EL Rincón de Yanka: ¡REMA (BOGA) MAR ADENTRO!

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domingo, 28 de enero de 2018

¡REMA (BOGA) MAR ADENTRO!


1 Una vez que la gente se agolpaba en torno a Él para oír la palabra de Dios, estando Él de pie junto al lago de Genesaret, 2 vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». 5 Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». 6 Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. 8 Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». 9 Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; 10 y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 11 Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. Lc 5,1-11

EN LA ORILLA NO HAY PESCA NI MISIÓN

"Dios no necesita de nuestro trabajo, 

sino de nuestra pobreza obediente 
y de nuestra humildad".

San Juan Crisóstomo

El relato de Lucas que acabamos de leer, tiene mucho que ver con el que Juan narra en el capítulo 21, después de la resurrección. Allí es Pedro el que va a pescar en su barca. También allí se habla de una noche de pesca sin fruto alguno. Jesús les manda, contra toda lógica que echen las redes a esa hora de la mañana. El mismo resultado de abundante pesca. Y también la precipitada respuesta de Pedro de ir hacia Jesús.


Dado el simbolismo que envuelve todo el relato, tiene más sentido en ambiente pascual. De hecho Pedro llama a Jesús "Señor", título que sólo los primeros cristianos le asignaron. Cuando se escribieron estos evangelios, la "barca" ya era considerada como símbolo de la Iglesia caminando en medio del mundo hostil. Jesús enseña, pero una vez desaparecido él, son los cristianos lo encargados de predicar. La palabra de Dios llega ahora a todos desde la Iglesia.
Hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada. El hecho de que la pesca abundante sea precedida de un total fracaso, tiene un significado teológico muy profundo. La actuación de los hombres, por su cuenta y riesgo lleva al fracaso. Tendrá éxito cuando actúe en nombre de Jesús.
Claro que "en nombre de Jesús" quiere decir que debemos actuar de acuerdo con su manera de pensar, de actuar y de decir, que es algo muy distinto a ponerlo como coletilla al final de nuestras oraciones.

Es simbólica también la sugerencia de Jesús: "rema mar adentro". En griego "bados" y en latín "altum" significan profundidad, y expresan mejor el simbolismo. Sólo de las profundidades se puede sacar lo más auténtico del hombre. Todo lo que buscamos en vano a nuestro alrededor, está dentro de nosotros mismos.

Pero ir más adentro no es tan fácil como pudiera parecer. Exige traspasar las seguridades del yo superficial y adentrarse en lo incontrolable de nuestro ser. Confiar en lo que no controlamos exige una fe-confianza auténtica.

Decía Teilhard de Chardin: "Cuando bajaba a lo hondo de mi ser, llegó un momento en que dejé de hacer pie y parecía que me deslizaba hacia el vacío". Dejar de controlar la situación exige renunciar a lo más firme de nuestro ego.

Fiado en tu palabra, echaré las redes -EN EL NOMBRE DE JESÚS-. El que Pedro se fíe de la palabra de Jesús, que le manda contra toda lógica echar las redes a una hora impropia, tiene mucha miga. Las tareas importantes las debemos hacer siempre fiándonos de otro. Tenemos que dejarnos conducir por la Vida. Cuando intentamos por todos los medios domesticar lo que es más que nosotros, con el pretexto de que sabemos más que nadie, aseguramos nuestro fracaso.

El mismo Nietzsche dijo: "El ser humano nunca ha llegado más lejos que cuando no sabía a dónde le llevaban sus pasos". Lo que trasciende a nuestro ser consciente es mucho más importante que el pequeñísimo espacio que abarcamos con nuestra razón. Dejarnos llevar por lo que es más grande que nosotros es signo de verdadera sabiduría. La evolución ha conseguido llevarnos a lo que somos sin contar para nada con nosotros.

El mar era el símbolo de las fuerzas del mal. "Pescar hombres" era un dicho popular que significaba sacar a uno de un peligro grave. No quiere decir, como se ha entendido con frecuencia, pescar o cazar a uno para la causa de Cristo. Aquí quiere decir ayudar a los hombres a salir de la influencia del mal. Pero sólo puede ayudar a otro a salir de la influencia del mal, el que ha encontrado lo verdadero de sí mismo e invita otro a encontrarlo también.

Lo mejor que puedo hacer por el otro es ser yo mismo. Crecer en mi verdadero ser es lo mejor que puedo hacer por todos los demás y por la creación entera. La primera y principal tarea de todo ser humano está dentro de él, nunca fuera. Aquí podemos descubrir los errores de planteamiento de la propia vocación, cuando la planificamos como hacer bien al prójimo, creyendo que eso es lo que espera Dios de mí. Dios sólo quiere que seas auténtico.

En la lectura se está dilucidando la diferencia entre el verdadero Dios que libera, que salva y eleva al ser humano hasta su mismo ser, dándole su misma vida, y el ídolo que mantiene al hombre alejado, humillándolo y sometiéndolo.
Es más, mientras más hundido se sienta el hombre, más grande será el ídolo. Lo triste es que nos sentimos mucho más a gusto frente al ídolo, porque lo hemos creado nosotros a nuestra imagen. Eso es lo que haríamos nosotros si fuésemos Dios. Pero sobre todo, ese es el dios más útil para mantener, en su nombre, a los seres humanos dominados.
El Dios de Jesús no admite siervos. Lo que desea para nosotros es lo que desea para Él; por eso nos hace partícipes de su misma Vida. Y espera de nosotros que llevemos esa misma vida a los demás.

Una vez descubierto el don de Dios, nos sentiremos capacitados para llevarlo a los demás. Sentiremos que en Él lo podemos todo. No caeremos en la trampa de creer que puede darnos o no dar, que puede elegirnos o no. Dios elige a todos, y no elige a nadie en particular.

Soy muy poca cosa, pero nadie puede ocupar mi lugar en el universo. Soy sólo una nota, pero imprescindible en el coro del universo. Lo único que debo pretender es que mi ser esté en armonía con el resto de la creación y así ayudar a desplegar la sinfonía universal.

El fallo más común es querer llevar la voz cantante por encima de los demás, estropeando el coro. Descubrir que soy sólo una voz, me ayudará también a valorar a los demás como indispensables para formar el coro armónico total.

Y, dejándolo todo, lo siguieron. Estamos ante un lenguaje teológico. Es imposible que Pedro y sus socios dejaran las barcas con los peces cogidos, la familia y se fueran físicamente detrás de Jesús desde aquel instante.

El tema de la vocación es muy importante en la vida de todo ser humano. La vida es siempre ir más allá de lo que somos, por lo tanto el mismo hecho de vivir nos plantea las posibilidades que tenemos de ir en una dirección o en otra al planificar mi futuro.

Con demasiada frecuencia se reduce el tema de la "vocación" al ámbito religioso. Nada más ridículo que esa postura. Quedaría reducido el tema a una mínima minoría. Todos estamos llamados por Dios y nadie es llamado de una manera externa y ostensible. Los ejemplos de vocaciones que encontramos en la Escritura y en la vida, son experiencias internas de Dios. Estamos llamados a crecer desde nuestra nada.

La vocación no es nada distinto de mi propio ser. No es un acto puntual de Dios en un momento determinado de mi historia. Dios no tiene ninguna manera de decirme lo que espera de mí, más que a través de mi ser. Elige a todos de la misma manera, sin exclusiones ni privilegios. La meta es la misma para todos. Dios no puede tener privilegios con nadie.

Al crearme, me ha puesto todas las posibilidades de ser que yo debo desarrollar a lo largo de mi existencia. Ni puede ni tiene que añadir nada a mi ser. Desde el principio están en mí todas las posibilidades que puedo desplegar, no tengo que esperar nada de Dios. El creer que Dios me puede dar una vocación o puede no dármela es absurdo.

Desde esta perspectiva, descubrir mi vocación sería encontrar el camino que me llevará más lejos en esa realización personal, aprovechando al máximo todos mis recursos, mis aptitudes, mis cualidades.

Los distintos caminos no son, en sí, ni mejores ni peores unos que otros. Lo importante es acertar con el que mejor se adecue a mis aptitudes personales.

La vocación la tenemos que buscar dentro de nosotros mismos, no fuera. No debemos olvidar nunca que toda elección lleva consigo muchas renuncias que no se tienen que convertir en obsesión, sino en la conciencia clara de nuestra limitación.

Si de verdad queremos avanzar hacia una meta, no podemos elegir más que un camino. El riesgo de equivocarnos no debe paralizarnos, porque aunque nos equivoquemos, si hacemos todo lo que está de nuestra parte, llegaremos a la meta, aunque sea con un mayor esfuerzo.
¿Por qué los pescadores lavaban redes 
que no habían sido utilizadas 
ya que no habían pescado nada?
La Iglesia se la pasa lavando las redes en la misma orilla después de desembarcarse para no pescar nada de nada.  Nuestras redes están lavadas con tanto cloro que espanta a los mismos peces.  Lavamos y lavamos pensando que los peces se van a meterse solos en las redes del amor de Dios... Pensamos que nuestras técnicas, nuestra teología, nuestra preparación, nuestra ascética llega para pescar.  Limpiamos y limpiamos nuestros templos vacíos pero no salimos a estar con la gente. Nos hemos vuelto sepulcros blanqueados que hieden hasta la saciedad. No olemos a peces, no olemos a Dios. No remamos a mar adentro para pescar, no nos arriesgamos ni lo intentamos porque hemos perdido la fe y la esperanza y el amor por la pesca. Sólo llegamos a pescar cuando escuchamos y obedecemos al Pescador de pescadores. Debemos dejar nuestras redes, nuestros artilugios en la misma orilla para seguir al Maestro donde vaya...
"Rema mar adentro"

Llega a lo profundo de tu ser.
Es una invitación que se hace a todo hombre.
Sin esa profundización, 
no es posible la plenitud humana.
La contemplación es el único camino.
.............................
No es necesario que recorras 
los mares buscando alimento.
Aprende a pescar en tu propio pozo.
Lo que con tanto afán buscas fuera de ti,
lo tienes todo al alcance de la mano dentro de ti.
.......................
Si no has pescado nada, 
¿qué podrás ofrecer a los demás?
Si no has aprendido a pescar, 
¿cómo podrás enseñar a los demás?
Da verdadero sentido a tu vida,
y ayudarás a los demás a conseguirlo.


¡Rema mar adentro!

Quiero aceptar tu reto, 
mas siento en la garganta 
un apretado nudo,
y no sé decir nada.
Oigo tu invitación, 
pero no suelto amarras 
y no acierto a zarpar, 
para ir a la mar alta.
Yo me quedo en la orilla, 
que es pequeña mi barca 
y son pocas mis fuerzas 
para cruzar las aguas.

¿No podré ser tu amigo 
si me quedo en la playa 
recibiendo los besos 
de la tarde dorada?
Mas... no. Ven a mi bote,
desenvaina la espada
y corta de un tajazo
las cuerdas que me amarran.




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