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domingo, 7 de junio de 2026

LIBRO "NOSOTROS": PALESTRA ASCÉTICA PARA HOMBRES 💪 PARA EL COMBATE ESCATOLÓGICO por ANTONIO JOSÉ GÓMEZ MIR

 
NOSOTROS
Palestra ascética para hombres

Un manual de exhortación 
para el combate escatológico


“Antes de que el Edén existiese hubo una guerra, 
una rebelión que dejó consecuencias 
que no podemos olvidar. 
El príncipe de los ángeles se rebeló contra Dios 
y la batalla no ha terminado. 
Dios tiene un enemigo y nosotros también. 
El hombre ha nacido en un mundo en guerra”.


Tras décadas de un cristianismo blando y buenista, muchos han perdido el ideal del caballero cristiano que sostiene a su familia y defiende su fe. Hoy la Iglesia parece dejar poco espacio a la fortaleza y al heroísmo, sustituidos por una moderación sin principios. Hoy parece que sólo hay sitio para la moderación y la tolerancia, que es la virtud de quien no tiene principios fuertes, un mundo para hombres igualmente moderados y en cierta medida afeminados.
Nosotros propone recuperar una manera viril de vivir según el plan de Dios, ofreciendo claves para discernir su voluntad y encarnar la fe con fuerza, pasión y firmeza. Este libro es un campo de entrenamiento espiritual para hombres católicos, para vivir la fe con fuerza, con heroísmo, con pasión, con garra, una propuesta verdaderamente evangélica, apostólica y firme en la fe.

Nosotros. Palestra ascética para hombres (2025) es un libro que nace, en la parroquia de Sant Jordi de Vallcarca de Barcelona, del compromiso personalísimo del Padre Antonio José Gómez Mir para con una pastoral catequética muy concreta… Este sacerdote catalán se dio cuenta de la necesidad de responder a un largo proceso de infantilización y feminización del varón acaecido en las últimas décadas no sólo en el ámbito social en general, sino también en el seno de la Iglesia. Así, “Nosotros nació con la vocación de dar respuesta a esta desorientación del hombre católico en el mundo moderno y en la Iglesia”.
La orfandad provocada por la ausencia de modelos de “hombre” virtuoso (héroe, caballero, mártir, monje, padre) ha venido generando un cristianismo débil, pusilánime y emasculador que hace que, en palabras del autor, “no nos resulte difícil imaginar a unas viejecitas rezando el rosario, pero ya nuestra imaginación no concibe al caballero cristiano”.

Es “un libro de espiritualidad y ascética católica para hombres” que se va fraguando al calor de la palabra viva, siempre incandescente, esto es, a través de una serie de conferencias y catequesis para jóvenes, que están disponibles en el formidable canal de YouTube del Padre: Stat Crux. Y digo “al calor”, a conciencia, porque queda claro, a lo largo del libro, que el hombre está compuesto de un material de cierta ductilidad (al menos en dos sentidos: la virtud y el vicio). La fe será acrisolada al sol, al igual que las virtudes serán acrisoladas en una forja de la voluntad que exige de la concurrencia del Hombre (en su relación con el “otro”) y, sobre todo, de la Gracia. De ahí que, invocando el pasaje de Proverbios 27, 17 nos diga Gómez Mir: “El hierro con el hierro se afila; el hombre, en el roce con su prójimo”.

Palestra significa “escuela de lucha” y “la lucha ascética es la base para vivir esta llamada a una concepción fuerte de la fe cristiana”. El objetivo es, en el contexto de un hiperconsumismo esquizoide y un nihilismo rampante, “virilizar nuestra vida con la ascética para vencer el afeminamiento de una voluntad enferma”.

Investidos de una dignidad concreta…

Según la tradición veterotestamentaria, nuestra dignidad está ya inscrita en nuestra propia naturaleza: “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó. Después los bendijo Dios con estas palabras: ‘Sed fecundos y multiplicaos’” (Gn 1, 27-28). Hemos sido creados hombre y mujer por el Creador “a imagen suya”, por ende, debe haber una coherencia interna del ser creado.
Al igual que María, imagen perfecta de la feminidad, es “la esclava del Señor”, la Iglesia es la esposa de Jesucristo. Asimismo, José, arquetipo bíblico de virilidad, actuó sin prácticamente mediar palabra. En él se da esa precondición de todo hombre para seguir a Jesucristo: “se necesita ser un verdadero hombre para servir a Cristo”, dice Gómez Mir. Y para ello es necesario romper los afectos desordenados e idolatrías, es decir, despojarse del hombre viejo.

Por desgracia, “la desorientación antropológica que caracteriza la sociedad y la cultura actual ha contribuido a la desestructuración tanto de la familia como de la sociedad, evidenciándose en una tendencia a cancelar las diferencias inherentes entre el hombre y la mujer”. Ya saben eso de Ernst Jünger: “Lo peligroso no es el hombre inculto, sino el hombre deformado por la cultura”. Una cultura de la indiferenciación. Frente a esta existe una “verdad de ser hombres”. Una coherencia perfecta entre el ser hombre y la fuente misma del Ser, a saber, Dios. Nosotros se propone “recuperar la antropología cristiana, que contempla la sexualidad como un elemento fundamental de la personalidad, constituyendo una manifestación única de ser, de sentir, de expresar y de vivir el amor humano”.

Es por esto por lo que nuestras ensoñaciones prometeicas de superar la condición humana sólo podrían, en el mejor de los casos, abocarnos a la locura o, lo que es lo mismo, a la pérdida de cordura… Como es bien sabido, cordura proviene del latín cordis (corazón). Aristóteles defendía filosóficamente una teoría llamada “cardio-centrismo”. Para él, la phronesis (a diferencia de la noción abstracta de episteme) es la virtud de la prudencia que reside en el corazón y que debe dirigir la acción humana. Hoy, no obstante, vivimos fuera de quicio, fuera de toda cordura, nos rebelamos contra lo más íntimo de nuestro ser, aquello que nos inviste de una dignidad concreta, intransferible e inescindible.

Y en un mundo en que experimentamos la “crisis de la virilidad” fruto de la cerrazón y la hybris, Nosotros apuesta por un itinerario de virilidad en Cristo, “una virilidad que es verdadera virtud cristiana”, ya que, como dice San Pablo: “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor” (1 Cor 16, 13-14).

El abrazar nuestro ser más íntimo debe llevarnos al correcto discernimiento de nuestra vocación (imbricada en nuestro sexo biológico): “Es Dios –nos dice el Padre Gómez Mir– quien nos dice qué quiere de nosotros (…). Uno no elige su identidad, su ser quien es. Le viene dada por Dios (…). Hemos de entender vocación como dirección, como sentido de una meta. Y luego también hemos de entender la misión como significado del día a día (…). La vocación llena de sentido nuestra vida y permite asumirla como misión personalísima. Todos los sucesos y acontecimientos ocupan, de pronto, su verdadero sitio”.

Cristo: Ecce Homo

Ahora bien, el problema de la aparente “incomparecencia” del Hombre (con mayúscula) en la historia de la humanidad es un problema que nos ha acompañado desde la Antigüedad clásica…
Se cuenta que Diógenes de Sinope, pensador griego del siglo IV a. C. y exponente de la corriente filosófica cínica, vivió gran parte de su vida en la opulenta Atenas en condiciones extremadamente austeras (hasta el punto de dormir en una tinaja; de ahí lo del Síndrome de Diógenes) y empleó el aguijón de la provocación para criticar la hipocresía de la sociedad ateniense. En ese contexto, surge la célebre anécdota de la lámpara: Diógenes recorría las calles de la ciudad a plena luz del día diciendo: “Busco a un hombre”… Evidentemente, la frase no aludía a la búsqueda literal de un azaroso “alguien” sin más, sino a la dificultad de encontrar un ser humano verdaderamente recto, honesto y virtuoso. Tendríamos que esperar cuatrocientos años al Jesús de Nazaret, presentado por Poncio Pilato ante la “masa enfurecida”, para llegar a ese hombre que anhelaba encontrar Diógenes: Ecce Homo, he aquí el Hombre…

Ese hombre de carne y hueso, persona de la imagen trinitaria del Dios cristiano, fue, es y será siempre, en tanto que la historia humana no puede sino ser Cristocéntrica, el modelo de virtus por antonomasia, el “justo”. La cristiandad, como el colorido jardín de las delicias de El Bosco, ha dado frutos de todas las formas y colores, Dios se ha valido de hombres corrientes que, sin embargo, han hecho de lo corriente algo extraordinario al vaciarse de sí e inflamarse del amor Dei: San Esteban, San Jorge de Capadocia, San Antonio Abad, Constantino el Grande, Carlomagno, San Bernardo de Claraval, Rodrigo Díaz de Vivar el Cid, San Ignacio de Loyola, etc. Sea como fuere, el libro Nosotros, plantea una pregunta y una respuesta que simultáneamente nos interpelan: “¿Cuál era el modelo de hombre en la sociedad tradicional? El modelo era el guerrero, era el mártir, era el monje, era el héroe, era el caballero (…). La Iglesia, en el último siglo, ha hecho daño también a esa masculinidad”. Es la obra de Dios en el hombre la que eleva su naturaleza caída mediante la Gracia.

Ahora bien, en relación con esto último, si se me permite hacer una crítica constructiva al libro, diría que el Padre Gómez Mir se apoya excesivamente en referencias contemporáneas al intentar “actualizar” el magisterio (Dorothy Sayers, C. S. Lewis, John Senior, John Eldredge, Thoreau, Robert Redeker, R. R. Reno, Viktor Frankl), perdiendo así la oportunidad de profundizar en las citadas grandes figuras de la cristiandad. Prueba de ello es que, incluso en su capítulo “Héroes y santos, arquetipos para educar”, incurre en cierto “actualismo” al citar más a Heidegger, Nietzsche, Tocqueville, Huizinga, Chesterton, Scheler y Redeker, que las Sagradas Escrituras, los Padres, el magisterio de la Iglesia y, en definitiva, la fecundísima Tradición católica stricto sensu.

Sin embargo, hay una cesura irreversible en la intrahistoria humana entre el Cristo del Nuevo Testamento y la Antigüedad clásica. En la Antigüedad mediterránea el modelo de hombre virtuoso era Aquiles, el “héroe”. La fortaleza pagana hecha carne, el hombre que ansía la eternidad en tanto que proyección de sí. A raíz del Nuevo Testamento, “Jesús es el nuevo modelo de hombre. Ya no lo es Aquiles. ¿Por qué? Porque Jesús es aquel que alcanza la plenitud dando su vida por amor. Él es el nuevo modelo de la masculinidad, no una masculinidad que se busca a sí misma y su gloria como Aquiles, sino que busca la gloria de Dios, la voluntad de Dios”.

Por ello, el Padre Raniero Cantalamessa, en su predicación del Viernes Santo del 2 de abril de 2010 pudo decir, siguiendo a René Girard, lo siguiente: “Jesucristo desenmascara y rompe el mecanismo del chivo expiatorio que sacraliza la violencia, haciéndose Él la víctima inocente de toda la violencia. Cristo no vino con la sangre de otro, sino con la suya propia. No puso sus propios pecados en los hombros de los demás –hombres o animales– sino que puso los pecados de los demás sobre sus propios hombros (…). En Cristo es Dios quien se hace víctima (…). Ya no es el hombre el que ofrece sacrificios a Dios, sino Dios quien se ‘sacrifica’ por el hombre (…). El sacrificio de Cristo contiene un mensaje formidable para el mundo de hoy. Grita al mundo que la violencia es un residuo arcaico (…). En casi todos los mitos antiguos la víctima es el vencido y el verdugo el vencedor. Jesús cambió el signo de la victoria. Ha inaugurado un nuevo tipo de victoria (…). Vitor quia victima, vencedor porque víctima, así define Agustín al Jesús de la cruz. El valor moderno de la defensa de las víctimas, de los débiles y de la vida amenazada nació sobre el terreno del cristianismo, es un fruto tardío de la revolución llevada a cabo por Cristo”.

El Espíritu que trae Jesucristo al mundo, que manifiesta el amor de Dios hacia el hombre en su debilidad, en sus pecados, en su podredumbre, es el que nos abre a la posibilidad de ser otro Cristo. Sólo sintiéndonos amados en nuestra pobreza, podemos ser vehículo de este amor. Jesucristo, es la víctima propiciatoria de la iniquidad del género humano y, en tanto que cristianos, estamos llamados a imitarle, es decir, a la santidad.
Es por ello por lo que el Padre Gómez Mir no se cansa de repetir una misma idea: “La opción más violenta para un hombre, la más heterodoxa para el mundo moderno, es ser católico”, algo que tiene resonancias, apócrifas o no, de Michel Foucault (aunque en un sentido radicalmente distinto): “Hay que ser un héroe para enfrentarse con la moralidad de la época”.

Ecce Ego: la pulsión tanática del hombre cerrado en el “yo”

Otra de las ideas recurrentes del libro es el cómo “la nada nadea (Das Nichts nichtet), en expresión de Martin Heidegger, cuando el hombre se busca a sí mismo. Gómez Mir echa mano de la sugerente cita de John Senior, según la cual: “Debemos trabajar muy duro para restaurar, primero en nosotros mismos y luego por influencia en otros, lo opuesto a esa búsqueda furiosa del placer que culmina en el deseo real del horror y el placer de la muerte”.
Y es que no estamos descubriendo el fuego si decimos que vivimos envueltos en una cultura tanática, en tanto que hedonista. Nuestro autor nos ofrece una fotografía precisa del mundo actual: “El mundo postmoderno nos ofrece un modelo de hombre individualista y egoísta, el hombre de la sociedad liberal, que es estrictamente un productor y un consumidor, y a veces ni siquiera un productor, porque a nuestra sociedad le basta con que seamos consumidores (…). En el libro del Éxodo vemos a los israelitas esclavizados, como imagen de este hombre postmoderno esclavizado”. Esta afirmación del “yo”, Ecce Ego, es la imagen invertida del Cristo como cordero de Dios.

La experiencia de la insatisfacción infinita de los goces de la carne y el uso indebido de una libertad rebajada a libertinaje nos arroja a esa atrayente y oscura Nada que desemboca en la ausencia absoluta de sentido. La cultura de la muerte es la cara tenebrosa de esa búsqueda del placer desaforado que nos acecha continuamente (descentrado de ese centro de la cordura): aborto y eutanasia, OnlyFans e industria pornográfica, transición de género y farmacologización, lo gore y el espectáculo, estetización de la violencia y terrorismo, etc.
El filósofo italiano Diego Fusaro –autor al que aprecio personalmente–, en su ensayo El nuevo orden erótico. Elogio del amor y de la familia (2022), se ha detenido recientemente en esto al hablar de un “hedonismo mortal” que se consumó fatídicamente con el Mayo del 68.

A propósito de la película Saló, o los 120 días de Sodoma (1975), de su compatriota Pier Paolo Pasolini, Fusaro da cuenta del estrecho vínculo entre la búsqueda del placer autorreferencial y el nihilismo: 

“El goce ilimitado y autorreferencial, ahora sin límite ni medida, domina incontrolado en todo nuestro horizonte, se traduce puntualmente en Todestrieb, ‘pulsión de muerte’. La villa en la que se desarrolla la historia de Pasolini, articulada en círculos que recuerdan a la geografía del Infierno de Dante, se convierte para las víctimas, en el lugar de la experimentación en carne viva de la estrategia de una perversión desenfrenada: el goce llevado hasta sus consecuencias extremas se transforma, sin solución de continuidad, en la muerte. El placer hiperhedonista, como fin en sí mismo (…), se convierte en un macabro ritual mortal, en una práctica nihilista que lejos de emancipar a los amantes, los disuelve en la nada. Torturas sádicas, humillaciones de todo tipo, prácticas coprofágicas, el asesinato como fin en sí mismo y otras barbaridades se suceden en la villa de Saló (…). Para promover la apoteosis del plusgoce sin aplazamientos y autorreferencial, la civilización del consumo debe, al mismo tiempo, ‘darle muerte’ a las figuras del amor auténticamente relacional y donativo. En una escena, una muchacha, sumergida en una bañera de excrementos grita desesperada –retomando el pasaje evangélico de san Marcos– ‘Dios mío, Dios mío. ¿Por qué nos has abandonado?’. 
La globocracia de la omnimercantilización del mundo sumerge a toda la humanidad en la mugre”.

Inmersos en un desolador escenario como este, en el que dostoyevskienamente si Dios no existe, todo está permitido, en un mundo en el que hemos constatado –por la vía de los hechos– que el placer sin límites degenera en fascinación por lo oscuro, lo violento o lo destructivo, ¿cómo no perder la esperanza? ¿cómo creer hoy día en un camino de ascensión e imitación de Cristo? ¿cómo estar prestos a la batalla?

El Padre Gómez Mir nos ofrece cuatro verdades perennes fundamentales: Hemos sido creados para alabar, servir y hacer la voluntad de Dios.
Partimos del hecho de que somos seres caídos por el pecado original.
Estamos llamados a protagonizar un combate que llamamos la lucha ascética.
Hay un auxilio sobrenatural para dominar a ese hombre viejo y para transformarlo en un hombre nuevo que es la gracia que Jesucristo, nuestro señor, nos ganó muriendo en la cruz y resucitando.

Lucha ascética: el campo de batalla del combate escatológico

Entramos en el núcleo del libro… El combate escatológico, que no es un combate ahistórico entre las huestes demoníacas rebeldes y las huestes de Dios; que tampoco es un combate entre fuerzas eternas e increadas del Bien y el Mal como polos de una tensión cósmica (como creían los maniqueos); y que tampoco es un combate que se dará única y exclusivamente en el fin de los tiempos; sino que se trata de un combate que se está librando cada día en nuestro interior, en cada pensamiento, en cada decisión, en cada acto. “El hombre ha nacido en un mundo en guerra”.

¡Qué caprichoso es el destino! ¿verdad? Un sacerdote, párroco de la Iglesia de Sant Jordi, exhortándonos al combate… Y lo hace a partir de la tríada Job-San Pablo-San Ignacio de Loyola.

i) Mediante Job, constata que la vida del hombre es combate: “Job se preguntó retóricamente: ‘¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra?”;
ii) mediante la meditación de las “dos banderas” de San Ignacio de Loyola, delimita los protagonistas del combate: “San Ignacio nos dice que Cristo llama y que nos quiere a todos bajo su bandera. Lucifer, al contrario, nos quiere bajo la suya. ¿Bajo qué bandera estamos militando? (…). Los dos campos que se enfrentan, dice San Ignacio, son Jerusalén y Babilonia”;
iii) mediante la Epístola a los Efesios de San Pablo, precisa quién es el enemigo real y el cómo y con qué armas es preciso combatirle:
“Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo, porque nuestra lucha no es contra los hombres de carne y hueso, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire (…). Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. Siempre en oración y súplica, orad en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con constancia, y suplicando por todos los santos”.
Más claro el agua… Verdad, justicia, prontitud, fe, salvación y espíritu, “siempre en oración y súplica”. Si la batalla fuera tan sólo contra la carne, no necesitaríamos ni a Dios ni al Espíritu Santo, ni oración o súplica algunas; no seríamos católicos nos bastaría con ser estoicos (mortificación del cuerpo, ayuno, abstinencia). Reconocer que el enemigo verdadero son los “espíritus malignos” es reconocer tanto nuestra pequeñez y fragilidad como la necesidad de auxilio, porque, como se esmera en destacar el Padre Gómez Mir en su libro: “No somos voluntaristas. Somos cristianos. El hombre sin gracia de Cristo no puede alcanzar este dominio. Podría alcanzar un dominio moral relativo (…). Los medios son la oración, la lectura de la Palabra de Dios, el auxilio frecuente de los sacramentos y la mortificación”.

Precisamente, este acto de auto-reconocimiento de pequeñez, el pedir auxilio (en oración y súplica) para combatir en nosotros esos “espíritus malignos” que quieren someternos y subyugarnos con su embriagadora luz, y el hacer uso de las “armas de Dios”, exige que nos pongamos en marcha. Y es el Espíritu que actúa en y con nosotros. ¿Dónde salir, pues, a su encuentro, se preguntarán? En la Palabra de Dios y en el cuerpo y la sangre de Cristo que cada domingo se abren como una semilla en nuestros corazones (aquellos donde reside la cordura y el sentido de misión): “En misa nos ponemos en pie para escuchar la palabra de Dios. Este ponernos en pie es como el gesto propio de una milicia que está a la espera de escuchar la palabra de aquel que es su capitán, como diría san Ignacio de Loyola, para salir al combate”.

Escrito el domingo de Pentecostés, mayo de 2026.

MASCULINIDAD TÓXICA para un mundo progre. Palestra cristiana. Nuevo libro


Virilidad Sacerdotal: Masculinidad, autoridad y paternidad - La Sacristía de La Vendée - 08-01-2026

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AFEMINADOS Y CALZONAZOS (DELICAGADOS) 
POR MARTÍN LÓPEZ CORREDOIRA 😍😚



jueves, 20 de noviembre de 2025

PELÍCULA "EL PRECIO DEL TRIUNFO (PATTERNS)" PATRONES 1956 🏢

 
EL PRECIO DEL TRIUNFO 
(PATTERNS) PATRONES 1956

Estamos ante un clásico en la línea de "La torre de los ambiciosos" de Robert Wise, aunque me atrevería a decir que la presente es mejor. La premisa es la moralidad a la hora de que una empresa obtenga el poder y los beneficios pertinentes; es decir, el éxito. De si todo es permisible con tal de conseguirlo, y si no, cuáles son los límites. En este sentido, y a pesar de las posiciones enfrentadas, la película nos deja entrever los plausibles razonamientos de cada lado. Todo ello a través de una poderosa historia, servida con unas interpretaciones de primer orden, y portentosas en el caso de Everett Sloane y del gran Van Heflin, quien siempre supo dotar a sus personajes de una gran humanidad. Es una pena que no sea un filme muy conocido, porque se trata de una perla del cine clásico. Ojalá los cinéfilos de pro la descubran.

El cine ha ofrecido, en pinceladas, buenos filmes sobre la inhumanidad en el mundo laboral, como, por ejemplo, Glengarry Glen Ross (Éxito a cualquier precio, 1992) o la serie Mad Men, deudora de este filme. ¿La ambición debe tener límites si mejora a la empresa? Asistiremos a un mobbing planificado y puesto en marcha con la precisión de un reloj suizo, para destruir la confianza de un excelente técnico en si mismo, para humillarlo en público ante el silencio cómplice de la mayoría de cargos. Sin embargo el film tiene un final un tanto ambiguo, como relataré en el spoiler, tras un último tercio de gran carga dramática.

El Precio del Triunfo | Película clásica en español | Cine negro

miércoles, 19 de noviembre de 2025

ÉTICA VAQUERA: EL CÓDIGO DEL OESTE (CODE OF THE WEST) ⛺🐎🐄🐂🐏

En 2010, Wyoming firmó una ley que declaraba “El Código del Oeste” como el código oficial del estado, convirtiéndose en el primer estado en adoptar un código de ética.
En el siglo XIX, se creó un código ético no escrito entre pioneros y vaqueros, que los impulsaba a vivir con valentía y moralidad durante su viaje al oeste. En 2005, ese mismo código se plasmó en el libro (Cowboy Ethics) "Ética Vaquera: Lo que Wall Street Puede Aprender del Código del Oeste", escrito por James P. Owen, que describe los principios que encarnan el espíritu del Oeste y guía a las personas en las costumbres de los vaqueros.
En 2010, Wyoming adoptó “El Código del Oeste” como código estatal oficial para reflejar los valores de la herencia vaquera del estado. 
¿Sabías?

En realidad, "El Código del Oeste" se basó más en las ideas y principios que los pioneros, a mediados y finales del siglo XIX, siguieron para su exitosa expansión por el oeste americano. No hubo un código escrito oficial hasta 1934, escrito por Zane Gray, y posteriormente, en 2004, se publicó una interpretación más detallada de "El Código del Oeste" en el libro "Ética Vaquera: Lo que Wall Street Puede Aprender del Código del Oeste", de James P. Owen.

Acerca del Código del Oeste

Un sistema de principios conocido como el "Código del Oeste" encarna el espíritu independiente del Oeste estadounidense. Estos principios enfatizaban la importancia de la honestidad, la integridad, la lealtad y el respeto por los demás. El autor James P. Owen articuló estos valores en el libro "Ética Vaquera: Lo que Wall Street Puede Aprender del Código del Oeste", convirtiéndolos en una guía para la vida moderna.
En 2010, el estado de Wyoming, conocido por su rica cultura vaquera, adoptó el "Código del Oeste" como su código estatal oficial. Wyoming no solo fue el primer estado en adoptar un código ético, sino también el primero en convertir en ley un código moral por un simple gesto simbólico, honrando el legado del estado y promoviendo estos valores entre sus habitantes y visitantes.

El "Código del Oeste" ha impulsado al estado de Wyoming a reintroducir los principios que moldearon su historia y cultura. Los ciudadanos de Wyoming, así como los vaqueros y ganaderos, utilizan este código como recordatorio para mantener la honestidad, la integridad y un fuerte sentido de comunidad en la vida cotidiana. Este código sirve como un recordatorio válido para todos de que los 10 principios utilizados en el siglo XIX y los valores escritos en 2004 por James P. Owen son una guía para la vida.

Para mí, el Código del Oeste es un conjunto de principios éticos que rigen nuestra vida. Desde que aprendí los 10 principios utilizados en el siglo XIX, los he aplicado en mi vida diaria para impulsarme a ser lo mejor que puedo.
El principio en el que baso la mayor parte de mi trabajo es "hacer lo que hay que hacer". Lo aplico en la escuela, como tenista en el equipo de mi instituto y como miembro de la comunidad de Jackson Hole, asegurándome de hacer todo lo posible para alcanzar mis metas y convertirme en la persona que espero ser.
Ya sea que haya estado viviendo en Wyoming o esté visitando Wyoming, debe tomarse el tiempo para aprender sobre el Código del Oeste y la importancia que tiene para nuestra historia y cultura y, con suerte, puede implementarlo en su propia vida diaria.

Ética Vaquera,
un código desarrollado 
por James P. Owen.


Hay diez principios que también se conocen como el Código del Oeste.

Los diez principios son:

1. Vive cada día con valentía
2. Siéntete orgulloso de tu trabajo
3. Siempre termina lo que empiezas
4. Haz lo que se tiene que hacer
5. Sé duro, pero justo
6. Cuando hagas una promesa, cúmplela
7. Cabalga por la marca (Lealtad, Compromiso y Dedicación a La Causa o Empresa)
8. Habla menos y di más
9. Recuerda que algunas cosas no están a la venta
10. Saber dónde trazar la línea

ÉTICA VAQUERA 
(COWBOY ETHICS

Un nuevo enfoque de la ética empresarial se está imponiendo discretamente en las salas de juntas y los despachos de ejecutivos de todo Estados Unidos. 

Frustrados por una epidemia de mala conducta en todos los niveles, los equipos directivos están volviendo a lo básico: 
a la idea de que el carácter personal y la responsabilidad individual son la clave fundamental de la integridad, tal como lo eran en la época de la Granja de Campo. Hace una década, el libro "Ética Vaquera" inspiró a los empresarios a consultar el Código del Oeste. Una vez que lo hicieron, descubrieron que sus principios sencillos y de sentido común pueden ser guías más eficaces para el liderazgo empresarial que un montón de declaraciones de misión, normas y manuales de ética corporativos. 
"Los vaqueros son modelos a seguir porque viven según un código", afirma el autor James P. Owen. 
"Nos muestran lo que significa defender algo y esforzarnos cada día para que nuestras acciones coincidan con nuestras creencias. ¿Y no es esa la mejor definición de integridad que se puede encontrar?" 
En los años transcurridos desde entonces, los "Diez principios para vivir" del libro han sido adoptados por numerosas empresas, universidades e incluso un gobierno estatal.

NOTA DEL AUTOR

UN PUNTO DE PARTIDA

Dondequiera que te encuentres en la vida y cualesquiera que sean tus objetivos, nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para emprender el camino hacia el éxito. Inevitablemente, habrá altibajos. Seguramente encontrarás obstáculos y oportunidades imprevistas. Podrías encontrarte en situaciones inesperadas y cambiar de rumbo a lo largo del camino. Todo esto forma parte del viaje de la vida, y cuanto mejor preparado estés para ello, más gratificante será.

Tener una idea clara de tus objetivos y propósito sin duda te ayudará a empezar con buen pie. Pero decidir adónde quieres llegar en la vida no es algo que se deba apresurar. Explorar el mundo, abrir los ojos a su rica gama de posibilidades y descubrir tus propios intereses y potencial requiere tiempo. Además, vivimos en una época en la que podemos querer o necesitar reinventarnos periódicamente. Ya no es raro tener tres o cuatro carreras diferentes en una vida. En cuanto a lo que llamamos "jubilación", puede ser la plataforma de lanzamiento para toda una serie de nuevos proyectos, como puedo atestiguar personalmente.

En mi opinión, el requisito más fundamental para el éxito es saber quién eres en esencia y qué representas. Ahí es donde el Código del Oeste puede ayudar.
De ninguna manera sugiero que sea la declaración definitiva y universal de creencias para todos; todo lo contrario. Esto es Estados Unidos, un país fundado para que tuviéramos la libertad de creer lo que queramos.
Pero, con sus principios simples y atemporales, el Código del Oeste nos ofrece un punto de partida: un marco para decidir qué valores y principios apreciamos más.

Espero que el Camino del Vaquero te inspire a alcanzar al héroe que llevas dentro.

INTRODUCCIÓN

EN BUSCA DE LO HEROICO

Si alguna vez hemos necesitado héroes, los necesitamos ahora. No me refiero a guerreros de cómic con poderes sobrehumanos, ni a los personajes de portada de revista que presumen de fama y riqueza; de esos tenemos un exceso. Lo que escasea son héroes auténticos, de la vida real, que nos recuerden nuestro potencial para ser heroicos.
Puede que vivamos una vida aparentemente normal. Sin embargo, incluso al ritmo de nuestras tareas diarias, aún esperamos encontrar esa reserva de coraje, determinación y nobleza que realmente necesitamos cuando la vida nos pone a prueba. Queremos saber, al fin y al cabo, que no somos nada comunes.

Por eso necesitamos héroes: no para que nos muestren lo que es triunfar, sino para que nos ayuden a superar nuestros miedos y a encontrar consuelo ante las dificultades que inevitablemente encontramos en la vida. A lo largo de los siglos, cada cultura ha tenido sus héroes legendarios e históricos. En historias de dificultades superadas, desafíos superados y grandes hazañas realizadas, estos modelos a seguir nos muestran una forma de ser a la que podemos aspirar. Nos ayudan a creer que nosotros también podemos superar los obstáculos que enfrentamos, por intimidantes que sean. Nos inspiran.

Quizás sea una cuestión generacional, pero de niño, mis héroes siempre fueron vaqueros. Para mí, el vaquero parecía una figura imponente. Era alguien con quien siempre se podía contar, sin importar lo difícil o peligrosa que fuera la situación. Recuerdo como si fuera ayer cómo esas películas me hicieron querer superarme y ser mejor de lo que era. Incluso hoy, el vaquero es un ícono cultural conocido y admirado no solo en este país, sino en todo el mundo.

Me he dado cuenta de que los vaqueros siguen siendo mis héroes, y no tiene nada que ver con el sombrero y las botas. Pero la figura que me inspira ahora no es la versión cinematográfica que nos emocionaba en las matinés de los sábados. Es el auténtico vaquero trabajador que remienda cercas bajo un calor abrasador o que ensilla su caballo en medio de una nevada cegadora para rescatar a un ternero varado.

Yo no soy un vaquero. He pasado muchas más horas en asientos de avión que en una silla de montar. Aun así, he pasado suficiente tiempo con vaqueros de verdad como para saber que tienen algo especial. Se comportan con una autenticidad, una humildad genuina y una especie de confianza serena que los distingue. Para mí, la figura del vaquero representa lo mejor de Estados Unidos: el coraje, el optimismo y el trabajo duro que construyó nuestra nación.

Los vaqueros son heroicos porque nos muestran lo que significa defender algo. Viven según su código, el Código del Oeste. Y se preocupan profundamente por ser fieles a sus creencias. De hecho, honrar el Código es el sello, la marca, el distintivo de un auténtico vaquero. Es el pegamento que une a los vaqueros en una comunidad.

En un momento en el que parece que el mundo entero va cuesta abajo, el Código del Oeste nos recuerda lo básico, como cumplir la palabra dada y seguir la Regla de Oro que nos recuerda valores fundamentales como la valentía, el honor, la independencia y la confianza en si mismo.
Nos recuerda principios universales y atemporales que son relevantes para cada uno de nosotros, sin importar quiénes seamos, dónde nacimos o cómo profesamos nuestra fe.
¿Alguien está en desacuerdo con que una promesa hecha debe ser una promesa cumplida? ¿Quién de nosotros no cree que algunas cosas en este mundo nunca deberían estar a la venta?

Estos son ideales que todos los ciudadanos podemos abrazar. Es más, el Código del Oeste es un lugar natural para encontrar valores compartidos, porque forma parte de la herencia que todos los estadounidenses compartimos, sin importar si vivimos en Montana, Misisipi o Manhattan. Al centrarnos en lo que nos une, podría ayudarnos a superar algunos de los desafíos que enfrentamos como nación. Ya sé que puede ayudarnos a cada uno a tener éxito en la vida.

POR QUÉ IMPORTA EL CARÁCTER

Llevo más de diez años escribiendo y hablando sobre el vaquero y su Código. Cuando me impactó por primera vez la noción de la Ética Vaquera y me dispuse a traducir el Código del Oeste no escrito en "Diez Principios para Vivir", fue porque pensé que necesitábamos un nuevo enfoque para la ética empresarial. Una epidemia de avaricia y escándalo corporativo estaba manchando a toda la comunidad empresarial, y era evidente que ninguna regulación podría detenerla. Siempre hay otra escapatoria, siempre hay otra forma de manipular el sistema.

El Código del Vaquero le da la vuelta a todo eso, desplazando el enfoque de "¿Es legal?" a la pregunta más fundamental:
"¿Es correcto?". En la época de las praderas, cuando no existía un sistema de tribunales ni leyes, el Código del Oeste era la única influencia civilizadora. Y aunque no estaba escrito, todos los vaqueros conocían sus reglas; solo que en realidad no eran reglas. Se centraban más en el carácter personal y los principios que rigen nuestra vida, incluso cuando nadie nos ve.


Para el vaquero, la verdadera integridad significa escuchar esa voz interior que nos dice la diferencia entre el bien y el mal, para que nuestras acciones se alineen con nuestras creencias.
¿Y no es esa la mejor definición de integridad que se puede encontrar? Es la base de un enfoque ético simple y de sentido común que puede funcionar para las empresas y también para el resto de nosotros. Si algo nos enseña el vaquero es que «todos necesitamos un código... un credo por el que vivir». Todos necesitamos un sistema de creencias sólido, una brújula moral, que nos guíe cuando surgen las tentaciones o la presión social va en contra de lo que en nuestro corazón sabemos que es correcto.

Pero cuanto más he viajado por el país y he escuchado los comentarios de personas familiarizadas con mis libros y películas, más me he dado cuenta de que el Código del Vaquero va mucho más allá de la ética. Además de darnos una guía para nuestras acciones cotidianas, se refiere a toda nuestra gama de decisiones y rumbos en la vida.

Para empezar, plantea la pregunta de qué significa realmente el éxito. Vivimos en una cultura marcada por la suposición tácita, pero muy poderosa, de que el éxito significa dinero y todo lo que este puede comprar. Muchos de nosotros, sin cuestionarlo, dedicamos la mayor parte de nuestras energías a la búsqueda del éxito material. Es fácil caer en el ciclo de la búsqueda constante del mejor trabajo, la casa más bonita, el coche más lujoso. Pero una vez que aceptas la idea de vivir según un código, queda claro que el carácter individual —no tu puesto, tu estilo de vida ni tu cuenta bancaria— es la verdadera medida de quién eres.

"El cine nos ha hecho como somos. 
Yo no sería la que soy, no me reconocería 
a mí misma si tuviera que borrar de mis ojos
las imágenes imborrables de mil horas de cine". 
Josefina Aldecoa
En el western, el director o el guionista puede reflejar y concentrar mejor todos los temas y conflictos de la humanidad: la libertad, la justicia, la ley, el honor, el valor, la gesta, la unión, la traición, la codicia, el caciquismo, el deber, el derecho, la guerra, la paz, la amistad, el amor... Yanka
VER+:











The Last Cowboy Song

James P Owen: Cowboy Ethics

Zane Grey: Code Of The West | Full Classic Western Cowboy Movie | James Warren 1947


sábado, 8 de noviembre de 2025

CONSTRUYAMOS UNA NUEVA "TEORÍA CRÍTICA" BASADA EN EL CRISTIANISMO por FORUM LIBERTAS


Construyamos una Nueva "Teoría Crítica" 
basada en el cristianismo


Tiene «críticas acertadas», pero el cristianismo puede «ofrecer alternativas más adecuadas»

Teoría crítica, el «nuevo arrianismo» 
que la Iglesia no puede ignorar 
si quiere derrotar al wokismo

Cuando se piensa en el término de teoría crítica, lo normal es que se antoje una nebulosa de conceptos, relaciones y doctrinas lejanas que resultan difíciles de definir, por muy determinantes que resulten. Pero si se habla de los postulados woke o de la Revolución sexual, se asimila con más facilidad. Y precisamente esa es una de las ideas clave que Carl R. Trueman busca difundir en su última publicación, To Change All Worlds: Critical Theory From Marx to Marcuse -Cambiar todos los mundos: teoría crítica de Marx a Marcuse-.
Se trata de una extensa obra en torno a la teoría crítica en la que el autor, desde la oposición, busca desprenderse de prejuicios para tratar de comprender las motivaciones que llevaron a ideólogos como Horkheimer, Adorno o Marcuse a diseñar los fundamentos de una de las ideologías más cruciales del presente, con “demandas legítimas”, pero con conclusiones demoledoras en la práctica. Solo así, declaró al ser entrevistado por Carl E. Olson (What We Need Now), los cristianos podrán hacerle frente.

Teoría crítica: una cosmovisión que rechaza la fe

Preguntado por la raíz de la teoría crítica, Trueman apunta a una amalgama de enfoques que “tienen en común la intención de desestabilizar el status quo [el orden establecido], desenmascarar los juegos de poder y las manipulaciones que se esconden tras de la moralidad, cuestionando sus fundamentos y buscando desenmascarar las relaciones de poder que la moldean.
Una de las preguntas más relevantes de esta doctrina es la del significado del ser humano, para los teóricos críticos “cambiante” a lo largo del tiempo y las culturas. Se trata de una pregunta a su juicio “legítima”, pues la historia ofrece ejemplos de cómo una comprensión de una naturaleza normativa “blanca” ha llegado a suponer en otros tiempos la justificación de la esclavitud.
“El problema es que este enfoque también tiende a asumir que categorías como la de naturaleza humana pueden reducirse a relaciones de poder. Esto es antitético a la afirmación cristiana sobre los seres humanos como seres creados a imagen de Dios como una realidad ontológica”, explica.

Críticas acertadas

En su libro, Trueman apunta que no todo lo sugerido por los teóricos críticos era en sí mismo errado, encontrándose entre sus análisis críticas acertadas como la tendencia de la sociedad moderna a tratar a las personas como cosas, lo que también se llama “cosificación”.
“Las burocracias lo hacen”, explica, “los empleadores que consideran a sus empleados como intercambiables lo hacen… De forma más sutil, las prácticas de la Revolución sexual que convierten el sexo en una recreación y a las parejas sexuales en meros instrumentos de satisfacción personal, [también] lo hace”.
Preguntado por algunos de los hitos centrales que han configurado un mundo marcado en buena parte por la teoría crítica, menciona “la tendencia a priorizar los sentimientos como determinantes de nuestra identidad como seres humanos”. A esto agrega una tendencia en la que, conforme la naturaleza humana “se psicologiza”, la política también se desplaza desde las preocupaciones económicas a las psicológicas.

Destruir la familia para destruir el capital

Pero el de la Revolución sexual es sin duda uno de los que mayor trascendencia han tenido en la configuración del presente. Para Trueman, sus orígenes se encontrarían en una Escuela de Frankfurt que se apropió de la idea de Freud de que los códigos sexuales son constitutivos de la sociedad.
Más tarde aportó un “giro marxista” a la cuestión, argumentando que esos códigos sexuales específicos “sustentaban formas específicas de sociedad y las formas particulares de opresión de las que dependían esas sociedades”.
El relato de la dialéctica estaba servido, abriendo así el camino para situar los códigos sexuales en el centro del debate político: “Para derrocar el capitalismo era necesario romper con esos códigos de matrimonios monógamos y heterosexuales como base de la familia nuclear, de los que dependía.

Los cristianos no deben desecharla a la ligera

La importancia de la teoría crítica y sus derivadas es tan destacada en el presente que los cristianos, según Trueman, cometerían un error al ignorarlo o rechazar de base toda crítica o argumento sin un análisis previo.
De este modo, explica que, si bien los postulados de Arrio eran incompatibles de la Iglesia, esta salió reforzada al responder preguntas planteadas durante el cisma como la relación entre el Padre y el Hijo.
“Algo similar ocurre con la teoría crítica, a la que los cristianos deben acercarse mejor porque plantea buenas preguntas que requieren respuestas cuidadosas y proporciona respuestas cuyas debilidades y problemas nos permiten encontrar otras más adecuadas. Atacar (o abrazar) la teoría crítica sin entenderla adecuadamente es desastroso por numerosas razones. Quizá la más obvia es que ese compromiso equivocado nos impide ofrecer una alternativa mejor”, comenta.

El cristianismo tiene mejores respuestas: debe ofrecerlas

Para Trueman, si los cristianos no pueden permitirse la derrota ni la ignorancia por parte de la teoría crítica, enfrentarla y refutar sus principios es la única salida posible.
Para ello, concluye llamando a los cristianos a acudir a las fuentes en su contexto, ser valientes como para reconocer la legitimidad de algunas de las preguntas que plantean sus ideólogos y, al mismo tiempo, no dejarse intimidar por ello.
“Cuando se trata de las preocupaciones centrales del significado del ser humano o de cómo deberían tratarse los humanos y por qué no lo hacen, el cristianismo tiene mejores respuestas. Demostrar la legitimidad de las preguntas de la teoría crítica debe ir acompañado de mostrar la insuficiencia de sus propuestas y ofrecer alternativas más adecuadas”, concluye el escritor.


¿Por qué necesitamos una Nueva Teoría Crítica formulada a partir de fundamentos cristianos de forma parecida, pero no mimética, a como la teoría crítica inicial se basa, sobre todo, en Marx, Freud y Hegel?

Pues porque en el mundo actual solo hay tres grandes destinos para el hombre. Uno, en declive y crisis, configurado por la cultura desvinculada que es hoy hegemónica en la mayor parte de Occidente. El gran Imperio de Oriente, que se forja en torno al estado inicialmente comunista, una visión adaptada del confucionismo y la tecnocracia, cuyo resultado es el éxito abrumador de China, y la alternativa ecuménica -que no globalizadora- que significa la concepción cristiana del ser humano, de su destino y del mundo. Es la única capaz de generar hoy una paz universal.
Y esta visión cristiana se ha de expresar en el orden secular mediante una Nueva Teoría Crítica, porque surge de su realidad, que es la de ser disidencia y alternativa a aquellos dos grandes Imperios.


La que conocemos como Teoría Crítica, o Teoría de la Crítica o Escuela de Frankfurt, es un enfoque filosófico y sociológico desarrollado principalmente por un grupo de intelectuales alemanes a fines de la década de 1920 y durante la década de 1930. La teoría se originó en el Instituto de Investigación Social en Frankfurt, Alemania, y fue influenciada por el marxismo y el psicoanálisis. Tenía como algunos de sus representantes más destacados a intelectuales como son: Theodor Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse y Jürgen Habermas entre otros.
La Teoría Crítica buscaba comprender y analizar las estructuras y dinámicas sociales y culturales con el objetivo de desentrañar las formas de dominación y opresión presentes en la sociedad contemporánea. Su enfoque crítico se dirige hacia el examen de las relaciones de poder, la alienación y la explotación que existen en las sociedades capitalistas.

Uno de los conceptos centrales en la Teoría Crítica es la idea de «razón instrumental» o «razón instrumentalizada», que se refiere al uso de la razón y la ciencia para el control y la manipulación de la naturaleza y la sociedad. Los teóricos críticos argumentan que esta forma de razón ha llevado a la creación de una sociedad tecnocrática y burocrática que aliena a los individuos y perpetúa la desigualdad y la dominación. Y en este punto hay una convergencia más que notable, porque precisamente es esa razón instrumental, surgida de la Ilustración, la que está en la raíz de la Sociedad Desvinculada Occidental.

Y este enfoque, que no sus fundamentos analíticos, es exactamente el mismo que necesitamos hacer ahora desde el juicio de la razón cristiana.
La Teoría Crítica se interesa por la cultura y la ideología, examinando cómo los medios de comunicación, las instituciones educativas y otras formas de producción cultural influyen en la forma en que pensamos y actuamos. Los teóricos críticos también exploran las contradicciones y tensiones dentro del capitalismo y la cultura de masas, y abogan por formas de emancipación y transformación social. Y este enfoque, que no sus fundamentos analíticos, es exactamente el mismo que necesitamos hacer ahora desde el juicio de la razón cristiana.

También hemos de partir de un enfoque multidisciplinario que busca analizar y cuestionar las estructuras sociales y culturales existentes con el fin de fomentar la liberación de las estructuras de pecado y la transformación hacia una sociedad más justa, solidaria y equitativa, que surgiendo del Evangelio se concreta en fundamentos y fines establecidos por el cristianismo social; la doctrina social de la Iglesia.

Iniciar la Nueva Teoría Crítica

Para llevar a cabo esta tarea necesitamos aquel trabajo pluridisciplinar y compartido, y una cierta hoja de ruta, un guion, que nos permite un trabajo común, un avance más o menos organizado.

Sirvan estas notas para progresar en este sentido.

Es necesario abordar un relato histórico que nos explique cómo hemos llegado hasta la situación actual. Cómo la razón instrumental substituyó a la razón objetiva cristiana, en nombre precisamente de la razón y la liberación, y cómo su evolución ha devorado a la razón ilustrada por la propia lógica interna del subjetivismo instrumental, hacia alcanzar el emotivismo más exagerado que culmina con el poder del deseo sin límites ni cauces, y de las emociones hasta la construcción del victimismo como máxima expresión del poder, dando lugar a la cultura de la desvinculación, las grandes rupturas y sus consecuencias: las continuas crisis ramificadas que no encuentran solución.

En este relato histórico es necesario:

1- Identificar y describir los periodos de ruptura del inicial orden objetivo cristiano.
2- Las grandes rupturas y cómo estas se entrelazan con grandes crisis concretas, construyendo un rizoma que va asfixiando la vida social de Occidente, y especialmente de Europa.
3- Cómo recuperar, en términos actuales, el orden objetivo perdido, y cuáles son los autores y obras de referencia y por qué son ellos y no otros, siempre a partir del razonamiento práctico guiado por el Evangelio. Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, y las lecturas actualizadas desde MacIntyre, y enfoques concretos de Charles Taylor, y muy específicos sobre las relaciones entre secularidad y religión de Habermas, el liberalismo perfeccionista de Raz, determinados enfoques de la Ortodoxia Radical y, porque no, una valoración crítica de Maritain, y una reflexión en torno de la aportación de Teilhard de Chardin.

En todo caso, y que quede claro, estas referencias, salvando las tres primeras, no persiguen establecer unilateralmente ningún canon, sino formular concreciones sugerentes abiertas a la reflexión y la conversación.
En una próxima editorial buscaremos desarrollar más este guion de una Nueva Teoría Crítica, para ofrecer un proyecto más concreto que, a ser posible, se alimente del diálogo con toda la comunidad de lectores de Forum Libertas.

Es necesario abordar un relato histórico 
que nos explique cómo hemos llegado 
hasta la situación actual. 
Cómo la razón instrumental substituyó 
a la razón objetiva cristiana, 
en nombre precisamente de la razón y la liberación.


Apuntábamos, que para ello “es necesario abordar un relato histórico que nos explique cómo hemos llegado hasta la situación actual. Cómo la razón instrumental substituyó a la razón objetiva cristiana, en nombre precisamente de la razón y la liberación”, y ha ido socavando la sociedad y destruyendo el sentido del Hombre, de la vida humana y de su presencia y destino en el mundo, y que todo esto requería identificar y describir los periodos de ruptura del inicial orden objetivo cristiano, definir sus consecuencias; esto es, las grandes rupturas y crisis concretas a las que dan lugar, y finalmente cómo recuperar en términos actuales el orden objetivo destruido.

Arranquemos de una afirmación:

El orden objetivo Occidental, que se transforma en un alcance global, surge de la articulación que lleva a cabo el cristianismo, entre la concepción bíblica y el pensamiento greco-latino, y tiene su fundamento primigenio en la concepción aristotélico–tomista, que demuestra su capacidad de superar la primera gran crisis del pensamiento del cristianismo latino, que podía haber dado al traste con la formación inicial de Europea y la cristiandad, a causa del conflicto que provoca la recuperación de la filosofía aristotélica en la teología agustiniana hegemónica en el siglo XI.
En su discurrir posterior podemos encontrar distintas fases, marcadas por rupturas revolucionarias, como las que señala Jacques Barzum en “Del Amanecer a la decadencia: 500 años de vida cultural de Occidente del 1500 a nuestros días”, que nos ayuda a entender la dinámica histórica.

La primera es la revolución religiosa de Lutero, que trata de qué creer o, mejor dicho, de cómo creer y abarca el periodo que transcurre desde el 1500, el inicio de lo que se llama edad moderna, hasta 1660. Ahí la cuestión no radica en la existencia de Dios, como remarca Charles Taylor, sino la mejor manera, la más fiel al mandato de Jesucristo de llegar a hasta Él. Introduce dos fracturas que se ensancharían con el paso del tiempo. La interpretación individual de la Biblia, que inicia la transformación del subjetivismo y su razón instrumental en lo que terminará substituyendo a la razón objetiva cristiana, y rompe hasta extremos de terrible radicalidad – las guerras de religión- la unidad de la cristiandad. Naturalmente, se mezclan con otros intereses de orden estrictamente temporal, de poder, pero el motor es aquel.

Sobre esta ruptura y bajo el motivo de resolverla, se produce la segunda revolución que abordan el estatus del individuo y la forma de gobierno que da lugar al comienzo de la formación de los estados modernos, que consuman la ruptura de la unidad que significaba la cristiandad, y dan lugar a la formación de las grandes monarquías absolutas entre 1661 a 1789. Pero se produce la reacción ante ellas.

La Revolución Francesa y la Ilustración, la gran ruptura, son sus máximos exponentes y dan lugar a las revoluciones liberales (1848) y las vías para alcanzar la igualdad social y económica y comprende desde 1790 a 1920 y el surgimiento de la modernidad.
Ahora estaríamos viviendo una nueva revolución marcada por la acumulación de todas las anteriores con la primacía de la nueva revolución antropológica
La última llegaría hasta finales del siglo XX, y ahora estaríamos viviendo una nueva revolución marcada por la acumulación de todas las anteriores con la primacía de la nueva revolución antropológica que une la dimensión intelectual y moral de la misma con la científica y tecnológica, todo ello presidido por la aceleración de la innovación científica y técnica.
Todo esto podríamos enmarcarlo en la concepción Macinteriana de fundamento aristotélico-tomista, que señala la grave afectación de nuestra época: la de su crisis moral y la incapacidad para reconocerla, que se inicia en la concepción ilustrada, con una Academia, que forjada en el periodo posterior aquella, surge durante la propia crisis moral y la asume como un estadio normal.

Podríamos añadir dos autores y sendos libros más, que nos ayudan en la interpretación: Charles Taylor y su “Fuentes del Yo, La construcción de la identidad moderna”, y particularmente útil como taxonomía de las reacciones al principal vástago de la Ilustración, la modernidad y el liberalismo, la obra de Carlos Granés “El puño invisible”.
Los cuatro libros señalados abordan el tema de la identidad, la moral y la cultura en el contexto de la modernidad y sus crisis.
Cada uno de ellos ofrece una perspectiva diferente, pero también poseen puntos de contacto, y estos son los que es necesario profundizar y articular, sobre los problemas y desafíos que plantea la vida humana en un mundo cambiante, diverso y conflictivo.

Jacques Barzun

Jacques Barzun, en su “Del Amanecer a la decadencia: 500 años de vida cultural de Occidente”, construye una monumental historia cultural de Occidente desde el Renacimiento hasta el siglo XX. El autor, un historiador francés radicado en Estados Unidos, analiza los principales acontecimientos, ideas, movimientos y personajes que han configurado la civilización occidental, con sus logros y sus fracasos, sus avances y sus retrocesos, sus luces y sus sombras.
Barzun sostiene que Occidente se encuentra en una fase de decadencia marcada por el relativismo, el escepticismo, el nihilismo y el cansancio cultural. Sin embargo, no se trata de un pesimismo fatalista, sino de una invitación a reflexionar sobre los valores y las tradiciones que han hecho grande a Occidente y que pueden servir de guía para su renovación.

Charles TaylorCharles Taylor

Charles Taylor es un reconocido filósofo canadiense que ha trabajado el tema de la identidad en el mundo moderno. En “Las Fuentes del Yo” Taylor explora las fuentes, originarias de nuestra cultura, sus concepciones morales que definen lo que significa ser una persona y vivir una vida buena. Taylor argumenta que la identidad moderna se ha construido a partir de tres fuentes principales: la razón, la naturaleza y la moralidad. Sin embargo, estas fuentes se han fragmentado y debilitado por el proceso de secularización y el individualismo. Taylor propone recuperar una visión más integral y dialogal del yo, que reconozca la importancia de las tradiciones culturales, las comunidades políticas y las aspiraciones espirituales.

Alasdair MacIntyreAlasdair MacIntyre

Alasdair MacIntyre es un filósofo escocés afincado en Estados Unidos, que en “Tras la Virtud”, a la que podríamos añadir otras obras suyas esenciales, crítica global e integralmente el discurso moral moderno. MacIntyre afirma que la moral moderna está en grave desorden, porque ha perdido el sentido de la teleología, es decir, de la finalidad o el propósito de la vida humana. MacIntyre defiende una ética de las virtudes, inspirada en Aristóteles y en la tradición cristiana medieval, que entiende la moral como una práctica social basada en el cultivo del carácter y la búsqueda del bien común. MacIntyre sostiene que solo así se puede construir una moral realmente capaz de movilizar a los individuos de nuestras atomizadas sociedades actuales en torno a un proyecto común.

Carlos GranésCarlos Granés

Finalmente, Carlos Granés, antropólogo colombiano, traza en “El puño invisible”, una historia cultural del fenómeno de las vanguardias artísticas y su impacto social. Desde el futurismo hasta los movimientos sociales que recorren el resto del siglo XX, pasando por el dadaísmo, el surrealismo, el situacionismo y el sesentaochismo, entre otros. Muestra cómo las vanguardias han sido una forma de revolución cultural que han buscado alterar las mentes, las costumbres, los valores y la forma de vivir de las personas y no dejan de ser una reacción al malestar de la modernidad. Afirma que las vanguardias han tenido un destino paradójico: aunque han fracasado en sus utopías políticas o estéticas, han logrado imponerse y ganar adeptos en una sociedad cada vez más ávida de experiencias fuertes, espectáculos emocionantes, aventuras transgresoras y actitudes rebeldes. De hecho, el siglo XXI es un receptor caótico y contradictorio de todas ellas.

Como un primer esbozo de lo que debe ser el desarrollo de este planteamiento articulado, se pueden establecer como grandes líneas de fuerza que pueden tener en común estos distintos textos: 
  1. Una visión crítica de la modernidad y sus crisis.
  2. Una búsqueda de sentido y orientación para la vida humana.
  3. Una valoración de la cultura como un ámbito fundamental para expresar y transformar la realidad.
  4. Una reflexión sobre el papel del arte y la creatividad en la sociedad.

Ni tan siquiera le han puesto nombre, ni lo han fechado. No hay especial conciencia del cambio radical de época. Podríamos referirnos a él como la gran crisis antropológica, pero nos quedamos con la concepción ya sistemáticamente construida de la Sociedad Desvinculada.

Las líneas de fuerza que deberíamos atender a partir de lo hasta aquí escrito, sería:

Establecer una teoría crítica de la modernidad, sus rupturas y crisis, dar respuesta a la búsqueda de sentido y orientación para la vida humana, efectuar una valoración de la cultura como un ámbito fundamental para expresar y transformar la realidad; esto es concretar, la alternativa cultural ante la cultura mainstream vigente, basada en el individualismo hedonista y narciso, el imperio de la satisfacción del deseo, el autoodio de la cultura woke y la ideología de género, enmarcados en lo económico, por la economía de las grandes corporaciones, por una parte, y la recuperación de una cierta idolatría de estado, como proveedor de todas las necesidades humanas. Finalmente, debería abordar una reflexión sobre el papel de la fe cristiana y de la Iglesia ante esta situación.

Comencemos con una referencia.

En “UnHerd, Paul Kingsnorth da un pronóstico sombrío para la civilización occidental. Desde la Ilustración, Occidente es hoy un «mundo inestable», donde «la noción de que Occidente está declinando, colapsando, muriendo o incluso suicidándose está llegando a un crescendo». Muchos proponen apuntalar las cosas, pero Kingsnorth considera estos esfuerzos como superficiales. «Los pollos de la modernidad, que Occidente creó y exportó, han vuelto a casa para descansar, y todos estamos cada vez más cubiertos de su guano». Nuestro mundo post-humano, post-natural, post-verdad, post-cristiano ha sucumbido a la tentación de la serpiente. En un mundo así, Kingsnorth pregunta: ¿Qué hay que conservar? Su respuesta aleccionadora es: «Nada». «Tenemos que cavar hasta los cimientos» y, sobre todo, orar.” Esto escribe Peter J. Leithart, presidente del Instituto Theopolis en “First Things”.
Creo, que la pregunta es pertinente porque obliga a una reflexión necesaria, pero sobre todo lo que necesitamos es establecer lo que queremos construir ahora, en este mundo, y el camino para lograrlo.

En el mismo texto que hemos citado antes, Leithart sostiene un punto de vista que debemos retener:

“A lo largo de su historia, la iglesia ha seguido la trayectoria espiritual establecida por Hechos. Ella lucha por seguir el ritmo de sus soñadores y visionarios salvajes: sus Constantines y Carlomagnos y Alfredos, sus Gregories y Patricks y Benedicts y Francises, sus Thomases y Luthers, sus Wesleys y Hudson Taylors. Guiado por el Espíritu de Pentecostés, el cristianismo no es ni revolucionario ni conservador, sino tampoco antirrevolucionario ni anticonservador. Es algo diferente, lo suficientemente flexible, lo suficientemente vivo, lo suficientemente espiritual como para recuperar lo que se puede recuperar e innovar cuando nada se puede recuperar. Por el Espíritu Pentecostal, la iglesia es, como nuestro Dios, siempre vieja, siempre nueva”.
Podemos discrepar sobre alguna de sus referencias nominales, pero como conjunto la música que arranca de Pentecostés es la adecuada.

Hemos de asumir que vivimos en una época decadente, y que no hemos de atar a ella ni a la Iglesia, ni al cristianismo. La decadencia no solo se percibe por su crisis moral (MacIntyre), y lo que ello entraña en relación de disponer de instituciones capaces de identificar y buscar correctamente el bien y la justicia, y donde lo necesario impere sobre lo superfluo, sino que también porque desde otras perspectivas se percibe el declive.
Siguiendo a Barzum, podemos codificar las señales del tiempo que nos indican el crepúsculo de esta cultura Occidental, la de la sociedad desvinculada. Se trata de que estamos viviendo el fin de algo, de una época, un descenso, una caída.
En primer lugar, la conciencia de que existe la inquietud por el futuro en no ver líneas de avance claras, la percepción de que se pierden posibilidades, lo que parece ser el agotamiento de formas de arte y de la vida.

El uso repetido de prefijos peyorativos anti y post y la promesa o necesidad de reinventar esta o aquella institución

Las instituciones funcionan a duras penas, existe un sentimiento de frustración que a veces es insoportable, el cansancio de las grandes fuerzas históricas, la búsqueda en todas direcciones de una nueva fe o de muchas, la idea de que los viejos ideales resultan gastados o inservibles, la aparición de nuevas luchas fragmentadas en defensa del aborto, contra el calentamiento global, para salvar la explotación de la naturaleza para promover el consumo de alimentos ecológicos, mágicos o veganos, la desconfianza en la ciencia y la tecnología a la vez que su aceptación plena en la vida práctica, el hecho de que toda medida de gobierno encuentra oposición en múltiples grupos organizados e improvisados, que aducen buenas raciones de razones contrarias, una atmósfera flotante de hostilidad hacia las cosas tal y como están y el uso repetido de prefijos peyorativos anti y post y la promesa o necesidad de reinventar esta o aquella institución.

De ahí la importancia de no confundirnos. De saber que la Iglesia no participa de esta decadencia, aunque una parte de sus hombres y mujeres puedan estar lógicamente contaminados, por ella atraviesa la historia y no es esclava de ella. De ahí también la referencia necesaria al rehacer y renacer que surge del Pentecostés eterna.
El encadenamiento que surge a partir de la Ilustración, y sus sucesivas revoluciones liberales, que dan lugar a la modernidad, y la pléyade de reacciones culturales, el sin fin de vanguardias y políticas que genera, desde el intento de construir a sangre y fuego un nuevo orden objetivo que abjura de toda metafísica, con el marxismo, hasta el súmmum de la revolución modernista y futurista en el plano político, el fascismo, que culmina con los treinta años de gran destrucción de la cultura europea 1914-1945, a los que les siguen los “treinta gloriosos” que tocan a su fin con las revueltas del mayo de 68.

Su evolución convertida en postmodernidad, que inicia la destrucción del gran relato ilustrado y su razón instrumental, y que culmina en el tiempo actual, que ya no es postmoderno -poco ha durado- porque si bien mantiene vivo el discurso del imperio del deseo, ya no lo quiere libre, porque impone nuevos grandes relatos como verdades incuestionables.
En ellos ya no es cierto, la máxima posmoderna de que no hay verdades, sino puntos de vista, porque ahora la gran verdad dogmática es la que formula la ideología de género y su feminismo y en paralelo, sus identidades LGBTIQ(+), como sendas interpretaciones opuestas, como sucedía en el marxismo con el leninismo y el trotskismo, a las que solo le une la culpabilización del hombre heterosexual.

Y a su lado, la ideología woke una evolución agresiva del autoodio occidental de algunas vanguardias surgidas a partir de los años cincuenta del siglo pasado.

Vivimos bajo un nuevo dogmatismo represivo y censurador, y esto es así porque en una buena parte de Occidente, empezando por España, el feminismo de la culpabilización del hombre y su revolución ha triunfado, son establishment, son poder, o están a punto de serlo, flanqueado por el triunfo del homosexualismo político.

Aquel feminismo, el de la condena completa del hombre, no están en el combate del espíritu contra la carne, no presumen de ningún puritanismo; todo lo contrario, juegan al empoderamiento sexual de la mujer. Su obsesión es la igualdad, no la castidad. Y al mismo tiempo que persiguen esta exaltación sexual y el imperio del deseo, donde el amor desaparece substituido por la concupiscencia, quieren que todo esto sea compatible, con el más escrupuloso respeto en estas relaciones.
No le dicen al hombre, “respeta”, una virtud básica en las relaciones humanas, sino “haz lo que desees si ella consiente”. El fracaso es espectacular. Nunca como ahora se había producido tanta violencia sexual y a edades más tempranas.
¿Cómo se llama este nuevo tiempo que sucede a la postmodernidad, que la hereda y a la vez rectifica?
Ni tan siquiera le han puesto nombre, ni lo han fechado. No hay especial conciencia del cambio radical de época. Podríamos referirnos a él como la gran crisis antropológica, pero nos quedamos con la concepción ya sistemáticamente construida de la Sociedad Desvinculada.



La cultura de la sociedad actual, sucesora de la breve postmodernidad que ha destruido la razón ilustrada, es la de la desvinculación.
Vivimos en la sociedad desvinculada que se caracteriza por haber convertido en hegemónica y constituir en razón política el principio fundamental de que la realización humana radica en la satisfacción de las pulsiones del deseo, sin cauces ni límites previos que la objetiven y permitan la existencia de otras causas.
La satisfacción del deseo significa el absolutismo del principio de autodeterminación humana. No existe ningún valor, afirmación religiosa, tradición, razón cultural, costumbre, ley, deber, compromiso o consecuencia que pueda impedirla, y si existe ha de ser cancelado o modificado.

En el siglo XXI se ha transformado en razón política

Este principio emergió culturalmente en el “Mayo 68” como datación simbólica, en el ámbito de la antropología y de las relaciones humanas y se extendió en los ochenta al ámbito económico, con las desregulaciones. En el siglo XXI se ha transformado en razón política.
El aborto, no como mal menor como era considerado, sino como derecho de la mujer (atención, un derecho que se basa en la muerte del ser humano engendrado), y la ley trans española son dos ejemplos paradigmáticos de este imperativo del deseo transformado en principio político.

Las grandes rupturas. La policrisis rizomática

La necesidad de reconstruir. Qué hay que salvar de nuestro tiempo

La desvinculación significa la ruptura o supeditación de todo vínculo y de sus fines, y esto, como es lógico, da lugar a unas grandes rupturas generadoras de una sucesión de crisis interminables, que se articulan unas con otras dando lugar a una fase de nuestra sociedad caracterizada por la policrisis rizomática por la forma cómo se entrelazan y refuerzan unas a otras.

Las principales rupturas que fundamentan la cultura de la desvinculación pueden conceptuarse así:

Ruptura con Dios y su cancelación pública

La ruptura con Dios y su cancelación pública, base de todas las demás y la reducción de la relación con él y como máximo, a una cuestión íntima basada en la más absoluta subjetividad. Es lógico, el Dios cristiano, la fe que proclama Jesucristo, es un marco de razón objetiva, incompatible con todos los principios de la desvinculación.

Ruptura moral

La ruptura moral, anunciada en 1984 por Alasdair MacIntyre en “Tras la Virtud”, significa la incapacidad social e institucional para identificar con claridad el bien y por consiguiente el bien común, discernir lo que es justo y diferenciar, y actuar en tal sentido, lo superfluo de lo necesario.

Ruptura con la naturaleza y concepción humana

La ruptura con la naturaleza y concepción humana, en el plano de las ideas y el de sus aplicaciones jurídicas y científicas. El tiempo desvinculado es el de la gran ruptura antropológica que también amenaza a la Iglesia, y que es tan fuerte y peligrosa como en su tiempo fue la herejía agnóstica, y todavía más la arriana. La perspectiva de género es una de las ideologías dominantes en este ámbito.

Ruptura cultural y la emergencia educativa

La ruptura cultural y la emergencia educativa. La tradición ha sido proscrita, las fuentes culturales cegadas. Solo se concibe la cultura como transgresión, como vanguardias sin canon, lo cual da una idea del desorden que impera y eso si el imperialismo del mercado es arte, todo aquello que el mercado reconoce como tal y paga por ello, de ahí una de las enésimas contradicciones de la desvinculación, en el reino del subjetivismo más desatado, lo que importa en el arte no es la belleza que podemos percibir, sino lo que dicta el prescriptor cultural.

En estas condiciones educar que significa “conducir” y, por tanto, disponer de un horizonte de sentido común, formar el carácter de acuerdo con las virtudes que la comunidad valora, resulta cada vez más imposible. Se confunde por parte de los propios legisladores la educación con dos extremos:
  • El adoctrinamiento ideológico en la ideología de género, que tiene en la incitación sexual uno de sus componentes básicos,
  • Y en el otro extremo, la especialización profesional de mercado.
Ruptura generacional

La ruptura generacional. Hiperprotegidos en su infancia son generacionalmente castigados depositando sobre sus espaldas pesadas losas que han creado las generaciones precedentes y recientes. Es la ruptura con la naturaleza, la explotación irracional de los recursos naturales, la contaminación del medio ambiente, la crisis del clima. Es la enorme deuda pública, la crisis en algunos países del sistema público de pensiones, la insuficiente natalidad fuente de graves problemas económicos, sociales, y culturales futuros. Es, incluso, el gasto público fuertemente decantado hacia las generaciones mayores.

Ruptura económica de la injusticia socialmente manifiesta

La ruptura económica de la injusticia socialmente manifiesta. Se combina la crítica a las elites, con los modelos de vida que hacen ostentación del lujo y la riqueza. El capitalismo financiero se desvincula, no ya de los trabajadores, sino de la propia empresa, las nuevas modalidades de trabajo basadas en una falsa idea de “libertad” reducen los derechos de los trabajadores convirtiéndolos en falsos autónomos. Todo esto se ve favorecido porque en el debate político, la cuestión del modo de producción y el cómo nos afecta, se ha visto substituido, enmascarado, por el debate sobre el modo de vida, basado en la politización de los comportamientos sexuales, que tiene como marco de referencia la perspectiva de género en sus vertientes del feminismo punitivo y las identidades LGBTIQ.

Ruptura política

La ruptura política: Se han deslegitimado las instituciones políticas por la partitocracia y la búsqueda de la polarización como fuente de poder. El liberalismo progresista y la izquierda de género, una vez alcanzado el poder, niegan todo derecho democrático a quienes se opone a ellas, descalificándolas políticamente. 

Todo ello genera desconfianza y un desinterés por la participación ciudadana, hasta darse una crisis de representación, una corrupción generalizada que no solo es política, sino de adulteración de los fines de las instituciones, y una ausencia de proyectos comunes. El mal del cortoplacismo, al haber convertido al ciudadano en simple consumidor de bienes que puede otorgar el estado, con el dinero de todos, sin derecho a sentirse en parte responsable del conjunto, da lugar a políticas cortoplacistas, que aun hacen más difícil resolver los problemas.

Todo ello se traduce en el desencadenante de crisis que se suceden y ramifican en un conjunto interminable.

La última desplaza a la anterior en la atención pública, pero todas siguen bien vivas y activas, y están deteriorando de manera muy grave a Europa, de manera particular a España, y someten a un conflicto de alta intensidad a la sociedad de Estados Unidos.

La necesidad de reconstruir. Qué hay que salvar de nuestro tiempo

El desastre de la sociedad desvinculada requiere una respuesta pronta y grande, o su consecuencia será la progresiva destrucción de la cultura Occidental, que afectará también a la Iglesia, o al menos a un núcleo tan importante como el europeo. De hecho, ya lo está haciendo, como muestra el sínodo alemán, y las tensiones que existen en o con Roma.

Desarrollar esta respuesta es la gran tarea y lo que ahora exponemos es un pequeño e incompleto esbozo, un apunte sugeridor más que otra cosa.

Se trata de reconstruir y fortalecer nuestras comunidades, la familia, la propia Iglesia y sus comunidades eclesiales, organizaciones y movimientos. Comunidades de memoria, vida, acción, trabajo y proyecto, que asumen su tradición, sus acuerdos fundamentales, reconocer las virtudes necesarias y tener capacidad de trasmitirlas, que refuerzan la fuerza de los vínculos del amor, del compromiso y del deber, que recuperan el sentido moral y con la capacidad de discernir el bien común, la justicia y la prioridad de lo necesario sobre lo superfluo.

Que identifican las causas de las crisis en las rupturas y actúan para repararlas.

Que recuperan las fuentes culturales, asumen una ecología integral que tiene en su centro la ecología humana, que ejercita el diálogo entre fe y razón desde la igualdad de los planos en el debate colectivo, que no confunde el estado laico, aconfesional, con el laicismo y el ateísmo práctico de estado.

Y todo ello actuando en tres planos:

En el de la fe basado en la conversión permanente, el sentido de pertenencia a la Iglesia, la asunción real y práctica de la evangelización y la tarea ahora para extender el Reino de Dios.
En el de la cultura, construyendo en todos los ámbitos la alternativa cultural cristiana a la cultura de la desvinculación.
Y el siempre olvidado ámbito de la política, saliendo de la marginalidad, abandonado la acomodación, construyendo un movimiento cristiano que decida trabajar para la transformación social y la promoción de los valores cristianos en todos los ámbitos de la vida y en todos los sectores y grupos de la sociedad.

Un movimiento que llama a la unión y al compromiso de todos los cristianos de fe y de cultura.

Es también un llamamiento para unir los esfuerzos individuales y colectivos de todas las personas que, con independencia de sus creencias religiosas o carencia de estas, se identifican con sus objetivos y los valores que los inspiran y tiene como eje vertebrador las aplicaciones de la Doctrina Social de la Iglesia.

Promueve mediante actuaciones concretas la modificación de las estructuras sociales y políticas para hacer efectivos los principios sociales cristianos.

Un movimiento, interlocutor de los partidos, que trabaja para lograr presencia y apoyo social; dialoga a nivel personal con sus miembros; reclamando que se posicionen en temas importantes; proponiendo políticas e iniciativas transversales, formas de amistad cívica entre políticos de diferentes partidos hasta la formación de grupos de diálogo y acción política (sin excluir la intervención directa, colectiva y organizad en el ámbito electoral, cuando sea necesaria).




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