EL Rincón de Yanka: LA MEJOR RESPUESTA AL IMPERIO MERCANTILISTA ES LA LEY DE LA HONRA

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miércoles, 6 de abril de 2016

LA MEJOR RESPUESTA AL IMPERIO MERCANTILISTA ES LA LEY DE LA HONRA

La mejor respuesta 
al imperio del $ (dinero) 
es la ley de la honra



John Horvat es un investigador, educador, conferencista internacional y autor del best-seller "Retorno al Orden", editado recientemente en los Estados Unidos.

Sus escritos han sido reproducidos en publicaciones como “The Wall Street Journal”, “FOX News”, “The Christian Post”, “The Washington Times”, “ABC News”, “C-SPAN”, además de otros órganos de prensa e internet.

Durante más de dos décadas el Sr. Horvat ha venido investigando, escribiendo y dictando conferencias sobre la crisis socioeconómica de los Estados Unidos, culminando ahora con el lanzamiento de su obra Retorno al Orden. Reconocido como uno de los más importantes libros sobre el tema publicado en los últimos diez años, el Sr. Horvat puntualiza qué anduvo mal en el modelo económico y qué puede hacerse ahora para retomar el curso normal.

El Sr. Horvat reside en Spring Grove, Pennsylvania, donde dirige la Comisión de Estudios Norteamericanos de la TFP.

- ¿Qué hay de nuevo en la solución propuesta en su libro Retorno al Orden?

- Cuando la mayor parte de las personas busca soluciones, piensa en términos de sistema, es decir, en un plan a ser puesto en práctica para resolver todos los problemas. Las soluciones propuestas en el libro Retorno al Orden parten de un presupuesto totalmente diferente. Ellas son orgánicas y derivan de algunos principios básicos de la ley natural y de la doctrina católica. No obstante, tales principios se desarrollan después de modo imprevisible, adaptándose a las circunstancias concretas de cada realidad, muy variables. No es un sistema rígido, una especie de plan quinquenal socialista que impone una serie de normas y reglamentos para la sociedad entera. No es una solución planeada sobre una mesa. Éste es el aspecto nuevo y, al mismo tiempo, antiguo de las soluciones propuestas en el libro. Proponemos soluciones que toman en consideración el lado humano de las cosas, o sea, soluciones flexibles, pero con una base sólida.

- ¿Podría dar un ejemplo de una solución cristiana orgánica?

- Me viene a la mente la familia. No se puede inventar un nuevo tipo de familia e imponerla a un pueblo. La familia surge de algunos principios generales que se fundan en el derecho natural, de donde proviene su carácter de unión monogámica entre personas de sexos opuestos.

- ¿Qué es lo que no funciona en el actual sistema económico?

- Hoy, tenemos un tipo de economía constantemente orientada hacia el frenesí. Es lo que llamamos “intemperancia frenética”, un término acuñado para describir el espíritu inquieto y precipitado que domina actualmente a varios sectores de la economía. Tal espíritu anula toda restricción legítima y busca apenas satisfacer las pasiones desordenadas.

La intemperancia frenética produce no sólo avidez y ambición, sino también una expansión explosiva de deseos humanos más allá del límite de la razón y de la moral. Lleva a realizar actividades económicas que anulan la propia idea de moderación y los valores espirituales, religiosos, morales y culturales que normalmente deberían temperarlas, introduciendo un elemento casi irracional, causante de relaciones agitadas, especulación y riesgo exagerado.

Es imposible resolver nuestros problemas económicos con leyes o con reglas. El problema está en el hombre, en su alma. La única respuesta real a la intemperancia frenética es un retorno a la templanza. Y esto exige una conversión espiritual.

- ¿Podría usted citar un ejemplo de lo que denomina “intemperancia frenética”?

- En los Estados Unidos, la crisis de las hipotecas anterior al 2008 es un ejemplo. A fin de adquirir una vivienda a cualquier costo —la famosa burbuja inmobiliaria— un número enorme de personas contrajeron con hipoteca bancaria sin tener cómo pagarla. Pensando apenas en el lucro, los banqueros no se preocuparon en controlar los riesgos. Vinieron en seguida los operadores financieros, introduciendo esa hipoteca mala en paquetes de títulos para revender a los inversionistas. La prudencia fue literalmente puesta de lado. Bastó que la burbuja se desinflara y los intereses aumentaran para que el sistema se viniera abajo.

La intemperancia frenética tiende a eliminar toda restricción, persiguiendo apenas ventajas e intereses personales. Ahora bien, son exactamente esas restricciones de orden moral que deben templar la economía, humanizándola y manteniéndola en el límite de lo razonable. Por otro lado, la intemperancia frenética provoca una violenta aceleración del ritmo de vida, que ella tiende a mantener anulando el elemento humano por la utilización de máquinas cada vez más veloces y reduciendo a las personas a la condición de engranajes de una gigantesca economía. Esta intemperancia también elimina el calor de las relaciones humanas en la economía, hace la vida brutal, excluye los aspectos morales y extingue el sentido de comunidad. Cuando las personas se comunican exclusivamente por celular o vía internet, el contacto humano de otrora deja de existir. Se anula aquello que algunos economistas llaman “capital social”. Prácticamente perdemos la idea de comunidad orgánica, es decir, de una estructura social donde las personas se relacionan con lazos de confianza y amistad, sin las cuales no se puede asegurar un carácter humano a la economía.

- En el libro, usted trata de la importancia de la moneda, del imperio del dinero.

- Cuando la intemperancia frenética prepondera, el dinero tiende a gobernar. Los hombres ponen de lado los valores culturales y morales y adoptan un sistema diferente de valores que antepone la cantidad a la calidad, lo útil a lo bello, la materia al espíritu. Su efecto trágico fue que la economía moderna se volvió fría e impersonal, veloz y frenética, mecánica e inflexible. Es forzoso reintroducir el elemento humano en la economía y en la sociedad. Se impone un retorno al orden cristiano.

- ¿Cuál es la mejor respuesta al imperio del dinero?

- La mejor respuesta al imperio del dinero es la ley de la honra. La honra afirma valores que no pueden ser comprados ni vendidos. Presupone la valorización de las cosas de calidad. Difunde en el mercado un clima de tranquilidad y templanza. La ley de la honra conduce naturalmente a los hombres a estimar y buscar las cosas excelentes. Introduce en el mercado una serie de valores como calidad, belleza, bondad y caridad. En la honra encontramos la influencia temperante de las virtudes cardinales.


- ¿Usted es contrario al sistema capitalista? 
Alguien podrá objetar: ¿será posible implementar tal ley en los días de hoy? 

Comencemos por difundir principios, ideas, valores morales en la sociedad y veremos cómo la influencia del dinero comenzará a desaparecer.

- No, yo defiendo muchos de los principios básicos de la economía de mercado: la propiedad privada, la libre empresa, el gobierno limitado y la fiscalización contenida. El problema es que la palabra capitalismo tiene muchos significados difíciles de valorar. La izquierda la utiliza para describir los errores o los excesos del actual sistema de mercado, mientras que algunos libertarios la usan para promover una anarquía radical. Éste es el motivo por el cual evité cuidadosamente esa palabra en el libro. Preferí seguir el sabio consejo del jesuita P. Bernard Dempsey, según el cual es imposible definir científicamente al capitalismo. Él mismo utiliza el término con mucha reluctancia, diciendo: “Sólo un general demente aceptaría una batalla en el terreno escogido por el adversario”.

- ¿Qué entiende usted por sistema orgánico de mercado?

- La concepción orgánica de mercado repele el gigantismo en la industria, en el comercio y en las finanzas, a favor de una economía de proporción humana. La concepción orgánica rechaza la estandarización en masa de los productos, porque ésta empobrece culturalmente a la sociedad, disminuyendo la tendencia de cada región a desarrollar su propia riqueza cultural con los recursos de su territorio. Apreciamos el whisky, el queso camembert y el champagne, porque entendemos que constituyen expresiones de cultura local. La vida proporcionaría una riqueza mucho mayor si hubiesen más productos locales.

- ¿Cómo definir esta visión de la economía?

- Es ciertamente diferente de la visión moderna. Creo que la economía debe basarse en los principios que orientaban a la sociedad preindustrial. Entiéndase bien, no digo volver atrás históricamente, sino hablo de retomar aquellos principios perennes que constituyen la base de una economía sana y equilibrada. Los problemas comienzan cuando el pensamiento económico se separa de la filosofía moral. Esta ruptura se hizo evidente con el advenimiento de la Revolución Industrial (1760-1840). Los economistas comenzaron a sustentar que la economía no debería estar sujeta a ninguna norma ética superior. Es decir, trajo consigo la intemperancia frenética de la cual hablé más arriba.

Un segundo problema de la economía moderna es su disociación de toda legítima consideración social. En la visión católica, economía y sociedad son realidades complementarias. Necesitamos reintroducir rectamente el elemento social en la economía. Necesitamos de un orden económico vinculado a los principios generales de las relaciones sociales, de la caridad y de la justicia. Es preciso dar un mayor relieve a las instituciones que cooperan en reforzar tal orden social: la familia, la comunidad, el Estado cristiano y la Iglesia. Al contrario de ser un instrumento para ayudar al hombre a alcanzar su fin último, la economía se volvió un patrón autoritario. Debemos reconducirla a su límite natural. Por eso es que el libro propone un retorno al orden.

- ¿La solución para la actual crisis sería, entonces, un retorno al orden cristiano?



- Para resolver la actual crisis no necesitamos de nuevas leyes, sino de algo más profundo. Precisamos redefinir nuestras prioridades, reordenar nuestra vida, comenzar a practicar la templanza y otras virtudes cardinales. Se impone un retorno a la sociedad orgánica cristiana, que no trata a las personas como piezas de una máquina, sino como seres humanos que somos. Ella restituye el elemento humano en el centro de la sociedad moderna y favorece el papel temperante de la tradición, de la moral, de la familia y de la comunidad, ayudando a reconstruir el tejido social y tranquilizar el mercado. Esta sociedad será cristiana, es decir, fundada sobre las virtudes cristianas; se guiará por la ley natural, orientada al bien común y a la vida virtuosa en comunidad; será llena de matices, poesía y pasiones ordenadas.

- ¿Cuáles son las perspectivas?

John Horvat — Las soluciones orgánicas no pueden ser impuestas; deben desarrollarse de manera natural. Nuestro libro demuestra que el actual modelo socioeconómico está en crisis, con los días contados, y que naturalmente habrá una búsqueda de otros modelos. Tenemos, por lo tanto, necesidad de buscar un modelo alternativo que nos permita superar la crisis. Debemos estar listos para apartar los modelos que serán propuestos por el socialismo, por ecologistas y otros, y presentar aquellos derivados de una concepción católica de las cosas. Debemos volver a los principios del orden cristiano, que hacen parte de nuestro patrimonio y de nuestras tradiciones. Son principios que funcionaron en el pasado. El libro pone esta opción sobre la mesa y muestra cómo ya es posible moverse en esa dirección.

- ¿Qué entiende usted por principios que funcionaron en el pasado?

- El testimonio de la Historia viene en defensa de tales principios, cuyos antecedentes son extraordinarios. Las personas tienden a pensar que la civilización anterior a la Revolución Industrial era primitiva y retrógrada. Ello está lejos de la verdad. De hecho, la civilización cristiana preparó el camino para el verdadero progreso.

Los principios del cristianismo han contribuido mucho para inaugurar un período de increíble dinamismo y enorme progreso tecnológico. El historiador Samuel Lilley, por ejemplo, demuestra que el progreso tecnológico fue proporcionalmente mucho mayor en la Edad Media que en toda la historia precedente. La Edad Media no era enemiga de la tecnología. En la Europa medieval fueron introducidas máquinas en una escala desconocida por cualquier civilización anterior. Algunos historiadores sostienen que la Revolución Industrial fue en realidad una prolongación (yo diría una corrosión) del proceso iniciado en la Edad Media. 

El historiador Lynn White afirma que la cristiandad fue la primera civilización que no fue construida sobre hombros de esclavos. Ese progreso dinámico no se limitaba a la tecnología, sino que se extendía también al campo del derecho, de la instrucción, de la medicina, de la economía y del gobierno. Los que desconfían de los libros de historia podrán visitar los monumentos de la época: catedrales, universidades, castillos. Ahí tendrán una idea de lo que se hizo.

- ¿Su libro fue escrito solo para norteamericanos?

- Todos nosotros individualmente hacemos parte de la cultura de la intemperancia frenética. Mejor dicho, bajo algunos aspectos, somos su elemento más activo. El libro Retorno al Ordentrata también de cómo debemos actuar en nuestra vida personal para desligarnos de los ritmos frenéticos que creamos. Él fue escrito no apenas para los norteamericanos, sino también para todas las personas del mundo moderno. Creo que estamos en condiciones de rechazar el imperio del dinero y la lógica de los mercados de masa que alimentan la intemperancia frenética. Y también de restablecer el contacto con el elemento humano deficiente en la sociedad y en la economía. Sea cual fuere la medida a tomarse, si ella concurre para reforzar la familia y la comunidad local, para aumentar nuestro aprecio por la reflexión, por la belleza, por el deber y por la virtud, ella será una medida positiva para el retorno al orden. Tenemos por ello necesidad de entender la crisis y participar en el debate sobre el futuro de la civilización cristiana. El libro Retorno al Orden nos invita a participar en ese debate, el cual estamos seguros que va a crecer en importancia en la medida en que la crisis se agrave.

Aún a propósito de su pregunta, quisiera acentuar que mi libro está dedicado al Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, pensador católico, un campeón de la lucha por la civilización cristiana cuyo ejemplo de gran virtud y valentía sirvió de inspiración para muchos. Fue su visión católica la que inspiró el libro, el cual está profundamente irrigado por los pensamientos contenidos en las decenas de reuniones que él de buen grado condescendió en tener con la Comisión de Estudios norteamericanos.

- ¿Por qué el retorno al orden es tan urgente en este momento?

- Uno de los principales motivos que lo hace urgente es el hecho de que el modelo occidental moderno, dos veces secular, parece haber entrado en declive. Hasta el American way of lifeno es más aquel de otrora. Cuando se haga evidente el declive de nuestra sociedad, en que sus fundamentos sean puestos en discusión, creo que muchos comprenderán la importancia del retorno al orden.

Pero tal retorno sólo será posible mediante un retorno a Dios y a la Santa Iglesia. Una sociedad ordenada es necesariamente virtuosa, confía en la Providencia y nos lleva a amar a Dios. Ella es posible y para ella debemos retornar.