EL Rincón de Yanka: MENTIRA

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viernes, 10 de julio de 2026

EXPEDIENTES DE CONSPIRACIÓN Y COMPLOT LIBERTICIDA 👿👥💥💀 por spain_ai_


EXPEDIENTES DE CONSPIRACIÓN 
Y COMPLOT LIBERTICIDA



EXPEDIENTE Nº 1: LA PROVINCIA 53

"El Sáhara es España." — Lo dijeron en 1974.
"Ceuta y Melilla, fuera de peligro." — Lo dicen ahora.

2021: Pegasus lee el móvil del presidente.
2022: España regala el Sáhara a Marruecos sin Parlamento.
Nadie ha dicho qué encontraron.

Si te dicen que es paranoia, recuerda que el Sáhara también lo era.

EXPEDIENTE Nº 2: GÓMEZ

Una cátedra. Una asesora. Cartas firmadas. Una llamada.

Cuatro casualidades. Una sola firma.

EXPEDIENTE Nº 3: SENYERA

El independentismo no nació de un sentimiento.
Nació de una fortuna que había que esconder.

34 años escondiendo dinero en Andorra.
4 fundaciones tapadera. 7 hijos imputados.
Y una bandera para taparlo todo.

EXPEDIENTE Nº 4: ZAPATERO

Mientras Zapatero hablaba de paz en Caracas...
el régimen torturaba a los demócratas.

Y mientras él firmaba acuerdos con Maduro...
sus hijas firmaban facturas de 1,2 millones.

Por primera vez en democracia, un expresidente español imputado por corrupción.

La historia será implacable.

Expediente Nº 5: Los Angelitos.

En una guerra civil no hay bandos limpios. Hubo atrocidades en los dos lados y la represión franquista fue larga. Eso no lo discute nadie serio.

Pero hazte una pregunta incómoda: ¿de verdad los republicanos eran los buenos? ¿Unos angelitos frente a los villanos?

En su retaguardia se llenaron las cunetas en plena guerra, se montaron cientos de checas y se sacaba a gente de su casa de madrugada para no devolverla… ¿de verdad estaban construyendo un paraíso democrático?

No hay que imaginarlo. Ya lo demostraron. Solo hechos, solo lo documentado. Y que cada uno saque sus conclusiones. 

Aquí no se defiende ninguna guerra. Lo único que se expone es que ninguno de los dos lados tuvo las manos limpias, por mucho que el relato haya querido vestir a los republicanos de inocentes.

EXPEDIENTE Nº 6: LOS QUE CALLARON

Mientras El Salvador ardía, miraron hacia otro lado.
Ahora que dejó de arder, no callan.

¿De qué hablan los que callaron veinte años?
¿De los derechos de quién?

Setenta mil muertos esperan la respuesta.

EXPEDIENTE Nº 7: TEMPORADA DE CAZA

Esto no lo vas a ver en ningún telediario. 

No porque no esté pasando. Porque alguien decidió que no merecía tu atención.

Son cristianos. Familias quemadas en sus casas, fieles tiroteados en plena misa,
pueblos enteros borrados del mapa. Asesinados por rezar.

Hay muertos de primera y muertos de segunda. Y quién es quién no lo decides tú: lo deciden los que tienen el micrófono y eligen cuándo encenderlo. 

Hoy lo enciendo yo.

¿Cuántos de estos nombres conocías antes de este vídeo?

Expediente Nº 8: "Los tontos útiles"

Juran defender a las víctimas. Y aplauden al verdugo. 

Dicen defender a las mujeres, a los homosexuales, la libertad.
Y aplauden a los regímenes que las cuelgan, las ciegan y las entierran de noche.
Hay países donde amar a alguien de tu mismo sexo se paga con la muerte. Cientos de personas ejecutadas, encarceladas o cegadas por pensar distinto. Está en sus leyes y en los informes de derechos humanos.
Y algunos, desde aquí, los aplauden.
Eso es un tonto útil.
Esto les molesta. Por eso hay que verlo.

EXPEDIENTE Nº 9: En Venezuela necesitas un código QR para desenterrar a tu propia familia.
Mientras 50.000 personas siguen bajo los escombros, el régimen de Delcy Rodríguez mandó 14.000 soldados… no a cavar, a cerrar el paso. Cortaron internet. Escondieron a sus muertos en una hoja de cálculo. Y posaron para la foto sobre los ataúdes.

Pero el mundo entero cruzó el mar a cavar lo que ellos se negaron a cavar.

Maduro ya cayó. El trabajo no termina hasta que caigan todos.

Un pueblo que escarba con las uñas no se rinde. Se levanta.

EXPEDIENTE Nº 10: SOCIALISMO

“Cuba, Venezuela, España, Nicaragua, Corea del Norte, Camboya, la URSS… Distinto país, misma película: un hombre en una tarima repartiendo lo de otros, y una multitud aplaudiendo su propia ruina.”

Hay frases que duelen porque condensan décadas de historia en apenas unas líneas.
Cambian los nombres, cambian las banderas y cambian los himnos, pero el libreto parece empeñado en repetirse. Siempre aparece un iluminado prometiendo igualdad, justicia social y un futuro radiante… y termina dejando un país más pobre, más dividido y mucho menos libre.

El socialismo, que bebe de las fuentes del comunismo satánico, lleva demasiado tiempo vendiéndose como la medicina mientras la historia lo señala una y otra vez como parte de la enfermedad.
Allí donde el individuo deja de ser responsable de su destino para convertirse en una pieza del Estado, la libertad comienza a agonizar.
La propiedad deja de ser un derecho, el mérito pasa a ser sospechoso, la familia pierde su lugar y la dependencia del poder se convierte en la nueva religión civil.

Y lo más perverso es que no llega con botas militares.
Llega con palabras bonitas.
Con promesas de solidaridad, de justicia y de protección.
Primero te pide un poco de libertad “por el bien común”.
Después un poco más. Hasta que un día descubres que ya no eres dueño de casi nada… salvo de los impuestos que te quedan por pagar.

Mi problema no es solo el socialismo.

Mi problema es cualquier ideología que convierta al ciudadano en súbdito y al político en una casta privilegiada. Detesto la política y a sus dirigentes.
Pero la historia demuestra que pocas han perfeccionado tanto ese mecanismo como el socialismo de inspiración colectivista.

Quizá por eso conviene leer menos propaganda y más historia.

Porque las utopías prometidas desde una tarima casi siempre terminan igual: una élite viviendo como reyes… y el pueblo aplaudiendo mientras le vacían los bolsillos.

jueves, 9 de julio de 2026

LIBRO "MANUAL PARA LA DESPROGRAMACIÓN MENTAL": INGENIERÍA SOCIAL, MANIPULACIÓN DE MASAS Y EL PROTOCOLO PARA RECUPERAR TU SOBERANÍA INDIVIDUAL por ROBERT PORTOLES OTERO


MANUAL  PARA  LA
DESPROGRAMACIÓN  
MENTAL

INGENIERÍA SOCIAL, 
MANIPULACIÓN DE MASAS
Y EL PROTOCOLO PARA RECUPERAR 
TU SOBERANÍA INDIVIDUAL.

"Si el Estado fuera un hombre, sería un psicópata
que incendia tu casa para venderte un seguro contra incendio y, 
de paso, te cobra por el agua de los bomberos".

ROBERT PORTOLES OTERO

¿Sientes que ya todo está prohibido? Cada mañana te levantas, miras las noticias y piensas “¿pero qué coño ha pasado con mi país?”.
Ya no puedes decir lo que piensas porque te llaman facha, machista, racista o conspiranoico.
Se quedan con la mitad de tu sueldo.
Te restringen usar tu propio coche.
Te llenan los barrios de salvajes.
Si te quejas te cancelan. Estás quemado. Estás harto.
Te controlan con el móvil.
Te distraen con series alejadas de la realidad, fútbol y noticias sin irrelevantes.
Fomentan la división social.
Te empobrecen con más impuestos.
Te medican innecesariamente.
Ya no reconoces tu barrio.
Te han prohibido hacer todo lo que te gustaba hacer.
Absolutamente todo funciona mal, es el mundo al revés, pero en las noticias todo esta genial.

El enemigo es la extremísima ultra turbo derecha y el malvado turbo capitalista especulador.

Bienvenido a la era del control social y la manipulación de masas. Vives en una cárcel sin barrotes… y tú mismo estás pagando la cuota. Has normalizado que los políticos son seres de la élite con privilegios, que viven a tu costa y deciden sobre ti, cuando en realidad deberían ser gestores públicos a tu servicio.

Este libro no es para parguelas, charos, npcs, socialistas, comunistas u ovejas. Es el manual para gente trabajadora, personas como tú y como yo que estamos hartos de que nos tomen el pelo y nos traten como a idiotas. Para personas que quieren prosperar, que tienen unos valores, honor y tradición familiar. Personas que no queremos que nos roben la vida.

Es hora de despertar. Es hora de entender los procesos de manipulación y control de masas que ejercen contra ti y actuar en consecuencia.
El estado no quiere que leas esto. Por eso en las escuelas no se enseña a hacer la declaración, ni a invertir, ni moral, ni ética, ni disciplina, ni a montar una empresa, ni a ser autosuficiente.
Quieren que seas una oveja distraída que no se pregunte cosas y siga el rebaño. Quieren robots productivos que hagan sus tareas sin rechistar. "Feliz" siendo pobre y dependiente del "papa" Estado.

Aquí vamos a solucionar esto ya mismo. Manual para la Desprogramación Mental te explica sin filtros cómo te están manipulando a diario: 
Cómo fabrican crisis tras crisis para que entregues tu libertad por miedo.
Cómo te cambian las palabras para que ya ni puedas pensar con claridad.
Cómo usan el feminismo radical, la inmigración descontrolada y la ideología woke para partir a la sociedad.
Cómo Netflix, TikTok, el Nopor, Apuestas, y programas basura te enganchan con dopamina para que no pienses.
Cómo te están cambiando el país poco a poco mientras te llaman fascista cuando pides explicaciones.
Cómo el dinero programable y la vigilancia total son el cierre final de la jaula.

Pero lo más importante: no es solo denunciar. Este manual te da un protocolo claro, práctico y realista para que dejes de ser un ciudadano más y te conviertas en un hombre soberano: cómo proteger tu dinero, reducir tu dependencia del sistema, educar a tus hijos y recuperar tu mente y tu energía. Si estás cansado de callarte. 
Si estás cansado de ver cómo todo por lo que lucharon tus antecesores durante cientos de años se va a la mierda. Este es el libro que estabas buscando. 
No es cómodo. No es políticamente correcto. Una vez que lo leas, no hay vuelta atrás.
No es un libro para distraerse, es el manual definitivo para entender cómo te engañan con tu complacencia.

ANATOMÍA DE LA OBEDIENCIA: 
LAS 10 LEYES DEL CONTROL DE MASAS

Vivimos en una era donde el control ya no se impone con tanques y fusiles, sino con dopamina y cortisol. Los regímenes autocráticos del siglo pasado, con sus uniformes y sus muros de hormigón, han sido sustituidos por una arquitectura invisible mucho más eficaz.
Hoy no hacen falta campos de concentración para someter a una población; basta con una pantalla, una narrativa emocionalmente cargada y una masa que ha sido adiestrada para desear su propia sumisión.
El control moderno no se presenta como una agresión, sino como una oferta de protección.

El sistema no te prohíbe pensar; simplemente se asegura de que tus pensamientos se muevan dentro de un perímetro previamente diseñado.
Te hacen creer que tus ideas son propias, cuando en realidad han sido inoculadas mediante repetición, sesgo de confirmación y presión social.
Desde los informativos que seleccionan quirúrgicamente qué tragedia debe ocupar tu mente, hasta los algoritmos que deciden qué amas y qué odias, todo responde a un propósito: La auto­ censura del individuo y el control absoluto.

El principio básico sigue siendo el mismo que en los tiempos del Imperio Romano: Panem et circenses (Pan y Circo).Sin embargo, hoy el pan son los subsidios (paguitas) y el circo es un flujo infinito de estupefacientes digitales y conflictos sociales prefabricados.

El objetivo es mantener a las masas ocupadas en lo irrelevante mientras las estructuras de poder ejecutan su plan de control absoluto.
El ser humano no ha evolucionado tanto como su tecnología de control.
Donde antes se usaban fusiles, hoy se apela a la amígdala. 
No hay arma más efectiva que el miedo: es la emoción que paraliza el juicio crítico y activa el instinto de rebaño. Por eso, toda narrativa de dominación comienza con una amenaza -real o ficticia- que justifique el sometimiento. Ya sea un virus, el colapso financiero, el cambio climático o un enemigo ideológico, la realidad es secundaria; lo único que importa es la percepción de peligro.

El siglo XX fue el laboratorio; el XXI es el despliegue total. Las lecciones aprendidas de la propaganda bélica y el marketing político se aplican hoy con precisión clínica bajo rostros amables.
Te lo venden como solidaridad, inclusión o sostenibilidad, pero bajo la superficie se oculta una manipulación cognitiva y conductual diseñada para dictar cómo debes consumir, votar y reaccionar.

El ciudadano promedio vive en una ilusión de libertad. Cree que es libre porque elige entre dos plataformas de streaming o dos partidos políticos que, aunque simulen conflicto, sirven a la misma agenda globalista.
Si alguien osa cuestionar este teatro, el sistema activa su mecanismo de autodefensa: El etiquetado automático:
"Negacionista","Ultraderecha", "Fascista", "Nazi", "Conspiranoico", "Homófobo", "Racista", "Machista".
Son las etiquetas que se usan para que la propia mayoría, convertida en una policía del pensamiento al estilo de George Orwell, silencie al disidente.
Estas etiquetas no son solo insultos; son dispositivos de desactivación cognitiva.

En la ingeniería social, el objetivo de la etiqueta es que el espectador deje de escuchar el argumento y pase a juzgar al emisor.

LAS 10 LEYES DEL CONTROL DE MASAS

Para navegar este sistema sin ser devorado, es imprescindible conocer las reglas tácticas que emplean contra ti:

1. La Estrategia de la Distracción

Inundar el espacio público con información irrelevante y entretenimiento infantilizado. El objetivo es evitar que el ciudadano tenga el silencio necesario para pensar. Mientras la masa se pierde en polémicas absurdas del programa de salseo de turno, TikTok o fútbol, el poder legisla y reforma en la sombra. 
El poder siempre elige fechas clave para imponer nuevas leyes/ decretos como un evento deportivo, salida de vacaciones, navidad, incluso alguna catástrofe. Un pueblo distraído es un pueblo inofensivo.

2. La Triangulación Dialéctica (Problema-Reacción-Solución)

Se crea o se magnifica un problema para generar una reacción de pánico en la población. Una vez que la masa, aterrorizada, exige "que alguien haga algo", se introduce la solución: una medida que implica pérdida de soberanía o aumento de control y que jamás habría sido aceptada sin la crisis previa. Te rompen la pierna para venderte la muleta.
Por ejemplo dejan que entre inmigración masiva delincuencia!, en el barrio la vida se hace imposible. Pides a gritos una solución. Ellos implantan un sistema de control masivo de la población.

3. El Gradualismo Adaptativo

Si te quitan tus derechos de golpe, te rebelas. Si te los quitan en dosis del 1%, te adaptas. El sistema utiliza cambios lentos y casi imperceptibles en las leyes y la economía. Como la metáfora de la rana en el agua caliente: cuando quieres reaccionar, ya estás hervido.

4. Diferimiento del Sacrificio

Presentar una medida impopular como algo "doloroso pero necesario" para el futuro. Es más fácil aceptar un sacrificio mañana que hoy. El sistema te pide que aguantes "un poco más", prometiendo una recompensa que nunca llega mientras consolida su poder. Se usa entre otras cosas para implantar nuevos impuestos "por tu bien".

5. Infantilización del Lenguaje

Tratar al público como si fueran niños de diez años o personas con discapacidad mental.
El uso de eslóganes simples, dibujos y tonos paternalistas desactiva el pensamiento adulto y crítico. Si te hablan como a un idiota, terminas comportándote como tal, dejando que los "expertos" decidan por ti.

6. El Secuestro Semántico

Quien controla las palabras, controla la realidad. Redefinen conceptos como "libertad", "salud" o "solidaridad" para que signifiquen lo opuesto a su origen. La censura pasa a ser "moderación" y el pensamiento libre se etiqueta como "discurso de odio".

7. Normalización Cultural (Propaganda Estética)

Utilizar el entretenimiento -cine, música, series- para legitimar ideolo­gías.
No es arte, es ingeniería social financiada con el dinero del contribuyente. Si el mensaje oficial se repite en cada película, termina convirtiéndose en tu propia brújula moral sin que te des cuenta.
En España se ve muy claro, como se destinan millones de euros del contribuyente a propaganda masiva del partido en películas que la gente no quiere ver.
Están en todas las plataformas, siendo un negocio muy rentable para las productoras, ya que la película no necesita ser buena para ganar dinero, solo que atienda a los intereses del partido
Las películas y series que no estén en la cuerda ideológica del gobierno no serán financiadas, por supuesto. Las personas no son conscientes de que les están robando su dinero para instaurarles propaganda que no han pedido con la cual, van a ser sometidos.

8. El Culto a la Autoculpabilidad

Hacer creer al individuo que él es el único responsable de su desgracia o de los problemas del mundo. Si eres pobre y vago, la culpa es del propietario de viviendas o del villano empresario; si el clima cambia, es por tu coche. Si la sanidad y las carreteras están mal, es porque no pagas suficiente, eres un egoísta. Mientras el individuo se hunde en la culpa, deja de mirar hacia las estructuras de poder que generan la verdadera desigualdad. Por ejemplo no dejan crecer al individuo destruyendo toda iniciativa empresarial con impuestos abusivos, destinando el dinero de sanidad y carreteras a propaganda del partido.

9. La Seguridad como Caballo de Troya

Vender la vigilancia como protección. Tus datos, movimientos y pensamientos son registrados bajo la excusa de la seguridad nacional o sanitaria. La celda del siglo XXI no tiene barrotes visibles; es digital, inalámbrica y tú mismo pagas la suscripción.

10. La Fragmentación Social (Divide y Vencerás)

Enfrentar a la población por razones de sexo, raza, religión o clase. Un pueblo unido es peligroso; un pueblo fragmentado, que se odia entre sí por minucias identitarias, es fácilmente gobernable. Mientras tú peleas con tu vecino, el poder sonríe desde la cima.

Conclusión: El Despertar de la Virtud

Este capítulo no es una simple exposición; es una vacuna. Comprender estas leyes es el primer paso para volverte inmune a ellas. La manipulación pierde su efecto en el momento en que es identificada.
Como advirtió Orwell: "La libertad es poder decir que dos más dos son cuatro". Empieza por ahí. No te reprimas ante lo absurdo. Adquiere disciplina, busca la verdad y cultiva la virtud estoica de la fortaleza. 
Si no tomas las riendas de tu mente, alguien más lo hará por ti, y te aseguro que no será para tu beneficio.

OBEDECES SIN RECHISTAR

La mayor prisión no siempre tiene barrotes. A veces está en la forma en la que pensamos.
Desde pequeños recibimos ideas, hábitos y creencias de nuestro entorno. Algunas nos ayudan. Otras merece la pena cuestionarlas.
Pensar por uno mismo no significa llevar siempre la contraria.
Significa hacerse preguntas, contrastar información y llegar a tus propias conclusiones.
Ese es el primer paso para ser realmente libre.

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viernes, 5 de junio de 2026

LIBRO "GALERÍA DE CHARLATANES": LOS HISTORIADORES QUE FALTARON Y DENIGRARON A LA HISTORIA DE ESPAÑA

GALERÍA    DE
CHARLATANES

Los historiadores que faltaron a la historia de España

Pío Moa la emprende con la pléyade de historiadores, 
nacionales y extranjeros, que han tenido como tema principal 
denigrar la historia de España

Pío Moa explica en el prólogo lo que considera charlatanes académicos en tres rasgos: El Frente Popular fue una alianza de comunistas, socialistas bolchevizados, racistas separatistas, con anarquistas y golpistas de Azaña como auxiliares. Sostener que tal alianza representaba la democracia, entra ya en el terreno de la charlatanería. La negativa a entablar un debate intelectual al respecto, ya demuestra charlatanería abierta. Y apoyar o no oponerse a leyes de «memoria» contra las libertades democráticas, leyes sovietizantes o frentepopulistas, por las que unos políticos incultos y corruptos se permiten dictar a los españoles lo que deben creer sobre su pasado, ya la charlatanería escala a un nivel más dañino. Y es lo que ocurre con los autores criticados en este libro. El problema de fondo es el del enfoque o perspectiva general. Identificar al Frente Popular con la democracia es un dislate intelectual y político decisivo. Sin embargo, con un mal enfoque se pueden hacer estudios parciales valiosos, como ocurre con varios de los historiadores aquí tratados. Pero esos estudios servirán como material de desguace, al modo como un coche mal construido no podría moverse, pero sus materiales podrían utilizarse de otro modo. Puede considerarse también este libro como una llamada de atención sobre el estado deplorable de nuestra Universidad, tantas veces denunciado y nunca corregido hasta hoy.
Los «charlatanes» del título son una treintena de nombres, en su mayoría historiadores profesionales, que con su mayor o menor prestigio han pretendido dar marchamo de verosimilitud a la versión oficial ingente sobre la Guerra Civil y la era de Franco. Que es ahora, además, la única «legal» en virtud de la Ley de Memoria Democrática. Sus propagandistas se han beneficiado de ella, pues apuntarse con entusiasmo a esa versión oficial es el peaje que exige el régimen de la Transición a toda carrera que aspire a verse reconocida académica y mediáticamente.

Pío Moa no niega a dichos autores (los Raymonda Carr, Paul Preston o Anthony Beevor, entre los extranjeros; los Ángel Viñas, Jan Pablo Fusi o Javier Tusell, entre los españoles) el mérito de tal o cual investigación específica. Pero sí les acusa de difundir tesis que los hechos desmienten (por ejemplo, el comportamiento democrático de la izquierda durante la Segunda República o la mediocridad personal y militar de Franco) y un enfoque generalmente falso –los célebres «consensos básicos» de ese gremio– que «desvirtúa o distorsiona en profundidad el relato» de lo realmente acontecido en España entre 1931 y 1975.

Un maestro en los detalles que sin embargo falsea el conjunto, con una verborrea destinada a ocultar la verdad pasada en beneficio de la política presente, y que además se niega a debatirla en público para que no queden en evidencia sus carencias es, en sentido estricto, un charlatán: un embaucador, si nos guiamos por el diccionario de la Real Academia. Moa no ofende a nadie, pues, con la denominación. Lo que hace en estas páginas es demostrar lo ajustado del sustantivo, al cuestionar en cada epígrafe algunas de las afirmaciones de esos charlatanes, a quienes lleva desenmascarando sin misericordia intelectual alguna desde la trilogía encabezada por Los orígenes de la Guerra Civil (1999) y luego con el impresionante éxito de Los mitos de la Guerra Civil (2003).

Puede sorprender que el volumen se abra con unas páginas donde se nos habla de la reconquista, del Imperio, de la paz y el progreso del siglo XVIII español o de la decadencia decimonónica (o de la vieja querella entre Américo Castro y Claudio Sánchez-Albornoz). La forma en la que los historiadores extranjeros entienden la Guerra Civil y el franquismo es muy deudora de los esquemas mentales de la Leyenda Negra en todas sus manifestaciones, no siendo la menor la creencia en una «excepcionalidad» española (por inferioridad congénita, conflictividad interna y atraso económico) a cuya negación ha consagrado Moa varias obras. La idea de que los españoles, más que otros pueblos, estamos destinados a matarnos (aquí es tópico el adjetivo cainita) difumina las responsabilidades individuales y, endosa al bando que encarnaría esa tradición histórica –el bando «fascista»–, dejando en el lado contrario a quienes habrían querido superar esa maldición con la luminosa forma de convivencia que nació el 14 de abril.

El problema es que el 14 de abril no nació ninguna luminosa forma de convivencia. En respuesta a Edward Malefakis o Santos Juliá, Moa detalla cómo las izquierdas convirtieron la República desde esa misma fecha en un mero agente de imposición legal de su agenda, la subvirtieron cunado perdieron su control (el golpe del 34) y la despeñaron por la ilegalidad tras amañar las elecciones de febrero de 1936. El bando alzado no se sublevó contra la democracia, sino contra un proceso revolucionario cuyos impulsores señalaban claramente un objetivo: la dictadura del proletariado.

A la contra, que es como está escrito este libro, Pío Moa es tan contundente o más que cuando expone, y no sólo contra sus contradictores progresistas. También contra quienes, desde la derecha del establishmente, buscan una equidistancia en la puritana creencia –que nos libera a nosotros, ochenta años después, de la exigencia de discernimiento, y nos absuelve moralmente, al situarnos por encima de la vesania de nuestros antepasados– de que en el campo de batalla se enfrentaron «canallas y sádicos sayones que habrían arrastrado contra su voluntad a cientos de miles de hombres buenos». La frase es de Pedro J. Ramírez y Moa la considera «una vacuna e impostada ostentación de enojo seudoético» contra unos y otros.

No, no podemos auto-eximirnos de analizar quién fue el culpable de la guerra, porque lo hubo y no fue quien se levantó contra el poder, sino quien lo ocupaba. En ese sentido, en Galería de charlatanes encontramos sendos capítulos consagrados a Francisco Franco y a Juan Negrín, al frente del bando frentepopulista desde mayo de 1937 –cuando sustituyó a Francisco Largo caballero– hasta el final del conflicto. Nos encontramos con puntos muy interesantes, como el regalo a Moscú del oro del Banco de España, su «comitrágica» polémica con Indalecio Prieto por el tesoro del Vita o la verdad sobre la salvación de los tesoros del Museo del Prado. Aquí Moa desnuda la mendacidad de la propaganda oficial, que presenta al bando nacional poco menos que empeñado en acabar a base de bombardeos con nuestras más valiosas obras de arte, cuando en su retaguardia no se produjo una sola destrucción de una sola de ellas, en contraste con los incendios masivos de monumentos, bibliotecas, cuadros e imágenes –en su mayoría religiosos, pero no solo– que se vivieron en la retaguardia frentepopulista.

Por último, en otros dos capítulos el autor discute dos asuntos que son a la vez cuantitativos y cualitativos: la ayuda extranjera y la represión.

En cuanto a lo primero, Moa recuerda, de la mano de Jesús Salas Larrazábal, que puede hablarse que colaboraciones externas equivalentes y, por tanto, no decisivas, y, en cualquier caso –de la Legión Cóndor a la Brigadas Internacionales– minoritarias respecto a la participación de españoles. Pero hay diferencias: una, que los nacionales pagaron menos, a pesar de que tuvieron que hacerlo a crédito, siendo la corrupción una de las razones de mayor coste que tuvo la ayuda recibida para el bando dizque republicano; y dos, que Franco no sacrificó su independencia frente a Alemania e Italia, mientras que Largo y Negrín quedaron encadenados a Stalin.

Por lo que hace a la represión, siguiendo a Ángel David Martín Rubio se inclina por una cantidad similar en la retaguardia en ambos bandos (60.000-70.000), a la que sumar los 25.000-30.000 de postguerra (13.000-14.000 según estudios de Miguel Platón de pronta publicación). Sin olvidar que buena parte de la represión en este segundo periodo fue en castigo por delitos de sangre que en cualquier legislación contemporánea implicaba la pena capital.

En Galería de charlatanes encontramos buena parte del argumentario conocido de Pío Moa, esta vez contrapuesto directamente, con nombre y apellidos, a los divulgadores de los «consensos» falsarios. Son páginas de gran valor didáctico y una óptima síntesis de casi treinta años de labor intelectual, al rebatir las falsedades y los errores de interpretación tal y como éstos son presentados al público por sus divulgadores.

Charlatanes de la memoria histórica by Pablo Sánchez Martínez


miércoles, 13 de mayo de 2026

LIBRO "EL ENGAÑO DEL "PROGRESISMO"": Desde la Revolución cubana hasta el desgobierno de Gustavo Petro por MARÍA ANDREA NIETO


EL ENGAÑO DEL 
"PROGRESISMO":

Desde la Revolución cubana 
hasta el desgobierno de Gustavo Petro

Este libro no es una opinión más en medio del ruido político. Es una investigación documentada, capítulo por capítulo, que sigue la ruta del castro-chavismo desde sus orígenes en Cuba, su consolidación en Venezuela y su réplica en Colombia bajo el gobierno de Gustavo Petro. Cada hecho, cada dato, cada episodio aquí narrado ha sido contrastado y sustentado en fuentes verificables. El resultado es un retrato contundente de cómo las promesas de cambio terminan convirtiéndose en autoritarismo, deterioro institucional y crisis económica.
Con un tono directo y sin concesiones, la autora invita al lector a mirar de frente la realidad y a preguntarse qué futuro queremos para Colombia. El tiempo apremia: el 2026 será decisivo para los años por venir del país y de la región, que se debate entre permitir que la ideología castro-chavista siga tomando control de las instituciones democráticas o crear un modelo nuevo de gobierno que no sea de extremos ni de izquierda ni de derecha y, en cambio, procure el bienestar de todos los ciudadanos sin excepción. Este no es solo un libro para entender el presente, sino una advertencia urgente para que los ciudadanos actuemos y tomemos conciencia antes de que sea demasiado tarde.
Introducción

Un fantasma recorre Colombia desde agosto de 2022. Es el fantasma del comunismo feroz (¿salvaje?), impulsado por los dirigentes de un proyecto político de escala latinoamericana, que ha llevado al país por caminos muy oscuros y que nos pueden conducir directo a un abismo sin retorno, a menos de que los ciudadanos entendamos que esa vía, que nos propusieron y que ganó en las urnas bajo las reglas de la democracia, no ha sido la adecuada para construir una nación próspera y pacífica donde realmente quepamos todos.

Los escándalos de corrupción que han protagonizado los funcionarios del "primer gobierno de izquierda" elegido democráticamente en Colombia, empezando por el presidente de la República, y los hechos que han demos­trado la falta de preparación técnica e intelectual de varios funcionarios para llevar las riendas del Estado, han sido prueba fehaciente de que el camino que quisieron vender como "el cambio", no ha sido sino una pantomima y un despropósito que ha llevado al país por una senda de atraso, polarización y más odio, en vez de crecimiento económico, desarrollo social, seguridad y paz.

Por eso, este libro pretende llamar la atención sobre las elecciones pre­sidenciales de Colombia en 2026, para no volver a caer en el error de elegir falsas ilusiones de "cambio", ni que el electorado se deje engañar de nuevo con discursos mesiánicos, de ideología soviética trasnochada y promesas irrealizables.
Porque, seamos sinceros, la ferocidad de este comunismo salvaje, sus frases incendiarias, acciones erráticas y destructivas, han polarizado aún más nuestra fragmentada sociedad, y han creado un clima de hostilidad, irrespeto y violencia, en lugar de congregar, unir, crear consensos y cons­truir una paz real para todos los colombianos.

El triunfo de Gustavo Petro Urrego en las elecciones presidenciales de 2022, con 11.292.758 votos frente a los 10.604.656 del candidato Rodolfo Hernández (Registraduría Nacional del Estado Civil, s.f. c), el inquietante exalcalde de Bucaramanga ungido por la oposición a Petro como candidato presidencial, y quien murió dos años y tres meses después de esas eleccio­nes, el 24 de septiembre de 2024, dio inicio en Colombia al primer gobierno de izquierda en el país.

Muchos celebraron esta victoria alcanzada con apenas una diferencia de 688.102 votos como un logro de la paz y la reconciliación, pues demostraba que un guerrillero desmovilizado podía alcanzar la máxima dignidad del país por las vías democráticas en unas elecciones libres, auditadas, observa­ das y garantizadas por el Estado y la comunidad internacional, en vez de lle­gar al poder por las armas.
Lamentablemente para los colombianos, el ejercicio del cargo por parte de Gustavo Petro ha estado caracterizado por todo, menos por la dignidad que merece la Presidencia de la República de Colombia, por cuenta de la corrupción, la improvisación, la falta de técnica y el desconocimiento del manejo del Estado, así como las múltiples y ya incontables salidas en falso de funcionarios, familiares del primer mandatario y hasta de él mismo.

La máxima muestra de esto fue el desastroso consejo de ministros que el presidente decidió transmitir por televisión nacional en vivo y en directo el martes 4 de febrero de 2025 (Presidencia de la República- Colombia, 2025a) y que mostró la inmensa desestructuración y descoordinación que ha ca­racterizado este gobierno, así como el desconocimiento o poco respeto que sienten Petro, sus ministros y altos funcionarios por el Estado de Derecho, la Constitución y las leyes. En esa ocasión los colombianos también pudimos ver las rencillas y desconfianza reinante entre los integrantes del gabinete, incluida a la propia vicepresidenta de la Nación, Francia Márquez, que en ese momento fungía además como ministra de la cartera de la Igualdad y Equi­ dad, creada al inicio de este mandato.

La realidad es que este "gobierno del cambio y progresista" ha sido el más polarizante de las últimas décadas y, paradójicamente, el menos incluyente o democrático, cuando sus representantes reclamaban hacía años un país donde cupiéramos todos. Ellos, los "progresistas", han sido los más sectarios y excluyentes a pesar de haberse proclamado como "demócratas", y haber manifestado que estaban abiertos a crear coaliciones de gobierno incluso con personas de distintos espectros políticos. Toda la mentira se ha ido deve­lando poco a poco, pero de manera contundente.

Los colombianos sabíamos quién era Gustavo Petro, de dónde venía y que su personalidad no iba a cambiar en su periodo como presidente 1. No obstante, quizás, algunos llegaron a abrigar la ilusión de que, una vez ele­gido, asumiría el rol de mandatario de todos los colombianos, dejando sus rencillas, rencores y resentimientos personales atrás. Sin embargo, no ha sido así, pues su pugnacidad ha aumentado, sin mencionar su manejo irres­ponsable de las comunicaciones y de todo el aparato estatal a su antojo. Por fortuna, no todos los funcionarios y entidades públicas se han prestado para su demagogia, ni las otras ramas del poder público, como la legislativa o la judicial, donde con esfuerzo se ha protegido la naturaleza constitucional de independencia y separación de poderes, baluarte de la democracia en todas partes del mundo.

En varias oportunidades, Gustavo Petro en sus extensas intervenciones en todo el país, no ha tenido inconveniente en lanzar acusaciones infunda­ das contra sus opositores y en culpar a los anteriores mandatarios de la falta de ejecución de su propio gobierno 2. Ha gobernado mirando por el espejo retrovisor y con la excusa de que las viejas estructuras sociales del país no lo han dejado hacer los prometidos cambios; no ha asumido su responsabili­dad sobre nada y, por el contrario, ha culpado a todos de lo que él no ha sido capaz de realizar. Incluso, ha acusado a sus propios funcionarios de no obe­decerle o de ser cómplices de un supuesto saboteo a sus políticas.

Petro ve enemigos en todos, vive sumido en una constante paranoia y en delirios de persecución. Con sus discursos políticos, muchas veces ininteligibles, ha embaucado a incautos y pobres, se ha aprovechado de la necesidad del pueblo, y con su demagogia ha querido ocultar lo inocultable: su ineficiencia e incompetencia. Según la encuesta de Invamer-Gallup de junio de 2025, sólo el 29% de los encuestados aprobaba el gobierno de Gus­tavo Petro (lnvamer, 2025, p. 31). Esta desaprobación indica que el 71% de los encuestados comprende la falta de capacidad para administrar, liderar y gobernar de Petro, que ha quedado confirmada en este triste periodo de nuestra historia reciente, el cual no podemos permitir que se repita, ni con él ni encarnado en cuerpo ajeno.

La llegada al poder de la izquierda en Colombia infló las esperanzas de muchas personas y las expectativas de buena parte dela población que abrazaron y apoyaron las banderas del "cambio" y del "progresismo" en esas elecciones; senadores de todo el país y de todas las corrientes, incluso conservadoras, se sumaron al "proyecto" y movieron sus fichas en el te­rritorio nacional para que los electores votaran a favor del candidato de la Colombia Humana, nombre del movimiento de Gustavo Petro, y del Pacto Histórico, alianza de los partidos que lo apoyaron. Las contradicciones éticas y políticas de Gustavo Petro se hicieron evidentes desde la campaña en la que prometía encarnar el cambio, pero en la que incluyó figuras políticas cuestionables, expertos en vivir del Estado, como los exsenadores Armando Benedetti y Roy Barreras que en el pasado habían sido uribistas y santistas, y que, además, estaban inmersos en innumerables escándalos de corrupción y clientelismo3. En un ágil salto, de repente cambiaron de ideología y termi­naron defendiendo las tesis de la extrema izquierda. ¿Petro quería cambiar la política o quería ganar a cómo diera lugar las terceras elecciones presiden­ciales en las que se presentaba?

En las elecciones de 2022, al estar enfrentados un candidato de izquierda y uno de derecha, el centro político se hizo difuso y se diluyó aún más de lo que ya estaba antes: lontananza viendo ballenas. Cuando se realizaron los comicios, se cumplían seis años de la firma del Acuerdo de Paz entre las FARC y el Estado colombiano, y ese era uno de los puntos más candentes de los de­ bates presidenciales: cómo implementar y cumplir lo pactado y, por lo tanto, qué haría el próximo gobierno con respecto a ese tema.

Durante el segundo periodo presidencial de Juan Manuel Santos (2014-2018), el gobierno se había volcado en el proceso de paz con ese grupo insurgente, el más longevo del mundo, y al final logró el propósito de nego­ciar el retorno a la vida civil y desmovilización de los guerrilleros, quienes empezaron su participación política y a rendir cuentas ante la justicia, a través de mecanismos como la Justicia Especial para la Paz (JEP). Se inició entonces un proceso importante, en cabeza de la Comisión de la Verdad, para esclarecer los delitos cometidos durante 70 años de conflicto por parte de guerrillas, grupos paramilitares e incluso por integrantes de organismos del Estado que se desviaron de su naturaleza de proteger al pueblo. Este mecanismo de justicia transicional no ha sido ajeno a controversias, pero es preferible que exista a que no haya forma alguna de llegar a la verdad, la jus­ticia y la reparación.

En este sentido, la Comisión de la Verdad logró establecer que las FARC cometieron los siguientes delitos: 96.952 homicidios, 29.410 desapari­ciones forzadas, 20.223 secuestros y reclutaron a 12.036 niños, niñas y adolescentes para la guerra (Comisión de la Verdad, 2O2 2). La JEP, al finalizar 2024, imputó a seis integrantes del secretariado de las FARC por la violación, abuso, tortura, malos tratos, homicidios, violencias reproductivas, sexua­les y reclutamiento a niños y niñas con una cifra dolorosamente mayor de 18.677 casos que ocurrieron entre los años 1971y2016 (JEP, 2024).

Sin embargo, son muchas las heridas que aún permanecen por la falta de justicia y reparación, como es el caso de los exguerrilleros que han ocupado las curules que les otorgó el proceso de paz, sin haber pagado un solo día de cárcel, ni haber reparado a sus víctimas. Tal es el caso de la senadora Sandra Ramírez, conocida en la guerrilla con el alias de Griselda Lobo, quien fue la compañera sentimental del máximo jefe de las FARC, Manuel Marulanda Vélez alias Tirofijo, y que ha sido señalada, en diversas ocasiones, de haber reclutado a miles de niñas y niños que fueron sometidos a todo tipo de vejámenes por los jefes guerrilleros (Más allá del Silencio Podcast, 2025). La justicia nunca llegó para esas miles de víctimas que ven hoy cómo los exte­rroristas como Sandra Ramírez y sus camaradas, dictan leyes y amedrentan a quienes se atreven a encararlos por medio de persecuciones judiciales que, curiosamente, sí se mueven con rapidez en los estrados. Casi como un insulto más a las víctimas en vez de un acto de verdadera justicia, la JEP emitió una primera condena a los integrantes del Secretariado de las FARC y los condenó a ocho años de "sanción propia'', que "deberán cumplir a través de proyectos restaurativos, incluidos aquellos de búsqueda de personas dadas por desaparecidas, actos de memoria y reparación simbólica, recuperación ambiental y desminado humanitario" (JEP, 2025b). Esto es verdaderamente indignante y no se compadece en lo más mínimo con los vejámenes cometi­dos.

El Estado colombiano, antes de esta negociación, había demostrado que militarmente era superior a la guerrilla y que esta no lograría nada por la vía armada. Tirofijo, el líder histórico de las FARC, murió de viejo, y sus sucesores, alias Alfonso Cano y alias Mono Jojoy, fueron dados de baja en impecables operaciones militares4, dejando al resto del "secretariado" con una mano atrás y otra adelante. Gracias a ello, a los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez (2002-2006 y 2006-201O), su sucesor, Juan Manuel Santos, logró crear condiciones favorables para que el Estado negociara con ventaja, y mostrarles a los cabecillas de los grupos armados que militarmente siempre serían derrotados por las fuerzas legítimas del Estado colombiano y que la mejor salida era la negociación y su incorporación a la vida constitucional.

Se logró un acuerdo que, por supuesto, no era perfecto, pero representaba la mejor opción posible. Ante las dudas y los debates que suscitaba, el go­bierno de Juan Manuel Santos decidió, en lo que consideraba una acción segura y audaz, someter el texto a un plebiscito. Este fue convocado para el 2 de octubre de 2016 con el propósito de refrendar popularmente los acuerdos realizados en La Habana (Cuba). Santos acudió a esta figura con la confianza de obtener el respaldo mayoritario. Sin embargo, el país se polarizó y quienes votamos por el "Sí" quedamos, de alguna manera, sorprendidos por el re­sultado. Después de todo, ¿quién no quiere la paz para Colombia? El acuerdo fue rechazado por 6.431.376 personas (el 50,21% votó por el "No"), frente a 6.377.482 votos (el 49,78 %) por el "Sí". Una diferencia de tan solo 53.894 votos (González, F., 2016, pp. 1-2).

El gobierno derrotado simuló que acogía las observaciones de los repre­sentantes del "No", y en una pirueta jurídica en el Congreso de la República, mediante una simple "proposición", le torció el cuello a los resultados en las urnas, y el "No", se convirtió en un "Sí". Se firmó, entonces, y a las carreras, un segundo acuerdo con las FARC (JEP, 2016) y Juan Manuel Santos ganó el premio Nobel de Paz (The Nobel Prize, 2016a).

Terminada la presidencia de Santos, asumió el mando Iván Duque Márquez (2018-2022), favorecido en una encuesta interna del Centro De­mocrático, partido político liderado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez.
Quienes no compartían los términos del Acuerdo de Paz firmado por el gobierno Santos, se expresaron y castigaron en las urnas el manejo que este último había dado, y optaron por la propuesta de Duque de "acuerdo sí, pero sin impunidad" (Duque, 2018).

El derrotado en esa ocasión fue Gustavo Petro, senador desde 2006.
Durante el cuatrienio 2018-2022, Petro se dedicó a criticar al presidente de la República y a alistar sus filas y a sus alfiles para la contienda electoral de 2022. La cuestionada gestión de Iván Duque (cuya única experiencia previa a ser presidente de Colombia había sido ser senador y funcionario del BID) y sus desatinos políticos fueron la mejor manera de promover y dar fuerza a la candidatura cantada de Petro, que competía por tercera vez a la Presidencia de la República. Durante el gobierno Duque lo pactado en el Acuerdo de La Habana se diluyó, y su implementación se dilató, al punto que surgieron disidencias de las FARC que volvieron a las armas, y aparecieron nuevos gru­pos guerrilleros, menos ideologizados que los de los años sesenta o setenta, abiertamente actores del negocio del narcotráfico (Gil, J. y Reyes, O., 2022).
Organizaciones como el Clan del Golfo se convirtieron en el enemigo a com­batir. De nuevo, Colombia caía en un escenario de guerra interna.

El que persevera, alcanza -dicen-y Petro logró la presidencia. Dicen también que "en río revuelto, ganancia de pescadores", y el escenario de caos es el medio predilecto para un animal político como Gustavo Petro. Si otros no generan la crisis, él es experto en crearlas, porque es el ámbito donde se siente más cómodo, en la paranoia, la desconfianza, los complots, la suspica­cia, las mentiras y la sospecha.
Petro ya se había sometido en 2011 a las urnas en Bogotá y logró ganar la Alcaldía Mayor con 721.308 votos. Sin embargo, para entender el contexto de ese triunfo, vale la pena mencionar que el potencial devotos para esa elec­ción era de 4.904.572, de los cuales votaron 2.324.885, lo que implica que Petro ganó solo con el 32.16% de los votos (Observatorio Electoral, s.f.).

Durante los años 2012-2015 desarrolló una gestión atropellada y con resultados negativos en casi todas las áreas críticas de la ciudad. Era la muestra de que su fuerte no es gobernar, sino encantar con su retórica, demostrando, además, que la izquierda no tenía experiencia técnica ni ad­ministrativa para llevar el día a día de la capital. En ese momento Petro supo manejar las redes sociales con astucia: afiló su Twitter (hoy X) en contra del dos veces alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, otro de sus enemigos decla­rados, para destruir, a punta de una narrativa de izquierda trasnochada, las grandes obras de infraestructura física y social que Peñalosa había dejado para la ciudad, como el sistema masivo de transporte público (TransMile­nio), la red de colegios en concesión, las bibliotecas, parques, ciclorrutas y los centros deportivos y sociales denominados Centros Felicidad (Alcaldía de Bogotá, 2019).

Ahora, a tres años del mandato de Gustavo Petro como presidente de la República, los colombianos solo ven una estela de atraso, corrupción rampante, negligencia, desacatos a la ley y un sinnúmero de problemas en todo el país que ya existían, pero que se han agravado, de manera casi expo­nencial, en este periodo presidencial que parece eterno y de nunca acabar. Lo anterior, sin contar con una situación de inseguridad urbana desatada y falta de control del orden público en el territorio nacional5, sobre el cual las Fuerzas Armadas han visto su capacidad de operación y respuesta diezmada por las mismas órdenes del gobierno y su Comandante en Jefe, es decir, el presidente de la República que, en el marco de su política de "Paz Total", ha permitido que los grupos al margen de la ley hagan lo que quieran.

No ha habido en estos tres años ningún "progreso"; las cifras y estadísti­cas lo demuestran, y los indicadores lo confirmarán cuando, el 7 de agosto de 2026 Petro entregue el poder (algo que esperamos muchas personas) a quien gane las elecciones (si las deja hacer libremente y sin constreñir a las instituciones). Los efectos nefastos de querer imponer reformas a la brava, improvisando, imponiendo la ideología por encima del buen juicio, lo téc­nico y lo razonable, hablarán por sí mismos de la que podríamos catalogar como la peor gestión presidencial en décadas. Lo más grave aún es que todo esto se ha hecho atropellando las bases de la democracia colombiana. Ha habido "cambio", sí, pero no para mejorar o construir sobre lo construido, sino para retroceder y acabar con lo poco que funcionaba más o menos bien en nuestro dolido país.

Así las cosas, hemos estado en manos no de progresistas, sino de regresís­tas, y se completarán cuatro años perdidos en desarrollo económico, social y político de Colombia, todo por cuenta de los caprichos y devaneos de un líder de talante autoritario y desafiante, que osó poner una foto suya sobre una imagen del eclipse total de sol que vivió Colombia en octubre de 2023 (El Colombiano, 2023a) como si él fuera un mesías o un llamado a "iluminar" con sus brillantes ideas a la humanidad, tratando de ignorantes, por decir lo menos, a los que no pensamos como él pues no ha escatimado en insultos, groserías y mentiras para descalificar a sus opositores.

Soy de quienes piensan que las transformaciones son bienvenidas por­ que, de hecho, lo único permanente en la vida es el cambio, pero el cambio es para mejorar, crecer, innovar y no para destruir; cambio sí, pero no así. Los cambios se pueden hacer, pero con debates de calidad, altura, sin meterle ideología a lo técnico y en el marco de las leyes y la Constitución.

No vale la pena llorar sobre la leche derramada ni crear alarmas infundadas: los hechos hablan por sí mismos y demuestran que el "progresismo" y el petrismo lo que han hecho es seguir un libreto que se ha puesto en escena en otros países latinoamericanos, donde se ha tratado de imponer el llamado "Socialismo del Siglo XXI", de la mano de "progres" que han estado de moda en toda América Latina, enarbolando las banderas de la libertad, la democra­cia y la igualdad, pero tergiversadas a su particular manera.

Esta ideología se ha abierto paso en varios países de América Latina, con matices, pero el libreto, la ruta, es más o menos la misma y es lo que pretendo demostrar en este libro. Hay que abrir los ojos a esta funesta realidad a la que nos han conducido, y en las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2026 elegir bien, esta vez para enderezar el curso. Si no lo hacemos, seremos una nación espejo de nuestra querida vecina maltratada, Venezuela.

Hay que llamar las cosas por su nombre y dejarnos de eufemismos. Lo que Nicolás Maduro en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua y el sucesor de los fatídicos hermanos Castro en Cuba, Miguel Díaz-Canel, llaman "de­mocracia", no lo es, son dictaduras. En sus países no hay democracia, así llenen páginas y páginas de discursos eternos en los que afirman que sus regímenes obedecen a los designios del pueblo que los eligió "libremente". Este es el modelo de gobierno que le gusta a Gustavo Petro y a los llamados "progresistas", así lo nieguen una y otra vez en sus redes sociales. Gustavo Petro no es un demócrata.

En Cuba, NicaraguaVenezuela no hay libertad. Mucho menos igualdad, pues aunque sus gobernantes se declaran líderes de sistemas políticos que proclaman que "todos somos iguales", los hechos demuestran que, en sus países, hay unas personas "más iguales" que otras, y que la élite o los inte­grantes de los circuitos del poder se han beneficiado a costillas de dejar al pueblo pasando hambre, o forzándolo al exilio en condiciones de mendici­dad. En estos tres países hay 43 millones de personas que viven bajo el yugo de dictaduras de extrema izquierda, comunistas o castrochavistas, cuyos defensores (entre ellos Gustavo Petro) insisten en catalogar como "gobiernos rebeldes". Hay personas capturadas de manera ilegal por la represión estatal en esos tres países, sometidos a dictaduras sangrientas6. Petro, que en sus interminables y delirantes discursos pontifica sobre el valor de la vida y de la dignidad humana, se hace el de la vista gorda cuando se trata de las personas sometidas por los gobiernos que él admira tanto.

Los regímenes de extrema izquierda en América Latina ni son democrá­ticos, ni libres, ni igualitarios. Lo grave es que sus émulos, es decir, los demás dirigentes de izquierda del continente, parece que creen que en los tres países mencionados hay democracia, libertades, igualdad y respeto por los derechos humanos. La izquierda latinoamericana ha mantenido un silencio cómplice ante las barbaries y atropellos que los habitantes de Venezuela, Ni­caragua y Cuba sufren.

El avance del Socialismo del Siglo XXI, como fue bautizado por Hugo Chávez, ha puesto en riesgo los pilares fundamentales de la democracia moderna que deberían ser sagrados e irrebatibles, tanto para la izquierda, la derecha y el centro, en cualquier parte del mundo. La democracia pura y esencial implica definiciones y comportamientos que no tienen controversia como lo son el derecho a elecciones libres, a elegir y ser elegido, el derecho a ejercer la oposición, a la libertad de prensa y de opinión, el libre mercado, a la garantía de la alternancia en el poder y a la transición pacífica de un mandato a otro y, por supuesto, la separación y autonomía de los poderes públicos. 

En un nivel superior de estos derechos se encuentran los más importantes, los derechos humanos, que no tienen discusión porque, por encima de todo, están la vida y la dignidad humana, no hay ni puede haber "muertos buenos" o víctimas de primera, segunda y tercera clase, no pueden disfrazarse los abusos de las autoridades y la represión con categorías como "presos políticos" o "gobiernos rebeldes". Reitero, son principios fundamen­tales que deben respetarse en todo gobierno que se jacte de ser democrático, sin importar sise ubica ideológicamente en un espectro de izquierda, dere­cha o centro.

Luiz Inácio Lula Da Silva, presidente de Brasil, Andrés Manuel López Obrador, presidente de México entre 2018 y 2024, y ahora su sucesora Claudia Sheinbaum, y Gabriel Boric en Chile, han querido llevar también a sus países el modelo socialista. Han ganado en las urnas y cada cual en su territorio ha pretendido imponer políticas de izquierda o del llamado "pro­gresismo latinoamericano".
En otros países, los "vientos de cambio" fueron en realidad huracanes desoladores y raponazos al erario. Ni qué decir de los funestos gobiernos de Néstor Kirschner (25 de mayo de 2003-10 de diciembre de 2007) y Cristina Kirschner (presidenta entre el 10 de diciembre de 2007 y el 9 de diciembre de 2015 y vicepresidenta entre el 10 de diciembre de 2019 y el 10 de diciem­bre de 2023) en Argentina, Evo Morales en Bolivia (22 de enero de 2006 al 10 de noviembre de 2019), cuestionado incluso por denuncias de violación a una menor de edad (The Guardían, 2025a), o Rafael Correa en Ecuador (15 de enero de 2007 al 24 de mayo de 2017), quien quiso perpetuarse allí, en cuerpo ajeno, en las últimas elecciones realizadas en abril de 2025.

El progresismo ha sabido vender una ficción que consiste en hacerle creer a la gente que es posible un gobierno "popular", benefactor, en el que hay subsidios permanentes e inagotables, y en el que el dictador es el proveedor de los servicios básicos como la salud, la educación, la vivienda y la alimentación, satanizando la iniciativa privada y la participación de particulares en la administración de estos, sin haber logrado hasta la fecha proponer modelos nuevos que no sean estatizantes. CubaVenezuela son la prueba en América Latina de que si no se permite el crecimiento y desarrollo económico de una sociedad en libertad económica, entonces la única alter­ nativa es la de vivir de la caridad internacional.

Analicemos el caso de Venezuela. El 28 de julio de 2024, el tirano narcodictador Nico­lás Maduro realizó por tercera vez unas elecciones fraudulentas, en las cua­les, violando los principios democráticos, volvió a autoproclamarse ganador de la presidencia de su país. Pero, con una estrategia finamente diseñada, la líder de oposición, María Corina Machado, logró recoger las actas en cada mesa de votación y le demostró al mundo que el pueblo venezolano derrotó al régimen opresor que mal gobierna a Venezuela desde 1999, cuando Hugo Chávez llegó al poder. Cada vez que el dictador Maduro convoca elecciones, es más difícil para el régimen esconder la baja participación.

En el siglo XXI, los políticos de extrema izquierda en América Latina entendieron que, para legitimar sus dictaduras, tenían que usar mecanis­mos y herramientas de la democracia liberal, como lo son las elecciones, para validar el proyecto político del Socialismo del Siglo XXI, inspirado en el modelo que ya lleva 65 años en Cuba. Pero cada vez les cuesta más trabajo ocultar de la mirada internacional que la llamada revolución bolivariana, que es la versión "venezolanizada" de la Revolución cubana, ha sido un ro­ tundo fracaso y que solo se mantiene por las vías del terror y las amenazas.

El gran temor en Colombia, después de tres largos años de mandato de Gustavo Petro, es que, al ser un declarado admirador del proyecto castrocha­vista, viole la Constitución de 1991 y se quede en el poder para establecer una "dictadura democrática" como la cubana y la venezolana. Aunque haya dicho que no está interesado en la reelección ni en gobernar en cuerpo ajeno, sabemos que así como Petro dice una cosa un día, dice la otra, o empieza a "hilar" en la red social X, su principal tribuna, argumentos repletos de ambi­güedades, impertinencias, errores de ortografía y confusiones que él mismo propicia para aplicar aquello de "divide y reinarás".

Petro ha emulado otros gestos del dictador venezolano Hugo Chávez, de quien se cree un heredero, y quien se creía, a su vez, casi que la reencarna­ción de Simón Bolívar, así que Petro, por transitividad, imagina que es "un soldado de Bolívar", o por qué no, Bolívar mismo, delirio que ha manifestado y materializado atribuyéndose el poder para blandir la espada del Libertador (Presidencia de la República - Colombia, 2025d, lh01m36s en adelante).

Las más recientes peripecias de Petro para intentar prolongar su estadía en el poder de manera soterrada han incluido las iniciativas de convocar a una consulta popular, idea que fue hundida en el Legislativo, y que luego fue propuesta mediante un decreto, suspendido por el Consejo de Estado7, y posteriormente pretendiendo incluir una "papeleta" más el día de las elecciones presidenciales de 2026 (France24, 2025a). De hecho, ha puesto sobre la mesa la propuesta de convocar a una Asamblea Constituyente varias veces. La propuesta a veces la lanza él y la empiezan a mover sus ministros o la mencionan congresistas afines e intentan ponerla en la agenda legis­lativa. 

La más reciente ocasión fue el 23 de octubre, cuando Luis Eduardo Montealegre, ministro de Justicia, anunció que tenía listo el borrador del proyecto de ley para convocar una Asamblea Nacional Constituyente (El Espectador 2025g). El nuevo llamado a esta ocurrió a pocas horas de cono­cerse la decisión del Tribunal Superior de Bogotá de absolver a Álvaro Uribe Vélez de la pena de 12 años de prisión domiciliaria que le había impuesto en primera instancia el juzgado 44 Penal de Conocimiento de Bogotá por fraude procesal y soborno en actuación penal (El Colombiano, 2025h). Sin embargo, Montealegre renunció a su cargo como ministro el 24 de octubre para "reto­ mar" el ejercicio de "sus derechos como víctima de Álvaro Uribe Vélez". Duró cuatro meses en la cartera de Justicia y Derecho. Con este nuevo cambio, se completan 60 ministros en tres años de desgobierno de Petro (El Espectador, 2025h).

Creo que las dictaduras de CubaVenezuela van a caer en un futuro muy cercano. Los cubanos y los venezolanos han entendido que el gran y único bloqueo que les impide vivir mejor son los dictadores que los han esclavi­zado y que, una vez se restablezca la libertad, encontrarán los caminos y los líderes para que sus sociedades puedan salir del hueco improductivo y triste en el que se encuentran.

Varios países de América Latina han perdido décadas de desarrollo, de­bido a que sus líderes dictatoriales se han aferrado a la nostalgia del sistema comunista de los países de la Cortina de Hierro, un modelo que fracasó y que dejó a millones de personas sufriendo las secuelas de la confrontación entre Estados Unidos y la antigua Unión Soviética tras la Guerra Fría. La izquierda más radical no ha comprendido que el mundo cambió y se ha mostrado reacia a modernizar su pensamiento, ignorando que incluso bastiones históricos del comunismo, como China, operan hoy bajo lógicas de mercado capitalista y han transformado sus economías para ser productivas y competitivas. Los sectores más extremos de la izquierda parece que todavía no han entendido -décadas después- que el propio Mijaíl Gorbachov reconoció que el modelo socialista había fracasado y que la Perestroika era indis­pensable. Ahora bien, muchos de estos "líderes" que admiran el comunismo y afirman que "el futuro es socialista", viven como capitalistas y disfrutan de privilegios, mientras sus pueblos padecen hambre y miseria8.

Pero como la historia tiende a repetirse, la Rusia de hoy, que no es comu­nista ni socialista, ni pretende serlo, pero que aplica muchas de las prácticas del estalinismo, modelo añorado por su presidente Vladimir Putin, continúa teniendo una injerencia real en Cuba, NicaraguaVenezuela, ahora unida al eje que ha empezado a construir con Irán y con China. Nuestro continente no es ajeno a las tensiones internacionales, nunca lo ha sido. Durante la Guerra Fría, Cuba fue el enclave perfecto de la Rusia comunista en América para amenazar a los Estados Unidos, y para financiar, a través del gobierno de la isla, a las guerrillas latinoamericanas. Estados Unidos, por su parte, mantuvo cercanía con los gobiernos latinoamericanos y en los años sesenta del siglo XX con la Alianza para el Progreso trató de contener la "amenaza comunista", por supuesto, armando a los ejércitos locales, instruyendo a sus mandos, y con ayudas en temas de educación, sociales o cooperación, con el interés de mantener su influencia en la población y defender el sistema capitalista.

El aparato de propaganda que se difunde desde Rusia y China en América Latina no es un invento de una teoría conspirativa (Matura, 2025). Las redes sociales han tenido una enorme repercusión en la influencia de los votantes a través de bodegas digitales que tienen la tarea de difundir mensajes siste­máticos día y noche. Si durante la Guerra Fría el temor eran los ataques con armas nucleares, hoy el temor es la guerra cibernética. De hecho, para el caso colombiano, el propietario de la red social X, Elon Musk, desclasificó archi­vos que demostraban que, desde Rusia, se enviaron a Colombia millones de mensajes de apoyo para la campaña presidencial de Gustavo Petro en 2021 y 2022 (Berg, 2023).

Y mientras todo esto sucede, el papel de la Organización de Naciones Uni­das deja mucho que desear. La comunidad internacional está muy temerosa de contrarrestar el imaginario revolucionario de Cuba y, por eso, en 2024, le otorgó un asiento en el Consejo de Derechos Humanos del organismo multi­ lateral, al lado de otras dictaduras como la de Qatar -aliado estratégico de los Estados Unidos- y la de China (Naciones Unidas, s.f.).

Aspiro a que estos ejemplos sirvan en Colombia y en el resto de América Latina, para no repetirlos ni caer en ellos de manera ingenua. Lamentable­ mente, son muchas las personas, en especial jóvenes entre los 14 y 30 años, que desconocen nuestra historia y la de América Latina, y caen fácilmente en las narrativas del "progresismo". De igual forma, hay colombianos que han militado en las alas más radicales de la izquierda, que anhelaron du­rante mucho tiempo que gobernaran sus partidos, pero no se dan cuenta o aceptan que este gobierno, el de Gustavo Petro, cayó desde muy temprano en las mismas prácticas corruptas, clientelistas y negligentes que tanto critica­ban ellos cuando eran oposición.

Necesitamos abrir los ojos y, con evidencia, mostrar la estrategia en la cual nos envolvieron y que lleva a Colombia al despeñadero, de manera inevitable, por el talante de Gustavo Petro, que no sabe gobernar ni quiso aprender a hacerlo. Fue solo presidente para los suyos y, al final de su man­dato, terminará preso de sus propias palabras y de las presiones de sus más cercanos colaboradores.

Esta es la razón principal por la que escribo este libro. Mi esperanza es que refresquemos un poco la historia reciente, para ver de manera evidente cómo se ha tejido ese libreto, cómo se ha construido la narrativa del "cam­bio'', que no es otra que la receta cubana, con la preparación de la debacle venezolana, pero que se quiere cocinar con ingredientes colombianos. En las elecciones de 2022 fuimos muchos los que advertimos el peligro que corría Colombia si ganaba la extrema izquierda. Y fueron muchos los perio­distas, políticos, opinadores e influenciadores de centro que nos señalaron de extremistas porque, según ellos, Colombia nunca sería una Venezuela, confiados quizás, en que las instituciones soportarían una embestida que intentaría romper el equilibrio del Estado Social de Derecho. 

Hoy, esas voces han cambiado de opinión, y aunque nunca lo van a reconocer, lo cierto es que el terrible gobierno de Petro nos da la razón a quienes vimos venir esta tragedia. Petro es un peligro real para la democracia de Colombia, y por eso el propósito es alertar de nuevo sobre los retos a los que se enfrenta Colombia en sus próximas elecciones presidenciales y parlamentarias de 2026 y de 2030, si se permite que arrastren al país en el juego incendiario de disfrazar como democracia el estilo dictatorial y el gobierno autoritario que el neoco­munismo quiere imponer.

Este libro lo he dividido en siete capítulos en los cuales, al inicio, me remonto a la Revolución cubana como el gran origen de lo que hoy se padece en Venezuela y amenaza con implementarse en Colombia. En el capítulo dos, recapitularé los principales hitos de la llamada revolución bolivariana, para resaltar cómo se puso en escena la estrategia en Venezuela, de la mano de Hugo Chávez, hasta llegar al presente.

En el tercer y cuarto capítulo veremos cómo en Colombia se fue allanando el camino para la llegada al poder de la izquierda en cabeza de unos de sus representantes más radicales y, cómo una vez en el poder, co­menzó a armarse el escenario para ir, poco a poco, creando las situaciones, condiciones y narrativas que podrían terminar con la implementación del "Socialismo del Siglo XXI" en Colombia. Será un recuento de los principales hechos cometidos por este gobierno que van ambientando todo para darle una apariencia de legalidad a la instauración de un régimen de corte socia­ lista, de nuevo, modelo que se ha comprobado en todo el mundo que es un fracaso, inequitativo, corrupto, ineficiente y destructivo.

En los capítulos quinto y sexto daremos una mirada a otros países dife­rentes a Colombia, en los que han surgido liderazgos radicalmente opuestos a la izquierda y que, de alguna manera, equilibran la balanza en América Latina. Por lo menos, ponen sobre el tablero otros discursos. No diré que son perfectos, ni los ideales para Colombia, aunque han demostrado que las po­líticas que implementan son más eficaces en la economía y la seguridad. Me referiré a los gobiernos de Javier Milei, Nayib Bukele y el regreso de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos.

En el séptimo capítulo se abordará, sin ambigüedades, la posibilidad de que Gustavo Petro no tenga la menor intención de abandonar el poder en 2026. A pesar de haber afirmado públicamente que no buscará la reelec­ción, sus actos, discursos y estrategias apuntan en otra dirección: ya sea para perpetuarse él mismo o para imponer, en cuerpo ajeno, a un sucesor que garantice la continuidad de su proyecto ideológico. Se analizan aquí las señales claras de un intento de prolongar su mandato por vías legales o ile­gales, disfrazadas de participación ciudadana o poder constituyente, y cómo su gobierno ha venido minando los frenos institucionales que impiden la concentración autoritaria del poder. Este capítulo es una alerta necesaria sobre lo que puede estar en juego en las elecciones de 2026. 
Por último, pero no menos importante, he tenido especial cuidado en incluir al final las referencias que dan sustento a cada evento, situación o afirmación que he mencionado.

Colombia merece algo mejor. Ya vimos cómo fue el desayuno, y gracias a ello, sabemos cómo será el almuerzo. Y como sabemos que no queremos terminar como Venezuela o Cuba, por más "sabroso" que nos lo pinten en las redes sociales, a punta de tendencias desde Rusia y China, lo único cierto es que Colombia no merece caer en las garras de las dictaduras "democráticas" de la región y que, más bien, los regímenes autoritarios de CubaVenezuela y Nicaragua deben terminarse para que más de cuarenta millones de latinoa­mericanos recuperen por fin su libertad.

María Andrea Nieto Romero 
Octubre 26 de 2025

1 Por ejemplo, en su autobiografía (Petro, G. 2021), no hay una sola referencia que sustente o dé algo de veracidad a sus afirmaciones, y muestra el talante mesiánico, gran­dilocuente, mentiroso y contradictorio de su autor.
2 Por citar otro ejemplo, en la alocución presidencial (Presidencia de la República - Colom­bia, 2025b) y Consejo de Ministros (Presidencia de la República - Colombia, 2025c) que se llevó a cabo el 16 de julio de 2025, Petro descalificó a gobiernos anteriores ya su propio gabinete.
3 La Corte Suprema de Justicia adelanta siete procesos contra el hoy ministro de Interior, Armando Benedetti, como fue revelado, entre otros, en El Tiempo (Quevedo, 2025a). Por su parte, Roy Barreras se ha visto envuelto en varios escándalos, como fue reseñado, entre otros en Pares (2025).
4 El Mono Jojoy murió como consecuencia de la operación Sodoma en 2010 (FAC, 2010); Alfonso Cano, por su parte, murió en la operación Odiseo en 2011, como fue reportado por medios locales e internacionales, entre otros, El Espectador (2011).
5 A agosto 1 de 2025, y de acuerdo con Indepaz (s.f., a),se habían reportado 41 masacres en Colombia con un saldo de 120 víctimas mortales. También, se reportaron en el mismo periodo, un totalde93 líderes sociales asesinados (Cfr. Indepaz, s.f., b).
6 Para el caso de Cuba, organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch (2023) y Amnistía Internacional (2024a) han documentado las múltiples violaciones a los derechos humanos en el país. En el caso de Venezuela, Amnistía Internacional (2024b) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Hu­manos (2024a) han reportado los sistemáticos abusos y violaciones a los derechos de los ciudadanos. Para Nicaragua, el mismo Alto Comisionado (2024b) y Amnistía Internacio­nal (2024c) han alertado respecto de las graves violaciones a los derechos humanos y las libertades individuales.
7 El 1 de mayo de 2025, Gustavo Petro radicó en el Senado de la República la propuesta de consulta popular que incluía 12 preguntas relacionadas con las reforma laboral (Presidencia de la República - Colombia, 2025e), y luego una segunda propuesta con 16 preguntas, incluyendo cuatro adicionales sobre temas laborales (Presidencia de la Repú­blica - Colombia, 2025f). El Senado de la República (2025) negó la consulta popular, por lo que el Gobierno expidió el Decreto 639 de 2025, "Por el cual se convoca a una consulta popular nacional y se dictan otras disposiciones"(Alcaldía de Bogotá, 2025a), el cual fue suspendido por el Consejo de Estado (Alcaldía de Bogotá, 2025b), y luego retirado por el Gobierno, mediante el Decreto 703 de 2005(Alcaldía de Bogotá, 2025c).
8 Distintos medios de comunicación han revelado la vida de lujo y derroche en la que viven los dictadores y sus familias: Díaz-Canel (Cibercuba, 2025; ADN Cuba, 2024); Nico­lás Maduro (Infobae, 2019), y Daniel Ortega (Medina F., 2022).

“El engaño del progresismo” - Lanzamiento del libro de María Andrea Nieto