EL Rincón de Yanka: PARADIGMA

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lunes, 17 de noviembre de 2025

LIBROS "EL DESTINO DE LA HUMANIDAD": EL NUEVO PARADIGMA MUNDIAL y "CAMINO DEL INFIERNO": LA VERDADERA HISTORIA DE CÓMO LA ÉLITE DESTRUYÓ LA ECONOMÍA Y POR QUÉ por DANIEL ESTULIN


EL DESTINO
DE LA
HUMANIDAD

EL NUEVO PARADIGMA MUNDIAL

DANIEL ESTULIN

No es ningún secreto que la civilización actual atraviesa por una crisis de proporciones inimaginables, y en términos geopolíticos y económicos ya nada será lo que fue. La pandemia del coronavirus solo ha venido a acelerar este proceso que se desarrolló tras bambalinas desde hace años. Pero ¿hacia dónde se dirige el mundo? A través de esta excelente investigación, Daniel Estulin nos muestra lo que las élites globales han conspirado y planeado desde las sombras para imponer el nuevo orden mundial del siglo XXI. Los enfrentamientos son inevitables y cada uno de esos jugadores pretende mejorar su posición. ¿Qué resultará del enfrentamiento entre Estados Unidos y China? ¿Qué planes tienen el mundo islámico y Rusia para volver a ser jugadores preponderantes? ¿Acaso las nuevas élites alternativas buscan romper con la hegemonía de la Internacional Financiera? ¿Qué escenarios le esperan a América Latina? Cualquiera que desee entender las profundas implicaciones de los tiempos que atravesamos debe, con urgencia, leer este libro para tomar cierta ventaja del terremoto geopolítico que está por venir.
Si no me hubieran prohibido revelar los secretos de mi cárcel, oirías una historia cuya más leve palabra desgarraría tu alma, te helaría la sangre, como estrellas te haría saltar los ojos de sus órbitas, y erizaría tu liso cabello, poniendo de punta cada pelo, como púas de aterrado puercoespín. Pero esta proclamación del más allá no es para oídos de mortales. ¡Ah, Hamlet, escucha! Si alguna vez quisiste a tu padre...  WILLIAM SHAKESPEARE

Prólogo

La escritora británica Jane Wilde Hawking dijo: «Cuando luchamos contra el destino, solo las cuestiones universales -vida, supervivencia y muerte- tienen importancia». La pregunta que debemos responder con mayor ur­gencia es si al enfrentar su autodestrucción, la especie humana será lo su­ficientemente sabia como para modificar su destino y renunciar al ruinoso paradigma actual en el que se trata de consolidar un imperio mundial y los conflictos políticos se resuelven a través de la guerra, o si sustituirá dicho paradigma con un ejemplo moral que al mismo tiempo sea la inspiración de la imaginación y la esperanza del hombre.

Hablo del ejemplo de grandes visionarios, como el cardenal Nicolás de Cusa, Leonardo da Vinci, Johannes Kepler, Gottfried Wilhelm Leibniz, Simón Bolívar el Libertador, el presidente Benito Juárez García o Gandhi; personajes que inspiraron a la población con su legado, ejemplos de la cualidad impe­recedera de logro que va más allá de la muerte del sujeto. Si el liderazgo es moral, la población desarrollará de inmediato conciencia suficiente para re­chazar el mal y tratar de alcanzar su propia perfección y la de todo lo demás. No será fácil alcanzar este cambio. No es sencillo; si lo fuera, todos lo harían. ¡Pero es nuestro mundo! No debemos permitir que el estado actual de los asuntos mundiales deprima a la humanidad de manera colectiva. No podemos permitir que esto nos destruya. Hagamos una promesa solemne: preparémonos mejor para enfrentar los cataclismos globales con dignidad, determinación inquebrantable y fortaleza.

¡Debemos hacer una declaración de principios! ¡Esto es lo que somos! ¡Esto es lo que representamos !Defenderemos hasta el final nuestro presente y nuestro futuro, nuestro hogar planetario, el futuro de nuestros hijos y de nuestros nietos. Defenderemos el derecho a vivir en paz, a sentirnos protegidos en nuestros hogares, en las calles, en las ciudades y en nuestros respectivos países. Defenderemos el derecho a educar a nuestros niños y a fundamentar esa educación en ejemplos de héroes, no de pedófilos, asesinos, traficantes de drogas, degenerados y sádicos. Necesitamos creer en algo. An­helar algo mejor. Necesitamos trabajar con libertad e inspiración para me­jorar la vida de todos, en cada kilómetro cuadrado de espacio que haya en la naturaleza. Si no actuamos con sabiduría, si no tenemos una ideología, si carecemos de conocimiento científico y técnico, no podremos construir un mundo mejor.

Necesitamos restaurar la noción de que, como humanidad, pertenecemos al vasto universo que nos rodea; necesitamos restaurar la misión humana y dirigirla hacia una existencia mejor y más fraternal, que asuma su responsa­bilidad hacia el resto de las especies. Debemos trabajar de manera incansable y resuelta en la construcción del futuro de la humanidad, incluso si morimos mucho antes de cumplir nuestra misión.

La naturaleza humana es sinónimo de la búsqueda de la excelencia. Los humanos queremos dejar algo para la próxima generación o para la que le siga, algo para probar que existimos, para mostrar lo que hicimos con nues­tro tiempo en el planeta Tierra. Con este mismo impulso se construyeron las catedrales, las pirámides, la Gran Muralla china y muchas otras grandes obras que hemos creado como humanidad a lo largo de nuestra existencia.

Solo cuando hacemos las cosas por la más verdadera de las razones, por aquello que beneficia a la humanidad, podemos alcanzar los logros más sig­nificativos. El verdadero motivo por el que elegimos ir a la Luna, como dijo John F. Kennedy, no fue porque sería sencillo, sino porque sería difícil.

Somos el futuro. La chispa divina de la razón nos hace únicos. Los miem­ bros de la oligarquía podrán poseer una riqueza multimillonaria, pero jamás serán inmortales, porque actúan contra los intereses de la humanidad. Noso­tros, en cambio, podemos lograr la inmortalidad haciendo algo extraordina­ rio: pensar y trabajar en nombre del bien común.

Dicen que ningún hombre es mejor de lo que su conversación deja en­ trever, que ningún político es capaz de superar sus discursos. No obstante, hemos llegado a un momento en que la incongruencia está poniendo en pe­ligro el destino de la humanidad. La idea, la palabra y la acción son unidades indispensables de las sociedades con un pensamiento desarrollado que de­ bemos preservar si es que deseamos superar la fugaz existencia individual y pensar en «el terreno colectivo de la palabra nosotros», como escribió Enrique González Rojo.

A pesar de que a nuestro alrededor se están formando nubes densas y oscuras, yo miro al futuro y veo razones para tener esperanza. «Estar cerca de una montaña majestuosa es una bendición contradictoria -señaló el filó­sofo palestino-estadounidense Edward Said-. Uno percibe a la vez la mag­nanimidad de sus pastos y la abundancia de sus pendientes», y, sin embargo, nunca se puede ver dónde se está sentado: ¿a la sombra de qué grandeza?, ¿en el acogedor confort de qué certeza? Pero sí, hay esperanza.

Introducción

31 de diciembre de 2019. La noche anterior al año nuevo. Momento de grandes expectativas, de grandes cambios y grandes incertidumbres. Pocos podían sospechar que estábamos ante los cambios más grandes de los últi­mos trescientos cincuenta años.A mediados de marzo de 2020, se hizo evi­dente que estábamos ante un momento clave de la historia del mundo. Con la pandemia de covid-19, la diplomacia se terminó, y larealidad y los riesgos de una crisis sistémica mundial se situaron en el centro de atención inmediato e inevitable de un mundo que ha elegido, en su mayoría, no saber lo que está enjuego.

Por ahora,esta guerra no se librará con balas y bombas. Es una guerra eco­ nómica, una guerra de recursos humanos, una guerra entre naciones y sus sucedáneos, una guerra entre sociedades secretas y la humanidad. Nosotros contra ellos. Casi 8.000 millones de personas contra un puñado de indivi­ duos, los más poderosos y despiadados del mundo.

Mientras tanto, nuestra civilización ha llegado a un punto de no retorno. Y al cruzar esas puertas, la pandemia de covid19, junto con el descalabro económico, político y social, ha creado la tormenta perfecta, cuyos estragos son visibles hasta en el último rincón del planeta.
***
Lo que estamos viendo en Estados Unidos y lo que ya hemos visto en todos los rincones del planeta Tierra no es el fin de una fase delirante. Ni siquiera es el principio. Es la antesala del principio. El mundo ha entrado en una recesión de proporciones inimaginables desde marzo de 2020, y mu­chos de los 18 millones de estadounidenses que perdieron su empleo como consecuencia de la covid-19 nunca recuperarán sus puestos de trabajo. Lo que hemos visto en estos meses en las grandes ciudades de Estados Unidos -incendios, destrozos-, pronto va a multiplicarse y a convertirse en tierra arrasada cuando la gente no tenga ni para comer ni para vivir. Cero ingre­ sos significa miseria, enfermedad y, quizá, millones de personas muriendo por el uso descontrolado de las drogas y el alcohol, por suicidio o depresión. Cuando desapareció la Unión Soviética, 25 millones de sus ciudadanos mu­ rieron por las causas ya mencionadas.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) informa de que 1.600 mi­llones de empleos están en riesgo en la economía global. Se trata de la mitad de la fuerza laboral global de 3.300 millones de individuos. En esencia, no tenemos un sistema de orientación para el futuro ni tampoco la hoja de ruta de cómo crear un nuevo mundo. Si creemos que podemos volver a la globa­ lización y al mundo de antes en los próximos meses, les aseguro que aquel mundo no volverá nunca más.

La globalización es la libre circulación de personas, productos, finanzas y servicios. Pero hoy ya no existe. El mundo sin fronteras está muerto. El colapso significa la pérdida de riqueza, propiedad, dinero, acciones, bonos, cualquier tipo de inversión. Por primera vez en más de tres siglos, desde el siglo XVII, no tenemos un sistema de coordenadas para reemplazar nuestro sistema económico, que hoy está en su lecho de muerte.

El capitalismo es finito, aunque necesita una expansión perpetua. En el mundo capitalista, el costo de la innovación está incluido en el costo del producto. En otras palabras, el consumidor de hoy tiene que pagar por la innovación que se va a crear y vender en el futuro. Por esta razón, el capita­ lismo necesita la expansión de los mercados. Y los mercados son finitos. Hoy en día, hemos llegado al límite de crecimiento. Ya no podemos expandirnos más.

Así que aquí estamos a finales de 2021 con deudas, pasivos no financiados y derivados de alrededor de entre 2.000 y 3.000 billones de dólares. Es una suma que es imposible comprender, pero si decimos que es casi cincuenta veces el producto interior bruto (PIB) mundial, nos da una idea aproximada de aquello con lo que el mundo y los bancos centrales tendrán que lidiar en los próximos años. Lo que pocas personas entienden, incluidos los llamados expertos, es que no habrá recuperación en absoluto ni reinicio económico al­ guno a corto o a medio plazo. Un declive extremadamente rápido de la econo­ mía mundial acaba de comenzar y será devastador en los próximos meses.

Las burbujas de activos solo pueden terminar de una de dos maneras: en implosión o en explosión. 
¿Cuál es el escenario más probable? Una explosión violenta. Las principales burbujas de las que estamos hablando son las crea­das en el sistema financiero, en los mercados de valores,en los mercados de bonos y en los bienes inmuebles.

El riesgo de un final explosivo es muy alto. Lo más probable es que implique problemas agudos en el sistema bancario que conduzcan a una importante quiebra de la banca, por ejemplo, la del Deutsche Bank. Esta se extendería por todo el sistema bancario como un incendio forestal y, obvia­ mente, también afectaría a la burbuja de derivados de más de 1,5 billones de dólares. Ocurriría de forma tan vertiginosa que los bancos centrales no podrían imprimir dinero lo suficientemente rápido como para detenerla. En cualquier caso, todo el mundo financiero sabría en ese momento que cual­ quier dinero recién impreso tendría un valor cero y, por lo tanto, un efecto cero.

Una explosión de la burbuja claramente sería un cataclismo para el mundo. Conduciría a una depresión deflacionaria global de una magnitud nunca vista. También llevaría la vida a un nivel de devastación y privación que sería inimaginable hoy en día. ¿Cuál es el problema?
  • A los bancos centrales no les quedan herramientas para salvar el sis­ tema. Lo gastaron todo en la crisis de 2008. Las tasas ya están en cero y hace.das negativas significa que tendrían que pagar por prestar di­ nero a un prestatario en quiebra.
  • Las empresas, grandes y pequeñas, están quebradas oa punto de que­ brar. Se están hundiendo miles de empresas en todos los sectores. Las pérdidas totales rondarán fácilmente los trillones de dólares.
  • Antes de finales del año 2021, cientos de miles de empresas, grandes y pequeñas, solicitarán la protección por bancarrota.
  • Los préstamos incobrables aumentan a medida que las empresas y los individuos no pueden permitirse pagar intereses o cuotas. Se es­tima que en Estados Unidos no se han realizado pagos por más de 100 millones de préstamos.
  • Las imprentas globales trabajan las veinticuatro horas, los siete días de la semana, para salvar al mundo de la perdición. Desde que co­menzó la covid-19, el estímulo fiscal y monetario total hasta el mo­mento ha sido de 22 billones de dólares, que equivale al 26,46 por ciento del PIB mundial.
¿Y dónde queda en este discurso el coronavirus? La covid-19 es una excusa conveniente, pero no la causa de los problemas actuales. La presente pande­ mia fue un catalizador,pero la verdadera crisis esta vez comenzó en agosto­ septiembre de 2019 con el pánico de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo.

¿Qué es la covid-19 y de dónde viene? No sé de dónde viene.Los únicos que lo podrían saber son las agencias de inteligencia y los principales gobiernos del mundo. De hecho, para dibujar la imagen del futuro y entender la direc­ción de la crisis, no hace falta saber de dónde viene lacovid-19.Vamos a apli­ car la inteligencia conceptual para navegar por los acontecimientos.

La covid-19 es un elemento vital en el cambio de un paradigma tecnoló­ gico a otro. Uno de los elementos clave para entender el coronavirus es comprender las fuerzas que lo promueven y las razones de por qué ha destruido el mundo. Una de estas razones tiene que ver con el cambio de un paradigma tecnológico a otro. Hemos ido del cuarto paradigma -la economía industrial- al quinto paradigma- la economía posindustrial, la tecnología de servi­cios financieros, las tecnologías de la información, las telecomunicaciones, el entretenimiento-. Con el cambio del cuarto al quinto paradigma, los in­genieros y arquitectos fueron reemplazados por financieros de cuello blanco, banqueros y especuladores.

Ahora, entre 2024 y 2030, llegará el sexto paradigma tecnológico: la economía transindustrial -la robótica, la inteligencia artificial, la realidad virtual, las tecnologías aditivas 3D-. Entre 2040-2050 llegará el séptimo paradigma tecnológico -tecnociencia nanobioinfocogno (NBIC), convergen­cia, transhumanismo, fusión fría, bases en la Luna.

Hasta ahora, todos los cambios tecnológicos han sucedido de manera natural. El cambio actual, del quinto al sexto paradigma tecnológico, va a producir un cataclismo social. La globalización era adecuada dentro de los parámetros del quinto paradigma tecnológico,pero es absolutamente inade­ cuada para el mundo que se nos viene encima.

¿Qué significa un paradigma tecnológico y qué relación tiene con la co­vid-19 y la crisis sistémica que estamos viendo a nuestro alrededor?
  • Primer paradigma pretecnológico: agricultura, ganadería, economía agrana.
  • Segundo paradigma tecnológico: industria textil (hace tres siglos). Comenzó aproximadamente en 1772. Cada paradigma tecnológico posterior se volvió más efectivo y vital para el progreso y el desarrollo humano como especie.
  • Tercer paradigma tecnológico: máquina de vapor, trenes. Aproxima­ damente en 1825.
  • Cuarto paradigma tecnológico: maquinaria ¡pesada, factorías gran­des, cadenas de montaje.
  • Quinto paradigma tecnológico: de carácter industrial (petróleo, auto­móviles, producción en masa).
  • Sexto paradigma tecnológico: de carácter posindustrial (electrónica, informática, telecomunicaciones).
Un paradigma tecnológico no es un punto en el que se inventa una nueva tecnología. Más bien, hablamos de tecnologías dominantes en el momento en que se convierten en la base del nuevo avance tecnológico, social, político y económico. El cambio de paradigma es también un cambio social. Cuanto más avanzado es el desarrollo tecnológico, menos «necesidad» hay de huma­nos.

¿Cómo nos afecta esto a nosotros? La política siempre va detrás del desa­rrollo tecnológico. La tecnología es exponencial. La política y la economía son lineales. Como sociedad, no podemos resolver los problemas políticos sin resolver los problemas económicos y no podemos resolver los problemas económicos sin primero resolver los problemas sociales. Además, el progreso es imposible sin la modernización, y la modernización es imposible sin una visión clara del futuro. El colapso moral de una nación ocurre no por pérdi­ das materiales, sino por la falta de visión de un futuro mejor.

¿En qué consiste el sexto paradigma tecnológico? Estamos hablando de cambios fundamentales en la relación del ser humano con la automatización en una escala masiva, planetaria. Por ejemplo, los elementos claves del sexto paradigma son:
  • Educación a distancia (eliminación de las universidades como espa­cios físicos).
  • Robótica, inteligencia artificial (IA), estructuras económicas que no dependen del trabajo humano. En el sexto paradigma tecnológico, la IA tiene un papel clave en todos los aspectos de nuestras vidas. No se trata solamente de drones o de robots, sino de una nueva filoso­fía para crear un ambiente que no dependa de las personas. Para que los seres humanos sigamos siendo relevantes, tendremos que definir nuestro papel en un mundo robotizado.
  • Mundo virtual o de compatibilidad. No va a ser necesario trasladarse de manera física del espacio 1 al espacio 2 (de hecho, el cierre de fron­ teras es un ejemplo del mundo virtual en funcionamiento).
  • Criptomonedas controladas por los gobiernos, dinero digital, desapa­rición de bancos como instituciones financieras.
Antes dije que la covid-19 es un elemento clave en el cambio de un paradigma tecnológico a otro. 
¿Qué significa esto? Primero, la covid-19 es un golpe contra las clases medias. Con el reajuste del sistema planetario, llegará el cambio en el sistema político. Las clases medias siempre han sido una garantía de estabilidad y formas democráticas de gobierno. Salvo que en el sexto paradigma tecnológico y con la quiebra del sistema económico mun­ dial, la clase media sobra. 
La destrucción de la clase media conducirá a la quiebra de las instituciones de gobierno, especialmente en Occidente. La cri­sis de la democracia será el estado permanente de caos a partir de ahora.

NUEVO RESETEO ECONÓMICO

Para quienes no están familiarizados con la expresión reseteo económico glo­ bal, debería decirse que ha sido utilizada cada vez más por las élites en el mundo bancario desde hace varios años.Fue mencionada por primera vez en 2014 por la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) de la época, Christine Lagarde. Con frecuencia, se hace referencia al reseteo, en la misma línea que a conceptos como nuevo carácter multilateral, orden mundial multi­ polar o nuevo mundo. De hecho, todas estas expresiones significan lo mismo. El reseteo avanza como una solución a la crisis económica en curso que se desencadenó en 2008. Desde entonces, el desastre financiero no ha desapa­recido. La crisis de hoy simplemente es la fase terminal de lo que empezó en 2008. Pero ahora, después de una década de imprimir dinero por parte de los bancos centrales y crear una enorme deuda, la burbuja ha llegado a límites insostenibles.

Muchos economistas alternativos a menudo describen erróneamente las acciones de la Reserva Federal como «arrogantes» o «ignorantes». Piensan que la Reserva Federal quiere salvar el sistema financiero, pero ese no es ni nunca ha sido el caso.

La verdad es que la Reserva Federal es un agente saboteador que está listo para destruirse a sí mismo como institución para hacer estallar la economía de Estados Unidos y abrir el camino para un nuevo sistema mundial centra­ lizado y unificado. De aquí proviene el concepto reseteo global.

Ya en 2015 hablaban de que el reseteo global no se fija el objetivo de dete­ ner el colapso en curso. Por el contrario, el colapso es un instrumento o una base para crear un zigurat globalista, una estructura o edificación global. Un desastre económico sirve a los intereses de la élite.

Ahora, en 2021, vemos que el plan globalista se está implementando, y las élites están revelando sus intenciones de restablecer todo el orden mundial en 2022. Según el FMI, el reseteo es el siguiente paso en la formación de un sistema económico mundial único y de un posible gobierno global. Esta idea parece ser consistente con las soluciones propuestas durante la simulación de la pandemia del «Evento 201» (una simulación de la pandemia del coro­ navirus), que fue realizada por la Fundación Bill y Melinda Gates y el Foro Económico Mundial solo dos meses antes del inicio de la «coronahisteria» de 2020.

Los hechos que tuvieron lugar mostraron que los arquitectos del reseteo nos llevan a la necesidad de una decisión importante: la creación de una autoridad económica global centralizada que pueda manejar la respuesta financiera al virus. Obviamente, los acontecimientos actuales coinciden exactamente con el modelo del «Evento 201» de Bill y Melinda Gates, así como con los planes del FMI y el Foro Económico Mundial para una aproba­ción global.

El objetivo de los globalistas es obvio: asustar a la población con la pobreza, la conflictividad interna y las rupturas en las cadenas de suministros. Des­ pués, se propondrá una «solución», basada en la tiranía médica con la intro­ ducción de pasaportes de inmunidad, ley marcial y un sistema económico global basado en una sociedad digital sin efectivo con la destrucción de la confidencialidad.

Al mismo tiempo, se formará un gobierno global multilateral impersonal que hará lo que le plazca, pero que no será controlado ni responsable ante nadie. Hoy, muchos ya entienden que el nuevo orden mundial, através de un reseteo global, es un esquema a largo plazo de centralización del poder, que debe mantenerse durante siglos.

Las élites saben que un solo poder no es suficiente para establecer una gobernanza global, ya que tal intento solo conducirá a la resistencia y a la confrontación eterna. Quieren que el mismo público exija una gobemanza global como una forma de deshacerse de los horrores del caos mundial, y que sea económico, político, financiero, social, ideológico, etcétera. Entonces, los arquitectos del nuevo orden mundial tendrán la oportunidad de evitar una rebelión de la población contra su poder.

De acuerdo con este esquema, este plan insidioso y profundamente cons­ pirativo selleva a cabo creando un problema, desarrollando una reacción por parte de lapoblación y, finalmente, llevando a la población a una solución.

Con respecto a Estados Unidos, debe entenderse que la élite no acabará con la pandemia, sino por el contrario, se reanudarán los bloqueos, las medidas draconianas y los controles de la población. Con las nuevas restricciones, la economía estadounidense desaparecerá de manera segura, y con ella se planea quebrar al mundo entero. Las pequeñas y medianas empresas están destinadas a morir, habrá desempleo a escala planetaria, con miles de millo­ nes de personas sin nada que hacer. En las condiciones de este caos creado artificialmente, las corporaciones transnacionales (propiedad de los globa­ listas) saldrán ganando.

¿Hay salida? Sí. La gente común puede romper los planes siniestros de la élite. La solución real es crear comunidades más independientes y libres de la economía principal. La solución real debería ser la descentralización y la independencia, no la centralización y la esclavitud. Los globalistas buscarán intervenir cualquier intento de salir de su programa.

Sin embargo, esa élite no podrá hacer mucho si millones de personas al mismo tiempo hacen esfuerzos para, en vez de globalizarse, fortalecerse lo­ calmente. Este principio funciona de la siguiente manera: si las personas no dependen del sistema, entonces no pueden ser controladas por él.

Por supuesto,laverdadera prueba seráel colapso final de la economía exis­ tente. La estanflación ganará aún más impulso. Los precios de los productos esenciales se duplicarán o triplicarán, y el desempleo aumentará hasta ni­ veles nunca vistos. En estas condiciones, hay una sola pregunta a la que es difícil encontrar una respuesta: ¿cuántas personas o países construirán sus propios sistemas independientes del poder centralizado y cuántos globalis­ tas pedirán eliminar el caos mediante el establecimiento de una dictadura?

¿Cuántas personas se inclinarán ante las élites y cuántas estarán dispuestas a luchar contra ellas?

BILL GATES, VACUNAS, MICROCHIPS, BIG DATA

¿Qué es lo que viene?
  • La vacunación forzosa (el Estado es parte principal del gobierno en la sombra). Microchips como «sistemas de alerta temprana» (según la élite) para prevenir la próxima ola de virus mortales.
  • Los big data o el nuevo pasaporte electrónico de vacunación (será obligatorio tener pruebas de estar vacunado para poder comprar ali­ mentos, viajar, comprar casa, pedir préstamos bancarios, tener per­ miso de conducir, etcétera).
  • El control total. Es sorprendente cómo en poco tiempo hemos renun­ ciado a nuestras libertades a cambio de nada (nos encerraron en casa y nos obligaron a ponernos un bozal).
Quiero que entiendas que las vacunas no tienen nada que ver con la salud ni con el coronavirus. El primer y más importante objetivo es reemplazar el sistema del dólar estadounidense, utilizado por la población en general, por un sistema de transacción digital que se puede combinar con un sistema de identificación digital y seguimiento electrónico. El objetivo es poner fin a las monedas tal y como las conocemos y reemplazarlas con un sistema de tarje­tas de crédito que puede integrarse con varias formas de control, entre ellas, el control mental. La desdolarización amenaza el sistema global del dólar como la unidad de reserva planetaria. ¿Por qué no hay hiperinflación si la masa monetaria (lo que sellama Ml y M2) ha aumentado en dobles dígitos a lo largo del último año como resultado de una nueva ronda de flexibilización cuantitativa por parte de la Reserva Federal? La razón por la que no hemos entrado en hiperinflación se debe a la dramática y veloz caída del valor del dinero. 
¿Cómo lo han hecho? La covid-19 llevó a un cierre organizado de la actividad económica significativa y a la bancarrota de cientos de miles de pequeñas y medianas empresas. Los administradores del sistema del dólar están bajo presión urgente para usar nuevas tecnologías para centralizar los flujos económicos y preservar su control del sistema financiero.

Así como Gates instaló un sistema operativo en nuestros ordenadores con Microsoft, ahora el proyecto es instalar un sistema operativo en nuestros cuerpos y usar un «virus» para ordenar una instalación inicial seguida de actualizaciones regulares. ¿Por qué Gates y sus colegas quieren llamar a estas tecnologías «vacuna»? Si pueden persuadir ala burocracia política de que las tarjetas de crédito inyectables o los rastreadores de vigilancia inyectables o las nanotecnologías inyectables de la interfaz cerebro-máquina son vacunas, y no los «elementos de la dictadura electrónica», entonces pueden disfrutar de la protección de decisiones legales y de leyes que respalden sus esfuerzos para ordenar lo que ellos quieran hacer. Además, pueden insistir en que los contribuyentes estadounidenses lo financien a través del Programa Nacional de Compensación de Lesiones Causadas por Vacunas (VICP, por sus siglas en inglés), así quedarían libres de responsabilidad por los daños que de otra ma­ nera les correspondería como resultado de sus experimentos y violaciones del Código de Núremberg, y de las numerosas leyes civiles y penales sobre la población general.

Hay que reconocer que el esquema es bastante inteligente. Hacer que la población general acepte la definición de sus nuevos brebajes inyectables de alta tecnología como «vacunas», y que puedan centralizarlo a través de Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Gobierno estadounidense. No hay necesidad de preocuparse por la enfermedad y por la muerte que resultarán de algo tan antinatural como la inyección de estas «vacunas» en el cuerpo humano. Garantizar por ley estar libre de responsabi­ lidad a través de la declaración de emergencia, y la capacidad de mantener la emergencia a través del rastreo de contactos, puede protegerlos de la respon­ sabilidad por miles, o por millones, de muertes y discapacidades que serían la consecuencia directa de tal experimentación en humanos.

Pero esto no es todo. Gates y las industrias farmacéutica y biotecnológica están literalmente buscando crear una red de control global al instalar com­ponentes de interfaz digital y conectarnos a la nueva «nube JEDI»,cuyo valor es de 10.000 millones de dólares, perteneciente a Microsoft, en el Departamento de Defensa. Hay también un contrato multimillonario de nube de Amazon con la CIA. Estos proyectos se comparten con todas las agencias de inteligencia de Estados Unidos.

Recuerda, el ganador de la carrera de la inteligencia artificial de las su­perpotencias será el sistema que tenga acceso a la mayor cantidad de datos. Acceder a tu cuerpo las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, genera muchos datos. Si los chinos lo hacen, los estadounidenses también querrán hacerlo. De hecho, el despliegue de los «sistemas operativos» huma­ nos puede ser una de las razones por las cuales la competencia en torno a Huawei y las telecomunicaciones SG se ha vuelto tan frenética.

DINERO DIGITAL PLANETARIO

Otro elemento clave en el cambio al sexto paradigma tecnológico es la introducción del dinero digital. El dinero físico tiene los días contados. China lleva mucho tiempo ejecutando planes para hacer del yuan una moneda mundial, como primer paso, y ser líder en el uso de moneda digital, como segundo paso. Con la ayuda del renminbi digital, Pekín espera desdolarizar la econo­ mía y las relaciones económicas exteriores.

La tarea de emancipar a China del dólar estadounidense se ha vuelto particularmente relevante debido al hecho de que Washington comenzó a impo­ner sanciones económicas contra Pekín en relación con los acontecimientos en Hong Kong. Hasta ahora, las sanciones se expresan en la lista negra de funcionarios chinos, pero no hay garantía de que en un futuro Washington no bloqueará las operaciones de pago yliquidación debancos y empresas chi­ nas a través del sistema SWIFT.

Para China, el factor tiempo es muy importante en la implementación del proyecto del renminbi digital. Pekín busca ser la primera nación en intro­ducir una moneda digital oficial, y con ello sus operaciones serán invisibles para la inteligencia financiera de Estados Unidos.

Este proyecto presta mucha atención a las tecnologías blockchain (un registro distribuido de protocolos de transacción), que se utilizaron origi­nalmente en proyectos privados de criptomonedas (bitcoin, ethereum, etcé­ tera). El economista ruso Valentin Katasonov comenta que, en los proyectos privados, las tecnologías blockchain sirven a las relaciones horizontales de todos los participantes, garantizándoles el anonimato, mientras que esta tec­nología debería permitir al Banco Central de China ver todo lo que sucede en el mundo del renminbi digital en dimensiones verticales y horizontales.

La transición a la moneda digital fortalecerá dramáticamente la posición del Estado en el mundo del dinero. Y con la introducción de la moneda digital, estaríamos entrando de lleno en el mundo del sexto paradigma tecnológico. Los bancos, para realizar transacciones con la moneda digital oficial, serán innecesarios. Las cuentas para los titulares de moneda digital se abrirán directamente en los bancos centrales, y las transacciones entre los titulares de cuentas en moneda digital serán más rápidas que antes. Y se excluirá la posibilidad de la malversación del dinero. La gigantesca infra­estructura de monitorización y evaluación que ha surgido alrededor de los bancos privados será innecesaria: agencias de calificación, firmas de audito­ ría, supervisión bancaria,vigilancia financiera.

China está más preparada para introducir una moneda digital oficial que la mayoría de los otros países del mundo, incluidos Estados Unidos, Alemania, Francia y Gran Bretaña. En China, un programa de desarrollo tecnológico, cuyo objetivo es hacer de China una superpotencia en el campo de las tecno­ logías avanzadas para el año 2025, ha estado funcionando durante ya varios años. La robótica, la inteligencia artificial o la tecnología blockchain son algu­ nas de las áreas que Pekín quiere dominar.

Y hay otra razón por la cual China puede adelantarse a otros países en la introducción de la moneda digital. Los chinos lograron romper el hábito del uso de dinero en efectivo. Los pagos electrónicos son comunes para su población. No solo en las ciudades, sino también en las zonas rurales, los resi­dentes casi nunca usan papel moneda, hacen pagos con sus teléfonos móvi­les a través de los sistemas Alipay o WeChat Pay. El Banco Central de China ha declarado expresamente que el renminbi digital está destinado a reemplazar al renminbi en efectivo.

SISTEMAS DE CONTROL

Lo importante que debes saber es que el sistema de gobierno que describo opera y controla por la fuerza. La fuerza es el principio y el fin de su control. La fuerza eslaroca madre. Tenemos que aclarar esto, ya estemos hablando de bitcoins, drogas o mercados financieros.

La fuerza es el último mecanismo de control. Las personas que controlan, lo hacen porque pueden matar con impunidad. Eso significa que pueden matar sin tener en cuenta la ley. En el mundo occidental, la fuerza bruta rara vez muestra su rostro. Siempre es mejor usar sistemas financieros, legales y políticos para hacer el trabajo sucio.

Una de mis citas favoritas es de Samuel P. Huntington, politólogo y di­rector del Instituto John M. Olin de la Universidad de Harvard quien dijo: los ordenadores. Pero no. El control se basa en la capacidad de matar y regu­lar nuestro mundo físico con la fuerza bruta. Por ejemplo, la moneda de reserva global, uno de los mayores medios de control jamás creados, es fiscalizada por las personas que dominan los flujos físicos de información y comercio analógico, no digital. Controlan los cielos y los cables en el fondo del océano. Controlan los satélites y los drones que vuelan sobre ellos. Controlan los medios para producir la fuerza física ne­cesaria para proteger y mantener estos activos firmes. Este control les da la posibilidad de aplicar sanciones financieras a los países que dependen del ac­ ceso a esos flujos comerciales.

Dije que el control se basa en la fuerza física, pero la fuerza física no es una técnica de control efectiva. La fuerza es cara, asusta a la manada e inspira venganza. 
El sistema de control más efectivo y económico es el mental. Si tú eres capaz de pensar de manera independiente, puedes navegar caminos si­nuosos. Si no controlas tu propia mente, si crees todo lo que te cuentan en los medios de comunicación, en el entorno empresarial, a nivel político, te hallas en una grave desventaja y te aseguro que estarás trabajando para el Estado profundo.

Me encanta la escena de Matrix en la que Morpheus dice: «Matrix es un sistema, Neo. El sistema es nuestro enemigo. Pero cuando estás dentro, miras a tu alrededor y ¿qué ves? Empresarios, maestros, abogados, carpinteros: las mentes de las personas que estamos tratando de salvar. Pero hasta que lo ha­gamos, estas personas siguen siendo parte de ese sistema, y eso las convierte en nuestro enemigo. Debes entender que la mayoría de estas personas no están listas para desconectarse, y muchas de ellas están tan inseguras, son tan desesperadamente dependientes del sistema, que lucharán para prote­gerlo».

Eres el único que puede ser libre y liberarse a sí mismo de las ataduras que nos rodean. Hazlo.

CAMINO 
DEL INFIERNO
LA VERDADERA HISTORIA DE CÓMO LA ÉLITE 
DESTRUYÓ LA ECONOMÍA Y POR QUÉ


Polémico libro en el que Daniel Estulin defiende que la economía ha quedado destruida gracias a una serie de élites y los intereses, tramas y engaños que hay detrás de ella.

«Parece que sobre la crisis ya está todo dicho. 
Sí, todo menos LA VERDAD». 
Daniel Estulin

Detrás del cataclismo financiero se oculta una oscura trama de intereses que busca la destrucción del progreso tecnológico y educativo de los estados-nación y, en última instancia, el control demográfico de la población mundial. Todo ello para que el poder y la riqueza se perpetúen en las mismas manos: las de la elite que gobierna el mundo sin que nadie sea consciente de ello.
Una vez más Daniel Estulin pone bajo los focos una verdad incómoda para muchos pero reveladora para todos. Si no queremos que la oligarquía acabe definitivamente con nosotros, nos empobrezca, nos analfabetice, nos prostituya y, literalmente, nos mate de hambre, es el momento de abrir los ojos, entender que lo que está ocurriendo es un plan perfectamente orquestado y que todavía podemos hacer algo para devolver el golpe.

INTRO 

Empecemos diciendo que Wall Street es una barraca de feria. No es la verdad. Es un parque de atracciones, un circo ambulante, un grupo de malabaristas, bailarinas del vientre, contadores de cuentos, cantantes y artistas de striptease. Pero ustedes, el público, han quedado totalmente hipnotizados por ellos. Ustedes se sientan ahí un día tras otro y una noche tras otra, y toman nota de los diferenciales de precios, las demandas de cobertura de garantía, los incentivos y los derivados financieros. ¡Es de locos! 
¿Cuántos millones de personas están preparadas para creer cualquier cosa que les digan los expertos acerca del mercado de valores? ¿No se dan cuenta ustedes de que toda esa gente de las altas esferas está preparada para decirles lo que sea, con tal de que inviertan solo un poco más de lo que no tienen en esta gigantesca y estrafalaria tomadura de pelo? Es más: la única verdad que conoce la mayoría de la gente respecto de la economía es lo que ve en la televisión. 

Existe toda una generación de personas que no saben nada de la economía que no ha salido de Wall Street. Wall Street se ha convertido en el Evangelio, la suprema revelación. Es capaz de encumbrar o deponer presidentes, primeros ministros, ministros de economía y ministros de hacienda. Ahora imaginemos lo que ocurriría si el edificio entero de Wall Street y los mercados financieros resultaran ser una estafa, un sucio truco perpetrado por hombres viejos y sucios. Unos hombres viejos y sucios, preparados para hacer pasar por verdad cualquier mentira, a cambio de unas ganancias económicas en un mercado de valores artificial. 

Lector, hay una cosa que debe entender. Verá: los resultados del mercado de valores no tienen absolutamente nada que ver con la realidad. La economía se basa en consideraciones centenarias, no en lo que sucedió la semana pasada en Wall Street. Wall Street es una grotesca atracción de feria que debería estar prohibida a los niños menores de dieciocho años.

***
La falsa idea que tenemos de la economía radica en el hecho de que se piensa que la economía es un tema de dinero. Sin embargo, el dinero no constituye un determinante de la riqueza. Y las mediciones estadísticas de los flujos de dinero no tienen nada que ver con la previsión real de la riqueza. Lo que afecta al planeta es el desarrollo de la mente de la persona. Esta es la medida de la humanidad. 

Así pues, no es el dinero, ni la estadística, ni la teoría monetaria, lo que determina el modo en que funciona una economía. Es algo físico. Pero lo físico comprende el hecho del cerebro humano, que no se parece al de ningún animal porque ningún animal es capaz de inventar cosas; eso solo pueden hacerlo los seres humanos. Y esa es la manera en que organizamos nuestro sistema social, adoptando convencionalismos sociales respecto de nuestra forma de comportarnos como personas, como seres humanos, y los efectos físicos de dichos convencionalismos. Por lo tanto, si tenemos convencionalismos defectuosos tendremos problemas. Y esos problemas son predecibles… en términos físicos. 

Bien, antes de pasar a explicar los detalles de la crisis actual, deseo que el lector comprenda que lo que estamos presenciando hoy en el mundo, la destrucción global de la economía mundial, no es un accidente, ni tampoco un error de cálculo cometido a consecuencia de los chanchullos de la política. Esto está haciéndose a propósito. Completamente a propósito. Y la razón es que el Imperio sabe que el progreso de la humanidad implica que el fin del Imperio es inminente, que este no puede sobrevivir en un mundo en el que existe un progreso científico y tecnológico generalizado, sino que requiere un mundo en el que las personas sean mudas y serviles como ovejas. Por lo tanto, el Imperio se dedica a destruir esas estructuras, como las naciones-estado, que sirven de base a la vida y al progreso de la humanidad. El Imperio escoge deliberadamente como objetivo las naciones-estado, los países independientes, es decir las economías de las naciones, para destruirlas con el fin de conservar su propio poder. Y todo eso ha sido diseñado de antemano. 

Ahora bien, el Imperio no es un rey ni una reina sentados en un trono chapado en oro. Los imperios están por encima de los reyes. Son un sistema de control. Lo controlan todo por medio de un sistema monetario internacional controlado por banqueros internacionales. La globalización no es nada más que una forma nueva de imperio. Es la eliminación de la nación-estado; es la eliminación de la libertad; es la eliminación de los derechos. 

Cómo funciona el dinero 

Y esto me lleva al tema de la economía. La economía no tiene nada que ver con el dinero. Lo que quiere la elite es un Imperio. Y hay demasiadas personas que están convencidas de que para tener un Imperio se necesita dinero. Pero el dinero no es un determinante de la riqueza ni de la economía. El dinero es un instrumento. El dinero no afecta al desarrollo del planeta. Existe la creencia falsa de que el dinero expresa un valor físico intrínseco. El valor no se expresa como una cantidad per se, sino únicamente como los efectos relativos del aumento o la disminución de la relativa y potencial densidad de población física de la persona dentro de una sociedad. El valor del dinero no radica en el intercambio individual sino en la unidad funcional, conocida como dinámica unificadora, del proceso social de una nación. 

¿Sabe usted lo que afecta al desarrollo del planeta? La mente humana. Así es como se mide la humanidad. Lo que nos diferencia de los animales es nuestra capacidad de descubrir principios físicos universales, y dicha capacidad aumenta y mejora el poder que posee el hombre sobre la naturaleza por cada kilómetro cuadrado de espacio. Nos permite innovar, lo cual después mejora la vida de las personas. El desarrollo de la humanidad, el desarrollo del poder de la persona y de la nación, depende de los avances científicos, de los descubrimientos científicos y del progreso tecnológico. 

Al reducir la productividad, al reducir las infraestructuras, al reducir los inventos y la tecnología, estamos provocando un derrumbe de la población. Y si se consigue que la población sea tonta y no demasiado numerosa, la minoría podrá controlarla. 

La actual crisis monetaria es reflejo de la locura impuesta en el proceso de destrucción de la economía física. La razón de que estemos sufriendo una crisis de hundimiento no se halla en la fluctuación de los mercados financieros. El problema económico es que estamos en modo hiperinflacionario, es decir, si se toma la cantidad total de dinero que se cree que está en circulación y se examina el porcentaje de dicho dinero que se corresponde con la realidad física, se ve que ha disminuido, que casi es cero.
¡Pero eso no es la crisis! La crisis es la producción física per cápita. Y los recursos de los que depende dicha producción están hundiéndose. 

El futuro de la humanidad tiene que ver con la economía física, con las transformaciones físicas del mundo que nos rodea. Voy a poner un ejemplo. Si se coge un montón de tierra que es rica en mena de hierro, y se refina esa mena y se utiliza para fabricar hierro, y después se usa ese hierro para fabricar acero, y ese acero para construir máquinas-herramienta que permitan fabricar toda clase de cosas, como automóviles, trenes, naves espaciales y reactores nucleares; en cada fase de ese proceso, la transformación que se consigue tiene un valor mayor para la sociedad, vale más en términos físicos que los elementos que han intervenido en ella. El resultado es mayor que la suma de los ingredientes. 

Verá, cuando construimos una infraestructura, en realidad estamos reorganizando el espacio-tiempo físico de la biosfera, estamos permitiendo que esta alcance niveles cada vez mayores de densidad en el flujo de energía. 

Así pues, si se tiene un sistema en el que se va pasando a densidades cada vez mayores en el flujo de energía, como cuando se pasa de una economía basada en el carbón a otra basada en el petróleo y a otra basada en la energía nuclear, se incrementa el poder productivo de la mano de obra humana en cada etapa de dicho proceso, y así es como se crea la verdadera riqueza. Personas que hacen cosas productivas. En cambio, el dinero solo viene a facilitar el comercio entre esas personas. No posee poderes mágicos. No tiene un valor intrínseco. 

Si uno es un agricultor, no le interesa cambiar los productos que cultiva por un tractor al fabricante de tractores. De modo que se nos ocurre una idea que llamamos dinero. Seleccionamos algo que represente el valor creado realmente en el mundo físico, para que nos resulte más fácil comerciar entre personas. Pero el valor nunca se encuentra en el dinero. El valor se encuentra en la riqueza física representada por el dinero. Y lo que ha hecho el Imperio, y lo que hacen constantemente los banqueros, su gran error, es decir que el dinero posee valor y que necesitamos más dinero. 

Así pues, como ahora vamos a tener un rescate, supuestamente tenemos que salvar ese sistema bancario, tenemos que cerrar los sectores productivos de la economía. No podemos permitirnos el lujo de tener una economía basada en la energía nuclear porque las personas que controlan el dinero están destruyendo sistemáticamente la riqueza de la economía, en el vano esfuerzo de aferrarse al valor del dinero. Y lo que sucede al obrar así, y a medida que se va creando cada vez más dinero en este rescate, es que el valor del mismo se hunde drásticamente y en realidad termina siendo nulo. 

Exactamente lo que estamos viendo en la actualidad. Y en eso consiste la hiperinflación. El valor del dinero está disminuyendo muy deprisa por culpa de unas políticas gubernamentales propias de idiotas. Por lo tanto se hace necesario imprimir cada vez más dinero todo el tiempo, solo para intentar mantenerse a flote. Y ese es el proceso en el que nos encontramos ahora inmersos. 
Estamos destruyendo la poca riqueza que nos quedaba intentando salvar el valor del dinero, lo cual es una idiotez y jamás funcionará.

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lunes, 3 de marzo de 2025

LIBRO "NOSOTROS QUE LUCHAMOS CON DIOS": UNA NUEVA PERSPECTIVA SOBRE LA MAYOR HISTORIA JAMÁS CONTADA por JORDAN B. PETERSON


NOSOTROS QUE LUCHAMOS CON 
DIOS

UNA NUEVA PERSPECTIVA 
SOBRE LA MAYOR HISTORIA 
JAMÁS CONTADA

EL ESPERADO Y REVOLUCIONARIO NUEVO LIBRO DE JORDAN B. PETERSON, AUTOR DEL BEST SELLER INTERNACIONAL 12 REGLAS PARA VIVIR.
Una obra que desvela la psicología de la Biblia y sus grandes historias.
Un texto esencial para comprender los fundamentos del mundo occidental, que analiza desde un punto de vista psicológico las historias bíblicas de rebelión, sacrificio, sufrimiento y triunfo que nos unen y nos inspiran aún hoy. Desde Adán y Eva y la caída eterna de la humanidad, la guerra fratricida de Caín y Abel, el diluvio al que se enfrenta Noé, el colapso de Babel, hasta la épica de Moisés, Peterson revisita los relatos que nos han formado y se pregunta sobre su significado y su papel en nuestras existencias.
Es hora de tomar conciencia de la estructura de nuestras almas y nuestras sociedades. Hemos dejado que la política determine quiénes somos, mientras esperamos que la religión moldee nuestra vida en común. Jordan B. Peterson explora la esencia de nuestro ser, las capas que nos definen y cómo la polaridad ideológica y la salud mental derivan de nuestra lucha interna. Nos invita a sumergirnos en la mayor historia jamás contada y a atrevernos a luchar con Dios.
Jordan B. Peterson, de psicólogo azote de la izquierda a divulgador cristiano tras abrazar la fe.
Su mujer dice haberse curado de un cáncer terminal gracias a su fe católica, en cuyo viaje la ha acompañado su marido, que acaba de anunciar una nueva gira, 'We who wrestle with God' ('Nosotros que luchamos con Dios'), y un libro con el mismo nombre.
«Me voy a concentrar en las ideas que he trabajado para mi próximo libro "We who wrestle with God" (Nosotros que luchamos con Dios)». Así ha anunciado el psicólogo clínico y «azote de la ideología woke» Jordan B. Peterson. Explica que se remonta a sus lecciones sobre la Biblia, en las que indaga en las explicaciones psicológicas que contienen libros como el Éxodo o el Génesis. Entre ellas hay prédicas tituladas «Dios y la jerarquía de la autoridad» o «Adán y Eva - La consciencia, el mal y la muerte», algunas de las cuales alcanzan los cuatro millones de visualizaciones.
«Me concentraré en temas bíblicos y en cuestiones de narrativa general, pero todo lo que diga tendrá una aplicación más amplia y genérica», continúa, algo misterioso. Lo cierto es que mientras la «cultura de la cancelación» intenta expulsar a Dios de la esfera pública, Jordan Peterson y su mujer, Tammy, tratan de situar el tema en el centro de la conversación en un mundo cada vez más secular.

Un camino de fe

Tanto Jordan Peterson como su mujer han luchado con las cuestiones de la fe y están labrando sus propios caminos hacia la verdad y la comprensión. De hecho, Tammy ha hablado públicamente sobre su camino de conversión católica. Por su parte, tendremos que esperar a que el renombrado psicólogo y azote de la ideología woke comience sus charlas o publique su libro para conocer hasta qué punto ha emprendido un camino de fe.
«Recorro varias de las principales historias bíblicas, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y hago un comentario sobre su significado psicológico, práctico, social y posiblemente filosófico y teológico. Es una explicación de, por ejemplo, lo que significa vivir en una relación de establecida por una promesa», ha expresado al explicar esta próxima publicación.

Sin embargo, cuando le preguntan abiertamente por su religiosidad, él invita a que compren su libro o acudan a sus conferencias (por supuesto): «¿No dicen que 'por sus frutos los conoceréis'?». 
Uno de esos frutos ha sido, según él, su largo matrimonio de 35 años, que capeó las tormentas de la enfermedad terminal de su mujer y la atención de los medios, particularmente desde que Jordan Peterson saltó a la fama al luchar contra la ideología de género como profesor en la Universidad de Toronto. «Se contrae matrimonio como un acto de fe. Te enamoras de alguien, lo cual es una gracia, un regalo de Dios en un sentido real», explica Jordan Peterson en un video de DailyWire+.

Los Peterson fueron invitados por su amiga, Queenie Yu, numeraria del Opus Dei y directora de Educación del Carácter de la Escuela para Niñas de Hawthorn, a hablar en un evento en el Kintore College de Toronto con estudiantes, padres y estudiantes de Hawthorn. Allí, Tammy Peterson confirmó de nuevo que sería bautizada en el rito católico en Semana Santa, algo para lo que preparaba «con espíritu fervoroso».


Peterson, profesor emérito de la Universidad de Toronto, es autor de tres libros: Beyond Order, 12 Rules for Life y Maps of Meaning, y colabora con el grupo de comunicación conservador The Daily Wire.
Pero es igualmente conocido por sus podcasts y declaraciones controvertidas en las redes sociales. Saltó a la fama después de impugnar una ley canadiense que, según él, criminalizaría el uso de pronombres incorrectos para una persona transgénero, y fue suspendido temporalmente de Twitter por una publicación sobre un actor transgénero.
A pesar de esto, ha acumulado un gran número de seguidores, en su mayoría jóvenes que aprecian sus «reglas de vida» y de sentido común, sus puntos de vista conservadores y lo que algunos llaman su «estilo Don Draper».

Presagio

El susurro de una brisa suave

Iniciamos nuestro viaje, nuestra lucha con Dios, con una historia singular, una historia que nos da a conocer una idea de considerable peso y que adopta la forma dramática clásica de las narraciones bíblicas; una idea que puede ayudarnos a entender por qué debemos explorar y llegar a conocer estos relatos antiguos cada vez más olvidados. Se trata de la historia del profeta Elías y ofrece una de las caracterizaciones o definiciones más fundamentales de Dios. Dicho profeta vivió en tiempos del rey Acab y de su esposa Jezabel, en el siglo IX a. C. Aunque su historia es breve, Elías destaca entre los profetas por dos razones: su extraña manera de morir y su aparición mucho más tardía junto a Moisés y Jesús de Nazaret en la cima del monte Tabor durante la conocida como «transfiguración» (Mateo 17:1-9; Marcos 9:2-8; y Lucas 9:28-37). 

Ese término, transfiguración, lo emplearon los traductores latinos del texto griego original, que aludieron al suceso con el término helénico metamorfoô, con sus connotaciones de la cualidad transformadora de gusano a mariposa. Los seres humanos crecen y se desarrollan a medid.a que maduran (presuponiendo que maduren) de una manera casi tan radical como la del insecto alado. Como apunta el apóstol Pablo en Corintios 1:11-13: 
«Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño,juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño». Así, no es en absoluto irrelevante que la palabra psyche (ψυχή) -raíz de la que deriva el término psicología, el significante del espíritu o alma humana- significara, literalmente,«mariposa».

Por profundo que sea el vínculo entre alma y mariposa, no es ese el único motivo de comparación. Las mariposas también son capaces de asombrosas hazañas de navegación. Se trata de algo casi milagroso, como mínimo, dada su fragilidad y su inteligencia, en teoría limitada. En esa capacidad de navegación suya (y quizá en lo efímero de su vida y en sus restricciones), resultan similares a los seres humanos, que han viajado desde su lugar de origen en África hasta todos los confines del planeta, por más distantes e inhóspitos que fueran. Además, esos insectos de alas vaporosas son hermosos, excepcionalmente simétricos, y notables en su capacidad para percibir en relación con esa belleza y esa simetría, y para seleccionar a sus parejas en consecuencia. Son capaces de detectar desviaciones de ambas características con asombrosa precisión. Ello revela una alta capacidad de juicio en relación con el ideal: una aptitud más que esos insectos perfectamente creados comparten con la psique humana. 
¿Y por qué todo esto es relevante para nuestro relato del profeta Elías y para la comprensión de la vida? Porque tanto su manera de morir como su posterior aparición en compañía del Cristo transfigurado son representativas, o simbólicas, de la capacidad de transmutación cualitativa y revolucionaria de la psique.

En 2 Reyes 2:2 se nos informa de que Elías fue elevado en cuerpo y alma a los cielos estando todavía vivo, privilegio que el Antiguo Testamento les reserva solo a él y al profeta Enoc (Génesis 5:24). Es, claro está, parte integrante de la tradición cristiana que Jesús ascienda a los cielos de manera similar tras la resurrección (Lucas 24:50-53; Hechos 1:9-11). Gran parte de la cristiandad también acepta la doctrina de la asunción de María, según la cual esta es llevada en cuerpo y alma a los cielos después de su muerte. Pero hasta ahí el alcance de este fenómeno. La ascensión al reino divino supone la presencia de algo sin duda muy notable. En el momento del tránsito de Elías, este se encuentra acompañado de Eliseo, su discípulo y sucesor. Se desplazan desde Gilgal a Betel, lugares ambos de profunda importancia bíblica. Gilgal es, por ejemplo, el lugar en que los israelitas erigen un monumento a Dios para conmemorar el éxito de su paso, a través del río Jordán, a la tierra prometida (Josué 4:19-24). Betel, por su parte, significa «casa de Dios». Aparece por primera vez en Génesis 28: 10-22 como el lugar en el que Jacob sueña con una escalera que se eleva hacia el cielo por la que unos ángeles -intermediarios entre lo divino y el hombre- descienden y ascienden. En su sueño, Dios reafirma a Jacob la alianza a la que había llegado con Abraham e Isaac, prometiéndole numerosa descendencia, tierras y protección divina. Todo relato en el que aparecen unos héroes desplazándose de un lugar en el que ha ocurrido algo importante hasta otro de relevancia equivalente o incluso mayor es un relato sobre la idea del propio «Viaje significativo», una descripción del camino de la vida que se desarrolla de manera óptimamente audaz y llena de sentido. Es por eso que la última y mayor de las aventuras de Elías tiene lugar en Betel, o en sus inmediaciones, por ser el punto en el que se produjo la visión de la escalera de Jacob. Eliseo está con él:
En cuanto pasaron, Elías dijo a Eliseo: «Pide lo que quieras que haga por ti, antes de que yo sea arrebatado de tu lado». Eliseo dijo: «Te ruego que me dejes una doble porción de tu espíritu». «Cosa difícil has pedido -le respondió Elías-. Si me ves cuando sea separado de ti, te será concedido; pero si no, no.» Aconteció que mientras ellos iban caminando y hablando, un carro de fuego, con caballos de fuego, los apartó a los dos y Elías subió al cielo en un torbellino. Al ver esto, Eliseo clamó: «¡Padre mío, padre mío!
¡Carro de Israel y su caballería!». Y nunca más lo vio. Entonces Eliseo tomó sus vestidos y los rasgó en dos partes.  2 Reyes 2:9-12
De ese modo, Elías es entregado al reino de Dios, así como la gran buscadora de belleza y viajera del mundo de los insectos levanta el vuelo hacia los cielos después de su metamorfosis. El ascenso al reino de lo divino por parte del profeta prepara el terreno para su posterior reaparición junto a Jesús en la cima del monte Tabor:

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a su hermano Juan y los llevó aparte a un monte alto. Allí se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías, que hablaban con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: «Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, haremos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió y se oyó una voz desde la nube que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd». Al oír esto, los discípulos se postraron sobre sus rostros y sintieron gran temor. Mateo 17:1-6

Una transformación que, de modo parecido, también mueve al temor reverencial se da en los relatos sobre Moisés: «Después descendió Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en sus manos. Al descender del monte, la piel de su rostro resplandecía por haber estado hablando con Dios, pero Moisés no lo sabía. Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés y al ver que la piel de su rostro resplandecía, tuvieron miedo de acercarse a él» (Éxodo 34:29-30). 
Ese resplandor es, por así decirlo, la ocurrencia simultánea de la elevación definitiva y lo que normalmente es meramente humano: una indicación del descenso de lo divino a lo profano, o del ascenso de lo profano hacia las alturas.

Por tanto, tiene todo el sentido del mundo, simbólicamente, que esas revoluciones en el carácter o transmutaciones de la psique tengan lugar en las cimas de los montes. La cumbre de la montaña sagrada es el lugar mítico en el que el cielo y la tierra se tocan, en que lo meramente material se encuentra con lo trascendente y lo divino. Más aún: la vida se representa bien como una serie de viajes montaña arriba. Para los pesimistas, se trata del temible destino de Sísifo, condenado a empujar una piedra por una ladera hasta la cima para ver como esta desciende rodando una y otra vez, por lo que el proceso debe repetirse eternamente. En cambio, un intérprete más optimista de la vida podría ver las oportunidades de transformación personal. Cuando hemos subido una nueva montaña y llegado a la cima -esto es, cuando hemos alcanzado nuestra meta-, hemos llevado con éxito algo hacia un fin, hemos materializado una visión cercana y nos hemos convertido en más de lo que éramos. Al llegar a la cima, al menos a la cima del ascenso en curso, también vemos todo lo que se extiende ante nosotros, incluido el siguiente reto -la siguiente posibilidad de jugar, de madurar y de crecer; la siguiente llamada a un sacrificio transformador-. El progreso continuamente ascendente representado en una sucesión de escaladas, cada una de ellas con su experiencia de cumbre, es una variación del camino de ascensión representado por la escalera de Jacob, la subida en espiral a los cielos hacia el reino de Dios, en la que el propio Dios llama desde el punto elevado, desde la cúspide del monte más elevado concebible.

La historia de Elías no se limita a su manera excepcional de morir y a su transformación final. El gran profeta vivió en la época del reino dividido de Israel y Judá. En ese tiempo, el pueblo de Israel trabajaba a las órdenes del rey Acab, que lo llevó a venerar a dioses que no eran Yahvéh, la deidad tradicional de Abraham, Isaac y el pueblo elegido. Esa desviación tuvo lugar como consecuencia directa el matrimonio de Acab con Jezabel, una princesa fenicia rica y privilegiada que trajo consigo a sus falsos dioses tras los esponsales. Baal, su dios preferido, era una deidad fenicia cananea de la naturaleza, responsable de la fertilidad, la lluvia, el trueno, el relámpago y el rocío. La nueva esposa de Acab, una mujer resuelta, mató a la mayoría de los profetas de Yahvéh en su intento de establecer la primacía de Baal. Se dice que el esposo de Jezabel, totalmente sometido a su control, hizo «para provocar así la ira de Yahvéh, Dios de Israel, más que todos los reyes de Israel que reinaron antes de él» (1 Reyes 16:33). Elías intenta disuadir al monarca de sus debilidades y de su idolatría, asegurándole que las consecuencias de su gobierno desviado traerán consigo años de una sequía tan grave que incluso el rocío de la mañana dejará de visitarlos.

Dado que Baal era el dios considerado responsable directo de la lluvia dadora de vida, la sequía vaticinada por Elías socavaba claramente la autoridad del dios y de sus sacerdotes, así como la confianza del pueblo en Acab, su rey, y en Jezabel. El motivo literario del «reino reseco» empleado en este fragmento narrativo constituye un tema simbólico de significación estable, algo que se pone de manifiesto, por ejemplo, en la obra maestra de la animación de Disney, El rey león. Cuando Scar, el hermano malvado del rey legítimo, depone a Mufasa, verdadero rey de Pride Rock, destierra al hijo de este, Simba, a la periferia del reino. La consecuencia es que la lluvia deja de caer y desaparecen los animales que los leones cazan y de los que dependen. Cuando Simba recupera el trono, la lluvia regresa. En el cuento infantil El agua de la vid a, de los hermanos Grimm, se insiste en el mismo tema y se presenta como la aventura de un hermano menor encargado de transportar el agua que ha de devolver la vida a su padre moribundo. Algo similar aparece en el Libro del Éxodo con su contraste entre la rigidez pétrea del faraón intransigente y el dominio dinámico del agua característico de Moisés. Cuando el principio erróneo se establece como supremo -cuando un rey falso ocupa el trono o se imponen unos valores impíos-, la gente no tarda en verse privada de la mismísima agua de la vida. En todo caso, de manera más profunda, un reino que gira en torno a un polo errado -que venera a unos dioses equivocados, por así decirlo-, sufre psicológica o espiritualmente. 

Después de declarar la sequía y retirarse al desierto, donde en un primer momento es alimentado por cuervos y bebe de un arroyo, los propios recursos del profeta se secan. Dios dirige a Elías al encuentro de una viuda en la localidad de Sarepta. La halla junto a un pozo y le pide agua y pan. Ella responde: «Vive Yahvéh, tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos y nos dejemos morir» (1 Reyes 17:12). Elías la tranquiliza y le dice que Dios no permitirá la escasez en su casa. «Porque Yahvéh, Dios de Israel, ha dicho así: "La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Yahvéh haga llover sobre la faz de la tierra"» (1 Reyes 17:14). Podría parecer raro que un emisario de Dios necesite recurrir a una viuda pobre para asegurarse el sustento. Pero los relatos bíblicos son sutiles y sofisticados. Aquí, en primer lugar, la historia de Elías enfatiza la importancia, también, de las personas humildes (en este caso, la viuda); en segundo lugar, la necesidad de una orientación moral incluso en condiciones de privación (la disposición de la viuda a ofrecer hospitalidad, una obligación que volverá a surgir a lo largo de nuestra indagación); y, en tercer lugar, que la abundancia depende absolutamente de la orientación moral de todos,independientemente del estatus.

La influencia inadecuada y manipuladora que la esposa del rey débil ejerce sobre su esposo inútil y carente de fe amenaza la integridad del Estado mismo. En parte, ella representa la atracción a menudo peligrosa de las ideas y las costumbres extrañas que pueden invadir y penetrar en una sociedad bajo el disfraz de lo creativo, lo sofisticado y lo nuevo. Antes de que surjan las objeciones («los autores de los relatos bíblicos eran inexcusablemente prejuiciosos e incluso xenófobos»), conviene tener en cuenta a figuras del Antiguo Testamento como Jetro, el suegro de Moisés, que ocupa un lugar importante en el Libro del Éxodo (véase, sobre todo, 18:17-23); Rahab, una valerosa y creyente prostituta de Jericó (Josué 2); y Naamán (2 Reyes 5), cuya humildad y fe permitieron su curación a manos de Elíseo. En todos los casos, se trata de individuos que a pesar de ser extranjeros, o precisamente por serlo, perciben con ojo no viciado y se comportan moralmente, por lo que juegan un papel correctivo cuando los israelitas se corrompen. A veces, lo nuevo parasita y envenena y en otras ocasiones restaura y renueva. La sabiduría consiste, entre otras cosas, en la capacidad para distinguir, en estos casos,lo que ayuda de lo que entorpece.

La mujer pobre pero bondadosa que ha perdido a su marido se presenta sutilmente como deseable, en contraposición a la arrogante y peligrosa reina Jezabel. ¿Por qué? A lo largo de casi toda la historia de la humanidad, la viudedad dejaba a la mujer en una situación muy difícil, sobre todo cuando esta tenía hijos a su cargo. Así pues, en el corpus bíblico, la figura de la viuda suele usarse para representar vulnerabilidad, impotencia y existencia en los márgenes sociales y económicos. Su estado miserable bien podría verse como una forma de injusticia cósmica constante. Por esa razón, así como para la edificación moral de su pueblo, el espíritu de Dios llama a los israelitas a rectificar su desigualdad: a vencer la tentación estrecha de centrarse en uno mismo y de entregarse a la avaricia y a dejar algo para los desposeídos:

Cuando siegues Ja mies de tu tierra, no segarás hasta el último rincón de ella ni espigarás tu tierra segada. No rebuscarás tu viña ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo, Yahvéh, vuestro Dios. Levítico 19:9-10
Este principio se elabora en el Deuteronomio, junto con un punto adicional: en cierto momento de la vida, todo individuo va a depender de otros; por tanto, una psique y una sociedad correctamente estructuradas se organizan de manera que esa dependencia inevitable se entrelace con la preocupación y las atenciones necesarias. No tiene sentido establecer una sociedad que no acierte a cuidar de las personas que la componen en todas las etapas de su desarrollo, desde la vulnerabilidad hasta la capacitación, la productividad y la generosidad.

Cuando vendimies tu viña, no rebuscarás tras de ti; será para el extranjero, el huérfano y la viuda. Acuérdate de que fuiste siervo en tierra de Egipto. Por tanto, yo te mando que hagas esto. Deuteronomio 24:21-22
La viuda, que es generosa a pesar de su pobreza, encarna el patrón de conducta del sacrificio recíproco y la ayuda mutua que caracteriza por igual aun individuo fiable y a un Estado pacifico y productivo. Contrasta absolutamente con la reina privilegiada cuyo ensimismamiento amenaza la psique y la comunidad.

A medida que prosigue la historia de Elías,la idea de que la jerarquía de valores psicológica y social debe organizarse bajo el mandatario adecuado -o, de manera más abstracta, bajo el principio adecuado- se concreta más. El profeta deja Sarepta y organiza lo que en términos coloquiales podría denominarse «batalla final» en el monte Carmelo. Convence a Abdías, el mayordomo del palacio de Acab, para que congregue a todos los profetas de Baal, además de al pueblo de Israel, al pie del monte. Se preparan dos altares para el sacrificio: uno para Baal, controlado por sus profetas; otro para Yahvéh, bajo dominio de Elías. Se invoca a ambos dioses para que enciendan el fuego del altar que consume el sacrificio. Los profetas de Baal rezan durante horas sin éxito. Ellas empapa su altar con agua tres veces (para demostrar que tiene razón) y después pide la intercesión de Yahvéh. De inmediato, desde los cielos desciende un fuego que inmola el sacrificio e incluso el propio altar. Así queda establecida la supremacía de Yahvéh. Los profetas de Baal son ejecutados y «una abundancia de lluvia» (1 Reyes 18:41) regresa de inmediato. No puede haber riqueza en ausencia de un orden moral verdadero. Bajo la guía de un espíritu alentador adecuado, la escasez puede convertirse en recuerdo lejano.

Nada contenta, Jezabel dirige su ira contra Ellas. Y así, el desventurado profeta huye y se adentra en el desolado desierto. Se refugia en una cueva, donde Dios le habla (1 Reyes 19). El recurso de la revelación en un lugar solitario constituye un tema común en las narraciones. Las voces interiores y la experiencia imaginativa se vuelven mucho más probables en condiciones de aislamiento, en que se minimiza la comunicación verbal externa, así como en la oscuridad y el silencio, en que los estímulos sensoriales exteriores se ven drásticamente reducidos. Ello hace que aumente la probabilidad de una experiencia reveladora, para bien o para mal. A un nivel más profundo, esto puede ser así porque los sistemas neurológicos del hemisferio derecho, que (al menos en las personas diestras) se asocian más con el pensamiento y la acción inconscientes e implícitos, pueden asumir el control de la experiencia verbal y visual cuando no están ahogados ni suprimidos por las condiciones más normales de la interacción social y la información sensorial. 

Elias expresa una gran frustración y desesperanza, convencido de que sus intentos por mantener la fe solo han desembocado en desastre: «He sentido un vivo celo por Yahvéh, Dios de los ejércitos, porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. Solo yo he quedado y me buscan para quitarme la vida» (1 Reyes 19:10). Dios le dice: «"Sal fuera y ponte en el monte delante de Yahvéh". En ese momento pasaba Yahvéh y un viento grande y poderoso rompía los montes y quebraba las peñas delante de Yahvéh; pero Yahvéh no estaba en el viento. Tras el viento hubo un terremoto; pero Yahvéh no estaba en el terremoto.Tras el terremoto hubo un fuego;pero Yahvéh no estaba en el fuego. Y tras el fuego se escuchó el susurro de una brisa suave» (1 Reyes 19:11-12). Son numerosas las frases célebres en la Biblia y «el susurro de una brisa suave» es, sin duda, una de ellas. Es en ese momento cuando Elías -y, a través de él, la humanidad- llega a entender que Dios no está en el viento, por más feroz que este sea, ni en el terremoto, por más devastador, sino que es algo interior: la voz de la misma conciencia; la guía interna de lo que está bien y lo que está mal; ese espíritu autónomo que reside en todas las almas y nos avergüenza ante nosotros mismos, nos hace fijarnos en nuestros defectos y pecados, y suscita el impulso de arrepentirse, disculparse y expiar.

Se trata de un descubrimiento de una magnitud sin parangón: la posibilidad de establecer una relación con Dios atendiendo a la conciencia. Dios garantiza al hombre y a la mujer el libre albedrío, a pesar de que Él quiere la lealtad de las criaturas que ha creado y también desea guiarlas. ¿Cuál es la mejor manera que tiene Él para conjugar esos dos deseos en pugna? No a través de la imposición, la fuerza o el miedo, sino proporcionando una voz, una imagen o incluso un sentimiento capaz de apuntar, de sugerir o de avergonzar y humillar silenciosa y quedamente (a pesar de ser capaz de aumentar su intensidad cuando hace falta). Esa identificación de la conciencia con Dios se vuelve cada vez más explícita, al menos en ciertas corrientes del pensamiento cristiano. Por ejemplo, el cardenal Newman, teólogo británico del siglo xrx, insistía exactamente en ello en gran parte de sus escritos.

Así, la ley divina es la que gobierna la verdad ética, el criterio del bien y del mal, una autoridad soberana, irreversible, absoluta en presencia de hombres y ángeles.
«La ley eterna -afirma san Agustín- es la razón divina o la voluntad de Dios, que exige observancia, prohíbe la alteración del orden natural de las cosas.» «La ley natural -expone santo Tomás-es una impresión de la luz divina en nosotros, una participación de la ley eterna en la criatura racional.» Esa ley, tal como la aprehende la mente de cada hombre individual, se denomina conciencia; y aunque pueda sufrir refracción al pasar al medio intelectual de cada uno, no se ve, por tanto, tan afectada como para perder su carácter de ley divina y,en cuanto tal, conserva la prerrogativa de exigir obediencia. 

Este puede considerarse un argumento más poderoso y justificado que el que actualmente se usa con mucha mayor frecuencia: el «argumento a partir del diseño», por el que se insiste en que la complejidad de la naturaleza apunta necesariamente a un creador activo. En 1 y 2 Reyes se hallan las bases reveladoras de una definición mucho más psicológica y relacional de la deidad suprema, que diferencia a Dios del teatro pagano del mundo natural (por más inspiradora de respeto reverencial que, sin duda, pueda ser la naturaleza) y lo coloca a Él, maravillosa y terriblemente, en el interior de todos nosotros. Es esa comprensión de Elías la que prepara el terreno, también, para el relato de Jonás -para la misteriosa historia del profeta que en un primer momento rechaza y posteriormente obedece la llamada de ese susurro, de esa voz-, cuyas hazañas conforman el relato que cierra el presente volumen. La importancia fundamental y revolucionaria de la contribución de Elías se ve subrayada por el milagro de su ascenso en vida a los cielos. Ese acontecimiento, que prefigura la resurrección de Cristo (y la del propio Jonás, a su manera), indica el éxito inigualable de Elías en cuanto profeta. Simplemente, los textos bíblicos y la caracterización de Dios que aparece en ellos no pueden entenderse si no se valora la relevancia inédita de Elías como profeta, así como la importancia fundamental de eso tan transformador y revolucionario que él comprendió. Después de encontrarnos con la historia de Elías, percibimos la naturaleza del ser (de nuestro ser y del ser divino) de manera diferente, más claramente, y más directa y personalmente. Abrimos los ojos y oímos de manera nueva.

¿Y por qué el relato como cimiento incluso del acto mismo de la percepción?
¿O bien de la transformación del acto mismo de la percepción? Porque el mundo debe filtrarse a través del mecanismo del relato para hacerse comprensible, o incluso aprehensible; porque, simplemente, el mundo es demasiado complicado para asimilarlo y moverse por él en ausencia de finalidad y de personaje (que son los rasgos definitorios del relato mismo). Continuamente se presentan a nuestra consideración un conjunto infinito de hechos; un hecho por cada fenómeno, quizá, y no solo eso: un hecho no solo por cada fenómeno, sino por todas sus posibles combinaciones. Y eso son, claramente, demasiados hechos. El mismo problema se da con respecto a los resultados: cada acción, cada causa posible, produce una ramificación exponencial de efectos, demasiados para contemplarlos,considerarlos y tenerlos en cuenta. Se trata de un problema inasumible; algo que el filósofo Daniel C. Dennett caracterizó, en expresión célebre, como «un nuevo y profundo problema epistemológico». Existe un número prácticamente infinito de maneras de categorizar -y, por tanto, de percibir-un número finito de objetos. No prestamos atención, y no podemos hacerlo, con la misma devoción a todo lo que ocurre siempre y en todas partes a nuestro alrededor. 

Lo que sí hacemos, con cada una de nuestras miradas, es priorizar los hechos. Y al hacerlo, prestamos atención a muy poco e ignoramos mucho. Lo hacemos para mantener nuestra meta. Lo hacemos para obtener lo que necesitamos y queremos. Pero ¿qué es? Puede ser la necedad de nuestro capricho momentáneo, cuando somos infantiles o no hemos abandonado el infantilismo, y nos orientamos hacia la gratificación inmediata de nuestros deseos. Puede tratarse del deseo de obtener el poder que posibilita esa gratificación a pesar de la presencia o incluso de las objeciones de los demás, con las que nos vemos obligados a combatir a medida que avanzamos. También puede ser el establecimiento maduro de los vínculos que nos unen y dan verdadero sentido a nuestras vidas: los lazos del matrimonio, de la familia, de la amistad, del comercio y del Estado. Quizá también sea la integración armoniosa y productiva del presente y del futuro en el individuo autónomo, que conforma la verdadera madurez y la conducta responsable, tanto cooperativa como competitiva.

Sopesamos los hechos con los que nos encontramos según nuestros valores. Elevamos algunos caminos y no otros, algunas cosas en el mundo y no otras, y a algunas personas y no a otras a un lugar superior, y enviamos todo lo que consideramos menor al submundo del impedimento, del obstáculo, del enemigo o del adversario, o al dominio invisible de la irrelevancia. Así, ordenamos, simplificamos y reducimos el mundo, antes incluso de encontrarnos con él. Esa priorización no es meramente un proceso pasivo. Por el contrario, se trata de renuncias, ofrendas y sacrificios activos. No somos los receptores sumisos de verdades simplemente evidentes por sí mismas. Toda percepción es tanto una sensación como un esfuerzo. Toda percepción requiere del movimiento de los ojos, de la indagación de los dedos o del enfoque de la audición. 

Todo lo que experimentamos depende irreductiblemente de la motivación y de la acción, no es reflexivamente sensorial, por lo que la sensación nunca se da simplemente antes de la acción. Sea lo que sea lo que ocupa nuestra atención (sea lo que sea aquello de lo que somos conscientes, independientemente de su brevedad) es, pues, algo elevado en ese momento al lugar más alto, celebrado y venerado, lo sepamos o no. Debemos especificar lo que es más valioso en el presente y distinguirlo de cualquier otra cosa, y de todo lo demás, incluso para verlo. Esos elementos de atención momentánea, incluso fugaz, se organizan, a su vez, de manera más o menos coherente (dependiendo del grado de nuestra integridad) en una estructura piramidal de valor. Es más, esa estructura, o bien cuenta con algo en lo más alto (nuestra meta última), o es la casa dividida contra sí misma, que no puede permanecer (Marcos 3:25). Vemos el mundo a través de una jerarquía de valor. Ese es el mapa que usamos para que guíe nuestra navegación a través del territorio desconocido en el que, de otro modo, nos perderíamos. Percibimos, por tanto, de acuerdo con nuestro fin . Darse cuenta de ello es algo notable y no lo suficientemente divulgado, que implica, nada menos, que tanto nuestra tristeza como nuestra dicha dependen de nuestros valores.

Elevamos lo que tenemos en más alta consideración al lugar más destacado de supremacía o soberanía. Apuntamos hacia el blanco elevado que considerarnos central, aunque sea momentáneamente. Hacemos que nuestra conciencia misma se fije en lo que definimos como digno de dedicarle nuestra atención y de los esfuerzos de nuestra acción. Iniciamos nuestro viaje continuo hacia delante planteando un bien, un bien que es, como mínimo, mejor que nuestro punto de partida. Se trata de un acto de fe, además de un acto de sacrificio; de fe, porque lo bueno podría estar en otra parte; de sacrificio, porque en la búsqueda de cualquier bien concreto decidimos pasar por alto todos los demás. Todas nuestras percepciones son aliadas, «compañeras espirituales» de nuestra decisión final y determinante. Nuestra meta dibuja a nuestro alrededor un paisaje moral y el destino hacia el que tendemos nos sirve como el más alto bien imaginable, al menos en el momento y el lugar a los que nuestra intención da relevancia. Así,la meta ofrece al mundo su sentido, prioriza y organiza incluso nuestra percepción de este. En consecuencia, vemos extenderse ante nosotros el camino a seguir, la ruta que percibimos como la que con más probabilidad nos guiará hacia donde hemos decidido ir; vemos qué y quién nos ayuda y tenemos esperanza.

Gran parte de nuestra comunicación consiste en la descripción de la meta. Contamos a otros en qué andamos y esperamos y queremos que ellos nos cuenten lo mismo. Hablamos entre nosotros, a menudo superficialmente, sobre lo que están haciendo exactamente las personas a las que conocemos. ¿Qué quieren?

¿A qué prestan atención? Y en consecuencia, ¿cómo actúan? Empezamos a centramos en el personaje, más que en la inmediatez de la meta, cuando hablamos más profundamente de esas cosas, porque el personaje no es más que la encarnación habitual de la meta. Conocernos a nosotros mismos o a otros... Eso es entender al personaje. ¿Y cómo adquirimos y representamos ese conocimiento? Actuamos, imitamos, interpretamos -dramatizamos-para poder representar e interiorizar los patrones de atención y acción que nos caracterizan a nosotros y a otras personas. De manera más abstracta: contamos una historia. Cuando describimos las metas de una persona o un pueblo, su avance, los obstáculos y oportunidades que surgen en ese viaje, los amigos y enemigos que acompañan su movimiento -el paisaje moral que emerge-, contamos un relato. Al hacerlo, priorizamos, organizamos y percibimos el mundo. De ese modo, describimos la meta. Vemos el mundo en relación con la meta. 
¿Qué es una historia, un relato, en que se detallan la meta y todas sus consecuencias? Una descripción de la estructura a través de la cual vemos el mundo. Los relatos nos revelan, en sus diversas caracterizaciones, las estructuras de valor en las que el mundo se manifiesta a nuestra percepción. 
¿Y por qué importa eso? 
¿Qué significa? ¿Por qué es importante, incluso vital? Ver y actuar en el mundo, con toda su incomprensible complejidad, constituye un desafío tremendo. Así, valoramos mucho las descripciones de nuestra manera de percibir y comportarnos, más aún, quizá, de lo que valoramos cualquier otra cosa.

Nos metemos de lleno en las historias que representamos en la niñez, las que vemos en escenarios o pantallas, o las que leemos en las obras de ficción, también de adultos, porque no hay nada que más falta nos haga que conocer cómo construir, ajustar y mejorar la jerarquía de valor en la que los hechos relevantes del mundo se dan. Así es como llegamos a construir el mundo que ocupamos, existencialmente. Así es como hacemos la realidad que habitamos. Así es como seguimos adelante... y decidimos qué es ese adelante. Vemos al héroe que apunta alto, que vive en la verdad, que se sacrifica por lo que es mejor, que lucha con nobleza contra las adversidades de la atroz fortuna y que, sin embargo, mantiene la integridad. Observamos que los amigos con los que se encuentra por el camino aceptan los sacrificios necesarios para ser de ayuda y nos complace verlo. Vemos a sus enemigos engañar, robar, traicionar, mentir y caer, y sentimos que se ha hecho justicia, o los vemos triunfar y experimentamos la indignación moral de los engañados. En pocas palabras: nos fascinan los que tienen metas elevadas y deseamos que, si somos valientes, nos posea su espíritu.

Aspiramos a sus metas, o mantenemos la esperanza de ver lo que ven, de experimentar las emociones que sienten y de aprender las lecciones que aprenden instalados, a salvo, en el mundo de lo imaginario. Ese es el valor de lo ficticio: es ahí donde experimentamos con el valor al tiempo que permanecemos sanos y salvos. Es el lugar en el que la obra que conforma nuestras propias percepciones puede darse de la manera más segura y efectiva.

Colocamos lo que más valoramos -el bien cuyo descubrimiento es nuestro propósito; el destino que es el objetivo del momento- en lo más alto, en la cima, en el lugar de supremacía o soberanía. Apuntamos hacia el objetivo que estimamos central, por más que sea momentáneamente. Nos concentramos en lo que definimos como digno de merecer nuestra atención y los esfuerzos de nuestra acción. Planteamos un bien, un bien que al menos es mejor que nuestro punto de partida . Se trata de un acto de fe y también de sacrificio: 
de fe, porque el bien podía estar en otra parte, y de sacrificio porque en pos de ese bien determinamos no buscar todos los otros. 

Toda percepción se alinea con esa fe inicial y determinante, mientras que la decisión que establece el marco interpretativo es, ella misma, un viaje parcial hacia la tierra prometida de nuestra meta, al depender, como depende, dicha percepción de la acción, que es el elemento constitutivo mismo del viaje. Nuestra meta dibuja a nuestro alrededor un paisaje moral y la meta sirve como el mayor bien imaginable, al menos en el tiempo y el lugar a los que dicha meta da relevancia. Una vez más, la meta da sentido al mundo, prioriza y organiza incluso su percepción. Esa meta revela qué camino seguir; la ruta que percibimos como la que con mayor probabilidad nos guiará hasta donde hemos decidido ir. También al personaje lo vemos como meta. El personaje es la meta encarnada, la búsqueda habitual de la meta. Ese es el sentido de la acción de alguien.

Todo ello suscita varias.preguntas importantísimas: si vemos y debemos ver el mundo a través de un relato; si el mundo se revela a sí mismo en forma de relato ¿cuál es ese relato? ¿De qué manera caracterizamos adecuadamente nuestras metas, nuestras tentaciones más profundas,nuestros empeños ascendentes más admirables? ¿Qué es relevante y qué puede y debe ignorarse? ¿A qué debemos dedicar nuestra atención, una atención que no es barata? ¿A qué fines debemos dirigir nuestra acción? ¿Qué verdad incómoda intenta revelar eternamente nuestra conciencia? En otras palabras, ¿cuál es la historia, la verdadera historia de nuestras vidas? ¿Qué es y qué debería ser? 
Es un relato de nuestras más altas aspiraciones, que son nuestra relación más fundamental y, a lavez, del verdadero suelo que existe bajo nuestros pies. Por tanto, es y debe ser la caracterización de lo divino mismo, de Dios, tal como se insiste en los relatos bíblicos. ¿Y eso qué es?

La conciencia, por más importante que sea -la conciencia que se le manifiesta a Elías-, no es la única manifestación de Dios; no es su único personaje dramático. También aparece, como veremos más adelante, como una llamada -inspiración, aventura, entusiasmo, curiosidad, incluso tentación- en otro de sus principales disfraces,y como mucho más. Deseamos profundamente conocer ficticio: 
es ahí donde experimentamos con el valor al tiempo que permanecemos sanos y salvos. Es el lugar en el que la obra que conforma nuestras propias percepciones puede darse de la manera más segura y efectiva.

Colocamos lo que más valoramos -el bien cuyo descubrimiento es nuestro propósito; el destino que es el objetivo del momento- en lo más alto, en la cima, en el lugar de supremacía o soberanía. Apuntamos hacia el objetivo que estimamos central, por más que sea momentáneamente. Nos concentramos en lo que definimos como digno de merecer nuestra atención y los esfuerzos de nuestra acción. Planteamos un bien, un bien que al menos es mejor que nuestro punto de partida . Se trata de un acto de fe y también de sacrificio: 
de fe, porque el bien podía estar en otra parte, y de sacrificio porque en pos de ese bien determinamos no buscar todos los otros. 

Toda percepción se alinea con esa fe inicial y determinante, mientras que la decisión que establece el marco interpretativo es, ella misma, un viaje parcia lhacia la tierra prometida de nuestra meta, al depender, como depende, dicha percepción de la acción, que es el elemento constitutivo mismo del viaje. Nuestra meta dibuja a nuestro alrededor un paisaje moral y la meta sirve como el mayor bien imaginable, al menos en el tiempo y el lugar a los que dicha meta da relevancia . Una vez más, la meta da sentido al mundo, prioriza y organiza incluso su percepción.Esa meta revela nos guiará hasta donde hemos decidido ir. También al personaje lo vemos como meta. El personaje es la meta encarnada, la búsqueda habitual de la meta. Ese es el sentido de la acción de alguien.

Todo ello suscita varias preguntas importantísimas: si vemos y debemos ver el mundo a través de un relato; si el mundo se revela a sí mismo en forma de relato, ¿cuál es ese relato? ¿De qué manera caracterizamos adecuadamente nuestras metas, nuestras tentaciones más profundas, nuestros empeños ascendentes más admirables? ¿Qué es relevante y qué puede y debe ignorarse? ¿A qué debemos dedicar nuestra atención, una atención que no es barata? ¿A qué fines debemos dirigir nuestra acción? ¿Qué verdad incómoda intenta revelar eternamente nuestra conciencia? En otras palabras, ¿cuál es la historia, la verdadera historia de nuestras vidas? ¿Qué es y qué debería ser? Es un relato de nuestras más altas aspiraciones, que son nuestra relación más fundamental y, a la vez, del verdadero suelo que existe bajo nuestros pies. Por tanto, es y debe ser la caracterización de lo divino mismo, de Dios, tal como se insiste en los relatos bíblicos. ¿Y eso qué es?

La conciencia, por más importante que sea -la conciencia que se le manifiesta a Elías-, no es la única manifestación de Dios; no es su único personaje dramático. También aparece, como veremos más adelante, como una llamada -inspiración, aventura, entusiasmo, curiosidad, incluso tentación- en otro de sus principales disfraces,y como mucho más. Deseamos profundamente conocer y, si es posible, convertirnos en el héroe, por ejemplo (otro disfraz), y no solo en el héroe, sino en el héroe de todos los héroes. Deseamos adoptar las maneras no solo del rey, del señor de sus dominios, sino del Rey de Reyes. Estamos constituidos de tal manera que admiramos el principio divino de la soberanía misma. Lo deseamos para poder asumir la perspectiva del espíritu correctamente puesto en el lugar más elevado y experimentar el mundo a través de sus ojos. 

Queremos hacerlo para poder adoptar, nosotros, esa actitud heroica, de regia responsabilidad, en relación con los problemas que nos acechan y nos ofrecen oportunidades en nuestras propias vidas. Deseamos comprender, tan profundamente como sea posible, la naturaleza del bien que hay detrás de todos los bienes próximos -el bien que hace que la cautivadora vida resulte más abundante, que es el verdadero jardín del deseo eterno-. Queremos, asimismo, identificar al villano que está detrás de todos los actos de villanía -la naturaleza del espíritu que desea generar todo el sufrimiento del mundo, solo por el placer de generarlo-. 

Queremos entender el bien para poder ser buenos y entender el mal para evitar ser malos. De esa manera, podremos propiciar la salvación y la redención del mundo, a pequeña y a gran escala. De esa manera seremos capaces de constreñir el infierno que el mal produce, y no solo para nosotros mismos, sino para todos aquellos a los que queremos y por los que nos preocupamos, para la estabilidad y la continuidad de las sociedades que habitamos y por amor al propio mundo.

Para bien o para mal, lo que cuenta es el relato; y para bien o para mal, el relato en el que nuestras psiques y culturas occidentales se fundamentan, actualmente de manera algo frágil, es esencialmente el relato contado en el corpus bíblico, el compendio de dramas que se hallan en la base de nuestra cultura y a través del cual miramos el mundo. Es la historia sobre la que descansa la civilización occidental. Se trata de un conjunto de caracterizaciones no solo de Dios, cuya imitación, veneración o, también, encarnación, se tiene por la más elevada de todas las metas, sino también del hombre y de la mujer, cuyos personajes pasan a existir en relación con ese Dios, y de la sociedad, en relación con el individuo y lo divino. Se trata, además, de la revelación del sacrificio que posibilita esa meta y de un examen en forma dramatizada del objetivo trascendente que se persigue para unir todas las cosas de la mejor manera posible. La historia bíblica, en su totalidad, es el marco a través del cual el mundo de los hechos se revela, por lo que respecta a Occidente; es la descripción de la jerarquía de valor en la que incluso la propia ciencia (esto es, la ciencia que, en último extremo, aspira al bien) se hace posible. La Biblia es la biblioteca de relatos en los que se basan las sociedades más productivas, libres y estables que el mundo ha conocido, los cimientos de Occidente, por decirlo lisa y llanamente.

El paisaje de lo ficticio es el mundo del bien y del mal: el mundo del valor, con una cima siempre en retroceso, camino de la tierra prometida misma, y la sima eterna de sufrimiento abisal e infinito que ocupa el lugar más bajo posible. Las historias bíblicas iluminan el camino eterno de ascenso por la montaña sagrada hasta la ciudad celestial, al tiempo que, simultáneamente, avisan de los peligros apocalípticos en lo desviado, lo marginal, lo monstruoso, lo pecaminoso, lo impío, lo serpentino y lo indudablemente demoníaco. Dios, en esta formulación, es el espíritu que guía el ascenso. El hombre es el ser que, con cada decisión, lucha con ese espíritu, porque decidir tiene que ver con priorizar; con cada mirada, pues cada mirada es un sacrificio de la posibilidad en aras de cierto fin deseado, y con cada acción, mientras avanza hacia cierto destino y se aleja de todos los demás. En cada momento de conciencia, estamos destinados a luchar con Dios.

La Sacrificio Como Fundamento De La Existencia Humana | Jordan Peterson

Peterson describe a Dios como "hiperreal", existiendo más allá de la comprensión y categorización humanas. Enfatiza que el sacrificio es fundamental para la existencia humana, influyendo en la percepción y moldeando la realidad, y argumenta que las narrativas juegan un papel crucial en cómo los individuos interpretan sus vidas. La conversación también explora los peligros del orgullo, la estructura de la sociedad, la búsqueda de significado y la interacción entre la ciencia y la teología. 
Peterson aboga por un espíritu aventurero y una comprensión más profunda de la creencia como una experiencia vivida. 
Concluye instando a los oyentes a involucrarse con sus creencias y abrazar las complejidades de la existencia, destacando la necesidad de crecimiento personal y bienestar colectivo ante los desafíos modernos.

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