Gideón o Gedeón (hebreo גִּדְעוֹן“cantero” "picapedrero"), también llamado Yerubbaal (Jc. 6,32; 7,1; etc.), y Yerubbeset (2 Sam. 11,21, en el texto hebreo).
Gedeón fue uno de los Grandes Jueces de Israel. Pertenecía a la tribu de Manasés, y a la familia de Abiezer (Jc. 6,34). El padre de Gedeón se llamaba Joás y vivía en Ofrá (Jc. 6,11).
Gedeón vivió en una de las épocas más desalentadoras de la historia de Israel, tiempo de confusión y de apostasía; por esto Israel fue entregado en manos de los Madianitas por 7 años; "y los hijos de Israel clamaron a Yahveh".
Gedeón venció con solo 300 hombres porque Dios tenía un punto que dejar claro: no es la multitud la que gana la batalla, es la Presencia la que abre el camino.
Cuando Dios está contigo, lo poco se vuelve suficiente, lo pequeño se vuelve invencible, y lo imposible se vuelve testimonio.
Prepárate… porque Dios está por demostrar que no necesitas más números, solo más de Él.
El siguiente es en substancia el relato de la magistratura de Gedeón según es narrada en los capítulos 6 a 8 de Jueces: Israel había abandonado el culto a Yahveh y por siete años habían sido sumamente humillados por las incursiones de los madianitas y otras tribus orientales. Al fin, se volvieron a Dios quien les envió un libertador en la persona de Gedeón. En una primera teofanía, concedida a él de día mientras éste majaba trigo, Gedeón recibió la difícil misión de liberar a su pueblo; después de lo cual le erigió un altar al Señor (Jc. 6,24). En una segunda teofanía, a la noche siguiente, se le ordenó que destruyera el cipo-altar de Baal y que erigiera uno a Yahveh. Él realizó esto con el resultado de que la gente clamó por su muerte para vengar el insulto a sus falsos dioses. Sin embargo, Joás salvó la vida de su hijo con el ingenioso sarcasmo, que le aseguró a Gedeón el nombre de Yerubbaal: “Si Baal es dios, que pleitee con él, ya que le destruyó su altar” (6,25-32).
Así comisionado divinamente, Gedeón naturalmente tomo el liderato contra Madián, Amalec y otras tribus orientales que habían cruzado el Jordán, y acampaban en el valle de Jezrael. Reconfortado por la famosa señal del vellón (6,36-40), y acompañado por guerreros de Manasés, Aser, Zabulón y Neftalí, ocupó su posición no lejos del enemigo. Pero la intervención de Dios era para mostrar que fue Su Poder que liberó a Israel, y por tal razón redujo el ejército de Gedeón de 32,000 a 300 hombres (7,1-8). Según una directriz divina, el caudillo divino hizo una visita de espionaje nocturno al campamento enemigo y oyó sobre un sueño que lo impulsó a actuar de inmediato, ciertamente en victoria (7,9-15). Le proveyó a sus hombres antorchas dentro de cuernos y cántaros, los cuales, siguiendo su ejemplo, rompieron y gritaban: “Espada por Yahveh y Gedeón”. Presas del pánico por el repentino ataque, los enemigos de Israel volvieron la espada cada uno contra el otro, y emprendieron la huida hacia los vados del Jordán (7,16-23). Pero, convocados por Gedeón, los efrainitas atajaron a los madianitas en los vados y capturaron y mataron a sus dos príncipes, Oreb y Zeeb, cuya cabeza enviaron al líder hebreo, reprochándole el no haberlos llamado antes para venir en su ayuda. Gedeón los apaciguó con un proverbio oriental, y persiguió al enemigo más allá del río Jordán (7,24; 7,3).
Al pasar por Succot y Penuel, éstos se negaron a proveerle provisiones para sus desfallecidos soldados, y Gedeón los amenazó a ambos con tomar venganza a su regreso (8,4-9). Al fin tomó y derrotó a los enemigos de Israel, capturó a sus reyes, Zéjab y Salmunná, regresó triunfante; de regreso castigó a los hombres de Succot y Penuel, y finalmente mató a Zéjab y Salmunná (8,10-21). Agradecidos por esta gloriosa liberación, los paisanos de Gedeón le ofrecieron la dignidad de la monarquía hereditaria, la cual rechazó con estas nobles palabras: “No seré yo el que reine sobre vosotros ni mi hijo; Yahveh será vuestro rey” (8,22-23). Sin embargo, les pidió a sus soldados y obtuvo los anillos de oro y otros ornamentos que le habían quitado al enemigo; y con todo ello hizo lo que parece que pronto se convirtió en objeto de culto idolátrico en Israel.
La judicatura pacífica de Gedeón duró cuarenta años. Tuvo setenta hijos, “murió en una dichosa vejez y fue enterrado en la tumba de su padre en Ofrá” (8,24-32). En Is. 10,26 y en el Salmo 83(82),12, se hace referencia a su victoria, donde se menciona claramente a los cuatro reyes de Jueces 7 y 8, un hecho que muestra que, en la fecha que se compuso este salmo, las proezas de Gedeón eran comúnmente conocidas en su forma presente.
Los variados rasgos literarios exhibidos por el texto de Jueces, 7 a 8, han sido minuciosamente examinados y variamente apreciados por eruditos recientes. Varios comentadores consideran que estos rasgos---por ejemplo, los dos nombres, Gedeón y Yerubbaal; las dos teofanías que afectan la vocación de Gedeón; la aparentemente doble narrativa de la persecución de Gedeón a sus desbandados enemigos, etc. prueban concluyentemente el origen compuesto del registro sagrado de la magistratura de Gedeón. Otros, por el contrario, tratan de reconciliar todos los rasgos del texto con la unidad literaria de Jueces 6 a 8. Sea como fuere, una cosa es perfectamente segura, a saber, que cualesquiera hayan sido los documentos que fueron utilizados para trazar la narrativa de las hazañas de Gedeón, todos concuerdan substancialmente en su descripción de las palabras y proezas de este Gran Juez de Israel.
La historia de Jueces 7 es épica: Gedeón tiene un ejército de 10,000 hombres, y Dios le dice que son demasiados. Los lleva al río a beber agua para hacerles una prueba.
La mayoría se arrodilla para beber. Solo 300 hombres se quedan de pie y llevan el agua a su boca con la mano, lamiéndola "como perros". Dios elige a los 300.
Siempre nos han enseñado que Dios los eligió porque al estar de pie y beber con la mano, "mantenían la vista al frente y estaban más alertas ante un ataque sorpresa".
Pero la arqueología y la cultura de Canaán nos revelan que esto no fue una prueba militar; fue una prueba de adoración.
EL CÓDIGO: EL CULTO A BAAL
En aquella época, el dios falso que dominaba la región era Baal. Baal era considerado el "dios de la lluvia, los ríos y las aguas".
El ritual obligatorio para adorar a Baal y pedirle un favor era llegar a un cuerpo de agua y postrarse de rodillas frente a la corriente para beber. Era un reflejo automático en la cultura de ese tiempo.
Cuando los soldados de Gedeón llegaron al río, estaban muertos de sed. El instinto cultural y religioso de 9,700 hombres fue arrodillarse frente al agua.
Pero hubo 300 hombres que se negaron. Tenían la misma sed que los demás, pero rehusaron doblar sus rodillas frente a la fuente de agua. Prefirieron incomodarse, quedarse de pie y llevarse el agua a la boca con la mano.
DIOS NO BUSCA SOLDADOS, BUSCA FIELES
Dios no vio "soldados súper tácticos". Dios vio a 300 hombres que dijeron: "Me estoy muriendo de sed, pero no me voy a arrodillar ante las costumbres de este mundo para saciarme".
UN MENSAJE PARA TI
Cuando la crisis aprieta, cuando la necesidad financiera te reseca la garganta y estás desesperado por un respiro, el mundo te ofrece su "agua": hacer trampa en los negocios, mentir, pisar a otros o abandonar tus principios para ganar un poco de dinero rápido.
El sistema te pide que "dobles la rodilla" para beber. Pero Dios está buscando a sus 300. Personas que, a pesar del cansancio extremo y la necesidad, deciden mantener su integridad de pie.
El efod de Gedeón es un objeto religioso mencionado en el libro bíblico de Jueces 8. Tras una gran victoria contra los madianitas, el juez Gedeón recolectó oro del botín y mandó confeccionar un efod, una prenda sacerdotal.
El propósito y el error
Aunque el efod original era una vestimenta sagrada usada por los sumos sacerdotes para consultar a Dios, el de Gedeón se convirtió en un monumento o símbolo que colocó en su ciudad, Ofra.
La intención: Se cree que Gedeón quiso crear un memorial para recordar la victoria divina y honrar a Dios como el único rey de Israel.
El resultado: El pueblo de Israel comenzó a venerar el efod en lugar de a Dios, cometiendo idolatría. Las Escrituras describen esto como un "adulterio espiritual" o una trampa que llevó al pecado a Gedeón y a su casa.
La verdad histórica comprobada por las investigaciones arqueológicas. El hasta hace pocos años casi inexplorado campo de la arqueología bíblica ha ofrecido conocimientos tan revolucionarios (sobre todo en los últimos años) que hoy es posible responder satisfactoriamente a una serie de preguntas que muchos oponían al contenido histórico de los libros sagrados. Las excavaciones realizadas han sacado de entre los escombros una importante cantidad de testigos mudos de los hechos que explica la Biblia.
Un investigador alemán se propuso verificar la autenticidad y veracidad de los relatos bíblicos a la luz de la arqueología. Los resultados fueron publicados en un libro que asombró al mundo y se vendió por millones. A fines de los años 50, un investigador alemán, Werner Keller, se propuso verificar la autenticidad y veracidad de los relatos bíblicos a la luz de la arqueología.
Los resultados fueron publicados en un libro que asombró al mundo y se vendió por millones. Debido a las conclusiones científicas, aquel trabajo no pierde vigencia. Este es un resumen notable. En el año 1950, mientras estaba dedicado a mis trabajos acostumbrados, cayó en mis manos el relato de la expedición del arqueólogo francés profesor Parrot y de su paisano el profesor Schaeffer sobre las excavaciones realizadas en Mari y Ugarit.
Las tablillas con caracteres cuneiformes halladas en Mari, en el Éufrates Medio, contenían nombres bíblicos que han hecho que las narraciones de los patriarcas, tenidas hasta entonces por “leyendas piadosas”, pasarán de improviso a ser enmarcadas en una época histórica.
En Ugarit (2 Reyes 16:3; Jueces 2:13) junto al Mediterráneo, habían salido a la luz por primera vez los testimonios del culto de Baal profesado por los cananeos. Aquel mismo año se descubrió un rollo del libro del profeta Isaías en una cueva del Mar Muerto, al cual se le atribuyó una fecha anterior a la Era Cristiana.
Estas noticias verdaderamente sensacionales despertaron en mí el deseo del estudio de la arqueología bíblica, el más reciente y menos tratado campo de la investigación de la Antigüedad. Así, pues, me dediqué a buscar, tanto en las obras publicadas en Alemania como en los demás países, una exposición clara y sucinta, asequible a todos, de las investigaciones realizadas; pero no encontré ninguna, sencillamente porque no existe. Entonces, me dirigí directamente a las fuentes de información auxiliado activamente en este trabajo de carácter detectivesco por mi propia esposa- visitando las bibliotecas de muchos países para recoger todos los datos verdaderamente científicos contenidos en las obras especializadas relativas a la arqueología bíblica.
A medida que fui profundizando en el tema, el asunto me resultó más emocionante. La puerta de entrada al mundo histórico del Antiguo Testamento fue abierta por el francés Paul Emile Botta en el año 1843.
En unas excavaciones realizadas en Mesopotamia, concretamente en Corsabad, tropezó de improviso con los bajorrelieves del rey asirio Sargón II (Isaías 20:1) que había diezmado el reino de Israel, llevándose a sus pobladores en largas columnas. Los relatos de las campañas de este soberano están relacionados con la conquista de Samaria, de la cual habla la Biblia. Desde hace un siglo, sabios americanos, ingleses, franceses y alemanes realizan excavaciones en el próximo Oriente, en Mesopotamia, Palestina y Egipto.
Las grandes naciones han fundado institutos y escuelas especiales para este trabajo de exploración. En 1869 se creó el llamado “PalestineExplorationFund”; en 1892 la Escuela Bíblica de los Dominicos de San Esteban. Les siguieron en 1898 la “Deutsche Orient-Gesellschaft”, en 1900 las “American Schools of Oriental Research” y en 1901 el Instituto Alemán de Arqueología. En Palestina, se sacaron a la luz del día sitios y ciudades frecuentemente mencionados en la Biblia. Aparecen y están situados tal y donde la Biblia dice.
En las antiquísimas inscripciones y edificaciones excavadas, los exploradores encuentran cada vez más personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento. Los bajorrelieves de aquella época revelan las imágenes de pueblos cuya existencia se conocían solo por los nombres.
Sus rasgos fisonómicos, su indumentaria, sus armas tomaron ahora cuerpo para la posteridad. Estatuas y figuras colosales muestran a los hititas de ancha nariz, a los filisteos (Génesis 10:14) esbeltos y de elevada estatura, a los elegantes príncipes cananeos con los carros de hierro, tan temidos de Israel, a los reyes de Mari –contemporáneos de Abraham– de sonrisa tan pacífica. A través de los milenios, los reyes asirios no han perdido nada de su ceño adusto: Tiglat-pileser III (2 Reyes 16:7), conocido en el Antiguo Testamento con el nombre de Pul (2 Reyes 15:19); Senaquerib (2 Reyes 18:13), que destruyó a Laquís y puso cerco a Jerusalén; Asaradón que hizo encadenar al rey Manasés, y Asurbanipal, “el grande y célebre Asnapar” del libro de Esdras 4: 10. Igual que a Nínive y Nimrod (Génesis 10:12) -la antigua Cala-, a Asur (1 Crónicas 2:24) y a Tebas (Jeremías 46:25), que los profetas llamaban No-Amon, los investigadores despertaron de las brumas de la Antigüedad a la execrada Babel de la Biblia y su torre legendaria (Génesis 11).
En el delta del Nilo, los arqueólogos encontraron las ciudades de Pitón y Ramesés (Éxodo 1:11), donde los israelitas padecieron odiosa esclavitud; sacaron a la luz las capas de fuego y de destrucción que acompañaron a los hijos de Israel en la conquista de Canaán, y Guibá la fortaleza de Saúl, en cuyos muros el joven David cantó con su arpa; en Meguido dieron con unas inmensas caballerizas del rey Salomón, quien tenía doce mil soldados de a caballo.
Del mundo del Nuevo Testamento reaparecieron las magníficas construcciones del rey Herodes. En el corazón de la antigua Jerusalén se encontró el pavimento elevado mencionado por el evangelista Juan, en el cual Jesús estuvo ante Pilato. Los asiriólogos descifraron en las tablas estelares de Babilonia, los datos exactos de observación de la estrella de Belén. Estos hallazgos y descubrimientos tan asombrosos e inabarcables por su profusión, han modificado bastante nuestra manera de concebir la Biblia.
Acontecimientos que hasta hoy día se consideraban como “leyendas piadosas” adquieren de repente un prestigio histórico. Por lo general, los resultados de la investigación coinciden exactamente con los relatos bíblicos hasta en los mínimos detalles. No solo “confirman”, sino que aclaran al propio tiempo los sucesos históricos sobre que se basan el Antiguo Testamento y los Evangelios. Los acontecimientos y la historia del pueblo de Israel se presentan así enmarcados tanto en el colorido de su propia época, en un escenario vivo y variado, como en las circunstancias y luchas políticas, culturales y económicas de los estados y los grandes reinos del País de los Dos Ríos y del Nilo, a cuya influencia nunca pudieron escapar por completo durante más de dos mil años.
Está muy generalizada la idea de que la Biblia es exclusivamente Historia Sagrada, una base de la fe para los cristianos de todo el mundo. Pero al propio tiempo es también un libro de hechos que tuvieron auténtica realidad. En este aspecto es, ciertamente, incompleta, pues el pueblo judío escribió su historia solo en relación con Jehová, es decir, la historia de sus pecados y su expiación. Pero estos acontecimientos son históricamente verdaderos y se han comprobado con exactitud verdaderamente asombrosa. Con la ayuda de las investigaciones realizadas, muchos de los pasajes bíblicos pueden comprenderse e interpretarse mejor de lo que lo han sido hasta ahora. Cierto que hay tendencias teológicas para las cuales solo cuenta la palabra. Pero, “¿cómo comprenderla?” –pregunta el célebre arqueólogo francés profesor André Parrot– si no se la encuadra en su exacto marco cronológico, histórico y geográfico”.
Hasta ahora el conocimiento de estos raros descubrimientos sólo estaba al alcance de un pequeño círculo de expertos. Hace medio siglo se preguntaba el profesor Federico Delitzsch, de Berlín:
“¿Por qué tantos afanes en esas lejanas, inhóspitas y peligrosas tierras? ¿Para qué ese costoso trasiego de detritus milenario, escarbando hasta el fondo de agua subterránea, en lugares donde no se encontrará ni oro ni plata? ¿Por qué esta lucha entre las naciones para asegurarse esas áridas colinas donde realizar sus propias excavaciones?”
El erudito alemán Gustavo Dalmandióle en Jerusalén la contestación adecuada al expresar la esperanza de que un día todo cuanto en las excavaciones se hubiese “visto y comprobado, tanto para los trabajos científicos como para la práctica”, pudieran la Escuela y la Iglesia valorizarlo y convertirlo en material provechoso. Y precisamente esto último es lo que no se ha realizado todavía. No hay libro alguno en la Historia de la Humanidad que haya ejercido influencia tan grande y decisiva en el desarrollo de todo el mundo occidental y que haya alcanzado tanta difusión como el “Libro de los Libros”… la Biblia.
Traducida a 3,500 idiomas y dialectos, hoy, al cabo de dos milenios, no parece dar señales de haber terminado su brillante carrera. Dada la acumulación y la preparación del material recogido, el cual no pretendo decir que sea completo, me vino la idea de que era llegada la hora de hacer partícipes a los lectores de la Biblia y a sus detractores, a los creyentes ya los incrédulos, de los apasionantes descubrimientos realizados por las diferentes disciplinas científicas.
Y ante la abundancia enorme de resultados auténticos y seguros se me hace cada vez más patente, a pesar de la crítica impregnada de duda de que se ha hecho blanco a la Biblia desde la época de la Ilustración hasta nuestros días, esta idea: ¡La Biblia tenía razón!
Ciclo Historia con Nacho Ares l Y la Biblia Tenía Razón
"El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.
El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado". Isaías 50,4-7
Lengua de discípulo
Saber decir al abatido
una palabra de aliento.
Saber mirar su dolor,
y adivinar los resquicios
por donde se abre un mañana.
Saber curar sus heridas
con discreción y paciencia.
Saber aquietar desvelos
mostrando una paz posible.
Saber sembrar, en su tierra,
las semillas de una vida
que se yergue, vencedora.
Saber amar, en silencio,
las flaquezas y desgastes,
las roturas y cansancios.
Saber contar que el Amor
ni se rinde, ni abandona
nuestro barro.
(José María R. Olaizola, s.j)
"Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de si mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.
Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre". Filipenses (2,6-11)
Juan Crisóstomo (griego: Ἰωάννης ὁ Χρυσόστομος, latín: Ioannes Chrysostomus) o Juan de Antioquía (latín: Ioannes Antiochensis;Antioquía, 347-Comana Pontica, 14 de septiembre de 407) fue un clérigo cristiano eminente, patriarca de Constantinopla, considerado por la Iglesia católica uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia del Oriente. La Iglesia ortodoxa griega lo valora como uno de los más grandes teólogos y uno de los tres pilares de esa Iglesia, juntamente con Basilio el Grande y Gregorio Nacianceno. Por su formación intelectual y su origen, es el único de los grandes Padres orientales que procede de la Escuela de Antioquía.[
PRÓLOGO
San Juan Crisóstomo, luminar mayor de la Iglesia universal, que sólo tiene par, en Occidente, con San Agustín, y el más grande, sin duda, de los Padres de lengua griega, comparte con otros genios o ingenios de la antigüedad, Aristóteles, por ejemplo, la gloria de que todo el mundo los cite o, por lo menos, los nombre y nadie o casi nadie los lea. Altísima gloria, a la postre, pues son nombres que se han convertido en símbolos. Aun quienes no saben una palabra de filosofía griega —y son legión innúmera— saben, de oídas desde luego, que Aristóteles fue un grande, si no el más grande de los filósofos griegos; y quienes no han leído jamás una homilía de San Juan Crisóstomo —y son también número infinito— saben que fue el más grande orador cristiano, y hasta conocen la etimología de su sobrenombre, que complacientemente nos explican: Crisóstomo, "el de la boca de oro".
Claro que a lo mejor se imaginan que así debió de llamarse a nativitate, como si hubiera nacido ya perorando, e ignoran que sólo a partir del siglo VI se le llamó "boca de oro” y que, en fin, ese mismo sobrenombre, un sí es no es pedante, lo llevó Dión de Prusia, rétor y filósofo cínico contemporáneo y amigo de Trajano. Pero esto son ya minucias de erudición, que sólo los ociosos tienen obligación de saber.
Pero de esta casi total y casi universal ignorancia de la obra de San Juan Crisóstomo (y lo mismo, mutatis mutandis, cabria decir de la de Aristóteles), no toda la culpa es achacable a la también casi total y casi universal falta de ocio de que padecen los hombres de nuestro tiempo. Cierto. ¿Quién lee hoy a San Juan Crisóstomo? Pero ¿quién lo puede leer? No es sólo que sobre sus obras pese la ignominiosa sentencia que no sé quién pronunció: Graecunt est. non legitur... (Cosa notable: en tiempos de Cicerón, bastante anteriores a San Juan Crisóstomo y remotísimos ya de los nuestros, la sentencia sonaba de modo totalmente contrario: Graeca per fere omnia leguntur.)
Pero si en griego no, pudiera leerse a San Juan Crisóstomo en latín, pues las versiones son tan antiguas como las ediciones del texto original. Erasmo ofreció la suya a los hombres del Renacimiento. Montfaucon, mejorando la obra de varios antecesores, compuso otra para su gran edición de las Opera omnia (1718-38), que pasó naturalmente a los grandes tomos de Migne (PG 46-64). Pero ¿quien tiene hoy arrestos para cargar sobre sus hombros y echarse al coleto uno de los trece volúmenes de edición montfauconiana o los dieciocho de Migne, que parecen obras de cíclopes y que, apilados, forman una ingente muralla, buena para parapetarnos tras ella en caso de peligro, pero mala, francamente mala, para incitar la más leve apetencia de lectura?
¡Allá están los gruesos volúmenes, con un dedo de docto polvo, en los estantes últimos de las viejas bibliotecas, cuando no se los ha subido a los desvanes, para que duerman más tranquilos el sueño secular de su mole y de su polvo!
La mole misma, pues, de la obra de San Juan Crisóstomo nos abruma con sola su vista. y tácitamente argumentamos que, pues no hemos de dar cabo a su lectura, tampoco vale la pena comenzarla. Falsa argumentación, sin duda, y pobre consuelo de pequeñez primera de alma. Al montañero nato, la cima misma, aun inaccesible y por inaccesible, le invita a la ascensión y es un honor el mero intento de escalada.
Y hablamos de las ediciones en griego y en latín, como esta ciclópea del gran maurino Bernardo de Montfaucon, cuyo tomo séptimo llena en estos momentos toda mi mesa de estudio.
¿Qué hará quien no lea ni el griego ni el latín? Y la verdad es que ni una ni otra lengua son de fácil lección. A mi el griego se me ha hecho siempre difícil, aun después de mis veinticinco primeros años de estudio. Y otros me han confesado que el latín precisamente de la versión de las Homilías “in Matthaeam” de San Juan Crisóstomo les sigue sonando a griego y no es tampoco un incitante a la lectura. Habría, pues, que pensar en buscar unas páginas de San Juan Crisóstomo en castellano. Pero ¿dónde hallar esas páginas? Páginas, naturalmente, que habrán de ser de buen castellano y de buen San Juan Crisóstomo, pues de lo contrario valdrá más no leerlas. Pues bien, el último intentos serio de acercar San Juan Crisóstomo a los lectores españoles data de 1905, en que el P. Florentino Ogara publica sus tres volúmenes de Homilías selectas. Lo posteriormente publicado, incluso un desdichado librillo mío, no merece mención ninguna, y el lector hará muy bien en desdeñarlo —mi desdichado librillo ante todo.
La ausencia, pues, de San Juan Crisóstomo, podemos tristemente afirmar que es, entre nosotros, absoluta. Objeto de muy temprano interés por parte de lectores españoles, pues existen traducciones suyas que se remontan al siglo XV; frecuentemente citado por nuestros escritores ascéticos y místicos del siglo de oro —tales los dos Luises, Alonso Rodríguez, Juan de Avila, Fray Juan de los Ángeles, entre los que ahora tengo a mano—, que lo leían ávidamente en los grandes infolios conventuales que a nosotros nos aterran; leído y traducido todavía en el siglo XVIII por algún benemérito helenista —tal el famoso escolapio P. Scio de San Miguel, que editó y tradujo el De sacerdotio—, y por algún benemérito traductor del siglo XIX —tal F. J. Caminero, que publica las Homilías “in Matthaeum"—; hoy seria muy difícil hallar el nombre de San Juan Crisóstomo en ningún libro ascético o místico (si es que aún se escriben libros místicos en la gran época de los libros de texto de la asignatura de religión) u oír su nombre a ningún orador sagrado, cuyo patrón es, aunque bien puede dudarse que sea también su modelo.
Ausencia, pues, innegable, de San Juan Crisóstomo entre nosotros. Y, sin embargo, ¡qué voz la suya tan digna de ser oída! Desde aquel lejano siglo IV, cuya grandeza corre a par de su miseria; desde aquella Antioquía, merecidamente apellidada la grande y la bella, ápice de belleza de todo el Oriente —orientis apex pulcher—, como la llama Amiano Marcelino, el historiador pagano, antioqueno y contemporáneo de San Juan Crisóstomo desde aquella grande metrópoli, la segunda o tercera de todo el Imperio, cristiana, judía y pagana en revuelta mezcolanza, como cualquiera de nuestras grandes capitales modernas; este gran Padre de la Iglesia, hijo de su tiempo, nos habla con un acento de modernidad y actualidad impresionante, escalofriante a veces. Si gustáramos del ejercicio retórico que los griegos llamaban synkrisis y nosotros paralelo, como gustaba de él San Juan Crisóstomo, aquí pudiéramos trazar uno entre su siglo y el nuestro, entre su ciudad y las nuestras, entre las miserias y grandezas de entonces y las de ahora. Mas, aun sin necesidad de trazarlo aquí, el paralelo surge por sí mismo ante los ojos y la mente del lector de las presentes Homilías de San Juan Crisóstomo sobre San Mateo.
Hay en estas Homilías —y no intentamos negarlo ni disimularlo— mucha ganga y escoria propia de la época y de los gustos literarios de ella, que no son idénticos a los nuestros. Es el tributo que humildemente hemos de rendir a los pretéritos, como piadosamente lo hemos de esperar de los venideros, pues sería ingenuo pensar que éstos han de hallar nuestro estilo irreprochable. Mas, vencida esa dificultad de sobrehaz, en estas Homilías sobre el Evangelio de San Mateo es, indudablemente, donde con más claro acento actual resuena la voz de San Juan Crisóstomo, como eco que es de la eterna y nunca agotada actualidad y perennidad del Evangelio. No tenemos por qué ocultar nuestra intención al anteponer, contra la cronología, este volumen de los Comentarios al Evangelio de San Mateo a la selección de obras de San Juan Crisóstomo que la BAC quiere ofrecer, en texto y versión, a los lectores de habla española. Este solo volumen es prueba irrefragable de que todo ese polvo que recubre los grandes mamotretos relegados en los desvanes de las bibliotecas, tiene que ser inexorablemente aventado, pues soterra tesoros de pura doctrina cristiana y mancilla —si mancillarse pudiera— una de las almas más ardiente, más vehementes, más pura, total y profundamente cristianas que han hablado a los hombres en lengua griega.
Como homenaje al sabio maurino que en el siglo XVIII preparó la magna edición, aún no superada, de las Opera omnia de San Juan Crisóstomo, pláceme traducir este bello resumen de lo que son y contienen las Homilías de San Juan Crisóstomo sobre San Mateo. Ello vale por todo y más de lo que pudiéramos decir nosotros:
"Las Homilías sobre Mateo, que en número de noventa llenan todo este tomo, rebosantes de toda disciplina moral, contienen toda la suma de la vida e institución cristiana. Aquí se hallan todos los modos de seguir y practicar la virtud, aquí se aducen y explanan todas las razones para huir del vicio. Nada se omite de cuanto atañe a la vida santa o mala, para abrazarse con la una y rechazar la otra. No hay libro alguno en el orbe cristiano —nullus est in orbe christiano liber— que convenga tantos y tan importantes preceptos de la ética cristiana. En ninguna otra obra usó el Crisóstomo tanta invención, facundia y sagacidad para formar las costumbres, eliminar los vicios y ordenar rectamente las familias. De ahí que con razón decia Santo Tomás, según refiere Papirio Masson en su libro de Romanis Pontificibus, sobre el papa Juan XXI, que prefería usar de los libros del Crisóstomo sobre San Mateo a poseer y gozar de la ciudad de París. y así lo refiere Oldrado, jurisconsulto, que vivía en Aviñón en tiempo de Juan XXI. Hasta aquí Montfaucon.
El testimonio de Santo Tomás de Aquino es magnifico, y honra por igual a quien lo dijo y a la obra de la que se dijo.
No parece, por lo demás, que pueda dudarse de su autenticidad, y, aun negada ésta, el dicho conservaría todo su valor simbólico. Grabmann lo recoge así en su Santo Tomás de Aquino.
"En las actas de su canonización hay un rasgo hermosísimo que muestra la grande atracción orle sentía hacia las obras de los Santos Padres. Volviendo Tomás en cierta ocasión de Saint Denis con algunos compañeros de su orden, al acercarse a París y ver la gran ciudad extenderse ante sus ojos, uno de los compañeros le dijo: —¡Qué hermosa es esta ciudad! — Ciertamente, muy hermosa, repuso Tomás. —¡Qué bien si fuera tuya —acudió el primero—. Y Tomás: —¿Qué había yo de hacer con ella? —Podrías venderla al rey de Francia y, con el precio, construir magníficos conventos de la orden. —A decir verdad, yo más quisiera tener las Homilías de San Juan Crisóstomo sobre San Mateo— concluyó Tomás seriamente. Las Homilías sobre el Evangelio de San Mateo que tanto anheló poseer Santo Tomás de Aquino las tenemos nosotros al alcance de la mano. Lo que quizá se nos ha ido a distancias estelares es el espíritu y genio de Santo Tomás de Aquino. Las noventa Homilías sobre el Evangelio de San Mateo fueron predicadas por San Juan Crisóstomo en Antioquía entre los años 390 a 398. Que fueron predicadas en Antioquía, puede afirmarse con certidumbre. En la homilía VII increpa el orador con vehemencia a sus paisanos:
"Vosotros, cuando de preeminencias se trata, pretendéis ocupar el primer lugar, por haber sido nuestra ciudad la Primera en ceñirse la corona del nombre cristiano: pero en el combate de la castidad no os avergonzáis de quedaros a la zaga de las ciudades más incultas”.
Es la alusión, de que tanto gustaba San Juan Crisóstomo, a Act 11,26: Y en Antioquía se llamó por vez primera cristianos a los discípulos. (San Juan Crisóstomo no sospechó jamás que este nombre de "cristiano" fue dado a los discípulos" de Jesús por los no cristianos y, en principio, debió sonar como mote de desprecio. San Pablo no lo usó jamás y, cuando ante el tribunal de Festo, después de su vehemente oración, le dice Agripa:
"Por poco me persuades que me haga cristiano'', el Apóstol no repite este nombre, que suena, evidentemente, a desprecio en labios del reyezuelo judío: Ruego a Dios que, en poco y en mucho, no sólo tú, sino todos los que me escuchan, sean lo que yo soy, excepto estas cadenas (Act 31, 29).
Como quiera, para San Juan Crisóstomo. era ésta una gloria única de su ciudad, y él no se cansa de recordarla a sus oyentes. El pasaje es decisivo, y aun puede confirmarse con lo que sigue inmediatamente. En el más puro estilo de la diatriba, el orador imagina que sus oyentes le replican: “Sí, —me decís—. Pero ¿qué nos mandas hacer? ¿Acaso que vayamos a habitar las montañas y hacernos monjes?"
De montañas y monjes sólo se podía hablar en Antioquía, y San Juan Crisóstomo habla de ellos con frecuencia a todo lo largo de estas Homilías sobre San Mateo. Para los antioquenos, el tema tenía un hechizo incomparable, y algunas de las más bellas páginas que aquí leeremos están destinadas a evocar aquella vida que Juan no se cansa de calificar de angélica en contraste con la universal depravación de la ciudad. En Constantinopla, si bien la corrupción era igual o mayor que en Antioquía, el tema de los monjes no podía tener el interés próximo y casi familiar que aquí tiene. Digamos, en fin, con Montfaucon, que no hay por qué perder tiempo en cosa tan patente. La fecha, en cambio, de 390 a 398 para la predicación de las Homilías sobre San Mateo, es sólo conjetural.
Ante todo, hay que ponerlas después de las homilías sobre las estatuas, pronunciadas con ocasión de la famosa sedición de Antioquía el año 387, en que, entre otros desmanes, fueron derribad, arrastradas y hechas añicos las estatuas del gran Teodosio, de su difunta esposa Flacila, de su padre y los príncipes Arcadio y Honorio.
El tema moral que machaconamente se repite en estas justamente célebres Homilías "de statuis" es el de los juramentos. Este tema desaparece de las Homilías "in Matthaeum", excepto, naturalmente, en el pasaje correspondiente del sermón de la Montaña. Entre los años de 386- 388 se ponen también sesenta y seis homilías sobre el Génesis, las siete primeras De Incomprehensibili o “contra los anomas”, la "Demostración de la divinidad de Cristo" y los ocho discursos contra Iudaeos y nueve homilías sobre el comienzo de los Hechos de los Apóstoles.
Parece imposible tuviera también tiempo para un comentario tan amplio como este de San Mateo, en que más bien vemos confluir y como remansarse temas o ideas de predicaciones anteriores.
La grande obra homilética sobre San Mateo pudo, pues, comenzarse hacia el 390, se interrumpirla con otras predicaciones de tempore, señaladamente los panegíricos de mártires y confesores, y se terminarían en fecha imposible de fijar antes del año 398, en que San Juan Crisóstomo abandona Antioquía para ocupar la sede de Constantinopla, la cátedra llena de peligro y objeto de tanta ambición, como la interpelara Gregorio de Nacianzo en el momento de darle su último adiós. Como quiera que sea, aun dentro de la relativa incertidumbre cronológica, por su fondo y por su forma, por su ímpetu vital y la plenitud de doctrina, las noventa homilías in Matthaeum de San Juan Crisóstomo son una cima en su vida y en su obra.
Dueño de sí y de su auditorio, en la fuerza y madurez de su edad, de su genio y su talento, en su acmé, que decían los griegos, consciente de su misión divina de pastor y guía de las almas, ardiente de celo por su salvación, abrasado, como otro Pablo, de amor a Jesucristo, secreto último de su fuerza y su elocuencia, concibe el audaz pensamiento de exponer ante sus oyentes el evangelio íntegro de San Mateo y lo lleva a cabo de modo magistral en noventa homilías, que son una creación y un monumento originalísimo, síntesis acabada de exégesis y parénesis, hablando en griego; cifra y compendio de lo que ha de ser la auténtica predicación cristiana: exposición de la palabra divina, del evangelio ante todo y sobre todo, y exhortación a su seguimiento y práctica en vida.
Et tour le reste est litterature. Alto ejemplo y lección del gran Padre de la Iglesia del siglo IV, para quienes tienen deber y misión de predicar la palabra divina en este siglo XX, pendiente abajo de su mitad cronológica y pendiente abajo de su ruina, si se empeña en caminar de espaldas al Evangelio.
La ausencia del Evangelio en nuestra vida es aterradora; pero ¿por qué no decirlo también? La ausencia del Evangelio —y, sobre todo, del Evangelio en su sentido primero y viviente, que es Cristo Jesús mismo— en la predicación, no lo es menos. El cristianismo, que es y no puede ser otra cosa que el misterio de Cristo, se ha convertido en puro moralismo —un moralismo casero, por añadidura, que no parece justificar hecho divino tan enorme, tan fuera de toda norma, como que Dios se hiciera hombre, padeciera y muriera en la cruz.
No quiero hablar en abstracto. De una plática, en unos mal llamados ejercicios espirituales la pasada cuaresma, me extracté este párrafo. entre otros de una chabacanería espantosa. Se hablaba de las "virtudes" que ha de tener la mujer: "La mujer ha de ser ordenada. El hombre es el desorden mismo: los pantalones por aquí, la americana por allá, los calcetines en medio del comedor, la corbata debajo de la silla y así de lo demás. Pues ahí está la mujer: la madre, la hermana, la hija, para poner orden en todo. Y así por tres largos cuartos de hora, en un irrestañable fluir de ramplonerías", que convertían aquellos "ejercicios espirituales" en auténtico ejercicio de heroica paciencia. Ni una sola vez oí pronunciar el nombre de Jesús. Aquel mismo día —viernes II de marzo de 1955— el Ya daba noticia del discurso del papa Pío XII a los predicadores de Roma: pero no reproducía sus más bellas palabras que leí posteriormente:
"Sed animosos, queridos hijos. Sabed tomar de la mano a las almas y empujadlas dulce, pero firmemente a Jesús, hacia la amistad con Él, hacia la transformación en Él. Hacedles comprender que sólo así encontrarán la paz, la fe, la alegría, la esperanza, el amor. Sólo así encontrarán la vida”. *
¡Qué emoción, qué dilatación, qué gozo al leer estas palabras de Pío XII! ¡Qué bien se siente que habla el Vicario de Jesús en la tierra! Pero, ¿no es vicario —con minúscula, con humildad— de Jesús todo sacerdote, que sólo como legado suyo puede hablar? Pro Christo legatione fungimur. Por desgracia, la predicación se va o por las ramas o por las nubes, si no es que se arrastra por el suelo. Pues he aquí a este gran Padre del siglo IV que toma en sus manos el Evangelio de San Mateo y lo comenta íntegro —lo explica y lo aplica, ante sus oyentes de Antioquía, en noventa largas homilías, en que sentimos aún palpitante y viva, ardiente y fuerte, su propia alma, y en las que se refleja también mucho de la vida de su tiempo—.
¿Por qué no hacer hoy nosotros lo mismo que San Juan Crisóstomo en su tiempo? Como en aquellos días de agonía del mundo romano, en estos de agonía y angustia universal nuestra, la palabra de Pedro tiene vigencia absoluta: Non est in alio aliquo salus. No hay otro nombre en que nos podamos salvar fuera del nombre de Jesús (Act 9,12). Es decir, ¿por qué no predicar decididamente el Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, que, puestos ante lo eterno, no se diferencian absolutamente de los hombres de cualquier tiempo?
Al fin, ése fue el supremo mandato del Señor antes de remontar su vuelo a los cielos: Marchad por el mundo entero y pregonad el Evangelio a toda la creación (Mc 16, 15). Un Evangelio que hoy apenas si podemos entender más que en el sentido de un libro, siquiera sea divino: pero que originaria y primariamente quiere decir "la buena nueva" de una Persona divina, con todo lo que nos trajo y nos dio y dijo e hizo a su paso por la tierra y sigue trayéndonos y dándonos y diciendo y haciendo en su vida perenne en el cielo y en la Iglesia. Cuando Jesús mandó a sus apóstoles a predicar el Evangelio por toda la creación, el Evangelio, como libro, no exista todavía.
Llenar, pues, el vacío y ausencia de San Juan Crisóstormo entre nosotros y presentar patente y fuerte su lección y ejemplo en su magna obra de las noventa Homilías in Matthaeurn es indudablemente un excepcional servicio que presta la BAC a la cultura religiosa del mundo hispánico con la publicación de estos dos volúmenes que inician, un poco contra la cronologia, la selección de obras de San Juan Crisóstomo. Toda nuestra admiración y gratitud será poca para la Biblioteca de Autores Cristianos, que en tan difíciles tiempos y, al parecer, tan ajena a lo pretérito, ha tenido fe bastante para mover esta montaña de las obras de San Juan Crisóstomo y ofrecer en su texto original y versión española lo mejor y más actual de ellas.
Mi colaboración ha sido por extremo modesta, aunque llevada también a cabo con ardiente fe y amor. Los helenistas agradecerán indudablemente la publicación del texto griego, que es el de la edición montfauconiana, no superada todavía. La versión está hecha, naturalmente, para los no helenistas, con la mayor precisión posible, desde luego: pero con la conveniente amplitud para que no suene también a griego o quede tan oscura como si lo fuera. Creo poderles asegurar a esos lectores no helenistas que no contiene error notable de interpretación, y no se lo aseguraría de no haber tenido colaborador tan competente como el P. Joh. Chrysosromus Baur, benemérito investigador de la vida y obra de su patrono, y traductor en la BKV de las Homilías sobre San Mateo. Los cuatro volúmenes de la BKV han estado a mi plena disposición, gracias a la generosidad (que no sabré nunca cómo agradecer) del R. P. Bibliotecario de San Cugat del Vallés.
La traducción del P. Baur es ceñida, literal y, en general, exacta. Como me llegó hecha ya la mía, me impuse la paciente tarea de cotejarla íntegramente con ella. Así pude corregir una serie de pasajes mal entendidos por mí y comprobar que otros están mal entendidos por Baur. In multis offendimus omnes. Lo misma que de Baur, puedo decir de las Homilías traducidas por el P. Ogara. La traducción francesa de Bareille, aunque estimable, no siempre es del todo fiel.
En fin, me interesa comunicar a los lectores y amigos de San Juan Crisóstomo que un amplio estudio sobre su vida, formación literaria y estilo de predicación, preparado para introducción a las Homilías sobre el Evangelio de San Mateo ha tenido que ser omitido para no engrosar ni encarecer demasiado este volumen. A mis oyentes de la Pontificia Universidad de Salamanca, que lo echarán particularmente de menos por habérselo anticipado en un cursillo del presente año, me es grato comunicarles que se trata sólo de un aplazamiento para el próximo tomo de la selección de obras de San Juan Crisóstomo. Doy, pues, la prueba antes que la tesis. La tesis, como mis oyentes recordarán muy bien, es que la homilía es la forma más genuina de la predicación cristiana. La prueba son estas noventa homilías de San Juan Crisóstomo. Y ya, a helenistas y no helenistas, sólo me resta decirles: Tolle, lege (¡Déjalo ya! Lee).
Madrid, diciembre de 1955.
D. R. B.
*He aquí otra muestra, como la tengo anotada: “La religiosidad
es virtud esencial de la mujer. Una mujer sin religión no se concibe:
ni es hombre ni es mujer. No es hombre porque naturalmente, no lo
es. No es mujer, porque le falta une cualidad esencial para serlo.
Es un ser híbrido. Que el hombre no tenga religión, no diremos que
esté bien; pero, al fin, se comprende. Ya sabemos que la mayor parte de los hombres se pasan la vida de espaldas a Dios y a las
prácticas de la religión”. Naturalmente un solo ejemplo nada
probaría; pero ese ejemplo puede multiplicarse indefinidamente.
San Juan Crisóstomo (c. 344-407), conocido como "boca de oro", predicó extensamente sobre la Parusía (del griego parousia: presencia, llegada, advenimiento) como la gloriosa segunda venida de Jesucristo al final de los tiempos. Para el Santo Padre de la Iglesia, la Parusía no es un evento aterrador, sino la culminación de la esperanza cristiana, la victoria definitiva sobre el mal y la instauración final del Reino de Dios.
Aquí se resumen sus principales enseñanzas sobre la Parusía: Finalidad Gloriosa:
Crisóstomo enfatiza que, a diferencia de su primera venida humilde en la encarnación, la segunda venida será majestuosa, visible y universal. Será la manifestación definitiva de Cristo resucitado para juzgar a vivos y muertos.
Juicio y Renovación: La Parusía marca el Juicio Final, donde cada persona será juzgada por sus obras. Además, implica la renovación de la creación y la naturaleza humana, restaurando el plan original de Dios.
La Resurrección de los Muertos: San Juan Crisóstomo enseña, basándose en las Escrituras, que la venida de Cristo traerá la resurrección de todos los muertos, tanto justos como pecadores.
Contexto en Mateo 24: En sus comentarios (Homilías sobre Mateo), Crisóstomo explica las señales de los tiempos, advirtiendo sobre falsos profetas y la gran tribulación que precederá al fin. Sin embargo, centra su mensaje en la necesidad de vigilancia constante, ya que el momento es desconocido.
La Parusía en la Eucaristía: Para Crisóstomo, la Eucaristía es una "experiencia viva" que une el presente con el futuro Reino de Dios. La celebración eucarística se entiende como un adelanto del banquete final.
Llamado a la Vida Virtuosa: La enseñanza escatológica de Crisóstomo no busca generar pánico, sino fomentar una vida cristiana activa, la caridad y la conversión continua. Entender la brevedad del tiempo presente ayuda a los fieles a buscar la justicia y la virtud.
En resumen, la Parusía en San Juan Crisóstomo es el retorno glorioso del Salvador que cierra el tiempo de la historia humana para dar paso a la eternidad.
San Juan Crisóstomo (345-407 d.C.), uno de los más grandes Padres de la Iglesia y oradores bizantinos, dedicó una serie de homilías detalladas a las cartas de San Pablo a los Tesalonicenses (1 y 2 Tesalonicenses). Su interpretación de la Parusía (la segunda venida de Cristo) destaca por su enfoque pastoral, exhortando a la vigilancia, la esperanza y la perseverancia frente a la persecución, más que en la especulación cronológica.
Aquí se resumen los puntos clave de su interpretación:
1. La Parusía como Esperanza y Consuelo (1 Tesalonicenses)
La Resurrección de los muertos: Crisóstomo enfatiza que la parusía no es algo temible para los cristianos, sino la culminación de su fe. Comentando 1 Tesalonicenses 4, explica que los fieles que hayan muerto no se perderán el regreso del Señor; al contrario, resucitarán primero y luego serán arrebatados junto con los vivos para recibir a Cristo.
Esperanza en el sufrimiento: Ante la persecución que sufrían los tesalonicenses, Crisóstomo utiliza la promesa de la parusía para animar a la perseverancia. Asegura que el regreso glorioso de Jesús traerá alivio y recompensa a los que sufren por el Evangelio.
El "Ladrón en la noche": Interpreta la venida como inesperada (1 Tes 5,2-5), por lo que exhorta a no dormir (espiritualmente) y a vivir en la luz de la verdad para no ser sorprendidos.
2. El Anticristo y la Apostasía (2 Tesalonicenses 2)
En sus homilías sobre 2 Tesalonicenses, Crisóstomo aborda la confusión que tenían los tesalonicenses pensando que el "Día del Señor" ya había llegado. Primero el Anticristo: Crisóstomo es claro al explicar que, antes de la venida de Cristo, debe ocurrir una gran apostasía y la manifestación del "hombre de pecado" o Anticristo.
El "obstáculo" (Katejon): Al interpretar 2 Tesalonicenses 2:6-7, donde Pablo menciona algo o alguien que detiene la aparición del Anticristo, Crisóstomo (entre otros padres) a menudo interpreta este obstáculo como el Imperio Romano, que mantenía el orden. Una vez que este poder caiga, el Anticristo se manifestará.
La caída del Anticristo: Crisóstomo enfatiza que el Anticristo será destruido fácilmente por Cristo con "el soplo de su boca" y el esplendor de su venida, demostrando la superioridad absoluta de Dios.
3. La Naturaleza de la Venida Real y Física: La Parusía no es un evento simbólico, sino la llegada real y física de Jesús desde el cielo.
Juicio y Gloria: Será un momento de doble vertiente: retribución justa para los perseguidores (castigo) y salvación gloriosa para los santos (fieles).
4. Enfoque Pastoral de Crisóstomo
No especular fechas: Más que intentar calcular el tiempo de la parusía, Crisóstomo utiliza la doctrina para fomentar una vida santa.
Llamado a la Caridad: Insiste en que la preparación para la parusía implica la limosna y la caridad, que purifican de los pecados.
En resumen, para San Juan Crisóstomo, la parusía es una realidad inminente que debe motivar a la Iglesia a mantenerse firme, virtuosa y esperanzada, confiando en que Cristo destruirá el mal final (el Anticristo) y reinará con sus santos.
La mayoría de los católicos no sabe esto sobre su propia Iglesia: la Iglesia Católica no está formada solo por el rito romano. Está formada por 24 Iglesias sui iuris, agrupadas en 6 grandes tradiciones litúrgicas, que celebran la misma fe católica con distintas expresiones legítimas.
No son religiones distintas ni doctrinas diferentes. Es la misma fe apostólica, los mismos sacramentos y la misma comunión con el Papa, vivida en distintas culturas y regiones a lo largo de la historia.
Esto no debilita la unidad de la Iglesia, sino que la manifiesta. Porque la Iglesia no es uniforme: es universal. Y en esa diversidad legítima se revela su riqueza espiritual, teológica e histórica.
ORACIÓN DE SAN JUAN CRISÓSTOMO
Oh Cristo Dios, habiendo sido destinado a participar en los Misterios de tu más santo Cuerpo y preciosa Sangre. Te glorifico y bendigo, te adoro y alabo, y exalto la obra de tu Redención, Oh Señor, ahora y por siempre. Amén.
PETICIONES DE SAN JUAN CRISÓSTOMO
Señor, recíbeme a mí, arrepentido. Señor, no me abandones. Señor, no me dejes caer en la tentación. Señor, concédeme buenos pensamientos. Señor, concédeme lágrimas y el recuerdo de la muerte y compunción. Señor, implanta en mí el deseo de confesar mis pecados. Señor, concédeme humildad, castidad y obediencia. Señor, concédeme paciencia, valor y mansedumbre. Señor, implanta en mí la raíz de todas las bendiciones y el temor de ti en mi corazón.
Señor, concédeme amarte con todo mi espíritu y con toda mi alma, y hacer siempre tu voluntad. Señor, protégeme contra ciertos hombres, de los demonios, de las pasiones y de toda cosa perniciosa Señor, sabes que haces de acuerdo con tu voluntad, sea cumplida también en mí, pecador, porque bendito eres por los siglos de los siglos. Amén
Creo en el Dios de Jesús y de María, el Dios de los bienaventurados, sencillos y sabios humildes como Abraham y Sara; Isaac y Rebeca; Jacob y Raquel. Y no el de los expertos racionalistas e ideologistas teólogos y entendidos escribas de todos los tiempos, El Mismo JesuCristo nunca los eligió ni como apostóles ni como discípulos. Ni antes ni ahora. Soy Venezolano, Maracucho/Maracaibero, Zuliano y Paraguanero, Falconiano; Soy Español, Gallego, Coruñés e Fillo da Morriña; HISPANOAMÉRICANO; exalumno marista y salesiano; amigo y hermano del mundo entero.
La Línea Editorial de este Rincón es la Veracidad y la Independencia imparcial.
¡¡¡ Que El Señor de La Comunicación, de La Amistad, de La Paz con Justicia, te bendiga, te guarde, te proteja, siempre... AMÉN !!! ________________________________
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EL SILENCIO CULPABLE
QUE LA LUZ BRILLE SOBRE TI, TIERRA FÉRTIL #SOSVENEZUELA
VENEZUELA UN PAÍS PARA QUERER Y PARA LUCHAR
“Nací y crecí en un lugar donde dicen ” Pa’lante es pa’llá”, donde se pide la bendición al entrar, al salir, al levantarte y al acostarte, donde se comen arepas, cachapas y espaguetti con diablito, donde se menea el whisky con el dedo, donde se respira alegría aún en las adversidades, donde se regalan sonrisas hasta a los extraños, donde todos somos panas, donde aguantamos chalequeos, donde se trata con cariño sincero, donde los hijos de tus amigos son tus sobrinos, donde la gente siempre es amable, donde los problemas se arreglan hablando y tomando una cervecita, donde no se le guarda rencor a nadie y donde nadie se molesta por tonterías, donde hasta de lo malo se saca un chiste, donde besamos y abrazamos muchísimo, donde expresamos con cariño nuestros sentimientos, donde hay hermosas playas, ríos, selvas, montañas, nieve, llanos, sabana y desierto, un país de gente bella, cariñosa y alegre donde se mezclaron armoniosamente las razas, donde el extranjero se siente en casa y donde siempre encontramos cualquier motivo para celebrar con los amigos. Nací y crecí en VENEZUELA, me siento orgulloso de ser venezolano y seguiré manteniendo mi espíritu venezolano en cualquier lugar del mundo”
¡NO TE RINDAS!
♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥ Si la angustia te seca, si la ansiedad te asfixia, si la tristeza te ahoga, si el pesimismo te ciega... llora, grita, comunícate, exterioriza tu dolor.... pero JAMÁS te rindas.
Levanta tu mirada, respira hondo... ¡LUCHA..! amig@...lucha ... PORQUE Sí hay salida. Sí hay sentido. Sí hay ESPERANZA. Levanta tus manos y pide ayuda.
No te des por vencid@...y poco a poco verás La Luz. NO te rindas amig@, lucha. NO ESTÁS SOL@.
PORQUE VERÁS QUE SÍ VALIÓ LA PENA... ♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥
LA FUERZA INVENCIBLE DE LA FE
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
"Ya veis que no soy un pesimista, ni un desencantado, ni un vencido, ni un amargado por derrota alguna. A mí no me ha derrotado nadie, y aunque así hubiera sido, la derrota sólo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, más idealista, porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o su negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que le sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática de su egoísmo.
¡Trabajo va a tener el enemigo para desalojarme a mi del campo de batalla! El territorio de mi estrategia es infinito, y puedo fatigar, desconcertar, desarmar y doblegar al adversario, obligándolo a recorrer por toda la tierra distancias inmensurables, a combatir sin comer, ni beber, ni tomar aliento, la vida entera; y cuando se acabe la tierra, a cabalgar por los aires sobre corceles alados, si quiere perseguirme por los campos de la imaginación y del ensueño. Y después, el enemigo no podrá renovar su gente, por la fuerza o por el interés., que no resisten mucho tiempo, y entonces, o se queda solo, o se pasa al amor, que es mi conquista, y se rinde con armas y bagajes a mi ejército invisible e invencible...."
(Fragmento de una página del discurso de Joaquín V. González "La universidad y alma argentina" 1918). ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
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SEÑOR, TE PEDIMOS QUE PROTEJAS A L@S NIÑ@S, TE LO PEDIMOS EN EL NOMBRE DE JESÚS. AMÉN. ¡Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeñitos! Mejor le fuera que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos....... Lc 17,1-2 -- ÚNETE Y DENUNCIA --
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OBSOLESCENCIA ES LA planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible tras un período de tiempo calculado de antemano, por el fabricante o empresa de servicios, durante la fase de diseño de dicho producto o servicio, nos conduce al CONSUMISMO exacerbado, por culpa de algo evitable, destruimos recursos, planeta y dinero por algo que podríamos tener durante mucho tiempo.