EL Rincón de Yanka: CACIQUISMO

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martes, 25 de agosto de 2026

LIBRO "UN PACTO CON EL DIABLO": Los orígenes del liberalismo venezolano por Elías Pino Iturrieta 👿👥💥💀


UN PACTO CON EL DIABLO
Los orígenes del liberalismo venezolano


Un pacto con el diablo. Los orígenes del liberalismo venezolano, constituye un penetrante y necesario ensayo, en el cual Elías Pino Iturrieta vuelve la mirada hacia los años fundacionales de la república venezolana para explorar un momento decisivo: el intento temprano -y frustrado- de instaurar una política civil inspirada en los principios del liberalismo. A través de una lectura crítica de * las Epístolas Catilinarias (1835) de Francisco Javier Yanes, el autor recupera una voz precoz que ya advertía sobre los riesgos de una república sin bases sólidas, expuesta a la inestabilidad, a la personalización del poder y a la ausencia de una ciudadanía activa.

Un pacto con el diablo. Los orígenes del liberalismo venezolano, nos acerca a la fragilidad que marcó el nacimiento del ideal republicano, donde la guerra, la incertidumbre y la falta de instituciones crearon un terreno movedizo sobre el cual se intentó levantar el proyecto. Las tensiones entre el ideal civil y las prácticas autoritarias minaron desde temprano esa promesa. Así, el liberalismo venezolano surgió en disputa, cercado por la desconfianza, las urgencias del mando y la escasa tradición de deliberación ciudadana.
Este libro no es solo una indagación histórica, sino también una advertencia. En tiempos en que el debate público se reduce y el futuro de la república vuelve a parecer incierto, la pregunta por sus orígenes cobra una nueva urgencia: ¿es posible imaginar una república distinta?

* Las Epístolas Catilinarias fueron escritas por Francisco Javier Yanes en 1835 para criticar las revoluciones y golpes de estado en Venezuela durante las primeras guerras civiles. El fragmento presentado critica la inestabilidad política causada por los caudillos que buscaban el poder y los empleos públicos usando pretextos como las reformas. El autor argumenta que esta inestabilidad dañaría la reputación y economía de Venezuela y desalentaría a los extranjeros a invertir en el país.
Epístolas Catilinarias, escritas por Francisco Javier Yanes, hijo (1806 – 1848). Por muchos años se pensó, erróneamente, que el autor de estos textos era Juan Vicente González, pero el escritor e investigador Pedro Grases descubrió su verdadero autor.

Fragmento:

Ningún país del mundo ha pagado con más profusión los servicios que se le han hecho, que el nuestro; pero la corrupción, la disipación, han dejado a muchos de ellos en una situación de que ahora no encuentran otro modo de libertarse que haciendo revoluciones a costa del propietario honrado. Las ideas de Bolívar no son más que un pretexto: la comodidad de vivir de empleos es el verdadero móvil. (…) Una revolución. Este es el modo de vivir más conocido en nuestro país. El pretexto que más puede alucinar es el de las reformas (…). Se dará una nueva Constitución que sin duda será vista con desprecio por los pueblos que todos los años están jurando constituciones, se inspirará el desaliento, se acarrearán males infinitos, pero este desaliento y estos males convienen a nuestras miras. Colóquese por fin en la presidencia al hombre que nos dé empleos, y esto nos basta, proclamemos reformas. (…) El descrédito internacional en que va a caer Venezuela (…) es un mal tan evidente como fatal por sus resultados. Nosotros gozábamos ya de una reputación honrosa (…) era un cuadro verdaderamente halagüeño para todos (…)
Yo no abandonaré mi patria, dirá con razón un extranjero, para transportar mi capital a un país en que de un día para otro las personas y propiedades se encuentran a merced de una facción; en que los soldados pagados y mantenidos por el pueblo para que sean custodios de su seguridad, conviertan las armas que él puso en sus manos en instrumentos de opresión (…) y en que los mismos agentes del gobierno, burlando sus juramentos, (…) conspiran contra su propia existencia. Yo me guardaré bien de habitar una tierra en que a cada momento se invoca el derecho sagrado de la insurrección, y en que la impunidad de todo crimen se ha erigido en sistema. (Fragmentos, 1835).

Las Epístolas Catilinarias fueron escritas en el contexto de las primeras guerras civiles (1835). Los sucesivos golpes de estado y la lucha de los caudillos por el poder movieron a este intelectual a escribir estas cartas que han tenido gran influencia en la historia y literatura venezolana. Sus principales características son:

1. Se puede observar que el verbo de esta carta está inflamado de emociones por lo que el discurso tiene carácter subjetivo.
2. El autor trata de demostrar su posición con argumentos lo que le confiere propiedades de texto ensayístico.
3. Se observa la presencia de la primera persona lo que muestra la empatía con la situación planteada.

 
"Venezuela es una hechura militar": Elías Pino Iturrieta y la trampa de la República

VER+:




martes, 23 de junio de 2026

LIBRO Y PELÍCULA "PAÍS PORTÁTIL" 💼💻 por ADRIANO GONZÁLEZ LEÓN, e IVÁN FEO y ANTONIO LLERANDI, RESPECTIVAMENTE

 

Un País Portátil (1968), Adriano González León retrata a Andrés Barazarte, un joven que carga no solo un arma, sino también la memoria de un país marcado por la violencia y las heridas de su historia. La novela muestra cómo la fractura social y política de Venezuela no empezó ni terminó con un régimen, sino que es una herencia que todos llevamos a cuestas: un “país portátil”.

País Portátil es una película Venezolana dirigida por Iván Feo, Antonio Llerandi que está basada en la novela del mismo nombre, del escritor Adriano González León, cuya temática está inspirada en su personaje central, Andrés Barazarte, que es un estudiante de derecho de la Universidad central de Venezuela en los convulsionados años 70 y que se involucra en las guerrillas urbanas de esos años. Pero Andrés Barazarte es mucho más que eso, él pertenece a una familia con tradición guerrera que comienza con su tatarabuelo el General Doctor Epifanio Barazarte, terrateniente que posee una gran hacienda de café en Trujillo en los andes venezolanos y que a finales del siglo XIX participa en varios alzamientos militares a favor del partido liberal y así mediante la guerra y pactos políticos llega a ser presidente de su estado.

Esta película tiene una característica muy importante que es que se desarrolla interpolando épocas distintas de la historia de Venezuela y la vida de la familia Barazarte en paralelo para mostrar varias épocas de la historia del país y explicar de alguna forma que desde que terminó la guerra de independencia en nuestro país nunca hemos podido disfrutar de una verdadera paz ya que siempre hay facciones o grupos descontentos con el estado de cosas que ocurren políticamente y quieren demostrar cada uno mediante la fuerza que tienen la razón. 
En lo personal considero que más que nunca esta película está vigente y que vale la pena volverla a ver y de ser posible leer la novela.

¿SOMOS UN PAÍS PORTÁTIL?

Isabel Pereira

Acudí a releer al magnífico escritor Adriano González León, quien legó una novela clave para entender a Venezuela "País Portátil". Allí muestra que nunca logramos sembrar instituciones garantes de derechos humanos, y menos el vislumbre de una esperanza en la construcción del futuro. En País Portátil, las verdades amargas no deben ser desechadas, la primera refiere a las grandes decisiones políticas, la reflexión sobre el reparto de poder en los inicios de la democracia. La decisión primera de nuestro naciente liderazgo civil giraba en torno a quién era el sujeto del poder después de la derrota del caudillismo en el siglo XIX y de la “aparente” desaparición del militarismo en el siglo XX. Lejos aún de los descubrimientos de Tocqueville en la democracia americana cuando afirmaba que en ese territorio donde priva el dogma de la soberanía del pueblo, cada individuo constituye una parte igual de esa soberanía y participa igualmente en el gobierno del Estado.

La decisión antes de 1958 era contundente, o nos inclinábamos por una sociedad que fortaleciera las personas, la responsabilidad individual, el Estado de Derecho y la libertad, o decidíamos armar un poderoso guardián que presuntamente podría garantizar que los derechos pautados en la Constitución fuesen respetados. Aquí ocurre el momento de quiebre, la gran decisión, optamos por ceder a una Institución “Estado” el poder de cancerbero y propietario, basado en las amargas experiencias posindependentistas, la guerra incesante de caudillos (más de 93 asonadas en un solo año), la falsa creencia que este era el mejor camino para erradicar las atrocidades de las dictaduras militares o las ambiciones oligárquica de ciertos grupos inescrupulosos. Cómo el ánimo de estos primeros líderes de la democracia era alcanzar el bienestar del pueblo, imponer la justicia para todos y evitar el renacimiento de pretensiones dictatoriales, se depositaron todas las esperanzas en ese Estado, institución que paralelamente a la modernización y urbanización del país encarnaría un camino incesante de concentración de poder político, hijo legítimo del gran propietario de la riqueza nacional.

La concentración de poder en el Estado y más propiamente en el Poder Ejecutivo fue el principio de diseño de la nación Venezuela, totalmente respaldado por las disposiciones jurídicas contenidas en las Constituciones vigentes.

Si el poder del Estado crecía, el poder del ciudadano decrecía. La responsabilidad ciudadana era un reclamo sin fuerzas, no el motor que movía la gestión, la administración y el orden del país. El resto de las instituciones, legislativas y judiciales simplemente se subordinaron a la existencia de un poder central cada vez más fuerte. Allí está la clave del País Portátil, ser sólo aquello que el poder central decide, no hay otra esperanza que acercarse a la centrífuga de esa enorme maquinaria de poder. Las posiciones divergentes se anclaron en utopías, como vivió el personaje Andrés Barazarte, promotor de la lucha de clases, motor de la historia, de la dictadura de un proletariado inexistente porque la economía dependía de los ingresos del petróleo y no del esfuerzo de emprendedores y trabajadores. Crecer, inventar, educarse, emprender, no fueron nunca los grandes desafíos. El tema era poder entrar en la vorágine del reparto nacida desde el corazón de la bestia, el Estado central. Por supuesto, en esta secuencia no es descabellado pensar que alguna vez ese Estado podría ser tomado por aquellos que escondían sus ambiciones tras la consigna de lograr una mayor suma de felicidad para todos. Si todo el poder lo tenía el Estado nada impedía saltar hacia el socialismo, la vieja utopía. Y el País Portátil así lo hizo, su carga institucional era muy débil en favor de la libertad, el mercado y la responsabilidad individual.
Hoy, varias décadas después, entre ruinas, con gente emigrando despavorida, el mayor éxodo del mundo. Cuatro veces superior a los que huyeron de Cuba aterrorizados por Fidel Castro y el Che, quienes eliminaron directamente a más de mil personas, hasta el País Portátil se volvió escombros. Todavía hoy Diaz-Canel sostiene que su principal objetivo en Cuba es luchar contra el capitalismo y la economía de mercado. Creo que le bastaría dar una ojeada a los resultados de su revolución para cambiar los propósitos.
Sin embargo, Dios aprieta, pero no ahoga y renace la oportunidad. El País Portátil no logró construir las instituciones que garantizan la libertad, pero enseñó que la utopía socialista es un camino a la servidumbre apoyado en las armas, antípodas de la libertad humana. Hoy es posible fortalecer el espíritu del ciudadano que decide, ejerce poder y lo vigila, crear instituciones al servicio de sus aspiraciones de un desarrollo humano anhelante de libertad.

Hoy como ayer tenemos una gran tarea construir nuestro basamento institucional entendiendo que estas entidades son como las define Douglas North: “Instituciones como reglas del juego (formales o informales) y los medios disponibles para su aplicación”. Esta definición diferencia “instituciones” (reglas y medios para aplicarlas) de “organizaciones”.

En este camino metodológico en el año 2012 Daron Acemoğlu y James Robinson publican, según los comentaristas una obra que ha conmovido a los analistas políticos y sociales, el título: ¿Por qué fracasan los países? A partir de un análisis de las instituciones en diferentes espacios y tiempos, logran determinar las causas del fracaso. Los autores de este texto según los comentaristas defienden una idea muy original “Existe una mayor probabilidad de que los países desarrollen instituciones adecuadas cuando tienen sistemas políticos plurales y abiertos, con competencia entre los candidatos a escoger cargos políticos y un amplio electorado con capacidad de apostar por nuevos líderes políticos. 
Un concepto que enlaza las instituciones políticas y económicas. Afirman que instituciones políticas con voluntad integradora que apoyan instituciones económicas con carácter inclusivo resultan claves para una prosperidad sostenida. Nos quedan grabadas las imágenes del texto de Acemoglu y Robinson. La diferencia entre dos pueblos situados en la misma localización geográfica “las luces en Corea del Sur y la oscuridad en Corea del Norte” o el caso de Nogales en México y Nogales en Estados Unidos, separados sólo por una valla, pero con indicadores económicos totalmente diferenciados, favorables al pedazo de Estados Unidos y negativos para México.

La gran tarea es transformar ese Estado –aún vivo- y esas reglas de juego que niegan la existencia de instituciones integradoras que han presidido nuestra realidad sociopolítica. Que decida el espíritu, la razón y no el poder aniquilador de la fuerza. Si estamos de acuerdo en superar el País Portátil tenemos la oportunidad de decidir por ello.

País Portátil, Film de Iván Feo y Antonio Llerandi (1979)

lunes, 20 de abril de 2026

LOS PRODUCTOS BONOS BASURA O TÓXICOS PREFERENTES FINANCIEROS (HIPOTECAS SUBPRIME) DE LA BASURA DE LOS POLÍTICOS DE MIERDA 🏦💩 EN GALICIA Y EN ESPAÑA


LOS PRODUCTOS BASURA 
DE LA BASURA DE LOS POLÍTICOS DE MIERDA
🏦💩

ME HAN ELIMINADO ENTRADAS 
EN MI BLOG Y EN MIS REDES 
SOBRE EL TEMA DE 
LAS CAJAS DE AHORRO. 
Y EN INTERNET, NO APARECE NADA...
El periodo de crisis financiera y la comercialización de productos financieros complejos y de alto riesgo a clientes minoristas, un fenómeno conocido comúnmente como la comercialización de preferentes y deuda subordinada, considerados activos "basura" o de alto riesgo por su complejidad y falta de liquidez.
Aquí están los puntos clave basados en la información histórica:

Comercialización de productos de riesgo: La entidad, antes de su integración en Novagalicia Banco y su posterior quiebra, comercializó masivamente participaciones preferentes y deuda subordinada a pequeños ahorradores, muchos de los cuales no tenían perfil inversor para este tipo de productos.
Consecuencias y estafa: Estas prácticas llevaron a denuncias por parte de sindicatos (como la CIG) y asociaciones de consumidores, acusando a exdirectivos de la entidad (como José Luis Méndez y Mauro Varela) de estafa y administración desleal, alegando una estrategia para ocultar la situación real de insolvencia de la caja.

Quiebra y saneamiento: Caixa Galicia (integrada en NCG) quebró y tuvo que ser intervenida, resultando en pérdidas millonarias para los contribuyentes (8.000 millones de euros) y en la venta de la entidad al grupo venezolano Banesco por 1.003 millones en 2013.
Situación actual: Tras la reestructuración bancaria, el grupo resultante fue adquirido y el banco original de Caixa Galicia desapareció. Actualmente, las referencias a CaixaBank y "residuos" son de carácter ambiental, enfocadas en programas de recogida de basura en entornos naturales.
En resumen, el concepto de "productos basura" aplicado a Caixa Galicia se refiere a la venta de productos financieros tóxicos que resultaron en la pérdida de ahorros de miles de clientes.


El juez cuestiona la fusión, impulsada por la Xunta 
y que costó al Estado 8.000 millones €s

La sala de lo Penal de la Audiencia Nacional afirma en un auto del pasado día 1 que las ayudas públicas que en 2010 recibió la fusión de las cajas gallegas, que ascendieron a 9.000 millones de euros, fueron motivadas por “la situación económica financiera en la que se encontraba Caixa Galicia antes de la fusión”. “CaixaNova nunca habría sido intervenida si no se hubiera visto obligada a fusionarse con Caixa Galicia, dando lugar a NovaCaixaGalicia (NCG)”, añade.
El auto que citas, dictado el 1 de octubre de 2020 por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, constituye un documento clave para entender el colapso del sistema financiero gallego. En esta resolución, la justicia establece una distinción clara entre la salud financiera de las dos entidades originales antes de su unión forzosa.

A continuación, se detallan los puntos fundamentales que recoge el auto y el contexto de este rescate:

Conclusiones de la Audiencia Nacional

Culpa de Caixa Galicia: El tribunal afirma que la situación de insolvencia de Caixa Galicia fue la que arrastró a la nueva entidad y motivó el uso de fondos públicos.
Viabilidad de Caixanova: Según el auto, Caixanova era una entidad viable que "nunca habría sido intervenida" de no haber sido obligada a fusionarse.
Fusión Política: Se señala que la fusión fue una decisión impulsada por la Xunta de Galicia y avalada por el Banco de España para evitar la quiebra inminente de Caixa Galicia.
Inyección de capital: La intervención del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) se debió exclusivamente a los riesgos generados por el balance de la caja con sede en La Coruña.

Impacto Económico del Rescate

La cronología del coste para el contribuyente se resume en estas cifras: 
Inyección total: El Estado inyectó aproximadamente 9.000 millones de euros para sanear la entidad resultante (NovaCaixaGalicia).
Venta a Banesco: En 2013, la entidad (ya convertida en NCG Banco) fue vendida al grupo venezolano Banesco por 1.003 millones de euros, dando origen a lo que hoy es ABANCA.
Pérdida neta: El Estado dio por perdidos unos 8.000 millones de euros de dinero público tras la operación.

Consecuencias Judiciales

El auto supuso un giro en las responsabilidades legales, ya que: 
Inhibición del caso: La Audiencia Nacional se inhibió en favor de la Audiencia Provincial de Pontevedra para juzgar operaciones específicas de inversión.
Crítica a la gestión: Subrayó que los riesgos asumidos por Caixa Galicia en el sector inmobiliario fueron determinantes para el "derrumbe" de la caja única gallega.
Dato clave: La Audiencia destacó que las inversiones de Caixanova que estaban bajo sospecha (como una operación en Cangas) solo representaban el 4% de sus recursos propios y no comprometían su viabilidad.

Cómo las CAJAS de ahorro ARRUINARON ESPAÑA - VisualEconomik

MÁS ALLÁ DEL CRASH por SANTIAGO NIÑO BECERRA


LA GRAN ESTAFA 
DE LAS PREFERENTES
Abusos e impunidad de la banca durante 
la crisis financiera en España


El libro pone al descubierto las estrechas vinculaciones entre los abusos bancarios y las características del actual sistema financiero. El libro profundiza en los problemas de la asimetría de la información que preside las relaciones entre bancos y ciudadanos que se encuentran en una clara posición de inferioridad. Los bancos han incumplido masivamente la legislación de protección de los usuarios, entre los que figuraban ancianos, analfabetos, menores y enfermos de Alzheimer. El relato destaca las multitudinarias movilizaciones que fueron determinantes para que muchas personas pudieran recuperar sus ahorros. Las protestas propiciaron la concienciación de los jueces, que han dictado decenas de miles de sentencias condenatorias de los bancos, un acontecimiento sin precedentes en España.
La historia nunca contada sobre el mayor escándalo financiero español Alternativas Económicas edita La gran estafa de las preferentes, de Andreu Missé.

• Las duras quitas impuestas a los clientes atrapados, de hasta el 70% de lo invertido, se aplicaron en España sin una base legal europea específica.
• Las preferentes fueron empleadas por los bancos y cajas españoles como un instrumento de capitalización más barato al eludir el pago de impuestos entre 1998 y 2003. Durante este periodo captaron más de 18.000 millones de euros.
• La legalización de las preferentes se realizó tras una amnistía fiscal en 2003.
• Las pérdidas de los preferentistas redujeron la factura del rescate bancario español en más de 15.000 millones de euros.
• Sólo la presión de las protestas de los afectados mitigó el alcance de las pérdidas.
• Los jueces de lo civil dan la razón a los clientes engañados con decenas de miles de sentencias contra la banca mientras continúa la investigación penal. Barcelona, 7 de septiembre.
La gran estafa de las preferentes, cuyo autor es el periodista Andreu Missé, desvela el papel determinante de los abusos y malas prácticas de la banca durante la gestación, el estallido y los intentos de reparación de la crisis financiera en España.

Las duras quitas impuestas a los clientes atrapados, de hasta el 70% de lo invertido, se aplicaron en España sin una base legal europea que lo permitiera de manera específica, según la investigación periodística de Missé. Los ahorradores españoles se convirtieron de este modo en conejillos de indias sobre los que la Unión Europea asentó en 2012 una nueva doctrina de que los preferentistas participaran, además de los contribuyentes, en el rescate del sector financiero. 
El Gobierno español cedió a las presiones y no defendió lo suficiente a los afectados a sabiendas de que la comercialización de un producto de elevado riesgo se había realizado como si se tratara de un depósito. 

Resultado de ello fue una factura menos costosa del rescate bancario español que ya ha consumido 94.755 millones de ayudas directas de capital. La experiencia española sirvió de base para elaborar la nueva legislación europea a partir de 2013 que no entró en vigor con todos sus efectos hasta 2016. Las multas impuestas a las entidades financieras españolas por estas prácticas abusivas son irrisorias, pues apenas han alcanzado los diez millones de euros en los caso más elevados. 

Mientras que los diez principales bancos de Estados Unidos y Europa que han incurrido en prácticas abusivas han pagado multas que en su conjunto superan los 150.000 millones de dólares. El trabajo de Andreu Missé, director de AlterEco, ha durado más de dos años y maneja una cantidad ingente de documentación y de fuentes informativas, además de retratar decenas de perjudicados que evidencian el engaño. Los perfiles de afectados convierten el libro en lo que el autor define como “una crónica sobre los perdedores de la crisis”. 

La gran estafa de las preferentes ahonda en los orígenes en paraísos fiscales de este producto maldito, que fue empleado por bancos y cajas como un instrumento de capitalización de bajo coste, eludiendo el pago de impuestos. Entre 1998 y 2003 captaron una inversión superior a los 18.000 millones de euros. El pionero en esta práctica fue el antiguo BBV y Bankia ha sido la entidad que ha tenido un mayor número de afectados.

El trabajo expone a su vez la amnistía fiscal que resultó de la legalización de las preferentes hace trece años en España, capitaneada por el ex vicepresidente económico Rodrigo Rato y el entonces secretario de Estado de Economía y hoy ministro Luis De Guindos; se detiene en la popularización de las preferentes entre particulares convencidos de que sus ahorros estaban seguros cuando los inversores profesionales ya habían huido de un producto de alto riesgo entre tibias advertencias del supervisor; y, sobre todo, destaca las elevadas pérdidas impuestas por la UE y el Gobierno a los ahorradores españoles, que fueron más allá de lo previsto en el marco legal vigente en la Unión Europea. 

El libro atribuye a las incansables protestas de los afectados, y no a la actuación de las autoridades, la respuesta que finalmente empezaron a dar bancos y cajas al problema, que no evitaron importantes pérdidas ni lograron recuperación inmediata del dinero. La solución del arbitraje, controlado en todo momento por la banca, resolvió el problema a un número importante de perjudicados per dejó a más de 125.000 excluidos de este mecanismo. 

El autor destaca el rol clave desempeñado por los jueces de lo civil con decenas de miles de sentencias condenatorias a las entidades financieras en un escándalo que ha llegado a colapsar los juzgados y tras el que la banca española ha acabado inspirando la peor valoración ciudadana de un país europeo, sólo por detrás de la irlandesa. Varias investigaciones judiciales en la vía penal siguen abiertas.


Presentación del libro: La gran estafa de las preferentes, de Andreu Missé

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Los ciudadanos del mundo entero vivimos con inquietud la grave situación económica de nuestros días. Entre esperanzados y desconfiados, oímos las buenas palabras y los anuncios de planes salvadores con que nos bombardean nuestros gobernantes. Pero, mas que frases de aliento y anuncios de milagros que no se cumplen, lo que deseamos es saber la verdad, encontrar respuestas fiables a las preguntas que todos nos formulamos: 
¿Cuál es el origen de la actual situación económica? ¿Se trata de una crisis más, de efectos pasajeros? ¿Ha estallado la crisis, o estamos todavía en sus prolegómenos? ¿Cuál podría ser su alcance? ¿Tiene remedio? 
Santiago Niño Becerra alertó hace tiempo de que los años de vacas gordas estaban llamados a terminar, y advirtió que esta vez íbamos a enfrentarnos a una crisis verdaderamente profunda, a una crisis sistémica, que conduciría a un inevitable y necesario cambio, pues el capitalismo está agotándose. 
En El crash del 2010 desarrolla y profundiza su análisis de la situación, y ofrece respuesta a todas esas preguntas. 
Se trata de una obra valiente, clara y contundente. La crisis no ha empezado todavía, estallará con toda su crudeza en el 2010, y será larga y muy dura, sobre todo en algunos países, como España. Lo dice uno de los pocos expertos mundiales que, en los momentos de plena euforia, se atrevieron a anunciar lo que ahora apenas comenzamos a intuir.




La crisis de las hipotecas "subprime" fue una crisis financiera por desconfianza crediticia que se extendió inicialmente por los mercados financieros de Estados Unidos y fue la alarma que puso en el punto de mira a las hipotecas «basura» de Europa desde el verano de 2007, evidenciándose al verano siguiente con la crisis financiera de 2008. Generalmente, se considera el detonante de la Gran Recesión en el plano internacional, incluyendo la burbuja inmobiliaria en España.
La crisis hipotecaria, hasta octubre de 2008, se había saldado con numerosas quiebras financieras, nacionalizaciones bancarias, constantes intervenciones de los bancos centrales de las principales economías desarrolladas, profundos descensos en las cotizaciones bursátiles y un deterioro de la economía global real que ha supuesto la entrada en recesión de algunas de las economías más industrializadas.


sábado, 18 de abril de 2026

LA CAJA: EL EXPOLIO PERFECTO SIN CULPABLES, SOLO TESTIGOS DISTRAÍDOS EN LA ESPAÑA DE LA OLIGARQUÍA PARTIDOCRÁTICA DE M... 👥🏦💼💩💰


La Caja

La Caja es el núcleo narrativo de Vidas Paralelas: un relato de ficción construido sobre experiencias reales y documentación verificable.
En esta historia se cruzan política y poder, ambición y corrupción, lealtad y traición. Pero no se cuentan desde fuera.
Aquí se narra cómo se vivieron desde dentro decisiones que alteraron trayectorias personales e institucionales y que dejaron una huella colectiva.
Su eje es el libro. Lo acompañan los personajes, las pruebas documentales y su posible traducción al lenguaje cinematográfico.
Es el reverso íntimo de un escándalo público.

Aquí se desarrolla la historia, en forma de relato, de quien la vivió desde dentro.
David narra en primera persona cómo se entrelazan ambición política y financiera, dinámicas de corrupción y el deterioro paralelo de una vida personal que no logra mantenerse al margen de lo que sucede alrededor.
El relato alterna episodios íntimos y hechos públicos, siguiendo la lógica interna de lo vivido. No es una crónica periodística ni una autobiografía literal, sino una reconstrucción narrativa que busca comprender, no justificar.
Es la columna vertebral de La Caja: el eje sobre el que se articulan los personajes, las pruebas documentales y su posible traducción al lenguaje cinematográfico.

Introducción

El expolio perfecto no necesita culpables, 
solo testigos distraídos

Junio de 2025
  • Entre 2010 y 2020, el 51 % del sistema financiero español se esfuma sin dejar rastro y… ¡No pasó nada!
  • Las cajas de ahorros nacieron en España hace más de tres siglos.
  • No se parecían a los bancos comerciales. Eran entidades con vocación social.
  • Su misión: custodiar pequeños ahorros y conceder préstamos con intereses bajos a familias humildes y pequeños emprendedores.
  • Representaban seguridad, estabilidad y servicio público. No perseguían beneficios privados.
  • Su imagen era la de instituciones serias, solventes, arraigadas en lo local y gestionadas con honestidad.
  • En 1985 se promulgó una nueva Ley de Cajas con la intención de “modernizar su concepto y dotarlas de un marco legal acorde con las nuevas realidades”.
  • En la práctica, fue el inicio de su desmantelamiento ético, la puerta de entrada a su desnaturalización.
  • La ley permitió la entrada de partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales en sus órganos de gobierno.
  • A partir de entonces, muchas cajas se convirtieron en herramientas de poder, corrupción y clientelismo.
  • Se ocuparon cargos sin criterio técnico ni profesional.
  • Comenzaron operaciones de riesgo sin control ni rendición de cuentas.
  • Las decisiones dejaron de responder al interés del ahorrador. Primaba el interés del político, del constructor, del amigo… o del familiar.
  • La práctica totalidad de las cajas (más de 50) quedaron atrapadas en una estructura paralela de poder financiero bajo apariencia legal.
  • En 2008 estalla la crisis financiera global.
  • Las cajas de ahorros, que representaban más del 50 % del sistema financiero español, estaban estructuralmente debilitadas. Contablemente eran un castillo de naipes.
  • El Estado organiza un rescate de más de 70.000 millones de euros. Dinero público. Dinero de todos.
  • Ese dinero nunca se recuperó, ni se exigió.
  • A pesar del rescate, muchas cajas quebraron. Otras se fusionaron sin transparencia. Se socializaron las pérdidas. Se blindaron los culpables.
  • La más emblemática: Caja Madrid.
  • Convertida más tarde en Bankia, fue el epicentro del fraude, el símbolo de la impunidad.
  • Cientos de miles de pequeños ahorradores lo perdieron todo o casi todo.
▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄▄

Y sí,
a pesar del rescate,
a pesar de las denuncias,
a pesar del dolor real de cientos de miles de familias arruinadas,
a pesar de la teórica vigilancia del Banco de España,
de la Comisión Nacional del Mercado de Valores,
de los Ministerios de Economía y Hacienda,
y de los inspectores y funcionarios públicos encargados de velar por la legalidad…

¡No pasó nada!

Nada esencial: ni política, ni penalmente. Y moralmente… lo justo para disimular. No lo suficiente para cambiar nada.
Porque aquello no fue un accidente.
Ni una negligencia.
Ni una cadena de errores.
Fue una colonización progresiva, oportunista y consentida.

Y lo sabían.

El relato de La Caja se apoya en hechos reales y en documentación verificable.
Este apartado reúne una selección representativa de las fuentes que lo sustentan.
El material vinculado a esta historia es de naturaleza diversa y puede agruparse en tres niveles:
Documentación pública y publicada, accesible y difundida en su momento a través de medios de comunicación u otras fuentes abiertas. Es la que, fundamentalmente, se muestra aquí.
Documentación pública no publicada, cuya existencia puede acreditarse.
Documentación de carácter privado, no publicable por afectar a la esfera íntima de las personas implicadas.

Quien desee conocer con mayor detalle el alcance documental del proyecto o comprender mejor la relación entre los hechos narrados y su respaldo material puede ponerse en contacto conmigo.

lunes, 23 de febrero de 2026

LIBRO "CAP CANA": LOS OSADOS APRENDICES (FELIPE GONZÁLEZ) DE DONALD TRUMP por MIGUEL ÁNGEL ORDÓÑEZ

 
CAP CANA

Los osados aprendices 
de Donald Trump


Los hermanos Hazoury, impulsores de Cap Cana, un ambicioso proyecto inmobiliario y turístico emplazado en el este de la República Dominicana, eran unos artistas consumados del birlibirloque en los negocios. Uno de sus referentes era Donald J. Trump y lo buscaron para usarlo como gancho en sus planes. El neoyorquino se prestó confiado y publicitó con entusiasmo el proyecto hasta en su programa televisivo The Apprentice.
Poco después, con la excusa del estallido de la burbuja inmobiliaria, Cap Cana dejó en la estacada a varios cientos de compradores, bonistas, bancos y proveedores. Con una deuda en torno a los setecientos cincuenta millones de dólares, también dejaron de pagar a Trump. Versado en todo tipo de jugarretas, el futuro presidente de EEUU comprobó que sus aprendices se habían creído más listos que él y le habían sisado quince millones.

Osados, habían ideado todo un plan que les enriqueció desorbitadamente, a costa de sus acreedores, del Estado dominicano y fondos públicos de España y EEUU. Forzaron una quiebra aparente sin más salida para los perjudicados que la quita de deuda (al más puro estilo Trump) y la aceptación como pago de terrenos sin valor. Duchos en sus tratos políticos, los dueños de Cap Cana lograron que el Estado dominicano encajase un agujero de doscientos cincuenta millones de dólares. En medio de la opacidad más absoluta, se adueñaron de los mejores solares a precio de vaca muerta, mientras fluía a sus manos dinero sospechoso a espuertas: de sonadas tramas de corrupción de España como el caso ERE, pero, sobre todo, de venezolanos enriquecidos por la corrupción y el narcotráfico del régimen chavista, algunos de ellos perseguidos por la justicia de EEUU, cuyos agentes federales llegaron a registrar lujosas villas en el megacomplejo, justo con Donald Trump en la Casa Blanca.

INTRODUCCIÓN

El triunfo de la osadía

NI EN SUS MEJORES SUEÑOS los hermanos Hazoury habían podido imagi­narse la resonancia internacional que estaban logrando para Cap Cana, el ambicioso proyecto inmobiliario y turístico situado al este de la paradisiaca República Dominicana. El veintidós de abril de 2007, consiguieron que se promocionase por todo lo alto, en horario de máxima audiencia, en la cadena de televisión NBC de EEUU Concretamente, en el final de temporada del exi­toso programa The Apprentice, que conducía su socio Donald J. Trump.
Para complementar una inversión publicitaria brutal, que incluyó la compra de algún medio de comunicación en la República Dominicana e inserciones en el New York Times, esta familia dominicana de orígenes fenicios había fichado al mismísimo Trump como relaciones públicas.

Era parte de un acuerdo de asociación, rubricado en febrero de ese año. Oficialmente, The Donald iba a "desarrollar" o "construir" junto a aquella familia una serie de promociones inmobiliarias en Cap Cana que representaban unos dos mil millones de dólares: desde campos de golf o unas torres Trump, a un gigantesco hotel Trump Ocean o parcelas para construir villas de ultra lujo. Tan sólida era la implicación del norteamericano que, además de servir de reclamo, él daba la cara ante los compradores y les daba la bienvenida y deta­lles del futuro promisorio que les aguardaba por realizar aquella inversión.

Igualmente, se afanó en promocionar aquel fantástico proyecto dondequiera que pudo. Incluso, en The Apprentice, un gran éxito que le supuso más de cuatrocientos millones de dólares facturados. En cada una de las catorce temporadas de este reality show o espectáculo de telerrealidad, al estilo del formato de Gran Hermano o Big Brother, un grupo de jóvenes emprendedores convivían y competían entre sí, con cámaras vigilándoles durante las vein­ticuatro horas, agrupados en dos equipos diferentes. Semana a semana, el equipo ganador de cada episodio lograba vivir en una mansión, mientras que el perdedor tenía que hacerlo en una tienda de campaña en el patio trasero de la fastuosa casa. Además, una terna de los losers se sometía a una entrevista de trabajo con Trump, que decidía quién merecía ser expulsado del programa al grito de" ¡Despedido!".

El premio final era un contrato de un año, que suponía un salario superior a doscientos cincuenta mil dólares, para dirigir como aprendiz de Trump uno de sus proyectos. Aquella noche de abril de 2007 se emitió el último episodio de la sexta temporada de El Aprendiz. El peculiar presentador y empresario hizo que en él brillase Cap Cana, escogido como el premio gordo ofrecido a los cuatro finalistas. Aquella propaganda de Cap Cana no tenía precio. En tér­minos metafóricos, claro está, pues literalmente sí que lo tuvo y bien que se lo cobró Donald Trump. El programa, que había vivido tiempos mejores, co­sechó aquel año en EEUU una media de 7,5 millones de telespectadores por episodio.
Ricardo Hazoury, presidente en aquel momento de Cap Cana e interlocutor principal del empresario neoyorquino, no cabía en sí de gozo, como el resto de su familia. De haber sido más joven hubiera encajado perfectamente en el perfil requerido por Trump para un aprendiz ganador nato. Desde hacía muchos años, el dominicano lo tenía como referente, le admiraba e imitaba, tanto en sus luces como en sus sombras. Lo tenía en un pedestal, parejo a un Walt Disney que lo marcó desde la niñez y, según confesión periodística, le ayudó a soñar en grande. A Trump, por su parte, le habían impactado grata­ mente de Hazoury su estilo arrojado y dizque "su gran poder de persuasión", aspectos que le alabó en público.

El norteamericano no perdió tiempo en comprobar si aquella familia domi­nicana, cuya línea de negociantes completan Abraham y Fernando, era trigo limpio. Le bastó el dinero fácil que le reportaría aquel acuerdo sin poner un solo dólar, pues, en realidad, se reducía a cobrar un buen porcentaje de las ventas por prestarles su nombre o marca. Se dejó llevar por su instinto, exactamente igual que había hecho con otras familias polémicas, como los Genovese y los Gambino, dando por hecho que la palabra dada y la lealtad eran más robustas en esos ambientes tan de famIglía y respeto al padrone o padrino.

Luego vino la aparente debacle de Cap Cana que dejó en la estacada a numerosos inversionistas, muchos de los cuales habían acudido por la presencia de Trump. Detrás de la excusa del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, el
futuro presidente de EEUU, cuya fama de fullero en los negocios no la había ganado por casualidad, descubrió que los Hazoury habían resultado ser algo más que unos simples aprendices y se habían creído más listos que él: le es­taban estafando y tratando de sisar una millonada. Para ser exactos, casi seis millones de dólares, creía él. Luego, conforme sus contables indagaron un poco, vio que eran más de catorce.

Fue, entonces, a por los aprendices de brujo, dispuesto a hacerles morder el polvo. No lo hizo tanto por haber sido utilizado vilmente en todo un fraude en el que se le había usado como gancho o cómplice. Su ya jironada honra era lo de menos, pues había comprobado repetidamente que era elástica y tenía un gran aguante. De hecho, decenas de escándalos similares no le impidieron alcanzar la Casa Blanca unos años después. Su guerra contra los Hazoury fue más por descubrirse como un iluso más del montón, y, sobre todo, por saber que en ambientes rufianescos dejar pasar una situación así es fomentar un virus de osados imitadores.

Pasado el tiempo y la humillación a que sometió a la familia Hazoury en un tribunal norteamericano hasta que le pagaron con creces hasta el último centavo, intereses incluidos, Cap Cana sigue siendo digno de estudio hoy día, en un aparente esplendor superior al de los tiempos de su aparición en The Apprentice. No sólo por aquellas trampas de tahúr o vendedor de crecepelo que descubrió Trump. Cualquier escuela de negocios debiera afanarse en analizar el enigma de cómo sus promotores supieron hacer de la necesidad virtud con una increíble osadía. Por un lado, la ambición con que nació el proyecto, una locura sin precedentes en el mundo, con desatinos que no se explican ni siquiera en el contexto de los eufóricos tiempos anteriores al es­tallido de la burbuja inmobiliaria.

Asimismo, cómo Cap Cana ha logrado sobrevivir o resucitar, milagrosamente, no sólo a la estafa a Donald Trump y su baqueteo en un juzgado estadouni­dense, sino a una quiebra sin parangón que dejó a cientos de inversores en la estacada, incluidas importantes instituciones financieras locales y mun­diales. O cómo, antes incluso, aplastó sin rubor las teorías del marketing y management que consideran que, para garantizar el futuro de una compañía, de nada sirven el mejor producto y la mejor marca sin una impecable repu­tación empresarial.

Estos son tiempos en que la sociedad se interesa no sólo por lo que compra, sino por cómo se comporta quien lo produce (ética, respeto a los derechos humanos, cumplimiento de las leyes y obligaciones fiscales, condiciones la­borales, impacto medioambiental, etcétera). Sin embargo, los sorprendentes gestores de Cap Cana, entre otras tropelías, al margen de su falta de honra­ descontable y una querencia enfermiza por la corrupción, destrozaron su entorno natural y arrasaron comunidades que llevaban varias generaciones establecidas allí, sin despeinarse. No sólo acumularon muertos en el armario, metafóricamente, sino que hasta los tiraron a la basura, literalmente, como veremos.

También debiera ser objeto de estudio otro hecho que por igual parece casi sobrenatural: la extraordinaria pervivencia de sus directivos, pese a sus fiascos y el hecho de que, lejos de perder dinero, salieran inmensamente más ricos de aquella ruina, haciendo que fueran otros los que pagaran los platos rotos. Entre ellos, los ciudadanos dominicanos de a pie, cuyos bolsillos tuvie­ron que cubrir algunos de los estropicios que provocaron y que pueden ci­frarse objetivamente en varios cientos de millones de dólares.

Sería aconsejable, eso sí, que se abordase la cuestión alejándose del relato épico construido por esos mismos empresarios, con gran fantasía y desem­bolso publicitario, uno de cuyos epítomes podría ser una conferencia que dio, en octubre de 2013, quien fue durante los años del desastre presidente de Cap Cana, Ricardo Hazoury, el admirador admirado de Trump. La ofreció en casa, en la universidad propiedad de la familia y de la que había sido regente, UNIBE, empleadora, además, de un número importante de jueces del país, a decir de algún abogado que ha pleiteado contra la familia Hazoury y ha su­frido decisiones judiciales controvertidas.

A esas alturas, ya se había consumado una quiebra de dimensiones colosales, con una deuda cercana a los setecientos cincuenta millones de dólares. Igual­ mente, los Hazoury estaban siendo vapuleados en EEUU por Trump.
El título de la lección magistral de Ricardo Hazoury fue: "Innovación en pro­yectos turísticos. Cap Cana, proyecto innovador en República Dominicana". Este médico metido a empresario, sobrado de autoestima, seencargó de darle a la deposición un subtítulo bochornosamente elocuente: "Ricardo Hazoury, el legado de un líder emprendedor en el mundo de los negocios". No hubo ni un ápice de autocrítica o, sencillamente, de cruda verdad, ni sobre el devenir de Cap Cana ni, por supuesto, sobre el carácter y modos un tanto peculiares de gestionar del conferenciante y sus hermanos. Una persona que trabajó con él, Víctor Cabral Amiama, primer ministro de Turismo de la República Domi­nicana y que ocupó el cargo de presidente ejecutivo de Cap Cana, menciona en un libro, "Historia de una infamia" (2021), "la torpeza gerencial de Ricardo, rayana en la desaprensión y la inutilidad de discernimiento", amén de una bravuconería e iracundia sin par.

Hazoury, en el único arranque de modestia de que hizo gala, se reconocía en esa misma ponencia como "mal estudiante de Medicina" (razón que podría explicar que confunda tanto lo del juramento hipocrático con el hipócrita). Cantinflesco, fue capaz de vender una realidad paralela, por arte de birlibirlo­que, toda una ilusión adornada por una impunidad pasmosa y un público en­tregado, que ni los de Trump en aquella entelequia de coaching que nominó Trump University. Los puntos fuertes de Cap Cana habrían sido, según él, la demanda del mercado inmobiliario internacional y nacional, la capacidad de percibir las oportunidades, decisión y buena planificación, entre otros.
Sin embozo, incluso, Hazoury se detuvo con detalle en mostrar imágenes de satélite de cómo transformaron la enorme extensión de terreno que la familia adquirió con un préstamo. En dichas fotografías destaca la trans­ formación brutal de la costa para crear una ciclópea y costosísima marina artificial, con una serie de canales que aspiraban a que fuesen surcados por ricos derrochando dinero a bordo de vaporettos como si se tratara de una gla­murosa nueva Venecia.

Al margen de la temeridad de presumir sin vergüenza de una alteración tan salvaje de la naturaleza y la eliminación de manglares y humedales en unos tiempos tan sensibles con el frágil medioambiente, la cortina de humo nar­cisista del pintoresco Ricardo Hazoury es un fenómeno tan interesante que hace por sí solo que el caso de Cap Cana trascienda el ámbito de una escuela de negocios, para poder ser también abordado por una de psicología o, in­cluso, una de magia al estilo del Colegio Howarts de Harry Potter.

Es tremendamente fascinante hasta qué punto este aprendiz de brujo ha asi­milado como un gran triunfo su gestión y la de sus hermanos.
Bien pensado, sin embargo, tiene pleno sentido, por más que antiguos eje­cutivos relacionados con el proyecto hayan calificado de desastroso dicho manejo. Ciertamente, sería loable haber revivido un proyecto absolutamente muerto, en estado de putrefacción absoluta, que sufrió una quiebra sin pre­ cedentes y que supuso la ruina de numerosos inversionistas que compraron alguna propiedad y prestaron su dinero al ambicioso resort. Más meritorio aún es que hayan continuado al frente quienes lo quebraron, no pusieron ni un centavo de su bolsillo para evitarlo, y hasta se plantearon salir del país por el gran agujero que crearon y las acusaciones de fraude, mientras exhibían un tren de vida prohibitivo a la par que provocativo.

Ya que mencionábamos la psicología y la expresión de la rufianería o germa­nía birlibirloque, viene al caso entonces la germana Escuela de la Gestalt, de principios del XX, uno de cuyos más famosos postulados es aquel de que "el todo es mayor que la suma de sus partes".
La osadía y el fraude de Cap Cana no reside sólo en una simple cuestión de incapacidad para los negocios. No es únicamente que aquella marina fuese un barril sin fondo, que ni el de las Danaides, necesitado de ingentes recursos para avanzar. Tampoco es el mero hecho de que interconectar las diversas urbanizaciones previstas en una extensión de terreno que duplica el tamaño de la isla de Manhattan significase elevadas inversiones en infraestructuras urbanísticas como vías de comunicación, conducciones de agua potable, sa­neamiento, líneas telefónicas, cableado eléctrico...

Tampoco se trata sin más de que las proporciones descabelladas de aquellas obras fuesen precisamente así porque se traducían en mayor beneficio para la empresa que las ejecutaba, una constructora perteneciente a la familia.
Ni siquiera es exclusivamente válido el pretexto de la brutal crisis económica mundial que siguió a la explosión de la burbuja inmobiliaria.
La suma de todas esas partes es infinitamente menor que el todo, haciendo buena la máxima de la Gestalt. En realidad, el todo se acaba de explicar por­ que la quiebra de Cap Cana fue una bendición para los Hazoury y les supuso un enriquecimiento desmedido. Con métodos absolutamente non sanctas, por supuesto.

Al margen de que tuvieron en su mano evitar el batacazo que vino, aquella bancarrota tuvo bastante de premeditado. El fraude fue diseñado con una sagacidad, osadía y frialdad tremendas, temerarias, como iremos desgra­nando a lo largo de este texto. Al final, tenía razón Ricardo Hazoury en su conferencia al defender que supieron percibir las oportunidades, aplicaron decisión -podría decirse, incluso, arrojo, el mismo que le alabó Trump- y planificación.

La crisis financiera mundial fue la coartada para eliminar cualquier fiscaliza­ción de sus cuentas, por ejemplo. Los Hazoury forzaron que dejasen de hacer su trabajo los supervisores de las finanzas corporativas, quienes velaban por el cumplimiento de las condiciones del financiamiento que habían recibido por doscientos millones de dólares. Sin controles de ningún tipo, ancha fue Castilla para esta familia, que decidió obtener la nacionalidad española vía exprés, tirando de contactos al más alto nivel, por si tuvieran que coger o tomar las de Villadiego en medio de aquella arriesgada jugada.

Sin auditorías ni vigilancias de ningún tipo durante años, hicieron y des­ hicieron a su antojo. Oficialmente, nadie podría rebatir su falta de liquidez, pues no se computaban en los libros las entradas de recursos, que las hubo, desaforadas en ocasiones, provenientes en buena parte de esclarecidos oscuros inversionistas, algunos de ellos perseguidos por la justicia es­tadounidense, cuyos agentes federales llegaron a allanar lujosas villas en el megacomplejo.

Además de fondos públicos españoles distraídos en alguna sonada trama de corrupción, que vuelven a evocar el polémico pasado de un connotado socio de los Hazoury, con contrapartes a su vez entroncadas incluso con el narcotraficante Pablo Escobar, la mayoría del dinero turbio al que nos refe­ríamos proviene de ricos venezolanos sobre cuya catadura no hay ninguna duda: enriquecidos por la corrupción y el narcotráfico del régimen chavista, encuentran en Cap Cana un lavadero sin par.

Si se hubieran contabilizado esos ingresos, se tenía la obligación de pagar primero a los bonistas, como contemplaban las condiciones de la emisión de deuda corporativa. No habría habido tampoco excusa para paralizar las obras de las diferentes promociones en curso. La entrega de los inmuebles acabados a los compradores garantizaba dinero para que el sistema no se detuviese.
Oficialmente sin recursos, los dueños de Cap Cana dejaron de pagar a todo el mundo. Desde los idolatrados Donald J. Trump y el exgolfista Jack Nicklaus al último de los bonistas o a cualquier suplidor. De Citibank o KMPG, para sortear testigos incómodos, al gobierno norteamericano, que les financió la compra de equipos de construcción, pasando por bancos locales, internacionales, o la Hacienda dominicana.

Ante la presunta ausencia de dinero y el callejón sin salida, directo a la quiebra, los Hazoury dieron sólo una opción a los acreedores, que estaban a esas alturas a punto de caramelo (y de camelo): recibir terrenos como pago, tasados unilateralmente, lo que aprovecharon para deshacerse de los peo­ res solares, los más apartados, menos comerciales, plagados de cambrones y culebras cuando no situados en zonas inundables, de antiguos humedales o manglares. Con el consuelo para los acreedores de que menos era nada, com­binado con la desesperación de que cada día que transcurría los bonos tenían menos valor y la certeza amenazadora de que se podrían quedar sin dinero y sin tierras.
A la vez que hicieron esa limpia de lotes malos, encajándoselos a otros, re­ducían la monstruosa deuda sin tener que poner ni un solo dólar de los que estaban recibiendo; mucho menos de sus abultados bolsillos. Pero, además, los promotores de Cap Cana desarrollaban otra gran trastada adicional para quedarse con las mejores parcelas, a precio de vaca muerta, como suele de­ cirse en la República Dominicana.

Precisamente, la lucrativa resucitación de Cap Cana se está produciendo en los últimos tiempos en aquellos terrenos más privilegiados. Quienes transa­ ron con montes y culebras están muy lejos de recuperar una parte mínima siquiera de su inversión inicial. Cap Cana (la familia Hazoury y algún re­lacionado) está actualmente más viva que nunca, objetivamente, pues con aquellas tretas salieron de la deuda, por más que la resistencia innata de los Hazoury, casi genética, a desprenderse de dinero despierte en muchos las sospechas de que está al borde de la quiebra permanentemente.

Enel mismo 2021 lo descartaba un verificador judicial, Alis Antonio Medina González, en un pleito en el que se pedía la declaración de quiebra de Cap Cana para así poder cobrarse una deuda el demandante. Tengamos por válida esa experticia, pese a su última conclusión, en la que el autor se deja llevar por la emoción, se suelta la melena y va más allá de lo que debiera ser un frío análisis contable, revelando cómo se lo habían ganado Cap Cana y sus cifras económicas: "recomendamos" a la empresa "seguir explorando nuevas modalidades de negocios que permiten continuar su arduo desarrollo inmo­biliariode la empresa y el país".

Este contable estima los activos de Cap Cana en casi mil cincuenta y ocho millones de dólares. Curiosamente, una cifra cercana a los mil ciento diez millo­nes en los que presumían estar tasados cuando hicieron la primera emisión de bonos, 2006, cuyas condiciones incumplieron fragorosamente y llevaron al mencionado cul de sac o callejón sin salida. Otra cosa distinta es que el mismo contador público establezca, por ejemplo, que se mantienen sesenta y siete pleitos en activo en contra de Cap Cana que representan contingencias por unos sesenta y seis millones de dólares. Igualmente, que debe una cifra superior a los ciento setenta y un millones de dólares a distintos proveedores y más de catorce en papeles comerciales o pagarés.

A lo largo de este libro desarrollaremos todos estos temas. Veremos que Ri­cardo Hazoury se queda corto y tiene motivos más que sobrados para jactarse de su gran éxito como autoproclamado "líder emprendedor en el mundo de los negocios", pues, objetivamente, aunque no sean limpias u honestas, son más que increíbles sus dotes y las de sus hermanos para mantenerse con garbo sobre la cuerda floja hasta extremos insospechados. También son in­ creíbles, ya que hablamos de una familia que posee también concreteras, los rostros de hormigón armado que desplegaron.

Prácticamente sólo dos grandes escollos les hicieron temblar en medio de tanta osadía. No fue tanto el miedo a represalias de los múltiples damnifica­ dos, que les obligó a atrincherarse en su fortín de Cap Cana y tener cerca sus recién estrenados pasaportes españoles junto a un hatillo de emergencia, ro­deados de una guardia pretoriana.
Por un lado, les quitó el sueño haber sido pillados en el timo por su admirado Donald Trump, que, al final, resultó ser el único que no perdió dinero en todo este atolladero que enganchó a tanta gente, porque sus tablas le dotaron de rapidez de reflejos.

Por otra parte, esta familia también tuvo sudores fríos al verse descubierta en el meollo de una trama de sobornos y corrupción en el seno de una agencia pública del gobierno de EEUU, a la que accedieron gracias a contactos de alto nivel. Fue una crisis en la que tuvieron que maniobrar sin escatimar recursos ni esfuerzos para librarse de repercusiones mayores, tras pretender enredar al tesoro estadounidense con treinta millones de dólares. Hasta pa­garon a un antiguo presidente de dicha agencia, abogado y lobista, para bus­ car una salida al lío.

Veremos, asimismo, cómo les fue infinitamente mejor con el Estado domi­nicano, que sólo les dio facilidades, como en todos sus negocios cenagosos emprendidos en la República Dominicana (verbigracia, la concesión de los aeropuertos estatales o el proyecto aventurero del Aeropuerto Internacional de Bávaro, agraciado con exenciones fiscales nunca vistas). A través del banco de los dominicanos, el Banco de Reservas, actuó como el gran salvavi­das del naufragio de Cap Cana, haciéndose cargo de una deuda de más de un cuarto de billón estadounidense, para gloria y desahogo de los Hazoury, a la vez que lastre o agujero para las cuentas de la entidad. El gobierno también les permitió <ladones de inmuebles en pago de numerosos impuestos adeu­dados, algo sumamente irregular y sin precedentes. ¡Hasta les devolvieron unos do/aritos de la cuenta embargada de un familiar cercano!

Acostumbrados a la simulación, las huidas hacia adelante y la desmemoria, han continuado en sus trece y lo mismo que, pese a todo su historial y sus damnificados, se han atrevido a pedir recientemente nuevos préstamos al Banreservas, osaban usar la imagen de Donald J. Trump en un vídeo promociona! emitido en la Feria Internacional del Turismo FITUR 2022, en enero de 2022, como inicio de sus festejos por el vigésimo aniversario de Cap Cana.
El caso es que, una vez leído este libro, usted será quien, seguro, concluirá que Cap Cana, más que un asunto digno de estudio en una escuela de negocios o academia de ilusionismo, probablemente sea más adecuado para el temario de una de criminología.


La pareja del expresidente, Mar García Vaquero, y un amigo, Jesús Barderas, aparecen vinculados a los papeles de Panamá.

Todos los caminos conducen a Panamá. Los papeles del bufete Mossack & Fonseca que han puesto al descubierto las sociedades offshore del íntimo amigo de Felipe González, Jesús Barderas, y de su actual pareja Mar García Vaquero, colocan de nuevo al ex presidente del Gobierno en el primer plano de la conexión panameña. Hace ahora veinte años, a comienzos de 1996, el entonces inquilino de La Moncloa, ya en la recta final del felipismo, logró zafarse del caso Sarasola y el pelotazo del Metro de Medellín. González esquivó las incisivas preguntas de los grupos de la oposición en el Congreso y de una incómoda investigación judicial en la Audiencia Nacional sobre los oscuros negocios en Panamá de su también intimísimo amigo Enrique Sarasola Lerchundi.

El empresario vasco, conocido popularmente por el sobrenombre de Pichirri, había constituido a través del despacho panameño Arze & Guardia la sociedad ENSECO para ocultar las millonarias comisiones del proyecto del Metro de Medellín, que echó a rodar en 1983. Sarasola, por su intermediación, llegó a recaudar 3.500 millones de las antiguas pesetas (al cambio, 21 millones de euros). Y pronto se supo que González, que acababa de instalarse en la La Moncloa, había intercedido entre bambalinas por su amigo ante el presidente colombiano, Belisario Betancur.

La concesión de la obra, que estaba considerada como el “contrato del siglo en Suramérica” y por la que pujaron importantes grupos internacionales, fue decidida desde las más altas instancias políticas de Colombia y España. Betancur, siguiendo las recomendaciones de Felipe González y de otros miembros del Gobierno español, inclinó la balanza a favor de los intereses representados por Sarasola.
El acuerdo final entre González y Betancur a favor del consorcio hispano-alemán Metromed se cerró en España en octubre de 1983. El presidente suramericano se desplazó a Oviedo para recoger el premio Príncipe de Asturias y aprovechó la ocasión para reunirse con González y ultimar los detalles del contrato del metro de Medellín.

Años después, en una noche de copas, a Enrique Sarasola se le fue la lengua y habló más de la cuenta. El escritor y biógrafo del Rey, José Luis de Vilallonga, desveló que Pichirri había comentado durante una fiesta en su apartamento de París que el presidente del Gobierno, Felipe González, tenía una “pequeña fortuna” en Colombia, pero luego se retractó. Añadió que la confesión fue hecha a las tres de la madrugada cuando Sarasola “tenía bastantes copas” y "estaba a punto de cantar boleros". Nunca pudo verificarse esa información y quedó como falsa. Pero servía para afianzar la leyenda de las amistades peligrosas de Felipe. Y también para subrayar otras de las conexiones panameñas del felipismo.

Tras la publicación de los datos sobre la sociedad panameña ENSECO, Jesús Cacho desveló que correspondía al acrónimo de “EN(rique) S(arasola) E(s) CO(jonudo). El periodista escribió: “Es la travesura más gloriosa del felipismo, la golfada más luminosa, la coña más perversa”. Sarasola mantenía una estrecha relación con Felipe González desde 1974.

LA AGUAS CARIBEÑAS DEL FELIPISMO

Jesús Barderas es el otro de los amiguísimos de González que se convirtió en millonario tras dirigir sus inversiones a tierras caribeñas. El Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación le ha detectado medio centenar de sociedades off shore en el despacho Mossack & Fonseca. A Barderas, con inversiones millonarias en la República Dominicana, y a Felipe González les une estrecha amistad desde hace 35 años. Ese vínculo fue labrado desde mucho antes de que Barderas trasladara sus negocios de España al Caribe. El empresario, propietario de hoteles y de la empresa que gestiona los aeropuertos de la Republica Dominicana, inició su andadura profesional como jefe de gabinete de Fernández Ordóñez en el Banco de Alicante.

Esa hermandad entre González y Barderas es la misma que les unía a ambos con Enrique Sarasola Lerchundi. Sarasola, casado con una colombiana perteneciente a una influyente familia, se convirtió en el compañero inseparable de Felipe en sus viajes a Suramérica, antes y después de ganar las elecciones de 1982. Le ayudó a abrir muchas puertas y llegó a ser una especie de embajador extraordinario. El empresario vasco fue quien puso en contacto a González con primeras figuras de la política americana como Omar Torrijos, presidente de Panamá entre 1969 y 1981, o Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela durante nueve años hasta 1993.

Todos los caminos conducen a Panamá. Los papeles del bufete Mossack & Fonseca que han puesto al descubierto las sociedades offshore del íntimo amigo de Felipe González, Jesús Barderas, y de su actual pareja Mar García Vaquero, colocan de nuevo al ex presidente del Gobierno en el primer plano de la conexión panameña. Hace ahora veinte años, a comienzos de 1996, el entonces inquilino de La Moncloa, ya en la recta final del felipismo, logró zafarse del caso Sarasola y el pelotazo del Metro de Medellín. González esquivó las incisivas preguntas de los grupos de la oposición en el Congreso y de una incómoda investigación judicial en la Audiencia Nacional sobre los oscuros negocios en Panamá de su también intimísimo amigo Enrique Sarasola Lerchundi.

El empresario vasco, conocido popularmente por el sobrenombre de Pichirri, había constituido a través del despacho panameño Arze & Guardia la sociedad ENSECO para ocultar las millonarias comisiones del proyecto del Metro de Medellín, que echó a rodar en 1983. Sarasola, por su intermediación, llegó a recaudar 3.500 millones de las antiguas pesetas (al cambio, 21 millones de euros). Y pronto se supo que González, que acababa de instalarse en la La Moncloa, había intercedido entre bambalinas por su amigo ante el presidente colombiano, Belisario Betancur.

La concesión de la obra, que estaba considerada como el “contrato del siglo en Suramérica” y por la que pujaron importantes grupos internacionales, fue decidida desde las más altas instancias políticas de Colombia y España. Betancur, siguiendo las recomendaciones de Felipe González y de otros miembros del Gobierno español, inclinó la balanza a favor de los intereses representados por Sarasola.
El acuerdo final entre González y Betancur a favor del consorcio hispano-alemán Metromed se cerró en España en octubre de 1983. El presidente suramericano se desplazó a Oviedo para recoger el premio Príncipe de Asturias y aprovechó la ocasión para reunirse con González y ultimar los detalles del contrato del metro de Medellín.

Años después, en una noche de copas, a Enrique Sarasola se le fue la lengua y habló más de la cuenta. El escritor y biógrafo del Rey, José Luis de Vilallonga, desveló que Pichirri había comentado durante una fiesta en su apartamento de París que el presidente del Gobierno, Felipe González, tenía una “pequeña fortuna” en Colombia, pero luego se retractó. Añadió que la confesión fue hecha a las tres de la madrugada cuando Sarasola “tenía bastantes copas” y "estaba a punto de cantar boleros". Nunca pudo verificarse esa información y quedó como falsa. Pero servía para afianzar la leyenda de las amistades peligrosas de Felipe. Y también para subrayar otras de las conexiones panameñas del felipismo.
Tras la publicación de los datos sobre la sociedad panameña ENSECO, Jesús Cacho desveló que correspondía al acrónimo de “EN(rique) S(arasola) E(s) CO(jonudo). El periodista escribió: “Es la travesura más gloriosa del felipismo, la golfada más luminosa, la coña más perversa”. Sarasola mantenía una estrecha relación con Felipe González desde 1974.

LA AGUAS CARIBEÑAS DEL FELIPISMO

Jesús Barderas es el otro de los amiguísimos de González que se convirtió en millonario tras dirigir sus inversiones a tierras caribeñas. El Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación le ha detectado medio centenar de sociedades off shore en el despacho Mossack & Fonseca. A Barderas, con inversiones millonarias en la República Dominicana, y a Felipe González les une estrecha amistad desde hace 35 años. Ese vínculo fue labrado desde mucho antes de que Barderas trasladara sus negocios de España al Caribe. El empresario, propietario de hoteles y de la empresa que gestiona los aeropuertos de la Republica Dominicana, inició su andadura profesional como jefe de gabinete de Fernández Ordóñez en el Banco de Alicante.

Esa hermandad entre González y Barderas es la misma que les unía a ambos con Enrique Sarasola Lerchundi. Sarasola, casado con una colombiana perteneciente a una influyente familia, se convirtió en el compañero inseparable de Felipe en sus viajes a Suramérica, antes y después de ganar las elecciones de 1982. Le ayudó a abrir muchas puertas y llegó a ser una especie de embajador extraordinario. El empresario vasco fue quien puso en contacto a González con primeras figuras de la política americana como Omar Torrijos, presidente de Panamá entre 1969 y 1981, o Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela durante nueve años hasta 1993.

Y aún más, Barderas y Sarasola habían establecido la conexión dominicana con Francisco Peña Gómez, líder del Partido Revolucionario Dominicano y vicepresidente de la Internacional Socialista entre 1983 y 1998, que llegó a ser un generoso anfitrión para los empresarios españoles.
Los amiguísimos de González unieron sus fuerzas en 1992 y constituyeron la sociedad Ibérica de Legumbres. Durante años estuvieron ligados a los mismos intereses económicos.
En los pasaportes de González figuran multitud de inscripciones con las entradas y salidas de Panamá. En uno de sus viajes de la mano de Sarasola, el ex presidente conoció a Cyntia Martínez Riter, la secretaria personal del empresario vasco. Tras el flechazo, la panameña Lupe, como la llamaban sus amistades, y González iniciaron una estrecha relación que duró varios años.

UNA 'OFFSHORE' EN CASA

González también se sirvió para llegar a su actual pareja, Mar García Vaquero, de otro de sus grandes amigos millonarios, ya fallecido, Luis García Cereceda. La empresaria madrileña abrió una cuenta en Suiza a nombre de una sociedad constituida por el despacho panameño Mossack & Fonseca en 2004. Así queda demostrado en los papeles de Panamá desvelados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y publicados en España por El Confidencial. Según la empresaria, era para facilitar sus operaciones internacionales en un negocio de fabricación de barcos. Todo ello lo fraguó García Vaquero mucho antes de que conociera a Felipe González.

Los negocios entre Luis García Cereceda, propietario de LUGARCE, y García Vaquero sí se mantuvieron después de que ésta iniciara sus relaciones con González. Empresarios y empresaria figuraban en una sociedad que gestionaba un puerto deportivo de Tarragona. Además a Cereceda y Vaquero les unía la afición por los grandes veleros. El gestor inmobiliario llegó a adquirir en 2014 uno valorado en 13 millones de euros.

Pero la amistad entre Cereceda y González vio la luz pública gracias a raíz de otro asunto mucho más nebuloso: la supuesta compra por parte de Piluca Navarro, la jefa de la Secretaría del presidente en La Moncloa, de un piso de lujo en la calle Almagro de Madrid, construido por una de las sociedades de García Cereceda, Inversiones Urbanas Almagro. La supuesta adquisición se efectuaba en medio de una extraña operación en la que, en principio, se señalaba a Felipe González como el beneficiario de una compra fantasma. La trama se complicó cuando apareció como supuesto intermediario el nombre de otra de las amistades peligrosas de Felipe, un tal Julio Martino, socio de Jesús Gil en varios pelotazos inmobiliarios en Marbella y accionista del Casino Costa Blanca de Alicante. Según fuentes próximas a Martino, éste abría pagado durante meses los gastos de comunidad de la vivienda antes de que fuera escriturada a nombre de Piluca Navarro. Otras fuentes señalaban que el piso era para que lo ocupara González tras abandonar La Moncloa. Todo un enredo inmobiliario que ni Navarro ni González nunca llegaron a aclarar de manera convincente.

PANAMA EN LA CARRERA DE SAN JERÓNIMO

El tsunami de la conexión panameña de Sarasola tras conocerse la existencia de la firma instrumental ENSECO, una sociedad nodriza constituida exclusivamente para cobrar con opacidad las comisiones del contrato del Metro de Medellín, llegó en 1996 hasta la madrileña Carrera de San Jerónimo. Julio Anguita, el coordinador general de Izquierda Unida, solicitó en el Congreso una comisión de investigación parlamentaria sobre el llamado caso Sarasola y Panamá. Felipe González se escudó una vez más en una supuesta “conspiración”. Según él, se buscaba un “nuevo un clima de descalificación y crispación”, durante la campaña electoral.

La gravedad de las denuncias periodísticas sobre el pelotazo de Sarasola llevó tanto al Partido Popular como a Izquierda Unida a pedir una reunión de la Diputación Permanente del Congreso -órgano que ostenta los poderes de la Cámara cuando se disuelven las Cortes- para que compareciera el presidente del Gobierno. Querían saber cómo pensaba asumir sus responsabilidades políticas tanto en el caso GAL como en el caso Sarasola.
Sin embargo, la propuesta no prosperó porque el presidente del Comité de Gobierno de Unió Democrática de Catalunya, Josep Antoni Duran Lleida, se apresuró a anunciar que CiU rechazaría la comparecencia de González.

Félix Pons, presidente de la Diputación Permanente y ex presidente del Congreso, aseguró que en aplicación de la Constitución y del reglamento del Congreso, González no podía comparecer ante la Diputación Permanente para dar explicaciones sobre el caso GAL y el caso Sarasola, porque la Diputación Permanente sólo tenía la facultad de convocar a los otros órganos del Congreso y no podía ejercer por sí misma funciones de órgano de control parlamentario.

Durante las pesquisas periodísticas sí se pudo averiguar que la maquinaria del felipismo había sido engrasada para facilitar a Sarasola el negocio de Panamá y encubrir algunas de las irregularidades. El círculo de Sarasola tuvo la fuerza necesaria para influir en varias instituciones del Estado. El Tribunal de Cuentas, siendo su presidente Pascual Sala, y el Instituto Nacional de Industria (INI), cuando su máximo responsable era Jordi Mercader, ocultaron una partida de 473 millones de pesetas (2,8 millones de euros) que la empresa pública Ateinsa había pagado a Enrique Sarasola Lerchundi, como parte de su comisión por la adjudicación de las obras del metro de Medellín.

El Tribunal de Cuentas, que tiene como competencia fiscalizar la actividad económico-financiera del sector público, había remitido al Congreso de los Diputados, en marzo de 1990, una auditoría realizada a la empresa pública Ateinsa sobre las cuentas de sus ejercicios comprendidos entre 1981 y 1986, ambos inclusive. Pero en dicho informe, firmado por su presidente Pascual Sala, omitió el pago que la empresa del INI reflejaba en sus balances. En el folio 30 del apartado VII, “Conclusiones y recomendaciones”, Pascual Sala afirmaba: “La sociedad ha contabilizado sus operaciones de conformidad en general con el Plan General de Contabilidad y demás normativa legal aplicable y llevó sus registros contables con el rigor exigible, con las excepciones y salvedades que se señalan en este informe”. Pero silenciaba el pago de la comisión.

El diputado del PP, Rafael Hernando, actual portavoz del grupo popular en el Congreso, declaró que quedaba demostrada “la vinculación entre González y Sarasola” y añadió que el empresario era un “testaferro” del presidente. Hernando pidió la intervención del fiscal anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, sobre todo después de que el Congreso negara “la posibilidad de aclarar este asunto y al Tribunal de Cuentas se le han ocultado estas operaciones”.

El coordinador de la Presidencia de IU, Mariano Santiso, declaró: “Sarasola, de confirmarse las informaciones que se están publicando, actúa como bucanero de Felipe González, con su visto bueno”.
La investigación judicial sobre el pelotazo de Sarasola, que había sido abierta por el juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, quedó archivada tras el fallecimiento del amigo de Felipe el 3 de noviembre de 2002. Dos días después, Felipe González le dedicaba un artículo a su amigo en un periódico. Comenzaba así: “Dicen que la amistad no tiene precio, pero para Enrique la que mantuvo conmigo, durante tantos años, tuvo un altísimo coste en sufrimiento humano, en persecución insidiosa”. Y acababa con dureza: “Lo maltrataban los que no lo conocían, los mercenarios de la pluma y la tertulia, los siervos de los intereses bastardos”.

González podía haberse referido también en su artículo a la definición de Solchaga sobre las excelencias de España: “El país en el que es posible enriquecerse más deprisa”. Algunos de los amiguísimos del presidente se sirvieron del felipismo y de la conexión panameña para aumentar sus arcas de caudales. Al final va a ser verdad el aserto de que todos los caminos conducen a Panamá.

 
Felipe González: las turbias amistades en el Caribe y la trama de corrupción de los ERE

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