En 1863, Jules Verne escribió París en el siglo XX, una novela que su editor rechazó por considerarla demasiado pesimista y peligrosa para su carrera. El manuscrito permaneció oculto hasta 1994, cuando sorprendió al mundo por la extraordinaria precisión con la que imaginó tecnologías y problemas de la sociedad moderna.
París en el siglo XX es una novela escrita por Julio Verne que fue publicada por primera vez en francés en 1994. Es considerada como la «novela perdida» de Julio Verne, ya que fue escrita en 1863 y se mantuvo oculta durante más de ciento treinta años. El manuscrito que sirvió de base a la novela fue completado ese mismo año y después fue olvidado en una caja fuerte hasta que fue descubierto en 1989 por Jean Verne, bisnieto de Julio Verne.
El editor de Verne se negó a publicar el manuscrito, poco después del gran éxito obtenido por la primera novela del escritor francés, Cinco semanas en globo. Pierre-Jules Hetzel le explica sus razones a Verne en una carta que se estima fue escrita a finales de 1863 o principios de 1864, donde le dice que nadie leería una novela tan pesimista y le afirma que la publicación de dicho texto podría constituir un verdadero desastre para la reputación de Verne como escritor.
Ha emprendido usted una tarea imposible y —como sus predecesores en cosas análogas— tampoco ha conseguido llevarla a buen fin. Está cien pies por debajo de Cinco semanas en Globo. Si la vuelve a leer estará de acuerdo conmigo. Es periodismo barato y sobre un tema nada afortunado.
No esperaba una cosa perfecta; le vuelvo a decir que sabía que estaba intentando algo imposible, pero esperaba algo mejor. Aquí no hay resuelta ninguna cuestión de futuro serio, ninguna crítica que no parezca una caricatura ya hecha y rehecha, y si algo me asombra es que haya podido usted hacer, como en un arrebato y empujado por algún dios, algo tan penoso, tan poco vivo...(...) No está usted maduro para un libro así, vuelva a intentarlo dentro de veinte años.
Carta de Hetzel a Verne
Nadie pudo imaginar que el llamado «padre de la ciencia ficción» reaparecería más de cien años después, provocando un gran revuelo entre los estudiosos de su obra. Esta novela, autentificada como una de las primeras escritas por Verne, adquirió gran significación para los literatos, así como para la reputación de Verne ante el lector tradicional. La nueva publicación desmiente la conocida imagen de Verne como «apóstol del progreso científico».
El principio de la historia se ubica en París, exactamente el día 13 de agosto de 1960. Ese día, la «Corporación Nacional de Crédito Instruccional» —una moderna versión del viejo Ministerio de Educación creado en 1837 — celebra su ceremonia anual en la cual se premian los logros académicos alcanzados por los jóvenes graduados franceses. En ediciones anteriores, el gran porcentaje de los estudiantes premiados procedían de disciplinas tales como Matemáticas, Economía, Ingeniería o Ciencias Naturales. La excepción de la regla en el certamen de 1960 resulta ser Michel Jérôme Dufrénoy, un joven estudiante de Literatura, que trata de incursionar ambiciosamente en los terrenos de la poesía y la dramaturgia. Cuando Michel sube al podio a recibir su premio, es abucheado y recibido con numerosos insultos y sarcasmos. Es obvio que Michel es juzgado como un extraño en este mundo de los años sesenta previsto por Verne, que está dominado por el dinero y la ciencia.
París en el siglo XX refleja la amarga experiencia de Michel Dufrenoy en una sociedad masificada, hipertecnificada y estatista, donde los números han vencido a las letras; el latín y el griego han sido borrados de los programas educativos y los árboles se sacrifican para hacer pasta de papel.
Su personaje Michel atraviesa el París de 1960, dominado por funcionarios, tecnócratas y banqueros. Penetra en una librería que es una gran superficie y pide la obra completa de Víctor Hugo. No saben quién es. Ni tampoco Balzac, Musset o Lamartine. Sólo tienen libros técnicos y poesía científica. La gente no aprecia la música clásica. Padecen «la melodía de la selva virgen, pesada, imprecisa». La Ópera es la sucursal de la Bolsa: la gente charlotea, cierra negocios y le importa un comino la música.
El 15 de abril de 1961, Michel descubre la biblioteca de su tío Huguenin. Repleta de libros que ya nadie lee, se presenta como un Gran Ejército de las Letras. Michel intuye que debe haber costado mucho reunir tan bellas ediciones: «¡Al contrario!» -responde Huguenin-. «¡Todo el mundo se quiere desprender de ellas!» Le muestra las obras completas de Racine, Molière, Pascal, La Fontaine... «Estos grandes genios están fuera de juego», comenta. Son pura arqueología porque utilizan un lenguaje que la gente del siglo XX no es capaz de entender.
En el París de 1960, la literatura ya no transgrede. Está subvencionada y controlada per el Estado; un Gran Depósito Dramático hace «desaparecer la ruidosa sociedad de autores; los empleados del mismo cobraban su sueldo mensual, bastante elevado por cierto, y el Estado se embolsaba los ingresos». Escritores, intelectuales y artistas convertidos en burócratas. «Se acabaron los poetas bohemios, aquellos genios miserables que parecían protestar eternamente contra el orden establecido; ¿quién podía quejarse de una organización que mataba la personalidad de la gente y proporcionaba al público la cantidad de literatura a la medida de sus necesidades?» Los géneros están prefijados: alta comedia y comedia; vodevil; drama histórico y drama moderno; ópera y ópera cómica; revista, fantasías y temas oficiales. La tragedia está prohibida, existe también un mercado de chistes y frases ingeniosas.
Ni la electricidad, ni la presa del Sena que proporciona millones de kilovatios a París consuelan a Michel; constata que no queda un solo hombre de letras en la Academia. Camina por los bulevares de luminosidad cegadora. Su melancólico deambular finaliza en el cementerio de Père-Lachaise. Pasa ante las tumbas de Chopin y Gounod, «que vivieron y murieron por la música»; observa las de La Rochefoucauld y Musset; divisa un París de cien mil casas y el humo de las chimeneas de diez mil fábricas... El protagonista verniano maldice aquella sociedad y cae exánime sobre la nieve.
La idea del “hombre nuevo” y la deshumanización son claves para entender la violencia de los proyectos totalitarios y la importancia de la memoria histórica.
Para que la memoria histórica de un conflicto sociopolítico o de una experiencia totalitaria se convierta en una garantía de no repetición, es necesario comprender algunos conceptos que han servido para justificar la violencia política. Entre ellos destaca la noción del “hombre nuevo”, una de las ideas más influyentes y peligrosas de los proyectos revolucionarios del siglo XX.
Tomaré como referencia "El libro negro del comunismo" y una observación de François Furet, citada por Stéphane Courtois, según la cual “la Unión Soviética une la fuerza material con el mesianismo del hombre nuevo”. Esta afirmación revela que el proyecto soviético no buscaba únicamente transformar la economía o las instituciones. Su aspiración era más profunda: transformar la propia naturaleza humana.
El “hombre nuevo” representaba la promesa de un individuo liberado de sus antiguas lealtades, de la religión, de las tradiciones familiares y de cualquier identidad considerada incompatible con el proyecto socialista. La revolución no pretendía únicamente reorganizar la sociedad; aspiraba a crear un nuevo tipo de ser humano.
Sin embargo, la filosofía política del siglo XX mostró los riesgos de esta pretensión. Cuando una ideología cree poseer la definición correcta del ser humano, termina considerando defectuosos a quienes no encajan en ese modelo. La persona concreta deja de ser lo importante para convertirse en objeto de transformación. Allí comienza el tránsito de la propaganda hacia la dominación.
Courtois vincula esta idea con la eliminación de las llamadas “clases enemigas”. Un ejemplo revelador es la instrucción atribuida a Martin Latsis, dirigente de la Cheka: “No hacemos la guerra contra las personas en particular. Exterminamos a la burguesía como clase”. Desde su lenguaje, ¿quién es el burgués? ¿No es una persona?
La frase expresa muerte a lo esencialmente humano: la libertad, el amor, su distinción. Ya no importan los actos, las responsabilidades o las decisiones personales. Lo determinante es la categoría social a la que se pertenece o la que se le vincula. La identidad humana es sustituida por una clasificación ideológica.
Desde esta lógica, el asesinato político es contra grupos considerados incompatibles con la revolución, pero esto requiere la muerte concreta de la persona. El enemigo deja de ser sujeto con nombre para convertirse en una abstracción. Y cuando el adversario se convierte en una abstracción, su eliminación puede presentarse como una necesidad histórica: la emergencia del hombre nuevo.
En este contexto resulta significativa una afirmación de Héctor Rodríguez: “…no es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarla a la clase media y que después pretendan ser escuálidos”.
Más allá de la coyuntura política en la que fue pronunciada, la frase deja entrever una concepción particular de la relación entre ciudadanía y poder. El problema no sería la pobreza, sino la autonomía que podría surgir de su superación. La movilidad social deja de ser un objetivo para convertirse en una amenaza. El individuo debe permanecer dentro de los límites definidos por el proyecto político y no desarrollar una identidad independiente de él.
La eliminación de la persona cumple entonces una doble función. Por una parte, suprime a quien es considerado un obstáculo para el proyecto revolucionario. Por otra, destruye la posibilidad de transmitir valores, experiencias y formas de vida distintas a las definidas por el poder. No se elimina solamente a un individuo; se intenta impedir la continuidad de aquello que representa.
El asunto no es únicamente semántico. Las ideas terminan traduciéndose en prácticas concretas. Cuando determinadas concepciones de la humanidad se convierten en políticas de Estado, sus efectos se inscriben sobre los cuerpos, las familias y las comunidades.
Por ello resulta imposible no recordar a Daniel Queliz, joven de veinte años asesinado el 11 de abril de 2017 en Valencia durante las protestas. Daniel fue el único hijo Neils Queliz, quien, semanas más tarde queda viudo a causa del suicidio de su esposa quien no soportó el dolor de la muerte de su hijo.
La pregunta permanece abierta: ¿por qué en una manifestación civil las fuerzas encargadas del orden público portaban armas capaces de producir la muerte? ¿Error o diseño?
La muerte genera terror, pero también tiene consecuencias que trascienden a la víctima inmediata. Murió Daniel. Murió también su madre. Desaparecieron los hijos que nunca pudo tener y los nietos que sus padres jamás conocerán. La violencia política no elimina únicamente vidas presentes; también destruye futuros posibles.
Por ello la memoria histórica exige mirar más allá de las cifras. Cada joven asesinado representa una biografía interrumpida, una familia rota y una familia que no existirá. La eliminación en estos sistemas posee una dimensión generacional que con frecuencia permanece invisible.
En el fondo, la discusión remite a dos concepciones opuestas de la condición humana. La tradición democrática reconoce a la persona como un sujeto libre, dotado de dignidad propia y capaz de autodeterminar su destino. La lógica totalitaria, por el contrario, concibe al individuo como instrumento de un proyecto histórico superior, necesariamente obediente y sumiso a sus propósitos.
Por eso la naturaleza profunda de los proyectos totalitarios no consiste únicamente en controlar el poder político. Su aspiración última es moldear la vida humana de acuerdo con una visión ideológica determinada. El “hombre nuevo” pasa de ser una promesa emancipadora (propaganda) para convertirse en la negación de la persona concreta.
Las protestas venezolanas de 2014 y 2017, junto al movimiento comunitario del 2024 dejaron cientos de muertos, miles de detenidos y una generación marcada por la prisión política, el exilio y la persecución. Recordar a sus víctimas no es únicamente un ejercicio de memoria. Es una defensa de la persona humana frente a cualquier proyecto que pretenda decidir quién merece vivir, quién debe obedecer y quién puede ser sacrificado en nombre de una supuesta “redención colectiva”.
Por eso, el desafío venezolano no consiste únicamente en un cambio de régimen, sino en la reconstrucción de una sociedad profundamente herida. Como ocurrió en la Europa de la posguerra, la tarea no será solo reemplazar un gobierno, sino reconstruir instituciones, comunidades, memorias.
El hombre concreto disuelto en abstracciones se vuelve un peligro. Esa es la sensación que me ha provocado la lectura de la encíclica de León XIV. No he podido dejar de exclamar "la humanidad está jodida" con este tipo de rollo. Dios ha desaparecido de este texto, y al hombre, creado a su imagen y semejanza, se le ha desposeído de su carnalidad y de su alma. Y todo se lleva a cabo en nombre del 'diálogo' —'filosofema' neoidealista para uso libre de los irenistas del Vaticano—. He ahí las bases clave para construir una ideología sobre el pobrismo y el progresismo en el siglo XXI. El colmo. Provoca pavor un texto que apuesta por Tolkien y toca arrebato contra san Agustín y santo Tomás por defender la guerra justa. Por lo tanto, como dice mi amigo vallisoletano: "Tiene huevos la huevera"; sustituir a san Agustín y a santo Tomás por un escritor de literatura de evasión. Nunca pensé que el nivel de la Iglesia católica pudiera descender hasta la pobre imaginación retórica de un Tolkien.
Por cierto, la guerra justa es, sin duda alguna, algo más que un dogma de fe o una doctrina moral. Está en el inicio del Génesis y en el Apocalipsis. Es uno de los fundamentos del cristianismo. Es Dios el encargado de separar el bien del mal. Es Dios, después de librar duras batallas contra el diablo, el responsable de separar la luz del mundo de las tinieblas satánicas. El Antiguo Testamento, sí, es el principal aval de la guerra justa. Pero no entraré en discusiones teológicas. Prefiero quedarme en la religión explicada con sencillez. Jesucristo, o sea Dios, siempre habló claro y en corto, sin rigideces y para que todo el mundo entendiese su mensaje. Los dos grandes textos del cristianismo responden a ese espíritu divino: el Padrenuestro y el Credo. A la luz de esas dos grandes oraciones nadie dejará de observar que la encíclica de León XIV resulta larga, premiosa e ideológica. No se leen fácilmente más de 90 páginas y 224 citas. No transmite un mensaje claro para el pueblo cristiano, sino un fárrago de supuestas argumentaciones para dirigentes políticos de corte intervencionista.
Estamos ante un texto escrito con mucha dificultad, que carece de soltura y al que le falta la espontaneidad de quien tiene genuina fe. No agarra al toro por los cuernos. Esta encíclica no entra jamás de modo directo en los problemas —tampoco los aborda en círculos filosóficos—, sino que los 'nombra' para inmediatamente rehuirlos con rodeos tan retóricos como vacuos. La crítica a la IA es tan elemental que recuerda la 'crítica' romántica del siglo XIX a la ciencia... No creo que haya habido en la historia de la Iglesia católica muchas encíclicas tan gruesas, por decirlo suavemente, como la de León XIV. Incluso se pretende un recuento, o sea, se escribe un cuento, una nueva narrativa, sobre las encíclicas que vinieron después de la Rerum novarum, de León XIII.
Magnifica humanitas tiene un hilo directriz más ideológico que cristiano; enseña a conllevar los males del mundo con los dirigentes que los provocan. O sea, socialistas, comunistas y estatalistas aplaudirán a León XIV, seguidor disciplinado del argentino Francisco, quien se negó a participar en España en el quinto centenario de santa Teresa de Jesús y jamás criticó el kirchnerismo. Cuestiona, desde el principio hasta el final, las iniciativas de la sociedad civil, incluida la comunidad cristiana, dispuesta a no dejarse pisotear su libertad, la cristiana, por los estados: "En el pasado", dice León XIV, "eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente 'privado', y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común." Pareciera que León XIV prefiere a Putin y Xi Jinping a Elon Musk para dirigir el planeta digital y la IA... ¡Dios nos pille confesados!
Esta encíclica está más cerca de los estados que de los cristianos de base dispuestos a ganar la vida eterna con el ejercicio de su libertad. El irenismo de fondo con los dirigentes estatalistas del planeta va acompañado de una cierta displicencia hacia la sociedad... En fin, Magnífica humanidad tiene cierto parecido con el viaje programado de León XIV a España. El Papa estará en Madrid, Barcelona y en las dos islas principales de Canarias..., pero, desgraciadamente, no pasará por el Valle de los Caídos. ¿Será eso vivir en el mundo, como quería el obispo Sebastián, sin ser del mundo? ¿Quién lo sabe? No visitará la cruz más grande del mundo. Sí, León XIV cantará a los que cantan y viven del pobrismo y la inmigración ilegal y asaltan un día sí y otro también un lugar de culto sagrado como la basílica del Valle de los Caídos. Olvídense, amigos cristianos, del mensaje contenido en la pintada que hicieron al lado de la Conferencia Episcopal, el día que fue elegido papa:"¡León XIV, salva el Valle!".
Este Papa, sí, dará oxígeno a Sánchez y a Zapatero, y a todos los populismos que en el mundo existen, porque le da pavor orar ante la cruz más grande del mundo; la cruz que ideó un escultor republicano como símbolo de reconciliación entre los españoles: la Cruz del Valle de los Caídos. Cualquier abstracción le vale para no entrar en el terreno de la historia. Olvida la lección de san Agustín y de todos los grandes Padres de la Iglesia: la revelación divina no sólo se efectúa en este mundo sino que se prueba en él.
Por eso, el propio san Agustín condenó la guerra de conquista, pero siempre defendió la guerra defensiva. He ahí la base de la gran filosofía de la guerra justa, elaborada por los grandes pensadores políticos españoles del Renacimiento y el Barroco, a la que parece haber renunciado León XIV en esta tediosa carta pastoral. Se trata de un texto más cercano a la Agenda 2030, maldad entre las peores maldades de nuestra vida, que a la solución de los nuevos problemas de esta época. Preveo, pues, un negro porvenir para los cristianos que quieran ser antes ciudadanos que buenos padres de familia.
En modo alguno esta encíclica aborda la cuestión central del cristianismo: Dios. No enfrenta, en efecto, el apogeo del paganismo en todas sus versiones; o sea, una vez liquidado el cristianismo, han jodido y aflorado todo tipo de supersticiones, empezando por el culto a la IA..., pero de eso ya escribiremos otro día.
...Porque para un español que conoce el percal, leer ese folleto no es leer un perfil: es asistir a una traición. La Santa Sede no describe a un presidente; blanquea a un autócrata. A un autócrata sometido a un cerco judicial sin precedentes en la democracia española, cuyo entorno más íntimo —su número dos en el partido, su exministro de confianza, su propio hermano, su mujer— desfila por los juzgados, y cuyo método de gobierno ha consistido, sin disimulo, en colonizar las instituciones, fundir el Estado con el partido, indultar a sus socios, amordazar a los contrapesos y tratar a la Justicia y a la prensa libre como enemigos a abatir.
A ese personaje, y no a otro, el aparato comunicativo de la Iglesia lo presenta al mundo entero como un reformador progresista impecable, víctima de injusticias ajenas. Lo hace, además, en vísperas de una visita en la que el Papa pisará un país donde millones de católicos —los que llenan las iglesias que León XIV viene a abarrotar— resisten precisamente el proyecto de ese hombre, sufren su hostilidad y pagan su factura.
Que Roma elija justo este momento para darle lustre internacional no es torpeza, ni descuido, ni neutralidad mal entendida: es alistamiento.
La Santa Sede se ha puesto del lado del poder y contra los suyos.
Y para el católico español que resiste, eso tiene un nombre exacto: la Iglesia le ha disparado por la espalda.
Mientras en España misa con cayucos,
en el Vaticano prohibición de entrada
de inmigrantes ilegales.
Te tienes que reír…
Recordemos LOS MUROS que rodean la ciudad del Vaticano bloqueando que entren inmigrantes y necesitados. Ahora vienes y me cuentas otra milonga, Páter.
León XIV y su encíclica populista, por Agapito Maestre.
Obispo STRICKLAND advierte ENCÍCLICA de León XIV: CRISTO debe estar en el CENTRO
El RITUAL de INVERSIÓN para La CONSAGRACIÓN ESPACIAL de la AGENDA y El FIN de la MISA
La Ley de Inversión y la "Destrucción desde la Cuna" es lo que vamos a contemplar en los próximos días con la visita de Preboste a España, especialmente con la misa celebrada el domingo 7 de junio, solemnidad del Corpus, y misa al aire libre frente a la diosa pagana Cibeles. En el ocultismo clásico, para destruir o neutralizar un poder espiritual, no se le ataca desde la periferia; se opera un ritual de inversión en su mismo centro neurálgico o en su "cuna".
España posee el título histórico de ser la tierra mariana por excelencia (el Pilar) y el bastión de la Contrarreforma y la defensa de la Eucaristía (los decretos de Trento). El simbolismo nos lo marca el: Iniciar la demolición definitiva de la fe en España y en el modo previsto, es algo que no es una decisión logística, sino un rito de profanación simbólica. Vencer espiritualmente a España significa, en la mente ocultista, descabezar la resistencia católica tradicional del mundo hispano.
El gran maestro Enrique de Vicente regresa a #ElCanalDelCoronel. En esta ocasión, establece una curiosa relación entre geopolítica y esoterismo. ¿Es eso posible? Nadie más que el maestro Enrique lo podría hacer. Nos habla de temas tan interesantes como: el vínculo histórico entre esoterismo y política; la relación entre comunismo y ocultismo; las raíces ocultas de la revolución americana; la ignorada metapolítica; la muy desconocida metahistoria, la crítica histórica; o la criptopolítica. También de grandes misterios actuales, como la verdadera historia de la creación y utilización de Al Qaeda y del ISIS, franquicias de servicios de inteligencia. Así como de la idéntica unanimidad con la que se anuncia como algo terrible el triunfo de Trump en las próximas elecciones presidenciales estadounidenses, al tiempo que se minimizan las “faltas” de Joe Biden, su familia y su entorno mediante hábiles operaciones de desinformación e influencia social. Enrique incluso analiza la importancia de las próximas elecciones europeas, en las que nos anima a votar, cuando en las elecciones nacionales recomienda no hacerlo por ser una partitocracia. Asegura que el abandono de Europa a su suerte estaba ya descrito, con absoluta precisión, por los grandes profetas, entre otros por los del bosque centroeuropeo. Cree que unas manos negras están tejiendo un escenario idéntico al anunciado por todas las tradiciones proféticas, sin que nadie quiera darse por enterado. Por supuesto, Enrique, consciente de que nos conducen a la guerra en Europa, nos exhorta salir a la calle y manifestarnos para impedirlo por todos los medios. Igualmente, nos hace un balance de la simbología del pasado eclipse solar y sus implicaciones. Sin olvidar, asegura, que la masacre en Gaza puede acabar por enfurecer a los musulmanes de todo el mundo y trastocar la estabilidad planetaria. Al tiempo que analiza las probables reacciones tanto de Israel como de Irán tras los últimos acontecimientos.
En definitiva, un repaso, desde un punto de vista esotérico y del misterio, a los principales acontecimientos políticos y geopolíticos del momento.
En este marco de alta geopolítica esotérica, cada movimiento, fecha, diseño arquitectónico o emblema corporativo responde a una sofisticada ingeniería social y manipulación de masas. Las élites y organizaciones utilizan la guerra de símbolos para comunicar agendas, establecer narrativas subconscientes y ejercer poder mucho más allá del discurso político tradicional.
Para analizar este tablero, se suelen considerar varios pilares:
Sincronicidad temporal: Las fechas de eventos clave, tratados o declaraciones suelen coincidir con efemérides astrológicas o números con fuerte carga en diversas tradiciones ocultas (como el 11, 22, o 33).
Arquitectura y diseño: La alineación de monumentos, el trazado de ciudades capitales y el uso de geometría sagrada (como en la configuración de Washington D.C.) se interpretan como intentos de canalizar energía o dominar el espacio simbólico.
Heráldica institucional: Los logotipos de grandes corporaciones, organismos internacionales (como la ONU) o agencias de inteligencia ocultan arquetipos y mitologías antiguas que condicionan la psique colectiva.
Un aldabonazo que impulsa la lucha contra la decadencia y el nihilismo de nuestro tiempo
El Aullido del Lobo. Orientaciones espirituales para jóvenes guerreros es una llamada, una sacudida dirigida a quienes presienten —aunque sea vagamente— que algo esencial se ha quebrado en el mundo moderno. A quienes intuyen que la crisis de nuestro tiempo no es económica ni política, sino espiritual.
A partir de las enseñanzas de la cosmovisión tradicional y de la Sophia Perennis,Gonzalo Rodríguez García ofrece una crítica implacable al nihilismo contemporáneo y plantea las claves para su confrontación y superación. Frente a la bancarrota espiritual de la modernidad, este libro propone una visión renovada del mundo, la vida, la muerte y el ser humano, donde el ideal clásico de la areté —la excelencia del alma— vuelve al centro de la existencia.
Alumbra así una juventud rebelde, no por moda, sino por nobleza. Una juventud forjada en la disciplina, guiada por el honor y decidida a reconquistar su alma. Inspirado en la sabiduría perenne —del platonismo griego al dharma hindú, del estoicismo romano al espíritu heroico celta y germano, del Grial medieval a la mística cristiana y la cristiandad hispánica—, El Aullido del Lobo traza una cruzada interior y exterior.
Nada será más revolucionario. Nada, más disidente. Frente a una época que progresa hacia la necedad en nombre de la emancipación, este libro propone la restauración del hombre de acuerdo al camino y enseñanzas del «guerrero espiritual».
En un momento histórico dominado por la confusión espiritual, la disolución de referentes y la exaltación del vacío, llega una obra que irrumpe con fuerza en el debate contemporáneo desde el corazón mismo de la tradición filosófica y metafísica.
El aullido del lobo. Orientaciones espirituales para jóvenes guerreros, de Gonzalo Rodríguez García, no es un libro más de filosofía o autoayuda: es un manifiesto, una guía de combate interior, un aldabonazo dirigido a los que intuyen que la verdadera crisis de nuestro tiempo no es política ni económica, sino espiritual.
Inspirado en la Sophia Perennis, el autor construye una crítica implacable al nihilismo moderno y plantea una alternativa que no es evasión ni reformismo, sino restauración radical del alma y del ideal clásico de la areté: la excelencia moral, la virtud activa, la vida forjada en la disciplina y guiada por el honor.
A través de influencias que van del platonismo y el estoicismo al hinduismo védico, del espíritu heroico germánico a la mística cristiana medieval, Rodríguez traza un recorrido vital y filosófico que reclama una nueva nobleza del alma.
Una juventud que no se conforme con sobrevivir, sino que aspire a reconquistar su centro interior, restaurar el orden perdido y actuar en el mundo como guerreros de luz.
Dividido en dos grandes bloques —“El guerrero espiritual” y “Cabalgar el tigre”— el libro ahonda en conceptos clave del pensamiento tradicional y los traduce en prácticas, ideas y caminos para resistir, trascender y vencer la inercia de una época que ha hecho del caos su bandera.
Una cruzada contra el ruido, la superficialidad y la pérdida del sentido que ofrece una brújula firme para quienes no aceptan la mediocridad espiritual como destino.
Presentación
Este libro es ante todo y en primer lugar un libro sobre espiritualidad y dirigido a personas con sensibilidad y vocación espiritual. Y es desde dicha espiritualidad, en primer término y razón de ser, plantea varias cosas que como corriente de fondo sostienen todo su discurso.
En primer lugar, plantea una mirada crítica respecto del proceso histórico moderno y del significado del momento presente. Marcado este por las ideas de nihilismo y alienación espiritual y, en consecuencia, de decadencia y degeneración.
Por otro lado, plantea la posibilidad de un tipo humano antagónico a dicho momento presente y proceso histórico moderno, y capaz de actualizar en sí mismo aquello que precisamente permite superar todo nihilismo y alienación espiritual y, por ende, toda la decadencia y degeneración a la que habríamos arribado. Unido a esto plantea una serie de orientaciones espirituales, prácticas y disciplinas, para dicho tipo humano antagónico al nihilismo, y conducentes a dicha actualización y superación. Y, finalmente, señala la fuente de dicha mirada crítica y de dichas orientaciones y disciplinas en el mundo de la cosmovisión tradicional. De la Tradición Sapiencial. De la Tradición como Sophia Perennis.
Siendo esa la fuente, el texto se argumenta y desarrolla con conceptos y términos que provendrán de la Grecia clásica y el mundo romano. Del platonismo y del estoicismo. También de la India védica, del Sanatana Dharma, y del budismo. También de la mística cristiana, los «padres del desierto», y la cristiandad hispánica. Y, finalmente y en menor medida, de los mitos y leyendas del antiguo mundo céltico y germánico, así como de la literatura artúrica y el ciclo del Grial.
El texto es así en sus fuentes y en su intención abiertamente anti moderno y se escribe conforme a las coordenadas filosóficas del tradicionalismo. Del tradicionalismo planteado como perennialismo, y es desde ahí, hace tanto el ejercicio de discernimiento crítico respecto del proceso histórico moderno y del momento presente al que hemos arribado como de orientación espiritual, alternativa filosófica, y práctica y disciplina, a la contra de dicha modernidad. Todo ello sin dejar de tener presente y con absoluto realismo, el especial oscurecimiento espiritual de nuestro tiempo, pero también, y a partir de ahí, su especial oportunidad...
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De acuerdo a todo esto, este libro no es para todo el mundo. No está escrito para el común y no pretende llegar a cualquiera que pudiera saber de él. No tiene así ni intención ni vocación de dirigirse a todos ni de con vencer o debatir con quien es ajeno a sus términos. Sino que está escrito y dirigido a un tipo concreto de persona. A un tipo humano específico.
El libro es para aquel que, aunque sea vagamente, sabe que el mundo moderno es un dislate... Una enfermedad que no puede curarse a sí misma. Una subversión nihilista y un desorden distópico que no puede corregirse desde dentro con sus propias ideologías y fórmulas. Que todo él es un error. Y que tiene que haber «otra cosa» exterior y superior a él, que sea perenne, universal e incondicionada, y a su vez potencial en el ser humano, y que deba poder reemerger para desenmascararlo, trascenderlo y dejarlo atrás...
El libro está escrito así para lo que hemos llamado los hombres y mujeres de la «Raza del Espíritu»... Para los hombres y mujeres en los que todo lo que en el ser humano es mera individualidad fenoménica y existencial, mero soporte psicofísico y emocional, está llamado a ser órgano e instrumento de expresión y acción de aquello que es anterior y superior a esa mera individualidad condicionada. De modo tal que no aspirarán a deberse a los temores y apegos, ansias y vanidades, afectaciones o traumas, caprichos, emociones, biografía y deseos de dicha individualidad, sino a deberse a la conquista de sí mismos y la posesión total de la personalidad. A realizar su dimensión espiritual, supraindividual e incondicionada, a pleno de su potencia y superioridad. Dando lugar así a que la realidad esencial, central, adamantina e incondicionada del Hombre, despierte, se haga presente y se afirme y gobierne. Todo ello fruto de una vía de disciplina y ascesis que supera, subordina, controla y agota, todo sentido puramente fenoménico, subjetivo, individual, psicofísico y existencial del yo. Poniendo entonces ese núcleo Incondicionado y «extrasamsárico» de la personalidad, al frente de la propia vida y el gobierno de sí. No habiendo entonces, a la manera del auriga platónico, soberanía interior ni libertad sin sabiduría espiritual y autoconocimiento. Y siendo entonces, a la manera estoica, el ánimo imperturbable e impasible, la cima del poder y la dominación sobre uno mismo...
A partir de aquí y al modo de las tradiciones míticas recabadas en la Grecia clásica por Hesíodo, diríamos que llegada la Edad del Hierro y el «oscurecimiento del mundo», Zeus, «rey de los Dioses» y símbolo del principio inmortal y Olímpico, generará una «raza de héroes» provista potencialmente de la posibilidad de reconquistar y restaurar dicho principio Olímpico en sí mismos y en el mundo, poniendo fin con ello a la Edad del Hierro, poniendo fin a la «Edad Oscura». Y en esos mismos términos y horizonte de restauración resonará y llamará a los Hombres de la «Raza del Espíritu» nuestra época, toda vez que esta discurre por las antípodas de tan alta posibilidad y principio Olímpico e inmortal e incluso ofrece su contraimagen, como logro de emancipación y progreso...
Y efectivamente hemos dicho «Raza del Espíritu» y hemos hecho referencia al platonismo y al estoicismo, y hemos hecho referencia a conceptos como Incondicionado, samsárico, adamantino, fenoménico, inmortal, Olímpico, etc. Todo un glosario de términos que recogemos alfabéticamente en el apartado correspondiente y allí definimos y explicamos. Siendo fundamental para el buen entendimiento y provecho de este libro, tener dicho glosario muy presente para poder seguir el sentido que vamos a dar a lo largo del texto a muchos conceptos que iremos trayendo a colación. Tanto así que sin la definición y compresión correspondiente de dichos términos, e incluso del uso particular que haremos de algunos de ellos, podría perderse el hilo de lo que vamos planteando. Del mismo modo y conforme al peso que algunos de estos conceptos tendrán nos reservamos el derecho a dejarlos por escrito en mayúsculas.
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Por último: el libro se plantea y redacta con una fuerte vocación de llamada y aldabonazo. De «aullido en la noche», de «forja de la espada», de «Convertir el asco en acero y salir al mundo a buscar tus iguales». Y es desde dichas coordenadas que se escribe y proyecta sus imágenes, ideas fuerza, su uso del lenguaje y de términos y conceptos muy concretos. Con intención de resonancia, sugestión, conexión y esclarecimiento. Este estilo, unido a los propios temas que trataremos, aspiramos a que funcione como filtro para esos hombres y mujeres a los que va dirigido...
Prólogo: apertura y llamada...
Arribados a la Medianoche del Mundo el fuego del Espíritu debe ser de nuevo avivado en nuestras almas...
Con especial tesón y consagración debemos volver al argumento primero, hoy día olvidado, en el que nos jugamos el ser o no ser: la forja del alma... Pues somos ya los habitantes del confín de la Historia allá donde parecerá que solo un nuevo amanecer puede cambiar las tornas de esta oscura noche por la que transitamos. Y ese nuevo amanecer no llegará sin más y de manera fatal, sino que también dependerá de nosotros. Del despertar en nosotros a una sabiduría y una fuerza que hace ya demasiado tiempo hemos dejado de conocer, entender, y cultivar y que, sin embargo, permanece perenne en los adentros del alma como una semilla escondida que nunca muere y siempre es posible, conforme al correspondiente aprendizaje y disciplina, hacer germinar. Dando entonces como fruto un «centro interior» Incondicionado, invulnerable, y libre. Un centro «autoluminoso» que no es otro que el argumento mismo de la vida humana para los hombres y mujeres de la «Raza del Espíritu»... La cual a su vez no es sino la antítesis absoluta a la degeneración y decadencia por la que transitamos. Su antagonista total y su «Némesis»...
*
Como nunca antes es así preciso la existencia de hombres y mujeres dispuestos a avivar en sus almas la llama del Espíritu, en pleno corazón del «Kali Yuga», en esta medianoche del Mundo a la que hemos arribado. Forjando su ser más íntimo en dicha «llama imperecedera» y elevando su alma hacia lo Incondicionado. Hacia ese «Centro autoluminoso e inmutable» que no es sino el centro mismo de nuestro ser. Punto de unión de la Trascendencia en la inmanencia, de la «Vertical en la horizontal». Actuando entonces en el mundo desde dicha forja y elevación, desde dicho «Centro y Vertical», en actuar puro y absoluto, supraindividual y liberado. Hecho de Consciencia y presencia plenas, calma profunda y entrega total...
Frente al tipo humano de la decadencia y la degeneración, del «ruido que no cesa», del estado de carencia, del psiquismo incesante, de la mente insomne y el ánimo neurótico, puramente «Samsárico», inconscientemente alienado, inconsciente de sí... Preparar y anunciar el horizonte de una «Nueva Restauración». De un «Nuevo Hombre» que trae un «Nuevo Tiempo» que no es sino la actualización de lo Eterno. De una renovada Aristeía frente al nihilismo y decadencia posmoderna.
Y esa es la tarea que pide nuestro tiempo a los hombres y mujeres de la «Raza del Espíritu» y de la verdadera Revolución, si es que Revolución significa realmente eso: «Volver al Origen». Volver a la fuente primera...
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Las enseñanzas de la cosmovisión tradicional ya nos advirtieron de la decadencia y fanatismo que el nihilismo traería, que la noche del Kali Yuga generaría, y de cómo frente a todo ello, el «Hombre de la Areté» se postula como antítesis, respuesta, y antídoto. Un Hombre que en primer lugar y como punto de partid a, sabe y asume de manera radical que ninguna dificultad material, decepción personal, decadencia sociocultural y política, golpe de mala suerte o fatalidad puede ser más terrible para él y hacerle más daño y alienarle más que un alma ofuscad a, sin discernimiento ni Consciencia ni esclarecimiento, sin «Silencio y libertad»... Del mismo modo, que ninguna riqueza material, prosperidad, buena compañía, tiempo histórico de esplendor y grandeza, éxito profesional o golpe de buena suerte le puede hacer más bien, elevarle y reportarle más que un alma trabajada, purificad a, esclarecida, recta y dueña de sí... Que un ser interior liberado, centrado, «vertical y supraindívidual». Y que es precisa mente esa Aristeía, esa vía de la Areté, esa «forja interior» en la «llama imperecedera» del Espíritu, el punto de partida y raíz para toda contestación completa, impugnación total y superación sin remisión, del tiempo de nihilismo, degeneración, fanatismo, decadencia y subversión, que estamos viviendo.
El Guerrero Espiritual es así el auténtico sujeto revolucionario que necesita nuestra época...
Él es el «Cruzado» al que toda mera aspiración burguesa, lucha obrera o reivindicación nacionalista, no dejan de parecerle cuestiones secundarias tras cuya primacía política e ideológica se esconde en gran medida el desnorte y sinsentido de nuestra época.
La verdadera batalla entonces, la cuestión fundamental en la que el Hombre se juega el ser o no ser, es el conocimiento y conquista de sí mismo. Y siempre ha sido así y siempre será así. Y es partir de ahí que se articula, une, armoniza y ordena todo lo demás... Y esa ha sido la esencia de la cosmovisión tradicional y ha sido precisamente el olvido de esto o su in comprensión, el fundamento de la subversión moderna y el origen de la decadencia. Y es así en el recuerdo y actualización de dichas enseñanzas del mundo de la Tradición, que tenemos las palancas de fuerza para salir del atolladero al que hemos llegad o. Las palancas de fuerza para liberarnos del mundo de ofuscación, inconsciencia, ignorancia, temor, carencia, debilidad interior y ansía que nos rodea.
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...Y aquellos que consiguen enraizarse en la Verdad, gobernarse así mismos y ser así realmente libres son entonces buscados por aquellos a los que les pesan las cadenas y quieren también la fuerza para romperlas. Y se unen en lazos de lealtad, confianza y respeto y forman de este modo una comunidad de personas tan unidas como decidid as a ser lúcidas, despiertas, fuertes y libres, y a ayudarse las unas a las otras en este propósito. Y ellos son la auténtica disidencia y el germen de la nueva élite revolucionaría. Ellos son la «forja de la espada» y el «aullido del lobo», el anuncio del fin de la Edad Oscura y la vanguardia del nuevo amanecer...
El guerrero espiritual y el Kali Yuga
ENTENDER NUESTRA ÉPOCA:
TRADICIÓN, MODERNIDAD Y REVOLUCIÓN...
A modo expositivo y sintético si bien sería más profuso de detallar, planteamos casi como si fuera una cartografía básica de situación, que dos grandes corrientes principales de pensamiento y comprensión habrán configurado la historia de Occidente. Dos corrientes que aun cuando se han sucedido cronológicamente a lo largo del proceso histórico occidental, su relación no será la de la continuidad en progresión ascendente de la una a la otra, sino la del antagonismo y la contraposición . Un antagonismo raíz, que sigue operativo hoy día, que estuvo operativo en el pasado, y que contrapone lo que por un lado de nominaremos cosmovisión tradicional o directamente Tradición. Y lo que denominaremos genéricamente Modernidad. Desde el ángulo de la Modernidad la Tradición fue superada y el avance de la historia sería un progreso en emancipación y libertad en el que en todo caso los paradigmas de la Tradición quedarían subordinados al avance y liberación moderna. Desde el ángulo de la Tradición, la Modernidad sería una caída de grado, una decadencia espiritual e incluso degeneración cuyo sueño de emancipación habría conducido sin embargo a la alienación y al nihilismo.
La cosmovisión tradicional corresponderá a una visión «trascendente y espiritual» de la vida, el Hombre, y el mundo, y, muy sucintamente señalado, en ella encontraremos la idea de un principio superior de orden Incondicionado y atemporal, sobrenatural y metafísico, que se configura tanto como fundamento, origen y sostén de toda realidad natural y material, condicionada y temporal, como horizonte último de sentido de la vida humana, cuya razón de ser fundamental sería así el conocimiento unitivo de dicho principio. Siendo entonces que dicha dimensión «trascendente y espiritual» se encontrará en el centro mismo del alma humana y como en estado de potencia. De esencia en latencia o semilla. Y el argumento mismo de la vida del Hombre no será otro que despertar a dicha esencia y actualizar dicha potencia. «Despertar» a dicha dimensión «trascendente y espiritual», que sería inmanente al alma humana, y hacerlo conforme a una elevación ontológica del sujeto al plano supraindividual de la personalidad. Más allá de la mera egoidad fenoménica, condicionada y existencial.
Platón y Homero, en las raíces mismas de Europa, estarán en claro entroncamiento con dicha cosmovisión trascendente y espiritual del mundo de la Tradición. El Rig-veda y su corolario en los Upanishads, al otro lado del mundo, en la India, resonarán a su vez en análoga cosmovisión al pensamiento platónico y los himnos de Homero. De Oriente a Occidente, del Indo a Europa, un arco de expansión y diversificación de un mismo «linaje» espiritual de comprensión y sabiduría tradicional.
En términos de la posterior tradición cristiana, nada sintetizará mejor la cosmovisión tradicional que la consigna evangélica «la Verdad os hará libres». La Verdad como la raíz y asiento propio del ejercicio de la libertad y, a su vez, la palanca de toda «liberación» verdadera. De todo descondicionamiento y superación de la mera existencia pasiva y reac tiva frente a la mundanidad. Inserta unilateralmente en el mero deve nir y la mera individualidad fenoménica.
De otra manera, la ética heroica del antiguo mundo germánico y céltico, su horizonte de «gloria trascendente» en clave épica, de honor, valor, arrojo e ímpetu de combate, de «sed de Valhalla», apuntará también en la misma dirección que la cosmovisión «trascendente y espiritual» del mundo de la Tradición. Y del mismo modo ocurrirá con la literatura medieval, los cantares de gesta, el ideal de la «Caballería espiritual» y, de manera especialmente refinada y de profundo simbolismo, en la literatura artúrica y las sagas del Grial.
En frente, el mundo de la Modernidad (advenido fundamentalmente a lo largo de los últimos quinientos años), se moverá exactamente en las antípodas de la cosmovisión tradicional y hará, por el contrario, de la realidad meramente natural y material, y de la existencia mera mente fenoménica, condicionada y contingente, el fundamento y reali dad única de todas las cosas e incluso la causa eventualmente oculta que subyacería a toda inquietud humana, aun cuando esta se expresara en términos espirituales o religiosos. Pensadores claramente modernos como Hume, Marx, Freud o Nietzsche, aunque muy diferentes entre sí, desde distintos ámbitos y perspectivas, convergerán sin embargo en un mismo principio a la hora de afrontar la realidad humana y natural: para todos ellos la referencia a la «trascendencia» no tendrá lugar... Siendo entonces las fuerzas desnudas de la naturaleza, de la materia, la economía, el azar, el subconsciente, el instinto de supervivencia y de reproducción, la voluntad de poder, o cualquier otra instancia «no espiritual», el verdadero fundamento, sostén y explicación del Hombre y el Mundo. Y siendo entonces y además que, desde ahí, se querrá levantar acta de defunción del mundo de la Tradición, que «finalmente habrá podido ser dejado atrás» para amanecer a un nuevo horizonte de emancipación: el horizonte de la Modernidad... Que es a su vez entendido como el lugar predilecto al que el ser humano tenía que llegar y avanzar. El horizonte y paradigma que deja atrás el «oscurantismo metafísico» de la Tradición, nos libera de «sus cadenas» y nos impele a un horizonte de progreso, siempre inconcluso y siempre con renovadas líneas de avance que alcanzar, cuya mirada última alcanza efectivamente la utopía...
Esta corriente de pensamiento, meramente materialista, cientificista y de raíz antimetafísica y antitrascendente, es la que ha sostenido de fondo el desarrollo de nuestros tiempos modernos y es la que está en la base de los paradigmas de nuestra época. Época la presente que se arroga superioridad y marchamo de progreso y avance respecto de toda época pasada, si bien cada vez resulte más evidente que más allá del desarrollo científico-técnico y el bienestar material, que como nunca antes se habrá logrado, para todo lo demás, nos moveremos sin embargo en el ámbito de un hondo nihilismo y sinsentido. De una «debilidad del alma» para la que bien parecerá que efectivamente la «utopía moderna» ha terminado por arribar y sin desviación mediante a la «distopía posmoderna». La emancipación respecto de la «Verdad» con mayúsculas, y tal como desde las coordenadas de la Tradición se advertía, no ha conducido a la «Liberación», sino a la alienación, la carencia, la sinrazón de ser, la insania, y el absurdo...
Nada sintetizará mejor de este modo el significado de la Modernidad que la consigna invertida y luciferina de: «La Libertad os hará verdaderos». La libertad ejercida por sí misma y no como fruto y consecuencia de la Verdad. La libertad entendida así como mera expresión de la individualidad, personal o colectiva, convertida en piedra de toque de la verdadera humanidad que ahora sí, tras siglos de «oscurantismo», se puede hacer realidad... Aquello respecto de lo que las enseñanzas de la Tradición Sapiencial nos libera y eleva, convertido en el centro y argumento moderno. Y al tiempo esa misma cosmovisión tradicional, anagógica y liberadora, señalada como imposición, oscurantismo, mera fantasía y condena.
En este sentido, el contraste entre el mundo de la Tradición, entendida esta ante todo como Sophia Perennis; y el Mundo Moderno, entendido este ante todo no como progreso de la ciencia y la técnica, sino como emancipación respecto de todo principio de «Verdad espiritual» y, por ende, de superior Auctoritas, tendrá un reflejo fundamental en el ámbito de la gnoseología y la ética. Así mientras que para el mundo de la Tradición el Hombre puede acceder a la «Verdad espiritual» y es desde ahí que está llamado a ser Libre. Para la Modernidad, toda verdad que no sea descripción científica de la realidad será relativizada, no habrá así «verdad espiritual», y, por ende, la libertad, quedará entonces confundida con el mero ejercicio y validación de la individualidad y la subjetividad. La cual una vez sacralizada tenderá a organizar y articular la vida personal, social y política de la Modernidad, que a su vez y en última instancia parecerá configurarse en gran medida como un sistema para el incentivo, cultivo, satisfacción y salvaguarda de dicha subjetividad. Incluyéndose aquí no solo la subjetividad individual propiamente dicha, sino también los «individualismos colectivos» de clase, nación o género, que la Modernidad también en algunas de sus variantes ideológicas sobredimensiona hasta poner unilateralmente en el mismo centro de la acción política, rompiendo así el sentido «orgánico», «de cuerpo», que el mundo de la Tradición asignaría a cada uno de dichos niveles.
En todo caso lo que nos estaríamos encontrando aquí, y esta sería una de las claves de la subversión moderna, sería ese paso anteriormente señalado de la consigna cristiana que nos dice: «La Verdad os hará libres»; a la consigna posmoderna que nos dice: «La Libertad os hará verdaderos»... Consigna posmoderna que efectivamente, y a la luz de esa misma tradición cristiana, no será sino el corolario del non serviam luciferino. Del atentar contra el principio de Auctoritas en nombre de la individualidad. La consecuencia final de dicha subversión y atentado «contra la Verdad» en nombre de la «individualidad», no será sin embargo ninguna «liberación», ninguna «conquista interior», sino todo lo contrario... Su fruto maduro es la distopía posmoderna: el tipo humano de la «carencia perpetua», de la «agitación samsárica», del «infierno del alma», de la Dukkha: la sed que no cesa y, por ende, el malestar, la neurosis la alienación, la debilidad del alma y la civilización del nihilismo...
Yendo a lo que sería el punto de vista histórico y recogiéndolo de manera muy sintética, diremos que con la caída de Roma se habría cerrado el ciclo histórico de la Antigüedad europea. Ciclo que, con su confluencia de mundo griego, romano, celta y germano, habría marcado definitivamente la identidad de la Europa tradicional. Seguidamente, la cristiandad medieval sucederá y continuará a Roma como nuevo ciclo histórico tradicional de nuestra civilización. Y en dicho medievo euro peo, algunos de los andamiajes fundamentales de la Antigüedad seguirán presentes. Si bien con renovadas formas y posibilidades surgidas ahora de la tradición cristiana.
Es así que sucintamente podrá decirse que la filosofía griega (con Platón y Aristóteles a la cabeza), junto al ideal romano del Imperium (prefigurado ya por Alejandro y después por César), más la cultura guerrera, ética heroica y vínculos espirituales con la naturaleza de los pueblos bárbaros (fundamentalmente celtas y germanos), unido todo ello a la tradición cristiana medieval, terminarán por darnos las claves básicas de la Europa tradicional premoderna. La cual tendría así dos ciclos históricos: el pagano y el cristiano. Siendo que en cada uno de ellos y en continuidad el segundo con el primero, habrán mantenido y más allá de sus infinitas vicisitudes, variantes, e incluso confrontación de un ciclo respecto del otro, un argumento de fondo basado siempre en la dimensión de la Trascendencia y la posibilidad de alinearse y unirse a ella a partir de la propia naturaleza humana.
Más adelante, sin embargo, la decadencia de la civilización medieval, el nominalismo y el güelfismo, y el subsiguiente antropocentrismo renacentista, más la Reforma Protestante, el Absolutismo, la Ilustración, el Romanticismo y finalmente las revoluciones contra un ya esclerótico Antiguo Régimen (con Francia como paradigma revolucionario, pero también en Norteamérica), darán lugar a toda una nueva fase histórica en la cual se decantará la Europa moderna propiamente dicha. Europa moderna cuyo fruto maduro será precisamente la civilización ajena y de espaldas, e incluso abiertamente «negacionista», respecto de la dimensión de la Trascendencia. Una civilización antitética a la tradicional, a la cosmovisión tradicional, y a cuyo propio nihilismo antimetafísico, lo considerará progreso y emancipación...
Y efectivamente es ahí donde estamos y nuestro tiempo histórico no será así, sino resultado de dicho proceso moderno. Y entender todo esto, distinguiendo el ciclo tradicional, en su etapa pagana y después cristiana, del proceso de la Modernidad, del Renacimiento a la Revolución francesa, será fundamental para comprender cómo hemos llegado hasta aquí y qué significado tiene la época que estamos viviendo. Más aún cuando de la Revolución francesa a la Segunda Guerra Mundial se sucederán tres siglos de respuesta, guerra y confrontación a la subversión moderna que aun pretendiendo contraponer el horizonte de la Tradición al despliegue de la Modernidad, ya no será capaz de hacerse sin limitaciones, desviaciones y adulteraciones y, así y finalmente, la subversión se impondrá... la civilización del nihilismo se hará realidad. Tanto así que, a día de hoy, Europa vive y se ordena totalmente con forme a los paradigmas de dicho nihilismo moderno, y lo que fue la Europa premoderna y tradicional, habría quedado reducida a un mero «paisaje de ruinas». Ruinas evocadoras, quizás incluso monumentales y artísticas, dignas de deslumbrarnos en los museos, y sin embargo ajenas de toda vez al desarrollo del proyecto moderno de Hombre y Civilización.
Es en este contexto que hay que entender que surge como síntoma característico y definitorio del Mundo Moderno, ese fenómeno que hemos llamado del «nihilismo»: el Mundo Moderno, con su olvido o negación de la Tradición y su vivir de espaldas a la dimensión de la Trascendencia, habría ido dejando a su paso una subyacente sensación de absurdo y sinsentido que los lenitivos del progreso científico, el materialismo práctico y la cultura del consumo, apenas conseguirán mitigar. Ocurriendo entonces que en ocasiones dichas «ruinas» del pasado, aun no siendo ya algo realmente vivo y presente en nuestra cultura, sensibilizarán sin embargo a los europeos menos modernizados, despertándoles a la conciencia de lo fatuo y vacío del proyecto moderno...
Se tiene entonces la impresión de que el ingente desarrollo científico y económico técnico de nuestro tiempo se habría pagado conforme a una suerte de «progreso decadente». Una bancarrota espiritual que el «progreso» no compensaría y que, rastreable a todos los niveles, resultará especialmente lacerante en la generación de sujetos sin apenas centro ni gobierno interior. Sujetos neurotizados, anestesiados, fanatizados, alienados, envilecidos o idiotizados, en una sociedad inorgánica y atomizada, de escaso discernimiento y gran debilidad emocional. Una sociedad que deja inerme al sujeto frente a sí mismo y sus neurosis, y que parecerá abocar a una vida de bajísimas expectativas espirituales y, sin embargo, fijación obsesiva en todo lo meramente material, cuantitativo, instrumental, accesorio, pulsional, emocional, instintivo, subjetivo o prepersonal. Y es que la sociedad moderna se caracterizará por no dotar al sujeto de herramientas espirituales y disciplinas para construirse auténticamente como «Persona». Siendo entonces que quedará abocado fácilmente a la propia estupidez, inseguridad, miedo, apegos, ofuscación o bajeza de su mera individualidad condicionada y existencial.
Y precisamente, frente a ese peligro de no llegar a construirnos auténticamente como «Personas», de ser víctimas nuestra propia «debilidad», se constituía lo más fundamental de la Tradición Sapiencial...
*
Para el mundo de la Tradición, para la Sophia Perennis, el Hombre está llamado a ser Libre. Y decimos «Libre» en el sentido de no ser un pro ducto alienado de su propia ignorancia u ofuscación, apego y temor, de su mero yo fenomenológico o egoidad. Está llamado así a «liberarse de sí mismo», para poder llegar a ser «SÍ mismo», para poder llegar a ser quien «realmente Es». La Tradición se configura de este modo y en gran medida como vía y disciplina de «autoconocimiento y liberación». De esclarecimiento y conquista interior. A partir de aquí, los Hombres auténticamente libres, tampoco podrán ser producto de alguna otra cosa o proceso que se les sobreponga; léase aquí la economía, la clase social, las pulsiones, el medio natural o la inercia histórica... Siendo entonces sus circunstancias de toda índole, el mero «soporte material» desde el cual recorrer el arduo «camino vertical», de elevación anagógica y su praindividual de la personalidad, hacia el conocimiento y señorío de sí, hacia la Aristeía y la Autárkeia, hacia la «liberación» interior en el plano del Ser, respecto del plano del mero devenir. De la dimensión de la aseidad sobre la mera contingencia...
El Hombre no sería así un mero agregado de vida biológica y psiquismo, un mero ente horizontal de la realidad fenoménica, atrapado en el Samsara de la simple vida y la simple muerte, del estado de carencia, apego y temor, y de la mente que no cesa y no sabe de su «Centro»... Muy al contrario, en su interior habría un núcleo «extra samsárico» Incondicionado, principio de Consciencia, aseidad y liberación, «autoluminoso», inmutable e invulnerable, «chispa divina», «llama del Espíritu Santo», que en estado de potencia aguarda, para conforme a la correspondiente Areté y Áskesis, ser «despertado»...
Más allá así del «yo opaco» de la egoidad, embotellado en su pura individualidad fenoménica, en su psiquismo y su emotividad, ajeno e incluso refractario a «la luz» del Nous y su dimensión de Consciencia y Logos, habría la posibilidad de un «Yo esencial», de un «sujeto trascendente», «central y supraindividual», alineado con dicho Nous y Logos, y fruto de una ardua Áskesis o disciplina espiritual, que descondicionado y liberado de dicha «Opacidad», es el argumento mismo de la cosmovisión tradicional. Y, por ende, el principio fundamental de toda verdadera autoridad, jerarquía y orden personal y colectivo.
Nous y Logos, Consciencia supramental, discernimiento, esclarecimiento, y «estado de presencia». Eje vertebrador de la personalidad del sujeto «descondicionado». «Central y Vertical». Supraindividual y anagógico. Señor de sí y de la Autárkeia. Dimensión del Ser, de la aseidad, sobre el plano del mero devenir. Consciencia de Trascendencia inmanente frente al estado de Avidya, de «ignorancia espiritual», de mero individuo, fenoménico y existencial. De mera egoidad. Del «paria del alma». Del «sujeto samsárico», del sujeto de la carencia, el apego y el temor. Del Hombre del Kali Yuga...
El «Centro y la Vertical» como presencia así de la dimensión de la aseidad en el alma humana, y lugar y escala ontológica propia del Hombre. Del «Hombre verdadero». Del que se ha diferenciado del estado de «caída», de «carencia», de «ignorancia», de «opacidad», de «medio hacer» y «des-Gracia», y que ha alcanzado por el contrario la plena posesión de su naturaleza más íntima y central. Espiritual y vertical. Inafectada y libre. Presencia actualizada de la «Gracia del Espíritu Santo», «suficiente y eficiente», dentro de sí. Como esencia radical del ser humano. Como su más verdadera identidad, motor y sentido. Que debe ser desvelada y hecha presente «más allá de nuestra naturaleza caída» y que nos impele así a hacer de la disciplina, de la Areté y la Áskesis, del autoconocimiento y la liberación, de la «salvación del alma», el argumento primero de la vida humana. Y desde ahí, todo lo demás...
Manual para jóvenes guerreros espirituales | Con Gonzalo Rodríguez García
Creo en el Dios de Jesús y de María, el Dios de los bienaventurados, sencillos y sabios humildes como Abraham y Sara; Isaac y Rebeca; Jacob y Raquel. Y no el de los expertos racionalistas e ideologistas teólogos y entendidos escribas de todos los tiempos, El Mismo JesuCristo nunca los eligió ni como apostóles ni como discípulos. Ni antes ni ahora. Soy Venezolano, Maracucho/Maracaibero, Zuliano y Paraguanero, Falconiano; Soy Español, Gallego, Coruñés e Fillo da Morriña; HISPANOAMÉRICANO; exalumno marista y salesiano; amigo y hermano del mundo entero.
La Línea Editorial de este Rincón es la Veracidad y la Independencia imparcial.
¡¡¡ Que El Señor de La Comunicación, de La Amistad, de La Paz con Justicia, te bendiga, te guarde, te proteja, siempre... AMÉN !!! ________________________________
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#NoEstánSolos: Ya estamos hartos de que los criminales exterminen a los cristianos solo por su fe. Ha llegado la hora de movilizarse y defenderlos. Basta de cobardía. Se valiente y osado frente a los asesinos y defiende con ardor tu fe y a los que son perseguidos por la horda. Coloca en tu página el símbolo creado por el movimiento en defensa de los cristianos perseguidos para la campaña mundial que se ha iniciado para que no nos olvidemos de todos aquellos que están siendo perseguidos y masacrados por ser cristianos. El símbolo del centro es la letra N del alfabeto árabe, con la que los yihadistas están marcando las casas de los Nazarenos, que es como ellos llaman a los cristianos. Juntos hagamos que no se olviden aquellos hermanos perseguidos en todo el mundo por amar a su Dios. #NoEstanSolos #PrayForthem #ن #YoTambiénSoyCristianoPerseguido #Iglesia #Kenya #Siria #Irak #Afganistán #ArabiaSaudí #Egipto #Irán #Libia #Nigeria #Pakistán #Somalia #Sudán #Yemen y otros...
EL SILENCIO CULPABLE
QUE LA LUZ BRILLE SOBRE TI, TIERRA FÉRTIL #SOSVENEZUELA
VENEZUELA UN PAÍS PARA QUERER Y PARA LUCHAR
“Nací y crecí en un lugar donde dicen ” Pa’lante es pa’llá”, donde se pide la bendición al entrar, al salir, al levantarte y al acostarte, donde se comen arepas, cachapas y espaguetti con diablito, donde se menea el whisky con el dedo, donde se respira alegría aún en las adversidades, donde se regalan sonrisas hasta a los extraños, donde todos somos panas, donde aguantamos chalequeos, donde se trata con cariño sincero, donde los hijos de tus amigos son tus sobrinos, donde la gente siempre es amable, donde los problemas se arreglan hablando y tomando una cervecita, donde no se le guarda rencor a nadie y donde nadie se molesta por tonterías, donde hasta de lo malo se saca un chiste, donde besamos y abrazamos muchísimo, donde expresamos con cariño nuestros sentimientos, donde hay hermosas playas, ríos, selvas, montañas, nieve, llanos, sabana y desierto, un país de gente bella, cariñosa y alegre donde se mezclaron armoniosamente las razas, donde el extranjero se siente en casa y donde siempre encontramos cualquier motivo para celebrar con los amigos. Nací y crecí en VENEZUELA, me siento orgulloso de ser venezolano y seguiré manteniendo mi espíritu venezolano en cualquier lugar del mundo”
¡NO TE RINDAS!
♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥ Si la angustia te seca, si la ansiedad te asfixia, si la tristeza te ahoga, si el pesimismo te ciega... llora, grita, comunícate, exterioriza tu dolor.... pero JAMÁS te rindas.
Levanta tu mirada, respira hondo... ¡LUCHA..! amig@...lucha ... PORQUE Sí hay salida. Sí hay sentido. Sí hay ESPERANZA. Levanta tus manos y pide ayuda.
No te des por vencid@...y poco a poco verás La Luz. NO te rindas amig@, lucha. NO ESTÁS SOL@.
PORQUE VERÁS QUE SÍ VALIÓ LA PENA... ♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥
LA FUERZA INVENCIBLE DE LA FE
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"Ya veis que no soy un pesimista, ni un desencantado, ni un vencido, ni un amargado por derrota alguna. A mí no me ha derrotado nadie, y aunque así hubiera sido, la derrota sólo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, más idealista, porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o su negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que le sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática de su egoísmo.
¡Trabajo va a tener el enemigo para desalojarme a mi del campo de batalla! El territorio de mi estrategia es infinito, y puedo fatigar, desconcertar, desarmar y doblegar al adversario, obligándolo a recorrer por toda la tierra distancias inmensurables, a combatir sin comer, ni beber, ni tomar aliento, la vida entera; y cuando se acabe la tierra, a cabalgar por los aires sobre corceles alados, si quiere perseguirme por los campos de la imaginación y del ensueño. Y después, el enemigo no podrá renovar su gente, por la fuerza o por el interés., que no resisten mucho tiempo, y entonces, o se queda solo, o se pasa al amor, que es mi conquista, y se rinde con armas y bagajes a mi ejército invisible e invencible...."
(Fragmento de una página del discurso de Joaquín V. González "La universidad y alma argentina" 1918). ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
COMBATE Y DENUNCIA A LOS PEDÓFILOS (PEDERASTAS)
SEÑOR, TE PEDIMOS QUE PROTEJAS A L@S NIÑ@S, TE LO PEDIMOS EN EL NOMBRE DE JESÚS. AMÉN. ¡Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeñitos! Mejor le fuera que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos....... Lc 17,1-2 -- ÚNETE Y DENUNCIA --
SI LOS MEDIOS CALLAN, EL PUEBLO GRITA...
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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos
EL SENTIDO COMÚN ES IMPRESCINDIBLE PARA EL BIEN COMÚN Y PARTICULAR
SOMOS ANTI-OBSOLESCENCIA: NUESTRA CALIDAD TIENE VALOR
OBSOLESCENCIA ES LA planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible tras un período de tiempo calculado de antemano, por el fabricante o empresa de servicios, durante la fase de diseño de dicho producto o servicio, nos conduce al CONSUMISMO exacerbado, por culpa de algo evitable, destruimos recursos, planeta y dinero por algo que podríamos tener durante mucho tiempo.