EL Rincón de Yanka: MANUAL DE INSULTOS PARA POLÍTICOS

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¡BIENAVENTURADA NAVIDAD!

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miércoles, 13 de abril de 2016

MANUAL DE INSULTOS PARA POLÍTICOS



Considera Pancracio Celdrán Gomáriz que el insulto «es verdadero, mucho más que el halago». 
En estas 458 páginas, además de los insultos ya conocidos, se ofrecen múltiples posibilidades para quedar como una persona elegante, original y hasta leída ante los amigotes del bar, en ese momento en que la parroquia, cargadita, se entrega a uno de los deportes nacionales y empieza a soltar improperios al vislumbrar en la tele a fulano o mengano. Porque ¡qué fácil es ser zafio y vulgar!
 
Pierdepueblos y culiparlante

En su libro hay, en cualquier caso, insultos más originales, como ‘cogecosas’: «Llamaban así antaño al político trincón. 
Pío Baroja narra en sus ‘Memorias’ cómo gran cantidad de políticos de la época se llevaban de los ministerios, cuando cesaban, tinteros, ceniceros, lápices y gomas de borrar, sillas e incluso mesas». Parecido significado tiene ‘uñilargo’. 

Entre los mejores están ‘pancista’: fulano cuya personalidad es mezcla de trepa y vividor, chaquetero y oportunista metido en política; ‘menerre’: político de escasas luces que consigue estropearlo todo; ‘metesillas y sacamuertos’: politiquillo de mala muerte que se da importancia muy por encima de su merecimiento; ‘pierdepueblos’: aquel que con tal de ser elegido promete y dice cuanto se le ocurre; ‘urdemalas’: individuo tendente de manera natural hacia la conspiración y la intriga, sujeto sinuoso y avieso que trama o maquina de manera cautelosa para hacer daño; ‘maniobrero’: político astuto capaz de adelantar acontecimientos y trabajar en la sombra para favorecer sus planes, a menudo con estratagemas y jugadas no siempre limpias...

Otro de los buenos es ‘culiparlante’: se llamó así, desde las Cortes de Cádiz de 1812, al político cuya única participación parlamentaria se reduce a levantarse o quedarse sentado a la hora de votar las leyes. Es sinónimo de político zote, indocumentado o haragán. Y también está el ‘firmón’ o «político corrupto dispuesto a estampar su firma sobre cualquier escrito si media suculento porcentaje. Suele aplicarse a concejales que dan el visto bueno a planes y proyectos sin estudiarlos».

Caso simpático resulta este invento del insulto "viceberzas"; porque existe el berzas y el berzotas, pero ¿viceberzas?».Y explica su origen: «Así llamaban en el siglo XIX a quien es secretario de un tonto o sirve a alguien más idiota que él».
Por ejemplo el insulto ‘izmierdoso’ no es mío, sino prestado de la red. Lo utilizo porque me resulta morfológicamente un logro.

En fin, que el manual ofrece posibilidades más que suficientes para renovar el arsenal, tantas veces copado por el vocablo ‘ladrón’. Que sí, también está, y con historia incluida: «Se cuenta que al presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt le preguntaron por qué era del partido demócrata, y contestó: ‘Mi abuelo y mi padre pertenecieron a este partido, por eso yo pertenezco también a él’. El periodista, creyendo que lo había pillado, le preguntó:
‘Entonces, si su abuelo y padre hubieran sido desaprensivos y ladrones, ¿usted sería un ciudadano desaprensivo y ladrón? A lo que Roosevelt respondió: ‘No, señor mío, en tal caso sería republicano’.

El autor, Pancracio Celdrán Gomáriz (Murcia, 1942), es profesor, doctor en Filosofía y licenciado en Hispánicas. Especializado en Historia y Literatura antigua y medieval, antropología cultural y fraseología.
Una quincena de libros. Entre sus obras destaca ‘El gran libro de los insultos’ (2008), el que más éxito ha tenido hasta el momento.


El castellano es un idioma muy rico. Sin embargo, el español medio desconoce en gran medida una parte muy importante de nuestro extenso vocabulario.

Según expertos en lingüística, un ciudadano medio español no usa más de 1.000 palabras y sólo los muy cultos alcanzan las 5.000. Por eso, para ponerle remedio a este descalabro que desaprovecha de manera descarada las posibilidades de nuestra lengua; y como sucede siempre cuando uno comienza a aprender un idioma nuevo, empezaremos por lo primero: los insultos.