EL Rincón de Yanka: CONCEPTOS

inicio














Mostrando entradas con la etiqueta CONCEPTOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CONCEPTOS. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de julio de 2026

DICCIONARIO CRÍTICO ETIMOLÓGICO CASTELLANO E HISPÁNICO


DICCIONARIO CRÍTICO ETIMOLÓGICO 
CASTELLANO E HISPÁNICO


El Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico es la obra más importante sobre el origen de las palabras en español. Fue escrito por el filólogo Joan Coromines y el lingüista José Antonio Pascual. La obra explica de dónde vienen las palabras, su historia y cómo cambiaron sus significados.

El primer formato se publicó entre 1954 y 1957 bajo el nombre de Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana. Años más tarde, los autores actualizaron y ampliaron la obra. La publicaron de nuevo en varios tomos entre 1980 y 1991.

El diccionario etimológico del castellano por excelencia es "el Corominas", el Diccionario crítico etimológico. El esfuerzo que llevó a cabo Joan Coromines (o Corominas, según se escribe a veces) fue inmenso, y lo inició en paralelo con sus también magnos trabajos sobre el catalán. Poseía una cultura lingüística inmensa, que abarcaba todo el conjunto de lenguas de la Península: catalán, gallego, portugués, leonés, vasco, mozárabe, judeoespañol, etc., conocimientos que le permitieron profundizar en el estudio del castellano. 
Esta sabiduría y erudición se beneficiaron de la aplicación de los criterios científicos más rigurosos, que situaron la obra en la vanguardia de los estudios lexicográficos y etimológicos de las lenguas románicas, lugar en el que permanece al cabo de tantos años de su aparición.

En este diccionario puedes encontrar:
El origen exacto de cada palabra.
La fecha aproximada en la que se empezó a usar en español.
Su evolución y las palabras similares en otros idiomas.

Breve Diccionario Etimologico de La Lengua Castellana (OCR) by luis apolinario muñoz


viernes, 13 de febrero de 2026

LIBRO "LA SALUD MENTAL NO EXISTE. LA SALUD, SÍ": CÓMO INTEGRAR CUERPO Y MENTE PARA VIVIR MEJOR por DR. JOSÉ LUIS MARÍN

LA SALUD MENTAL 
NO EXISTE.
LA SALUD, SÍ.

Cómo integrar cuerpo y mente 
para vivir mejor


No hay lugar para un cerebro lúcido
en un cuerpo agotado ni para una vida
en calma en una sociedad enferma.

Durante décadas hemos separado la mente del cuerpo como si fueran piezas separadas. Médicos y psicólogos suelen tratar síntomas aislados sin atender al cuadro general ni indagar en las verdaderas causas de nuestro malestar.
José Luis Marín, uno de los médicos psicoterapeutas más respetados de nuestro país, desafía la visión dominante: no hay salud mental; solo hay una salud, donde la biología, las emociones y el contexto social están profundamente entrelazados.
Partiendo de su dilatada experiencia, el doctor Marín recorre la historia de la psiquiatría desde el auge cientificista de los años setenta y la fiebre de la serotonina que él mismo secundó en sus inicios, pasando por la «invención» de trastornos mentales, hasta la progresiva psiquiatrización de la vida cotidiana.
Con lucidez, valentía y esperanza, propone un cambio de paradigma radical: dejar de tratar los síntomas y empezar a cuidar a las personas. Un libro imprescindible para comprender por qué nos sentimos mal y qué necesitamos para vivir mejor.

«No hay enfermedades, solo enfermos. Y cada enfermo es una historia que une el cuerpo con la emoción, la biografía y el mundo. Cuando olvidamos eso, la medicina deja de curar para empezar a reparar piezas». Dr. José Luis Marín


Es vital diferenciar el dolor emocional de una enfermedad:

- El sufrimiento es humano: Sentir dolor no siempre significa tener un trastorno mental.
- El peligro del diagnóstico: Etiquetar cada malestar lleva inevitablemente a la medicalización inmediata de la persona.
- No somos etiquetas: Hay muchísimo sufrimiento real, pero no todo debe tratarse con fármacos bajo un nombre clínico.
Cuidado con convertir las crisis de la vida en diagnósticos médicos.
¿Crees que hoy en día se etiqueta demasiado rápido cualquier tipo de tristeza o malestar? 
Compartimos un fragmento de la entrevista con @penguinlibros con @joseluismarinpsicoterapeuta a raíz del lanzamiento La Salud Mental no Existe - Nuevo libro del Dr. José Luis Marín.

Prólogo
Con ánimo de provocar

Llevo más de cuatro décadas viendo a todo tipo de personas pasar por mi consulta. He escuchado miles de relatos de sufrimiento humano y he sido testigo de los síntomas más diversos. Durante mis primeros años como médico y psiquiatra, cuando la psiquiatría era todavía una especialidad recién nacida, pensamos que habíamos descubierto la fórmula para resolver todo lo que nos estaba ocurriendo como especie. Creímos que los fármacos y la genética, la medicina y la química nos iban a salvar. Nos hicimos esa promesa como profesionales, y también se la hicimos a las personas que acudían a nosotros. Lo íbamos a curar todo.

Ha pasado casi medio siglo y esas promesas no se han cumplido. Si dejamos de lado las mejoras innegables en cirugía y algunas enfermedades que sí se tratan ahora con muchísima más facilidad, como las infecciosas, podemos decir sin miedo a equivocarnos que el modelo en el que pusimos toda nuestra fe no nos ha servido de mucho. ¿Por qué puedo afirmar algo así? Por algo tan sencillo y objetivo como los números. Tenemos más enfermedades crónicas, más suicidios infantiles, más fracaso escolar, más pacientes medicados, más psicólogos, más psiquiatras. Todos, profesionales y pacientes, nos damos cuenta hoy de que la promesa de que íbamos a curar la mayoría de las manifestaciones del sufrimiento sigue sin cumplirse.

Hoy más que nunca, a la gente le pasan cosas. A ti también: no puedes dormir, estás enfadado, no tienes interés por las actividades cotidianas, estás aburrido, estás harto, te llevas mal con todo el mundo, no quieres comer o, al revés, necesitas comer en exceso, no consigues concentrarte… A ti te pasan cosas, y nosotros, que no hemos aprendido a curarlo, sí hemos aprendido a ponerle una etiqueta. Lo llamamos depresión, o trastorno por ansiedad, o fobia social, o bulimia nerviosa o TDAH, y mandamos a esa persona que sufre a su casa con una receta para un medicamento que, en el peor de los casos, estará tomando toda su vida. Dejamos de preguntarnos qué le hace sufrir, qué ha pasado en su vida antes de venir a vernos, cómo creció, quiénes eran sus padres, dónde y cómo vive. La persona desaparece junto a las preguntas que no queremos hacer. Y solo queda el diagnóstico.

Decía Ortega y Gasset que la única función social de un intelectual es la provocación, así que lo digo: la depresión no existe, la ansiedad no existe, la fobia social no existe. La salud mental no existe. Existe el sufrimiento de esta persona detrás de todas las etiquetas, por supuesto que sí, pero cada uno de esos diagnósticos los hemos inventado los profesionales porque convienen al sistema, no al paciente. ¿Qué es la depresión? Una manera de estar mal, una manera de expresar un sufrimiento individual que nunca nunca se manifiesta solamente a través de lo mental. Nada de lo que hacemos como seres humanos es solo mental o solo corporal. Todo buen enamorado sabe que el amor afecta al corazón igual que al cerebro, como todo aquel que se haya declarado alguna vez sabe que los nervios se llevan en el estómago tanto como en la mente, y así ocurre con todas las emociones. Por eso aquella promesa de que curaríamos lo mental con un fármaco para el cerebro ha demostrado ser una enorme cortina de humo que durante mucho tiempo nos ha impedido ver cómo funciona realmente la salud.

Casi todo lo que creemos sobre la depresión y otros trastornos mentales está equivocado o es contradictorio. Y casi todo lo que hacemos para tratarlos está mal hecho o es insuficiente.


domingo, 11 de enero de 2026

FIRMEZA

 


FIRMEZA

La rabia enceguece al oprimido;
pero la firmeza valiente amedrenta a su opresor.

-El miedo nos somete
-La rabia nos ciega
-La seducción nos hechiza.

Cuando seamos capaces de superar estas tres barreras encontraremos las armas para esta contienda:
-Serenidad
-Convicción
-Coraje
-Firmeza

La convicción requiere indagación y discriminación (ambas imposibles sin la adecuada serenidad)

Quienes caminan sobre el suelo firme de la convicción, encuentran ese coraje que derriba el artificio verborréico (tan utilizado por quienes ocultan su codicia bajo el disfraz de su hipocresía).

Las ideas nos dividen, las actitudes nobles nos unen.

Cultivemos una convicción serena y valiente y enfrentemos con firmeza al verdadero enemigo.

No olvidemos que la lucha externa es el reflejo de la interna y que el engaño interno es lo que facilita el externo.

Cultivando nuestro interior recuperemos esa fuerza y dignidad que nos pertenece.
Sólo guarnecidos de esta forma podremos vencer al enemigo externo.

lunes, 15 de diciembre de 2025

LIBROS "UNA GRAMÁTICA DE LA DEMOCRACIA" y LOS ADJETIVOS (ÁRBOL) DE LA DEMOCRACIA" por MICHELANGELO BOVERO

Y



Conferencia dictada el 08 de noviembre de 2011

Democracia es sencillamente una palabra. Es una de las palabras que más han padecido una situación inflacionaria en el lenguaje común, a tal grado que corre el riesgo de convertirse en una palabra vacía. Corre el riesgo de perder cualquier significado compartido. Es por eso que, en los últimos años, varios estudiosos estamos intentando, desde distintas perspectivas, restaurar el significado de la palabra democracia, es decir, de reconstruir un concepto de ella. Por mi parte, pretendo presentar sintéticamente una propuesta teórica cuyo objetivo inicial es el de redefinir un concepto de democracia aceptable, que sea acorde con los usos prevalecientes de la palabra a lo largo de la historia de la cultura occidental. Para comenzar, procederé a esta tarea por medio de aproximaciones sucesivas muy sencillas. 

La palabra democracia significa, quizás como dirían los lógicos, un mundo social posible. Es decir, una de las configuraciones que puede asumir la organización de la convivencia colectiva. Con mayor precisión, democracia implica, ante todo y esencialmente, una forma de gobierno en el sentido más amplio y tradicional de esta expresión. O un tipo de régimen, como yo prefiero decirlo. Los antiguos habrían dicho que la democracia es una politeia, es decir, una de las constituciones, de acuerdo con el modo más frecuente de traducir la palabra griega politeia. Aristóteles nos enseñó a reconocer la Constitución, la politeia de una polis, de una comunidad, en la arquitectura de los poderes públicos sobre los cuales se atribuye la tarea de tomar las decisiones colectivas. Usando un lenguaje más moderno, pero manteniendo la misma sustancia, diríamos que los tipos de régimen se distinguen entre sí en base a las reglas constitutivas que en cada uno de ellos se establecen. Para utilizar las esclarecedoras fórmulas de Bobbio: el quién y el cómo de las decisiones políticas. 

Quién, es decir, cuáles y cuántos sujetos tienen el derecho o el poder de participar en el proceso de toma de decisiones; y cómo, es decir, mediante cuáles procedimientos debe llevarse a cabo este proceso. Por lo tanto, el régimen democrático se distingue de los otros regímenes por sus reglas específicas, es decir, por una clase determinada de respuestas a las preguntas relativas al quién y al cómo de las decisiones políticas. Podríamos decir también, utilizando una metáfora común, que la democracia es un juego, un sistema de acciones e interacciones típicas regido por un conjunto de reglas fundamentales a las que denominamos precisamente como reglas del juego. 

Si no sabemos cuáles son las reglas, no podemos saber a qué juego estamos jugando. 
Si no establecemos cuáles reglas son democráticas, no podemos juzgar si los regímenes realmente existentes y a los cuales llamamos democracias, merecen de verdad ese nombre. Pero, ¿cómo establecer si una regla del juego político es democrática o no? ¿Cuál es el criterio que debemos seguir? 

Aprendimos de los antiguos a llamar democracia a un régimen en el que las decisiones colectivas, las normas vinculantes para todos, no emanan de lo alto, es decir, de un solo sujeto –el monarca o el tirano–, ni tampoco de unos pocos sujetos –los aristócratas, los oligarcas– que se erigen por encima de la colectividad, sino que las reglas, las normas, son producto de un proceso de decisión que se inicia desde abajo, desde la base, proceso en el que todos, o muchos, tienen el derecho de participar de manera igualitaria y libre. La democracia es sencillamente el régimen de la igualdad política y de la libertad política. 

Las reglas del juego democrático están contenidas implícitamente en los principios de igualdad y libertad políticas, o lo que es lo mismo, son reconocibles como democráticas aquellas reglas constitutivas –constitucionales– que representan una consecuente expresión jurídica de los principios de libertad y de igualdad políticas. Por ello, dichas reglas valen como las condiciones –en el sentido lógico– bajo las cuales un régimen es reconocible como democracia, es decir, como un régimen de igualdad y libertad políticas. El juego político es democrático a condición de que –y hasta que– tales reglas sean respetadas.

Si éstas se alteran o se aplican incorrectamente, de manera no coherente con los principios democráticos, entonces se empieza a jugar otro juego, tal vez incluso sin darnos cuenta de ello. Tanto el renacimiento moderno del ideal democrático, como el proceso gradual de democratización de los sistemas políticos históricamente existentes, tienen algunos siglos de vida muy tormentosos, como lo sabemos en Italia y en Chile; y la reflexión teórica, muy contrastada, aunque solo tardíamente a mediados del siglo XX, logró elaborar una concepción de la democracia exenta de muchos equívocos: la así llamada “concepción procedimental”, que precisamente pone en el centro de la atención a las reglas del juego. 

La teoría de Norberto Bobbio es generalmente considerada como la versión más puntual y madura de la concepción procedimental de la democracia. Como les decía, en los últimos cinco o seis años he vuelto a reflexionar en torno a este núcleo central del pensamiento político bobbiano. 
He buscado reconstruirlo, desarrollarlo, reconducirlo hacia la formulación de una teoría de las condiciones de la democracia, y he intentado aplicar esta teoría, que me gustaría designar como neo-bobbiana, a la realidad de nuestro tiempo, utilizándola como instrumento de análisis y parámetro de juicio de los regímenes contemporáneos que habitualmente llamamos democracias. En esta ocasión intentaré presentar, en extrema síntesis, algunos resultados de mis últimas investigaciones. 

A partir de una redefinición rigurosa del concepto de democracia, mediante la identificación de las condiciones lógicas de la misma, y con base en este concepto, pretendo sostener tres tesis. 

La primera tesis es que en todo el mundo la democracia está en camino a una degeneración autocrática. Segundo, en muchos lugares las tendencias autocráticas sirven para alimentar a –y son sostenidas por– formas de gobierno de los peores, vale decir que favorecen –y son favorecidas por– el deterioro progresivo de la calidad de las clases dirigentes. La tercera tesis dice que la llamada “tercera ola” del proceso de democratización que se expandió durante el último cuarto del siglo XX, produciendo la caída de varios regímenes autoritarios, dictatoriales, totalitarios, en realidad diseminó por el mundo una miríada de democracias aparentes. 
Sugiero tomar en consideración, como punto de partida, el elenco de las reglas del juego democrático que se encuentran en la teoría general de la política de Norberto Bobbio. Las reglas del elenco bobbiano son muy simples. En apariencia y en realidad, cada una de ellas tiene que ver con un complejo abanico de problemas. La primera regla del elenco de Bobbio establece una condición, en el sentido lógico, de igualdad entendida como inclusión. Todos los ciudadanos “pasivos” –en el sentido jurídico– sometidos a la obligación política de obedecer las normas de la colectividad, deben ser también ciudadanos “activos” –otra vez en el sentido jurídico–, es decir, titulares del derecho o el poder de participar, y ante todo, pero no solo con el voto electoral, en el proceso de formación de las decisiones políticas sin ningún tipo de discriminación. 

La segunda regla impone una condición de igualdad, esta vez como equivalencia. Los votos de todos los ciudadanos deben tener un peso igual. Ninguno debe contar más o menos que otro. 

La tercera regla establece una condición de libertad subjetiva. La opinión política de cada uno se debe poder formar libremente y, por lo tanto, debe estar basada en un correcto conocimiento de los hechos y estar protegida frente a interferencias o manipulaciones distorsionadoras, lo cual exige, por lo menos, que esté garantizado el pluralismo de los medios de información y persuasión. 

La cuarta regla plantea una condición de libertad objetiva. Los ciudadanos deben poder escoger entre propuestas y programas políticos efectivamente diferentes entre sí, dentro de una gama de alternativas lo suficientemente amplia para permitir a cada uno el poder identificarse con una orientación precisa, lo que exige que al menos esté asegurado el pluralismo de partidos, asociaciones y movimientos políticos. 

La quinta regla plantea una condición de eficiencia para todo el proceso de decisión política. Las decisiones deben ser tomadas con base en el principio de mayoría, que es sencillamente, para Bobbio y para mí, una regla técnica idónea para superar la heterogeneidad, el contraste o el conflicto de las opiniones particulares. 

La sexta y última regla del elenco de Bobbio tiene un carácter especial. No se refiere ni al quién ni al cómo, es decir, no se refiere a la forma, sino más bien se refiere al qué cosa, al contenido o la sustancia de las decisiones políticas. Estas decisiones no pueden traducirse en normas que estén en contradicción con los principios democráticos de igualdad y libertad. 

En la teoría general de la política, la sexta regla se encuentra expresada con una formulación muy corta, muy reductiva. Para comprender su alcance efectivo, que es muy amplio, es necesario releer un pasaje de Bobbio que dice así: “Estas reglas” –las que he mencionado y reformulado– “establecen cómo se debe llegar a las decisiones políticas y no qué cosa debe decidirse. Desde la perspectiva de qué cosa, el conjunto de las reglas del juego democrático no prescribe nada, salvo la exclusión de decisiones que podrían en algún modo contribuir a tornar vanas y a hacer inútiles una o más reglas del juego”. 

En suma, la sexta regla de Bobbio establece que ninguna decisión asumida por medio de las otras reglas del juego democrático debe desnaturalizar u obstaculizar al juego mismo. Esta formulación general se puede precisar articulando un elenco de cinco imperativos específicos, que en mi teoría corresponden a otras tantas condiciones ya no formales sino sustanciales, de salvaguardia o supervivencia de la democracia. 

En primer lugar, se prohíbe cualquier decisión que esté orientada a alterar o abolir las otras reglas del juego, esto es, las condiciones formales de la democracia, aun cuando una decisión de este tipo haya sido tomada de acuerdo con las mismas. Por ejemplo, se prohíbe que un parlamento, elegido con sufragio universal, introduzca el sufragio restringido. 

En segundo lugar, se prohíbe volver vanas, es decir, vacías o inútiles, las otras reglas del juego, limitando o, peor aún, aboliendo aquellos derechos fundamentales de libertad individual, de libertad personal de opinión, de reunión o de asociación, que constituyen las precondiciones liberales de la democracia. 

En tercer lugar, se impone a los poderes públicos de una democracia la obligación de volver efectivo el goce universal de estas mismas libertades, mediante la garantía de algunos derechos fundamentales ulteriores que representan, en mi lenguaje, las precondiciones sociales de las precondiciones liberales de la democracia. Así como es cierto que las primeras cinco reglas formales del juego democrático serían vanas si no estuviesen garantizados los derechos a la libre manifestación de las ideas, a la libertad de reunión o asociación, también lo es que estos mismos derechos de libertad estarían vacíos, o reducidos de facto, como meros privilegios de algunos, si no estuvieran garantizados para todos, por ejemplo, el derecho social a la educación pública gratuita y el derecho a la subsistencia, es decir, a gozar de condiciones materiales que vuelvan a todos los individuos como tales, capaces de ser libres, y no los empujen a alienar su propia libertad al mejor postor. 

En cuarto lugar, se prohíbe violar las precondiciones constitucionales de la democracia, específicamente los principios de separación y equilibrio de los poderes del Estado. En otras palabras, se impone asegurar las técnicas jurídicas idóneas para prevenir el despotismo, incluso el de la mayoría. 

En quinto lugar, se prohíbe toda forma de concentración de aquellos que Bobbio llama los tres poderes sociales: el poder político, fundado en última instancia en el control de los métodos de coacción; el poder económico, basado en el control de los bienes y los recursos materiales; y el poder que Bobbio llama poder ideológico, que se funda en el control de las ideas, de las conciencias, es decir, los medios de información y de persuasión. 

Estos cinco imperativos, que se pueden considerar implícitos en la sexta regla del juego, con la cual se cierra el elenco de Bobbio, corresponden a otras tantas condiciones de la democracia, ya no de tipo formal como las primeras cinco, sino sustanciales. No son normas que se refieran al quién –normas de competencia–, ni normas que se refieran al cómo –normas de procedimiento–, sino que son normas de conducta política, en la medida que limitan o vinculan con obligaciones positivas o negativas el comportamiento de los sujetos autorizados para tomar las decisiones políticas, y en consecuencia limitan y/o vinculan el contenido –el qué cosa– de sus actos.

De esta manera, se delinea un decálogo de condiciones de la democracia, cinco formales, cinco sustanciales, aunque a continuación veremos que resulta necesario, según pienso yo, asumir una onceava condición a la que llamaré institucional. Antes de ello quisiera hacer una aclaración. No acepto la propuesta de mi querido amigo Luigi Ferrajoli, quien identifica una democracia sustancial al lado de una democracia formal. En mi teoría, la democracia es formal por definición. Es una forma de gobierno, una forma de régimen. Toda forma es formal. 

La palabra democracia implica una forma de gobierno, de régimen, la cual, para poder nacer, para seguir existiendo sin volverse aparente y para no morir, está vinculada al respeto de algunas determinadas condiciones sustanciales. El problema, de acuerdo con Bobbio, es que las reglas del juego resultan muy sencillas de enumerar, pero difíciles de aplicar correctamente. Por ello, en el análisis de los casos concretos de las llamadas democracias reales, Bobbio decía que se debe tomar en cuenta la posible distancia entre la enunciación del contenido de las reglas, y la manera en que estas son aplicadas, y dado que ningún régimen histórico ha observado jamás por completo los dictados de todas estas reglas, es justificado hablar de regímenes más o menos democráticos. Bobbio decía esto en 1984. 

En mi opinión, hoy el problema se presenta en términos mucho más graves, mucho más serios. Considerando la historia reciente de las democracias reales, debemos preguntarnos si estos regímenes, unos más y otros menos, no se han acercado ya peligrosamente a una frontera crítica, y si en algunos casos, incluso, no se ha cruzado ya la línea de demarcación entre la democracia y la no-democracia: la autocracia, de acuerdo con el lenguaje de Hans Kelsen. Es decir, que se haya cruzado la frontera entre un régimen que asegura todavía un grado apreciable de libertad e igualdad política, y un régimen en el cual las decisiones caen, generalmente, desde lo alto. 

El proceso de democratización que ha caracterizado, a veces de manera discontinua, heterogénea e incluso sangrienta, los últimos dos siglos, consistió en el acercamiento de muchos sistemas políticos reales al paradigma de una correcta aplicación de las reglas del juego: ampliación de los derechos de participación política hasta llegar al sufragio universal, mejores garantías de libertad y así sucesivamente. Pero si un análisis desprejuiciado de la realidad contemporánea nos llevara a constatar que los regímenes que hoy comúnmente son llamados democracias han invertido la ruta, alejándose de este paradigma, creo que deberíamos hablar de una degeneración de la democracia y de una decadencia progresiva hacia la autocracia. Los lectores de Bobbio saben que en 1984 este autor expresaba una opinión completamente diferente. 

Él decía que con todo lo que ha ocurrido y no obstante todas las transformaciones que los nobles ideales democráticos han sufrido, no se puede hablar de una degeneración de la democracia. Bobbio decía: “Aun la democracia real más alejada del modelo, de un paradigma de la correcta aplicación de las reglas del juego, no puede ser confundida de ninguna manera con un estado autocrático”. Yo pregunto si esto sigue siendo cierto hoy. 
¿Estamos dispuestos a reconocer todavía como válida esta afirmación, después de un cuarto de siglo? Si mantenemos la perspectiva fundamental de Bobbio, que asumía como término de comparación a los totalitarismos del siglo XX, claro que sí. Pero preguntémonos, después del análisis de Bobbio, ¿cuáles son las transformaciones ulteriores que ha sufrido la democracia? ¿Ha disminuido o se ha incrementado la distancia con el modelo ideal que identifica las condiciones de la democracia con un conjunto de reglas correctamente aplicadas? 


Aquí expongo la siguiente tesis. Al observar en retrospectiva las últimas tres décadas de vida de las democracias reales, o dicho de manera un poco triste, los “treinta poco gloriosos”, es claramente reconocible un proceso de degeneración que, aunque se diferencia fenoménicamente en distintos lugares, es sustancialmente homogéneo y aún está en marcha, y tiende a hacer que la democracia asuma gradualmente características de una forma de gobierno distinta, a la que propongo llamar “autocracia electiva”. Obviamente se trata esto de un oxímoron, de una paradoja. 

El autócrata clásico dispone de sí y de los demás a su propio arbitrio. Se pone a sí mismo como el principio del poder. Se impone, no se propone a los ciudadanos, pero a mi juicio, la propia debilidad política de nuestros tiempos es precisamente, a la vez, un oxímoron y una paradoja. No parece difícil individualizar, en la historia reciente de las democracias reales, un verdadero primer golpe de timón, al menos en la cultura política, y a partir del cual se ha comenzado a prospectar, en los epicentros políticos del mundo, la posibilidad de jugar el juego político de modo no democrático o de modos menos democráticos, aplicando incorrectamente las condiciones de la democracia o alterando algunas de sus reglas del juego, y atacando o erosionando sus presupuestos, o las precondiciones de la democracia. 

Como fecha simbólica de esta inversión de ruta se podría señalar el año 1975, en que se publicó el famoso informe sobre la gobernabilidad de las democracias de Crozier, Huntington y Watanuki. Desde entonces, la retórica de la gobernabilidad se difundió rápidamente en muchos ambientes, no solo entre los académicos, hasta convertirse en una especie de lugar común. Según esa opinión, el diagnóstico era, en el fondo, simple: la democracia funciona mal o poco, en el sentido de que no es eficiente en la función política esencial que es producir decisiones colectivas, y funciona mal porque es un régimen difícil y demasiado exigente. Por lo tanto, la terapia aconsejada era clara: para hacerla funcionar mejor o de una manera más eficiente, debemos disminuir sus exigencias. Entonces: 

1) En caso de necesidad, la democracia debe convertirse en un régimen menos inclusivo, en contraste con la primera regla. Piénsese en el problema de la inmigración, que se ha agudizado en los últimos tiempos sobre todo en Europa, donde masas crecientes de individuos no solamente son excluidos de los derechos de ciudadanía, sino que incluso son reducidos a condiciones semi-serviles o directamente criminalizados. 
2) En la medida en que le es útil al decision-making, se puede alterar el peso de los votos individuales en franca violación a la segunda regla. Me refiero con esto a las más o menos sofisticadas manipulaciones ingenieriles de los sistemas electorales, hechas en nombre de la gobernabilidad. 
3) Debido a que las lógicas “objetivas” del mercado global, ante las que debemos arrodillarnos como si fueran leyes divinas, inducen a grandes concentraciones, e incluso a monopolios de los medios de comunicación, resulta inevitable –sostienen los emperadores de la comunicación– infringir también la tercera regla, que exigiría lo contrario, es decir, el pluralismo informativo como obstáculo, tal vez insuficiente pero indispensable, contra la manipulación de la opinión pública. 

4) No solo razones de eficiencia sino algunas presuntas razones ideales son frecuentemente invocadas para promover una drástica simplificación del pluralismo político, reduciéndolo de hecho a un dualismo. Piénsese en los duelos televisivos. De este modo se provoca, en contra de la letra y el espíritu de la cuarta regla, la desafección de la democracia de todos aquellos que no se reconozcan en ninguna de las alternativas disponibles. 
5) Para asegurar eficazmente la gobernabilidad, se tiende a concebir, a ingeniar y a practicar el juego político como si éste fuese un juego de suma cero, en el cual es atribuido todo el poder al ganador a través de la absolutización indebida o distorsionada de la regla cinco, es decir, del principio de mayoría. 
El exorbitante alcance que ha venido a asumir el principio mayoritario, al grado de llevar a los estudiosos a aislar como una subespecie del régimen democrático a la así llamada “democracia mayoritaria”, acompaña y favorece lo que yo considero como la degeneración última, el paso final hacia el umbral que separa a la democracia de la autocracia. 

La institución de las elecciones es interpretada de manera unilateral, reductiva y distorsionada como un método para la investidura personal de un jefe supremo. La elección en verdad decisiva, o la que es percibida como tal, vale decir, como la que determina el rumbo político de un Estado y que incluso marca el destino de una colectividad, al menos hasta la siguiente consulta popular, consiste o se resuelve en la designación del jefe del ejecutivo, a quien le es conferido de facto el papel de guía del Estado. ¿Saben como se dice guía en latín? Dux… Duce.




















Árbol de la Democracia | 69: Michelangelo Bovero


LA DECADENCIA DEL LENGUAJE

VER+:



Esta publicación quiere abrir un espacio para pensar juntos qué significa vivir en democracia, no como un eslogan sino como una práctica exigente que requiere atención, límites y cuidado. 
A partir de la obra La democracia en nueve lecciones y de sus investigadores, presentamos un recorrido breve por quiénes son y qué aportan al estudio contemporáneo de lo político. 
Michelangelo Bovero es un filósofo político italiano formado en Turín, discípulo de Norberto Bobbio y especializado en teoría democrática y educación cívica. 
Gianfranco Pasquino es politólogo, profesor en Bolonia y experto en partidos, sistemas electorales y análisis comparado. 
Luigi Bobbio fue sociólogo y politólogo, profesor en Turín, dedicado a políticas públicas y participación ciudadana. 
Alfio Mastropaolo es politólogo italiano, investigador del populismo, la representación política y la relación entre ciudadanía y élites. 
Gian Luigi Vaccarino es economista y estudioso de las políticas fiscales, la deuda pública y sus efectos sobre la gobernabilidad democrática. 
Marco Revelli es sociólogo e historiador de las ideas, profesor en Turín, dedicado a estudiar democracia, mercado y transformaciones sociales. 
Luigi Ferrajoli es jurista italiano, uno de los principales teóricos del garantismo, especializado en derechos fundamentales y límites del poder penal. 
Elena Paciotti es jurista y magistrada, dedicada al estudio de la democracia europea, la supranacionalidad y la tutela de los derechos en la Unión Europea. 
Giovanni Sartori fue uno de los politólogos más influyentes del siglo XX, experto en sistemas de partidos, teoría democrática y metodología comparada. 
Valentina Pazé es filósofa política y profesora en Turín, centrada en ciudadanía, participación democrática y educación cívica.

domingo, 14 de diciembre de 2025

LOS TRES SECRETOS DEL NACIMIENTO DE JESÚS: "MIGDAL EDER" (LA TORRE DEL REBAÑO DEL PESEBRE) 🐏

Los pastores (levitas) 
de Migdal Eder (la torre del rebaño) 
y el nacimiento de Jesús 
(en el Pesebre) en Belén
🐏
“Lo puso en un pesebre, 
porque no había lugar para ellos en el mesón» 
(Lc 2,7)
Rafael Sanz

Acerca del lugar físico en el que nació Jesús, solo Lucas nos da los detalles: Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón (Lc 2,7) Conviene aclarar en primer lugar que la traducción frecuente de la palabra griega: καταλύματι (katalumati) en “mesón (o posada)” no es del todo adecuada; pues la palabra común para “mesón o posada” era el término griego πανδοχεῖον (pandocheion), como la encontramos, por ejemplo, referida a la posada a donde el buen samaritano llevó al herido de Lc 10,34 (cfr. «Jesús a través de los ojos del Medio Oriente», Kenneth Bailey). Pero la palabra a la que se refiere en Lc 2,7, kataluma, significa más bien “un lugar donde poder alojarse”.

Entonces, ¿cuál fue la razón de que José y María no encontraran “un lugar donde estar” en Belén? La razón era que según Lv 15,19-27 una mujer con flujo de sangre quedaba ritualmente impura; así como todo lo que ella toque o use; y también a todos los que tuvieran contacto físico con ella. Y esto se aplicaba también a las mujeres embarazadas (Lev 12,2-4), porque el parto implicaba derramar sangre. Por ello -para evitar contaminar ritualmente a sus familias-, las mujeres embarazadas buscaban un lugar apartado para dar a luz. Esto es lo que hicieron José y María, pero se nos dice que no lograban encontrar «un lugar donde estar” y poder dar a luz.

Una aclaración. La palabra “pesebre” es traducida del griego φάτνῃ “phatné”; pero también puede traducirse como “establo»: por ejemplo en la Septuaginta LXX (Escrituras hebreas en griego) en 2 Cr 32,28 y Prov 14,4; y lo mismo ocurre en Lc 13,15 que hace referencia al lugar donde hay animales.

«Hallaréis al niño envuelto en pañales, 
acostado en un pesebre» (Lc 2,12)

Pero sigamos con nuestro tema: ¿Qué pistas se nos dan acerca del lugar en el que nació Jesús? Un dato que llama la atención a primera vista es que lo que se nos dice que hace María tras dar a luz a Jesús: «lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre” (Lc 2,7), y que es la señal que se da a los pastores: «Entonces el ángel les dijo: Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.” (Lc 2,12). A primera vista, puede parecernos difícil que con solo esos datos alguien encuentre rápidamente a nadie. Sin embargo ¿por qué a los pastores les resultó suficiente información para encontrar al Niño? Los pastores no dudaron sobre el lugar donde lo encontrarían y lo hicieron rápidamente: 
“Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre«. ¿Qué se nos quiere decir con esto?

Por un lado sabemos que Herodes preguntó a los sacerdotes donde tenía que nacer el Mesías según las profecías, se nos dice que le dieron esta respuesta: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.” (Miq 5,2; Mt 2,6). Pero había más profecías relativas a la ubicación del nacimiento del Mesías. El mismo profeta Miqueas dice unos versículos antes: “Y tú, oh torre del rebaño (Migdal-Eder, מִגְדַּל־עֵ֗דֶר), fortaleza de la hija de Sion, hasta ti vendrá el señorío primero, el reino de la hija de Jerusalén” (cfr. Miq 4,8). Según esto, el Mesías sería anunciado en un lugar llamado “Migdal Eder”, que significa “torre de rebaño”. Hasta el punto existía esta creencia que la encontramos en la paráfrasis de Targum Yonatan de Génesis 35,23 y Miqueas 4,8 como: «Él extendió su tienda más allá de Migdol Eder, el lugar donde el rey Mesías se revelará al final de los días«.

Actualmente se desconoce la ubicación exacta de Migdal Eder, pero parece que se encontraba cerca de Belén (cfr. Eusebio, “Concerniente a los nombres de lugares en las Sagradas Escrituras” Sección B, 196) a una milla romana -1,5 Km- y al este, en el camino a Jerusalén (cfr. Gn 35,16-21; Efratá era el antiguo nombre de Belén). En Israel era común construir “torres de vigilancia” como protección de los enemigos (2 Reyes 18,8). A veces, estas torres también eran usadas para custodiar a los rebaños (2 Cr 26,10). Se han encontrado ruinas arqueológicas de algunas de estas torres. Por lo que parece en Migdal Eder hubo -en algún momento- una torre llamada la “torre del rebaño”, donde los pastores sacerdotes vigilarían su ovejas desde la parte alta de la torre, y en el nivel más bajo llevaban las ovejas para dar a luz a los corderos.

Por otro lado sabemos por El Talmud que “el rebaño que se encuentra desde Jerusalén hasta Migdal Eder, y en la misma vecindad en todas direcciones: los machos son [considerados como] holocaustos; las hembras son [consideradas como] ofrendas de paz» (cfr. Talmud de Babilonia, Shekalim 7,4). Si esto es así, es muy posible que hubiera cerca pastores que cuidaban sus rebaños. Y que por ser destinados para los sacrificios del Templo fueran un tipo especial de pastores. 
«Un pasaje de la Mishnah lleva a la conclusión de que los rebaños que pastaban allí estaban destinados a los sacrificios en el templo y, en consecuencia, los pastores que los cuidaban no eran pastores ordinarios”. Según algunos estudiosos, existían unos pastores sacerdotales, es decir, de la tribu de Leví, que eran los encargados de cuidar los rebaños del templo (cfr. “The Life and Times of Jesus the Messiah”, Alfred Edersheim).

Entre los deberes de estos pastores estaba el de supervisar el nacimiento de cada cordero y verificar que fuesen aptos para el sacrificio en el templo. Según la ley, los corderos debían nacer sin mancha, sin huesos rotos y sin ningún defecto (Ex 12,5).

Nada más nacer los envolvían con tiras de tela bien apretadas para protegerlos de golpes y manchas. De ahí la referencia de Lucas a los pañales y el pesebre: pues mientras que al nacer un bebé judío se le cortaba el cordón umbilical, se lavaba y se envolvía en pañales (cfr. Ez 16,4), a un cordero destinado al Templo, nada más nacer se le envolvía con trozos de tela -desechos de las ropas sacerdotales que habían sido usadas en los sacrificios del templo-; y se les colocaba en unos comederos tallados en piedra caliza -que debían estar ritualmente limpios-, para evitar que los agitados corderos se lastimaran hasta que estuvieran tranquilos (cfr. “The Tower of the Flock: The Christmas Story”, Christine Van Horn).

Además estos pastores levitas debían cumplir las reglas rabínicas de limpieza y mantenían purificado el lugar de nacimiento de estos corderos; es decir, no se permitiría la presencia de otros animales. Esta es la razón por la que estos rebaños, para no ensuciar, se mantenían al raso, y sólo las ovejas que estaban para dar a luz se llevaban a la parte baja de la torre de vigilancia.

Y aquí viene una cuestionable pero no imposible interpretación: ¿Y sí José y María, al no encontrar «un lugar donde alojarse» en Belén, vieron en la cercana “torre del rebaño”, un lugar apropiado para dar a luz? Y como se nos dice que aquella misma noche también “había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño” (cfr. Lc 2,8), que parece apropiado pensar que éstos eran los de Migdal Eder (cfr. “The Life and Times of Jesus the Messiah”, Alfred Edersheim) y por eso dieron rápidamente con ellos. Y esto explicaría también porqué los pastores fueron y llegaron “rápidamente« al único lugar donde los corderos nacían para el sacrificio, y se envolvían en pañales y se acostaban en un pesebre: ¡Migdal Eder, la torre del rebaño!

Además desde esta perspectiva, los oyentes judíos de estos relatos habrían entendido inmediatamente el trasfondo religioso del cordero sacrificial con las palabras del ángel: “Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor.” (cfr. Lc 2,10-11). En efecto, Jesús es “el Cordero de Dios” (Jn 1,29), y por eso “un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pe 1,18-19). Muy convenientemente, estos pastores levitas debían ser los primeros en recibir la noticia del nacimiento del Mesías, pues ¡ellos debían supervisar el nacimiento del “Cordero de Dios” y verificar que no tenía mancha ni defecto!

De todas formas, no sería necesario que Jesús naciera exactamente en la parte baja de la Torre del rebaño, bastaría que estuviera en ese perímetro para tener la misma interpretación de Cordero De Dios para el sacrificio. Así mismo, la noticia de un nacimiento en aquella noche correría como el viento en Belén y no les resultaría muy difícil dar con ello.

Espero que hayáis disfrutado tanto como yo con este estudio.

Bibliografía
  • Jesús a través de los ojos del Medio Oriente», Kenneth Bailey. Kenneth E. Bailey es un ministro presbiteriano ordenado, vivió y enseñó en seminarios e institutos en Egipto, Líbano, Chipre y Jerusalén por cuarenta años. Durante veinte de estos años, el Dr. Bailey fue director de la división bíblica y profesor de Nuevo Testamento en la Escuela Teológica Near East en Beirut. Fue ahí donde también fundó y dirigió el Instituto de Estudios del Nuevo Testamento del Oriente Medio. Ha enseñado como profesor auxiliar en las academias teológicas de Pittsburg, McCormick y Fuller en California.
  • “The Life and Times of Jesus the Messiah”, Alfred Edersheim
  • “The Tower of the Flock: The Christmas Story”, Christine Van Horn
  • Talmud de Babilonia, Shekalim 7:4
  • Septuaginta LXX
  • Eusebio, “Concerniente a los nombres de lugares en las Sagradas Escrituras” Sección B, 196
  • Los targums son traducciones judías arameas de libros de la Biblia hebrea. El género targómico combina representaciones literales del texto bíblico con material adicional, que varía en tamaño desde una palabra hasta varios párrafos. Las adiciones proporcionan información importante sobre la antigua interpretación bíblica judía. Targum Jonathan (hebreo: תרגום יונתן בן עוזיאל), también conocido como Targum Yonasan/Yonatan, es el targum oriental oficial (babilónico). El Talmud atribuye su autoría a Jonathan ben Uzziel, alumno de Hillel el Viejo. Según esta fuente, fue compuesta por Jonathan b. Uzziel «de boca de Hageo, Zacarías y Malaquías«, lo que implica que se basó en tradiciones derivadas de los últimos profetas.
  • La Mishná o Mishná (/ˈmɪʃnə/; hebreo: מִשְׁנָה, «estudio por repetición«, del verbo shanah שנה, o «estudiar y revisar», también «secundario») es la primera gran colección escrita de las tradiciones orales judías conocidas como la «Torá Oral”. Cada aspecto de cómo los judíos debían obedecer la Ley (según estos fariseos) se registró en la Mishná: complementa, complementa, aclara y sistematiza los mandamientos de la Torá. La Torá, por ejemplo, ordena: «Cuando comáis y os saciáis, dad gracias a vuestro Dios por la buena tierra que os ha dado» (Deut. 8:10). La Mishná detalla bendiciones específicas que se deben recitar antes y después de cada tipo de comida, y qué hacer si la bendición equivocada se recita por error. También extiende la recitación de bendiciones a áreas distintas de la comida, detallando las bendiciones que se recitarán antes y después de la ejecución de los mandamientos, las bendiciones de alabanza y la acción de gracias, incluso estableciendo un orden regular de oraciones diarias. La Mishná fue escrita después del tiempo de Cristo, pero contenía gran parte de la Ley Oral adoptada por los fariseos durante su vida y nos ayuda a entender cuántos de los judíos estaban pensando durante este tiempo. La Mishná comprende seis secciones principales, u órdenes (sedarim), que contienen 63 tratados (massekhtaot) en total. Shekalim es el cuarto tratado en el segundo orden, Moed (Festivales), por lo que se ocupa principalmente de asuntos relacionados con el Templo de Jerusalén y los impuestos y ofrendas del templo.




sábado, 8 de noviembre de 2025

CONSTRUYAMOS UNA NUEVA "TEORÍA CRÍTICA" BASADA EN EL CRISTIANISMO por FORUM LIBERTAS


Construyamos una Nueva "Teoría Crítica" 
basada en el cristianismo


Tiene «críticas acertadas», pero el cristianismo puede «ofrecer alternativas más adecuadas»

Teoría crítica, el «nuevo arrianismo» 
que la Iglesia no puede ignorar 
si quiere derrotar al wokismo

Cuando se piensa en el término de teoría crítica, lo normal es que se antoje una nebulosa de conceptos, relaciones y doctrinas lejanas que resultan difíciles de definir, por muy determinantes que resulten. Pero si se habla de los postulados woke o de la Revolución sexual, se asimila con más facilidad. Y precisamente esa es una de las ideas clave que Carl R. Trueman busca difundir en su última publicación, To Change All Worlds: Critical Theory From Marx to Marcuse -Cambiar todos los mundos: teoría crítica de Marx a Marcuse-.
Se trata de una extensa obra en torno a la teoría crítica en la que el autor, desde la oposición, busca desprenderse de prejuicios para tratar de comprender las motivaciones que llevaron a ideólogos como Horkheimer, Adorno o Marcuse a diseñar los fundamentos de una de las ideologías más cruciales del presente, con “demandas legítimas”, pero con conclusiones demoledoras en la práctica. Solo así, declaró al ser entrevistado por Carl E. Olson (What We Need Now), los cristianos podrán hacerle frente.

Teoría crítica: una cosmovisión que rechaza la fe

Preguntado por la raíz de la teoría crítica, Trueman apunta a una amalgama de enfoques que “tienen en común la intención de desestabilizar el status quo [el orden establecido], desenmascarar los juegos de poder y las manipulaciones que se esconden tras de la moralidad, cuestionando sus fundamentos y buscando desenmascarar las relaciones de poder que la moldean.
Una de las preguntas más relevantes de esta doctrina es la del significado del ser humano, para los teóricos críticos “cambiante” a lo largo del tiempo y las culturas. Se trata de una pregunta a su juicio “legítima”, pues la historia ofrece ejemplos de cómo una comprensión de una naturaleza normativa “blanca” ha llegado a suponer en otros tiempos la justificación de la esclavitud.
“El problema es que este enfoque también tiende a asumir que categorías como la de naturaleza humana pueden reducirse a relaciones de poder. Esto es antitético a la afirmación cristiana sobre los seres humanos como seres creados a imagen de Dios como una realidad ontológica”, explica.

Críticas acertadas

En su libro, Trueman apunta que no todo lo sugerido por los teóricos críticos era en sí mismo errado, encontrándose entre sus análisis críticas acertadas como la tendencia de la sociedad moderna a tratar a las personas como cosas, lo que también se llama “cosificación”.
“Las burocracias lo hacen”, explica, “los empleadores que consideran a sus empleados como intercambiables lo hacen… De forma más sutil, las prácticas de la Revolución sexual que convierten el sexo en una recreación y a las parejas sexuales en meros instrumentos de satisfacción personal, [también] lo hace”.
Preguntado por algunos de los hitos centrales que han configurado un mundo marcado en buena parte por la teoría crítica, menciona “la tendencia a priorizar los sentimientos como determinantes de nuestra identidad como seres humanos”. A esto agrega una tendencia en la que, conforme la naturaleza humana “se psicologiza”, la política también se desplaza desde las preocupaciones económicas a las psicológicas.

Destruir la familia para destruir el capital

Pero el de la Revolución sexual es sin duda uno de los que mayor trascendencia han tenido en la configuración del presente. Para Trueman, sus orígenes se encontrarían en una Escuela de Frankfurt que se apropió de la idea de Freud de que los códigos sexuales son constitutivos de la sociedad.
Más tarde aportó un “giro marxista” a la cuestión, argumentando que esos códigos sexuales específicos “sustentaban formas específicas de sociedad y las formas particulares de opresión de las que dependían esas sociedades”.
El relato de la dialéctica estaba servido, abriendo así el camino para situar los códigos sexuales en el centro del debate político: “Para derrocar el capitalismo era necesario romper con esos códigos de matrimonios monógamos y heterosexuales como base de la familia nuclear, de los que dependía.

Los cristianos no deben desecharla a la ligera

La importancia de la teoría crítica y sus derivadas es tan destacada en el presente que los cristianos, según Trueman, cometerían un error al ignorarlo o rechazar de base toda crítica o argumento sin un análisis previo.
De este modo, explica que, si bien los postulados de Arrio eran incompatibles de la Iglesia, esta salió reforzada al responder preguntas planteadas durante el cisma como la relación entre el Padre y el Hijo.
“Algo similar ocurre con la teoría crítica, a la que los cristianos deben acercarse mejor porque plantea buenas preguntas que requieren respuestas cuidadosas y proporciona respuestas cuyas debilidades y problemas nos permiten encontrar otras más adecuadas. Atacar (o abrazar) la teoría crítica sin entenderla adecuadamente es desastroso por numerosas razones. Quizá la más obvia es que ese compromiso equivocado nos impide ofrecer una alternativa mejor”, comenta.

El cristianismo tiene mejores respuestas: debe ofrecerlas

Para Trueman, si los cristianos no pueden permitirse la derrota ni la ignorancia por parte de la teoría crítica, enfrentarla y refutar sus principios es la única salida posible.
Para ello, concluye llamando a los cristianos a acudir a las fuentes en su contexto, ser valientes como para reconocer la legitimidad de algunas de las preguntas que plantean sus ideólogos y, al mismo tiempo, no dejarse intimidar por ello.
“Cuando se trata de las preocupaciones centrales del significado del ser humano o de cómo deberían tratarse los humanos y por qué no lo hacen, el cristianismo tiene mejores respuestas. Demostrar la legitimidad de las preguntas de la teoría crítica debe ir acompañado de mostrar la insuficiencia de sus propuestas y ofrecer alternativas más adecuadas”, concluye el escritor.


¿Por qué necesitamos una Nueva Teoría Crítica formulada a partir de fundamentos cristianos de forma parecida, pero no mimética, a como la teoría crítica inicial se basa, sobre todo, en Marx, Freud y Hegel?

Pues porque en el mundo actual solo hay tres grandes destinos para el hombre. Uno, en declive y crisis, configurado por la cultura desvinculada que es hoy hegemónica en la mayor parte de Occidente. El gran Imperio de Oriente, que se forja en torno al estado inicialmente comunista, una visión adaptada del confucionismo y la tecnocracia, cuyo resultado es el éxito abrumador de China, y la alternativa ecuménica -que no globalizadora- que significa la concepción cristiana del ser humano, de su destino y del mundo. Es la única capaz de generar hoy una paz universal.
Y esta visión cristiana se ha de expresar en el orden secular mediante una Nueva Teoría Crítica, porque surge de su realidad, que es la de ser disidencia y alternativa a aquellos dos grandes Imperios.


La que conocemos como Teoría Crítica, o Teoría de la Crítica o Escuela de Frankfurt, es un enfoque filosófico y sociológico desarrollado principalmente por un grupo de intelectuales alemanes a fines de la década de 1920 y durante la década de 1930. La teoría se originó en el Instituto de Investigación Social en Frankfurt, Alemania, y fue influenciada por el marxismo y el psicoanálisis. Tenía como algunos de sus representantes más destacados a intelectuales como son: Theodor Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse y Jürgen Habermas entre otros.
La Teoría Crítica buscaba comprender y analizar las estructuras y dinámicas sociales y culturales con el objetivo de desentrañar las formas de dominación y opresión presentes en la sociedad contemporánea. Su enfoque crítico se dirige hacia el examen de las relaciones de poder, la alienación y la explotación que existen en las sociedades capitalistas.

Uno de los conceptos centrales en la Teoría Crítica es la idea de «razón instrumental» o «razón instrumentalizada», que se refiere al uso de la razón y la ciencia para el control y la manipulación de la naturaleza y la sociedad. Los teóricos críticos argumentan que esta forma de razón ha llevado a la creación de una sociedad tecnocrática y burocrática que aliena a los individuos y perpetúa la desigualdad y la dominación. Y en este punto hay una convergencia más que notable, porque precisamente es esa razón instrumental, surgida de la Ilustración, la que está en la raíz de la Sociedad Desvinculada Occidental.

Y este enfoque, que no sus fundamentos analíticos, es exactamente el mismo que necesitamos hacer ahora desde el juicio de la razón cristiana.
La Teoría Crítica se interesa por la cultura y la ideología, examinando cómo los medios de comunicación, las instituciones educativas y otras formas de producción cultural influyen en la forma en que pensamos y actuamos. Los teóricos críticos también exploran las contradicciones y tensiones dentro del capitalismo y la cultura de masas, y abogan por formas de emancipación y transformación social. Y este enfoque, que no sus fundamentos analíticos, es exactamente el mismo que necesitamos hacer ahora desde el juicio de la razón cristiana.

También hemos de partir de un enfoque multidisciplinario que busca analizar y cuestionar las estructuras sociales y culturales existentes con el fin de fomentar la liberación de las estructuras de pecado y la transformación hacia una sociedad más justa, solidaria y equitativa, que surgiendo del Evangelio se concreta en fundamentos y fines establecidos por el cristianismo social; la doctrina social de la Iglesia.

Iniciar la Nueva Teoría Crítica

Para llevar a cabo esta tarea necesitamos aquel trabajo pluridisciplinar y compartido, y una cierta hoja de ruta, un guion, que nos permite un trabajo común, un avance más o menos organizado.

Sirvan estas notas para progresar en este sentido.

Es necesario abordar un relato histórico que nos explique cómo hemos llegado hasta la situación actual. Cómo la razón instrumental substituyó a la razón objetiva cristiana, en nombre precisamente de la razón y la liberación, y cómo su evolución ha devorado a la razón ilustrada por la propia lógica interna del subjetivismo instrumental, hacia alcanzar el emotivismo más exagerado que culmina con el poder del deseo sin límites ni cauces, y de las emociones hasta la construcción del victimismo como máxima expresión del poder, dando lugar a la cultura de la desvinculación, las grandes rupturas y sus consecuencias: las continuas crisis ramificadas que no encuentran solución.

En este relato histórico es necesario:

1- Identificar y describir los periodos de ruptura del inicial orden objetivo cristiano.
2- Las grandes rupturas y cómo estas se entrelazan con grandes crisis concretas, construyendo un rizoma que va asfixiando la vida social de Occidente, y especialmente de Europa.
3- Cómo recuperar, en términos actuales, el orden objetivo perdido, y cuáles son los autores y obras de referencia y por qué son ellos y no otros, siempre a partir del razonamiento práctico guiado por el Evangelio. Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, y las lecturas actualizadas desde MacIntyre, y enfoques concretos de Charles Taylor, y muy específicos sobre las relaciones entre secularidad y religión de Habermas, el liberalismo perfeccionista de Raz, determinados enfoques de la Ortodoxia Radical y, porque no, una valoración crítica de Maritain, y una reflexión en torno de la aportación de Teilhard de Chardin.

En todo caso, y que quede claro, estas referencias, salvando las tres primeras, no persiguen establecer unilateralmente ningún canon, sino formular concreciones sugerentes abiertas a la reflexión y la conversación.
En una próxima editorial buscaremos desarrollar más este guion de una Nueva Teoría Crítica, para ofrecer un proyecto más concreto que, a ser posible, se alimente del diálogo con toda la comunidad de lectores de Forum Libertas.

Es necesario abordar un relato histórico 
que nos explique cómo hemos llegado 
hasta la situación actual. 
Cómo la razón instrumental substituyó 
a la razón objetiva cristiana, 
en nombre precisamente de la razón y la liberación.


Apuntábamos, que para ello “es necesario abordar un relato histórico que nos explique cómo hemos llegado hasta la situación actual. Cómo la razón instrumental substituyó a la razón objetiva cristiana, en nombre precisamente de la razón y la liberación”, y ha ido socavando la sociedad y destruyendo el sentido del Hombre, de la vida humana y de su presencia y destino en el mundo, y que todo esto requería identificar y describir los periodos de ruptura del inicial orden objetivo cristiano, definir sus consecuencias; esto es, las grandes rupturas y crisis concretas a las que dan lugar, y finalmente cómo recuperar en términos actuales el orden objetivo destruido.

Arranquemos de una afirmación:

El orden objetivo Occidental, que se transforma en un alcance global, surge de la articulación que lleva a cabo el cristianismo, entre la concepción bíblica y el pensamiento greco-latino, y tiene su fundamento primigenio en la concepción aristotélico–tomista, que demuestra su capacidad de superar la primera gran crisis del pensamiento del cristianismo latino, que podía haber dado al traste con la formación inicial de Europea y la cristiandad, a causa del conflicto que provoca la recuperación de la filosofía aristotélica en la teología agustiniana hegemónica en el siglo XI.
En su discurrir posterior podemos encontrar distintas fases, marcadas por rupturas revolucionarias, como las que señala Jacques Barzum en “Del Amanecer a la decadencia: 500 años de vida cultural de Occidente del 1500 a nuestros días”, que nos ayuda a entender la dinámica histórica.

La primera es la revolución religiosa de Lutero, que trata de qué creer o, mejor dicho, de cómo creer y abarca el periodo que transcurre desde el 1500, el inicio de lo que se llama edad moderna, hasta 1660. Ahí la cuestión no radica en la existencia de Dios, como remarca Charles Taylor, sino la mejor manera, la más fiel al mandato de Jesucristo de llegar a hasta Él. Introduce dos fracturas que se ensancharían con el paso del tiempo. La interpretación individual de la Biblia, que inicia la transformación del subjetivismo y su razón instrumental en lo que terminará substituyendo a la razón objetiva cristiana, y rompe hasta extremos de terrible radicalidad – las guerras de religión- la unidad de la cristiandad. Naturalmente, se mezclan con otros intereses de orden estrictamente temporal, de poder, pero el motor es aquel.

Sobre esta ruptura y bajo el motivo de resolverla, se produce la segunda revolución que abordan el estatus del individuo y la forma de gobierno que da lugar al comienzo de la formación de los estados modernos, que consuman la ruptura de la unidad que significaba la cristiandad, y dan lugar a la formación de las grandes monarquías absolutas entre 1661 a 1789. Pero se produce la reacción ante ellas.

La Revolución Francesa y la Ilustración, la gran ruptura, son sus máximos exponentes y dan lugar a las revoluciones liberales (1848) y las vías para alcanzar la igualdad social y económica y comprende desde 1790 a 1920 y el surgimiento de la modernidad.
Ahora estaríamos viviendo una nueva revolución marcada por la acumulación de todas las anteriores con la primacía de la nueva revolución antropológica
La última llegaría hasta finales del siglo XX, y ahora estaríamos viviendo una nueva revolución marcada por la acumulación de todas las anteriores con la primacía de la nueva revolución antropológica que une la dimensión intelectual y moral de la misma con la científica y tecnológica, todo ello presidido por la aceleración de la innovación científica y técnica.
Todo esto podríamos enmarcarlo en la concepción Macinteriana de fundamento aristotélico-tomista, que señala la grave afectación de nuestra época: la de su crisis moral y la incapacidad para reconocerla, que se inicia en la concepción ilustrada, con una Academia, que forjada en el periodo posterior aquella, surge durante la propia crisis moral y la asume como un estadio normal.

Podríamos añadir dos autores y sendos libros más, que nos ayudan en la interpretación: Charles Taylor y su “Fuentes del Yo, La construcción de la identidad moderna”, y particularmente útil como taxonomía de las reacciones al principal vástago de la Ilustración, la modernidad y el liberalismo, la obra de Carlos Granés “El puño invisible”.
Los cuatro libros señalados abordan el tema de la identidad, la moral y la cultura en el contexto de la modernidad y sus crisis.
Cada uno de ellos ofrece una perspectiva diferente, pero también poseen puntos de contacto, y estos son los que es necesario profundizar y articular, sobre los problemas y desafíos que plantea la vida humana en un mundo cambiante, diverso y conflictivo.

Jacques Barzun

Jacques Barzun, en su “Del Amanecer a la decadencia: 500 años de vida cultural de Occidente”, construye una monumental historia cultural de Occidente desde el Renacimiento hasta el siglo XX. El autor, un historiador francés radicado en Estados Unidos, analiza los principales acontecimientos, ideas, movimientos y personajes que han configurado la civilización occidental, con sus logros y sus fracasos, sus avances y sus retrocesos, sus luces y sus sombras.
Barzun sostiene que Occidente se encuentra en una fase de decadencia marcada por el relativismo, el escepticismo, el nihilismo y el cansancio cultural. Sin embargo, no se trata de un pesimismo fatalista, sino de una invitación a reflexionar sobre los valores y las tradiciones que han hecho grande a Occidente y que pueden servir de guía para su renovación.

Charles TaylorCharles Taylor

Charles Taylor es un reconocido filósofo canadiense que ha trabajado el tema de la identidad en el mundo moderno. En “Las Fuentes del Yo” Taylor explora las fuentes, originarias de nuestra cultura, sus concepciones morales que definen lo que significa ser una persona y vivir una vida buena. Taylor argumenta que la identidad moderna se ha construido a partir de tres fuentes principales: la razón, la naturaleza y la moralidad. Sin embargo, estas fuentes se han fragmentado y debilitado por el proceso de secularización y el individualismo. Taylor propone recuperar una visión más integral y dialogal del yo, que reconozca la importancia de las tradiciones culturales, las comunidades políticas y las aspiraciones espirituales.

Alasdair MacIntyreAlasdair MacIntyre

Alasdair MacIntyre es un filósofo escocés afincado en Estados Unidos, que en “Tras la Virtud”, a la que podríamos añadir otras obras suyas esenciales, crítica global e integralmente el discurso moral moderno. MacIntyre afirma que la moral moderna está en grave desorden, porque ha perdido el sentido de la teleología, es decir, de la finalidad o el propósito de la vida humana. MacIntyre defiende una ética de las virtudes, inspirada en Aristóteles y en la tradición cristiana medieval, que entiende la moral como una práctica social basada en el cultivo del carácter y la búsqueda del bien común. MacIntyre sostiene que solo así se puede construir una moral realmente capaz de movilizar a los individuos de nuestras atomizadas sociedades actuales en torno a un proyecto común.

Carlos GranésCarlos Granés

Finalmente, Carlos Granés, antropólogo colombiano, traza en “El puño invisible”, una historia cultural del fenómeno de las vanguardias artísticas y su impacto social. Desde el futurismo hasta los movimientos sociales que recorren el resto del siglo XX, pasando por el dadaísmo, el surrealismo, el situacionismo y el sesentaochismo, entre otros. Muestra cómo las vanguardias han sido una forma de revolución cultural que han buscado alterar las mentes, las costumbres, los valores y la forma de vivir de las personas y no dejan de ser una reacción al malestar de la modernidad. Afirma que las vanguardias han tenido un destino paradójico: aunque han fracasado en sus utopías políticas o estéticas, han logrado imponerse y ganar adeptos en una sociedad cada vez más ávida de experiencias fuertes, espectáculos emocionantes, aventuras transgresoras y actitudes rebeldes. De hecho, el siglo XXI es un receptor caótico y contradictorio de todas ellas.

Como un primer esbozo de lo que debe ser el desarrollo de este planteamiento articulado, se pueden establecer como grandes líneas de fuerza que pueden tener en común estos distintos textos: 
  1. Una visión crítica de la modernidad y sus crisis.
  2. Una búsqueda de sentido y orientación para la vida humana.
  3. Una valoración de la cultura como un ámbito fundamental para expresar y transformar la realidad.
  4. Una reflexión sobre el papel del arte y la creatividad en la sociedad.

Ni tan siquiera le han puesto nombre, ni lo han fechado. No hay especial conciencia del cambio radical de época. Podríamos referirnos a él como la gran crisis antropológica, pero nos quedamos con la concepción ya sistemáticamente construida de la Sociedad Desvinculada.

Las líneas de fuerza que deberíamos atender a partir de lo hasta aquí escrito, sería:

Establecer una teoría crítica de la modernidad, sus rupturas y crisis, dar respuesta a la búsqueda de sentido y orientación para la vida humana, efectuar una valoración de la cultura como un ámbito fundamental para expresar y transformar la realidad; esto es concretar, la alternativa cultural ante la cultura mainstream vigente, basada en el individualismo hedonista y narciso, el imperio de la satisfacción del deseo, el autoodio de la cultura woke y la ideología de género, enmarcados en lo económico, por la economía de las grandes corporaciones, por una parte, y la recuperación de una cierta idolatría de estado, como proveedor de todas las necesidades humanas. Finalmente, debería abordar una reflexión sobre el papel de la fe cristiana y de la Iglesia ante esta situación.

Comencemos con una referencia.

En “UnHerd, Paul Kingsnorth da un pronóstico sombrío para la civilización occidental. Desde la Ilustración, Occidente es hoy un «mundo inestable», donde «la noción de que Occidente está declinando, colapsando, muriendo o incluso suicidándose está llegando a un crescendo». Muchos proponen apuntalar las cosas, pero Kingsnorth considera estos esfuerzos como superficiales. «Los pollos de la modernidad, que Occidente creó y exportó, han vuelto a casa para descansar, y todos estamos cada vez más cubiertos de su guano». Nuestro mundo post-humano, post-natural, post-verdad, post-cristiano ha sucumbido a la tentación de la serpiente. En un mundo así, Kingsnorth pregunta: ¿Qué hay que conservar? Su respuesta aleccionadora es: «Nada». «Tenemos que cavar hasta los cimientos» y, sobre todo, orar.” Esto escribe Peter J. Leithart, presidente del Instituto Theopolis en “First Things”.
Creo, que la pregunta es pertinente porque obliga a una reflexión necesaria, pero sobre todo lo que necesitamos es establecer lo que queremos construir ahora, en este mundo, y el camino para lograrlo.

En el mismo texto que hemos citado antes, Leithart sostiene un punto de vista que debemos retener:

“A lo largo de su historia, la iglesia ha seguido la trayectoria espiritual establecida por Hechos. Ella lucha por seguir el ritmo de sus soñadores y visionarios salvajes: sus Constantines y Carlomagnos y Alfredos, sus Gregories y Patricks y Benedicts y Francises, sus Thomases y Luthers, sus Wesleys y Hudson Taylors. Guiado por el Espíritu de Pentecostés, el cristianismo no es ni revolucionario ni conservador, sino tampoco antirrevolucionario ni anticonservador. Es algo diferente, lo suficientemente flexible, lo suficientemente vivo, lo suficientemente espiritual como para recuperar lo que se puede recuperar e innovar cuando nada se puede recuperar. Por el Espíritu Pentecostal, la iglesia es, como nuestro Dios, siempre vieja, siempre nueva”.
Podemos discrepar sobre alguna de sus referencias nominales, pero como conjunto la música que arranca de Pentecostés es la adecuada.

Hemos de asumir que vivimos en una época decadente, y que no hemos de atar a ella ni a la Iglesia, ni al cristianismo. La decadencia no solo se percibe por su crisis moral (MacIntyre), y lo que ello entraña en relación de disponer de instituciones capaces de identificar y buscar correctamente el bien y la justicia, y donde lo necesario impere sobre lo superfluo, sino que también porque desde otras perspectivas se percibe el declive.
Siguiendo a Barzum, podemos codificar las señales del tiempo que nos indican el crepúsculo de esta cultura Occidental, la de la sociedad desvinculada. Se trata de que estamos viviendo el fin de algo, de una época, un descenso, una caída.
En primer lugar, la conciencia de que existe la inquietud por el futuro en no ver líneas de avance claras, la percepción de que se pierden posibilidades, lo que parece ser el agotamiento de formas de arte y de la vida.

El uso repetido de prefijos peyorativos anti y post y la promesa o necesidad de reinventar esta o aquella institución

Las instituciones funcionan a duras penas, existe un sentimiento de frustración que a veces es insoportable, el cansancio de las grandes fuerzas históricas, la búsqueda en todas direcciones de una nueva fe o de muchas, la idea de que los viejos ideales resultan gastados o inservibles, la aparición de nuevas luchas fragmentadas en defensa del aborto, contra el calentamiento global, para salvar la explotación de la naturaleza para promover el consumo de alimentos ecológicos, mágicos o veganos, la desconfianza en la ciencia y la tecnología a la vez que su aceptación plena en la vida práctica, el hecho de que toda medida de gobierno encuentra oposición en múltiples grupos organizados e improvisados, que aducen buenas raciones de razones contrarias, una atmósfera flotante de hostilidad hacia las cosas tal y como están y el uso repetido de prefijos peyorativos anti y post y la promesa o necesidad de reinventar esta o aquella institución.

De ahí la importancia de no confundirnos. De saber que la Iglesia no participa de esta decadencia, aunque una parte de sus hombres y mujeres puedan estar lógicamente contaminados, por ella atraviesa la historia y no es esclava de ella. De ahí también la referencia necesaria al rehacer y renacer que surge del Pentecostés eterna.
El encadenamiento que surge a partir de la Ilustración, y sus sucesivas revoluciones liberales, que dan lugar a la modernidad, y la pléyade de reacciones culturales, el sin fin de vanguardias y políticas que genera, desde el intento de construir a sangre y fuego un nuevo orden objetivo que abjura de toda metafísica, con el marxismo, hasta el súmmum de la revolución modernista y futurista en el plano político, el fascismo, que culmina con los treinta años de gran destrucción de la cultura europea 1914-1945, a los que les siguen los “treinta gloriosos” que tocan a su fin con las revueltas del mayo de 68.

Su evolución convertida en postmodernidad, que inicia la destrucción del gran relato ilustrado y su razón instrumental, y que culmina en el tiempo actual, que ya no es postmoderno -poco ha durado- porque si bien mantiene vivo el discurso del imperio del deseo, ya no lo quiere libre, porque impone nuevos grandes relatos como verdades incuestionables.
En ellos ya no es cierto, la máxima posmoderna de que no hay verdades, sino puntos de vista, porque ahora la gran verdad dogmática es la que formula la ideología de género y su feminismo y en paralelo, sus identidades LGBTIQ(+), como sendas interpretaciones opuestas, como sucedía en el marxismo con el leninismo y el trotskismo, a las que solo le une la culpabilización del hombre heterosexual.

Y a su lado, la ideología woke una evolución agresiva del autoodio occidental de algunas vanguardias surgidas a partir de los años cincuenta del siglo pasado.

Vivimos bajo un nuevo dogmatismo represivo y censurador, y esto es así porque en una buena parte de Occidente, empezando por España, el feminismo de la culpabilización del hombre y su revolución ha triunfado, son establishment, son poder, o están a punto de serlo, flanqueado por el triunfo del homosexualismo político.

Aquel feminismo, el de la condena completa del hombre, no están en el combate del espíritu contra la carne, no presumen de ningún puritanismo; todo lo contrario, juegan al empoderamiento sexual de la mujer. Su obsesión es la igualdad, no la castidad. Y al mismo tiempo que persiguen esta exaltación sexual y el imperio del deseo, donde el amor desaparece substituido por la concupiscencia, quieren que todo esto sea compatible, con el más escrupuloso respeto en estas relaciones.
No le dicen al hombre, “respeta”, una virtud básica en las relaciones humanas, sino “haz lo que desees si ella consiente”. El fracaso es espectacular. Nunca como ahora se había producido tanta violencia sexual y a edades más tempranas.
¿Cómo se llama este nuevo tiempo que sucede a la postmodernidad, que la hereda y a la vez rectifica?
Ni tan siquiera le han puesto nombre, ni lo han fechado. No hay especial conciencia del cambio radical de época. Podríamos referirnos a él como la gran crisis antropológica, pero nos quedamos con la concepción ya sistemáticamente construida de la Sociedad Desvinculada.



La cultura de la sociedad actual, sucesora de la breve postmodernidad que ha destruido la razón ilustrada, es la de la desvinculación.
Vivimos en la sociedad desvinculada que se caracteriza por haber convertido en hegemónica y constituir en razón política el principio fundamental de que la realización humana radica en la satisfacción de las pulsiones del deseo, sin cauces ni límites previos que la objetiven y permitan la existencia de otras causas.
La satisfacción del deseo significa el absolutismo del principio de autodeterminación humana. No existe ningún valor, afirmación religiosa, tradición, razón cultural, costumbre, ley, deber, compromiso o consecuencia que pueda impedirla, y si existe ha de ser cancelado o modificado.

En el siglo XXI se ha transformado en razón política

Este principio emergió culturalmente en el “Mayo 68” como datación simbólica, en el ámbito de la antropología y de las relaciones humanas y se extendió en los ochenta al ámbito económico, con las desregulaciones. En el siglo XXI se ha transformado en razón política.
El aborto, no como mal menor como era considerado, sino como derecho de la mujer (atención, un derecho que se basa en la muerte del ser humano engendrado), y la ley trans española son dos ejemplos paradigmáticos de este imperativo del deseo transformado en principio político.

Las grandes rupturas. La policrisis rizomática

La necesidad de reconstruir. Qué hay que salvar de nuestro tiempo

La desvinculación significa la ruptura o supeditación de todo vínculo y de sus fines, y esto, como es lógico, da lugar a unas grandes rupturas generadoras de una sucesión de crisis interminables, que se articulan unas con otras dando lugar a una fase de nuestra sociedad caracterizada por la policrisis rizomática por la forma cómo se entrelazan y refuerzan unas a otras.

Las principales rupturas que fundamentan la cultura de la desvinculación pueden conceptuarse así:

Ruptura con Dios y su cancelación pública

La ruptura con Dios y su cancelación pública, base de todas las demás y la reducción de la relación con él y como máximo, a una cuestión íntima basada en la más absoluta subjetividad. Es lógico, el Dios cristiano, la fe que proclama Jesucristo, es un marco de razón objetiva, incompatible con todos los principios de la desvinculación.

Ruptura moral

La ruptura moral, anunciada en 1984 por Alasdair MacIntyre en “Tras la Virtud”, significa la incapacidad social e institucional para identificar con claridad el bien y por consiguiente el bien común, discernir lo que es justo y diferenciar, y actuar en tal sentido, lo superfluo de lo necesario.

Ruptura con la naturaleza y concepción humana

La ruptura con la naturaleza y concepción humana, en el plano de las ideas y el de sus aplicaciones jurídicas y científicas. El tiempo desvinculado es el de la gran ruptura antropológica que también amenaza a la Iglesia, y que es tan fuerte y peligrosa como en su tiempo fue la herejía agnóstica, y todavía más la arriana. La perspectiva de género es una de las ideologías dominantes en este ámbito.

Ruptura cultural y la emergencia educativa

La ruptura cultural y la emergencia educativa. La tradición ha sido proscrita, las fuentes culturales cegadas. Solo se concibe la cultura como transgresión, como vanguardias sin canon, lo cual da una idea del desorden que impera y eso si el imperialismo del mercado es arte, todo aquello que el mercado reconoce como tal y paga por ello, de ahí una de las enésimas contradicciones de la desvinculación, en el reino del subjetivismo más desatado, lo que importa en el arte no es la belleza que podemos percibir, sino lo que dicta el prescriptor cultural.

En estas condiciones educar que significa “conducir” y, por tanto, disponer de un horizonte de sentido común, formar el carácter de acuerdo con las virtudes que la comunidad valora, resulta cada vez más imposible. Se confunde por parte de los propios legisladores la educación con dos extremos:
  • El adoctrinamiento ideológico en la ideología de género, que tiene en la incitación sexual uno de sus componentes básicos,
  • Y en el otro extremo, la especialización profesional de mercado.
Ruptura generacional

La ruptura generacional. Hiperprotegidos en su infancia son generacionalmente castigados depositando sobre sus espaldas pesadas losas que han creado las generaciones precedentes y recientes. Es la ruptura con la naturaleza, la explotación irracional de los recursos naturales, la contaminación del medio ambiente, la crisis del clima. Es la enorme deuda pública, la crisis en algunos países del sistema público de pensiones, la insuficiente natalidad fuente de graves problemas económicos, sociales, y culturales futuros. Es, incluso, el gasto público fuertemente decantado hacia las generaciones mayores.

Ruptura económica de la injusticia socialmente manifiesta

La ruptura económica de la injusticia socialmente manifiesta. Se combina la crítica a las elites, con los modelos de vida que hacen ostentación del lujo y la riqueza. El capitalismo financiero se desvincula, no ya de los trabajadores, sino de la propia empresa, las nuevas modalidades de trabajo basadas en una falsa idea de “libertad” reducen los derechos de los trabajadores convirtiéndolos en falsos autónomos. Todo esto se ve favorecido porque en el debate político, la cuestión del modo de producción y el cómo nos afecta, se ha visto substituido, enmascarado, por el debate sobre el modo de vida, basado en la politización de los comportamientos sexuales, que tiene como marco de referencia la perspectiva de género en sus vertientes del feminismo punitivo y las identidades LGBTIQ.

Ruptura política

La ruptura política: Se han deslegitimado las instituciones políticas por la partitocracia y la búsqueda de la polarización como fuente de poder. El liberalismo progresista y la izquierda de género, una vez alcanzado el poder, niegan todo derecho democrático a quienes se opone a ellas, descalificándolas políticamente. 

Todo ello genera desconfianza y un desinterés por la participación ciudadana, hasta darse una crisis de representación, una corrupción generalizada que no solo es política, sino de adulteración de los fines de las instituciones, y una ausencia de proyectos comunes. El mal del cortoplacismo, al haber convertido al ciudadano en simple consumidor de bienes que puede otorgar el estado, con el dinero de todos, sin derecho a sentirse en parte responsable del conjunto, da lugar a políticas cortoplacistas, que aun hacen más difícil resolver los problemas.

Todo ello se traduce en el desencadenante de crisis que se suceden y ramifican en un conjunto interminable.

La última desplaza a la anterior en la atención pública, pero todas siguen bien vivas y activas, y están deteriorando de manera muy grave a Europa, de manera particular a España, y someten a un conflicto de alta intensidad a la sociedad de Estados Unidos.

La necesidad de reconstruir. Qué hay que salvar de nuestro tiempo

El desastre de la sociedad desvinculada requiere una respuesta pronta y grande, o su consecuencia será la progresiva destrucción de la cultura Occidental, que afectará también a la Iglesia, o al menos a un núcleo tan importante como el europeo. De hecho, ya lo está haciendo, como muestra el sínodo alemán, y las tensiones que existen en o con Roma.

Desarrollar esta respuesta es la gran tarea y lo que ahora exponemos es un pequeño e incompleto esbozo, un apunte sugeridor más que otra cosa.

Se trata de reconstruir y fortalecer nuestras comunidades, la familia, la propia Iglesia y sus comunidades eclesiales, organizaciones y movimientos. Comunidades de memoria, vida, acción, trabajo y proyecto, que asumen su tradición, sus acuerdos fundamentales, reconocer las virtudes necesarias y tener capacidad de trasmitirlas, que refuerzan la fuerza de los vínculos del amor, del compromiso y del deber, que recuperan el sentido moral y con la capacidad de discernir el bien común, la justicia y la prioridad de lo necesario sobre lo superfluo.

Que identifican las causas de las crisis en las rupturas y actúan para repararlas.

Que recuperan las fuentes culturales, asumen una ecología integral que tiene en su centro la ecología humana, que ejercita el diálogo entre fe y razón desde la igualdad de los planos en el debate colectivo, que no confunde el estado laico, aconfesional, con el laicismo y el ateísmo práctico de estado.

Y todo ello actuando en tres planos:

En el de la fe basado en la conversión permanente, el sentido de pertenencia a la Iglesia, la asunción real y práctica de la evangelización y la tarea ahora para extender el Reino de Dios.
En el de la cultura, construyendo en todos los ámbitos la alternativa cultural cristiana a la cultura de la desvinculación.
Y el siempre olvidado ámbito de la política, saliendo de la marginalidad, abandonado la acomodación, construyendo un movimiento cristiano que decida trabajar para la transformación social y la promoción de los valores cristianos en todos los ámbitos de la vida y en todos los sectores y grupos de la sociedad.

Un movimiento que llama a la unión y al compromiso de todos los cristianos de fe y de cultura.

Es también un llamamiento para unir los esfuerzos individuales y colectivos de todas las personas que, con independencia de sus creencias religiosas o carencia de estas, se identifican con sus objetivos y los valores que los inspiran y tiene como eje vertebrador las aplicaciones de la Doctrina Social de la Iglesia.

Promueve mediante actuaciones concretas la modificación de las estructuras sociales y políticas para hacer efectivos los principios sociales cristianos.

Un movimiento, interlocutor de los partidos, que trabaja para lograr presencia y apoyo social; dialoga a nivel personal con sus miembros; reclamando que se posicionen en temas importantes; proponiendo políticas e iniciativas transversales, formas de amistad cívica entre políticos de diferentes partidos hasta la formación de grupos de diálogo y acción política (sin excluir la intervención directa, colectiva y organizad en el ámbito electoral, cuando sea necesaria).




VER+:







🏛 ¿Cuáles son los 4 Pilares de la Teoría Crítica? Pt. 1 #woke101
    
🏛 ¿Cuáles son los 4 Pilares de la Teoría Crítica? Pt. 2 #woke101