A STRANGER IN TOWN
EL ILUSTRE INCÓGNITO, 1943
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En una pequeña ciudad, un abogado se presenta a las elecciones de alcalde para acabar con la corrupción. Le echa una mano un cazador forastero, que en realidad es un miembro del Tribunal Supremo de vacaciones.
Un juez del Tribunal Supremo que está de vacaciones y de incógnito (interpretado por Frank Morgan) llega a un pequeño pueblo rural controlado por la corrupción local y un alcalde mafioso. Allí ayuda de manera inesperada a un joven abogado honesto que se postula a las elecciones municipales para limpiar el ayuntamiento.
La crítica ha valorado esta obra de 67 minutos como una comedia dramática ligera, entrañable y sorprendentemente lúcida para su época de plena Segunda Guerra Mundial. Destaca por la sólida y carismática interpretación de Frank Morgan.
Hacia el final, la cinta incluye un fuerte alegato patriótico sobre la responsabilidad ciudadana, advirtiendo que la apatía del pueblo y la tolerancia hacia los políticos corruptos abren la puerta a formas de autoritarismo como el fascismo o el comunismo.
Juez de la Corte Suprema, John Grant:
- Es justo que sepan por qué yo, un extraño, me he involucrado en sus asuntos. Créame, no es porque sea juez de la Corte Suprema. Es porque, como todos los que están aquí, soy ciudadano de este país. No es poco honor. Los hombres han luchado en las revoluciones, han muerto para que los llamen «ciudadanos». Y como ciudadanos, tenemos una responsabilidad ardiente. Significa que cuando elegimos a hombres para ocupar cargos públicos, no podemos hacerlo tan a la ligera como lanzar una moneda al aire.
Significa que, una vez que los hayamos elegido, no podemos quedarnos de brazos cruzados y decir:
«Nuestro trabajo está hecho. Lo que hagan ahora no nos concierne». Esa filosofía de indiferencia es lo que quieren los enemigos de un gobierno decente. Si permitimos que se salgan con la suya para hacerse fuertes y despiadados, entonces la heroica lucha que unió a miles de hermosas ciudades como esta en una gran nación no significa nada. Entonces no somos ciudadanos, somos traidores.
Las grandes libertades por las que vivimos se han comprado con sangre. El tipo de gobierno que tenemos es el tipo de gobierno que queremos. El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Y no puede significar cualquier tipo de gobierno. Es nuestro deber hacer que signifique un solo tipo: incorrupto, libre y unido.


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