EL Rincón de Yanka: CUBA

inicio














Mostrando entradas con la etiqueta CUBA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CUBA. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de septiembre de 2026

LIBRO "ENTRE EL REICH Y EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI": Las raíces del autoritarismo, el precio del silencio y la hoja de ruta del futuro por SAÚL E. COLMENAREZ PÉREZ


ENTRE  EL  REICH 
Y  EL  SOCIALISMO 
DEL SIGLO XXI
Las raíces del autoritarismo, 
el precio del silencio 
y la hoja de ruta del futuro


¿Cómo puede una sociedad permitir que el poder se concentre progresivamente hasta poner en riesgo sus propias instituciones?
Entre el Reich y el Socialismo del Siglo XXI explora las raíces del autoritarismo y los mecanismos mediante los cuales una sociedad puede pasar, casi imperceptiblemente, de la crisis y la incertidumbre a la concentración del poder.
A través de un recorrido que conecta la experiencia del régimen nazi con la realidad venezolana contemporánea, el autor analiza patrones que aparecen una y otra vez en la historia: la construcción del enemigo, la propaganda, la manipulación del miedo, la transformación de las instituciones, el debilitamiento de los contrapesos y el silencio de una sociedad que, poco a poco, puede terminar aceptando como normal aquello que antes habría considerado inaceptable.

El libro no plantea una equivalencia histórica entre el Reich y el llamado Socialismo del Siglo XXI. Su propósito es observar mecanismos de poder y preguntarse qué ocurre cuando determinadas condiciones políticas, sociales y económicas permiten que esos mecanismos se desarrollen.
Venezuela  ocupa un lugar central en este análisis. Desde la llegada de Hugo Chávez hasta la evolución posterior del sistema político, el autor examina cómo una democracia puede deteriorarse desde dentro y cómo el deterioro institucional termina afectando la economía, la seguridad, la educación, la justicia y la vida cotidiana.

Pero el libro no se queda en el diagnóstico.
La última parte plantea una pregunta diferente: ¿qué hacer después del autoritarismo?
A partir de la experiencia venezolana, se propone una hoja de ruta orientada a la reconstrucción institucional, la recuperación económica, la seguridad, la educación, la justicia y la convivencia democrática.
Porque comprender cómo se pierde la libertad puede ser tan importante como comprender cómo se puede recuperar.

Entre el Reich y el Socialismo del Siglo XXI es un ensayo sobre poder, responsabilidad, instituciones y sociedad. Una invitación a mirar la historia no solamente como algo que ocurrió, sino como una advertencia sobre aquello que puede volver a ocurrir cuando el silencio, el miedo y la concentración del poder terminan imponiéndose sobre las instituciones.
Una pregunta atraviesa toda la obra: cuánto poder estamos dispuestos a entregar antes de darnos cuenta de que ya no sabemos cómo recuperarlo.

PRÓLOGO
Por qué este libro

Este libro nació de una pregunta incómoda que muchos venezolanos se han planteado en algún momento, aunque pocos se atrevan a formularla en voz alta:¿cómo fue posible?
¿Cómo fue posible que un país con recursos naturales suficientes para ser una de las economías más prósperas del hemisferio terminara produ­ciendo la mayor migración forzada de la historia latinoamericana? ¿Cómo fue posible que un proceso que llegó al poder por las urnas terminara des­truyendo las mismas instituciones que lo habían legitimado? ¿Cómo fue posible que millones de personas apoyaran, toleraran o simplemente ca­llaran ante algo que hoy parece tan evidente?

La respuesta que este libro propone no es moral, sino histórica y psicológica. Lo ocurrido en Venezuela  no fue un accidente ni una anoma­lía: fue el resultado de mecanismos precisos, documentados y repetibles. Mecanismos que ya habían operado en otro lugar, en otro siglo, con con­ secuencias igualmente devastadoras.

La comparación entre el ascenso del nazismo en Alemania y el ascenso del chavismo en Venezuela no busca equiparar magnitudes -el Holo­causto no tiene equivalente en la historia venezolana- ni intenciones declaradas. Lo que equipara es la gramática del poder autoritario: los me­canismos mediante los cuales un líder carismático, en un momento de crisis profunda, usa la democracia para destruirla desde dentro. Ese me­canismo no tiene ideología. No tiene patria. Tiene condiciones. Y cuando las condiciones se dan, se activa.

Este libro tiene tres partes. La primera analiza el patrón: cuatro capí­tulos que comparan a Hitler y a Chávez en sus estrategias de ascenso, consolidación y supervivencia del poder. 
La segunda parte es el diagnós­tico: qué dejó el autoritarismo en la sociedad venezolana, incluyendo la dimensión psicológica de la complicidad y la negación. 
La tercera parte es la propuesta: qué han hecho otros países que partieron desde condi­ciones igualmente devastadoras y qué puede aprender Venezuela de esas experiencias.

No es un libro de nostalgia ni un catálogo de horrores. Es un libro sobre mecanismos, porque solo quien entiende el mecanismo puede evitar que se repita. Y es un libro sobre esperanza, porque la evidencia comparada demuestra que la reconstrucciones posible: difícil, lenta, multigeneracio­nal, pero posible.
Lo escribí porque creo que Venezuela merece algo más que lamentos. Merece un análisis honesto de lo que ocurrió y una propuesta rigurosa de lo que puede hacerse. Eso es lo que estas páginas intentan ofrecer.

Saúl E. Colmenarez Pérez
Alzira, España, junio de 2026

 
ENTRE EL REICH Y EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

sábado, 5 de septiembre de 2026

PARA VENEZUELA HAY DIABLOCRACIA: 👿👥💀 EL CASTROCHAVISMO COMO MAL PRIMORDIAL por ALEJANDRO PERDOMO


 «El diablo no crea, no produce, es un falso agricultor de terrenos baldíos. 
A lo sumo, un ganadero de rebaño perdido. Ni con infinitas reservas petrolíferas 
podría acabar con la barbarie, porque es padre de la barbarie».

Para Venezuela hay diablocracia
El chavismo como Mal primordial


Sabrán nuestros apreciados lectores excusar un poco la naturaleza metapolítica de esta breve disertación, pero es fundamental ir «más allá» de las coordenadas políticas de costumbre, de la política tradicional o del juego democrático. Partamos de una afirmación incendiaria: Venezuela es el más grande experimento-país del presente, donde la miseria y la crueldad se extienden por todos los rincones del mismo de parte de gobernantes y tutelados. Y aunque hay todo un fervor totalitario por parte del enemigo sombrío que tiene las riendas del país, no hay una máquina lo suficientemente totalitaria para un ejercicio omnipresente del poder. La solución del chavismo es el desgobierno, la anarquía; la gehena como medio de gobierno. La igualdad por inacción, por omisión, como en el infierno. El Caos absoluto. Por ejemplo, Dios en su perfección hizo que los ángeles se jerarquizaran por su naturaleza. A los hombres los hizo desiguales por naturaleza, para que cada uno desarrollase sus virtudes como prefiriese, para que unos mandasen sobre otros. La hueste del Diablo, sin embargo, es desigual en vicio y en pecado, mas no en virtud. En todo lo demás, son iguales; sí, como en las revoluciones. En el infierno todos son iguales, recordaba Nicolás Gómez Dávila.

Un queridísimo amigo mío, Rafael Valera, ahondaba, dentro de su cosmos audiovisual, en la crueldad que es inherente al chavismo como hueste al mando de los yermos venezolanos y, con ánimo similar, ahondamos nosotros aquí en cómo esa cratofilia (sexo del poder), que bien podría estar travestida en transición, es un fiel reflejo del que, con voluntad propia y sin arrepentimiento, niega al que debe la vida. El ejercicio de la política es siempre analógico, aunque no valoremos la dimensión metapolítica y descartemos el metanálisis tildándolo de esotérico, de teológico, de fantasioso. Lo último, sin embargo, ya lo advertían las Escrituras: nosotros no tenemos que luchar contra la carne y la sangre, sino contra los principados y potestades. Cada gobernante, decía Juan de Salisbury, era avatar de algo: el rey, de Dios y el tirano, de Satanás.

No importan las transiciones, ni las tutelas, mientras la forma de gobierno esté impregnada en una oscuridad que odia a la patria misma. El infierno, como cosmópolis unida por el pecado desenfrenado, es una revolución espiritual, en el sentido de que rompe con el hilo de oro que nos une con el Todopoderoso. Ahora, la revolución política rompe el hilo de oro que nos une al Altar, a la Patria, a nuestras tradiciones, a nuestra vida ancestral. San Agustín visualiza dos ciudades, bien es cierto, y dice, comprendiendo la dimensión real del mensaje del Nazareno, que la Ciudad Eterna, el Reino, rompe con todas las instituciones y los potentados porque lo fundamental es la vida eterna, no la vida temporal, pero no por ello niega que el hombre, que busca perfeccionarse para alcanzar a Dios en la vida eterna, tenga que valerse de medios políticos. El infierno es, por el contrario, la destrucción de toda jerarquía, de toda tradición y de todo respeto por lo que es bello, justo y divino. Es una subversión constante. La teología política chavista lleva a cimentar la idea de una diablocracia.

Una mente lúcida como la de J. R. R. Tolkien comprendió esta relación primordial entre Bien y Mal, entre lo que quiere Dios y lo que quiere el diablo, o lo que quieren los hombres que, en su degeneración y salvajismo, le siguen. El Enemigo, que es el adversario de toda la Tierra Media, es adicto al poder y a conservarlo; es una suerte de alegoría a la rebelión, pero también al Estado y su obsesión con la industria, con el dominio, con el aglutinar a todos los hombres. Las reminiscencias espectrales de Chávez nos miran diligentemente, como el Ojo veía a todas las criaturas de la Tierra Media: «El Poder Oscuro, con el Ojo vuelto hacia adentro, sopesando las noticias de peligro e incertidumbre», mientras el ejercicio necropolítico sigue haciendo prescindible al venezolano, como ganado. En el archipiélago Venezuela los hombres mueren por armas del Estado, o por instrumentalización de los desastres naturales. Y los servidores del Mal incesantemente trabajan para hacer de la miseria la moneda de curso, como narra Gollum, que es una buena alegoría del estado de barbarie del venezolano: «¡Espectros con alas! Son los siervos del Tesoro. Lo ven todo, todo. ¡Nada puede ocultárseles!».

Por ello y más, la tutela es una realidad, pero un cambio político, que los incautos llaman, por ejemplo, transición, es un flatus vocis. El Ojo persiste en sus propósitos, aunque observe silenciosamente. Gobierna para que otros mueran y para que los espectros de la Revolución, esos que todavía siguen acechándonos, nos recuerden el origen blasfemo de toda esta desgracia. Queda un Estado nigromante, por tomar a préstamo la expresión de la profesora Troconis. El Ojo, o más bien los Ojos, nos mira mientras vivimos el espejismo de un progresismo repentino, de una modernización urgente que acabe con los males que sufren los venezolanos desde hace más de 20 años. Pero la verdad, porque solo nos importa la verdad, es que «el mal puede remedar, no crear: no seres verdaderos, con vida propia». El zombi venezolano no puede aspirar a más, mientras el nigromante mantenga el conjuro.

El país ranchificado parece aquella estepa industrial del Ojo, que fue introducida al mundo literario como metáfora de la modernidad, pero también como metáfora de los infiernos. Allí no hay nada que salvar, allí no crece nada. No hay vida, no hay esperanza. El gran barrio archipiélago de Caracas, que es lo poco que podemos ver del Valle, es lo que describen en el ficticio Isengard: «Él y esas gentes inmundas hacen estragos ahora, derribando árboles allá en la frontera, buenos árboles». Lo importante para el adversario es que la candela queme y carbonice todo vestigio de civilización porque, al final, si recordamos lo que dijo Belloc, el bárbaro no puede construir; puede destruir, pero no puede sostener nada. Para nuestro hermano mayor norteamericano, que parece resistirse a su decadencia civilizatoria, a su declive imperial, es ganancia mantener a los reyezuelos tribales, o dictadores consulares, para frenar lo que en todas las latitudes se percibe.

El problema es que los diablos, incluso cuando son por naturaleza ambiciosos, no producen porque, en el fondo, no hay nada que administrar; es Dios el único administrador de almas porque es el patriarca de la economía divina. El diablo no crea, no produce, es un falso agricultor de terrenos baldíos. A lo sumo, un ganadero de rebaño perdido. Ni con infinitas reservas petrolíferas podría acabar con la barbarie, porque es padre de la barbarie. De verdad que sí es el excremento del diablo, porque solamente los bárbaros han tenido acceso a sus frutos en detrimento de todo el país. La diablocracia es maldad política, mal instrumentalizado; y dicen los realistas, los positivistas, que es imposible ver a la política desde dimensiones morales, pero la verdad es que, en el fondo, siempre existe una dimensión moral que determina, de comienzo a fin, el libre accionar del político. Venezuela es el vivo ejemplo.

Durante años, el chavismo juró que los “yanquis” nunca volverían a gobernar el país, que el petróleo era del pueblo y que negociar con EEUU. equivalía a traicionar la patria. Hoy, Delcy Eloína agradece a Donald Trump por un acuerdo petrolero que entrega a Estados Unidos un control sin precedentes sobre parte de nuestras anheladas reservas.
Confieso que existe cierta satisfacción en ver al chavismo tragarse sus palabras. Eso no tiene nombre. Pero leer la contradicción es muy distinto a vivir sus consecuencias. El venezolano de a pie no come de la humillación ideológica del régimen, ni recupera a sus desaparecidos con promesas futuras de inversión…
La revolución bolivariana terminó convirtiendo al ENEMIGO que se inventó en el SOCIO que necesitan para sobrevivir.
Eso señores, es la diablocracia: cambiar de discurso para conservar el poder, negociar lo que juraron defender y pretender que el petróleo borre sus crímenes.
El petróleo puede financiar la reconstrucción de Venezuela, pero JAMÁS debería comprar la absolución del chavismo.

viernes, 10 de julio de 2026

EXPEDIENTES DE CONSPIRACIÓN Y COMPLOT LIBERTICIDA 👿👥💥💀 por spain_ai_


EXPEDIENTES DE CONSPIRACIÓN 
Y COMPLOT LIBERTICIDA



EXPEDIENTE Nº 1: LA PROVINCIA 53

"El Sáhara es España." — Lo dijeron en 1974.
"Ceuta y Melilla, fuera de peligro." — Lo dicen ahora.

2021: Pegasus lee el móvil del presidente.
2022: España regala el Sáhara a Marruecos sin Parlamento.
Nadie ha dicho qué encontraron.

Si te dicen que es paranoia, recuerda que el Sáhara también lo era.

EXPEDIENTE Nº 2: GÓMEZ

Una cátedra. Una asesora. Cartas firmadas. Una llamada.

Cuatro casualidades. Una sola firma.

EXPEDIENTE Nº 3: SENYERA

El independentismo no nació de un sentimiento.
Nació de una fortuna que había que esconder.

34 años escondiendo dinero en Andorra.
4 fundaciones tapadera. 7 hijos imputados.
Y una bandera para taparlo todo.

EXPEDIENTE Nº 4: ZAPATERO

Mientras Zapatero hablaba de paz en Caracas...
el régimen torturaba a los demócratas.

Y mientras él firmaba acuerdos con Maduro...
sus hijas firmaban facturas de 1,2 millones.

Por primera vez en democracia, un expresidente español imputado por corrupción.

La historia será implacable.

Expediente Nº 5: Los Angelitos.

En una guerra civil no hay bandos limpios. Hubo atrocidades en los dos lados y la represión franquista fue larga. Eso no lo discute nadie serio.

Pero hazte una pregunta incómoda: ¿de verdad los republicanos eran los buenos? ¿Unos angelitos frente a los villanos?

En su retaguardia se llenaron las cunetas en plena guerra, se montaron cientos de checas y se sacaba a gente de su casa de madrugada para no devolverla… ¿de verdad estaban construyendo un paraíso democrático?

No hay que imaginarlo. Ya lo demostraron. Solo hechos, solo lo documentado. Y que cada uno saque sus conclusiones. 

Aquí no se defiende ninguna guerra. Lo único que se expone es que ninguno de los dos lados tuvo las manos limpias, por mucho que el relato haya querido vestir a los republicanos de inocentes.

EXPEDIENTE Nº 6: LOS QUE CALLARON

Mientras El Salvador ardía, miraron hacia otro lado.
Ahora que dejó de arder, no callan.

¿De qué hablan los que callaron veinte años?
¿De los derechos de quién?

Setenta mil muertos esperan la respuesta.

EXPEDIENTE Nº 7: TEMPORADA DE CAZA

Esto no lo vas a ver en ningún telediario. 

No porque no esté pasando. Porque alguien decidió que no merecía tu atención.

Son cristianos. Familias quemadas en sus casas, fieles tiroteados en plena misa,
pueblos enteros borrados del mapa. Asesinados por rezar.

Hay muertos de primera y muertos de segunda. Y quién es quién no lo decides tú: lo deciden los que tienen el micrófono y eligen cuándo encenderlo. 

Hoy lo enciendo yo.

¿Cuántos de estos nombres conocías antes de este vídeo?

Expediente Nº 8: "Los tontos útiles"

Juran defender a las víctimas. Y aplauden al verdugo. 

Dicen defender a las mujeres, a los homosexuales, la libertad.
Y aplauden a los regímenes que las cuelgan, las ciegan y las entierran de noche.
Hay países donde amar a alguien de tu mismo sexo se paga con la muerte. Cientos de personas ejecutadas, encarceladas o cegadas por pensar distinto. Está en sus leyes y en los informes de derechos humanos.
Y algunos, desde aquí, los aplauden.
Eso es un tonto útil.
Esto les molesta. Por eso hay que verlo.

EXPEDIENTE Nº 9: En Venezuela necesitas un código QR para desenterrar a tu propia familia.
Mientras 50.000 personas siguen bajo los escombros, el régimen de Delcy Rodríguez mandó 14.000 soldados… no a cavar, a cerrar el paso. Cortaron internet. Escondieron a sus muertos en una hoja de cálculo. Y posaron para la foto sobre los ataúdes.

Pero el mundo entero cruzó el mar a cavar lo que ellos se negaron a cavar.

Maduro ya cayó. El trabajo no termina hasta que caigan todos.

Un pueblo que escarba con las uñas no se rinde. Se levanta.

EXPEDIENTE Nº 10: SOCIALISMO

“Cuba, Venezuela, España, Nicaragua, Corea del Norte, Camboya, la URSS… Distinto país, misma película: un hombre en una tarima repartiendo lo de otros, y una multitud aplaudiendo su propia ruina.”

Hay frases que duelen porque condensan décadas de historia en apenas unas líneas.
Cambian los nombres, cambian las banderas y cambian los himnos, pero el libreto parece empeñado en repetirse. Siempre aparece un iluminado prometiendo igualdad, justicia social y un futuro radiante… y termina dejando un país más pobre, más dividido y mucho menos libre.

El socialismo, que bebe de las fuentes del comunismo satánico, lleva demasiado tiempo vendiéndose como la medicina mientras la historia lo señala una y otra vez como parte de la enfermedad.
Allí donde el individuo deja de ser responsable de su destino para convertirse en una pieza del Estado, la libertad comienza a agonizar.
La propiedad deja de ser un derecho, el mérito pasa a ser sospechoso, la familia pierde su lugar y la dependencia del poder se convierte en la nueva religión civil.

Y lo más perverso es que no llega con botas militares.
Llega con palabras bonitas.
Con promesas de solidaridad, de justicia y de protección.
Primero te pide un poco de libertad “por el bien común”.
Después un poco más. Hasta que un día descubres que ya no eres dueño de casi nada… salvo de los impuestos que te quedan por pagar.

Mi problema no es solo el socialismo.

Mi problema es cualquier ideología que convierta al ciudadano en súbdito y al político en una casta privilegiada. Detesto la política y a sus dirigentes.
Pero la historia demuestra que pocas han perfeccionado tanto ese mecanismo como el socialismo de inspiración colectivista.

Quizá por eso conviene leer menos propaganda y más historia.

Porque las utopías prometidas desde una tarima casi siempre terminan igual: una élite viviendo como reyes… y el pueblo aplaudiendo mientras le vacían los bolsillos.



🔴 España firma miles de órdenes de expulsión al año y solo ejecuta una de cada diez. El resto se archiva. Y el que tiene una orden vigente y vuelve a robar, pegar o violar, no es un fallo del sistema: es el sistema.
👶 Mientras tanto, la natalidad española está en mínimos históricos. La respuesta del Gobierno no ha sido ayudar a tener hijos: ha sido regularizar a más de un millón de personas en un año. La ONU tiene un nombre para esto desde el año 2000: migración de reemplazo. Y ese es el efecto llamada real: no es que vengan, es que aquí se les dice que se queden. Nadie se va, y las cunas vacías se llenan desde fuera.
🚪 Dinamarca, Polonia e Italia han demostrado que se puede cerrar la puerta. España fue el único país de la UE que votó en contra de devolver a quien no debe estar. Ese mensaje cruza el Estrecho en una noche.
📌 Cada dato de este expediente tiene fuente oficial: Ministerio del Interior, INE, Eurostat, Instituciones Penitenciarias, Audiencia Nacional, Frontex, ONU y los gobiernos citados. Nada está inventado y ningún bulo ha entrado. Si dudas de una cifra, pídela en comentarios y te digo de dónde sale.




miércoles, 1 de julio de 2026

LA NECROPOLÍTICA: LA MALDAD CONVERTIDA EN ESTADO CONVIRTIENDO LA CRUELDAD COMO MÉTODO Y SISTEMA 👿💀 por ABSOLUTED



LA NECROPOLÍTICA:
LA MALDAD CONVERTIDA EN ESTADO
CONVIRTIENDO LA CRUELDAD 
COMO MÉTODO Y SISTEMA
👿💀
Este post viene de varias conversaciones… ¿de dónde puede salir la maldad a una persona? ¿Qué existe en una persona para querer ser malo? …y entre respuestas e investigación salen múltiples factores. Pero, ¿Cómo puede institucionalizarse la maldad?
Los terremotos reciente de Venezuela no solo miden la fuerza de la naturaleza. También miden la profundidad moral de un país que tanto ponemos en duda.
En los últimos días, Venezuela no solo enfrentó escombros, miedo y pérdidas. También enfrentó algo más oscuro: la burocracia convertida en crueldad, la ayuda transformada en control y la indiferencia disfrazada de procedimiento.
A eso se le llama necropolítica: cuando el poder decide quién merece protección y quién puede ser abandonado…

Pero frente a esa maldad institucional, apareció la otra Venezuela: la que ayuda, dona, busca, acompaña, informa, contiene y se organiza sin pedir permiso para ser humana. Esa que hasta nosotros mismos nos cuesta ver… y hemos demostrado al mundo que siempre ha estado ahí.
Este artículo no habla solo de la maldad. Habla de cómo se fabrica, cómo se normaliza y cómo un pueblo herido todavía puede responder con solidaridad.

@absolutedu 🇻🇪

VER+:





miércoles, 17 de junio de 2026

PILARES DEL COMUNISMO ☭ QUE DESTRUYEN TU LIBERTAD, TU PATRIA Y TU INDIVIDUALIDAD







PILARES  DEL  COMUNISMO
QUE  DESTRUYEN  
TU  LIBERTAD, 
TU  PATRIA  Y  TU  INDIVIDUALIDAD

Antes de hacer un voto con una recta consciencia, antes de intentar debatir, vale la pena entender todo lo qué hay detrás del colectivismo.
No como ideología abstracta, sino como sistema concreto con consecuencias reales sobre la vida, la familia y la comunidad.
En Centesimus Annus, Juan Pablo II identificó con precisión los errores fundamentales que están en la raíz de todo régimen colectivista: la negación de la persona como sujeto autónomo, la anulación de la libertad moral, el desprecio por el mérito, la abolición de la propiedad privada y la subordinación de la verdad al poder político. Estos son los 5 pilares.

jueves, 11 de junio de 2026

"EL LAVADO COGNITIVO DE LA ATROCIDAD" por ALBERT BANDURA


EL LAVADO COGNITIVO 
DE LA ATROCIDAD


La teoría de la desvinculación moral de Albert Bandura explica cómo las personas se convencen a sí mismas de que las normas éticas no les son aplicables en un contexto particular, lo que les permite incurrir en conductas perjudiciales sin experimentar autocondena.
Dicho de forma simple, es como las personas o los grupos se convencen a sí mismos de que no son malas personas, aunque sus acciones sean terribles.
Según la teoría del psicólogo Albert Bandura, la tortura se justifica a través de un proceso psicológico llamado desvinculación moral (o desconexión moral). Mediante este mecanismo, las personas desactivan temporalmente sus autosanciones éticas y remordimientos, lo que les permite cometer actos crueles e inhumanos sin dañar su autoimagen ni sentir culpa. 
Bandura postula que los perpetradores de tortura no carecen de moral, sino que utilizan maniobras cognitivas para redefinir el acto destructivo como algo socialmente aceptable o necesario.

Para lograr que una persona cometa actos atroces sin sufrir culpa, se utilizan mecanismos psicológicos y de manipulación que anulan la empatía y la responsabilidad moral.

En contextos históricos y de control, esto se consigue mediante los siguientes pilares:

La falacia del bien mayor: Justificar la crueldad como un mal menor necesario para proteger un valor supremo (ej. la seguridad nacional, salvar vidas o una ideología), eliminando el conflicto moral.
Eufemismos (Ingeniería del lenguaje): Ocultar la realidad detrás de términos asépticos. Llamar a la tortura "interrogatorio forzado", "técnicas mejoradas" o "interrogatorio forzado" disfraza la brutalidad y evita que el cerebro procese el daño real que se está causando.
Deshumanización de la víctima: Reducir al torturado a un objeto, una amenaza o una categoría abstracta (ej. "enemigo", "terrorista"), lo que bloquea la respuesta natural de compasión
Transferencia de responsabilidad: Hacer que el perpetrador sienta que solo está cumpliendo órdenes o siguiendo un protocolo diseñado por expertos, lo que alivia la culpa individual.
Gradación: Comenzar con actos menores y escalar lentamente. Esto insensibiliza progresivamente la mente, permitiendo que la persona se adapte a niveles de violencia cada vez más extremos.

Para que una persona normal cometa actos atroces sin sufrir un colapso psicológico, la psicología y la sociología señalan que no suele tratarse de maldad innata, sino de un proceso gradual de manipulación mental y alteración de la percepción.

Estudios y Conceptos de Referencia

La obediencia a la autoridad (Experimento de Milgram): Demostró cómo personas comunes pueden infligir daño severo a otros si perciben que la orden proviene de una figura de autoridad legítima
La banalidad del mal: Término acuñado por la filósofa Hannah Arendt tras observar el juicio de Adolf Eichmann (un burócrata nazi). Sugiere que las mayores atrocidades no siempre son cometidas por sociópatas, sino por individuos ordinarios que han dejado de pensar críticamente y se limitan a cumplir órdenes.
La Desactivación Moral (Albert Bandura): Explica los procesos cognitivos mediante los cuales las personas se distancian de sus propios códigos éticos para justificar comportamientos crueles.

VER+:












Silencio total. 
Acepta las directrices del líder como ley suprema. 
La vacilación u objeción es traición. 
La crítica es disidencia automática.

EL "HOMBRE NUEVO" O LA ELIMINACIÓN DE LA PERSONA por MIRLA PÉREZ (LA GRAN ALDEA)


El “hombre nuevo” 
o la eliminación de la persona


La idea del “hombre nuevo” y la deshumanización son claves para entender la violencia de los proyectos totalitarios y la importancia de la memoria histórica.
Para que la memoria histórica de un conflicto sociopolítico o de una experiencia totalitaria se convierta en una garantía de no repetición, es necesario comprender algunos conceptos que han servido para justificar la violencia política. Entre ellos destaca la noción del “hombre nuevo”, una de las ideas más influyentes y peligrosas de los proyectos revolucionarios del siglo XX.

Tomaré como referencia "El libro negro del comunismo" y una observación de François Furet, citada por Stéphane Courtois, según la cual “la Unión Soviética une la fuerza material con el mesianismo del hombre nuevo”. Esta afirmación revela que el proyecto soviético no buscaba únicamente transformar la economía o las instituciones. Su aspiración era más profunda: transformar la propia naturaleza humana.
El “hombre nuevo” representaba la promesa de un individuo liberado de sus antiguas lealtades, de la religión, de las tradiciones familiares y de cualquier identidad considerada incompatible con el proyecto socialista. La revolución no pretendía únicamente reorganizar la sociedad; aspiraba a crear un nuevo tipo de ser humano.

Sin embargo, la filosofía política del siglo XX mostró los riesgos de esta pretensión. Cuando una ideología cree poseer la definición correcta del ser humano, termina considerando defectuosos a quienes no encajan en ese modelo. La persona concreta deja de ser lo importante para convertirse en objeto de transformación. Allí comienza el tránsito de la propaganda hacia la dominación.
Courtois vincula esta idea con la eliminación de las llamadas “clases enemigas”. Un ejemplo revelador es la instrucción atribuida a Martin Latsis, dirigente de la Cheka: “No hacemos la guerra contra las personas en particular. Exterminamos a la burguesía como clase”. Desde su lenguaje, ¿quién es el burgués? ¿No es una persona?
La frase expresa muerte a lo esencialmente humano: la libertad, el amor, su distinción. Ya no importan los actos, las responsabilidades o las decisiones personales. Lo determinante es la categoría social a la que se pertenece o la que se le vincula. La identidad humana es sustituida por una clasificación ideológica.

Desde esta lógica, el asesinato político es contra grupos considerados incompatibles con la revolución, pero esto requiere la muerte concreta de la persona. El enemigo deja de ser sujeto con nombre para convertirse en una abstracción. Y cuando el adversario se convierte en una abstracción, su eliminación puede presentarse como una necesidad histórica: la emergencia del hombre nuevo.
En este contexto resulta significativa una afirmación de Héctor Rodríguez: “…no es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarla a la clase media y que después pretendan ser escuálidos”.
Más allá de la coyuntura política en la que fue pronunciada, la frase deja entrever una concepción particular de la relación entre ciudadanía y poder. El problema no sería la pobreza, sino la autonomía que podría surgir de su superación. La movilidad social deja de ser un objetivo para convertirse en una amenaza. El individuo debe permanecer dentro de los límites definidos por el proyecto político y no desarrollar una identidad independiente de él.
La eliminación de la persona cumple entonces una doble función. Por una parte, suprime a quien es considerado un obstáculo para el proyecto revolucionario. Por otra, destruye la posibilidad de transmitir valores, experiencias y formas de vida distintas a las definidas por el poder. No se elimina solamente a un individuo; se intenta impedir la continuidad de aquello que representa.

El asunto no es únicamente semántico. Las ideas terminan traduciéndose en prácticas concretas. Cuando determinadas concepciones de la humanidad se convierten en políticas de Estado, sus efectos se inscriben sobre los cuerpos, las familias y las comunidades.
Por ello resulta imposible no recordar a Daniel Queliz, joven de veinte años asesinado el 11 de abril de 2017 en Valencia durante las protestas. Daniel fue el único hijo Neils Queliz, quien, semanas más tarde queda viudo a causa del suicidio de su esposa quien no soportó el dolor de la muerte de su hijo.
La pregunta permanece abierta: ¿por qué en una manifestación civil las fuerzas encargadas del orden público portaban armas capaces de producir la muerte? ¿Error o diseño?

La muerte genera terror, pero también tiene consecuencias que trascienden a la víctima inmediata. Murió Daniel. Murió también su madre. Desaparecieron los hijos que nunca pudo tener y los nietos que sus padres jamás conocerán. La violencia política no elimina únicamente vidas presentes; también destruye futuros posibles.
Por ello la memoria histórica exige mirar más allá de las cifras. Cada joven asesinado representa una biografía interrumpida, una familia rota y una familia que no existirá. La eliminación en estos sistemas posee una dimensión generacional que con frecuencia permanece invisible.
En el fondo, la discusión remite a dos concepciones opuestas de la condición humana. La tradición democrática reconoce a la persona como un sujeto libre, dotado de dignidad propia y capaz de autodeterminar su destino. La lógica totalitaria, por el contrario, concibe al individuo como instrumento de un proyecto histórico superior, necesariamente obediente y sumiso a sus propósitos.

Por eso la naturaleza profunda de los proyectos totalitarios no consiste únicamente en controlar el poder político. Su aspiración última es moldear la vida humana de acuerdo con una visión ideológica determinada. El “hombre nuevo” pasa de ser una promesa emancipadora (propaganda) para convertirse en la negación de la persona concreta.
Las protestas venezolanas de 2014 y 2017, junto al movimiento comunitario del 2024 dejaron cientos de muertos, miles de detenidos y una generación marcada por la prisión política, el exilio y la persecución. Recordar a sus víctimas no es únicamente un ejercicio de memoria. Es una defensa de la persona humana frente a cualquier proyecto que pretenda decidir quién merece vivir, quién debe obedecer y quién puede ser sacrificado en nombre de una supuesta “redención colectiva”.

Por eso, el desafío venezolano no consiste únicamente en un cambio de régimen, sino en la reconstrucción de una sociedad profundamente herida. Como ocurrió en la Europa de la posguerra, la tarea no será solo reemplazar un gobierno, sino reconstruir instituciones, comunidades, memorias.