EL Rincón de Yanka: OCLOCRACIA

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miércoles, 10 de junio de 2026

LIBRO "MANOS LIMPIAS": DAVID CONTRA GOLIAT: OPERACIÓN LIMPIEZA por MIGUEL BERNAD


DAVID CONTRA GOLIAT
OPERACIÓN LIMPIEZA

MIGUEL BERNAD REMÓN

El David que desafió al sistema Miguel Bernad Remón, al frente de Manos Limpias, protagonizó el mayor desafío jurídico de la democracia española al erigirse como el "David" que fracturó el muro de impunidad de la Zarzuela. Su sindicato logró un hito histórico: sentar en el banquillo a la Infanta Cristina de Borbón, demostrando que la igualdad ante la ley no era una quimera. Esta audacia lo situó en el centro de una diana política y económica sin precedentes, enfrentándolo al "Goliat" de las estructuras de poder más profundas del Estado. El tsunami y las cloacas En abril de 2016, coincidiendo con un momento crítico del juicio del Caso Nóos, el sistema ejecutó su venganza. La Operación Nelson estalló como un tsunami mediático, policial y judicial diseñado para decapitar a Manos Limpias.
Bernad fue detenido y encarcelado bajo acusaciones fabricadas por las "cloacas del Estado", sufriendo ocho años de una implacable "pena de telediario". Fue víctima de una investigación prospectiva "ilegal por definición" orquestada por una red de comisarios, jueces y fiscales que buscaban silenciar al mensajero de la transparencia. La absolución total y la redención El 15 de marzo de 2024, el Tribunal Supremo restableció la justicia con un golpe de mazo unánime: 
Miguel Bernad fue absuelto de todos los cargos. El Alto Tribunal determinó que los hechos imputados ni siquiera constituían delito, desmontando así un montaje de Lawfare que duró casi una década. A sus 82 años, con la autoridad que otorga la inocencia ratificada, estas memorias son el testimonio de un resistente que ha decidido no claudicar. Es la declaración de principios de un hombre que, fiel a su estirpe, está decidido a "morir con las botas puestas".

Semblanza Biográfica del Autor

Excelencia Jurídica y Whistleblower de la Transición Miguel Bernad Remón (Bilbao,
1942) representa la veteranía del cuerpo técnico-jurídico del Estado. Licenciado en Derecho por la Universidad de Valladolid (1965), ingresó en el Ayuntamiento de Madrid en 1972 como Técnico Jurídico del Grupo A. Su trayectoria estuvo marcada por la búsqueda de la eficiencia administrativa, ascendiendo hasta la Dirección de Personal y la Consejería Técnica, méritos reconocidos con galardones como el Premio Alfonso VI y el Valentín de las Marinas. Sin embargo, su identidad como "justiciero" se forjó en la resistencia a la presión política. En 1982, tras denunciar el uso de una furgoneta de la Policía Municipal para espiar a concejales de la oposición bajo el mandato de Tierno Galván, sufrió una persecución inquisitorial. Fue degradado a un "sótano lleno de humedades" sin atribución alguna, un intento de depuración política que los tribunales y la OIT terminaron condenando, dándole la razón por desviación de poder. Activismo Jurídico y Referente de la Acusación Popular.

En 1995, tras liderar el sindicato Fuerza Nacional del Trabajo (FNT), fundó Manos Limpias, inspirándose en el movimiento italiano Mani Pulite. Como Secretario General, transformó el sindicato en el principal motor de la fiscalización ciudadana en España. Bernad ha hecho de la integridad una práctica documental: es el único dirigente sindical en la historia de España que ha presentado voluntariamente su declaración de bienes ante registros públicos para blindar su transparencia. Legado e Identidad Coherente Hombre de convicciones profundas y sin ambages, Bernad asume con orgullo su vinculación histórica con Fuerza Nueva y el Frente Nacional, así como su distinción como Caballero de Honor de la Fundación Francisco Franco. Tras superar su calvario judicial, se ha consolidado como el referente indiscutible de la acusación popular, defendiendo que la vigilancia ciudadana es el último recurso ante un Ministerio Público politizado.

Cronología de Grandes Hitos Jurídicos

Bajo la dirección de Miguel Bernad, Manos Limpias ha dotado de peso documental a la lucha contra la corrupción mediante hitos que han transformado la jurisprudencia española:
  • Caso Nóos: El quebrantamiento del blindaje real al mantener la acusación penal contra la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin.
  • Caso ERE de Andalucía: Impulso de la querella contra los expresidentes de la
  • Junta, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, por el fraude de fondos públicos.
  • Caso Baltasar Garzón: Acción judicial que culminó en la inhabilitación del magistrado por la realización de escuchas ilegales a abogados.
  • Doctrina Atutxa: Victoria jurídica clave ante el Tribunal Supremo que validó la capacidad de la acusación popular para sostener un juicio sin el apoyo del Ministerio Fiscal.
  • Nuevo Amanecer (2024): El resurgimiento de la marca Manos Limpias liderando las denuncias contra Begoña Gómez, David Sánchez y el hito histórico de la querella contra Álvaro García Ortiz, el primer Fiscal General en la historia de España cuyo despacho ha sido registrado por la UDEF.
Análisis Temático: "Las Cloacas del Estado"

La tesis de Miguel Bernad sobre el Lawfare que sufrió se fundamenta en una coordinación espuria entre el CNI, la UDEF y sectores judiciales. Según el autor, el excomisario Villarejo articuló una "operación de control de togas" para proteger a la Corona. Esta trama se personifica en el triángulo de relaciones detectado en audios: la onomástica del 17 de octubre de 2017, donde celebraron un almuerzo la jueza ponente Teresa Palacios, Villarejo, Baltasar Garzón y Dolores Delgado. 

El análisis revela un nivel de infiltración propio de un thriller político: 
Bernad sostiene que sus propios abogados (como Muñoz y Suárez) actuaron como "topos" a sueldo de Villarejo para dinamitar su defensa desde dentro. La absolución unánime del Tribunal Supremo en 2024 no solo restauró su honor, sino que determinó que los hechos por los que fue encarcelado preventivamente "no constituían delito", confirmando que su proceso fue un montaje para aniquilar la acción popular más incómoda del sistema.

Citas Destacadas
  • "Cuando estudiaba mi madre me decía: 'Hijo, si el día de mañana llegas a tener un cargo relevante, que no se te suba el cargo a la cabeza. Cuanto más arriba estés, sé mucho más humilde". 
  • "Manos Limpias sobraría si el justiciero per se cumpliera con su deber. Si nadie denuncia, hay malas prácticas y delitos que quedan impunes en nuestro país. Por tanto, asumo el papel de justiciero porque no me queda otro remedio". 
  • "Allí donde exista un delito, tiene que haber alguien capaz de denunciarlo; de lo contrario, quedaría impune".
PRÓLOGO

Primero porque somos amigos desde hace décadas, y segundo porque es un honor para mí poder presentar a una recia personalidad castellana, que he conocido y tratado desde hace muchos años, y nunca he cogido en un renuncio.
Para mí Miguel es, sobre todo, y por encima de todo, una gran persona, honrada, cabal y decente, y con una fuerza de voluntad de hierro, que le ha permitido sobreponerse a la persecución que ha sufrido –y posiblemente sigue sufriendo- de todo el aparato represor del Estado español.

Estado que le encarceló injustamente, durante nueve meses, en condiciones muy severas, para intentar quebrar su voluntad de hierro, y haciéndole compartir celda con enfermos que podían contagiarle enfermedades que podían acabar con su salud, y llevarle a una muerte “natural”…
Jueces presuntamente prevaricadores que le hicieron la vida imposible, con la anuencia de unas fiscalía casi siempre a las órdenes del gobierno de turno, y don Alejandro Luzón es una rara avis en esa fauna fiscal, de la que he formado parte durante más de una década de mi vida laboral.
Ha sufrido carceleros, que no merecían el nombre de funcionarios de prisiones, que le llevaron esposado a operarse de cataratas, hasta que un médico como Dios manda exigió que le quitaran las esposas, porque en esas condiciones se negaba a operarle.

¿Y quién era ese “peligroso criminal…?
Pues un Letrado, por oposición libre, del Ayuntamiento de Madrid, y Director de Personal de la Corporación, con miles de trabajadores a sus órdenes, y que no había merecido el mínimo reproche, penal o administrativo, en los setenta y tantos años anteriores.
Vamos, que tenía una hoja penal más limpia que una patena…
Pero claro, había tenido la osadía de denunciar a la Infanta Cristina, y sus tejemanejes, y claro esa era una línea roja que el Estado –o la Corona y sus adláteres-, no podían dejar traspasar.

Se “montó” una causa contra él, por presunta financiación ilegal de Manos Limpias, por medio de supuestas extorsiones a la gran banca, como si esas grandes corporaciones se dejaran extorsionar por el primero que pasara por sus puertas.
Y a base de detenciones televisadas, o altas horas de la mañana, su estancia varios días en las celdas policiales, en condiciones infrahumanas, pese a su edad, precario estado de salud, etc., y posterior ingreso en prisión provisional, sin siquiera oírle, y mucho menos escucharle, se le ingresó en prisión como el “enemigo público número 1”.

Pero los hechos son tozudos, como decimos los juristas, y al final el más Alto Tribunal de España, el Supremo, demostró que todo era un montaje, una falacia, y sentenció su total absolución, con todos los pronunciamientos favorables, como no podía ser menos.
Pero, sobre todo, mi amigo Miguel Bernad Remón es la demostración de que la fuerza de la voluntad mueve el mundo, y a pesar de la opinión pública en contra, los lógicos deseos de su familia de vivir lo más tranquilos posible, y que no se expusiese tanto, siguió luchando, contra viento y marea, por demostrar su inocencia.

Como así ha sido.

Amigo Miguel, has sido y eres un ejemplo para mí, y para todas las personas que luchamos por el imperio de la Ley, y por el Estado de Derecho.
Mi enhorabuena y felicitaciones por la gran obra realizada.
Y sigue luchando por el Derecho, ahora ya, viendo reconocidos tus méritos, como espero, y es de Justicia.

Zaragoza, mayo de 2026.
Académico, jurista y escritor. 

Miguel Bernad presenta en la Feria del Libro, "Manos Limpias, David contra Goliat"
 
LA LUPA. Nunca tantos debieron tanto a tan sólo dos: Miguel Bernad y Ramiro Grau

jueves, 15 de enero de 2026

LIBRO "PRIVATIZAR LAS MENTES": POR UN CONTRATO CON ESPAÑA 😵 por ENRIQUE DE DIEGO


PRIVATIZAR LAS MENTES:
POR UN CONTRATO CON ESPAÑA

ENRIQUE DE DIEGO

En tiempos profesionalmente convulsos, zaherido por las trapisondas torticeras y traidoras de dos mediocres, Joaquín Vila y José Antonio Vera Gil, dio a luz este libro “Privatizar las mentes” para avisar a la sociedad española de su segura marcha hacia el abismo. Corría el año de la Encarnación del Señor de 1996. Desde entonces, una gran cantidad de lectores han mostrado interés en acceder al libro, dado su dificultad. Por último, Germán lo ha conseguido y me ha hablado admirado de su rabiosa actualidad. Hoy lo pongo a disposición de los lectores a través de Amazon. No he hecho ninguna modificación. Está tal como lo escribí en 1996. Tiene como finalidad dar a conocer que el desastre era perfectamente claro y que yo lo diagnostique con tiempo y acierto.
Enrique de Diego Villagrán, es Licenciado en Ciencias de la Información. Periodista político, teorizó en 1985 acerca de la doble ruptura, generacional e ideológica, del centro derecha. En ABC ha ostentado la jefatura de diversas áreas. Colaborador habitual de periódicos iberoamericanos y de La Gaceta de Negocios. Miembro del Club de Tomás de Mercado. Es autor, entre otros, de los libros La ofensiva neoliberal, Por la Europa de la libertad y Nuevos tiem­pos: de la caída del Muro a Maastricht.

Quedan rigurosamente prohibidas sin la autorización escrita de los titulares del -Copyright-, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendi­dos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejempla­res de ella mediante alquiler o préstamo públicos.
Copyright 1996. Enrique de Diego ISBN: 84-87155-62-6 Depósito legal: NA 195-1996 Cubierta: Javier Molina & SCV Imprime: Line Grafic, S .A .. Hnos. Noáin, sin. Ansoáin (Navarra) Printed in Spain - Impreso en España

A mi esposa Assumpta. A mi hijo Fran. Mis dos amores

Prólogo

Al contemplar el panorama económico y social que nos rodea, la actitud más común es el desconcierto. Cuando las prédicas de los políticos auguraban un aumento de bienestar para todos, las economías, incluso cuando, oca­sionalmente, se muestran de signo creciente, no logran hacer decrecer un desempleo que se hace de larga duración y que afecta especialmente a los jóvenes que, por primera vez desde la segunda guerra mundial, tienen peo­ res expectativas que los de la generación anterior. A pesar de la atonía que, a lo largo de dilatados períodos, afecta a la producción, el aumento de los precios se mantiene, tercamente, a ritmos que perjudican el nivel de la vida del ciudadano medio que, ante la incertidumbre del empleo y del salario, se retrae del consumo. 

Los gobiernos, con el pretendido propósito del bien común, incrementan sus gastos y, aunque aumentan los impuestos, generan constantes déficit que financian con emisión de deuda, cuyo galopante creci­miento obliga a mantener tipos elevados de interés que, directamente y a tra­vés de la elevación del tipo de cambio de la moneda, inciden negativamente en el crecimiento de la economía, realimentando el proceso de aumento del paro. Toda esta situación induce a pensar que nos hallamos en el fin de etapa de un modelo de organización económico-social que no funciona. Cada vez son más, en efecto, las personas que entienden que algo está fallando, sin que, sin embargo, lleguen a formular un diagnóstico de lo que está pasando, porque los mensajes que reciben son contradictorios y, en la mayoría de los casos, no van en la dirección correcta.

Descubierto lo que había tras el Muro, todos estuvimos de acuerdo, aunque algunos a regañadientes, en criticar al sistema que ciertos pensadores, para dejar a salvo las «esencias socialistas», se empeñaron en calificar de socia­lismo «real». Pero la verdad es que, a pesar de esta crítica, nuestras socieda­des democráticas occidentales se han seguido alimentando de los principios que informan el socialismo, con el consiguiente mantenimiento y expansión del Estado intervencionista que, de hecho, es la causa última de ese andar va­cilante de nuestras sociedades. Si bien esto es así, los estatistas se empeñan en seguir defendiendo el intervencionismo gubernamental porque, incluso desde posturas en apariencia encontradas, dicen que se trata de un bien, aunque precise de continuas reformas para mantener el objetivo buscado. De esta forma, estas «buenas intenciones» ponen en marcha un círculo vicioso en el que los «efectos perversos» que estas buenas intenciones producen se «corrigen» con más intervencionismo que, a su vez, produce nuevos efectos perversos.

Este proceso imposible, intelectualmente angustioso, que Enrique de Diego analiza directamente y sin subterfugios en el libro que el lector tiene entre sus manos, acaba en lo que el autor llama la «estatalización de las mentes», que se produce porque prácticamente todos los aspectos materiales de la vida de los ciudadanos dependen de los fondos públicos y su pensamiento está influenciado por una enseñanza y una cultura que, en grandes porcenta­jes, han pasado a ser de obediencia estatal.

Se engañan y engañan a los demás los que consideran que la defensa de la intervención estatal es fruto de una posición ética de la que carecen los partidarios de la libertad económica. La verdad es exactamente lo contrario. Los liberales establecen sus propuestas en búsqueda del interés general, pero lo hacen tras el análisis racional de la realidad, cuya ausencia constituye el fallo fundamental de las soluciones socialistas. Es decir, los partidarios de la libertad económica entre los que se encuentra el autor de este libro que, con gusto prologo, creen, con notable fundamento en la realidad, que con menos Estado habrá menos pobreza, menos paro y menos marginación. Y que, por contra, habrá más progreso, más libertad y más riqueza para todos; no para un grupo determinado, porque las posiciones que denominamos liberales no defienden privilegios, que suelen ser el efecto precisamente de la interven­ción y la arbitrariedad del poder estatal.

Los grandes pensadores liberales han respetado habitualmente las buenas intenciones que, a pesar de los errores intelectuales en que incurrían, ani­maban a los oponentes socialdemócratas de su tiempo. Friedrich A. Hayek consideraba que los intervencionistas se contaban entre las personas de mayor calidad intelectual y sensibilidad moral. Karl R. Popper indicaba que si la utopía socialista fuera posible, y no degenerara en una de las más per­niciosas tiranías de la historia, seguiría siendo socialista. Incluso Ludwig von Mises, más polemista, consideraba el error científico del estatismo como una enfermedad intelectual de almas nobles. Robert Nozick, al defender las virtudes morales del Estado mínimo, lamenta tener que abandonar la com­pañía de personas de buena educación y apertura de espíritu.

Sim embargo, lo que era probablemente predicable de los primeros socia­ listas -tanto de izquierdas como de derechas, como reitera el autor necesita ser revisado cuando existe ya la evidencia del fracaso práctico, tanto de las fórmulas más terribles y más coherentes de socialismo, como de las más moderadas y democráticas. Enrique de Diego cree que esas buenas intencio­nes, en el momento presente, deben ser puestas en duda, porque han sido sustituidas por el interés personal y gremial en los sentidos más radicales y fundamentalistas. 

El intervencionismo se ha hecho profunda e instintiva­ mente conservador y, de hecho, no persigue otra cosa que la defensa política de grupos de presión que viven del presupuesto público. Es la mentalidad del que denomina «buen salvaje socialdemócrata», que, a la vista del fracaso de su modelo, no propone su revisión sino su intensificación. Para llegar a esa conclusión, el autor echa mano de la filosofía clásica y considera que el socia­lismo es el estadio en el que los principios intervencionistas se han llevado hasta sus últimas consecuencias, con los resultados que todos conocemos, pero que muchos, en el fondo, aparentan ignorar.

Enrique de Diego vuelve su mirada hacia los individuos concretos, hacia los parados, y específicamente hacia los jóvenes, que son en buena medida los sacrificados del sistema, y considera que la ética y la lógica imponen adoptar aquellas medidas que resulten más beneficiosas para sus vidas. La crítica di­recta no oculta que la radicalidad anida precisamente entre quienes obligan a los ciudadanos a contratar su pensión con un sistema estatal que no cum­ ple sus compromisos; a confiar su salud a una sanidad pública que ofrece un servicio deficiente; y, sobre todo, a acudir a un sistema público de enseñanza que transmite la adoración al Estado, que reproduce el error y que estataliza las mentes.

Este es el punto en el que el libro plantea mayor número de cuestiones para el debate. Por de pronto, Enrique de Diego califica de totalitario este proceso de estatalización de la enseñanza, que sólo pueden romper unos pocos a costa del sacrificio de una doble imposición. Ese proceso se ha realizado en nom­bre de la igualdad de oportunidades y de la neutralidad de los contenidos docentes del sistema estatal. El autor desmonta ambos mitos. La enseñanza estatal, dice, no es neutral: es la gran legitimadora del intervencionismo, toma partido permanente a favor del Estado tutor y omnipresente. Es una de las armas más eficaces de esa dictadura adormecedora de los espíritus que describe proféticamente Alexis de Tocqueville. Además, lejos de ser una fór­mula justa, se convierte en una trampa para los jóvenes, a los que el Estado ya no puede asegurar la lógica última del sistema: un puesto funcionarial.

Enrique de Diego, respetuoso con los esfuerzos docentes de tantas personas vocacionalmente entregadas, establece su crítica sobre una fórmula que mata el espíritu crítico y desalienta la iniciativa personal. Y, partiendo de la convicción de que, frente a la estatalización del intelecto, la primera priori­ dad de la defensa de la sociedad abierta es proceder a la privatización de las mentes, concluye que es más decisivo privatizar las escuelas y las universida­des que sacar al mercado un organismo autónomo o un monopolio estatal.

Sin embargo, al revés de lo que sucede cuando se habla de la empresa pública industrial, sobre cuya ineficacia hay amplio acuerdo, la realidad es que no se avanza por esa senda cuando se trata de la cultura o de la enseñanza. Es más; ni siquiera se debate un aspecto tan crucial. Los planes de estudio han elimi­nado contenidos humanistas que se habían considerado fundamentales en la docencia occidental. Los poderes públicos consideran el proceso estatali­zador de la enseñanza como una especie de campo de experimentación y se resisten a devolver el protagonismo a los padres y a la sociedad civil. Desde la óptica liberal, el autor expone con acierto que si son beneficiosos los efectos de la privatización de las líneas aéreas mucho más lo sería la privatización de la enseñanza. Para ello propone un método que, puesto en marcha en algu­nas naciones, se abre paso en el debate internacional: el cheque escolar.

Si son visibles las consecuencias negativas del intervencionismo en la enseñanza y en la cultura, ¿por qué son minoritarias aún las voces que diag­nostican el hecho y que propugnan alternativas? 
El autor da una respuesta explicativa: la razón es que intelectuales, artistas y profesores dependen del presupuesto público. La enseñanza y la cultura se han funcionarizado, y han pasado a tener la virtud que Max Weber definía como clave del funcio­nariado -la lealtad y no la que se suponía al mundo intelectual- la crítica. Aquellas funciones y profesiones pedagógicas, cuya misión era el libre pen­samiento y el análisis de las alternativas posibles, han adquirido el status de legitimadoras de lo existente, de defensoras de la expansión del Estado.

Pero la sociedad dual, con su entramado de privilegios legales, y su conse­cuencia de expoliación fiscal, no es viable. Ese es el drama último que puede pasar a ser tragedia vital. Y puede serlo precisamente porque los ciudadanos, que son las víctimas del sistema, no sólo parece que no se dan cuenta de ello sino que defienden a ultranza una situación que erróneamente estiman ventajosa e irrenunciable. Enrique de Diego, comparando la revolución de mayo del 68 con la protesta de funcionarios, sindicalistas y estudiantes de diciembre de 1995, dice que estos manifestantes por la defensa a ultranza de lo establecido, deberían enarbolar la esfinge de Bismarck, como los de 25 años antes esgrimían la de Mao, y organizar barricadas con las cartillas de la seguridad social y las pensiones. La izquierda acratoide -dice- ha dado paso a esta izquierda que se niega al cambio y que adora los trenes públicos a pesar de los cuatro billones de déficit.

Esta esquizofrénica actitud de unas personas que, por otro lado, no se cansan de hablar de libertad, no es otra cosa, como acertadamente señala Enrique de Diego, que la drogo dependencia del favor estatal, resultado de la política del subsidio, criticable no sólo en términos de eficacia, sino sobre todo por sus componentes negativos desde el punto de vista ético. Desalentando el estímulo, expandiendo la «Cultura de la subvención», el socialismo, a través del Estado de bienestar, extiende el Estado como costumbre, hace que los hombres consideren normal la invasión de sus vidas, la fiscalización de sus herencias, la organización de su ocio, y la expropiación de sus derechos de propiedad. El ciudadano, devuelto a la condición de súbdito previa a la revo­lución industrial, limitado el Estado de Derecho, roto por todos lados el principio de igualdad de todos ante la ley, pasa a considerar normal un estado de cosas que, en términos racionales, debería repudiar.

Enrique de Diego, en un interesante recorrido histórico que arranca en Alfonso X el Sabio, antes de la unidad nacional, bucea en las raíces del intervencionismo estatal en España, que, con escasísimas excepciones, llega hasta nuestros días, pasando por el modelo político que sigue a la Res­tauración, cuyo artífice, Cánovas del Castillo, alardeaba de no haber mili­tado nunca en el librecambismo, y después de hacer escala en el turnismo decimonónico, en el cual-dice-las dos cabezas del sistema, Eduardo Dato y José Canalejas, polemizan sobre la convicción intervencionista de cada uno, pujando ambos en orgullo por la reivindicación del término como seña de identidad definitoria. Y cuando Joaquín Costa levanta la bandera del regeneracionismo lo hace para pedir más Estado, propiedad comunal y colectivismo. 

La conclusión es que, en España, las distintas formas de intervencionismo de derechas y de izquierdas se han experimentado sin éxito. Lo único inédito es el liberalismo. Y Enrique de Diego apuesta claramente por su introducción. Sólo la fórmula de la sociedad abierta, pensando la so­ciedad desde el individuo y el Estado desde la sociedad, puede considerarse hoy capaz de ofrecer las soluciones a los graves problemas del momento y del próximo futuro. Tras años de estatismo, la situación reclama la solución liberal. Pero, puesto que son las ideas las que a la postre gobiernan, esta so­ lución no podrá ser implantada por ningún político sin antes privatizar las mentes de los ciudadanos. 

Tal es el mensaje de este libro que, decididamente, recomiendo. Resultará difícil al lector mantenerse indiferente ante los retos intelectuales que se lanzan en las páginas que siguen. Son, en cualquier caso, fundamentales en el horizonte del tercer milenio hacia el que nos en­ caminamos. Son los jóvenes los que habrán de definir ese futuro. 
El Estado ha invadido nuestras vidas, nuestras escuelas y por ende ha estatalizado el pensamiento. Por ello, la espada con la que la alternativa liberal será capaz de cortar el nudo gordiano del fracaso intervencionista es precisamente: priva­tizar las mentes.
Rafael Termes Madrid, enero 1996

Introducción

Desde la estatalización de las mentes a los estertores del mundo socialista « Nuestras leyes ofrecen una justicia equitativa a todos los hombres por igual, en sus querellas privadas, pero esto no significa que sean pasados por alto los derechos del mérito. Cuando un ciudadano se distingue por su valía, entonces se lo prefiere para las tareas públicas, no a manera de privilegio, sino de reconocimiento de sus virtudes, y en ningún caso constituye obstáculo la pobreza... La libertad de que gozamos abarca también la vida corriente; no recelamos los unos de los otros, y no nos entrometemos en los actos de nuestro vecino, dejándolo que siga su propia senda... Pero esta libertad no significa que quedemos al margen de las leyes. A todos se nos ha enseñado a respetar a los magistrados y a las leyes. y a no olvidar nunca que debemos proteger a los débiles. Y también se nos enseña a observar aquellas leyes no escritas cuya sanción sólo reside en el sentimiento universal de lo que es justo...

Nuestra ciudad tiene las puertas abiertas al mundo; jamás expulsamos a un extranjero... Somos libres de vivir a nuestro antojo y, no obstante, siempre estamos dispuestos a enfrentar cualquier peligro... Amamos la belleza sin dejarnos llevar de las fantasías, y si bien tratamos de perfeccionar nuestro intelecto, esto no debilita nuestra voluntad... Admitir la propia pobreza no tiene entre nosotros nada de ver que sí consideramos vergonzoso es no hacer ningún esfuerzo por evitarla. 

El ciudadano ateniense no descuida los nego­cios públicos por atender sus asuntos privados... No consideramos inofen­sivos, sino inútiles, a aquellos que no se interesan por el estado; y si bien sólo unos pocos pueden dar origen a una política, todos nosotros somos incapaces de juzgarla. No consideramos la discusión como un obstáculo colocado en el camino de la acción política, sino como un preliminar indis­pensable para actuar prudentemente... 
Creemos que la felicidad es el fruto de la libertad y la libertad, el del valor, y no nos amedrentemos ante el peligro de la guerra... 

Resumiendo: sostengo que Atenas es la Escuela de la Hélade y que todo individuo ateniense alcanza en su madurez una feliz versatilidad, una excelente disposición para las emergencias y una gran confianza en sí mismo».

viernes, 12 de diciembre de 2025

EL FALSO ENCANTO DEL VERDUGO CUANDO SE PREMIA AL CULPABLE INICUO SI SONRRIE LO SUFICIENTE EN VENEZUELA por ABSOLUTEDU


EL FALSO ENCANTO DEL VERDUGO
CUANDO SE PREMIA AL CULPABLE INICUO SI SONRRIE LO SUFICIENTE


En los últimos días, hemos visto en redes sociales cómo el poder se reinventa con campañas para manipular emociones… muchos años en el poder nos han dado las herramientas para saber cómo y cuándo lo hacen…
Particularmente, me niego a normalizar esta tendencia de la sobada de espalda y la autofoto complaciente que finalmente busca que se premie al culpable solo porque sonríe lo suficiente.
Lo hemos visto en varios eventos los últimos meses… en Carabobo, Venezuela, en concursos de belleza, en podcast populares y en tantas figuras públicas que, con carisma o fama, buscan borrar responsabilidades. Pero el daño sigue allí, profundo, sistemático y documentado. Y lo repetimos: aplaudir al verdugo también es participar del crimen!!
Nuestro país merece memoria, criterio y ética, no amnesia emocional. Que este mensaje llegue a quien tenga que llegar, porque la reconstrucción de Venezuela no será posible si seguimos confundiendo espectáculo con bondad. 

***
No pensaba decir nada, pero voy hacerlo.. Lo que dices es cierto, pero déjame llevarlo más lejos, porque alguien tiene que decir lo que la mayoría calla por conveniencia o por miedo al linchamiento digital. 

Norbey Marín no analiza: evangeliza. 
Avendaño no interpreta: bendice. 
Nitu Pérez y Casto Ocando no investigan: pontifican. 

Se presentan como voces independientes, cuando en realidad operan como una claque emocional al servicio de una narrativa que no admite fisuras. Son la versión opositora (más sofisticada, si quieres) del mismo mecanismo chavista: 
repetir, justificar, absolver, y atacar todo aquello que ose interrumpir la liturgia de su favorita. Pero, al final, ellos no son la raíz del problema. Son un síntoma. Un espejo turbado que revela lo más incómodo: la cultura política venezolana nunca maduró siguen siendo neonatos inmorales. 

Aquí seguimos atrapados en la misma patología colectiva: el fanatismo como refugio y la idealización como vicio nacional. 
Cambian los nombres, cambian las siglas, cambian los colores; pero la estructura emocional es idéntica: un país que prefiere un sacerdote antes que un pensador, un mesías antes que una institución, un dogma antes que un análisis. 
Líderes de papel: inflados por la desesperación, sostenidos por la fe ciega de imbécil ávidos de esperanza, protegidos por ejércitos de seguidores que confunden crítica con traición y pensamiento con insolencia. Así fue con Chávez, así fue con Capriles, así fue con Guaidó. 

Y ahora (por obra y gracia de la necesidad) muchos quieren repetir el ciclo con María Corina, sin siquiera notar la trampa emocional en la que vuelven a caer. Si ella es la salida, que lo pruebe. Pero la fe no sustituye la estrategia, ni la esperanza reemplaza la inteligencia política. 
La crítica no destruye un proyecto: lo salva del autoengaño, que es nuestro pecado capital como país, imbéciles con derecho al voto. Mientras el venezolano promedio siga necesitando un pastor que le diga qué creer, qué repetir, qué compartir y a quién idolatrar, el país seguirá orbitando alrededor de su misma ruina y miseria psicológica: una ciudadanía que no piensa, solo reacciona; que no evalúa, solo venera; que no exige, solo espera. 
Y esa es la verdadera tragedia. No los analistas maquillados de sabiduría, sino la multitud que confunde devoción con criterio. 

Venezuela no será libre hasta que dejemos de hincarnos ante cualquier figura que prometa redención. La libertad no llega adorando líderes. Llega cuando dejamos de necesitar uno.
JUAN FIGUEROA

Los Amos del Valle: la cúpula que fabrica mesías y entierra repúblicas
ALEJANDRO MARCANO SANTELLI

El Reto de María Corina Machado Luego del Nobel: ¿Qué Sigue?

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viernes, 2 de agosto de 2024

LIBRO "LA GRAN ESTAFA DE LA DEMOCRACIA (ESPAÑOLA)" por LUIS DANIEL RAMÍREZ 🐏🐏🐏🐏🐏🐏


LA GRAN ESTAFA 
DE LA DEMOCRACIA

"La gran estafa de la democracia" (española) parte de la necesidad vital de contar al mundo la diferencia abismal entre lo que nos vende tanto la mafia política como sus secuaces mediáticos, palmeros y bufones del sistema, y la cruda realidad. Parte de la necesidad de un resarcimiento, de respirar realidad y verdades por parte de su autor, Luis Daniel Ramírez: en los 80's un joven inquieto y ávido de libertad, creativo y emprendedor, entusiasta de la comunicación, que decide montar una pequeña emisora de radio FM en su ciudad (L'Hospitalet, Barcelona, España). 

Una historia que pudo ser maravillosa pero que la mafia política, sus funcionarios y esos lacayos del poder que todo régimen oscuro tiene, transformaron en triste y penosa. Después de toda una vida luchando y sufriendo los caprichos y corrupción de las administraciones públicas, en especial la Generalitat de Cataluña, detalla minuciosamente el porqué la democracia (española) es una inmensa y burda mentira, las autonomías una simple herramienta de expansión de la corrupción, y porqué este sistema político es más falso y dañino que cualquier estado dictatorial conocido.

Luis Daniel Ramírez en este primer libro nos sumerge en unas reflexiones que pueden hacer tambalear nuestro concepto de los gobernantes y su régimen. Explica, detalla, analiza esa estafa, esa mentira, y como consigue la mafia política a través del sistema creado mantenerla durante décadas, y además continuar actualmente más activa que nunca.

Yo de ti, no me perdería este primer libro, inquietante y revelador, y reservaría pronto el segundo donde conoceremos con pelos y señales la historia de su radio, Antena 2000, y las artimañas y mafia de la administración catalana (Generalitat de Cataluña) y española para controlar y manipular quién accede a los medios, incluyendo además códigos QR para que te armes con tu dispositivo y descubras documentos e información inéditos y relevantes. 
Estos resultarán curiosos de ver y además nos ayudarán a reforzar la veracidad absoluta de la historia, anticipándonos a los ataques de los bufones y lacayos del sistema. Recordemos que su misión es defender a la mafia que Luis Daniel describe y al sistema del que chupan, para seguir siendo por mucho tiempo del grupo "Barrigas agradecidas". Por cierto, también descrito en el libro, como no podría ser de otra manera.
Si eres capaz de desprenderte, de dejar a un lado fanatismos y colores políticos, de comenzar su lectura con una mente limpia y transparente, no te lo pierdas. Imprescindible su lectura para pensar, reflexionar y descubrir nuevos territorios quizás inexplorados sobre la realidad que tenemos.
Luis Daniel Ramírez - ENTREVISTA sobre el libro "La gran estafa de la democracia" 
y Proyecto Osiris


"EL ESTADO ES PEOR QUE UNA MAFIA. 
ES MÁS GRANDE, MÁS CRIMINAL 
Y ADEMÁS TIENE ESCUELAS MEDIOS PALANGRISTAS. 
UNA MAFIA NORMAL TE ROBA PERO TE DEJA EN PAZ". 
MIGUEL ANXO BASTOS

EL PUEBLO LO PAGA TODO. 
EL ESTADO LO ROBA TODO.



Hoy, pareciera imposible imaginarla. Pero no siempre fue así. Ni en Atenas, ni en los inicios de Estados Unidos, ni en las primeras repúblicas modernas.
En este episodio de Contrarrelato destripo el mito de que “más partidos = más democracia”.
Recorremos el surgimiento de los partidos de notables, los de masas, los partidos atrapa-todo, cartel, electoral-profesionales… y terminamos preguntándonos si no estamos viviendo el colapso del sistema de partidos.

martes, 18 de junio de 2024

DEMOCRACIA Y LA IGNORANCIA. Y 8 CUALIDADES DE LAS PERSONAS VERDADERAMENTE CULTAS por ANTÓN CHÉJOV


LA DEMOCRACIA Y LA IGNORANCIA
 
Cuando se le preguntó al escritor ruso Antón Chéjov sobre la naturaleza de las sociedades fallidas, respondió: En las sociedades fallidas, hay mil tontos por cada mente exitosa y mil palabras torpes por cada palabra consciente. 
La mayoría siempre sigue siendo tonta y constantemente domina a lo racional. Si ves temas triviales al frente de las discusiones en una sociedad y personas triviales ocupan un lugar central, entonces estás hablando de una sociedad muy fallida. 
Por ejemplo, millones de personas bailan y repiten canciones y palabras sin sentido, y la persona que escribió la canción se vuelve famosa, conocida y amada. Incluso las personas tienen su propia opinión sobre cuestiones de la sociedad y la vida. 
En cuanto a escritores y autores, nadie los conoce y nadie les da valor ni peso. A la mayoría de la gente le gusta la mezquindad y el entumecimiento. Alguien que nos droga para hacernos perder la cabeza, y alguien que nos hace reír con tonterías, es mejor que alguien que nos despierta a la realidad y nos lastima diciendo la verdad. 
Por tanto, la democracia no es adecuada para sociedades ignorantes, porque la mayoría ignorante decidirá su destino. Sociología global.
Ser culto es un modo de ser y estar en el mundo que naturalmente nos hace más buenos, mejores, más humanos, o al menos así lo entendió el gran escritor ruso Antón Chéjov.
Hay un concepto de cultura que nos remite de inmediato al humanismo del Renacimiento y probablemente al progreso de la Ilustración, esa idea que probablemente tenga raíces un tanto más remotas (pero no tanto) y la cual entiende la cultura como el conocimiento que cultiva y engrandece, que nos da más recursos para entender nuestro mundo pero también ―en un sentido moral, que lejos de ser censurable, merece, por el contrario, alentarse― nos vuelve ipso facto más compasivos, más humanos.
Por desgracia, sabemos bien que el mundo está más o menos poblado de personas que fundamentan cierta ilusoria superioridad en la cultura que poseen. “Listillos”, los llama Irvine Welsh en varias de sus novelas, ironizando en torno a ese tipo de comportamiento en que, según sea la ocasión y el entorno, toma la forma de la arrogancia, el desdén y en general el desprecio por todos aquellos que no se encuentren a la par de las lecturas hechas, las películas vistas, la música escuchada, los países visitados y un amplio aunque paradójicamente limitado etcétera.

¿Qué significa ser culto? Quizá, en última instancia, nada de eso, al menos no si nos inclinamos por esa tradición del pensamiento que no teme combinar conocimiento y moral para que ambos formen mejores personas. En algún punto de nuestra cartografía personal, leer una o diez novelas está o debería estar conectado con nuestra capacidad para prestar algún tipo de ayuda a un desconocido en la calle. 
¿Podemos escuchar una pieza de Bach, quedar arrobados por su belleza, sentir que gracias a Bach la vida vale la pena ser vivida y, aun así, no actuar en consecuencia y, digamos, ser capaces de cuidar de una planta y regarla todas las mañanas? Hasta cierto punto, algo tiene de condenable e hipócrita el sibarita estéril que dice amar la belleza y sin embargo no hace nada para asegurar su presencia y persistencia en este mundo. 
“Belleza más piedad: eso es lo más cerca que podemos llegar a una definición de arte. Donde hay belleza hay piedad, por la simple razón de que la belleza debe morir”, dijo alguna vez Vladimir Nabokov.

La lista que presentamos a continuación enumera las 8 cualidades que, según el gran escritor ruso Antón Chéjov, distinguen a una persona verdadera, auténticamente culta, alguien que de algún modo ha comprendido que la sapiencia es tal cuando enaltece pero no ensoberbece, cuando nos distingue de los demás pero no nos pone, en modo alguno, por encima de nadie.

Los puntos provienen de una carta que un joven Antón de 26 años escribió a su hermano Nikolai cuando éste tenía 28 y comenzaba a ganar fama como pintor en la capital rusa. Fechada en Moscú en 1886, la misiva pretende ser una serie de consejos para un artista incipiente que, según el modelo romántico, se quejaba de que nadie lo entendía. “La gente te entiende perfectamente bien. Si tú no te entiendes a ti mismo, no es culpa de ellos”, le escribió entonces Chéjov, en un tono recriminatorio, pero también totalmente lúcido y, lo más importante, coherente.

Se trata, en suma, de un documento que vale la pena conocer y reflexionar, confrontar con nuestras propias actitudes y preguntarnos en qué medida convertimos lo que sabemos en acciones que hacen bien a nuestro mundo ―nuestro pequeño, íntimo mundo. Veamos.

1. Respetan la personalidad humana y, por lo mismo, son siempre amables, gentiles, educados y dispuestos a ceder ante los otros. No hacen fila por un martillo o una pieza perdida de caucho indio. Si viven con alguien a quien no consideran favorable y lo dejan, no dicen “nadie podría vivir contigo”. Perdonan el ruido y la carne seca y fría y las ocurrencias y la presencia de extraños en sus hogares.

2. Tienen simpatía no sólo por los mendigos y los gatos. Les duele el corazón por aquello que sus ojos no ven. Se levantan en la noche para ayudar a P. […], para pagar la universidad de los hermanos y comprar ropa a su madre.

3. Respetan la propiedad de otros y, en consecuencia, pagan sus deudas.

4. Son sinceros y temen a la mentira como al fuego. No mienten incluso en pequeñas cosas. Una mentira significa insultar a quien escucha y ponerlo en una posición más baja a ojos de quien habla. No aparentan: se comportan en la calle como en su casa y no presumen ante sus camaradas más humildes. No son proclives a balbucear ni obligan la confidencia impertinente de los otros. Por respeto a los oídos de otros, callan más frecuentemente de lo que hablan.

5. No se menosprecian por despertar compasión. No tensan las cuerdas de los corazones de los demás para que los otros giman y hagan algo (o mucho) por ellos. No dicen “Soy un incomprendido” o “Me he vuelto de segunda mano” porque todo eso es perseguir un efecto simplón, es vulgar, rancio, falso…

6. No tiene vanidad superflua. No se preocupan por esos falsos diamantes conocidos como celebridades, por estrechar la mano del ebrio P.*, por escuchar los arrebatos de un espectador extraviado en un espectáculo de imágenes, o ser reconocido en las tabernas. […] Si ganan unos centavos, no se pavonean como si estos valieran cientos de rublos, y no alardean de poder entrar donde otros no son admitidos. […] Los verdaderamente talentosos siempre se mantienen en las sombras entre la muchedumbre, tan lejos como sea posible del reconocimiento. Incluso Krylov** dijo que el barril vacío da un eco más sonoro que el lleno.

7. Si tienen un talento, lo respetan. Le sacrifican el descanso, las mujeres, el vino, la vanidad […]. Se sienten orgullosos de su talento […]. Además, son fastidiosos.

8. Desarrollan para sí la intuición estética. No pueden ir a dormir con la misma ropa, ven las grietas de las paredes llenas de insectos, respiran un mal aire, caminan en el piso recién escupido, cocinan sus alimentos sobre una estufa de aceite. Pretenden tanto como sea posible contener y ennoblecer el instinto sexual. […] Lo que quieren en una mujer no es una compañera de cama. […] No piden inteligencia ahí donde se manifiesta la mentira constante. Quieren, especialmente si son artistas, frescura, elegancia, humanidad, la capacidad de la maternidad. […]. No tragan vodka a todas horas, día y noche, no huelen los armarios porque no son cerdos y saben que no lo son. Beben sólo estando libres y en ocasión […]. Porque ellos quieren mens sana in corpore sano [“mente sana en cuerpo sano”].

Y así sucesivamente. Así es como son las personas cultas. Para ser culto y no quedar atrás, no es suficiente con haber leído Los papeles del club Pickwick o haber memorizado el monólogo de Fausto […]. Lo que necesitas es trabajar constantemente, día y noche, leer constantemente, estudiar, voluntad […]. Cada hora es preciosa para ti […]. Ven con nosotros, tira la botella de vodka, descansa y lee… Turgenev, si quieres, a quien además no has leído.

Tienes que deshacerte de tu vanidad, ya no eres un niño… pronto tendrás treinta.

¡Es tiempo!

Te espero… Todos nosotros te esperamos.

Notas:

* Probablemente “Palmin”, un poeta menor de la época [N. del T.]
** Probablemente Iván Krylov (1769-1844), fabulista, poeta y dramaturgo ruso.