EL Rincón de Yanka: MEMORIA

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martes, 15 de septiembre de 2026

LIBRO "ALCASSER: MI VERDAD" por FERNANDO GARCÍA, UN PADRE CORAJE


ALCASSER
Mi verdad

FERNANDO GARCÍA

Memento mori. Hasta aquel viernes era un padre sencillo, un empresario humilde y un hombre con una familia maravillosa. Pero todo cambió. Mi hija Miriam había desaparecido junto a sus amigas Toñi y Desirée. Comenzaba así una de las tragedias que más ha conmocionado a España. Este libro no es una reconstrucción del caso desde la distancia ni un ensayo sobre el crimen de Alcàsser. Es el testimonio de un padre. Es mi testimonio. Es el relato de todo lo que he vivido desde el instante en que mi hija no regresó a casa a las diez de a noche. Escribir estas páginas ha sido mi forma de desahogar el dolor, de intentar encontrar respuestas a preguntas que me atormentan cada día y de mantener viva la memoria de Miriam. En ellas comparto recuerdos inéditos junto a mi hija, porque son esos recuerdos los que me dan fuerzas para seguir levantándome cada mañana. Quiero que conozcáis cómo era Miriam, la niña que me arrebataron, pero también deseo contaros todo lo que viví durante aquellos días y en los años posteriores. Se ha hablado mucho del caso Alcàsser, pero no siempre se ha contado la verdad. Esta es mi verdad. La de un padre que nunca ha dejado de buscar respuestas. Más que un libro sobre un crimen, estas memorias son una historia de amor incondicional entre un padre y su hija, de esperanza frente al dolor y de una lucha incansable por la justicia que continúa más de treinta años después. Porque mientras exista una sola pregunta sin respuesta, un padre nunca dejará de buscar la verdad.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO


alcasser by Raul Alejandro Galeano


Desde las tinieblas
Un descenso al caso Alcàsser
Oleaque conoce a Ánglés desde que ambos eran niños; por esta razón narra de forma exhaustiva y sin recurrir a la fabulación el triple asesinato de las niñas de Álcasser. Mediante un trabajo de investigación en el que ha invertido casi diez años, reconstruye minuciosamente los hechos aportando nuevos datos, como las declaraciones de Miguel Eicart, único agresor al que se ha detenido. También pone de manifiesto la descoordinación de la policía en la persecución de Antonio Ánglés, la rivalidad entre los forenses, la incongruencia de algunos testigos que ante los medios de comunicación se desdicen de lo que han declarado en el tribunal y de todo ese seguimiento mediático que convirtió el drama de tres familias en un esperpento del dolor. Por esta última razón son de agradecer el tono mesurado de las afirmaciones de Oleaque y el rigor de las hipótesis que sostiene, apoyándose en la documentación de los hechos. Materiales que conducen también a la reflexión, pues el caso marcó un punto de inflexión en los modos de hacer de cierto tipo de periodismo que no contempla en su deontología el respeto a la vida privada.

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lunes, 31 de agosto de 2026

LIBRO "UN GRANO DE ARENA" por HERACLIO E. ATENCIO BELLO (FUNDACIÓN VENEZUELA POSITIVA)

UN GRANO DE ARENA


FUNDACIÓN VENEZUELA POSITIVA

La Fundación Venezuela Positiva, institución privada sin fines de lucro, abierta a toda persona, sin distinción de credos políticos, raciales o religiosos, inició sus actividades en 1992 cuando el país se encontraba inmerso en una crisis sistémica que amenazaba y afectaba negativamente a todas sus actividades: desde la economía hasta la política, desde la educación hasta la salud, desde el orden público hasta el mal funcionamiento de un monstruoso e ineficiente Estado, y desde el aumento de la inflación corrosiva hasta la creciente y deshumanizante miseria de la pobreza. Si bien es cierto que esa es una realidad que aún subsiste y que el país no puede eludir, también es verdad que prevalece otro escenario más optimista donde el venezolano trabaja, lucha y batalla para superarse, transformándose en agente proactivo en medio de asombrosas dificultades y problemas, pero siempre queriendo reafirmar la PAZ democrática, con la finalidad de alcanzar el mayor bienestar económico, intelectual y espiritual posible. 

Es importante tener presente el gran significado de la historia de nuestro país y el costo que ha significado sembrar la noción política de democracia. Y por ello confiamos en que Venezuela si tiene futuro a pesar de sus imitaciones. Acabemos todos con las predisposiciones negativas y las actitudes obstinadas de los pesimistas. Para ello es necesario que la energía activa y creativa esté presente en los venezolanos para poder lograr el avance firme, paso a paso, conformando así la base de la estructura de un posible desarrollo sostenido. 
La Fundación Venezuela Positiva se opone rotundamente a los que se empeñan en regar esterilidad, calumnias, malos presagios y peores mentiras sobre el suelo sagrado de la Patria. 

El futuro de todos los venezolanos es un ineludible compromiso de dimensión nacional e internacional. No dejemos que el tiempo se nos escape como el viento y que la oportunidad se pierda con su paso inexorable. Busquemos la identidad perdida, formemos un ente más consistente, más expresivo, capaz de traducir en realidad lo que tanto deseamos todos. Aún estamos a tiempo para transformar la crisis actual en el punto de partida de un nuevo orden económico y social con ingredientes morales y éticos al servicio de toda la población venezolana, en especial, lo más pobres y los más necesitados. Tendríamos que estar dormidos si de un vergel tan exuberante de la voluntad de todos sus hijos. Caminemos hacia el futuro confiados todos en que vamos a vencer el derrotismo, el negativismo y la incertidumbre política. No le tengamos miedo a los grandes desafíos, espacios oscuros y peligros amenazantes.
Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada: cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores: cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por su trabajo. y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti: cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada. AYN RAND (1950)

COMO UN GRANO DE ARENA

Juego de la palabra que deriva de un
hacer y andar por lo que diga

Por lo que Venezuela positiva al tiempo
diera y en su ruta siga.

Veinte y cinco años de amor y ansia
viva sembrando vida que al afán prosiga.

Así este libro cuenta lo sembrado,
lo que ha dado queda aquí plasmado
con voz de campanario y voz serena.

Trazo de luz en la mansión del sino y en el
amanecer de su camino.

Todo será como un grano de arena.

Luis Beltrán Mago

martes, 25 de agosto de 2026

LIBRO "UN PACTO CON EL DIABLO": Los orígenes del liberalismo venezolano por Elías Pino Iturrieta 👿👥💥💀


UN PACTO CON EL DIABLO
Los orígenes del liberalismo venezolano


Un pacto con el diablo. Los orígenes del liberalismo venezolano, constituye un penetrante y necesario ensayo, en el cual Elías Pino Iturrieta vuelve la mirada hacia los años fundacionales de la república venezolana para explorar un momento decisivo: el intento temprano -y frustrado- de instaurar una política civil inspirada en los principios del liberalismo. A través de una lectura crítica de * las Epístolas Catilinarias (1835) de Francisco Javier Yanes, el autor recupera una voz precoz que ya advertía sobre los riesgos de una república sin bases sólidas, expuesta a la inestabilidad, a la personalización del poder y a la ausencia de una ciudadanía activa.

Un pacto con el diablo. Los orígenes del liberalismo venezolano, nos acerca a la fragilidad que marcó el nacimiento del ideal republicano, donde la guerra, la incertidumbre y la falta de instituciones crearon un terreno movedizo sobre el cual se intentó levantar el proyecto. Las tensiones entre el ideal civil y las prácticas autoritarias minaron desde temprano esa promesa. Así, el liberalismo venezolano surgió en disputa, cercado por la desconfianza, las urgencias del mando y la escasa tradición de deliberación ciudadana.
Este libro no es solo una indagación histórica, sino también una advertencia. En tiempos en que el debate público se reduce y el futuro de la república vuelve a parecer incierto, la pregunta por sus orígenes cobra una nueva urgencia: ¿es posible imaginar una república distinta?

* Las Epístolas Catilinarias fueron escritas por Francisco Javier Yanes en 1835 para criticar las revoluciones y golpes de estado en Venezuela durante las primeras guerras civiles. El fragmento presentado critica la inestabilidad política causada por los caudillos que buscaban el poder y los empleos públicos usando pretextos como las reformas. El autor argumenta que esta inestabilidad dañaría la reputación y economía de Venezuela y desalentaría a los extranjeros a invertir en el país.
Epístolas Catilinarias, escritas por Francisco Javier Yanes, hijo (1806 – 1848). Por muchos años se pensó, erróneamente, que el autor de estos textos era Juan Vicente González, pero el escritor e investigador Pedro Grases descubrió su verdadero autor.

Fragmento:

Ningún país del mundo ha pagado con más profusión los servicios que se le han hecho, que el nuestro; pero la corrupción, la disipación, han dejado a muchos de ellos en una situación de que ahora no encuentran otro modo de libertarse que haciendo revoluciones a costa del propietario honrado. Las ideas de Bolívar no son más que un pretexto: la comodidad de vivir de empleos es el verdadero móvil. (…) Una revolución. Este es el modo de vivir más conocido en nuestro país. El pretexto que más puede alucinar es el de las reformas (…). Se dará una nueva Constitución que sin duda será vista con desprecio por los pueblos que todos los años están jurando constituciones, se inspirará el desaliento, se acarrearán males infinitos, pero este desaliento y estos males convienen a nuestras miras. Colóquese por fin en la presidencia al hombre que nos dé empleos, y esto nos basta, proclamemos reformas. (…) El descrédito internacional en que va a caer Venezuela (…) es un mal tan evidente como fatal por sus resultados. Nosotros gozábamos ya de una reputación honrosa (…) era un cuadro verdaderamente halagüeño para todos (…)
Yo no abandonaré mi patria, dirá con razón un extranjero, para transportar mi capital a un país en que de un día para otro las personas y propiedades se encuentran a merced de una facción; en que los soldados pagados y mantenidos por el pueblo para que sean custodios de su seguridad, conviertan las armas que él puso en sus manos en instrumentos de opresión (…) y en que los mismos agentes del gobierno, burlando sus juramentos, (…) conspiran contra su propia existencia. Yo me guardaré bien de habitar una tierra en que a cada momento se invoca el derecho sagrado de la insurrección, y en que la impunidad de todo crimen se ha erigido en sistema. (Fragmentos, 1835).

Las Epístolas Catilinarias fueron escritas en el contexto de las primeras guerras civiles (1835). Los sucesivos golpes de estado y la lucha de los caudillos por el poder movieron a este intelectual a escribir estas cartas que han tenido gran influencia en la historia y literatura venezolana. Sus principales características son:

1. Se puede observar que el verbo de esta carta está inflamado de emociones por lo que el discurso tiene carácter subjetivo.
2. El autor trata de demostrar su posición con argumentos lo que le confiere propiedades de texto ensayístico.
3. Se observa la presencia de la primera persona lo que muestra la empatía con la situación planteada.

 
"Venezuela es una hechura militar": Elías Pino Iturrieta y la trampa de la República

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miércoles, 19 de agosto de 2026

TRES LIBROS DE HISTORIA QUE TE IMPACTARÁN: "EL MUNDO DE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA" por PETER BROWN, "NÓMADAS" por ANTHONY SATTIN y "VIDAS DE ALEJANDRO Y CÉSAR" por PLUTARCO


EL MUNDO DE LA
ANTIGÜEDAD TARDÍA

PETER BROWN

Este extraordinario estudio sobre los cambios culturales y sociales en la Antigüedad Tardía (aproximadamente desde el año 150 hasta el 750 d. C.) explica cómo y por qué aquel periodo supone un distanciamiento de la «civilización clásica». 
El autor demuestra que esta fue la época en que se produjo la irremisible desaparición de la mayoría de las instituciones antiguas más arraigadas: en el año 476, el Imperio Romano había desaparecido por completo en la Europa occidental, y en el año 655 el Imperio Persa había desaparecido por completo de Oriente Medio. Brown examina estos cambios, y las reacciones de los hombres que los vivieron, y muestra que aquel periodo fue también una época de señalados comienzos. 
El resultado es una respuesta lúcida a una pregunta crucial en la historia mundial: 
¿Cómo es posible que un mundo tan excepcionalmente homogéneo como la civilización mediterránea del año 200 d. C. se dividiera en tres sociedades: la Europa occidental católica, el Imperio bizantino y el islam, que vivieron mutuamente enfrentadas durante la Edad Media?
«Imperio, aparato del Estado (no más de mil individuos), oligarquías locales: Peter Brown afronta la microfísica del poder romano al tiempo que cuestiona el concepto de decadencia. ¿Cómo no hacerlo? Los germanos eran requeridos en el Imperio; eran los libertadores de los colonos agrícolas».



NÓMADAS
La historia desde los 
márgenes de la civilización


Hay una conexión que ha sido muchas veces ignorada por la historia: la relación transformadora, y a menudo sangrienta, entre sociedades sedentarias e itinerantes a lo largo de los siglos. Desde la revolución neolítica hasta el siglo XXI, pasando por el auge y la caída de Roma, los grandes pueblos ambulantes de los árabes y los mongoles, los mogoles y el desarrollo de la Ruta de la Seda, los nómadas han sido un contrapeso perpetuo a los imperios creados por el poder de las ciudades humanas.
Al explorar la biología evolutiva y la inquietud que nos caracteriza como humanos, la amplia historia de Anthony Sattin recorre el poder del nomadismo desde antes de la Biblia hasta su declive en la actualidad. Conectándonos con la mitología y los registros de la antigüedad, Nómadas explica por qué nos marchamos de casa y por qué nos gusta volver. Esta es la historia contada a través de los que viven fuera de lo establecido, es la historia desde los márgenes de la civilización.

Una de las descripciones más exquisitas que el autor hace en su obra es en referencia a la cosmovisión que percibe entre los diversos grupos nómadas quienes representan una constante resistencia a la presión global por incorporarse en un modelo sedentario y capitalista; su lucha se sustenta en la sublime armonía que expone el medio natural del cual dependen y pertenecen, a su vez conocen su hábitat desde la igualdad, sin la pretensión de querer dominarlo pues comprenden la necesidad de coexistir y vivir con respeto. Dicha codependencia es una conciencia que se extingue entre los edificios de las grandes ciudades, quedando sólo como recuerdo de una vida itinerante y del deseo natural de encontrar el paraíso. 

La obra es un llamado a la recapitulación y al replanteamiento de la historia y nuestra forma de vida, e insta a continuar buscando la respuesta a la interrogante más antigua y profunda de la humanidad: 
¿Qué significa ser seres humanos?; si bien la vida intramuros y sus amenidades representan una limitante para decidir reorientar la manera de vivir, el autor propone recuperar las distintas relaciones entre los pueblos nómadas y sedentarios a fin de identificar las transiciones y sus implicaciones hasta nuestros días.

Recuperar narrativas y experiencias en torno a los orígenes humanos, cuando sus fronteras confluían con las características geofísicas de su entorno y consideraban como límite la delgada línea que dibuja la unión del cielo y la tierra; la invitación resulta enriquecedora y motivadora para ampliar el campo de visión respecto a la historia conocida, dejando entrever que está matizada de los intereses y motivaciones de los nómadas que, en algún punto de la historia, dejaron de desplazarse; pero también es posible vislumbrar la relación de complementariedad que han sostenido ambos pueblos (sedentarios y nómadas), perpetuando el principio esencial de la vida: el ambiente es la suma de sus partes, y el ser humano es parte del ambiente tanto como el ambiente es parte de él, sin importar la forma en la que decida relacionarse con el resto de los componentes.

La travesía descrita en el libro se organiza en tres momentos que el autor denomina actos, estos exponen en orden cronológico las incidencias y hechos nómadas que determinaron el curso de la historia social, económica y comercial en las regiones Euroasiática, Asia central, Indochina y Medio oriente. Iniciando la narrativa en el 10,000 a.e.c. enmarcando los primeros vestigios de lo que alude a un recinto sagrado que congregó un puñado de nómadas por un periodo extendido, dando pauta a lo que Anthony Sattin presenta como el punto de transición de cazadoresrecolectores a agricultores-pastores posiblemente debido a una crisis ambiental por la demanda excesiva de recursos para satisfacer las necesidades de una población concentrada y creciente. El segundo acto es dedicado a la nutrida narrativa de hechos históricos que presentan el devenir del tiempo entre tiendas, conquistas, estrategias militares y cultura que yacen entre estepas y dunas desde la óptica nómada, siendo estos grupos el núcleo de los hechos, lo que permite acceder a una historia poco contada y casi nada considerada en la reflexión global, misma que resalta en el mapa comercial la importancia de las participaciones mongolas desquebrajando la percepción salvaje y bárbara que les adjudicó occidente sin aparente justificación más que la “incivilización”.

Sin embargo, este fragmento de la obra deja ver entre líneas la permanente correlación e interdependencia existente entre los andares nómadas y el cauce de las grandes civilizaciones haciendo hincapié en que no ha existido una oposición declarada entre ambas formas de vida, sino que conforman la dicotomía que da razón, forma y propósito a la historia misma de la humanidad. El tercer y último acto abre telón con la reflexión de la influencia mongola en territorios europeos, recapitulando los aportes de este imperio en los flujos comerciales los cuales fomentaron la distribución del capital a través del desplazamiento contante (nomadismo), propiciando la prosperidad en todo el territorio que comprendía su poderío; sin embargo, el autor enmarca el acto reflexivo en el olvido de los nómadas y de los mongoles principalmente, la historia contada de manera oficial en países como Inglaterra omitieron la influencia de estos grupos en la conformación de sus estructuras socioeconómicas como se ostentan hoy en día, adjudicándose es sus discursos una supremacía que no es posible sostener desde el enfoque histórico expuesto en el capítulo anterior.

Sattin recupera la aseveración del gran historiador Ibn Jaldún quien consideraba que el estado primigenio caracterizado por la libertad de movimiento y una vida inspirada y en concordancia con los ciclos naturales dotó a los nómadas de los medios necesarios para alcanzar el poderío imperial, marcando un antes y un después en el contexto global. A manera de cierre, el autor comparte una experiencia personal en la que acentúa la capacidad de pensar de formas diversas y divergentes como la máxima cualidad del nomadismo, dicha reflexión deja entre abierta la puerta a un mundo extraordinario que privilegia el pensamiento sobre el conocimiento y la interacción sobre la razón, revindica la valoración cognitiva sin necesidad de presentar credenciales ostentosas que validen el saber, la cosmovisión, la historia, el origen y el final, sostenido en el comienzo común de la existencia humana y la eterna relación con el entorno; por lo que la lectura invita de manera ferviente a considerar el nomadismo como una condición propia de la naturaleza humana, que nutre el espíritu, libera la mente y conduce el cuerpo.

Vidas de Alejandro y César

Vidas paralelas es la colección biográfica de Plutarco —siglo I d. C.—, que contiene veintitrés pares de biografías, donde cada par incluye la oposición de un personaje griego a otro romano, así como cuatro vidas desparejadas. Serían por tanto un total de unas cincuenta biografías, cuarenta y dos agrupadas por parejas, cuatro que oponen dos griegos a dos romanos, y cuatro que no presentan oponente.
Plutarco incide en el carácter moral de cada personaje más que en narrar los acontecimientos políticos de la época. Disponemos así, de un tratado exhaustivo sobre la educación y personalidad de cada uno de ellos, y con el relato de anécdotas, expresamente seleccionadas para revelar la naturaleza del hombre.
Plutarco creía compatible Roma con funciones rectoras y Grecia educadoras. Vidas contiene interesantes anécdotas, pasajes históricos memorables además de las comparaciones entre los personajes y constituye fuente primaria de muchos hechos del mundo antiguo.

Personajes incluidos:

1. Teseo & Rómulo
2. Licurgo & Numa Pompilio
3. Solón & Publícola
4. Temístocles & Camilo
5. Pericles & Fabio Máximo
6. Coriolano & Alcibíades
7. Emilio Paulo & Timoleón
8. Pelópidas & Marcelo
9. Arístides & Catón
10. Filopemen & Tito
11. Pirro & Cayo Mario
12. Lisandro & Sila
13. Cimón & Lúculo
14. Nicias & Craso
15. Alejandro & Julio César
16. Agesilao & Pompeyo
17. Sertorio & Eumenes
18. Foción & Catón el Joven
19. Agis y Cleómenes & Tiberio y Gaio Graco
20. Demóstenes & Cicerón
21. Demetrio & Antonio
22. Dión & Bruto
23. Artajerjes y Arato & Galba y Otón

Gracias a citas o anotaciones en otros textos o fuentes, podemos afirmar que se han perdido los relatos biográficos referidos a Hércules, Escipión el Africano, Epaminondas, Augusto, Claudio o Nerón.
El alcance de sus escritos es enorme, y sus Vidas paralelas ha sido durante siglos libro de cabecera y fuente de innumerables personajes célebres. Shakespeare fue un lector ávido de las mismas, hasta el punto de que varias de sus obras la toman como fuente histórica, como por ejemplo su tragedia Coriolano.


sábado, 1 de agosto de 2026

LIBRO "EL VIEJO Y LA TIERRA": UNA MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA 👴👵 por FRANCISCO MARCOS HERRERO

EL VIEJO Y LA TIERRA

Aquí no hay viejos 
Solo, nos llegó la tarde: 
Una tarde cargada de experiencia 
Experiencia para dar consejos. 
Aquí no hay viejos 
Solo nos llegó la tarde. 
Viejo es el mar y se agiganta. 
Viejo es el sol y nos calienta. 
Vieja es la luna y nos alumbra. 
Vieja es la tierra y nos da vida. 
Viejo es el amor y nos alienta. 
Aquí no hay viejos 
Solo nos llegó la tarde. 
Somos seres llenos de saber. 
Graduados en la escuela. 
De la vida y en el tiempo. 
Que nos dio el postgrado. 
Subimos al árbol de la vida. 
Cortamos de sus frutos lo mejor. 
Son esos frutos nuestros hijos. 
Que cuidamos con paciencia. 
Nos revierte esa paciencia con amor. 
Fueron niños son hombres serán viejos. 
La mañana vendrá y llegará la tarde. 
Y ellos también darán consejos. 
Aquí no hay viejos 
Solo nos llegó la tarde. 
Joven: si en tu caminar encuentras. 
Seres de andar pausado. 
De miradas serenas y cariñosas. 
De piel rugosa, de manos temblorosas. 
No los ignores ayúdalos. 
Protégelos ampáralos. 
Bríndales tu mano amiga. Tu cariño. 
Toma en cuenta que un día. 
También a ti, te llegará la tarde.... 

¿Mario Benedetti?

EL VIEJO Y LA TIERRA

Con manos de corteza y piel de arcilla,
el viejo camina lento por el barbecho,
conoce cada piedra, cada orilla,
y el lenguaje del viento bajo el techo.

Es la tierra su espejo y su memoria,
donde hundió la juventud en cada surco,
testigo silencioso de su historia,
lejos del ruido y del asfalto esturco.

"Vieja es la tierra", murmura en su jornada,
mientras recoge un puñado entre los dedos,
sintiendo la promesa de la siembra amada,
que borra los dolores y los miedos.

Sus pasos son raíces que se extienden,
su espalda es la colina que resiste,
los años pasan, pero ellos se entienden:
el hombre cuida el suelo, el suelo lo subsiste.

Y cuando el sol se oculta en la llanura,
entona una plegaria agradecida,
sabiendo que en el polvo y su estructura
dejará la semilla de su vida.

El viejo y la tierra es el monólogo intenso y a la vez sosegado de un hombre anciano ante su mujer. Un viaje sentimental de triunfos y decadencias, de agobios que le provocan los años y de impotencia frente a la traición desgranan la hechura del narrador.
El desarrollo es contundente y eficaz, escueto y rápido. La vida de los personajes pasa sin ambages. El protagonista muestra la impronta de hombre fuerte, luchador e irónico, tierno y humillado. A la postre el reguero de una vida.
Es una novela densa, de lectura rápida, que dejará en el lector posos de meditación y tal vez el deseo de leerla de nuevo para recuperar los matices subjetivos.

Sus hijos han vendido su casa.

La casa que levantó con sus propias manos. La tierra que le dio de comer. El mundo donde aprendió a amar, a trabajar y a sobrevivir.
Ahora, viejo y solo, Remigio pasa una larga noche hablando con Encarna, su esposa muerta. Mientras a su alrededor vacían habitaciones, arrancan recuerdos y deciden su destino como si él ya no existiera, su voz reconstruye una vida entera: el amor, los hijos, la fe, la dureza del campo, la dignidad, la memoria… y las heridas que nunca terminan de cerrar.
Pero Remigio no solo recuerda: embiste. Su monólogo es tierno y feroz, poético y descarnado, atravesado por una ironía áspera, una lucidez amarga y un humor rural que convierte cada página en una forma de resistencia.

Con una voz narrativa de extraordinaria autenticidad y un lenguaje de deslumbrante riqueza, "El viejo y la tierra" es una novela de altísima intensidad literaria y emocional: una tragedia íntima sobre el desarraigo, la pérdida y la dignidad humana.
Elogiado por Miguel Delibes por su “prosa fuerte pero elástica, de contenido intenso y lenguaje rico”, Francisco Marcos Herrero firma una obra que anticipa algunas de las grandes preocupaciones de la narrativa neorrural contemporánea: 
la desaparición del mundo rural, la ruptura entre generaciones, la memoria de los humildes y la lucha por conservar una forma de estar en el mundo.

Hay novelas que no solo se leen: se escuchan, se habitan y permanecen.

El Viejo y la Tierra está narrado por Remigio, un anciano campesino que, en las últimas horas de su vida, rememora el camino que lo ha llevado hasta ese momento. Sentado en la tranquilidad de su hogar, habla —a veces con ternura, a veces con severidad— a la memoria de su esposa, Encarna.
A través de este monólogo interior, el lector recorre las escenas de su vida: la juventud, el amor, el matrimonio, la guerra, el trabajo, la paternidad y las lentas transformaciones de un mundo rural que comienza a desvanecerse a medida que las generaciones más jóvenes emigran a la ciudad.
La historia de Remigio no es heroica en el sentido convencional. Es simplemente la de un hombre sentado, hablando. Sin embargo, de sus recuerdos surge algo íntimo y universal a la vez: una meditación sobre la vida.


¿Por qué cuanto más urbano se vuelve el mundo, más novelas se escriben sobre el campo?
Tal vez porque la literatura tiene una extraña costumbre: empieza a mirar con atención aquello que dejamos de considerar cotidiano.
El neorruralismo no habla solo de pueblos. Habla de memoria, de tiempo, de arraigo... y de todo lo que una sociedad descubre que ha perdido cuando ya no forma parte de su vida diaria.
Quizá por eso está más vivo que nunca.
¿Crees que el interés por el mundo rural responde a la nostalgia o a la necesidad de entender mejor el presente?

Prólogo
a la primera edición

Todos los viejos miran amorosos y temerosos hacia la tierra, puesto que ella va a ser su morada definitiva en un tiempo más o menos cercano. Pero el protagonista de esta novela no sólo la contempla con esa doble per­cepción, sino que casi se fusiona con ella, tanto por ser hombre del ámbito rural como por ser el relato una re­membranza y un soliloquio con su mujer.

A nuestro viejo le embarga la fatal resignación o la re­ signada fatalidad de los que han vivido mucho y esperan poco. Hay mucho sentido del fatum latino en quienes más que débiles se sienten debilitados por los años. Mucho hay de tragedia griega, aunque sin coturno ni clámide ni máscara, antes bien con descarnada sobriedad, con la­cónica brevedad y con acertado comedimiento en esta novela. 

La solidez y la austeridad del mundo rural se trasvasan a la forma narrativa, a las descripciones y al diálogo o tal vez sean las bien sujetas bridas de la expo­sición y el desarrollo del tema las que imponen el recio y sereno galope. Todo acontece con pasmosa naturali­dad, como resultan naturales el sol o la hierba, con la diferencia de que en estas páginas el sol es el corazón o el motor de los sentimientos y la hierba es el enmarañado matorral de los instintos. Sin embargo, los sentimientos de nuestros personajes no deslumbran ni queman, sino que sus rayos están tamizados por el quehacer y los afa­nes vulgares, así como los matojos van creciendo en si­lencio dentro de la tierra de cada uno. Hasta que un día los cristales que servían de tamiz desaparecen y el sol fulmina a un buen hombre, que es ya un desvalido viejo, y el herbazal se ha espesado tanto que asfixia el metafórico suelo en el que el anciano había edificado sus me­jores recuerdos y sus más nobles sueños, es decir, sus más ínclitas posesiones, pues le arrebatan su tesoro ín­timo y los bienes acumulados en su espíritu.

Francisco Marcos Herrero mantiene en esta novela los notables logros de sus títulos anteriores, aunque ahora da una gran zancada en el aspecto formal de la narración. En las novelas precedentes refulgía el mismo portentoso lenguaje, la sobreabundancia de vida, el vigoroso traza­ do humano de los personajes, la visión plástica de las situaciones y la atmósfera ambiental gravitando con singular peso sobre los moradores de su mundo de ficción. 
La vida desbordante define sustancialmente al verdade­ro novelista, pero tal cualidad comporta también una mayor o menor dosis de caos o descontrol, exactamente co­mo acaece en nuestra existencia. 

En "El viejo y la tierra" la riqueza, sabor y colorido del lenguaje siguen siendo pasmosos, los personajes rezuman verdad humana por los cuatro costados, el ambiente y las situaciones forman y conforman personas y conductas y chorrea igual la vida, si bien este chorro está disciplinadamente encauzado por un formidable ejercicio de contención y así esta so­bria y simple canalización permite deslizarse sin obstá­culos la poderosa agua y potenciar sus efectos.

Estamos, pues, ante una novela modélica, en todos los sentidos y de un modo particular en el de concepción, estructura y despliegue de la novela corta, que de ningu­na manera es una novela con menos páginas de las habituales, como algunos pudieran suponer, sino un género propio y con unas leyes propias. Novela corta es concen­tración argumental y, por ende, carencia de episodios secundarios o divergentes. Novela corta es unidad de tiempo o de lugar o de acción. 
Novela corta es economía de medios expresivos. Novela corta es, con evidente exageración, pero por ahí se anda la cosa, esquematismo o, si se quiere, croquis, en el que está todo, y muy claro, y con sugestivo perfil, un croquis rellenado de vida que acaba siendo la casa entera y completa. 

En El viejo y la tierra todo avanza con sumo talento narrativo y perfecta­ mente delineado a una espléndida sorpresa final, pero la esplendidez literaria y humana arranca ya desde las primeras líneas. Como debe ser.
Francisco Marcos Herrero demuestra ser con esta obra y con su conjunto quehacer novelístico un viejo conoce­dor de los seres humanos y un sabio dominador de la difícil y agreste tierra que toda novela es.

JOSÉ CAROL
(Novelista y crítico literario)

Nostalgias - Sentires de mi Pueblo -Don Argañaraz


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sábado, 25 de julio de 2026

✂ NOS QUIEREN ROBAR HASTA NUESTRA PROPIA MEMORIA Y BORRARNOS DE LA HISTORIA DE VENEZUELA Y DEL MUNDO

 

Refundaron la educación.
Construyeron un sistema paralelo de universidades y currículos donde el pensamiento crítico se sustituyó por adoctrinamiento, donde el título profesional se volvió una dádiva del modelo clientelar, no un logro académico.
  • A los que salimos nos llaman traidores.
  • A los que insisten en volver, “nunca volverán”
  • no como profecía, como amenaza.
  • Y a los que se quedan y disienten, los exilian, los persiguen, o los desaparecen.
Esto tiene nombre y se llama memoricidio: la destrucción deliberada de la memoria y el registro de un pueblo.
Nació para describir la quema de la biblioteca de Sarajevo. Las Naciones Unidas lo ha llegado a tratar como crimen contra la humanidad. Y así será tratado cuando llegue el momento.

A nosotros no nos incendiaron un edificio.
Nos reescribieron el rostro del Libertador, los textos escolares, el relato de quiénes somos y luego construyeron un imperio simbólico encima, donde solo cabe una versión de Venezuela: la de ellos. Una donde todos nosotros, sus víctimas no existimos, no contamos y por eso tratan vidas humanas con menos importancia que efectivo y “ caletas “ personales.

Hannah Arendt lo advirtió mejor que nadie: los regímenes totalitarios no solo necesitan controlar el presente; necesitan controlar el pasado, porque un pueblo que no recuerda con precisión no puede exigir con precisión.

Borrar la historia no es un daño colateral de estos gobiernos. Es la estrategia.
Por eso este carrusel no es solo información.
Es un acto de resistencia contra el olvido planificado.
Guarda estos datos. Compártelos. Cuéntaselos a quien no los sepa, sobre todo a los más jóvenes, a los que ya solo conocieron la Venezuela reescrita.
Cada vez que uno de nosotros recuerda con exactitud, ellos pierden un poco de ese imperio construido sobre nuestro silencio.
No nos van a borrar.
No mientras sigamos contando.

miércoles, 1 de julio de 2026

DISCURSO ÍNTEGRO DE GONZALO CELORIO, GANADOR DEL PREMIO CERVANTES 2025 Y PATRIOTA DEL HISPANISMO

Discurso íntegro de 
ganador del Premio Cervantes 2025
Nació en la ciudad de México. Estudió letras hispánicas en la UNAM. Es miembro de número de la Academia Mexicana, a la que ingresó en 1996. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores desde 1994. Como escritor ha incursionado en diversos géneros: ha publicado seis libros de ensayo: El surrealismo y lo real-maravilloso (1976), Tiempo cautivo. La Catedral de México (1982), Los subrayados son míos (1987), La épica sordina (1990), El alumno (1996) y México, ciudad de papel (1997); un libro de crónicas: Para la asistencia pública (1984); una novela: Amor propio (1992), publicada en España, México y Cuba, y traducida al italiano bajo el título Non chiamarmi Ramón; y, de “varia invención”, El viaje sedentario (1994), que, por su traducción al francés, se hizo acreedor en 1997 al Prix des Deux Océans que otorga el Festival de Biarritz.
En su lecho de muerte, mi padre quiso despedirse de cada uno de sus doce hijos. Mi madre nos fue llamando uno a uno por orden de aparición en este mundo. Soy el undécimo de su descendencia, pero fui el último en comparecer ante él. La familia había querido evitar que mi hermana menor -una niña todavía-, presenciara el fatal desenlace. Entré en su habitación. Se respiraba en la penumbra un aire enrarecido por los olores que despedían los medicamentos. Me acerqué a su cama. Le rocé su mano lánguida con mis dedos tartamudos. Abrió los ojos y me dijo, con su aliento de hepatitis y la voz seca:

- "Tú llegarás, hijo." Y agregó: "Si no puedes, yo te empujo".
Hoy llegué, papá, justamente hoy, 64 años después. Gracias.

Sus reales majestades, miembros del presídium, señoras y señores:

De reojo, Miguel de Cervantes vigila mi escritura desde la cabecera de mi escritorio.

Engolado: con la gola o gorguera, metonimia de su efigie, que le rodea el cuello y en la que parece descansar la cabeza, y el rostro grave, como convendría a una voz grandilocuente. Tal es la imagen del más célebre escritor que ha engendrado la lengua española en todos los tiempos de su historia milenaria y en todos los lugares del vasto territorio donde se habla. Así figura en las portadillas de los libros de su autoría, en los grabados que ilustran las historias de la literatura española y hasta en el estrado del auditorio principal de la Real Academia Española. Hay en esta imagen, por supuesto, cierta correspondencia con el autorretrato literario que Cervantes incluyó en el prólogo a las Novelas ejemplares, publicadas entre la primera y la segunda parte del Quijote: el rostro aguileño, la nariz corva, los bigotes grandes, las barbas de plata que un tiempo fueron de oro, la boca pequeña, la color viva, antes blanca que morena.... También la frente desembarazada, ¡cómo no, si ya ha parido nada menos que el Quijote! Pero no se echa de ver la alegría de los ojos, que deberían reflejar, con su brillo, el ingenio del escritor, que supera al de su personaje, calificado con el epíteto de ingenioso. El gesto adusto no le permite la sonrisa ni la risa y mucho menos la carcajada, que pondría al descubierto sus dientes molenques, mal concertados los unos con los otros, pero que daría constancia del humor que Cervantes despliega a lo largo de las muchas páginas de su novela. El poeta zamorano exiliado en México, León Felipe, dice que "el primero que se ríe de don Quijote es Cervantes" y, con la licencia que le concede su condición de poeta para trasladarse al momento mismo de la escritura de la obra, exclama: "¡Cuántas veces, en los primeros capítulos, la carcajada incoercible le hace parar la escritura!".

En alguna página memorable de Rayuela, Julio Cortázar dice que el sentido del humor ha cavado más túneles en la tierra que todas las lágrimas que se han derramado sobre ella. A través del humor, en buena medida derivado del discurso paródico que recorre el Quijote de principio a fin, Cervantes desvela la esencia de la condición humana, que se debate permanentemente entre el ideal inalcanzable y la cruda realidad, monda y lironda.

En uno de los prólogos de la edición conmemorativa del Quijote publicada por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, Mario Vargas Llosa destaca la importancia de la libertad en la obra cervantina. Y la libertad, según él, no es otra cosa que la soberanía del individuo frente a la autoridad, frente a "los desafueros que puede cometer el poder, todo poder".

Es natural el fervor con que Cervantes valora la libertad después de haber permanecido en cautiverio durante más de cinco años en Argel y de haber sufrido sucesivos encarcelamientos posteriores. Y lo es a tal grado, que la libertad, en su discurso, tiene predominio aun sobre la justicia, de la que su propia experiencia le hace recelar.

Pero la libertad que Cervantes exalta a lo largo de las páginas de su obra no se limita a la ponderación que de ella hace don Quijote incontables veces y a las acciones que emprende para defenderla. Es también una condición de su propia escritura novelística. La novela cervantina rompe con todas las ataduras que pudieran aprisionar el género. Alejo Carpentier dice que toda gran novela empieza por hacer exclamar a sus lectores: "¡Pero esto no es una novela!" Y así la han de haber considerado los lectores de su tiempo, desconcertados por la absoluta libertad literaria que Cervantes despliega capítulo a capítulo.

¿Qué es el Quijote? Es un libro de caballerías que parodia los libros de caballerías; una novela que no sólo presenta una amplísima gama de variantes narrativas, sino que alberga en su seno otros géneros literarios: la poesía, la prédica, la reflexión ensayística y hasta otras novelas subsidiarias y varias comedias de enredo escritas al margen de la dramaturgia, amén de la crítica literaria que su autor pone en práctica en los prólogos que él mismo se ve conminado a escribir a falta de quien estuviera dispuesto a redactarlos. Carlos Fuentes dice que "Cervantes unió todos los géneros literarios previos -épica, picaresca, novela de amor, relato pastoril, novela morisca- para crear un género de géneros abarcador, incluyente, en el que tuvieran cabida todos los sueños, la memoria, los deseos, las imaginaciones, las debilidades y las fortalezas del ser humano." Y considera que, con posterioridad al Quijote, "el género se fue adelgazando hasta llegar a la anorexia por una exigencia de pureza mal avenida con la impureza radical del género." Por fortuna, la novela ha podido recuperar en nuestros tiempos la impureza que le otorgó Cervantes. Es en sí misma un género sucio, que se nutre de la vida con todas sus aspiraciones, sí, pero también con todas sus lacras y sus inmundicias.

Lo paradójico es que el Quijote, que se insubordina a cualquier canon posible, establece al mismo tiempo el canon indiscutible de la literatura de nuestra lengua.

Podría decirse que cualquier experimento narrativo o cualquier intento de ruptura de la tradición en busca de la modernidad ya están prefigurados en el Quijote. Si el fundamento del canon cervantino no es otro que la insubordinación a todo canon y ese canon sigue vigente, la novela ha cifrado su originalidad y su valor en tal iconoclasia. Y no sólo porque admita la concurrencia de varios géneros en su seno, como ocurre en el Quijote, sino por su renuencia radical a ubicar los géneros literarios en compartimentos estancos.

En la llamada literatura del yo, ha tenido preeminencia la poesía lírica. El poeta habla de sí mismo y de sus ensoñaciones. Y a nadie le extrañaría que, en una circunstancia como esta, el poeta se refiriera a su propia poesía. Pero la literatura del yo también se ejerce en la prosa -en el ensayo, la novela, la memoria, que son los géneros, entremezclados hasta la promiscuidad, en los que mi voz ha querido perseverar. A mi propia obra habré de referirme en esta alta ocasión. También hubiera querido hablar de otros asuntos: del tardío advenimiento de la novela en América con El Periquillo Sarniento de José Joaquín Fernández de Lizardi, cuya publicación en 1816, cuando ya se ha iniciado la revolución de Independencia en México, le confiere al género literario su condición de género libertario preconizada por Cervantes; del proceso de desespañolización, según el impetuoso término acuñado por Ignacio Ramírez tras la independencia política de mi país, que pretendió articular una literatura propia en una lengua que inopinadamente se sintió ajena cuando, sin ella, ni México, ni ningún otro país hispanoamericano, habría podido configurar su nacionalidad; del retorno de las carabelas, como el escritor peruano Luis Alberto Sánchez llamó a la influencia del modernismo, encabezado por el nicaragüense Rubén Darío, en la Generación española del 98 y que podría aplicarse también a la riqueza narrativa del llamado boom de la novela latinoamericana, que repercutió significativamente en la literatura española de la transición democrática. Pero no. Sólo manifestaré, en esta mera enunciación de temas que me hubiera gustado desarrollar, que la nacionalidad mexicana no puede disociarse de la historia y de la cultura españolas, que le son inherentes. Con sus propias peculiaridades, en cierta medida derivadas de las culturas antiguas, en las que se ha intentado sobreponer la retrotopía del paraíso perdido, México es parte sustancial de lo que Carlos Fuentes denominó felizmente "el territorio de la Mancha"... Me limitaré entonces a hablar, con cierto pudorcillo desmañado, de mi propia obra literaria, porque es ella, a fin de cuentas, la que me ha traído hasta este paraninfo.

En principio, mis obras responden a los géneros del ensayo, la novela, la crónica o la memoria, como tradicionalmente se han denominado, pero ninguna de ellas se ha quedado encerrada en el sitio que la clasificación genérica les ha adjudicado. Mis presuntas novelas mucho tienen del centauro de los géneros, como Alfonso Reyes definió el ensayo por la concomitancia en su discurso de la inteligencia rectora y la imaginación bravía. Pero también hospedan en sus páginas la crónica, la confesión, la remembranza. Es el caso de las que integran la saga titulada, no sin ironía, Una familia ejemplar, a saber: Tres lindas cubanas, El metaly la escoria y Los apóstatas. Me concentraré en ellas porque en esa trilogía me parece que se articula lo que podría llamarse una poética narrativa.

Siempre había querido contar la historia de mis ancestros para conocer mis orígenes y conocerme a mí mismo, porque nadie sabe bien a bien quién es si no sabe de dónde viene. Por lo poco que conocía de mis antepasados próximos -y sobre todo por lo mucho que de sus historias me habían ocultado deliberadamente en casa-, intuí que sus vidas eran novelables, como bien mirada, cualquier vida lo es. Pero las suyas quizá todavía más por la dimensión histórica que fueron cobrando sus involuntarias hazañas.

Tan pronto empecé a averiguar por mi propia cuenta los pasajes más determinantes de sus biografías, advertí que casi todos ellos habían desempeñado, sin sospecharlo siquiera, un papel épico en el transcurso de sus días. Y esa condición épica, que en su momento adoptaron con naturalidad y sin conciencia, era susceptible de ser contada en clave novelística. Pensé que aquellas personas, convertidas en personajes merced al artificio de la literatura, podrían ser trascendentes no sólo para mí y los míos por tratarse de nuestra propia estirpe, sino para cualquier lector capaz de vivir como suyas sus convulsivas historias: historias de migración y de exilio; de bonanzas ubérrimas y latrocinios arteros; de vicios inconfesables y amnesias enajenantes; de obsesiones satánicas y luchas revolucionarias. Unos habían sufrido los trastornos generados por la Revolución mexicana o la Guerra civil española, otros habían abrazado la causa de le Revolución cubana o, proscritos por el nuevo régimen, habían tenido que emprender el camino de la diáspora. Alguno más había participado en la gesta de la Revolución sandinista que destapó una Nicaragua tan violentamente dulce, como la calificó Cortázar sin que la vida le hubiera dado la oportunidad de asistir a su conversión en una oprobiosa dictadura.

Durante mucho tiempo me di a la tarea de indagar sobre aquellas ramas que por razones puritanas habían sido podadas de mi árbol genealógico y por las que mi curiosidad infantil hubiera querido encaramarse.

A lo largo de los muchos años de escritura de la saga, la literatura se fue enseñoreando de la historia de mi familia hasta avasallarla por completo.

Liberado de las exigencias de la veracidad histórica, le di cabida a la imaginación literaria: modifiqué nombres, fechas, parentescos; suprimí de un plumazo personajes anodinos para la literatura por más que hubieran sido relevantes para la vida familiar, de igual manera que engendré otros que se desplazaron por mis páginas con la misma naturalidad que si hubieran transitado por la historia. La escritura se pobló de hipérboles, falacias, invenciones, lo que, paradójicamente, me permitió hacer calas más profundas en aquella historia original. 9 Porque la ficción puede llegar adonde la veracidad histórica se detiene como delante de un precipicio. Y es que la novela tiene la potencia de ampliar las escalas y las categorías de la realidad. No se limita a contar lo que los seres humanos hacen, dicen o piensan, sino que incorpora a su discurso lo que recuerdan, lo que imaginan, lo que sueñan... todo aquello que forma parte de su realidad, entendida en un sentido amplio e incluyente. Y al mismo tiempo, la realidad, ensanchada por la imaginación que la subvierte y por el verbo que la recrea, se despliega con mayor amplitud y se revela con mayor hondura.

En el proceso de escritura, les fui suministrando a mis novelas en ciernes los datos que había podido recabar a propósito de la historia ancestral de mi familia: documentos de toda índole -actas, testamentos, fotografías, recortes de periódicos y hasta recetarios de cocina. Consulté hemerotecas y archivos históricos, realicé viajes de estudio a varios países, entrevisté a decenas de testigos sobrevivientes, leí intrusivamente cartas que no estaban dirigidas a mí, profané diarios íntimos que habían hecho las veces de confesionarios... Y de manera milagrosa, la novela misma los fue procesando conforme yo escribía y acabó por devolvérmelos a mí, su autor, convertidos en un discurso que leí, sorprendido por las revelaciones que la novela misma me proporcionaba. Mis novelas me han dado a conocer sucesos pavorosos de los que yo no tenía noticia ni la más mínima sospecha antes de escribirlas: adulterios escondidos, homicidios encubiertos, abusos pederastas. Sí, la novela es el género indagatorio por excelencia. Y ejercerlo es una aventura de alto riesgo.

Nunca he adoptado ninguna consideración teórica previa a la escritura. Decía Maurice Blanchot que escribir una novela es como lanzarse al mar sin cera en los oídos y estar dispuesto a oír el canto de las sirenas. Puedo conocer el lugar del que zarpa mi embarcación, pero ignoro cuál puede ser mi puerto de llegada, si es que llego a puerto y no me quedo varado en medio del piélago, seducido y hechizado por alguna Circe que me retenga en una isla y me impida continuar la travesía.

Después de veinte años de navegación, por fin atraqué en la Ítaca de mis antepasados.

Yo no conocí a ninguno de mis cuatro abuelos. Pero sé que el padre de mi padre salió de un caserío llanisco de Asturias, a mediados del siglo XIX para "hacer las Américas" cuando apenas era un mozalbete de dieciséis años. Se estableció en México y al cabo de un tiempo de esfuerzos denodados y muchas privaciones, pudo casarse con una mujer mexicana con la que fundó la estirpe de la que procedo. Gracias a la novela que escribí sobre los avatares de su historia, lo conozco mejor que si lo hubiera conocido en vida.

Mi abuela materna nació en La Habana cuando Cuba, "La Perla de las Antillas", era todavía una de las provincias españolas de ultramar. Se dice que ella bordó la estrella de la primera bandera cubana de su incipiente y malhadada independencia. En la novela que escribí sobre 11 sus tres hijas -una de ellas, mi madre- no quise dar cuenta de aquel memorable episodio. Habría ido en detrimento de la credibilidad. De la misma manera que la literatura me permite contar como verdadero lo que no ocurrió, aunque hubiera podido ocurrir, me desaconseja relatar como verdad lo que, habiendo sucedido, no pasa la criba de la verosimilitud literaria.

A pesar de sus muchas ocupaciones, mi madre siempre encontró tiempo para leer novelas. Tanto disfrutaba la lectura, que una vez, cuando un hermano mío estuvo debatiéndose entre la vida y la muerte a causa de una feroz peritonitis, le prometió a la Virgen del Perpetuo Socorro, de la que era devota, que dejaría de leer novelas durante cinco años, si lo salvaba. Ese era el mayor sacrificio que podía ofrecer. Mi hermano sobrevivió y ella cumplió su promesa con religiosa disciplina. Al cabo de cinco años pudo recuperar lo que más le deleitaba, su enorme gusto por leer novelas. A destiempo la comprendo, aunque yo no tenga su fe ni tendría el arrojo de hacer tamaño sacrificio.

Mi padre le escribió una carta de amor a mi madre todos los días, aunque ambos estuvieran en casa. Todavía lo puedo ver, sentado en su escritorio, escribiendo sus cartas cotidianas, rumiando sus nostalgias e inventando artilugios que nunca alcanzarían la bendición de la patente o que ya eran moneda de uso corriente en otras partes y aun en otros tiempos sin que él se hubiera enterado siquiera. Igual que yo ahora, que me paso la vida, sentado en mi escritorio, con los pies metidos debajo de las patas delanteras de la silla para no caer en la tentación de levantarme y abandonar la tarea, escribiendo lo que acaso, sin yo saberlo, ya escribieron otros.

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Miguel, mi hermano mayor, que me llevaba 22 años, los mismos que le llevo yo a mi primogénito, me adoptó como hijo suyo cuando yo era niño, para contrarrestar la senectud de mi padre. Algunas tardes me invitaba a su habitación, que era menos un dormitorio que una biblioteca, y me hacía aprender de memoria frases rimbombantes que tendría que decir en voz alta cuando llegara a casa alguna novia suya. Entonces me tomaba de los codos, me subía a la mesa del comedor y me preguntaba con un guiño de complicidad: Gonzalo, ¿hasta dónde me quieres? Y yo le respondía delante de la novia, te quiero más allá de la Cólquida donde Jasón y los argonautas buscaron el vellocino de oro; te quiero hasta la más lejana estrella de la Vía Láctea, te quiero hasta el último confín del universo. Yo, por supuesto, no sabía quién era el tal Jasón, ni qué era la Vía Lactea ni qué significaba la palabra confín. Pero mis respuestas suscitaban el aplauso de la pequeña concurrencia y me otorgaban una singularidad en esa familia regida por el precepto equitativo de mi madre con el que gobernaba a su prolífica descendencia: "todos mis hijos son iguales." La novia quedaba seducida y yo, diferenciado de todos mis hermanos. Creo haber sabido desde entonces que en la palabra se cifraba mi destino.

He dedicado toda mi vida a la palabra. Como escritor que acaso habla más de lo que lee que de lo que vive; como profesor que no ha tenido mayor placer que contagiar el entusiasmo por la literatura a las muchas generaciones de alumnos que han pasado por sus aulas; como "aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles" que ha formado una generosa biblioteca con los libros que ha podido adquirir o trasegar desde cada uno de los países por los que ha viajado; como académico de la lengua enamorado del organismo vivo y cambiante que estudian él y sus colegas; como editor que ha tenido el privilegio de convertir un manuscrito en un libro vivo y circulante como la sangre. Por eso, cuando alguien me pregunta que cuál es la palabra que más me gusta de la lengua española, le respondo que la palabra que más me gusta de la lengua de Cervantes es la palabra palabra.



Una narración deslumbrante que logra reconstruir con las armas de la literatura el itinerario de una familia que encarna como pocas la historia reciente de México.
En 1874, Emeterio decide emigrar a México en busca de fortuna, y se despide de sus padres en una perdida aldea de Asturias. En México, su trayectoria le llevará de mozo de tienda, que duerme bajo el mostrador, a dueño de un emporio de establecimientos de bebidas alcohólicas. Pero sus esfuerzos exitosos en los negocios no se verán recompensados por la labor de sus hijos, que despilfarrarán la fortuna en una vida disipada con continuos viajes a Madrid, ni por sus hijas, condenadas a un papel secundario en una sociedad machista. Cuando uno de sus nietos, en la tercera generación, retome la iniciativa económica tendrá que enfrentarse con una amenaza inesperada y devastadora: la pérdida de la memoria.

EVERNESS

Solo una cosa no hay, es el olvido. 
Dios, que salva el metal, salva la escoria 
y cifra en Su profética memoria 
las lunas que serán y las que han sido. 

Ya todo está. Los miles de reflejos 
que entre los dos crepúsculos del día 
tu rostro fue dejando en los espejos 
y los que irá dejando todavía. 

Y todo es una parte del diverso 
cristal de esa memoria, el universo; 
no tienen fin sus arduos corredores 

y las puertas se cierran a tu paso; 
solo del otro lado del ocaso 
verás los Arquetipos y Esplendores. 

Jorge Luis Borges 

La vida no ha terminado: todavía hay 
esperanzas para el olvido. 

Juan Carlos Onetti, La vida breve