para niños: son herramientas para comprender el mundo, y, en ocasiones, para evitar que éste se derrumbe bajo el peso de su propia locura.



Presentación del libro Fábulas de una Zoociedad Moderna